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sábado, 28 de marzo de 2026

La imagen de María Santísima del Rosario, de Buiza, titular de la Hermandad de la Milagrosa

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen de María Santísima del Rosario, de Buiza, titular de la Hermandad de la Milagrosa, en la Iglesia Parroquial de la Milagrosa, de Sevilla.
     Hoy, sábado 28 de marzo, es Sábado de Pasión, que es la víspera del Domingo de Ramos, día en el que se inicia la Semana Santa. Es el sábado de la quinta semana de la Cuaresma, conocida como Semana de Pasión, y no debe ser confundido con el Sábado Santo, que se celebra una semana después, la víspera del Domingo de Resurrección.
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la imagen de María Santísima del Rosario, de Buiza, titular de la Hermandad de la Milagrosa, en la Iglesia de la Milagrosa, de Sevilla, que efectúa su estación de penitencia en la tarde del Sábado de Pasión.
     La Iglesia Parroquial de la Milagrosa, se encuentra en la avenida de la Ciudad Jardín, s/n; en el Barrio de Ciudad Jardín, del Distrito Nervión.
     La imagen de la Virgen del Rosario, es obra del insigne escultor D. Francisco Buiza Fernández en el año 1963, realizada en madera de cedro real y las manos en pino de flandes. Buiza ofrece una Dolorosa juvenil, de expresión triste y reflexiva. La Santísima Virgen, inclina la cabeza hacia la derecha en señal de pesadumbre, y flexiona suavemente los dedos de las manos para portar el pañuelo de encaje. En la otra mano, ligeramente extendida, suele portar un rosario, símbolo de su advocación. Sus labios grandes y entreabiertos dejan ver la lengua y la dentadura superior labrada en su interior. Posee un hoyuelo en el mentón, sus ojos son de cristal, así como las cinco lágrimas que brotan de sus benditos párpados, realzados en su parte superior por pestañas de pelo natural. Pese a hallarse oculta habitualmente por sus vestiduras naturales, la Virgen posee una hermosa cabellera tallada de color castaño oscuro, en el que se puede apreciar, en la parte frontal de su cabeza, una cinta o lazo de color carmín, entrelazándose entre los mechones de pelo, para finalmente enroscarse en un moño en su parte posterior. Parece ser la única imagen de Buiza que tiene esta peculiaridad, cuyo peinado está inspirado, en el que usaban más comúnmente, las mujeres del imperio romano.
     En 1999, la imagen de la Santísima Virgen, es restaurada de manera integral por el escultor Darío Fernández Parra, quien la vuelve a repolicromar, debido al mal estado en que se encontraba su policromía. También le realiza un nuevo candelero y brazos articulados, ya que se encontraban muy deteriorados. Le coloca nuevas pestañas y lágrimas.
     En junio de 1998 sale por primera vez acompañando a la procesión del Santísimo Sacramento. En el año 2000 comienza a salir en el mes de octubre. A partir del año 2005 saldrá por primera vez bajo palio el Domingo de Pasión y desde el año 2009 lo hace el Sábado de Pasión.
     Sus Cultos se celebran en la primera semana de octubre, siendo la más cercana al día de su festividad, el 7 de octubre (Hermandad de la Milagrosa).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Virgen Dolorosa;
LA VIRGEN DE LOS DOLORES
   El arte patético de finales de la Edad Media concedió un amplio espacio en su iconografía a la Virgen Dolorosa, representada ya con Cristo muerto sobre las rodillas después del Descendimiento de la cruz, ya sola después del Enterramiento de Cristo.
   Estos dos tipos iconográficos se designan con los nombres de Virgen de la Piedad y Virgen de los Siete Dolores. Aquí no hablamos de la Virgen de pie frente a la Cruz (Stabat Mater), o desvanecida  en los brazos de San Juan o de las Santas Mujeres, porque esos temas no han sido representados aisladamente y son inseparables de la Crucifixión.
1. La Virgen de la Piedad
   El grupo de la Virgen de la Piedad se compone, estrictamente, de dos personajes: María y su Hijo desclavado de la cruz, cuyo cuerpo inanimado ella sostiene sobre las rodillas.
   A veces ocurre que la Virgen esté rodeada o enmarcada por san Juan, Magdalena, las tres Marías e incluso por los donantes; pero casi siempre está sola con el cadáver de su Hijo, y esta concentración refuerza el poder emotivo del tema. Así es como se distingue de la escena de la Lamentación al pie de la Cruz (Beweinung Christi) que comporta numerosas figuraciones.
   Se ha querido ver en este grupo conmovedor un fragmento separado de la Lamentación, reducida a dos personajes esenciales por un procedimiento análogo que permitió extraer del grupo de la Cena el de Jesús con su discípulo preferido. Pero esa hipótesis no puede probarse, al menos en el arte alemán cuyos Vesperbilder son muy anteriores a los bajorrelieves de la Beweinung que se hizo popular en el siglo XVI. Según parece, la Virgen de la Piedad deriva más bien del tipo tradicional de la Virgen sentada, por simple sustitución del Niño Jesús por el Crucificado.
Fuentes místicas
   La Virgen de la Piedad, que en italiano se llama Pietà y en alemán Vesperbild, -porque la hora de vísperas, de cinco a siete de la tarde, corresponde en el Breviario al Descendimiento de la Cruz-, es la flor más delicada del misticismo de finales de la Edad Media, una flor de la Pasión, una pasionaria que hizo eclosión en los jardines de monjas.
   El tema ni siquiera está esbozado en los Evangelios ni procede tampoco del culto oficial: es una creación de la imaginación  mística que surgió a principios del siglo XIV, al mismo tiempo que los temas de la Virgen de Misericordia y del Varón de Dolores.
   Basta referirse a las Meditaciones franciscanas del Seudo Buenaventura, mejor aún a las Efusiones del beato Enrique de Berg y a las Revelaciones de Santa Brígida, para comprender en qué ambiente nació este tema realista y visionario a la vez. Las descripciones de Cristo muerto sobre las rodillas de su madre (in sinu matris) que se leen allí, donde parecía más cercano y accesible al corazón de los fieles que levantado sobre la madera de la cruz, concuerdan rasgo tras rasgo con las realizaciones plásticas de los artistas.
   El Minnebüchlein atribuido a Enrique de Berg, llamado Suso, también describe a Cristo muerto en una suerte de treno lírico: «Sus ojos, que brillaban como carbunclos, ahora están apagados. Sus labios, que parecían rosas rojas recién abiertas, están secos y su lengua pegada al paladar. Su cuerpo sangrante ha sido tan cruelmente estirado sobre la cruz que pueden contarse todos sus huesos.»
   Santa Brígida de Suecia atribuye a la propia Virgen esta descripción emotiva de su Hijo descendido de la Cruz: «Lo recibí sobre mis rodillas como un leproso, lívido y magullado, porque sus ojos estaban muertos y llenos de sangre, su boca fría como la nieve, su barba rígida como una cuerda.»
   La mayoría de los historiadores del arte no resistieron la tentación de establecer una relación no sólo de paralelismo sino de filiación entre dichos textos y las obras de arte que parecen derivar de ellos, sin preocuparse por la cronología. Pero las investigaciones recientes condujeron a una inversión del orden de los factores. En la actualidad se admite, en general, que las descripciones realistas de Enrique de Berg y de Santa Brígida, lejos de haber inspirado las obras de arte son sólo la transcripción poética de éstas. Esos textos son para  nosotros un muy precioso comentario de las Vírgenes de Piedad, y nos informan acerca del «clima» místico que les dio nacimiento; pero debe renunciarse a ver programas plásticos en ellos.
Orígenes en el arte alemán y francés del siglo XIV
   Lo que prueba esta teoría es que los primeros Vesperbilder alemanes se remontan a 1320, es decir, son muy anteriores a las Visiones del Seudo Buenaventura y de Santa Brígida.
   Nacido en los conventos de monjas místicas del valle del Rin, ese tema tan femenino y maternal de la Virgen de la Piedad, se difundió algo más tarde en Francia gracias a las numerosas cofradías de Nuestra Señora de la Piedad que encargaron grupos para la decoración de sus capillas, que en los libros de contabilidad se designa con los nombres La Compasión de la Virgen, Imagen de Nuestra Señora la cual sostiene abrazado a Nuestro Señor, Imagen de Nuestra Señora sosteniendo en su regazo otra Imagen de un Dios de Piedad, Dios estando en brazos de Nuestra Señora.
   En todo caso, aunque el nombre italiano de Pietà haya sustituido abusivamente a esas viejas expresiones francesas, es muy cierto que el tema es una creación del arte gótico germano francés y no del arte italiano. En las pinturas del Trecento que cita Mâle, la Virgen está sentada al lado del cadáver de Cristo: ella no lo sostiene sobre las rodillas, en su regazo. Ese tema penetró tardíamente en Italia, donde nunca gozó de la misma popularidad que en Alemania y en Francia. Es interesante recordar en tal sentido que la célebre Pietà de Miguel Ángel, esculpida en 1496 para una capilla de la antigua basílica de San Pedro de Roma, fue encargada por un cardenal francés.
Clasificación  y evolución de los tipos iconográficos
   La evolución de la iconografía de la Virgen de la Piedad prosiguió entre los siglos XIV y XVI.
   Tanto en Alemania como en Francia e Italia se encuentran dos tipos principales, el primero de los cuales comporta numerosas variantes: entre los siglos XIV y XV Cristo está acostado sobre las rodillas de su madre; en el siglo XVI, influenciado por el nuevo ideal del Renacimiento, más preocupado por la belleza formal, está extendido a sus pies, y sólo tiene apoyada la cabeza sobre las rodillas maternales.
A) Cristo sobre las rodillas de la Virgen
   En los monumentos más antiguos (Grupo de madera de Coburgo, hacia 1330; Vesperbild del convento de las ursulinas de Erfurt, hacia 1340), Cristo sentado sobre las rodillas de su madre tiene el torso echado hacia atrás y la cabeza inerte, caída.
   A veces está representado con la estatura de un niño, como la propia Virgen en los brazos de Santa Ana (Anna selbdritt). En ese caso, la Virgen que tiene la ilusión de acunar a su Hijo en brazos, como en los felices tiempos de la infancia, está representada más joven. Esta desproporción no se debe a la torpeza de los escultores, sino a una concepción de los místicos franciscanos. Según San Bernardino de Siena, la Virgen, extraviada por el dolor, sueña que tiene a su Hijo sobre las rodillas, y que lo acuna envuelto en la mortaja como antes en los pañales.
   En el siglo XV se volvió a la representación de Jesús adulto, en la edad en que murió en la cruz. El grupo se desarrolla en la dimensión horizontal, crece en ancho. A veces el cadáver de Cristo está dispuesto horizontalmente, como el cuerpo de un nadador que flota de espaldas, con la herida del costado bien visible; otras, por el contrario, se presenta oblicuamente, en diagonal, apoyando los pies magullados en el suelo.
   Es difícil determinar el lugar de origen de estas variantes. No obstante, parece que la escultura  alemana haya tomado el tipo de Cristo horizontal de la escuela de Bohemia y el Cristo en diagonal, del cual se ven numerosos ejemplos en Westfalia de la escuela de pintura de los Países Bajos, especialmente de Van der Weyden y de Dirk Bouts que habían, uno y otro, adoptado esta preceptiva. Es también el concepto que prima en la Pitié de Villeneuve de Aviñón (Louvre), la más monumental del arte de la Edad Media.
B) Cristo a los pies de la Virgen
   Este grupo de la madre y el hijo adulto que ella apenas puede sostener sobre sus rodillas, fue abandonada a partir del Renacimiento por un arte más preocupado por las proporciones y la lógica. A partir de ese momento casi siempre se ve el cuerpo de Cristo simplemente apoyado contra las rodillas de su madre. El grupo pierde así su profunda unidad, el acento de intimidad y ternura desgarradora, pero gana en verosimilitud y en armonía estructural.
   Esta preceptiva que reemplaza el esquema gótico no es -tal como lo creyera Mâle- una innovación introducida después del concilio de Trento por la iconografía revisada y corregida por la Contrarreforma. Pueden citarse ejemplos a partir del siglo XV, como el Vesperbild de la iglesia San Cristóbal, en Maguncia. Lo cierto es que esta fórmula ha sido adoptada por el arte barroco italiano (Correggio, Carracci) del cual pasó enseguida a España y a los Países Bajos.
   Aunque no pueda  servir como principio  de clasificación,  porque su actitud siempre la misma, el personaje de la Virgen no es menos importante que el de Cristo: la verdad de la expresión del dolor maternal la convierte en uno de los más bellos temas de estudio de la historia de la plástica.
   Es sobre todo el arte francés de los siglos XV y XVI el que ha sacado partido de este tema con una admirable delicadeza en la expresión de los sentimientos, que contrasta con las exageraciones germánicas.
   A veces María observa llorando el cuerpo inerte de su Hijo desfigurado, cuyos brazos rígidos no consigue cruzar; otras, lo abraza con todas sus fuerzas para impedir que los sepultureros se lo quiten.
   El arte español gótico y barroco introdujo en este tema vesperal un ardor más sombrío, y una suerte de voluptuosidad del dolor que está de acuerdo con el carácter de este pueblo.
   Muchas veces la Piedad suele combinarse con el motivo de la Dolorosa (Nuestra Señora de las Angustias) o Virgen de los cuchillos, que España tomó de los Países Bajos. Se encuentran ejemplos de esta amalgama en Sigüenza y en Calatayud (colegiata de Santa María).
   Subrayemos finalmente que en el arte de la Edad Media se encuentra una variante menos difundida de la Piedad de Nuestro Señor (Not Gottes): en vez de estar extendido sobre las rodillas de su Madre, Cristo muerto está sobre las rodillas de Dios Padre.
   A diferencia de numerosos temas religiosos de la Edad Media de los cuales se ha retirado la vida, éste, tan profundamente humano, ha conservado hasta nuestros días su conmovedora eficacia. Todavía se descubren bellos ejemplos en el arte francés de los tres últimos siglos.
2.  La Virgen de las siete Espadas
   Después del Enterramiento de Cristo, la Virgen queda sola con su dolor: por ello en España se la llama Virgen de la Soledad.
   Una iglesia de Roma está dedicada a S. Maria delle Sette Dolori.
   Se la representa con las manos juntas y gruesas lágrimas que corren por sus mejillas.
   Para volver más sensible el dolor de la Virgen se imaginó simbolizarla con una espada que le atraviesa el pecho. El origen de esta representación es la profecía del anciano Simeón (Luc 2: 35) que anuncia a la Virgen el día de la Presentación de Jesús en el Templo, que una espada de dolor le atravesará el alma: Tuam animam pertransibit doloris gladius.
   ¿Cómo se pasó de la Virgen con una espada a la Virgen de las siete espadas? Por la devoción a los Siete Dolores (Septem tristitiae) que se oponen simétricamente a los Siete Gozos de la Virgen (Septem Gaudia B.V. Mariae).
   A partir del siglo XIII se ve aparecer la devoción a los Siete Gozos de la Virgen, popularizada por la orden toscana de los servitas (Esclavos de la Virgen). La devoción a los Siete Dolores es más tardía: fue en 1423 cuando el sínodo de Colonia agregó a las fiestas de la Virgen «la fiesta de las angustias de Nuestra  Señora».
   Hasta el siglo XIV todavía se veneraban sólo Cinco Dolores de la Virgen. En el si­glo XV el número se llevó a siete, que se corresponde con las Siete Caídas de Cristo en el camino del Calvario. La lista no varía demasiado,  salvo en lo relativo al primer Dolor de Nuestra  Señora, que es tanto la Profecía de Simeón como la Circuncisión.
1. Profecía de Simeón (o la Circuncisión);
2. Huida a Egipto;
3. Pérdida del Niño Jesús que permanece en el Templo en medio de los doctores;
4. Cristo con la Cruz a Cuestas; 
5. La Crucifixión;
6. El Descendimiento de la Cruz;
7. El Entierro.
   Así, de los Siete Dolores de la Virgen, tres son relativos a la Infancia y cuatro a la Pasión de Cristo.
Iconografía
   H. Gaidoz hace derivar este tema de la Transfixión de la Virgen a un cilindro caldeo que representa a la diosa asiria Istar.
   Más recientemente, J. Baltrusaitis ha reconocido en el tema de la Virgen de los Siete Dolores la transposición o adaptación de un tema planetario del que se encuentran numerosos ejemplos en el arte de la alta Edad Media.
   Los círculos astrológicos de los siete Planetas habrían comenzado por engendrar el tema de los Siete Dones del Espíritu Santo irradiando alrededor del pecho de Cristo.
   De allí se habría pasado con toda naturalidad a la representación de los Siete Dolores de la Virgen. Para ello bastaba transformar los rayos de la Sabiduría Divina en haz de espadas, y reemplazar en el interior de los tondos las palomas del Espíritu Santo por  los Dolores  de Nuestra  Señora.
   Sea cual fuere el interés de estas remotas e hipotéticas filiaciones, lo más prudente es atenerse a los orígenes directos del tema que podemos situar en el tiempo y en el espacio con extrema precisión.
   La devoción y la iconografía de la Virgen de las siete espadas nacieron en Flandes a finales del siglo XV. Fue Juan de Coudenbergbe, cura de San Salvador de Brujas, quien organizó la primera cofradía de la Virgen de los siete Dolores; y fue Margarita de Austria, gobernante de los Países Bajos, quien fundó, también en Brujas, el primer convento consagrado a Nuestra Señora de los Siete Dolores, y quien ofreció a la iglesia de Brou-en-Bresse un cuadro votivo que la menciona. Finalmente, es en un grabado dedicado a Carlos V, publicado  en Amberes en 1509, donde se ven por primera vez las siete espadas dispuestas en abanico.
   Este tema correspondía demasiado bien a las tendencias generales del arte patético de finales de la Edad Media, como para volverse popular. De Flandes marítimo, que fue su cuna, pasó a Francia y a la Alemania renana. Pero no se mantuvo inmutable: experimentó una evolución en la que pueden detallarse las etapas sucesivas de esta manera:
   Los Siete Dolores de la Virgen en principio están representados simbólicamente por siete espadas. Luego, cada espada tuvo un pomo ornamentado con un tondo que representa uno de los Dolores. Pero al final las espadas desaparecieron y la Virgen apareció rodeada sólo por una aureola de siete tondos.
1. Las siete espadas
   La agrupación de las espadas comporta numerosas variantes. En la mayoría de los casos, las siete espadas reunidas en haz atraviesan el corazón de la Virgen. Están, ya dispuestas en círculo, ya agrupadas lateralmente con la punta hacia arriba, cuatro de un costado y tres del otro.
   En el siglo XVII Van Dyck imaginó renovar esta composición disponiendo las siete espadas alrededor de la cabeza de la Virgen, como los rayos de un nimbo. Pero esta innovación no tuvo éxito.
   A veces, Cristo en el lagar forma pareja con la Virgen de las siete espadas.
2. Los siete tondos
   Este ovillo de espadas erizando el corazón o la cabeza de la Virgen tenía el inconveniente de ser poco plástico y, además, insuficientemente explícito. Los fieles deseaban saber cuales eran los dolores que habían atormentado a Nuestra Señora durante su «Compasión». Para satisfacer este deseo no había otro medio que reeemplazar el haz de espadas simbólicas por tondos explicativos. En principio, se intentó combinar las espadas y los tondos; luego, la segunda versión, favorecida por el ejemplo del Rosario, acabó por eliminar a la primera.
   La Virgen está sentada al pie de la cruz, con las manos juntas o cruzadas sobre el pecho. A veces es una Virgen de la Piedad que tiene a Cristo muerto sobre las rodillas. Alrededor de ella los tondos historiados, dispuestos como las grandes cuentas de un rosario, evocan sus angustias.
   Es el arte flamenco del siglo XVI el que ofrece los ejemplos más numerosos de este tema y de sus aspectos sucesivos (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Santísima Virgen María del Rosario;
     La devoción de la Virgen del Rosario, esencialmente de los dominicos, está muy vinculada con el culto de la Virgen de Misericordia del cual, en ciertos aspectos, no es más que una prolongación.
     El rosario (rosarium) etimológicamente designa una corona de rosas: es una variedad de sarta de cuentas, chapel o chapelet en francés arcaico, usual hasta el siglo XVI, con el mismo sentido. Las cuentas estaban representadas como rosas blancas y rojas que luego se reemplazaron por bolas de dos clases, las más grandes para los Pater que comienzan cada decena, y las más pequeñas para los Ave. El gran rosario se compone de ciento cincuenta Ave María que se llamaba Patenostre Damedie (en francés arcaico, Patenôtre es una corrupción de Patrenostre -Pater Noster-), al tiempo que el pequeño rosario, que es un tercio de grande, sólo tiene cincuenta.
     En suma, es un instrumento para contar, un ábaco, como aquéllos que empleaban los comerciantes y que usan los musulmanes, aunque en este caso sirvan para contar plegarias y no dinero.
     Los dominicos hacían remontar el origen de esta devoción al fundador de la orden, en consecuencia, al siglo XIII. Alrededor de 1210 la Virgen se habría aparecido a Santo Domingo y le habría entregado un rosario que éste llamó corona de rosas de Nuestra Señora, y fue gracias a ese talismán que habría triunfado contra la herejía albigense.
   En realidad, como lo demostraron los bolandistas, el rosario no es una intervención de Santo Domingo sino de un santo bretón de su orden, personaje poco edificante, y hasta de una lujuria desvergonzada, que se llamaba Alain de la Roche (Alanus de Rupe) que vivió a finales del siglo XV. Hacia 1470 escribió una obra titulada De Utilitate Psalterii Mariae, que fue traducido a todas las lenguas.
     En 1475, Sprenger, el prior de los dominicos de Colonia, especie de Torquemada alemán, autor del famoso Malleus Maleficarum (Martillo de las brujas), instituyó en esta ciudad la primera cofradía del Rosario, que fue aprobada por una bula pontificia. La Virgen del Rosario no apareció sobre ningún documento figurativo anterior al último cuarto del siglo XV (no obstante, en algunos pequeños bajorrelieves ingleses de alabastro, que normalmente datan del siglo XIV, se ve aparecer, junto al arcángel San Miguel que pesa las almas en la balanza, a la Virgen que intenta engañar, como Satán, pero en sentido opuesto, esforzándose en inclinar la balanza en favor de un alma en peligro, colocando un rosario sobre el extremo del astil). Se trata entonces de una devoción tardía, más o menos contemporánea del culto de la Virgen de los Siete Dolores o de las Siete Espadas, y muy posterior a las Vírgenes de la Piedad y de Misericordia.
     Gracias a la propaganda de los dominicos que patrocinaron cofradías del Rosario en todas partes, esta nueva devoción se difundió con asombrosa rapidez. El papa le atribuyó en 1571 el mérito de la victoria de Lepanto sobre la flota turca.
Iconografía
     Para representar a la Virgen del Rosario, los dominicos tomaron en principio el tipo de la Virgen de Misericordia. En un tríptico de la iglesia de San Andrés de Colonia, fechado en 1474, que es la primera representación conocida del tema, la Virgen sólo se distingue de la Schutzmantelmadonna porque su manto está estirado como una cortina por dos santos dominicos, Santo Domingo y San Pedro Mártir, y porque dos ángeles sostienen una triple corona de rosas sobre su cabeza. 
     Una segunda fórmula, que no tardó en sustituir a esta imitación, no fue mucho más original: esta vez los dominicos tomaron el modelo de la Virgen de los Siete Gozos o de los Siete Dolores, rodeada por una aureola de tondos. La Virgen del Rosario se inscribe en una sarta en forma de mandorla, compuesta por grandes rosas historiadas que se intercalan entre cada decena. La Salutación Angélica de Veit Stoss, suspendida de la cúpula de la iglesia de San Lorenzo de Nuremberg, es uno de los ejemplos más conocidos de este tipo: el grupo mariano se inscribe en un rosario de cincuenta pequeñas rosas separadas por tondos.
   Por último, se vio aparecer un tercer tipo iconográfico que excluye definitivamente estas contaminaciones. La Virgen se representó sentada, con el Niño Jesús sobre las rodillas, y es ella o el Niño quienes presentan el rosario a Santo Domingo.
     A la Virgen dominica del Rosario, los carmelitas opusieron la Virgen del Escapulario. Nuestra Señora del Carmelo se habría aparecido al general de la orden San Simón Stock, y le habría entregado un escapulario, prometiéndole que quienquiera lo llevase estaría al abrigo de las penas del Infierno e incluso de las del Purgatorio (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Historia de la Solemnidad del Rosario;    
      Esta fiesta, ligada al ejercicio piadoso del rezo del salterio mariano, tiene su origen en las Cofradías del Rosario, que florecieron en la segunda mitad del siglo XV, las cuales acostumbraban a solemnizar el primer domingo de octubre con la misa de la Virgen Salve radix sancta del Rito Dominicano.  El diecisiete de marzo de 1572 inscribió San Pío V Ghislieri en el Martirologio Romano en el día siete de octubre el título de Santa María de la Victoria para conmemorar la victoria de Lepanto, que había acaecido el domingo siete de octubre del año anterior, 1571.  Dos años más tarde, Gregorio XIII Boncompagni, por la Bula Monet Apostolus de uno de abril de 1573, permitió que se celebrase una fiesta en honor del Santísimo Rosario el primer domingo de octubre en las iglesias o capillas que venerasen tal advocación mariana en memoria de la intercesión mariana en la victoria naval. Fue extendida a toda la Iglesia Latina el tres de octubre de 1716 por Clemente XI Albani tras la victoria sobre los turcos en Peterwardein. Benedicto XIII Orsini, dominico, le introdujo lecciones propias. León XIII Pecci, gran devoto y propagador del rosario le concedió Oficio propio en 1888. Fue fijada en la fecha actual el año 1913 en la reforma del calendario de San Pío X Sarto y en el 1969 figura como memoria obligatoria (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
Conozcamos mejor la biografía de Francisco Buiza, autor de la obra reseñada;
     Francisco Buiza Fernández, (Carmona, Sevilla, 23 de abril de 1923 – Sevilla, 1 de marzo de 1983). Escultor.
     Fue discípulo de Sebastián Santos Rojas. Sus obras son numerosas, destacando en los Crucificados. Entre ellas se encuentran el de la Sangre, de la Hermandad de San Benito, de 1966, asimismo hizo para esta Cofradía las figuras que adornan las andas del misterio y Crucificado.
     En 1974 realizó el misterio de la Hermandad de las Cigarreras y ha restaurado diversas imágenes titulares de las cofradías, como también un sinnúmero de modelos para los orfebres y obras escultóricas para fuera de Sevilla. El Ayuntamiento de Sevilla concedió en 2002 rotular una calle del distrito de la Macarena sevillana con el nombre Escultor Francisco Buiza (Juan Carrero Rodríguez, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
    Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen de María Santísima del Rosario, de Buiza, titular de la Hermandad de la Milagrosa, en la Iglesia Parroquial de la Milagrosa, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Iglesia de la Milagrosa, en ExplicArte Sevilla.

Más sobre la Hermandad de la Milagrosa, en ExplicArte Sevilla.

sábado, 19 de octubre de 2024

La imagen "Nuestro Padre Jesús de la Esperanza en el Puente del Cedrón", de Navarro Arteaga, titular de la Hermandad de la Milagrosa

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Esperanza en el Puente Cedrón, de Navarro Arteaga, titular de la Hermandad de la Milagrosa, en la Iglesia Parroquial de la Milagrosa, de Sevilla.
     Hoy, 19 de octubre, es el aniversario (19 de octubre de 2008) de la Bendición de la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Esperanza en el Puente Cedrón, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Esperanza en el Puente del Cedrón, de Navarro Arteaga, titular de la Hermandad de la Milagrosa, en la Iglesia Parroquial de la Milagrosa, de Sevilla.
     La Iglesia Parroquial de la Milagrosa, se encuentra en la avenida de la Ciudad Jardín, s/n; en el Barrio de Ciudad Jardín, del Distrito Nervión.
     La imagen de Nuestro Padre Jesús de la Esperanza en el Puente del Cedrón, es obra de nuestro hermano, el gran escultor contemporáneo, D. José Antonio Navarro Arteaga en el año 2008, quien también realiza las imágenes secundarias del misterio. La imagen del Señor, realizado en madera de cedro real, anatomizado y policromado al completo, se realiza en plena madurez artística. La cabeza, torsionada hacia el lado derecho, presenta un rostro de facciones hebreas. Pese a la resignación que emana del semblante, una lágrima resbala de los acuosos ojos ante el sacrificio venidero. La abundante melena oscura cae hacia el lado izquierdo en afilados mechones y se reparte caprichosamente sobre su espalda. La anatomía de Cristo maniatado es afanosa, elaborada con precisión en pies y manos, pormenorizando con insistencia los detalles de la musculatura, tendones y venas. El hombro derecho y parte del torso quedan descubiertos, lo que unido a la austeridad de la túnica y la carencia de preseas, refuerza el dramatismo de un simulacro que gana en dinamismo al ser recreado itinerante, adelantando con decisión los pies calzados con sandalias hebreas.
     El Señor, adquiere el nombre de Esperanza, en recuerdo de la denominación del barrio en 1929 “Ciudad Jardín de la Esperanza”. El 19 de octubre de 2008 se realiza la bendición en la Parroquia de la Milagrosa y el 25 de octubre de ese mismo año, sale en procesión Extraordinaria por su llegada al barrio.
     En 2010 sale por primera vez el paso de misterio, el cual representa la escena relatada en el Evangelio de San Juan, capítulo 18, versículo 1: «Salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón donde había un huerto, en el que entró Jesús acompañado de sus discípulos». Tras Él, desfila con gran solemnidad la guardia judía del Sanedrín.
     Sus cultos se celebran en la primera semana de cuaresma, iniciándose su triduo el día después del miércoles de ceniza (Hermandad de la Milagrosa).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía del Prendimiento de Jesús
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Mateo, 26: 47-66; Marcos, 14: 43-52; Lucas, 22: 47-53; Juan, 18: 1-12.
     En los relatos de los Evangelios se pueden encontrar numerosas escenas que los artistas de la Edad Media con frecuencia han yuxtapuesto o fundido mal o bien, en una composición de conjunto, y que se suceden en este orden:
     1. Traición de Judas; 2. El Beso de Judas; 3. El Prendimiento de Jesús con el Desorejamiento de Malco y la Huida de los discípulos; 4. La Negación y el Arrepentimiento de San Pedro; 5. Los Remordimientos y el Ahorcamiento de Judas.
3. El Prendimiento de Jesús
   Guiados por Judas, los soldados irrumpen por la puerta o trepan la empalizada del Huerto de los Olivos.
     Según el Evangelio de Juan, después que Jesús dijera a los soldados que llegaban para prenderlo: «Yo soy (a quien buscáis)», «retrocedieron y cayeron en tierra». Luego se dejó atar las manos sin oponer la menor resistencia.
     Las prefiguraciones bíblicas son la Captura de Sansón y el Robo del Arca de la Alianza, por los filisteos.
     En las ilustraciones de los Salterios, los esbirros que arrestaron a Cristo tienen cabezas de perro, en alusión al Salmo 22, 17: «Me rodean como perros, me cerca una turba de malvados...».
     En el arte bizantino, especialmente en las pinturas murales del Protaton de Vatopedi, en el monte Athos, Jesús aparece enmarcado por dos soldados que lo amenazan, uno con una porra, el otro con una espada.
     La soldadesca que invade el huerto, a veces lleva estandartes con el emblema del escorpión, símbolo del pueblo judío.
     La escena ocurre durante la noche, a la luz de antorchas humeantes y de dos linternas que llevan en la mano o en el extremo de una pértiga, una Malco, al servicio del sumo sacerdote, la otra la «herrera» Hedroit, que forjaría los clavos de la Crucifixión. Esta puesta en escena pictórica se tomó de los Misterios de la Pasión, cuya escenografía comportaba «linternas de mano encendidas».
     A partir del siglo XVI los detalles pictóricos se multiplicaron.
     La escena del Prendimiento casi siempre está acompañada de tres episodios accidentados: los soldados encargados de capturar a  Cristo cayendo en tierra; San Pedro cortando la oreja de Malco; y los discípulos emprendiendo la fuga.
a) Los soldados cayendo en tierra
     Juan, 18: 4-6. «(Jesús...) salió y les dijo: ¿A quién buscáis? Respondiéronle: A Jesús Nazareno. Él les dijo: Yo soy. (...) Así que les dijo: Yo soy, retrocedieron y cayeron en tierra,"
     Como lo escribiera el P. Lagrange, sería pueril imaginar que toda la tropa fue derribada ante la vista de Jesús, como una fila de soldaditos de plomo. Debe entenderse que aquellos que iban en cabeza, intimidados por la majestad de Jesús, retrocedieron un momento.
     En la literatura prefigurativa, la caída de los soldados se compara con la de los Ángeles Rebeldes, con la muerte de seiscientos enemigos que Sangar mata con una aguijada, con la hecatombe de los filisteos que Sansón aniquila con una quijada de asno, con la matanza de ochocientos enemigos por David.
     A finales de la Edad Media, y especialmente en las ilustraciones prefigurativas del Speculum Humanae Salvationis, el arte cristiano reproduce la puesta en escena de los autos sacramentales de la Pasión. Cristo permanece impasible frente a los soldados que se derrumban a sus pies. Dos de ellos llevan filacterias en las que puede leerse: Quem quaerilis? Jesum Nazarenum. En la escena se los veía caer de espaldas dos veces. Es fácil imaginar el cómico efecto que producía al público esta doble caída.
b) Pedro cortando la oreja a Malco
     Lucas, 22: 51.
   Es uno de los episodios más populares del Prendimiento, imaginado para destacar la divina mansedumbre de Cristo mediante la oposición de éste a la reacción instintiva de uno de sus discípulos.
     Para defender a su maestro, Pedro, presa de la cólera, se precipita sobre Malco, criado del sumo sacerdote que llevaba una linterna en la mano para alumbrar el camino a los soldados. El apóstol lo derriba y le corta una oreja con una enorme espada o sable corvo con forma de cimitarra, cuyas dimensiones parecen excesivas para una ablación de ese género.
     Jesús le ordenó con calma que envainara  la espada (Mitte gladium tuum in vaginam) y volvió a pegar la oreja de la victima.
     La historicidad de este episodio es tanto más sospechosa por cuanto Lucas es el único evangelista que lo menciona. Si los otros tres lo hubiesen conocido no habrían tenido razón alguna para excluirlo de sus relatos.
     Con frecuencia Malco es representado con la estatura de un niño. Casi siempre está derribado, pero a veces se lo ve de pie, y Pedro le corta la oreja en el mismo momento en que pone la mano sobre Cristo (Crucifijo de San Gimignano, vidriera de Chartres). Su linterna cae a tierra.
     En el arte alemán del siglo XV, que se inclina hacia un realismo caricaturesco se ve a Pedro y a Malco rodando por el suelo y riñendo como dos camorristas: con frecuencia Pedro está a horcajadas de su adversario.
     Jesús tiene la oreja cortada de Malco en la mano, que se dispone a pegar. A veces la oreja no está separada, sino sólo, pendiente.
c) La huida de los discípulos
   Marcos, 14: 51.
    Los otros discípulos, menos belicosos que Pedro, emprendieron la fuga, como un rebaño en estampida, sin intentar siquiera defender a su maestro.
     Uno de ellos escapó completamente desnudo, abandonando en manos de los soldados el manto que lo cubría.
     Según San Ambrosio y San Gregorio, el joven del manto (adolescens cum sindone) sería Juan; para los Misterios, se trataría de Santiago el Menor, hijo de Alfeo, primo de Jesús, a quien se parecía. A causa de esta semejanza física habría sido per­seguido por un soldado que no prestara atención al beso de Judas. Prefirió dejar su vestidura que ser apresado y «dejando la sábana, huyó desnudo.»
     La fuente de este episodio poco glorioso es una profecía del Antiguo Testamento (Amós, 2: 16): "(...) y el de más esforzado corazón entre los valientes / huirá desnudo aquel día (...)».
     Este tema, bastante infrecuente, no aparece por primera vez en la obra de Jean Fouquet, que lo habría tomado de los Misterios de la Pasión, como lo creyera E. Mâle; en verdad, se lo encuentra cuatro siglos antes en el Evangeliario de Enrique III iluminado en Echternach en 1045, y luego en la Maestà de Duccio, terminada en 1311: Fouquet lo tomó de los artistas de Siena del Trecento (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
    Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Esperanza en el Puente Cedrón, de Navarro Arteaga, titular de la Hermandad de la Milagrosa, en la Iglesia Parroquial de la Milagrosa, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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lunes, 27 de noviembre de 2023

La Hermandad de la Milagrosa

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Hermandad de la Milagrosa, de Sevilla.
   Hoy, 27 de noviembre, la iglesia católica conmemora la festividad de la Medalla Milagrosa, y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Hermandad de la Milagrosa, de Sevilla.
     La Hermandad de la Milagrosa, tiene su sede canónica, y Casa-Hermandad en la Iglesia Parroquial de la Milagrosa, que se encuentra en la avenida de la Ciudad Jardín, s/n; en el Barrio de Ciudad Jardín, del Distrito Nervión.
       La Hermandad Sacramental de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Esperanza en el puente del Cedrón, María Santísima del Rosario y San Juan Evangelista; es ésta una corporación fundada en 1998, con sede canónica en la iglesia parroquial de la Milagrosa, siendo sus imágenes titulares Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, talla anónima del siglo XIX; Nuestro Padre Jesús de la Esperanza en el puente del Cedrón, obra de Navarro Arteaga en 2008; María Santísima del Rosario, obra de Francisco Buiza en 1963; y San Juan Evangelista, obra de Juan Antonio Blanco Ramos, en 2002.
     El escudo de la Hermandad está formado por Cruz con rayos que representan a los de la Virgen Milagrosa, a los pies de la misma aparece el ancla que simboliza la Esperanza, en el lado izquierdo aparece un ovalo con la Custodia del Santísimo Sacramento. En el derecho, el anagrama de María rodeándolo un Rosario. En la Greca exterior rematando aparece la cruz de malta que representa a la imagen titular de San Juan Evangelista.
       El germen de esta hermandad está en los años 60 cuando se empieza a formar una devoción entorno a María Santísima del Rosario, virgen que recala en la parroquia de la Milagrosa donada por la familia de Joaquín Zulueta Trigo (ex-alguacil de la Maestranza). En estos años juega un papel fundamental el párroco Antonio Martín Pozas que es quien empieza a rendirle culto a la virgen y así favorecer la fundación de una hermandad.
     Tras este impulso inicial la idea fue cayendo en letargo poco a poco, hasta que en los comienzos de la década de los 80, de nuevo, Antonio Martín Pozas, revitaliza el culto a María Santísima del Rosario con la realización de varios rosarios públicos. Durante la década de los 90 se unen a estos cultos, la potenciación de adoración del santísimo sacramento. En 1998 se da otro gran paso. Se realiza una procesión pública con su divina majestad bajo y palio y detrás María Santísima del Rosario en lo que era su primera salida procesional. Cuenta para esa salida con préstamos y ayuda de las hermandades de la Soledad de San Lorenzo (diadema), Hermandad de la Estrella de Valencina (manto y saya), La Sed (cera, ciriales y cuerpo de acólitos), El Baratillo (candelería y jarras) y la Asociación de vecinos de Ciudad Jardín costeó a la Banda de la Cruz Roja.
     En 2003 se recibe el título de asociación parroquial de fieles. En 2005 sale bajo palio por primera vez en la jornada del Domingo de Pasión. En 2008 se convierte en agrupación parroquial y durante los siguientes años la corporación fue enriqueciendo su patrimonio, destacando la configuración de un paso de misterio realizado y diseñado por José Antonio Navarro Arteaga. La primera idea de los miembros de la agrupación fue que el titular cristífero fuera una imagen del crucificado que hay en la parroquia y que se es autoría de Darío Fernández Parra, pero el delegado diocesano de aquel entonces, Manuel Soria Campos, les advirtió que en la zona ya existían tres crucificados (La Sed, El Cerro y San Bernardo). Su idea entonces fue la de hacer una Nazareno donde apareciesen las Santas Mujeres y Simón de Cirene, pero al final el autor del Misterio les convence para representar un pasaje que hasta ese momento no se podía ver en Sevilla. El 30 de noviembre de 2015, durante la función solemne a la Virgen de la Medalla Milagrosa, el arzobispo Juan José Asenjo anuncia que la agrupación parroquial pasa a ser hermandad de penitencia. El 19 de marzo de 2016 realiza por primera vez estación de penitencia (Web oficial del Consejo de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla).
Conozcamos mejor la Memoria de la Aparición de la Medalla Milagrosa;
   Esta memoria hace referencia a la devoción a la Inmaculada Milagrosa y su medalla, que tiene como divulgadora a Santa Catalina Labouré, que atribuyó a inspiración divina. En el año 1830, en la Casa Madre de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, en París, Francia, narró que la Virgen se le había aparecido en tres ocasiones cuando era una humilde y piadosa novicia. En las tres, Catalina vio a la Virgen, recibió mensajes y fue tratada con amorosa y maternal atención. La primera visión fue hacia las 11,30 horas de la noche del dieciocho de julio, en que oyó que alguien la llamaba por su nombre: “Sor Labouré, Sor Labouré, ven a la capilla. Allí te espera la Santísima Virgen”. Quien la llamaba era un niño pequeño y él mismo la condujo hasta la capilla. Catalina se puso a rezar y después de oír un ruido semejante al roce de un vestido de seda, vio a la Virgen sentada al lado del Altar.  Catalina fue hacia Ella, cayó de hinojos apoyando sus manos en las rodillas de la Santísima Virgen y oyó una voz que le dijo: “Hija mía, Dios quiere encomendarte una misión... tendrás que sufrir, pero lo soportarás porque lo que vas a hacer será para Gloria de Dios. Serás contradecida, pero tendrás gracias. No temas”. La Virgen señaló al pie del Altar y recomendó a Catalina acudir allí en los momentos de pena a desahogar su corazón pues allí, dijo, serían derramadas las gracias que grandes y chicos pidan con confianza y sencillez. 
     En la segunda visión, hacia las 5,30 horas de la tarde del veintisiete de Noviembre, la Virgen comunicó a su vidente el mensaje que le quería transmitir. Esta aparición tuvo tres momentos distintos. Oyó nuevamente el ruido semejante al roce de la seda y vio a la Virgen. En un primer momento, Ésta estaba de pie, sobre la mitad de un globo, aplastando con sus pies a una serpiente. Tenía un vestido cerrado de seda aurora con mangas lisas; un velo blanco le cubría la cabeza y le caía por ambos lados. Como vemos, presentaba la iconografía habitual de la Inmaculada. En sus manos, a la altura del pecho, sostenía un globo con una pequeña cruz en su parte superior. La Virgen ofrecía ese globo al Señor, con tono suplicante. Sus dedos tenían anillos con piedras, algunas de las cuales despedían luz y otras no. La Santísima Virgen bajó la mirada. Y Catalina oyó: “Este globo que ves, representa al mundo y a cada uno en particular. Los rayos de luz son el símbolo de las gracias que obtengo para quienes me las piden. Las piedras que no arrojan rayos, son las gracias que dejan de pedirme". Cuando el globo desapareció, las manos de la Virgen se extendieron resplandecientes de luz hacia la tierra; los haces de luz no dejaban ver sus pies. Se formó un cuadro ovalado alrededor de la Virgen y en semicírculo, comenzando a la altura de la mano derecha, pasando sobre la cabeza de Ella y terminando a la altura de la mano izquierda, se leía: "OH MARÍA SIN PECADO CONCEBIDA, RUEGA POR NOSOTROS, QUE RECURRIMOS A TI". Catalina oyó una voz que le dijo: “Haz acuñar una medalla según este modelo, las personas que la lleven en el cuello recibirán grandes gracias: las gracias serán abundantes para las personas que la llevaren con confianza”.
   El cuadro se dio vuelta mostrando la letra M, coronada con una cruz apoyada sobre una barra y debajo de la letra M, los Sagrados Corazones de Jesús y de María, que Catalina distinguió porque uno estaba coronado de espinas y el otro traspasado por una espada. Alrededor del monograma había doce estrellas. En el curso del mes de diciembre del mismo año, Catalina fue favorecida con una nueva aparición, similar a la del veintisiete de Noviembre. También durante la oración de la tarde. Catalina recibió nuevamente la orden dada por la Virgen de hacer acuñar una medalla, según el modelo que se le había mostrado el día citado, y que se le mostró nuevamente en esta aparición.  Quiso la Virgen que su vidente tuviera muy claros los simbolismos de su aparición, por eso insistió de una manera especial que el globo, que Ella tenía en sus manos, representaba al mundo entero y cada persona en particular; en que los rayos de luz que arrojaban las piedras de sus anillos, eran las gracias que Ella conseguía para las personas que se las pedían, que las piedras que no arrojaban rayos, eran las gracias que dejaban de pedirle; que el Altar era el lugar a donde debían recurrir grandes y chicos, con confianza y sencillez, a desahogar sus penas. Después de vencer Catalina todos los obstáculos y contradicciones que le había anunciado la Santísima Virgen, en el año 1832, las autoridades eclesiásticas aprobaron la acuñación de la medalla. Una vez acuñada, se difundió rápidamente. Fueron tantos y tan abundantes los milagros obtenidos a través de ella, que se la llamó, la medalla que cura, la medalla que salva, la medalla que obra milagros, y finalmente la medalla milagrosa. La Iglesia aprobó esta devoción con el decreto de institución de la fiesta de la Medalla Milagrosa, el veintisiete de noviembre, sancionado por León XIII Pecci (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).   
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Página web oficial de la Hermandad de la Milagrosa: www.hermandaddelamilagrosa.es

La Hermandad de la Milagrosa, al detalle:
- Sede Canónica: Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa
- Día de Salida Procesional: Sábado de Pasión (Estación de Penitencia)
                                                Domingo cercano al 27 de noviembre (Virgen Milagrosa)
- Imágenes Titulares:    Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa
                                        Nuestro Padre Jesús de la Esperanza en el puente del Cedrón
                                        María Santísima del Rosario
                                        San Juan Evangelista

domingo, 29 de enero de 2023

Un paseo por el Barrio de la Ciudad Jardín

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el barrio de la Ciudad Jardín, de Sevilla, dando un paseo por él.
     Hoy, 29 de enero, es el aniversario (29 de enero de 1850) del nacimiento de Ebenezer Howard, fundador del movimiento urbanístico de la Ciudad Jardín, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el Barrio de la Ciudad Jardín, de Sevilla, dando un paseo por él.
     El Barrio de la Ciudad Jardín es, en el Callejero Sevillano, un barrio que se encuentra en el Distrito Nervión, delimitado por las vías c/ Marqués de Pickman, c/ Roque Hernández, c/ Banda Sinfónica Municipal de Sevilla, avda. Ramón y Cajal, c/ Marqués de Nervión, c/ Fernández de Ribera, c/ Beatriz de Suabia, c/ Maestro Pedro Braña, y avda. de La Ciudad Jardín.
     El Barrio de la Ciudad Jardín lo componen las vías siguientes: c/ Alfonso XI, c/ Almotamid, c/ Alonso Cano, c/ Andrés de Ocampo, c/ Antonio de Nebrija, c/ Antonio Delgado, c/ Antonio María Esquivel, c/ Arzobispo Salcedo, c/ Banda Sinfónica Municipal de Sevilla, c/ Bartolomé Morel, c/ Beatriz de Suabia, c/ Bembaso, c/ Canal, c/ Cardenal Rodrigo de Castro, c/ Celestino Tejeiro Jiménez, avda. de la Ciudad Jardín, c/ Cristóbal de Augusta, c/ Diego Girón, c/ Don Gonzalo de Mena, c/ Doña María de Molina, c/ Espinosa de los Monteros, c/ Felipe de Rivas, c/ Fernández de Ribera, c/ Francisco Buendía, c/ Francisco de Alfaro, c/ Fray Hernando de Santiago, c/ Gaspar Núñez Delgado, c/ El Gomari, c/ José Alexandre, c/ José de Arce, c/ Juan Bautista Vázquez, c/ Juan Cromberger, c/ Juan Rodríguez Mateos, c/ Marqués de Nervión, c/ Marqués de Pickman, c/ Martín de Gainza, c/ Miguel de Zumárraga, c/ Padre José del Hierro, c/ Rafael Cantarero, avda. Ramón y Cajal, c/ Roque Hernández, c/ San Víctor, c/ Simón de Pineda, y c/ Varela de Salamanca.
     El Barrio, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, siendo el conjunto de vías urbanas con características homogéneas, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. 
     Asentada sobre parte de los terrenos que de antiguo fueron conocidos como Cortijo del Maestre Escuela, se encuentra junto a la barriada del Marqués de Nervión, estando separada de la de Amate por el tapamento del arroyo Tamarguillo. En un principio, la Ciudad Jardín de la Esperanza formó parte de un proyecto global de urbanización del Cortijo del Maestre Escuela realizado por Aníbal González en 1911. Sin embargo, este proyecto no se llevó a cabo, pues se radicalizan las pautas del primitivo diseño al multiplicar el número de calles radiales con la consiguiente atomización del cuarto de círculo que ocupa. En realidad, el origen de la actual barriada se encuentra en la labor llevada a cabo por la Inmobiliaria Nervión, regentada por los herederos del marqués del mismo título que, aprovechando los beneficios de la Ley de Casas Baratas de 1925, construyen 404 casas con un total de l.374 viviendas de baja renta. Estaba destinada, en un principio, como las viviendas construidas en la barriada de Heliópolis, a albergar a los posibles visitantes de la Exposición Iberoamericana de 1929. El proyecto y la dirección de las obras corrieron a cargo de Gonzalo Iglesias Sánchez-Solórzano, quien conserva la disposición concéntrica y el tipo de vivienda unifamiliar, aunque con una superficie mínima ajardinada. Sin embargo y pese a que el espíritu que anima este proyecto parece entroncar con las propuestas decimonónicas de los socialistas utópicos, Sánchez-Solórzano no puede por menos que hacer algunas concesiones a los imperativos especulativos, lo que le lleva a recurrir a casas de bloques, si bien con un gran patio interior. En el plano de 1928 aparece la barriada en construcción, con calles y parcelas ya delimitadas, dispuestas en abanico, tomando como centro la Gran Plaza. Una fotografía aérea de 1929 ofrece una panorámica de esta bella barriada. En el plano de 1944 ya aparecen terminadas las calles y plazas, figurando, junto al caserío, locales destinados a guarderías, jardín y campo de deportes y cuartelillo de la guardia civil. La ocupación de la barriada fue inmediata. Ya en 1937 vivían en la Ciudad Jardín 6.604 personas, quienes, a pesar de la proximidad del arroyo Tamarguillo, por esta zona denominado Juncal, fijarán su residencia en una de las barriadas más hermosas y mejor equipadas de la Sevilla del momento y, puede afirmarse, que de la actualidad. El peligro representado por el inmediato arroyo se hizo patente con las graves inundaciones de 1961, a consecuencia de las cuales hubieron de ser evacuadas 445 familias, al haber resultado parcialmente destruidas sus viviendas, localizadas sobre todo en los sectores más inmediatos al mencionado arroyo. 
     La barriada se ha conservado con el paso de los años prácticamente inalterable, al estar a salvo de la salvaje especulación que aniquiló más de una popular y castiza barriada sevillana. Junto a las viviendas unifamiliares de dos plantas y pequeño jardín delantero, aparecen los primitivos bloques de tres plantas, conocidos popularmente como "colectivos"; otras viviendas de dos plantas adosadas lateralmente son denominadas "W", frente a las que se abren a modo de plazas, espacios trapezoidales, y terrizos, denominados "tenis"; otros tipos de viviendas de dos plantas formando cuatro viviendas en una sola construcción son conocidos como "Z". Finalmente, junto a Clemente Hidalgo, aparecen bloques de cuatro plantas, de factura posterior. A pesar de esta variedad tipológica y volumétrica del caserío, el blanco de las fachadas, tan típicamente andaluz, uniforma las viviendas llenando de luz un espacio preñado de historia, por muy reciente que ésta sea. La buena conservación de los edificios se corresponde con una más que aceptable infraestructura viaria y un mobiliario urbano adecuado a las necesidades del vecindario La función comer­cial se desplaza a uno de los extremos, la avenida Marqués de Pickman, con una acera jalonada de comercios y un mercado de abastos. El intenso tráfico de vehículos que se desarrolla, implacable, por la fronteras de la Ciudad Jardín, desaparece en el interior de ésta, donde ni estridente ruidos ni fétidos olores perturban el pasear placentero de quien desee recorrer las calles [Eduardo Camacho Rueda, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
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sábado, 5 de noviembre de 2022

Un paseo por la calle Beatriz de Suabia

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Beatriz de Suabia, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 5 de noviembre, es el aniversario del fallecimiento (5 de noviembre de 1235) de Beatriz de Suabia, Reina de Castilla, a quien está dedicada esta calle, de ahí que hoy sea el mejor día para ExplicArte la calle Beatriz de Suabia, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     La calle Beatriz de Suabia es, en el Callejero Sevillano, una calle que se encuentra en los Barrios de Ciudad Jardín, La Buhaira, y Nervión, en el Distrito Nervión; y va de la calle Luis Montoto, a la avenida de Eduardo Dato.
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Se rotula en 1949, cuando su propietario la cede al Ayuntamiento, en homenaje a Beatriz de Suabia (+ 1235), esposa de Fernando III, con quien se casó en 1220. En el plan original de urbanización del barrio de Nervión de principios del siglo, esta calle es concebida como uno de sus ejes vertebradores en dirección norte-sur y con un trazado paralelo al que hoy ofrece Marqués de Nervión: un largo tramo rectilíneo desde Luis Montoto a Juan de Padilla, punto en el que formaba un ángulo abierto y venía confluir transversalmente a Ramón y Cajal. La calle fue abierta, ateniéndose al plan diseñado, hasta Juan de Padilla, y en los años veinte se inició la edificación de algunas de las manzanas de su acera par con villas de dos y tres plantas con una pequeña zona ajardinada, tipología residencial que se repite en todo el barrio. A comienzos de los sesenta se ha edificado la mayor parte de las manzanas hasta dicho punto, aunque algunas permanecen sin urbanizar y conservan construcciones rurales; a partir de Juan de Padilla los terrenos continúan formando parte de las tierras de labor del Cortijo del Maestre Escuela. Cuando en las últimas décadas se procede a la urbanización de la extensa parcela comprendida entre Juan de Padilla, Marqués de Nervión y Ciudad Jardín, se hará con una tipología edificatoria muy diferente, con predominio de altos bloques exentos y sin respetarse el trazado original. En consecuencia, Beatriz de Suabia describe un largo y rectilíneo trazado hasta Juan de Padilla, presenta un tramo mal definido entre Juan de Padilla y Fernández de Ribera, describiendo un ángulo a la altura del mercado de abastos allí instalado de forma provisional en l973, y finaliza en Ramón y Cajal. Está atravesada por Rico Cejudo, Alejandro Collantes, Padre Coloma, Eduardo Dato, Juan de Juanes, Cean Bermú­dez, Juan de Padilla y Fernández de Ribera, y confluye por la acera de la derecha San Rafael. La calle se inicia con una escalera con cuatro peldaños (actualmente una rampa), marcando así un desnivel de un metro con Luis Montoto que impide la circulación rodada entre ambas vías; posee calzada de asfalto, aceras de losetas de cemento con árboles en alcor­ques, y farolas de distintas características según tramos: de fundición adosadas a las fachadas, de fundición sobre el acerado, y más modernas tipo báculo.
     Hasta Eduardo Dato, y en menor medida hasta Ceán Bermúdez, se conserva una parte de la edificación originaria y característica del llamado Nervión antiguo, de viviendas unifamiliares tipo chalet, en desigual estado de conservación, que va desde el abandono hasta la reconstrucción; pero también se ha producido su sustitución por bloques entre medianeras de cuatro y cinco plantas. A partir de Eduardo Dato las sustituciones están más generalizadas y alcanzan mayor altura (seis y siete plantas). Al final de la calle se encuentran bloques de viviendas de ocho y nueve plantas y varios edificios de uso no residencial: el colegio de prácticas anejo a la Escuela de Magisterio, un lateral del Ambulatorio del Servicio Andaluz de Salud, con entrada por Juan de Padilla, el mercado de abastos Las Palmerita y el instituto de formación profesional Beatriz de Suabia. La calle posee una diversificada funcionalidad, ya que a la residencial, que era la la originaria, se han venido a sumar, en la medida en que la zona se ha ido poblando, otras actividades y usos, pues junio a los ya mencionados, en el resto de la calle se localizan comercios y negocios de carácter diverso; en el núm. 57 se ubica la sede de la Iglesia Evangélica Baptista. En cambio registra escaso tráfico rodado, por las características de su trazado y al ser más rápidas las vías paralelas a ella [Alida Carloni Franca, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993]. 
Conozcamos mejor la Biografía de Juan José García de Vinuesa, a quien está dedicada esta vía
;
     Beatriz de Suabia. (?, 1198 – Toro, Zamora, 5 de noviembre de 1235). Reina de Castilla, primera esposa de Fernando III y madre de Alfonso X el Sabio.
     Acabadas las perturbaciones que la sucesión de Enrique I había provocado en el reino castellano, y asentado en el trono Fernando III, la cuestión más importante era el matrimonio del joven rey, que estaba ya próximo a los dieciocho años. Para evitar la posibilidad de un matrimonio nulo por razones de parentesco, de tan triste experiencia en el caso de sus padres, era preciso desechar las princesas hispanas, así como las de Inglaterra y Francia.
     El nombre que atrajo la atención desde un principio fue el de la princesa alemana Beatriz, hija de Felipe de Suabia, emperador de Alemania entre 1198 y 1208, y de su esposa, la bizantina Irene; el padre de Beatriz era hermano del emperador alemán Enrique VI (1190-1197) y ambos, hijos de Federico I Barbarroja; su madre, la bizantina Irene, era hija del emperador de Bizancio Isaac Ángel (1185-1204) y de su esposa, Margarita, hija del rey Bela de Hungría.
     Así, Beatriz descendía por su padre y por su madre de los dos grandes imperios del medievo: del Sacro Imperio Germánico y del imperio bizantino.
     La adolescencia de Beatriz en Alemania había sido muy agitada, pues su padre, el emperador Felipe, había tenido que luchar todo el tiempo de su imperio con otro emperador rival, Otón IV, para morir finalmente asesinado en 1208. Muerto Felipe, su rival tomó bajo su protección a Beatriz, e incluso prometió casarse con ella, pero fue derrotado y expulsado del trono en 1214 por Federico II, hijo del emperador Enrique VI y sobrino de Felipe de Suabia, quedando así Beatriz bajo la guarda de su primo el emperador Federico II.
     Resuelta la elección de esposa a favor de Beatriz, la reina Berenguela envió una primera embajada al imperio alemán para proponer el matrimonio; logrado el asentimiento, a mediados de 1219 partía en busca de la novia otra embajada más solemne presidida por el obispo de Burgos, Mauricio, e integrada por los abades de San Pedro de Arlanza y Santa María de Rioseco, por el camerario de San Zoilo de Carrión, por el maestre de la Orden de Santiago y por el prior de la Orden de San Juan en España, cuya misión era negociar los detalles del acuerdo matrimonial. 
   Tras casi cuatro meses de estancia en la corte de Suabia, comenzado el otoño, Federico II, ya electo emperador, hizo entrega de la novia a los embajadores, que pasando por París, donde visitaron a la hermana de Berenguela, la reina Blanca. Cuando llegaron al reino de Castilla, salió la reina Berenguela hasta Vitoria al encuentro de Beatriz. En Burgos estaba esperando Fernando con los magnates, los obispos y los procuradores de las ciudades del reino, que acogieron a la novia con muestras de júbilo. La impresión que causó la joven con sus veintiún años entre los burgaleses es descrita por los cronistas como la de una doncella nobilísima, muy sabia, pudorosa, de honestas costumbres, prudente y dulcísima, primera impresión que se confirmaría y acrecentaría durante los dieciséis años de su reinado. Por fin, el 30 de noviembre, día de san Andrés, en la catedral de Burgos, oficiando el obispo Mauricio, se celebraba la boda de Fernando y Beatriz; el novio tenía dieciocho años y la novia, veintiuno.
     Con ocasión de sus bodas y para rodear a éstas de la máxima solemnidad, el rey Fernando, quiso celebrar en Burgos una reunión extraordinaria de la curia regia o asamblea del reino compuesta por los magnates, los caballeros principales, los prelados y los abades más importantes y los procuradores de las ciudades; es decir, lo más granado del reino de Castilla, con una concurrencia tan numerosa que jamás se había visto otra igual en la ciudad de Burgos. Los contrayentes celebraron su luna de miel en Burgos durante todo el mes de diciembre, y hasta el día de Reyes de 1220 no se les localiza ya en Valladolid.
     A partir del día de su boda, la reina Beatriz acompañará casi continuamente a su marido, salvo en las campañas militares. Lo mismo que Berenguela venía haciendo ya, ahora las dos juntas solían salir a recibir al hijo y esposo al regreso de esas campañas; sus lugares de residencia preferidos eran Burgos, Valladolid y Toledo; su lugar favorito fue el mismo que el de Berenguela: las Huelgas Reales de Burgos, en el camino de Santiago por donde llegaban todas las novedades culturales de Europa. Por lo que se sabe de sus estancias y desplazamientos siempre se encuentra a Beatriz al lado de Berenguela. El entendimiento entre ambas parece que fue algo no habitual; en las pocas actuaciones políticas que se conocen siempre actuaron las dos de acuerdo cerca de su hijo y marido, logrando con su valimiento la concordia y el perdón entre el rey y algún noble levantisco, como fueron los casos de Lope Díaz de Haro y Álvar Pérez de Castro.
     Beatriz coincidía con su esposo y con Berenguela en una profunda religiosidad y en una especial devoción a la Virgen; según cuenta su hijo Alfonso X en una de las Cántigas en honor de Santa María, habiendo enfermado la reina Beatriz en Cuenca (1226) y una vez que los médicos habían desesperado de curarla, se hizo traer una imagen de Santa María, poniendo en ella todas sus esperanzas de salud.
     El matrimonio de Fernando y Beatriz aparece en la historia como una unión feliz, no manchada por ninguna infidelidad; el matrimonio duró dieciséis años y sólo tuvo su fin con la muerte de doña Beatriz el 5 de noviembre de 1235, cuando sólo tenía treinta y seis o treinta y siete años de edad. Fruto de esos dieciséis años de vida conyugal fueron, según Rodrigo Jiménez de Rada, un total de nueve hijos: siete varones y dos mujeres, nacidos por este orden: Alfonso, primogénito y sucesor de Fernando III (Toledo, 23 de noviembre de 1221), Fadrique (ante 13 de septiembre de 1223), Fernando (ante 25 de marzo de 1225), Leonor (¿1226?), Berenguela (¿1228?), Enrique (ante 10 de marzo de 1230), Felipe (ante 5 de diciembre de 1231), Sancho (¿1233?) y Manuel (1234). Lucas de Tuy añade una tercera hija a la que asigna el nombre de María y de la que dice que murió puellula, esto es, niñita, pocos días antes que su madre, y fue enterrada en San Isidoro de León; pero, al ser ignorada por el arzobispo de Toledo, se supone que falleció poco después de nacer ese mismo año 1235, el de la muerte de su madre.
     Es posible que una maternidad tan reiterada hubiera debilitado la naturaleza de la reina Beatriz; el caso es que, sin una enfermedad prolongada que preludiase un fatal desenlace, pues sólo contaba con treinta y siete años de edad, el 5 de noviembre 1235 vino a fallecer en Toro, cuando viajaba acompañando a su marido, como era habitual en ella. El itinerario regio nos muestra a Fernando III del 24 al 28 de octubre en Ponferrada; el 3 de noviembre el rey se encontraba en Villalobos, a tan sólo cincuenta kilómetros de Toro. Era el viaje de la muerte para la reina, que probablemente llegó a Toro el día 4 de noviembre, víspera de su óbito.
     La reina Beatriz dejaba tras de sí ocho huérfanos entre los catorce y un año de edad; la falta de una madre en tan tierna edad no dejaría de influir desfavorablemente en la educación de los huérfanos y posiblemente se reflejó en las posteriores disensiones fraternas.
     El cadáver de la reina fue trasladado al monasterio de las Huelgas Reales de Burgos y sepultado con honores muy cerca del rey Enrique. Cuarenta años más tarde, su cuerpo fue trasladado por su hijo a la catedral de Sevilla, donde reposa al lado del rey Fernando, con el que compartió su vida (Gonzalo Martínez Díez, SI, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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