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miércoles, 5 de agosto de 2026

El desaparecido Convento de Nuestra Señora del Pópulo (primera advocación de Santa Mónica), de los Agustinos Descalzos

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el desaparecido Convento de Nuestra Señora del Pópulo (primera advocación de Santa Mónica), de los Agustinos Descalzos, de Sevilla.  
     Hoy, 5 de agosto, Dedicación de la basílica de Santa María, en Roma, construida en el monte Esquilino y ofrecida por el papa Sixto III al pueblo de Dios como recuerdo del Concilio de Éfeso, en el que la Virgen María fue proclamada Madre de Dios (c. 434) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II]    
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte el desaparecido Convento de Nuestra Señora del Pópulo (primera advocación de Santa Mónica), de los Agustinos Descalzos, de Sevilla
     El desaparecido Convento de Nuestra Señora del Pópulo (primera advocación de Santa Mónica), de los Agustinos Descalzos, se encontraba en la manzana formada por las calles paseo de Cristóbal Colón, Reyes Católicos, Pastor y Landero, y Adriano; en el Barrio del Arenal, del Distrito Casco Antiguo.
     Los historiadores de la Orden hacen remontar sus orígenes al periodo de los ermitaños del norte de África que, aglu­tinados en torno a la figura de Agustín de Hipona, forman una pequeña comunidad, en una continuidad sin interrupción difícil de demostrar con la Orden constituida en 1256. Aurelio Agustino (354-430) nació en Tagaste, actual Túnez, hijo de un pagano, Patricio, y una cristiana, Mónica, quien ejerció sobre él una poderosa influencia. Entregado a los estudios clásicos, se adhirió a la secta de los maniqueos, tuvo una juventud licenciosa y se dedicó a la enseñanza de retórica en Cartago, Roma y Milán, donde su vida espiritual evoluciona por las plegarias de su madre y las instrucciones del arzobispo San Ambrosio, cuyo ejemplo y palabras le llevan a su conversión al cristianismo, bautizándolo el 25 de abril del 387. Deseoso de difundir la filosofía cristiana regresa a su tierra, vende sus bienes entregando el producto a los pobres y se establece en Hipona donde es ordenado sacerdote el 391 por el obispo Valerio, a quien sucederá en la cátedra episcopal en el año 395. En su abundante producción literaria expuso sus ideas filosóficas, teológicas, su antropología y su teoría del conocimiento, en una constante búsqueda de Dios a través del mundo y en un esfuerzo por incorporar el pensamiento platónico a la tradición filosófica cris­tiana; sus obras han ejercido una gran influencia en la esco­lástica, y se granjeó el título de primer legislador y patriarca del monacato latino siendo considerado uno de los cuatro grandes doctores de la Iglesia. La comunidad creada por San Agustín tras su conversión al cristianismo tuvo un fecundo desarrollo, propagándose por el norte del África romana rápidamente, de tal manera que a la muerte del Santo, en el 430, existían alrededor de cincuenta monasterios, incluidos los de mujeres. La invasión de los vándalos en el siglo V y de los árabes en el VII supuso una fuerte persecución de estas comunidades, pasando muchos de sus miembros al sur de Italia, Francia y España, a donde exportaron la tradición monástica agustiniana. Sin embargo, la legislación carolingia, que impuso con carácter exclusivo la profesión de la regla benedictina en todo el imperio, significó un freno a la propagación del ideario agustino. Habrá que esperar al renacimiento de la vida monástica de los siglos X y XI para asistir al resurgimiento de la Regla de San Agustín en los numero­sos eremitorios que se originaron. En 1244 el papa Inocencio IV, en un deseo de unificar a todos los ermitaños, promovió la fusión de los abundantes cenobios de dentro y fuera de Italia, en los que se incluían los de inspiración agustina, dando lugar a la llamada Gran Unión que fue confirmada el 9 de abril 1256 por el papa Alejandro IV. Se constituyó una gran familia religiosa que recibió el nombre de Orden de los Frailes Ermitaños de San Agustín, en el convento romano de Santa María del Pópulo, con un superior general al frente y una subdivisión en doce provincias, siete para Italia y las cinco restantes para Francia, Alemania, Inglaterra, Hungría y España. A fines del siglo XIII ya existían diecisiete y en 1329 el número de provincias ascendía a veinticuatro. Asimismo, la Orden adopta los ideales y organización de los mendicantes, conciliando el apostolado activo con la vida contemplativa monacal, siendo considerada la tercera de las órdenes mendicantes tras franciscanos y dominicos.
     Hay que señalar que San Agustín nunca escribió una regla monástica, son sus libros, sermones y sobre todo sus cartas en donde hablaba de la vida religiosa y el modo de practicarla, los que inspirarán un conjunto de normas y una forma de vida que serán adoptadas por numerosos institutos religiosos antiguos y modernos como guía a seguir. Las familias religiosas tituladas como Orden de San Agustín abarcarán diversos institutos de religiosos y de monjas. Entre los masculinos se hallaban los Ermitaños de San Agustín, instituidos canónicamente en 1256, que tras la reforma de 1505 son denominados Observantes; y los Ermitaños Recoletos de San Agustín, llamados Recoletos o Descalzos, surgidos en algunos conventos que desaprobaban la actividad intelectual, el estudio y la docencia universitaria, y deseaban entregarse más a la oración, a la contem­plación, a la vida retirada y recoleta como medio de santifi­cación; la nueva rama agustina fue a probada en el Capítulo General de Toledo el 3 de diciembre de 1588.
     En España se constata la presencia de eremitorios en época visigoda, en zonas de Valencia y Mérida, cuya proliferación quedó frenada con la llegada de los musulmanes a la península. Los avances de las tropas cristianas de Fernando III, Jaime I y Alfonso X, liberarán nuevos territorios en cuyas principales ciudades fundan los agustinos sus casas; en 1278 había nueve conventos y en 1300 dieciséis en España y Portugal. Con la Gran Unión de 1256 la Península se trans­forma en la Provincia Hispaniae, la que a su vez, más tarde por Capítulo reunido en Dueñas en 1527 se divide en cuatro: Lusitana, Catalano-aragonesa, Castilla, que llegaba hasta el río Tajo, y Andalucía o Bética, al sur de esta línea fluvial. Por otro lado, gracias al permiso otorgado por el papa Adriano VI a las órdenes mendicantes por el que podían pasar a las Indias para su evangelización, los agustinos llegaron a tierras americanas en 1533, en donde crearon la provincia de Nueva España, consiguiendo fundar la Universidad de México; un hito importante en su creciente expansión será la presencia de la Orden en Filipinas, a donde llegaron sus religiosos acompañando al conquistador Legazpi, fundando misiones y el colegio mayor de Iloco.
     Al igual que el resto de Europa, los conventos agustinos de España padecieron a mediados del siglo XV la relajación y deterioro de la observancia de la regla, conocida como claustra. Para atajar el mal surgió un movimiento de reforma a favor de la restauración de la disciplina monástica primitiva, siendo fray Juan de Alarcón quien desde el convento de Villanubla (Valladolid) emprenda el camino del reformismo, que será aprobado en 1438; las casas que se acogían a la reforma pasaron a denominarse Congregaciones de la Observancia, que a fines del XV eran un buen número de conventos. En este sentido, los Reyes Católicos obtienen del papado la aprobación para incorporar obligatoriamente todos los conventos agustinos a la observancia, lo que se verá cumplido en 1504, en el capítulo interprovincial cele­brado en Toledo. Por otro lado, en el último tercio del siglo XVI algunos conventos promovieron la vuelta al rigor primitivo de la Orden, desaprobando la actividad intelectual, el cultivo de los estudios y la docencia universitaria que tan intensa y efectivamente realizaban los agustinos. Este nuevo movimiento, más interesado por la vida contemplativa y la oración, dio lugar al nacimiento de la rama descalza agustina o de los Ermitaños Recoletos cuya aprobación se produjo en el capítulo provincial de Toledo del 3 de diciembre de 1588, abriéndose el primer convento en Talavera de la Reina al año siguiente, siendo elaboradas sus Constituciones por fray Luis de León. En 1605 el papa Clemente VIII autoriza la creación de la provincia de Recoletos, cuyo rápido crecimiento propició su elevación a Congregación en 1621, por bula de Gregorio XIV, celebrando en ese mismo año su primer Capítulo General en el que fue nombrado vicario general fray Jerónimo de la Resurrección y autorizándose la división en cuatro provincias: San Agustín de Castilla, Pilar de Aragón, Santo Tomás de Villanueva de Andalucía y Nicolás de Tolentino de Filipinas.
     En suma, la expansión y consolidación de la Orden en sus diferentes ramas fue constante y se mantuvo durante los siglos XVII y XVIII; una Orden que se caracterizó por la gran importancia que dio al estudio y la cultura, preocupada por la buena formación de sus religiosos bien cualificados para el apostolado y la enseñanza en sus más altos niveles, (en las universidades), con figuras tan destacadas y conocidas como fray Luis de León. La estima por el conocimiento y la cultura forjó la formación de centros docentes, los llamados Estudios Generales, adscritos a universidades, y valiosas bibliotecas conventuales que contribuyeron al progreso del saber, ganando por ello la Orden la reputación de docta. Sin embargo, este estado de cosas se vino abajo con los aconteci­mientos políticos-legislativos del XIX que culminaron en la desamortización de 1835, fecha en la que se contabilizaban en la península doscientos cinco conventos, de los que sólo quedó abierto el Colegio-Seminario de Valladolid, que por su carácter misionero quedó excluido de la desamortización por la influencia y prestigio que su trabajo misional en el extranjero daba al país.
CONVENTO DE NUESTRA SEÑORA DEL PÓPULO (PRIMERA ADVOCACIÓN DE SANTA MÓNICA), DE LOS AGUSTINOS DESCALZOS
     En el último tercio del siglo XVI se produjo en el algunos conventos de la Orden un movimiento de vuelta al rigor primitivo disciplinar monástico, en un deseo de suplir la actividad intelectual y el cultivo del estudio y la docencia, que tan intensa y efectivamente realizaban los agustinos, por una vida religiosa más recogida centrada en la contemplación y la oración como medios más eficaces para la santifica­ción. Esta nueva corriente dio lugar al nacimiento de la rama descalza agustina también denominada de ermitaños recoletos, cuya aprobación se produjo en Capítulo Provincial celebrado en Toledo el 3 de diciembre de 1688, quedando bajo la supervisión del General de la Orden. En 1605 se les autoriza crear la Provincia de Recoletos, cuyo rápido crecimiento determinó su elevación a Congregación por bula de Gregorio XV expedida en 1621, año en el que celebró su primer Capítulo General siendo nombrado vicario general fray Jerónimo de la Resurrección, y autorizándose la división en cuatro provincias: San Agustín, de Castilla, Pilar de Aragón, Santo Tomás de Villanueva, de Andalucía y Nicolás de Tolentino, de Filipinas.
     Según el manuscrito de fray  Antonio del Rosario, fechado el 17 de noviembre de 1675 sobre la fundación del Convento del Pópulo, el mismo año 1621 fray Jerónimo de la Resurrección comisiona a fray Cristóbal de Porras y dos religiosos más para fundar casa de la descalcez en Sevilla, propuesta que fue favorablemente acogida por el entonces arzobispo don Luis Fernández de Córdoba. Sin embargo, no es hasta 1625 cuando los agustinos consiguen fundarla, merced a la generosa donación otorgada el 10 de septiembre de ese año de una pequeña casa por parte del devoto ciudadano Pedro Antón de la Cerda, quedando el convento bajo la advocación de Santa Mónica, madre de San Agustín. El 8 de diciembre se puso el Santísimo Sacramento en una sala habi­litada corno iglesia y fue nombrado primer prior fray Pedro de la Asunción. Siguiendo la crónica de fray Antonio del Rosario, quien fue también prior del monasterio, la casa estaba situada frente a lo que después sería el convento definitivo, en el Arenal, siendo, pues, ésta la primera y provisional morada de los agustinos descalzos en Sevilla, en donde permanecerán trece años; provisional porque los religiosos tenían autorización del arzobispo para levantar su convento en el Arenal, lugar extramuros de la ciudad, entre las puertas de este nombre y la de Triana, cercano a la ribera izquierda del río y en el sitio que llamaban "de las eneas" por la gran cantidad que allí crecía. No es hasta 1637 cuando el Cabildo de la ciudad, siendo su asistente el conde de Puebla, deslinde la parcela correspondiente, para cuyo cometido comparecieron "su señoría personalmente con los 21 que fueran señalados y alarifes de dicha ciudad, mostró su señoría su cariño y devoto afecto en la medición de dicho sitio mostrándose poco escaso y muy liberal en la Donación de dicha Ciudad". Se procedió a cercar la amplia parcela y en tanto se levantaba la fábrica del monasterio, se labraron dos salas una mirando hacia el Arenal y otra hacía el río; en ésta se instaló el 1 de enero de 1638 el Santísimo traído desde la iglesia provisional de la primera casa, acomodándose los agustinos en su ya definiti­vo emplazamiento, "empezándose las obras de la Iglesia principal que ha de ser permanente... hasta el año 1666" en que, concluida, fue inaugurada el sábado 1 de mayo, con fiestas religiosas que duraron cuatro días en los que hubo misas y sermones, asistiendo el tercer día el Cabildo de la ciudad, rematándose el último día con solemne procesión en la que el Marqués de Villamanrique portó las insignias del convento.
     El cambio de título del convento de Santa Mónica estuvo motivado por el acontecimiento que tuvo lugar en 1626 durante la riada que desde el día 25 de febrero asoló la ciudad. En el portal de la casa, sita en la calle Harinas, del matrimonio formado por Antonio Pérez, natural de Barcelona, y la sevillana Ana de Villafañe, había una pintura de la Virgen con el Niño con la advocación de Nuestra Señora del Pópulo. El río salido de madre entró por la puerta del Arenal anegando la casa, llegando las aguas al mencionado cuadro "tocando los pies del Niño, y el ímpetu del aire desprendió el santo cuadro que estaba colgado de un clavo grande y la lámpara que estaba ardiendo delante de su Md. la arrancó el aire", permaneciendo milagrosamente durante tres días flotando sobre las aguas y con la lámpara encendida; este prodigio determinó al devoto matrimonio, que para darle un mejor acomodo donde fuera venerada por todos, entregar la imagen a los agustinos, cuya recién fundada casa fue elegida al azar de entre otros conventos, quedando seguidamente el convento bajo el patronazgo y protección de la Virgen siendo titulado desde entonces como de Nuestra Señora del Pópulo.
     El convento del Pópulo se establece por tanto en el cono­cido Arenal de Sevilla, extramuros de la ciudad, lugar semi­ despoblado y vinculado al cercano comercio del río, en donde concurrían "gentes de mal vivir" que propiciaban no pocas pendencias; desertores de cárceles y galeras que se amparaban en los cercanos cañaverales del río o se introdu­cían en la ciudad furtivamente a través de un agujero practicado en la muralla en el paredaño barrio de la Mancebía en donde cometían todo tipo de atropellos, como era denunciado en la documentación de la época y recogido en la literatura picaresca. Hemos de señalar que tanto el cabildo eclesiástico como el civil debieron de ver con buenos ojos la elección de este problemático sitio para la nueva fundación, en el que la presencia de los religiosos supondría un "saneamiento" en el orden espiritual y urbanístico de la zona. Los agustinos asumirían el auxilio religioso de las gentes del lugar y por otro lado, su presencia propiciaría un cambio funcional más digno. Qué duda cabe de que el sitio resultaba además de peligroso insalubre por la presencia del inmediato muladar que llegaba a formar un cerro, como se puede apreciar en los grabados de la época, llamado Baratillo o Malbaratillo como lo cita Cervantes, y ser un terreno depri­mido en el que quedaban estancadas las aguas, siendo además fácilmente inundable por las habituales y catastrófi­cas crecidas del cercano Guadalquivir, como la que aconteció a fines de diciembre de 1783 en que el río se salió de sus márgenes, rompió el puente de barcas cortándose la comu­nicación con el arrabal de Triana, entrando las aguas en las casas de la zona, por lo que los vecinos tuvieron que salir al igual que los religiosos del Pópulo, quienes con mucha difi­cultad retiraron el Santísimo de la iglesia y se refugiaron donde pudieron. O la que se produjo en 1796, los días 26, 27 y 28 de diciembre en que de nuevo se constata una gran riada que superó el malecón que se había construido desde el puente de barcas hasta la Torre del Oro para paliar estos siniestros. Se inundó toda la alamedilla frontera al convento y los atribulados moradores del barrio acudieron a implorar a la Virgen del Pópulo su intercesión para que cesasen las calamidades.
     Con ocasión de la gran epidemia de 1649 que produjo una gran mortandad en la ciudad, se abrió un cementerio cercano a las tapias del convento que subsistió hasta comienzos del siglo XVIII, tiempo en que también consta en las inmediaciones el perneo o mercado de cerdos. A partir de 1728 comenzó el desmonte del Baratillo, se instaló un juego de pelota en 1745 y se levanto la primera plaza de toros, de madera, transformaciones que irán cambiando la fisonomía del lugar en el que ya destacaba a través de las tapias la fábrica del monasterio, especialmente la fachada de la iglesia revestida de vistosos paneles cerámicos, como se aprecia en el grabado que recoge la entrada de Felipe V en Sevilla reali­zado por Pedro Tortolero en 1738, que nos permite vislum­brar buena parte de él. En este sentido hay que señalar que el convento se va a convertir en testigo de las entradas de monarcas y otras personalidades que accedían a la ciudad a través de la inmediata puerta de Triana, pasando el cortejo por delante del convento, que se engalanaba para la ocasión, como la acaecida el 8 de octubre de 1823, en la que llegó a Sevilla procedente de Cádiz Fernando VII, por lo que el Pópulo para agasajar a la familia real que pasaría por delante del convento cubrió su fachada "con bastidores de perspectivas, vasos de colores, piras y fogatas".
     Con la llegada de los franceses en 1810 los agustinos fueron exclaustrados y su convento destinado a cuartel de la milicia nacional de artillería. La iglesia, a petición de los vecinos, fue abierta al culto en 1811. Los religiosos volvieron al Pópulo en 1815 y permanecieron en él hasta la Desamortización de 1835. En el ya ex-convento se instaló la cárcel nacional en sustitución del viejo y maltrecho edificio situado en la calle Sierpes, quedando inaugurada el 3 de junio de 1837 y siendo considerada en su época una de las mejores de España por sus buenas condiciones higiénicas, sus espaciosas galerías y la dotación de buenos servicios. La cárcel será popularmente conocida como del Pópulo y para adaptar el edificio a su nuevo uso se realizaron numerosas obras, llevadas a cabo por la municipalidad, que desfiguraron el convento: se derribó la torre, la iglesia se despojó de sus altares, imágenes y demás enseres litúrgicos, que fueron repartidos por las parroquias de la ciudad que los pidieron; así en 1844 el párroco de San Miguel solicitó las losas de Génova de las iglesias del Pópulo y de San Isidoro del Campo que se guardaban en almacenes, con el fin de pavimentar su templo y sacristía. Finalmente, la iglesia agustina fue derribada en 1843, conservándose solamente su fachada recubierta de ricos paneles cerámicos, según acuerdo de la Junta de Cárceles, "en razón de su mérito, aunque desdijeran algún tanto del uso al que se consagraba el reparado local... tomando el tipo de la cárcel de Tiburn en Londres". El cadalso donde realizar las ejecuciones capitales se enclavó en una azotea labrada al efecto en el muro zaguero del inmueble, "librando a los reos de ese doloroso tránsito de la cárcel al patíbulo por entre la curiosa multitud, y evitando con esto escenas repugnantes y propicias a muchos desordenes".
     En la década de 1940 la cárcel quedó obsoleta trasladán­dose a otra zona de la ciudad, y el edificio fue derribado. Sobre su solar se levantó en 1947 el Mercado de Entradores, una gran estructura arquitectónica debida a Juan de Talavera y Heredia en la que se yuxtaponen varias plantas de viviendas; entre 1974-1977 será transformado y adaptado para mercado de abastos, el del "El Arenal", combinado su uso residencial en los pisos superiores y oficinas municipa­les en los bajos.
ARQUITECTURA
     Como ya hemos señalado, el convento de Nuestra Señora del Pópulo se emplazaba extramuros de la ciudad, en el llamado Arenal, espacio abierto en la margen izquierda del Guadalquivir, entre las puertas de este nombre y la de Triana. Para su construcción el cabildo de la ciudad otorgó a los agustinos descalzos una amplia parcela cuyo deslinde tuvo lugar a fines de 1637. El sitio era llamado "de las eneas" por la abundancia de esta planta en la zona, lo que sin duda determinó la formación del barrio de la Cestería, nacido sobre el muro exterior de la muralla, y en donde los artesanos trabajaban este material. El monasterio era un edificio exento, cercado por una tapia, según se observa en los grabados de la época. Nada ha permanecido de él, sólo las escue­tas referencias de González de León y una somera planta levantada tras la Desamortización nos permiten conocer algo de su configuración. La iglesia "bien labrada y de mucha capacidad" era de tres naves separadas por arcos con decora­ción de molduras sobre pilares. Poseía un "bien formado crucero" con cúpula en el centro, y la techumbre era de bovedillas y encima maderas y tejas al exterior. A la capilla mayor se accedía por cuatro gradas de mármol rojo, existiendo a los dos lados sendas capillas, sirviendo la del lado del evangelio de comulgatorio, que se cerraba con una gran reja. No sabemos si poseía coro a los pies aunque sí consta que tuvo un buen órgano. A los pies de la nave del evangelio se hallaba la denominada capilla del Santo Sepulcro de Nuestro Señor Jesucristo, de pequeñas dimensiones, "en la que apenas cabían tres personas", que se cerraba con una reja con puertas, "de dos varas de alto", y a la que se accedía por tres arcos muy bajos y estrechos sobre robustos pilares con columnas resal­tadas, y cubierta de bóveda ovalada muy plana con claraboya. El espacio estaba recubierto con mármoles rojos y tenía un pequeño altar con un sudario en el que se veía a Cristo difunto. Esta capilla pertenecía a la Hermandad del Santo Sudario y Sepulcro de Nuestro Señor Jesucristo, cuyo hermano mayor, Jorge Jaens junto con Cristóbal de Aspitia, alcalde antiguo, Diego del Castillo Vanderbort y Bernardo Carvajal, hermanos de la dicha Hermandad, conciertan el 28 de marzo de 1713 con el maestro sacador de piedra de cante­ría Francisco Martín y con Leandro de Rivas, la entrega de un total de treinta dos piedras, once negras y veintiuna coloradas, "para la fábrica del sepulcro que tiene acordado hacer de nuevo de piedra de jaspe". En el contrato se detallan las medidas que han de tener los sillares, que debían ser entregados en el mes de mayo de ese año, cuyo precio ascendió a "ciento ocho pesos escudos de a diez reales de plata cada uno". Sobre la iglesia dice Arana de Varflora que tras la inundación del año 1784, fue "hermoseada", sin especificar en qué consis­tió. La sacristía era de planta rectangular y se situaba en el lado de la epístola, a la altura del altar mayor con el que se comunicaba, perteneciendo a uno de los lados del patio principal que se situaba en este costado de la iglesia. El templo poseyó a los pies del lado de la epístola una torre con espadaña de dos cuerpos, como se aprecia en el grabado de Pedro Tortolero, que fue derribada enseguida tras la Desamortización.
     Sí permaneció hasta la década de los años cuarenta del siglo XX en que fue demolida, la gran fachada de la iglesia, de dos cuerpos de altura, que se articulaba mediante colum­nas de orden gigante que separaban sus cinco calles, en las que se disponían ventanas en las dos más extremas y paneles cerámicos polícromos en el resto. Afortunadamente los paños de azulejos se conservan en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, en donde están colocados separadamente. Forman un total de ocho excelentes cuadros de autor anónimo, cuya fecha de ejecución, teniendo en cuenta que la iglesia se inauguró el 6 de mayo de 1666, hay que situar en torno a esa fecha. Presentan una gran calidad técnica y artística con clara influencia de la escuela pictórica sevillana, lo que hace pensar que el autor de su diseño pudo ser un pintor más que un maestro de azulejería. Su distribución en el frontis de la iglesia, a modo de gran fachada-retablo, constituyó un complemento iconográfico de gran riqueza visual y devo­cional, distribución que podemos recomponer con la ayuda del grabado de 1738. Sobre el vano central de medio punto de acceso a la iglesia se situaba el panel cuadrado de Nuestra Señora del Pópulo, representada de medio cuerpo con el Niño en brazos, ambos con coronas. Encima se hallaba el magnífico panel que representaba a San Agustín arrodillado, con el hábito agustino y capa pluvial, mientras que dos ángeles niños le sostienen el báculo y la mitra alusivos a su condi­ción de obispo; en el rompimiento de gloria superior se sitúan Cristo, la paloma del Espíritu Santo y la Virgen sentados sobre tronos de nubes con cabezas de querubines. En las calles laterales de la fachada se distribuyen figuras de santos y religiosos agustinos como delatan sus vestimentas; en el cuerpo inferior a la izquierda un papa y a la derecha un obispo, en paneles rectangulares terminados en semicírculos. En el segundo cuerpo a la izquierda Santa Clara de Montefalco y Santa Mónica en el derecho. Y finalmente en la parte superior San Nicolás de Tolentino y San Juan de Sahagún.
     Según González de León al convento se entraba por una puerta lateral a la izquierda de la iglesia, lo que no concuerda con la visión que nos ofrece el grabado de Tortolero ni la planta del XIX, ya que las dependencias conventuales se distribuyen hacia la derecha. Una vez traspasada la portería, se encontraba el patio principal, que quedaba paredaño con el muro de la epístola de la iglesia; era "de tamaño mediano" de dos pisos de altura y de arcos sobre columnas de mármol en ambos. La planta baja era de galerías abiertas, en donde se disponían "la oficinas necesarias, no muy amplias y algo tristes y oscuras". En el piso superior tenía balcones y era más "extenso, cómodo y muy alegre por as buenas vistas al arrabal y al río". El monasterio hubo de poseer otros patios más pequeños y las piezas de servicio habituales como cocina, corral, huerta, etc. Hay que señalar que en agosto de 1691 el arquitecto municipal Acisclo Burgueño acompañado de Juan Pérez de Saavedra visitaron el Pópulo a fin de dictaminar sobre la solicitud que los religiosos habían hecho al cabildo de la ciudad para labrar una enfermería en la trasera del convento, próxima al Baratillo, de treinta varas de largo, lo que significaba que una de las zanjas de desagüe de las calles Galeras, Menores y Vírgenes quedase dentro del monasterio. Para compensar la donación los agustinos se comprometían a hacer y mantener un husillo de buena albañilería y a mantenerlo en buen estado.
RETABLOS Y ESCULTURAS
     Igualmente son muy escasas las referencias a los retablos y esculturas del convento. Por el testamento del maestro de escultura Andrés Cansino, otorgado el 25 de octubre de 1670, sabemos que éste había hecho "diferentes piesas de escul­tura" para el retablo mayor que estaba realizando Bernardo Simón de Pineda, que no se ha conservado y del que se desconocen sus características estructurales e iconográficas, salvo que estaba presidido por la imagen pintada de Nuestra Señora del Pópulo. González de León señala que a la parroquia de San Juan de la Palma de Sevilla se trajeron dos retablos con sus santos, que no han podido ser identificados, pereciendo quizás en los saqueos de la iglesia en el año 1936.
     Por otra referencia documental sabemos de la existencia en la iglesia del Pópulo de una capilla dedicada a Santa Rita. El 31 de marzo de 1694 el Maestro escultor José de Escobar y el dorador Antonio Gallardo conciertan con el mercader de libros Juan Salvador Pérez la ejecución de un retablo para dicha capilla, "la segunda capilla en la hazera de mano derecha entrando por la puerta de mano derecha". El diseño fue realizado por Escobar aunque nada se especifica en el contrato salvo que ha de ser de madera de pino de Flandes y los adornos en cedro y que en el último cuerpo haría un San Juan Bautista de medio relieve. El costo del trabajo ascendía a 2.600 reales de vellón y debía estar terminado en seis meses. Es la primera obra documentada de José de Escobar, que pasó a la iglesia conventual de San Pablo, actual parro­quia de la Magdalena.
     El 26 de noviembre de 1598 el pintor de imaginería Diego García de Santana y el escultor Matías de la Cruz declaraban tener acabado un Cristo de pasta, del natural, puesto en la cruz con sus potencias y corona de espinas, cuya hechura había sido concertada por veinte ducados por el jubetero Diego García para una cofradía que radicaba en el convento de Nuestra Señora del Pópulo, que antiguamente residió en la parroquia de San Esteban. Ambos artistas reciben el encargo de realizar otra imagen igual para un cliente que se la llevará a las Indias; y como no les daba tiempo a hacerla solicitan permiso a la hermandad para entregar la que ya tienen terminada, obligándose a entregarles la suya para la primera semana de cuaresma del año siguiente, es decir en 1599. Ni de la innominada hermandad ni de la existencia de este Cristo tenemos más noticia.
     En el convento del Pópulo radicó la cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Salud y María Santísima de las Angustias, fundada en 1753 en el convento trianero del Espíritu Santo por Sebastián Miguel Varas y otros castellanos nuevos. El 4 de abril de 1835 se trasladan a la parroquia de San Esteban, y después de pasar por San Nicolás y San Román reside actualmente en el antiguo templo del convento del Valle. Durante su estancia en la parroquia de San Román perdió en los saqueos de 1936 sus primitivas imágenes de las que no se conocen sus autores.
     El 7 de marzo de 1892 el arzobispo de Sevilla don Benito Sanz y Forés cedía a la Hermandad de las Cigarreras de Sevilla un Cristo atado a la columna que procedente del convento del Pópulo se conservaba entonces en la parroquia de la Magdalena. Se trata de una magnífica talla de madera policromada de 1,53 m. de alto, atribuida al círculo de Pedro Roldán y fechada en el último tercio del siglo XVII. Atado a una columna de fuste bajo y con el cuerpo inclinado hacia delante, pleno de naturalismo expresivo. Actualmente la imagen se halla en la parroquia de Hinojos (Huelva) a donde pasó en 1915 al ser sustituida por otra talla de Joaquín Bilbao.
PINTURAS
     El patrimonio pictórico del convento del Pópulo hubo de ser escaso; sólo Ceán Bermúdez anota la existencia de obras de Esteban Márquez en la escalera y coro de los agus­tinos recoletos, sin determinar su número ni los asuntos representados, de las cuales sólo se han localizado hasta la fecha dos, que erróneamente se ha hecho proceder del claustro principal del convento de San Agustín. Se trata del San Agustín y el misterio de la Santísima Trinidad y San Agustín entre Cristo y la Virgen, del Museo de Bellas Artes de Sevilla, que aunque sin firmar ambas reflejan de forma clara el estilo de Márquez, obras, por otro lado, importantes dentro de su producción, cuyo estilo se mueve fielmente dentro de la órbita de Murillo aunque posee características propias que se definen en especial en la expresividad de sus personajes. La primera composición presenta al Santo de pie, vestido con el hábito agustino y con un libro en la mano izquierda; está acompañado por un niño con una concha y respaldado por un fondo marino. En un rompimiento de gloria del ángulo superior izquierdo se halla la Santísima Trinidad. En el segundo lienzo San Agustín se halla de rodillas en el centro de la composición, revestido de obispo, cuyo báculo y tiara aparecen en el suelo, y mirando hacia el rompimiento de gloria de la zona superior en donde se disponen la Virgen y Jesucristo rodeados de una aureola de vaporosas nubes y de angelitos. También puede provenir del convento del Pópulo La Consagración de San Agustín que se conserva en la Casa de Ejercicios Espirituales de San Juan de Aznalfarache (Sevilla), depositada por el Museo, y que constaba en el Inventario de las pinturas depositadas en el Alcázar de Sevilla con el número 388 atribuida a este pintor. Es obra de grandes dimensiones, de formato horizontal, muy adecuada para ser colocada en un gran testero como el de un coro o una escalera, y en ella se distribuyen alrededor de cincuenta personajes, agrupados equilibradamente en dos grupos en varios planos de profundidad en torno a la figura del Santo en momento de su consagración episcopal, composición que deriva de la estampa de Schelte A. Bolwerst incluida en una obra sobre la vida de San Agustín editada en París en 1642, aunque hábilmente recreada por Márquez.
     En el Museo de Odessa se halla una pintura adjudicada a Murillo, que representa a la Virgen con el Niño y San Agustín, atribución que ha sido descartada a favor de Esteban Márquez, y que por su iconografía se ha sugerido su procedencia del convento de San Agustín de Sevilla. Nos inclinamos a pensar que pudo ser una de las que este pintor realizó para el convento del Pópulo.
     En el Museo de Huelva y como depósito del de Bellas Artes de Sevilla, se hallan un total de seis lienzos que representan a pequeño tamaño y de cuerpo entero a San Jerónimo, San Gregorio, San Agustín, San Bruno, San Ambrosio y Santo Tomás de Aquino, atribuidos al pintor sevillano Andrés Pérez, atribución no compartida por Valdivieso, y que se hacen proceder del convento del Pópulo.
     Se desconoce la suerte que tuvo la pintura que representaba a la Virgen del Pópulo que presidía el retablo mayor de la iglesia del convento, cuya iconografía sólo nos es conocida por el panel de azulejos de la fachada del templo conservado actualmente el museo, como va hemos referido, y que la representa de medio busto y con el Niño en brazos. En ninguna de las fuentes manejadas se especifica su autor ni ningún dato otro dato que ayude a su identificación. En el ángulo sur del patio principal cita González de León en un retablo una pintura de "Nuestra Señora", que no ha sido identificada.
     Cinco lienzos que se conservan en el Ayuntamiento de Sevilla se hacen proceder del convento del Pópulo. Se trata, en primer lugar, de una bella y juvenil Inmaculada Concepción adjudicada a Francisco de Zurbarán, que en actitud recogida con las manos unidas al pecho y con la mirada elevada, se dispone ingrávida en el centro de una vaporosa aureola de nubes poblada con cabezas de querubines. Los cuatro lienzos restantes son los bustos que poseen unas mismas dimensiones y que representan a San Atanasio, San Jerónimo, San Agustín y San Gregorio. Son obras anónimas de la segunda mitad del XVII, de modesta factura, cuyo formato original era oval como se advierte claramente en los suplementos añadidos (Matilde Fernández Rojas. Patrimonio artístico de los conventos masculinos desamortizados en Sevilla durante el siglo XIX: Benedictinos, Dominicos, Agustinos, Carmelitas y Basilios. Diputación Provincial de Sevilla. Sevilla, 2008).
Conozcamos mejor la Solemnidad de Santa María de las Nieves o la Blanca;
     Fiesta conocida popularmente por Santa María de las Nieves o la Blanca por la leyenda de la fundación de la basílica de Santa María la Mayor de Roma: el patricio romano Juan tuvo una visión de la Virgen en el 358 que le ordenaba edificar una iglesia en un solar que encontraría cubierto de nieve, lo que comunicó al Papa Liberio, que trazó el plano del nuevo templo en la cumbre del Esquilino, nevada prodigiosamente, por lo que se la conoce como Basílica Liberiana.  Se la encuentra ya registrada en el calendario jeronimiano, pero por ser una celebración local romana, no aparece en los sacramentarios. Hasta el siglo XIV fue una fiesta exclusiva de la basílica, en que se extendió a todas las iglesias de Roma y a otras diócesis. Fue extendida definitivamente a la Iglesia Latina en 1570 por San Pío V Ghislieri, que determinó incluso sepultarse allí, y Clemente VIII Aldobrandini (+1605) la elevó a doble mayor. En el calendario de 1969 fue incluida memoria libre. Aparte de la historicidad de la leyenda, el conmemorar la dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor de Roma nos invita a reflexionar que María es imagen y tipo de la Iglesia, su origen como la primera creyente del nuevo orden salvífico y su representación en el Calvario y ante el sepulcro, así como la esperanza escatológica eclesial de la futura glorificación consumada en su Asunción. El templo material de María, que alberga a Jesús Eucaristía es signo del cristiano, templo vivo del Espíritu Santo (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el desaparecido Convento de Nuestra Señora del Pópulo (primera advocación de Santa Mónica), de los Agustinos Descalzos, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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martes, 20 de mayo de 2025

La Hermandad del Baratillo

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Hermandad del Baratillo, de Sevilla.  
     Hoy, 20 de mayo, es el aniversario (20 de mayo de 1693) de la aprobación de las primeras reglas de la Hermandad del Baratillo, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la Hermandad del Baratillo, de Sevilla, que efectúa su estación de penitencia en la tarde del Miércoles Santo.
     La Hermandad del Baratillo, tiene su sede canónica al igual que su Casa de Hermandad, en la Capilla de la Piedad del Baratillo, que se encuentra en la calle Adriano, 13; en el Barrio del Arenal, del Distrito Casco Antiguo.
       La Antigua y Fervorosa Hermandad de la Santa Cruz y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Misericordia y Nuestra Señora de la Piedad, Patriarca Bendito Señor San José y María Santísima de la Caridad en su Soledad; es ésta una corporación fundada en 1693, aunque refundada en 1893, con sede canónica en la Capilla de la Piedad del Baratillo, en el sevillano barrio del Arenal, siendo sus imágenes titulares el grupo de la Piedad, formado por el Santísimo Cristo de la Misericordia y Nuestra Señora de la Piedad, obras de Luis Ortega Bru en 1951 y José Fernández Andés en 1945; María Santísima de la Caridad en su Soledad, obra de José Fernández Andés en 1931; y el Patriarca Bendito Señor San José, talla anónima del siglo XVIII.
     El escudo de la Hermandad está compuesto de dos escudetes ovalados formando ángulo entre ellos, cuyo vértice está situado en su parte inferior. El primero y preferente trae en azur el Monte Calvario con la Cruz de la Redención, en la que están apoyadas las dos escaleras que sirvieron para descender el Cuerpo muerto de Nuestro Señor Jesucristo, y simboliza al Santísimo Cristo de la Misericordia. El segundo, también sobre campo azur, trae el Corazón de María traspasado por la Piedad del Dolor, coronado por una cruz rodeada de llamitas, simbolizando a Nuestra Señora de la Piedad. Estos dos escudetes están enmarcados por una sierra de carpintero como alegoría del Patriarca Bendito Señor San José, y de entre los dos subirá un ramo de azucenas, símbolo de la Pureza de la Inmaculada Virgen María y del Patriarca. Bajo ambos escudetes va colocada la palabra “Charitas”, por la advocación de María Santísima de la Caridad en su Soledad. Timbrando todo, la Corona Real de España, apareciendo cada elemento en su color propio y orlado como un óvalo que recoge todo el escudo. 
       La constitución de esta hermandad data de 1693, en el popular barrio del Arenal, al sitio del Baratillo, donde a principios del siglo XVII existía una cruz de cerrajería sobre peana de ladrillos, a la que daban culto, alumbrándola y adornándola con flores los vecinos de lugar. El 20 de mayo de ese año fueron aprobados los estatutos por parte de la autoridad eclesiástica.  Al no tener una sede, se establece que esta hermandad, de la Santa Cruz del Baratillo, celebrase sus cultos en la iglesia de San Francisco.
     Desde un primer momento los hermanos quisieron tener un lugar propio para sus cultos, y es por eso que en 1694 empezaron a construir la que hoy en día sigue siendo su sede. El 22 de febrero de 1699 deciden acabar la obra interior, dando para ello cada hermano lo que tiene y juntando la cantidad de 206 reales. En 1700 se colocó en su interior la cruz que hasta ese momento había sido venerada en la calle. Para conseguir tener más riqueza en su interior, adquirieron un cuadro del Descendimiento de la Cruz, un frontal para la Santa Cruz y en 1707 acabaron la construcción del retablo del altar mayor. El 18 de marzo de 1720 Clemente XI concede la bula pontificia por la que se les permite celebrar cultos allí, pero el fiscal del arzobispo desautoriza la celebración de cultos en ese lugar por no considerar adecuado el lugar. Incluso se duda del nombre usado por la hermandad para conseguir la bula. Todo esto llevó a un proceso judicial que ganó la hermandad a finales del 1721.
     Debido a la ampliación de la sede, se encarga a Antonio González un nuevo retablo. En el contrato se incluye la talla de una imagen de san José y otra de san Pablo. En julio de 1936 se adquiere un simpecado, haciendo estación en varias iglesias de fuera de la feligresía: convento de San Pablo, Madre de Dios, de la Merced, Espíritu Santo, San Francisco, parroquia de Santa María la Blanca, de la O o a la catedral son algunos de estos lugares. En el siglo XVIII se le da permiso de acoger en su capilla el Rosario de las Señoras Mujeres. Lo que en principio fue motivo de alegría, luego se transformó en problema, debido de muchas peticiones que hacían sus miembros a los devotos, en detrimento de los ingresos de la hermandad. Todo ello dio lugar a un pleito que duró desde 1753 a 1759, año en que ya la extinguida congregación devuelve a la hermandad las insignias de su pertenencia.
     En esta primera época la hermandad contaba con un número escaso de hermanos, de extracción generalmente humildes, donde no daba para más que mantener unos cultos sencillos y recorrer el barrio con sus Rosarios. A pesar de ello, tras los destrozos del terremoto de 1755, pudieron iniciar el dorado del retablo, encargar nuevas imágenes y adquirir nuevos enseres. Destaca en estos años la llegada del Cristo de la Sangre, donación del hermano presbítero José Florencio de Madrid. También destaca en estos años la figura de José González de la Candanosa.
     Existía en el vecino barrio de la Cestería la hermandad de Nuestra Señora del Rosario y San Román, que solicitó trasladarse a la capilla por no tener un lugar adecuado para sus imágenes. A esto se opusieron los vecinos del barrio, básicamente por motivos de querer ellos instaurar la nueva hermandad. Este hecho hizo que en 1829 tanto las autoridades civiles como eclesiásticas denegaron la petición de la nueva corporación. El período de agitación política que sucedió al destronamiento de Isabel II, hizo que la hermandad decayera, y que su capilla permaneciera varios años cerrada al culto. No fue hasta 1893 cuando se aprueban las reglas con el título de Santísimo Cristo de la Misericordia, Nuestra Señora de la Piedad y patriarca Bendito San José. Son 13 hermanos los que se comprometen a mantener la capilla y dar culto a las imágenes allí veneradas. Por eso el 24 mayo de 1893 solicitan al cardenal Sanz y Forés el formar la nueva cofradía, este accede el 7 de agosto de ese mismo año.
     Son años difíciles, una hermandad que necesita de todo y una capilla en un estado de deterioro. Las primeras gestiones fueron para recuperar las dependencias de que había sido despojada la capilla. En 1897 se dispone de un capital de 15.000 pesetas y se hacen las primeras intentonas de salir en Semana Santa. El escultor Emilio Pizarro de la Cruz restaura la imagen de la Piedad y hace la del Cristo de la Misericordia. Es en 1906 cuando se produce la esperada primera salida procesional. Se consiguió con algunas compras y con algunos préstamos de otras hermandades. Ese Miércoles Santo, 9 de abril, salen los primeros nazarenos formando un cortejo de 28 nazarenos, con túnicas y antifaces negros, capas blancas y manguitos y cordón amarillo. El misterio iba con los dos son santos varones erguidos en la cruz, y el paso era el del Triunfo de la Cruz de la Hermandad del Santo Entierro. Fue en 1914 cuando Emilio Pizarro completa la escena con un san Juan y una Magdalena.
     En 1924 se incluye como titular a Nuestra Señora de la Soledad con la intención de sacar un palio a la calle. En 1926 sale por primera vez el palio, pero la virgen figura bajo la advocación de la Caridad. Los posteriores fueron años para la corporación, llegando a disponer de una junta provisional entre 1940 y 1955, los hombres que la componen logran engrandecer a la hermandad en este periodo, consiguiendo hacer dos pasos, dos imágenes titulares y algunos enseres nuevos.
    En la Cuaresma de 1985 es designado el misterio de la Piedad para presidir el viacrucis organizado por el Consejo General de Hermandades y Cofradías. Encabezaba el cortejo la cruz de guía, seguido por la junta de gobierno y las andas del Santísimo Cristo de la Misericordia y Nuestra Señora de la Piedad ataviada de hebrea, andas cedidas por la Hermandad de Pasión. En 1992 participa en el Santo Entierro Grande.
     En 1993 celebró el III centenario de la fundación de la Primitiva Hermandad de la Santa Cruz, se realizaron diversos actos y cultos internos, teniendo mayor relevancia la solemne función celebrada el 20 de mayo de dicho año ante un altar efímero con los titulares de la hermandad. En 2007 y tras una década, se produce la reforma de reglas, destacando el derecho de todos los hermanos, si discriminación de sexo a participar en todos los cultos de la hermandad, incluida la estación de penitencia.
     En 2006 se celebró el LXXV aniversario de la bendición de María Santísima de la Caridad en su Soledad con una serie de actos y cultos, destacando la solemne misa estacional celebrada en la Parroquia del Sagrario y presidida por fray Carlos Amigo Vallejo ante la virgen, que fue trasladada en Rosario de la aurora.
     Es el 1 de enero de 2009, el cardenal Amigo Vallejo firma el decreto por el que se concedía el rango de coronación canónica al acto de imposición de la corona a la imagen de María Santísima de la Caridad en su Soledad de manos de su antecesor el cardenal Bueno Monreal. Acto que se celebró en la capilla de la Piedad en la mañana del 20 de marzo de 1960, actuando de padrinos el teniente general Castejón Espinosa y su señora.
     Entre 2010 y 2011 se lleva a cabo la restauración de la capilla de la Piedad, acometiendo grandes reformas tanto estructurales como de restauración y modernización de los elementos de nuestra sede canónica. Ya en 2007 se restauró la cúpula y el tambor gracias a la financiación del proyecto por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.
      Destacar que esta corporación tiene carta de hermandad con la Real Maestranza de Caballería, Hermandad de la Piedad de Salamanca y con la vecina Hermandad de la Carretería (Web oficial del Consejo de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla).
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Página web oficial de la Hermandad del Baratillo: www.hermandaddelbaratillo.es

La Hermandad del Baratillo, al detalle:
- Día de Salida Procesional: Miércoles Santo (Estación de Penitencia)
- Imágenes Titulares: - Santísimo Cristo de la Misericordia
                                     - Nuestra Señora de la Piedad
                                     - Patriarca Bendito Señor San José
                                     - María Santísima de la Caridad en su Soledad

domingo, 7 de abril de 2024

La imagen del Santísimo Cristo de la Misericordia, de Ortega Bru, titular de la Hermandad del Baratillo, en el Retablo Mayor de la Capilla de la Piedad del Baratillo

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen del Santísimo Cristo de la Misericordia, de Ortega Bru, titular de la Hermandad del Baratillo, en el Retablo Mayor de la Capilla del Baratillo, de Sevilla.
     Hoy, 7 de abril, domingo siguiente a la Pascua de Resurrección, la Iglesia conmemora la Divina Misericordia, una devoción cristiana promovida por la Iglesia católica enfocada en la misericordia de Dios y su poder, particularmente como una acción de confianza en que la misericordia de Dios y su pasión es el precio ya pagado por nuestros pecados, y que si confiamos en Jesús nuestros pecados nos serán perdonados; Jesús no será nuestro juez sino nuestro Salvador misericordioso.
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte la imagen del Santísimo Cristo de la Misericordia, de Ortega Bru, titular de la Hermandad del Baratillo, en el Retablo Mayor de la Capilla del Baratillo, de Sevilla.
     La Capilla de la Piedad del Baratillo, se encuentra en la calle Adriano, 13; en el Barrio del Arenal, del Distrito Casco Antiguo.
     La Antigua y Fervorosa Hermandad de la Santa Cruz y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Misericordia y Nuestra Señora de la Piedad, Patriarca Bendito Señor San José y María Santísima de la Caridad en su Soledad; es ésta una corporación fundada en 1693, aunque refundada en 1893, con sede canónica en la Capilla de la Piedad del Baratillo, en el sevillano barrio del Arenal, siendo sus imágenes titulares el grupo de la Piedad, formado por el Santísimo Cristo de la Misericordia y Nuestra Señora de la Piedad, obras de Luis Ortega Bru en 1951 y José Fernández Andés en 1945; María Santísima de la Caridad en su Soledad, obra de José Fernández Andés en 1931; y el Patriarca Bendito Señor San José, talla anónima del siglo XVIII.
     El retablo mayor es de estilo barroco sustentado por columnas; en su zona central recibe el culto el grupo de la Virgen de la Piedad y el Cristo de la Misericordia, titulares de la hermandad del Baratillo junto con la Virgen de la Caridad en su Soledad. El retablo es obra del ensamblador Juan de Valencia, que lo realizó entre 1706-7, estructurada en torno a un gran camarín central flanqueado por cuatro columnas salomónicas de seis espiras adornadas con hojas de vid y flores. En dos hornacinas laterales se sitúan las tallas de San Antonio Abad y de San Francisco de Paula, estando coronado por un sobresaliente ático en el que se sitúa una pequeña imagen de la Virgen de Belén, talla atribuida a José Montes de Oca y, quizás readaptada para el lugar que ocupa. El retablo fue remodelado por Antonio González de Guzmán, que añadiría algunos elementos de rocalla y definiría la actual composición de la obra. el dorado y estofado de la talla correspondió a Vicente Álvarez en 1762. El sereno grupo de la Piedad está formado por la Virgen de la Piedad, obra de José Manuel Rodríguez Fernández-Andes y el Cristo de la Caridad, obra temprana y clasicista de Luis Ortega Brú (1950). Vinieron a sustituir al antiguo grupo escultórico, de inferior calidad, obra de Emilio Pizarro de la Cruz. El grupo procesiona en solitario aunque antaño el paso estaba formado por un mayor número de figuras (Manuel Jesús Roldán,  Iglesias de Sevilla. Almuzara, 2010).
     Durante su existencia como cofradía de penitencia la hermandad ha procesionado el paso del misterio de distintas formas. En un primer momento salía componiéndolo con la Virgen y el Cristo de la Misericordia, acompañado por San Juan Evangelista y con José de Arimatea, Nicodemo y las Santas Mujeres. Las imágenes del Evangelista y la Magdalena fueron sustituidas por otras nuevas, talladas también por Pizarro en 1914. Así, hasta 1940, fecha en que se suprimen las figuras secundarias.
     Y es en 1951 cuando inicia su salida la nueva imagen del Cristo de la Misericordia, talla del imaginero Luis Ortega Bru, su primera obra procesional. Escultura de madera policromada de un gran realismo, potenciando sus aciertos la cuidada policromía realizada por Guillermo Bonilla, hermano del Baratillo. "La dulce expresividad del conjunto, la delicadeza emocional del rostro y la elegante pose de manos y pies, entre otros rasgos formales, confirman que el estilo neobarroco, surgido al calor del movimiento regeneracionalista, recuperó, con la más calurosa aquiescencia popular, los valores plásticos de la tradición local. Fue restaurado en 1988 por José Rodríguez Rivero-Carrera [Bibiano Torres Ramírez, en Misterios de Sevilla, Tomo II. Ediciones Tartessos. Sevilla, 2003].
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Virgen Dolorosa
   El arte patético de finales de la Edad Media concedió un amplio espacio en su iconografía a la Virgen Dolorosa, representada ya con Cristo muerto sobre las rodillas después del Descendimiento de la cruz, ya sola después del Enterramiento de Cristo.
   Estos dos tipos iconográficos se designan con los nombres de Virgen de la Piedad y Virgen de los Siete Dolores. Aquí no hablamos de la Virgen de pie frente a la Cruz (Stabat Mater), o desvanecida  en los brazos de San Juan o de las Santas Mujeres, porque esos temas no han sido representados aisladamente y son inseparables de la Crucifixión.
1. La Virgen de la Piedad
   El grupo de la Virgen de la Piedad se compone, estrictamente, de dos personajes: María y su Hijo desclavado de la cruz, cuyo cuerpo inanimado ella sostiene sobre las rodillas.
   A veces ocurre que la Virgen esté rodeada o enmarcada por san Juan, Magdalena, las tres Marías e incluso por los donantes; pero casi siempre está sola con el cadáver de su Hijo, y esta concentración refuerza el poder emotivo del tema. Así es como se distingue de la escena de la Lamentación al pie de la Cruz (Beweinung Christi) que comporta numerosas figuraciones.
   Se ha querido ver en este grupo conmovedor un fragmento separado de la Lamentación, reducida a dos personajes esenciales por un procedimiento análogo que permitió extraer del grupo de la Cena el de Jesús con su discípulo preferido. Pero esa hipótesis no puede probarse, al menos en el arte alemán cuyos Vesperbilder son muy anteriores a los bajorrelieves de la Beweinung que se hizo popular en el siglo XVI. Según parece, la Virgen de la Piedad deriva más bien del tipo tradicional de la Virgen sentada, por simple sustitución del Niño Jesús por el Crucificado.
Fuentes místicas
   La Virgen de la Piedad, que en italiano se llama Pietà y en alemán Vesperbild, -porque la hora de vísperas, de cinco a siete de la tarde, corresponde en el Breviario al Descendimiento de la Cruz-, es la flor más delicada del misticismo de finales de la Edad Media, una flor de la Pasión, una pasionaria que hizo eclosión en los jardines de monjas.
   El tema ni siquiera está esbozado en los Evangelios ni procede tampoco del culto oficial: es una creación de la imaginación  mística que surgió a principios del siglo XIV, al mismo tiempo que los temas de la Virgen de Misericordia y del Varón de Dolores.
   Basta referirse a las Meditaciones franciscanas del Seudo Buenaventura, mejor aún a las Efusiones del beato Enrique de Berg y a las Revelaciones de Santa Brígida, para comprender en qué ambiente nació este tema realista y visionario a la vez. Las descripciones de Cristo muerto sobre las rodillas de su madre (in sinu matris) que se leen allí, donde parecía más cercano y accesible al corazón de los fieles que levantado sobre la madera de la cruz, concuerdan rasgo tras rasgo con las realizaciones plásticas de los artistas.
   El Minnebüchlein atribuido a Enrique de Berg, llamado Suso, también describe a Cristo muerto en una suerte de treno lírico: «Sus ojos, que brillaban como carbunclos, ahora están apagados. Sus labios, que parecían rosas rojas recién abiertas, están secos y su lengua pegada al paladar. Su cuerpo sangrante ha sido tan cruelmente estirado sobre la cruz que pueden contarse todos sus huesos.»
   Santa Brígida de Suecia atribuye a la propia Virgen esta descripción emotiva de su Hijo descendido de la Cruz: «Lo recibí sobre mis rodillas como un leproso, lívido y magullado, porque sus ojos estaban muertos y llenos de sangre, su boca fría como la nieve, su barba rígida como una cuerda.»
   La mayoría de los historiadores del arte no resistieron la tentación de establecer una relación no sólo de paralelismo sino de filiación entre dichos textos y las obras de arte que parecen derivar de ellos, sin preocuparse por la cronología. Pero las investigaciones recientes condujeron a una inversión del orden de los factores. En la actualidad se admite, en general, que las descripciones realistas de Enrique de Berg y de Santa Brígida, lejos de haber inspirado las obras de arte son sólo la transcripción poética de éstas. Esos textos son para  nosotros un muy precioso comentario de las Vírgenes de Piedad, y nos informan acerca del «clima» místico que les dio nacimiento; pero debe renunciarse a ver programas plásticos en ellos.
Orígenes en el arte alemán y francés del siglo XIV
   Lo que prueba esta teoría es que los primeros Vesperbilder alemanes se remontan a 1320, es decir, son muy anteriores a las Visiones del Seudo Buenaventura y de Santa Brígida.
     Nacido en los conventos de monjas místicas del valle del Rin, ese tema tan femenino y maternal de la Virgen de la Piedad, se difundió algo más tarde en Francia gracias a las numerosas cofradías de Nuestra Señora de la Piedad que encargaron grupos para la decoración de sus capillas, que en los libros de contabilidad se designa con los nombres La Compasión de la Virgen, Imagen de Nuestra Señora la cual sostiene abrazado a Nuestro Señor, Imagen de Nuestra Señora sosteniendo en su regazo otra Imagen de un Dios de Piedad, Dios estando en brazos de Nuestra Señora.
   En todo caso, aunque el nombre italiano de Pietà haya sustituido abusivamente a esas viejas expresiones francesas, es muy cierto que el tema es una creación del arte gótico germano francés y no del arte italiano. En las pinturas del Trecento que cita Mâle, la Virgen está sentada al lado del cadáver de Cristo: ella no lo sostiene sobre las rodillas, en su regazo. Ese tema penetró tardíamente en Italia, donde nunca gozó de la misma popularidad que en Alemania y en Francia. Es interesante recordar en tal sentido que la célebre Pietà de Miguel Ángel, esculpida en 1496 para una capilla de la antigua basílica de San Pedro de Roma, fue encargada por un cardenal francés.
Clasificación  y evolución de los tipos iconográficos
   La evolución de la iconografía de la Virgen de la Piedad prosiguió entre los siglos XIV y XVI.
   Tanto en Alemania como en Francia e Italia se encuentran dos tipos principales, el primero de los cuales comporta numerosas variantes: entre los siglos XIV y XV Cristo está acostado sobre las rodillas de su madre; en el siglo XVI, influenciado por el nuevo ideal del Renacimiento, más preocupado por la belleza formal, está extendido a sus pies, y sólo tiene apoyada la cabeza sobre las rodillas maternales.
A) Cristo sobre las rodillas de la Virgen
   En los monumentos más antiguos (Grupo de madera de Coburgo, hacia 1330; Vesperbild del convento de las ursulinas de Erfurt, hacia 1340), Cristo sentado sobre las rodillas de su madre tiene el torso echado hacia atrás y la cabeza inerte, caída.
   A veces está representado con la estatura de un niño, como la propia Virgen en los brazos de Santa Ana (Anna selbdritt). En ese caso, la Virgen que tiene la ilusión de acunar a su Hijo en brazos, como en los felices tiempos de la infancia, está representada más joven. Esta desproporción no se debe a la torpeza de los escultores, sino a una concepción de los místicos franciscanos. Según San Bernardino de Siena, la Virgen, extraviada por el dolor, sueña que tiene a su Hijo sobre las rodillas, y que lo acuna envuelto en la mortaja como antes en los pañales.
   En el siglo XV se volvió a la representación de Jesús adulto, en la edad en que murió en la cruz. El grupo se desarrolla en la dimensión horizontal, crece en ancho. A veces el cadáver de Cristo está dispuesto horizontalmente, como el cuerpo de un nadador que flota de espaldas, con la herida del costado bien visible; otras, por el contrario, se presenta oblicuamente, en diagonal, apoyando los pies magullados en el suelo.
   Es difícil determinar el lugar de origen de estas variantes. No obstante, parece que la escultura  alemana haya tomado el tipo de Cristo horizontal de la escuela de Bohemia y el Cristo en diagonal, del cual se ven numerosos ejemplos en Westfalia de la escuela de pintura de los Países Bajos, especialmente de Van der Weyden y de Dirk Bouts que habían, uno y otro, adoptado esta preceptiva. Es también el concepto que prima en la Pitié de Villeneuve de Aviñón (Louvre), la más monumental del arte de la Edad Media.
B) Cristo a los pies de la Virgen
   Este grupo de la madre y el hijo adulto que ella apenas puede sostener sobre sus rodillas, fue abandonada a partir del Renacimiento por un arte más preocupado por las proporciones y la lógica. A partir de ese momento casi siempre se ve el cuerpo de Cristo simplemente apoyado contra las rodillas de su madre. El grupo pierde así su profunda unidad, el acento de intimidad y ternura desgarradora, pero gana en verosimilitud y en armonía estructural.
     Esta preceptiva que reemplaza el esquema gótico no es -tal como lo creyera Mâle- una innovación introducida después del concilio de Trento por la iconografía revisada y corregida por la Contrarreforma. Pueden citarse ejemplos a partir del siglo XV, como el Vesperbild de la iglesia San Cristóbal, en Maguncia. Lo cierto es que esta fórmula ha sido adoptada por el arte barroco italiano (Correggio, Carracci) del cual pasó enseguida a España y a los Países Bajos.
   Aunque no pueda  servir como principio  de clasificación,  porque su actitud siempre la misma, el personaje de la Virgen no es menos importante que el de Cristo: la verdad de la expresión del dolor maternal la convierte en uno de los más bellos temas de estudio de la historia de la plástica.
   Es sobre todo el arte francés de los siglos XV y XVI el que ha sacado partido de este tema con una admirable delicadeza en la expresión de los sentimientos, que contrasta con las exageraciones germánicas.
   A veces María observa llorando el cuerpo inerte de su Hijo desfigurado, cuyos brazos rígidos no consigue cruzar; otras, lo abraza con todas sus fuerzas para impedir que los sepultureros se lo quiten.
   El arte español gótico y barroco introdujo en este tema vesperal un ardor más sombrío, y una suerte de voluptuosidad del dolor que está de acuerdo con el carácter de este pueblo.
   Muchas veces la Piedad suele combinarse con el motivo de la Dolorosa (Nuestra Señora de las Angustias) o Virgen de los cuchillos, que España tomó de los Países Bajos. Se encuentran ejemplos de esta amalgama en Sigüenza y en Calatayud (colegiata de Santa María).
   Subrayemos finalmente que en el arte de la Edad Media se encuentra una variante menos difundida de la Piedad de Nuestro Señor (Not Gottes): en vez de estar extendido sobre las rodillas de su Madre, Cristo muerto está sobre las rodillas de Dios Padre.
   A diferencia de numerosos temas religiosos de la Edad Media de los cuales se ha retirado la vida, éste, tan profundamente humano, ha conservado hasta nuestros días su conmovedora eficacia. Todavía se descubren bellos ejemplos en el arte francés de los tres últimos siglos.
2.  La Virgen de las siete Espadas
   Después del Enterramiento de Cristo, la Virgen queda sola con su dolor: por ello en España se la llama Virgen de la Soledad.
   Una iglesia de Roma está dedicada a S. Maria delle Sette Dolori.
   Se la representa con las manos juntas y gruesas lágrimas que corren por sus mejillas.
   Para volver más sensible el dolor de la Virgen se imaginó simbolizarla con una espada que le atraviesa el pecho. El origen de esta representación es la profecía del anciano Simeón (Luc 2: 35) que anuncia a la Virgen el día de la Presentación de Jesús en el Templo, que una espada de dolor le atravesará el alma: Tuam animam pertransibit doloris gladius.
   ¿Cómo se pasó de la Virgen con una espada a la Virgen de las siete espadas? Por la devoción a los Siete Dolores (Septem tristitiae) que se oponen simétricamente a los Siete Gozos de la Virgen (Septem Gaudia B.V. Mariae).
   A partir del siglo XIII se ve aparecer la devoción a los Siete Gozos de la Virgen, popularizada por la orden toscana de los servitas (Esclavos de la Virgen). La devoción a los Siete Dolores es más tardía: fue en 1423 cuando el sínodo de Colonia agregó a las fiestas de la Virgen «la fiesta de las angustias de Nuestra  Señora».
   Hasta el siglo XIV todavía se veneraban sólo Cinco Dolores de la Virgen. En el si­glo XV el número se llevó a siete, que se corresponde con las Siete Caídas de Cristo en el camino del Calvario. La lista no varía demasiado,  salvo en lo relativo al primer Dolor de Nuestra  Señora, que es tanto la Profecía de Simeón como la Circuncisión.
1. Profecía de Simeón (o la Circuncisión);
2. Huida a Egipto;
3. Pérdida del Niño Jesús que permanece en el Templo en medio de los doctores;
4. Cristo con la Cruz a Cuestas; 
5. La Crucifixión;
6. El Descendimiento de la Cruz;
7. El Entierro.
   Así, de los Siete Dolores de la Virgen, tres son relativos a la Infancia y cuatro a la Pasión de Cristo.
Iconografía
   H. Gaidoz hace derivar este tema de la Transfixión de la Virgen a un cilindro caldeo que representa a la diosa asiria Istar.
   Más recientemente, J. Baltrusaitis ha reconocido en el tema de la Virgen de los Siete Dolores la transposición o adaptación de un tema planetario del que se encuentran numerosos ejemplos en el arte de la alta Edad Media.
   Los círculos astrológicos de los siete Planetas habrían comenzado por engendrar el tema de los Siete Dones del Espíritu Santo irradiando alrededor del pecho de Cristo.
   De allí se habría pasado con toda naturalidad a la representación de los Siete Dolores de la Virgen. Para ello bastaba transformar los rayos de la Sabiduría Divina en haz de espadas, y reemplazar en el interior de los tondos las palomas del Espíritu Santo por  los Dolores  de Nuestra  Señora.
   Sea cual fuere el interés de estas remotas e hipotéticas filiaciones, lo más prudente es atenerse a los orígenes directos del tema que podemos situar en el tiempo y en el espacio con extrema precisión.
   La devoción y la iconografía de la Virgen de las siete espadas nacieron en Flandes a finales del siglo XV. Fue Juan de Coudenbergbe, cura de San Salvador de Brujas, quien organizó la primera cofradía de la Virgen de los siete Dolores; y fue Margarita de Austria, gobernante de los Países Bajos, quien fundó, también en Brujas, el primer convento consagrado a Nuestra Señora de los Siete Dolores, y quien ofreció a la iglesia de Brou-en-Bresse un cuadro votivo que la menciona. Finalmente, es en un grabado dedicado a Carlos V, publicado  en Amberes en 1509, donde se ven por primera vez las siete espadas dispuestas en abanico.
   Este tema correspondía demasiado bien a las tendencias generales del arte patético de finales de la Edad Media, como para volverse popular. De Flandes marítimo, que fue su cuna, pasó a Francia y a la Alemania renana. Pero no se mantuvo inmutable: experimentó una evolución en la que pueden detallarse las etapas sucesivas de esta manera:
   Los Siete Dolores de la Virgen en principio están representados simbólicamente por siete espadas. Luego, cada espada tuvo un pomo ornamentado con un tondo que representa uno de los Dolores. Pero al final las espadas desaparecieron y la Virgen apareció rodeada sólo por una aureola de siete tondos.
1. Las siete espadas
   La agrupación de las espadas comporta numerosas variantes. En la mayoría de los casos, las siete espadas reunidas en haz atraviesan el corazón de la Virgen. Están, ya dispuestas en círculo, ya agrupadas lateralmente con la punta hacia arriba, cuatro de un costado y tres del otro.
   En el siglo XVII Van Dyck imaginó renovar esta composición disponiendo las siete espadas alrededor de la cabeza de la Virgen, como los rayos de un nimbo. Pero esta innovación no tuvo éxito.
   A veces, Cristo en el lagar forma pareja con la Virgen de las siete espadas.
2. Los siete tondos
   Este ovillo de espadas erizando el corazón o la cabeza de la Virgen tenía el inconveniente de ser poco plástico y, además, insuficientemente explícito. Los fieles deseaban saber cuales eran los dolores que habían atormentado a Nuestra Señora durante su «Compasión». Para satisfacer este deseo no había otro medio que reeemplazar el haz de espadas simbólicas por tondos explicativos. En principio, se intentó combinar las espadas y los tondos; luego, la segunda versión, favorecida por el ejemplo del Rosario, acabó por eliminar a la primera.
   La Virgen está sentada al pie de la cruz, con las manos juntas o cruzadas sobre el pecho. A veces es una Virgen de la Piedad que tiene a Cristo muerto sobre las rodillas. Alrededor de ella los tondos historiados, dispuestos como las grandes cuentas de un rosario, evocan sus angustias.
   Es el arte flamenco del siglo XVI el que ofrece los ejemplos más numerosos de este tema y de sus aspectos sucesivos (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de Luis Ortega Bru, autor de la obra reseñada;
     Luis Ortega Bru, (San Roque, Cádiz, 10 de septiembre de 1916 – Sevilla, 21 de noviembre de 1982). Escultor.
     Es uno de los máximos exponentes de la imaginería procesional contemporánea. Se inició temprano en el modelado del barro en la alfarería de su padre.
     Desarrolló a partir de 1931 una primera formación escultórica en la Escuela de Artes y Oficios de La Línea de la Concepción (Cádiz). Sus prometedoras dotes artísticas hicieron que el Ayuntamiento de su pueblo natal le concediera una beca para completar sus estudios en Barcelona. Estas perspectivas quedaron rotas, sin embargo, por la Guerra Civil, que supuso un duro golpe para el joven artista. Nacido en el seno de una familia de ideas republicanas, sus padres fueron fusilados y él encarcelado, pasando varios años en campos de concentración. En 1943 consiguió el primer premio del I Certamen de Escultura de Cádiz con su obra Los Titanes, éxito que le llevó a trasladarse a Sevilla al año siguiente. En 1945 ingresó en la Escuela de Artes Aplicadas de la capital hispalense, donde tuvo como profesor al escultor Juan Luis Vasallo Parodi (1908-1986). En esta ciudad entró en contacto con el pintor Baldomero Romero Ressendi (1922-1977), con quien compartió la inspiración en los modelos barrocos sevillanos, que caracterizó de manera especial su primera etapa sevillana, y una particular tendencia expresionista. En 1952 se casó con Carmen León Ortega, con quien tuvo cuatro hijos.
     Su actividad se explica dentro del contexto de fomento de la religiosidad popular llevada a cabo por el régimen franquista, convirtiéndose las cofradías en su principal mecenas a partir de este momento. En este sentido, su principal obra de estos años es el misterio del Traslado al Sepulcro de la cofradía hispalense de Santa Marta, por el cual recibió la Encomienda de Alfonso X el Sabio en 1953. En 1955 se trasladó a Madrid, al recibir el encargo de realizar ocho relieves de bronce para la puerta de la secretaria del Estado del Vaticano. A partir de este momento se instaló en la capital de España, ocupando el puesto de maestro escultor en los Talleres Granda. De este modo, se inicia su llamada “etapa castellana”, en la que es palpable la influencia de los manieristas castellanos, caso de El Greco, y los escultores Alonso de Berruguete y Juan de Juni. A ello se le unen un intento de renovación de la imaginería por la vía de la experimentación técnica y cierto gusto por la asimetría y la descomposición geométrica de las formas. Esta inquietud renovadora le llevó a una prolífica producción de carácter profano, de gran diversidad técnica y temática, ajena al tradicionalismo del “neobarroco” cofrade. Tras un período en Jerez de la Frontera (1967-1972), donde impartió clases en su Escuela de Artes y Oficios, y una nueva etapa madrileña, acabó sus años en Sevilla, donde residía a partir de 1978 (José Manuel Moreno Arana, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen del Santísimo Cristo de la Misericordia, de Ortega Bru, titular de la Hermandad del Baratillo, en la Capilla de la Piedad del Baratillo, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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