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lunes, 15 de junio de 2026

Un paseo por la calle Enladrillada

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Enladrillada, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     La calle Enladrillada es, en el Callejero Sevillano, una calle que se encuentra en los Barrios de Santa Catalina, y San Julián; en el Distrito Casco Antiguo; y va de la plaza de San Román, a la calle San Hermenegildo.
   La calle, desde el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     El largo tramo que va hasta la plaza del Pelícano era conocido como Campanario, por el de San Román, en la Baja Edad Media y desde finales del s. XVI (1586) ya como Enladrillada (o Ladrillada). Comúnmente se suele decir que conserva este nombre por ser la última que estuvo enladrillada en la ciudad; sin embargo constan referencias documentales de que fue empedrada ya en 1609. El último tramo recibe a finales del s. XVII el nombre de Sitio de Matarnillos, de donde se deduce que aún debería estar escasamente urbanizado, y también calle Mata Asnillos (1665) o Mata Arnillos, que se mantiene a lo largo de todo el s. XVIII; también fue conocido este tramo hasta 1845 por calle del Huerto de las Beatas, fecha en la que pasa a denominarse del Perro. En 1868 ambas quedan unificadas bajo la denominación de Enladrillada, desapareciendo el topónimo Perro. En 1937 Falange Española pidió que se le cambiara por el de Eduardo Rivas, pero el Ayuntamiento "por su popularidad y significación" prefirió mantenerlo y darle ese nombre a otra. Según Santiago Montoto, que cita un padrón de 1533 en esa fecha se llamaba de los Moros.
     Es una calle estrecha y larga que ha sido objeto de varios proyectos de alineación (1868, 1880, 1921) sólo parcialmente ejecutados, de ahí la presencia de entrantes y salientes a lo largo de la vía. En tiempos históricos, una de las principales cloacas de la ciudad seguía el mismo trazado de Enladrillada, hasta desembocar en la muralla, por lo que son reiteradas las alusiones a su reparación, vertidos y malos olores. La falta de limpieza periódica de los husillos provocaba con frecuencia la inundación de la calle, y en 1855 los vecinos se quejaban en la prensa de que el mal estado del pavimento había ocasionado la comunicación de baches y cloacas, con las consiguientes molestias para los que por allí transitaban. La calle que, como queda dicho, llegaba práctica­mente hasta la muralla, perdió su tramo final en la remodelación urbanística que sufrió este sector del barrio de San Julián a partir de 1962 y al construirse el colegio nacional Sor Angela de la Cruz. Confluyen por la acera de los pares Espada, Marteles y Santa Lucía, y por la de los impares Sánchez de Castro, Santa Paula y la plaza del Pelícano.
     A pesar de la unificación toponímica de 1868, se mantiene una diferenciación morfológica acusada entre las primitivas Enladrillada y Matarnillos. La primera posee calzada de adoquín de gran tamaño y buen estado, pues ha sido pavimentada en fecha reciente; asimismo se ha reconstruido un acerado que parece querer rememorar el pri­mitivo enladrillado de la calle, con ladrillos colocados a sardinel. Se ilumina mediante farolas con brazos de fundición adosados a las fachadas. La circulación rodada está prohibida. En la edificación es de destacar, por el extenso solar que ocupa, la fachada trasera del convento de Santa Paula, sobre la que hay un azulejo de la santa fechado en 1739; es probable que en la confluencia con la calle Santa Paula existiera una plazuela, a juz­gar por las reiteradas peticiones del convento para ocuparla, denegadas en unos casos, pero concedidas en otros. Interesante resulta la explicación dada en 1591 a este respecto: "... que donde está esta plazuela que piden las monjas es en la calle que va del campanario de San Román a Santa Lucía, que se dise la calle Ladrillada, la qual como es notorio, y por tal lo alega, no tiene más de diez o onse pies de ancho por lo más, y en muchas parte della no tiene ocho, y si va por allí un coche ninguna persona puede pasar el un lado ni por el otro, y que si un coche va y otro viene no pueden rebolber por ser tan angosta la calle, y para esto es tan necesario esta plaçuela, que para dar paso los unos a los otros en ninguna manera ay don­ de para esto pueda aver lugar si no es en esta plaçuela, la cual si no la oviera forçosa y necesariamente la avía de comprar para el bien público..." (Sec, 10, 1591, fol. 116-7). 
     Un buen número de las viviendas tradicionales, de una y dos plantas, se encuentran muy deterioradas, cuando no en ruinas o reducidas a solar, pero también se conservan habitadas algunas casas de vecinos, en las que todavía se ve a las mujeres encender el brasero de picón en el patio común. Por otra parte, nuevos bloques de pisos de tres plan­tas alternan con la edificación primitiva. El tramo que va de la plaza del Pelícano hasta San Hermenegildo es algo más ancho, com­pletamente rectilíneo, con calzada de asfal­to y aceras de losetas de cemento, y registra tráfico rodado. La edificación es toda ella de reciente construcción, con bloques de vi­viendas de tres y cuatro plantas. A finales del XIX existía un colegio para niñas huérfanas. Hoy, junto a la función predominantemente residencial, se localizan en Enladrillada algunos locales comerciales y de negocios dedicados a actividades muy diversas: algunos comercios de base diaria, pero también un pequeño taller de electricidad, una imprenta, un hostal, y la Asociación Profesional de Comerciantes Detallistas de Pescado de la provincia [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Enladrillada, 21. Casa de dos plantas, con portada de piedra, adintelada, que se abre en un extremo de la fachada. A través de ella se pasa a un amplio zaguán o apeadero dividido por doble arcada. Patio con arquerías en tres de los frentes; en el cuarto se abre la caja de escalera, que se compone de dos tramos.
Enladrillada, 26. Esta casa, esquina a Espada, se en­cuentra en muy mal estado. Es interesante el patio con arquerías en am­bas plantas [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
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La calle Enladrillada, al detalle:
Edificio calle Enladrillada, 21
Edificio calle Enladrillada, 26
Huerto del Rey Moro

miércoles, 1 de junio de 2022

La pintura "Mujer y perro blanco", de Andrés Parladé, en la sala XIII del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Mujer y perro blanco", de Andrés Parladé, en la sala XIII del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
   Hoy, 1 de junio, es el aniversario del nacimiento (1 de junio de 1859), de Andrés Parladé, autor de la obra reseñada, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la pintura "Mujer y perro blanco", de Andrés Parladé, en la sala XIII del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
   El Museo de Bellas Artes (antiguo Convento de la Merced Calzada) [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
   En la sala XIII del Museo de Bellas Artes podemos contemplar la pintura "Mujer y perro blanco", de Andrés Parladé (1859-1933), pintada en 1899 en óleo sobre lienzo, en estilo costumbrista, con unas medidas de 1,08 x 1,74 m., procedente de la Donación de Dº Cayetano Sánchez Pineda (1945).
   Este lienzo representa un interior que se encuentra invadido, casi en su totalidad, por la presencia de un mastín, tras el que se acomoda una mujer tumbada en un sofá. La obra está envuelta en una atmósfera de calma, actitud de reposo que manifiestan los dos personajes: somnolienta la dama, y apacible el mastín (web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla).
     En el siglo XIX la profesión de pintor había perdido ya su condición de oficio menestral, por lo que algunos aristócratas no tuvieron escrúpulo alguno en adoptarla; en efecto en esta época la pintura daba categoría y lustre a quienes la practicaban con talento. Por ello Andrés Parladé, conde de Aguiar, nacido en Málaga en 1859 y muerto en Sevilla en 1933, no dudó nunca en renunciar a su condición de abogado para dedicarse a la pintura. Después de recibir su primera formación viajó a París y Roma, permaneciendo en esta última ciudad hasta 1891. Desde esta última fecha vivió en Sevilla hasta el fin de sus días.   
 Las primeras pinturas de Andrés Parladé pertenecen al ámbito de los temas históricos y en él permaneció hasta su agotamiento en la última década del siglo XIX. Ciertamente, de haber insistido en esta trayectoria en años sucesivos, no hubiera llegado a nada absolutamente porque sus pinturas de historia son hueras y declamatorias. Sin embargo, cansado de la historia, pasó a la realidad y en ella encontró la figura humana como punto de partida y posteriormente en el tema de la caza un filón inagotable que recreó de forma excepcional, puesto que de este deporte fue un gran aficionado y conocedor. En la caza Andrés Parladé encontró a uno de sus protagonistas fundamentales: los perros. Con el tema citado trabajó incansablemente realizando magníficas versiones que le acreditan como uno de los mejores pintores de canes en su momento no sólo en Sevilla sino en toda España. Todas las razas de perros fueron tratadas por sus pinceles y en ellas captó todas las facultades de estos animales con excepcional intuición. Otro tema que pintó también Parladé, con gran originalidad por ser igualmente aficionado, es el taurino del cual realizó espléndidas versiones. 
    El interés que guarda la obra de Parladé en el Museo radica en que su mayor parte procede de su propia colección, guardada por él mismo a lo largo de su vida y que a su fallecimiento sus herederos tuvieron la generosidad de donar a esta institución.
     Por ello todas estas obras son de muy buena calidad técnica y están vinculadas a su propio gusto coleccionista. En ellas figura un buen grupo de retratos, entre los que llama la atención el suyo propio con atavíos de cazador y en edad madura, puesto que está fechado en 1907 cuando tenía cuarenta y ocho años de edad. Hay también dos magníficos retratos muy vinculados a la moderna historia sevillana; son los de Don Luis Montoto y Rautenstrauch y el de su hijo Santiago Montoto de Sedas.
     Un grupo de pinturas con temas de perros y otros de toreros manifiestan de forma evidente la facilidad de pincel y la natural expresividad que consiguió plasmar en sus lienzos, rehuyendo los tópicos fáciles y el inútil virtuosismo que muchas veces se ha utilizado en el tratamiento de este tipo de escenas (Enrique Valdivieso González, Pintura, en Museo de Bellas Artes de Sevilla. Tomo II. Ed. Gever, Sevilla, 1991).
Conozcamos mejor la Biografía de Andrés Parladé, autor de la obra reseñada;
     Andrés Parladé y Heredia, III Conde de Aguiar. (Málaga, 1 de junio de 1859 – Sevilla, 8 de octubre de 1933). Pintor, político y arqueólogo.
     Hijo de María de Heredia y Livermoore y Andrés Parladé y Sánchez de Quirós, II conde de Aguiar. Nacido pues en el seno de una familia noble y acaudalada. Realizó los primeros estudios de Pintura en su ciudad natal con el artista malagueño Moreno Carbonero y simultáneamente, a instancias de su familia, cursó estudios de Derecho en la Universidad de Sevilla.
     Decidido por la pintura, amplió estudios y experiencias artísticas en París y Roma, ciudad en la que fijó su residencia entre los años 1883 y 1891. Desde esta última fecha se afincó en Sevilla, ciudad donde desarrolló su actividad profesional hasta su muerte.
     En su primera producción pictórica se mantuvo fiel al academicismo histórico dominante en Roma durante el último tercio del siglo XIX. De esta etapa es el afamado El compromiso de Caspe, conservado en la Capitanía General de Sevilla. Este cuadro fue premiado en la Exposición de Madrid de 1890 y obtuvo Medalla de Oro en la de Berlín del año siguiente.
     Tras el abandono de la agotada temática historicista, se introdujo y evolucionó hacia la pintura de escenas costumbristas, tan usuales en la escuela española y especialmente en la sevillana. Gracias a su pincelada suelta, fluida y enérgica, consiguió el reconocimiento y aceptación de la crítica, llegando a ser nombrado académico de la Real Academia de Bellas Artes en 1902.
     Fue proclamado senador por la provincia de Sevilla, certificando su juramento el 22 de marzo de 1909.
     Su implicación artística, su título nobiliario y sus relaciones en el mundo de la política local le llevaron a ser nombrado, en el año 1919 por la Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades, delegado director de las excavaciones del anfiteatro de Itálica. Sucedía en la responsabilidad a Demetrio de los Ríos Serrano y a su sobrino Rodrigo Amador de los Ríos de Villalta, y hasta su muerte en 1933 centró su actividad arqueológica en el Anfiteatro y posteriormente en la excavación de casas. A través de las publicaciones de la Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades se conocen sus campañas de excavaciones y los medios empleados. Partiendo del trabajo de sus predecesores y del reconocimiento de las limitaciones presupuestarias, su objetivo fue excavar un cuadrante del monumento (nordeste), que reflejase la simetría del edificio.
     Entre los años 1920 y 1926, sin interrupción, centró sus trabajos en el Anfiteatro excavando sus dos fachadas (este y oeste), la fossa bestiaria y sus conexiones externas, la avenida triunfal y el Nemeseion. A partir del año 1926 centró los esfuerzos en excavar los mosaicos de “la Pompeya española”, como incentivo turístico para la Exposición Ibero-Americana que se celebraría en Sevilla en 1929. Desde esa fecha hasta su última campaña, un año antes de su muerte, se preocupó por ofrecer una visión urbana de la ciudad.
     Abandonando al Anfiteatro como objetivo, excavó calles y mosaicos, preocupándose de mantenerlos, conservarlos y restaurarlos en su contexto natural: las casas. Excavó en el collegium de la Exedra y en las casas del Emparrado, de Hylas, de Patio Rodio, de los Pájaros y Neptuno; en estas cuatro últimas ya había efectuado excavaciones con anterioridad Demetrio de los Ríos (1872-1874).
     A su muerte, la Comisión Provincial de Monumentos de Sevilla designó responsable de Itálica a Juan de Mata Carriazo. Habiendo muerto Parladé sin descendencia, su viuda, María Candelaria de Alvear y Gómez de las Cortinas, tuvo el generoso gesto de donar en 1944 un importante número de obras del pintor al Museo de Bellas Artes de Sevilla (José Manuel Rodríguez Hidalgo, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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Más sobre el Museo de Bellas Artes, en ExplicArte Sevilla.

jueves, 16 de mayo de 2019

Un paseo por la calle Aceituno


      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Aceituno dando un paseo por ella.
      La calle Aceituno es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de San Julián, del Distrito Casco Antiguo, y va de la confluencia de las calles San Hermenegildo y Santa Lucía a la calle Corinto
     La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     La vía, en este caso una calle, está dedicada al Aceituno, derivación de los Molinos de Aceite.
     Figura con tal denominación (a veces Azituno) al menos desde 1665 por la existencia de molinos de aceite en este sector; según Moreno y Gálvez en 1845 pasó a llamarse calle del Perro, pero no llegó a consolidarse al mantenerse la denominación primitiva. Hasta la demolición de las murallas formaba parte del extremo marginal de la ciudad, débilmente urbanizado y en parte constituido por pequeñas huertas y, como indica su nombre, molinos de aceite;  la misma Catedral era propietaria de un molino de aceite en esta zona desde el s. XV. Todavía a mediados del XIX se conservaban estas huertas y molinos, cuyos alpechines desaguaban a la altura de la Puerta de Córdoba causando malos olores y las consiguientes molestias al vecindario.

      Su urbanización se inicia en la primera década de la presente centuria y en un proyecto de alineación de 1905 se configura definitivamente su trazado, rectilíneo y relativamente ancho. Su calzada es de asfalto y posee amplias aceras de cemento, de losetas en la acera izquierda, y extendido directamente y en mal estado de conservación en la de la derecha. Se ilumina con farolas de báculo.
      De la edificación primitiva se conservan dos casas, las núms. 6 y 8, de dos y tres plantas respectivamente, fechada en 1917 la segunda; originariamente eran construcciones industriales caracterizadas por la gran altura de su planta baja, que hoy se destina a garaje o taller de reparación de automóviles; las plantas superiores mantienen en parte su función residencial, pero no todas ellas están habitadas. La acera de los impares está ocupada en su totalidad por bloques de nueva planta y cuatro pisos de altura, pertenecientes a una misma promoción (Edificio San Hermenegildo) y se ordenan en torno a la plaza del Giraldillo, que se abre a mitad de esta vía. Sus plantas bajas, de mayor altura, se destinan de forma exclusiva a locales comerciales, en parte aún sin ocupar. Junto a su función residencial, es de destacar la de tránsito, ya que canaliza el tráfico rodado desde San Hermenegildo y parte del sector norte del casco hacia la "ronda" y avenida de Miraflores. 

      Entre las actividades económicas, se advierte una cierta especialización en negocios relacionados con e mantenimiento y reparación de vehículos y con el sector comercial de la informática. En 1932 la Guardia Civil descubrió una bomba oculta en un domicilio particular, en el núm. 4. La prensa al dar la noticia añadía: "No se sabe nada del complot y los detenidos se contradicen" (El Liberal, 19-1-1932) [Josefina Cruz Villalón en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993]. 
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Aceituno. de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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La calle Aceituno, al detalle:
Edificio c/ Aceituno, 6.
Edificio c/ Aceituno, 8.