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martes, 25 de agosto de 2026

Los principales monumentos (Iglesia de Santa Marina, y Ermita de Santa Ana) de la localidad de Valverde de Mérida, en la provincia de Badajoz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa Marina, y Ermita de Santa Ana) de la localidad de Valverde de Mérida, en la provincia de Badajoz.
     Se localiza hacia el este de Mérida, sobre un asentamiento que se acoge también al seno de la gran curva del Guadiana, cerca del badén por donde se supera el río en dirección a Guareña.
     Tipo de Entidad: Municipio
     Superficie Término: 52,7 Km2
     Altitud: 267 m.
     Distancia Capital: 72 Km.
     Partido Judicial: Mérida
     Comarca: Tierra de Mérida - Vegas Bajas
     Gentilicio: Valverdeño
Ayuntamiento de Valverde de Mérida
     plaza de España, 1
     06890 Valverde de Mérida (Badajoz)
     Teléfono: 924321839
     Fax: 924321848
     Correo-e: ayuntamiento@valverdedemerida.es - secretaria@valverdedemerida.es
     Web: www.valverdedemerida.es
Historia.-
     Se localiza hacia el este de Mérida, sobre un asentamiento que se acoge también al seno de la gran curva del Guadiana, cerca del badén por donde se supera el río en dirección a Guareña.
     A partir de un enclave al que se atribuye origen remoto, el núcleo fue repoblado al amparo del fuero de Mérida en 1235, anejándose al mismo algunos caseríos ya existentes en el entorno, como Pedroche, Ureña y otros, como posesión de la Orden de Santiago dentro del Partido de Mérida. En 1630 se independizó de esta jurisdicción alcanzando el título de Villa exenta mediante el pago de 16.000 ducados.
     En el presente la población constituye un asentamiento de carácter rural con algo más de un millar de habitantes, de próspera economía agrícola, muy representativo de los centros de su especie (Diputación Provincial de Badajoz).

Monumentos.-
     El hito monumental más significado es la iglesia parroquial de Santa Marina, que se sitúa en el centro del caserío rodeada de diversas plazas agradablemente ajardinadas. Constructivamente se trata de obra de mampostería sin enlucir, con torre fachada a los pies e interior de una sola nave de acusada espacialidad, cuyas características generales evocan de modo directo la parroquial de Santa María de la vecina Guareña.
     Al exterior resultan de interés, además de la atractiva torre, las portadas clasicistas, alguna con decoración plateresca y escudos santiaguistas. Del interior merece reseñarse la credencia u hornacina- sagrario de estilo gótico renacentista de la capilla mayor, elemento peculiar de las iglesias del ámbito emeritense que se repite en casi todos los templos de la zona. También se distinguen el púlpito granítico, los canceles de gran cuerpo y buena labra de reminiscencia mudéjar, y las propias puertas, con carpintería y herrajes del siglo XVIII. Los retablos e imaginería antigua han desaparecido. Pieza notable es una pintura de buena factura, de autor no documentado, datable en la primera mitad del XVII, en la que se representa el encuentro de San Joaquín y Santa Ana ante la Puerta Dorada a partir del modelo de Durero. En reconocimiento a sus indudables méritos, esta iglesia ha sido declarada como Bien de Interés Cultural por parte de la Junta de Extremadura (Diputación Provincial de Badajoz).

Iglesia de Santa Marina.-
     Ese vetusto templo del siglo XVI, que se alza majestuoso en el centro de nuestro pueblo, por fin va a ser conocida y reconocida en otros lugares.
     Existen unas razones intrínsecas a la propia arquitectura de la obra por su mampostería de piedra y sillas de granito, que la dotan de una fortaleza y una solidez envidiables.
     La obra se resuelve en una sola planta de magníficas dimensiones compuestas por tres cuerpos, a la que se adosan en época posterior la sacristía y una pequeña capilla (la de San Antonio). La cubierta de los tres tramos está sustentada sobre semicolumnas cilíndricas de granito. En el diseño de las cubiertas destaca la cruz santiaguista, por lo demás es un estilo sobrio pero elegante.
     La cabecera del edificio está formada por tres tramos con las cubiertas de bóveda de crucería; el tesoro de la cabecera es poligonal de tres planos; el frontal de la misma se configura por una estructura labrada en piedra según el gusto gótico renacentista de la época.
     En el tramo central del presbítero se halla una pequeña capilla lateral comunicada con la nave principal mediante un arco de rica decoración.
     Al exterior se abren tres portadas con austera realización.
     La principal resulta la del perdón  o de los pies y consiste en un arco de medio punto con triple moldura; la del costado del evangelio, también de medio punto con sillares graníticos en cuya clave Figuera un escudo de la orden de Santiago; la del lado de la epístola está compuesta por dovelas graníticas coronada por el escudo santiaguista.
     La carpintería de las puertas está constituida por madera de gran escudería y herrajes de forja originarias del siglo XVIII.
     A los pies, la torre, cuyo cuerpo superior sobresale por encima de la cubierta y para configurar el campanario. Se diferencia de la morfología de la fachada por una somera imposta. El remate consiste en una cornisa de gran volumen.
     Este fabuloso edificio amplio, esbelto, sólido como pocos que ya en 1633 mereció el elogio del historiador Bernabé Moreno de Vargas y que en obras de historia y arte posteriores siempre había alguna mención. Moreno de Vargas, asombrado por la amplitud de su perímetro y altura: 120 mts. De longitud, 13 mts. De anchura, 19 mts. De altura que se eleva hasta los 40 mts. De la torre ya expuso en su libro sobre la historia de Mérida y su comarca que era un “edificio nuevo y suntuoso”.
     Además de su rica arquitectura, posee un famosísimo cuadro de san Joaquín y Santa Ana.
     Quizás sólo con esta magnificencia y majestuosidad sería posible haberla considerado como un monumento merecedor de todos los ciudadanos.
     Y, en efecto, el sostenimiento y conservación de este edificio ha sido siempre una preocupación por parte de las autoridades eclesiásticas. Pero la lástima es que únicamente se quedó en mera preocupación teórica (Ayuntamiento de Valverde de Mérida).

Ermita de Santa Ana.-
     La ermita de Santa Ana se encuentra situada al SO de Valverde en la confluencia de los términos de D. Álvaro, Mérida y Valverde, cerca del rio Guadiana, un poco apartada de éste, tal vez para preservarla de las crecidas ya que, si bien se encuentra en una pequeña elevación del terreno, está junto a una fértil vega de mencionado río.
     Su orientación no responde a la general de las construcciones religiosas cristianas (Este –Oeste) ya que su eje longitudinal se dirige hacia el Sur con un ligero desvío hacia el Oeste.
     En la actualidad el edificio se encuentra en un avanzado estado de ruina, habiendo desaparecido toda la cubierta, excepto la cúpula de la sacristía, parte de los muros y una buena parte del pórtico de entrada. Hasta principios del mes de Marzo del presente año conservaba parte de la cúpula de la capilla mayor, habiéndose derrumbado por tanto recientemente.
     De planta rectangular, posee una única nave dividida en dos tramos y capilla mayor al fondo configurando una cabecera cuadrada, todo ello está precedido de pórtico constituido por tres arcos de medio punto, uno al frente y dos laterales, si bien, al menos, el de la izquierda estuvo albergando en su centro una pequeña ventana adintelada, de granito. Tanto el arco central como el de la izquierda están realizados en ladrillo. En ambos ángulos de las esquinas delanteras se encuentran incrustadas dos pequeñas pero gruesas columnas, de granito la izquierda y de mármol la derecha.
     El muro de los pies de la nave, de mampostería, alberga un arco de medio punto, enmarcado por un alfiz realizado junto con dicho arco en el ladrillo.
     En el muro Este del primer tramo se encuentra una portada cegada, que es posible perteneciera a la entrada de una capilla, o quizás pudo ser una antigua puerta de acceso que comunicara la nave con el exterior. Dividiendo ambos tramos se encuentra un gran arco, de ladrillo, apuntando, que descansa sobre los contrafuertes exteriores.
     La capilla mayor, más elevada de la nave, se une a ésta por arco de medio punto, también realizado en ladrillo. Es la zona más rica de la ermita ya que se coronaba con una cúpula semiesférica sobre pechinas, construida de ladrillos y rematada al exterior por un pináculo cónico también de ladrillos. Los muros de la capilla superior se encontraban decorados con interesantes pinturas.
     El muro frontal de la cabecera se encuentra una ventana cegada, con reja al exterior, que junto con la otra situada en el muro Este, serían los principales puntos de luz que iluminarían la capilla mayor. Ambas ventanas resaltan sus bordes con granito.
     En cada ángulo de la capilla mayor se albergan algunas pilastras adosadas en las que descargan los arcos que aligeran el peso de la cúpula.
     Al exterior es de destacar la utilización de los sillares graníticos en los ángulos de las esquinas, así como la cornisa que recorre toda la parte superior de la capilla y en los pináculos piramidales que rematan la construcción en ambas esquinas de la cabecera.
     Comunicándose con la capilla mayor por una puerta adelantada, sobre la cual se extiende una pequeña cornisa, se encuentra la sacristía. En un espacio cuadrado, cubierto con una cúpula de media naranja, único cierre conservado en la actualidad del conjunto del edificio. Recibe la luz del exterior a través de una ventana pequeña situada en el muro del Norte.
     Lo más destacable respecto a la decoración arquitectónica es el alfiz que enmarca el arco de entrada a la ermita así como las importas de ladrillo resaltado donde descansa dicho arco, las impostas de las columnas adosadas existentes en la capilla mayor y una pequeña cornisa existente superpuesta a la puerta de la sacristía
     Tanto al exterior como al interior de la ermita se encontraba encalada, y sobre todo en el muro frontal de la capilla mayor abunda la decoración pictórica de motivos vegetales y geométricos con predominio de colores rojizos.
     La cúpula mayor, ya desaparecida, tenía unas bandas radicales con pinturas geométricas, cuyas formas romboidales de color rojizo se combinan con el blanco de fondo haciendo una especie de espigado que convergía en el centro de dicha cúpula.
     La cúpula de la sacristía poseía también decoración pictórica similar a la de la cúpula mayor.
     Recorría la parte inferior del muro un zócalo geométrico que combinaba el color azul con el rojo. Del mismo modo, rodeaba el exterior de la ermita otro zócalo de color rojo.
     Respecto a los cerramientos, aparte de los ya mencionados, la nave debió tener cubierta a dos aguas, de madera o cañas y tejas.
     El material básico para la realización de la construcción es mampostería, si bien se emplea el ladrillo para la configuración de arcos y cúpulas; el granito en los vanos de las ventanas, en parte de la cimentación, en una cornisa que remata los muros externos de la capilla mayor y, sobre todo, en los ángulos de las esquinas traseras de dicha capilla así como incrustado en forma de sillares más o menos regulares en algunas zonas de los muros. La madera o caña se emplearía para cerrar la cubierta de la nave.
     Es posible que los restos de la edificación apreciables en el presente estén asentados sobre la base de otra fábrica anterior, ya que en algunos tramos se pueden observar la existencia de grandes sillares, sobre todo en las partes más bajas de los muros incrustados en ellos.
     En la actualidad presenta dos tipologías constructivas bien diferenciadas:
     La primera que se correspondería con los dos primeros tramos de la nave y el pórtico, denota una clara influencia mudéjar, sobre todo por el empleo de ladrillo en sus dos arcos apuntados (el de la entrada y el que separa los dos primeros tramos de la nave) y el alfiz que enmarca al que da acceso a la ermita.
     La segunda que coincide con la parte de la capilla mayor de la sacristía, de factura más reciente, debió realizarse a juzgar por sus formas más estilizadas, en torno al siglo XVIII (Ayuntamiento de Valverde de Mérida).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa Marina, y Ermita de Santa Ana) de la localidad de Valverde de Mérida, en la provincia de Badajoz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia pacense.

Más sobre la provincia de Badajoz, en ExplicArte Sevilla.

sábado, 22 de agosto de 2026

La pintura "Coronación de la Virgen en el Templo", de Pedro de Campaña, en el Retablo Mayor, de la Iglesia de Santa Ana

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Coronación de la Virgen en el Templo", de Pedro de Campaña, en el Retablo Mayor, de la Iglesia de Santa Ana, de Sevilla.
     Hoy, 22 de agosto, Memoria de la Bienaventurada Virgen María, Reina, que engendró al Hijo de Dios, Príncipe de la paz, cuyo reino no tendrá fin, y que es saludada por el pueblo cristiano como Reina del cielo y Madre de misericordia [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la pintura "Coronación de la Virgen en el Templo", de Pedro de Campaña, en el Retablo Mayor, de la Iglesia de Santa Ana, de Sevilla.
    La Iglesia de Santa Ana [nº 86 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 29 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la plazuela de Santa Ana, s/n (también tiene acceso por las puertas laterales en las calles Párroco Don Eugenio -antigua Vázquez de Leca-, y Bernardo Guerra); en el Barrio de Triana Casco Antiguo, del Distrito Triana.  
   Uno de los retablos mayores de mayor interés artístico de la ciudad. Se ordena en torno a un banco, tres cuerpos de siete calles y ático, combinándose el empleo de esculturas, relieves y un excelente programa pictórico sobre tabla. La arquitectura y las tallas del conjunto fueron realizadas por Nufro Ortega y Nicolás Jurate, correspondiendo las quince pinturas sobre tabla al pintor de origen flamenco Pedro de Campaña. Su contrato de realización se firmó en 1542, realizándose desde esa fecha, de forma conjunta, la talla y las pinturas. En 1557 se contrató la policromía, que se concluyó en 1565. Preside el camarín central, fruto de una remodelación del siglo XVII, el grupo de Santa Ana y la Virgen con el Niño, talla de candelero de la segunda mitad del siglo XIII que fueron retocadas por Francisco de Ocampo en el siglo XVII y en otra intervención llevada a cabo en el siglo XVIII. La iconografía del retablo se basa en curiosas historias apócrifas alusivas a la vida de Santa Ana. En el banco aparecen relieves con los Evangelistas y ángeles pasionarios. En el primer cuerpo junto a tallas de San Pedro y San Pablo y un relieve de la Santa Faz, se disponen las escenas pictóricas de San Joaquín abandonando su casa por estéril y el Anuncio milagroso al santo. En el segundo cuerpo hay tallas de Santiago y de Judas Tadeo que enmarcan las escenas del Abrazo ante la Puerta Dorada, el Nacimiento y Presentación de la Virgen y la Educación de la Virgen por los ángeles. En el tercer cuerpo se representa el Nacimiento de Cristo, la Visitación, San Jorge, el Nacimiento de San Juan y los Desposorios de María y José. La complicación llega en el ático donde se representa a María Salomé y a María Cleofás con sus hijos, serían las otras hijas de Santa Ana, que, según los Apócrifos, casó con Joaquín, con Cleofás y con Salomé. La Asunción de la Virgen es la escena que corona este último registro (Manuel Jesús Roldán, Iglesias de Sevilla. Almuzara, 2010).
     El Retablo [Mayor] destaca fundamentalmente por la calidad de las pinturas, constituyendo uno de los mejores exponentes del renacimiento español. Pedro de Campaña, por entonces uno de los mejores pintores de la ciudad, debió ejecutar las tablas entre 1550 y 1556, con un mayor acento expresivo de la pintura italiana, del clasicismo en sus composiciones, dejando atrás el riguroso expresionismo nórdico que había caracterizado sus primeros años en la ciudad. Campaña fue un excelente pintor, reconocido por sus compañeros, así como también fue reconocido por su erudición y conocimiento. Francisco Pacheco cita a Campaña en varias ocasiones en su Arte de la Pintura para alabarlo como un pintor "docto", a la altura de Vasari, Durero, "que puede competir en las letras y erudición con todos los antiguos, León Batista Alberto, Maese Pedro, y nuestro Luis de Vargas". No en balde el regreso de Luis de Vargas, después de sus dos viajes a Italia y de su contacto en Roma con los seguidores del círculo de Rafael, reforzaría un mayor gusto hacia formas clasicistas en los nuevos contratos que se realizan por una clientela que abandera este cambio en los grandes contratos por ejemplo en la Catedral, as como también en los propios maestros sevillanos que reorientan su producción, incluido Campaña, al que no debió resultarle lejano por cuanto había conocido de primera mano este canon artístico en sus años italianos.
     La variedad de los temas descritos en el retablo permite a Campaña recrear un amplio repertorio de recursos técnicos que acreditan su excepcional calidad como pintor, haciendo gala de un manierismo romanista que exhibe en un dibujo sólido, en el canon alargado de sus figuras y en la indumentaria de los personajes donde se centra en los pegados de tipo clasicista. Campaña emplea unos contrastados juegos de luces y sombras para reforzar la expresividad física y emocional de los distintos pasajes que describe. También suele valerse del recurso de ir graduando los elementos arquitectónicos y personajes en distintos planos de profundidad para obtener la sensación de una profunda perspectiva, así como la disposición de atrevidos escorzos en numerosas figuras. Son habituales los detalle naturalistas en muchas de las pinturas, apareciendo en ellas actividades hogareñas. Para reforzar esta idea, Campaña incluye una descripción atenta y minuciosa de muebles, ajuares y animales vinculados a la actividad doméstica.
    Pedro de Campaña ejecutó quine tablas formando un conjunto único y excepcional en la pintura sevillana del renacimiento. Las obas se caracterizan por la madurez del artista que las ejecutó con gran seguridad, caracterizada por la soltura del trazo y por una acuciada transparencia en la pincelada que permiten sobresalir al vivo cromatismo que el maestro flamenco empleó en ellas.
     El artista desarrolló un programa iconográfico que narra la vida de San Joaquín y Santa Ana, la vida de la Virgen y la genealogía de Jesús a través de quince pinturas sobre tabla. El retablo lo presiden las esculturas de Santa Ana, la Virgen y el Niño Jesús, titulares de la parroquia, y una pintura dedicada a San Jorge, que se justifica su presencia por ser el antiguo patrón de la primera iglesia de Triana que estaba ubicada en el castillo de San Jorge. El programa iconográfico está basado en varios textos sagrados extraídos del protoevangelio de Santiago, el Pseudo Mateo y los apócrifos de la Natividad que narraban de manera hagiográfica algunos episodios de la vida de la Virgen María. De estos derivan muchas creencias tradicionales sobre la Virgen como el nombre de sus padres, Ana y Joaquín. Las pinturas destacan por su calidad pictórica, pero también por su ortodoxia de su representación iconográfica. En este sentido, Francisco Pacheco, teórico y pintor, alaba en su Arte de la Pintura, la correctísima manera en la que maese Pedro, a quien denomina "insigne artífice", pues era considerado como "uno de los más cuidadosos artífices en la parte del decoro". En este sentido, y refiriéndonos a la obra ejecutada en este retablo, Pacheco alabó la mera en la que Campaña había representado la escena del abrazo de San Joaquín y Santa Ana. Los santos son pintados como venerables ancianos, algo mayor San Joaquín , como de sesenta y ocho años, y Santa Ana de algo menor edad, como dictaba la tradición y que el propio Pacheco expresaba con estas palabras: "ya muerta la sangre y frío el calos natural". 
     La Coronación de la Virgen en el templo se dispone en la quinta calle del segundo cuerpo. En La Leyenda Dorada, Santiago de la Vorágine recoge a mediados del siglo XIII numerosos textos apócrifos que tratan sobre la vida de la Virgen, como El Liber de Infantia Salvatoris y el Libro de la Natividad de María. La tradición señala que la Virgen vivió en el templo hasta su boda, con las doncellas, sus compañeras y con ángeles que la servían. Al terminar su formación en el templo, la Virgen es coronada por los ángeles. La Virgen aparece en un interior donde se puede apreciar el fondo de la escena el Arca de la Alianza y el candelabro de siete brazos. La joven María está en el centro de la composición, sentada en un escabel y rodeada de seis ángeles que la coronan con una guirnalda de flores sobre su cabeza (Luis Méndez Rodríguez, La colección pictórica de la Parroquia de Santa Ana, en Santa Ana de Triana: Aparato histórico-artístico. Real Parroquia de Santa Ana de Triana. Sevilla, 2016).
     Según las leyendas populares de las que el arte se inspira, la Virgen vivió en el templo hasta su boda, con las doncellas, sus compañeras y los ángeles sus fieles servidores. Esta escena se ha representado en la iconografía cristiana en escasas ocasiones. La coronación de la Virgen en el templo por los ángeles se desarrolla al terminar su ciclo formativo, cuando terminó su educación al servicio de Dios.
     Es una obra de Pedro de Campaña, de 1557-63, en óleo sobre madera, con unas medidas de 1,56 x 1,13 mts. Se muestra a la Virgen convertida en una joven adolescente sentada en un escabel en el centro de la composición vestida con túnica color jacinto y manto azul, rodeada de seis ángeles que le colocan una corona de flores sobre su cabeza. En el fondo de la composición se puede apreciar el Arca de la Alianza sobre un altar con mantel blanco y más al fondo el candelabro de siete brazos.
     Se trata de una tabla de formato rectangular, dispuesta en posición vertical. Es una representación de un episodio de la Vida de la Virgen de curiosa iconografía. La Coronación de la Virgen en el templo por parte de unos ángeles es una  escena que debe ser entendida como una consagración divina de las virtudes que María demostraba ya desde temprana edad. 
     La escena ha sido representada en el interior del templo, del que se aprecia, al fondo y a la izquierda, una serie de columnas de capitel jónico y fuste entorchado, captadas en perspectiva. La composición se encuentra centrada por la figura de la Virgen, quien aparece arrodillada con las manos cruzadas ante el pecho en devota actitud. Vestida con túnica rosa y manto azul, lleva la cabeza cubierta por un velo. Se encuentra rodeada por cinco ángeles -dos a la izquierda y tres a la derecha- que reflejan, en sus rostros y gestos, la intensidad del momento vivido. Todas las figuras se encuentran encerradas dentro de una clara estructura compositiva de tipo piramidal. Los dos ángeles que respaldan a la Virgen portan en sus manos sendas palmas y una corona de flores que sitúan sobre la cabeza de ella. Tras las figuras se dispone, a la derecha, una mesa de altar cubierta por un baldaquino rojo, mientras a la izquierda se aprecia el Arca de la Alianza y el Candelabro de los siete brazos.
     En esta pintura pueden apreciarse, resumidas, las principales características del estilo desarrollado por el pintor de origen flamenco Pedro de Campaña. Así, se advierte la influencia ejercida por la pintura renacentista italiana, especialmente la de Rafael, tanto en el preciso dibujo, como en la corporeidad y tipos físicos de los personajes. Igualmente, se refleja la formación flamenca del pintor en la intensa expresividad, tanto física como emocional, que transmiten los personajes. En esta pintura pueden apreciarse, igualmente, algunas de las principales preocupaciones mostradas por Campaña en las pinturas del retablo de Santa Ana. En primer lugar, la búsqueda de contrastados efectos de luces y sombras, a través del potente foco de luz que penetra en la escena desde la izquierda. En segundo lugar, el interés por captar elementos arquitectónicos en perspectiva que permitan al pintor la creación de un grandioso escenario.
     Gracias al hallazgo de documentación notarial se conoce que el Provisor del Arzobispado sevillano encargó la arquitectura de este retablo al entallador Nufro de Ortega en 1542. El 28 de julio del citado año Nufro de Ortega subarrendó la mitad de las obras, a excepción de la talla, a Nicolás Jurate. En 1557 concertaron la pintura y dorado del retablo los pintores Pedro de Campaña, Andrés Ramírez, Andrés Morín, Antón Pérez, Antón Sánchez y Pedro Jiménez. El 30 de diciembre de 1564 todos estos pintores ratificaron la obligación contraída, a excepción del fallecido Antón Sánchez -quien fue sustituido por su yerno, el pintor Blas Hernández- y Pedro de Campaña, quien regresó a Bruselas en 1562. 
     Esta obra se sometió en 2010 a un estudio e intervención en el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH).
     El deterioro más acusado era la acumulación de polvo, depósitos superficiales y hollín. El oscurecimiento se acentuaba con la oxidación de los barnices. Sobre el soporte pictórico las variaciones higrotérmicas habían ocasionado daños como consecuencia de los cambios de volumen por efecto de la dilatación y contracción. Destacaban los problemas de adhesión de estratos con peligro de desprendimiento. Las pérdidas del color original más abundantes se localizaban en el perímetro. Las pérdidas de pintura en algunas de las tablas abarcaban grandes extensiones, aunque afortunadamente no afectaba a las zonas más importantes de la representación pictórica. Uno de los agentes de deterioro más perjudiciales era el ataque de insectos xilófagos que afectaba principalmente a las uniones de los paneles. Se observaba una pequeña curvatura en algunos de los paneles: es una deformación natural por el tipo de corte de los paneles, inapreciable y sin consecuencias negativas para su conservación. En determinados casos, el deterioro y envejecimiento de los componentes pictóricos ha estado directamente relacionado con el momento de ejecución de las pinturas. Durante la construcción de los soportes, se interviene sobre daños que presentan las maderas. El propio artista o su taller realizó tareas de saneamiento, resanes, etc. A través del estudio radiográfico se constató que algunas fendas ya existían desde el origen de la construcción del soporte. Para subsanar el deterioro estas grietas se habían cubierto por el anverso con un enlenzado local. Por la cara posterior dichas grietas se repararon con aplicación de aparejo y estopa. Las intervenciones anteriores habían sido contraproducentes y provocaron un desequilibrio cromático al añadir un conjunto de estratos no originales compuestos por barnices, estucos y repintes que ocultaban la superficie original.
     Tras el desmontaje de las pinturas, se procedió a su embalaje y traslado a las dependencias del IAPH para su restauración. En los talleres se efectuó una desinsectación por atmósfera controlada. Una vez realizada la adhesión y cohesión entre los diferentes estratos, se efectuó la retirada de barnices oxidados, depósitos residuales, manchas de cera, hollín, polvo y cualquier sedimento adherido al original, así como repintes, retoques y estucados de mala ejecución. La prevención, conservación y restauración de los soportes fueron imprescindibles para garantizar la conservación del retablo y su estabilidad estructural. Por otro lado, el alto porcentaje de perdidas obstaculizaban la lectura iconográfica de las mismas. Con el estucado de estas pérdidas y su reintegración cromática se consiguió restablecer la visión del conjunto. El criterio elegido fue el de la reintegración mediante técnica de rigatino, discernible del original. La actuación sobre las tablas finalizó con la aplicación de un barniz de protección (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).     
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Coronación de la Virgen;
La Coronación de la Virgen
   Este motivo tan popular del arte cristiano es, al contrario de lo que podría creerse, completamente extraño a las Escrituras. Su fuente es un relato apócrifo atribuido a Méliton, obispo de Sardes, que fue popularizado en el siglo VI por Gregorio de Tours, y en el siglo XII por Santiago de Vorágine en la Leyenda Dorada.
   Antes de estudiar el origen y la evolución de este tema iconográfico, no resultará superfluo prevenir una confusión cometida con frecuencia, entre la Coronación y la Glorificación de la Virgen.
   En un mosaico bizantino del siglo VI, que se encuentra en la basílica de Parenzo en Istria, se ve la Mano de Dios sosteniendo una corona encima de la cabeza de la Virgen, que reina con el Niño Jesús sobre las rodillas. Por otra parte, un cuadro muy conocido del Museo de Colonia, pintado hacia 1460 por un maestro anónimo, llamado Maestro de la Glorificación de la Virgen (Meister der Verherrlichung Maria), presenta a la Virgen sentada sobre un trono, coronada por dos ángeles, entre Dios Padre y la paloma del Espíritu Santo, mientras que encima de ella, aparece Cristo simbolizado por el Cordero que vierte su sangre en un cáliz.
   A pesar de las apariencias, estas representaciones no forman parte de la iconografía de la Coronación; porque la Virgen tiene al Niño Jesús sobre las rodillas, lo cual nunca hace en la escena de la Coronación, donde Cristo, que es quien la entroniza en el cielo, siempre está representado adulto.
Origen francés del tema de la Coronación
   Este punto merecía ser esclarecido, puesto que es justamente el mosaico de Parenzo lo que ciertos iconógrafos alegaron como prueba del origen bizantino de la Coronación. No comprendieron que se trataba de una glorificación simbólica, intemporal, de la Madre de Dios, representada como Virgen de Majestad, y no de la escena de la Coronación, que es un acontecimiento de la vida celestial de la Virgen, que sigue inmediatamente a su Asunción.
   En realidad, si la Dormición lleva la marca de Bizancio, y la Asunción la impron­ta italiana, la Coronación de la Virgen parece una creación del arte francés del siglo XII, y tal vez, más precisamente, una creación de Suger, como lo conjeturara Émile Mâle. Sea como fuere, este es un motivo propio del arte de Occidente que no debe nada a los modelos bizantinos: se trata de un caso bastante excepcional, que por ello merece señalarse. Y sin ninguna duda fue en la escultura francesa de la Edad Media, en los tímpanos de Senlis y de Notre Dame de París, más tarde en la puerta del castillo de La Ferté Milon, donde alcanzó su completo desarrollo.
   El simbolismo prefigurativo asocia la Coronación de la Virgen con dos prefiguraciones del Antiguo Testamento:
1. Betsabé invitada por su hijo Salomón a sentarse sobre un trono a su derecha.
2. Ester elevada a la dignidad de reina por Asuero.
   Pero la mujer coronada de estrellas del Apocalipsis también ha servido de prototipo de la reina de los cielos.
Evolución del tema
   La muy interesante evolución de este tema iconográfico puede resumirse o esquematizarse de la siguiente manera:
l. La Virgen, ya coronada, está sentada a la derecha de Cristo que la bendice. 
   Es la fórmula empleada en el arte del siglo XII (Senlis).
2. La Virgen es coronada por un ángel.
   El ejemplo más conocido de este segundo tipo adoptado en el primer tercio del siglo XIII, es el tímpano de Notre Dame de París.
3. La Virgen es coronada por Cristo.
   Aquí es necesario diferenciar tres variantes. En los siglos XIII y XIV, la Virgen está sentada (Reims); a principios del siglo XV está arrodillada ante su Hijo (La Ferté Milon). Por una singularidad iconográfica única en la escultura de la Edad Media, está representada de pie en el tímpano de la portada pintada de la catedral de Lausana.
4. La Virgen es coronada por Dios Padre.
   Esta fórmula se ve especialmente en la pintura italiana del siglo XV (Filippo Lippi, Botticelli).
5. La Virgen es coronada por la Trinidad.
   Este tipo, que aparece en España, Italia y Francia desde principios del siglo XV (Pedro Nicolau, 1410; Antonio Vivarini, 1444; Enguerrand Quarton, 1453), predominó en todo el arte europeo hasta el siglo XVII.
   La Santísima Trinidad está representada mediante tres personas semejantes o diferentes. El Espíritu Santo generalmente tiene forma de paloma.
   A veces Cristo está solo, pero designado como representante de la Santísima Trinidad por las tres coronas que los querubines de alas doradas mantienen encima de su cabeza.
   Así, en cada etapa, asciende la dignidad de la Virgen: en principio es coronada por un ángel, luego por Cristo, por Dios Padre y finalmente por la Santísima Trinidad completa, que se moviliza para admitirla en su seno. Este crescendo iconográfico es una confirmación impresionante del progreso de la mariolatría.
   A los personajes esenciales e indispensables se suman, para destacar aún más la solemnidad de la Coronación, asistentes que forman parte de la corte celestial, ángeles, serafines y querubines, y hasta santos, introducidos a pesar del anacronismo que ello comporta, a causa de su devoción por la Virgen particularmente ardiente. Son, casi siempre, San Bernardo, San Francisco de Asís y San Antonio de Padua. Fra Angelico les agrega los apóstoles y los evangelistas, y, naturalmente, los santos de su orden: Santo Domingo, San Pedro Mártir y Santo Tomás de Aquino.
   La Asunción y la Coronación con frecuencia están superpuestas y hasta fundidas en el mismo retablo o en la misma tela: los dos temas están estrechamente conectados. En el grabado de Durero se confunden en uno solo (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Solemnidad de la Realeza de la Virgen María
     Aunque ya en los congresos marianos de Lyon de 1900, de Friburgo en 1902 y de Einsiedeln de 1906 se había solicitado la instauración de una fiesta de la realeza universal de María como colofón del mes de mayo mariano,  su creación fue paralela a la de Cristo Rey, instaurada por Pío XI Ratti en 1925. En 1933 María Desideri fundó en Roma el movimiento internacional Pro regalitate Mariae con ese fin, y se recogieron innumerables peticiones, entre ellas de obispos y personalidades católicas, que se presentaron en doce volúmenes al Venerable Pío XII Pacelli. Finalmente este papa, tras publicar la Encíclica Ad coeli Reginam del once de octubre de 1954, instituyó la fiesta el uno de noviembre de dicho año, con motivo del I centenario de la definición dogmática de la Inmaculada, para el treinta y uno de mayo, como culminación del Mes de María.  En la reforma del calendario de 1969 fue transferida del treinta y uno de mayo a la Octava de la Asunción. El Papa Pablo VI Montini justifica perfectamente el cambio de fecha: “la solemnidad de la Asunción se prolonga jubilosamente en la celebración de la fiesta de la Realeza de María, que tiene lugar ocho días después, y en la que se contempla a aquélla que sentada junto al Rey de los siglos, resplandece como Reina e intercede como Madre" (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016). 
Conozcamos mejor la Biografía de Pedro de Campaña, autor de la obra reseñada;
     Peter van Kempeneer, Pedro de Campaña. (Bruselas, Bélgica, 1503 – c. 1580). Pintor.
     La presencia de artistas extranjeros en el ámbito de la pintura sevillana del Renacimiento fue un hecho constante y beneficioso en el proceso cultural de dicha ciudad, porque introdujeron en ella novedosas corrientes creativas que elevaron notablemente la calidad de los pintores. Este es el caso de Pedro de Campaña, que llegó a ser el más célebre pintor del siglo XVI en Sevilla, donde trabajó a lo largo de casi treinta años.
     Ninguna noticia se posee sobre el proceso formativo de este pintor, que hubo de acontecer en Bruselas, en el seno de una familia de artistas. La primera referencia documental que de él se conoce data de 1529 cuando, con veintiséis años, se encontraba en Bolonia participando en la realización de uno de los arcos de triunfo levantados en dicha ciudad con motivo de la coronación imperial de Carlos V; posteriormente se sabe que estuvo en Venecia, trabajando al servicio del cardenal Grimani. Desde Italia, Campaña viajó hacia España, estableciéndose en Sevilla poco antes de 1537, pues en dicho año ya consta su presencia en esta ciudad trabajando al servicio de la catedral. En Sevilla desarrolló su actividad ininterrumpidamente hasta 1563, año en que regresó a su patria donde vivió algunos años más hasta el momento de su fallecimiento.
     Pocos datos biográficos se poseen de este pintor y éstos fueron recogidos por Francisco Pacheco en su Libro de los retratos. Pacheco no llegó a conocer personalmente a Campaña, pero hubo de recoger testimonios de personas que le habían tratado en Sevilla y con ellos realizó una descripción de su personalidad que él configura como un hombre de grandes cualidades, señalando que “fue benigno, casto, corregido y que no se halló mentira en su boca aunque fuese burlando; no se le conoció enfermedad mientras vivió pues amó grandemente la abstinencia y templanza, y a esta causa se apartaba de la comunicación particular de sus naturales; fue hombre animoso, valiente y medianamente diestro con las armas; tuvo singular agudeza y donaire en el decir; fue amado y estimado por muchos príncipes”.
     Los conocimientos artísticos de Campaña estuvieron apoyados en una sólida formación humanística, puesto que, aparte de su notable dedicación a la pintura, practicó también la escultura y la arquitectura.
     Poseyó también amplios conocimientos científicos y fue, como buen flamenco, atento observador de la realidad. Su formación se fundamentó en primer lugar en la tradición artística de los Países Bajos y después en una notoria y elevada asimilación de los principios renacentistas que hubo de ver en su estancia italiana; conoció Campaña, sin duda, el fecundo panorama artístico que en Roma protagonizaron los discípulos de Rafael y de Miguel Ángel. Estos vínculos artísticos produjeron en Campaña la configuración de un estilo en el que se advierte una marcada tendencia a distorsionar las formas e igualmente a mostrar intensas manifestaciones anímicas en la expresión de sus personajes. Ambos aspectos contribuyeron a incrementar la emotividad dramática de sus escenas, especialmente cuando describe temas vinculados a la pasión y muerte de Cristo.
     En 1546 aparecen firmados los primeros testimonios pictóricos conocidos dentro de la producción de Pedro de Campaña. El primero de ellos se conserva en la iglesia parroquial de San Isidoro de Sevilla y representa a San Antonio Abad y San Pablo, ambos en su condición de ermitaños. Los dos personajes están captados en primer plano y arrodillados con figuras de carácter monumental, en el momento en que reciben el pan que les trae en su pico un cuervo como señal de que el cielo les protege y ampara en su dedicación a la vida retirada y penitente. Sus expresiones, especialmente la de san Pablo, están revestidas de una gran tensión emocional, recurso bien manejado con frecuencia por Pedro de Campaña. El sentido dramático de la escena se apacigua con la aparición al fondo de un dilatado paisaje que señala una profunda perspectiva.
     Un similar sentido dramático preside la representación de la pintura de Cristo atado a la columna con san Pedro y dos donantes, que se conserva en la iglesia de Santa Catalina de Sevilla. Es obra también firmada y fechada por Pedro de Campaña en 1546 y en ella la figura de Cristo muestra un espléndido estudio anatómico del que emana un intenso sentimiento patético.
     Muy marcada es también la doliente expresión de las figuras que se encuentran ante la presencia de Cristo, resueltas en dos magníficos retratos, masculino y femenino; sobre la cabeza de la mujer aparece una inscripción que la identifica con santa Mónica, posiblemente realizada con posterioridad, al igual que el halo de santidad que figura sobre la cabeza del varón con la intención de sugerir quizás que se trata de san Agustín.
     Dos espléndidas representaciones de El Descendimiento de la Cruz se conservan respectivamente en el Museo de Montpellier y en la catedral de Sevilla, realizadas por Pedro de Campaña. La primera procede de la capilla del jurado Luis Fernández que hubo en la desaparecida iglesia de Santa María de Gracia de Sevilla; esta pintura, realizada hacia 1545-1546, está inspirada en un grabado de Raimondi, aunque Campaña recreó de forma personal su disposición compositiva.
     En la escena destaca la emoción colectiva de los santos varones y de las santas mujeres en el momento en que a Cristo se le baja de la Cruz para depositarlo en brazos de su madre. Un marcado ritmo piramidal vincula a todos los personajes en un ámbito geométrico y organizado, dentro del cual impera un profundo dolor y un intenso patetismo, descrito con una expresividad hasta entonces desconocida en el panorama de la pintura española.
     En el contrato que se formalizó para que Campaña hiciera o pintase en 1547 El Descendimiento de la cruz que, procedente de la iglesia de Santa Cruz, se conserva en la catedral de Sevilla, se recomienda que esta pintura fuese tan buena o mejor que la que años antes había pintado para Luis Fernández, hoy en Montpellier.
     En efecto, el pintor realizó una excepcional versión, de similar orden compositivo y de superior nivel de tensión espiritual y dramatismo.
     Otra de las obras maestras de Pedro de Campaña se conserva actualmente en la catedral de Sevilla, lugar para donde fue pintada. Se trata del conjunto pictórico que se encuentra en el retablo de la capilla de la Purificación, contratado por el artista en 1555 con el mariscal Diego Caballero. Son diez las pinturas que se integran en este retablo y que el artista hubo de realizar en el breve plazo de ocho meses, por lo que forzosamente tuvo que utilizar a un colaborador que fue Antonio de Arfián. Destacan en este conjunto pictórico los retratos que aparecen en el banco, donde efigió a Diego Caballero, a su hermano Alonso y a su hijo en una tabla, y en otra a Leonor de Cabrera, su hermana Mencía y a sus dos hijas; estos retratos muestran una perfecta captación de las características físicas y psicológicas de los personajes que, al mismo tiempo, muestran semblantes serenos y concentrados.
     Con respecto a la tabla que preside el conjunto ha de señalarse que representa a La Purificación, advirtiéndose en ella que Campaña conocía perfectamente el espíritu artístico de Rafael y que por ello pudo acertar a resolver con eficiencia una compleja composición que tiene como protagonista a la Virgen en el momento de entregar al Niño Jesús al sacerdote que le recibe en sus brazos. Muy interesante es el repertorio de figuras femeninas que acompañan a María, en las cuales el artista personificó a las distintas virtudes que adornan a la Virgen como la Caridad, la Templanza, la Fortaleza, la Prudencia, la Fe y la Esperanza. En las calles laterales del retablo figuran representaciones de El apóstol Santiago en Clavijo, La imposición de la casulla a san Ildefonso, Santo Domingo y San Francisco.
     Mal conservado en nuestros días se encuentra el retablo que en 1556 contrató Pedro de Campaña para la catedral de Córdoba, en cuyos dos cuerpos se representan La Anunciación, La Adoración de los Reyes, La batalla de los ángeles, La Virgen en gloria y Los mártires cordobeses, advirtiéndose en algunas de estas tablas la participación excesiva de sus ayudantes.
     De excepcional calidad ha de considerarse el conjunto pictórico compuesto por quince tablas que se integran en el retablo mayor de la iglesia de Santa Ana de Sevilla, obras que Pedro de Campaña realizó en 1557. Estas pinturas narran episodios de la vida de santa Ana, san Joaquín y la Virgen María y en ellas el artista acertó a recrear un amplio repertorio de episodios generalmente respaldados por escenarios arquitectónicos en perspectiva, en los cuales los personajes se integran con una admirable interrelación en sus gestos y actitudes. También en estas escenas se constata la aparición de detalles naturalistas, sobre todo en las que tienen carácter doméstico con inclusión en ellas de muebles, ajuar y animales (Enrique Valdivieso González, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
         Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Coronación de la Virgen en el Templo", de Pedro de Campaña, en el Retablo Mayor, de la Iglesia de Santa Ana, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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lunes, 10 de agosto de 2026

Los principales monumentos (Iglesia de Santa Ana) de la localidad de Valle de Santa Ana, en la provincia de Badajoz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa Ana) de la localidad de Valle de Santa Ana, en la provincia de Badajoz.
     Al igual que Valle de Matamoros, se trata de un pequeño núcleo muy próximo a él, situado sobre una orografía accidentada en las cercanías de Jerez de los Caballeros, del que dependió tradicionalmente como aldea, ocupando asentamientos de gran belleza natural, cubiertos de abundante vegetación en la que abundan los castaños, las zarzas y las huertas.
     Tipo de Entidad: Municipio
     Superficie Término: 3,7 Km2
     Altitud: 505 m.
     Distancia Capital: 71 Km.
     Partido Judicial: Jerez de los Caballeros
     Comarca: Sierra Suroeste
     Gentilicio: Santanero
Ayuntamiento de Valle de Santa Ana
     calle del Coronel Jiménez, 20
     06178 Valle de Santa Ana (Badajoz)
     Teléfono: 924753501
     Fax: 924753738
     Correo-e: ayuntamiento@valledesantaana.es - secretaria@valledesantaana.es
     Web: www.valledesantaana.es
Historia.-
     Hay dos teorías sobre el origen de esta localidad.
     Por un lado, se piensa en un inicial asentamiento alrededor de una vieja ermita dedicada a Santa Ana, motivo por el cual se justifica el topónimo de la población. Y por otro lado, otras opiniones consideran más reciente su creación, allá por los siglos XVII - XVIII, y justifican su aparición con la llegada de algunas familias jerezanas que huían de una epidemia que asolaba su localidad, y que llegados a estas tierras del valle, lo nombraron inicialmente como Valle del Pino.
     Una cita conocida acerca de esta localidad dice: "esta aldea se compone de veinte y tres barrios, tan distantes unos de otros que ni es lugar ni es villa y es más grande que Sevilla"; esto refleja la distribución inicial de la población, repartidos en barrios distantes y separados por olivares, huertos e incluso monte.
     No fue hasta 1860, cuando se establezca como municipio independiente de Jerez de los Caballeros.
     Ocupa un asentamiento de gran belleza natural, cubierto de abundante vegetación en la que abundan los castaños, las zarzas y las huertas. Su principal atractivo reside en la configuración urbanística y el carácter de su arquitectura popular, cuya trama origina perspectivas y rincones del mayor pintoresquismo (Diputación Provincial de Badajoz).

Monumentos.-
     Aunque el atractivo principal del enclave reside en las hermosas panorámicas que ofrece desde las alturas próximas o desde el mismo interior del caserío, posee también esta localidad construcciones dignas de mención como la iglesia parroquial de Santa Ana, de estilo gótico mudéjar, realizada en el s. XVI, de indudable interés, correspondiente al tipo de pequeño templo rural conectable con la arquitectura popular. Se compone de tres naves de acusada espacialidad sobre arcos graníticos, con cabecera triple, capilla mayor cupulada y edículo semejante a una torre fachada exterior.
     Sobre la fachada de una casa situada frente a la parroquia, aparece empotrado en el muro hacia el exterior, en insólita disposición, un intrigante púlpito de mármol construido en el s. XVIII, dentro ya de las tendencias barrocas.
     Igualmente, son destacables tres fuentes: La Fuente de Juan Vázquez -quizá la más antigua de la localidad, y usada antiguamente antes de que en las viviendas hubiese agua corriente-, la Fuente de calle Constitución, y la Fuente de los Salgueros.
     El pozo de la calle Díaz Ponce, está construido en granito y cubierto por una cúpula semiesférica adornada por una imposta de cuarto de circunferencia.
     El Molino de Amadeo, recogía el agua del arroyo que cruza la carretera de Jerez de los Caballeros, proveniente de Los Salgueros, vertiéndola después de usada, al Arroyo de los Molinos. De él, actualmente, sólo se conserva la piedra de la solera y la cubeta de recogido del producto molido, así como restos del muro que conducía el agua hasta el molino -en la parte de atrás-.
     Muy cercana al pueblo se encuentra la Gruta Rubiales -actualmente en fase de estudio expeleológico-, excavada en zona calcárea, de la que se conoce su interior de estalactitas y cámaras subterráneas que cruzan toda la población, y que fue objeto de una de las operaciones "Piraña" (Diputación Provincial de Badajoz).

Iglesia de Santa Ana.-

     Es el edificio más significativo de la localidad, reedificada posiblemente sobre la vieja ermita ya existente bajo esta misma advocación, según cabe apreciar en las diferentes secuencias constructivistas que la edificación posee.
     De estilo gótico mudéjar, realizada en el s. XVI, de indudable interés, correspondiente al tipo de pequeño templo rural conectable con la arquitectura popular. Se compone de tres naves de acusada espacialidad sobre arcos graníticos, con cabecera triple, capilla mayor cupulada y edículo semejante a una torre fachada exterior.
     Consta de tres naves divididas en cuatro tramos. La central, que evidencia resultar la zona más antigua, es de estilo gótico mudéjar (siglo XVI), presentando arcos graníticos. Los arcos que comunican las naves laterales, responden a formas barrocas claramente diferenciadas de las góticas del cuerpo central. (Ayuntamiento de Valle de Santa Ana).

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viernes, 7 de agosto de 2026

Los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, Ermita de Santa Ana, Ermita de los Tres Juanes, y Museo de Ciencias Naturales) de la localidad de Atarfe, en la provincia de Granada

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Granada, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, Ermita de Santa Ana, Ermita de los Tres Juanes, y Museo de Ciencias Naturales) de la localidad de Atarfe, en la provincia de Granada.
     Situado a los pies de la Vega de Granada, Atarfe abarca zonas agrícolas y zonas montañosas. En su término municipal se encuentran los restos de Medina Elvira, la población desarrollada entre los VIII y XI sobre la antigua Iliberis romana, y considerada el germen de la ciudad de Granada.
     La fundación de Elvira se produjo a los pocos años de la entrada de las tropas árabo-bereberes frente al estado ruinoso en el que se encontraba la antigua Iliberis. Esta antigua capital de la región, la Iliberis romana, y la Eliberri visigoda, estaba poblada por mozárabes y judíos, quienes acosados por luchas internas, se vieron obligados a marcharse y fortalecerse en zonas predominantes de la actual Granada, en concreto el barrio del Albaicín y la Alhambra. De ahí que destaque la relación histórica de Medina Elvira con Albaicín, en el que se han encontrado numerosas ruinas y frecuentes inscripciones referentes a Iliberis. De ello, se concluye que la actual Granada sería una continuación de Iliberis. Por tanto la vieja Granada romana y musulmana ya existía en convivencia con Iliberis, que quizá fuera más potente y políticamente más significativa.
     Región: Granada y su entorno
     Código Postal: 18230
     Distancia desde Granada: 12 Km
     Gentilicio: Atarfeño
     Acceder a su website: www.atarfe.es (Diputación Provincial de Granada).
     Localizada a los pies de Sierra Elvira, la presencia humana se registra desde el Neolítico hasta la actualidad, como registran los numerosos yacimientos arqueológicos de su término municipal, con pinturas rupestres localizadas en el Tajo del Sereno.
     En sus proximidades se localizan los restos de la ciudad musulmana de Elvira, capital de la Cora del mismo nombre en época califal. Las excavaciones arqueológicas de esta ciudad pueden deparar importantes datos para la comprensión del califato de Córdoba y los orígenes de la propia ciudad de Granada. Del árabe latarf o atarf -puntal-, es probable la procedencia de su nombre. Batallas famosas, como la de la Higueruela en 1431 o la de 1486, en la que resultó muerto el llamado Doncel de Sigüenza, tuvieron lugar en las cercanías de esta población (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Municipio que se localiza en el pie de la vertiente meridional de Sierra Elvira, poniendo en contacto sierra y vega. Atarfe presenta un plano alargado por encontrarse situado sobre el glacis que baja de Sierra Elvira y querer aprovechar las tierras llanas que se extienden en su falda sur; a ello se suma la convergencia de varias vías de comunicación, paralelas a las cuales se ha desarrollado el casco urbano.
     El municipio de Atarfe pertenece a la Demarcación Paisajística de la Vega de Granada-Alhama (Guía Digital del Patrimonio Cultural).
Historia.-
     Esta ciudad fue lugar de asentamiento humano desde el Neolítico. Posteriormente pasaron íberos, romanos y visigodos. Se la conoció como Elvira y fue capital de la Cora (distrito administrativo) de Elvira durante el Califato cordobés. En el siglo XI, la dinastía Zirí trasladó la corte a Granada, con lo que perdió el poder político y se produjo una emigración masiva a la nueva capital. En 1485 los Reyes Católicos arrasaron en parte los restos de esta ciudad sumiéndola en el olvido. Fue a mediados del siglo XIX cuando esta población reaparece al encontrarse en su término municipal numerosos restos romanos y árabes (Diputación Provincial de Granada).

Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación.-

     Erigida en 1501, la iglesia se realiza entre 1617 y 1623, según trazas de Ambrosio de Vico, con Antonio Bermúdez como albañil y dirigiendo la carpintería Cristóbal Calvo. Espacialmente se define con tres naves, las laterales más bajas, y coro a los pies sobre pies derechos y zapatas lobuladas.
     Tiene en la nave principal una armadura de limas bordones, que pierde un faldón en su unión con el arco toral, cuadrales y seis tirantes pareados y uno simple. El almizate se apeinaza en el extremo sobre el coro, y todo el conjunto presenta decoración pintada en azul, rojo y oro. El crucero se cubre con una armadura cuadrada de limas simples, con almizate apeinazado, con de­coración de lazo, al igual que los cuadrales do­bles, todo con la misma decoración pintada que la de la nave principal. Los brazos del crucero presentan alfarjes inclinados de un solo orden de vigas, siguiendo la línea del tejado. La capi­lla mayor se cubre con una bóveda de yesería de medio cañón. En ella se ubica el tabernáculo decimonónico de piedra jaspeada.
     El conjunto presenta tres portadas simples, la  de los pies, con arco de medio punto y una hornacina, esquema muy similar al de las laterales, con las que se amplía en el siglo XVII, estando  realizado todo el edificio con ladrillo y cajones de mampostería (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Encarnación, de Atarfe, se levantó sobre los restos de una mezquita árabe, la mezquita del Xini, como atestigua el "Libro de Hábices" en 1501.
     La iglesia se construye entre 1617 y 1623 con trazas de Ambrosio Vico, trabajando en ella Antonio Bermúdez como albañil y Cristóbal Calvo como carpintero. 
     El tempo actual es de estilo mudéjar de planta rectangular con tres naves desiguales y un total de siete altares, presentando la nave central un rico artesonado mudéjar del siglo XVII. Durante el siglo XVIII sufrió una ampliación en la que se le adosaron dos naves laterales. 
     Destaca el altar mayor por su tabernáculo de piedra jaspeada, que data de 1818. 
     La torre es de tres cuerpos y en el último se encuentra el campanario. 
     Entre los retablos existentes, se conserva íntegro el de la Virgen del Rosario del siglo XVIII. También es destacable el del Sagrario que se encuentra en el altar del Corazón de Jesús, de estilo barroco. 
     Otras de las joyas artísticas de la iglesia de Atarfe son sus relieves, esculturas e imaginería y las pinturas de caballete denominadas "serie apostolado", conformada por 12 cuadros de la escuela barroca granadina (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Principal referente en el patrimonio de Atarfe es este templo que se levantó sobre el solar que ocupaba la mezquita de Xini, según atestigua el ‘Libro de Hábices’. Se trata de una iglesia de planta rectangular, de tres naves desiguales y un total de siete altares. Destaca el altar mayor por su tabernáculo de piedra jaspeada, que data de 1818. La torre es de tres cuerpos y en el último se encuentra el campanario. El artesonado de estilo mudéjar se confeccionó a mediados del siglo XVII. Entre los retablos existentes, se conserva íntegro el de la Virgen del Rosario del siglo XVIII. También es destacable el Sagrario que se encuentra en el altar del Corazón de Jesús, de estilo barroco. Otras de las joyas artísticas de la iglesia de Atarfe son sus relieves, esculturas e imaginería y las pinturas de caballete denominadas ‘serie apostolado’, conformada por 12 cuadros de la escuela barroca granadina (Diputación Provincial de Granada).

Ermita de Santa Ana.-
     Templo de una sola nave, que cuenta con un magnífico retablo y tallas de gran valor, del siglo XVIII, además de estar cubierta con una arma­ dura de limas moamares del siglo XVII (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     La Ermita de Santa Ana se encuentra enclavada en una pequeña colina al noroeste del antiguo casco urbano. Fue construida sobre el convento de la orden de San Pablo de la Cruz, en el lugar donde se ubicó el antiguo cementerio. 
     Tiene una única nave cubierta con armadura de limas del siglo XVII. Posee un bello retablo con valiosas tallas del siglo XVIII.  
     Tras su remodelación, hoy se dedica al culto a la Patrona Santa Ana.
     En la noche del 26 de julio se celebra la procesión de la Patrona de Atarfe, Santa Ana. 
     Como es tradicional sale del templo parroquial de la Encarnación a las 21 horas para llegar a su ermita a media noche.
     En todo este recorrido es portada a hombros por integrantes de su Hermandad y está acompañada por autoridades religiosas y militares, mujeres y niñas con mantilla junto con la Banda Sinfónica Municipal (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Más modesta en su arquitectura que la iglesia parroquial, pero no con menos tradición religiosa, es la ermita de Santa Ana. Enclavada en una pequeña colina al noroeste del antiguo casco urbano. Fue construida sobre el convento de la orden de San Pablo de la Cruz y en el lugar donde se ubicó el antiguo cementerio. Tras su remodelación, hoy se dedica al culto a la Patrona Santa Ana (Diputación Provincial de Granada).

Ermita de los Tres Juanes.-

     Se trata del edificio más popular del patrimonio local de carácter religioso. Está situada sobre el Cerro del Castillejo, dentro de Sierra Elvira. La ermita de los Tres Juanes fue levantada en 1941 y debe su nombre a la intención de dedicarla a San Juan Evangelista, San Juan Bautista y San Juan de Dios, aunque nunca tuvo el uso religioso que le confirió su promotor. Ha sido restaurada durante la década de 1990 y se ha habilitado como centro socio-cultural. Alberga en su interior un museo de Ciencias Naturales. Además se ha convertido en símbolo para los habitantes del lugar al formar parte de la heráldica del municipio (Diputación Provincial de Granada).

Museo de Ciencias Naturales.-
     Los contenidos del museo son los siguientes: colección de minerales, piedras preciosas y piedras ornamentales; rocas, fósiles, moluscos marinos, lepidópteros así como una exposición fotográfica de la fauna autóctona. El museo está instalado en la ermita de los Tres Juanes, dentro del Parque de la Naturaleza Sierra Elvira, junto a un jardín botánico y a un parque ornitológico en el Cerro del Castillejo. Además de las salas de exposiciones, el museo cuenta con una sala de audiovisuales y tienda (Diputación Provincial de Granada).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Granada, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, Ermita de Santa Ana, Ermita de los Tres Juanes, y Museo de Ciencias Naturales) de la localidad de Atarfe, en la provincia de Granada. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia granadina.

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domingo, 26 de julio de 2026

El sitio arqueológico Hacienda de Piñera, o de Santa Ana de los Ángeles, en Alcalá de Guadaira (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Hacienda de Piñera, o de Santa Ana de los Ángeles, en Alcalá de Guadaira (Sevilla).
     Hoy, 26 de julio, Memoria de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, cuyos nombres se conservaron gracias a la tradición de los cristianos [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y qué mejor día que hoy, para ExplicArte el sitio arqueológico Hacienda de Piñera, o de Santa Ana de los Ángeles, en Alcalá de Guadaira (Sevilla).
     El yacimiento ocupa un promontorio y una loma junto al río Guadaíra, estando atravesado por un pequeño regajo o manantial. La zona está cubierta por un pastizal, destinada principalmente a la cría de ganado bravo, aunque existe una pequeña cuña de olivar al Oeste de la arroyada. 
     En superficie se pueden observar una amplia gama de materiales de construcción romanos, muchos de los cuales han sido arrojados al barranco del río. Hay sillares y piedra alcoriza para mampostería y cimiento, grandes trozos de opus signinum, fragmentos de mármol, tégulas, ímbrices y ladrillos de varios tamaños.
     Se han recogido también T.S. Sudgálica, Formas Drag. 15/17 y 24/25, 27 y marmorata Drag. 24/25, T.S. Hispánica Formas Drag. 15/17 y 27. T.S. Clara A Formas Hayes 9B y 181. T. S. Clara C, T.S. Clara D Formas Hayes 58, 59, 67, 68, 91 A y palmeta estilo A. Lucerna de Volutas. Cerámica Común Formas Vegas 1, 1A, 7, 14A, 15, 17 y 49. Monedas de bronce de Teodosio. Fragmento de inscripción funeraria en mármol y letra capital. Vidrio, aguja de hueso, clavos de hierro, huesos, conchas y piedra de molino de aceite.
     Se trata de una aglomeración rural romana en torno al río Guadaira con una larga vida que se inicia a principios del siglo I d.C. Parece que adquirió importancia durante el Bajo Imperio y desapareció a principios del siglo VI d.C.
     En la cima del promontorio y su ladera Oeste se localizaron fragmentos de cerámica turdetana (bordes de urnas) y sobre todo islámica (asas estriadas, bordes de grandes lebrillos y galbos de jarritas con decoración acanalada) (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).     
Conozcamos mejor el Ciclo de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios;
EL CICLO DE ANA Y JOAQUÍN
Las fuentes apócrifas

   Los Evangelios canónicos no nos dicen nada del nacimiento ni de los años de infancia y juventud de la Virgen María con anterioridad a la Anunciación, que es lo único que que les interesa. Ni siquiera registran el nombre de sus padres.
   Para satisfacer la curiosidad de los fieles, esas lagunas de la crónica oficial han sido colmadas por los Evangelios apócrifos. Los mejor informados acerca del tema son:
1. El Protoevangelio de Santiago.
2. El Evangelio del Seudo Mateo (Liber de ortu beatae Mariae Virginis et infantia Salvatoris).
3. El Evangelio de la Natividad de la Virgen.
   Estos relatos fueron popularizados en el siglo XIII por Vincent de Beauvais, en su Speculum  Historiae y por el arzobispo hagiógrafo Santiago de Vorágine en la Legenda aurea (Leyenda Dorada). Pero los que se refieren a los padres de la Virgen inspiraron a los artistas occidentales hacia las postrimerías  de la Edad Media, gracias al culto tardío de santa Ana.
La formación de la leyenda
   La piadosa novela de los Evangelios apócrifos puede resumirse así: Después de veinte años de matrimonio con Ana, Joaquín seguía sin descendencia. Ahora bien, la esterilidad entre los judíos se consideraba una maldición divina. Además, el sumo sacerdote se negó a aceptar la ofrenda que Joaquín quería dedicar al templo. Desesperado por esa afrenta, éste se retiró en soledad, junto  a sus pastores.
   Pero enseguida el arcángel Gabriel se le apareció, al igual que a su mujer que estaba sola en Jerusalén, para predecir a ambos el nacimiento de un niño.
   Los viejos esposos se encontraron en la Puerta Dorada y se abrazaron llenos de alegría: del beso que se dieron nacería la Virgen Inmaculada, madre del Redentor.
   La falta de historicidad de esta fábula se anuncia en numerosos indicios.
   En principio, los nombres Ana y Joaquín no designan, como ya lo observara Lenain de Tillemont en el siglo XVII, a personajes reales, se trata de denominaciones simbólicas: Ana significa Gracia en hebreo, y Joaquín, Preparación del Señor.
   Por otra parte, todos los elementos de esta historia de los Evangelios apócrifos fueron tomados del Antiguo Testamento. La leyenda de Ana no es más que una ampliación de la historia de su homónima Hanna, madre de Samuel, de los dos primeros capítulos del Libro de los Reyes. El tema de los viejos esposos que después de largos años de matrimonio estéril son gratificados con un niño por la gracia divina, reaparece muchas veces en la Biblia que a su vez lo ha tomado de la leyenda universal. Es la historia de Abraham y de Sara, padres tardíos de Isaac, de Manuc, padre de Sansón, de Zacarías e Isabel, padres de Juan Bautista. Los Evangelios apócrifos se limitaron a copiarlo aplicándolo a los padres simbólicos de la Virgen.
Iconografía

   En las representaciones de la leyenda pueden distinguirse los ciclos y los episodios aislados.
   1. La ofrenda de San Joaquín rechazada
   Protoevangelio de Santiago. El sumo sacerdote dijo a Joaquín: «No te está permitido ser el primero en depositar tus ofrendas, porque no has engendrado en Israel.»
   La ofrenda rechazada de Joaquín es, ya un cordero, ya una suma de dinero. A veces, el donante estéril es brutalmente expulsado por el sumo sacerdote que lo hace rodar por los peldaños de la escalera. Pero casi siempre se retira con una tristeza llena de dignidad, seguido por su criado que lleva el cordero.
   2. Joaquín entre los pastores
   3. Anunciación a San Joaquín

   Un ángel le anuncia que su mujer parirá una hija de la cual nacerá el Mesías. 
    Esta escena corre el riesgo de ser confundida con la Anunciación a los Pastores. Pero Joaquín está solo con su rebaño y se arrodilla frente al ángel que se le aparece.
   A causa de un error la Zarza ardiendo de Nicolas Froment ha sido interpretada como la Anunciación a Joaquín. En realidad se trata de Moisés, como lo prueba, la inscripción.
   4. Anunciación a Santa Ana
   Abandonada por su esposo, Ana entristece en su jardín donde está con su criada Judit. Envidia la fecundidad de una pareja de pájaros que ve en las ramas de un laurel y pide angustiosamente a Dios que le conceda un hijo como a Sara, la vieja esposa estéril del patriarca Abraham.
   Un ángel se le aparece súbitamente y le anuncia que el Señor satisfará su ruego: parirá una hija que se llamará María. Ana promete consagrarla a Dios.
   De acuerdo con otra versión, una paloma habría besado los labios de Ana y por ese beso del Espíritu Santo habría sido concebida la Santa Virgen. En el arte copto, la historia de Ana y de la paloma se confunde con la leyenda pagana de Leda y el cisne.
   La Anunciación a Ana no puede confundirse con la Anunciación a María, porque la primera ocurre al aire libre, bajo un laurel.
   5. El encuentro en la puerta dorada
   Los dos viejos esposos, avisados separadamente, se encuentran en la Puerta Dorada de Jerusalén y se abrazan tiernamente, «de mutua visione et de prole promissa laetati», dice la Leyenda Dorada.
   Esta escena es, con gran ventaja, la más popular del ciclo de Ana y de Joaquín, porque en la Edad Media se veía en ella no sólo el preludio del Nacimiento de la Virgen, sino, además, el símbolo de la Inmaculada Concepción. Los teólogos enseñaban que la Virgen «Concebida por un beso sin semen de hombre (ex osculo concepta, sine semine viri)» había nacido por ese beso compartido frente a la Puerta Dorada, asimilada a la Puerta cerrada de la visión de Ezequiel.
   Así interpretado, el Encuentro en la Puerta Dorada, coincidente con la concepción de la Virgen, aparece como la redención del Pecado original, la reparación de la falta de Eva. Este episodio adquiere por ello una importancia capital en el misterio de la Salvación.
   Por ello, el Encuentro de Ana y Joaquín en la Puerta Dorada frecuentemente se asocia con la Natividad de la Virgen, porque la concepción señala el principio del proceso que conduce al nacimiento o Natividad de la Virgen. Por eso en un fresco de Ghirlandaio en S. Maria Novella, se ve a los dos esposos abrazarse en lo alto de una escalera que desciende a la habitación de la parturienta donde santa Ana acaba de parir a la Virgen.
   La Puerta Dorada tiene en sí misma un significado simbólico. Según una Biblia en verso del siglo XIV, es el emblema de la Puerta del Paraíso.
          Cette porte qui fut dorée, 
          Sur les autres plus honorée, 
          Signifiait, si com je cuide,
          Que la filie qu 'engendreraient 
          Et que Marie nomeraient 
          Serait porte de Paradis
   (Esta puerta que fue dorada / Es de todas la más honrada / Significaba, como creo / Que la hija que engendrarían / Y que María llamarían / Sería la puerta del Paraíso.)
Iconografía
   El arte de la Edad media representa el Encuentro de Ana y Joaquín de acuerdo con el modelo de la Visitación de la Virgen. Como María y su prima Isabel, lo dos viejos esposos se arrojan cada uno en brazos del otro y se felicitan mutuamente por el feliz acontecimiento anunciado por el ángel Gabriel. A veces Ana cae de rodillas frente a Joaquín, como Isabel frente a María.
   En el dintel de la portada Santa Ana de Notre Dame de París, Joaquín llega a caballo a la Puerta Dorada de Jerusalén, que se asemeja a la puerta fortificada de una ciudad medieval. Se ha creído reconocer allí, erróneamente, a san José a quien jamás se ha representado a caballo. Ese rasgo vuelve a encontrarse en una miniatura alemana del siglo XII que ilustra la Vida de la Virgen de Wernher (Biblia de Berlín): en vez de abrazar a Ana, Joaquín se echa a sus pies.
   Un rasgo común es la presencia de un ángel alado que conduce a Joaquín hacia Ana, o bien planea por encima de los dos esposos a quienes convocó por separado, quienes acercan sus labios para el beso procreador. Ese detalle se encuentra en Italia, en Giottino, Nardo di Cione, y en Vivarini, y también en un cuadro de la Escuela provenzal del siglo XV (hacia 1499) del Museo de Carpentras. En la escuela española del siglo XVI este tema aún se trataba con frecuencia.
   Puede observarse que el beso en los labios no está representado casi en ninguna parte más, en el arte de la Edad Media; ni siquiera en el arte profano de los marfiles. Así, por ejemplo, en las valvas de espejos y cofrecillos, la ternura de los esposos se expresa más discretamente, mediante una caricia en el mentón o la coronación del amante. En el siglo XVI el beso adquirió derecho de ciudadanía en el arte. El beso de los dos viejos esposos, representado desde principios del siglo XIV por Giotto, es una anticipación que se volvió tan común que ya no asombra a nadie, salvo a quienes están familiarizados con la iconografía medieval.
   A partir de la Contrarreforma, la popularidad de este tema se arruinó por la competencia con el nuevo símbolo de la Inmaculada Concepción, evocada por la Virgen de las Letanías descendiendo del cielo.
La ofrenda aceptada
   6. Joaquín y Ana, rehabilitados entregan al sumo sacerdote un cofrecillo

   Esta escena de la Ofrenda aceptada, muy infrecuente, forma pareja con la Ofrenda rechazada. Santa Ana, de rodillas, ofrece al sumo sacerdote un cofrecillo lleno de oro y joyas (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Leyenda, Culto de Iconografía de San Joaquín padre de la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios;
   Esposo de Santa Ana y padre de la Virgen María.
   Es el patrón del León X (Giocchino Pecci) quien elevó su fiesta al doble ri­tual de 11ª clase.
   Su atributo habitual es un cesto con dos palomas, la ofrenda ritual en el templo (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Leyenda, Culto e Iconografía de Santa Ana, madre de la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios;
   Los Evangelios canónicos ni siquiera citan su nombre (en la Biblia sólo se habla de Ana, madre de Samuel y de Ana la profetisa que asiste al viejo Simeón a la Presentación del Niño en el templo). Sólo la mencionan los Apócrifos: el Protoevangelio de Santiago y el Evangelio o Tradiciones de Matías.
CULTO
   El culto de Santa Ana en Occidente ha sido tardío y efímero: se desarrolló a finales de la Edad Media, en relación con la creencia en la Inmaculada Concepción de la Virgen. Entró en decadencia y se extinguió, salvo en Bretaña y en Canadá, a partir del siglo XVI.
   Sus orígenes deben buscarse en Oriente. En Jerusalén se puso bajo la advocación de Santa Ana una iglesia edificada en el presunto lugar del nacimiento de la Virgen. Según Procopio, el emperador Justiniano le habría dedicado otra en Constantinopla, en el siglo IV.
   Pero Occidente la ha ignorado durante mucho tiempo. Ni San Agustín ni San Jerónimo mencionan a Santa Ana. En el siglo XII, Bernardo de Claraval, que tanto contribuyó a la expansión del culto de la Virgen, no habla de su madre.
   El culto de Santa Ana apareció en Occidente en la época de las cruzadas, gracias a las pretendidas reliquias traídas desde Tierra Santa o de Constantinopla. Una de las más célebres era el velo de Santa Ana del cual se enorgullecía la catedral de Apt, en las proximidades de Aviñón, que pretendía poseer el cuerpo de la madre de la Virgen llevado a Provenza por Magdalena y su hermano Lázaro. En verdad se trata, como lo prueban y atestiguan las inscripciones descifradas que se observan en la tela, de un tejido árabe de lino y seda fabricado en Egipto a finales del siglo XI, por encargo de un califa de la dinastía de los fatimitas.
   En Chartres, que después de Apt y antes de Sainte Anne d'Auray fue el principal centro de su culto en Francia, se veneraba la cabeza de Santa Ana traída por el conde Luis de Blois desde Constantinopla en 1204, después de la cuarta cruzada, y que se donó a la catedral de Notre Dame, "con el objeto de que la cabeza de la madre reposara en la casa de la hija".
   Si se creyese en las pretensiones de las diferentes iglesias de la cristiandad, la madre de la Virgen habría tenido tantas cabezas como la hidra de Lerna. Una segunda cabeza de Santa Ana se veneraba en Cluny, una tercera en la abadía de Ourscamp, cerca de Noyon, una cuarta entre los capuchinos de Colonia, una quinta en Düren, Renania, una sexta en Annaberg, Baja Austria.
   A falta de cabeza, se contentaban con los menores huesos, divididos en múltiples fragmentos. El rey Renato donó a la catedral de Angers una costilla de Santa Ana. Sus brazos estaban embutidos en relicarios conservados en Génova y Tréveris; su mano derecha había caído en suerte a la iglesia de Santa Ana en Viena, el pulgar, traído de Rodas, fue donado por el elector de Sajonia Federico el Sabio a la iglesia de Annaberg, en 1493.
   En el siglo XIV, Santa Brígida llevó reliquias de la abuela de Jesús a Suecia, desde Roma y el convento de Vadstena, casa matriz de las órdenes de santa Brígida, se convirtió en el centro escandinavo del culto de Santa Ana.
   La princesa Ana de Lituania fundó en Wilno una iglesia de Santa Ana.
   La devoción a Santa Ana que se desarrolló en esta época es un corolario de la Mariolatría: se basa en la doctrina de la Inmaculada Concepción de la Virgen, sostenida a partir del siglo XIII por la orden de los franciscanos y que, a pesar de la oposición de los dominicos, fue aprobada en 1439 por el concilio de Basilea, y ratificada más tarde, en 1483, por el papa Sixto IV.
   Los carmelitas han tenido un papel igualmente importante en la difusión del culto de Santa Ana.
   El más ardiente propagador de la devoción a Santa Ana a finales del siglo XV fue el humanista alemán Tritemio, es decir, de Trittenheim, cerca de Tréveris, donde naciera en 1462. Cuando se convirtió en abad del monasterio benedictino de Sponheim, publicó en Maguncia, en 1494, un tratado cuyo título es De laudibus sanctissimaes matris Annae tractatus (Tritemio sostiene que Santa Ana es tan inmaculada como su hija: concepit sine originali macula, peperit sine culpa ¿Por qué olvidar a la madre si honramos a la hija? Beatus venter qui Coeli domina portavit). A este libro, al cual se debe el impulso de un culto hasta entonces poco difundido (quasi novum), aludía Lutero cuando en 1523, en uno de sus sermones, declaraba: "Se ha comenzado a hablar de Santa Ana cuando yo era un muchacho de quince años, antes no se sabía nada de ella."
   Desde entonces, las cofradías de Santa Ana se multiplicaron. Un curioso indicio de su popularidad fue que Ana se convirtió, igual que María, en un nombre de pila masculino muy frecuente en el siglo XVI: basta recordar al condestable Ana de Montmorency. El nombre de María Ana, o Mariana, es una combinación del nombre de la Virgen con el de su madre.
   Dos reinas de Francia, Ana de Bretaña "bis regina" y Ana de Austria, favorecieron el culto de su patrona, al igual que la hija de Luis XI, Ana de Beaujeu, que se casó con el duque Pedro de Borbón.
   Después del concilio de Trento esta devoción entró en decadencia, aunque no se extinguió todavía, puesto que la famosa peregrinación de Sainte Anne d'Auray en Bretaña, se remonta al siglo XVII. En 1623 un campesino bretón desenterró en su campo una estatua pagana de la Bona Dea (la comparación entre la Bona Dea del Museo de Rennes y la Santa Ana de la puerta de Saint Malo en Dinan, demuestra que una deriva de la otra) amamantando dos niños que los carmelitas hicieron pasar por una imagen de Santa Ana con la Virgen y el Niño sobre las rodillas. El recuerdo de la buena duquesa Ana, última soberana de la Bretaña independiente, que se casó con Carlos VIII y luego con Luis XII, favoreció el nacimiento de esta devoción, localizada por las romerías populares en La Palud, cerca de Douarnenez, y sobre todo en Sainte Anne d'Auray, en la región de Morbihan. Un conocido refrán dice "Muerto o vivo, a Sainte Anne d'Auray todo bretón debe ir alguna vez".
   Los bretones se llevaron consigo a Canadá el culto de su patrona, en dicho país se organizó la peregrinación de Sainte Anne de Beaupré.
   Puede señalarse una última oleada de esta devoción a principios del siglo XVIII. Santa Ana fue adaptada en 1703 por los habitantes de Innsbruck, en el Tirol, porque la ciudad fue liberada de los bárbaros el día de su fiesta.
Patronazgos
   El número de patronazgos de Santa Ana es la mejor prueba de su popularidad.
   Algunos de estos patronazgos, de escasa justificación a primera vista, necesitan de una explicación.
   Era patrona de los carpinteros, ebanistas, torneros, que quizá veneraban en ella a la suegra de su colega San José, pero es más probable que se la haya considerado el tabernáculo vivo de la Virgen, concebida en su vientre.
   Cabe preguntarse por qué la reclamaban los mineros, y por qué tantos centros mineros de Alemania se bautizaron Annaberg (Mons divae Annae). Fue porque a Santa Ana se había aplicado este versículo del Evangelio de Mateo: "Es semejante al reino de los cielos a un tesoro escondido en un campo...". y al parir a la madre del Redentor, había dado a la humanidad su mayor tesoro, y como los mineros extraían los tesoros ocultos en el vientre de la tierra, se pusieron, al igual que los carpinteros, bajo la protección de Santa Ana.
   Se comprende con menor facilidad por qué se convirtió en la patrona de los caballerizos y palafreneros (la pequeña iglesia de Santa Ana, en Roma, próxima al Vaticano, se llama Santa Anna dei Palafrenieri), toneleros, tejedores, orfebres y fabricantes de escobas.
   En cambio resulta más comprensible que haya recibido el homenaje de las madres de familia preocupadas por la buena crianza de sus hijos ¿Acaso ella no había formado a la más perfecta de las hijas? Se la invocaba para tener niños, por ello Ana de Austria hizo una peregrinación a Sainte Anne d'Apt para tener un príncipe heredero. Se la creía capaz de facilitar los partos laboriosos. Como había enseñado a coser a la Virgen, era la patrona de las costureras, costureras de ropa blanca y encajeras. También es la patrona de los guanteros, porque según la leyenda, tejía guantes.
   Hombres y mujeres se dirigían a ella con tanta confianza como a San José, para obtener la gracia de una buena muerte, porque Santa Ana, en su lecho de agonizante, pudo contar con la asistencia de su nieto Jesús, que habría suavizado su deceso y evitado las angustias de la agonía. De ahí que la capilla funeraria de los ricos banqueros Fugger de Ausburgo estuviese dedicada a Santa Ana.
   En Bretaña se la invocaba para las cosechas de heno, a causa del color verde de su manto.
   El martes le estaba especialmente consagrado porque según la tradición ella habría nacido y muerto ese día.
ICONOGRAFÍA
   Tiene el aspecto de una matrona. Está representada con manto verde porque lleva en su vientre la esperanza del mundo, y el verde es el color de la esperanza.
   Es infrecuente que se la represente sola. Casi siempre suele vérsela asociada con la Virgen María (grupo de Santa Ana enseñando a leer a su hija), con la Virgen María y el Niño (grupo trinitario) e incluso con las tres Marías y toda su parentela (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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