Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

   Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla :     La intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla" , presentado por Ch...

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sábado, 21 de febrero de 2026

El sitio arqueológico Casa del Conde, en Bormujos (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Casa del Conde, en Bormujos (Sevilla).       
     Se localizaron en superficie fragmentos de ladrillos y tegulae romanas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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martes, 27 de enero de 2026

Un paseo por la calle Azafrán

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Azafrán, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     La calle Azafrán es, en el Callejero Sevillano, una calle que se encuentra en el Barrio de Santa Catalina, en el Distrito Casco Antiguo; y va de la confluencia de las calles Santiago, Juan de Mesa, y plaza Ponce de León, a la calle Muro de los Navarros.
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Hay constancia de que recibe esta deno­minación al menos desde finales del s. XVI. No se conoce el origen de su nombre, pero es posible que antiguamente se vendiera allí tan preciada especia. Su condición de vía larga y estrecha, el irregular trazado de su planta y la confluencia con Santiago frente a la iglesia de Santa Catalina, hacen pensar en un primitivo camino que llegaba a la ciudad a la altura de una puerta de la muralla romana, situada junto a Santa Catalina. A ella confluyen, por la acera de los pares, Ave María y Cenicero, y por la de los impares, Arapiles y Salinas. Ya desde el s. XVI se canalizaban por Azafrán las cañerías de desagüe del Corral del Conde, a las que se unían las de las casas próximas; ello ocasionaba malos olores y, como consecuencia, continuas peticiones de limpieza y empedrado, repitiéndose solicitudes y acuerdos municipales en este sentido a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII; finalmente, fue adoquinada entre 1906 y 1911. Actualmente cuenta con pavimento de adoquín en buen estado de conservación, carece de aceras y conserva antiguos guardaejes para proteger las fachadas de la circulación rodada. Pre­dominan las viviendas de tipo tradicional y construcción de dos y tres plantas, en algunos casos muy deterioradas e incluso deshabitadas; también se han producido sustituciones por bloques entre medianeras de cuatro plantas en los dos últimos decenios. Salvo algún comercio de tipo diario, establecido en los bajos de las viviendas, la calle cumple de forma exclusiva funciones de carácter residencial y soporta escaso trá­fico de vehículos, apenas el de los residen­tes que allí aparcan. En conjunto, pues, todas estas características contribuyen a definirla como una calle trasera, impresión que se refuerza porque las parcelas de mayores dimensiones corresponden a las espaldas del Corral del Conde, con entrada principal por Santiago, y a las de un hotel, con fachada a la plaza del Padre Jerónimo de Córdoba [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993]. 
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Azafrán, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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La calle Azafrán, al detalle:
- Corral del Conde

viernes, 25 de julio de 2025

Un paseo por la calle Santiago

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Santiago, de Sevilla, dando un paseo por ella
     Hoy, 25 de julio, Solemnidad del apóstol Santiago, hijo del Zebedeo y hermano de San Juan Evangelista, que con Pedro y Juan fue testigo de la transfiguración y de la agonía del Señor. Decapitado poco antes de la fiesta de Pascua por Herodes Agripa, fue el primero de los apóstoles que recibió la corona del martirio (s. I) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para Explicarte la calle Santiago, de Sevilla, que dando un paseo por ella.
     La calle Santiago es, en el Callejero de Sevilla, una vía que se encuentra en los Barrios de San Bartolomé, y Santa Catalina, del Distrito Casco Antiguo, y va de la confluencia de las calles Juan de Mesa, plaza Ponce de León, y calle Azafrán, a la calle Muro de los Navarros
     La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las edificaciones colindantes entre si. En cambio, en los sectores de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
   Sin interrupción ha venido llamándose Santiago (o Santiago el Viejo) al menos desde 1584, por encontrarse allí la iglesia parroquial de igual advocación, cuya fachada principal abre a la plaza Jesús de la Redención. Todavía a principios del s. XVI (1502) figura innominada como la "calle grande que va de Santiago, a Santa Catalina". Ocasionalmente ha sido denominada Ancha o Ancha de Santiago, y también calle de San Cosme y Damián (1665), calle del Hospital de San Cosme y Damián (1630) o del Hospital de las Bubas (1634, 1713), por el allí existente.
     Es una vía larga y estrecha, de trazado diagonal, que debe seguir un antiguo camino rural que llegaba a la ciudad a la puerta del recinto amurallado romano, a la altura de Santa Catalina. Laffón la describía como "calle aquella no larga, estrecha más bien, más bien que soleada, sombría y macilenta (Sevilla del buen recuerdo). Confluyen a ella, por la acera de los impares, Ave María, y por la de los pares, Cardenal Cervantes, y Lanza. Es presumible que a lo largo de los siglos pasados se haya ido haciendo más compacto el parcelario por la ocupación de algunas callejuelas. Así a principios del s. XVII se acordó empedrar el tramo de Santiago comprendido entre la calleja del Camello y Nuestra Señora de las Ánimas, hoy inexistentes; también en 1748, coincidiendo con la realización de importantes obras en el convento de Nuestra Señora de los Reyes, éste solicitó la incorporación de una callejuela colindante; de igual modo, a principios del XIX un vecino solicitó anexionarse un terreno de la "calleja perdida" que iba de Alhóndiga a Santiago. La calle fue enladrillada y empedrada en 1600, y la operación de empedrado se repite, cuando menos, en varias ocasiones en la primera mitad del XVII; en 1855 se denuncia el pésimo estado de su pavimentación y en 1868 se habla ya de la necesidad de adoquinarla, operación que se realizaría a principios de la presente centuria. Su calzada es de asfalto en el primer tramo, hasta la confluencia de Cardenal Cervantes; posee después un tramo adoquinado, y desde la plaza de Jesús de la Redención está de nuevo asfaltada; cuenta con aceras de losetas de desigual anchura y estado de conservación y se ilumina mediante farolas con brazos de fundición adosados a las fachadas.
     Predominan las viviendas unifamiliares de tres plantas; algunas se encuentran en estado de abandono o muy degradadas (de forma notable en la parte final, a partir de la confluencia con Lanza), mientras que en otros casos se ha procedido a su renovación por bloques de viviendas levantados en las dos últimas décadas. Es de destacar la núm. 39, fechada en 1864, con fachada de ladrillo visto. Pero la calle Santiago ha sido parti­cularmente nombrada por la presencia de algunos edificios de muy distinto significado social y funcional. A comienzos de la calle, y en la acera de los pares, se levantaba el Hospital de San Cosme y San Damián, más conocido por el de las Bubas, que en 1587 vino a ocupar el edificio dejado por el Hos­pital de las Cinco llagas, que se había trasladado a la Macarena; en la reunificación de hospitales de 1836 perdió su funcionalidad y se incorporó al Asilo de Mendicidad de San Fernando como asilo de mujeres, fue demolido junto con éste. Frente a la iglesia de Santiago, y colindantes, se levanta el palacio de Villapanés y el convento de Santa María de los Reyes  El primero fue construido a comienzo del s. XVIII por don Manuel López Pintado, primer marqués de Torreblanca del Aljarafe, que más tarde pasó a los marqueses de Villapanés; consta de dos plantas, rematadas con azotea y un mirador; la portada y el balcón principal se encuentran decorados con molduras mixti1íneas, pero en conjunto destaca la sobriedad de la fachada, que contrasta con el rico trabajo que ofrece el enrejado de las cancelas que del zaguán dan paso al patio central. El convento fue fundado inicialmente a comienzos de la calle en 1611; en 1637 se trasladó al lugar que hoy ocupa, en 1748 fue objeto de una profunda remodelación y estrenó iglesia a mediados del s. XVIII; actualmente ha pasado a depender de la administración autonómica, que lo ha rehabilitado con fines culturales y para exposiciones.
     Pero sin duda el edificio que mayor singularidad ha imprimido a esta calle ha sido el Corral del Conde, casa de vecindad que en algún momento llegó a albergar hasta 4.000 personas, por lo que a principios del siglo pasado era considerado como el de mayores dimensiones de la ciudad. Construido ex-profeso como casa de vecinos, las habitaciones, se disponen en torno a un gran patio en forma de L, con tres plantas. Hay noticias de la existencia de este corral desde el s. XVI, y en 1588 los vecinos de la collación solicitaron el aislamiento del mismo porque de él se había adueñado la peste, muriendo diariamente mucha gente, y se quería evitar que la enfermedad se propagara al resto de la collación y de la ciudad. Los moradores del Corral del Conde, así llamado por ser propiedad del conde de Olivares, pertenecían a las capas mas bajas de la ciudad y animaban la calle con sus continuos festejos y algarabías, que con frecuencia degeneraban en violentos enfrentamientos que daban a sus moradores fama de gente pendenciera y peligrosa. Fue también cuna de tahúres, en palabras de Laffón: "Los pequeños tahúres inocentes procedían unos de familia de 'riñón' bien forrado... Otros, tropa menuda de los corrales de vecindad de la calle Santiago ¡Qué democracia casera la nuestra!" (Sevilla del buen recuerdo). Así lo vio Ford a su paso por Sevilla: "Visitaré también el Corral del Conde, calle Santiago número 14: es un cuartel de lavanderas y ¡qué escena para el artista!, ¡qué forma de llevar las vasijas, a la manera antigua!" (Manual para viajeros...). Actualmente ha sido reconstruido, convertido en confortables apartamentos. En la reconstrucción se ha respetado la capilla que había en el patio y se ha retomado la antigua tradición popular de celebrar las cruces de mayo; pero sí es cierto que se ha mantenido la disposición arquitectónica del edificio histórico esta costumbre popular, las características sociológicas del vecindario han sido alteradas sustancialmente por la revalorización adquirida por las nuevas viviendas. En los tiempos en que funcionaba la Al­hóndiga, la calle Santiago registraba un gran movimiento por el elevado número de ca­rruajes que hacia aquélla se dirigían. Hoy, desaparecido el mercado de abastos, la calle se limita a cumplir su función residencial, el tráfico rodado ha disminuido sensiblemente y registra escasa actividad comercial [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Santiago, 27. CORRAL DEL CONDE
. Su planta tiene la forma de una L, con un cuerpo constituido en el centro del brazo corto. Consta de tres plantas, todas ellas con galerías adinteladas sostenidas por pies derechos de madera con zapatas.
Santiago, 31. PALACIO DE VILLAPANÉS. Esta casa fue construida en el primer tercio del si­glo XVIII por el almirante Manuel López Pintado, pasando luego a los marqueses de Villapanés y de Torreblanca del Aljarafe.
     Consta de dos plantas, con fachada avitolada rematada por una azotea, y miradores con dobles arcadas sobre columnas. La portada, al igual que el balcón, está decorada con molduras mixtilíneas, y sobre el dintel se encuentran las armas de la Casa. Un amplio zaguán comunica con el patio a través de una triple arcada, cerrada con cancelas. Dicho patio consta de ga­lerías de columnas en sus cuatro frentes. En uno de los ángulos se encuentra la caja de escalera cubierta con una bóveda de carroza; en su testero principal se halla el escudo de armas entre dos rejas ricamente decoradas.
Santiago, 46. Casa de tres plantas, en cuyo zaguán, cubierto con un artesonado, existe una cancela fechada en 1857.
Santiago, 48. Casa de tres plantas en la crujía de fachada, en cuyo interior existe un patio, en parte alterado por añadidos posteriores, con arquerías en dos de sus frentes, con arcos inscritos en al­fices sobre columnas corintias, en la planta alta. En uno de los frentes de este patio existe una galería adintelada sostenida por vigas con cabezas talladas y tornapuntas de hierro.
Santiago, 50. Casa de tres plantas en la crujía de fachada, gemela de la anterior. En el interior quedan restos de un patio con arcadas en uno de los frentes y en el otro una galería sostenida por tornapuntas de hierro [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984]
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de Santiago apóstol;
HISTORIA Y LEYENDA
   Hijo del pescador galileo Zebedeo, era el hermano primogénito de san Juan Evangelista y no de Santiago el Menor, a quien se suele tomar por su hermano pequeño. Junto con Juan fue llamado por Cristo para convertirse, jun­to a Pedro y Andrés, en uno de los apóstoles. El epíteto el Mayor significa que fue uno de los primeros llamados. Junto a san Pedro y san Juan asistió a la Transfiguración, o Agonía de Cristo en el Monte de los Olivos. No se sabe nada de su actividad apostólica después de la Ascensión. Se suponía que había predicado la fe en Siria y en Judea, y que cuando regresó a Jerusalén, en el año 44, habría sido decapitado por orden de Herodes Agripa. De esa manera, uno de los primeros apóstoles convocados por Jesús habría sido el primer llamado por Dios.
   El principal milagro que se le atribuía era la conversión del mago Hermógenes, evidentemente copiado de la historia de Simón el Mago, derrotado por el apóstol Pedro.
   Hermógenes envió a su discípulo Fileto para que empleara sus sortilegios contra Santiago. Pero éste, al ver que Santiago curaba a los enfermos e incluso resucitaba a los muertos, se convirtió, y de vuelta junto a Hermógenes, intentó convertir a éste. El mago, enfurecido, lo dejó paralítico, y Fileto pudo recuperar el uso de sus miembros gracias al apóstol, quien le prestó su manto milagroso.
   Entonces Hermógenes pidió a los demonios que le entregaran a Santiago y a su neófito encadenados. Pero Santiago ordenó a su vez a los demonios que hicieran a su enemigo el daño que éste quisiera infligirles. Los a gentes de Satanás, subyugados por una fuerza superior, encadenaron a Hermógenes y lo entregaron atado de pies y manos.
   Entonces el mago reconoció su error, y prosternándose a los pies del apóstol Santiago, quien le hizo desatar, solicitó el bautismo y arrojó los libros de magia al mar.
   De acuerdo con la tradición española, que contradice a la leyenda palestina, el apóstol Santiago habría viajado a España para predicar el Evangelio, desembarcó en Cartagena, y luego, en Zaragoza, se le habría aparecido la Virgen en lo alto de una columna de jaspe (Virgen del Pilar), rodeada por un coro de ángeles. Tal sería el origen de la célebre basílica de peregrinación de Nuestra Señora del Pilar, en Zaragoza. En Lérida debió detenerse durante la noche a causa de una espina en el pie. Habría conseguido quitarse dicha espina gracias a los ángeles descendidos del cielo. Más tarde, el cuerpo del apóstol, después de su martirio, habría navegado hasta Galicia en una barca conducida por un ángel.
   Esta leyenda tardía se explica por el ardiente deseo que animó a todos los países de la cristiandad de vincular la fundación de sus iglesias locales con uno de los discípulos de Cristo. Roma vindicaba a san Pedro, Grecia y Rusia a su hermano san Andrés. La España cristiana quiso atribuirse al apóstol Santiago, orgullosa de asegurarse de esa manera el patronazgo de un discípulo directo de Cristo, mientras que Francia debía contentarse con san Dionisio, confundido con san Dionisio Areopagita, e Inglaterra con san Jorge.
   En realidad, el apóstol Santiago nunca estuvo en España y sus reliquias jamás fueron trasladadas a Galicia. Esta leyenda nació de la cruzada contra los moros (Reconquista) y de la peregrinación a Santiago de Compostela.
   Dicha peregrinación, organizada por los monjes de Cluny para socorrer a los cristianos de España en su cruzada contra los moros, se remonta al siglo X. Por tanto, fue en esa época cuando se forjó la leyenda española del apóstol Santiago. Se pretendió antidatarla. Un documento apócrifo, presentado como un texto del siglo VII, afirma que el apóstol Santiago había llegado a España para evangelizarla. Hacia 830 circuló un rumor acerca del descubrimiento de la tumba del apóstol en Galicia, y para exaltar el valor de los cruzados, se contó que en 834, en la batalla de Clavijo, el apóstol Santiago montado en un caballo blanco, había derrotado a los infieles blandiendo su estandarte. Por último, en 860, el Martirologio de Adón certificó que la tumba del santo, que acogió sus huesos enviados desde Jerusalén, se en­cuentra en Galicia.
   Gracias a las investigaciones fundamentales realizadas por Monseñor Duchesne y a excavaciones arqueológicas  recientes (1955), que permitieron a René Louis precisar las indicaciones suministradas por los textos his­tóricos o legendarios, en la actualidad estamos en condiciones de seguir casi paso a paso la génesis de un culto tardío y forjado íntegramente entre los siglos IX y XI.
   Es necesario distinguir entre dos leyendas, que aparecieron sucesivamente: la del apostolado de Santiago en España y la de su Sepultura en Galicia. En vano se buscaría un texto que mencionara el apostolado de Santiago en la penínsulai bérica con anterioridad al siglo VII. Los poetas latinos Prudencio y Fortunato, Isidoro de Sevilla y san Martín de Braga (Galicia), no lo mencionan. La leyenda tiene su fuente fuera de España, en el Breviarum Apostolorum. En España apareció a finales del siglo VIII, en el Comentario del Apocalipsis, del Beato de Liébana.
     En cuanto a la leyenda de la sepultura de Santiago en Galicia, la primera mención apareció en 806, en el Martirologio de Florus de Lyon. La iglesia de peregrinación construida bajo los pretendidos huesos del Apóstol ya existía en 874, puesto que ese año el rey Alfonso III de León, y su esposa Jimena ofrendaron una magnífica cruz de oro. A partir de ese momento los pere­grinos afluyeron hacia la  tumba del apóstol, convertido en el patrón de la España cristiana en guerra contra los moros.
   Textos apócrifos y tradiciones orales al margen de toda prueba contribuyeron, como es natural, a enriquecer y embellecer la leyenda forjada por los clérigos. Era necesario explicar la traslación de las reliquias del apóstol desde Palestina hasta Galicia, y su invención en un sarcófago de mármol (arca marmorica) descubierto en medio de un antiguo cementerio romano. Fue del nombre de dicho cementerio, Compostum ubi ossa componuntur que en el siglo XI se creó el nombre Compostela, que la etimología popular, a base de juegos de palabras, convirtió en Campus stellae (Campo de la Estrella).
   Algunas de estas leyendas de peregrinación o de cruzada deben recordarse aquí, porque han inspirado gran número de obras de arte.
   La primera es la traslación del cuerpo del apóstol desde Joppe (Jafa, Palestina) hasta Santiago de Compostela, en Galicia.
   Conducido por un ángel, el cuerpo santo, transportado sobre un navío, o bien en un sarcófago de mármol flotante, cruzó las Columnas de Hércules o Estrecho de Gibraltar, y recaló en las costas gallegas. La reina Lupa (o Luparia) ordenó uncir al sarcófago toros salvajes, para que se rompiese contra las ro­cas, pero los toros, al punto domesticados con una señal de la cruz, se volvieron mansos como corderos, y arrastraron las reliquias hasta el patio del palacio de la reina, quien se convirtió y transformó su castillo en monaste­rio: ese edificio sería la cuna de la célebre peregrinación de Santiago de Compostela.
   Santiago era el patrón de los peregrinos y de los caballeros: se necesitaban le­yendas especiales para uso de una y otra categoría de devotos.
   Los peregrinos no se cansaban de oír el Milagro de la horca o del Ahorcado desahorcado. A decir verdad, dicho milagro, como el del mago Hermógenes, es un plagio. Pertenece a la leyenda de otro santo Domingo, Domingo de la Calzada, quien había merecido el reconocimiento de los peregrinos com­postelanos porque mejoró el «Camino de Santiago».
   Dos esposos devotos se dirigían en peregrinación a Santiago de Compostela desde Toulouse. Una tarde se alojaron en una posada donde la hija del posadero se enamoró del jovencito. Rechazada por este nuevo José, la mujer, para vengarse, discurrió introducir secretamente en el zurrón de peregrino del joven desdeñoso una copa de plata, para luego acusarle de robo. El juez, convocado de inmediato, comprobó el flagrante delito y condenó a la hor­ca al presunto ladrón.
   Sus padres, consternados, siguieron la ruta hasta Santiago de Compostela, y en su aflicción, rogaron con ardor al apóstol Santiago que demostrase la inocencia de su hijo. En el camino de regreso, cuando pasaron por el sitio donde el joven fuera ahorcado, lo encontraron colgado, pero milagrosamente vivo: él les contó que lo habían sostenido la Santísima Virgen y el apóstol Santiago, quienes le salvaron la vida.
   Los padres fueron a buscar al juez, a quien encontraron sentado a la mesa, cortando un gallo y una gallina asados. Le dijeron que el hijo de ambos, suspendido en la horca desde hacía varias semanas, aún estaba vivo. El juez se negó a creer y respondió con una burla: «Vuestro hijo está tan vivo como el gallo y la gallina que están sobre la mesa». Las aves aludidas echaron a cantar al punto.
   Estupefacto, el juez aceptó entonces seguir a los padres del salvado hasta el cadalso. Luego liberó al inocente, e hizo colgar en su lugar al posadero y a su hija. El gallo y la gallina resucitados se enjaularon y condujeron a la igle­sia donde se los cuidó con mimo hasta que murieron de viejos.
    Al mismo tiempo que la leyenda de la peregrinación se difundió la de la cruzada, que popularizó la orden de Los Caballeros de Santiago. En vísperas de una batalla contra los musulmanes que se libró en Clavijo, en 930, el rey Ramiro I de Asturias, como lo hiciera antes el emperador Constantino, vio aparecer en sueños al santo patrón de España, quien montado en un caballo blanco derrotó a los moros y los puso en fuga. Asistido por el santo Matamoros, Ramiro consiguió la victoria. Fue a partir de entonces que ¡Santiago! se convirtió en el grito de guerra de los ejércitos españoles.
CULTO
   Así, aunque no contase con prueba histórica alguna, Santiago el Mayor se convirtió en el santo nacional de España (lux et decus Hispaniae), y enseguida pasó a la categoría de los santos universales que en la Edad Media ve­neraba toda la cristiandad. En España se le dedicaron centenares de iglesias de las cuales, sólo en la diócesis de Compostela hay cincuenta y cinco.
   Su popularidad se funda en la peregrinación a Santiago de Compostela, que seguía en dignidad a la de Jerusalén y a la de Roma, y que rivalizaba con éxito con San Martín de Tours y con San Nicolás de Bari, y atraía multitu­des comparables a las de Lourdes en la actualidad.
   Todos los caminos conducían a Santiago. Como los Reyes Magos, a quienes guiara la estrella, los peregrinos sólo debían seguir la dirección de la Vía Láctea que señalaba la ruta de Compostela (Campus Stellae: el Campo de la Estrella). La geografía hagiográfica y monumental se abocó a precisar los itinerarios y las principales etapas de los peregrinos. Los franceses pasaban por Tours, Limoges, Conques, Blaye, o salían de Notre Dame du Puy para reunirse en el puerto de Roncesvalles. Los alemanes se daban cita en la abadía de Einsiedeln, en Suiza, y seguían la ruta por Ginebra, Lyon y Saint Gilles. Ya pacíficas, ya guerreras, estas cruzadas internacionales  tuvieron enorme influencia en la literatura de la Edad Media.
   En cada etapa los viajeros encontraron centros de hospedaje ya cogida: capillas, posadas y hospitales organizados por las cofradías de peregrinos de Santiago que pululaban en todos los países de Europa.
   Como la peregrinación a Galicia había sido lanzada por la orden borgoñona de Clun y cuyos abades llevaban en el blasón una concha de Santiago, y como los peregrinos procedentes del norte debían atravesar Francia por fuerza, no debe sorprender que Francia haya sido, después de España, el país donde el culto de Santiago adquirió la mayor extensión.
   En la catedral de Arras se veneraba la cabeza de Santiago (saint Jacques), que Carlos el Calvo habría traído desde Santiago de Compostela y donado a la abadía de Saint Vaast. En la catedral de Amiens existía un altar del mentón de Santiago, llamado así a causa de la reliquia del apóstol que se exponía en dicha basílica.
   París tenía al menos tres iglesias puestas bajo la advocación de Saint Jacques, patrón de los peregrinos (Apostolus Peregrinus): Saint Jacques l'Hopital, Saint Jacques la Boucherie (la Carnicería) de la cual sólo subsiste una torre, y Saint Jacques du Haut Pas, situada en la ribera izquierda del Sena, sobre el camino que a través de Orleans y Cléry, conducía a Galicia.
   Las iglesias dedicadas a Santiago abundan en todas las provincias francesas, se las encuentra en Dieppe, Lisieux, Compiegne, Saint Jacques des Guérets, cerca de Vendome, y Chatellerault, en Poitou. No obstante, no se puso bajo su advocación ninguna catedral. En la iglesia de Saint Pantaléon de Troyes se le dedicó una magnífica capilla.
   Los Países Bajos compartieron esta devoción. Basta recordar a la iglesia de Santiago, en Lieja, que pretendía poseer un brazo del apóstol, enviado a Bruselas desde Santiago de Compostela, y la iglesia de St. Jacques de Coudenberg, en la cima de la Montaña de la Corte, sobre la Plaza Real, al igual que las iglesias flamencas de Amberes, Brujas, Gante, Lovaina e Ypres. En Holanda, Santiago era el patrón de La Haya.
   Inglaterra se había asegurado la posesión de una mano del apóstol y el palacio real de Saint James, en Londres, fue edificado sobre el antiguo emplazamiento de un hospital dedicado a Santiago. A causa de la concha, que es su atributo, se esperaba su fiesta para comer las primeras ostras.
   Alemania pretendía poseer la otra mano de Santiago, una donación del emperador Enrique IV a la ciudad de Bremen, cuyos magistrados formularon la promesa de enviar un peregrino a Santiago de Compostela cada año, y hacerse cargo de los gastos. La devoción germánica al apóstol Santiago también está probada por la fundación de la basílica de Santiago de los Escoceses en Ratisbona y de la Jakobkirche de Rothenburgobder Tauber, en Franconia. También en los países de Europa meridional abundan las pruebas de la devoción a Santiago. En Portugal, San Thiago era el patrón de Coimbra. En Italia, las ciudades de Pesaro y Pistoia se encomendaban a San Giacomo que tenía iglesias puestas bajo esa advocación, generalmente acompañadas por un hospital, en Roma (San Giacomo del Colosseo, detrás del Coliseo, y San Giacomo degli Spagnuoli, sobre la plaza Navone), Bolonia, Venecia y Nápoles. El duque Juan Galeazo Visconti, en 1362 fundó en Milán el hospicio de San Giacomo de'Pellegrini, para recibir a los peregrinos que se dirigían a Santiago de Compostela o que regresaban de allí.
   Desde España, la devoción a Santiago pasó, como es natural, a las colonias de las Antillas y de América del Sur, como lo prueban los nombres de Santiago de Cuba y Santiago de Chile.
   Es patrón de los peregrinos y de los caballeros, que en la Edad Media constituían dos categorías extremadamente numerosas de fieles ambulantes y militantes. Santiago también era el santo a quien invocaban los agoni­zantes.
   Además, lo vindicaban como protector las corporaciones de farmacéuticos y droguistas y los sombrereros, a causa de su sombrero de peregrino, de ala ancha.
   Los enfermos lo invocaban para la curación del reumatismo y los fruticultores le agradecían la abundancia de las manzanas, cuyas primicias madura­ban para la fiesta de Santiago.
   El culto de Santiago alcanzó su apogeo en los siglos XIV y XV, para disminuir rápidamente a medida que decaía la popularidad de la peregrinación a Santiago de Compostela y el espíritu caballeresco de la cruzada, que eran sus mejores bases.
ICONOGRAFÍA
   Deben diferenciarse tres tipos iconográficos muy diferentes: el apóstol, el pe­regrino y el caballero.
A) El Apóstol (Apostolus)
   En los monumentos más antiguos Santiago está representado como apóstol. Cubierto con una toga y descalzo, lleva un rollo (volumen) del Nuevo Testamento.
   A veces se presenta entre dos troncos de árboles podados (Toulouse, Santiago de Compostela) o dos palmeras (Horas del Mariscal de Boucicaut).
   Sus atributos son la cruz primacial de doble travesaño, porque según la leyenda habría sido el primer arzobispo de España, y la espada con la cual fuera decapitado.
B) El Peregrino (Peregrinus)
   A causa de la influencia de la peregrinación a Santiago de Compostela, a partir del siglo XIII casi siempre Santiago fue representado con ropas de peregrino. En este caso está calzado, en vez de ir descalzo, como los apóstoles. Está tocado con un sombrero de ala ancha guarnecido de conchas, apoyado en un bordón, con el habitual equipaje de los peregrinos, con lo justo para comer y beber: el zurrón y la cantimplora.
   Se lo representa, ya de pie, ya sentado.
   Este tipo fue popularizado por las insignias de peregrinación de azabache (azabache compostelano) que los peregrinos traían desde Santiago de Compostela. Por un curioso fenómeno de contaminación iconográfica con los tipos de la Virgen de la Misericordia y de santa Úrsula, Santiago ha sido representado abrigando a los peregrinos bajo su manto protector.
C) Santiago Matamoros
   Un tercer tipo, más tardío, difundido por la cruzada de la Reconquista y la orden de Santiago, es el tipo ecuestre. Santiago está representado cargando en el aire sobre un caballo blanco, y derrotando a los moros en la batalla de Clavijo. En esta tercera encarnación aparece como «Matamoros».
   En España se ha producido una confusión entre Santiago Matamoros ecuestre y las imágenes del emperador Constantino triunfando sobre los paganos, tan frecuentes en las fachadas de las iglesias del Poitou y de Saintonges (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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La calle Santiago, al detalle:
Corral del Conde
    Retablo cerámico de la Virgen del Pilar
Edificio calle Santiago, 46
Edificio calle Santiago, 48
Edificio calle Santiago, 50

jueves, 10 de octubre de 2024

Los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de las Virtudes, Casa del Conde del Castillo del Tajo, Fábrica de Abonos, y Fuente de la Piedra) de la localidad de Fuente de Piedra, en la provincia de Málaga

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de las Virtudes, Casa del Conde del Castillo del Tajo, Fábrica de Abonos, y Fuente de la Piedra) de la localidad de Fuente de Piedra, en la provincia de Málaga.
Datos geográficos
     Comarca de Antequera
     Superficie: 91 km2
     Altitud: 443 m
     Latitud: 36º 08'  -  Longitud: -4º 44'
     Distancia a Málaga capital: 70'9 km
Datos demográficos
     Población: 2.891
     Gentilicio: Villafontenses
Ayuntamiento
     c/ Ancha, 9, 29520
     952735016 - 952735317     www.fuentedepiedra.es
     Fuente de Piedra es un pueblo típico andaluz ubicado en la llanura de la comarca de Antequera, provincia de Málaga (Andalucía).
     Si por algo destaca este municipio es por su enclave natural, sus arraigadas tradiciones y la laguna que lleva su nombre, catalogada como reserva natural.
     En Fuente de Piedra no puedes perderte sus monumentos; 
     La Fuente de la Piedra, que da nombre a este municipio, data del siglo XVIII, y fue erigida sobre una fuente anterior construida por los romanos. A la fuente inicial se la conocía por el nombre de Fons Divinus en alusión a sus aguas curativas.
     Otro de los sitios de visita obligada es la iglesia parroquial de Nuestra Señora de las Virtudes de estilo mudéjar con toque góticos. En su origen en el siglo XIX, este templo era una ermita anexa al municipio de Mollina en la que se daba ofrenda a Nuestra Señora de las Misericordias.
     La estructura de este municipio es un reclamo en sí misma, pues en sus calles rectas podemos encontrar casas a dos alturas con puertas adinteladas y balcones de hierro forjado. Destacan especialmente el palacio neoclásico del siglo XIX de la Marquesa de Fuente de Piedra, la residencia veraniega de los Condes del Castillejo del Tajo, y la parroquia del Duque de Mandos.
     Para todos los viajeros aficionados a la enología, las famosas bodegas de Málaga Virgen son una visita obligada, pues en sus 250 hectáreas se cultivan cuatro variedades de uva. Las instalaciones de este viñedo se encuentran en la finca de Vistahermosa, fundada en 1885 (Diputación Provincial de Málaga).
      Municipio situado al norte de la provincia, en su paisaje de llanuras agrícolas de olivo y cereal, se encuentra la Reserva Nacional de la Laguna de Fuente de Piedra, de aguas salinas y una de las principales colonias europeas de aves migratorias, fundamentalmente de flamencos rosa, que la usan para la reproducción. Hay testimonios epigráficos romanos del empleo medicinal de las aguas de la laguna, concretamente un altar erigido por un personaje curado por ellas. Sus propiedades eran especialmente indicadas para los cálculos renales -el «mal de la piedra»-, lo que explicaría su nombre en la Edad Moderna, además de existir en el pueblo una fuente de piedra -la actual está fechada en 1818- si bien era más correcto el ya perdido de Fuente de la Piedra. El agua llegó incluso a exportarse en vasijas a Nápoles y América. La fundación del núcleo actual data de 1547, con la creación de un arrabal de Antequera para los enfermos del riñón. Localidad pequeña y de urbanismo ortogonal, junto a su sencilla arquitectura doméstica destaca la casa-palacio del Conde del Castillo del Tajo, datada entre finales del XVIII y comienzos del XIX, con una llamativa torre (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     
Iglesia de Nuestra Señora de las Virtudes

     Tras derruirse la antigua iglesia, como consecuencia del terremoto de 1884, la actual fue inaugurada en 1891, siendo bendecida por el obispo de Málaga, D. Marcelo Spínola. Es un templo ecléctico con predominio de elementos neomudéjares. Consta de tres naves, separadas por arcos de medio punto sostenidos por finas columnillas de hierro, fabricadas en la ferrería malagueña de Trigueros. Las naves se cubren con artesonados de madera. En la nave del Evangelio se abre una pequeña capilla del Sagrario, cuadrada y cubierta con bóveda de arista. La fachada, de ladrillo, tiene una puerta adintelada sobre la que se sitúa una gotizante ventana geminada. En la esquina achaflanada del lado de la Epístola, se encuentra una espadaña con dos vanos, que sigue el modelo barroco.
     En el altar mayor en el camarín del retablo neoclásico de escayola realizado en 2000, se venera la Virgen de las Virtudes, patrona del pueblo, excelente copia de Navas Parejo, de hacia 1940 -restaurada por Buiza Fernández en 1967, quien le añadió nubes y ángeles-, de la originaria del XVIII, obra de Andrés de Carvajal. En el testero del Evangelio se sitúa una soberbia Dolorosa de vestir, granadina de principios del XVIII, en la línea de Mena. Cerca de ella hay un interesante lienzo de la Virgen con el Niño, del XVII (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     La parroquia de esta localidad fue en su origen una ermita anexa a Mollina y ambas a Antequera. Se erigió bajo la advocación de Nuestra Señora de las Misericordias, cambiando luego al de Virgen de las Virtudes. Fue construida a finales del siglo diecinueve, en el año 1891.
     Es de estilo neomudéjar, destacan su fachada principal con puerta de acceso rectangular y dintel, sobre el que se abre un ventanal de doble arco de reminiscencias góticas. Cortado en chaflán el ángulo de la portada del lado del evangelio se levanta una espadaña de doble arco (Diputación Provincial de Málaga).

Casa del Conde del Castillo del Tajo
    Monumento que data del siglo dieciocho de estilo neoclásico. Los ascendientes de los Condes del Castillo del Tajo tuvieron el patronato de la Iglesia y convento de los Padres Trinitarios de Antequera, construyendo su casa palacio para la temporada de verano en Fuente de Piedra.
     En 1884 y como consecuencia de un terremoto, fue necesario trasladar la parroquia a la casa palacio. Posteriormente el Duque de Mandos la reconstruyó durante el reinado de Alfonso Trece, siendo bendecida el 19 de octubre de 1889. Para perpetuar este acontecimiento fue esculpida una inscripción que hoy se encuentra en el cancela de la iglesia (Diputación Provincial de Málaga).

Fábrica de Abonos

    La Fábrica de Abonos de Fuente de Piedra se puso en marcha por la Sociedad Agrícola y Salinera de Fuente de Piedra presidida por Diego Casasola Stoppani, y dirigida por Juan Manuel Delgado. La construcción fue supervisada por el director facultativo, Laureano Calderón, y por el ingeniero, Julio Groján.
     La Fábrica de Abonos de la Compañía Agrícola y Salinera de Fuente de Piedra se encuentra en la zona oeste del mismo núcleo urbano del municipio de Fuente de Piedra junto a las vías del ferrocarril y su antigua estación. Para acceder a ella lo más habitual es tomar la salida 132 de la autovía A-92 para cruzar el pueblo por la MA-454 hasta el cruce con la calle de la Estación donde al final de la misma se encuentra la fábrica y la estación de ferrocarril, junto al Silo.
     Las materias primas extraídas de la laguna se procesaban de una forma similar. La sal sacada de la capa superior se apaleaba por los trabajadores en carretillas y la conducían hasta la fábrica donde se molía hasta alcanzar el tamaño de grano seleccionado. De igual forma se apaleaba el fertilizante situado debajo de la capa de sal, que también era conducido a la fábrica en cubos cerrados para evitar la pérdida de nitrato donde se secaba en hornos y se desmenuzaba y trataba con diferentes procesos y selecciones.
     La fábrica de abonos se encuentra en total abandono. Sin embargo, conserva todos sus muros y uno de los edificios se encuentra aún en un estado medianamente conservado. Su chimenea sufrió un desplome parcial que se reparó y se le construyó una nueva corona o remate, perdiendo los metros que habían caído. El acceso al recinto se encuentra prohibido por el riesgo de derrumbe de algunos elementos de los edificios, pero rodeando el perímetro de la finca podemos apreciar casi todo el complejo fabril.
     El 15 de agosto de 1870 se otorga por la reina regente a Guillermo Partington y José Joaquín Figueras el aprovechamiento de la sal que se produzca durante la desecación de la laguna. Tras el abandono de esta sociedad, una nueva compañía, la Sociedad Agrícola y Salinera de Fuente de Piedra, se hace cargo de la explotación el 30 de julio de 1880. Esta nueva empresa la preside el marqués de Fuente de Piedra, Diego Casasola Stoppani, aunque el director y máximo accionista es Juan Manuel Delgado. En 1885 la empresa construye la Fábrica de Abonos de Fuente de Piedra bajo la supervisión del director facultativo Laureano Calderón y del ingeniero Julio Groján. Un año después queda conectada la fábrica a la cercana estación de ferrocarril para dar salida a las sales y fertilizantes y recibir el combustible necesario.
     En 1930 pasa a manos de José García Berdoy que continúa con su exitosa producción durante 21 años más. En 1951 cierra su actividad por no resultar rentable la explotación de la laguna (Diputación Provincial de Málaga).

Fuente de la Piedra
    Situada en la plaza de la Constitución, en el centro del pueblo.
     Escudo de la población de Fuente de Piedra con la fuente como elemento singular.
     Hoy de la fuente vuelve a surtir agua, aunque solo de su caño central con un pulsador. El resto de caños mantienen un sistema de recirculación del agua que habitualmente está cerrado.
     La conocida como la Fuente de la Piedra, se erigió en el siglo dieciocho, en honor a la primitiva fuente que existía en la zona y de la que tomó el patronímico el pueblo. Se cree que esta fuente en sus orígenes era de planta romana. Sobre sus cimientos romanos se construyó esta fuente (Diputación Provincial de Málaga).

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jueves, 14 de septiembre de 2023

Un paseo por la calle Jesús de la Vera-Cruz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Jesús de la Vera-Cruz, de Sevilla, dando un paseo por ella.      
   Hoy, 14 de septiembre, Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, que al día siguiente de la dedicación de la basílica de la Resurrección, erigida sobre el Sepulcro de Cristo, es ensalzada y venerada como trofeo pascual de su victoria y signo que aparecerá en el cielo, anunciando a todos la segunda Venida [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
   Y que mejor día que hoy, para Explicarte la calle Jesús de la Vera-Cruz, de Sevilla, dando un paseo por ella.          
     La calle Jesús de la Vera-Cruz es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en los Barrios de San Vicente, y de la Encarnación-Regina, del Distrito Casco Antiguo, y va de la calle Alfonso XII, a la calle Baños.
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. 
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
      Al primer tramo durante los siglos XV y XVI se le nombra con frecuencia como "la calle que va desde Armas a las casas viejas del Duque de Medina Sidonia" y, al menos desde 1638, es conocido como calle del Cristo o del Santo Cristo, por un pequeño altar con un crucifijo que había allí. El segundo, en la Baja Edad Media, se denomi­naba calle del Conde (1426) o del Conde de Teba (1533), quien en tiempos de Peraza, según relata éste en su Historia de Sevilla (1536), había establecido su residencia en los antiguos baños árabes (Baños); en fecha imprecisa pasó a llamarse Jesús, por el convento de religiosas del Dulce Nombre de Jesús establecido en el s. XVI; ocasionalmente se le denomina Monjas del Dulce Nombre de Jesús o calle del Nombre de Jesús, y en los padrones de fines del XVII y principios del XVIII se la denomina Jesús Perdido. En 1846 se acuerda rotularla Jesús de los Baños, por los que se encontraban en el interior del edificio del convento. En 1868 ambos tramos se unifican en Jesús, y en 1977, a petición de la Hermandad de la Vera Cruz. que desde 1942 se había establecido en la capilla del Dulce Nombre de Jesús, se acordó rotularla con el nombre que hoy mantiene. Por error, en el plano de Ola­vide (1771) ambos tramos figuran rotulados como Christo.
     La calle presenta un trazado irregular y es sensiblemente más estrecha en el primer tramo y más amplia en el segundo. Ha sido objeto de varios proyectos de alineación y ensanche: en 1857 J. Talavera hizo una propuesta en el sentido de abrir una amplia avenida a través de Teodosio y esta vía; de principios del s. XX es el retranqueo de la manzana comprendida entre Ricardo de Checa y Cardenal Cisneros, y el que se aprecia a comienzos de la calle, esquina a Alfonso XII; finalmente, cuando en la década de 1960 se procedió a la apertura de Virgen de los Buenos Libros, quedó roto el largo frente constituido por la acera de los pares. En 1510 fue enladrillada Cristo, y dentro del mismo siglo empedrada; en conjunto toda la calle fue adoquinada a comienzos de la presente centuria, y en la década de 1920 se la dotó de aceras. Hoy cuenta con calzada de asfalto en desigual estado de conservación, y aceras de losetas, reducidas a una faja de adoquines en la parte más estrecha; se han instalado horquillas metálicas para impedir el estacionamiento de vehículos, que no por ello dejan de aparcar y dificultan el tránsito peatonal. Se ilumina mediante farolas de brazos de fundición adosados a las fachadas. La edificación es muy desigual en tipología, altura, fecha de construcción y usos. Se conservan algunas viviendas de dos plantas y patio sevillano, o de escaleras y tres plantas del último tercio del XIX pero en buena medida se ha procedido a la sustitución por bloques de viviendas de cuatro plantas. Buena parte de la acera de los pares del primer tramo está ocupada por la institución religiosa de las Hijas de María Inmaculada: y del segundo por el colegio de ense­ñanza para niñas de las Esclavas Concepcionistas y la fachada de su capilla, de estilo neogótico, obra del arquitecto M. González de Rojas (1904-05). El edificio más representativo es el núm. 12, casa del marqués de Gómez de la Barreda, del s. XVIII, en cuyo basamento se utilizaron piedras de molino; de dos plantas y torreón-mirador, la fachada principal está avitolada y es de gran sobriedad; conserva dos guardacantones de mármol a su entrada y otro haciendo esquina a Virgen delos Buenos Libros.
     Tuvo allí sus casas el duque de Medina Sidonia, próximas a la plaza de San Vicente (actual Cardenal Cisneros), hasta que a finales del s. XV se trasladó a la plaza del Duque de la Victoria; al parecer sobre parte de las mismas estuvo el llamado Corral de las Higueras, donde en el s. XVI se construyó un teatro con el mismo nombre. En 1491 se instaló en esta calle el Hospital de San Matías y Santa Bárbara, que ya existía con anterioridad a esa fecha. Hacia 1540, esquina a Baños y precisamente sobre un edificio de baños musulmanes, se estableció el convento de religiosas del Dulce Nombre de Jesús dedicadas a la conversión de mujeres, llamado a veces Monasterio de Recogidas; a mediados del XIX el edificio fue cedido a los militares y en él se estableció la subinspección de ingenieros militares. Hoy, del mismo sólo se conservan algunos restos del convento y de los baños, y la capilla en la que tiene su sede la Hermandad de la Vera Cruz, que sale en procesión el Lunes Santo. En esta calle tenían sus casas, hacia 1840, los marqueses de Grañina, y vivió algunos años el duque de Rivas, donde, según cuenta Gómez Zarzuela, escribió sus Romances Históricos; también tuvieron allí su residencia Fernán Caballero y los duques de Medina de las Torres. Históricamente, pues, esta calle se ha encontrado vinculada a nobles linajes, conventos y hospitales. Hoy, junto a su función residencial, es de destacar la educativa, y se localizan algunos establecimientos de ca­rácter singular, tales como la sede de la Real Sociedad Económica Sevillana de Amigos del País, el Colegio Andaluz de Árbitros de Fútbol, el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía o un Centro de Sofrología. Algunos establecimientos de carácter tradicional y popular, como un taller de reparación de sillas, se localizan en las proximidades de Baños [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993]. 
Jesús de la Vera-Cruz, 12. Casa del marqués de Gómez de la Barreda. Consta de dos cuerpos, de fachada avitolada y balcón sobre la portada, defendido por un guardapolvo de pizarra, con cartabones del mismo material. En el interior, destaca el patio con galerías en los cuatro frentes de la planta  baja, con arcos peraltados inscritos en al­fices y balcones en la planta superior. En uno de los ángulos se encuentra la caja de escalera. Al fondo de la edificación existe un amplio jardín, sobre el que da un balcón con guardapolvo de pizarra.
Jesús de la Vera-Cruz, 29. En este edificio existe un patio con arquerías en la planta baja sobre columnas y capiteles aprovechados, de probable origen almohade. Además hay que destacar algunas habitaciones del antiguo convento del Dulce Nombre, entre ellas una con bóveda decorada con yeserías, y restos de unos baños musulmanes [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].   
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Santa Cruz;
La Leyenda de la cruz
   La historia de la Santa Cruz, antes y después de la Crucifixión, dio nacimiento a un ciclo legendario que fue popularizado por Santiago de Vorágine en la Leyenda Dorada.
   Los héroes principales de esta novela piadosa que abarca varios siglos, son Adán, Salomón, la reina de Saba, el emperador Constantino, Santa Helena y finalmente Heraclio, que devuelve la Santa Cruz a Jerusalén.
La madera de la Cruz antes de la Crucifixión
   La idea central de la leyenda es la intención de vincular la Redención con el pecado Original. Se imaginó que la cruz del Gólgota se había construido con madera procedente del árbol de la Ciencia. Por ello, en los himnos litúrgicos, la cruz se invoca con el nombre de Arbor.
   ¿Qué sucesión de vicisitudes y metamorfosis permitió que la madera del árbol de la Ciencia se convirtiera en la cruz de Jesús? Se supuso que Adán había arrancado una rama antes de ser expulsado del Paraíso. Según otra versión, es el tercer hijo de Set quien habría recibido ese brote de manos del arcángel Miguel, y lo habría plantado sobre su tumba.
   Mucho tiempo después, la reina de Saba, que fue a Jerusalén para visitar a Salomón, al encontrarse frente a una viga echada sobre un arroyo a manera de puente, vio en espíritu que el Redentor sería fijado alguna vez a esa madera. Por ello se negó a pisar esa tabla sagrada y se arrodilló para adorarla.
   Salomón hizo clavar esa pieza de madera en el suelo con el objeto de que no fuese pisoteada. Por un misterioso fenómeno, apareció en la Piscina probática donde flotaba y curaba milagrosamente a los enfermos y tullidos. Los verdugos la retiraron de esa piscina y construyeron con ella la cruz de Jesús.
   Esta leyenda novelesca ha sido representada muchas veces por los pintores italianos del Trecento y del Quattrocento, sobre todo en las iglesias de los franciscanos, guardianes del Santo Sepulcro, muchas de las cuales estaban bajo la advocación de la Santa Cruz (Santa Croce).
   La escena más popular de este ciclo es el gesto de la reina de Saba al arrodillarse frente a la madera de la Santa Cruz cuando aún servía de puente sobre un arroyo.
La reina de Saba adora la madera de la Cruz
   En la vidriera de Saint Pantaléon, en Troyes, se lee esta ingenua inscripción:
          La royne de Sabba ne voulut marcher sur la dicte planche
          Pour ce qu'elle fut inspirée que sur icelle planche
          Serai crucifiçe le Rédempteur des humains.
   (La reina de Saba no quiso caminar sobre esta tabla / Porque recibió la inspiración que sobre esa misma tabla / Sería crucificado el Redentor de la humanidad.)
   De acuerdo con una leyenda popular que asimila la reina de Saba a la reina Pedauca, al retroceder para vadear el arroyo, ella mostró una pata de oca.
   Existe otra versión de esta leyenda que también reposa en la idea de la continuidad de los dos Testamentos, pero que es totalmente diferente.
   Adán, expulsado del Edén, como recuerdo del Paraíso perdido se lleva una rama del Árbol de la Ciencia que le sirvió de bastón hasta su muerte.
   Dicho bastón, que los patriarcas se transmitieron de generación en generación, fue encontrado por Jetró, el suegro de Moisés. De ese bastón colgó Moisés la serpiente de bronce, prefiguración de Cristo crucificado. Por la intermediación del traidor Judas, llegó a las manos de los verdugos de Cristo que lo utilizaron para construir la cruz.
La Invención y la Adoración de la Vera Cruz
   La historia de la Santa Cruz no se detiene en la Crucifixión. A falta de huesos de Cristo, cuyo cuerpo había subido al cielo, la devoción popular se volcó sobre el instrumento del suplicio que ocupó el primer lugar en el catálogo de las reliquias.
   Las tradiciones creadas en torno a este símbolo de la fe cristiana fueron difundidas en el siglo XIII por la Leyenda Dorada que narra detalladamente la maravillosa historia de la Búsqueda, el Descubrimiento y la Exaltación de la Santa Cruz.
1. La Invención de la Vera Cruz por santa Helena
   Después de la muerte de Cristo la cruz no se mantuvo plantada  en el Gólgota, puesto que erigían una nueva para cada ejecución. Fue enterrada con los «patibula» de los dos ladrones en una fosa común que cayó en el olvido. Ninguno de los apóstoles y evangelistas se preocupó por ello, según parece.
   Algunos siglos más tarde, Cristo se aparece en sueños al emperador Constantino y le promete que vencerá bajo el signo de la cruz. Constantino sale de Roma al encuentro del ejército de Majencio, y gracias a la cruz que resplandece en su lábaro, consigue la victoria.
   Santa Helena, su madre, decide entonces viajar a Jerusalén para encontrar la madera de la Vera Cruz. Reúne a los ancianos para indagar acerca del lugar donde está enterrada, y le informan sobre un tal Judas como único depositario del secreto.
   Éste, interrogado, finge no saber nada. Helena ordena que lo echen en una cisterna seca: después de seis días de ayuno, Judas pide que se lo perdone y promete decirlo todo. Cuando cavan en el sitio que él señala, se descubren las tres cruces del Calvario.
La identificación de la Vera Cruz
   Desgraciadamente, las tres cruces se parecían entre sí ¿Cómo distinguir entonces la Santa Cruz, la de Jesús, de las correspondientes a los Ladrones? Su autenticidad fue revelada por el milagro de un muerto que resucitó a su contacto, o bien de acuerdo con otra leyenda, por la inscripción (titulus) que permanecía fijada a la madera de la Vera Cruz.
    En medio de la alegría general, Judas se convirtió, y en su bautismo cambió su nombre malsonante por el de Ciriaco (Dominicus); y hasta llegó a ser elegido obispo de Jerusalén.
   Por pedido de Santa Helena, emprendió búsquedas complementarias en el Gólgota para encontrar los Santos Clavos, que aparecieron en la superficie tan brillantes como si fueran de oro.
   Toda esta historia ha sido inventada. No hay texto alguno que haga alusión al descubrimiento de la Vera Cruz antes de 347; ahora bien, Santa Helena murió en Nicomedia  en 327.
2. La reconquista de la Santa Cruz por el emperador Heraclio
   Las aventuras de la Santa Cruz no habían terminado.
   La preciosa reliquia, que Constantino y Helena habían enriquecido con gemas (crux gemmata), fue pillada por el rey de los persas, Cosroes II. El emperador Heraclio la reconquistó en 628 y la devolvió a Jerusalén, sólo en parte, porque uno de los brazos habría quedado en Constantinopla.
   Ese retorno de la Vera Cruz está narrado de dos maneras diferentes.
   Según la primera versión, Heraclio se había propuesto llevar personalmente sobre sus hombros la Cruz reconquistada a la cima del Calvario, y para honrarla creyó que lo mejor era vestirse con sus ornamentos imperiales. Pero cuando quiso levantar la Cruz le resultó imposible conseguirlo. El patriarca Zacarías le explicó la causa de ese prodigio: puesto que Cristo había transportado su cruz con humildad, era conveniente que un emperador cristiano hiciese otro tanto. Una vez despojado de sus ornamentos, en camisa y con los pies descalzos, pudo subir la Cruz hasta el Gólgota.
   La Leyenda Dorada introdujo una variante en esta anécdota. Heraclio quería hacer una entrada triunfal en Jerusalén; pero al llegar a Jerusalén a caballo, seguido por un brillante cortejo, debió detenerse ante la Puerta Dorada, pues la encontró cerrada. Un ángel le advirtió que debía devolver la Cruz imitando la humildad del Rey Celestial que había entrado por esa puerta montado en un asno.
   Entonces el emperador comenzó a llorar, se descalzó, se quitó sus ropas, e incluso la camisa, y tomando la Cruz del Señor llamó humildemente a la puerta que se abrió y le permitió el paso.
3. La Exaltación de la Santa Cruz
   Estos dos grandes acontecimientos de la Búsqueda y de la Reconquista de la Santa Cruz fueron conmemorados en la liturgia griega y romana.
   La fiesta de la Inventio S. Crucis recuerda el descubrimiento de la Vera Cruz por la emperatriz Helena. En cuanto a la fiesta de la Exaltatio, que tiene el sentido de elevación, de ostención ante los peregrinos, celebraba en su origen la advocación de la basílica constantiniana del Santo Sepulcro, donde se encontraba la Cruz desenterrada por la emperatriz Helena; pero más tarde se aplicó a su devolución por Heraclio, después de su victoria sobre Cosroes.
   Fue el papa Sergio, oriundo de Siria, quien introdujo en Roma a finales del siglo VII esta fiesta jerosolimitana. En el oficio de ese día, el sacerdote hace cuatro elevaciones de la cruz.
   Todos los santuarios de la cristiandad tenían como suprema ambición poseer un trozo de la Vera Cruz que los emperadores de Constantinopla  no dejaron de acuñar. Esas reliquias insignes se guardaban en las staurotecas (del griego stauros: cruz) que generalmente tienen la forma de una cruz de doble travesaño.
   Las más célebres son la del monasterio de la Sainte Croix de Poitiers, donada en 570 a Santa Radegunda por la emperatriz Sofía; las de Monza, en Lombardía y, en Hungría. La más preciosa desde el punto de vista artístico es la stauroteca de Limbourg del Lahn, adornada con magníficos esmaltes alveolados que proceden del botín robado por un caballero alemán en Constantinopla en ocasión de la cuarta Cruzada, en 1204.
Iconografía
   Hemos insistido largamente en el tema de la leyenda y el culto de la Santa Cruz, porque una y otro dieron nacimiento a numerosas realizaciones artísticas del mayor interés, algunas de las cuales, como los frescos de Piero della Francesca en Arezzo, son incomparables obras maestras.
   La mayoría de dichos ciclos, que se inspiran en la Leyenda Dorada, han sido ejecutados para iglesias de la orden de los franciscanos, con frecuencia puestas bajo la advocación de la Santa Cruz (Santa Croce).
          1. Invención e identificación de la Vera Cruz por santa Helena
          2. El emperador Heraclio, en camisa y descalzo, devuelve la Cruz a Jerusalén
   Heraclio generalmente lleva el asta o poste de la Cruz, sin el travesaño.
El culto de la Santa Cruz
   Numerosas Iglesias o abadías de toda la cristiandad estaban bajo la advocación de la Santa Cruz. En Francia, el monasterio fundado por santa Radegunda, en Poitiers. En España y Austria las abadías cistercienses de Santes Creus y de Heiligenkreuz.
Los instrumentos de la Pasión
   La Cruz no es el único objeto de veneración. La devoción de la Edad Media incluyó en el mismo culto a todos los instrumentos de la Pasión que agrupó en una especie de trofeo llamado las Armas de Cristo. Se le atribuía un poder mágico, como a la señal de la cruz.
   Este tema esencialmente popular a pesar de su carácter heráldico, suele acompañar el Cristo de la Piedad o a la Misa de san Gregorio, imágenes a las que se vinculaban numerosas indulgencias.
   Los elementos que forman parte de su composición se multiplicaron poco a poco. En el siglo XIII estaban reducidos a seis: la corona de espinas, la columna y las varas de la Flagelación, la cruz, los clavos, la esponja y la lanza de la transfixión.
   En el siglo XV el jeroglífico se complicó. Se agregaron las treinta monedas de Judas alineadas o cayendo en cascada de una bolsa invertida, la linterna de Malco y su oreja pegada al machete de San Pedro, el gallo de la Negación (gallus cantans), una cabeza que escupe (sputum infacie Christi), la mano que abofeteó a Cristo, la columna de la Flagelación, el aguamanil y la jofaina  del Lavatorio, las manos de Pilato, el velo de la Verónica, la túnica sin costuras y los dados que tuvieron para echarla a suertes, el martillo que hundió los clavos, la escalera del Descendimiento de la cruz.
   Cuando estos «Instrumentos» no están ordenados en una panoplia son transportados por ángeles que tienen el papel de tenantes de escudo de armas. En Solesmes, el ángel que lleva la bolsa de Judas, enjuga una lágrima en la comisura del ojo.
   Los ángeles presentando los Instrumentos de la Pasión suelen estar representados en los timpanos de las portadas de las catedrales, en la escena del Juicio Final.
Las cinco llagas
   Otra devoción también vinculada con la Crucifixión es la de las cinco Llagas o heridas. Se desarrolló en el siglo XV a causa de las indulgencias que atribuyó el papado a las oraciones en memoria de las cinco Llagas de Cristo que protegían contra la «muerte ruin», es decir, la muerte súbita, sin confesión, particularmente temida en tiempos de peste.
   Las procesiones expiatorias de los flagelantes se acompañaban con este refrán:
          Jhesus, par tes cinq rouges playes 
          De mort soudaine nous delayes.
          (Jesús, por tus cinco rojas llagas / Nos sustraes de la muerte súbita.)
   Esta devoción concordaría mejor con la antigua iconografía del Crucifijo, donde los pies de Cristo están separados, que con la nueva, donde los pies están superpuestos y agujereados con un solo clavo.
   En las xilografías coloreadas del siglo XV se encuentran tres formas de representar este motivo que pertenece casi exclusivamente a la imaginería popular.
     Las cinco Llagas tienen la forma de cortes horizontales de los que caen gotas de sangre y de donde emanan rayos de luz.
     Un corazón atravesado por una lanza y aplicado sobre una cruz está flanqueada por cuatro miembros cortados: dos manos y dos pies agujereados por clavos. El conjunto forma un trofeo de la Crucifixión.
     Las cinco Llagas están simbolizadas por cinco cruces sobre la mesa del altar, imagen del cuerpo de Cristo de acuerdo con la fórmula ritual del Pontifical.
   Con frecuencia los artistas se limitan a representar la herida del costado en tamaño real, que llevan dos ángeles en un cáliz.
  Además, la devoción a las cinco llagas se expresa alegóricamente mediante la representación de la Fuente de Vida, llena con la sangre de Cristo, que purifica las almas y cura los cuerpos. Esta Fuente de Remisión, asimilada a la Piscina probática de la Biblia, tiene cinco orificios que corresponden a las cinco Llagas del Redentor Crucificado.
   En la época de la Contrarreforma, un carmelita descalzo, José de Santa Bárbara, publicó en Amberes, en 1666, un tratado místico titulado Het Gheestelijk Kaertspel (El juego de cartas espiritual), donde el cinco de corazones está representado por cinco corazones dispuestos en tresbolillo alrededor de la Cruz, y en los cuales se inscriben las llagas de las manos, el costado y los pies (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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