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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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martes, 17 de febrero de 2026

La Hacienda de Castilleja de Talhara, en Benacazón (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Hacienda de Castilleja de Talhara, en Benacazón (Sevilla).  
     Castilleja de Talhara es uno de los ejemplos más singulares de la tipología edilicia de la hacienda, ofreciendo un caso verdaderamente único por diversas razones. A pesar de ello, no figura en los incompletos y aleatorios listados de haciendas que se han publicado, quizás debido a que la cartografía no hace referencia a que se trata de una explotación agrícola.
     Se encuentra enclavada en un bello entorno paisajístico, una vaguada junto al valle del Guadiamar y muy próxima a la carretera que une Aznalcázar y Benacazón, de la que parte un corto carril que conduce directamente a su caserío, en el pago de Castilleja de Talhara. Junto a éste se encuentran las conocidas ruinas mudéjares de la ermita homónima, que fue la iglesia de esta antigua población.
     Tan inverosímil caserío se articula en torno a dos patios sucesivos, el primero de los cuales cabría calificarlo de labor y el segundo del señorío. Su imponente fachada está flanqueada por dos torres y centrada por una cuidada portada neomudéjar rematada por una espadaña, cuyo vano es un gran arco de herradura. El primer patio es de planta cuadrada y empedrado, con las viviendas del capataz y del casero flanqueando la portada. En la crujía izquierda están las cuadras, por lo que en principio cabría interpretar la torre que remata su ángulo como un elemento meramente decorativo levantado para guardar la simetría con la otra torre situada en el lado opuesto. No obstante, nos decantamos más, siguiendo a Ricardo Ronquillo, por la posibilidad de que en origen el lugar que ocupan estas cuadras fuese una almazara, luego desechada, ya que tras ella hay una bodega, a la que más adelante nos referiremos. Junto a estas cuadras encontramos un guadarnés y un taller. La crujía derecha del patio la ocupa la que debió ser la segunda almazara del edificio, que se abre a dicho patio mediante unas arcadas "góticas"; en su interior está alicatada, por lo que cabe deducir que los tradicionales molinos de rulos y prensas de viga fueron sustituidos por maquinaria hidráulica en la reforma de finales del siglo XIX. Quizás en ese momento fuera abandonada la primera almazara y convertida en cuadra. 
     Al fondo de este primer patio se encuentran el señorío y la capilla, sin duda el más llamativo elemento de Castilleja de Talhara. Este oratorio es un alto cubo almenado donde hasta el más mínimo detalle responde a la referida estética neogótica; así cabría referir el artístico farol de hierro forjado que cuelga de su fachada, el rosetón lateral de rica tracería que ilumina su interior y el relieve del tímpano de la portada, en el que se narra la aparición de la Virgen y se representa la propia hacienda, algo excepcional. Igualmente sorprendente y neogótico es el interior de este recinto, presidido por un aparatoso retablo de madera en su color flanqueado por dos escudos, con sacristía y dos balcones que comunican el señorío con el recinto sagrado. En este retablo se dio culto a una importante escultura de Nuestra Señora de la Consolación que, según la tradición, fue encontrada aquí en el siglo XV y que es precisamente lo que se representa en el referido tímpano. Aún en el Catálogo arqueológico y artístico de la Provincia de Sevilla se refiere la citada imagen, hoy ya ausente, así como otras esculturas y pinturas, amén de una pila bautismal procedente de la cercana ermita mudéjar.
     Además, una placa de mármol hace una pequeña historia de la capilla y de la propia finca, la cual en parte se completa con la anteriormente transcrita: La imagen de Nuestra Señora de Consolación, venerada en este santuario, fue hallada cerca de la fuente llamada Pocita de la Virgen, según tradición de la antigua Villa de Castilleja de Talhara, siendo señores de ella el veinticuatro Fernando Ortiz El Viejo y Doña Leonor Fernández de Fuentes a mediados del siglo XV, erigiendo estos capilla en el valle nombrado de Consolación desde la que fue trasladada a ésta, que en el año de MDCLXVI edificaron Don Alonso Fernández Marmolejo, Caballero de la Orden de Santiago, Señor de Almensilla y Doña Isabel Ortiz Melgarejo, XI Señora de Castilleja de Talhara. Fue renovada el año de MDCCXXXIV por la venerable señora Doña Constanza Bucarelli y Ursua, marquesa viuda de las Torres, y su hijo el marqués Don Juan de Madariaga, XVI Señor de esta villa y por amenazar ruina la han levantado de nuevo de cimientos en MDCCCLXXXVIII los Excelentísimos Señores Don Andrés Lasso de la Vega y Doña Blanca Fernández de Córdoba, Condes de Casa Galindo, Marqueses de Cubas, Grandes de España, actuales poseedores que ruegan a cuantos fieles visiten este santuario les encomienden a Dios. 
     Como ya indicamos, el segundo patio lo ocupa el señorío, que cuenta con dos plantas, notable escalera claustral y diversos salones y galerías que circundan el patio, en excelente estado de conservación. A diferencia del primer patio, este segundo sigue pautas neomudéjares. Más allá del mismo y separado de él por una alta y artística reja de hierro forjado, hay un amplio jardín, el cual acusa, al igual que todo el edificio, una cuidada planificación en este caso paisajística, extendiéndose a varios niveles.
     En torno a este núcleo edificatorio y rodeado por una alta tapia se encuentran otras dependencias. Así, tras las referidas cuadras hay una bodega, lo que refuerza la hipótesis apuntada de que la finca contó con dos almazaras. Más allá y junto al jardín encontramos una noria y un pozo. Al otro lado del edificio, tras la almazara hidráulica también aludida se dispone un amplio corral en el que hay otra bodega de tinajas empotradas, un transformador en forma de torre almenada, un horno de pan, así como una gran pajarera, que en origen fue gallinero. En este corral, en la actualidad convertido en jardín, hay como elemento decorativo una solera del molino de aceite. 
     La villa, población y hacienda de Castilleja de Talhara está perfectamente documentada gracias a Antonio Herrera. Debió ser en sus orígenes una alquería musulmana, pero las primeras noticias fehacientes sobre la finca datan de 1265, estando vinculada desde 1379 al linaje de los Lasso de la Vega, y con ellos al marquesado de las Torres de la Presa, hasta que no hace muchos años don Miguel Lasso de la Vega la vendió, tras más de seis siglos en poder de su familia, a su actual dueña, que mantiene la finca en perfecto estado. No obstante, Antonio Herrera nos informa de que fueron varios los señoríos vinculados a Castilleja de Talhara. Así, en una mitad de la misma fundó un señorío don Juan Fernández de Mendoza y doña Leonor Cerón en 1441, formando parte del mismo unas casas, un molino aceitero llamado del Bollo, una huerta, 20 aranzadas de olivar, así como el señorío y jurisdicción de su parte de la villa, 50 vasallos francos, un tejar y ciertos tributos.
     Tras diversos avatares, todo el término de Talhara acabó por unificarse y en el siglo XVIII contaba con casi 2.000 aranzadas de extensión, de las que más de 1.300 se dedicaban a dehesa, 300 a sembradura, 240 a olivar, 60 a pinar, 13 a árboles frutales, 1,5 a viña e igual cantidad a huerta de regadío, todo lo cual evidencia la variopinta producción de las haciendas. Por otra parte, el Catálogo de títulos de Castilla recoge el condado de Talhara, que Julio González relaciona con toda lógica con esta explotación. 
     Pese a la remota antigüedad de la finca y despoblado, de lo que son prueba los abundantes restos arqueológicos encontrados en ella, su caserío fue por completo transformado en 1888, cuando se le dio su escenográfico aspecto, que responde a historicistas pautas románticas, siendo mitad neogótico, mitad neomudéjar. En cualquier caso, su impronta de verdadera fortaleza medieval, con erizadas torres, remates almenados y machacona presencia heráldica le da ese carácter único al que ya nos referimos. A ello hay que sumar su construcción de ladrillo, lo que suponemos a su inspiración en las ruinas de la vecina ermita de Castilleja de Talhara. 
     No obstante, tenemos una referencia del caserío anterior a su transformación, que es la que ofrece Madoz en su Diccionario, en la que dice, además de que era propiedad de los marqueses de las Torres, que contaba con buen caserío, tierras de labor, pinares, olivares y monte bajo, es decir, se trataba de una explotación de carácter mixto. Su población era entonces de 2 vecinos, 5 almas. La alta calificación que Madoz le da al caserío en los años centrales del siglo XIX nos lleva a sospechar que la reforma de 1888 pudo ser un mero enmascaramiento de estructuras muy anteriores, quizás a raíz de la industrialización de la producción aceitera gracias al prensado hidráulico. 
     En cualquier caso, ambas construcciones, tanto la hacienda como la ermita, tienen una historia común. En este sentido la inscripción que se encontró al pie de la cruz que hay ante la ermita hace un breve resumen de esta larga y linajuda historia: Hacienda y antigua villa de Castilleja de Talhara fundada en el año MCCCLXIX por el XXIV Alonso Fernández de Fuentes, vinculada en MCDLXXVII por el XXIV Fernando Ortiz y Dª Leonor Fernández de Fuentes, acrecentada en MDCIII por D. Gaspar Ortiz Melgarejo, IX Señor de ella, en MDCCCL por D. Miguel Lasso de la Vega, Marqués de las Torres, XXI Señor de la misma y en MDCCCLXXXVIII por D. Andrés Lasso de la Vega y Dª Blanca Fernández de Córdoba, Condes de Casa Galindo, Marqueses de Cubas, actuales propietarios (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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domingo, 14 de septiembre de 2025

La Capilla de la Vera Cruz, en Benacazón (Sevilla)

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Capilla de la Vera-Cruz, en Benacazón (Sevilla).
     Hoy, 14 de septiembre, Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, que al día siguiente de la dedicación de la basílica de la Resurrección, erigida sobre el Sepulcro de Cristo, es ensalzada y venerada como trofeo pascual de su victoria y signo que aparecerá en el cielo, anunciando a todos la segunda Venida [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
    Y qué mejor día que hoy, para Explicarte la Capilla de la Vera-Cruz, en Benacazón (Sevilla).
     La Capilla de la Vera Cruz se encuentra en la calle Real, 6; en Benacazón (Sevilla).
     Construida en 1511 probablemente como Hospital de la Sangre, como sucede con la capilla de la Soledad, la de la Veracruz fue restaurada en su totalidad.
     De una sola nave con cúpula sobre el presbiterio, destaca un pequeño retablo barroco, conocido como el retablito y realizado por Dionisio de Ribas en 1660. En el altar mayor se venera al Santísimo Cristo de la Vera Cruz, imagen de la escuela castellana de finales del siglo XVI, y a María Santísima de los Dolores, atribuida a Cristóbal Ramos. Entre sus elementos más destacables están la talla de San Juan Niño, conocido como San Juanito, de Juan Martínez Montañés, y el paso del Cristo, de Antonio Castillo Lastrucci. En la sacristía se exponen enseres de la Hermandad (Turismo de la Provincia de Sevilla).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Santa Cruz;
La Leyenda de la cruz

   La historia de la Santa Cruz, antes y después de la Crucifixión, dio nacimiento a un ciclo legendario que fue popularizado por Santiago de Vorágine en la Leyenda Dorada.
   Los héroes principales de esta novela piadosa que abarca varios siglos, son Adán, Salomón, la reina de Saba, el emperador Constantino, Santa Helena y finalmente Heraclio, que devuelve la Santa Cruz a Jerusalén.
La madera de la Cruz antes de la Crucifixión
   La idea central de la leyenda es la intención de vincular la Redención con el pecado Original. Se imaginó que la cruz del Gólgota se había construido con madera procedente del árbol de la Ciencia. Por ello, en los himnos litúrgicos, la cruz se invoca con el nombre de Arbor.
   ¿Qué sucesión de vicisitudes y metamorfosis permitió que la madera del árbol de la Ciencia se convirtiera en la cruz de Jesús? Se supuso que Adán había arrancado una rama antes de ser expulsado del Paraíso. Según otra versión, es el tercer hijo de Set quien habría recibido ese brote de manos del arcángel Miguel, y lo habría plantado sobre su tumba.
   Mucho tiempo después, la reina de Saba, que fue a Jerusalén para visitar a Salomón, al encontrarse frente a una viga echada sobre un arroyo a manera de puente, vio en espíritu que el Redentor sería fijado alguna vez a esa madera. Por ello se negó a pisar esa tabla sagrada y se arrodilló para adorarla.
   Salomón hizo clavar esa pieza de madera en el suelo con el objeto de que no fuese pisoteada. Por un misterioso fenómeno, apareció en la Piscina probática donde flotaba y curaba milagrosamente a los enfermos y tullidos. Los verdugos la retiraron de esa piscina y construyeron con ella la cruz de Jesús.
   Esta leyenda novelesca ha sido representada muchas veces por los pintores italianos del Trecento y del Quattrocento, sobre todo en las iglesias de los franciscanos, guardianes del Santo Sepulcro, muchas de las cuales estaban bajo la advocación de la Santa Cruz (Santa Croce).
   La escena más popular de este ciclo es el gesto de la reina de Saba al arrodillarse frente a la madera de la Santa Cruz cuando aún servía de puente sobre un arroyo.
La reina de Saba adora la madera de la Cruz
   En la vidriera de Saint Pantaléon, en Troyes, se lee esta ingenua inscripción:
          La royne de Sabba ne voulut marcher sur la dicte planche
          Pour ce qu'elle fut inspirée que sur icelle planche
          Serai crucifiçe le Rédempteur des humains.
   (La reina de Saba no quiso caminar sobre esta tabla / Porque recibió la inspiración que sobre esa misma tabla / Sería crucificado el Redentor de la humanidad.)
   De acuerdo con una leyenda popular que asimila la reina de Saba a la reina Pedauca, al retroceder para vadear el arroyo, ella mostró una pata de oca.
   Existe otra versión de esta leyenda que también reposa en la idea de la continuidad de los dos Testamentos, pero que es totalmente diferente.
   Adán, expulsado del Edén, como recuerdo del Paraíso perdido se lleva una rama del Árbol de la Ciencia que le sirvió de bastón hasta su muerte.
   Dicho bastón, que los patriarcas se transmitieron de generación en generación, fue encontrado por Jetró, el suegro de Moisés. De ese bastón colgó Moisés la serpiente de bronce, prefiguración de Cristo crucificado. Por la intermediación del traidor Judas, llegó a las manos de los verdugos de Cristo que lo utilizaron para construir la cruz.
La Invención y la Adoración de la Vera Cruz

   La historia de la Santa Cruz no se detiene en la Crucifixión. A falta de huesos de Cristo, cuyo cuerpo había subido al cielo, la devoción popular se volcó sobre el instrumento del suplicio que ocupó el primer lugar en el catálogo de las reliquias.
   Las tradiciones creadas en torno a este símbolo de la fe cristiana fueron difundidas en el siglo XIII por la Leyenda Dorada que narra detalladamente la maravillosa historia de la Búsqueda, el Descubrimiento y la Exaltación de la Santa Cruz.
1. La Invención de la Vera Cruz por santa Helena
   Después de la muerte de Cristo la cruz no se mantuvo plantada  en el Gólgota, puesto que erigían una nueva para cada ejecución. Fue enterrada con los «patibula» de los dos ladrones en una fosa común que cayó en el olvido. Ninguno de los apóstoles y evangelistas se preocupó por ello, según parece.
   Algunos siglos más tarde, Cristo se aparece en sueños al emperador Constantino y le promete que vencerá bajo el signo de la cruz. Constantino sale de Roma al encuentro del ejército de Majencio, y gracias a la cruz que resplandece en su lábaro, consigue la victoria.
   Santa Helena, su madre, decide entonces viajar a Jerusalén para encontrar la madera de la Vera Cruz. Reúne a los ancianos para indagar acerca del lugar donde está enterrada, y le informan sobre un tal Judas como único depositario del secreto.
   Éste, interrogado, finge no saber nada. Helena ordena que lo echen en una cisterna seca: después de seis días de ayuno, Judas pide que se lo perdone y promete decirlo todo. Cuando cavan en el sitio que él señala, se descubren las tres cruces del Calvario.
   La identificación de la Vera Cruz
   Desgraciadamente, las tres cruces se parecían entre sí ¿Cómo distinguir entonces la Santa Cruz, la de Jesús, de las correspondientes a los Ladrones? Su autenticidad fue revelada por el milagro de un muerto que resucitó a su contacto, o bien de acuerdo con otra leyenda, por la inscripción (titulus) que permanecía fijada a la madera de la Vera Cruz.
    En medio de la alegría general, Judas se convirtió, y en su bautismo cambió su nombre malsonante por el de Ciriaco (Dominicus); y hasta llegó a ser elegido obispo de Jerusalén.
   Por pedido de Santa Helena, emprendió búsquedas complementarias en el Gólgota para encontrar los Santos Clavos, que aparecieron en la superficie tan brillantes como si fueran de oro.
   Toda esta historia ha sido inventada. No hay texto alguno que haga alusión al descubrimiento de la Vera Cruz antes de 347; ahora bien, Santa Helena murió en Nicomedia  en 327.
2. La reconquista de la Santa Cruz por el emperador Heraclio
   Las aventuras de la Santa Cruz no habían terminado.
   La preciosa reliquia, que Constantino y Helena habían enriquecido con gemas (crux gemmata), fue pillada por el rey de los persas, Cosroes II. El emperador Heraclio la reconquistó en 628 y la devolvió a Jerusalén, sólo en parte, porque uno de los brazos habría quedado en Constantinopla.
   Ese retorno de la Vera Cruz está narrado de dos maneras diferentes.
   Según la primera versión, Heraclio se había propuesto llevar personalmente sobre sus hombros la Cruz reconquistada a la cima del Calvario, y para honrarla creyó que lo mejor era vestirse con sus ornamentos imperiales. Pero cuando quiso levantar la Cruz le resultó imposible conseguirlo. El patriarca Zacarías le explicó la causa de ese prodigio: puesto que Cristo había transportado su cruz con humildad, era conveniente que un emperador cristiano hiciese otro tanto. Una vez despojado de sus ornamentos, en camisa y con los pies descalzos, pudo subir la Cruz hasta el Gólgota.
   La Leyenda Dorada introdujo una variante en esta anécdota. Heraclio quería hacer una entrada triunfal en Jerusalén; pero al llegar a Jerusalén a caballo, seguido por un brillante cortejo, debió detenerse ante la Puerta Dorada, pues la encontró cerrada. Un ángel le advirtió que debía devolver la Cruz imitando la humildad del Rey Celestial que había entrado por esa puerta montado en un asno.
   Entonces el emperador comenzó a llorar, se descalzó, se quitó sus ropas, e incluso la camisa, y tomando la Cruz del Señor llamó humildemente a la puerta que se abrió y le permitió el paso.
3. La Exaltación de la Santa Cruz
   Estos dos grandes acontecimientos de la Búsqueda y de la Reconquista de la Santa Cruz fueron conmemorados en la liturgia griega y romana.
   La fiesta de la lnventio S. Crucis recuerda el descubrimiento de la Vera Cruz por la emperatriz Helena. En cuanto a la fiesta de la Exaltatio, que tiene el sentido de elevación, de ostención ante los peregrinos, celebraba en su origen la advocación de la basílica constantiniana del Santo Sepulcro, donde se encontraba la Cruz desenterrada por la emperatriz Helena; pero más tarde se aplicó a su devolución por Heraclio, después de su victoria sobre Cosroes.
   Fue el papa Sergio, oriundo de Siria, quien introdujo en Roma a finales del siglo VII esta fiesta jerosolimitana. En el oficio de ese día, el sacerdote hace cuatro elevaciones de la cruz.
   Todos los santuarios de la cristiandad tenían como suprema ambición poseer un trozo de la Vera Cruz que los emperadores de Constantinopla  no dejaron de acuñar. Esas reliquias insignes se guardaban en las staurotecas (del griego stauros: cruz) que generalmente tienen la forma de una cruz de doble travesaño.
   Las más célebres son la del monasterio de la Sainte Croix de Poitiers, donada en 570 a Santa Radegunda por la emperatriz Sofía; las de Monza, en Lombardía y, en Hungría. La más preciosa desde el punto de vista artístico es la stauroteca de Limbourg del Lahn, adornada con magníficos esmaltes alveolados que proceden del botín robado por un caballero alemán en Constantinopla en ocasión de la cuarta Cruzada, en 1204.
Iconografía

   Hemos insistido largamente en el tema de la leyenda y el culto de la Santa Cruz, porque una y otro dieron nacimiento a numerosas realizaciones artísticas del mayor interés, algunas de las cuales, como los frescos de Piero della Francesca en Arezzo, son incomparables obras maestras.
   La mayoría de dichos ciclos, que se inspiran en la Leyenda Dorada, han sido ejecutados para iglesias de la orden de los franciscanos, con frecuencia puestas bajo la advocación de la Santa Cruz (Santa Croce).
          1. Invención e identificación de la Vera Cruz por santa Helena
          2. El emperador Heraclio, en camisa y descalzo, devuelve la Cruz a Jerusalén
   Heraclio generalmente lleva el asta o poste de la Cruz, sin el travesaño.
El culto de la Santa Cruz
   Numerosas Iglesias o abadías de toda la cristiandad estaban bajo la advocación de la Santa Cruz. En Francia, el monasterio fundado por santa Radegunda, en Poitiers. En España y Austria las abadías cistercienses de Santes Creus y de Heiligenkreuz.
Los instrumentos de la Pasión
   La Cruz no es el único objeto de veneración. La devoción de la Edad Media incluyó en el mismo culto a todos los instrumentos de la Pasión que agrupó en una especie de trofeo llamado las Armas de Cristo. Se le atribuía un poder mágico, como a la señal de la cruz.
   Este tema esencialmente popular a pesar de su carácter heráldico, suele acompañar el Cristo de la Piedad o a la Misa de san Gregorio, imágenes a las que se vinculaban numerosas indulgencias.
   Los elementos que forman parte de su composición se multiplicaron poco a poco. En el siglo XIII estaban reducidos a seis: la corona de espinas, la columna y las varas de la Flagelación, la cruz, los clavos, la esponja y la lanza de la transfixión.
   En el siglo XV el jeroglífico se complicó. Se agregaron las treinta monedas de Judas alineadas o cayendo en cascada de una bolsa invertida, la linterna de Malco y su oreja pegada al machete de San Pedro, el gallo de la Negación (gallus cantans), una cabeza que escupe (sputum infacie Christi), la mano que abofeteó a Cristo, la columna de la Flagelación, el aguamanil y la jofaina  del Lavatorio, las manos de Pilato, el velo de la Verónica, la túnica sin costuras y los dados que tuvieron para echarla a suertes, el martillo que hundió los clavos, la escalera del Descendimiento de la cruz.
   Cuando estos «Instrumentos» no están ordenados en una panoplia son transportados por ángeles que tienen el papel de tenantes de escudo de armas. En Solesmes, el ángel que lleva la bolsa de Judas, enjuga una lágrima en la comisura del ojo.
   Los ángeles presentando los Instrumentos de la Pasión suelen estar representados en los timpanos de las portadas de las catedrales, en la escena del Juicio Final.
Las cinco llagas
   Otra devoción también vinculada con la Crucifixión es la de las cinco Llagas o heridas. Se desarrolló en el siglo XV a causa de las indulgencias que atribuyó el papado a las oraciones en memoria de las cinco Llagas de Cristo que protegían contra la «muerte ruin», es decir, la muerte súbita, sin confesión, particularmente temida en tiempos de peste.
   Las procesiones expiatorias de los flagelantes se acompañaban con este refrán:
          Jhesus, par tes cinq rouges playes 
          De mort soudaine nous delayes.
          (Jesús, por tus cinco rojas llagas / Nos sustraes de la muerte súbita.)
   Esta devoción concordaría mejor con la antigua iconografía del Crucifijo, donde los pies de Cristo están separados, que con la nueva, donde los pies están superpuestos y agujereados con un solo clavo.
   En las xilografías coloreadas del siglo XV se encuentran tres formas de representar este motivo que pertenece casi exclusivamente a la imaginería popular.
     Las cinco Llagas tienen la forma de cortes horizontales de los que caen gotas de sangre y de donde emanan rayos de luz.
     Un corazón atravesado por una lanza y aplicado sobre una cruz está flanqueada por cuatro miembros cortados: dos manos y dos pies agujereados por clavos. El conjunto forma un trofeo de la Crucifixión.
     Las cinco Llagas están simbolizadas por cinco cruces sobre la mesa del altar, imagen del cuerpo de Cristo de acuerdo con la fórmula ritual del Pontifical.
   Con frecuencia los artistas se limitan a representar la herida del costado en tamaño real, que llevan dos ángeles en un cáliz.
   Además, la devoción a las cinco llagas se expresa alegóricamente mediante la representación de la Fuente de Vida, llena con la sangre de Cristo, que purifica las almas y cura los cuerpos. Esta Fuente de Remisión, asimilada a la Piscina probática de la Biblia, tiene cinco orificios que corresponden a las cinco Llagas del Redentor Crucificado.
   En la época de la Contrarreforma, un carmelita descalzo, José de Santa Bárbara, publicó en Amberes, en 1666, un tratado místico titulado Het Gheestelijk Kaertspel (El juego de cartas espiritual), donde el cinco de corazones está representado por cinco corazones dispuestos en tresbolillo alrededor de la Cruz, y en los cuales se inscriben las llagas de las manos, el costado y los pies (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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jueves, 19 de septiembre de 2024

El sitio arqueológico Gelo Atunes, en Benacazón (Sevilla)

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     El único resto arquitectónico medieval es una ermita con la advocación de Ntra. Sra. del Rocío, estilo mudéjar. En toda la extensión del yacimiento son abundantes los restos de tejas y ladrillos; el material cerámico localizado consiste en: cerámica vidriada, con engalba roja y vidrío interior, cerámica común entre ellas una tapadera, cerámica con acanaladuras al exterior.
     Se trata de una alquería musulmana con perduración bajomedieval cristiana, posiblemente en el siglo XV el núcleo de habitación se redujera o pasara al sur de ermita, lugar ocupado por el caserío actual. El cambio o reducción coincidiría con el paso a la nueva situación de Señorío (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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miércoles, 10 de enero de 2024

Los sitios arqueológicos de Castilleja de Talhara, en Benacazón (Sevilla)

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Castilleja de Talhara A. La "pocita de la Virgen", es un manantial que hay junto al yacimiento, en superficie no se apreciaron restos constructivos, se localizaron fragmentos de: cerámica común, cerámica vidriada, a la almagra, materiales que corresponderán a la alquería musulmana. Junto a ello, restos romanos con un epígrafe hispano-visigodo actualmente en el Museo Arqueológico de Sevilla. Se trataría pues de un asentamiento rural romano y una alquería musulmana de fines del XII o principios del XIII.
Castilleja de Talhara B. Son dos los restos arquitectónicos hallados, una iglesia mudéjar y restos de construcciones de ladrillos que salieron a la luz tras realizar un corte, se recogieron además fragmentos de cerámica con engalba roja, cerámica vidriada, y sin vidrio. 
     La iglesia sería de inicios del s. XV, el yacimiento pertenece a la segunda mitad del siglo XIII, según los materiales cerámicos. Se efectuó una repoblación en el 1369 manteniéndose con continuidad hasta el s. XVI, probablemente el material de esta población debe mantenerse bajo el caserío (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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sábado, 5 de agosto de 2023

La Iglesia de Santa María de las Nieves, en Benacazón (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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     Hoy, 5 de agosto, Dedicación de la basílica de Santa María, en Roma, construida en el monte Esquilino y ofrecida por el papa Sixto III al pueblo de Dios como recuerdo del Concilio de Éfeso, en el que la Virgen María fue proclamada Madre de Dios (c. 434) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
   Y que mejor día que hoy para Explicarte la Iglesia de Santa María de las Nieves, en Benacazón (Sevilla).
   La Iglesia de Santa María de las Nieves, se encuentra en la calle Pablo Iglesias, 1; en Benacazón (Sevilla).
    Originalmente fue una iglesia mudéjar, formada por una sola nave con cubierta de madera y capilla mayor con bóveda de paños sobre trompas angulares. Durante el siglo XVII se le agregó una nave lateral, cubierta por bóveda de cañón con arcos fajones. Consta que a mediados de dicho siglo trabajó en la iglesia el arquitecto Pedro Sánchez Falconete. En la segunda mitad del XVIII y con informes y la supervisión del arquitecto Tomás Zambrano se reparó el conjunto, se construyeron las portadas y el camarín y se levantó la torre. Esta última se sitúa en la fachada de los pies y presenta dos cuerpos más un chapitel piramidal. Junto a ella se encuentra la portada, de esquema adintelado entre pilastras cajeadas y rematadas por un frontón recto y roto, en cuyo centro aparece la Giralda entre jarras de azucenas. La puerta lateral tiene un arco de medio punto flanqueado por pilastras y un frontón curvo que se rompe al centro para situar una ventana. En un azulejo aparece la fecha de 1756.
     El retablo mayor está constituido por elementos de diverso origen, si bien en su mayor parte fechables en el último cuarto del siglo XVII. De esa época son los lienzos de Santa Justa y Rufina, que aparecen en el ático, y posterior es la escultura de la Inmaculada, situada en la hornacina principal. El Cristo del Crucero, que aparece en el ático, puede fecharse en el siglo XV. En el muro izquierdo se sitúa el retablo de San Francisco de Paula, fechable hacia 1730, el de San Bartolomé, de la primera mitad del mismo siglo, y el de la Virgen  del Rosario, compuesto con elementos barrocos y neogóticos. El retablo de San José, colocado en el muro derecho, presenta un solo cuerpo con tres calles y ático, y cuenta con las esculturas del titular, de San Joaquín, Santa Ana y San Miguel; el conjunto se fecha en el segundo cuarto del siglo XVIII.
     La Capilla Sacramental está presidida por un retablo sin dorar, concertado en 1618 por Juan Martínez Montañés y reformado en 1632. En su hornacina central se sitúa la escultura de la Virgen de la Granada, obra de hacia 1540, realizada por un artista próximo a Roque Balduque. Sobre ella figuran pinturas de la Virgen del Rosario y del Calvario, la primera correspondiente al siglo XVIII y la segunda al XVII.
     El retablo de Ánimas se realizó en la transición de los siglos XVII y XVIII, fechándose a fines de este mismo siglo la escultura de la Dolorosa, situada sobre la mesa de altar. Posee esta iglesia una custodia de madera dorada de estilo neoclásico, unas crismeras de plata del primer cuarto del siglo XVII, una cruz parroquial de finales del XV con placas del Pantocrátor y la Crucifixión, dos ostensorios de plata sobredorada, de mediados del XVII y un portapaz de plata de fines del XVIII, con los punzones R. Garay y García (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
     Edificio mudéjar de una sola nave con cubierta de madera y capilla mayor. En el barroco el edificio fue ampliado con una nave lateral y en el siglo XVIII se construyó la torre y se labraron las portadas. En el interior de la iglesia pueden admirarse obras de singular valor: pinturas, esculturas de la escuela sevillana y magníficos retablos, entre los que destaca el retablo mayor que acoge a la patrona de Benacazón, la Virgen de las Nieves; el Cristo del Crucero, del siglo XV, y el retablo de la capilla sacramental, obra concertada en 1618 por el taller de Juan Martínez Montañés y reformada en 1632. En este se puede admirar la escultura de la Virgen de la Granada, obra de mitad del siglo XVI atribuida al círculo de Roque Balduque.
     Aunque la iglesia parroquial de Benacazón es de origen mudéjar, remontándose al siglo XVI, y fue sometida a varias ampliaciones posteriores, es en el siglo XVIII cuando adquiere la estética y fisonomía que se ha intentado recuperar con el máximo cuidado y esplendor durante las últimas obras de restauración. Las obras, que tuvieron una duración de siete meses, consistieron en la recuperación de unas pinturas y azulejos policromados, así como el color almagra original de la fachada, cubierto por diferentes capas de pintura a lo largo de los años. La intervención incluyó también la sustitución de la puerta principal, el soterramiento del cableado exterior y la mejora de la iluminación artística de la fachada. La inauguración de la restauración exterior de la iglesia parroquial tuvo lugar el 22 de julio de 2009 (Turismo de la Provincia de Sevilla).
Conozcamos mejor la sobre el Significado y la Iconografía de la Virgen con el Niño;
   Tal como ocurre en el arte bizantino, que suministró a Occidente los prototipos, las representaciones de la Virgen con el Niño se reparten en dos series: las Vírgenes de Majestad y las Vírgenes de Ternura.
La Virgen de Majestad
   Este tema iconográfico, que desde el siglo IV aparecía en la escena de la Adoración de los Magos, se caracteriza por la actitud rigurosamente frontal de la Virgen sentada sobre un trono, con el Niño Jesús sobre las rodillas; y por su expresión grave, solemne, casi hierática.
   En el arte francés, los ejemplos más antiguos de Vírgenes de Majestad son las estatuas relicarios de Auvernia, que datan de los siglos X u XI. Antiguamente, en la catedral de Clermont había una Virgen de oro que se mencionaba con el nom­bre de Majesté de sainte Marie, acerca de la cual puede dar una idea la Majestad de sainte Foy, que se conserva en el tesoro de la abadía de Conques.
   Este tipo deriva de un icono bizantino que el obispo de Clermont hizo emplear como modelo para la ejecución, en 946, de esta Virgen de oro macizo destinada a guardar las reliquias en su interior.
   Las Vírgenes de Majestad esculpidas sobre los tímpanos de la portada Real de Chartres (hacia 1150), la portada Sainte Anne de Notre Dame de París (hacia 1170) y la nave norte de la catedral de Reims (hacia 1175) se parecen a aquellas estatuas relicarios de Auvernia, a causa de un origen común antes que por influencia directa. Casi todas están rematadas por un baldaquino que no es, como se ha creído, la imitación de un dosel procesional, sino el símbolo de la Jerusalén celeste en forma de iglesia de cúpula rodeada de torres.
   Siempre bajo las mismas influencias bizantinas, la Virgen de Majestad aparece más tarde con el nombre de Maestà, en la pintura italiana del Trecento, transportada sobre un trono por ángeles.
   Basta recordar la Madonna de Cimabue, la Maestà pintada por Duccio para el altar mayor de la catedral de Siena y el fresco de Simone Martini en el Palacio Comunal de Siena.
   En la escultura francesa del siglo XII, los pies desnudos del Niño Jesús a quien la Virgen lleva en brazos, están sostenidos por dos pequeños ángeles arrodillados. La estatua de madera llamada La Diège (Dei genitrix), en la iglesia de Jouy en Jozas, es un ejemplo de este tipo.
El trono de Salomón
   Una variante interesante de la Virgen de Majestad o Sedes Sapientiae, es la Virgen sentada sobre el trono con los leones de Salomón, rodeada de figuras alegóricas en forma de mujeres coronadas, que simbolizan sus virtudes en el momento de la Encarnación del Redentor.
   Son la Soledad (Solitudo), porque el ángel Gabriel encontró a la Virgen sola en el oratorio, la Modestia (Verecundia), porque se espantó al oír la salutación angélica, la Prudencia (Prudentia), porque se preguntó como se realizaría esa promesa, la Virginidad (Virginitas), porque respondió: No conocí hombre alguno (Virum non cognosco), la Humildad (Humilitas), porque agregó: Soy la sierva del Señor (Ecce ancilla Domini) y finalmente la Obediencia (Obedientia), porque dijo: Que se haga según tu palabra (Secundum verbum tuum).
   Pueden citarse algunos ejemplos de este tema en las miniaturas francesas del siglo XIII, que se encuentran en la Biblioteca Nacional de Francia. Pero sobre todo ha inspirado esculturas y pinturas monumentales en los países de lengua alemana.
La Virgen de Ternura
   A la Virgen de Majestad, que dominó el arte del siglo XII, sucedió un tipo de Virgen más humana que no se contenta más con servir de trono al Niño divino y presentarlo a la adoración de los fieles, sino que es una verdadera madre relacionada con su hijo por todas las fibras de su carne, como si -contrariamente a lo que postula la doctrina de la Iglesia- lo hubiese concebido en la voluptuosidad y parido con dolor.
   La expresión de ternura maternal comporta matices infinitamente más variados que la gravedad sacerdotal. Las actitudes son también más libres e imprevistas, naturalmente. Una Virgen de Majestad siempre está sentada en su trono; por el contrario, las Vírgenes de Ternura pueden estar indistintamente sentadas o de pie, acostadas o  de rodillas. Por ello, no puede estudiárselas en conjunto y necesariamente deben introducir en su clasificación numerosas subdivisiones.
   El tipo más común es la Virgen nodriza. Pero se la representa también sobre su lecho de parturienta o participando en los juegos del Niño.
El niño Jesús acariciando la barbilla de su madre
   Entre las innumerables representaciones de la Virgen madre, las más frecuentes no son aquellas donde amamanta al Niño sino esas otras donde, a veces sola, a veces con santa Ana y san José, tiene al Niño en brazos, lo acaricia tiernamente, juega con él. Esas maternidades sonrientes, flores exquisitas del arte cristiano, son ciertamente, junto a las Maternidades dolorosas llamadas Vírgenes de Piedad, las imágenes que más han contribuido a acercar a la Santísima Virgen al corazón de los fieles.
   A decir verdad, las Vírgenes pintadas o esculpidas de la Edad Media están menos sonrientes de lo que se cree: la expresión de María es generalmente grave e incluso preocupada, como si previera los dolores que le deparará el futuro, la espada que le atravesará el corazón. Sucede con frecuencia que ni siquiera mire al Niño que tiene en los brazos, y es raro que participe en sus juegos. Es el Niño quien aca­ricia el mentón y la mejilla de su madre, quien sonríe y le tiende los brazos, como si quisiera alegrarla, arrancarla de sus sombríos pensamientos.
   Los frutos, los pájaros que sirven de juguetes y sonajeros al Niño Jesús tenían, al menos en su origen, un significado simbólico que explica esta expresión de inquieta gravedad. El pájaro es el símbolo del alma salvada; la manzana y el racimo de uvas, aluden al pecado de Adán redimido por la sangre del Redentor.
   A veces, el Niño está representado durante el sueño que la Virgen vela. Ella impone silencio a su compañero de juego, el pequeño san Juan Bautista, llevando un dedo a la boca.
   Ella le enseña a escribir, es la que se llama Virgen del tintero (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Solemnidad de Santa María de las Nieves, o la Blanca
    Fiesta conocida popularmente por Santa María de las Nieves o la Blanca por la leyenda de la fundación de la basílica de Santa María la Mayor de Roma: el patricio romano Juan tuvo una visión de la Virgen en el 358 que le ordenaba edificar una iglesia en un solar que encontraría cubierto de nieve, lo que comunicó al Papa Liberio, que trazó el plano del nuevo templo en la cumbre del Esquilino, nevada prodigiosamente, por lo que se la conoce como Basílica Liberiana.  Se la encuentra ya registrada en el calendario jeronimiano, pero por ser una celebración local romana, no aparece en los sacramentarios. Hasta el siglo XIV fue una fiesta exclusiva de la basílica, en que se extendió a todas las iglesias de Roma y a otras diócesis. Fue extendida definitivamente a la Iglesia Latina en 1570 por San Pío V Ghislieri, que determinó incluso sepultarse allí, y Clemente VIII Aldobrandini (+1605) la elevó a doble mayor. En el calendario de 1969 fue incluida memoria libre. Aparte de la historicidad de la leyenda, el conmemorar la dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor de Roma nos invita a reflexionar que María es imagen y tipo de la Iglesia, su origen como la primera creyente del nuevo orden salvífico y su representación en el Calvario y ante el sepulcro, así como la esperanza escatológica eclesial de la futura glorificación consumada en su Asunción. El templo material de María, que alberga a Jesús Eucaristía es signo del cristiano, templo vivo del Espíritu Santo (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Iglesia de Santa María de las Nieves, en Benacazón (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia.

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domingo, 4 de septiembre de 2022

La Ermita de Castilleja de Talhara, en Benacazón (Sevilla)

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Ermita de Castilleja de Talhara, en Benacazón (Sevilla).   
   Hoy, 4 de septiembre, la Orden de San Agustín celebra la Solemnidad de Nuestra Señora de la Consolación, una semana después de la solemnidad de San Agustín, con el rango de solemnidad.
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Ermita de Castilleja de Talhara, dedicada a la Virgen de Consolación, en Benacazón (Sevilla).   
     La Ermita de Castilleja de Talhara, se encuentra en la ctra. de Benacazón a Aznalcázar, en el km. 5,3; en Benacazón (Sevilla).
     Edificio de planta rectangular, dividida en tres naves por medio de pilastras cruciformes. La capilla mayor de planta cuadrada se cubría con bóveda de paños sobre trompas.
     La portada principal presenta un arco apuntado abocinado, rematado en su trasdós por un arco lobulado, inscrito en un alfiz. Las ventanas, de arcos de herradura, están decoradas por pequeños trozos de azulejos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     En la actualidad se conservan las ruinas de una antigua ermita mudéjar del siglo XV, de la alquería de Castilleja de Talhara. Se trata de un notable edificio por lo depurado de sus proporciones, la calidad del diseño y la ejecución de portadas y ventanas. Está construido con ladrillo y tapial, contando con algunos elementos de cerámica vidriada en las ventanas.
     Es uno de los ejemplares más destacados del mudéjar sevillano por su arco lobulado en la arquivolta externa, enmarcado con un alfiz. Especial interés poseen las ventanas: la del lado del Evangelio en el presbiterio conserva la decoración de cerámica vidriada en turquesa y manganeso.
     El templo es de planta basilical con tres naves de dos tramos con arcos apuntados y capilla mayor de planta cuadrada que, como ponen de manifiesto los restos de las trompas que la soportaban, estuvo cubierta por bóveda esquivada de dieciséis lados.
     Junto a la ermita se encuentra la Hacienda de Castilleja de Talhara, de propiedad privada, que se halla en perfecto estado de conservación gracias a la correcta intervención de sus actuales propietarios. (Ayuntamiento de Benacazón).     
Conozcamos mejor la Festividad de Nuestra Señora de la Consolación
;
   Esta advocación es muy antigua en el seno de la Orden agustina y fue declarada su Patrona. Según la leyenda, Santa Mónica derramaba muchas lágrimas ante Dios en favor de su hijo San Agustín, desviado de la fe que ella le transmitiera en su infancia, y la Virgen la consoló en su oración ferviente anunciándole la vuelta de su hijo a la Iglesia y le exhortó a expresar su penitencia vistiendo hábito negro y ciñéndose con una correa del mismo color.  Según los datos históricos, en su origen, ningún lazo especial relaciona a esta advocación con la Orden Agustiniana. Consta que a mediados del siglo XV los agustinos veneraban en el norte de Italia una imagen de María bajo este nombre.  En 1439 obtuvieron los agustinos la facultad de erigir para los laicos la Cofradía de la Cintura. En 1575 el Prior General Tadeo Guidelli unió la cofradía fundada en Bolonia para dar culto a la Virgen de Consolación, que había sido fundada en 1495, a la de los Cinturados de San Agustín, con la ratificación de Gregorio XIII Buoncompagni. La archicofradía adoptó entonces el título de Cinturados de San Agustín y de Santa Mónica bajo la advocación de Nuestra Señora de la Consolación.  Al año siguiente el mismo papa, boloñés de nacimiento, le otorgó numerosas indulgencias y el título de archicofradía con poder de agregar a otras cofradías, reservando la concesión de las patentes de agregación al General de la Orden. Se le concedió así mismo a la Orden fiesta de este título mariano con misa y Oficio propios. A partir de entonces la devoción y el culto a esta advocación se propagaron constantemente, favorecidos por los papas y por el celo de los agustinos, aún en lugares donde no había conventos de la Orden.
   La iconografía tradicional nos muestra a la Virgen con el Niño en brazos, ofreciendo la correa del hábito agustino a San Agustín y a su madre Santa Mónica, ambos arrodillados a sus pies.  La Orden de San Agustín en sus tres ramas celebra en su liturgia propia la festividad de la Virgen bajo su advocación de Nuestra Señora de la Consolación el día cuatro de septiembre, una semana después de la solemnidad de San Agustín, con el rango de solemnidad (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e  Iconografía de la Virgen con el Niño;
   Tal como ocurre en el arte bizantino, que suministró a Occidente los prototipos, las representaciones de la Virgen con el Niño se reparten en dos series: las Vírgenes de Majestad y las Vírgenes de Ternura.
La Virgen de Majestad 
 Este tema iconográfico, que desde el siglo IV aparecía en la escena de la Adoración de los Magos, se caracteriza por la actitud rigurosamente frontal de la Virgen sentada sobre un trono, con el Niño Jesús sobre las rodillas; y por su expresión grave, solemne, casi hierática.
   En el arte francés, los ejemplos más antiguos de Vírgenes de Majestad son las estatuas relicarios de Auvernia, que datan de los siglos X u XI. Antiguamente, en la catedral de Clermont había una Virgen de oro que se mencionaba con el nom­bre de Majesté de sainte Marie, acerca de la cual puede dar una idea la Majestad de sainte Foy, que se conserva en el tesoro de la abadía de Conques. 
   Este tipo deriva de un icono bizantino que el obispo de Clermont hizo emplear como modelo para la ejecución, en 946, de esta Virgen de oro macizo destinada a guardar las reliquias en su interior.
   Las Vírgenes de Majestad esculpidas sobre los tímpanos de la portada Real de Chartres (hacia 1150), la portada Sainte Anne de Notre Dame de París (hacia 1170) y la nave norte de la catedral de Reims (hacia 1175) se parecen a aquellas estatuas relicarios de Auvernia, a causa de un origen común antes que por influencia directa. Casi todas están rematadas por un baldaquino que no es, como se ha creído, la imitación de un dosel procesional, sino el símbolo de la Jerusalén celeste en forma de iglesia de cúpula rodeada de torres. 
   Siempre bajo las mismas influencias bizantinas, la Virgen de Majestad aparece más tarde con el nombre de Maestà, en la pintura italiana del Trecento, transportada sobre un trono por ángeles.
   Basta recordar la Madonna de Cimabue, la Maestà pintada por Duccio para el altar mayor de la catedral de Siena y el fresco de Simone Martini en el Palacio Comunal de Siena.
   En la escultura francesa del siglo XII, los pies desnudos del Niño Jesús a quien la Virgen lleva en brazos, están sostenidos por dos pequeños ángeles arrodillados. La estatua de madera llamada La Diège (Dei genitrix), en la iglesia de Jouy en Jozas, es un ejemplo de este tipo.
El trono de Salomón
   Una variante interesante de la Virgen de Majestad o Sedes Sapientiae, es la Virgen sentada sobre el trono con los leones de Salomón, rodeada de figuras alegóricas en forma de mujeres coronadas, que simbolizan sus virtudes en el momento de la Encarnación del Redentor.
   Son la Soledad (Solitudo), porque el ángel Gabriel encontró a la Virgen sola en el oratorio, la Modestia (Verecundia), porque se espantó al oír la salutación angélica, la Prudencia (Prudentia), porque se preguntó como se realizaría esa promesa, la Virginidad (Virginitas), porque respondió: No conocí hombre alguno (Virum non cognosco), la Humildad (Humilitas), porque agregó: Soy la sierva del Señor (Ecce ancilla Domini) y finalmente la Obediencia (Obedientia), porque dijo: Que se haga según tu palabra (Secundum verbum tuum).
   Pueden citarse algunos ejemplos de este tema en las miniaturas francesas del siglo XIII, que se encuentran en la Biblioteca Nacional de Francia. Pero sobre todo ha inspirado esculturas y pinturas monumentales en los países de lengua alemana.
La Virgen de Ternura
   A la Virgen de Majestad, que dominó el arte del siglo XII, sucedió un tipo de Virgen más humana que no se contenta más con servir de trono al Niño divino y presentarlo a la adoración de los fieles, sino que es una verdadera madre relacionada con su hijo por todas las fibras de su carne, como si -contrariamente a lo que postula la doctrina de la Iglesia- lo hubiese concebido en la voluptuosidad y parido con dolor.
   La expresión de ternura maternal comporta matices infinitamente más variados que la gravedad sacerdotal. Las actitudes son también más libres e imprevistas, naturalmente. Una Virgen de Majestad siempre está sentada en su trono; por el contrario, las Vírgenes de Ternura pueden estar indistintamente sentadas o de pie, acostadas o  de rodillas. Por ello, no puede estudiárselas en conjunto y necesariamente deben introducir en su clasificación numerosas subdivisiones.
   El tipo más común es la Virgen nodriza. Pero se la representa también sobre su lecho de parturienta o participando en los juegos del Niño.
El niño Jesús acariciando la barbilla de su madre
   Entre las innumerables representaciones de la Virgen madre, las más frecuentes no son aquellas donde amamanta al Niño sino esas otras donde, a veces sola, a veces con santa Ana y san José, tiene al Niño en brazos, lo acaricia tiernamente, juega con él. Esas maternidades sonrientes, flores exquisitas del arte cristiano, son ciertamente, junto a las Maternidades dolorosas llamadas Vírgenes de Piedad, las imágenes que más han contribuido a acercar a la Santísima Virgen al corazón de los fieles.
   A decir verdad, las Vírgenes pintadas o esculpidas de la Edad Media están menos sonrientes de lo que se cree: la expresión de María es generalmente grave e incluso preocupada, como si previera los dolores que le deparará el futuro, la espada que le atravesará el corazón. Sucede con frecuencia que ni siquiera mire al Niño que tiene en los brazos, y es raro que participe en sus juegos. Es el Niño quien aca­ricia el mentón y la mejilla de su madre, quien sonríe y le tiende los brazos, como si quisiera alegrarla, arrancarla de sus sombríos pensamientos.
   Los frutos, los pájaros que sirven de juguetes y sonajeros al Niño Jesús tenían, al menos en su origen, un significado simbólico que explica esta expresión de inquieta gravedad. El pájaro es el símbolo del alma salvada; la manzana y el racimo de uvas, aluden al pecado de Adán redimido por la sangre del Redentor.
   A veces, el Niño está representado durante el sueño que la Virgen vela. Ella impone silencio a su compañero de juego, el pequeño san Juan Bautista, llevando un dedo a la boca.
   Ella le enseña a escribir, es la que se llama Virgen del tintero (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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jueves, 7 de julio de 2022

La Hacienda Benalíjar, en Benacazón (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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     La Hacienda Benalíjar, se encuentra en la ctra. Benacazón - Aznalcázar, s/n.; en Benacazón (Sevilla).
     Hacienda de olivar que cuenta con molino de aceite o almazara, vivienda de propietario y personal fjo, cuadras y pajares (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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lunes, 6 de junio de 2022

La Ermita de Gelo, o de Nuestra Señora del Rocío, en Benacazón (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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     Hoy, 6 de junio (cincuenta días después del domingo de Resurrección), es la Solemnidad de Pentecostés, día en el que se concluyen los sagrados cincuenta días de la Pascua y se conmemoran, junto con la efusión del Espíritu Santo sobre los discípulos en Jerusalén, los orígenes de la Iglesia y el inicio de la misión apostólica a todas las tribus, lenguas, pueblos y naciones [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     También se celebra hoy la Memoria de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, a quien Cristo encomendó sus discípulos para que, perseverando en la oración al Espíritu Santo, cooperaran en el anuncio del Evangelio [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II]. 
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Ermita de Gelo, de Nuestra Señora del Rocío, en Benacazón (Sevilla).
    La Ermita de Gelo, o de Nuestra Señora del Rocío, se encuentra en la carretera Aznalcázar-Bollullos de la Mitación, A-474 km 7; en Benacazón (Sevilla).
   Edificio de planta rectangular, constituida por tres naves separadas por pilares rectangulares, capilla mayor cuadrada y dos dependencias colaterales. Las naves se cubren con estructuras de maderas, renovadas en 1939. La cubierta de la capilla mayor es un bóveda de paños sobre trompas, novedad importante dentro del grupo de edificios mudéjares.
     La portada de los pies es apuntada rematada por una cornisa con almenas de gradas. Sobre ella se dispone una espadaña. La portada lateral es de medio punto entre pilastras.
     El edificio se fecha en el siglo XV, mientras que la portada lateral y la espadaña corresponden al siglo XVII.
     Se tiene noticias de la existencia de una alquería en Gelo en tiempos medievales (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La ermita de Gelo es de origen mudéjar, del siglo XV. Está a 3 km de Benacazón, en la carretera Sevilla-Villamanrique, junto a la Hacienda de Gelo, y sobre ella se eleva una esbelta espadaña del XVII.
     La ermita está constituida por un sencillo edificio de planta rectangular que interiormente se divide en tres naves mediante dos hileras de pilares rectangulares y se cubre con estructuras de madera a dos aguas, renovadas en el año 1939. En la cabecera aparece la capilla mayor, de planta cuadrada y cubierta por una bóveda de paños sobre trompas, junto con otras dos dependencias laterales.
     En el cabildo catedralicio del 3 de febrero de 1631, presidido por el deán Francisco de Monsalve, se puso de manifiesto la urgente necesidad de construir un campanario para este edificio mudéjar situado a las afueras de Benacazón, ya que «era del todo necesario para llamar a los fieles». El maestro mayor diseñaría la espadaña, que sigue el esquema habitual de los campanarios conventuales sevillanos de la época. Realizada en ladrillo y enfoscada, aparece rematando la portada apuntada de los pies, al igual que en el proyecto original de la Caridad y en Santa María la Blanca.
     De dos cuerpos decrecientes, el inferior arranca de un zócalo limitado por amplias molduras. Dos vanos cerrados por medios puntos de señalada imposta son flanqueados por pilastras, que se continúan en el entablamento superior con resaltes de bolas. Este mismo tipo de pilastras configura los laterales de la espadaña. La obra fue costeada a expensas del señor de Gelo, Luis Ramírez de Arellano, contribuyendo la Catedral con 1 000 reales (Turismo de la Provincia de Sevilla).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Solemnidad de Pentecostés:
La Pentecostés 
   Puede parecer ilógico a primera vista incluir la Venida del Espíritu Santo en el cielo de la Glorificación de Cristo, puesto que Cristo está ausente en esta escena, y los Apóstoles se reúnen alrededor de la Virgen.
   Pero es Cristo resucitado quien envía el Espíritu Santo a los apóstoles, y la Virgen, a pesar del lugar que se le atribuye en el centro del grupo, sólo tiene un papel secundario en esta escena de glosolalia, donde ella es la única que se mantiene en silencio. El protagonista invisible es Cristo, quien infunde el Espíritu Santo en los apóstoles, para permitirles hablar todas las lenguas necesarias para la predicación del Evangelio entre los gentiles, aunque no las hayan estudiado nunca.
   Por otra parte, basta leer el Evangelio de san Juan para comprender cuál era el pensamiento de los apóstoles. Jesús les promete que una vez desaparecido de esta tierra, no los dejará huérfanos, sino que les enviará de parte del Padre otro consolador, el Paracleto o el Espíritu de verdad, que estará con ellos eternamente (Juan, 14: 16 y 15: 26). Y en otra conversación que se sitúa después de la Resurrección (20: 21 - 22), vuelve aún más explícitamente acerca de esta  misión: «Como me envió mi Padre, así os envío yo. Diciendo esto, sopló y les dijo: Recibid el Espíritu Santo.» La misma idea está expresada en el Evangelio de Mateo, a propósito de la predicación de San Juan Bautista  (3: 11): «Yo, cierto, os bautizo en agua con vistas a la penitencia; pero en pos de mí viene otro más fuerte que yo (...) él os bautizará en el Espíritu Santo y en fuego.»
   De manera que es Cristo quien en verdad otorga el Espíritu Santo, y el principal personaje de la Pentecostés; pero no aparece en la escena. Salvo raras excepciones está, como los muertos, presente e invisible.
La Misión encomendada a los apóstoles
     Es por un error de interpretación, en efecto, que Émile Mâle creyó reconocer la Pentecostés en el célebre tímpano del nártex de Vézelay, donde un Cristo gigantesco extiende los brazos y muestra las palmas agujereadas de las que irradia luz que ilumina a los apóstoles.
     No es el único ejemplo del tema en el arte francés del siglo XII. Aparece por primera vez en Borgoña, hacia el 1100, en una miniatura del Leccionario de Cluny (B.N., París) que ha podido inspirar al escultor de Vézelay. Pero no es particular de esa región, puesto que en la misma época se lo encuentra en una miniatura del Sacramentario de Limoges (B.N., París) y en un fresco de la iglesia de Saint Gilles de Montoire (Loir et Cher), donde pueden verse claramente los rayos rojos que brotan de las llagas sangrantes de Cristo, que se fijan sobre las cabezas de los apóstoles.
     El tema representado no es en absoluto la escena que tiene lugar en el cenáculo cincuenta días después de la Pascua, y que es la única que merece, estrictamente, el nombre de Pentecostés; se trata de la Aparición de Cristo resucitado a los apóstoles, quienes reciben de su Señor la misión de evangelizar el mundo.
     La fuente no es el relato de los Hechos de los Apóstoles, sino un pasaje del Evangelio según San Mateo (28: 19), reproducido en el suplemento del Evangelio de Marcos (16: 15), donde Cristo dice a sus discípulos: «Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura (Ite et docete omnes gentes).»
     Las naciones cuya evangelización constituye la misión de los apóstoles, están evocadas de manera pintoresca en el dintel y en los marcos del tímpano de Vézelay, y en las obras similares del siglo XII que son seudos Pentecostés.
     También debe procurarse no confundir con la Pentecostés el Descenso del Espíritu Santo sobre los fieles, tema muy infrecuente, cuyo ejemplo más conocido es una página del Libro de Horas de Étienne Chevalier, de Jean Fouquet.
La Pentecostés propiamente dicha
1. Fuentes e Interpretación
   A diferencia de los temas precedentes, el relato del milagro no está en los Evangelios sino en los Hechos de los Apóstoles (2: 1 - 41).
   «Al cumplirse el día de Pentecostés, estando todos juntos en el lugar, se produjo de repente un ruido proveniente del cielo como el de un viento que sopla impetuosamente, que invadió toda la casa en que residían. Aparecieron, como divididas, lenguas de fuego, que se posaron sobre cada uno de ellos, quedando todos llenos del Espíritu Santo; y comenzaron a hablar en lenguas extrañas, según que el Espíritu les otorgaba expresarse.»
   Estupefactos al oír a esos galileos hablar tantos idiomas que les resultaban incomprensibles, los judíos supusieron en principio que se habían embriagado, y que esa súbita glosolalia era el efecto de la borrachera. Pero Pedro replicó que a las nueve de la mañana era demasiado temprano para estar ebrios, y explicó que ese milagro realizaba la profecía de Joel (2: 28): «( ....) derramaré mi espíritu sobre toda carne ( ...)»
   Así, en el origen de la Pentecostés encontramos la consumación de una profecía del Antiguo Testamento. Pero la manifestación del Espíritu en forma de soplo, e incluso de tormenta acompañada de relámpagos, es en verdad una creencia común a todas las sectas espiritistas de la antigüedad y de los tiempos modernos. La llama del relámpago en la lengua hebrea se compara con una lengua de fuego, de allí procede la idea de que el Espíritu Santo se había manifestado por el don de lenguas, y que así había dotado a los apóstoles con las habilidades políglotas indispensables para la evangelización de los gentiles.
   La Pentecostés aparece como la continuación necesaria de la Misión de los apóstoles y el preludio de su acción, que sin ese milagro les habría resultado imposible. Por ello, esta escena inicia lógicamente el relato de los Hechos de los Apóstoles. Por una curiosa inversión de ideas, la Confusión de las lenguas, que en el Génesis se presenta como un castigo del orgullo humano, aquí se convierte en una gracia concedida por el Espíritu Santo.
   En la interpretación prefigurativa de la Biblia, la Venida del Espíritu Santo, que confiere el don de lenguas a los apóstoles, se compara con la Confusión de las lenguas que detiene la construcción de la Torre de Babel.
   El don de lenguas acordado a los apóstoles debe reunir a aquellos a quienes la «torre de la confusión» volviera extranjeros. Por sus esfuerzos se elevará un edificio que sin presunción ni locura podrá pretender subir hasta el cielo, y en lugar de desafiar al Señor, aportará la reconciliación del mundo con su Creador. La nueva torre espiritual de la Gracia ya no será construida, como la de Babel, símbolo de la desmesura y el orgullo humanos, con piedras o ladrillos, sino con las virtudes de Cristo Redentor (non lapidibus, sed de virtutibus Christi).
2. Culto
   La Pentecostés estaba considerada la fiesta colectiva de los apóstoles. Y se celebraba muy especialmente en Saint Sernin de Toulouse, que se jactaba de poseer reliquias del colegio apostólico.
   Además, señalaba la fecha de nacimiento de la Iglesia cristiana (Natale della Chiesa).
   En la Edad Media, en Notre Dame de París y en Saint Jacques la Boucherie, se reconstruía el milagro haciendo descender desde lo alto de la bóveda una paloma y trozos de estopa encendida.
3. Iconografía
   Se distinguen tres tipos principales, con y sin la Virgen.
l. La Pentecostés con la Virgen
   Bizantinos y occidentales coinciden en atribuir a la Virgen el lugar central, aunque no el papel principal.
    El hecho no deja de ser sorprendente, puesto que María, al haber recibido en su persona el Espíritu Santo, el día de la Anunciación, no necesitaba recibirlo una segunda vez, tanto más por cuanto no participaba del apostolado. Además, su presencia no se menciona explícitamente en los Hechos de los Apóstoles.
   La única justificación de esta tradición iconográfica es un pasaje del capítulo que precede al relato de la Pentecostés (Hechos, 1: 13), donde se dice que los apóstoles reunidos en Jerusalén, en el piso alto, es decir, en la habitación principal de la casa, «perseveraban unánimes en la oración con algunas mujeres, con María, la madre de Jesús...». De ello no debe deducirse en modo alguno que la Virgen estuviese con ellos el día de la Pentecostés. Su presencia es una simple suposición que los teólogos admitieron, y que luego se impuso a los artistas, tanto más fácilmente por cuanto éstos tenían la costumbre de representarla en medio de los apóstoles en la escena de la Ascensión.
   Madre adoptiva de San Juan y Reina del cielo, fue considerada muy pronto la reina y la madre espiritual de los doce apóstoles (regina et mater Apostolorum). También puede admitirse que la Virgen sea aquí, como en la escena de la Ascensión, sólo el símbolo de la Iglesia.
   Los apóstoles forman un círculo alrededor de la Virgen que preside la asamblea sin participar en el milagro. Encima de las cabezas planea la paloma del Espíritu Santo, que deja caer sobre ellos una lluvia de pavesas o de lenguas de fuego.
   De inmediato los doce comienzan a hablar todos a la vez, y gesticulan, convirtiendo el cenáculo en una pequeña torre de Babel. Tienen el gesto de alocución, para indicar que están en condiciones de conversar en diversos idiomas.
2. La Pentecostés con los apóstoles solos
   Existen representaciones de la Pentecostés donde los doce apóstoles reunidos en la habitación alta y sobrevolados por la paloma del Espíritu Santo están representados sin la Virgen, cuya presencia no está clara mente señalada en los Hechos de los Apóstoles.
   Además del grupo de los apóstoles deben tenerse en cuenta dos elementos iconográficos importantes: la irradiación del Espíritu Santo y la representación del Mundo, que los apóstoles, convertidos súbitamente en políglotas,  podrán evangelizar.
     1. La irradiación o el don de lenguas
   En las representaciones de la Pentecostés se han empleado, como es natural, los motivos solares o planetarios que ya hemos visto en la iconografía de los Siete Dones del Espíritu Santo.
   El Libro de los Perícopes de la Biblioteca de Munich (siglo XI), simboliza la efusión del Espíritu Santo mediante una rueda inflamada en torno a la cual se agrupan los apóstoles. En la Biblia de Floreffe (siglo XII), los apóstoles están sentados en las molduras inferiores de un enorme disco, y reciben los rayos emitidos por las siete palomas del Espíritu Santo.
   A veces la paloma emisora está reemplazada por la Mano de Dios cuyos dedos separados irradian.
   La inspiración divina generalmente está simbolizada por una lluvia de lenguas de fuego. Muchas veces, esas lenguas inflamadas toman la forma de cintas o cuerdas que descienden sobre la cabeza de cada uno de los apóstoles (Capitel de la Daurade, en Toulouse).
   En ciertas miniaturas bizantinas (Homilías de San Gregorio Nacianceno, B.N., París) se advertirá que el Espíritu Santo no desciende directamente sobre los apóstoles, sino sobre el Trono Venerable (Vacua Sedes, Trono vacío del Juicio Final), donde reposa el libro del Evangelio, y es allí donde rebrotan o rebotan los rayos. 
   2. El Cosmos
   Lo que caracteriza a las representaciones bizantinas de la Pentecostés es que los diferentes pueblos que serán evangelizados en sus respectivas lenguas, están personificados colectivamente por la figura del Cosmos, es decir, del mundo con el aspecto de un rey coronado de pie ante la puerta del cenáculo, que tiene en las manos un lienzo con los doce rollos, que corresponden a las predicaciones de los doce misioneros. Esta alegoría del Cosmos, que traduce el pasaje de las Escrituras acerca del Espíritu de Dios llenando el mundo (Spiritus Domini replevit Orbem terrarum), ha permanecido extraña a la iconografía occidental.
   Por error se había creído que ese misterioso personaje representaba al rey David, e incluso al profeta Joel, que hace decir a Yavé (2: 28): «Después de esto derramaré mi espíritu sobre toda carne».
     Catálogo
   Las representaciones de la Pentecostés son numerosas, tanto en el arte paleocristiano (miniaturas y mosaicos) como en el románico y el gótico; pero se multiplicaron sobre todo a finales de la Edad Media, a consecuencia de la fundación de las cofradías del Espíritu Santo, y luego, en el siglo XVI, a causa de la institución de la orden del Espíritu Santo por Enrique III (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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