Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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miércoles, 10 de junio de 2026

El sitio arqueológico Hacienda de Marchalamar, en Gines (Sevilla)

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     Se encontraron numerosos fragmentos de tegulae, ladrillos, ánforas, sigillata, sudgálica y clara A y D. Contrapeso de una prensa cilíndrica. Más al norte sobre el mismo camino y en el mismo lado numerosos fragmentos de tegulae repartidas por una superficie relativamente plana. La villa estaría ocupada del s. I al IV d. C. (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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domingo, 16 de febrero de 2025

El sitio arqueológico Gines, en Gines (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Gines, en Gines (Sevilla)
     Sobre una elevación, la granja del Santo Ángel es el núcleo más antiguo del pueblo. Estaría construido sobre la villa romana ABGENA, pero el lugar es prerromano, como lo prueban unas monedas y cerámicas ibéricas recogidas otras veces. Al borde del pueblo, en superficie se localizaron ladrillos y tegulae romanas. Se trata de un asentamiento prerromano y romano (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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miércoles, 24 de abril de 2024

El sitio arqueológico de Las Tres Marías, en Gines (Sevilla)

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     Hoy, 24 de abril, en Jerusalén, Conmemoración de las Santas Mujeres María de Cleofás y Salomé, que junto con María Magdalena, al amanecer del día de Pascua, se dirigieron al sepulcro del Señor para ungir su cuerpo y allí recibieron el primer anuncio de la Resurrección (s. I) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte el sitio arqueológico de Las Tres Marías, en Gines (Sevilla).
   En superficie se localizaron fragmentos de ladrillos y tegulae romanas así como piedras de gran aparejo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de las Tres Marías
   Las Santas Marías, son las medio hermanas de la Virgen que tenían el mismo nombre que ella; para diferenciarlas, se las llamó, agregando al suyo el nombre de sus padres, María Cleofás y María Salomé.
   María Cleofás se casó con Alico que le dio cuatro hijos: Santiago el Menor, Simon, Juda y José. A veces se le llama María Jacobi (madre de Santiago).
   María Salomé se convirtió en la esposa de Zebedeo, a quien dio dos hijos: Santiago el Mayor y Juan el Evangelista.
   Después de la muerte de Cristo habrían abandonado Palestina en compañía de María Magdalena, Marta y Lázaro, para desembarcar en Marsella. Las habrían sepultado junto con su criada Sara en el delta del Ródano, donde se levanta su tumba en la iglesia fortificada de Nôtre Dame de la Mer.
CULTO
   La invención de sus osamentas por el rey Renato de Anjou, conde de Provenza, se remonta al año 1448. Fue a partir de entonces que la iglesia de Sainte Marie des Barques, que pertenecía a la abadía de Montmajour, adoptó el nombre de Saintes Maries. Por lo tanto, el culto de éstas apenas se remonta a mediados del siglo XV. Se trata de un complemento tardío de la localización del culto de la Magdalena en Saint Maximin y el de Santa Marta en Tarascon.
   El día de su fiesta atraía a numerosos peregrinos a la región de Camargue, sobre todos bohemios o gitanos que veneraban muy especialmente a su criada Sara, a quien ignora el martirologio romano.
   Esta leyenda fue popularizada por Mistral en un poema de Mireille.
   La ciudad de Vertoli, en el norte de Italia, pretendía poseer la tumba de María Salomé. En Santiago de Compostela también hay una iglesia puesta bajo su advocación.
ICONOGRAFÍA
   Las dos santas Marías están representadas en todos los grupos de la Parentela de María o de la Parentela de Santa Ana. Es infrecuente encontrarlas en representaciones aisladas (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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martes, 27 de febrero de 2024

El sitio arqueológico Las Botantas, en Gines (Sevilla)

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     En superficie se localizaron fragmentos de tegulae, ladrillos, ánforas y dolia romana (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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jueves, 12 de octubre de 2023

La Plaza de España, en Gines (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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     Hoy, 12 de octubre, es el Día Nacional de España, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la Plaza del España, en Gines (Sevilla)
     En la Plaza de España están los edificios más representativos de Gines, encontrándonos en el lado izquierdo (desde la calle Real) con el Ayuntamiento y la Hacienda Torregines, y al otro lado la Iglesia de Nuestra Señora de Belén junto con la Hacienda de Santa Rosalía.
     Esta acumulación de edificios importantes, así como su propia situación en la estructura del casco antiguo de Gines, han hecho de este lugar una referencia constante en la historia del municipio. Entendiendo esta idea y haciéndola suya, el Ayuntamiento apostó recientemente por la petonalización de la plaza junto con la ya citada Calle Real.
     No sólo se ha liberado la zona de vehículos de todo tipo, sino que además se ha dotado de nuevo mobiliario urbano, decoración vegetal, y hasta una fuente ornamental. Con ello, la histórica Plaza de España se convertía en un lugar ganado para los vecinos y vecinas del municipio y para sus visitantes, un auténtico “Espacio para la convivencia” de todos y todas, un punto de encuentro y a la vez referencia indiscutible de lo que es y significa el municipio de Gines (Ayuntamiento de Gines).  
Conozcamos mejor la Historia del Día Nacional de España;
     El 12 de octubre de 1492 Cristóbal Colón desembarcó junto con sus hombres a la isla Guanahaní, en el archipiélago de las Bahamas, dando comienzo a un puente cultural entre los pueblos de América y España que se mantiene hasta hoy. Fue en 1892, al celebrarse el cuarto centenario del descubrimiento, bajo la regencia de María Cristina, cuando en un real decreto se propuso hacer coincidir esa efeméride con la celebración de la Fiesta Nacional. La ley de 1987, que estableció por ley la fecha como Fiesta Nacional de España, explicó así los motivos para hacer coincidir ambas fechas: "La fecha elegida, el 12 de Octubre, simboliza la efeméride histórica en la que España, a punto de concluir un proceso de construcción del Estado a partir de nuestra pluralidad cultural y política, y la integración de los Reinos de España en una misma Monarquía, inicia un período de proyección lingüística y cultural más allá de los límites europeos".
     Aunque 'popularmente' se conoce como Día de la Hispanidad, y así se denomina en algunos otros países Latinoamericanos, la ley de 1987 establece que lo que se celebra el 12 de octubre es la Fiesta Nacional de España, sin mencionar la hispanidad. No siempre ha sido así, en un Real Decreto anterior, de 1981, por el que se establecían normas para la celebración del 12 de octubre, se hablaba del día de la Fiesta Nacional de España y Día de la Hispanidad. Y antes de eso el 12 de octubre se había denominado Día de la Raza, un nombre que aún conserva 'popularmente' en algunos países americanos. La denominación de Día de la Raza es citado por primera vez en enero de 1913 en una hoja difundida por la asociación Unión Ibero-Americana de Madrid, como una idea de su presidente, el exalcalde de Madrid y exministro Faustino Rodríguez San Pedro, para unir a todos los pueblos de habla hispana. 
     La idea cuajó y a lo largo de los primeras décadas del siglo XX distintos países de Latinoamérica comenzaron a instaurar el 12 de octubre como festivo en sus territorios, utilizando algunos la denominación de Día de la Raza, como el caso de Honduras, donde aún se utiliza. Otros países, como Argentina o Nicaragua, acogieron en un primer momento la denominación de Día de la Raza, pero posteriormente cambiaron la fiesta de nombre: a Día del Respeto a la Diversidad Cultural, en Argentina, y a Día de la Resistencia Indígena, en Nicaragua.
     El Día de la Hispanidad no tiene nada que ver con el Día de las Fuerzas Armadas, entonces... ¿Por qué desfilan las Fuerzas Armadas? La razón es "realzar en lo posible" la conmemoración de la Fiesta Nacional de España y "buscar en la misma la plena integración de todos los elementos históricos y culturales que conforman la nación española", según se explica en un Real Decreto de 1997 que estableció por ley el desfile militar. 
     En virtud de ese texto legal, se trasladaron al 12 de octubre los actos más significativos que se venían desarrollando anualmente el Día de las Fuerzas Armadas, al considerar que tal medida "resalta la identificación de las Fuerzas Armadas con la sociedad a la que sirven, uniendo el más brillante acto anual de las mismas a los demás de celebración de este día" (Europa Press).
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domingo, 15 de enero de 2023

El Monumento a la Virgen del Rocío, en Gines (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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     Hoy, 15 de enero, es el aniversario de la inauguración (15 de enero de 1978) del Monumento a la Virgen del Rocío, en Gines (Sevilla), así que hoy es el mejor día para ExplicArte el Monumento a la Virgen del Rocío, en Gines (Sevilla). 
     El Monumento a la Virgen del Rocío, se encuentra en la calle Juan de Dios Soto, s/n; en Gines (Sevilla).
     El monumento en honor a la Virgen del Rocío está situado en el paseo Juan de Dios Soto y fue inaugurado el 15 de enero de 1978, cuando lo bendijo el entonces obispo auxiliar de Sevilla, Rafael Bellido Caro.
     La imagen fue realizada en los talleres de cerámica Santa Ana de Triana y se erigió con motivo del cincuenta aniversario de la fundación de la Hermandad del Rocío de Gines. Rodeada de flores, la figura de la Virgen recuerda durante todos los días del año la devoción que le profesan los vecinos de la localidad, que cuentan así con un espejo del camino sin salir de Gines.
     Cuatro azulejos alusivos a momentos de la romería completan el monumento, que se ha convertido en una de las figuras más representativas de la localidad (Turismo de la Provincia de Sevilla)
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Solemnidad de Pentecostés:
La Pentecostés 
      Puede parecer ilógico a primera vista incluir la Venida del Espíritu Santo en el cielo de la Glorificación de Cristo, puesto que Cristo está ausente en esta escena, y los Apóstoles se reúnen alrededor de la Virgen.
      Pero es Cristo resucitado quien envía el Espíritu Santo a los apóstoles, y la Virgen, a pesar del lugar que se le atribuye en el centro del grupo, sólo tiene un papel secundario en esta escena de glosolalia, donde ella es la única que se mantiene en silencio. El protagonista invisible es Cristo, quien infunde el Espíritu Santo en los apóstoles, para permitirles hablar todas las lenguas necesarias para la predicación del Evangelio entre los gentiles, aunque no las hayan estudiado nunca.
   Por otra parte, basta leer el Evangelio de san Juan para comprender cuál era el pensamiento de los apóstoles. Jesús les promete que una vez desaparecido de esta tierra, no los dejará huérfanos, sino que les enviará de parte del Padre otro consolador, el Paracleto o el Espíritu de verdad, que estará con ellos eternamente (Juan, 14: 16 y 15: 26). Y en otra conversación que se sitúa después de la Resurrección (20: 21 - 22), vuelve aún más explícitamente acerca de esta  misión: «Como me envió mi Padre, así os envío yo. Diciendo esto, sopló y les dijo: Recibid el Espíritu Santo.» La misma idea está expresada en el Evangelio de Mateo, a propósito de la predicación de San Juan Bautista  (3: 11): «Yo, cierto, os bautizo en agua con vistas a la penitencia; pero en pos de mí viene otro más fuerte que yo ( ...) él os bautizará en el Espíritu Santo y en fuego.»
   De manera que es Cristo quien en verdad otorga el Espíritu Santo, y el principal personaje de la Pentecostés; pero no aparece en la escena. Salvo raras excepciones está, como los muertos, presente e invisible.
La Misión encomendada a los apóstoles
   Es por un error de interpretación, en efecto, que Émile Mâle creyó reconocer la Pentecostés en el célebre tímpano del nártex de Vézelay, donde un Cristo gigantesco extiende los brazos y muestra las palmas agujereadas de las que irradia luz que ilumina a los apóstoles.
   No es el único ejemplo del tema en el arte francés del siglo XII. Aparece por primera vez en Borgoña, hacia el 1100, en una miniatura del Leccionario de Cluny (B.N., París) que ha podido inspirar al escultor de Vézelay. Pero no es particular de esa región, puesto que en la misma época se lo encuentra en una miniatura del Sacramentario de Limoges (B.N., París) y en un fresco de la iglesia de Saint Gilles de Montoire (Loir et Cher), donde pueden verse claramente los rayos rojos que brotan de las llagas sangrantes de Cristo, que se fijan sobre las cabezas de los apóstoles.
   El tema representado no es en absoluto la escena que tiene lugar en el cenáculo cincuenta días después de la Pascua, y que es la única que merece, estrictamente, el nombre de Pentecostés; se trata de la Aparición de Cristo resucitado a los apóstoles, quienes reciben de su Señor la misión de evangelizar el mundo.
   La fuente no es el relato de los Hechos de los Apóstoles, sino un pasaje del Evangelio según San Mateo (28: 19), reproducido en el suplemento del Evangelio de Marcos (16: 15), donde Cristo dice a sus discípulos: «Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura (Ite et docete omnes gentes).»
   Las naciones cuya evangelización constituye la misión de los apóstoles, están evocadas de manera pintoresca en el dintel y en los marcos del tímpano de Vézelay, y en las obras similares del siglo XII que son seudos Pentecostés.
   También debe procurarse no confundir con la Pentecostés el Descenso del Espíritu Santo sobre los fieles, tema muy infrecuente, cuyo ejemplo más conocido es una página del Libro de Horas de Étienne Chevalier, de Jean Fouquet.
La Pentecostés propiamente dicha
1. Fuentes e Interpretación
   A diferencia de los temas precedentes, el relato del milagro no está en los Evangelios sino en los Hechos de los Apóstoles (2: 1 - 41).
   «Al cumplirse el día de Pentecostés, estando todos juntos en el lugar, se produjo de repente un ruido proveniente del cielo como el de un viento que sopla impetuosamente, que invadió toda la casa en que residían. Aparecieron, como divididas, lenguas de fuego, que se posaron sobre cada uno de ellos, quedando todos llenos del Espíritu Santo; y comenzaron a hablar en lenguas extrañas, según que el Espíritu les otorgaba expresarse.»
   Estupefactos al oír a esos galileos hablar tantos idiomas que les resultaban incomprensibles, los judíos supusieron en principio que se habían embriagado, y que esa súbita glosolalia era el efecto de la borrachera. Pero Pedro replicó que a las nueve de la mañana era demasiado temprano para estar ebrios, y explicó que ese milagro realizaba la profecía de Joel (2: 28): «( ....) derramaré mi espíritu sobre toda carne ( ...)»
   Así, en el origen de la Pentecostés encontramos la consumación de una profecía del Antiguo Testamento. Pero la manifestación del Espíritu en forma de soplo, e incluso de tormenta acompañada de relámpagos, es en verdad una creencia común a todas las sectas espiritistas de la antigüedad y de los tiempos modernos. La llama del relámpago en la lengua hebrea se compara con una lengua de fuego, de allí procede la idea de que el Espíritu Santo se había manifestado por el don de lenguas, y que así había dotado a los apóstoles con las habilidades políglotas indispensables para la evangelización de los gentiles.
   La Pentecostés aparece como la continuación necesaria de la Misión de los apóstoles y el preludio de su acción, que sin ese milagro les habría resultado imposible. Por ello, esta escena inicia lógicamente el relato de los Hechos de los Apóstoles. Por una curiosa inversión de ideas, la Confusión de las lenguas, que en el Génesis se presenta como un castigo del orgullo humano, aquí se convierte en una gracia concedida por el Espíritu Santo.
   En la interpretación prefigurativa de la Biblia, la Venida del Espíritu Santo, que confiere el don de lenguas a los apóstoles, se compara con la Confusión de las lenguas que detiene la construcción de la Torre de Babel.
   El don de lenguas acordado a los apóstoles debe reunir a aquellos a quienes la «torre de la confusión» volviera extranjeros. Por sus esfuerzos se elevará un edificio que sin presunción ni locura podrá pretender subir hasta el cielo, y en lugar de desafiar al Señor, aportará la reconciliación del mundo con su Creador. La nueva torre espiritual de la Gracia ya no será construida, como la de Babel, símbolo de la desmesura y el orgullo humanos, con piedras o ladrillos, sino con las virtudes de Cristo Redentor (non lapidibus, sed de virtutibus Christi).
2. Culto
   La Pentecostés estaba considerada la fiesta colectiva de los apóstoles. Y se celebraba muy especialmente en Saint Sernin de Toulouse, que se jactaba de poseer reliquias del colegio apostólico.
   Además, señalaba la fecha de nacimiento de la Iglesia cristiana (Natale della Chiesa).
   En la Edad Media, en Notre Dame de París y en Saint Jacques la Boucherie, se reconstruía el milagro haciendo descender desde lo alto de la bóveda una paloma y trozos de estopa encendida.
3. Iconografía
   Se distinguen tres tipos principales, con y sin la Virgen.
l. La Pentecostés con la Virgen
   Bizantinos y occidentales coinciden en atribuir a la Virgen el lugar central, aunque no el papel principal.
    El hecho no deja de ser sorprendente, puesto que María, al haber recibido en su persona el Espíritu Santo, el día de la Anunciación, no necesitaba recibirlo una segunda vez, tanto más por cuanto no participaba del apostolado. Además, su presencia no se menciona explícitamente en los Hechos de los Apóstoles.
   La única justificación de esta tradición iconográfica es un pasaje del capítulo que precede al relato de la Pentecostés (Hechos, 1: 13), donde se dice que los apóstoles reunidos en Jerusalén, en el piso alto, es decir, en la habitación principal de la casa, «perseveraban unánimes en la oración con algunas mujeres, con María, la madre de Jesús...». De ello no debe deducirse en modo alguno que la Virgen estuviese con ellos el día de la Pentecostés. Su presencia es una simple suposición que los teólogos admitieron, y que luego se impuso a los artistas, tanto más fácilmente por cuanto éstos tenían la costumbre de representarla en medio de los apóstoles en la escena de la Ascensión.
   Madre adoptiva de San Juan y Reina del cielo, fue considerada muy pronto la reina y la madre espiritual de los doce apóstoles (regina et mater Apostolorum). También puede admitirse que la Virgen sea aquí, como en la escena de la Ascensión, sólo el símbolo de la Iglesia.
   Los apóstoles forman un círculo alrededor de la Virgen que preside la asamblea sin participar en el milagro. Encima de las cabezas planea la paloma del Espíritu Santo, que deja caer sobre ellos una lluvia de pavesas o de lenguas de fuego.
   De inmediato los doce comienzan a hablar todos a la vez, y gesticulan, convirtiendo el cenáculo en una pequeña torre de Babel. Tienen el gesto de alocución, para indicar que están en condiciones de conversar en diversos idiomas.
2. La Pentecostés con los apóstoles solos
   Existen representaciones de la Pentecostés donde los doce apóstoles reunidos en la habitación alta y sobrevolados por la paloma del Espíritu Santo están representados sin la Virgen, cuya presencia no está clara mente señalada en los Hechos de los Apóstoles.
   Además del grupo de los apóstoles deben tenerse en cuenta dos elementos iconográficos importantes: la irradiación del Espíritu Santo y la representación del Mundo, que los apóstoles, convertidos súbitamente en políglotas,  podrán evangelizar.
     1. La irradiación o el don de lenguas
   En las representaciones de la Pentecostés se han empleado, como es natural, los motivos solares o planetarios que ya hemos visto en la iconografía de los Siete Dones del Espíritu Santo.
   El Libro de los Perícopes de la Biblioteca de Munich (siglo XI), simboliza la efusión del Espíritu Santo mediante una rueda inflamada en torno a la cual se agrupan los apóstoles. En la Biblia de Floreffe (siglo XII), los apóstoles están sentados en las molduras inferiores de un enorme disco, y reciben los rayos emitidos por las siete palomas del Espíritu Santo.
   A veces la paloma emisora está reemplazada por la Mano de Dios cuyos dedos separados irradian.
   La inspiración divina generalmente está simbolizada por una lluvia de lenguas de fuego. Muchas veces, esas lenguas inflamadas toman la forma de cintas o cuerdas que descienden sobre la cabeza de cada uno de los apóstoles (Capitel de la Daurade, en Toulouse).
   En ciertas miniaturas bizantinas (Homilías de San Gregorio Nacianceno, B.N., París) se advertirá que el Espíritu Santo no desciende directamente sobre los apóstoles, sino sobre el Trono Venerable (Vacua Sedes, Trono vacío del Juicio Final), donde reposa el libro del Evangelio, y es allí donde rebrotan o rebotan los rayos.
     2. El Cosmos
   Lo que caracteriza a las representaciones bizantinas de la Pentecostés es que los diferentes pueblos que serán evangelizados en sus respectivas lenguas, están personificados colectivamente por la figura del Cosmos, es decir, del mundo con el aspecto de un rey coronado de pie ante la puerta del cenáculo, que tiene en las manos un lienzo con los doce rollos, que corresponden a las predicaciones de los doce misioneros. Esta alegoría del Cosmos, que traduce el pasaje de las Escrituras acerca del Espíritu de Dios llenando el mundo (Spiritus Domini replevit Orbem terrarum), ha permanecido extraña a la iconografía occidental.
   Por error se había creído que ese misterioso personaje representaba al rey David, e incluso al profeta Joel, que hace decir a Yavé (2: 28): «Después de esto derramaré mi espíritu sobre toda carne».
     Catálogo
   Las representaciones de la Pentecostés son numerosas, tanto en el arte paleocristiano (miniaturas y mosaicos) como en el románico y el gótico; pero se multiplicaron sobre todo a finales de la Edad Media, a consecuencia de la fundación de las cofradías del Espíritu Santo, y luego, en el siglo XVI, a causa de la institución de la orden del Espíritu Santo por Enrique III (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor el Significado y la Iconografía de la Virgen con el Niño;
   Tal como ocurre en el arte bizantino, que suministró a Occidente los prototipos, las representaciones de la Virgen con el Niño se reparten en dos series: las Vírgenes de Majestad y las Vírgenes de Ternura.
La Virgen de Majestad
   Este tema iconográfico, que desde el siglo IV aparecía en la escena de la Adoración de los Magos, se caracteriza por la actitud rigurosamente frontal de la Virgen sentada sobre un trono, con el Niño Jesús sobre las rodillas; y por su expresión grave, solemne, casi hierática.
   En el arte francés, los ejemplos más antiguos de Vírgenes de Majestad son las estatuas relicarios de Auvernia, que datan de los siglos X u XI. Antiguamente, en la catedral de Clermont había una Virgen de oro que se mencionaba con el nom­bre de Majesté de sainte Marie, acerca de la cual puede dar una idea la Majestad de sainte Foy, que se conserva en el tesoro de la abadía de Conques.
   Este tipo deriva de un icono bizantino que el obispo de Clermont hizo emplear como modelo para la ejecución, en 946, de esta Virgen de oro macizo destinada a guardar las reliquias en su interior.
   Las Vírgenes de Majestad esculpidas sobre los tímpanos de la portada Real de Chartres (hacia 1150), la portada Sainte Anne de Notre Dame de París (hacia 1170) y la nave norte de la catedral de Reims (hacia 1175) se parecen a aquellas estatuas relicarios de Auvernia, a causa de un origen común antes que por influencia directa. Casi todas están rematadas por un baldaquino que no es, como se ha creído, la imitación de un dosel procesional, sino el símbolo de la Jerusalén celeste en forma de iglesia de cúpula rodeada de torres.
   Siempre bajo las mismas influencias bizantinas, la Virgen de Majestad aparece más tarde con el nombre de Maestà, en la pintura italiana del Trecento, transportada sobre un trono por ángeles.
   Basta recordar la Madonna de Cimabue, la Maestà pintada por Duccio para el altar mayor de la catedral de Siena y el fresco de Simone Martini en el Palacio Comunal de Siena.
   En la escultura francesa del siglo XII, los pies desnudos del Niño Jesús a quien la Virgen lleva en brazos, están sostenidos por dos pequeños ángeles arrodillados. La estatua de madera llamada La Diège (Dei genitrix), en la iglesia de Jouy en Jozas, es un ejemplo de este tipo.
El trono de Salomón
   Una variante interesante de la Virgen de Majestad o Sedes Sapientiae, es la Virgen sentada sobre el trono con los leones de Salomón, rodeada de figuras alegóricas en forma de mujeres coronadas, que simbolizan sus virtudes en el momento de la Encarnación del Redentor.
   Son la Soledad (Solitudo), porque el ángel Gabriel encontró a la Virgen sola en el oratorio, la Modestia (Verecundia), porque se espantó al oír la salutación angélica, la Prudencia (Prudentia), porque se preguntó como se realizaría esa promesa, la Virginidad (Virginitas), porque respondió: No conocí hombre alguno (Virum non cognosco), la Humildad (Humilitas), porque agregó: Soy la sierva del Señor (Ecce ancilla Domini) y finalmente la Obediencia (Obedientia), porque dijo: Que se haga según tu palabra (Secundum verbum tuum).
   Pueden citarse algunos ejemplos de este tema en las miniaturas francesas del siglo XIII, que se encuentran en la Biblioteca Nacional de Francia. Pero sobre todo ha inspirado esculturas y pinturas monumentales en los países de lengua alemana.
La Virgen de Ternura
   A la Virgen de Majestad, que dominó el arte del siglo XII, sucedió un tipo de Virgen más humana que no se contenta más con servir de trono al Niño divino y presentarlo a la adoración de los fieles, sino que es una verdadera madre relacionada con su hijo por todas las fibras de su carne, como si -contrariamente a lo que postula la doctrina de la Iglesia- lo hubiese concebido en la voluptuosidad y parido con dolor.
   La expresión de ternura maternal comporta matices infinitamente más variados que la gravedad sacerdotal. Las actitudes son también más libres e imprevistas, naturalmente. Una Virgen de Majestad siempre está sentada en su trono; por el contrario, las Vírgenes de Ternura pueden estar indistintamente sentadas o de pie, acostadas o  de rodillas. Por ello, no puede estudiárselas en conjunto y necesariamente deben introducir en su clasificación numerosas subdivisiones.
   El tipo más común es la Virgen nodriza. Pero se la representa también sobre su lecho de parturienta o participando en los juegos del Niño.
El niño Jesús acariciando la barbilla de su madre
   Entre las innumerables representaciones de la Virgen madre, las más frecuentes no son aquellas donde amamanta al Niño sino esas otras donde, a veces sola, a veces con santa Ana y san José, tiene al Niño en brazos, lo acaricia tiernamente, juega con él. Esas maternidades sonrientes, flores exquisitas del arte cristiano, son ciertamente, junto a las Maternidades dolorosas llamadas Vírgenes de Piedad, las imágenes que más han contribuido a acercar a la Santísima Virgen al corazón de los fieles.
   A decir verdad, las Vírgenes pintadas o esculpidas de la Edad Media están menos sonrientes de lo que se cree: la expresión de María es generalmente grave e incluso preocupada, como si previera los dolores que le deparará el futuro, la espada que le atravesará el corazón. Sucede con frecuencia que ni siquiera mire al Niño que tiene en los brazos, y es raro que participe en sus juegos. Es el Niño quien aca­ricia el mentón y la mejilla de su madre, quien sonríe y le tiende los brazos, como si quisiera alegrarla, arrancarla de sus sombríos pensamientos.
   Los frutos, los pájaros que sirven de juguetes y sonajeros al Niño Jesús tenían, al menos en su origen, un significado simbólico que explica esta expresión de inquieta gravedad. El pájaro es el símbolo del alma salvada; la manzana y el racimo de uvas, aluden al pecado de Adán redimido por la sangre del Redentor.
   A veces, el Niño está representado durante el sueño que la Virgen vela. Ella impone silencio a su compañero de juego, el pequeño san Juan Bautista, llevando un dedo a la boca.
   Ella le enseña a escribir, es la que se llama Virgen del tintero (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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sábado, 24 de septiembre de 2022

La Plaza de la Merced, en Gines (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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     Cada 24 de septiembre se celebra a la Virgen de la Merced que significa “misericordia”, advocación que se remonta al siglo XIII cuando la Virgen se le aparece a San Pedro Nolasco y lo anima a seguir liberando a los cristianos esclavos. Ante este deseo, se funda la orden de los Mercedarios el 10 de agosto de 1218 en Barcelona, España, y San Pedro Nolasco fue nombrado por el Papa Gregorio IX como Superior General. Más adelante, en el año 1696, el Papa Inocencio XII fijó el 24 de septiembre como la Fiesta de la Virgen de la Merced en toda la Iglesia.   
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Plaza de la Merced, en Gines (Sevilla)
     “La Placita”, como es conocida cariñosamente por todos, fue urbanizada allá por los años 1947-1948. En el centro de la misma podemos ver una gran imagen del Corazón de Jesús, obra de un escultor de Castilleja de la Cuesta llamado Blanco, que fue inaugurado el 1 de junio de 1958. La iniciativa para su construcción hay que fijarla en el 4 de mayo de 1947. Fue levantado gracias a la colaboración ciudadana y su coste supuso un gasto de unas 50.000 pesetas de la época.
     El título de "la Merced" viene dado porque la Gran Casa de La Merced de Sevilla era la propietaria de estos terrenos y de otros que se encuadraban desde la actual calle Pío XII hasta la carretera de Huelva. De hecho podemos contemplar en el cerramiento de esta plaza un azulejo representativo de la Virgen de la Merced, copia del original existente en la puerta de entrada al colegio Carmen Iturbide, donde estuvo situada la Hacienda o Casa de las Mercedarias, de la que no queda en pie resto alguno.
     En esta misma plaza puede contemplarse un monolito inaugurado en 1997 como recuerdo de los orígenes del característico "chalet" de Gines (Matías Payán Melo, en Ayuntamiento de Gines)
Conozcamos mejor la Festividad de la Virgen de la Merced o Nuestra Señora de las Mercedes
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   La Virgen de la Merced o Nuestra Señora de las Mercedes es una advocación, que deriva del latín merces, que significa: dádiva, gracia, por lo que puede entenderse como Nuestra Señora de la Misericordia. San Pedro Nolasco, un joven mercader de telas de Barcelona, empezó a actuar en la compra y rescate de cautivos, vendiendo cuanto tenía en 1203. Se dice que el uno de agosto de 1218, fiesta de San Pietro ad Vincula, tuvo una visita de la Santísima Virgen, dándose a conocer como La Merced, que lo exhortaba a fundar una Orden religiosa con ese fin principal de redimir a cristianos cautivos de los musulmanes y piratas sarracenos. San Pedro Nolasco consumó la creación de la Orden de la Merced en la Catedral de Barcelona con el apoyo del rey Jaime I el Conquistador y el asesoramiento del dominico canonista San Raimundo de Peñafort, el diez de agosto de ese mismo año 1218: recibieron la institución canónica del obispo de Barcelona y la investidura militar del rey Jaime I el Conquistador. El Papa Gregorio IX de Segni, quien aprobó la orden el diecisiete de enero de 1235, con la Regla de San Agustín. En 1245, muere el fundador.  Se tienen testimonios de esta advocación mariana en medallas desde mediados del siglo XIII. En las primeras Constituciones de la Orden, de 1272, redactadas en Capítulo General, la Orden recibe ya el título de Orden de la Virgen de la Merced de la Redención de los cristianos cautivos de Santa Eulalia de Barcelona. 
     La devoción a la Virgen de la Merced se difundió a partir de la fundación de la Orden como un reguero de pólvora por Cataluña y por toda España, incluida Cerdeña, por Francia y por Italia, con la labor de redención de estos religiosos y sus cofrades.  Con la evangelización de América, en la que la Orden de la Merced participó desde sus mismos inicios, la devoción se extendió y arraigó profundamente en todo el territorio americano. La fiesta dedicada a su patrona fue instituida a instancias de los mercedarios como acción de gracias por la fundación de la Orden. La primera concesión a los mercedarios de un Oficio para esta fiesta se hizo el cuatro de abril de 1615.  Inocencio XI Odescalchi la extendió a la Iglesia española en 1680 e Inocencio XII Pignatelli a toda la Iglesia Latina el doce de febrero de 1696. Reducida en 1960 a simple conmemoración en la reforma del Beato Juan XXIII, fue suprimida del calendario universal e incluso nacional de España en el del uso ordinario de 1969 (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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jueves, 22 de septiembre de 2022

La Hacienda de Torregines, en Gines (Sevilla)

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     La Hacienda de Torregines, se encuentra en la plaza de España, 1; en Gines (Sevilla).
     En la Plaza de España encontramos, entre otros edificios, la Hacienda de Torregines, una de las más antiguas de la localidad, actualmente modificada por completo y que, según sus antiguos propietarios, fue fundada por el Conde Baños en 1699.
     Actualmente nos encontramos con el Círculo Recreativo Cultural Ginense (Casino) que adquirió parte de la citada hacienda, realizando obras de adaptación y conservando la Torre contrapeso del lagar. Se encontraba también una hermosa portada de esta hacienda (ocupada hoy en día por una entidad bancaria y una farmacia) cuando la misma se levantaba hacia la Plaza en su máximo esplendor.
     Esta Hacienda, tal como indicamos, es de las más antiguas de Gines. Primero porque conocemos un documento del Archivo Municipal de Sevilla de fecha 3 de enero de 1412, cuando dos escribanos se acercan al “lugar” llamado Gines para comprobar in situ que la dote entregada por el señor de Gines D. Diego López de Zúñiga, justicia mayor del Reino, a su hija Doña Leonor de Zúñiga para contraer matrimonio con D. Alfonso Pérez de Guzmán, era coincidente con lo expuesto en el pacto previo al matrimonio.
     Por todo lo expresado en dicho documento podemos hacer constar que la reunión mantenida por los escribanos públicos se celebró en esta casa-palacio, aunque, en aquellos momentos con grandes diferencias edificativas a las actuales.
     Segundo: existe una lápida, actualmente colocada en la vivienda situada a la espalda de la entidad bancaria, realizada en 1699, que nos habla de la importancia de esta hacienda (Ayuntamiento de Gines).
     La Hacienda de Torregines, actualmente modificada por completo, es una de las más antiguas de la localidad. Según sus antiguos propietarios, fue fundada por el conde Baños en 1699.
     Situada en la Plaza de España, actualmente nos encontramos con el Círculo Recreativo Cultural Ginense (Casino), que adquirió parte de la citada hacienda y realizó obras de adaptación. Conserva la Torre contrapeso del lagar y también una hermosa portada de cuando la misma se levantaba hacia la plaza en su máximo esplendor (Turismo de la Provincia de Sevilla).
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martes, 15 de marzo de 2022

La Hacienda del Marqués de Torrenueva, en Gines (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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     Hoy, 15 de marzo, es el aniversario (15 de marzo de 1732), de la creación del título del Marquesado de Torrenueva, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la Hacienda del Marqués de Torrenueva, en Gines (Sevilla).
     La Hacienda del Marqués de Torrenueva, se encuentra en la calle Real, 22; en Gines (Sevilla).
     La hacienda del marqués de Torrenueva, también conocida como Hacienda de Liendo o Torrenueva es el antiguo palacio del conde de Gines.
     Se trata de un edificio representativo, cuyo dueño consorte dio nombre a esta calle durante decenas de años, hasta 2009. 
     La construcción es de principios del siglo XVIII y su fachada es barroca. Su primer propietario fue Pedro de Liendo, que albergó una gran bodega fundada en 1824 y cuyos caldos alcanzaron renombre internacional (Turismo de la Provincia de Sevilla).
Conozcamos mejor el Marquesado de Torrenueva, título nobiliario al que pertenece esta Hacienda;
     El marquesado de Torrenueva es un título nobiliario español concedido por Felipe V el 15 de marzo de 1732 a Mateo Pablo Díaz de Lavandero y Martín, caballero de Santiago, veinticuatro de Sevilla, alguacil mayor de la Santa Inquisición, secretario de estado y superintendente de los consejos de Hacienda, Marina e Indias. No se le expidió Real cédula hasta el 18 de febrero de 1743.
     El título hace referencia a la hacienda de Torrenueva, también conocida como hacienda de Mateo Pablo, situada en el término municipal de Alcalá de Guadaíra (Sevilla). Los marqueses tenían también importantes propiedades en la localidad sevillana de Gines, donde existe una antigua hacienda que fue de su propiedad en pleno centro urbano, así como una calle con el nombre de Marqués de Torrenueva.
     A finales del siglo XIX el marquesado pasó por vía de matrimonio a la familia Lastra, siendo algunos de sus miembros destacados políticos, como Carlos de la Lastra y Romero, alcalde de Sevilla, presidente de su diputación provincial y senador del reino. Los Lastra también fueron acumulando por herencia el marquesado de Benamejí, el de las Cuevas del Becerro y el vizcondado de Benaoján. El palacio que tradicionalmente sirvió de residencia a los marqueses de Torrenueva se conserva en Sevilla, frente a la iglesia de San Juan de la Palma, en cuya portada en piedra sigue luciendo el escudo del primer marqués. Después de haber sido alquilado como casa de vecinos y de talleres para artesanos, pintores y escultores (popularmente era conocida como la casa de los Artistas), fue rehabilitada y convertida en una residencia para la tercera edad, inaugurada en 2017.​
     El actual titular es Manuel de la Lastra y Cortines, VII marqués de Torrenueva.
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domingo, 20 de febrero de 2022

La Calle Real, en Gines (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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     Esta calle se corresponde con la antigua Vereda o Cañada Real, que unía Gines con otros pueblos de la comarca y con la propia ciudad de Sevilla. Como edificio más representativo encontramos la Hacienda de Liendo o Torrenueva, cuyo dueño consorte dio nombre a esta calle durante decenas de años hasta 2009. La construcción es de principios del siglo XVIII, y su fachada es barroca. Su primer propietario fue D. Pedro de Liendo, quién albergó una gran bodega, la cual fue fundada en 1824 y cuyos caldos alcanzaron renombre internacional.
     En esta calle podemos encontrar las Casas de las Hermandades locales Sacramental y Virgen del Rocío. Ambos edificios son de reciente construcción. Hace algunos años podíamos contemplar la tienda de La Panilla (esquina con La Calleja) y también el viejo almacén de aceitunas de Cipriano, que con posterioridad fue restaurante y hoy en día convertido en viviendas unifamiliares y locales de negocios.
     Mirando hacia mucho más atrás en el tiempo, cercana a la Plaza podíamos observar una antigua casona con tintes de nobleza, que se convertiría en casa de vecinos y que fue conocida como Corral de Bracho. En 2009, la calle Real recuperó su nombre histórico y se convirtió en un espacio peatonal para el ocio y disfrute de toda la ciudadanía (Matías Payán Melo).
     Esta calle se corresponde con la antigua Vereda o Cañada Real que unía Gines con otros pueblos de la comarca y con la propia ciudad de Sevilla. Como edificio más representativo encontramos la hacienda de Liendo o Torrenueva.
     En esta calle podemos encontrar las Casa de Hermandad de las locales Sacramental y Virgen del Rocío. Ambos edificios son de reciente construcción. 
     Mirando mucho más atrás en el tiempo, cercana a la plaza podíamos observar una antigua casona con tintes de nobleza, que se convertiría en casa de vecinos y que fue conocida como Corral de Bracho. En 2009, la calle Real recuperó su nombre histórico y se convirtió en un espacio peatonal para el ocio y disfrute de toda la ciudadanía.
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sábado, 8 de enero de 2022

La Iglesia de Nuestra Señora de Belén, en Gines (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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     Hoy, sábado 8 de enero, como todos los sábados, se celebra la Sabatina, oficio propio del sábado dedicado a la Santísima Virgen María, siendo una palabra que etimológicamente proviene del latín sabbàtum, es decir sábado
       Y que mejor día que hoy para Explicarte la Iglesia de Nuestra Señora de Belén, en Gines (Sevilla).
     La Iglesia de Nuestra Señora de Belén se encuentra en la plaza de España, 7; en Gines (Sevilla).
   Consta de tres naves cubiertas por artesa y separadas por columnas de orden dórico, que soportan arcos de medio punto. El cuerpo de la nave tiene dos capillas añadidas, que se cubren por bóveda de media naranja. La iglesia, de estilo mudéjar tardío y probablemente del siglo XVI, se hallaba en malas condiciones a fines del siglo XVII por lo que se reformó a comienzos del siglo siguiente, llevando la torre la fecha de 1711, año en  que posiblemente se terminase. Consta que un año antes realizaba obras en el edificio Juan Antonio del Arenal Velasco y que entre 1728 y 1729 José Badillo construía la armadura de la nave central. En el exterior se aprecian dos puertas, una en cada fachada de la iglesia, muy sencillas, que corresponden a la época de la última restauración. La torre, situada en los pies, tiene dos cuerpos y se remata en chapitel con azulejos.
     En el interior destaca el retablo mayor, pieza de estilo rococó con gran movimiento de cornisas y esculturas de interés. Fue donado por el Conde de Baños cuyo escudo ostenta en la parte superior. Lo realizó Francisco Díaz, terminándolo en 1767 Manuel Barrera y Carmona y dorándolo al año siguiente Joaquín Cano. Preside el retablo la Virgen de Belén, de candelero, de la misma época. Otras imágenes son San Joaquín, San José, Santa Ana y Santa Teresa, éstas dos últimas probablemente anteriores. A la derecha del presbiterio hay un gran lienzo de la Virgen de Guadalupe firmado por Antonio de Torres y fechado en 1716.
     En la nave izquierda existen interesantes pinturas, como la del Entierro de Santa Catalina, de escuela de Zurbarán. Es también valiosa la Virgen de Belén, de Domingo Martínez, primitiva patrona de la iglesia, que debió de tener adornos de plata sobre el lienzo. Fue realizada en 1702. A mediados del siglo XVIII pueden situarse algunos lienzos, como el del Niño Jesús dormido, el de San José con el Niño y el del Bautismo de Cristo. Hay que mencionar una interesante Dolorosa o Virgen de la Paloma que parece obra del siglo XVII. Cercano al presbiterio podemos ver los lienzos de Santa Ana enseñando a la Virgen y de Santa Catalina, próximos a los Ayala, discípulos de Zurbarán. En esta misma zona de la iglesia hay un retablo barroco con columnas salomónicas de fines del siglo XVII, que debió de ser mucho mayor, dedicado a la Virgen del Rosario. En el banco hay un relieve de Ánimas y en uno de sus nichos una escul­tura de San Miguel.
     En la nave derecha, en la parte de la cabecera, hay un sencillo retablo de un solo cuerpo, hecho para un Crucificado, con dos hornacinas en las calles laterales, que contienen pequeñas esculturas de San José y San Juan Bautista, constando documentalmente que el retablo se realizó en 1756. El Crucificado, llamado de los Dolores o de la Salud, es de fines del siglo XVI, realizado en pasta y de magnífica calidad. A sus pies, dos ángeles pasionarios sostienen en sus manos un farol. Otras obras escultóricas son un Niño Jesús, de escuela sevillana del siglo XVIII, y una imagen de vestir de la Virgen de los Dolores del estilo de Astorga, situada en un retablo neoclásico de comienzos del siglo XIX.
     En la sacristía hay algunas esculturas importantes, como un Resucitado, que podría ser el que se estaba realizando en 1641, pero que está torpemente restaurado. Hay también una Virgen del Carmen y una Inmaculada pequeña, ambas del siglo XVII. Como pieza más antigua existe un Crucificado de mediados del XVI, pro­cedente de un antiguo poblado, que se llamó Casalleja de Almanzor.
     La orfebrería muestra como pieza más antigua un cáliz de gran copa y peana ondeada, que responde a los modelos de fines del XV o principios del XVI. Lleva los escudos del donante y las iniciales P. G. que probablemente responden también al donante. De fines del siglo XVI es un copón de plata dorada con fina decoración de cintas grabadas, y de la primera mitad del siglo XVII es el ostensorio manierista, decorado con esmaltes. Como piezas fechadas pueden citarse una naveta de plata restaurada en 1700, pero con la parte inferior de fecha anterior; un cáliz madrileño de 1743; una cruz procesional con decoración de rocalla, realizada por el platero sevillano Juan Bautista Zuloaga en 1782; así como un incensario, obra de Juan Ruiz, en 1814 (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
     Situada en la Plaza de España, la Parroquia de Nuestra Señora de Belén es un edificio mudéjar tardío (siglo XVI), construido sobre otro anterior y reformado en el Renacimiento (siglo XVII).
     Se compone de tres naves separadas por columnas dóricas que sostienen arcos de medio punto, dándole el crucero la forma de cruz latina. La nave central estaba cubierta por una artesa de cielo raso y las dos laterales con faldones de madera. Su techumbre fue sustituida totalmente por vigas y una tablazón de madera a mediados del siglo XX.
     Destaca el espléndido Retablo Mayor de estilo rococó, presidido por la imagen de Nuestra Señora de Belén, obra anónima de finales del siglo XVI o principios del siglo XVII colocada en la hornacina principal. La talla fue restaurada por Francisco Berlanga de Ávila tras los daños sufridos en el incendio del altar mayor de la Parroquia en 1990.
     Dentro del Retablo Mayor, a la derecha y a la izquierda de la Virgen de Belén pueden verse también las imágenes de San Joaquín, San José, Santa Ana y Santa Teresa de Jesús, de trazas barrocas. Corona el retablo en su ático la figura del Padre Eterno.
     La colocación del Retablo Mayor fue ordenada por D. Manuel Antonio de la Rosa, cura Beneficiado de Gines el día 2 de Septiembre de 1764, encargando el trabajo a D. Francisco Díaz, maestro tallista de Sevilla, elevándose el costo del mismo a cuatrocientos ducados de Vellón. El dorado del Retablo lo encargó el mencionado cura Beneficiado al artista dorador D. Joaquín Cano, en la cifra de cinco mil reales de vellón. En esta obra colaboraron tanto la propia iglesia, el Conde Baños (por aquellos años señor de Gines), así como distintas Órdenes Religiosas y muchísimos feligreses de Gines y devotos de Sevilla.
     En la nave de la derecha, podemos ver al Cristo de la Vera-Cruz, de autor desconocido y del siglo XVI, hecho en pasta y restaurado por Francisco Berlanga de Ávila en 1983 al presentar un cuadro general de deterioro interno y pérdida de policromía. En 1990 se vuelve a restaurar la imagen por el mismo imaginero tras sufrir un grave incendio el altar mayor de la Parroquia donde se encontraban los Titulares de la Hermandad Sacramental.
     También en la nave derecha se encuentra la imagen de San Ginés, y en el Sagrario puede verse a la Virgen de los Dolores, imagen de candelero de 1816 obra de Juan de Astorga. A principios de 1990 se encarga la restauración del rostro de la imagen a Francisco Berlanga de Ávila por la aparición de una grieta. Meses más tarde, tras sufrir el aparatoso incendio del Altar Mayor, se encarga la reconstrucción de la imagen a Juan Miñarro.
     En la nave de la izquierda, se encuentra las imágenes de Nuestra Señora del Rosario (siglo XVIII), la Virgen del Carmen, y el Corazón de Jesús. En cuanto a sus obras pictóricas, la más destacada es quizá “La Ascensión de Cristo”, fechada en 1725 y obra del gran pintor sevillano Domingo Martínez. Tiene unas dimensiones de 1,75 metros de alto por 1,38 metros de ancho, y se encuentra en la zona izquierda del Altar Mayor de la iglesia. La obra destaca por los llamativos colores que despliega en ella el autor, así como por su tono refinado, elegante, idealizado y algo neomanierista, lo que distancia esta obra de la tradicional escuela murillesca anterior. La dulzura del rostro de Cristo, el atrevimiento del rojo del manto que lo envuelve por arriba, los colores tornasolados del paño del ángel de la izquierda y los multicolores de los angelitos que revolotean al pie del grupo principal, son todos ellos rasgos propios de la labor del artista.
     Por otro lado, en la capilla bautismal, que data de 1696, hay una destacable pintura de la Virgen de Belén (de 1702 y perteneciente al círculo de Domingo Martínez). También hay que mencionar un hermosísimo cuadro representando el Entierro de Santa Catalina, atribuido al círculo de Zurbarán (siglo XVII), y un lienzo de la Virgen de Guadalupe (1716) del mexicano Antonio Torre, entre otros. La bella torre de la Parroquia, de 1720 y restaurada por última vez en 2006, preside todo el conjunto de la Plaza de España (Matías Payán Melo, en Ayuntamiento de Gines).
Conozcamos mejor la sobre el Significado y la Iconografía de la Virgen con el Niño;
   Tal como ocurre en el arte bizantino, que suministró a Occidente los prototipos, las representaciones de la Virgen con el Niño se reparten en dos series: las Vírgenes de Majestad y las Vírgenes de Ternura.
La Virgen de Majestad
   Este tema iconográfico, que desde el siglo IV aparecía en la escena de la Adoración de los Magos, se caracteriza por la actitud rigurosamente frontal de la Virgen sentada sobre un trono, con el Niño Jesús sobre las rodillas; y por su expresión grave, solemne, casi hierática.
   En el arte francés, los ejemplos más antiguos de Vírgenes de Majestad son las estatuas relicarios de Auvernia, que datan de los siglos X u XI. Antiguamente, en la catedral de Clermont había una Virgen de oro que se mencionaba con el nom­bre de Majesté de sainte Marie, acerca de la cual puede dar una idea la Majestad de sainte Foy, que se conserva en el tesoro de la abadía de Conques.
   Este tipo deriva de un icono bizantino que el obispo de Clermont hizo emplear como modelo para la ejecución, en 946, de esta Virgen de oro macizo destinada a guardar las reliquias en su interior.
   Las Vírgenes de Majestad esculpidas sobre los tímpanos de la portada Real de Chartres (hacia 1150), la portada Sainte Anne de Notre Dame de París (hacia 1170) y la nave norte de la catedral de Reims (hacia 1175) se parecen a aquellas estatuas relicarios de Auvernia, a causa de un origen común antes que por influencia directa. Casi todas están rematadas por un baldaquino que no es, como se ha creído, la imitación de un dosel procesional, sino el símbolo de la Jerusalén celeste en forma de iglesia de cúpula rodeada de torres.
   Siempre bajo las mismas influencias bizantinas, la Virgen de Majestad aparece más tarde con el nombre de Maestà, en la pintura italiana del Trecento, transportada sobre un trono por ángeles.
   Basta recordar la Madonna de Cimabue, la Maestà pintada por Duccio para el altar mayor de la catedral de Siena y el fresco de Simone Martini en el Palacio Comunal de Siena.
   En la escultura francesa del siglo XII, los pies desnudos del Niño Jesús a quien la Virgen lleva en brazos, están sostenidos por dos pequeños ángeles arrodillados. La estatua de madera llamada La Diège (Dei genitrix), en la iglesia de Jouy en Jozas, es un ejemplo de este tipo.
El trono de Salomón
   Una variante interesante de la Virgen de Majestad o Sedes Sapientiae, es la Virgen sentada sobre el trono con los leones de Salomón, rodeada de figuras alegóricas en forma de mujeres coronadas, que simbolizan sus virtudes en el momento de la Encarnación del Redentor.
   Son la Soledad (Solitudo), porque el ángel Gabriel encontró a la Virgen sola en el oratorio, la Modestia (Verecundia), porque se espantó al oír la salutación angélica, la Prudencia (Prudentia), porque se preguntó como se realizaría esa promesa, la Virginidad (Virginitas), porque respondió: No conocí hombre alguno (Virum non cognosco), la Humildad (Humilitas), porque agregó: Soy la sierva del Señor (Ecce ancilla Domini) y finalmente la Obediencia (Obedientia), porque dijo: Que se haga según tu palabra (Secundum verbum tuum).
   Pueden citarse algunos ejemplos de este tema en las miniaturas francesas del siglo XIII, que se encuentran en la Biblioteca Nacional de Francia. Pero sobre todo ha inspirado esculturas y pinturas monumentales en los países de lengua alemana.
La Virgen de Ternura
   A la Virgen de Majestad, que dominó el arte del siglo XII, sucedió un tipo de Virgen más humana que no se contenta más con servir de trono al Niño divino y presentarlo a la adoración de los fieles, sino que es una verdadera madre relacionada con su hijo por todas las fibras de su carne, como si -contrariamente a lo que postula la doctrina de la Iglesia- lo hubiese concebido en la voluptuosidad y parido con dolor.
   La expresión de ternura maternal comporta matices infinitamente más variados que la gravedad sacerdotal. Las actitudes son también más libres e imprevistas, naturalmente. Una Virgen de Majestad siempre está sentada en su trono; por el contrario, las Vírgenes de Ternura pueden estar indistintamente sentadas o de pie, acostadas o  de rodillas. Por ello, no puede estudiárselas en conjunto y necesariamente deben introducir en su clasificación numerosas subdivisiones.
   El tipo más común es la Virgen nodriza. Pero se la representa también sobre su lecho de parturienta o participando en los juegos del Niño.
El niño Jesús acariciando la barbilla de su madre
   Entre las innumerables representaciones de la Virgen madre, las más frecuentes no son aquellas donde amamanta al Niño sino esas otras donde, a veces sola, a veces con santa Ana y san José, tiene al Niño en brazos, lo acaricia tiernamente, juega con él. Esas maternidades sonrientes, flores exquisitas del arte cristiano, son ciertamente, junto a las Maternidades dolorosas llamadas Vírgenes de Piedad, las imágenes que más han contribuido a acercar a la Santísima Virgen al corazón de los fieles.
   A decir verdad, las Vírgenes pintadas o esculpidas de la Edad Media están menos sonrientes de lo que se cree: la expresión de María es generalmente grave e incluso preocupada, como si previera los dolores que le deparará el futuro, la espada que le atravesará el corazón. Sucede con frecuencia que ni siquiera mire al Niño que tiene en los brazos, y es raro que participe en sus juegos. Es el Niño quien aca­ricia el mentón y la mejilla de su madre, quien sonríe y le tiende los brazos, como si quisiera alegrarla, arrancarla de sus sombríos pensamientos.
   Los frutos, los pájaros que sirven de juguetes y sonajeros al Niño Jesús tenían, al menos en su origen, un significado simbólico que explica esta expresión de inquieta gravedad. El pájaro es el símbolo del alma salvada; la manzana y el racimo de uvas, aluden al pecado de Adán redimido por la sangre del Redentor.
   A veces, el Niño está representado durante el sueño que la Virgen vela. Ella impone silencio a su compañero de juego, el pequeño san Juan Bautista, llevando un dedo a la boca.
   Ella le enseña a escribir, es la que se llama Virgen del tintero (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la historia de la Sabatina como culto mariano
  Semanalmente tenemos un culto sabatino mariano. Como dice el Directorio de Piedad Popular y Liturgia, en el nº 188: “Entre los días dedicados a la Virgen Santísima destaca el sábado, que tiene la categoría de memoria de santa María. Esta memoria se remonta a la época carolingia (siglo IX), pero no se conocen los motivos que llevaron a elegir el sábado como día de santa María. Posteriormente se dieron numerosas explicaciones que no acaban de satisfacer del todo a los estudiosos de la historia de la piedad”. En el ritmo semanal cristiano de la Iglesia primitiva, el domingo, día de la Resurrección del Señor, se constituye en su ápice como conmemoración del misterio pascual.  Pronto se añadió en el viernes el recuerdo de la muerte de Cristo en la cruz, que se consolida en día de ayuno junto al miércoles, día de la traición de Judas. Al sábado, al principio no se le quiso subrayar con ninguna práctica especial para alejarse del judaísmo, pero ya en el siglo III en las Iglesias de Alejandría y de Roma era un tercer día de ayuno en recuerdo del reposo de Cristo en el sepulcro, mientras que en Oriente cae en la órbita del domingo y se le considera media fiesta, así como se hace sufragio por los difuntos al hacerse memoria del descenso de Cristo al Limbo para librar las almas de los justos.  
     En Occidente en la Alta Edad Media se empieza a dedicar el sábado a la Virgen. El benedictino anglosajón Alcuino de York (+804), consejero del Emperador Carlomagno y uno de los agentes principales de la reforma litúrgica carolingia, en el suplemento al sacramentario carolingio compiló siete misas votivas para los días de la semana sin conmemoración especial; el sábado, señaló la Santa María, que pasará también al Oficio. Al principio lo más significativo del Oficio mariano, desde Pascua a Adviento, era tres breves lecturas, como ocurría con la conmemoración de la Cruz el viernes, hasta que llegó a asumir la estructura del Oficio principal. Al principio, este Oficio podía sustituir al del día fuera de cuaresma y de fiestas, para luego en muchos casos pasar a ser añadido. En el X, en el monasterio suizo de Einsiedeln, encontramos ya un Oficio de Beata suplementario, con los textos eucológicos que Urbano II de Chantillon aprobó en el Concilio de Clermont (1095), para atraer sobre la I Cruzada la intercesión mariana.
       De éste surgió el llamado Oficio Parvo, autónomo y completo, devoción mariana que se extendió no sólo entre el clero sino también entre los fieles, que ya se rezaba en tiempos de Berengario de Verdún (+962), y que se muestra como práctica extendida en el siglo XI. San Pedro Damián (+1072) fue un gran divulgador de esta devoción sabatina, mientras que Bernoldo de Constanza (+ca. 1100), poco después, señalaba esta misa votiva de la Virgen extendida por casi todas partes, y ya desde el siglo XIII es práctica general en los sábados no impedidos. Comienza a partir de aquí una tradición devocional incontestada y continua de dedicación a la Virgen del sábado, día en que María vivió probada en el crisol de la soledad ante el sepulcro, traspasada por la espada del dolor, el misterio de la fe.  
      El sábado se constituye en el día de la conmemoración de los dolores de la Madre como el viernes lo es del sacrificio de su Hijo. En la Iglesia Oriental es, sin embargo, el miércoles el día dedicado a la Virgen. San Pío V, en la reforma litúrgica postridentina avaló tanto el Oficio de Santa María en sábado, a combinar con el Oficio del día, como el Oficio Parvo, aunque los hizo potestativos. De aquí surgió el Común de Santa María, al que, para la eucaristía, ha venido a sumarse la Colección de misas de Santa María Virgen, publicada en 1989 bajo el pontificado de San Juan Pablo II Wojtyla (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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