Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

   Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla :     La intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla" , presentado por Ch...

Mostrando entradas con la etiqueta Hernán Ruiz II. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hernán Ruiz II. Mostrar todas las entradas

lunes, 11 de marzo de 2024

El Patio del Cabildo, de Hernán Ruiz II, en la Catedral de Santa María de la Sede

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Patio del Cabildo, de Hernán Ruiz II, en la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
     Hoy, 11 de marzo, es el aniversario de la dedicación de la Catedral de Santa María de la Sede, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el Patio del Cabildo, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
     La Catedral de Santa María de la Sede  [nº 1 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 1 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de la Constitución, 13; con portadas secundarias a las calles Fray Ceferino González, plaza del Triunfo, plaza Virgen de los Reyes, y calle Alemanes (aunque la visita cultural se efectúa por la Puerta de San Cristóbal, o del Príncipe, en la calle Fray Ceferino González, s/n, siendo la salida por la Puerta del Perdón, en la calle Alemanes); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.  
   En la Catedral de Santa María de la Sede, podemos contemplar el Patio del Cabildo [nº 100 en el plano oficial de la Catedral de Santa María de la Sede]; Por su relativa cercanía a la capilla del mismo nombre ha sido denominado "del Mariscal"; sin embargo, su nombre tradicional ha sido "Claustro o Patio" "del Antecabildo" o "del Cabildo" (Alfonso Jiménez Martín, Cartografía de la Montaña hueca; Notas sobre los planos históricos de la catedral de Sevilla. Sevilla, 1997).
     Elemento fundamental en la cons­trucción era el muro de cerramiento exterior, casi finalizado desde tiempos de Riaño. A él tuvo que someter Hernán Ruiz II a la hora de elaborar sus proyectos, de la misma forma que debió asumir algunos de los principios rectores de los planes del mencionado arquitecto. Entre otros, el más destacado es el mantenimiento del esquema sala-patio para flanquear el costado oriental de la Sacristía Mayor. A partir de estos planes forzados el arquitecto actuó con gran libertad, distribuyendo el espacio según su criterio y las necesidades del Cabildo. Emplazado el Antecabildo y su patio anejo, ocupó la superficie restante con la Casa de Cuentas, la Sala Capitular y otra estancia abierta al patio, junto a la que se sitúa la escalera de acceso al piso alto. La necesidad de levantar al mismo tiempo todas estas dependencias hizo que el programa constructivo se dilatase y que su creador no llegase a verlo completo.
     Se reconocen en el Patio del Cabildo los elementos típico de Hernán Ruiz II, como es el caso de los temas geométricos que orlan el mismo y del friso de espirales del remate, iguales a los existentes en los vanos fingidos del Patio del Cabildo. Muy interesante es el remate del ático, por lo que tiene de manierista al romper su frontón para intercalar un nuevo coronamiento. La misma solución se repetirá más tarde en las ventanas superiores de la propia Contaduría, si bien Maeda acentuó en ellas el sentido heterodoxo al debilitar el elemento de soporte y potenciar el frontón de remate. 
     El modo de articular los muros de la sala y muchos de sus elementos estructurales coinciden con el estilo del arquitecto, especialmente las pilastras jónicas que flanquean los relieves y el friso de triglifos y metopas con rosetas en que estos descansan. Los mismos se emplearon en  las portadas reales y simuladas que se sitúan en el Patio del Cabildo. Este es enteramente obra de Hernán Ruiz y sorprende por su fantasía. Sus frentes se han organizado dos a dos me­diante una serie de vanos auténticos y fingidos. En los flancos oriental y occidental se emplean dos esquemas de portadas y otros tantos de ventanas. Estas son rectangulares y romboidales, semejantes las primeras a las ventanas del vestíbulo del Antecabildo y parecidas las últimas, sobre todo en su ornamentación, a las de la fachada de la iglesia del Hospital de las Cinco Llagas. Las puertas centrales repiten el esquema de las de ingreso a las sacristías de la Capilla Real, mientras las laterales recuerdan en su zona baja a la de la Casa de Cuentas, relacionándose su remate con la figura del folio 110 del  manuscrito de arquitectura. En el muro oriental son reales el vano central y el del ángulo sur, pues allí se ubica la escalera de acceso al piso superior. Los frentes norte y sur insisten en la utilización de vanos reales y simulados, habiéndose desplazado su composición hacia el flanco oriental por no estar situado el patio a eje con el Antecabildo. La ubicación de las dos puertas que comunican ambas dependencias obligó a repetir en el muro contrario la misma disposición en vanos fingidos, para mantener la simetría. Tanto en estos como en los reales se utilizan de remate figuras infantiles y medallas entre volutas y contravolutas, parecidas a las que figuran en el dibujo del folio 110 antes citado. El sentido lúdico de la composición, los efectos contrastados y el carácter ilusorio, en general, hacen de este patio uno de los recintos más manieristas de la arquitectura española. 
     Una de las primeras tareas realizadas bajo la dirección de Juan de Maeda fue la colocación de la fuente del Patio del Cabildo.
     Cuando se concluían las labores de la Sala Capitular se acordó abrir cuatro ventanas en el muro de cerramiento exterior. Corresponden estas a las situadas en el Patio del Cabildo y en la escalera de subida a la planta alta, que dan frente al Alcázar. Su diseño correspondió a Asensio de Maeda, quien repitió el es­quema de las correspondientes a la planta baja de la Casa de Cuentas, si bien aumentó sus proporciones. La labor de cantería fue efectuada por los maestros Manuel Fernández y Diego Caravallo, construyendo Rodrigo de Segovia las rejas correspondientes. Con estas operaciones se puso punto final a las obras del volumen agregado a la catedral en el ángulo sureste (Alfredo J. Morales, La Arquitectura de la Catedral de Sevilla en los siglos XVI, XVII y XVIII, en La Catedral de Sevilla, Ed. Guadalquivir, 1991).
Lauda sepulcral de Dº Íñigo de Mendoza.
     Se halla en el patio del ante cabildo, llamado también del Mariscal, casi oculta por diversos trastos y enseres.
    En este monumento pétreo aparece en medio relieve el cadáver revestido de ornamentos presbiterales, inscrito en un arco, entre pilastrillas estriadas, con escu­dos en las enjutas. Una inscripción perimetral identifica la laude y señala el óbito de D. Iñigo en 1497. Fue Canónigo de la Catedral y Capellán de los Reyes Cató­licos.
     Anotemos como curiosidad, que la pieza fue invertida, colocándose otras inscripciones necrológicas en su reverso y casi milagrosamente fue salvada de su desaparición u olvido.
     Figuró en el vestíbulo de la biblioteca colombina, luego en los almacenes catedralicios y, al fin, en el si­tio actual, aunque poco decorosamente tratada.
     Cean atribuyó esta obra a Miguel Florentin, opinión que recoge González de León; Gestoso lo cita, copia dicha inscripción pero no formula ninguna autoría; Gómez Moreno afirma que es italiana, correcta, sencilla, fina y elegante, como un eco de Mino da Fiésole.
     Sin poseer valores extraordinarios, es bueno el dibu­jo, modelado, talla y composición; algo duro el plegar de la casulla, sin atenerse estrictamente al natural.
     Puede ser obra de algún florentino y se fecharía en el primer cuarto del siglo XVI.
     El bellísimo patio del ante Cabildo (llamado del Mariscal), es una ordenación manierista de análoga época a la Sala anterior y tiene algunas cabecitas escultóricas (José Hernández Díaz, Retablos y esculturas, en La Catedral de Sevilla, Ed. Guadalquivir, 1991).
     También se utilizaron azulejos en otras obras emprendidas por Hernán Ruiz II en la catedral. Este es el caso del llamado Patio del Mariscal, situado a continuación del Antecabildo, auténtico alarde de arquitectura manierista. Se emplea la azulejería en el pavimento, constituido por olambrillas vidriadas y losas rectangulares de barro, y en los aliceres que marcan el rehundimiento central del patio y los andenes de los cuatro frentes. 
     Obra también importante fue el pasamanos construido por Francisco Ruiz entre 1593 y 1594 para el Patio del Cabildo y, asimismo, las cuatro rejas para las ventanas que, diseñadas por Asensio de Maeda, se abrieron en 1592 en el ángulo sureste del muro de ce­rramiento de las sacristías y el cabildo. La labor de cantería efectuada por Manuel Fernández y Diego Caravallo, se vio parcialmente oculta por las gruesas rejas construidas por Rodrigo de Segovia entre 1594 y 1596. Lo más destacado de ellas es que presen­tan vuelo, lo que obligó a situar en la solera unos potentes tornapuntas. Sus elementos estructurales son balaústres, dispuestos en dos órdenes, de los cuales el inferior es de mayores proporciones. Con toda proba­bilidad el diseño de estas rejas correspondió a Asensio de Maeda (Alfredo J. Morales, Artes aplicadas e industriales en la Catedral de Sevilla, en La Catedral de Sevilla. Ediciones Guadalquivir, Sevilla. 1991].
        Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Patio del Cabildo, de Hernán Ruiz II, en la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Catedral de Santa María de la Sede, en ExplicArte Sevilla.

lunes, 8 de mayo de 2023

La Iglesia de Santa María de Gracia, en Almadén de la Plata (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Iglesia de Santa María de Gracia, en Almadén de la Plata (Sevilla).
     Hoy, 8 de mayo, es la Festividad de la Bienaventurada Virgen María Madre y Mediadora de todas las Gracias, así que hoy es el mejor día, para ExplicArte la Iglesia de Santa María de Gracia, en Almadén de la Plata (Sevilla).
     La Iglesia de Santa María de Gracia, se encuentra en la calle Iglesia, 3; en Almadén de la Plata (Sevilla).
     Tiene una sola nave, formada por cuatro tramos, cubierta con bóveda de cañón con arcos fajones y lunetos. La capilla mayor es de planta cuadrada y va cubierta por una media naranja sobre pechinas. Tiene dos portadas. La del muro derecho es adintelada y moderna. La correspondiente a la fachada de los pies se compone de un arco de medio punto entre pilastras toscanas y un entablamento decorado con grutescos. En una inscripción aparece la fecha 1676, que corresponde a una reforma. Próxima a esta portada se levanta la torre, constituida por tres cuerpos más un chapitel piramidal recubierto de azulejos. En la construcción intervinieron Hernán Ruiz II, Vermondo Resta, Pedro Sánchez Falconete y Esteban García, siendo este último el autor de la puerta de ingreso a la sacristía, de la torre y de algunas reformas en el cuerpo de la iglesia. Los arquitectos José Tirado, Francisco Muñoz y Pedro de Silva llevaron a cabo a lo largo del siglo XVIII otras obras de menor importancia.
     El retablo mayor consta de un solo cuerpo dividido en tres calles por medio de estípites y puede fecharse en el segundo cuarto del siglo XVIII. Procede de Carmona y recuerda las obras de José Maestre y Tomás Guisado. Presenta en el primer cuerpo esculturas de San Juan y de la Magdalena, de la misma fecha, y del Cristo del Crucero, de la primera mitad del siglo XVI, situándose en el ático una imagen de la Inmaculada del segundo tercio del XVII. Repartidas por la iglesia aparecen diversas esculturas del siglo XVIII, que representan a San Antonio de Padua, el Niño Jesús, San Cayetano y San José.
     Sobre el muro izquierdo se dispone el retablo dedicado a la Divina Pastora, cuya estructura y ornamentación permite fecharlo en torno a 1740. Por la nave del templo se distribuyen diversos bancos de madera decorados con rocallas y escudos reales, fechables en la segunda mitad del siglo XVIII.
     Piezas destacadas de orfebrería son una cruz procesional de plata con decoración de cartelas e imágenes del Crucificado y la Inmaculada, fechable hacia 1620, un cáliz de plata lisa, del siglo XVIII, con el punzón Méndez y García y una lámpara de plata decorada con rocallas, del último tercio del XVIII, con el punzón V. Gargallo y García (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
     La Iglesia de santa María de Gracia se construyó entre finales del siglo XVI y principio del XVII, de estilo renacentista y decoración barroca. Su planta es de una sola nave formada por cuatro tramos, algunas dependencias y capillas adosadas, con un singular campanario ubicado en el atrio, sobresale la bóveda de media naranja sobre la pechina de la Capilla Mayor y arcos perpiaños en el resto de la nave. La cubierta del cuerpo de la Iglesia es de bóveda de cañón con arcos fajones y lunetos.
     La iglesia posee dos portadas, una a los pies del templo que es la principal y otra en el muro de la Epístola. La portada principal se compone de arco de medio punto entre pilastras toscanas y el entablamento decorado con grutescos, pudiéndose fechar hacia mediados del siglo XVI. En una pilastra aparece la fecha de 1676, correspondiente a una reforma del templo.
     Cerca de esta portada está la torre con tres cuerpos y un chapitel piramidal cubierto de azulejos. Fue construida por Esteban García.
     La iglesia fue restaurada por última vez en el año 2002, prácticamente en su totalidad.
     En la construcción del edificio intervinieron los arquitectos Hernán Ruiz, Vermondo Resta, Pedro Sánchez Falconete y Esteban García. Durante el siglo XVIII se llevaron a cabo obras de menor importancia bajo la dirección de los arquitectos José Tirado, Francisco Muñoz y Pedro de Silva (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Data de finales del siglo XVI y principio del XVII. De estilo renacentista y decoración barroca. Fue construida, entre otros, por Vermondo Resta y Hernán Ruiz II. Éste último fue maestro mayor de la Catedral de Sevilla. Su estructura consta de una sola planta de nave simple dividida en cuatro tramos, algunas dependencias y capillas adosadas, con un singular campanario ubicado en el atrio, sobresale la bóveda de media naranja sobre la pechina de la Capilla Mayor y arcos perpiaños en el resto de la nave.
     En su interior, destaca un espléndido retablo sevillano del siglo XVIII, las esculturas del Cristo del Crucero y la Inmaculada pertenecientes a los siglos XVI y XVII, respectivamente y nuestra Patrona, Sta. María de Gracia. La orfebrería de esta Iglesia cuenta con una Cruz de plata del siglo XVII y un Cáliz del mismo material del siglo XVIII. El 4 de enero de 1953 sufrió un gravísimo incendio que destruyó parte de sus tesoros artísticos. El actual Altar Mayor, también de estilo barroco, se instaló después del incendio y proviene de la Iglesia de San Felipe de Carmona (Sevilla). La iglesia fue restaurada por última vez en el año 2002, prácticamente en su totalidad (Turismo de la Provincia de Sevilla).
Conozcamos mejor la Historia de la Solemnidad de la Virgen de Gracia
     La mediación universal de la Santísima Virgen María es una doctrina deducida de la enseñanza tradicional de la Iglesia, a partir de la solicitud maternal de María por todo el género humano en la misión redentora de su Hijo, que forma un todo con ella, y se extiende a todas las gracias que nos ha adquirido Cristo.  Aunque es una verdad no definida, viene siendo aceptada por el pueblo cristiano desde tiempo inmemorial: ya a San Germán de Constantinopla, en el siglo VII, se le llama el Doctor de la Mediación de María.
     Son múltiples las advocaciones marianas que reflejan la mediación de María: Amparo, Auxiliadora, Consolación, Gracias, Merced, Milagro, Misericordia, Patrocinio, Providencia, Refugio, Remedio, Socorro... En la Edad Media, el franciscano San Bernardino de Siena, insigne predicador, contribuyó ostensiblemente a extender la doctrina de la distribución de María de todas las gracias. En el mismo sentido, toda la himnología medieval occidental canta el papel de María como abogada y mediadora.  Así mismo la proclamamos intercesora en la segunda parte del avemaría, de composición eclesiástica, oración base, por otra parte, del Ángelus y del Rosario. En la Península Ibérica, el título de mediadora e intercesora se patentiza ya en su liturgia hispánica autóctona. A comienzos de la Edad Moderna, influyó mucho la predicación del agustino Santo Tomás de Villanueva, Arzobispo de Valencia, que entreteje su reflexión teológica en torno a imágenes y tipos bíblicos, recogiendo la herencia de la piedad medieval.  Incluso el Rey Felipe IV, a propuesta de la Real Junta de la Inmaculada, movida por el jesuita P. Nieremberg, estableció, como comentamos en otro apartado, la Fiesta del Patrocinio de la Santísima Virgen para España y sus dominios por carta del veinte y ocho de septiembre de 1655, confirmada por el Papa Alejandro VII Chigi por el Breve Praeclara charissimi del veinte y ocho de julio del año siguiente, para un domingo de noviembre. Un decreto real en 1664 la fijó el segundo. Se extendió por otros lugares en el siglo XVIII.  En la segunda mitad del XIX el Cardenal Mercier (+1926), Arzobispo de Malinas, Bélgica, promovió en la Iglesia un movimiento mariano mediacionista. En 1913 elevó a San Pío S Sarto una petición para que declarara dogma de fe la Mediación Universal de María en la dispensación de todas las gracias, firmada el episcopado belga, clero, fieles, universidades católicas, órdenes religiosas… 
   Ya en este siglo, el Papa Benedicto XV Della Chiesa, llama a la Virgen Omnipotencia suplicante, y afirma que la ha tomado por Patrona desde el comienzo de su pontificado. Este mismo pontífice, el veinte y uno de enero de 1918, a petición del Cardenal Mercier, concedió a toda la nación belga Oficio y Misa de Santa María Virgen Mediadora de Todas las Gracias, que es por tanto una fiesta que hace referencia a una verdad teológica y que la Sede Apostólica ha ido concediendo a muchas diócesis e Institutos Religiosos que lo han solicitado, habiéndose hecho casi memoria general. El propio Cardenal Mercier escribió para ello a todos los obispos católicos. Se celebraba el treinta y uno de mayo hasta 1954, en que pasó a la Octava de la Inmaculada. En el Vaticano II se califica expresamente a María Mediadora.
     El Concilio Vaticano II ha escrito sobre esta condición de mediadora de la Santísima Virgen: “María, asunta a los cielos, no ha dejado su misión salvadora, sino que con su múltiple intercesión continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna. Con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y se hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada. Por este motivo, la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora. Lo cual, sin embargo, ha de entenderse de tal manera que no reste ni añada nada a la dignidad y eficacia de Cristo, único Mediador” (LG 62). Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres. Pero Él, no por necesidad sino por benevolencia, ha querido asociarse otros mediadores. Entre ellos, María.
     La mediación de María fluye de un doble hecho: primero, su maternidad espiritual. Ésta exige no sólo la transmisión de la vida sobrenatural, sino también su conservación. Y segundo: su corredención maternal, que requiere la aplicación de la redención a cada uno de los redimidos. En 1971 la Sagrada Congregación para el Culto Divino aprobó la Misa de la B.V.M. Madre de la Gracia y Mediadora, conjuntando el papel maternal de María con su mediación, cuyos textos eucológicos se encuentran en el Misal de la Virgen con el número 30.  La titulada La Virgen María en Caná, la número 9, última del Tiempo de Navidad, nos transmite la continuación de la labor mediadora de la Madre de Jesús en favor de la Iglesia en el cielo, donde reina Asunta y Gloriosa, que inició en las bodas de Caná, y de Su misión ejemplarizante y salvadora de conducir a Cristo en comunión con los fieles. Aunque no está en el calendario universal, se celebra en múltiples diócesis, así en las de Cuenca, Pamplona y Tudela como memoria libre, y congregaciones religiosas, entre las que contamos a los Monfortianos y Reparadores, como memoria obligatoria, y Servitas, como memoria libre. En la Diócesis de Sevilla se celebra en esta jornada por aprobación de la Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino de cinco de agosto de 1980 (Prot. n. CD 1320/80), a petición del 30 de mayo de dicho año del Cardenal Arzobispo José María Bueno Monreal con el grado de memoria obligatoria.
     La advocación de Nuestra Señora de Gracia evoca el saludo del Arcángel Gabriel a María: "Dios te salve María, llena eres de gracia". Para los cristianos esta advocación no hace más que resaltar la cooperación excelente de María en el plan salvífico de Dios, para el que estaba predestinada. Esta advocación de Gracia, junto a la de Consolación y Correa, la del Buen Consejo y la del Socorro, centran la devoción mariana particular de la orden agustina, y aun podemos decir que es la más antigua de todas. Desde tiempo inmemorial el culto a la Virgen de Gracia floreció en los ámbitos agustinianos, pero desconocemos dónde y cómo surgió. El porqué de la elección de tal título y del culto particular que se empezó a tributar a la Virgen con él, las circunstancias históricas que lo envolvieron en los comienzos de la Orden y su origen espacio-temporal, se desconocen totalmente. Lo cierto es que, aunque con lentitud, pero progresivamente, la advocación fue cobrando resonancia en las devociones comunitarias y litúrgicas agustinas.
     Había sido norma generalizada que las órdenes religiosas aprovecharan devociones antiguas ya establecidas en el corazón de los cristianos y las acomodaran a su peculiar manera de pensar y carisma. No olvidemos que San Agustín, el padre espiritual de la orden, es llamado el Doctor de la Gracia. Como él pone de manifiesto, en nuestro camino de salvación es necesario el auxilio de la Gracia, que recibimos en el bautismo.   María venerada como Madre de la Gracia o de la Divina Gracia presenta la oportunidad de incardinar la mariología en la cristología. Probablemente sea ésta la explicación más verosímil de lo que aconteció respecto a la arraigada devoción agustiniana por Nuestra Señora de Gracia.
     Entre los agustinos la devoción a este prestigioso título se desarrolló encontrando adecuadas expresiones en algunas antífonas, plegarias e himnos recomendados u ordenados por las constituciones de la Orden y sus capítulos generales, como las antífonas Benedicta tu, llamada también Vigiliae B. M. V., porque se recitaba o cantaba por la tarde, el Ave Regina coelorum, Mater regis angelorum, que se canta en la primera mitad del día, normalmente después de mediodía, o el himno Maria Mater Gratiae, al término de las procesiones. Ya en el Capítulo General de Orvieto de 1284 se recomienda el rezo o canto diario de la citada antífona Benedicta tu en honor de la Virgen de Gracia. En el Capítulo General de 1327 fue decretado el rezo diario del versículo Maria Mater Gratiae después del himno Memento salutis auctor, lo que se recordó en 1385 y 1388. Otra noticia históricamente documentada del culto de la Orden a esta advocación es del año 1401 y se refiere a una cofradía homónima organizada en los conventos de San Agustín en Valencia (España) y Nuestra Señora de Gracia en Lisboa (Portugal).
     Aunque ya venía de antiguo la recitación del himno Ave Regina caelorum, Mater Regis angelorum también en honor de la Virgen de Gracia, se prescribió este uso en las Constituciones de 1551 tras la misa solemne, lo que el Capítulo General acordó que nunca debía ser suprimido en las iglesias de la Orden, y lo que se recordó en disposiciones posteriores. A partir del siglo XVI la devoción estaba consolidada en toda la Orden; se empezaron incluso a edificar conventos con este título, sobre todo en Italia e Hispanoamérica, y también se difundió la leyenda de que la Virgen de Gracia habría impedido que el Papa quitara a la Orden el hábito blanco que se vestía entonces en su honor. A partir del siglo XVII la advocación es considerada ya como propia de la Orden, aunque quedó en parte oscurecida por la de Consolación y Correa y la del Buen Consejo. 
     Si bien el culto general, como vemos, es antiguo, la liturgia específica no fue concedida hasta 1807. En esta fecha, el Papa Pío VII Chiaramonti, a instancias del Padre José Bartolomé Menocchio (+1823), sacristán pontificio y confesor del papa, y del Vicario General, concedió a la Orden de San Agustín facultad para incluir en su liturgia la festividad en honor de la Virgen Nuestra Señora de Gracia, con Misa y Oficio propios, a celebrar el uno de junio.  
     A partir de una reforma del calendario propio en 1965 se empezó a celebrar el veinticinco de marzo, en clara alusión a la escena de la anunciación del ángel a María, pero con ello se oscureció una significativa tradición agustiniana. A partir de la inclusión con el número 30 en el Misal de la Bienaventurada Virgen María de 1987 de la misa Madre de Gracia, Mediadora de Gracia, en el calendario de la Orden del 2002 se rescató esta memoria y se le señaló el ocho de mayo (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
   Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Iglesia de Santa María de Gracia, en Almadén de la Plata (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia sevillana.

Más sobre la localidad de Almadén de la Plata (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.

sábado, 11 de marzo de 2023

La Sala Capitular de la Catedral de Santa María de la Sede

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Sala Capitular, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
     Hoy, 11 de marzo, es el aniversario de la dedicación de la Catedral de Santa María de la Sede, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la Sala Capitular, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
     La Catedral de Santa María de la Sede  [nº 1 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 1 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de la Constitución, 13; con portadas secundarias a las calles Fray Ceferino González, plaza del Triunfo, plaza Virgen de los Reyes, y calle Alemanes (aunque la visita cultural se efectúa por la Puerta de San Cristóbal, o del Príncipe, en la calle Fray Ceferino González, s/n, siendo la salida por la Puerta del Perdón, en la calle Alemanes); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.  
   En la Catedral de Santa María de la Sede, podemos contemplar la Sala Capitular [nº 097 en el plano oficial de la Catedral de Santa María de la Sede]; Es la más común y antigua de sus denominaciones, pero también se le ha llamado "capítulo", "Sala del capítulo" y "Cabildo" (Alfonso Jiménez Martín, Cartografía de la Montaña hueca; Notas sobre los planos históricos de la catedral de Sevilla. Sevilla, 1997).
     La Sala Capitular es de planta elíptica y al igual que las dependencias anteriores fue proyectada por Hernán Ruiz II. A la muerte de este arquitecto, en 1569, aún estaba sin cubrir, por lo que se pidieron proyectos a diversos maestros mayores hasta aceptarse el de Asensio de Maeda en 1584. El esquema de la planta, el particular diseño del pavimento, colocado en 1592, y los relieves y pinturas que adornan los muros, confieren a esta sala un aspecto claramente manierista. En la decoración escultórica, desarrollada entre 1582 y 1591, siguiendo el complejo programa iconográfico compuesto por el canónigo Francisco Pacheco, intervinieron los escultores Juan Bautista Vázquez, Diego de Velasco y Marcos Cabrera. Bajo los relieves escul­tóricos corre un friso donde están situadas ocho pinturas ejecutadas por Pablo de Céspedes en 1592, que representan alegorías de las virtudes cardinales y teologales. En la bóveda figura un excepcional conjunto pictórico realizado por Murillo en 1668, presidido por la Inmaculada Concepción y compuesto por ocho tondos que representan a San Hermenegildo, San Fernando, San Leandro, San Isidoro, San Laureano, Santa Justa, Santa Rufina y San Pío (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo I. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
     Las primeras ocupaciones del maestro mayor fueron dirigir las obras de la biblioteca capitular, la renovación del edificio que servía de consistorio y diversas reparaciones en la torre. La construcción de la Sala de Cabildo no se iniciaría hasta agosto del mismo año 1558, tras un acuerdo capitular por el que se ordenó al maestro mayor abrir los cimientos correspondientes.  Aunque la documentación no es muy explícita al respecto, está claro que la obra de dicha sala no se hizo aisladamente, sino que se trabajó al mismo tiempo en todas las dependencias que la rodean. Elemento fundamental en la construcción era el muro de cerramiento exterior, casi finalizado desde tiempos de Riaño. A él tuvo que someter Hernán Ruiz II a la hora de elaborar sus proyectos, de la misma forma que debió asumir algunos de los principios rectores de los planes del mencionado arquitecto. Entre otros, el más destacado es el mantenimiento del esquema sala-patio para flanquear el costado oriental de la Sacristía Mayor. A partir de estos síes forzados el arquitecto actuó con gran libertad, distribuyendo el espacio según su criterio y las necesidades del Cabildo. 
     En el curso de 1561 surgieron ciertas desavenencias entre el maestro mayor y el mayordomo de fábrica sobre la puerta de acceso al Cabildo. Aunque se desconocen los motivos del enfrentamiento cabe suponer que estos se debieran al peculiar emplazamiento de la misma. Es posible que el mayordomo, al desconocer los principios manieristas que inspiraban la obra de Hernán Ruiz, estuviese sorprendido de la ubicación de la puerta en un pasillo angosto y oscu­ro. No cabe duda que el maestro mayor defendería su postura a ultranza, explicando que el éxito de la Sala Capitular venía determinado, en buena medida, por su tortuoso acceso. Los argumentos del arquitecto triunfaron, siendo prueba de ello la propia obra. Esta se encontraba ya bastante avanzada como indica la fecha de 1561 que figura en la ventana en que concluye dicho pasillo y a la que ya hice alusión. Prueba del ritmo acelerado de las obras son los objetos metálicos que se compraron para la Casa de Cuentas y las quicialeras para los batientes de la puerta de ingreso que se pagaron a Cosme de Sorribas en 1562. 
     Con respecto a la Sala Capitular es indudable que su planta y acceso, tanto desde la Casa de Cuentas como desde el Antecabildo, son de Hernán Ruiz II. Aquel es un pasillo semielíptico articulado por un doble orden de pilastras y decorado por cartelas y cabezas de león, que tiene cubierta plana. En el dintel de la puerta que ingresa desde el Antecabildo se utilizó como tema ornamental la combinación de octógonos y cuadrados extraído del folio LXXV vto. del Libro Cuarto de Serlio, motivo empleado por el arquitecto en los dinteles de las portadas del crucero de la iglesia del Hospital de las Cinco Llagas. 
     El carácter tortuoso, angosto y oscuro del corredor, interrumpido bruscamente delante del ingreso a la Sala Capitular, en donde la luz cae violentamente desde el frente y desde una linterna, aumenta el desconcierto del espectador que se encamina a dicho recinto. Allí la apertura espacial en sentido contrario al que se llevaba y la dilatación perimetral que determina la planta elíptica se convierte en una auténtica sorpresa. Esta ambigüedad y artificiosidad, de carácter profundamente manierista, confirman la maestría de Hernán Ruiz. Lamentablemente el arquitecto no pudo concluir  sus proyectos de cubierta para esta sala y para el Antecabildo. Desconocemos, por lo tanto, que solución tenía para ellas, aunque sospecho que no sería muy distinta de la que se llevó a cabo. De hecho, la construcción de los muros perimetrales­ determinaba, en buena medida, el tipo de cubierta­ y aquellos debían haber alcanzado la altura de las cornisas cuando se produjo su fallecimiento.
     A la Sala Capitular se destinarían los relieves que Diego de Velasco el Mozo y Juan Bautista Vázquez el Viejo realizaban a comienzos de 1581. Otro relieve ejecutó Velasco en junio del siguiente año, representando la Visión de San Juan, además de «un capitel de talla de piedra». En junio de 1583 se pagaron 5 ducados a Bautista Vázquez «por un debuxo en papel y modelo grande de barro para una historia del Cabildo Nuevo». Mientras se realizaban estos trabajos, el Cabildo intentó en varias que ocasiones que diversos arquitectos viniesen a supervisar las obras. Estos, sin embargo, no se presentaron, por lo que se ordenó concluir la Sala Capitular. No obstante, a principios de 1584 visitó la obra Juan de Minjares, quien en compañía del maestro mayor Asensio de Maeda estableció el modo en que habría de cerrarse la bóveda. 
     A la vez que se trabajaba en la conclusión del Antecabildo, los escultores continuaban realizando relieves para la Sala Capitular. En esta aún no se había resuelto definitivamente en 1586 su sistema de ilumi­nación, pues en diversas reuniones capitulares se trató del tema. Al final se acordó dejar solo los ocho huecos perimetrales y eliminar la linterna central. Para esta obra se pidió un informe a Hernán Ruiz III, tal vez con objeto de que este aportase alguna solución derivada del proyecto original realizado por su padre, pudiendo ser consejo suyo la construcción de la linterna, en contra del parecer anterior. Mientras tanto se compró piedra para terminar la puerta de ingreso a la sala. Cuatro años más tarde inició Asensio de Maeda los preparativos para terminar la bóveda, operación efectuada al año siguiente, mientras Marcos de Cabrera completaba la decoración escultórica del recinto labrando ocho relieves pequeños. En el mismo año se compraron a Bartolomé Sambarino y Juan Gascón los azulejos destinados a cubrir el trasdós de la bóveda, los caños de plomo para los desagües, las losas de mármol para el pavimento o marcos para las ventanas, que sirvió Juan Barba y las vidrieras correspondientes, realizadas por Mateo Martínez. Por su parte el pintor Juan de Saucedo se encargaba en el mes de mayo de "dar color a los relieves de la sala". En el año 1592 se efectuaron las últimas tareas. Pablo de Céspedes pintó las figuras alegóricas e intervino en el dorado de la bóveda, labor que correspondió en su mayor parte a Saucedo. Mateo Martínez completó la ejecución de las vidrieras circulares y las de la linterna, comprándose clavos de latón para el asiento, madera para las puertas. También se trabajó en la escalera de caracol que sube sobre la bóveda del Cabildo, encargándose para ella a Juan Barba una reja. Este mismo artista entregó los alamudes y cerrojos de la puerta de entrada a dicha sala. 
     Se completó así la Sala Capitular, uno de los recintos más sorprendentes de la arquitectura europea del XVI. No es solo su planta elíptica, incluso anterior a las experiencias italianas, lo que llama la atención, sino también la existencia de un orden suspendido articulando los muros. Con ello se deja desnudo el tercio inferior de las paredes, mientras en los dos tercios superiores se concentran los efectos plásticos. El sentido manierista de la sala y de su acceso, antes comentado, se incrementó al colocar el pavimento. Su esquema deriva, como ya dije en otra ocasión, del diseñado por Miguel ángel para la plaza del Capitolio de Roma y da lugar a una serie de líneas centrífugas contrapuestas al carácter centrípeto del alzado, enfatizando la ambigüedad del espacio. Este sentido ilusorio de ámbi­to que se dilata y constriñe a un mismo tiempo fue alterado en el siglo XVII al colocarse la pintura de la Inmaculada de Murillo presidiendo la sala. Con ello se creó un punto referencial dentro de un ambiente originalmente ambiguo e indeterminado, demostrando la incapacidad del barroco para comprender el sentido del espacio del manierismo.
     Un aspecto que no puede olvidarse en este recinto es su programa iconográfico. El mismo lo compuso, como ya se dijo, el canónigo Pacheco y estaba destinado a sus compañeros del Cabildo. El humanista sevillano, por medio de una serie de imágenes y de textos latinos, advertía a los capitulares de sus obligaciones y de la necesidad de practicar las virtudes necesarias para un buen gobierno.
     Cuando se concluían las labores de la Sala Capitular se acordó abrir cuatro ventanas en el muro de cerra­miento exterior. Corresponden estas a las situadas en el Patio del Cabildo y en la escalera de subida a la planta alta, que dan frente al Alcázar. Su diseño correspondió a Asensio de Maeda, quien repitió el esquema de las correspondientes a la planta baja de la Casa de Cuentas, si bien aumentó sus proporciones. La labor de cantería fue efectuada por los maestros Manuel Fernández y Diego Caravallo, construyendo Rodrigo de Segovia las rejas correspondientes. Con estas operaciones se puso punto final a las obras del volumen agregado a la catedral en el ángulo sureste (Alfredo J. Morales, La Arquitectura de la Catedral de Sevilla en los siglos XVI, XVII y XVIII, en La Catedral de Sevilla, Ed. Guadalquivir, 1991).
     Hay un conjunto escultórico numeroso y de gran valor, correspondiente a la segunda mitad de siglo, signa­do, casi totalmente, por un claro manierismo. Me re­fiero a la Sala Capitular y del antecabildo, costados y trasaltar mayor, Cimborrio, Capilla Real, Sacristía Mayor, portada lateral de la Capilla de la Antigua, facistol y tenebrario. Todo ello responde a programas iconográficos, algunos de los cuales se deben al canónigo y gran humanista Francisco Pacheco, e indudablemente también a programas artísticos trazados por varios maestros y ejecutados por ellos y sus colaboradores. Los artistas más destacados de los que consta documentalmente su intervención en estos lugares, fueron Juan Bautista Vázquez, senior, Diego de Velasco, Diego de Pesquera, Juan Marín y Marcos de Ca­brera.
     La Sala Capitular es, al efecto, el conjunto de mayor interés, estatuada por Vázquez, Velasco y Cabrera, con batuta humanística de Pacheco y ciertamente de Vázquez en lo artístico. Espléndidos sus relieves, policromados en su origen, que lucen hoy la opulencia de sus mármoles y la gran calidad de dibujo, modelado y talla.
Estatuaria de la Sala Capitular 
     Es una de las más espaciosas y suntuosas de las Catedrales españolas. Es paredaña de la Sala Antecabildo y de la de los Ornamentos.
     El Cabildo, prosiguiendo con su criterio de lograr lo mejor posible en todas las dependencias catedralicias, decidió decorar este salón oval, con estatuaria y pinturas, encargando todo ello a los artistas más destacados de cada momento. Para ello trazó previamente un profundo sistema iconográfico, encomendado al Capitular Francisco Pacheco, de cuya extensión dan fe las inscripciones latinas, colocadas en torno a los relieves, de logrado sentido humanístico, copiadas por González de León.
     Los estatuarios que laboran en esta sala, fueron Juan Bautista Vázquez, senior, Diego de Velasco y Marcos de Cabrera; posiblemente también Diego de Pesquera. La documentación conocida no permite identificar totalmente los asuntos, todos ellos en relieves pétreos, (trabajados en Génova, según Ceán), policromados en 1591, y ahora en blanco.
     Las escenas están agrupadas y distribuidas en dos series: una mayor de composición vertical rematadas en medio punto y la menor, trazada horizontalmen­te y rectangular. En aquella participaron Vázquez y Velasco; en la segunda, Cabrera.
     Estimo que así como el programa iconográfico corrió a cargo del humanista Pacheco, el artístico debió recaer en Vázquez, por fundadas razones, de cate­goría estética.
     Se conocen pagos a este maestro, sin puntualizar temas, por lo que hay que acudir a la estilística. Gómez Moreno muy autorizadamente, le atribuyó los relieves de la Asunción y de la Alegoría del Cordero, que son ciertamente los mejores, situados además en lugares de honor. El de la Asunta está compuesto en una línea de tierra (los Apóstoles en tomo al sepulcro) y un rompiente de gloria (la Virgen, brazos abiertos en letífica actitud, transportada corporalmente en una nube, salpicada de angelitos); la mano de un Apóstol, elevada diagonalmente, enlaza ambas zonas según fórmula renacentista italianizante.
     El Cordero y el Libro de los Siete Sellos, tienen composición análoga, con la figura de Dios Padre (trasunto en cierto modo del Moisés de Miguel Ángel) el Tetramorfos y numerosos ancianos dispuestos en se­micírculo los de la línea de tierra; todo ello como en aquel relieve, de gran dinamismo y notorias responsiones, muy propias del manierismo de estos años, de oriundez italiana, como lo acredita el testimonio de Pacheco (Arte de la pintura 68) de que tanto este escul­tor como Pesquera, labraron historias de piedra, con fórmulas tomadas de estampas de Tadeo y Federico Zuccaro, extremo de tanta importancia que merece investigarse (José Hernández Díaz, Retablos y esculturas, en La Catedral de Sevilla, Ed. Guadalquivir, 1991).
     Posee la Catedral de Sevilla un admirable conjunto de pinturas de Bartolomé Esteban Murillo, pintor que nació en esta ciudad en 1617 y murió en ella en 1682. Fueron varias las ocasiones en que Murillo tuvo oportunidad de pintar para la Catedral, estando todas sus obras en los mismos lugares para donde fueron realizadas, excepto la Natividad de la Virgen, pintura que el Cabildo se vio obligado a entregar al Mariscal Soult en 1810, durante la invasión napoleónica para evitar un expolio de mayores proporciones.
     En 1667 el Cabildo de la Catedral volvió a solicitar los servicios de Murillo, en esta ocasión para decorar la parte alta de los muros de la Sala Capitular con un conjunto de ocho santos sevillanos presididos por la figura de La Inmaculada. Los Santos son San Pío, San Isidoro, San Leandro, San Laureano, San Hermene­gildo, San Fernando, Santa Justa y Santa Rufina. Estos santos están pintados sobre tabla y en formato circular y en la mayor parte de sus figuras Murillo reflejó modelos que ya había utilizado en épocas anteriores. En las figuras de San Isidoro y San Leandro el artista recurrió a los semblantes que estos mismos santos poseen en las representaciones pictóricas situadas en la Sacristía Mayor. San Isidoro, captado con los rasgos de un anciano, aparece concentrado en la lectura de un volumen sagrado, mientras que San Leandro muestra una actitud moral enérgica y decidida, al conectar su mirada con la del espectador. San Pío está también personificado como un anciano cuyo rostro se vuelve hacia el cielo en señal de aceptación de su martirio. La misma actitud muestra San Laureano, cuyo martirio se evidencia ostensiblemente a través del enorme tajo que presenta su cuello. Los Santos reyes Hermenegildo y Fernando muestran rostros más juveniles, especialmente el primero, cuya expresión vehemente muestra el convencimiento en la fe que le llevó al martirio, actitud espiritual que se refuerza en la pintura con la aparición de la palma simbólica y del hacha con que fue decapitado. San Fernando muestra un semblante digno y solemne, mostrando el globo terráqueo y la espada, símbolos de su misión de rey conquistador. Las Santas Justa y Rufina presentan rasgos físicos menos estilizados que los que muestran en la popular versión del artista realizada para el convento de los Capuchinos. En esta versión muestran más concentración y aplomo, estando estas características quizás justificadas por la gran altura en que están dispuestas.
     Presidiendo el armonioso espacio, de ritmo oval, de la Sala Capitular, se encuentra la Inmaculada, pintada sobre tabla y encargada a Murillo al mismo tiempo que los ocho santos mencionados. Es esta una de las mejores Inmaculadas pintadas por el artista, obra admirable por la belleza de su figura y la delicadeza de sus facciones. La anatomía de la Virgen, recogida y concentrada, aparece envuelta por un fondo de nubes, inundado por tonalidades áureas, entre las que se mueven jubilosos grupos de ángeles formando una aureola, al tiempo que muestran rosas, palmas y azucenas como símbolo de las letanías marianas. Existe en esta pintura un sentido de profundidad espacial obtenido merced a la gradación de tonos luminosos que crean un marcado efecto de vaporosidad ambiental. Este efecto contribuye a reforzar el  sentido de  ingravidez que poseen la figura de la Virgen y también las de los ángeles estando este aspecto intensificado por la notable distancia de la pintura con respecto al espectador [Enrique Valdivieso González, La Pintura en la Catedral de Sevilla, siglos XVII al XX, en La Catedral de Sevilla. Ediciones Guadalquivir, Sevilla. 1991].
     Hay que mencionar asimismo la vidriera con el tema de la Giralda y azucenas, un santo y un jarrón, rematando la Sala Capitular en un vano circular de siete vanos iguales, con unas dimensiones de 1'50 m. aproximadamente, y realizada por Mateo Martínez, en 1591 [Víctor Nieto Alcaide, Las Vidrieras de la Catedral, en La Catedral de Sevilla. Ediciones Guadalquivir, Sevilla. 1991].
     Aunque la silla arzobispal y el escaño del secretario, ambos en la Sala Capitular, son estudiados en el capí­tulo de la escultura, haré unas breves referencias a ellos dada su condición de muebles. Se realizaron en madera de caoba en 1592, decorándose la primera con imágenes de las virtudes teologales, hoy desaparecidas, y la segunda con parejas de ángeles que sostienen cartelas. El autor de tales esculturas fue Diego de Velasco, con quien colaboró Andrés de Ocampo. Junto a ellos intervino Francisco de Uceda realizando «una tarja que sirve de orla donde sean de poner las armas de la iglesia en  la silla... para...  el cardenal». Tales muebles, hoy mutilados y desprovistos de buena parte de su decoración, son una buena muestra de la utilización, en un entorno religioso y casi litúrgico, del mobiliario de naturaleza profana [Alfredo J. Morales, Artes aplicadas e industriales en la Catedral de Sevilla, en La Catedral de Sevilla. Ediciones Guadalquivir, Sevilla. 1991].
        Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Sala Capitular, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Catedral de Santa María de la Sede, en ExplicArte Sevilla.

La Sala Capitular de la Catedral de Santa María de la Sede, al detalle:
    - San Isidoro
    - San Leandro

sábado, 28 de mayo de 2022

La Iglesia de Santa María de la Oliva, en Lebrija (Sevilla)

Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Iglesia de Santa María de la Oliva, en Lebrija (Sevilla).
     Hoy, sábado 28 de mayo, como todos los sábados, se celebra la Sabatina, oficio propio del sábado dedicado a la Santísima Virgen María, siendo una palabra que etimológicamente proviene del latín sabbàtum, es decir sábado

        Y que mejor día que hoy para ExplicArte la Iglesia de Santa María de la Oliva, en Lebrija (Sevilla).
     La Iglesia de Santa María de la Oliva, se encuentra en la plaza Rector Merina, 1; en Lebrija (Sevilla).
          Iglesia construida en la segunda mitad del siglo XIII, parcialmente transformada y amplia­da en la etapa comprendida entre el último cuarto del siglo XV y fines del XVI, y nuevamen­te ampliada en el XVIII, etapa en la que se reconstruyeron algunos de sus elementos arquitectónicos. Del núcleo original, una iglesia de planta rectangular compartimentada en tres naves de cinco tramos y mandada erigir por Alfonso X el Sabio, se conservan los cuatro últimos tramos de las naves laterales; los tres de igual emplazamiento de la central y la portada de la nave izquierda. Los tramos se compartimentan por medio de arcos de herradura apuntados, que apean sobre pilares cruciformes a los que se adosan columnas de piedra y ladrillo con capiteles pétreos decorados con motivos de inspiración románica, gótica y almohade, cubriéndose cada uno de ellos con bóvedas de paños sobre trompas. La mayoría de las bóvedas están decoradas con labores de lacería ejecutadas en ladrillo, observándose en algunas restos de pinturas de la etapa alfonsí y siendo otras del primer tercio del siglo XVI. La portada de los pies la constituye un arco apuntado de ladrillo cuya arquivolta descansa en un capitel corrido de piedra, decorado con temas vegetales. La de la nave izquierda está construida en piedra y presenta un vano adintelado enmarcado por un alfiz. Sobre el dintel se sitúan dos discos de piedra decorados con lacería y una lápida funeraria de mármol, de época visigoda.
     A partir de 1475 se iniciaron las obras de refor­ma y ampliación de la cabecera de la iglesia, que abarcaron desde esa fecha hasta fines del siglo XVI. Con tal motivo se transformaron las cubiertas y soportes de los tramos de cabecera de las naves, añadiéndose a la central un tramo más, en el que se colocó la capilla mayor, que se cubre, al igual que el tramo situado delante de ella, con bóveda de nervaduras, mientras que los tramos de cabecera de las naves laterales lo hacen con bóvedas vaídas casetonadas. La bóveda sobre trompas que cubría el tercer tramo de la nave central se rompió parcialmente para implantar sobre ella una venera, rehecha en 1682, que enlaza las cubierta alfonsí y las renacentistas. Coincidiendo con las obras de la cabecera se construyó la capilla de Vela, adosada a la nave derecha y cubierta, al igual que los tramos de cabecera de las naves laterales, con una bóveda vaída casetonada. Desde 1475 hasta 1503 las obras estuvieron a cargo de Francisco Rodríguez, maestro mayor de obras del Arzobispado, estando con posterioridad sucesivamente al frente de ellas Antón Ruiz, Alfonso Martínez, Miguel Ayllón y Miguel Ruiz. Trabajándose todavía en la cabecera de la iglesia, Hernán Ruiz II proyecta en 1568 la sacristía, iniciada en 1570 y concluida en 1583. De planta centrada, se cubre por una semiesfera sobre pechinas decorada con casetones con relieves y aplicaciones de cerámi­ca. Coincidiendo con la finalización de las obras de la cabecera y de la sacristía se labran las dos portadas interiores, que comunican las naves con el claustro y con la sacristía, ejecutándose esta última en 1583 por Francisco de Alberto. Labrada en piedra, la forma un vano adintelado enmarcado por un gran arco de medio punto rebajado, sobre el que se sitúa un entablamento rematado por una hornacina. Sobre el dintel aparecen relieves con las figuras de San Juan y de las alegorías de la Fortaleza y la Templanza; en las hornacinas de las jambas aparecen las esculturas de San Pedro y San Pablo y en la hornacina superior se sitúa una escultura de San Sebastián. La portada que comunica con el claustro presenta una estructura similar a la anterior, figurando en su caso en el tímpano un relieve de Santiago, en las hornacinas de las jam­bas, esculturas de San Mateo y San Juan y en la hornacina superior una escultura de San Roque. A principios del siglo XVIII, entre 1700 y 1702, se abrió en la nave derecha la capilla de Ánimas, de planta cuadrada y cubierta con una bóveda semiesférica sobre pechinas. Poco después, entre 1702 y 1704, el maestro albañil Alonso Vidal levantó al lado del recinto anteriormente citado la Capilla Bautismal, de planta cuadrada y cubierta con una bóveda semiesférica que reproduce una de las ilustraciones del texto de Fray Lorenzo de San Nicolás.
     El claustro, situado a la derecha de la cabecera de la iglesia, es de planta cuadrada, articulándose a través de arcos de medio punto que apean sobre columnas toscanas de mármol. Su construcción se inició en 1474, concluyéndose en los últimos años del siglo XV. En 1570 se reformó profundamente, renovándose parte de las cubiertas y sustituyéndose parcialmente los pilares originales por columnas de mármol. En 1646 se completó su transformación, renovándose las cubiertas y pilares que aún quedaban de la primera etapa. Parte  de las columnas se sustituyeron por otras modernas en 1852. Al claustro se abren dos capillas. La Sacramental, de planta cuadrada y cubierta con una bóveda semiesférica sobre pechinas decoradas con yeserías, se edificó entre 1672 y 1673, construyéndose la otra, más pequeña y asimismo de planta cuadrada, en 1732. El retablo mayor de la Capilla Sacramental, cerrada por medio de una reja de hierro forjado realizada en 1702, se ejecutó hacia l760, y consta de banco, dos cuerpos de tres calles compartimentadas por estípites y ático. Se ha atribuido a Matías José de Santamaría Navarro. En él figuran las esculturas de la Inmaculada, San Francisco Javier y San José, todas ellas de la época del retablo. En los muros laterales se sitúan dos retablos de hacia 1750 y probable obra de los hermanos Santamaría Navarro, en los que figuran las esculturas de San Jorge y la Virgen del Carmen.
     La torre se sitúa a los pies de la nave izquierda. Inspirada en la Giralda, la levantó entre 1757 y 1777 Manuel de Herrera, con proyecto de Pedro de Silva. Consta de cuatro cuerpos, el primero de piedra y los restantes de ladrillo. El reloj es de 1781. El retablo mayor consta de banco y dos cuerpos de tres calles. Aunque concertado en 1629 por Miguel Cano, la arquitectura e imaginería son obra de su hijo Alonso Cano, corriendo a cargo de Pablo Legot la policromía de todo el conjunto y la pintura de los lienzos que lo integran. En el banco figura un sagrario de madera policromada, ejecutado en 1739 por Juan Santamaría Navarro en el que aparecen cuatro pequeñas esculturas de los Evangelistas, obra de Alonso Cano, que formaron parte del primitivo retablo. En la hornacina central, ejecutada en 1739 por Juan Santamaría Navarro, figura la imagen de la Virgen de la Oliva, escultura labrada por Alonso Cano y policromada por Pablo Le­got. En las calles laterales aparecen los lienzos de este pintor con la Adoración de los Reyes Magos, San Juan Bautista, la Adoración de los pastores y San Juan Evangelista, figurando sobre la hornacina central otro lienzo del mismo autor con la Ascensión. En el centro del segundo cuerpo aparece una escultura del Crucificado iniciada por Alonso Cano, concluida por Felipe de Ribas y policromada por Pablo Legot. En los extremos se sitúan dos esculturas de San Pedro y San Pablo, obras asimismo de Alonso Cano. A ambos lados del presbiterio se hallan dos púlpitos de hierro forjado, ejecutados en 1755 por Juan Cordero. 
   En la cabecera de la nave izquierda se encuen­tra un retablo realizado en 1694, que se compo­ne de banco y de dos cuerpos de tres calles compartimentadas por columnas corintias. En el banco figuran las pinturas, de época del retablo, de San Francisco Javier, Santiago, San Pedro y San Nicolás; en el primer cuerpo se sitúan las esculturas de San Isidoro, Santiago y San Benito, asimismo del momento del retablo, y en el segundo cuerpo figuran los lienzos de la Degollación de San Pablo, Virgen del Pilar y Bautismo de San Pablo. La primera capilla de la nave izquierda se cierra por medio de una reja de hierro forjado ejecutada en 1702 por Salvador Rodríguez. En el interior se halla un retablo de un solo cuerpo con una gran hornacina central flanqueada por estípites en la que aparece un relieve de las Ánimas del Purgatorio. El conjunto lo realizó en 1730 Matías José Navarro, policromándolo en 1765 Diego de Losada. La capilla siguiente es la bautismal, cerrán­dose por medio de una reja realizada en 1727 por Pedro de Orellana. En ella figuran una pila de mármol adquirida en Flandes en 1702 y tres medios puntos pintados en el primer cuarto del XVIII por Juan Antonio Sánchez Barahona. El último retablo de la nave izquierda es de finales del siglo XVIII, habiéndose repolicromado modernamente. Consta de banco y de dos cuerpos de una sola calle, figurando en la hornacina central una escultura moderna de Santa Teresa. El retablo situado en la cabecera de la nave derecha se ejecutó en 1680, dorándose a finales de ese mismo siglo. Consta de banco y de dos cuerpos que se compartimentan en tres calles a través de columnas corintias. En la hornacina central figura una escultura de Santa Ana con la Virgen ejecutada en 1695 por Ignacio López y en las calles laterales aparecen las de San José con el Niño y San Joaquín, de la fecha del retablo. Completan el conjunto una serie de lienzos pintados a principios del siglo XVIII por Juan Antonio Sánchez Barahona, situándose en el banco los de Santa Bárbara y San Miguel, y en el segundo cuerpo los de San Sebastián, San Cristóbal y Santa Catalina.
     Una vez pasada la puerta que comunica con la sacristía se encuentra la capilla de Vela, en cuyo centro aparece un retablo compuesto de banco, un cuerpo de tres calles y ático ejecutado entre 1565 y 1568 por Juan Bautista Vázquez el Viejo. En el centro aparece la escultura de la Virgen de la Piña, obra del autor del retablo, situándose en las calles laterales pinturas sobre tabla del momento de la eje­cución del conjunto, que representan a Santo Domingo y San Francisco de Asís. En el ático figura un relieve de Dios Padre obra de Juan Bautista Vázquez. En esta misma capilla se hallan los tres lienzos que en un principio figuraron en el retablo situado en la cabecera de la nave izquierda. Representan a Santiago en la batalla de Clavijo, el Tránsito de San Benito y la Última Comunión de San Isidoro, fechándose, al igual que el retablo al que pertenecieron, en 1694. A continuación se halla una gran pintura mural de San Cristóbal fechable a finales del siglo XV, muy restaurada en etapas posteriores. A continuación, y una vez pasada la puerta que comunica la nave con el exterior, se sitúa un retablo ejecuta­do en 1778 que consta de banco, un cuerpo de tres calles y ático. En el centro aparece un lienzo de la Virgen de la Antigua y en los laterales figuran esculturas de San Luis Gonzaga y San Ignacio, del momento del retablo. El último altar de esta nave es obra de principios del siglo XIX y ofrece un grupo escultórico de San José con el Niño, del segundo cuarto del siglo XVII.
     Al comienzo de la nave central se halla un púl­pito de hierro forjado cuyo tornavoz, de madera policromada, ejecutó en 1722 Juan de Valencia. Una vía sacra de hierro forjado realizada en Bilbao en 1736 comunica el presbiterio con el coro, en cuyo interior se sitúa una sillería realizada entre 1725 y 1726 por Juan Santamaría Navarro, habiendo tallado los sitiales centrales Mariano de León. En el facistol, ejecutado en 1717 por Juan Santamaría Navarro, figuran, entre otros, un libro de coro del primer cuarto del siglo XVI y dos del Oficio de la Purísima Inmaculada Concepción fechados en 1865 y 1853, estando este último firmado en Jerez por Manuel Pedrosa. Sobre una tribuna de madera, tallada en 1775, se sitúa el órgano, realizado entre 1733 y 1736 por Diego y Pedro Orio. La caja y las esculturas que lo adornan son obra de Matías José Navarro. En el trascoro se halla un pequeño retablo del tercer cuarto del siglo XVI enmarcado en una estructura del segundo cuar­to del XVIII. Consta de un cuerpo de tres calles y de ático, figurando en él pinturas sobre tabla realizadas según diseño de Villegas Marmolejo. En la calle central aparece la Inmaculada; en las laterales figuran San Francisco y Santa Catalina, situándose sobre estas tablas dos pequeños tondos que componen la escena de la Anunciación, apareciendo en el ático Dios Padre.
     En la sacristía se expone el tesoro parroquial. En el centro aparece una mesa de mármol de 1700, fecha en que asimismo se labra la pila de jaspes rojos y negros. Sobre la mesa se sitúa un sagrario de madera policromada ejecutado en 1726 por Juan Santamaría Navarro. Al fondo de la sacristía aparece un pequeño retablo recom­puesto con elementos integrantes de la primitiva hornacina central y sagrario del retablo mayor, sustituidos por otros barrocos en 1739. Del retablo mayor proceden la estructura arquitectónica y las pinturas sobre tabla de los Evangelistas, ejecutadas, al igual que los paneles con grutescos, por Pablo Legot. La imagen del Cristo de Vela, Crucificado que fue realizada por Jorge Fernández Alemán en torno a  1520, fue retocada y encarnada en 1700 por José Guevara. La cajonería de la sacristía, de madera tallada, es obra de 1698. Sobre ella se sitúan vitrinas en las que se expone parte del tesoro parroquial. Entre los ornamentos expuestos destacan una casulla bordada de fines del siglo XVI, un terno del XVII, un paño de tisú de plata bordado en oro del XVIII y un guión sacramental del mismo tejido e igual antigüedad.
     Entre las piezas de orfebrería del siglo XVI que se exhiben en las vitrinas destacan un copón de plata del último cuarto de ese siglo decorado con puntas de diamantes y ángeles y un cáliz de plata de finales de ese mismo siglo. Entre las piezas del siglo XVIII sobresale el gran ostensorio de plata dorada guarnecido con piedras preciosas y decorado con ángeles, ejecutado en Sevilla en 1798 por el platero Antonio Agustín Méndez. Junto a él hay que destacar una puerta de Sagrario de finales del XVIII que presenta los punzones de los plateros V. Gargallo y García y de la ciudad de Sevilla; una cruz de altar y un cáliz de plata de igual antigüedad y punzones que la obra anteriormente citada; una palmato­ria de plata de la segunda mitad del XVIII que presenta los punzones del platero Cárdenas; dos bandejas circulares de plata fechadas en 1775 asimismo punzonadas por el platero Cárdenas; una bandeja elíptica de plata fechable en la segunda mitad del siglo que ostenta los punzones de los plateros Aranda y Azcona y de la ciudad de Écija; un copón de plata dorada fechado en 1775 que presenta el punzón del platero Zuloaga; un cáliz de plata lisa del último cuarto del XVIII con los punzones del platero Cárdenas y de la ciudad de Sevilla; y seis blandones de plata, con base triangular, ejecutados en 1744 por el platero de El Puerto de Santa María José Batanero. Entre las piezas del siglo XIX con que cuenta la parroquia destacan un cáliz de plata liso de estilo neoclásico que presenta los punzones de los plateros Espiau y García y de la ciudad de Sevilla, otro cáliz de plata de igual estilo con los punzones de los plateros Cabrilla y Espiau y de la ciudad de Sevilla y un copón de plata fecha­do en 1857 que lleva los punzones del platero Cabrilla y de la ciudad de Sevilla.
     Decoran las paredes de la sacristía dos espejos de 1704 y los lienzos del Ecce Homo, San Carlos Borromeo y el Crucificado, pintados en 1854 por Antonia Rodríguez Sánchez Alba. Asimismo figuran las esculturas de la Inmaculada, de 1760, de San Juan Bautista, San Juan Evangelista y dos Santas, sin dorar y pertenecientes a la primera mitad del siglo XVII (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
     Se encuentra situada en el centro del casco histórico de la ciudad, destacando sus volúmenes del resto del caserío que le rodea, adquiriendo gran importancia sus muros perimetrales, así como la diferencia existente entre la antigua construcción con bóvedas octogonales al exterior, el crucero y cabecera, así como la esbelta torre situada a los pies de la nave de la Epístola.
     Del núcleo original, una iglesia de planta rectangular compartimentada en tres naves de cinco tramos y mandada erigir por Alfonso X el Sabio, se conservan los cuatro últimos tramos de las naves laterales; los tres de igual emplazamiento de la central y las portadas de los pies y de la nave izquierda. Los tramos se compartimentan por medio de arcos de herradura apuntados, que apean sobre pilares cruciformes a los que se adosan columnas de piedra y ladrillo con capiteles pétreos decorados con motivos de inspiración románica, gótica y almohade, cubriéndose cada uno de ellos con bóvedas de paños sobre trompas. La mayoría de las bóvedas están decoradas con labores de lacería ejecutadas en ladrillo, observándose en unas, restos de pinturas de la etapa alfonsí, siendo otras del primer tercio del siglo XVI.
     La portada de los pies la constituye un arco apuntado de ladrillo cuya arquivolta está formada por cinco columnillas que descansan en un capitel corrido de piedra, decorado con temas vegetales. La de la nave izquierda está construida en piedra y presenta un vano adintelado enmarcado por un alfiz. Sobre el dintel se sitúan dos discos de piedra decorados con lacería y una lápida funeraria de mármol, de época visigoda.
     A partir de 1475 se iniciaron las obras de reforma y ampliación de la cabecera de la iglesia, que abarcaron desde esa fecha hasta fines del siglo XVI. Con tal motivo se transformaron las cubiertas y soportes de los tramos de cabecera de las naves, añadiéndose a la central un tramo más, en el que se situó la capilla mayor. Ésta y el tramo situado delante de ella se cubren con bóvedas de nervadura y los tramos de cabecera de las naves laterales con bóvedas baídas acasetonadas. La bóveda esquifada sobre trompas que cubría el tercer tramo de la nave central se rompió parcialmente para implantar sobre ella una venera, rehecha en 1682, que enlaza las cubiertas alfonsí con las renacentistas.
     Coincidiendo con las obras de la cabecera se construyó la capilla de Vela, adosada a la nave derecha y cubierta con bóveda baída acasetonada.
     La sacristía, fue proyectada por Hernán Ruiz II hacia 1568, es de planta centrada y se cubre por una semiesfera sobre pechinas decorada con casetones con relieves y aplicaciones de cerámica.
     Coincidiendo con la finalización de las obras de la cabecera y de la sacristía se labran las dos portadas interiores, que comunican las naves con el claustro y con la sacristía. La portada que comunica la sacristía y el claustro fue realizada en 1583 por Francisco de Alberto. Se encuentra labrada en piedra, estructurándose en torno a un vano rectangular almohadillado y dovelado, flanqueado por pilastras con pedestal. Sobre este vano se sitúa un gran arco de medio punto rebajado que apoya en las pilastras y a su vez se flanquea por pequeñas pilastras, sobre el que se sitúa un entablamento rematado por una hornacina de medio punto que aloja la escultura de San Sebastián, flanqueado por remates piramidales. Por último el conjunto se corona por un frontón triangular. Sobre el dintel aparecen relieves con las figuras de San Juan y de las alegorías de la Fortaleza y la Templanza; en las hornacinas de las jambas aparecen las esculturas de San Pedro y San Pablo. En la nave derecha se abrió la capilla de las Ánimas, de planta cuadrada y cubierta con una bóveda semiesférica sobre pechinas. La portada que comunica con el claustro presenta una estructura similar a la anterior, figurando en su caso en el tímpano un relieve de Santiago y en las hornacinas de las jambas San Mateo y San Juan y en la hornacina superior la escultura de San Roque. 
   Durante le siglo XVIII se construyeron varias capillas entre las que destacan la de Ánimas y la capilla Bautismal.
     El claustro, situado a la derecha de la cabecera de la iglesia, es de planta cuadrada, articulándose a través de arcos de medio punto que apean sobre columnas toscanas de mármol. Su construcción se inició en 1474, concluyéndose en los últimos años del siglo XV, siendo reformado en 1570 y sustituidas sus columnas en 1852. Al claustro se abren dos capillas, la Sacramental, de planta cuadrada y cubierta con una bóveda semiesférica sobre pechinas decoradas con yeserías que fue edificada entre 1672 y 1673, construyéndose la otra, más pequeña y de planta cuadrada en 1732.
     La torre se sitúa a los pies de la nave del Evangelio, arquitectónicamente está inspirada en la Giralda de la catedral de Sevilla, por lo que es conocida como "La Giraldilla". Fue construida entre 1757 y 1778 Manuel de Herrera, maestro de obras, siguiendo el proyecto de Pedro de Silva. Para otros historiadores el verdadero artífice de esta torre fue el arquitecto Vicente Catalán Bengoechea, con el que colaboró Pedro Vidal, maestro de obras de esta iglesia parroquial.
     Consta de cuatro cuerpos, el primero a modo de basamento se encuentra realizado en piedra, mientras que los restantes son de ladrillo. Presenta una esbelta caña o fuste en el que se abren, en cada uno de sus frentes, vanos a distintas alturas, en primer lugar troneras pareadas seguidos de tres balcones superpuestos en altura. Éstos presentan de vanos arquitrabados con decoración moldurada y orejetas. Parte de un pinjante sobre el que se sustenta una cornisa que da asiento al vano con antepecho abalaustrado, sobre éste otra cornisa sirve de asiento a un frontón, que varía en cada uno de los tres vanos. El primero de ellos es triangular partido, siendo los otro dos curvos partidos con ménsulas y elementos mixtilíneos. Éstos frontones se relacionan íntimamente con las de algunas portadas de la Fábrica de Tabacos de Sevilla, como las de la capilla y la cárcel. Para finalizar y antes de llegar al cuerpo de campanas existe un óculo por frente. Sobre la caña se asienta un entablamento con arquitrabe, friso y cornisa, sobre esta última se eleva el segundo cuerpo llamado de campanas.
     El segundo cuerpo o de campanas parte de un basamento sobre el que se sitúan, en cada uno de sus lados, tres vanos de medio punto con antepecho, siendo el central más ancho, flanqueados por pilastras toscanas, sobre las que apoya un entablamento del que parte un antepecho con perinolas de cuyo centro emerge el tercer cuerpo. Éste, de planta cuadrada, se configura a modo de arco cuadrifronte, flanqueando sus vanos por columnas jónicas adosadas. De nuevo un entablamento en el que apoya el antepecho de la cuarta planta que repite el esquema compositivo del cuerpo anterior. Éste se remata por un cupulín coronado por una cruz con veleta de forja. El reloj que tiene la torre está datado en 1781.
     Iglesia alfonsí construida en la segunda mitad del siglo XIII, parcialmente transformada y ampliada en la etapa comprendida entre el último cuarto del siglo XV y finales del XVI, y nuevamente ampliada en el XVIII, etapa en la que se reconstruyeron algunos de sus elementos arquitectónicos.
     Desde 1475 hasta 1503 las obras estuvieron a cargo de Francisco Rodríguez, maestro mayor de obras del Arzobispado, estando posteriormente y sucesivamente al frente de ellas Antón Ruiz, Alfonso Martínez, Miguel Ayllón y Miguel Ruiz. Cuando aún se trabajaba en la cabecera de la iglesia, Hernán Ruiz II proyectó en 1568 la sacristía, iniciada en 1570 y concluida en 1583. La portada que comunica con la sacristía fue realizada por Francisco de Alberto en 1583.
     Al siglo XVII corresponde la construcción de la Capilla Sacramental realizada entre 1672 y 1673.
     Entre las ampliaciones del siglo XVIII destaca la Capilla Bautismal que fue construida entre 1702 y 1704 por el maestro albañil Alonso Vidal. Con posterioridad a mediados del siglo, entre 1757 y 1777, el maestro Manuel de Herrera emprendió la obra de la torre siguiendo el proyecto que realizó Pedro de Silva, aunque para otros fue realizada por el arquitecto Vicente Catalán Bengoechea (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La Iglesia de Nuestra Señora de la Oliva de Lebrija fue construida en tiempos de Alfonso X el Sabio, en la segunda mitad del siglo XIII, y ampliada con algunas reformas importantes durante los siglos XV, XVI y XVIII. Consta de tres naves de cinco tramos, divididos por pilares, con arcos de herradura apuntados. Se encuentra situada en la plaza Rector Merina de esta localidad. Claro representante de la arquitectura fronteriza, ya que se edificó para resaltar la importancia del Cristianismo sobre el mundo islámico.
     De la primitiva iglesia, de planta rectangular, quedan cuatro tramos fácilmente distinguibles del resto del conjunto del edificio, con pilares rematados por capiteles de inspiración románica, gótica y almohade, que sostienen cúpulas adornadas con motivos de lacería y restos de pintura.
     A los pies de la iglesia se encuentra la Puerta del Perdón, acabado en arco apuntado abocinado de ladrillo apoyado sobre columnas también de ladrillo.
     La portada de la nave izquierda, llamada Puerta del Sol y hoy entrada principal a la iglesia, está construida en piedra. Sobre el dintel se encuentran dos discos de piedra decorados y una lápida funeraria de mármol, de etapa visigoda.
     A partir de 1475 se iniciaron las obras de reforma y ampliación de la cabecera de la iglesia, que duraron hasta finales del siglo XVI, siendo dirigidas hasta 1503 por Francisco Rodríguez, por entonces maestro de obras del Arzobispado. A esta fase corresponden el crucero y el ábside, que se cubren con bóvedas vaídas de casetones y de nervaduras.
     La sacristía se construyó entre los años 1570 y 1583 siguiendo las trazas proyectadas por Hernán Ruiz II en 1568. Es de planta centrada, es de estilo renacentista y cuenta con una cúpula de gran belleza arquitectónica.
     El claustro, conocido como Patio de los Naranjos, está situado a la derecha de la cabecera de la iglesia; es de planta cuadrada y está recorrido por arcos de medio punto que se apoyan sobre columnas de mármol. Se construyó a finales del siglo XV y ha sido reformado y restaurado en varias ocasiones.
     La capilla bautismal es de principios del siglo XVIII, siendo levantada por el maestro de obras Alonso Vidal entre los años 1702 y 1704.
     La torre, situada a los pies de la nave izquierda, se levantó entre 1756 y 1778. Consta de cuatro cuerpos, el primero de piedra y los restantes de ladrillo. Su construcción está inspirada en la Giralda de Sevilla, por lo que popularmente es llamada "La Giraldilla".
     El retablo del altar mayor de esta iglesia constituye una de las obras fundamentales del arquitecto, pintor y escultor Alonso Cano. Destacan en él la Virgen de la Oliva, considerada por muchos como la mejor escultura realizada este importante artista granadino, así como el Crucificado y las esculturas de San Pedro y San Pablo (Ayuntamiento de Lebrija).
     La iglesia de Ntra. Sra. de la Oliva fue construida en tiempos de Alfonso X el Sabio, en la segunda mitad del siglo XIII, y ampliada durante los siglos XV, XVI y XVIII. Consta de tres naves de cinco tramos, divididos por pilares, con arcos de herradura apuntados. Es un claro representante de la arquitectura fronteriza, ya que se edificó para resaltar la importancia del cristianismo sobre el mundo islámico.
     De la primitiva iglesia, de planta rectangular, quedan cuatro tramos fácilmente distinguibles del resto del conjunto del edificio, con pilares rematados por capiteles de inspiración románica, gótica y almohade, que sostienen cúpulas adornadas con motivos de lacería y restos de pintura.
     A los pies de la iglesia se encuentra la puerta del Perdón, acabado en arco apuntado abocinado de ladrillo, apoyado sobre columnas también de ladrillo. La portada de la nave izquierda, llamada puerta del Sol y hoy entrada principal a la iglesia, está construida en piedra. Sobre el dintel se encuentran dos discos de piedra decorados y una lápida funeraria de mármol, de etapa visigoda.
     El claustro, conocido como Patio de los Naranjos, es de planta cuadrada y está recorrido por arcos de medio punto que se apoyan sobre columnas de mármol. La torre se levantó entre 1756 y 1778, inspirada en la Giralda de Sevilla, por lo que popularmente es llamada La Giraldilla.
     El retablo del altar mayor de esta iglesia constituye una de las obras fundamentales del arquitecto, pintor y escultor Alonso Cano. Destacan en él la Virgen de la Oliva, considerada por muchos como la mejor escultura realizada por este importante artista granadino, así como el Crucificado y las esculturas de San Pedro y San Pablo.
     En la parroquia Ntra. Sra. de la Oliva, edificada entre los siglos XIII y XVI, la sacristía que fuese proyectada por Hernán Ruíz II en 1568 ha sido adaptada para mostrar de forma musealizada su tesoro artístico. Se trata de una visita muy interesante por la riqueza y variedad de las obras que posee, como la Virgen de alabastro del siglo XV, la colección de casullas barrocas y las piezas de orfebrería sevillana de finales del XVIII (Turismo de la Provincia de Sevilla).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e  Iconografía de la Virgen con el Niño;  
    Tal como ocurre en el arte bizantino, que suministró a Occidente los prototipos, las representaciones de la Virgen con el Niño se reparten en dos series: las Vírgenes de Majestad y las Vírgenes de Ternura.
La Virgen de Majestad 
     Este tema iconográfico, que desde el siglo IV aparecía en la escena de la Adoración de los Magos, se caracteriza por la actitud rigurosamente frontal de la Virgen sentada sobre un trono, con el Niño Jesús sobre las rodillas; y por su expresión grave, solemne, casi hierática.
     En el arte francés, los ejemplos más antiguos de Vírgenes de Majestad son las estatuas relicarios de Auvernia, que datan de los siglos X u XI. Antiguamente, en la catedral de Clermont había una Virgen de oro que se mencionaba con el nom­bre de Majesté de sainte Marie, acerca de la cual puede dar una idea la Majestad de sainte Foy, que se conserva en el tesoro de la abadía de Conques. 
     Este tipo deriva de un icono bizantino que el obispo de Clermont hizo emplear como modelo para la ejecución, en 946, de esta Virgen de oro macizo destinada a guardar las reliquias en su interior. 
   Las Vírgenes de Majestad esculpidas sobre los tímpanos de la portada Real de Chartres (hacia 1150), la portada Sainte Anne de Notre Dame de París (hacia 1170) y la nave norte de la catedral de Reims (hacia 1175) se parecen a aquellas estatuas relicarios de Auvernia, a causa de un origen común antes que por influencia directa. Casi todas están rematadas por un baldaquino que no es, como se ha creído, la imitación de un dosel procesional, sino el símbolo de la Jerusalén celeste en forma de iglesia de cúpula rodeada de torres. 
     Siempre bajo las mismas influencias bizantinas, la Virgen de Majestad aparece más tarde con el nombre de Maestà, en la pintura italiana del Trecento, transportada sobre un trono por ángeles.
     Basta recordar la Madonna de Cimabue, la Maestà pintada por Duccio para el altar mayor de la catedral de Siena y el fresco de Simone Martini en el Palacio Comunal de Siena.
     En la escultura francesa del siglo XII, los pies desnudos del Niño Jesús a quien la Virgen lleva en brazos, están sostenidos por dos pequeños ángeles arrodillados. La estatua de madera llamada La Diège (Dei genitrix), en la iglesia de Jouy en Jozas, es un ejemplo de este tipo.
El trono de Salomón
     Una variante interesante de la Virgen de Majestad o Sedes Sapientiae, es la Virgen sentada sobre el trono con los leones de Salomón, rodeada de figuras alegóricas en forma de mujeres coronadas, que simbolizan sus virtudes en el momento de la Encarnación del Redentor.
     Son la Soledad (Solitudo), porque el ángel Gabriel encontró a la Virgen sola en el oratorio, la Modestia (Verecundia), porque se espantó al oír la salutación angélica, la Prudencia (Prudentia), porque se preguntó como se realizaría esa promesa, la Virginidad (Virginitas), porque respondió: No conocí hombre alguno (Virum non cognosco), la Humildad (Humilitas), porque agregó: Soy la sierva del Señor (Ecce ancilla Domini) y finalmente la Obediencia (Obedientia), porque dijo: Que se haga según tu palabra (Secundum verbum tuum).
     Pueden citarse algunos ejemplos de este tema en las miniaturas francesas del siglo XIII, que se encuentran en la Biblioteca Nacional de Francia. Pero sobre todo ha inspirado esculturas y pinturas monumentales en los países de lengua alemana.
La Virgen de Ternura
     A la Virgen de Majestad, que dominó el arte del siglo XII, sucedió un tipo de Virgen más humana que no se contenta más con servir de trono al Niño divino y presentarlo a la adoración de los fieles, sino que es una verdadera madre relacionada con su hijo por todas las fibras de su carne, como si -contrariamente a lo que postula la doctrina de la Iglesia- lo hubiese concebido en la voluptuosidad y parido con dolor.
     La expresión de ternura maternal comporta matices infinitamente más variados que la gravedad sacerdotal. Las actitudes son también más libres e imprevistas, naturalmente. Una Virgen de Majestad siempre está sentada en su trono; por el contrario, las Vírgenes de Ternura pueden estar indistintamente sentadas o de pie, acostadas o de rodillas. Por ello, no puede estudiárselas en conjunto y necesariamente deben introducir en su clasificación numerosas subdivisiones.  
    El tipo más común es la Virgen nodriza. Pero se la representa también sobre su lecho de parturienta o participando en los juegos del Niño.
El niño Jesús acariciando la barbilla de su madre
     Entre las innumerables representaciones de la Virgen madre, las más frecuentes no son aquellas donde amamanta al Niño sino esas otras donde, a veces sola, a veces con santa Ana y san José, tiene al Niño en brazos, lo acaricia tiernamente, juega con él. Esas maternidades sonrientes, flores exquisitas del arte cristiano, son ciertamente, junto a las Maternidades dolorosas llamadas Vírgenes de Piedad, las imágenes que más han contribuido a acercar a la Santísima Virgen al corazón de los fieles.
     A decir verdad, las Vírgenes pintadas o esculpidas de la Edad Media están menos sonrientes de lo que se cree: la expresión de María es generalmente grave e incluso preocupada, como si previera los dolores que le deparará el futuro, la espada que le atravesará el corazón. Sucede con frecuencia que ni siquiera mire al Niño que tiene en los brazos, y es raro que participe en sus juegos. Es el Niño quien aca­ricia el mentón y la mejilla de su madre, quien sonríe y le tiende los brazos, como si quisiera alegrarla, arrancarla de sus sombríos pensamientos.
     Los frutos, los pájaros que sirven de juguetes y sonajeros al Niño Jesús tenían, al menos en su origen, un significado simbólico que explica esta expresión de inquieta gravedad. El pájaro es el símbolo del alma salvada; la manzana y el racimo de uvas, aluden al pecado de Adán redimido por la sangre del Redentor.
     A veces, el Niño está representado durante el sueño que la Virgen vela. Ella impone silencio a su compañero de juego, el pequeño san Juan Bautista, llevando un dedo a la boca.
     Ella le enseña a escribir, es la que se llama Virgen del tintero (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la historia de la Sabatina como culto mariano
    Semanalmente tenemos un culto sabatino mariano. Como dice el Directorio de Piedad Popular y Liturgia, en el nº 188: “Entre los días dedicados a la Virgen Santísima destaca el sábado, que tiene la categoría de memoria de santa María. Esta memoria se remonta a la época carolingia (siglo IX), pero no se conocen los motivos que llevaron a elegir el sábado como día de santa María. Posteriormente se dieron numerosas explicaciones que no acaban de satisfacer del todo a los estudiosos de la historia de la piedad”. En el ritmo semanal cristiano de la Iglesia primitiva, el domingo, día de la Resurrección del Señor, se constituye en su ápice como conmemoración del misterio pascual.  Pronto se añadió en el viernes el recuerdo de la muerte de Cristo en la cruz, que se consolida en día de ayuno junto al miércoles, día de la traición de Judas. Al sábado, al principio no se le quiso subrayar con ninguna práctica especial para alejarse del judaísmo, pero ya en el siglo III en las Iglesias de Alejandría y de Roma era un tercer día de ayuno en recuerdo del reposo de Cristo en el sepulcro, mientras que en Oriente cae en la órbita del domingo y se le considera media fiesta, así como se hace sufragio por los difuntos al hacerse memoria del descenso de Cristo al Limbo para librar las almas de los justos.  
     En Occidente en la Alta Edad Media se empieza a dedicar el sábado a la Virgen. El benedictino anglosajón Alcuino de York (+804), consejero del Emperador Carlomagno y uno de los agentes principales de la reforma litúrgica carolingia, en el suplemento al sacramentario carolingio compiló siete misas votivas para los días de la semana sin conmemoración especial; el sábado, señaló la Santa María, que pasará también al Oficio. Al principio lo más significativo del Oficio mariano, desde Pascua a Adviento, era tres breves lecturas, como ocurría con la conmemoración de la Cruz el viernes, hasta que llegó a asumir la estructura del Oficio principal. Al principio, este Oficio podía sustituir al del día fuera de cuaresma y de fiestas, para luego en muchos casos pasar a ser añadido. En el X, en el monasterio suizo de Einsiedeln, encontramos ya un Oficio de Beata suplementario, con los textos eucológicos que Urbano II de Chantillon aprobó en el Concilio de Clermont (1095), para atraer sobre la I Cruzada la intercesión mariana.
     De éste surgió el llamado Oficio Parvo, autónomo y completo, devoción mariana que se extendió no sólo entre el clero sino también entre los fieles, que ya se rezaba en tiempos de Berengario de Verdún (+962), y que se muestra como práctica extendida en el siglo XI. San Pedro Damián (+1072) fue un gran divulgador de esta devoción sabatina, mientras que Bernoldo de Constanza (+ca. 1100), poco después, señalaba esta misa votiva de la Virgen extendida por casi todas partes, y ya desde el siglo XIII es práctica general en los sábados no impedidos. Comienza a partir de aquí una tradición devocional incontestada y continua de dedicación a la Virgen del sábado, día en que María vivió probada en el crisol de la soledad ante el sepulcro, traspasada por la espada del dolor, el misterio de la fe.  
      El sábado se constituye en el día de la conmemoración de los dolores de la Madre como el viernes lo es del sacrificio de su Hijo. En la Iglesia Oriental es, sin embargo, el miércoles el día dedicado a la Virgen. San Pío V, en la reforma litúrgica postridentina avaló tanto el Oficio de Santa María en sábado, a combinar con el Oficio del día, como el Oficio Parvo, aunque los hizo potestativos. De aquí surgió el Común de Santa María, al que, para la eucaristía, ha venido a sumarse la Colección de misas de Santa María Virgen, publicada en 1989 bajo el pontificado de San Juan Pablo II Wojtyla (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
       Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Iglesia de Santa María de la Oliva, en Lebrija (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia sevillana.

Más sobre la localidad de Lebrija (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.