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viernes, 29 de abril de 2022

Un paseo por la calle Medina y Galnares

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Medina y Galnares, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 29 de abril, es el aniversario del fallecimiento (29 de abril de 1959) en accidente de aviación, de Francisco Galnares Sagastizábal y Fernando Medina Benjumena, a quienes está dedicada esta vía, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Medina y Galnares, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     La calle Medina y Galnares es, en el Callejero Sevillano, una calle que se encuentra en los Barrios de La Bachillera, y de San Jerónimo, en el Distrito Norte; y va de la glorieta Los Ferroviarios, al inicio de la carretera A-8002.
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     La vía, en este caso una calle, está dedicada a Fernando Medina y Francisco Galnares, fallecidos en accidente aéreo, gerente y director de la empresa ISASA, que tenía en dicha vía su sede.
     Es conocida como camino a Cantillana o carretera a Alcalá del Río hasta que se urbaniza, ya que constituye la salida hacia esas localidades y otras de su vega. En 1959 se rotula con el nombre de Vascongadas, como otras de San Jerónimo, que entonces reciben nombres de regiones y provincias españolas. En 1961, a propuesta de la empresa Industrias Subsidiarias de Aviación (Isa, S.A.), que tenía allí sus establecimientos in­dustriales, se le da el que actualmente conserva, en memoria de Fernando Medina Benjumea, conde de Campo Rey, y Francisco Galnares Sagastizábal, gerente y director respectivamente de dicha empresa y que habí­an fallecido en accidente aéreo.
     Camino rural, como queda dicho, su proceso espontáneo de urbanización tiene lugar a raíz de la construcción del tendido ferroviario con destino en la estación de la plaza de Armas, a mediados del siglo pasado. Este hecho da lugar a la ocupación de los terrenos aledaños por instalaciones ferroviarias, a la formación de una zona industrial en los primeros años de esta centuria, y a la aparición de viviendas de autoconstrucción y carácter marginal, ocupadas por inmigrantes recién llegados a la ciudad y que allí se instalan en busca de empleo. En la década de 1930 toda la acera de los pares se encuentra ocupada por instalaciones fabriles, con predominio de industrias pesadas y contaminantes, tales como explosivos, refinería de petróleo, fábrica de losetas de as­falto, vidrios e hierros, mientras que las viviendas de autoconstrucción se encuentran adosadas a estas construcciones industriales o se desarrollan en la cuña existente entre la confluencia de esta calle con Cataluña y Navarra, permaneciendo sin ocupar todo el resto de la acera de los impares. Hasta 1951 no se redactó el primer proyecto de parcelación y urbanización y las viviendas carecían de los servicios e infraestructuras urbanísticas básicos. Su función industrial se va a consolidar a partir de 1938 cuando se esta­blece allí la empresa Isa, S.A. Su configuración morfológica y funcional puede darse por concluida en la década de los sesenta con la creación del Polígono Industrial San Jerónimo, situado entre la vía del ferrocarril y la acera derecha de esta calle; la construcción de un barrio para la clase obrera por iniciativa del Patronato de Casas Baratas en la acera opuesta; y la construcción de un puente que salva la vía ferroviaria, como consecuencia de lo cual las primeras casas de la calle quedaron bajo el puente.
     Actualmente Medina y Galnares es una vía a medio camino entre calle urbana y carretera, ya que su prolongación es directamente la carretera 433 (actual A-8002), que se dirige a los núcleos de la Vega y Sierra Norte de Sevilla; posee calzada de asfalto con cuatro carriles para la circulación rodada, separada por una mediana central, donde se sitúan las farolas de báculo con dos brazos. Su acera derecha, por donde confluyen las calles Cigala al comienzo y Almirante Valdés en la parte final, está dominada por las instalaciones fabriles de la empresa Fasa-Renault; después de la expansión de los sesenta y primeros años de la década siguiente, la actividad industrial quedó estancada y apenas se han producido modificaciones significativas en el polígono industrial; quedan algunas edificaciones correspondientes a  las viviendas de autoconstrucción, de una o dos plantas, de la primera mitad de la centuria, muy deterioradas, algunas cerradas y otras reutilizadas como naves, talleres, bares e incluso una Casa del Pueblo; al final de la calle se sitúa una gasolinera. La acera opuesta, a la que confluyen Extremadura, Cataluña, Pulpo, Carpa, Mero, Calamar, Sardina y Corvina, está constituida mayoritariamente por los bloques de viviendas de cuatro plantas del Patronato, también conocidas como Tercias por los terrenos rurales sobre los que se levantan. En la primera parte hay además viviendas de autoconstrucción, asimismo muy deterioradas, y al final de la calle en 1980 se construyó un ambulatorio de la Seguridad Social. La desaparición del tendido ferroviario que llegaba a la estación de plaza de Armas, cerrada en 1990, tendrá que suponer en plazo breve una remodelación que afectará a esta calle, con la desaparición del puente construido para salvar la vía, y la sustitución del caserío de esta primera parte de la calle [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993]. 
HUMILLADERO DE SAN ONOFRE
. Pasada la barriada de San Jerónimo, en el camino de La Rinconada y Alcalá del Río, se encuentra una sencilla construcción de sillería, en forma de templete, restaurada en 1916, donde en épocas pasadas se veneraba  a San Onofre. Consta de cuatro pilares sobre los que apean arcos apuntados, y se cierra con una bóveda de nervadura [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Historia de Medina y Galnares, quienes merecieron ser recordados con su nombre en esta vía;
     La fábrica sevillana de Renault produce más de un millón de cajas de velocidades al año y emplea a 1.300 trabajadores. Como planta de la marca del rombo, nació en el año 1965 y en este medio siglo largo se ha consolidado como uno de los principales pilares de la industria local y regional. Pero la Renault de San Jerónimo, el barrio donde siempre ha estado implantada la factoría, tiene una prehistoria escrita por un grupo de amigos sevillanos, ingenieros, banqueros, pilotos militares y civiles y alguna marquesa, que se relacionaban en el Real Aero Club.
     Uno de sus protagonistas es Manuel Galnares, ingeniero aeronáutico nacido «el año de la República», como se apresura a apuntar, que en su última etapa ha sido un destacado empresario de concesionarios al mando de Syrsa Automoción.
     Galnares vivió en primera línea las peripecias — alguna muy luctuosa—, las gestiones y los años de intenso trabajo que determinaron que la Renault mantuviera en Sevilla su factoría española de cajas de cambio; y que no se la llevara a Valladolid o Palencia, donde estableció sus plantas de producción de coches.
     El ingeniero de 86 años recuerda, como si fuera ayer, aquella primera caja de cambios fabricada en Sevilla, que se entregó a la compañía en 1958 para montarla en un coche Renault. Ahora se cumplen, por tanto, 60 años de aquel primer hito. La pieza, «una caja puente que llevaba incorporado piñón de ataque, corona y grupo diferencial», la hizo un proveedor sevillano, Industrias Subsidiarias de Aviación (ISA), que había firmado un contrato con la multinacional automovilística francesa para producir este componente fundamental del engranaje de los coches. ISA había nacido en 1938 como fabricante de recambios para la aviación y motores de motocicletas. El acuerdo con Renault lo habían sellado dos ingenieros y pilotos: Francisco Galnares Sagastizábal y Fernando Medina Benjumea, director técnico y consejero delegado de ISA, respectivamente, que formaban parte de ese grupo de fundadores de la compañía.
     «La primera caja de cambios completa que fabricamos la enviamos a París para que nos la homologara la casa Renault. La montamos en un modelo Dauphine para hacer las pruebas finales de carretera y en ese coche nos llevaron a mí y a otro ingeniero que venía conmigo, Domingo Velasco, al aeropuerto para coger el vuelo de regreso a Sevilla», recuerda Manuel Galnares, hijo de Francisco, que dirigió ISA entre 1961 y 1981. Tras conseguir la validación técnica de este primer prototipo, en 1959 empezó en Sevilla la fabricación en serie de cajas de cambio para Renault, primero en la factoría de ISA en San Jerónimo.
     Un suceso fatal impidió la entrega de la primera caja producida en serie al consejo de administración de la antigua FASA Renault. La cita estaba fijada para el 31 de abril de 1959 en Madrid, pero dos días antes fallecieron en accidente de aviación Francisco Galnares Sagastizábal y Fernando Medina Benjumea en un vuelo Barcelona-Madrid. La muerte de los dos ingenieros que pilotaban ISA fue un mazazo. Manuel Galnares y Javier Benjumea Puigcerber (el fundador de Abengoa) tuvieron que hacerse cargo luego de dirigir la factoría.
     Esta etapa duró hasta 1965, cuando Renault, que tenía unos ambiciosos planes de desarrollo en España, decidió duplicar la producción. «En 1965 entregábamos 50.000 cajas y la marca quería que llegáramos a 100.000. Este reto exigía fuertes inversiones», narra Manuel Galnares. Finalmente se acordó la venta de la planta de ISA a Renault, con lo que se consiguió asegurar que la producción de cajas se quedara en Sevilla. «Fue la mejor solución. Nos pagaron lo que costaba, lo que valía. No discutimos», recuerda el ingeniero. «Entonces teníamos 1.400 trabajadores en ISA y la mitad de la plantilla se quedó en San Jerónimo, ya bajo el mando de Renault. La otra mitad se vino a una nueva fábrica de motores y motocicletas que construimos en solo seis meses en el Polígono Calonge manteniendo otras licencias, como Guzzi, Wilson o ZF», explica Manuel Galnares.
     La Renault contemporánea tiene una plantilla similar a la de ISA hace 50 años, pero el sistema productivo es muy distinto. La digitalización, los robots auxiliares, los carros filoguiados, que evitan las tareas más pesadas a los operarios, la han convertido en una industria 4.0, de vanguardia. En toda su historia, ha fabricado casi 28 millones de cajas. La precisión de los componentes se mide ya en milésimas de milímetro, los materiales son menos pesados y más duraderos, el aumento del número de velocidades consigue recortar el consumo y el ruido. Sin embargo, hay cosas que no cambian: «La técnica ha cambiado poco. Se ha perfeccionado la filosofía, pero el esquema es el mismo», señala el ingeniero Galnares (ABC de Sevilla).
       Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Medina y Galnares, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La calle Medina y Galnares, al detalle:
Parroquia de San Jerónimo

viernes, 12 de junio de 2020

El Templete - Humilladero de San Onofre


      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Templete - Humilladero de San Onofre, de Sevilla.     
      Hoy, 12 de junio, en Egipto, Memoria de San Onofre, anacoreta, que en el vasto desierto llevó vida religiosa por espacio de sesenta años (400)  [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte el Templete - Humilladero de San Onofre, de Sevilla.
     El Templete - Humilladero de San Onofre, se encuentra en el Barrio de San Jerónimo, del Distrito Norte; en la prolongación de la calle Medina y Galnares - carretera A-8002 (Sevilla - Castilblanco de los Arroyos).   
     Ubicado junto a la ronda norte de circunvalación de Sevilla se puede observar un templete o humilladero que perteneció a las huertas meridionales del Monasterio de San Jerónimo de Buenavista, y que aparece en el grabado de G. Díaz de 1869 y la fotografía de 1851 del vizconde de Vigier que presentan vistas del Monasterio desde el Sur (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
      El templete de San Jerónimo, o humilladero de San Onofre, es un monumento religioso construido junto al camino real que unía a la metrópolis de Sevilla con Córdoba. Se encuentra en el barrio de San Jerónimo. Existen varias hipótesis sobre su ubicación. Alguna roza la leyenda y dice que fue el lugar donde se detuvo el caballo del rey Fernando III de Castilla antes de su entrada a la Isbiliya. Otras fuentes apuntan al vía crucis del leprosario del lazareto de San Lázaro, tal como se hacía con el de la Cruz del Campo. También se ha sugerido que fuera hito apotropaico del Monasterio de San Jerónimo de Buenavista.
      Aparecido dentro de otro edificio derribado en 1914. Fue el catedrático de historia del arte Diego Angulo Íñiguez quien lo describió y documentó, datándolo de fines del siglo XV durante el reinado de los Reyes Católicos dentro del estilo el gótico mudéjar todavía imperante en Andalucía Occidental en esa época. Se trata de un edificio a cuatro aguas con arcos góticos apuntados rematados con puntas de diamantes y un baquetón que los recorre enmarcándolo. En el interior, cuatro semicolumnas adosadas con basa y capitel de mocárabes, donde terminan las nervaduras de un arco de crucería que sostienen un "pinjante de muqarnas" a la manera granadina. Se corona con una doble cruz papal, expresamente traída del chapitel de la torre mirador derruida, del monasterio de San Jerónimo de Buenavista. La efigie que en la actualidad lo adorna no es original, que se supone fue un San Onofre o una cruz de camino en mármol como la que tiene su par en la Cruz del Campo. Un Corazón de Jesús, en hierro fundido, preside el humilladero sobre un pedestal no original desde la década de 1920. De la coloración protectora de la pintura, deriva el nombre con el que se le conoce en la barriada limítrofe de San Jerónimo: "el santo negro".
      Se inició la restauración por ADIF, propietaria de parte del terreno donde está ubicado el Humilladero. Comenzando la obra en abril de 2013 y siendo finalizada en mayo del mismo año.
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Onofre, anacoreta:
LEYENDA

   Supuesto hijo de un rey de Persia (o de Abisinia) que en el siglo IV se hizo ermitaño en la Tebaida.
   Su padre oyó las pérfidas insinuaciones del demonio disfrazado de peregrino, quien le dio a entender que el niño que pariría la reina sería un bastardo y que sería fácil probarlo exponiéndolo al fuego.
   El niño, arrojado a un brasero encendido, salió incólume del fuego, y con esta ordalía probó que era un hijo legítimo. Un ángel ordenó al rey hacer­lo bautizar con el nombre Onofre.
   Criado en un convento egipcio, el joven Onofre fue amamantado durante tres años por una cierva blanca (cerva alba).
   Ofreció un pan a la imagen del Niño Jesús que ingenuamente se quejaba de no tener qué comer; en cambio recibió un pan tan grande que se necesitó la fuerza de numerosos monjes para llevarlo.
   Dejó el convento donde lo criaran para convertirse en ermitaño. Una columna de fuego guió su marcha. El anacoreta Hermeo le condujo a una gruta cerca de la cual corría una fuente a la sombra de una palmera.
   Vestido sólo con sus largos pelos que cubrían completamente su cuerpo descarnado de asceta, y por su desmesurada barba, con un ceñidor de hojas atado en la cintura, el nuevo Adán, durante sesenta años vivió de los dátiles de su palmera y del pan que le llevaba un ángel quien, cada domingo, le administraba la santa comunión.
   El ermitaño Pafnucio, al ver a Onofre por primera vez, más parecido a un chimpancé que a un hombre, lo tomó por un animal feroz y huyó espan­tado. Pero Onofre lo tranquilizó y le contó su vida.
   Cuando murió, un coro de ángeles le tributó los honores fúnebres. Su alma ascendió al cielo en forma de paloma blanca (subspecie columbae candidae). La mayoría de estas circunstancias se copiaron de la leyenda de san Pablo ermitaño y de santa María Egipcíaca.
CULTO
   La ciudad de Munich se jactaba de poseer las reliquias de san Onofre. Venerado por los jerónimos que le dedicaron un monasterio en Roma, sobre el Janículo, san Onofre era invocado, igual que santa Bárbara, contra la muerte repentina sin confesión, a causa del ángel que regularmente le llevaba el Santo Viático, de ahí su popularidad durante la Edad Media. Como se había tejido una túnica con hojas de palmera, era el patrón de los tejedores. En Florencia, la corporación de los tintoreros (tintori di lana, Fürberzundt) se había puesto bajo su protección.
ICONOGRAFÍA
   Se lo representa como un salvaje (wilder Mann), y con los rasgos de un anciano descarnado,  cubierto de pelos de pies a cabeza, con una larga bar­ba bífida que desciende entre sus piernas.
   Se asemeja a un viejo orangután, tanto más por cuanto a veces anda a cuatro patas perseguido por perros. Como toda vestimenta tiene un ceñidor de hojas de palmera trenzadas, y a veces sólo un simple sarmiento de vid. Es el equivalente masculino de santa María Egipcíaca con quien forma pareja.

   Los hombres salvajes (uomini selvatici; wild men), es decir, los hombres de los bosques y selvas, vestidos con pieles, como los faunos y los sátiros de la mitología griega, son un tema muy frecuente en el arte de finales de la Edad Media.
   San Onofre, junto a san Juan Crisóstomo, el tipo más popular de los anacoretas hirsutos o velludos (pilosi, hairy men) de Oriente.
      Se lo ha representado con una corona tirada a sus pies, que recuerda su pretendido origen real, y una calavera que recuerda su penitencia. Pero su atributo característico, que comparte con santa Bárbara, es el cáliz rematado en una hostia que simboliza su comunión dominical. Un cuervo le lleva a diario un pan en el pico (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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