Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Romería de la Virgen de Escardiel, en Castilblanco de los Arroyos (Sevilla).
Hoy, 12 de septiembre, se conmemora el Dulcísimo Nombre de la Bienaventurada Virgen María. En este día se recuerda el inefable amor de la Madre de Dios hacia su santísimo Hijo, y su figura de Madre del Redentor es propuesta a los fieles para su veneración [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
Y que mejor día que hoy para ExplicArte la Romería de la Virgen de Escardiel, en Castilblanco de los Arroyos (Sevilla).
La Romería de la Virgen de Escardiel se celebra el fin de semana más cercano a la festividad del Dulce Nombre de María, 12 de septiembre. El fin de semana anterior a la romería se realiza la subasta.
La romería en honor a la Virgen del Escardiel representa uno de los rituales religiosos más antiguos y peculiares de la comarca. Su tradición histórica y su carácter distintivo le han hecho merecer el reconocimiento de Fiesta de Interés Turístico Nacional en el año 1999. Según la tradición popular, el fenómeno devocional surgido alrededor la de imagen de la del Virgen del Escardiel remonta al año 1.247 cuando, durante la conquista de Sevilla por parte del rey Fernando III "El Santo", la imagen llega a la zona conocida entonces como 'Fazcardiel' (campo de cardillos) y actual Finca del Escardiel, donde a cinco kilómetros desde el núcleo urbano de Castilblanco de los Arroyos se encuentra el Santuario de la Virgen.
La primera documentación histórica sobre la Cofradía de la Virgen data de 1544 y a partir de entonces se puede hablar con seguridad sobre la celebración de la Romería en honor a la Virgen de Escardiel, si bien es posible que la peregrinación se celebrara ya con anterioridad. En el año 1752 la Hermandad de la Virgen de Escardiel recibe el título de Real, por reglamento y decisión del Real Consejo de Castilla que, bajo el reinado de Fernando VI, estableció que a cambio del valor del fruto de bellota que producían las encinas del Chaparral de la Virgen contribuiría a la celebración de la Romería de la Virgen de Escardiel con la cantidad de 150 reales de vellón.
Durante los primeros siglos, la Romería se celebraba con fastuosidad el 14 de agosto, en víspera del día de la Asunción de la Virgen. A partir del siglo XIX, a causa del proceso de desamortización de los bienes eclesiásticos, la Hermandad fue desposeída del chaparral de la Virgen y de otras propiedades que tenía, circunstancia que provocó una profunda transformación en la modalidad de celebración de la Romería, perdiendo la Hermandad su principal fuente de financiación. Desde 1879 se empezó a celebrar la Romería en la Villa de Castilblanco, siendo trasladada la imagen de la Virgen al pueblo el 14 de agosto, donde permanecía hasta el segundo domingo de Septiembre. A mediados del siglo pasado, un grupo de jóvenes de la localidad se dedicó a refundar la Hermandad de la Virgen de Escardiel y a rescatar la Ermita de la ruina, la que había sido transformada en pajar. Desde entonces se estableció una modalidad de celebración que combina aspectos del antiguo ritual, la peregrinación de los devotos hasta el Santuario, con la tradición decimonónica, en base a la cual se estable de mantener el traslado de la Virgen al pueblo, cada cinco años.
Podemos identificar dos distintos grupos de agentes en los preparativos de la Romería en honor a Nuestra Señora del Escardiel: por un lado la Hermandad a cargo de los preparativos formales, cuyos momentos centrales son la realización de la subasta, la preparación de la peregrinación desde el pueblo y de los actos de culto en la Ermita; y, por otro lado, los devotos de la Virgen que organizan las comitivas de romeros, encentradas en la preparación de las carretas, carrozas, grupos de caballistas y de los actos de comensalismo.
El fin de semana anterior a la romería tiene lugar la "Subasta", coincidiendo con el tercer día del Solemne Triduo en honor de la Virgen del Escardiel. Los devotos llevan a la iglesia sus variadas ofrendas a la Virgen, desde productos de decoración, pintura, madera y sobre todo animales, cochinos, ovejas, cabras y hasta caballos. Desde la iglesia las ofrendas son llevadas a la Plaza del Puente donde se realiza la subasta. Los productos son llevados a uno a uno sobre el escenario y los asistentes pujan para adjudicárselos.
En los días previos a la Romería los hermanos se encargan de los preparativos formales. En el pueblo, se procede a alistar la carreta del simpecado tirada por bueyes, cuidadosamente engalanados horas antes de la salida del simpecado de la Iglesia. En la Ermita, ya a partir del jueves el vestidor y la camarera de la Virgen proceden a alistar la imagen, que terminaran de decorar con flores la mañana del día de la Romería.
A las tres de la tarde del día 12 de septiembre, anunciado por el repique de las campanas, el estallido de los cuetes y la melodía de los tamborileros, sale el simpecado con la imagen de la Virgen desde la Iglesia Parroquial del Divino Salvador, acompañado por la presidencia de la hermandad. En la plaza de la Iglesia se recogen números los devotos de la Virgen que celebran con aplausos y viva la instalación del simpecado en la carreta engalanada.
Los caballistas con insignia y estandarte y los tamborileros abren el cortejo del simpecado, seguidos por una multitud de aldeanos, por las carretas y las carrozas. Tras el recorrido por las vías del pueblo la romería toma el camino de tierra conocido como "Pasá del Escardiel", para recorrer, entre encinas y olivos, los cinco kilómetros que separan el pueblo de la Ermita de la Virgen, ubicada en la finja del Escardiel.
La romería efectúa varias paradas a lo largo del camino, destacando la parada en proximidad de la Encina Grande en la finja de El Encinar del Escardiel. Aquí, los romeros reunidos de bajo de la sombra más grande recitan el Ángelus y los nuevos escardilleros reciben el bautizo.
Al llegar la comitiva al paraje de la Ermita, las carrozas van desfilando frente al simpecado colocado en la puerta del santuario. Cada grupo rinde homenaje al simpecado, ofreciendo flores, para después tomar posición en la explanada alrededor del recinto donde los romeros transcurrirán en alegría la noche, compartiendo abundante comida y bebida.
Una vez instalados todos los peregrinos en el recinto, se celebra en la Ermita la Misa de Romeros en honor al Santísimo Cristo de los Vaqueros, cuya veneración remonta al siglo XVI, si bien durante el periodo de decadencia de la Ermita, fue llevado a Sevilla para volver a su antigua capilla hace aproximadamente diez años. Según cuenta la leyenda, el Cristo toma su nombre a raíz de la costumbre de los vaqueros de ofrecer aceite para la lámpara que alumbraba la Imagen de este Cristo al pasar frente a la Ermita de la Virgen. Tras la misa, se apagan las luces del recinto y el simpecado sale en procesión por la explanada de la Ermita iluminado únicamente por las bengalas y las velas de las personas que lo acompañan rezando el Rosario.
A medianoche, tras la celebración del Santísimo Rosario, la imagen de la Virgen de Escardiel sale en procesión por el Real de la Ermita, iluminado por pequeñas farolas en toda su extensión. Según dictan las Reglas de la Hermandad de Ntra. Sra. de Escardiel, los miembros de la Junta de Gobierno llevan la Virgen a hombros siguiendo un itinerario tradicional hasta volver a las puertas de la Ermita donde entregan la imagen a los castilblanqueños. Es este el momento más esperado por todos los devotos que allí se recogen con emotividad para volver a ver desfilar, año tras año, la protectora del pueblo.
Al llegar la Virgen a la puerta de la ermita se realiza la tradicional "puja de bancos" para establecer quien se adjudicará el privilegio de acompañar la Virgen hasta su altar. Los devotos realizan sus ofrendas ante la imagen, animados por la música de los tamborileros. Las ofertas más altas, habiendo llegado a ofertar hasta mil euros para un anda, serán las que otorgaran el honor de llevar la Virgen a hombro al interior del santuario. Esta práctica se introdujo, no se sabe exactamente cuando, como medida para recaudar fondos para la celebración de la próxima romería.
El día siguiente, 13 de septiembre, las actividades en el recinto de la Ermita se reanudan con la celebración de la función religiosa a primera hora de la tarde. Tras la misa, los caballistas se recogen para realizar la carrera de cintas a caballo en la explanada de la Ermita. Es este un momento muy esperado, siendo grande la afición al caballo en todo el término municipal. La competición se basa en conseguir el mayor número de cintas de colores bordadas por las mujeres del pueblo que se enganchan en argollas colgadas a una cuerda tendida a lo largo del recinto y desde donde el jinete al galopo tendrá que ensartarlas utilizando una pica de unos quince centímetros de largo terminada en punta. Se trata de un juego que requiere de mucha destreza y habilidad. Todos los romeros y especialmente las romeras se reúnen alrededor del recinto para admirar la habilidad de los caballistas, sosteniendo la competencia con gritos de júbilo.
A las seis de la tarde se reza la salve de despedida de la Virgen en la Ermita y, tras la función, los romeros van lentamente retomando el camino de vuelta al pueblo después de dos días de intensa celebración. Al llegar frente a la iglesia, la Hermandad hace entrega de premios a las mejores parejas a caballo, las mejores carretas y los mejores remolques.
En los años setenta del siglo XX se ha vuelto a celebrar la Romería en la Ermita de la Virgen del Escardiel, procurando mantener tanto el protocolo del ritual más antiguo como la practica decimonónica de trasladar la Virgen al pueblo. A tal fin, se ha establecido un calendario ritual que cada cinco años, el 15 de agosto, prevé el traslado de la Virgen del Escardiel en andas desde la Ermita hasta Castilblanco de los Arroyos, única ocasión en la que luce su traje de pastora. Al llegar a la zona del Mesón del Agua, se descubre el rostro de la Virgen, para continuar, acompañada por la música de veinticinco tamborileros, su primer recorrido por las calles del pueblo.
Para la ocasión se engalanan las calles de los diferentes barrios del pueblo y se celebran numerosos actos con carácter extraordinario durante su estancia en la localidad. La imagen de la Virgen de Escardiel regresa a su Ermita en el mes de septiembre coincidiendo con la celebración de su tradicional romería.
En cuanto a la romería tradicional, se observa la incorporación de nuevos elementos y al rescate de otros a partir de finales de los años noventa. En primer lugar, la romería se amplía a dos días con el objeto de dar más realce al ritual. En el mismo periodo, la Hermandad logra recuperar la Imagen del Cristo de los Vaqueros, antiguamente custodiada en la Ermita, restableciéndose la costumbre de celebrar una función en su honor durante la romería.
Vale también la pena destacar que la subasta que se realiza la semana anterior a la romería ha sido introducida hace aproximadamente veinticinco años para recoger fondos para la celebración de los cultos a la Virgen. Este periodo ha sido sin embrago suficiente para consolidar esta practica como un ritual con una identidad propia, tenido en consideración por los habitantes del municipio que se reúnen numerosos para la ocasión.
El espacio del ritual corresponde al trayecto que une el pueblo de Castilblanco de los Arroyos con la Ermita de Nuestra Señora del Escardiel, ubicada en el termino de la finca del Escardiel, a de cinco kilómetros del núcleo urbano.
El recorrido procesional de la Romería de la Virgen del Escardiel transcurre por el entramado de calles y plazas principales de la localidad, partiendo de la iglesia y atravesando la Calle Primero de Mayo, la Cuesta de la Espina, Calles León Felipe, Fontanillas, Puente, Blas Infante y Feria. Posteriormente sale del casco urbano para tomar el camino de tierra conocido como "Pasá del Escardiel" y recorrer, entre encinas y olivos, los cinco kilómetros que separan el pueblo de la Ermita de la Virgen, ubicada en la finja del Escardiel.
La Encina Grande, ubicada en la finja El Encinar del Escardiel, este enclave marca un hito de la Romería de la Virgen del Escarniel, siendo el lugar donde se recita el Ángelus y bautizan los nuevos devotos de la Virgen.
La Ermita se ubica en el termino de la finca del Escardiel que cada año abre su cancela para dar paso a los romeros.
En el paraje de la Ermita, por una extensión de dieciocho hectáreas, tiene lugar la procesión de la Virgen, la carrera de cintas a caballo y allí pernoctan las comitivas de romeros.
Al llegar la Virgen a la puerta de la ermita se realiza la tradicional puja de bancos para establecer quien se adjudicará el privilegio de acompañar la Virgen hasta su altar (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía del Dulce Nombre de la Bienaventurada Virgen María;
Los nombres de la Virgen
Los vocablos que se emplean para invocar a la Virgen María son tan numerosos como los que designan a Cristo. Los más difundidos son María, Madre de Dios, Virgen Santa, Nuestra Señora.
1. María
María es la transcripción latina del nombre hebreo Miriam (Mariam), que significa "gorda" y en consecuencia «bella» (speciosa), de acuerdo al ideal de belleza de los judíos y de los orientales en general.
Ese nombre, impuesto a la Virgen quince días después de su nacimiento, como era la costumbre con las mujeres, fue elegido en homenaje a la hermana de Moisés, la única mujer llamada así en el Antiguo Testamento.
El nombre de pila provenzal Mireille, forjado por el poeta Mistral, nada tiene en común con Miriam o María.
En la mayoría de las naciones cristianas María, cuyo patronazgo se consideraba más poderoso que el de cualquier otra santa, es el nombre de pila femenino más usual. Se le da no sólo a las mujeres sino también a los hombres, asociado con otro nombre masculino (vgr. José María, Juan María). No obstante, en dos países muy católicos, España y Polonia, estaba prohibido emplearlo porque se consideraba tabú al igual que el de Jesús.
Por eso, el nombre María fue reemplazado en España por alusiones indirectas a sus fiestas y a las órdenes que le están consagradas. Esos sustitutos reverenciales son muy numerosos: Concepción, cuyo diminutivo es Concha, recuerda a la Inmaculada Concepción; Dolores o más familiarmente Lola, a los siete Dolores de la Virgen; Asunción alude a la asunción de la Virgen; Carmen y Mercedes son homenajes a las órdenes del Carmelo y de La Merced, que se consagraban especialmente a Nuestra Señora; el nombre Pilar conmemora la devoción a la célebre virgen del Pilar de Zaragoza. Todos esos nombres de pila femeninos se sobreentienden sin que se deba pronunciar el santo nombre de María, oculto pero presente, como la hostia en el tabernáculo, y en verdad significan María del Carmen, de las Mercedes, de los Dolores, del Pilar. Agreguemos que Soledad recuerda a la Virgen de la Soledad, Rosario la devoción del Rosario, Consuelo a la Virgen de la Consolación.
Lo mismo ocurrió en Polonia, donde por reverencia a la Santísima Virgen, estaba prohibido dar a las niñas el nombre María. Cuando el rey Ladislao IV se casó con María Luisa de Nevers, en el contrato matrimonial estipuló que su esposa renunciaría a su primer nombre que resultaba chocante para los polacos, y que sólo conservaría el segundo, Luisa.
El nombre María es frecuente en la onomástica geográfica o toponimia. En Francia numerosas localidades se llaman Dammarie Donnemarie (Domina Marie). En Alemania, además de las formas habituales: Marienburg, Marienwerder que son legión, también se encuentran casos en que Marien se disimula bajo las formas Märgen, Mergen. Por ejemplo en Mergentheim, o más simplemente Mar en Markirch, transcripción alemana de Santa María de las Minas, en Alsacia.
Los Padres de la Iglesia y los teólogos de la Edad Media, muy apasionados con las etimologías fantásticas (porque entonces la etimología no era más que una forma del juego de palabras), emplearon su ingenio para adivinar el origen del nombre María.
La mayoría de ellos pensó, naturalmente, en la palabra latina mare, mar. Para san Anselmo, María significa señora o soberana de la mar (Domina maris). Según san Jerónimo y san Bernardo, sería la estrella del mar (Stella Maris); el vocablo hebreo Miriam o Mariam se dejaría interpretar más bien como Stilla maris, gota del mar (iam: mar en hebreo).
Otros han buscado conexiones, igualmente infundadas, con mirra, perfume de oriente que servía para embalsamar a los muertos y volver incorruptibles sus cuerpos.
Los teólogos no se contentaron con estas fantasías etimológicas. Con las cinco letras combinadas del nombre María compusieron letanías o laudes en forma de acrósticos, en honor de la Santa Virgen.
Gracias a ese sistema de prestidigitación verbal, muy del gusto de la Edad Media, pueden extraerse de las letras de María tomadas como iniciales, por ejemplo los nombres de sus cinco prefiguraciones del Antiguo Testamento: Mirian, la hermana de Moisés que cantó la liberación del pueblo hebreo después del paso del mar Rojo; Ana, madre de Samuel que consagró su hijo al Señor; Raquel, que lloró a sus hijos; Judit, que liberó su nación decapitando a Holofernes; Abigail, que supo aplacar la cólera del rey David.
Con esas mismas letras, san Buenaventura divide un rosario de alabanzas de la Virgen a la que saluda con los títulos mediatrix, auxiliatrix, reparatrix, illuminatrix, advocata.
Otros se ingenian para extraer nombres de flores: margarita, ancolía, rosa, eglantina.
Finalmente, el dominico Pedro de Udine compuso con las letras del nombre María un brillante ramo de piedras preciosas: margarita (perla), adamas (diamante), rubinus (rubí), iaspus (jaspe), amethistus (amatista).
2. La Madre de Dios
Con frecuencia María es invocada con el nombre de Madre de Dios. Los griegos la llamaban Theotokos, los latinos Mater Dei, Deipara, Dei Genetrix. En francés arcaico se deáa La Mère-Dieu, que corresponde al latín Mater Dei, con Dios en genitivo como en La Chaise-Dieu (Casa Dei), Hotel-Dieu (Hospitium Dei). En italiano Madre di Dio, en castellano Madre de Dios, corresponden al inglés Godmother, al alemán Muttergottes, Gottesgebärerin, al polaco Matka Boska. La transcripción rusa de Theotokos es Bogomater o Bogoroditsa.
3. La Santísima Virgen
Esta tercera denominación está representada en griego por Parthenos o Panagia (la santísima), en latín por Sanctissima Virgo. Los italianos dicen Maria Vergine, los españoles La Santísima Virgen, los ingleses The Blessed Virgin, los alemanes Die heilige Jungfrau, los holandeses De Heilige Maagd, los rusos Presviataia Deva.
4. Nuestra Señora
La Edad Media tomó al fin el bello nombre de Nuestra Señora del lenguaje caballeresco. Con él, todos los cristianos se reconocían como vasallos de la Madre de Cristo. Esta denominación fue popularizada por san Bernardo y la orden del Cister. Bajo ese nombre (Notre Dame) están todas las iglesias de Francia consagradas a la Virgen.
Todas las lenguas han adoptado esa expresión de homenaje que en italiano se convirtió en Nostra Signora, en castellano Nuestra Señora, en inglés Our Blessed Lady, en alemán Unsere Liebe Frau, en holandés Onze Lieve Vrouw, en danés Vor Frue. En Alemania se llama Liebfrauenkirchen a las iglesias dedicadas a Nuestra Señora.
5. La Madona
Es necesario subrayar, no obstante, la preferencia de los italianos por Madonna (Mi Señora, o Mi Dama), que pasó al francés en el siglo XVII, hacia 1640, bajo la forma Madone. La fortuna de esa breve y armoniosa expresión ha sido tal que en la época moderna casi ha suplantado a Notre Dame.
Esta lista no agota el onomástico de la Virgen María que también es invocada con otros nombres. Los bizantinos le dedicaron iglesias bajo los títulos de Panagia, Hodigitria, Nikopoia e incluso Pantanassa (la Virgen Reina, la Reina de las Reinas). Peribleptos (La Brillante), se encuentra en la advocación de dos iglesias de Mistra, en el Peloponeso (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la sobre el Significado y la Iconografía de la Virgen con el Niño;
Tal como ocurre en el arte bizantino, que suministró a Occidente los prototipos, las representaciones de la Virgen con el Niño se reparten en dos series: las Vírgenes de Majestad y las Vírgenes de Ternura.
La Virgen de Majestad
Este tema iconográfico, que desde el siglo IV aparecía en la escena de la Adoración de los Magos, se caracteriza por la actitud rigurosamente frontal de la Virgen sentada sobre un trono, con el Niño Jesús sobre las rodillas; y por su expresión grave, solemne, casi hierática.
En el arte francés, los ejemplos más antiguos de Vírgenes de Majestad son las estatuas relicarios de Auvernia, que datan de los siglos X u XI. Antiguamente, en la catedral de Clermont había una Virgen de oro que se mencionaba con el nombre de Majesté de sainte Marie, acerca de la cual puede dar una idea la Majestad de sainte Foy, que se conserva en el tesoro de la abadía de Conques.
Este tipo deriva de un icono bizantino que el obispo de Clermont hizo emplear como modelo para la ejecución, en 946, de esta Virgen de oro macizo destinada a guardar las reliquias en su interior.
Las Vírgenes de Majestad esculpidas sobre los tímpanos de la portada Real de Chartres (hacia 1150), la portada Sainte Anne de Notre Dame de París (hacia 1170) y la nave norte de la catedral de Reims (hacia 1175) se parecen a aquellas estatuas relicarios de Auvernia, a causa de un origen común antes que por influencia directa. Casi todas están rematadas por un baldaquino que no es, como se ha creído, la imitación de un dosel procesional, sino el símbolo de la Jerusalén celeste en forma de iglesia de cúpula rodeada de torres.
Siempre bajo las mismas influencias bizantinas, la Virgen de Majestad aparece más tarde con el nombre de Maestà, en la pintura italiana del Trecento, transportada sobre un trono por ángeles.
Basta recordar la Madonna de Cimabue, la Maestà pintada por Duccio para el altar mayor de la catedral de Siena y el fresco de Simone Martini en el Palacio Comunal de Siena.
En la escultura francesa del siglo XII, los pies desnudos del Niño Jesús a quien la Virgen lleva en brazos, están sostenidos por dos pequeños ángeles arrodillados. La estatua de madera llamada La Diège (Dei genitrix), en la iglesia de Jouy en Jozas, es un ejemplo de este tipo.
El trono de Salomón
Una variante interesante de la Virgen de Majestad o Sedes Sapientiae, es la Virgen sentada sobre el trono con los leones de Salomón, rodeada de figuras alegóricas en forma de mujeres coronadas, que simbolizan sus virtudes en el momento de la Encarnación del Redentor.
Son la Soledad (Solitudo), porque el ángel Gabriel encontró a la Virgen sola en el oratorio, la Modestia (Verecundia), porque se espantó al oír la salutación angélica, la Prudencia (Prudentia), porque se preguntó como se realizaría esa promesa, la Virginidad (Virginitas), porque respondió: No conocí hombre alguno (Virum non cognosco), la Humildad (Humilitas), porque agregó: Soy la sierva del Señor (Ecce ancilla Domini) y finalmente la Obediencia (Obedientia), porque dijo: Que se haga según tu palabra (Secundum verbum tuum).
Pueden citarse algunos ejemplos de este tema en las miniaturas francesas del siglo XIII, que se encuentran en la Biblioteca Nacional de Francia. Pero sobre todo ha inspirado esculturas y pinturas monumentales en los países de lengua alemana.
La Virgen de Ternura
A la Virgen de Majestad, que dominó el arte del siglo XII, sucedió un tipo de Virgen más humana que no se contenta más con servir de trono al Niño divino y presentarlo a la adoración de los fieles, sino que es una verdadera madre relacionada con su hijo por todas las fibras de su carne, como si -contrariamente a lo que postula la doctrina de la Iglesia- lo hubiese concebido en la voluptuosidad y parido con dolor.
La expresión de ternura maternal comporta matices infinitamente más variados que la gravedad sacerdotal. Las actitudes son también más libres e imprevistas, naturalmente. Una Virgen de Majestad siempre está sentada en su trono; por el contrario, las Vírgenes de Ternura pueden estar indistintamente sentadas o de pie, acostadas o de rodillas. Por ello, no puede estudiárselas en conjunto y necesariamente deben introducir en su clasificación numerosas subdivisiones.
El tipo más común es la Virgen nodriza. Pero se la representa también sobre su lecho de parturienta o participando en los juegos del Niño.
El niño Jesús acariciando la barbilla de su madre
Entre las innumerables representaciones de la Virgen madre, las más frecuentes no son aquellas donde amamanta al Niño sino esas otras donde, a veces sola, a veces con santa Ana y san José, tiene al Niño en brazos, lo acaricia tiernamente, juega con él. Esas maternidades sonrientes, flores exquisitas del arte cristiano, son ciertamente, junto a las Maternidades dolorosas llamadas Vírgenes de Piedad, las imágenes que más han contribuido a acercar a la Santísima Virgen al corazón de los fieles.
A decir verdad, las Vírgenes pintadas o esculpidas de la Edad Media están menos sonrientes de lo que se cree: la expresión de María es generalmente grave e incluso preocupada, como si previera los dolores que le deparará el futuro, la espada que le atravesará el corazón. Sucede con frecuencia que ni siquiera mire al Niño que tiene en los brazos, y es raro que participe en sus juegos. Es el Niño quien acaricia el mentón y la mejilla de su madre, quien sonríe y le tiende los brazos, como si quisiera alegrarla, arrancarla de sus sombríos pensamientos.
Los frutos, los pájaros que sirven de juguetes y sonajeros al Niño Jesús tenían, al menos en su origen, un significado simbólico que explica esta expresión de inquieta gravedad. El pájaro es el símbolo del alma salvada; la manzana y el racimo de uvas, aluden al pecado de Adán redimido por la sangre del Redentor.
A veces, el Niño está representado durante el sueño que la Virgen vela. Ella impone silencio a su compañero de juego, el pequeño san Juan Bautista, llevando un dedo a la boca.
Ella le enseña a escribir, es la que se llama Virgen del tintero (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Solemnidad del Dulce Nombre de María;
La propagación de la devoción al Santísimo Nombre de Jesús por parte de dominicos, con las Hermandades del Dulce Nombre, y de franciscanos en sus predicaciones populares, tales como las de San Bernardino de Siena, abrió naturalmente el camino para una conmemoración similar del Santo Nombre de María. Fiesta de origen ibérico, fue aprobada con Oficio propio por Julio II della Rovere en 1513 para la Diócesis de Cuenca, y señalada el quince de septiembre, Octava de la Natividad. Suprimida en la reforma litúrgica de San Pío V Ghislieri, por decreto de Sixto V Peretti de dieciséis de enero de 1587, fue rehabilitada y trasladada al diecisiete de septiembre. En 1622 fue extendida a la Archidiócesis de Toledo por Gregorio XV Ludovisi. Aunque después de 1625 la Congregación de los Ritos titubeó durante un tiempo conceder más extensiones de la fiesta, sabemos que era celebrada por los trinitarios españoles en 1640 y que fue concedida a Austria como doble de segunda clase el uno de agosto de 1654. En 1666 los Carmelitas Descalzos recibieron la facultad de recitar el Oficio del Nombre de María cuatro veces al año con la categoría de doble. Finalmente, fue concedida a toda España, al Reino de Nápoles y al Milanesado el veintiséis de enero de 1671. Inocencio XI Odescalchi la introdujo en el calendario general de la Iglesia Latina con la categoría litúrgica de duplex majus por decreto del veinticinco de noviembre de l683 tras la victoria de Viena sobre los turcos por las fuerzas de Juan Sobieski, rey de Polonia, y la asignó al domingo después de la Natividad de María. De acuerdo al decreto del ocho de julio de 1908, cuando la fiesta no pudiera ser celebrada en su propio domingo porque éste lo ocupara una fiesta de mayor jerarquía, debería trasladarse al doce de septiembre, el día aniversario de la victoria de Sobieski, fecha en que fue fijada en la reforma del calendario de San Pío X Sarto de 1911. Aunque esta fiesta fue suprimida en el Misal Romano de 1969, se repuso en la edición del año 2002, bajo San Juan Pablo II Wojtyla, entre las memorias libres marianas. La oración colecta de la misa es la siguiente: “Concédenos, Dios omnipotente, que el glorioso nombre de la bienaventurada Virgen María que ahora celebramos, nos obtenga los beneficios de tu misericordia”. La superoblata: “Por la intercesión de la siempre Virgen María, te pedimos, Señor, que aceptes estos dones que te presentamos, y nos transformes a quienes veneramos tu Santo Nombre”. La postcomunión: “Concédenos, Padre, alcanzar la gracia de tu bendición por intercesión de María, la Madre de Dios, para que, quienes hemos celebrado su nombre venerable obtengamos su auxilio en todas nuestras necesidades” (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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