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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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domingo, 26 de octubre de 2025

Los principales monumentos (Iglesia de Santiago, Iglesia de Santa María, Iglesia de San Sebastián, Capilla de Nuestra Señora de Guadalupe, Convento de las Carmelitas Descalzas, Museo Etnográfico, y Ermita de Nuestra Señora de las Cruces) de la localidad de Don Benito, en la provincia de Badajoz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santiago, Iglesia de Santa María, Iglesia de San Sebastián, Capilla de Nuestra Señora de Guadalupe, Convento de las Carmelitas Descalzas, Museo Etnográfico, y Ermita de Nuestra Señora de las Cruces) de la localidad de Don Benito, en la provincia de Badajoz.
     Se sitúa entre el extremo oriental de La Serena y las Vegas Altas del Guadiana, en una de las zonas más ricas de Extremadura. Junto con Villanueva de la Serena, de la que la separan tan sólo 5 km., forma uno de los focos demográficos y económicos más potentes de la región. Su auge actual hace de Don Benito uno de los enclaves más señalados de la vertebración presente y futura de la región extremeña.
     Tipo de Entidad: Municipio
     Superficie Término: 561,6 Km2
     Altitud: 279 m.
     Distancia Capital: 113 Km.
     Partido Judicial: Don Benito
     Comarca: Vegas Altas
     Otras Entidades: Son poblados de colonización: Conquista del Guadiana, Gargáligas, Hernán Cortés, Ruecas, El Torviscal, Valdehornillos y Vivares.
     Gentilicio: Dombenitense
Ayuntamiento de Don Benito
     Plaza de España, 1
     06400 Don Benito (Badajoz)
     Teléfono: 924811445 - 924811534
     Fax: 924813229
     Web: www.donbenito.es
Historia.-
    La población fue fundada, según la tradición, a mediados del siglo XV, a partir del enclave próximo de Don Llorente. Las razones de su creación fueron establecer un asentamiento en lugar mejor resguardado que el originario de las continuas inundaciones del Guadiana, y de mayor protección frente al vasallaje de los Condes de Medellín, de cuyo Señorío dependía el lugar como aldea.
     La versión legendaria sostiene que, en fecha no determinada, dos hijos de dicho Conde, llamados Don Llorente y Don Benito, fundaron sobre terrenos que su padre les había donado dos aldeas a las que bautizaron con sus mismos nombres. Mas, sufriendo la de Don Llorente continuas inundaciones por encontrarse muy próxima al Guadiana, sus moradores acordaron trasladarse a la de Don Benito, situada en terreno más propicio. Algunas interpretaciones hacen de Don Benito un rico labrador, e incluso un indiano; o de los dos hermanos, vasallos que deseaban eximirse del dominio de Medellín.
     Datos concretos sobre el hecho fundacional no se conoce con precisión, manejándose como fecha de la fundación la segunda mitad del siglo XV, e incluso el XVI, aunque no faltan indicios de que su existencia sea anterior.
     Así lo confirma, por ejemplo, el cronista del XV Alonso de Maldonado, cuando se refiere al paso por este lugar del Maestre alcantarino Alonso de Monroy camino de Magacela, con el detalle anecdótico de la pérdida aquí de su caballo overo, "que se le quedó muerto entre las piernas". Ello sucedió en 1474, señalándose entonces ya a Don Benito como "pueblo viejo". El documento más antiguo que se conoce sobre la población es una ejecutoria real de 1494 ordenando al conde de Medellín que no se entrometiera en las elecciones del Concejo dombenitense.
     En esa época el núcleo presentaba ya un notable desarrollo, prolongándose su eje mayor de S a NE más de un kilómetro, entre el primitivo barrio de San Sebastián y la actual calle Lágrimas, del que en esa época arrancaba la cañada y camino hacia Don Llorente.
     En 1735, y no sin fuerte oposición por parte de Medellín, Don Benito se hizo Villa exenta, independizándose del Condado mediante el pago a Felipe V de 4.500 ducados. En 1856 Isabel II le otorgó el título de Ciudad, en atención a su creciente desarrollo (Diputación Provincial de Badajoz).
     Populosa ciudad de la comarca de las Vegas Altas del Guadiana que debe su pujanza a su condición de foco mercantil e industrial.
Historia
     Pese a su tardía fundación a principios del siglo XV, conoció un rápido desarrollo y llegó a superar incluso a la capital de la provincia en número de habitantes. Felipe V la convirtió en villa en 1735, como premio a su comportamiento durante la Guerra de Sucesión. El carácter de centro mercantil y de servicios sigue siendo la nota predominante en su modernizado aspecto.
Fiestas y ferias
     El lunes de Pascua se mantiene la tradición de salir a comer el hornazo al campo. Muy animadas son las ferias de septiembre (del 8 al 10).
     En la cercana ermita de la Virgen de las Cruces tiene lugar una romería el 12 de octubre.
     A lo largo del año se celebran diversas ferias de muestras de la comarca de las Vegas Altas del Guadiana en las instalaciones de la FEVAL.
Artesanía
     La tradicional elaboración de objetos de cuchillería aún prosigue en algunos talleres situados en la plaza de Extremadura.
VISITA
     Destaca la iglesia de Santiago, de líneas renacentistas (siglos XVI-XVII), con poderosos contrafuertes, esbelta torre prismática de piedra y ladrillo y bóvedas de crucería estrellada al estilo del último gótico. Otros edificios destacados son la neorrománica iglesia de Santa María, la capilla de la Virgen de Guadalupe con una sencilla portada de medio punto, la iglesia de San Sebastián, rodeada por estrechas calles que se empinan hasta culminar en un magnífico mirados sobre la ciudad, y el convento de las Carmelitas Descalzas. Finalmente el museo Etnográfico y la ermita de las Cruces, enclavada en el bello paraje natural de la Sierra de Ortigas (Alfredo J. Ramos, y Santiago Llorente. Guía Total, Extremadura. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).
Monumentos.-

     En el aspecto morfológico, el centenar de calles de 1850 se ha multiplicado hasta completar una trama urbanística muy desarrollada, en la que proliferan avenidas espaciosas, hermosas plazas, atractivos parques y jardines, modernos tejidos de grandes edificaciones, e instalaciones y equipamientos de todo orden.
     El centro neurálgico de la ciudad continúa siendo su amplia y bien cuidada Plaza de España, en parte porticada, en la que se levantan como hitos más señalados el Ayuntamiento y la iglesia parroquial de Santiago.
     En su centro, sustituyendo a una antigua fuente tradicional, se alza un significativo conjunto escultórico obra de Enrique Pérez Comendador, titulado "Homenaje al Guadiana", en el que se simboliza la conexión de la ciudad con la tierra que, fecundada por el río, constituye la base de su prosperidad y riqueza. Hasta tiempo no muy lejano en esta plaza desembocaba el llamado "Arroyazo", sobre el que se formó la calle de este nombre.
     El Ayuntamiento, hoy situado en las antiguas instalaciones del Banco de España, sobre la zona de soportales, ocupó hasta hace unas décadas parte del viejo convento de monjas agustinas de Ntra. Sra. De Gracia, que fue cedido en 1842 para tal fin. Anejo al edificio municipal, y ocupando el primitivo cuartel de las Milicias Urbanas, se erigió a comienzos de esta centuria el mercado de abastos. Antes de en ese punto, el Ayuntamiento estuvo alojado en las traseras del actual, ocupando la casa del Conde de Granda, en la calle de este nombre; y antes aún, en la de la Cilla, no lejos de la Casa de la tercia o Pósito.
     Hito sobresaliente resulta la iglesia parroquial de Santiago, obra de gran cuerpo originaria del siglo XVII.
     Su fachada es de severo estilo herreriano, ejecutada en sillares, con portada clasicista de elegante diseño, cuya estructura recuerda muy directamente la de la vecina Santa María de Guareña, lo que sugiere la posible participación en ella del maestro Gil de Hontañón.
     También cuenta con somera torre reconstruida en el siglo pasado. Al parecer en otro tiempo lucieron sobre esta fachada las estatuas de los legendarios Don Llorente y Don Benito, fundadores de la población.
     Las portadas laterales, realizadas en 1570 y 1598, son semejantes entre sí, con arcos de medio punto, columnas laterales y frontón, luciendo sobre la de la Epístola el escudo del Cardenal Mendoza.
     El interior del templo es de enorme espacialidad, con tres naves de igual altura con bóvedas de terceletes y otras de más adorno en el sotocoro, sobre esbeltas columnas, en algunas de las cuales se aprecia un intrigante desplome. Por su arquitectura y espacialidad esta iglesia es una de las más suntuosas y meritorias de la región. En cuanto a sus contenidos artísticos, la mayoría quedaron destruidos en 1936, entre ellos el soberbio retablo mayor barroco del XVII. El que hoy lo sustituye es obra moderna de buena factura, evocación del original.
     Más moderna y modesta es la iglesia parroquial de Santa María, obra de sencilla resolución, con fachada de telón escasamente decorada, torre lateral rematada en chapitel e interior de tres naves con planta de cruz latina. Iniciada en 1881 bajo el mecenazgo de Doña Consuelo Torres, fue consagrada en 1896, siendo su artífice principal el cantero villanovense López Madera.
     De modesta apariencia también, pero de notable interés histórico, es la ermita de San Sebastián, de la que se dice fue la primera parroquia dombenitense.
     A las afueras se encuentra el santuario de Nuestra Señora de las Cruces, Patrona de la ciudad, a la que el vecindario acude el Lunes de Pascua. De proporciones muy reducidas y variada composición es la ermita de Guadalupe, capilla que fue del antiguo hospital de San Andrés y San Sebastián. Otras ermitas fueron las de San Gregorio y la Piedad.
     En un apreciable intento de rescatar elementos de las raíces tradicionales, hace unos años se acometió por iniciativa popular la recuperación del monumento del Cristo Redentor, situado en otro tiempo en el ámbito de la ermita de las Cruces y desaparecido también en 1936. El hito era conocido familiarmente como "el Santo Jabero", por estar rodeado de campos de habas.
     En el terreno de las construcciones civiles deben señalarse el Colegio Claret y el anfiteatro llamado de las escuelas del Ave María, en el que llama la atención su poderosa fachada de inspiración clasicista. Algunas muestras, cada vez menos, de las viejas casas solariegas de la hidalguía local, perduran en la plaza y en las calles Arroyazo, Carrera, Consuelo Torres, Donoso Cortés y otras, algunas luciendo los blasones de los Anaya, Campos, Calderón de Robles, Morales, Peraltas, Granda, Quirós y otros linajes. También se mantienen interesantes realizaciones de la arquitectura eclecticista y modernista, como la que perdura en la calle Groizard número 8 (Diputación Provincial de Badajoz).

          Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santiago, Iglesia de Santa María, Iglesia de San Sebastián, Capilla de Nuestra Señora de Guadalupe, Convento de las Carmelitas Descalzas, Museo Etnográfico, y Ermita de Nuestra Señora de las Cruces) de la localidad de Don Benito, en la provincia de Badajoz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia pacense.

Más sobre la provincia de Badajoz, en ExplicArte Sevilla.

sábado, 2 de agosto de 2025

Un paseo por la calle Fabiola

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Fabiola, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 2 de agosto, es el aniversario del nacimiento (2 de agosto de 1802) del Cardenal de Wiseman, autor de la novela Fabiola, por lo que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Fabiola, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     La calle Fabiola es, en el Callejero Sevillano, es una vía que se encuentra en los Barrios de San Bartolomé, y de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo; y va de la confluencia de las calles Madre de Dios, Federico Rubio, y Aire, a la confluencia de las calle Ximénez de Enciso, y plazuela Marqués de la Vega Inclán.
   La calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en la población histórica y en los sectores urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. 
     En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Desde el s. XV las cruces que allí existían se usaron como referencia toponímica y desde el s. XVI dieron nombre a la calle. En la reforma del callejero de 1845 se incluye en la de Aire; en 1868 se acordó denominarla Wiseman (1802-1865) en homenaje al cardenal-arzobispo de Westminster que había nacido en ella, pero, dada la dificultad de pronunciación, se cambió por el de Fabiola, título de su novela ambientada en la época de Diocleciano, también titulada La Iglesia de las catacumbas. Ligeramente curva en forma de S, falta de alineación y estrecha, ha experimentado ensanches parciales desde el s. XVII, siendo más acusados en la confluencia con Mateos Gago y Ximénez de Enciso. Confluían en ella diversas callejuelas, de las; que se han conservado dos, muy estrechas y de desigual profundidad, en la acera de la derecha; otras fueron incorporadas a las viviendas colindantes en el s. XVIII. Al final de la calle, en una casa de nueva construcción, se han levantado soportales manteniendo la línea de fachada. Confluyen por la derecha Mateos Gago y por la izquierda Farnesio. Estuvo empedrada en los siglos XVI y XVII, embaldosada en el s. XIX y adoquinada por primera vez en 1899. Recientemente se ha pavimentado de nuevo con adoquines, habiéndose eliminado el asfalto y reducido la anchura de la calzada. El acerado es de losetas de cemento con bordillo de granito. Se ilumina con farolas de brazos de fundición adosadas, tipo gas.
     El caserío, según González de León (Las calles...), había sido renovado ampliamente y sus casas le parecían "de buena vista, grandes y cómodas", de nuevo en los últimos años han sido sustituidas por nuevos edificios. Se ha conservado, sin embargo, en el tramo de Madre de Dios a Farnesio, un conjunto de casas de dos plantas y ático de gran interés; destacan la núm. 1, cuyo lienzo de fachada lateral es parte del muro de la Judería, la núm. 2 con arquería de medio punto en el ático, del s. XVII, y la núm. 5 con portada de piedra y un apeadero de grandes proporciones. El regionalismo ha dejado una muestra en la casa núm. 11, obra de Pérez Bergali, con fachada de ladrillo visto decorada con cartelas neobarrocas. Durante siglos ha sido una de las vías de comunicación más frecuente entre el centro administrativo y la Puerta de la Carne; a partir del s. XX, vía de penetración de las barriadas extramuros al este de la ciudad, y ello a pesar de su estrechez, lo que obligó a establecer el tráfico en una sola dirección. Carece de comercios. La reciente demolición de una casa en la acera de la izquierda, esquina a Ximénez de Enciso. ha creado un espacio plantado de naranjos, salvaguardado con macetones, que ha puesto al descubierto los antiguos sistemas constructivos de los paramentos me­dianeros que, una vez restaurados sirven de elementos decorativos junto a unas arcadas pintadas por estudiantes de Bellas Artes. En la citada casa núm. 5 hay una lápida que recuerda que en ella nació el cardenal Wiseman, pues fue residencia de su padre siendo cónsul de Inglaterra en Sevilla. Lord Byron se hospedó durante su estancia en la ciudad en la casa núm. 21 [Salvador Rodríguez Becerra, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Fabiola, 1. Casa de gran interés, de tres plantas y fachada avitolada. El patio está porticado en sus dos plantas, la inferior con arcos inscritos en alfices. En la planta baja se con­serva una interesante colección de puertas talladas. El comedor y otra de las habitaciones están cubiertas con artesonados.
Fabiola, 2. Casa del siglo XVII, de dos plantas y ático. Este posee vanos de medio punto con enjutas decoradas con cartabones, separados por pilastras. Las dos plantas del patio tienen galerías de columnas, con cimacios las de la planta baja. El zócalo del patio está decorado con azulejos de cuenca. La caja de la escalera se cierra con bóveda.
Fabiola, 5. MUSEO DONACIÓN DE ARTE MARIANO BELLVER - CASA FABIOLA. Casa de tres plantas, con portada de piedra decorada con una mol­dura que recuadra un dintel resaltado con escudo en el centro. El zaguán, de grandes proporciones, da paso a un patio de colum­nas en planta baja y balcones en la superior. En un pequeño patio trasero existe una fuente mural, con hornacina flanqueada por pilastras y rematada por un frontón curvo. La caja de escalera se cubre con bó­veda. Una lápida colocada en la fachada recuerda el nacimiento, en esta casa, del cardenal Wiseman.
Fabiola, 9. Casa de dos plantas, ambas avitola­das, y ático con vanos de medio punto separados por pilastras toscanas.
Fabiola, 30. Casa del siglo XVIII, que consta de dos plantas, alternando en la segunda ventanas y balcones; la cornisa del balcón central remata en un pinjante. La cancela del zaguán está fechada en 1851. Los artesonados y el portaje de esta casa se han instalado en diversas de­pendencias del Hospital de la Santa Caridad [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Biografía de Nicolás Wiseman, autor de la novela que da nombre a esta vía
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     Nicolás Wiseman. (Sevilla, 2 de agosto de 1802 – Londres, Gran Bretaña, 15 de febrero de 1865). Primer arzobispo y cardenal de Westminster, teólogo, novelista.
     Nicolás Wiseman fue el segundo hijo del matrimonio de su padre, James (Diego como él lo traducía al español) Wiseman y su segunda esposa, Javiera Strange, ambos nacidos en Irlanda. Diego Wiseman emigró de Waterford para establecer en Sevilla, junto con su hermano Patricio, una casa comercial, Wiseman and Brothers, con amplios intereses mercantiles, incluso bancarios. Los padres de Nicolás se habían casado en Londres en 1800, donde nació el primer hijo del matrimonio. A principios de 1802 Diego Wiseman con su mujer y su hijo volvieron a Sevilla, donde al año siguiente nació el biografiado. Su padre murió inesperadamente en 1805, durante la fiesta del bautizo de su hija Francisca. La viuda y sus tres hijos se fueron a Irlanda cuatro años más tarde, en 1809, cuando la inminencia de la ocupación francesa puso fin a los negocios comerciales de los ingleses con peligro incluso de sus vidas.
     Después de una breve estancia en Waterford, Nicolás y su hermano mayor James, fueron enviados al Colegio de Ushaw para estudiar. Nicolás permaneció en Ushaw hasta 1818, después de haber decidido que quería ser sacerdote. Desde 1818 a 1840 residió en Roma, en el Venerabile Colegio Inglés, que había abierto de nuevo sus puertas tras la ocupación de la ciudad por las tropas francesas. Fue sucesivamente estudiante, vicerrector y rector del colegio hasta la fecha indicada. Hizo una brillante carrera académica en Roma y en 1827 fue nombrado catedrático de siríaco de la Universidad de Roma, la Sapienza. En sus años romanos estableció una relación muy cordial con los sucesivos papas de ese período, Pío VII, León XII, Pío VIII y muy particularmente con Gregorio XVI, que lo nombró en 1840 obispo coadjutor del vicario apostólico del Distrito Central de Inglaterra. La Iglesia católica de Inglaterra estaba entonces gobernada por cuatro vicarios apostólicos, que no tenían la plena autoridad de obispos residenciales, sino que ejercían su ministerio bajo el control directo de la Congregación de Propaganda Fide.
     Aquellos años fueron muy importantes en la historia eclesiástica inglesa. Por un lado la Ley de la Emancipación Católica de 1829 devolvió a los católicos los derechos civiles de los que estaban privados. Por otro, el Movimiento de Oxford acercó a muchos clérigos anglicanos a la Iglesia católica al buscar las raíces históricas del cristianismo en los primeros años de su existencia. Muchos de ellos —J. H. Newman el más importante de todos— se hicieron católicos. Los católicos tradicionales ingleses no veían con buenos ojos a los conversos porque no podían olvidar los tres siglos de vejaciones y persecuciones que habían tenido que soportar pacientemente de parte de los anglicanos. Por otro lado, los vicarios apostólicos pedían más autonomía a Roma y eran por ello acusados de galicanismo. Wiseman apareció en Inglaterra con un talante muy distinto: recibía con entusiasmo a los conversos y se mostraba muy ‘romano’ en su visión de la Iglesia, después de sus veintidós años en la Ciudad Eterna. Esta situación le causará serios conflictos con sus hermanos en el episcopado.
     En 1850, Pío XI tomó la decisión de restaurar la jerarquía católica en Inglaterra, de manera que los antiguos distritos se convirtieron en doce diócesis más la arzobispal de Westminster, el título que se le da a la de Londres para no crear conflictos con los anglicanos, que siguen ocupando las antiguas sedes católicas. Wiseman fue nombrado el primer arzobispo y cardenal. A pesar del acercamiento de Inglaterra y la Santa Sede —entonces un Estado soberano— que se había iniciado al entrar ésta en la coalición contra Napoleón, el Gobierno y el pueblo inglés consideraron la restauración de la jerarquía católica como una agresión del Papa a la soberanía inglesa. Este enfrentamiento va a marcar los primeros años del ministerio episcopal de Wiseman en Londres, aunque el rechazo inicial se irá suavizando con el paso del tiempo.
     Por su carácter de arzobispo primado Wiseman era el principal responsable de llevar a la práctica la restauración de la jerarquía católica, que no va a ser una tarea fácil. Existían diversos factores conflictivos empezando por la mayor o menor afinidad personal de los obispos con Roma. No les resultaba fácil ponerse de acuerdo en establecer normas comunes para todo el país, porque eran demasiado celosos de su autonomía en el gobierno de sus respectivas diócesis. Para Wiseman, por el contrario, la Iglesia católica en Inglaterra no podía presentar una imagen fragmentada, como lo había estado en la etapa de los vicarios apostólicos y era absolutamente necesario conseguir cierto nivel de uniformidad. Pero no le era fácil tratar en plan de igualdad a los otros obispos, normalmente más jóvenes que él e incluso a veces nombrados prácticamente por él. Persistían las desconfianzas hacia los conversos y la desconfianza de los obispos hacia las órdenes religiosas que querían establecerse en Inglaterra. Estos problemas y el peso de los años afectan la salud de Wiseman. Sus enfermedades —diabetes, problemas cardíacos agravados por su obesidad, y otros problemas menores— aceleraron el fin de su vida y murió en Londres a los sesenta tres años de edad.
     Su entierro fue espectacular. Parece como si los londinenses se hubieran dado cuenta de la injusticia cometida con él al recibirlo con hostilidad cuando llegó a la ciudad en 1850 y quisieran hacerle un homenaje póstumo. A pesar de todas las dificultades que encontró en su camino por parte de sus correligionarios Wiseman consiguió lo que había pretendido: crear una Iglesia católica nueva, libre del sentido social de inferioridad de los viejos católicos, abierta a la sociedad inglesa, presente en el mundo de la cultura y sobre todo capaz de aprovechar las posibilidades abiertas por la emancipación. Como sucede con frecuencia, después de su muerte los obispos que tanto lo habían hecho sufrir se dieron cuenta de la importancia de su pérdida. Su amor a la cultura y su defensa de la religión católica hizo de él un activo predicador y conferenciante. Tiene en su haber libros muy importantes, entre ellos algo tan impensable en un eclesiástico de su tiempo como una novela, Fabiola o la Iglesia de las Catacumbas, traducida a los idiomas más importantes del mundo. Fue uno de los fundadores, y editor durante muchos años, de la Dublín Review, con la que hizo al catolicismo presente en el mundo editorial inglés. Visitó Sevilla durante dos meses en 1844-1845, cuando comenzaba la década moderada tras la desamortización eclesiástica, y nunca perdió el cariño hacia su ciudad natal y hacia España. Las experiencias de aquel viaje quedaron expresadas en dos espléndidos artículos para su Review (Antonio Garnica Silva, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Fabiola, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.
Edificio c/ Fabiola, 1
Placa "Caminos de Sefarad"
Edificio c/ Fabiola, 3
Lápida Cardenal Wiseman
Edificio c/ Fabiola, 9
Edificio c/ Fabiola, 11
Edificio c/ Fabiola, 30

domingo, 11 de mayo de 2025

Los principales monumentos (Iglesia de Santa María de los Remedios, Ermita del Santísimo Cristo de la Sangre, y El Santo y Las Cruces) de la localidad de Ahillones, en la provincia de Badajoz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa María de los Remedios, Ermita del Santísimo Cristo de la Sangre, y El Santo y Las Cruces) de la localidad de Ahillones, en la provincia de Badajoz.
     Se trata de la localidad más reducida, situada en las proximidades de Berlanga. Como ésta, se trata de un núcleo repoblado en época medieval por moradores castellanos procedentes de las tierras de Sepúlveda, que aplicaron al enclave el topónimo de su lugar de procedencia. En el siglo XVII su nombre era todavía Ayllón o Los Ayllones. Jurisdiccionalmente perteneció a la Orden de Santiago con categoría de Encomienda.
Tipo de Entidad: Municipio
Superficie Término: 21,5 Km2
Altitud: 578 m.
Distancia Capital: 128 Km.
Partido Judicial: Llerena
Comarca: Campiña Sur
Gentilicio: Pahilón
Ayuntamiento de Ahillones
Plaza de España, 11
06940 Ahillones (Badajoz)
Teléfono: 924876001 - 924876006
Fax: 924876049
Historia.-
     Se trata de la localidad más reducida, situada en las proximidades de Berlanga. Como ésta, se trata de un núcleo repoblado en época medieval por moradores castellanos procedentes de las tierras de Sepúlveda, que aplicaron al enclave el topónimo de su lugar de procedencia. En el siglo XVII su nombre era todavía Ayllón o Los Ayllones. Jurisdiccionalmente perteneció a la Orden de Santiago con categoría de Encomienda.
     El asentamiento parece tener su antecedente en un núcleo de población -o quizá varios y cercanos- anterior a la Reconquista. Pequeños asentamientos que estaban diseminados por toda la zona, asentamientos árabes que pudieron tener como precedentes, en muchos casos, a asentamientos tardoromanos. No se conocen los nombres de tales lugares, aunque sí se sabe que fueron donados al Maestre de la Orden de Santiago, Don Pelay Pérez al ser reconquistados por él para el Rey San Fernando.
     El Lugar quedó bajo la jurisdicción de la Orden de Santiago y sujeto eclesiásticamente al Priorato de San Marcos de León. Pocos años después las noticias serán más frecuentes debido a las Visitas hechas por los visitadores de la Orden, y recogidas por escrito a partir de la última década de 1400. Visitas que nos dan noticias de la ya existente Parroquia del Señor San Juan Bautista y del crecimiento demográfico.: "cien vecinos poco más o menos..." en la visita de 1498, manteniéndose el número a comienzos del siglo XVI "ay en dicho lugar ciento nueve vecinos" según visita de 1501.
     A finales del siglo XVI, el número de habitantes se ve incrementado notablemente, como así aparece en el censo de Castilla, "Relación por mayor" del vecindario del Partido de la Provincia de León de la Orden de Santiago de 1591, que nos da noticias de que el número de vecinos en ese año es de 315.
     El Lugar, se extendía entre dos elevaciones del terreno atravesada por una pequeña vaguada y un tramo de camino. A cada parte se extendía la población, en una el pequeño templo parroquial del Señor San Juan Bautista, y en torno algunas calles de las cuales nos han llegado algunos nombres: San Juan, de la Fuente, Valverdejo, Real, Toledillo, Hornachuelos, Sierra Morena.
     En la primera década del s. XVI comienza la construcción de un nuevo templo parroquial, más acorde con la población y en un punto más equidistante de la misma, se trata del actual templo parroquial de Santa María de los Remedios.
     Una vez concluida la obra del nuevo templo parroquial, terminando el siglo XVI, se construye en el medio, entre la citada vaguada y el camino, una pequeña ermita y junto a ella un hospital. Esta ermita determinó la fisonomía urbanística del pueblo, ya que en torno a ella, hacia el norte y sur se fueron edificando casas hasta formarse la calle que lleva su nombre y que unió -junto con el edificio del templo parroquial- los dos grupos de calles preexistentes. La actual ermita es producto de la última remodelación que se produjo a mediados del siglo XVIII.
     El Lugar de los Ayllones deja de pertenecer a la jurisdicción de Reyna, otorgándosela título de Villa en virtud del Real Privilegio dado por el Rey Felipe IV el 18 de septiembre de 1646. Eclesiásticamente siguió bajo el priorato de San Marcos de León, hasta finales del s. XIX con la promulgación de la Bula "Quo Gravius" en 1873, del Papa Pio IX, por la cual se suprimían los Prioratos de la Órdenes Militares de Santiago -Llerena- y otros de la Orden de Alcántara, quedando así incorporado Ahillones a la Diócesis de Badajoz. A mediados del siglo XIX comienza a denominarse a la Villa de Ayllones, como Ahillones, aunque en el último tercio del siglo XVIII, también se escribía su nombre como Aillones.
Monumentos.-
     Morfológicamente, la localidad se articula sobre un eje de alineación de sentido norte-sur, compuesto por las calles Real y Mesones, en cuyo tramo central se abre una plaza de hermosa configuración en la que se sitúa la iglesia parroquial de Ntra. Sra. de los Remedios. A este foco confluyen las restantes calles del pueblo, que aún conservan sus significativos nombres tradicionales: Albardilla, Cantarranas, Cerrillo, La Fuente y El Cristo, esta última por la ermita de preciosa portada barroca de tal advocación que se encuentra en ella. La llamada calle Toledillo recuerda el área ocupada en otro tiempo por los moriscos y judíos. Otra llamada Hornachuelos evoca el primitivo asentamiento, hacia cuya localización se enfila.
     La localidad conserva prácticamente intacta su fisonomía tradicional característica de centro rural, ofreciendo un panorama de edificaciones campesinas de reducidas proporciones, perfectamente encaladas y con los zócalos y puertas resaltando en diferentes colores, que originan un ambiente apacible y acogedor, de acusado pintoresquismo.
     En los alrededores perduran las fuentes, pilares, abrevaderos y demás componentes habituales en los núcleos agrarios.
     El hito constructivo más significativo, cuya silueta se destaca desde la lejanía sobre el caserío, es el templo parroquial. Se trata de una realización mudéjar, según el modelo característico de la zona, con torre fachada de ladrillo en la que se abren dos grandes hornacinas con veneras y dos huecos de campanas, con remate de chapitel. En su base se abre una portada de piedra de notable interés (Diputación Provincial de Badajoz).

Iglesia de Santa María de los Remedios.-
     Perteneciente a la Archidiócesis de Mérida-Badajoz. La iglesia del siglo XVI, de mampostería y ladrillo cuya fachada presenta el característico estilo mudéjar de la comarca.
     Consta de una sola nave en tres tramos. Su torre, de planta cuadrada, tiene cuatro cuerpos separados entre sí por cornisas horizontales.
     En la fachada tiene una portada de piedra tallada con arco peraltado y tímpano triangular cerrado, enmarcado el conjunto por dos altas columnas.​ El campanario doble está rematado por un capitel. Aunque el exterior conserva su primitiva imagen, el interior ha sido restaurado recientemente.
     En su interior se conserva una de las imágenes más valiosas del pueblo, el Cristo del Socorro, de 1630, atribuida al imaginero extremeño Francisco Morato y una de las mejores obras de la imaginería del siglo XVII.
     Otras imágenes muy antiguas son la Virgen de la Rosa y la imagen de San Juan Bautista procedentes de las ermitas de la Rosa y San Juan, hoy desaparecidas (Ayuntamiento de Ahillones).

Ermita del Santísimo Cristo de la Sangre.-
     Perteneciente a la hermandad del Cristo, del que son devotos en el pueblo y que presenta una interesante portada barroca. Su construcción comenzó una vez se dio por finalizada la iglesia de Santa María de los Remedios en el siglo XVI.
     Con el paso del tiempo se convirtió en la sede de la Mayordomía del Cristo de La Sangre (patrón del pueblo) y sede de los actos de Semana Santa, dando también cobijo a la de la Vera Cruz.
     La actual ermita es producto de la última remodelación que se hizo a mediados del siglo XVIII.
     La imagen más importante que se conserva en su interior es la del «Santísimo Cristo de la Sangre». Se trata de una escultura del siglo XVI de 40 cm de tamaño (Ayuntamiento de Ahillones).

El Santo y Las Cruces.-
     Su origen se remonta al siglo XVII. Consta de 14 construcciones rematadas con una cruz de hierro forjado.
     De ellas destacan dos: la popular «cruz redonda» que por su forma ensanchada representa a la «Casa de Pilatos» y una cruz alargada con tres cruces en su remate que representa el Calvario: Jesús junto al buen y al mal ladrón.
     Junto a ellas se encuentra una escultura del Sagrado Corazón de Jesús, donada por un particular en 1943 (Ayuntamiento de Ahillones).

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jueves, 23 de mayo de 2024

Los principales monumentos (Castillo de Hins-Xan-Biter, Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, Ermita del Sagrado Corazón, Capilla del Santo Cristo, Castillo de Almogía, Ermita de las Tres Cruces, Fuente Hortezuela, y Lavadero La Noria) de la localidad de Almogía, en la provincia de Málaga

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Castillo de Hins-Xan-Biter, Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, Ermita del Sagrado Corazón, Capilla del Santo Cristo, Castillo de Almogía, Ermita de las Tres Cruces, Fuente Hortezuela, y Lavadero La Noria) de la localidad de Almogía, en la provincia de Málaga.
Datos geográficos
     Comarca del Valle del Guadalhorce
     Superficie: 163 km2
     Altitud: 363 m
     Latitud: 36º 49'  -  Longitud: -4º 32'
     Distancia a Málaga capital: 27'4 km
Datos demográficos
     Población: 3.967
     Gentilicio: Moriscos
Ayuntamiento
     plaza de la Constitución, s/n, 29150
     952430025 - 952430229     www.almogia.es
     El municipio de Almogía pertenece a la comarca del Valle del Guadalhorce. Con una ubicación privilegiada en su zona, se convirtió en un punto estratégico durante toda la Edad Media para árabes y cristianos, de ahí la mezcla de culturas que puede verse en su patrimonio, como el castillo de Huns-Xan-Biter y la Torre de la Vela. Almogía es además el lugar de origen de uno de los estilos de verdiales más destacados del folclore y el patrimonio inmaterial de la Costa del Sol.
     En Almogía no puedes perderte sus monumentos:
     La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción es el conjunto arquitectónico más atractivo de Almogía. Fue construida durante el siglo XVI y restaurada tras un terremoto en el siglo XIX. También la capilla del Santo Cristo fue reformada a causa del terremoto. En esta capilla podrás contemplar una bella pintura de un Crucificado.
     En la parte alta del municipio verás los restos del Castillo de Almogía, el verdadero origen del pueblo. Almogía se fue construyendo como un asentamiento local a los pies del mismo, mientras el castillo conservaba su función de defensa militar, primero por los cristianos y, posteriormente, por los árabes. Con la llegada de los Reyes Católicos es finalmente arrasado, dejando en pie la única parte que aún se conserva, la Torre de la Vela.
     Entre los municipios de Álora, Cártama y Almogía se encuentra la ermita de las Tres Cruces. El valor de este santuario es principalmente de carácter inmaterial, es allí donde se celebra cada año la fiesta de los Verdiales más importantes de toda la comarca.
     Como exposición etnográfica al aire libre se encuentra el Lavadero de la Noria. Son 30 lebrillos de barro con piedras de lavar datadas en el siglo XIX, como una muestra de las costumbres y la vida cotidiana de los habitantes del pueblo de la época.
     También son destacables los restos arqueológicos que dejaron todas las culturas que se asentaron este lugar como los fenicios, romanos, visigodos o árabes. Especial atención merecen las pinturas rupestres encontradas en la venta del Fraile, lo que demuestra el asentamiento prehistórico en la zona. (Diputación Provincial de Málaga).
     Situada entre El Torcal y los Montes de Málaga, tiene una importante situación estratégica que se puso de manifiesto desde la antigüedad ya que quedan restos de una calzada romana. La población se configura en época musulmana. Durante la rebelión muladí de Omar Ben Hafsun, su castillo, el de Santi Petri y el de Hins Cámara formaron el segundo cinturón defensivo de Bobastro. Los Reyes Cató­licos entraron en la ciudad en 1487. Tras la rebelión morisca de 1570-71, el pueblo fue repoblado con cristianos viejos procedentes de Teba, Antequera y Sevilla, entre otros lugares (Rosario Camacho Martínez, Isidoro Coloma Martín. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo I. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
          
Castillo de Hins-Xan-Biter.-

      De época califal, está en ruinas, conservándose parte de la Torre del Homenaje y restos de otras torres (Rosario Camacho Martínez, Isidoro Coloma Martín. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo I. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006). 
     Se trata de una fortaleza medieval encaramada sobre un poblado anterior de origen ibérico, con ocupación hasta época mozárabe, situado a 796 metros sobre el nivel del mar. Su planta es irregular, adaptándose a la cumbre del cerro. En superficie, se localizan abundantes restos de material ibérico y, sobre todo, altomedieval.
     Tiene un amplio campo de visión hacia el valle del Guadalhorce, los Montes de Málaga, el Campo de Cámara y el castillo de Almogía.
     Actualmente sólo quedan algunos restos arquitectónicos diseminados en un extenso espacio geográfico.
     Aparece citado con el nombre de Xanti Pether, formando parte de una segunda línea de castillos que defendían la fortaleza de Bobastro. También se le refiere con el nombre de Sant Bitar en la campaña de Abd al-Rahman III, contra las fortalezas rebeldes próximas a Málaga. Después de ella el poblado quedó destruido y nunca más se volvió a reconstruir, aunque este emplazamiento se siguiera utilizando como puesto de vigilancia, dado su excelente control visual (MAYORGA GONZÁLEZ, 2002: 18) (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El Castillo fue en tiempos del Califato uno de los baluartes del segundo cinturón defensivo de Bobastro, capital del reino de Omar Ben Hafsum. Uno de los usos que le dieron los árabes fue como prisión de cautivos cristianos.
     La tradición local habla de un subterráneo que une la iglesia (antigua mezquita) con el castillo.
     Durante la revuelta de Omar Ben Hafsún contra los Omeyas cordobeses, la fortaleza de Santi Petri (Hins-Xan-Biter) desempeñó un papel fundamental en la defensa de Bobastro.
     La Villa se entregó a los Reyes Católicos en mayo de 1487, quienes nombraron alcaide cristiano al capitán Mosén Pedro Santiesteban. Más tarde, los moriscos de Almogía participaron en la rebelión de 1570. Al ser derrotados, la mayoría de ellos fueron expulsados, quedando despobladas las tierras que fueron repobladas con cristianos viejos procedentes de las poblaciones de Teba y Antequera, en aquel entonces pertenecientes al reino de Sevilla.
     El Castillo está muy mal señalizado y no se puede acceder (Diputación Provincial de Málaga).

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.-
      Su construcción, sobre la antigua mezquita, fue encargada a Diego de Vergara, arquitecto del obispado de Málaga, en 1522. Muy dañada por el terremoto de Alhama de 1884, en 1894 fue reparada y reformada con el aspecto que hoy presenta.
     Es una iglesia de tres naves separadas por gruesos pilares cruciformes que soportan am­plios arcos de medio punto, cubierta con artesonado mudéjar de dobles tirantas con decoración de lazo; su cabecera, rectangular, se cubre con bóveda elíptica. En el exterior, reformado en 1891, destaca la torre campanario.
     En las capillas laterales se encuentra una Inmaculada de finales del siglo XVIII de cierto interés que sigue los esquemas de Alonso Cano; también del siglo XVIII es un Niño Jesús igualmente anónimo.
     Asimismo alberga figuras procesionales modernas como Jesús Nazareno (1938) de José Navas Parejo, María Santísima de los Dolores (1947) de Francisco Palma Burgos, y Ntra. Sra. de la Soledad (1943) de Francisco de Paula Gomara.
     En la sacristía se conserva un óleo sobre lienzo con el tema de San Pablo Ermitaño (siglo XVIII) de autor desconocido (Rosario Camacho Martínez, Isidoro Coloma Martín. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo I. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006). 
     Erigida en el siglo dieciséis sobre una antigua mezquita desaparecida tras la Reconquista, la iglesia parroquial fue reconstruida en el siglo diecinueve. Su construcción fue encargada en el año 1522 a Diego de Vergara, arquitecto del obispado de Málaga. En el exterior destaca la torre campanario y en el interior la armadura de madera de su nave central.
     Su nave central está cubierta con un artesonado mudéjar de gran valor y belleza artística. En su interior destacan tres imágenes del siglo dieciocho de la Inmaculada, de un devotísimo Niño Jesús, y una pintura de San Pablo Ermitaño (Diputación Provincial de Málaga).

Ermita del Sagrado Corazón.-
      La construcción actual es del siglo XVIII aunque se tienen noticias de otra anterior de 1521. Estaba adosada al desaparecido convento asilo del Sagrado Corazón (Rosario Camacho Martínez, Isidoro Coloma Martín. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo I. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006). 
     Situada en la parte alta del pueblo, es del siglo dieciocho aunque hubo otra construcción anterior en el año 1521. Adosada al desaparecido convento asilo del Sagrado Corazón, consta de un pequeño coro y campanil. En ella reciben culto los patronos de la villa, San Roque y San Sebastián (Diputación Provincial de Málaga).

Capilla de Santo Cristo.-
 
     Se trata de una "posa" con un Crucificado en el interior de un pequeño recinto cuadrado que parece aprovechar una construcción de comienzos del siglo XVII, y muy reformada en el último cuarto del siglo XIX. Formaba parte de una de las catorce estaciones que recorrían el pueblo y cuenta con una profunda devoción. Está integrada en el interior del núcleo urbano, en la calle del mismo nombre. El resto del centro ofrece un aspecto singular y típico de casas bajas y encaladas, cubiertas con tejados de tejas rojas (Diputación Provincial de Málaga).

Castillo de Almogía.-
     Dominando el casco urbano de Almogía, se eleva esta fortaleza de planta irregular, tendente a ovalada, de la que se conservan distintos lienzos de muro y la torre principal, conocida por el nombre de Torre de la Vela. La obra es de mampostería, respondiendo a una fortaleza de posible cronología nazarí.
     Posee algunas vinculaciones tipológicas con todas las fortalezas medievales pertenecientes al último período de ocupación musulmana, como Alozaina, Casarabonela, Almayate, Tolox, Yunquera,... Sin embargo, por su proximidad geográfica estaría vinculada con Cártama. 
     De las estructuras conservadas habría que citar la torre principal adosada al ángulo noreste del recinto. Está realizada en mampostería ¿compacta?, con las piedras algo trabajadas en los ángulos. El relleno del interior de los muros se realiza con argamasa con presencia de algunos guijarros. Esta torre principal presenta algunos añadidos, como pequeñas chabolas que contienen algunos materiales. También permanece en pie una torre escalonada de mampostería en la zona este. Además, se conservan algunos fragmentos de los muros que formaban el conjunto del recinto. No resulta visible el aljibe, aunque se tiene constancia de su existencia, por lo que debe de encontrarse soterrado.
     Los autores árabes no mencionan este castillo en relación a Almogía, aunque cabría la posibilidad que figurase con otra denominación. En cualquier caso, cabría esperar que una excavación definiese con algo más de claridad una cronología más aproximada, aunque por los materiales y técnicas empleadas se podría datar en el período nazarí (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Este antiguo castillo de construcción árabe sirvió de fortaleza fronteriza desde 1410 a 1487.
     Posteriormente, con la ocupación cristiana, fue usado para controlar a los mudéjares de la zona.
     La Torre de la Vela es la única que se conserva de las siete que formaban el Castillo (Diputación Provincial de Málaga).

Ermita de las Tres Cruces.-
     Esta es una pequeña ermita situada en los montes de Álora, pero en el límite de los términos municipales de Almogía, Álora y Cártama.
     Data del siglo dieciocho, aunque está recientemente restaurada. Esta ermita es un templo que consta de tres naves, cada una de ellas correspondiente a una de sus tres parroquias (los tres municipios). No obstante, también se le ha sumado el de Pizarra.
     En las "cruces de mayo" se encuentran las cuatro procesiones de los citados municipios. En el interior cada pueblo tiene un pequeño altar (Diputación Provincial de Málaga).

Fuente Hortezuela.-
     Construida en el siglo diecinueve, la fuente presenta tres cuerpos con formas curvilíneas. Destaca su mosaico central representativo de la villa medieval y en los alrededores tiene jardines y árboles. Es uno de los lugares más queridos de los almogieños por su simbología y el culto al agua de la zona (Diputación Provincial de Málaga).

Lavadero La Noria.-
     Este lavadero data del siglo XIX siendo utilizado hasta la última década del XX. Cuenta con unos treinta librillos de barro con las piedras de lavar entorno a la alberca. El agua se sacaba de la Noria que la llevaba a los lebrillos y, posteriormente, una vez lavada la ropa, el agua desaguaba en la alberca (Diputación Provincial de Málaga).

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viernes, 3 de mayo de 2024

Un paseo por la calle Cruces

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Cruces, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      Hoy, 3 de mayo, La Iglesia conmemora la "Invención de la Santa Cruz", es decir el hallazgo de la por parte de Santa Elena, madre del emperador Constantino, de la verdadera cruz de Jesucristo en su peregrinación a Jerusalén. Al tratarse de una fiesta relacionada con la pasión de Cristo, su Cruz, la fiesta en rito romano será de color rojo. "Invención" (del latín invenio, "descubrir") es el nombre litúrgico y oficial. En cambio Cruz de Mayo o fiesta de las Cruces es la denominación popular. Se festeja el 3 de mayo, y la Iglesia católica, según el rito romano, ha situado el hallazgo de la santa Cruz. Es una festividad muy extendida en España e Hispanoamérica. Pero tras la reforma de la liturgia romana por Juan XXIII, en 1960 con el motu propio Rubricarum instructum, perdió importancia en el calendario romano, así que hoy es el mejor día para Explicarte la calle Cruces, de Sevilla, dando un paseo por ella.
       La calle Cruces es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en los Barrio de Santa Cruz, y de San Bartolomé, del Distrito Casco Antiguo; y va de la calle Ximénez de Encisco, a la calle Doncellas.
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Bajo esta denominación se conocían hasta 1845 cuatro calles en la ciudad, acor­dando el municipio en esa fecha reservar dicha denominación para esta vía. Su primi­tivo nombre fue Pedregosa (1399), aunque ya en 1490 se nombra también como Cruces. Hacia 1665 se cita como de las Tres Cruces y como Cruces la actual Fabiola; y así se mantiene en el plano de Olavide (1771); el de Arjona (1832) la denomina de las Cruces Verdes y el de Sartorius (1848) le incluye el pequeño tramo que es hoy Mariscal. Hasta 1942 se bifurcaba en la confluencia con Doncellas, por existir una manzana en el centro, dando lugar a la calle Dalia (1868) por la acera de los pares, conservando el de Cruces en los impares. La localización de Dalia en este lugar no lo confirman los callejeros del s XIX ni la documentación consultada. El nombre de la calle se debe a la costumbre, muy generalizada, de poner o pintar cruces en rincones y paredes para evitar usos indebidos de estos lugares, al pa­recer sin gran éxito, por lo que fueron prohibidas por la Iglesia. Desde tiempo inmemorial había en la esquina con Ximénez de Enciso dos cruces de madera pintadas de verde y una tercera en el centro de la calle.
     El trazado es muy irregular pues pasa de 2-3 m. en la confluencia con Ximénez de Enciso a 1 m. a la altura de las casas núm. 4 y 6, para ensancharse posteriormente y formar una plazuela de la que nace una estre­cha barreduela. En la plazuela y sobre un pedestal cuadrangular de obra se encuentran tres cruces de forja montadas sobre columnas de mármol, una de ellas con capitel romano, provenientes de las galerías altas del Asilo de los Venerables Sacerdotes. El monumento está cercado con una verja y cuatro faroles. En la pared lateral de la casa núm. l ac. se encuentran embutidas dos cruces de madera pintadas de verde muy visibles, bajando de Ximénez de Enciso. Existen asimismo dos azulejos, de la época de Olavide con el nombre de la calle pero con distinta grafía: "CALLE DE LAS CRVCES" y "CALLE DE LAS CRVZEZ". El pavimento está formado por losas de Tarifa y chino lavado en forma de damero en las partes más anchas. El caserío presenta desigual estado de conservación; junto a casas recién restaurada, hay otras en ruina. Son de destacar la núm. 7, por la arquería de su planta baja y el mirador, y la núm. 10, por los canes, del s. XVII existentes en el zaguán. Existen dos casas de huéspedes, probable supervivencia del centro comercial que fue la Puerta de la Carne, y casas de vecinos. La plazuela, que presenta aspecto soleado, contrasta con la falta de luz característica de la zona. Constituye asimismo, junto con Doncella, vía de paso peatonal desde la Puerta de la Carne hacia el centro monumental [Salvador Rodríguez Becerra, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Cruces
. En el centro de esta calle existe un crucero formado por tres columnas con sus respectivas cruces de forja. El capitel de la columna central es de origen romano.
Cruces, 7. Casa de dos plantas. Su patio posee arquería en uno de los frentes de la planta baja y galerías sosteni­das por tornapuntas de hierro en la superior. Destaca, además, el gran mirador.
Cruces, 10. En el zaguán de esta casa se conser­van unos canes tallados, del siglo XVII. En el interior, patio de columnas en planta baja y adintelado en la superior [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Santa Cruz;
La Leyenda de la cruz
   La historia de la Santa Cruz, antes y después de la Crucifixión, dio nacimiento a un ciclo legendario que fue popularizado por Santiago de Vorágine en la Leyenda Dorada.
   Los héroes principales de esta novela piadosa que abarca varios siglos, son Adán, Salomón, la reina de Saba, el emperador Constantino, Santa Helena y finalmente Heraclio, que devuelve la Santa Cruz a Jerusalén.
La madera de la Cruz antes de la Crucifixión
   La idea central de la leyenda es la intención de vincular la Redención con el pecado Original. Se imaginó que la cruz del Gólgota se había construido con madera procedente del árbol de la Ciencia. Por ello, en los himnos litúrgicos, la cruz se invoca con el nombre de Arbor.
   ¿Qué sucesión de vicisitudes y metamorfosis permitió que la madera del árbol de la Ciencia se convirtiera en la cruz de Jesús? Se supuso que Adán había arrancado una rama antes de ser expulsado del Paraíso. Según otra versión, es el tercer hijo de Set quien habría recibido ese brote de manos del arcángel Miguel, y lo habría plantado sobre su tumba.
   Mucho tiempo después, la reina de Saba, que fue a Jerusalén para visitar a Salomón, al encontrarse frente a una viga echada sobre un arroyo a manera de puente, vio en espíritu que el Redentor sería fijado alguna vez a esa madera. Por ello se negó a pisar esa tabla sagrada y se arrodilló para adorarla.
   Salomón hizo clavar esa pieza de madera en el suelo con el objeto de que no fuese pisoteada. Por un misterioso fenómeno, apareció en la Piscina probática donde flotaba y curaba milagrosamente a los enfermos y tullidos. Los verdugos la retiraron de esa piscina y construyeron con ella la cruz de Jesús.
   Esta leyenda novelesca ha sido representada muchas veces por los pintores italianos del Trecento y del Quattrocento, sobre todo en las iglesias de los franciscanos, guardianes del Santo Sepulcro, muchas de las cuales estaban bajo la advocación de la Santa Cruz (Santa Croce).
   La escena más popular de este ciclo es el gesto de la reina de Saba al arrodillarse frente a la madera de la Santa Cruz cuando aún servía de puente sobre un arroyo.
La reina de Saba adora la madera de la Cruz
   En la vidriera de Saint Pantaléon, en Troyes, se lee esta ingenua inscripción:
          La royne de Sabba ne voulut marcher sur la dicte planche
          Pour ce qu'elle fut inspirée que sur icelle planche
          Serai crucifiçe le Rédempteur des humains.
   (La reina de Saba no quiso caminar sobre esta tabla / Porque recibió la inspiración que sobre esa misma tabla / Sería crucificado el Redentor de la humanidad.)
   De acuerdo con una leyenda popular que asimila la reina de Saba a la reina Pedauca, al retroceder para vadear el arroyo, ella mostró una pata de oca.
   Existe otra versión de esta leyenda que también reposa en la idea de la continuidad de los dos Testamentos, pero que es totalmente diferente.
   Adán, expulsado del Edén, como recuerdo del Paraíso perdido se lleva una rama del Árbol de la Ciencia que le sirvió de bastón hasta su muerte.
   Dicho bastón, que los patriarcas se transmitieron de generación en generación, fue encontrado por Jetró, el suegro de Moisés. De ese bastón colgó Moisés la serpiente de bronce, prefiguración de Cristo crucificado. Por la intermediación del traidor Judas, llegó a las manos de los verdugos de Cristo que lo utilizaron para construir la cruz.
La Invención y la Adoración de la Vera Cruz
   La historia de la Santa Cruz no se detiene en la Crucifixión. A falta de huesos de Cristo, cuyo cuerpo había subido al cielo, la devoción popular se volcó sobre el instrumento del suplicio que ocupó el primer lugar en el catálogo de las reliquias.
   Las tradiciones creadas en torno a este símbolo de la fe cristiana fueron difundidas en el siglo XIII por la Leyenda Dorada que narra detalladamente la maravillosa historia de la Búsqueda, el Descubrimiento y la Exaltación de la Santa Cruz.
1. La Invención de la Vera Cruz por santa Helena
   Después de la muerte de Cristo la cruz no se mantuvo plantada  en el Gólgota, puesto que erigían una nueva para cada ejecución. Fue enterrada con los «patibula» de los dos ladrones en una fosa común que cayó en el olvido. Ninguno de los apóstoles y evangelistas se preocupó por ello, según parece.
   Algunos siglos más tarde, Cristo se aparece en sueños al emperador Constantino y le promete que vencerá bajo el signo de la cruz. Constantino sale de Roma al encuentro del ejército de Majencio, y gracias a la cruz que resplandece en su lábaro, consigue la victoria.
   Santa Helena, su madre, decide entonces viajar a Jerusalén para encontrar la madera de la Vera Cruz. Reúne a los ancianos para indagar acerca del lugar donde está enterrada, y le informan sobre un tal Judas como único depositario del secreto.
   Éste, interrogado, finge no saber nada. Helena ordena que lo echen en una cisterna seca: después de seis días de ayuno, Judas pide que se lo perdone y promete decirlo todo. Cuando cavan en el sitio que él señala, se descubren las tres cruces del Calvario.
La identificación de la Vera Cruz
   Desgraciadamente, las tres cruces se parecían entre sí ¿Cómo distinguir entonces la Santa Cruz, la de Jesús, de las correspondientes a los Ladrones? Su autenticidad fue revelada por el milagro de un muerto que resucitó a su contacto, o bien de acuerdo con otra leyenda, por la inscripción (titulus) que permanecía fijada a la madera de la Vera Cruz.
    En medio de la alegría general, Judas se convirtió, y en su bautismo cambió su nombre malsonante por el de Ciriaco (Dominicus); y hasta llegó a ser elegido obispo de Jerusalén.
   Por pedido de Santa Helena, emprendió búsquedas complementarias en el Gólgota para encontrar los Santos Clavos, que aparecieron en la superficie tan brillantes como si fueran de oro.
   Toda esta historia ha sido inventada. No hay texto alguno que haga alusión al descubrimiento de la Vera Cruz antes de 347; ahora bien, Santa Helena murió en Nicomedia  en 327.
2. La reconquista de la Santa Cruz por el emperador Heraclio
   Las aventuras de la Santa Cruz no habían terminado.
   La preciosa reliquia, que Constantino y Helena habían enriquecido con gemas (crux gemmata), fue pillada por el rey de los persas, Cosroes II. El emperador Heraclio la reconquistó en 628 y la devolvió a Jerusalén, sólo en parte, porque uno de los brazos habría quedado en Constantinopla.
   Ese retorno de la Vera Cruz está narrado de dos maneras diferentes.
   Según la primera versión, Heraclio se había propuesto llevar personalmente sobre sus hombros la Cruz reconquistada a la cima del Calvario, y para honrarla creyó que lo mejor era vestirse con sus ornamentos imperiales. Pero cuando quiso levantar la Cruz le resultó imposible conseguirlo. El patriarca Zacarías le explicó la causa de ese prodigio: puesto que Cristo había transportado su cruz con humildad, era conveniente que un emperador cristiano hiciese otro tanto. Una vez despojado de sus ornamentos, en camisa y con los pies descalzos, pudo subir la Cruz hasta el Gólgota.
   La Leyenda Dorada introdujo una variante en esta anécdota. Heraclio quería hacer una entrada triunfal en Jerusalén; pero al llegar a Jerusalén a caballo, seguido por un brillante cortejo, debió detenerse ante la Puerta Dorada, pues la encontró cerrada. Un ángel le advirtió que debía devolver la Cruz imitando la humildad del Rey Celestial que había entrado por esa puerta montado en un asno.
   Entonces el emperador comenzó a llorar, se descalzó, se quitó sus ropas, e incluso la camisa, y tomando la Cruz del Señor llamó humildemente a la puerta que se abrió y le permitió el paso.
3. La Exaltación de la Santa Cruz
   Estos dos grandes acontecimientos de la Búsqueda y de la Reconquista de la Santa Cruz fueron conmemorados en la liturgia griega y romana.
   La fiesta de la lnventio S. Crucis recuerda el descubrimiento de la Vera Cruz por la emperatriz Helena. En cuanto a la fiesta de la Exaltatio, que tiene el sentido de elevación, de ostención ante los peregrinos, celebraba en su origen la advocación de la basílica constantiniana del Santo Sepulcro, donde se encontraba la Cruz desenterrada por la emperatriz Helena; pero más tarde se aplicó a su devolución por Heraclio, después de su victoria sobre Cosroes.
   Fue el papa Sergio, oriundo de Siria, quien introdujo en Roma a finales del siglo VII esta fiesta jerosolimitana. En el oficio de ese día, el sacerdote hace cuatro elevaciones de la cruz.
   Todos los santuarios de la cristiandad tenían como suprema ambición poseer un trozo de la Vera Cruz que los emperadores de Constantinopla  no dejaron de acuñar. Esas reliquias insignes se guardaban en las staurotecas (del griego stauros: cruz) que generalmente tienen la forma de una cruz de doble travesaño.
   Las más célebres son la del monasterio de la Sainte Croix de Poitiers, donada en 570 a Santa Radegunda por la emperatriz Sofía; las de Monza, en Lombardía y, en Hungría. La más preciosa desde el punto de vista artístico es la stauroteca de Limbourg del Lahn, adornada con magníficos esmaltes alveolados que proceden del botín robado por un caballero alemán en Constantinopla en ocasión de la cuarta Cruzada, en 1204.
Iconografía
   Hemos insistido largamente en el tema de la leyenda y el culto de la Santa Cruz, porque una y otro dieron nacimiento a numerosas realizaciones artísticas del mayor interés, algunas de las cuales, como los frescos de Piero della Francesca en Arezzo, son incomparables obras maestras.
   La mayoría de dichos ciclos, que se inspiran en la Leyenda Dorada, han sido ejecutados para iglesias de la orden de los franciscanos, con frecuencia puestas bajo la advocación de la Santa Cruz (Santa Croce).
          1. Invención e identificación de la Vera Cruz por santa Helena
          2. El emperador Heraclio, en camisa y descalzo, devuelve la Cruz a Jerusalén
   Heraclio generalmente lleva el asta o poste de la Cruz, sin el travesaño.
El culto de la Santa Cruz
   Numerosas Iglesias o abadías de toda la cristiandad estaban bajo la advocación de la Santa Cruz. En Francia, el monasterio fundado por santa Radegunda, en Poitiers. En España y Austria las abadías cistercienses de Santes Creus y de Heiligenkreuz.
Los instrumentos de la Pasión
   La Cruz no es el único objeto de veneración. La devoción de la Edad Media incluyó en el mismo culto a todos los instrumentos de la Pasión que agrupó en una especie de trofeo llamado las Armas de Cristo. Se le atribuía un poder mágico, como a la señal de la cruz.
   Este tema esencialmente popular a pesar de su carácter heráldico, suele acompañar el Cristo de la Piedad o a la Misa de san Gregorio, imágenes a las que se vinculaban numerosas indulgencias.
   Los elementos que forman parte de su composición se multiplicaron poco a poco. En el siglo XIII estaban reducidos a seis: la corona de espinas, la columna y las varas de la Flagelación, la cruz, los clavos, la esponja y la lanza de la transfixión.
   En el siglo XV el jeroglífico se complicó. Se agregaron las treinta monedas de Judas alineadas o cayendo en cascada de una bolsa invertida, la linterna de Malco y su oreja pegada al machete de San Pedro, el gallo de la Negación (gallus cantans), una cabeza que escupe (sputum infacie Christi), la mano que abofeteó a Cristo, la columna de la Flagelación, el aguamanil y la jofaina  del Lavatorio, las manos de Pilato, el velo de la Verónica, la túnica sin costuras y los dados que tuvieron para echarla a suertes, el martillo que hundió los clavos, la escalera del Descendimiento de la cruz.
   Cuando estos «Instrumentos» no están ordenados en una panoplia son transportados por ángeles que tienen el papel de tenantes de escudo de armas. En Solesmes, el ángel que lleva la bolsa de Judas, enjuga una lágrima en la comisura del ojo.
   Los ángeles presentando los Instrumentos de la Pasión suelen estar representados en los timpanos de las portadas de las catedrales, en la escena del Juicio Final.
Las cinco llagas
   Otra devoción también vinculada con la Crucifixión es la de las cinco Llagas o heridas. Se desarrolló en el siglo XV a causa de las indulgencias que atribuyó el papado a las oraciones en memoria de las cinco Llagas de Cristo que protegían contra la «muerte ruin», es decir, la muerte súbita, sin confesión, particularmente temida en tiempos de peste.
   Las procesiones expiatorias de los flagelantes se acompañaban con este refrán:
          Jhesus, par tes cinq rouges playes 
          De mort soudaine nous delayes.
          (Jesús, por tus cinco rojas llagas / Nos sustraes de la muerte súbita.)
   Esta devoción concordaría mejor con la antigua iconografía del Crucifijo, donde los pies de Cristo están separados, que con la nueva, donde los pies están superpuestos y agujereados con un solo clavo.
   En las xilografías coloreadas del siglo XV se encuentran tres formas de representar este motivo que pertenece casi exclusivamente a la imaginería popular.
     Las cinco Llagas tienen la forma de cortes horizontales de los que caen gotas de sangre y de donde emanan rayos de luz.
     Un corazón atravesado por una lanza y aplicado sobre una cruz está flanqueada por cuatro miembros cortados: dos manos y dos pies agujereados por clavos. El conjunto forma un trofeo de la Crucifixión.
     Las cinco Llagas están simbolizadas por cinco cruces sobre la mesa del altar, imagen del cuerpo de Cristo de acuerdo con la fórmula ritual del Pontifical.
   Con frecuencia los artistas se limitan a representar la herida del costado en tamaño real, que llevan dos ángeles en un cáliz.
   Además, la devoción a las cinco llagas se expresa alegóricamente mediante la representación de la Fuente de Vida, llena con la sangre de Cristo, que purifica las almas y cura los cuerpos. Esta Fuente de Remisión, asimilada a la Piscina probática de la Biblia, tiene cinco orificios que corresponden a las cinco Llagas del Redentor Crucificado.
   En la época de la Contrarreforma, un carmelita descalzo, José de Santa Bárbara, publicó en Amberes, en 1666, un tratado místico titulado Het Gheestelijk Kaertspel (El juego de cartas espiritual), donde el cinco de corazones está representado por cinco corazones dispuestos en tresbolillo alrededor de la Cruz, y en los cuales se inscriben las llagas de las manos, el costado y los pies (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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La calle Cruces, en detalle:
Cruces embutidas en la fachada lateral del edificio c/ Cruces 1, ac.
Edificio c/ Cruces, 7
Edificio c/ Cruces, 10
Monumento de las Cruces
Retablo cerámico "La Cruz de San Andrés"