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miércoles, 5 de agosto de 2026

El desaparecido Convento de Nuestra Señora del Pópulo (primera advocación de Santa Mónica), de los Agustinos Descalzos

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el desaparecido Convento de Nuestra Señora del Pópulo (primera advocación de Santa Mónica), de los Agustinos Descalzos, de Sevilla.  
     Hoy, 5 de agosto, Dedicación de la basílica de Santa María, en Roma, construida en el monte Esquilino y ofrecida por el papa Sixto III al pueblo de Dios como recuerdo del Concilio de Éfeso, en el que la Virgen María fue proclamada Madre de Dios (c. 434) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II]    
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte el desaparecido Convento de Nuestra Señora del Pópulo (primera advocación de Santa Mónica), de los Agustinos Descalzos, de Sevilla
     El desaparecido Convento de Nuestra Señora del Pópulo (primera advocación de Santa Mónica), de los Agustinos Descalzos, se encontraba en la manzana formada por las calles paseo de Cristóbal Colón, Reyes Católicos, Pastor y Landero, y Adriano; en el Barrio del Arenal, del Distrito Casco Antiguo.
     Los historiadores de la Orden hacen remontar sus orígenes al periodo de los ermitaños del norte de África que, aglu­tinados en torno a la figura de Agustín de Hipona, forman una pequeña comunidad, en una continuidad sin interrupción difícil de demostrar con la Orden constituida en 1256. Aurelio Agustino (354-430) nació en Tagaste, actual Túnez, hijo de un pagano, Patricio, y una cristiana, Mónica, quien ejerció sobre él una poderosa influencia. Entregado a los estudios clásicos, se adhirió a la secta de los maniqueos, tuvo una juventud licenciosa y se dedicó a la enseñanza de retórica en Cartago, Roma y Milán, donde su vida espiritual evoluciona por las plegarias de su madre y las instrucciones del arzobispo San Ambrosio, cuyo ejemplo y palabras le llevan a su conversión al cristianismo, bautizándolo el 25 de abril del 387. Deseoso de difundir la filosofía cristiana regresa a su tierra, vende sus bienes entregando el producto a los pobres y se establece en Hipona donde es ordenado sacerdote el 391 por el obispo Valerio, a quien sucederá en la cátedra episcopal en el año 395. En su abundante producción literaria expuso sus ideas filosóficas, teológicas, su antropología y su teoría del conocimiento, en una constante búsqueda de Dios a través del mundo y en un esfuerzo por incorporar el pensamiento platónico a la tradición filosófica cris­tiana; sus obras han ejercido una gran influencia en la esco­lástica, y se granjeó el título de primer legislador y patriarca del monacato latino siendo considerado uno de los cuatro grandes doctores de la Iglesia. La comunidad creada por San Agustín tras su conversión al cristianismo tuvo un fecundo desarrollo, propagándose por el norte del África romana rápidamente, de tal manera que a la muerte del Santo, en el 430, existían alrededor de cincuenta monasterios, incluidos los de mujeres. La invasión de los vándalos en el siglo V y de los árabes en el VII supuso una fuerte persecución de estas comunidades, pasando muchos de sus miembros al sur de Italia, Francia y España, a donde exportaron la tradición monástica agustiniana. Sin embargo, la legislación carolingia, que impuso con carácter exclusivo la profesión de la regla benedictina en todo el imperio, significó un freno a la propagación del ideario agustino. Habrá que esperar al renacimiento de la vida monástica de los siglos X y XI para asistir al resurgimiento de la Regla de San Agustín en los numero­sos eremitorios que se originaron. En 1244 el papa Inocencio IV, en un deseo de unificar a todos los ermitaños, promovió la fusión de los abundantes cenobios de dentro y fuera de Italia, en los que se incluían los de inspiración agustina, dando lugar a la llamada Gran Unión que fue confirmada el 9 de abril 1256 por el papa Alejandro IV. Se constituyó una gran familia religiosa que recibió el nombre de Orden de los Frailes Ermitaños de San Agustín, en el convento romano de Santa María del Pópulo, con un superior general al frente y una subdivisión en doce provincias, siete para Italia y las cinco restantes para Francia, Alemania, Inglaterra, Hungría y España. A fines del siglo XIII ya existían diecisiete y en 1329 el número de provincias ascendía a veinticuatro. Asimismo, la Orden adopta los ideales y organización de los mendicantes, conciliando el apostolado activo con la vida contemplativa monacal, siendo considerada la tercera de las órdenes mendicantes tras franciscanos y dominicos.
     Hay que señalar que San Agustín nunca escribió una regla monástica, son sus libros, sermones y sobre todo sus cartas en donde hablaba de la vida religiosa y el modo de practicarla, los que inspirarán un conjunto de normas y una forma de vida que serán adoptadas por numerosos institutos religiosos antiguos y modernos como guía a seguir. Las familias religiosas tituladas como Orden de San Agustín abarcarán diversos institutos de religiosos y de monjas. Entre los masculinos se hallaban los Ermitaños de San Agustín, instituidos canónicamente en 1256, que tras la reforma de 1505 son denominados Observantes; y los Ermitaños Recoletos de San Agustín, llamados Recoletos o Descalzos, surgidos en algunos conventos que desaprobaban la actividad intelectual, el estudio y la docencia universitaria, y deseaban entregarse más a la oración, a la contem­plación, a la vida retirada y recoleta como medio de santifi­cación; la nueva rama agustina fue a probada en el Capítulo General de Toledo el 3 de diciembre de 1588.
     En España se constata la presencia de eremitorios en época visigoda, en zonas de Valencia y Mérida, cuya proliferación quedó frenada con la llegada de los musulmanes a la península. Los avances de las tropas cristianas de Fernando III, Jaime I y Alfonso X, liberarán nuevos territorios en cuyas principales ciudades fundan los agustinos sus casas; en 1278 había nueve conventos y en 1300 dieciséis en España y Portugal. Con la Gran Unión de 1256 la Península se trans­forma en la Provincia Hispaniae, la que a su vez, más tarde por Capítulo reunido en Dueñas en 1527 se divide en cuatro: Lusitana, Catalano-aragonesa, Castilla, que llegaba hasta el río Tajo, y Andalucía o Bética, al sur de esta línea fluvial. Por otro lado, gracias al permiso otorgado por el papa Adriano VI a las órdenes mendicantes por el que podían pasar a las Indias para su evangelización, los agustinos llegaron a tierras americanas en 1533, en donde crearon la provincia de Nueva España, consiguiendo fundar la Universidad de México; un hito importante en su creciente expansión será la presencia de la Orden en Filipinas, a donde llegaron sus religiosos acompañando al conquistador Legazpi, fundando misiones y el colegio mayor de Iloco.
     Al igual que el resto de Europa, los conventos agustinos de España padecieron a mediados del siglo XV la relajación y deterioro de la observancia de la regla, conocida como claustra. Para atajar el mal surgió un movimiento de reforma a favor de la restauración de la disciplina monástica primitiva, siendo fray Juan de Alarcón quien desde el convento de Villanubla (Valladolid) emprenda el camino del reformismo, que será aprobado en 1438; las casas que se acogían a la reforma pasaron a denominarse Congregaciones de la Observancia, que a fines del XV eran un buen número de conventos. En este sentido, los Reyes Católicos obtienen del papado la aprobación para incorporar obligatoriamente todos los conventos agustinos a la observancia, lo que se verá cumplido en 1504, en el capítulo interprovincial cele­brado en Toledo. Por otro lado, en el último tercio del siglo XVI algunos conventos promovieron la vuelta al rigor primitivo de la Orden, desaprobando la actividad intelectual, el cultivo de los estudios y la docencia universitaria que tan intensa y efectivamente realizaban los agustinos. Este nuevo movimiento, más interesado por la vida contemplativa y la oración, dio lugar al nacimiento de la rama descalza agustina o de los Ermitaños Recoletos cuya aprobación se produjo en el capítulo provincial de Toledo del 3 de diciembre de 1588, abriéndose el primer convento en Talavera de la Reina al año siguiente, siendo elaboradas sus Constituciones por fray Luis de León. En 1605 el papa Clemente VIII autoriza la creación de la provincia de Recoletos, cuyo rápido crecimiento propició su elevación a Congregación en 1621, por bula de Gregorio XIV, celebrando en ese mismo año su primer Capítulo General en el que fue nombrado vicario general fray Jerónimo de la Resurrección y autorizándose la división en cuatro provincias: San Agustín de Castilla, Pilar de Aragón, Santo Tomás de Villanueva de Andalucía y Nicolás de Tolentino de Filipinas.
     En suma, la expansión y consolidación de la Orden en sus diferentes ramas fue constante y se mantuvo durante los siglos XVII y XVIII; una Orden que se caracterizó por la gran importancia que dio al estudio y la cultura, preocupada por la buena formación de sus religiosos bien cualificados para el apostolado y la enseñanza en sus más altos niveles, (en las universidades), con figuras tan destacadas y conocidas como fray Luis de León. La estima por el conocimiento y la cultura forjó la formación de centros docentes, los llamados Estudios Generales, adscritos a universidades, y valiosas bibliotecas conventuales que contribuyeron al progreso del saber, ganando por ello la Orden la reputación de docta. Sin embargo, este estado de cosas se vino abajo con los aconteci­mientos políticos-legislativos del XIX que culminaron en la desamortización de 1835, fecha en la que se contabilizaban en la península doscientos cinco conventos, de los que sólo quedó abierto el Colegio-Seminario de Valladolid, que por su carácter misionero quedó excluido de la desamortización por la influencia y prestigio que su trabajo misional en el extranjero daba al país.
CONVENTO DE NUESTRA SEÑORA DEL PÓPULO (PRIMERA ADVOCACIÓN DE SANTA MÓNICA), DE LOS AGUSTINOS DESCALZOS
     En el último tercio del siglo XVI se produjo en el algunos conventos de la Orden un movimiento de vuelta al rigor primitivo disciplinar monástico, en un deseo de suplir la actividad intelectual y el cultivo del estudio y la docencia, que tan intensa y efectivamente realizaban los agustinos, por una vida religiosa más recogida centrada en la contemplación y la oración como medios más eficaces para la santifica­ción. Esta nueva corriente dio lugar al nacimiento de la rama descalza agustina también denominada de ermitaños recoletos, cuya aprobación se produjo en Capítulo Provincial celebrado en Toledo el 3 de diciembre de 1688, quedando bajo la supervisión del General de la Orden. En 1605 se les autoriza crear la Provincia de Recoletos, cuyo rápido crecimiento determinó su elevación a Congregación por bula de Gregorio XV expedida en 1621, año en el que celebró su primer Capítulo General siendo nombrado vicario general fray Jerónimo de la Resurrección, y autorizándose la división en cuatro provincias: San Agustín, de Castilla, Pilar de Aragón, Santo Tomás de Villanueva, de Andalucía y Nicolás de Tolentino, de Filipinas.
     Según el manuscrito de fray  Antonio del Rosario, fechado el 17 de noviembre de 1675 sobre la fundación del Convento del Pópulo, el mismo año 1621 fray Jerónimo de la Resurrección comisiona a fray Cristóbal de Porras y dos religiosos más para fundar casa de la descalcez en Sevilla, propuesta que fue favorablemente acogida por el entonces arzobispo don Luis Fernández de Córdoba. Sin embargo, no es hasta 1625 cuando los agustinos consiguen fundarla, merced a la generosa donación otorgada el 10 de septiembre de ese año de una pequeña casa por parte del devoto ciudadano Pedro Antón de la Cerda, quedando el convento bajo la advocación de Santa Mónica, madre de San Agustín. El 8 de diciembre se puso el Santísimo Sacramento en una sala habi­litada corno iglesia y fue nombrado primer prior fray Pedro de la Asunción. Siguiendo la crónica de fray Antonio del Rosario, quien fue también prior del monasterio, la casa estaba situada frente a lo que después sería el convento definitivo, en el Arenal, siendo, pues, ésta la primera y provisional morada de los agustinos descalzos en Sevilla, en donde permanecerán trece años; provisional porque los religiosos tenían autorización del arzobispo para levantar su convento en el Arenal, lugar extramuros de la ciudad, entre las puertas de este nombre y la de Triana, cercano a la ribera izquierda del río y en el sitio que llamaban "de las eneas" por la gran cantidad que allí crecía. No es hasta 1637 cuando el Cabildo de la ciudad, siendo su asistente el conde de Puebla, deslinde la parcela correspondiente, para cuyo cometido comparecieron "su señoría personalmente con los 21 que fueran señalados y alarifes de dicha ciudad, mostró su señoría su cariño y devoto afecto en la medición de dicho sitio mostrándose poco escaso y muy liberal en la Donación de dicha Ciudad". Se procedió a cercar la amplia parcela y en tanto se levantaba la fábrica del monasterio, se labraron dos salas una mirando hacia el Arenal y otra hacía el río; en ésta se instaló el 1 de enero de 1638 el Santísimo traído desde la iglesia provisional de la primera casa, acomodándose los agustinos en su ya definiti­vo emplazamiento, "empezándose las obras de la Iglesia principal que ha de ser permanente... hasta el año 1666" en que, concluida, fue inaugurada el sábado 1 de mayo, con fiestas religiosas que duraron cuatro días en los que hubo misas y sermones, asistiendo el tercer día el Cabildo de la ciudad, rematándose el último día con solemne procesión en la que el Marqués de Villamanrique portó las insignias del convento.
     El cambio de título del convento de Santa Mónica estuvo motivado por el acontecimiento que tuvo lugar en 1626 durante la riada que desde el día 25 de febrero asoló la ciudad. En el portal de la casa, sita en la calle Harinas, del matrimonio formado por Antonio Pérez, natural de Barcelona, y la sevillana Ana de Villafañe, había una pintura de la Virgen con el Niño con la advocación de Nuestra Señora del Pópulo. El río salido de madre entró por la puerta del Arenal anegando la casa, llegando las aguas al mencionado cuadro "tocando los pies del Niño, y el ímpetu del aire desprendió el santo cuadro que estaba colgado de un clavo grande y la lámpara que estaba ardiendo delante de su Md. la arrancó el aire", permaneciendo milagrosamente durante tres días flotando sobre las aguas y con la lámpara encendida; este prodigio determinó al devoto matrimonio, que para darle un mejor acomodo donde fuera venerada por todos, entregar la imagen a los agustinos, cuya recién fundada casa fue elegida al azar de entre otros conventos, quedando seguidamente el convento bajo el patronazgo y protección de la Virgen siendo titulado desde entonces como de Nuestra Señora del Pópulo.
     El convento del Pópulo se establece por tanto en el cono­cido Arenal de Sevilla, extramuros de la ciudad, lugar semi­ despoblado y vinculado al cercano comercio del río, en donde concurrían "gentes de mal vivir" que propiciaban no pocas pendencias; desertores de cárceles y galeras que se amparaban en los cercanos cañaverales del río o se introdu­cían en la ciudad furtivamente a través de un agujero practicado en la muralla en el paredaño barrio de la Mancebía en donde cometían todo tipo de atropellos, como era denunciado en la documentación de la época y recogido en la literatura picaresca. Hemos de señalar que tanto el cabildo eclesiástico como el civil debieron de ver con buenos ojos la elección de este problemático sitio para la nueva fundación, en el que la presencia de los religiosos supondría un "saneamiento" en el orden espiritual y urbanístico de la zona. Los agustinos asumirían el auxilio religioso de las gentes del lugar y por otro lado, su presencia propiciaría un cambio funcional más digno. Qué duda cabe de que el sitio resultaba además de peligroso insalubre por la presencia del inmediato muladar que llegaba a formar un cerro, como se puede apreciar en los grabados de la época, llamado Baratillo o Malbaratillo como lo cita Cervantes, y ser un terreno depri­mido en el que quedaban estancadas las aguas, siendo además fácilmente inundable por las habituales y catastrófi­cas crecidas del cercano Guadalquivir, como la que aconteció a fines de diciembre de 1783 en que el río se salió de sus márgenes, rompió el puente de barcas cortándose la comu­nicación con el arrabal de Triana, entrando las aguas en las casas de la zona, por lo que los vecinos tuvieron que salir al igual que los religiosos del Pópulo, quienes con mucha difi­cultad retiraron el Santísimo de la iglesia y se refugiaron donde pudieron. O la que se produjo en 1796, los días 26, 27 y 28 de diciembre en que de nuevo se constata una gran riada que superó el malecón que se había construido desde el puente de barcas hasta la Torre del Oro para paliar estos siniestros. Se inundó toda la alamedilla frontera al convento y los atribulados moradores del barrio acudieron a implorar a la Virgen del Pópulo su intercesión para que cesasen las calamidades.
     Con ocasión de la gran epidemia de 1649 que produjo una gran mortandad en la ciudad, se abrió un cementerio cercano a las tapias del convento que subsistió hasta comienzos del siglo XVIII, tiempo en que también consta en las inmediaciones el perneo o mercado de cerdos. A partir de 1728 comenzó el desmonte del Baratillo, se instaló un juego de pelota en 1745 y se levanto la primera plaza de toros, de madera, transformaciones que irán cambiando la fisonomía del lugar en el que ya destacaba a través de las tapias la fábrica del monasterio, especialmente la fachada de la iglesia revestida de vistosos paneles cerámicos, como se aprecia en el grabado que recoge la entrada de Felipe V en Sevilla reali­zado por Pedro Tortolero en 1738, que nos permite vislum­brar buena parte de él. En este sentido hay que señalar que el convento se va a convertir en testigo de las entradas de monarcas y otras personalidades que accedían a la ciudad a través de la inmediata puerta de Triana, pasando el cortejo por delante del convento, que se engalanaba para la ocasión, como la acaecida el 8 de octubre de 1823, en la que llegó a Sevilla procedente de Cádiz Fernando VII, por lo que el Pópulo para agasajar a la familia real que pasaría por delante del convento cubrió su fachada "con bastidores de perspectivas, vasos de colores, piras y fogatas".
     Con la llegada de los franceses en 1810 los agustinos fueron exclaustrados y su convento destinado a cuartel de la milicia nacional de artillería. La iglesia, a petición de los vecinos, fue abierta al culto en 1811. Los religiosos volvieron al Pópulo en 1815 y permanecieron en él hasta la Desamortización de 1835. En el ya ex-convento se instaló la cárcel nacional en sustitución del viejo y maltrecho edificio situado en la calle Sierpes, quedando inaugurada el 3 de junio de 1837 y siendo considerada en su época una de las mejores de España por sus buenas condiciones higiénicas, sus espaciosas galerías y la dotación de buenos servicios. La cárcel será popularmente conocida como del Pópulo y para adaptar el edificio a su nuevo uso se realizaron numerosas obras, llevadas a cabo por la municipalidad, que desfiguraron el convento: se derribó la torre, la iglesia se despojó de sus altares, imágenes y demás enseres litúrgicos, que fueron repartidos por las parroquias de la ciudad que los pidieron; así en 1844 el párroco de San Miguel solicitó las losas de Génova de las iglesias del Pópulo y de San Isidoro del Campo que se guardaban en almacenes, con el fin de pavimentar su templo y sacristía. Finalmente, la iglesia agustina fue derribada en 1843, conservándose solamente su fachada recubierta de ricos paneles cerámicos, según acuerdo de la Junta de Cárceles, "en razón de su mérito, aunque desdijeran algún tanto del uso al que se consagraba el reparado local... tomando el tipo de la cárcel de Tiburn en Londres". El cadalso donde realizar las ejecuciones capitales se enclavó en una azotea labrada al efecto en el muro zaguero del inmueble, "librando a los reos de ese doloroso tránsito de la cárcel al patíbulo por entre la curiosa multitud, y evitando con esto escenas repugnantes y propicias a muchos desordenes".
     En la década de 1940 la cárcel quedó obsoleta trasladán­dose a otra zona de la ciudad, y el edificio fue derribado. Sobre su solar se levantó en 1947 el Mercado de Entradores, una gran estructura arquitectónica debida a Juan de Talavera y Heredia en la que se yuxtaponen varias plantas de viviendas; entre 1974-1977 será transformado y adaptado para mercado de abastos, el del "El Arenal", combinado su uso residencial en los pisos superiores y oficinas municipa­les en los bajos.
ARQUITECTURA
     Como ya hemos señalado, el convento de Nuestra Señora del Pópulo se emplazaba extramuros de la ciudad, en el llamado Arenal, espacio abierto en la margen izquierda del Guadalquivir, entre las puertas de este nombre y la de Triana. Para su construcción el cabildo de la ciudad otorgó a los agustinos descalzos una amplia parcela cuyo deslinde tuvo lugar a fines de 1637. El sitio era llamado "de las eneas" por la abundancia de esta planta en la zona, lo que sin duda determinó la formación del barrio de la Cestería, nacido sobre el muro exterior de la muralla, y en donde los artesanos trabajaban este material. El monasterio era un edificio exento, cercado por una tapia, según se observa en los grabados de la época. Nada ha permanecido de él, sólo las escue­tas referencias de González de León y una somera planta levantada tras la Desamortización nos permiten conocer algo de su configuración. La iglesia "bien labrada y de mucha capacidad" era de tres naves separadas por arcos con decora­ción de molduras sobre pilares. Poseía un "bien formado crucero" con cúpula en el centro, y la techumbre era de bovedillas y encima maderas y tejas al exterior. A la capilla mayor se accedía por cuatro gradas de mármol rojo, existiendo a los dos lados sendas capillas, sirviendo la del lado del evangelio de comulgatorio, que se cerraba con una gran reja. No sabemos si poseía coro a los pies aunque sí consta que tuvo un buen órgano. A los pies de la nave del evangelio se hallaba la denominada capilla del Santo Sepulcro de Nuestro Señor Jesucristo, de pequeñas dimensiones, "en la que apenas cabían tres personas", que se cerraba con una reja con puertas, "de dos varas de alto", y a la que se accedía por tres arcos muy bajos y estrechos sobre robustos pilares con columnas resal­tadas, y cubierta de bóveda ovalada muy plana con claraboya. El espacio estaba recubierto con mármoles rojos y tenía un pequeño altar con un sudario en el que se veía a Cristo difunto. Esta capilla pertenecía a la Hermandad del Santo Sudario y Sepulcro de Nuestro Señor Jesucristo, cuyo hermano mayor, Jorge Jaens junto con Cristóbal de Aspitia, alcalde antiguo, Diego del Castillo Vanderbort y Bernardo Carvajal, hermanos de la dicha Hermandad, conciertan el 28 de marzo de 1713 con el maestro sacador de piedra de cante­ría Francisco Martín y con Leandro de Rivas, la entrega de un total de treinta dos piedras, once negras y veintiuna coloradas, "para la fábrica del sepulcro que tiene acordado hacer de nuevo de piedra de jaspe". En el contrato se detallan las medidas que han de tener los sillares, que debían ser entregados en el mes de mayo de ese año, cuyo precio ascendió a "ciento ocho pesos escudos de a diez reales de plata cada uno". Sobre la iglesia dice Arana de Varflora que tras la inundación del año 1784, fue "hermoseada", sin especificar en qué consis­tió. La sacristía era de planta rectangular y se situaba en el lado de la epístola, a la altura del altar mayor con el que se comunicaba, perteneciendo a uno de los lados del patio principal que se situaba en este costado de la iglesia. El templo poseyó a los pies del lado de la epístola una torre con espadaña de dos cuerpos, como se aprecia en el grabado de Pedro Tortolero, que fue derribada enseguida tras la Desamortización.
     Sí permaneció hasta la década de los años cuarenta del siglo XX en que fue demolida, la gran fachada de la iglesia, de dos cuerpos de altura, que se articulaba mediante colum­nas de orden gigante que separaban sus cinco calles, en las que se disponían ventanas en las dos más extremas y paneles cerámicos polícromos en el resto. Afortunadamente los paños de azulejos se conservan en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, en donde están colocados separadamente. Forman un total de ocho excelentes cuadros de autor anónimo, cuya fecha de ejecución, teniendo en cuenta que la iglesia se inauguró el 6 de mayo de 1666, hay que situar en torno a esa fecha. Presentan una gran calidad técnica y artística con clara influencia de la escuela pictórica sevillana, lo que hace pensar que el autor de su diseño pudo ser un pintor más que un maestro de azulejería. Su distribución en el frontis de la iglesia, a modo de gran fachada-retablo, constituyó un complemento iconográfico de gran riqueza visual y devo­cional, distribución que podemos recomponer con la ayuda del grabado de 1738. Sobre el vano central de medio punto de acceso a la iglesia se situaba el panel cuadrado de Nuestra Señora del Pópulo, representada de medio cuerpo con el Niño en brazos, ambos con coronas. Encima se hallaba el magnífico panel que representaba a San Agustín arrodillado, con el hábito agustino y capa pluvial, mientras que dos ángeles niños le sostienen el báculo y la mitra alusivos a su condi­ción de obispo; en el rompimiento de gloria superior se sitúan Cristo, la paloma del Espíritu Santo y la Virgen sentados sobre tronos de nubes con cabezas de querubines. En las calles laterales de la fachada se distribuyen figuras de santos y religiosos agustinos como delatan sus vestimentas; en el cuerpo inferior a la izquierda un papa y a la derecha un obispo, en paneles rectangulares terminados en semicírculos. En el segundo cuerpo a la izquierda Santa Clara de Montefalco y Santa Mónica en el derecho. Y finalmente en la parte superior San Nicolás de Tolentino y San Juan de Sahagún.
     Según González de León al convento se entraba por una puerta lateral a la izquierda de la iglesia, lo que no concuerda con la visión que nos ofrece el grabado de Tortolero ni la planta del XIX, ya que las dependencias conventuales se distribuyen hacia la derecha. Una vez traspasada la portería, se encontraba el patio principal, que quedaba paredaño con el muro de la epístola de la iglesia; era "de tamaño mediano" de dos pisos de altura y de arcos sobre columnas de mármol en ambos. La planta baja era de galerías abiertas, en donde se disponían "la oficinas necesarias, no muy amplias y algo tristes y oscuras". En el piso superior tenía balcones y era más "extenso, cómodo y muy alegre por as buenas vistas al arrabal y al río". El monasterio hubo de poseer otros patios más pequeños y las piezas de servicio habituales como cocina, corral, huerta, etc. Hay que señalar que en agosto de 1691 el arquitecto municipal Acisclo Burgueño acompañado de Juan Pérez de Saavedra visitaron el Pópulo a fin de dictaminar sobre la solicitud que los religiosos habían hecho al cabildo de la ciudad para labrar una enfermería en la trasera del convento, próxima al Baratillo, de treinta varas de largo, lo que significaba que una de las zanjas de desagüe de las calles Galeras, Menores y Vírgenes quedase dentro del monasterio. Para compensar la donación los agustinos se comprometían a hacer y mantener un husillo de buena albañilería y a mantenerlo en buen estado.
RETABLOS Y ESCULTURAS
     Igualmente son muy escasas las referencias a los retablos y esculturas del convento. Por el testamento del maestro de escultura Andrés Cansino, otorgado el 25 de octubre de 1670, sabemos que éste había hecho "diferentes piesas de escul­tura" para el retablo mayor que estaba realizando Bernardo Simón de Pineda, que no se ha conservado y del que se desconocen sus características estructurales e iconográficas, salvo que estaba presidido por la imagen pintada de Nuestra Señora del Pópulo. González de León señala que a la parroquia de San Juan de la Palma de Sevilla se trajeron dos retablos con sus santos, que no han podido ser identificados, pereciendo quizás en los saqueos de la iglesia en el año 1936.
     Por otra referencia documental sabemos de la existencia en la iglesia del Pópulo de una capilla dedicada a Santa Rita. El 31 de marzo de 1694 el Maestro escultor José de Escobar y el dorador Antonio Gallardo conciertan con el mercader de libros Juan Salvador Pérez la ejecución de un retablo para dicha capilla, "la segunda capilla en la hazera de mano derecha entrando por la puerta de mano derecha". El diseño fue realizado por Escobar aunque nada se especifica en el contrato salvo que ha de ser de madera de pino de Flandes y los adornos en cedro y que en el último cuerpo haría un San Juan Bautista de medio relieve. El costo del trabajo ascendía a 2.600 reales de vellón y debía estar terminado en seis meses. Es la primera obra documentada de José de Escobar, que pasó a la iglesia conventual de San Pablo, actual parro­quia de la Magdalena.
     El 26 de noviembre de 1598 el pintor de imaginería Diego García de Santana y el escultor Matías de la Cruz declaraban tener acabado un Cristo de pasta, del natural, puesto en la cruz con sus potencias y corona de espinas, cuya hechura había sido concertada por veinte ducados por el jubetero Diego García para una cofradía que radicaba en el convento de Nuestra Señora del Pópulo, que antiguamente residió en la parroquia de San Esteban. Ambos artistas reciben el encargo de realizar otra imagen igual para un cliente que se la llevará a las Indias; y como no les daba tiempo a hacerla solicitan permiso a la hermandad para entregar la que ya tienen terminada, obligándose a entregarles la suya para la primera semana de cuaresma del año siguiente, es decir en 1599. Ni de la innominada hermandad ni de la existencia de este Cristo tenemos más noticia.
     En el convento del Pópulo radicó la cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Salud y María Santísima de las Angustias, fundada en 1753 en el convento trianero del Espíritu Santo por Sebastián Miguel Varas y otros castellanos nuevos. El 4 de abril de 1835 se trasladan a la parroquia de San Esteban, y después de pasar por San Nicolás y San Román reside actualmente en el antiguo templo del convento del Valle. Durante su estancia en la parroquia de San Román perdió en los saqueos de 1936 sus primitivas imágenes de las que no se conocen sus autores.
     El 7 de marzo de 1892 el arzobispo de Sevilla don Benito Sanz y Forés cedía a la Hermandad de las Cigarreras de Sevilla un Cristo atado a la columna que procedente del convento del Pópulo se conservaba entonces en la parroquia de la Magdalena. Se trata de una magnífica talla de madera policromada de 1,53 m. de alto, atribuida al círculo de Pedro Roldán y fechada en el último tercio del siglo XVII. Atado a una columna de fuste bajo y con el cuerpo inclinado hacia delante, pleno de naturalismo expresivo. Actualmente la imagen se halla en la parroquia de Hinojos (Huelva) a donde pasó en 1915 al ser sustituida por otra talla de Joaquín Bilbao.
PINTURAS
     El patrimonio pictórico del convento del Pópulo hubo de ser escaso; sólo Ceán Bermúdez anota la existencia de obras de Esteban Márquez en la escalera y coro de los agus­tinos recoletos, sin determinar su número ni los asuntos representados, de las cuales sólo se han localizado hasta la fecha dos, que erróneamente se ha hecho proceder del claustro principal del convento de San Agustín. Se trata del San Agustín y el misterio de la Santísima Trinidad y San Agustín entre Cristo y la Virgen, del Museo de Bellas Artes de Sevilla, que aunque sin firmar ambas reflejan de forma clara el estilo de Márquez, obras, por otro lado, importantes dentro de su producción, cuyo estilo se mueve fielmente dentro de la órbita de Murillo aunque posee características propias que se definen en especial en la expresividad de sus personajes. La primera composición presenta al Santo de pie, vestido con el hábito agustino y con un libro en la mano izquierda; está acompañado por un niño con una concha y respaldado por un fondo marino. En un rompimiento de gloria del ángulo superior izquierdo se halla la Santísima Trinidad. En el segundo lienzo San Agustín se halla de rodillas en el centro de la composición, revestido de obispo, cuyo báculo y tiara aparecen en el suelo, y mirando hacia el rompimiento de gloria de la zona superior en donde se disponen la Virgen y Jesucristo rodeados de una aureola de vaporosas nubes y de angelitos. También puede provenir del convento del Pópulo La Consagración de San Agustín que se conserva en la Casa de Ejercicios Espirituales de San Juan de Aznalfarache (Sevilla), depositada por el Museo, y que constaba en el Inventario de las pinturas depositadas en el Alcázar de Sevilla con el número 388 atribuida a este pintor. Es obra de grandes dimensiones, de formato horizontal, muy adecuada para ser colocada en un gran testero como el de un coro o una escalera, y en ella se distribuyen alrededor de cincuenta personajes, agrupados equilibradamente en dos grupos en varios planos de profundidad en torno a la figura del Santo en momento de su consagración episcopal, composición que deriva de la estampa de Schelte A. Bolwerst incluida en una obra sobre la vida de San Agustín editada en París en 1642, aunque hábilmente recreada por Márquez.
     En el Museo de Odessa se halla una pintura adjudicada a Murillo, que representa a la Virgen con el Niño y San Agustín, atribución que ha sido descartada a favor de Esteban Márquez, y que por su iconografía se ha sugerido su procedencia del convento de San Agustín de Sevilla. Nos inclinamos a pensar que pudo ser una de las que este pintor realizó para el convento del Pópulo.
     En el Museo de Huelva y como depósito del de Bellas Artes de Sevilla, se hallan un total de seis lienzos que representan a pequeño tamaño y de cuerpo entero a San Jerónimo, San Gregorio, San Agustín, San Bruno, San Ambrosio y Santo Tomás de Aquino, atribuidos al pintor sevillano Andrés Pérez, atribución no compartida por Valdivieso, y que se hacen proceder del convento del Pópulo.
     Se desconoce la suerte que tuvo la pintura que representaba a la Virgen del Pópulo que presidía el retablo mayor de la iglesia del convento, cuya iconografía sólo nos es conocida por el panel de azulejos de la fachada del templo conservado actualmente el museo, como va hemos referido, y que la representa de medio busto y con el Niño en brazos. En ninguna de las fuentes manejadas se especifica su autor ni ningún dato otro dato que ayude a su identificación. En el ángulo sur del patio principal cita González de León en un retablo una pintura de "Nuestra Señora", que no ha sido identificada.
     Cinco lienzos que se conservan en el Ayuntamiento de Sevilla se hacen proceder del convento del Pópulo. Se trata, en primer lugar, de una bella y juvenil Inmaculada Concepción adjudicada a Francisco de Zurbarán, que en actitud recogida con las manos unidas al pecho y con la mirada elevada, se dispone ingrávida en el centro de una vaporosa aureola de nubes poblada con cabezas de querubines. Los cuatro lienzos restantes son los bustos que poseen unas mismas dimensiones y que representan a San Atanasio, San Jerónimo, San Agustín y San Gregorio. Son obras anónimas de la segunda mitad del XVII, de modesta factura, cuyo formato original era oval como se advierte claramente en los suplementos añadidos (Matilde Fernández Rojas. Patrimonio artístico de los conventos masculinos desamortizados en Sevilla durante el siglo XIX: Benedictinos, Dominicos, Agustinos, Carmelitas y Basilios. Diputación Provincial de Sevilla. Sevilla, 2008).
Conozcamos mejor la Solemnidad de Santa María de las Nieves o la Blanca;
     Fiesta conocida popularmente por Santa María de las Nieves o la Blanca por la leyenda de la fundación de la basílica de Santa María la Mayor de Roma: el patricio romano Juan tuvo una visión de la Virgen en el 358 que le ordenaba edificar una iglesia en un solar que encontraría cubierto de nieve, lo que comunicó al Papa Liberio, que trazó el plano del nuevo templo en la cumbre del Esquilino, nevada prodigiosamente, por lo que se la conoce como Basílica Liberiana.  Se la encuentra ya registrada en el calendario jeronimiano, pero por ser una celebración local romana, no aparece en los sacramentarios. Hasta el siglo XIV fue una fiesta exclusiva de la basílica, en que se extendió a todas las iglesias de Roma y a otras diócesis. Fue extendida definitivamente a la Iglesia Latina en 1570 por San Pío V Ghislieri, que determinó incluso sepultarse allí, y Clemente VIII Aldobrandini (+1605) la elevó a doble mayor. En el calendario de 1969 fue incluida memoria libre. Aparte de la historicidad de la leyenda, el conmemorar la dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor de Roma nos invita a reflexionar que María es imagen y tipo de la Iglesia, su origen como la primera creyente del nuevo orden salvífico y su representación en el Calvario y ante el sepulcro, así como la esperanza escatológica eclesial de la futura glorificación consumada en su Asunción. El templo material de María, que alberga a Jesús Eucaristía es signo del cristiano, templo vivo del Espíritu Santo (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el desaparecido Convento de Nuestra Señora del Pópulo (primera advocación de Santa Mónica), de los Agustinos Descalzos, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el paseo de Cristóbal Colón, en ExplicArte Sevilla.

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sábado, 27 de junio de 2026

Un paseo por la calle Demetrio de los Ríos

     Por amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Demetrio de los Ríos, de Sevilla, dando un paseo por ella
     Hoy, 27 de junio, es el aniversario del nacimiento (27 de junio de 1827) de Demetrio de los Ríos Serrano, de ahí que hoy sea el mejor día para ExplicArte la calle Demetrio de los Ríos, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      La calle Demetrio de los Ríos es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en los Barrios de La Florida, y San Bernardo, en el Distrito Nervión; y va de la avenida Menéndez Pelayo, a la avenida Eduardo Dato
      La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. 
     En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Desde fecha imprecisa es conocida co­mo calle del Rastro por el edificio de igual denominación que allí fue levantado en el s. XVI; en 1845 es nombrada Rastro Viejo; en l868 se denomina paseo de las Cañadas al que iba desde la Puerta de la Carne a San Bernardo, pero no debió consolidarse, pues en 1877 se acordó darle a ésta el nombre de Marte, por el dios de la guerra, y finalmente en 1921, a petición de la Asociación de Arquitectos de Sevilla, recibió el que actualmente conserva, en memoria de Demetrio de los Ríos (1827-1892), arqueólogo, poeta y arquitecto municipal de Sevilla durante largos años.
     El primer elemento de ordenación de este espacio fue la construcción del Matade­ro en 1489 en las proximidades de la desde entonces denominada Puerta de la Carne, y en el s. XVI el Rastro, mercado de ganado menor, algo más alejado y próximo al curso del Tagarete (plano de Olavide, 1771). Delante del Matadero se forma una plaza, sobre la que hay referencias de los siglos XVI y XVII, pero durante siglos permanece como un espacio marginal. extramuros, idóneo para la acumulación de escombros, de forma que en 1622 se llega a afirmar que los montones de estiércol y basuras prácticamente alcanzan la altura de la muralla, y de pésima fama por la presencia de ladrones, tahúres, tunos y mujeres de mala vida. En 1832 se construyó un paseo, pronto descuidado porque en 1855 se hablaba refiriéndose al mismo "de la que fue la alameda"; de nuevo en 1858 se recompuso el camino en­tre la Puerta de la Carne y el barrio de San Bernardo, en la cartografía del último tercio del XIX se consolida la formación de una vía que partiendo de la Puerta de la Carne pasa entre el Cuartel de Caballería (v. Menéndez Pelayo) y el Rastro por un lado y el Matadero por el otro, atraviesa la vía del ferrocarril y conecta con la calle Monte Rey (actual Eduardo Dato).
     En 1903 fue dotada con pavimento de cemento y en 1906 se aprobó un proyecto de alineación con Monte Rey; en el segundo decenio se procedió a su urbanización definitiva al coincidir una serie de operaciones de gran trascendencia: abovedamiento del Tagarete, adoquinado, nuevo proyecto de alineación, otro de ensanche, y construcción de un paso a nivel para salvar la vía del ferrocarril. Con todo, la transformación más importante la sufrió esta calle en 1924 con la construcción del puente de San Bernardo, que la divide longitudinalmente; así, si en su arranque Demetrio de los Ríos es una vía amplía, dotada con calzada de asfalto, aceras de losetas y farolas de báculo, después queda convertida en dos estrechas callejuelas, separadas por el puente, que morían en las desaparecidas tapias del ferrocarril. El puente fue construido por Juan Talavera y como elementos ornamentales son de destacar sus farolas y los puntos de acceso de las escalinatas. Confluyen por la derecha Rastro, y por la izquierda lo hacen Alejo Fernández y Pedro Roldán. La acera de los pares está formada por un lateral del Cuartel de Caballería, construido a finales del XVIII, que se está rehabilitando como sede admi­nistrativa de la Diputación Provincial, y por el parque de bomberos situado aproximadamente sobre el solar del Rastro, más tarde depósito de carros de limpieza; la zona situada bajo el puente y donde apenas se registra tráfico rodado con frecuencia se encuentra ocupada por los vehículos del parque de bomberos. En la de los impares hay varias casas de tres y cuatro plantas, destacando la que hace esquina a Menéndez Pelayo, con mirador, obra regionalista de J. Talavera y Heredia (1924-25); a continuación se encuentra el mercado de abastos, edificio racionalista de 1927, construido sobre el solar del Matadero, y se conservan unas naves donde en tiempos hubo un tostadero de café, sobre las que se levanta un bloque de pisos.
     Históricamente la funcionalidad de esta calle ha estado estrechamente marcada por la presencia del Matadero. Como queda dicho, éste fue construido en 1489; desde 1545 hay noticias de la costumbre de lidiar los toros, bien dentro del matadero, o en la plaza que había delante del mismo, sobre lo que se dictan distintas medidas: a veces consta la prohibición expresa de lidiarlos (1582), mientras que en otras se alienta su celebración para que se ejerciten los caballeros (1607), e incluso se propone el arreglo de la plaza para que las autoridades puedan asis­tir a las corridas (1593). En 1602 se encontraba en tan mal estado que se solicita que pase a ocupar el edificio del Rastro, pero uno años más tarde se recompuso y allí se mantuvo hasta la década de 1920, si bien ya en los últimos años sus condiciones higiénicas eran pésimas. Cervantes, en El Coloquio de los Perros, hace una descripción del ambiente del Matadero: (Berganza), "Paréceme que la primera vez que vi el sol fue en Sevilla, y en su Matadero, que está fuera de la Puerta de la Carne; por donde imaginara -si no fuera por lo que después te diré- que mis padres debieron ser alanos de aquellos que crían los ministros de aquella confusión, a quienes llaman jiferos. El primero que conocí por amo fue uno llamado Nicolás el Moro, mozo robusto doblado y colérico, como son todos aquellos que ejercían la jifería; este tal Nicolás me enseñaba a mí y a otros cachorros a que, en compañía de alanos viejos, arremetiésemos a los toros y les hiciésemos presas de las orejas. Con mucha facilidad salí un águila en esto". Siglos más tarde, Bécquer recogía en Maese Pérez el Organista la mala fama de la que gozaban los jiferos, o empleados del matadero: "Pues sí, señor. Parece cosa hecha que el organista ele San Román, aquel bisojo que siempre está echando pestes de los otros organistas, aquel pendulariote, que más parece jifero de la Puerta de la Carne que maestro de sol-fa, va a tocar en Nochebuena en lugar de Maese Pérez". Relacionada también con la proximidad del Matadero y el Rastro era la celebración durante los tres días de Pascuas de Resurrección de una feria de ganado lanar en las afueras de la Puerta de la Carne, y la costumbre de comprarles un cordero a los niños, de la que hay noticias entre 1795 y 1865. Actualmente, el mercado de abastos ocasiona cierto movimiento en su entorno por las mañanas y ha dado lugar a la ubicación de establecimientos comerciales en las plantas bajas de los edificios adyacentes; con todo, se ha perdido buena parte de la actividad y animación que hasta su decaimiento ha tenido la Puerta de la Carne. Desde otra perspectiva, Demetrio de los Ríos constituye un punto neurálgico del tráfico rodado de la ciudad, al canalizar el que procedente del sector Eduardo Dato-Nervión­-Gran Plaza accede a la "ronda" y casco histórico a través del puente de San Bernardo; esta alta concentración del tráfico ocasiona momentos de confusión y riesgo cuando los vehículos de bomberos salen precipitadamente del parque, al producirse una situación de emergencia en algún punto de la ciudad. La salida en procesión durante la Semana Santa de la cofradía de San Bernardo es motivo de gran animación y concentración de fieles en el puente. En la actualidad se procede a sustituir las vías del ferrocarril por una calle (v. Juan de la Mata Carriazo) [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la Biografía de Demetrio de los Ríos, a quien está dedicada esta vía
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     Demetrio de los Ríos Serrano. (Baena, Córdoba, 27 de junio de 1827 – León, 27 de enero de 1892). Arquitecto y arqueólogo.
     De familia conservadora, de clase media, estuvo relacionado a lo largo de toda su vida con las ruinas de la antigua ciudad romana de Itálica (Santiponce, Sevilla), a la que, siendo todavía un adolescente, acudía con cierta frecuencia acompañando a su hermano José Amador, secretario de la recién creada Comisión Central de Monumentos y director, desde 1841, de las excavaciones arqueológicas que se llevaban a cabo en aquella ciudad, el cual ejercerá siempre sobre él una verdadera tutela.
     Realizados en Madrid sus estudios de Arquitectura, ganó por oposición la Cátedra de Topografía de la Escuela de Bellas Artes de Sevilla, y a continuación, por concurso, la de arquitecto provincial. Poco después sería nombrado secretario de la Comisión Provincial de Monumentos. En enero de 1853 es elegido académico nato de la Real Academia de Bellas Artes de Sevilla, y en julio de 1862 vocal de la Academia de las Tres Nobles Artes de San Fernando, de Madrid. En 1866 sabemos que es miembro de la Junta de la Exposición Universal de París. En Sevilla se instala, por tanto, a partir de entonces y allí pasa la mayor parte de su vida.
     Casó con Teresa Nostench, de la que tuvo varios hijos, entre ellos la famosa escritora y poetisa Blanca de los Ríos, una de las mujeres más preclaras de su tiempo.
     En enero de 1860 sustituirá a su hermano José Amador en la dirección de las excavaciones arqueológicas de Itálica, en cuyo yacimiento había de desarrollar una importante labor, ya que a él se deben los primeros estudios serios de documentación de aquellas ruinas, en las que se venía trabajando con cierta intensidad desde finales del siglo XVIII, por lo que aprovecha, sobre todo para sus dibujos, documentos y publicaciones anteriores. Otros son originales suyos, como el primer plano que se levanta de la ciudad, el cual ofrece personalmente a la reina Isabel II cuando ésta visita las excavaciones en 1862.
     Como arqueólogo trabaja allí en un primer momento en el anfiteatro y en los conjuntos termales, y posteriormente, en la década de 1870, en el olivar de Las Coladas, donde exhuma diversas casas romanas decoradas con ricos mosaicos que sólo conocemos a través de sus dibujos, pues, abandonados a su suerte, a la intemperie, se perdieron rápidamente. Sus trabajos en el anfiteatro quedarían reflejados en una Memoria (1862), que será premiada por la Real Academia de la Historia y le valdrá el título de comendador de la Orden de Carlos III, y de miembro correspondiente del Instituto Prusiano de la Correspondenza Archeologica de Roma.
     Creado en 1835 el Museo Provincial de Bellas Artes de Sevilla, en el edificio que había sido hasta entonces Convento de la Merced, con el fin de recoger las obras de arte procedentes de las instituciones religiosas a las que se les habían expropiado en virtud de las leyes desamortizadoras, una Real Orden de 16 de diciembre de 1840 dispone que pasen a guardarse allí todos los objetos de Itálica encontrados hasta entonces o que en el futuro pudieran encontrarse, misión que se encarga inicialmente al conde de Montelimón y años más tarde, por Real Orden de 20 de octubre de 1854, a Demetrio de los Ríos, el cual recoge en uno de los claustros de dicho convento los materiales de Itálica que se hallaban dispersos en los más diversos lugares, según la procedencia del director de las respectivas excavaciones, creando la Sección de Antigüedades del Museo, de la que es nombrado director en 1866. Es el núcleo original del actual Museo Arqueológico Provincial.
     Como arquitecto, desarrolló sus trabajos en esta primera etapa en Sevilla y su provincia. Consta expresamente haber intervenido en el Hospital de las Cinco Llagas, el Presidio de San Gerónimo y el Ayuntamiento de Cazalla de la Sierra. Traza, en 1856, con Joaquín Fernández, la escalera del Museo de la Merced, y realiza el proyecto de la fachada del Ayuntamiento, aprobado en 1868, y el de su monumental escalera. A él se debe también, quizá en su calidad de miembro de la Junta Diocesana de Reparación de Templos, que se salvaran de la piqueta numerosas iglesias mudéjares de la ciudad, cuya destrucción había sido ordenada en 1869 por las autoridades de la Junta Revolucionaria que había destronado a Isabel II. Evita también que se destruya la Torre del Oro, aunque permite, siguiendo el dictamen de la Comisión Provincial de Monumentos, la demolición de las murallas de la ciudad. En sus escritos y denuncias a la Real Academia de la Historia queda patente la preocupación que sentía por la conservación del patrimonio artístico en su conjunto, lo que le movió a redactar, en 1874, en su calidad de vicepresidente de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de la Provincia de Sevilla, un manifiesto para que las Comisiones de Monumentos de toda España apoyaran el Proyecto de Ley de Monumentos que se estaba preparando, y a enviar ese mismo año a la Real Academia de San Fernando la lista de monumentos que debían declararse nacionales en la provincia.
     En 1880 se traslada a la ciudad de León, para continuar la restauración de su catedral, sustituyendo a Juan de Madrazo en la reconstrucción de las bóvedas del crucero y de toda la nave mayor, así como en la fachada oeste, que remata imitando la del sur. Trabaja en ella, con notable ligereza en ocasiones (Gómez-Moreno, 1925), a lo largo de doce años, durante los cuales tiene ocasión de intervenir también en las iglesias de San Miguel de Escalada y Santa Cristina de Lena.
     Muy pronto, sin embargo, habían de manifestarse en él diversos achaques de cierta gravedad que culminaron en una hemiplejía, la cual no fue capaz de superar, ni física ni psicológicamente. Las obras de la Catedral, cúmulo de problemas y sinsabores, pudieron más que sus fuerzas, como les había sucedido a sus predecesores en ella, Laviña (1869) y Madrazo (1880). Escribió numerosas obras, hasta formar un conjunto de más de 30 volúmenes, sobre temas muy diversos: arte, arquitectura, arqueología, teatro, poesía, ensayos filosóficos y científicos, y otros, entre ellos algunos libros de texto para sus alumnos, muchas de las cuales quedaron inéditas.
     Colaboró además durante algún tiempo con La Ilustración Española y Americana, revista de bellas artes y actualidades, en la que dio a conocer, en 1875, algunos de sus trabajos en Itálica, y con el efímero Museo Español de Antigüedades, en 1872.
     Entre las obras inéditas podemos destacar aquélla en la que quizá más tiempo había invertido a lo largo de su vida, la Descripción histórico-artística de Itálica, obra para la que realizó, entre los años 1851 y 1880, los dibujos que se guardan en el Museo Arqueológico de Sevilla. En la portada original de dicho libro se titula a sí mismo “Arquitecto de la Real Academia de Nobles Artes de San Fernando, procedente de la Escuela Especial, Catedrático y Académico nato de la de 1.ª clase de Bellas Artes de Sevilla, Secretario de su Sección de Arquitectura, Correspondiente de la Real de la Historia, Miembro de la Diputación Arqueológica de esta Provincia; Arquitecto titular de la misma; Asesor de la Comisión de Monumentos Artísticos é históricos" (Fernando Fernández Gómez, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Demetrio de los Ríos, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La calle Demetrio de los Ríos, al detalle:
Edificio Demetrio de los Ríos, 1
Retablo cerámico Virgen de los Reyes, edificio Demetrio de los Ríos, 3
Parque de Bomberos

jueves, 11 de septiembre de 2025

Los principales monumentos (Iglesia del Salvador y San Luis Beltrán, Real Iglesia Matriz de Nuestra Señora del Rosario, Iglesia de Santa Bárbara, Llano, Peñón, y Mercado de Abastos) de la localidad de Peñarroya-Pueblonuevo, en la provincia de Córdoba

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia del Salvador y San Luis Beltrán, Real Iglesia Matriz de Nuestra Señora del Rosario, Iglesia de Santa Bárbara, Llano, Peñón, y Mercado de Abastos) de la localidad de Peñarroya-Pueblonuevo, en la provincia de Córdoba.
     Tras dejar atrás Belmez, como dormido al pie de su castillo, surgen pocos kilómetros más arriba, y por este orden, Pueblonuevo y Peñarroya, cuya pretérita riqueza minera e industrial las redimió de su condición aldeana y las convirtió, unidas en próspero municipio, en la capital económica del Guadiato. La altiva peña roja se recorta en el horizonte como un ave rapaz vigilante y protectora.
     Villa situada en el Guadiato, junto a la N-432.
     Distancia a Córdoba: 79 Km.
     Altitud: 577 m.
     Extensión: 63,1 Km2
     Habitantes: 12.050.
     Gentilicio: Peñarroyenses.
     Mancomunidad: Valle del Guadiato.
     Peñarroya-Pueblonuevo es la suma de dos núcleos de población. El más antiguo es el primero -toma su nombre de la Peña roja a cuyos pies se extiende-, que ya aparece citado en el siglo XIII. El descubrimiento de las minas de carbón en 1778 por el tratante de ganado José Simón de Lillo, cambió el futuro de esta aldea belmezana, especialmente a partir de la instalación en la zona durante el siglo XIX de importantes compañías industriales y mineras, entre las que destaca la francesa Sociedad Minera y Metalúrgica de Peñarroya. Este desarrollo minero e industrial dio lugar también al nacimiento de Pueblonuevo y de El Terrible en la segunda mitad del siglo XIX, que pronto se unirían en una población, dependiente de Belmez, como aldea, hasta 1894, en que se emancipó, camino que siguió dos años más tarde Peñarroya. Finalmente, en 1927, ambos municipios se fusionaron en uno solo.
Oficina de Turismo de Peñarroya-Pueblonuevo
     +34 957 570 986
     Vídeo promocional: https://youtu.be/wET3FUkmzNc (Diputación Provincial de Córdoba).
     Esta población es el resultado de la unión de Peñarroya y Pueblonuevo del Terrible. La primera de estas localidades consta ya en 1272. Por ser aldea de Belmez, fue transferida en 1464, junto con ésta y Fuente Obejuna, a la orden de Calatrava. Alcanzó su mayor relevancia a partir de 1778, al aparecer en su término las minas de carbón. En el siglo XIX, a causa de la intensa actividad minera que se desarrolla en la zona, surge la localidad vecina de Pueblonuevo, manteniéndose separadas, hasta terminar fusionándose en 1927 (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Peñarroya-Pueblo Nuevo, con su paisaje de viejas chimeneas fabriles (Rafael Arjona. Guía Total, Córdoba. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2009).
     Población serrana y minera de la comarca del Alto Guadiato, antiguo centro industrial cuyo casco urbano, dividido en dos núcleos bien diferenciados, se extiende por una amplia llanura donde se apilan montañas de carbón, al pie de la peña de su nombre.
Historia
     Hasta 1870, Peñarroya era un tranquilo lugar dedicado exclusivamente a la agricultura, cuyo origen se remonta a la existencia de un cortijo en el siglo XIII que, en el XVI, ya como aldea, pasó a depender de Belmez. El nombre actual es corrupción de Peña Roja, que aludía al lugar y color del terreno en el que se asienta.
     En 1870 se descubrieron al sur del pueblo yacimientos de carbón. Este hecho hizo que naciese una nueva población próxima a la existente, a la que llamaron Pueblonuevo y apodaron "del Terrible", en homenaje a la perra de un cazador llamada Terrible, ya que, según cuentan, fue ella la que escarbando un día descubrió la primera veta de carbón. En 1894, Pueblonuevo se segrega de Belmez. Dos años más tarde lo hace Peñarroya, uniéndose ambos pueblos en uno solo, sepa­rados apenas por la calzada de la carretera que lleva a Villanueva del Duque y por el destino de ambos: Peñarroya continúa como pacífica entidad agrícola, en tanto el distrito de Pueblonuevo se convierte en un empo­rio minero e industrial que llega a tener más de 30.000 habitantes a principios del siglo actual.
     La aparición de nuevas energías, fundamentalmente el desarrollo del petróleo, hace entrar en crisis a la minería hacia los años treinta, lo que supone la caída y el cierre de la práctica totalidad de las industrias.
     La ciudad inicia un largo periodo de decadencia, del que parece empezar a salir en fechas recientes, cuando, tras la crisis del petróleo, se instala una central térmica junto al pantano de Puente Nuevo para cuyo abastecimiento de carbón vuelven a explotarse algunas minas de los alrededores de la ciudad.
Gastronomía
     Cocina de gran variedad debido a la llegada de emigrantes de otros lugares de España y de Francia. Entre sus platos más característicos pueden citarse el rairrán, un gazpacho que no lleva pan, sólo ajos, sal, aceite, vinagre y agua; la sopa de patatas y uvas, el escabeche de boquerones, el lechón en adobo y el potaje de bacalao y espinacas.
     Como postre se preparan los obispos a base de huevos, azúcar, aceite, miga de pan, leche, canela en rama y cáscara de limón.
Fiestas
     Del 15 al 18 de agosto se celebra la feria del distrito de Pueblonuevo y del 7 al 11 de octubre la del distrito de Peñarroya. El 4 de diciembre, día de Santa Bárbara, los mineros festejan a su patrona.
VISITA
     Como su nombre indica, la ciudad está constituida por dos núcleos de población cuya precaria unión física, establecida por el istmo que forman la calle Fernando III el Santo y la avenida Lope de Vega, ha quedado rota recientemente con la nueva circunvalación de la carretera nacional 432 Badajoz-Granada.
     Al norte de la circunvalación se localiza el núcleo fundacional de Peñarroya, al pie de la gran Peña Roja que da nombre al pueblo. Es éste un conjunto urbano de casitas pequeñas que tienen su centro en la Plaza Mayor y su edificio más notable en la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, primer templo con el que contó la localidad y cuya construcción data del primer tercio del siglo XVI.
     Al sur de la circunvalación se sitúa el núcleo de Pueblonuevo. Mucho más grande que el anterior, su trazado es también bastante más moderno y geométrico. La ajardinada plaza de Santa Bárbara, con sus amplias perspectivas, constituye el lugar ideal para tomar el pulso a la población.
     En un lateral de la misma se levanta la iglesia de su nombre, gran edificio de ladrillo rojo que refleja el eclecticismo arquitectónico de los comienzos del presente siglo, de cuya época procede.
     Por detrás de la iglesia se alcanza el Mer­cado Sebastián Sánchez, levantado durante los años veinte del siglo pasado (siglo XX) y uno de los primeros edificios de hormigón armado que se construyeron en la provincia.
     Lo más llamativo de la ciudad, no obstante, es el antiguo polígono industrial, situado a un lado de la Ronda de la Paz, fantástico paisaje de chimeneas y de fábricas que mues­tra, aún en su decrepitud, el gran emporio que llegó a ser la ciudad (Rafael Arjona. Guía Total, Andalucía. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).

Iglesia del Salvador y San Luis Beltrán (Peñarroya).-

     Fue levantada entre 1948 y 1965 bajo la dirección del arquitecto diocesano Carlos Sáenz de Santamaría; sigue el esquema de cabecera plana, crucero cupulado y una nave; todas las cubiertas son abovedadas. En la cabecera, a modo de retablo, se ha recompuesto parte del antiguo Monumento Eucarístico para el Jueves Santo, que perteneció a la Catedral de Córdoba, realizado según diseños de Hernán Ruiz III en 1577; cuatro columnas de fuste estriado sobre resaltos sostienen un entablamento quebrado, sobre el que se alza una cúpula de elevado tambor. Otra parte semejante se halla en Jesús Nazareno de Pozoblanco. Lo preside un Corazón de Jesús de­vocional.
     El frente del brazo izquierdo del crucero se adorna con una pintura, fechada en el 2000, del Bautismo de Cristo, mientras en el testero puede verse una imagen devocional del Crucificado Expirante. Desde el crucero se accede a un espacio rectangular en el que se ven diversas imágenes devocionales, entre ellas el Nazareno y la Dolorosa, colocada en un altar relicario procedente de la catedral de Córdoba: hay también dos vidrieras de ángeles, realizadas en 1998 por María Luisa de Alvear y Manuel Nieto Cumplido.
     El brazo derecho tiene una repisa con imagen de vestir de la Virgen del  Rosario, del XVIII, flanqueada por dos pinturas de J. Latorre; de 1965, la Virgen del Rosario protegiendo la villa y Fray Martín de Córdoba entregando a Hernando de Luján las reglas de la Cofradía del Rosario, en 1579. En el muro derecho hay un cuadro de Santa Águeda, de hacia 1700. A los pies, sobre una tribuna, se encuentra un órgano, que se fecha en 1740. Por la nave se disponen varias vidrieras realizadas por Egea Azcona en el taller de A. Mesa.
     Adosado al templo se ha establecido el Museo de Bellas Artes de Nuestra Señora del Rosario, en el que se guardan una serie notable de pinturas contemporáneas firmadas por Julia Hidalgo, José María Báez, Miguel del Moral y Francisco Cosano, entre otros (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     El templo principal de Peñarroya–Pueblonuevo es la Parroquia del Salvador, construida entre los años cuarenta y sesenta por Sáenz de Santamaría, y tiene planta de cruz latina.
     Se le ha adaptado como altar mayor un templete eucarístico procedente de la Mezquita-Catedral de Córdoba, proyectado por Hernán Ruiz III en el siglo XVI.
     Adosado al templo se ha establecido el Museo de Bellas Artes de Nuestra Señora del Rosario, en el que se guardan una serie de pinturas contemporáneas firmadas por una amplia diversidad de artistas (Diputación Provincial de Córdoba).

Real Iglesia Matriz de Nuestra Señora del Rosario (Peñarroya).-
     Aunque su origen está en el siglo XVI, ha sufrido muchas alteraciones a lo largo del tiempo, siendo la última en el año 1983. Es de nave única, techada con hierro y bovedillas a dos aguas, y capilla mayor cubierta por cúpula. El retablo de hacia l700, guarda la imagen de Nuestra Señora del Rosario, fechable en el tercio final del siglo XVI, muy restaurada por Rafael Díaz Peno. El resto de la imaginería es devocional. A la izquierda hay un lienzo del XVIII con el Descanso en la Huida a Egipto, donado por el beneficiado de Córdoba Eduardo C. de Tórtola. En el arco de ingreso hay una pareja de ángeles lampareros de estética setecentista.
     Por el lado izquierdo de la nave hay pinturas de estética barroca de la Virgen del Rosario con Santo Domingo, Santa Teresa en oración, la Piedad, Virgen del Cuchillo, y Santa Rosa. En el testero de los pies, figuran una Epifanía del XVII y por encima una talla pequeña del Crucificado, asimismo del XVII, Santa Teresa inspirada por el Espíritu Santo y Dolorosa con el cuchillo.
     Por el lado derecho pueden verse la Virgen de la Rosa con el Niño y ángeles, una Inmaculada de hacia 1700, Aparición del Niño a San Antonio, y San Francisco. A lo largo de la nave hay un Vía Crucis con las escenas pintadas, de hacia el año 1800 (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     En la cota más alta de Peñarroya se alza la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, cuyo origen se remonta al siglo XVI y que constituye el más importante símbolo de identidad de la localidad en torno a la devoción a la Virgen del Rosario, patrona de la misma.
     La Iglesia de Nuestra Señora del Rosario y sus dependencias anejas conforman una edificación  exenta realizada en muros resistentes de mampostería, enfoscados  y encalados. Posee una sola nave cubierta a dos aguas y presbiterio, separado de aquella por gran arco toral  rebajado que descansa sobre potentes pilares. El presbiterio es de planta cuadrada y se cubre por cúpula  que, exteriormente, destaca por su mayor altura. En el muro Sur se abre la sencilla portada principal compuesta por  arco de medio punto entre pilastras.
     Adosadas al templo existen varias dependencias: De acceso al camarín tras la cabecera, en el lado Este, y otras, situadas en el costado Norte, destinadas a despacho parroquial, sacristía y patio con la escalera de acceso a la espadaña. Esta se sitúa a los pies y consta de dos cuerpos de campanas.
     Esta iglesia ha sido restaurada recientemente. La restauración se ha llevado a cabo sin tener en cuenta los materiales originales, habiendo colocado solería de gres, un zócalo de azulejo tipo "sevillano" y un falso techo de madera (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La Iglesia matriz o Ermita de Nuestra Señora del Rosario de Peñarroya-Pueblonuevo data del S. XVI, aunque ha sufrido numerosas restauraciones, la última de ellas en el año 1983.
     Es de nave única, techada con hierro y capilla mayor cubierta con cúpula.
     Además de la imaginería devocional que contiene el templo, cabe destacar que a lo largo de la nave puede observarse un Vía Crucis con las escenas pintadas, fechado en el año 1800 aproximadamente (Diputación Provincial de Córdoba).

Iglesia de Santa Bárbara (Pueblonuevo).-
     Construida en 1918 y restaurada en la década de 1980, presenta planta de cruz con nave y capillas laterales. En el presbiterio se adaptó en 1921 un retablo salomónico del XVIII, procedente de la capilla de los Santos Mártires Acisclo y Victoria, de la Catedral de Córdoba. Lo preside un Crucificado actual entre las imágenes de Santa Bárbara, de estética barroca, que vino de Lucena, y San José con el Niño, de serie. Hay a los lados ángeles lampareros del XVIII.
     Los frentes del crucero se adornan con pinturas contemporáneas de la Oración del Huerto, a la izquierda, y de San José con el Niño a la derecha, obra de Manuel de Torres. Los testeros del crucero se adornan con retablos contemporáneos que muestran el Corazón de Jesús en el izquierdo, y la Virgen del Carmen en el derecho. Las cuatro capillas de la izquierda guardan imágenes devocionales de San Isidro, Resucitado y la Virgen, una pintura de la Virgen del Carmen y las ánimas, y finalmente, la Virgen de la Esperanza, imagen de vestir hecha en 1992 por Miguel Arjona.
     Por el lado derecho hay tres capillas, la prime­ra con retablo actual con la Inmaculada, la segunda con Nuestra Señora de los Dolores, anónima, traída en 1955 y la urna con el Yacente, tallado en 1938 por Amadeo Ruiz Olmos; en la última capilla hay un Nazareno de vestir, devocional, del primer tercio del siglo XX (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Según la ficha de los lugares vinculados al Patrimonio Industrial de Peñarroya-Pueblonuevo, se trata de una Iglesia de tres naves siendo la principal de mayor altura cubierta por bóveda de cañón y dos naves laterales menores que contrarrestan el empuje horizontal. La nave principal posee iluminación mediante huecos  acabados en arcos de medio punto siendo ésta la única iluminación existente en el interior de la iglesia pues se trata de un edifico entremedianeras.
     El transepto coincide con el presbiterio e insinúa levemente una planta de cruz latina.
     El coro, apoyado sobre tres arcos, es rectangular y de mediana superficie sin que presente ningún tipo de ornamento ni características reseñables.
     Centrada sobre la fachada principal se levanta una torre cuadrada con tres cuerpos, el primero alberga las campanas, el segundo un reloj con cuatro esferas y el último es prismático cubierto de azulejos y que, antes, estuvo rematado por una cruz.
     Adosada al ala derecha se encuentra una edificación de dos plantas que hace las veces de sacristía, archivos y sala de reuniones aunque en la actualidad ya no conserva esas funciones (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La Iglesia Parroquial de Santa Bárbara fue construida en el 1918 y restaurada en la década de los 80.
     Presenta planta de cruz latina con nave y capillas laterales.
     Los frentes del crucero se adornan con pinturas contemporáneas de la Oración en el Huerto y de san José con el niño.
     La capillas guardan imágenes devocionales, pinturas, retablos y urnas de diversas características, estilos, autores y fechas (Diputación Provincial de Córdoba).

El Llano.-
     De acuerdo con su origen más reciente, Pueblonuevo es el distrito de mayor dinamismo comercial, con calles rectas y mejores edificios.
     Su corazón urbano es la ajardinada Plaza de Santa Bárbara, más conocida por El Llano, en la que se levanta la parroquia de la misma advocación, claro ejemplo del eclecticismo arquitectónico de principios de siglo; fue terminada en 1916, y muestra al exterior una fachada de rojo ladrillo, que se prolonga en torre.
     El establecimiento de la compañía SMMP favoreció la construcción de edificios proyectados por franceses para acoger servicios de la empresa, como la Dirección, la antigua Clínica Santa Bárbara, la Biblioteca pública, e incluso viviendas unifamiliares de gusto francés conocidas aún por «Casas de los Franceses» (Diputación Provincial de Córdoba).

El Peñón.-
     Los amantes de la Naturaleza podrán disfrutar de la subida al Peñón, dónde podrán disfrutar de las maravillosas vistas que ofrece del Valle del Guadiato, así como del municipio de Peñarroya–Pueblonuevo.
     A lo largo de la subida se podrá diferenciar la amplia gama de colores de la vegetación mediterránea.
     Cabe destacar, ya en la cima, las esquemáticas pinturas rupestres situadas en el “Abrigo de la Virgen” (Diputación Provincial de Córdoba).

Mercado de Abastos.-
        Según la ficha de los lugares vinculados al Patrimonio Industrial de Peñarroya-Pueblonuevo, se trata de un edificio de uso público formado por una construcción de una altura más sótano. Presenta tres accesos en dos de sus fachadas donde se generan tres pasillos intermedios que junto a uno perimetral distribuyen el espacio interior. Los accesos a sótano se realizan desde el exterior mediante dos escaleras situadas en dos esquinas opuestas aunque también hay un acceso por una escalera interior. Su estructura es de hormigón armado y su cubierta se divide en tres cuerpos a dos aguas existiendo perimetralmente una cubierta plana que rodea al edificio.
     Fue uno de los primeros edificios públicos construidos en hormigón armado dentro del municipio. Esta independencia entre la estructura y el cerramiento le permitió adquirir una gran transparencia en sus fachadas caracterizando al edificio por sus grandes vanos, que más tarde fueron acristalados, y que aportaban una gran luminosidad, sin embargo, todavía mantiene ciertos aspectos que recuerdan a la arquitectura neoclásica en su fachada de líneas rectas como pueden ser los "capiteles" en la parte superior de los pilares de hormigón, el frontón triangular que aparece en sus dos fachadas principales por donde se da acceso y en general en la composición de las líneas de fachada que representan el orden y la simetría.
     Actualmente se tienen numerosas dudas sobre el estado de conservación del edificio. Al final de la década de los ochenta se realizó una intervención de refuerzo de su estructura consistiendo en su mayor parte en el refuerzo de las jácenas. Esta intervención modificó también el color de sus fachadas para adquirir el característico color rosa que actualmente posee y eliminó dos escaleras laterales que daban acceso desde la calle Simón de Lillo.
     Recientemente estaban proyectados un importantes trabajos de mantenimiento y embellecimiento, pero al comenzar a destapar algunas estructuras se ha encontrado que éstas sufren una seria patología que, estando aún en fase de estudio se piensa que es debida, en parte al mal uso y desconocimiento de la técnica del hormigón armado, y en parte a los muchos años de estar sufriendo filtraciones de aguas procedentes de los puestos de los vendedores especialmente de los pescaderos pues las aguas que estos vierten son muy salinas.
     Hasta 1925 en Pueblonuevo del terrible no existía un mercado de abastos propiamente dicho sino que el mercado se celebraba, y no todos los días, al aire libre en un solar que se extendía entre las actuales calles Juan Carlos I y Federico García Lorca, solar que luego pasó a ser la actual plaza de Eulogio Paz aunque todo el mundo la conoce como Plaza de las Ranas por una fuente que allí hubo con ranas de cerámica.
     El mercado al aire libre era la fórmula que se usaba en todas las localidades de la  comarca y solamente en Córdoba había, desde 1896, un mercado cubierto que ocupaba y asfixiaba la totalidad de la plaza de la Corredera.
     Para los años veinte del siglo pasado Pueblonuevo del terrible había adquirido gran pujanza y su población se había multiplicado varias veces, lo que supuso un incremento de la demanda en todo tipo de abastecimientos.
     Dentro de la política de grandes obras públicas en tiempos de la dictadura de Primo de Rivera, se acometió la construcción de un matadero municipal que asegurase tanto el suministro de carne como de higiene. Por el mismo motivo, hacia 1925 se creyó conveniente dotar al municipio de un mercado de abastos.
     Para ubicar el mercado un propietario local que además era farmacéutico y concejal cedió el solar donde está emplazado el edificio y, parece ser, que lo hizo gratuitamente con la sola condición de que el nuevo mercado llevase su nombre.
     Este solar estaba ubicado en un lugar que parece muy atractivo, sin embargo para 1926 las grandes inmigraciones ya habían cesado casi por completo y la práctica totalidad del núcleo urbano de Pueblonuevo del Terrible ya estaba conformado y con una distribución tal y como ahora se conoce.
     Eso puede significar que, posiblemente este solar cedido por don Sebastián Sánchez, había quedado aislado, sin albergar construcciones y puede que algo devaluado, lo que facilitaría su cesión y el comienzo inmediato de las obras.
     Cuando se inauguró el mercado reunía muchos de los adelantos disponibles en la época para este tipo de instalaciones, por ejemplo disponía de montacargas y de algo tan avanzado como cámaras frigoríficas para la conservación de carnes y pescados (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
 
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia del Salvador y San Luis Beltrán, Real Iglesia Matriz de Nuestra Señora del Rosario, Iglesia de Santa Bárbara, Llano, Peñón, y Mercado de Abastos) de la localidad de Peñarroya-Pueblonuevo, en la provincia de Córdoba. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia cordobesa.

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