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domingo, 28 de diciembre de 2025

Los principales monumentos (Iglesia de la Purísima Concepción, Ermita de Nuestra Señora de Altagracia, y La Laguna) de la localidad de Higuera de la Serena, en la provincia de Badajoz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de la Purísima Concepción, Ermita de Nuestra Señora de Altagracia, y La Laguna) de la localidad de Higuera de la Serena, en la provincia de Badajoz.
     Se enclava entre el Valle y Zalamea, próxima a esta última, de la que dependió como aldea hasta el siglo XVIII, según indica su antiguo apelativo de Valle de Zalamea, pasando luego a integrarse, al igual que el Valle, en la jurisdicción Señorial de los Murillo de Castuera.
     Tipo de Entidad: Municipio
     Superficie Término: 71,1 Km2
     Altitud: 473 m.
     Distancia Capital: 141 Km.
     Partido Judicial: Castuera
     Comarca: La Serena
     Gentilicio: Higuereño
Ayuntamiento de Higuera de la Serena
     Plaza de España, 1
     06441 Higuera de la Serena (Badajoz)
     Teléfono: 924771451
     Fax: 924771471
Historia.-
    Se enclava entre el Valle y Zalamea, próxima a esta última, de la que dependió como aldea hasta el siglo XVIII, según indica su antiguo apelativo de Valle de Zalamea, pasando luego a integrarse, al igual que el Valle, en la jurisdicción Señorial de los Murillo de Castuera. En la actualidad, con su millar y medio de vecinos, continúa constituyendo núcleo menor que aquellas.
     En la población perdura su carácter agrario tradicional, manteniendo sus edificaciones y configuración morfológica la fisonomía característica de la arquitectura popular más representativa en el partido judicial; esto es, fachadas encaladas con recercos de granito en puertas y ventanas, grandes chimeneas, etc. En la actualidad, edificaciones de nueva planta surgidas sobre todo en las áreas periféricas, ajardinamientos y otras realizaciones, patentizan la evolución de la población, que sin perder su sabor y pintoresquismo ha sabido evolucionar de acuerdo con los tiempos.
     Desviándonos unos pocos metros en la misma carretera que no lleva desde Zalamea hacia Higuera podemos ver el Charcón de Zalamea, obra construida en el s. XIX siendo uno de los regadíos más antiguos de la provincia. Pero Higuera tiene su mayor atractivo en las Sierras de Guadámez y en las tablas de agua que se forman en el río Guadámez, a unos 5 km. del pueblo por el camino de los Quintos de Guadámez (Diputación Provincial de Badajoz).
Monumentos.-

     En el dominio monumental y artístico la construcción más señalada de la localidad es la iglesia parroquial de la Purísima Concepción, obra de mampostería encalada que se levanta en el centro del caserío.
     El edificio tiene su origen en el siglo XVI, habiendo sido remodelado en el XVII y en otras ocasiones posteriormente. Su cuerpo es de reducidas proporciones, con torre a los pies de la misma estructura compositiva que la nave. En la base presenta portada de granito y como remate un edículo moderno con cimera de chapitel. Sobre el costado de la Epístola se sitúa un arco cobijo entre contrafuertes de disposición tardía, sobre el que luce un escudo.
     El interior es de nave única, muy transformada, con arco toral de granito y angosta cabecera con bóveda de crucería sobre la que se destaca al exterior un minúsculo esquilón (Diputación Provincial de Badajoz).

Iglesia de la Purísima Concepción.-
     Obra originaria del siglo XV (1489), remodelada posteriormente en el XVII. Se trata de un edificio de regulares proporciones, ejecutado con mampostería encalada, y portada con esquinas de cantería. La planta es de nave única con cinco tramos, cubierta mediante bóveda de lunetas. A los pies se sitúa un coro de somera que se estructura con baranda de madera, apoyado sobre columnas graníticas. La cabecera es de planta cuadrangular, separándola de la nave un arco toral apuntado de granito, que evidencia ser de lo más antiguo de la construcción. Este espacio lo cubre una singular bóveda de crucería de modelo no habitual.
     Sobre el costado de la Epístola se adosan dos reducidas capillas, una con su cúpula, y a continuación la sacristía. Al exterior destaca el macizo torreón centrado sobre los pies, por encima del cual se dispone un segundo cuerpo menor con remate en capitel.
     Por el lado de la Epístola la construcción presenta cinco estribos de mampostería encalada y un arco sobre la portada, que confieren a esta fachada un notable interés formal. Las portadas son de granito, correspondiendo la mayor antigüedad a la de este costado. Sobre el arco toral se sitúa una mínima espadaña correspondiente al esquilón. En diversos puntos de los muros del templo se adosan escudos y blasones nobiliarios (Ayuntamiento de Higuera de la Serena).

Ermita de Nuestra Señora de Altagracia.-
     La construcción de la ermita se remonta al siglo XV por iniciativa de Juan de Zúñiga, último Maestre de la Orden de Alcántara, en el lugar donde la tradición sitúa la aparición de la imagen de la virgen. Algunos restos de muros de piedra que albergaba el edificio principal y una construcción secundaria, que sería utilizada como casa del ermitaño y posiblemente albergue para los peregrinos. La ermita cuenta con una planta de una sola nave con dos estancias adosadas, que presumiblemente harían las veces de sacristía. Su construcción es sencilla, con muros de mampostería y refuerzos puntuales en piedra, que pueden pertenecer a un edificio anterior sobre el cual se construyó el actual. El acceso nos da una pista de la cubierta a dos aguas que cerraba el edificio, lamentablemente perdida por completo. En su interior, quedan pocos restos de su decoración mural (Ayuntamiento de Higuera de la Serena).

La Laguna.-
     El uso tradicional de La Laguna, como el de otras charcas, como no podía ser de otra manera, su condición está directamente e íntimamente ligada al sector agrícola- ganadero. De tal modo que sus aguas eran un punto de encuentro para el alivio del ganado: ovino, caprino y vacuno principalmente. Recordemos que Higuera de la Serena desde 1494 forma parte de la Real Dehesa de la Serena, integrada por 18 villas que siempre destacaron por la gran calidad de sus pastos en la Península Ibérica, muy apetecibles para los grandes rebaños trashumantes invernales.
     Aunque su aureola es de un calado mucho más amplio y profundo: como zona de pesca, caza o de lavadero de la ropa, ya que hasta allí se desplazaban algunas mujeres higuereñas, con sus paneras para lavar la ropa.
     En su entorno inmediato más próximo, destacan fecundas huertas provistas de pozos, albercas y alguna que otra noria. Y como propio de estas latitudes se manifiesta, la triada mediterránea, representadas en el cultivo de la vid, el olivar y tierras para el cereal (Ayuntamiento de Higuera de la Serena).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de la Purísima Concepción, Ermita de Nuestra Señora de Altagracia, y La Laguna) de la localidad de Higuera de la Serena, en la provincia de Badajoz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia pacense.

Más sobre la provincia de Badajoz, en ExplicArte Sevilla.

sábado, 28 de junio de 2025

Los principales monumentos (Necrópolis Judía, Ruta de las Lagunas Amarga y Dulce, Centro Temático del Bandolerismo Romántico, Centro Enogastronómico Olivino, Museo de Automoción Antigua, Basílica de Coracho, Centro de Interpretación de la Artesanía y Tradiciones, Casa Museo Virgen de Araceli, Palacio de los Condes de Santa Ana, Castillo del Moral, Museo Arqueológico y Etnológico, y Cueva del Ángel) de la localidad de Lucena (y IV), en la provincia de Córdoba

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Necrópolis Judía, Ruta de las Lagunas Amarga y Dulce, Centro Temático del Bandolerismo Romántico, Centro Enogastronómico Olivino, Museo de Automoción Antigua, Basílica de Coracho, Centro de Interpretación de la Artesanía y Tradiciones, Casa Museo Virgen de Araceli, Palacio de los Condes de Santa Ana, Castillo del Moral, Museo Arqueológico y Etnológico, y Cueva del Ángel) de la localidad de Lucena (y IV), en la provincia de Córdoba.


Necrópolis Judía.-

     La construcción de la Ronda Sur de Lucena en el año 2007, motivó el  descubrimiento de una necrópolis que tras su excavación puso al descubierto unas 346 tumbas, constituyendo un hito, por la novedad de sus aportaciones, en el estudio de las necrópolis judías del período andalusí califal y postcalifal (siglos X-XI).
     El sitio arqueológico se extiende por la ladera noroeste del Cerro Hacho. Las estructuras funerarias se adaptan a la topografía del terreno. No se realizaron aterrazamientos artificiales del terreno natural y los enterramientos se excavaron en la marga geológica.
     Espacialmente los investigadores aprecian diferentes grados de concentración de las sepulturas, aumentando progresivamente los agrupamientos hacia el norte y el sudeste del yacimiento. Los límites de la necrópolis no se ha establecido, aunque hacia el este van disminuyendo.
     Las sepulturas aparecen orientadas de Oeste a Este, no existen superposiciones. El ritual de enterramiento es el de inhumación, en fosa y siempre sobre tierra estéril. Los individuos se depositan siempre de forma individual, en decúbito supino, normalmente con la cara mirando al este.
     No aparece ningún tipo de ajuar, tanto ritual como de adorno personal, ni tampoco elementos de sujeción de sudario (agujas) o clavos (parihuelas o ataúdes).
TIPOS DE TUMBAS
     Los investigadores han distinguido tres tipos y dos subtipos
     1.- Fosa sencilla. Consiste en una fosa con diseño variable que puede ser Simple o de tipo Cámara, Covacha o nicho lateral, esta última es la segunda en importancia en toda la necrópolis. 
     2.-Fosa escalonada. Esta forma es la más común de la necrópolis con 176 tumbas que constituyen el 51,16% del total. Se caracteriza por presentar un escalón, bien en los laterales norte y sur, bien en todos sus lados, y que servía para separar la parte inferior de la fosa, con el difunto en hueco, con la superior rellena de tierra extraída al realizar la fosa. Ambos niveles quedarían separados con materia orgánica vegetal, tipo tablazón o tablero de madera, o bien con piedras o tegulae.
     3.-Fosa mixta. Realmente es la unión de dos de los tipos anteriores en una sola fosa. Se unen una fosa escalonada con una covacha o nicho lateral.
     Atendiendo a la planta de fosa superior se distinguen cuatro formas básicas: Rectangular, Ovalada, Oval y Cuadrada. 
     Atendiendo a la planta de fosa inferior pueden ser  Rectangular, Ovalada, Oval y Antropomorfa.
     Del total de tumbas localizadas, 142 no presentan restos humanos conservados, básicamente debido a tres posibles factores: la edad de la defunción (ancianidad o infancia), la acidez del terreno, o la inexistencia de los mismos por no haber sido utilizada. De los casos en los que si aparecían restos (196), en tan sólo 117 se ha podido recuperar material óseo, aunque muy fragmentario y en muy mal estado de conservación.
     En cuanto a la cronología de esta necrópolis, los investigadores en un principio pensaron que podría tener una amplia cronología, entre una fase tardoimperial y el inicio de la cultura andalusí. Ello se debía a diversos elementos fundamentales. En primer lugar a la aparición de tegulae cubriendo algunas de las estructuras, se apreciaban posibles tumbas de fosa con cubierta de tegulae a la capuchina. Por otro lado las citas bibliográficas tanto antiguas como recientes aludían en este paraje a la existencia de un yacimiento romano, por la aparición de abundantes tegulae, y por la existencia de una alberca. Y por último, la aparición de un fragmento de borde de terra sigillata africana, tipo 52 de Hayes ó clara C, dentro del relleno superior de la tumba 10 apuntaba la hipótesis de haber encontrado la necrópolis de este hipotético yacimiento romano.
     Por otra parte hay elementos divergentes, como la presencia de fosas muy profundas, la inexistencia de ajuares, la inexistencia de restos de época romana en un radio de unos cinco kilómetros. Se pensó en la posibilidad de que se tratara de una necrópolis judía, hecho que fue confirmado al localizarse una lápida funeraria con caracteres hebreos dentro de la fosa 239. La aplicación de dataciones radioactivas sobre diferentes muestras de restos de la necrópolis ofrecen una cronología de los siglos X-XI.
     En la actualidad, el lugar se ha acondicionado para las visitas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     En el 2006, la construcción de la ronda de circunvalación de la zona sur de Lucena pusieron al descubierto un cementerio de época medieval andalusí. Aparecieron unas 346 tumbas que se adaptaban a la topografía del terreno en las que el  ritual de enterramiento utilizado fue la inhumación, en fosa simple o doble, a veces con nicho o covacha lateral tapada con lajas o tégulas romanas. Los restos óseos que determinaron un periodo altomedieval de entre los años 1000 y 1050 coincidían con las fechas de mayor esplendor de la Lucena judía.
     Incluso se halló una lápida funeraria con caracteres hebreos, con una cronología de  entre los siglos VIII y IX por el tipo de letra, analizada por el doctor en Filología Semítica Jordi Casonotas (Diputación Provincial de Córdoba).

Ruta de las Lagunas Amarga y Dulce (Lucena - Jauja).-

     El acceso se puede realizar desde el aparcamiento situado junto a la A-3131, km 11. Desde allí, existe un recorrido oficial fijado por la Consejería de Medio Ambiente y que nos lleva a varios puntos de observación entre la Laguna Amarga, de aguas permanentes y la Laguna Dulce, de carácter estacional, llegando a desecarse por completo en años de sequía.
     Además de abundante flora existente, se pueden apreciar diferentes especies de avifauna como, por ejemplo, el porrón común, el ánade azulón, el somormujo lavanco, la focha moruna y común, el pato cuchara, el calamón, la gallineta, el malvasía cabeciblanca o el zampullin común o el cuellinegro, entre otros.
     Hay que señalar que el sendero termina en el mirador de la laguna Amarga, donde hay unos paneles de información medioambiental. Se recomienda llevar prismáticos. El recorrido es de ida y vuelta (Diputación Provincial de Córdoba).

Centro Temático del Bandolerismo Romántico en Jauja.-
      En el Centro Temático del Bandolerismo Romántico el visitante tendrá la oportunidad de conocer a fondo el fenómeno del bandolerismo romántico.
     En este edificio de diseño vanguardista, se albergan, en cuatro plantas de exposición, las más modernas tecnologías expositivas, como hologramas, audiovisuales, y una sala de proyección en 3D.
     El Centro Temático del Bandolerismo Romántico forma parte de la red de recursos pertenecientes a la oferta de Tierras de José María el Tempranillo, que abarca las provincias de Córdoba, Sevilla y Málaga (Diputación Provincial de Córdoba).

Centro Enogastronómico Olivino
.-
     El Centro Enogastronómico Olivino de las Navas del Selpillar, se enmarca dentro de la Red Vinarea, de espacios de dinamización turística representativos de la identidad y temáticas del territorio, creada desde el Plan de Dinamización Turística Ruta del Vino Montilla-Moriles. El proyecto refuerza la coherencia territorial de la comarca, integrando en el programa de desarrollo el turismo, la cultura, la gastronomía y la naturaleza.
     El centro se ubica en plena Vía Verde del Aceite, en la antigua estación de Las Navas, recuperada para este fin, a medio camino entre el Parque Natural de la Subbética Cordobesa y la Campiña.
     Cuenta con zona de aparcamientos; un moderno centro de información dotado de material audiovisual e interactivo sobre el paisaje y la gastronomía de la zona y su vinculación a los cultivos tradicionales del olivar y el viñedo; sala de proyecciones, ubicada en los antiguos depósitos; taberna; terraza y un mirador para la interpretación del paisaje y el firmamento (Diputación Provincial de Córdoba).

Museo de Automoción Antigua.-
     El Museo de la Automoción Antigua de Lucena se encuentra ubicado en el segundo hangar de RENFE, en el Centro de Ocio y Turismo la Estación. El edificio, el mejor conservado de la arquitectura industrial del último tercio del siglo XIX de la localidad, fue inaugurado tras un proceso de rehabilitación.
     Además del Museo, el edificio alberga las sedes de la Asociación de la Automoción Antigua y la del Club de Ciclismo Lucentino. La muestra de coches, motos y piezas relacionadas con la automoción antigua no será permanente sino que irá rotando mensualmente cada mes de forma que los visitantes puedan conocer vehículos diferentes, propiedad de los 38 socios que componen la Asociación (Diputación Provincial de Córdoba).

Basílica de Coracho.-

     El yacimiento de Coracho se encuentra al sur de la ciudad de Lucena y en el centro de su término municipal. Se ubica sobre una formación de yesos y margas del Triásico, que, por la acción erosiva de los ríos y arroyos cercanos. En uno de ellos se construyeron los restos del yacimiento de Coracho. 
     Hay una ocupación del lugar previa correspondiente al Bronce final, testimoniado por materiales cerámicos a mano completos, piezas líticas en sílex y pulimentos, o estructuras de silos.
     El sitio arqueológico se compone de una basílica de 747 metros cuadrados de superficie y de una necrópolis de 325 individuos. Se desarrolla durante tres periodos históricos destacados: construcción como basílica martirial, consagrada posteriormente a los mártires de las grandes persecuciones y, ya en época bizantina, incorporación de un banco sacerdotal al ábside. Esta sería una de las iglesias más antiguas del siglo IV d.C.
     El edificio primitivo contaría con una estructura rectangular típicamente basilical, en la línea de la tradición romana de este tipo de construcciones, con tres naves, la central de mayor tamaño, entrada por su lado Suroeste, cabecera inscrita en su lado occidental en forma de omega, amplio espacio a los pies de la basílica (casi tan grande como la nave central) y cubiertas de madera. La técnica constructiva, basada en materiales pobres, morteros terrizos y madera, revela una limitada disponibilidad de medios que, sin embargo, reserva para el interior unas columnas relativamente grandes con basas de mármol de buena factura. 
     Se trata de una de las basílicas más antiguas de la Península, edificada con un alto grado de probabilidad durante el reinado de Constantino o, al menos, durante la primera mitad del siglo IV d.C. Está dedicada al culto de los mártires, y los paralelos más cercanos que posee están en la propia Roma y en el norte de Italia (Aquileia). Su ábside mirando a occidente, el deambulatorio para rendir culto a las reliquias y los materiales de la necrópolis nos hablan de un yacimiento único en España por su antigüedad.
     Posteriormente tiene una fase bizantina, donde se construye un synthronon (o banco corrido para los sacerdotes, necesario en el rito oriental) y se monumentaliza el ábside con lo que se denomina "arco triunfal". 
     Más tarde, tras la conquista visigoda de toda la región, se transforma la iglesia a los usos litúrgicos visigodos, que requerían una nave central separada para los clérigos y un ábside orientado al Este.
     En el año 2003 y con motivo de las obras para la realización de la A-45 en el tramo entre Lucena Sur-Encinas Reales, en junio de 2003 fueron descubiertos los restos. Tras una Intervención Arqueológica de Urgencia se descubrió la estructura arquitectónica de la basílica de las que se conservaba especialmente su cimentación y de la necrópolis con 325 individuos.
     Tras la intervención, el Ministerio de Fomento financió el traslado de la Basílica al Polígono Industrial La Viñuela, convirtiéndose así en una de los grandes activos patrimoniales de Lucena. Fue inaugurada el 17 de octubre de 2008 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El proyecto  permitió recuperar una de las primeras basílicas constantinianas de Hispania y pilar básico para el conocimiento y la difusión del origen del cristianismo en la Península Ibérica.
     El Centro de Interpretación de la Basílica y el Origen del Cristianismo fue inaugurado en el 2008, recuperando y poniendo en valor este importante yacimiento que apareció en el Paraje de Cortijo Coracho.
     La Iglesia de planta basilical, asociada a una necrópolis, tiene una cronología  de entre los siglos IV al VII. Su origen se remonta a  los primeros momentos de legalización imperial del cristianismo en la época constantiniana, primera mitad del siglo IV.
     La visita al Centro de Interpretación permite contemplar una nave central separada de las laterales por columnas y coro, un ábside occidental semicircular con banco sacerdotal en su interior, un baptisterio o mausoleo exento a los pies y un ábside rectangular en su lado oriental (Diputación Provincial de Córdoba).

Centro de Interpretación de la Artesanía y Tradiciones.-
     El edificio de la estación, en su planta inferior alberga el Centro de Interpretación de la Artesanía y las Tradiciones de Lucena, en el que encontramos información sobre las fiestas y la artesanía lucentina, representada por productos como los vinos, el aceite de oliva, la tradición “velonera” y la orfebrería religiosa, la madera, la ancestral tinajería o la alfarería.
     El centro cuenta también con una Oficina Comarcal de Información Turística y espacios dedicados a la estación, la Vía Verde y la Subbética, sala de proyecciones y tienda de recuerdos. Junto a un mirador, en la primera planta se ubica la Delegación de Turismo, asociaciones del sector y la Red para el Desarrollo Turístico de las Ciudades Medias del Centro de Andalucía (Diputación Provincial de Córdoba).

Casa Museo Virgen de Araceli.-

     La conocida como “Casa de la Virgen”, hoy sede social de la Real Archicofradía de María Santísima de Araceli y museo aracelitano, fue adquirida por los “hermanos sirvientes” de Nuestra Señora en 1750, para hospedaje de los mismos y custodia de los enseres de la Patrona.
     En tiempos pasados, con una importante población rural, fue lugar de referencia y asilo para las visitas de los campesinos a la ciudad.
     Perdida esta importante función, se ha convertido en sede social de la importante devoción aracelitana, centro de actividades culturales y museo que muestra en sus vitrinas una hermosa colección de mantos bordados, tronos y todo tipo de enseres, así como documentos relacionados con la rica historia de Nuestra Señora de Araceli (Diputación Provincial de Córdoba).

Palacio de los Condes de Santa Ana.-
     Es un palacio barroco de gran nobleza que se pone de manifiesto en una alargada fachada de dos cuerpos, de sillares y ladrillo con paramentos de mampostería respectivamente. El primero tiene ventanas con marcos rehundidos de orejetas y el segundo balcones enmarcados por pilastras y frontones rotos con aparatosas remates piramidales. Bajo dichos balcones cuelgan grandes placados de mixtilíneo perfil. Todos estos motivos contribuyen a dotar de una especial riqueza a la fachada, aunque el principal ornato de la misma es la espléndida portada de mármoles polícromos que ocupa el centro. Su ingreso recto, encuadrado por serpenteantes baquetones, se acompaña de unas solemnes columnas corintias con altos pedestales de decoración geométrica, columnas que sin duda están inspiradas en las de la portada de la iglesia de San Juan de Dios de Lucena. Sobre ellas montan un balcón volado, con un complejo diseño a base de estípites muy fraccionados y un coronamiento mixtilíneo con blasón, más una serie de pirámides de abultadas formas.
     Desde la portada se ingresa en un vestíbulo que da paso a un primer patio o apeadero. Detrás de éste se localiza el segundo patio, de planta cuadrada y extraño orden, rodeado por arquerías de medio punto con columnas paralelas de mármoles. El piso de balcones tiene huecos apuntados con molduras y arquillos de tres lóbulos. Estos motivos, lo mismo que las pilastras y demás elementos arquitectónicos, aparecen en blanco en contraste con el rojo de los ladrillos de fondo. 
     Los ladrillos vistos cortados y el que no exista ninguna referencia histórica del segundo patio hasta principios del siglo XX hace pensar que este patio secundario se pudo construir a principios del siglo XX coincidiendo en tiempo con la exposición que hubo en España en el año 1929. Es un patio de dudosa importancia con varios elementos extraños como son los arcos de los huecos de la planta primera, las columnas simples de las esquinas en planta baja, una barandilla que corona la cornisa, una cornisa en una cubierta inclinada de teja árabe, que queda escondida. Todos estos elementos nos hacen pensar que la edad de dicho patio ni si quiera supera el centenar de años. A esto debemos añadir el mal estado en que se encuentra junto a las galerías y dependencias que lo rodean, debido a la mala ejecución con la que se realizó. En contraposición tenemos un magnífico primer patio y cuerpo de la vivienda realizado a mediados del siglo XVII de ladrillo visto, y en perfectas condiciones de conservación gracias a la magnífica ejecución.
     Entre el apeadero y este patio de emplaza una escalera monumental dispuesta perpendicularmente respecto al eje de la casa. Presenta tres tramos de peldaños que componen un original trazado en forma de T. Encima del rellano principal voltea una pequeña cúpula octogonal y sobre los tramos finales medias naranjas. Aquella se decora con unas aparatosas yeserías, de un incipiente rococó, por lo que cabe fecharlas una vez mediado el siglo XVIII, en torno a 1760. Por su estilo podrían adjudicarse a Francisco José Guerrero o a su discípulo Pedro de Mena. La escalera se enriquece igualmente con los mármoles y azulejos de los peldaños, así como los barandales de bronce.
     El Palacio de los Condes de Santa Ana de Lucena (Córdoba), como en la actualidad se conoce, fue promovido por Antonio Rafael de Mora Saavedra en 1730 y las obras continuaron hasta mediados de siglo XVIII.
     Sufrió obras de reforma realizadas en los años 1986-87 por el Ministerio de Justicia. Las obras consistieron en la consolidación estructural de algunos forjados, reposición de cubiertas y tratamiento de humedades en general con trasdosados, demolición y sustitución de entreplantas, ejecución de nuevos núcleos de escaleras, redistribución interior de espacio, acabados y dotación general de nuevas instalaciones. Las obras mantuvieron en general la estructura, fachadas, disposición de cubiertas e incluso el ambiente interior de la Casa Palacio.
     En el año 2011 ha finalizado el proceso de rehabilitación del que ha sido objeto el palacio para  albergar el Centro de Interpretación de la Ciudad de Lucena. El nuevo centro tiene como principal objetivo dotar a la ciudad de un centro que permita a los ciudadanos, visitantes y turistas conocer las características históricas, sociales y culturales de Lucena, así como sus recursos turísticos y patrimoniales y que sirva como punto de inicio de la visita turística a la ciudad.
     El centro muestra entre la colección permanente la escultura romana de Cupido, datada en torno al siglo II y aparecida durante los trabajos de rehabilitación. En la planta baja se ubica asimismo una sala de exposiciones dedicada a la obra de los artistas locales Isabel Jurado y Rafael Aguilera (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El palacio barroco de los Condes de Santa Ana, es uno de los mejores ejemplos de la arquitectura civil del siglo XVIII en nuestra ciudad. Situado cerca de la capilla de Jesús Nazareno, su construcción fue promovida por la familia Mora-Saavedra, entre los años 1730 y 1750.
     En su arquitectura destacan, además de su magnifica fachada, sus dos patios, el segundo de ellos porticado, y su bella escalera, coronada con una bóveda, atribuida por su estilo a dos de los últimos maestros lucentinos, Francisco José Guerrero y Pedro de Mena Gutiérrez.
     El palacio, futuro Museo de la Ciudad, se abre al público con varias exposiciones, así como la escultura del Eros romano, encontrada durante las obras ejecutadas para la rehabilitación del edificio (Diputación Provincial de Córdoba).

Castillo del Moral y Museo Arqueológico y Etnológico de Lucena
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     El castillo o Alcázar de Lucena se halla situado en el mismo centro de la ciudad junto a la Iglesia de San Mateo, la Plaza de España o del Coso y el Mercado Municipal.
     El edificio tiene forma sensiblemente rectangular, de manera que en cada esquina existe una torre, siendo la más importante la del "Moral". Seguidamente se encuentra la torre de "El Coso", la del "Homenaje" y la última la de las "Damas". Las torres se unen por un paso de ronda de diferentes espesores y con una altura aproximada de 9,65 metros.
     Este primer recinto está rodeado de un segundo cuerpo de muralla de dos metros de espesor y seis metros de altura, entre los cuales se encuentra el "Foso" o "Pasillo de Defensa". Existen numerosas saeteras al nivel del suelo del foso en los tramos Norte y Oeste de la muralla y otros al nivel del paso de Ronda. Toda la muralla carece de almenas.
     Posee una puerta Almohade de arco apuntado de piedra en el lienzo Norte de la Muralla. El patio de armas se sitúa en el centro del primer recinto desde donde se accede a la Torre del Moral a través de unas escaleras situadas exteriormente a la Torre. Ésta, de forma octogonal, posee tres plantas con zona de saeteras entre la primera y segunda planta. En el siglo XVIII se demolió la cubierta plana almenada, construyéndose la actual de entramado de madera y teja árabe. Destaca también la torre del Homenaje que fue celda del rey granadino Boabdil el Chico, capturado en 1483 en la batalla del Martín González a manos del regidor lucentino Martín Hurtado.
     La fortaleza, se construyó sobre ruinas romanas y visigodas, data del siglo IX como defensa de los reinos musulmanes de Al-Ándalus ante los cristianos. En 1240, Fernando III de Castilla conquistó la ciudad y su castillo, y  éste pasó a ser utilizado como fortaleza fronteriza, por lo que tomó gran relevancia. Para este cometido, se donó al Cabildo de Córdoba y más tarde a la Orden de Santiago. Más tarde fue adquirido por la amante del rey Alfonso XI, Leonor de Guzmán y, posteriormente pasó a formar parte del Señorío de Aguilar con la familia Fernández de Córdoba, que participaron activamente en las guerras contra el Reino Nazarí de Granada. 
     El castillo perdió su función defensiva en 1492 tras la conquista por los Reyes Católicos y pasó a ser residencia de los Marqueses de Comares y Alcaide de los Donceles hasta que regresó a manos de la monarquía en 1767. 
     Durante el siglo XVII se construyó un jardín y caballerizas anejas, ambos fueron destruidos en 1970 para la construcción del edificio de Correos y Telégrafos.
     En los años 2001 y 2003 se llevaron a cabo obras para su conversión a Museo Arqueológico y Etnológico de Lucena. Sus fondos fundacionales están constituidos por bienes de carácter arqueológico y otros de carácter histórico, paleontológico y etnológico que provienen del término municipal, así como de otros territorios circundantes, destacando entre otros los provenientes del yacimiento de la Cueva del Ángel (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     En pleno centro de la ciudad, junto al Coso, se localiza el Castillo del Moral, una fortaleza de época medieval, declarada bien de interés cultural en la categoría de Monumento.
     Su parte central, la más antigua, fue probablemente realizada en  el siglo XI, en la época de esplendor  de la Lucena judía.
     Este castillo, en origen, formaba parte del antiguo recinto amurallado de la villa, cuyas murallas se levantaban desde el Paseo del Coso, siguiendo por la calle Juan Valera, Julio Romero de Torres, la calle las Tiendas, Plaza Alta y Baja hasta llegar al propio castillo.
     Su estructura inicial  de planta cuadrada tiene torres en los ángulos, la Torre de las Damas y del Homenaje, Torre del Mediodía y la principal la Torre del Moral. Entre estas últimas destaca la Torre del Moral, de planta octogonal y cubierta barroca, muestra al exterior un escudo que representa de forma esquemática una parra zarzamora que la da nombre a la fortaleza.
     También destaca la Torre del Homenaje, posible celda del último rey granadino Boabdil “El Chico”, capturado en la batalla del Martín González, en 1483, a manos del regidor lucentino Martín Hurtado. Al conjunto principal del castillo lo rodea una segunda muralla de sillería y mampuesto de dos metros de espesor entre los que se encuentra un foso, esta segunda muralla es la que se ve desde el exterior.
     El conjunto monumental conserva una única puerta exterior de la época con arco apuntado y adintelado hacia el interior del edificio.
     Desde el siglo XVI el castillo es trasformado en palacio residencial  de los señores de Lucena, los Marqueses de Comares para posteriormente pasar a ser Palacio y Castillo de los Medinaceli.
     Actualmente alberga en su interior la Oficina Municipal de Información Turística y el Museo Arqueológico y Etnológico de la ciudad, con una serie de salas expositivas que tratan de la evolución de la vida en la tierra y la evolución cultural y física del ser humano, y la evolución hacia la modernidad de la ciudad de Lucena (Diputación Provincial de Córdoba).

Cueva del Ángel.-

     Sitio arqueológico localizado en las afueras de la ciudad de Lucena. Formando parte de un sistema kárstico, la cueva del Ángel es una cueva colapsada a cielo abierto, con un relleno sedimentario que muestra una ocupación humana del Pleistoceno Medio e inicios del Pleistoceno Superior. Está situado en la falda meridional de la sierra de Araceli, orientada de suroeste a noreste, a una altitud de 600 metros sobre el nivel del mar.
     Entre 1995 y 1996 un equipo dirigido por los arqueólogos Cecilio Barroso Ruiz y Daniel Botella Ortega inició una actividad arqueológica de urgencia con el objetivo de determinar la presencia del yacimiento, descubriéndose una estratigrafía rica en la parte superior del sitio. Después de delimitar la extensión del yacimiento arqueológico, el sitio fue limpiado de un importante sedimento de revuelto de arcillas rojas que lo cubría, mostrando debajo de éste parte de la secuencia junto a enormes bloques de piedra caliza, que fueron dejando al descubierto en el sitio un pozo y restos de trinchera que evidenciaban antiguas actividades mineras.
     Como resultado de los trabajos de limpieza, se ha realizado un estudio de la evolución morfológica de los depósitos estratigráficos.
     En 2002/2003, a partir de una autorización arqueológica puntual, se iniciaron los trabajos para obtener una sección estratigráfica precisa de la secuencia de la pared del pozo. 
     En el año 2005 se comenzaron los trabajos sistemáticos en virtud de un proyecto general de investigación, de seis años de duración, aprobado por la Dirección General de Bienes Culturales, y cofinanciado por la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Lucena. Hasta la fecha, las excavaciones han recuperado numerosos restos de fauna y abundantes artefactos líticos. 
     Un estudio preliminar ofrece una datación por uranio/torio (230Th/234U; LU9504, Laboratorio del IPH de París) obtenida sobre afloramientos de calcita que sellaban parcialmente la secuencia sedimentaria en la unidad estratigráfica VIII de la cuadrícula L6, y ha dado ésta una edad de 121000 +11/-10 BP, con un error inferior al 10%.
      Desde un punto de vista arqueológico, el complejo kárstico de la Cueva del Ángel está formado por tres partes diferenciadas:
PLATAFORMA
     Hasta el año 2011 ha sido la única zona excavada y con una secuencia sedimentaria en buen estado de conservación para la investigación. Se trata de una plataforma de algo menos de 300 metros cuadrados con ligera pendiente hacia el sur. Incorpora bloques de caliza, brechas, rocas y formaciones de espeleotemas en parte de su superficie. 
     El depósito arqueológico ha sido cubierto por una estructura metálica para protegerlo de las inclemencias meteorológicas así como de potenciales expoliadores. Esta plataforma al aire libre es el testigo de una cavidad derrumbada, de la que las paredes y el techo se han perdido debido a causas desconocidas, posiblemente durante el transcurso del Pleistoceno Superior.
COVACHA
     A pocos metros de la plataforma al noreste de la misma. Presenta una colmatación de bloques de piedra caliza, originados por el colapso que sufrieron sus paredes. En la actualidad y tras proceder a su limpieza en 2010, presenta una longitud de 18 x 5 metros de anchura máxima. Se ha podido detectar parte del relleno sedimentario, aunque se observa que ha sido alterado en algunas zonas debido a la acción de mineros o clandestinos.  Es posible que se conserven restos de relleno sedimentario original.
     En la parte suroeste de la cavidad, así como en lo más septentrional y profunda de la misma, existen sendas aperturas en el piso que dan acceso a un sumidero que conecta con una sima de unos 100 metros de profundidad y que fue descubierto y explorado por espeleólogos del Grupo GEJAM de la OJE cordobesa, en la década de los 60 del siglo XX.
SIMA
     Situada bajo la plataforma externa y la covacha, presenta una morfología estrecha, de paredes verticales, con tendencia a converger en altura, y con desarrollo de numerosos espeleotemas laterales. En la base se concentra una importante acumulación de detritos que forman un cono de deyección de 70 metros de altura, en el que se puede observar abundantes rocas junto a una matriz fina formada por arcillas y limos, y en la que aparecen incorporados restos de huesos de animales fosilizados y herramientas líticas. En el verano de 2009, se perforó un túnel de 81 metros de largo, con salida a la sima en la parte superior del cono de derrubios. 
SECUENCIA ESTRATIGRÁFICA Y ANÁLISIS DE LA INFORMACIÓN
     Tras el abandono del hábitat por parte de las poblaciones achelenses, el registro sedimentario quedó libre de las influencias externas gracias a una delgada capa de espeleotemas, así como al proceso de brechificación al que había sido sometido anteriormente.
     De este modo, esta formación se puede considerar como excepcional debido a la diversidad y estado de conservación de las facies, sus características antrópicas y la evolución química post-deposicional.
      El área excavada y el análisis de la estratigrafía que se expone corresponde  a la banda J-K. La secuencia sedimentaria descubierta es superior a 5 metros de profundidad.  La considerable cantidad de material arqueológico presente está compuesto en su mayor parte por abundantes restos óseos de mamíferos y numerosos artefactos líticos.
     Cabe mencionar que el 88% de los restos faunísticos se encuentran quemados, presentando unos colores que van desde el marrón y el negro al gris, blanco y azul. Estas diversas coloraciones reflejan el uso intenso de fuego en el yacimiento a diferentes temperaturas.
     Hasta el momento no se ha definido ninguna hipótesis sobre los diversos modos del uso del fuego en la cavidad, aunque parece ser que, en lugar de hogares pequeños muy bien delimitados, se podría presentar una gran estructura de combustión.
     Teniendo en cuenta el contenido arqueológico y la proporción de fragmentos de roca de tamaño grueso, la secuencia sedimentaria se ha dividido verticalmente en tres macro unidades principales:
                    Macro Unidad I, con escaso material arqueológico 
                    Macro Unidad II, con una gran abundancia de material arqueológico. 
                    Macro Unidad III, con una cantidad limitada del material arqueológico
FAUNA
     Entre los restos de fauna presentes se han localizado, reptiles, anfibios, grandes mamíferos (los más frecuentes son grandes herbívoros y menos los carnívoros, équidos, bóvidos, cérvidos, suidos, rinoceronte, oso pardo, lince.
     Una importante característica del conjunto de huesos de herbívoros es la existencia de una significativa proporción de fragmentación de los mismos para la extracción de médula ósea (Fig. 6), mostrando además un considerable número de marcas de corte y estrías relacionadas con la descarnación, fileteado y desarticulación, apareciendo por otro lado una alta proporción de elementos quemados (88% del material). Todo ello representa la evidencia inequívoca de una acción antrópica reflejo de la depredación selectiva y el uso por los humanos de los recursos alimenticios de origen animal disponibles en el entorno de la cueva.
     Los numerosos fragmentos de huesos parecen confirmar la hipótesis de la existencia de una casi continua ocupación humana de la cueva. Los homínidos que ocupaban la cueva del Ángel eran cazadores especializados de los grandes herbívoros, ricos en nutrientes. La mayoría de los restos de carnívoros encontrados en el yacimiento se quemaron, lo que indicaría que ellos también fueron llevados a la cueva y consumidos de la misma forma que los herbívoros. 
     El gran porcentaje de huesos quemados de toda la secuencia estratigráfica es testimonio de la utilización intensiva de fuego.
INDUSTRIA LÍTICA
     Se han encontrado en el yacimiento más de 80.000 herramientas líticas. De este extraordinario número, 5.253 piezas han sido recuperadas y coordenadas en posición estratigráfica,
     El conjunto está relativamente bien conservado a pesar, en muchos casos, de la difícil extracción de algunas piezas de la matriz de brecha. Algunos de los sílex se encuentran altamente desilicificados. Se observan evidencias de fuego en aproximadamente un tercio de los artefactos en toda la secuencia. 
     Las lascas no trabajadas suponen la gran parte de la muestra (53,71%) mientras que las herramientas retocadas se encuentran en un número significativo (15,76%), incluyendo la presencia, aunque modesta, de 50 hachas de mano.
     Bifaces y lascas están presentes en toda la secuencia. Piedras enteras, instrumentos de percusión y herramientas sobre cantos rodados son extremadamente raros, pero están presentes.
     Se han distinguido tres categorías petrográficas principales: sílex, cuarcita y piedra caliza. De la cifra total de 5.571 artefactos, 5.422 (97,33%) están realizados sobre sílex, mientras que sólo 101 (1,81%) están hechos de cuarcita, en piedra caliza 26 (0,47%) y los 22 restantes (0,39%) no han podido ser identificados.
     De las 828 piezas retocadas, la abrumadora mayoría (823 piezas), que representa el 99,4% del total están realizadas en sílex, mientras que el resto (cinco piezas) se confeccionaron a partir de otro tipo de roca.
     En cuanto a las tipologías, se encuentran  las raederas laterales (laterales individuales, y compuestas. En segundo lugar se encentran las raederas transversales, y existen raederas de doble filo. Las piezas están finamente trabajadas, con pocos bordes denticulados y una representación relativamente fuerte de raederas rectilíneas que caracterizan al conjunto.
     Las herramientas con muescas (muescas, denticulados y picos), que suponen el 23,43% del total, son las segundas herramientas retocadas más numerosas.
     Las herramientas de los grupos de Paleolítico Superior, tanto individuales como compuestos (raspadores, buriles y truncaduras), son menos frecuentes suponiendo sólo el 6,40% del total de las herramientas retocadas. Dentro de este grupo, raspadores, buriles y truncaduras son los más numerosos. Las fracturas o bordes trabajados presentan plataforma.
     Las herramientas truncadas son una especificidad de la industria de la cueva del Ángel y pueden paralelizarse con el adelgazamiento tipo Kostienky.
     Los burinoides por extracción negativa están también presentes en la industria de la cueva al realizar retoques en los bordes de lascas. Las herramientas punzantes en general son escasas (1,33% del total de herramientas retocadas), e incluyen cuatro puntas de Quinson y dos proto-limaces.
     Una de las características más destacada de industria de la cueva es la frecuencia de lascas y herramientas retocadas con adelgazamiento de sus bordes. Tal adelgazamiento se observa no solo en las bases de apoyo, sino también en sus bordes laterales y distales. El trabajo de adelgazamiento puede ser simple o múltiple. 
     Hay un total de 50 bifaces de los cuales sólo 11 aparecieron en posición estratigráfica original.
     Hay una ausencia casi total de lascas grandes corticales en la estratigrafía.
     En resumen, el conjunto lítico de la cueva del Ángel (dominado por lascas sin retocar y abundantes herramientas retocadas con la presencia de 50 bifaces) parece encajar bien dentro de la diversidad regional de una industria bien desarrollada del Achelense Final, generalmente observada al final del Pleistoceno  Medio en Europa occidental. Los patrones de talla en la cueva del Ángel reflejan una secuencia de trabajo exhaustiva, bien estandarizada y el uso económico de materiales de calidad relativamente finos. Las fases iniciales de talla no se encuentran presentes en el yacimiento, por lo que tuvo que realizarse fuera del mismo.
     Los homínidos de cueva del Ángel practicaban un singular esquema de ramificación operativa basado en la aplicación repetida de talla recurrente unidireccional, a menudo radial, y talla preparadas a partir de plataformas. Este económico método produce a veces que los núcleos adopten una morfología similar a la forma Levallois, aunque se han logrado a través de un complejo proceso tecnológico diferente (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Importante yacimiento paleolítico en Lucena, Córdoba.
     Las Delegaciones de Patrimonio y Turismo del Ayuntamiento de Lucena ponen en marcha un programa de visitas todos los sábados del año en horario de 11.00 a 14.00 horas a la sima de la Cueva del Ángel.
     Todos aquellos ciudadanos interesados en visitarla pueden hacerlo gratuitamente inscribiéndose en la Oficina Municipal de Turismo, ubicada en el Castillo del Moral.
     Desde la propia oficina se informará por teléfono del día de la visita. Para ello el Ayuntamiento dispondrá de microbuses en la explanada de Campo de Aras (frente al Bar de Los Conejos) para trasladar a los visitantes a los aledaños de la Cueva.
     Esta iniciativa se enmarca en el programa de difusión de la Cueva del Ángel encaminada a dar a conocer este importante centro patrimonial y turístico del municipio de Lucena.
     En el túnel que conduce a la visita de la cueva y la sima se han instalado una docena de paneles fotográficos que permiten conocer los pormenores de la puesta en valor y los importantes trabajos realizados en el recinto hasta su apertura.
     El proyecto se completará con la colocación de paneles informativos sobre su evolución histórica y la importancia de este enclave al tratarse la Sima de uno de los restos prehistóricos de mayor importancia europea tras Atapuerca. (Diputación Provincial de Córdoba).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Necrópolis Judía, Ruta de las Lagunas Amarga y Dulce, Centro Temático del Bandolerismo Romántico, Centro Enogastronómico Olivino, Museo de Automoción Antigua, Basílica de Coracho, Centro de Interpretación de la Artesanía y Tradiciones, Casa Museo Virgen de Araceli, Palacio de los Condes de Santa Ana, Castillo del Moral, Museo Arqueológico y Etnológico, y Cueva del Ángel) de la localidad de Lucena (y IV), en la provincia de Córdoba. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia cordobesa.

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viernes, 23 de mayo de 2025

Los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, y Laguna de la Mohedana) de la localidad de La Guijarrosa, en la provincia de Córdoba

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, y Laguna de la Mohedana) de la localidad de La Guijarrosa, en la provincia de Córdoba.
     La Guijarrosa se colinda al Norte con tierras de La Rambla, sirviéndole de divisoria con la misma el llamado Camino de las Posadas. Al Este también con La Rambla, por tierras de los cortijos de La Higuera y La Fuencubierta; al Oeste lo hace con tierras de Écija (Sevilla) y La Carlota, por los parajes de Los Algarbes, Monte Alto y El Rincón, y al Sur los límites son imprecisos por ser continuación del restante término de Santaella.
     El territorio está comunicado por diferentes carreteras y caminos, de las cuales, las más importantes son la A-379 de Casariche – Posadas, que por Puente Genil pasando por Santaella, La Guijarrosa, La Carlota, atravesando el casco urbano de la población que nos ocupa hasta Posadas. En segundo lugar está la vía que conecta a Écija con La Rambla que parte también de la autovía A-4 Madrid – Cádiz y, corriendo hacia el Este, para pasar por Santaella, toca el Angulo sudoeste del territorio guijarroseño y lo limita en un trayecto de dos kilómetros, hasta el cortijo de La Culebrilla. La carretera de San Sebastián de los Ballesteros a Montalbán, que entra en el territorio por el Norte del Cerro de la Esparraguera y lo recorre en dirección sur hasta el cortijo del Garabato, por donde sale del término. Y la vía de La Guijarrosa a San Sebastián, CO-3302 que va hacia el Este y enlaza con la anterior junto al mencionado Cerro de la Esparraguera. Los caminos secundarios corresponden a veredas, vías de herradura y servidumbre y cruzan el territorio en todos los sentidos (Diputación Provincial de Córdoba).

Iglesia de Nuestra Señora del Rosario.-
      La imagen de Nuestra Señora del Rosario con más de 275 años de estancia en La Guijarrosa y de autor desconocido (Ayuntamiento de La Guijarrosa).

La Laguna de la Mohedana.-
     La laguna de la Mohedana se encuentra en su máximo caudal de agua acumulado desde su creación artificial hace unos años, cuando para las obras del tendido férreo del AVE se extrajeron los áridos necesarios para su construcción. Como consecuencia de esta extracción se creó una laguna que en tiempo de lluvia acumula varios millones de litros de agua que han hecho que sean varias las especies de aves acuáticas que se establezcan en su entorno.
     Por otro lado, las vecinas y vecinos de La Guijarrosa desde el año 2004 han reforestado con la colaboración de la Excma. Diputación de Córdoba y Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, de plantas y arboleda autóctonas de la zona, pues no hay que olvidar que hasta finales de los años 60 esta zona contaba con las ultimas encinas milenarias de lo que fue el Monte de Los Antojos y el Monte de La Mohedana. Por eso el Ayuntamiento de La Guijarrosa en el año 2009 reforestó la zona con 25 encinas centenarias procedentes del desmonte producido en Sierra Morena con motivo de las obras del pantano de La Breña II y diversas carreteras. Con estas plantaciones se pretende recuperar una zona verde para el disfrute de la naturaleza de las personas y de los animales (Ayuntamiento de La Guijarrosa).

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jueves, 7 de septiembre de 2023

Un paseo por la calle Castelar

     Por amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Castelar, de Sevilla, dando un paseo por ella
     Hoy, 7 de septiembre, es el aniversario del nacimiento (7 de septiembre de 1832) del orador y político Emilio Castelar, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Castelar, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      La calle Castelar es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio del Arenal, del Distrito Casco Antiguo; y va de la calle Puerta del Arenal, a la plaza de Molviedro
      La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     El espacio que actualmente corresponde a esta calle recibió, al menos desde finales de la Edad Media, diferentes nombres: Laguna de la Pajería, Laguna de la Carretería Vieja, Laguna de la Mancebía, o simplemente Laguna, todos alusivos tanto a la laguna que existía intramuros en aquella zona próxima al Arenal  en la depresión por la que había discurrido un antiguo brazo del río, al pie de la muralla de la ciudad, como al barrio marginal surgido en sus aledaños, centro del hampa y de la prostitución sevillana (v. Gamazo). A mediados del s. XVIII la laguna fue desecada, el barrio de la Mancebía demolido y en su lugar surgieron varias calles nuevas, bajo los auspicios políticos del asistente marqués de Monterreal y la dirección técnica del arquitecto Manuel Prudencio de Molviedro. Entre esas calles estaba la actual Castelar, que en su origen (plano de Olavide, 1771) se llamó Molviedro, en honor del mencionado arquitecto. Hacia 1840 dicho topónimo se sustituyó por el de Laguna o calle Nueva de la Laguna, restaurando así el nombre tradicional de toda la zona. Finalmente en 1899 se rotuló con el del político y orador gaditano Emilio Castelar (1832-1899), presidente de la Primera República Española, fallecido en ese mismo año.
     Es una calle larga, ancha y rectilínea. "Tirada a cordel" la describe González de León. Y, en efecto, su rectitud contrasta con la sinuosidad dominante en la mayor parte de las calles del centro histórico de Sevilla y responde, sin duda, a la mentalidad racionalista de sus constructores dieciochescos. Re­cuerda el poeta Joaquín Romero Murube que Olavide y sus colaboradores (entre ellos el arquitecto Molviedro) pretendieron trazar la calle "como las de París", que uniera el compás de la Laguna (Molviedro), con la Puerta del Arenal. En realidad en el s. XVIII la calle se extendía hasta la actual Federico Sánchez Bedoya. El trazado, aunque no todas sus casas, es hoy prácticamente el mismo de entonces, cuando se levantó siguiendo aproximadamente la línea de muralla que separaba el antiguo barrio de la Mancebía de la zona del Arenal y Baratillo. Todas las casas de la acera de los impares se construyeron, en efecto, adosadas a ese lienzo de muralla. Cuando en la década de 1860 se derribó la Puerta del Arenal, caen también, algunos de los primeros edificios de la calle. En 1873 hubo una propuesta, que no prosperó, de abrir una vía de comunicación con el Baratillo. En la actualidad la única calle que rompe la continuidad de Castelar, por la derecha, es Gamazo. Empedrada en 1828 y adoquinada en 1884, muestra hoy la habitual capa asfáltica y aceras de losetas. El alumbrado eléctrico se instaló en 1943, y en la actualidad se suministra mediante báculos adosados a las fachadas de los pares. Contrasta fuertemente el caserío de una y otra acera. En la de los impares han desaparecido todas 1as casas dieciochescas, entre ellas la del propio arquitecto Molviedro, situada en el núm. 21, y decimonónicas, sustituidas por viviendas modernas de cinco plantas, con bajos comerciales. La de los pares, en cam­bio, ofrece magníficos ejemplares de la época en que fue trazada la calle y del s. XIX. Destacan la núm. 10, obra regionalista del arquitecto Juan José López Sáez; las 14 y 16, del s. XVIII, de tres plantas y portada enmarcada por pilastras; la 22, decimonónica, de dos plantas y fachada avitolada, y un bello patio con arquerías sobre columnas. En el pasado estuvo ocupada por la Jefatura Provincial del Movimiento, luego por la Consejería de Cultura, y hoy por la Delegación Provincial del Ministerio de Cultura. Su puerta ofrece dos bellas aldabas metálicas, y su interior importantes muestras de cerámica trianera; y las 26 y 28, de estilo neoclásico.
     Las funciones de este espacio han variado notablemente a través del tiempo. Antes del trazado de Castelar, la zona de la Laguna ofrecía el aspecto descuidado y marginal de todo este enclave, embarrado y maloliente por los caños y husillos que lo atravesaban y que provocaban quejas continuas del vecindario, que recurría a redes y puertas de hierro para aislarlo de la vecina charca. Saneado el lugar y alejada la prostitución, se instalan en la nueva calle pudientes miem­bros de la burguesía mercantil sevillana, que había construido casas de buen porte. En una de ellas se situaba en la primera mitad del XIX la Capitanía General de la Provincia y en otra se había alojado, en su venida a Sevilla en 1813, el general inglés lord Wellington. Todavía en los años 30 del siglo pasado existía en medio de la calle una fuente pública con agua de los Caños de Carmona y sobre ella una pintura de la Virgen de los Dolores. Estaba situada frente a la antigua casa del arquitecto Molviedro y procedía de la plaza de su nombre, junto a la capilla del Mayor Dolor. En la segunda mitad del XIX la calle debió perder bastante de su prestancia aristocrática anterior, pues menudean en la prensa las quejas del vecindario por ciertas actividades molestas o insalubres: esparterías que almacenan el género en las aceras; veterinarios y herreros que ejercen sus oficios en la puerta; pieles que se secan en un corral... En la actualidad Castelar cumple tanto una función residencial, especialmente en los edificios de su acera izquierda, como mercantil y administrativa, pues hay en ella varios organismos públicos, oficinas y algún establecimiento hotelero. Todo ello genera gran movimiento en las horas diurnas, sobre todo por las mañanas, mientras que al atardecer adquiere un ritmo sosegado y tranquilo. En los últimos años han ido de­sapareciendo pequeños comercios de sabor tradicional, como la casa de muñecas situada en el núm. 2 y conocida también como la "Mercería de las peponas", que cerró sus puertas en 1978. En la casa núm. 14 tuvieron lugar en la primavera de 1965 las prime­ras reuniones que dieron origen al actual Partido Andalucista, tal como indica una placa en el zaguán de la misma [Rogelio Reyes Cano, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Castelar, 14. Casa del siglo XVIII, de tres plantas y portada enmarcada por pilastras.
Castelar, 16. Casa de características semejantes a la anterior.
Castelar, 15-19. En el solar que hoy ocupan estos números se construyó en el siglo XVIII el palacio de don Manuel Prudencio de Molviedro, a quien se debe la urbanización de este sector, conocido antiguamente como la Laguna y la Mancebía. 
     El edificio constaba de dos partes, la vivienda y una casa de labor. La fachada comprendía dos plantas y un entresuelo, alternando en la su­perior balcones y ventanas. La portada estaba enmarcada por pilas­tras toscanas, que sostenían un entablamento con frisos de triglifos y metopas. Sobre el dintel las armas del propietario. El balcón estaba decorado con elementos rocalla. El centro de la edificación lo constituía el patio de columnas, a cuyo fondo se abría una galería sobre otro pequeño patio. A la derecha, un jardín con otra galería porticada. En el otro extremo, la casa de labor, organizada en torno a otro patio.
Castelar, 22. Casa del siglo XIX, de dos plantas. La fachada, avitolada, está recorrida por pilastras, así como pilastras toscanas con entablamento enmarcan la portada. El patio con arquerías sobre columnas.
Castelar, 26-28. Casa de dos plantas, fachada avitolada de estilo neoclásico. Dos grandes pilastras avitoladas, rematadas por un frontón recto, enmarcan la portada, que se compone de dos cuerpos. En el inferior, el vano de puerta está flanqueado por pilastras tosca­nas cajeadas, que sostienen un entablamento con friso de triglifos y metopas. En el segundo cuerpo el balcón con molduras rectas y antepecho de forja.
Castelar, 32. Casa de tipo medio, del siglo XVIII, de dos plantas y soberado [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Biografía de Emilio Castelar, a quien está dedicada esta vía
;
     Emilio Castelar y Ripoll, (Cádiz, 7 de septiembre de 1832 – San Pedro del Pinatar, Murcia, 25 de mayo de 1899). Orador y político.
     En verdad, no pudo tener el que fuera el más celebre tribuno del siglo XIX iberoamericano cuna más adecuada a su destino histórico y biografía personal.
     Sin embargo, su nacimiento en la trimilenaria ciudad andaluza fue, en gran medida, per accidens, ya que sus raíces familiares eran claramente levantinas.
     Sólo la inesperada circunstancia del destierro de su padre en la ciudad de Hércules en los comedios de la Década Ominosa a consecuencia de sus simpatías constitucionales determinó la venida al mundo en la capital gaditana de uno de los campeones más ardidos de la libertad en la España contemporánea, cantada siempre invariablemente con airón doceañista.
     Sin determinismo alguno, es lo cierto, empero, que ambas notas —nacimiento y familia— imprimieron rasgos indelebles en la formación de quien habría de ser el cuarto presidente de la Primera República y en la forja de su personalidad política. Desde luego, una y otra serían enaltecidas por su pluma y palabra en toda ocasión. Desaparecido misteriosamente su progenitor a los pocos meses de su alumbramiento, el inmediato regreso a la tierra solariega con su madre y su única hermana se vio seguido de la instrucción de primeras letras en Sax y en Elda y, ulteriormente, del ingreso en el flamante Instituto de Enseñanza Media de Alicante, donde destacarán ya sus formidables dotes para la oratoria: repentización, fantasía, vocabulario, dicción, mímica..., exhibidas ante los miembros de la acomodada familia materna con vanidad anotada con fuerte trazo en todas las pinturas y semblanzas que, al correr de los años, se hicieran de su vida. A tono con la mentalidad de la época era sin duda la Facultad de Derecho el destino natural del joven retórico, siendo la madrileña la que le recibiera en 1847 y en la que anudara, durante el curso preparatorio seguido en ella, algunas de las amistades que le acompañaran hasta el fin de su existencia por encima de diferencias caracterológicas y, sobre todo, doctrinales y políticas.
     No obstante, su resuelta inclinación por la historia y el arte le impulsó prontamente a seguir tales enseñanzas.
     Obtenida en noviembre de 1851 —quizá con el apoyo de su pariente Antonio Aparisi Guijarro, protector de su mocedad— una plaza de alumno en la Escuela Normal de Filosofía, enseñó desde entonces las disciplinas de Literatura latina, Griego, Literatura universal y española con el título de profesor auxiliar la oposición superada en dicha fecha. Al término del año académico siguiente era ya doctor con un estudio sobre Lucano, dado a la imprenta en 1857. Con participación entusiasta en los círculos demócratas de la capital desde un lustro atrás, la revolución de julio de 1854 cumplió algunos de sus deseos, con el ensanchamiento de las libertades y el talante palingenésico que envolviera la atmósfera predominante en el bienio esparterista.
     Discursos y mítines pronunciados con creciente intensidad y audiencia le abrieron las puertas para una asidua y notable colaboración periodística en diversos diarios, como El Tribuno, La Soberanía Nacional (1855), La Discusión, antes de crear en 1863 —por razones no sólo de autonomía, sino también de búsqueda de la plataforma más adecuada a la defensa de sus ardientes creencias republicanas— su propio órgano de expresión: La Democracia, llamada, como algunos de los anteriores, a marcar época en la historia de la prensa ochocentista.
     Para entonces, su promotor y director gozaba ya de una sólida reputación académica tras haber obtenido en 1858 la cátedra de Historia de España en la Facultad de Filosofía y Letras de la universidad llamada entonces Central; y de ocupar la igualmente muy reputada del Ateneo madrileño, en la que a lo largo de un cuatrienio dictaría, con éxito arrollador, un ciclo de conferencias en torno al tema por aquellas fechas de palpitante actualidad en la acalorada controversia general de las ideas que inundaba la Europa intelectual: la historia de la civilización en los primeros siglos del cristianismo. Estaba la atmósfera cultural del momento muy cargada y penetrada de politización para esperar de Castelar la asepsia analítica requerida por la exposición rigurosa de una materia propensa de ordinario a la polémica. Los ataques, pues, a las posiciones de sus adversarios y enemigos serían continuos y acerados, hasta el extremo de provocar réplicas de extrema dureza en los medios informativos ultramontanos y conservadores, apoyados, a las veces, por los mismos unionistas. La experiencia atesorada en la ocasión antedicha reforzó sus armas para enfrentarse con otra magna quaestio de mediados del siglo XIX como era la relación entre república y socialismo. Frente a los muchos de sus correligionarios que pensaban que éste constituía la fórmula doctrinal y el sistema de organización más adecuados para un Estado articulado conforme a los principios republicanos, Castelar se alzó, en la batalla periodística que mantuviera al respecto con Pi i Margall, como ardido campeón de un republicanismo insobornablemente individualista, con primacía absoluta de la libertad sobre la igualdad.
     El combate dialéctico tuvo eco europeo, y proyectará largamente sus secuelas sobre la trayectoria misma del republicanismo hispano; en la que ambos contendientes liderarán, respectivamente, sus dos corrientes principales, enfrentadas tanto por su distinta concepción social como territorial, al defender inflexiblemente Castelar una visión unitaria de España en contraposición a la federal de su antagonista en la prensa madrileña de mediados de los sesenta.
     Calendas que recogen la aparición en La Democracia con firma de su director de uno de los artículos de mayor resonancia en la bicentenaria historia del periodismo español. Intitulado “El Rasgo”, contenía una acerada glosa de una iniciativa regia sedicentemente altruista de la corona en la que la pluma castelarina encontraba un motivo bastardo, dictado en exclusiva por razones de bajo interés económico. La sanción al autor traspasó los límites administrativos al suspendérselo en su condición académica, lo que provocará, a su vez, la dimisión del rector de la universidad y de algunos de sus claustrales, en gesto solidario con su colega. Al propio tiempo, la consiguiente protesta estudiantil se reprimió con lujo de fuerza por la Guardia Civil veterana con varios muertos y heridos —motín de la noche de San Daniel de 10 de abril de 1865—. El impacto de la jornada se reveló de enorme impacto al fallecer a consecuencia del disgusto que le suscitara el mismo ministro de Fomento, el legendario prohombre y tribuno liberal Alcalá Galiano. Estación final en la accidentada peripecia del clamoroso suceso sería el abandono del poder de Narváez en su penúltimo mandato ministerial y su reemplazo por el postrero de O’Donnell. Justamente en éste se produjo la no menos impactante asonada de los sargentos del madrileño cuartel de San Gil —22 de junio de 1866—, entre cuyos inductores civiles ocuparon lugar importante Castelar y la plana mayor de demócratas y progresistas, por lo que, como muchos de éstos, fue condenado a muerte in absentia. A raíz del fracasado pronunciamiento, tras una fuga rocambolesca al uso de las costumbres políticas de la época —el propio ministro de la Gobernación coadyuvó decididamente a la huida—, Castelar inició un largo peregrinar por varios países europeos, siendo la estadía más recordada al par que dramática la que transcurriera en la Roma de Pío IX. Pese a que expresara con gestos inequívocos sus reservas cara a la alianza con progresistas y aun más con los unionistas en la coalición antisabelina acaudillada por Prim desde las postrimerías de 1866, Castelar se integró en el movimiento, a cuyo servicio puso una pluma especialmente activa en el período que precediera a la Revolución de Septiembre.
     Las esperanzas albergadas respecto a que el triunfo de la Gloriosa comportara la implantación de la República no tardaron en disiparse en el ánimo de un Castelar repuesto en la cátedra de la que fuera removido en el verano de 1866. La deriva monárquica y autoritaria del régimen, facilitada por ola de anarquía que sacudió a la nación en el otoño de 1868, dio al traste prontamente con la comedida ilusión de su orador más descollante y prestigioso. Reluctante íntimamente a la fórmula federal propugnada por Pi y Estanislao Figueras, sus dos compañeros en el triunvirato directivo republicano, Castelar se entregó, no obstante, de forma agotadora, en los meses que antecedieron a la formación de Cortes Constituyentes, a la misión imposible de que el Gobierno provisional proclamase la República sin la previa anuencia y sanción del órgano legislador. Sin cumplirse en su constitución las expectativas de escaños despertadas en la opinión republicana, Castelar se consagró desde el suyo a difundir los principios de su credo político, en el que los elementos religiosos gozaban de indudable trascendencia.
     Y fue su defensa la que originaría —el 12 de abril de 1869— uno de los dos o tres instantes mágicos registrados en los anales del Parlamento español, convertido ese día en referencia vertebradora y seña de identidad espiritual de no pocas generaciones iberoamericanas por espacio de casi un siglo. En efecto, el párrafo con que concluyera el extenso e improvisado discurso —“Grande Dios es en Sinaí [...]”—, e incluso la mayor parte de los parágrafos de éste, se erigieron en Biblia de conducta, canon de belleza y modelo de la retórica de mejor ley en libros y comportamientos cívicos y políticos de hornadas enteras de los siglos XIX y XX. Pues, ciertamente, al margen de su vibración religiosa y su valor oratorio, las ideas de solidaridad y tolerancia alcanzan en él una fuerza difícilmente superable. Un diario madrileño de los de mayor ascendiente y crédito, El Imparcial, reflejaba en el siguiente juicio el sentir de la inmensa mayoría de los coetáneos: “El señor Castelar no pertenece a la minoría, ni a la mayoría, ni aun a la Cámara: el señor Castelar es una gloria nacional. El párrafo final de su discurso, la soberbia protesta contra la fatalidad invocada por el señor Monterola fue de un efecto indescriptible y de lo más artísticamente patético que hemos oído.
     Aquella comparación entre el Dios del Sinaí, precedido del trueno y acompañado del rayo, y el Cristo de la Cruz que, desgarrado, frío, yerto, entre dos ladrones levantaba su lívida cabeza y decía: ‘Perdónalos, Señor’, arrancó lágrimas a más de un diputado que sin preciarse de neo sabe admirar lo sublime. Quizá el entusiasmo nos arrastra a donde sólo la fría crítica debe llegar; pero con la mano sobre el pecho creemos que pocas cosas habrá en la lengua española más hermosas que este párrafo; que pocas cosas se habrán escrito en la gran lengua latina más soberanamente grandes; que ningún orador, ni griego ni romano, habrá aventajado en inspiración a esa gloria española que hoy se sienta en la Cámara soberana de la representación nacional” (Llorca, 1966: 143-144).
     Una vez votada en junio la Carta Magna de la Septembrina, el diputado por Zaragoza prosiguió en la Cámara Baja su labor de pedagogía política y patriótica.
     Por la especial proyección que en la España decimonónica prestaba el Parlamento a la socialización de idearios y pensamientos, fue desde su escaño desde donde llevó a cabo una de las más completas y, particularmente, más divulgadas definiciones del nacionalismo español. Exaltación de los valores evangélicos y de manera muy peraltada del de la libertad se erigiría en pivote de su concepción nacionalista. Con sacrificios sentimentales y alguna que otra contradicción ideológica, Castelar no vaciló en situar en la España imperial el fastigio de la nacionalidad hispana. Fue el Quinientos para él la etapa en que refulgieran más abrillantadamente las cualidades de la “raza” y la cultura hispanas, ora en las letras, ora en las artes, ora en la filosofía y el derecho, semejándole su continuidad una prolongada decadencia hasta la hora, trágica y memorable a un tiempo, de la guerra de la Independencia y las Cortes de Cádiz... Según elocuente y difundida confesión personal, en el cotejo de España con otros grandes países como Francia, Gran Bretaña, Italia —de singular imantación para su espíritu y sensibilidad—, le ocurría igual que en la comparación del rostro de su idolatrada madre con el de otras hermosas mujeres, en que la elección no tenía sombra de duda... Explicitada tal imagen del nacionalismo español en múltiples pasajes de sus discursos parlamentarios y textos académicos, sería en las famosas intervenciones en el Congreso de 3 de noviembre de 1869 y 20 de junio de 1871 cuando tal vez su sentimiento nacionalista ofreciera sus perfiles más característicos al entonar, a propósito de la elección y ocupación por Amadeo de Saboya el trono de España, la loanza de la monarquía de los primeros Austrias.
     “[...] Y váis a lanzar sobre un pueblo así un monarca extranjero? Si no lo siente, si no se remueve, si no se levanta la nación española de su indiferencia, ah! demostrará algo bien triste, bien doloroso para todos nosotros: demostrará que España ha muerto, que ha muerto en España sus más nobles, sus más antiguos, sus más característicos sentimientos. Nuestros conquistados nos conquistan. Nuestros vasallos vienen a ser nuestros dominadores. De las migajas caídas de los festines de nuestros reyes se formaron cuatro o cinco reinos en Italia. La isla de Cerdeña apenas se veía en el mapa inmenso de nuestros dominios, y la isla de Cerdeña se ha levantado, nos ha conquistado, y no tanto por su esfuerzo, cuanto por nuestra debilidad y nuestra miseria. Si España no se resiente de esta herida, vistámonos de luto como hijos sin madre, porque ha muerto, Sres. diputados, ha muerto nuestra patria [...]. Esta nación [España] de la cual eran alabarderos y nada más que alabarderos, maceros y nada más que maceros, los pobres, los obscuros, los hambrientos Duques de Saboya, los fundadores de la dinastía [...]. Digo y sostengo que los Duques de Saboya seguían hambrientos el carro de Carlos V, de Felipe II y de Felipe V”.
     Llegada la República, Castelar ocupó la cartera de Estado en la recomposición del gabinete presidido por Estanislao Figueras, primando una vez más su sentido del Estado y la unidad de sus conmilitones que sus opciones y gustos personales. Con íntima tristeza contempló Castelar el irrefrenable deslizamiento de la nueva situación hacia el desorden generalizado, con pulsión contenida del desencanto que ello producía en sus ensueños de juventud e ilusiones de la madurez. A causa de tal ánimo no sorprende que su presidencia se vertebrase por la defensa a ultranza del principio de autoridad como antídoto más eficaz ante el caos que padecía el país cuando, a comienzos de septiembre de 1873, fuera investido de los máximos poderes. Tras suspender las sesiones de unas Cortes transformadas de facto en Convención y con la ayuda de unos ministros que anteponían su sentimiento patriótico al de partido, el cuarto y último presidente de la Primera República drenó sus principales energías a la pacificación del país. El restablecimiento de la malparada disciplina castrense se evidenció prontamente como el instrumento más idóneo; viniendo en auxilio de ello el retorno a la institución militar de los oficiales y jefes del arma de Artillería, separados de sus funciones como resultado de la crisis acaecida en el seno del prestigioso cuerpo en las postrimerías del reinado de don Amadeo como igualmente se descubriría de importancia capital en la reforma a ultranza del ejército republicano la incorporación de cien mil hombres, conforme al procedimiento clásico de las quintas, en otra época denostado por Castelar. Y así, mientras los cantonalistas cartageneros eran doblegados por la escuadra del almirante Lobo y las tropas del general López Domínguez, las de Moriones lograban sofocar el levantamiento carlista del País Vasco. Al propio tiempo, los asuntos de una Hacienda en práctica bancarrota lograron enderezarse y las muy tensionadas relaciones con el Vaticano se encalmaron considerablemente con la presentación a Roma de una amplia y prestigiada hornada episcopal, que obtendría el correspondiente placet pontificio. Entretanto, sin embargo, el frente cubano de la “Guerra chica” comprometía gravemente la obra de gobierno castelariana con una crisis de grandes proporciones. El apresamiento del vapor Virginius con pabellón norteamericano —en realidad, un navío filibustero al servicio de los independentistas cubanos— en aguas internacionales por la corbeta El Tornado —31 de octubre de 1873— y el inmediato fusilamiento, por procedimiento militar sumarísimo, en Santiago de Cuba de cincuenta y tres de sus ocupantes, colocaron a España al borde de la guerra con los Estados Unidos.
     Una ardua operación diplomática en la que, en un clima enfebrecido por un chovinismo suicida, el presidente del gobierno sólo contó verdaderamente con la colaboración del representante de Madrid en Washington —Polo y Bernabé—, arribó in extremis la solución de la difícil coyuntura. Pocas horas después, con no pocos logros que exhibir en los algo de más cien días de su mandato, expirado el plazo de suspensión del Parlamento, Castelar se presentaba ante sus miembros en un clima de hostilidad universal en los sectores maximalistas del régimen, dueños de su más activa militancia y de la prensa más pugnaz. Rechazado un ultimátum de los prohombres del sistema para dar marcha atrás en su conservadurismo autoritario, e incluso desdecirse de algunas de sus iniciativas más fecundas, Castelar solicitó la confianza de la Cámara, que la recusaría por ciento veinte votos contra cien. Acto seguido, en la madrugada del 3 de enero de 1874, Castelar presentó su dimisión, que no pudo ser tramitada por la interrupción de la sesión debido a la entrada en el palacio de la Carrera de San Jerónimo de una sección de la Guardia Civil, entrada en el recinto por orden del capitán general de Madrid, el artillero Manuel Pavía, el más conspicuo ayudante de Prim y el general de mayor fidelidad a su memoria entre los muchos contemporáneos que tuvieran al marqués de los Castillejos como modelo y espejo.
     Un oportuno viaje por el extranjero mitigó el dolor que la frustración de su proyecto de una República de corte auténticamente presidencialista en la que la autoridad no se viese incompatible con la democracia y, de otro lado, tampoco a la libertad con la igualdad, depositara inamoviblemente en su trémulo espíritu.
     Con el paso del tiempo, la acción lenitiva de éste y el retorno con toda intensidad al cultivo de las Humanidades, así como una asidua actividad periodística descomprimieron grandemente su tensión política y, consiguientemente, su entrega a ella. Antes, empero, de que llegara tal momento, su indeficiente elección por Huesca en los diferentes parlamentos de la Restauración Alfonsina, propició la defensa de su obra y del credo insobornable que la alimentase. Viejos y nuevos temas a la manera de la separación de la Iglesia y el Estado, el sufragio universal o el servicio militar obligatorio se retomaron por una voz que conservaba intacto su magnetismo retórico. Conjuntamente, lecturas y experiencias decantaron en su ánimo la exactitud de la imprecación que le dirigiera en vísperas de la llegada de don Amadeo que, “si difícil era hacer una monarquía con escasa cimentación social, aun lo era más construir una república sin republicanos [...]”, corroborando su intuición de la imposibilidad de ésta por el atávico monarquismo de Castilla... Sean cuales fueren las causas verdaderas del enfriamiento, que no renuncia ni abdicación, de sus miras políticas, éstas se centraron en la plenitud del canovismo en influir intramuros a las clases dirigentes en su completa democratización, con la asunción sin restricciones de las banderas de la Gloriosa. “Mejor lista civil que guerra civil”. Tal lema del minoritario pero muy influyente partido Posibilista que fundara y dirigiese, sintetizaba palmariamente el pensamiento castelariano cara al escenario y las metas en que querría desenvolverse la corriente republicana obediente a su liderazgo. Prevalido en parte de su íntima amistad con Cánovas y diplomáticas relaciones con Sagasta, que le permitía un cierto margen de ascendencia sobre el rumbo de la Restauración, no levantó obstáculos frente al desenvolvimiento de una monarquía parlamentaria que, por la lógica del proceso histórico tal y como lo entendía Castelar, desembocaría en otra auténticamente democrática, conforme al modelo seguido por la británica, bien conocido y admirado por él. El camino recorrido en su entrañada Italia por la otra en tiempo despreciada dinastía saboyana era, a sus ojos, la prueba indubitable de la viabilidad del modelo en el marco de las monarquías mediterráneas. Al encontrar que en el “quiquenio glorioso” sagastino las leyes del jurado y el sufragio universal habían encontrado acomodo en la legislación del régimen de Sagunto, licenció a sus menguadas huestes —en gran proporción, asentadas prontamente en el partido del “Viejo Pastor”— y se engolfó casi por entero en las aguas de la investigación histórica y la creación literaria, con frecuentes y, a las veces, prolongados viajes por Francia e Italia, en la que fuera recibido en dos ocasiones por el mismo León XIII, por el que sentía una viva y correspondida simpatía. En total oposición con Pi y Salmerón —por los que había anidado una ilimitada antipatía— respecto a la estrategia y táctica que debiera seguir el republicanismo finisecular, la crisis noventaochentista le arrancó de su voluntario exilio público, alarmado por el desarrollo de los nacionalismos periféricos y aún del simple autonomismo conque el partido conservador encabezado por Silvela procurara desatascar la situación de parálisis entre Madrid y aquéllos. Reingresado en el Congreso en las elecciones de abril de 1899, tras no pocas dificultades salvadas por la generosidad de su opositor Juan de la Cierva, los planes ambiciosos acariciados por Castelar respecto a un republicanismo palintocrático quedaron en el limbo de los propósitos por su tránsito acaecido en el mes siguiente.
     La España oficial tampoco desmintió con ocasión de su muerte su incoercible proclividad por la mezquindad.
     Al cantor epinicio de las hazañas de los antiguos españoles en ambos hemisferios y al restaurador de su moral y fuerza en la crítica coyuntura del otoño de 1873 se le negaron por parte del ministro de la Guerra, el “general cristiano”, C. Polavieja, los honores militares.
      Afortunadamente, y como también no es infrecuente en las costumbres nacionales, la noble y caballerosa figura de Arsenio Martínez Campos en unión de otros varios compañeros de armas escoltaron el multitudinario recorrido fúnebre —de unas cuarenta mil personas— hasta la madrileña Colegiata Sacramental de San Ginés, donde esperó el juicio de la Historia.
     Aunque su figura aún no ha tenido el estudio condigno a su importancia, la mayor parte de los especialistas de la segunda mitad del siglo XIX se muestran contestes en señalar su relevancia como introductor de una de las corrientes esenciales del republicanismo hispano, así como descubren una considerable unanimidad en ponderar su prudente y meritoria tarea gobernante en período tan breve como el que estuviera al frente del país. Menos favorable es el juicio acerca de su prolífica labor historiográfica. La escasa acribia documental, el exceso de formalismo y retórica, el artificio y gratuidad de muchos planteamientos y, en fin, su incoercible tendencia subjetivista y pathos teatral invalidan un quehacer que tiene quizá su máximo y actual valor en la atención por la vertiente artística del trabajo histórico. En punto a su menos extensa producción literaria, no se aleja mucho del citado, el juicio merecido a la crítica hodierna. Novelas y ensayos decaen mucho en la comparación con las viñetas y, sobre todo, cuadros y estampas de viaje, acreedores a una lectura reposada (José Manuel Cuenca-Toribio, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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La calle Castelar, al detalle:
El edificio de la calle Castelar, 10. 
El edificio de la calle Castelar, 14. 
El edificio de la calle Castelar, 16. 
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El edificio de la calle Castelar, 22. 
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