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domingo, 1 de octubre de 2023

La Casa del Ave María (Casa-Palacio Coullaut Valera), en Marchena (Sevilla)

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Casa del Ave María (Casa-Palacio Coullaut Valera), en Marchena (Sevilla).  
     Hoy, 1 de octubre, es el aniversario (1 de octubre de 1889) de la primera fundación por parte del Padre Manjón, de una escuela del Ave María, en este caso en Granada, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la Casa del Ave María (Casa-Palacio Coullaut Valera), en Marchena (Sevilla).
     La Casa del Ave María (Casa-Palacio Coullaut Valera), se encuentra en la plaza Miguel de Cervantes, 10; en Marchena (Sevilla).
     El Señorío de Marchena, en propiedad desde la reconquista en manos de los Ponce de León, está íntimamente relacionado con Jerez y Arcos de la Frontera. Alrededor del Señorío y emparentados con ellos se crea una Corte Ducal. Distribuyendo cargos, capellanías y alferecías se construyen palacios en los aledaños de la Plaza Ducal, pequeños alcázares y otras dependencias.
     A finales del siglo XV, se construye La Casa Palacio del Ave María por Don Juan Manuel Montiel Paz Ponce de León, siendo residencia de los alcaides de la Mota, de los capitanes del estado de arcos y alférez mayor en la toma de Gibraltar y residencia del alcalde perpetuo de la Real Chancillería de Granada (Ramírez Cartagena).
     El edificio tiene un patio abierto de doble arcada apoyados sobre columnas toscanas.
     La Casa-Palacio del Ave María está situada en el corazón del barrio de San Juan, en las inmediaciones del Palacio Ducal y frente a la antigua cárcel de la villa.
     La primera fábrica de esta mansión data de finales del siglo XV, siendo objeto de numerosas ampliaciones y modificaciones en siglos posteriores.
     Entre 1610 y 1620 sufrió remodelaciones en el patio claustral y en la construcción de dos grandes artesonados en la parte superior, obra que recuerda al maestro carpintero, alarife y tratadista marchenero Diego López de Arenas.
     El edificio posee forma de "U" y crujías perpendiculares con cubiertas a dos aguas.
     Interiormente, se configura con una doble galería de arcos de ladrillos sobre columnas de toscanas. Los que se hallan en la galería inferior son de medio punto y los de galería superior son son rebajados.
     En 1628, La Casa fue cedida a las hermanas Franciscanas Clarisas, estando habitada por la comunidad hasta 1631, fecha en la que pasaron a unas moradas de palacio cedida por el Duque de Arcos, situación actual del convento.
     Entre muchos moradores se encuentran: Doña María Ponce de León (Duquesa de Arcos), Los Alguaciles mayores de la Real Chancillería de Granada, el Marqués D. José Miguel de Hinojosa, caballero de la Real Maestranza de Sevilla; El Marqués Don Juan de Montiel Ponce de León Cabeza de Vaca, rector de la Hermandad de la Soledad de Marchena, etc.
     Por descendencia, recayó en manos de las hermanas Dª María Teresa y Dª Ana María Mendigutía de Morales Hinojos y Montero de Espinosa, que contrajeron matrimonio con los hermanos Don León y Don Lorenzo Coullaut Valera y Diez de la Cortina, el famoso escultor marchenero.
     La Casa ha sido recientemente restaurada y acondicionada por el instituto Rafael Coullaut-Valera y Mendigutía de psiquiatría, bajo la dirección de los descendientes de los antiguos propietarios y fundadores de la casa (Ayuntamiento de Marchena).
     La casa palacio Coullaut Valera de Marchena, también conocida como casa del Ave María, se encuentra situada en el histórico barrio de San Juan, intramuros a la villa histórica medieval. Es uno de los edificios más importantes e interesantes de la arquitectura civil en Marchena del siglo XVII. Cronológicamente la casa es de finales del siglo XVI, aunque entre 1610 y 1620 fue objeto de una gran remodelación que debió afectar principalmente a la configuración del patio y a la fábrica de los dos bellos artesonados que posee (Turismo de la Provincia de Sevilla).
Conozcamos mejor la Biografía del Padre Manjón, fundador de las Escuelas del Ave María;
     Andrés Manjón y Manjón, (Sargentes de la Lora, Burgos, 30 de noviembre de 1846 – Granada, 10 de julio de 1923). Sacerdote, canonista y pedagogo.
     Vio la luz en un hogar de modestos labradores castellanos familiarizado con la sobriedad y con la penuria económica. En su casa paterna padeció, durante su infancia, los rigores de una vida austera, pero también encontró ejemplos de laboriosidad y reciedumbre moral que le marcaron para toda su vida. Su madre, Sebastiana Manjón, huérfana desde la más temprana edad y obligada a trabajar desde niña, al poco de casarse hubo de tomar la dirección de la familia para sacar adelante cinco hijos por encontrarse permanentemente enfermo su esposo Lino. Mujer “pequeña, pero fuerte y briosa”, al decir de su propio hijo, nunca pudo asistir a una escuela, pero sintió vivamente la necesidad imperiosa de instruir a la juventud. Poseedora de un acendrado espíritu religioso y de profundos sentimientos caritativos, Andrés Manjón la definió en su Diario como “una santa sin ruido” y llegó a tenerla como su principal modelo de identidad.
     Debido a las pésimas condiciones de enseñanza rural en la época isabelina, la formación escolar del joven Andrés fue muy deficiente. J. M. Prellezo, gran conocedor de su vida y obra, advierte que acudió muy irregularmente a la “lóbrega y angustiosa” escuela de la aldea de Sargentes, viviendo como un niño “pobre e inculto”, como él mismo atestiguaba, “por falta de una buena instrucción primera”. Por mediación de su tío Domingo Manjón, párroco del lugar, a los doce años dejó los trabajos del campo y se desplazó a Porlientes (Cantabria), donde funcionaba una pequeña academia preparatoria a la carrera sacerdotal.
     Durante tres años, aparte de recibir bajo una severa disciplina una formación muy sencilla en principios fundamentales del cristianismo y de cumplir rigurosamente las prácticas religiosas, apenas aprendió otra cosa que Gramática Latina. Posteriormente, para cubrir las carencias que arrastraba en retórica y poder acceder a los estudios sacerdotales superiores, tuvo que cursar cuarto año de Latinidad y Humanidades en el seminario de San Carlos de Burgos, regido por la Compañía de Jesús. A pesar de que su experiencia entre los padres jesuitas le resultó académicamente infructuosa, si bien humanamente gratificante, en 1862 ingresó por fin en el seminario conciliar de San Jerónimo de la misma ciudad. Un profesorado más bien mediocre y con pocos medios didácticos a su alcance le instruyó durante seis años en las ciencias filosóficoteológicas, debiendo trasladarse en 1868 a Valladolid al cerrarse San Jerónimo por los acontecimientos derivados de la Revolución de septiembre.
     Aunque los años del Sexenio no fueron propicios para la Iglesia, el seminarista burgalés logró concluir sus estudios teológicos y empezar simultáneamente los jurídicos en la universidad. La empresa no le resultó fácil, pues, como él mismo escribía a su tío Domingo en noviembre de 1869, tuvo que sobreponerse a la incertidumbre de no saber “a donde marcha España” y a la angustia de ver las deserciones masivas del seminario.
     En lugar de amedrentarse, se puso a la cabeza de los universitarios católicos enfrentados a los exaltados y participó con entusiasmo en las actividades de la Acción Católica y de la Academia Jurídico-Escolar.
     Su activismo propagandista no le impidió culminar con éxito su doctorado en Derecho Civil en junio de 1873, y sin solución de continuidad comenzó una carrera docente universitaria, interrumpida tan sólo en una ocasión, hasta su jubilación en 1918.
     En los estertores del Sexenio Liberal entró de profesor interino en la cátedra de Historia de la Iglesia, Concilios y Colecciones Canónicas en la Universidad de Valladolid, a la par que abrió una academia para estudiantes de secundaria para poder subsistir. La insuficiencia del pluriempleo para solventar sus apremios económicos y otras contrariedades varias le empujaron en 1874 a cambiar su plaza de interino por la de auxiliar de la cátedra vacante de Derecho Romano en la Universidad de Salamanca. Al no ganar la oposición a la titularidad de la cátedra que salió a concurso aquel mismo año, decidió cambiar de nuevo de residencia y trabajo. Recomendado por un tío suyo lejano, fue contratado en 1875 como inspector y profesor de Historia y Geografía en el colegio de San Isidro de Madrid, estrenando, así, una experiencia en la enseñanza secundaria que duró cinco años. En ese tiempo compaginó su trabajo docente con otras actividades propias de su vocación jurídica, frecuentando la Academia de Jurisprudencia y manteniendo una enconada polémica con el presidente de la misma, E. Montero Ríos, sobre la derogación de la Ley sobre el Matrimonio Civil. Tras este largo paréntesis en el madrileño colegio de San Isidro, en 1879 volvió a las aulas universitarias al ganar la oposición a la cátedra de Derecho Canónico de la Universidad de Santiago de Compostela. Por razones no aclaradas todavía, no se sintió cómodo en Galicia, y un año más tarde concursó y ganó la cátedra vacante de Canónico de la Universidad de Granada. En la ciudad de los cármenes fijó definitivamente su residencia y con ello acabó su deambular por las universidades españolas.
     La actividad de Andrés Manjón en Granada, coincidente con el proceso de recuperación eclesiástica que se produjo durante la Restauración, fue intensísima.
     Su vida giró en torno a tres ejes fundamentales anclados en un acendrado catolicismo social: el trabajo universitario, la misión pastoral y la obra fundacional del “Ave María”. Su pensamiento y acción estuvieron siempre determinados por el servicio intelectual a la Iglesia y por la atención educativa a los más pobres, e ideológicamente se encuadró en la corriente “casticista”, originada por Menéndez Pelayo y defensora de la regeneración de España mediante la recuperación de sus valores tradicionales y católicos, frente a la “europeísta”, propugnada, entre otros, por los krausistas y por los hombres de la Institución Libre de Enseñanza y partidaria de abrir el horizonte cultural español a la nueva mentalidad científica europea.
     Desde que el 28 de mayo de 1880 tomó posesión de la cátedra de Derecho Canónico, se convirtió en un miembro emblemático del sector católico-conservador del claustro de la Universidad de Granada. Aunque todavía se adolece de la falta de un estudio pormenorizado sobre su extensa labor universitaria, desde 1885 compaginó sus clases en la Universidad pública con otras nuevas de Derecho Canónico en la Facultad de Derecho de la abadía del Sacromonte, donde se alojaba, y durante sus primeros años de profesorado escribió su elogiado Derecho Eclesiástico General y Español, publicado por primera vez en 1885 y que en 1913 se encontraba en su cuarta edición, y posteriormente tradujo la difundida obra de Tarquini Instituciones de Derecho Público Eclesiástico. Enemigo de cargos y ostentaciones, rechazó las propuestas a rector de la Universidad y a decano de la Facultad de Derecho Canónico que se le hicieron en mayo y diciembre de 1899 respectivamente, a senador por la Universidad en 1902 y a vicerrector en 1908; sin embargo se implicó seriamente en la vida universitaria, formando parte de numerosos tribunales y desarrollando brillantes lecciones magistrales. Entre sus intervenciones académicas destacaron el discurso de apertura del curso académico 1897-1898 en la Universidad sobre Las Condiciones pedagógicas de una buena educación y cuáles nos faltan, en el que expuso su concepción de una enseñanza centrada en el alumno, gradual, continua, progresiva, activa, estética, moral y religiosa, y el discurso inaugural del curso 1903-1904 en la Facultad de Derecho de la abadía del Sacromonte sobre la Soberanía de la Iglesia.
     En la primera etapa de la Restauración, Manjón despegó también en su carrera eclesiástica formal. A pesar de su buena formación, no decidió ordenarse presbítero hasta los treinta y nueve años de edad (17 de junio de 1886), ganando simultáneamente por oposición una canonjía en la abadía del Sacromonte (tomó posesión el 15 de agosto). Además de los muchos trabajos propios de su ministerio sacerdotal, durante años fue consiliario del Centro Social Católico de Obreros de Granada y aportó sustanciosas colaboraciones en los más importantes foros eclesiásticos nacionales. La memoria y ponencia sobre la escuela católica como alternativa pedagógica, presentadas en V Congreso Católico Nacional, celebrado en Burgos en 1899, y, sobre todo, su discurso sobre Derechos de los padres de familia sobre la educación de sus hijos, leído en el VI Congreso Católico Nacional, celebrado en Santiago de Compostela en 1902, alcanzaron verdadera resonancia nacional. Posteriormente, en noviembre de 1907, leyó una memoria en la Asamblea Regional de Asociaciones Obreras Católicas, convocada para debatir sobre La acción social del clero, y simultáneamente mantuvo una enconada lucha contra las escuelas laicas, o “escuelas sin Dios”, que endureció tras el fusilamiento del anarquista Francisco Ferrer Guardia.
     De 1910 data su difundido folleto, Las escuelas laicas, que disfrutó de una tirada de 30.000 ejemplares y que constituyó un severo alegato contra aquellos centros, considerados, sin ningún tipo de matices diferenciales, anticristianos, antihumanos y ateos. En su cruzada contra la secularización de la enseñanza, no dudó en desplazarse a Valladolid en 1913 para defender en el Congreso Catequético Nacional una memoria sobre la conveniencia de establecer el Catecismo como asignatura central en la escuela.
     Pero la obra maestra de Andrés Manjón fue la fundación de las “Escuelas del Ave-María”. Movido por la pobreza y la incultura de los numerosos niños que encontraba diariamente en su tránsito hacia la Universidad, y espoleado por el ejemplo de una semianalfabeta “maestra de migas” que enseñaba canturreando el catecismo a un grupito de párvulos en una cueva, el 1 de octubre de 1889 fundó una escuela para niñas indigentes en el camino del Sacromonte y cumplió así un viejo sueño. Desde el principio, se trazó como meta “enseñar a quien no pudiera pagarlo”, y a ese fin dedicó íntegramente sus ingresos de la canonjía y se lanzó a recolectar donativos y limosnas de numerosos benefactores. Coronada por el éxito su experiencia del Sacromonte, progresivamente fue tejiendo una red escolar por España y América que vertebró un poderoso movimiento de educación católica popular. Para reforzar su acción educativa fue publicando periódicamente las Hojas del Ave-María, artículos ágiles y breves destinados a informar sobre el desarrollo de la institución avemariana, a proporcionar una orientación catequístico-didáctica y a examinar problemas específicamente pedagógicos, y en 1905 fundó un seminario de maestros acorde con sus planteamientos.
     Andrés Manjón compaginó paradójicamente su ideología católica, rigurosamente ortodoxa y enemiga de toda forma de liberalismo, con una práctica pedagógica progresista y abierta a toda innovación didáctica.
     Sus procedimientos educativos, basados en la actividad de los alumnos y en las prácticas escolares al aire libre, fueron pioneros en España y coincidieron con la avanzada metodología de la Escuela Nueva. Esta enseñanza popular, sencilla e intuitiva llamó la atención de la sociedad de su tiempo y atrajo la mirada de pedagogos, intelectuales y políticos de todas las tendencias y partidos. En reconocimiento a sus aportaciones y méritos, en abril de 1902 el ministro Romanones le nombró consejero correspondiente de Instrucción Pública; dos meses después se le concedió la Gran Cruz de Alfonso XII, cuyas insignias las costeó personalmente Su Majestad Alfonso XIII; en 1908 fue elegido académico correspondiente de la Real Academia Española y en 1914 ocupó el cargo de vocal del Patronato del Museo Provincial de Bellas Artes de Granada. El 1 de febrero de 1923, pocos meses antes de su muerte, el municipio de Granada, a propuesta de su alcalde, aprobó la erección de una estatua en la ciudad para perpetuar su memoria (Pedro Álvarez Lázaro, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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miércoles, 12 de abril de 2023

La Puerta de Morón - Museo Lorenzo Coullaut Valera - Oficina de Turismo, en Marchena (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Puerta de Morón - Museo Lorenzo Coullaut Valera - Oficina de Turismo, en Marchena (Sevilla).    
     Hoy, 12 de abril, es el aniversario (12 de abril de 1876), del nacimiento del escultor Lorenzo Coullaut Valera, así que hoy, es el mejor día para ExplicArte la Puerta de Morón, ya que en ella se ubica el Museo Lorenzo Coullaut Valera, en Marchena (Sevilla).
     La Puerta de Morón - Museo Lorenzo Coullaut Valera - Oficina de Turismo, se encuentra en la calle San Francisco, 43; en Marchena (Sevilla).
          Una de las puertas principales del recinto amurallado de Marchena de época tardoalmohade era aquella que conectaba la medina con el camino a través del cual se llegaba a la ciudad vecina de Morón de la Frontera, de ahí el nombre de puerta de Morón, también conocida actualmente por los propios habitantes del municipio como Los Cuatro Cantillos.
     Fue un acceso acodado con un carácter cerrado y militar, al que se accedía desde la ciudad extramuros a través de un arco de herradura apuntado y enmarcado en un elaborado alfiz de cantería, que se encuentra un tanto modificado del aspecto que presentaría en origen. Tanto el arco, como el despiece de sus dovelas, el alfiz y todos los sillares cuadrangulares y ladrillos que lo encuadran, forman parte de la última etapa almohade, a excepción de los salmeres en nacela que conforman la herradura, que están claramente repuestos.
     En cuanto a la otra puerta del torreón, aquella que daba acceso a la medina y que se ubica en el alzado Este, se presenta mediante un doble arco de ladrillos rebajado, siendo únicamente originales las jambas del arco más externo, conformadas por sillares perfectamente cortados y colocados. Por tanto, la anchura de la puerta sigue siendo la misma que en origen, pero la rosca del arco ha sido reformada. Por encima de esta puerta, se conservan dos cajones de tapial original, uno de ellos cortado, y sobre los mismos, una línea de ruptura los separa del resto de la fábrica de tapial que emerge tras los restos de un enjabelgado contemporáneo.
     La técnica constructiva es la misma que la del resto de muralla tardoalmohade, es decir, a base de cajones de tapial, observables en cada uno de sus cuatro frentes. Con respecto al alzado sur, es el que mejor conserva la fábrica de tapial, donde se observan casi nueve cajones, incluso en algunos puntos se aprecian las juntas verticales que los unen. No obstante, en origen, es muy probable que fuese una construcción unitaria en tapial, aunque su aspecto actual nos delata las continuas transformaciones que se han ido aconteciendo a lo largo de los siglos.
     Las cadenas de sillares de las esquinas de los torreones se encuentran fragmentadas. Son grandes sillares de piedra arenisca, trabajados de forma rectangular o cuadrangular que se colocan como refuerzo en las esquinas, apreciable en todos los alzados.

     En cuanto al remate almenado original, no se conserva resto alguno, tan sólo sabemos, por otros conservados en diversas partes de la cerca, que sería un tanto más alto y con los merlones más proporcionados que los que encontramos actualmente.
     En definitiva, esta tipología de puerta abierta dentro de la propia torre, en cuyo interior se desarrolla el pasaje en recodo, era un sistema más económico que el de arco flanqueado por dos torres. No obstante, la eficacia no era menor, ya que la puerta de acceso se ubicaba en uno de los costados de la torre y no en su frente, que presentaría unas mayores dimensiones, por lo que esa zona quedaba completamente dominada por la terraza de la torre, o bien, por el adarve de la muralla contigua (Torres Balbás, 1985, 618). Encontramos otros ejemplos en la alcazaba de Granada, como son la Puerta Nueva o la Puerta Monaita.
     Es muy probable que la bula papal otorgada en 1430 para la reedificación de gran parte de la muralla favoreciera igualmente a este sector, que se encontraba bastante deteriorado con motivo de las agitaciones bélicas acontecidas en Marchena.
     Se efectuaron una serie de reformas y añadidos a lo largo de todo el sistema defensivo islámico, reconstruyendo los lugares que habían quedado arrasados y reforzando aquellos puntos más débiles con fábrica de mampuesto y cantería, y con la construcción de torreones semicirculares. En este caso, encontramos un gran zócalo de mampostería careada distribuido por cada uno de los cuatro alzados y que encaja perfectamente con el resto de elementos originales existentes (cadenas de sillares y jambas de puertas). A su vez, se entremezcla con una serie de parcheados de mampostería y retacados de ladrillos correspondientes a una etapa muy posterior. Pensamos que estos grandes zócalos pueden pertenecer al siglo XV, es decir, al momento en el que hemos encuadrado las transformaciones ya citadas que se desarrollaron en el entorno de la puerta de Sevilla, así como la construcción de una serie de torreones semicirculares distribuidos por todo el perímetro amurallado, observándose en todo ello una fábrica constructiva homogénea.
     No podemos aseverar rotundamente si fue durante el siglo XVIII o bien ya en el siglo XIX, el momento en el que se produjeron una serie de reformas que afectaron notablemente el aspecto externo de este torreón. Sin duda, la más llamativa fue la apertura de una serie de vanos de entrada o ventilación para diversos negocios en su interior, que cambiarían con el tiempo, incorporados en el zócalo de mampuesto, que a su vez quedó encubierto por una gruesa capa de pintura que homogeneizaba su aspecto, junto con la jabelga que recibió toda la zona intermedia y alta ocultando la primitiva fábrica de tapial. Es por ello, que hasta la segunda mitad del siglo XX, este monumento, que además había perdido todo su remate almenado, aparecía aislado y sin ese carácter militar y fortificado del que en su día hizo gala, y que años después recuperará.
     En el siglo XIX, se llevaron a cabo bastantes destrucciones en el trazado amurallado. Una de las más significativas fue la demolición de la puerta de Osuna, de la que tan sólo conservamos uno de los dos torreones que poseía. La puerta de Morón tenía adosada un lienzo de muralla que conectaría con una torre cuadrangular la cual se encontraba en lo que es hoy día la plaza actual del ayuntamiento, donde en la centuria siguiente, en 1906, aprovecharon la base de la susodicha torre para levantar la conocida Torre del Reloj (Alcaide, 2003, 89).
     Durante estos años, todo aquello que supusiera un entorpecimiento para el crecimiento y desarrollo de la ciudad sería desmantelado sin excepción alguna. Tal es el caso del lienzo amurallado al que hemos hecho mención, el cual, para poder abrir la calle San Francisco y por la que pudieran pasar los carruajes holgadamente, fue cortado y destruido casi al completo, dejando tan sólo un pequeño vestigio de su grandiosidad, y que encontramos hoy bastante fragmentado y modificado. Es por ello que este torreón adquiere, desde estos momentos, un carácter aislado, presentándose como un nuevo hito monumental junto con la puerta de Sevilla.
     Fueron muchas las alteraciones experimentadas en este torreón durante el siglo XIX. Por el tipo de ladrillo empleado en numerosas zonas de cada uno de los cuatro alzados, pensamos que debe tratarse de una obra correspondiente a una etapa bastante moderna, concretamente a esta centuria o a los primeros años del siglo XX.
     Pero además, existen una serie de retacados de ladrillos en las partes bajas de los ángulos. En aquellas otras zonas donde ha habido una pérdida de materia constructiva, como es el fragmento de lienzo amurallado cortado en el siglo XIX para incorporar la calle San Francisco (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Se trata de una de las puertas principales del recinto amurallado. Conectaba la medina con el camino que llegaba a Morón de la Frontera, aunque las múltiples funciones a lo largo de la historia, impiden ver a simple vista cuál fue su estructura y función originaria. En nuestra localidad es conocida como “Los Cuatro Cantillos”.
     Fue un acceso de eje acodado con carácter cerrado y militar, al que se accedía desde la ciudad extramuros a través de un arco enjarjado de herradura apuntado, enmarcado por un elaborado alfiz de cantería de cuidada factura, pero muy modificado del aspecto primitivo. Este arco se abre a un pequeño umbral, cubierto por bóveda de cañón de ladrillo que mediante otro arco de herradura apuntado realizado en este mismo material, permite el acceso al patio, el cual se desarrollaba entre el vano de entrada y el de salida. Es decir, una doble puerta con abertura de ejes perpendiculares.
     Tanto el arco, como el despiece de sus dovelas, el alfiz y todos los sillares cuadrangulares y ladrillos que lo encuadran, forman parte de la etapa tardoalmohade, a excepción de los salmeres en nacela que conforman la herradura, que son posteriores.
     En cuanto a la otra puerta, la que daba acceso a la medina, presenta un doble arco rebajado de ladrillos, siendo únicamente originales las jambas del arco más externo, conformadas por sillares perfectamente cortados y colocados.
      La técnica constructiva es la misma que la del resto de muralla, es decir, a base de cajones de tapial, observables en cada uno de sus cuatro frentes. Es muy probable que el tapial predominase en toda la construcción, aunque su aspecto actual nos delata las continuas transformaciones a lo largo de los siglos. Las esquinas presentan grandes sillares de piedra arenisca, trabajados de forma cuadrangular que se colocan como refuerzo.
     En definitiva, esta tipología de puerta abierta dentro de la propia torre, en cuyo interior se desarrolla el pasaje en recodo, era un sistema más económico que el de arco flanqueado por dos torres (Arco de la Rosa), sin que la eficacia se viera alterada.
     La reedificación de gran parte de la muralla, bajo la bula papal otorgada en 1430, tras los movimientos bélicos de la villa, también afectó a esta parte del sistema defensivo islámico, reconstruyendo los lugares que habían quedado arrasados y reforzando aquellos puntos más débiles con fábrica de mampuesto y cantería.
     En este caso, encontramos grandes zócalos de mampostería careada distribuidos por cada uno de los cuatro alzados, que podrían pertenecer al siglo XV, momento de las transformaciones de la Puerta de Sevilla, por la fábrica constructiva homogénea, que encaja perfectamente con los elementos originales existentes. Fue durante el siglo XVIII, el momento en el que se produjeron una serie de reformas que afectaron notablemente al aspecto externo de este torreón. La más llamativa fue la apertura de vanos (de entrada o ventilación), incorporados en el zócalo de mampuesto, que quedaron encubiertos por una gruesa capa de pintura y jabelga (revestimiento de cal) en la zona intermedia y alta ocultando la primitiva fábrica de tapial.
     En el siglo XIX, se llevaron a cabo bastantes destrucciones en el trazado amurallado y alteraciones en este torreón. La Puerta de Morón tenía adosado un lienzo de muralla que conectaba con una torre cuadrangular, que se encontraba en lo que hoy día es la plaza del ayuntamiento, y donde en 1906, aprovecharon la base de dicha torre para levantar la conocida “Torre del Reloj”.
     En estos años de crecimiento y desarrollo, el lienzo amurallado fue cortado y destruido casi por completo para poder abrir la calle San Francisco, de forma que pudieran pasar los carruajes, dejando tan sólo un pequeño vestigio de su grandiosidad. El torreón adquiere así un carácter aislado y su reconstrucción se basó en el retacado (relleno de mortero) de ladrillos en las partes bajas de los ángulos y parcheado en aquellas zonas donde la pérdida de materia constructiva fuera mayor (como por ejemplo, las jambas del arco de herradura).
     Una vez entrado el siglo XX, se realizaron una serie de transformaciones que dieron una nueva imagen al torreón más parecida a la que pudiera tener en origen. Se elimina el zócalo pintado que se había incorporado años atrás, dejando relucir el mampuesto que poseía, posiblemente, desde el siglo XV. Las puertas y ventanas pertenecientes a comercios que se encontraban en su interior, rompiendo la primitiva fábrica, se cegaron con unos parches de mampostería. Tan sólo se dejó el balcón de arco apuntado de ladrillos haciéndole leves reformas. Se reconstruyó un remate almenado de tipo oriental, ya que no se conservaba resto alguno del original, más alto que el actual, sobre un doble encintado característico de las construcciones almorávides, con fábrica de ladrillos y recubierto con mortero de cemento, cuyos merlones eran algo desproporcionados en comparación con otros originales conservados en diversos puntos de la cerca.
     En el último cuarto del siglo XX, se enjabelgó (blanqueado de cal o yeso) toda la mitad superior donde se encontraba el tapial original tardoalmohade y aún hoy, se deja ver en algunas zonas altas del torreón.
     En la década de los 80, se procedió a rehabilitar el interior, momento en el que se colocaron las cristaleras y las verjas de hierro en las puertas para que dieran luminosidad y protección a la exposición que alberga. Aunque existen ejemplos de ejes acodados en puertas almorávides, las características formales (patio, doble arco, uno de cantería y otro de ladrillo, con umbral cubierto por bóveda de cañón), nos permite relacionarla con las obras de fortificación que emprenden los almohades (www.murallasdemarchena.es).
     Se trata de una doble puerta con patio y torre que la defiende. En ella tiene su sede la Oficina Municipal de Información Turística. El patio se techó y se instaló una colección de Lorenzo Coullaut-Valera, escultor marchenero de fines del siglo XIX, autor de obras como el monumento a Bécquer en los jardines del parque María Luisa (Sevilla) o el monumento dedicado a Cervantes de la Plaza de España (Madrid).
     La muestra de "Lorenzo Coullaut Valera" se encuentra ubicada en un torreón almohade del Siglo XII.
     Se inauguró el 12 de Octubre de 1990 y es una colección permanente compuesta por veintitrés esculturas, tres relieves y dos dibujos originales que se reparten en dos salas. Esta magnífica colección fue adquirida por Ilustre Ayuntamiento de Marchena a dos familiares del artista.
    Lorenzo Coullaut Valera nace en Marchena el día 12 de Abril de 1876, fruto del matrimonio compuesto por un ingeniero francés y Mª Teresa Valera y Díez de la Cortina natural de Marchena.
     Inicia sus estudios de Ingeniería naval en Nantes, que interrumpe para dedicarse al mundo del arte a partir de 1893. Tras volver a Marchena, comienza su formación artística en los talleres de Susillo en Sevilla y Querol en Madrid.
     A partir de 1898 se establece como escultor en la Granja (Segovia) y participa con sus obras en las exposiciones nacionales y en múltiples concursos, donde recibe varias menciones honoríficas y medallas. Entre ellos destacan el monumento a Cervantes en la Plaza España de Madrid y el monumento a Bécquer en el parque Mª Luisa en Sevilla.
     Se hizo famoso tanto por los premios recibidos como por los múltiples encargos precedentes de entidades públicas y privadas, teniendo obras por toda España y en el extranjero.
      El 21 de Agosto de 1932, fallece en Madrid a la edad de 56 años (Ayuntamiento de Marchena).
     La puerta de Morón en Marchena era una de las puertas de entrada con que contaba la antigua ciudad amurallada durante la época medieval.
     También conocida como de Los Cuatro Cantillos, esta puerta presentaba un carácter cerrado y militar al que se accedía desde fuera de la ciudad a través de un arco de herradura apuntado y enmarcado en un elaborado alfiz de piedra labrada, que se encuentra un tanto modificado del aspecto que presentaría en origen.
     Actualmente la puerta de Morón cuenta con tres accesos distintos desde el exterior.
     Así, por la calle Las Torres presenta una puerta de entrada acabada en arco rebajado que hoy da acceso a la Oficina de Información y Turismo de esta localidad. Más interesante es la puerta que se abre a la calle San Francisco, de tipo de herradura, con alfiz; a su lado puede leerse el rótulo que anuncia el museo Lorenzo Coullaut Valera, que se encuentra en su interior. Y finalmente, una tercera puerta se abre en la cara siguiente, por donde tiene su entrada el citado museo, a través del apacible y sugestivo Rincón del guitarrista Melchor, con un arco también rebajado formado por una rosca de ladrillo.
     Nacido en Marchena, Lorenzo Coullaut Valera fue uno de los escultores más relevantes de la primera mitad del siglo XX, cuya obra se reparte por numerosas ciudades, sobre todo en Madrid y Sevilla, donde realizó numerosos monumentos públicos. En el interior de la antigua Puerta de Morón se encuentra una valiosa colección de obras y bocetos de ese autor representativa de la cultura y estética del historicista y regionalista propia de su época.
Horario
Lunes a viernes de 9.30 a 14.30 h.
Sábados, domingos y festivos de 10.00 a 14.00 h.
En agosto se cierra los domingos (Turismo de la provincia de Sevilla).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Puerta de Morón - Museo Lorenzo Coullaut Valera - Oficina de Turismo, en Marchena (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia.

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