Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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jueves, 5 de marzo de 2020

La Leyenda del Lagarto, de la Catedral de Santa María de la Sede


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Leyenda del Lagarto, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
   La Catedral de Santa María de la Sede  [nº 1 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 1 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de la Constitución, 13; con portadas secundarias a las calles Fray Ceferino González, plaza Virgen de los Reyes, y calle Alemanes (aunque la visita cultural se efectúa por la Puerta de San Cristóbal, o del Príncipe, en la calle Fray Ceferino González, s/n, siendo la salida por la Puerta del Perdón, en la calle Alemanes); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.  
   En la Catedral de Santa María de la Sede, podemos contemplar en la Nave del Lagarto [nº 116 en el plano oficial de la Catedral de Santa María de la Sede]; este espacio se llama igual desde el siglo XIV, aunque matizado a veces con las alternativas "de San Cristobal" y "de la Granada". En uno de sus tramos existió en 1635 una representación de "Elías y el Ángel" (Alfonso Jiménez Martín, Cartografía de la Montaña hueca; Notas sobre los planos históricos de la catedral de Sevilla. Sevilla, 1997), ante la Puerta del Lagarto (Nueva)  el famoso Lagarto colgado del techo, origen de la leyenda.
   Entrando por el lado este del Patio de los Naranjos (el más cercano a la Giralda y en el que está ubicada la Biblioteca Colombina) nos encontramos con la Nave del Lagarto. En el techo de la misma observaremos cuatro objetos: un lagarto de gran tamaño, un colmillo de elefante, una vara de mando y un bocado de caballo de mayor tamaño de lo habitual. Como es natural, esta mescolanza de objetos también tiene su leyenda.

   Dicen que sobre el año 1260, el Sultán de Egipto, deseoso de entablar relaciones políticas y económicas con España, envió a Alfonso X una embajada para pedirle la mano de su hija Berenguela. Entre los presentes de dicha embajada figuraban un colmillo de elefante (hay quien asegura que se trajeron el elefante entero), un cocodrilo del Nilo vivo y una jirafa domesticada, con su montura, bocado y bridas.
   El rey cristiano rechazó cortésmente la pretensión del Sultán y envió la embajada de vuelta a Egipto, cargada de buenos deseos y regalos variados. El cocodrilo y la jirafa se quedaron en los jardines del Alcázar, hasta su muerte. El lagarto, entonces, fue disecado y se colgó de recuerdo, junto con el colmillo, el bocado de la jirafa y la vara de mando que trajo de vuelta el enviado de Alfonso X al término de su embajada en Egipto.
   Con el tiempo, el reptil se pudrió y, para no olvidarlo, se hizo otro de madera, pintado de verde. En los siglos XVII y XVIII se descuelga para enlucir el techo y se introducen documentos en su boca que explican su historia.
   Como no podía ser de otro modo, la religiosidad aporta su granito de arena a la leyenda y afirma que estos cuatro objetos simbolizan la prudencia, justicia, fortaleza y templanza. 
 En el tímpano de la puerta se hallaban las imágenes de la Virgen del Reposo o de los Remedios, David y Salomón. Aunque no han podido ser estudiadas debidamente, podemos situarlas en las postrimerías del siglo XV y en el entorno o círculo de Mercadante de Bretaña o de Pedro Millán (José Hernández Díaz, Retablos y Esculturas de la Catedral de Sevilla, en La Catedral de Sevilla, Ediciones Guadalquivir, 1991).
   El Alfarje de la Nave del Lagarto en el Patio de los Naranjos, procede del desaparecido Colegio de Santo Tomás, es obra del siglo XVI de estilo mudéjar, decorado con labores de lazo (Alfredo J. Morales, Artes Aplicadas e Industriales en la Catedral de Sevilla, en La Catedral de Sevilla, Ediciones Guadalquivir, 1991).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Leyenda del Lagarto, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

   Más sobre la Catedral de Santa María de la Sede, en ExplicArte Sevilla.

lunes, 2 de diciembre de 2019

La Leyenda de Doña María Coronel, en el Convento de Santa Inés


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Leyenda de Doña María Coronel, en el Convento de Santa Inés, de Sevilla.      
  Hoy, 2 de diciembre, siguiendo una tradición secular, es expuesto a la veneración de los fieles en el Real Monasterio de Santa Inés de Sevilla el cuerpo incorrupto de Doña María Coronel, fundadora del monasterio y heroína de una de las leyendas más vivas en Sevilla, al quemarse el rostro con aceite hirviendo ante las solicitudes del rey don Pedro el Cruel.
   Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Leyenda de Doña María Coronel, en el Convento de Santa Inés de Sevilla.
    El Convento de Santa Inés  [nº 29 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 50 en el plano oficial de la Junta de Andalucía] se encuentra en la calle Doña María Coronel, 5, del Barrio de la Encarnación-Regina, en el Distrito Casco Antiguo, está íntimamente ligado a la Leyenda de Doña María Coronel.
   Tal día como hoy, cuenta la leyenda, murió una de las mujeres más importantes en la historia de Sevilla. La suya había sido una vída salpicada por luchas de poder real, amenazas, acoso y una continua lucha por mantenerse íntegra, a su fe y a su señor.
   Nos encontramos en la Sevilla del siglo XIV, capital de la Andalucía del Guadalquivir, en una tierra reinada por Pedro I El Cruel. Doña María Coronel es el prototipo de la mujer sevillana del siglo XIV, extremadamente inteligente, pura y fiel a su círculo aristocrático.
   María era la hija mayor de Alfonso Fernández Coronel, noble sevillano, vasallo directo del rey Alfonso XI, alguacil mayor de la ciudad de Sevilla, que participa activamente dirigiendo las milicias municipales de la ciudad, en la batalla del Salado, 1340, y en el cerco de la ciudad de Algeciras. Es fiel al rey Alfonso XI y a su favorita, Leonor de Guzman, y a los hijos nacidos de ésta. Especialmente al futuro Enrique II, conocido infante Enrique de Trastamara. Por lo tanto, su esposo y padre son enemigos del rey Pedro I.
   Se trata de un momento histórico en el que dos linajes se disputan el trono de Castilla y Pedro I hará todo lo posible por conseguir el poder absoluto, y también el favor de Doña María Coronel de la que cae completamente prendado. Su obsesión por la dama sevillana no hará más que incrementarse por cada rechazo de ésta. Así que el monarca no lo dudó y acabó con su mayor obstáculo: mató al esposo de ésta, Juan de la Cerca y confiscó todos los bienes de Doña María.
   Hundida en un gran pesar, ya viuda toma los hábitos y se refugia en el convento de Santa Clara de Sevilla, en busca de una vida de recogimiento, y sobre todo, alejada del rey Pedro I. Sin embargo, los muros del convento no impedirían que el monarca prosiga en su intento por hacerse con el amor, o la entrega de María Coronel. Hasta que un día, tras escapar de las pretensiones de El Cruel, huyó hasta la cocina del convento y se vertió aceite hirviendo en su cuerpo.
   Prefirió desfigurar su bello y su armoniosa figura antes que caer en las manos de su acosador real. Fue su salvación, al menos, ya no tuvo que negar una y mil veces los requerimientos de Pedro I.
   Años más tarde, cuando muere Pedro I a manos de su hermanastro Enrique, el nuevo monarca devolvió los bienes a las hermanas Coronel. Nuevamente poseedora de una importante fortuna e inmuebles, María Coronel y su hermana Aldonza fundaron el convento de Santa Inés en el solar del antiguo palacio de su padre; allí se trasladaron en 1376 con las monjas del convento de Santa Clara.
   Según la tradición popular, Doña María Coronel falleció el 2 de diciembre de 1411, a los 77 años de edad y siendo la primera abadesa del nuevo convento.
  Su leyenda se acrecentó aún más cuando siglos más tarde, en 1626, durante el traslado de sus restos mortales, se descubrió su cuerpo incorrupto, y con las marcas de quemaduras aún en su rostro y el cuello.
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