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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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sábado, 2 de mayo de 2026

Un paseo por la calle Callao

     Por amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Callao, de Sevilla, dando un paseo por ella
     Hoy, 2 de mayo, es el aniversario del Combate del Callao (2 de mayo de 1866), batalla entre la Armada Española y las repúblicas de Chile y Perú, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Callao, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      La calle Callao es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de Triana Casco Antiguo, del Distrito Triana; y va de la calle Castilla, a la confluencia de las calles San Jorge, y Antillano Campos
      La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Posiblemente este espacio estuvo incluido en Castilla, que ya aparece a primeros del siglo XV. En el siglo XVI se le conoce como Sitio de las Esparterías, hasta que en 1869 se desgaja de San Jorge y toma su denominación actual, en memoria de la batalla de este nombre (1866) tras el bloqueo decretado por el gobierno español a las repúblicas de Chile y Perú. Espacio de límites poco definidos, se fue configurando junto al castillo a partir del siglo XV, al aparecer una serie de construcciones, como las antiguas esparterías que dieron nombre a la zona. En l904 se coloca un acerado de asfalto y en 1915 se repara el adoquinado, reformándose de nuevo su pavimento en 1925. Actualmente es un espacio corto y amplio, asfaltado y con acerado de losetas de cemento, elevado con respecto a su cota primitiva, como puede apreciarse en las escalerillas del mercado. Las edificaciones de su acera de los impares la ocupó la fachada del castillo, y, a finales del XIX, varias casas de dos plantas con bajos comerciales. La acera de los pares presenta un caserío de finales del s. XIX entre los que cabe destacar los núms. 3 y 4, de tipo regionalista, construidos por Gómez Millán.
     En sus bajos se estableció la Cerámica Corbato, actual Santa Ana, con fachada de este material. Aparte de la mención que merece el mercado de abastos y las antiguas esparterías, en cuanto a funcionalidad hay que destacar la importancia de este espacio como lugar de reunión, especialmente los locales de la Peña Trianera y la Casa Cuesta, entidades estrechamente vinculadas desde su fundación por los años 1926-27, lugar de reunión de personajes famosos en el mundo de los toros, las artes y las letras, que en 1932 redactan sus estatutos convirtiendo la peña en auténtico casino del barrio. El antiguo carácter de esta vía como parte del camino real de Camas y Castilleja ha hecho de él siempre un lugar de intenso tráfico, del que Álvarez Benavides en 1873 como "una de las principales vías del barrio" [María del Carmen Medina, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la historia del Combate del Callao, que da nombre a la vía reseñada;
     Durante la Guerra del Pacífico sostenida entre España y estados de Sudamérica, sobre todo Perú y Chile, tuvo lugar el combate del Callao del 2 de mayo de 1866. Fue un intenso encuentro artillero, en el que una escuadra española mandada por el brigadier Casto Méndez Núñez se enfrentó a las fuertes defensas costeras peruanas del Callao. 
     Por desplantes, insultos y desafortunadas actuaciones, se había abierto una crisis entre España y los citados países sudamericanos, que mal conducida terminó en guerra. Durante su transcurso, Méndez Núñez, tras haber intentado acabar con la escuadra aliada peruano-chilena en Abtao sin conseguirlo, de acuerdo con las órdenes recibidas había bombardeado el indefenso puerto chileno de Valparaíso el 31 de marzo de 1866. A continuación se dirigió al puerto peruano del Callao para proceder a su bombardeo, lo que iba a dar lugar al duro combate del 2 de mayo siguiente.
     El Callao, situado en la costa sudamericana del Pacífico, se abre hacia el norte a la amplia y limpia bahía Mar Mansa, que por el suroeste limita con el cabo La Punta, y hacia el centro tiene el puerto. Al sur de La Punta se abre a la ensenada Mar Brava, de aguas restringidas y con frecuencia encrespadas. Y al oeste tiene la isla de San Lorenzo. 
     Desde el comienzo de la crisis, el Callao había reforzado sus defensas con una escuadrilla de barcos, tropas en tierra, un campo minado, y fuertes baterías de costa distribuidas en tres grupos: uno al norte de la población; otro al sur; y el tercero en el puerto con un solo un cañón, conocido como Cañón del Pueblo porque había sido montado por civiles en 24 horas. El número de sus cañones se debió de aproximar al total de 56 declarados por los peruanos. Sus calibres eran: cinco rayados de 500 libras Blakely, cuatro rayados de 300 libras Armstrong, uno liso de 68 libras (o 20 cm) y 46 lisos de 32 libras (o 16 cm). 
     A estas cifras había que sumar los cañones en depósito, los desplegados por el Ejército de Tierra, y los de los barcos surtos en puerto. De ellos destacaban los rayados de avancarga Blakely y Armstrong, que superaban a todos los españoles pero tenían un lento ritmo de fuego de dos a tres disparos por hora.
     Excepto el Cañón del Pueblo, que no tenía protección, los demás Blakely estaban medio enterrados en fosas semicirculares, sobre plataformas muy sólidas con ejes para orientarlos. Las dos torres de los Armstrong eran giratorias, con un blindaje de hierro de diez cm de espesor por los laterales. La mayor parte de las restantes piezas solo contaban con la débil protección de parapetos de cascajo y sacos terreros, sobre paredes de adobe o ladrillo. 
     Los barcos peruanos eran: monitores Loa y Victoria; vapores armados Tumbes, Colón, y Sachaca; y seis botes de vapor con torpedos de botalón. Las tropas comprendían tres brigadas complementadas con zapadores y obreros militarizados. Y el campo minado, al parecer formado por unas 40 minas, se encontraba frente las baterías del sur, con cables a tierra para su actuación.
     La escuadra española estaba formada por la fragata blindada Numancia y cinco fragatas y una corbeta de hélice y casco de madera: Almansa, Berenguela, Blanca, Villa de Madrid, Resolución y Vencedora, con un total de 245 cañones de avancarga en su artillería principal: 132 lisos de 68 libras, 84 lisos de 32 libras, 18 rayados de 16 cm y 11 obuses de 15 cm. También contaba con 25 cañones menores.
     En combate, estos cañones quedaban reducidos a la mitad, ya que casi todos estaban montados por las bandas. 
     Además, la Blanca y la Vencedora también llevaban cohetes Congreve. Los restantes barcos de la escuadra, eran transportes sin más armas que las de las dotaciones y algún pequeño cañón de desembarco. 
     Iba a ser un combate difícil para los barcos españoles, casi todos de madera, contra cañones rayados de gran calibre, bien abastecidos y sin problemas logísticos, mientras los españoles, lejos de sus bases y con muchas faltas de repuestos, no podían reponer pérdidas y andaban bajos de munición. Además, estaban presentes barcos neutrales de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, que no intervinieron, pero estuvieron muy pendientes del combate para extraer enseñanzas.
     A la llegada de la escuadra española al Callao el 25 de abril, Méndez Núñez envió un comunicado notificando que iba a bombardear la plaza dentro de cuatro días si antes no se llegaba a un acuerdo satisfactorio. Al poco tiempo, una delegación del cuerpo diplomático le pidió un aplazamiento para poner a salvo intereses neutrales, a lo que accedió el español, fiando el bombardeo para el 2 de mayo.
     El 31 de abril, Méndez Núñez reconoció la costa a bordo de la Vencedora, y decidió distribuir sus fuerzas en tres divisiones para atacar a todas las baterías a la vez desde Mar Mansa.
     Sobre las 10 de la mañana del 2 de mayo, los barcos comenzaron a levar anclas para abandonar la isla de San Lorenzo y distribuirse en tres divisiones. La Numancia formó la primera división con la Blanca y Resolución para batir las baterías del sur. La Berenguela y Villa de Madrid formaron la segunda, que tenía que batir las baterías del norte. Y la Almansa y Vencedora completaron la tercera división para bombardear el puerto y los barcos peruanos. 
     A las once y media la Numancia tocó zafarrancho de combate, y a las doce menos diez abrió fuego. A continuación entró en acción la Blanca seguida de la Resolución. Las baterías de tierra contestaron al fuego, y el combate comenzó a generalizarse. Durante su desarrollo los barcos se aproximaron tanto a tierra, que alguno –como la Numancia o la Resolución–, llegó a varar.
     Los barcos peruanos iniciaron alguna salida que fue neutralizada. Y el Cañón del Pueblo se averió con el primer disparo, sin poder ser reparado por estar desprotegido. 
     Sobre las doce y cuarto, una granada, posiblemente de la Blanca, cayó sobre saquetes de pólvora de la torre La Merced y produjo su voladura con muchas bajas. Poco después, un proyectil hirió a Méndez Núñez en la Numancia. 
     Pasadas las doce y media, la Villa de Madrid encajó un proyectil pesado que le causó varias bajas, la dejó sin vapor y tuvo que ser remolcada hacia San Simón por la Vencedora. Unos minutos más tarde, la 
Berenguela recibió dos proyectiles de alto calibre que le produjeron un incendio y una gran vía de agua bajo la flotación, y estuvo a punto de hundirse. La salvó la reacción de su gente al cambiar los cañones de banda y dejar la vía fuera del agua, mientras se retiraba a San Lorenzo. Y una bala sólida de gran calibre alcanzó a la Numancia, perforó los 13 cm de su coraza, entró más de 25 cm en el forro de madera que la escupió al mar, y le produjo una pequeña vía de agua.
     Pasadas las dos de la tarde, la Almansa recibió dos impactos pesados que le causaron algunas bajas y un incendio cerca de un pañol de pólvora. Cuando recomendaron al comandante Sánchez Barcáiztegui inundar el pañol se negó con la frase: “Hoy no es día de mojar la pólvora”, se alejó momentáneamente para apagar el fuego, y a los treinta minutos regresó a su puesto. Y sobre las dos y media, la Blanca recibió otro proyectil pesado que le produjo daños y varias bajas, entre ellas su comandante Topete, que resultó levemente herido.
     Pasadas las cuatro y media de la tarde, solo unos pocos cañones peruanos seguían abriendo fuego cuando los barcos españoles se estaban quedando sin munición, empezaba a caer la niebla y se iba a poner el sol. Y a las cinco de la tarde la escuadra cesó el fuego y se retiró a San Lorenzo para dar sepultura a los muertos, curar heridos y reparar. El combate había terminado.
     El 9 de mayo Méndez Núñez dio por finalizadas las operaciones, levantó el bloqueo, y el día 10 salió a la mar, dando por finalizada aquella extraña contienda.
     Ambas partes se batieron hasta el límite de sus posibilidades y con valentía. Los barcos españoles dispararon 5.780 proyectiles, recibieron 167 impactos (13 de grueso calibre), y tuvieron 194 bajas, de ellas 43 muertos. Su único disparo “afortunado” fue el que voló la torre La Merced. Todos menos la Vencedora resultaron alcanzados por el fuego peruano, y la Villa de Madrid y la Berenguela quedaron fuera de combate.
     La mayor parte de los cañones de tierra fueron desmontados y algunos destruidos, y todos los barcos peruanos resultaron alcanzados. Y aunque no se conocen las cifras de bajas peruanas, debieron de oscilar entre 1.400 y 2.000.
     El Combate del Callao levantó un gran interés, ya que por una parte estaba uno de los barcos más poderosos del mundo, y por la otra se encontraban algunos cañones que eran el último grito de la artillería. 
     En el Callao no hubo vencedores ni vencidos. Para el Perú fue una gran victoria por la positiva reacción de su gente. Sus baterías mantuvieron todo el fuego que pudieron, y salvo la voladura de La Merced, los daños sufridos fueron relativamente pequeños. Pero no fueron capaces de hundir ni un solo barco español, y los averiados, a los pocos días ya estaban navegando. Y sus minas, torpedos de botalón y demás artificios explosivos no obtuvieron ningún resultado.
     Para España fue una gran victoria, porque los barcos aguantaron el fuego de las baterías de tierra y fueron capaces de acallar la mayor parte de ellas. Pero no pudieron acabar totalmente con sus fuegos, y al día siguiente muchas estaban de nuevo operativas. Tampoco fueron capaces de hundir a ninguno de los barcos peruanos, ni lograron incendiar los edificios portuarios. Y sus cohetes Congreve fallaron.
     El combate del Callao, hoy está considerado como un enfrentamiento estéril, fruto más de las ideas románticas de la época, que de un profundo estudio estratégico y de un detallado análisis político (Marcelino González Fernández. Ni vencedores ni vencidos: El Combate del Callao).
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Más sobre el Camino de Santiago, a su paso por la ciudad de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La calle Callao, al detalle:
Monumento a los Alfareros, Ceramistas y al Cante por Soleá de Triana
Cerámica Santa Ana

lunes, 27 de abril de 2026

Un paseo por la calle Magallanes

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Magallanes, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 27 de abril, es el aniversario del fallecimiento (27 de abril de 1521) de Fernando de Magallanes, navegante y descubridor portugués al servicio de la Corona de España, a quien está dedicada esta vía, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Magallanes, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     La calle Magallanes, en el Callejero Sevillano, es una vía que se encuentra en el Barrio de Triana Casco Antiguo, del Distrito Triana, y va de la calle Castilla, a la calle Alfarería.
      La calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Aparece en 1845 con el nombre de Estu­diantes, pasando en 1859 a denominarse Alonso Mingo, en memoria del fundador de un hospital que existió en la esquina con Castilla. En 1868 se rotula con el nombre actual, recordando a Fernando de Magallanes (1480-1521), navegante portugués al servicio de Castilla, descubridor del estrecho de su nombre. A pesar de su rotulación oficial, hasta 1930 se le conoce como callejón del Vinagre, por su comunicación con la calle de este nombre (v. Alfarería). Surge en la primera mitad del siglo XIX al edificarse el sitio de Portugalete, situado en los alrededores de la Alcantarilla de los Ciegos (v. Castilla), uniendo esta zona con Pagés del Corro, dentro de la ordenación urbana que dio lugar a Chapina. Actualmente es una vía tan estrecha que no permite el paso de vehículos, corta, adoquinada y sin acerado, con farolas sobre brazo de fundición adosado a las fachadas. El caserío del siglo XIX se ha sustituido en una de sus aceras por un blo­que de pisos, mientras en la otra se conservan viviendas unifamiliares de dos plantas [María del Carmen Medina, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993]. 
Conozcamos mejor la Biografía de Fernando de Magallanes, marino portugués, a quien está dedicada esta vía;
   Fernando de Magallanes (Sabrosa, Tras-os-Montes -Portugal-, c. 1480 – Isla de Mactán -Islas Filipinas-, 27 de abril de 1521); navegante y descubridor portugués al servicio de la Corona de España, caballero comendador de la Orden de Santiago.
   Nació en el norte de Portugal en el seno de una familia noble, los Magalhais, que en 1095 se establecieron en Portugal procedentes de Borgoña. El lugar y la fecha de su nacimiento no se conocen con exactitud, aunque la mayoría de las fuentes se inclinan por Sabrosa (cercana a Vila Real) como el lugar en el que vio la luz por primera vez, otras fijan su nacimiento en Oporto, Lisboa o Ponte da Barca (distrito de Viana do Castelo). En cuanto a la fecha se puede afirmar que fue en torno a 1480.
   Era el menor de los tres hijos de Ruy de Magallanes, hijo de Pedro Alonso de Magallanes, y de Alda de Mesquita, hija de Martín Gonzálvez Pimenta y de Inés de Mesquita. Sus hermanos se llamaban Isabel y Diego.
   De niño ingresó como paje de Leonor de Lancaster, esposa de Juan II, rey de Portugal desde 1481. En la Corte recibió lecciones de equitación, música, danza y adquirió conocimientos científicos que incluían clases de Ciencias Náuticas, Cartografía y Astronomía, impartidas por competentes maestros nacionales y extranjeros, también recibió una férrea formación religiosa que marcó en buena forma la conducta de su vida.
   Los años de su infancia fueron testigos de grandes descubrimientos geográficos llevados a cabo por españoles y portugueses con el doble propósito de extender la fe católica y averiguar la verdadera situación de las islas de las especias que, como la pimienta, clavo, nuez moscada, jengibre o canela, aparte de ser estimulantes del apetito, eran inmejorables conservantes, al tiempo que disfrazaban con su sabor la podredumbre de las viandas. En 1487, Bartolomé Díaz descubrió el cabo de las Tormentas, hoy cabo de Buena Esperanza; en 1492, Cristóbal Colón descubrió el Nuevo Mundo; Vasco de Gama dobló el cabo de Buena Esperanza en noviembre de 1497 y llegó a Mozambique; en 1500, Álvarez Cabral llegó, llevado por los vientos, a la Tierra de Santa Cruz, actual Brasil, cuya parte norte había sido descubierta unos meses antes por Vicente Yáñez Pinzón y Diego de Lepe. El mismo año de 1500 Juan de la Cosa dio a conocer la carta náutica de su nombre. 
  En el Portugal medieval que conocieron y en el que vivieron los antepasados de Fernando de Magallanes la náutica, los nuevos descubrimientos y el comercio eran los temas obligados en las conversaciones cotidianas que desde niño estuvo habituado a escuchar y que, sin duda, forjaron su espíritu aventurero y le llevaron a realizar la gesta que hizo que su nombre figure en los anales de la historia.
   De la Corte de Leonor de Lancaster pasó al servicio del rey Manuel I. Embarcó en la flota que, al mando de Francisco de Almeida, partió de Lisboa el 25 de marzo de 1505 camino de la India, de la que Almeida fue nombrado virrey.
     Esta fuerza naval tomó sucesivamente Quiloa, actual Kilwa Kisiwani (Tanzania) y Mombasa (Kenia), para concluir viaje en Cananore (costa de Malabar) el 21 de octubre. Aquí, el 16 de marzo de 1506, tuvo lugar un gran combate naval en el que los lusitanos al mando de Lorenzo de Almeida, hijo mayor del virrey, destruyeron la flota del Zamorín de Calicut (India), que había pretendido sorprenderle.
   En noviembre del mismo año partió Magallanes de Cochin (India), a las órdenes de Nuño Vaz Pereira, para sofocar unas agitaciones en Tanzania, desde donde viajó a Mozambique. 
  En marzo de 1509, enrolado en la armada de Diego López de Sequeira, partió hacia Malaca, con escalas en Madagascar, Ceilán, actual Sri Lanka, y Sumatra. El 11 de septiembre, fondeados en Malaca, fueron atacadas las naves por los indígenas, mientras los mandos de la escuadra se encontraban en tierra parlamentando con el rey, perecieron sesenta portugueses en un encarnizado combate y varios tripulantes de la nave de Sequeira quedaron prisioneros en tierra; Magallanes salvó de una muerte segura al capitán Francisco Serrano, lo que volvió a hacer unas semanas más tarde, cuando la nave de Serrano fue atacada por un junco armado. De estos hechos surgió una gran amistad entre estos dos hombres. Este primer reconocimiento de Malaca resultó, por tanto, un verdadero desastre, que fue en gran parte compensado por las valiosas informaciones náuticas conseguidas y las noticias auténticas de las islas de las Molucas, a donde llegó Francisco Serrano.
   En octubre de 1510 Magallanes se encontraba nuevamente en Cochin y pasó al servicio del nuevo virrey Alfonso de Albuquerque, con quien participó a fines de noviembre en la conquista de Goa la Vieja, capital de la entonces India portuguesa. Acompañado de Serrano, se unió otra vez a las tropas de Alburquerque para llevar a cabo la conquista de Malaca en agosto de 1511. De regreso a la metrópoli fue admitido al servicio de la Corte como mozo fidalgo y luego como fidalgo escudeiro.
   En agosto de 1512, enrolado en la gran armada de Jaime de Braganza, salió de Lisboa hacia la costa atlántica africana de Berbería, con la misión de someter a Muley Zeyam, jefe del entonces estado tributario de Azamor, que intentaba eliminar el poderío portugués en la zona; aquí fue herido en combate con una lanza que le dejaría cojo para siempre.
   Como consecuencia de su ejemplar comportamiento en la última expedición, su jefe, Juan de Meneses, le nombró cuadrillero mayor, título honorífico que sólo había sido otorgado a dos soldados en el ejército portugués. El nuevo cargo le hacía responsable de la seguridad de los prisioneros de guerra y encargado de la custodia del botín capturado a los moros que ascendía a doscientas mil cabezas de ganado lanar y cerca de tres mil entre caballos y camellos.
   En mayo de 1514 murió su gran valedor en las tierras marroquíes, Juan de Meneses, y los enemigos de Magallanes, envidiosos por su cargo de responsabilidad, iniciaron una campaña de desprestigio contra él, acusándolo de malversación de fondos, de abuso de su cargo y de entendimiento con el enemigo. El nuevo jefe, Pedro de Sousa, que no sentía gran simpatía por él, lo destituyó y ordenó que se le abriese un proceso y que fuese juzgado por un consejo de guerra.
   Magallanes, convencido de su recto proceder, no le dio importancia al tema y regresó a Portugal sin haber nombrado una defensa legal para rebatir las causas que se le imputaban.
   Nuevamente en Lisboa, el rey, Manuel I el Afortunado, le ordenó trasladarse a Marruecos para ser juzgado de las faltas que se le acusaba. Salió absuelto del juicio y volvió a Lisboa, donde en audiencia con el Rey, tras enumerar sus méritos, desde su servicio como paje de la Reina madre hasta su herida en la plaza de Azamor, solicitó la gracia llamada de “moradía en la casa real”, que suponía el ascenso de rango en la vida social, y autorización para servir a la Corona en una de las carabelas que partiesen hacia las Molucas o viajar en una nave particular a las islas de las Especias, lo que le fue denegado. Magallanes pensó que se le hacía una gran injusticia y decidió salir de su patria.
     Recibió noticias de Francisco Serrano, en las que le comunicaba que las islas de las Especias, las Molucas, estaban muy lejos de la costa de Malaca y que sospechaba que, a tenor del Tratado de Tordesillas, de 7 de junio de 1494, que modificaba la bula (Inter Caetara II) del papa Alejandro VI, estableciendo una línea de demarcación a 370 leguas a occidente de las islas de Cabo Verde, a poniente de la cual podrían explorar los españoles y a oriente los portugueses, las Molucas estaban dentro de la demarcación reconocida a España. 
   Por aquel entonces, concretamente el 25 de septiembre de 1513, Vasco Núñez de Balboa había descubierto desde el istmo panameño el que llamó “mar del sur”, actual océano Pacífico, confirmando las conjeturas de cartógrafos y navegantes sobre la existencia de un océano entre las islas Indias colombinas y el continente asiático. Quedaba por descubrir un paso interoceánico que uniese el Atlántico y el Pacífico y, como consecuencia de las exploraciones por la zona realizadas hasta la fecha por Alonso de Ojeda, Vicente Yáñez Pinzón, Diego de Lepe, Díaz de Solís, Álvarez de Pineda y el propio Núñez de Balboa, parecía manifiesto que el supuesto estrecho no estaba en las zonas conocidas del Nuevo Mundo, pero nada se oponía a su existencia en regiones más australes o más boreales.
     De hecho, en algunas representaciones cartográficas de la época, como el mapa de Martín Waldseemüller (1507), el del polaco Stobnicza (1512) o el globo terráqueo de Johann Schöner (1515), en las que, quizás por similitud con el continente africano o con la península indostánica, se afinaba el aún desconocido sur del Nuevo Mundo y podía atisbarse un paso marítimo. La existencia de este paso permitiría a España llegar a las Molucas sin vulnerar ningún tratado.
   El trato de Magallanes con navegantes y cosmógrafos, su correspondencia con Serrano y su resentimiento con el rey portugués, le llevaron a buscar el apoyo de España para tratar de hallar el sospechado paso. Para ello renunció públicamente a la ciudadanía portuguesa y, dispuesto a buscar la ruta que permitiría llegar a las Molucas por poniente, se trasladó a Sevilla, eje de todos los negocios relativos a la expansión ultramarina, allí se unió a otros personajes como el cosmógrafo Faleiro, el también portugués Diego de Barbosa, empleado de las Reales Atarazanas, y el factor de la Casa de Contratación de Sevilla, Juan de Aranda, por cuya mediación pudo conocer a altos personajes a quienes expuso sus proyectos y consiguió una audiencia real en Valladolid.
   En la Corte de Lisboa se conocieron estas gestiones, con el consiguiente temor de que los castellanos pudiesen perturbar el monopolio portugués sobre las especias, hasta el extremo de que llegaron a pensar en entorpecer de algún modo la empresa e incluso en eliminar a su promotor, razón por la que el obispo de Burgos, Juan Rodríguez de Fonseca, vicepresidente del Consejo de Indias, puso una escolta a Magallanes.
   En Sevilla, Magallanes contrajo matrimonio con Beatriz Barbosa, hija del influyente Diego Barbosa, con la que tuvo un hijo.
   En España habían ocurrido hechos importantes, había muerto el rey Fernando el Católico y estuvo como regente el cardenal Cisneros hasta la llegada de Carlos I, que a finales de 1517 desembarcaba en las costas cantábricas acompañado de un gran séquito de cortesanos flamencos, que, aunque mal recibidos por el pueblo español, rápidamente se hicieron los dueños de la política hispánica.
   Carlos I se informó a fondo del proyecto de Magallanes y le dio su aprobación. En el documento de capitulación firmado en Valladolid el 22 de marzo de 1518, quedó bien claro que, por un período de diez años, Magallanes y Faleiro se reservaban los derechos a los viajes posteriores que se realizasen, no concediendo la Corona permiso a nadie que no fuese a ellos, siempre y cuando la búsqueda del paso se intentase por la ruta que ellos señalaban en la costa de América. Quedaba también muy claro que tenían que respetar la demarcación de Portugal. Dada la importancia del viaje, se les concedía la vigésima parte de los beneficios obtenidos, el título de adelantado y gobernador de las islas y tierras que se descubriesen a favor de Magallanes, sus hijos y herederos, y la quinta parte de los beneficios obtenidos con las especias que trajesen al regreso. 
   A comienzos de septiembre de 1518, comenzados los preparativos para emprender el viaje, el Rey le concedió a Magallanes el título de caballero comendador de la Orden de Santiago y también en esos días nació su primer hijo, al que bautizó con el nombre de Rodrigo, nombre muy español a la vez que portugués, ya que éste era el nombre del padre de Magallanes.
   Para el viaje se hizo un gasto de 8.000.000 de maravedís y se prepararon cinco naves: la Trinidad, de 110 toneladas; la San Antonio, de 120 toneladas; la Concepción, de 90 toneladas; la Victoria, de 85 toneladas; y la Santiago, de 75. Las tripulaciones estaban integradas por unos doscientos cuarenta hombres, entre ellos, el burgalés Gonzalo Gómez de Espinosa, alguacil mayor y luego capitán general de la flota; el portugués Estevao Gomes o Esteban Gómez, piloto de la Trinidad, que desertaría con la San Antonio; el genovés Juan Bautista de Punzorol, maestre de la Trinidad; el portugués Duarte Barbosa, que llegó a mandar la expedición; el piloto francés Francisco Albo, autor del más valioso documento náutico del viaje; el jerezano Ginés de Mafra, conocedor del arte de navegar y transcriptor de una versión de la campaña; el ligur León Poncaldo de Manfrino, piloto y autor de una historia de la derrota e islas halladas; el lusitano Alvaro de Mesquita, primo de Magallanes, que actuaría como capitán de la San Antonio; Juan de Cartagena, primer capitán de la última nave citada y veedor general de la Armada; el sevillano Andrés de San Martín, cosmógrafo inquieto y piloto inicial de la misma San Antonio; el guetarense Juan Sebastián Elcano, contratado como maestre de la Concepción y capitán después de la Victoria; Gaspar de Quesada, capitán de la Concepción; el portugués Joao Carvalho, piloto de la misma nao y más tarde capitán general de la flota; el onubense Martín de Ayamonte, grumete de la Victoria; cuya declaración ante los portugueses es fuente directa para el estudio del viaje; Juan Serrano, capitán de la Santiago y piloto mayor de la flota, y Antonio Pigafetta, caballero de Rodas, nacido en Vicenza, que actuó como cronista y relator de los hechos, sin cuyo relato no se habría tenido conocimiento de tantos datos interesantes y valiosos como ha proporcionado su obra.
   El 10 de agosto de 1519 las cinco naos iniciaron su viaje hasta fondear en Sanlúcar de Barrameda, desde donde se hicieron a la mar el 20 de septiembre. Entre el 27 de septiembre y el 2 de octubre hicieron provisiones y completaron las dotaciones hasta doscientos sesenta y cinco hombres en Tenerife, luego se acercaron a la costa africana de Sierra Leona para buscar los vientos del sudeste que les llevarían al cabo brasileño de Santo Agostinho y, desde allí, hasta la bahía carioca de Santa Lucía, hoy Guanabara. Hacia el 27 del mismo mes, siempre navegando hacia el sur, reconocieron el cabo Santa María, descubierto por Díaz Solís cinco años antes, y el 10 de enero llegaron a la desembocadura del río de la Plata, que estuvieron explorando hasta el 7 de febrero.
   Durante la travesía desde Canarias hasta las costas sudamericanas surgieron tensiones y rivalidades; nada más zarpar, Magallanes ordenó a sus capitanes que, durante la noche, siguiesen el resplandor del farol que iba en la nao capitana, para que no perdiesen el rumbo. Ordenó también que, al atardecer, las cuatro naves saludasen a la capitana con un disparo de artillería. Juan de Cartagena, capitán de la San Antonio, no lo hizo, y el capitán general le ordenó que se aproximase con su barco, le preguntó por qué no saludaba como se había ordenado y éste contestó que era persona conjunta y tenía el mismo rango. Más tarde, Juan de Cartagena fue relevado en el mando, sustituyéndole Álvaro de Mesquita, como consecuencia de un nuevo enfrentamiento ocasionado por los cambios de rumbo que había ordenado el capitán general sin solicitar el parecer de sus oficiales.
     El 24 de febrero llegaron a una gran bahía, que bautizaron con el nombre de San Matías, en la que no encontraron el paso que buscaban. El 2 de marzo penetraron en una nueva bahía, que bautizaron como bahía de los Trabajos, actualmente conocida como Puerto Deseado, y el 31 del mismo mes llegaron al puerto que denominaron San Julián donde pasaron una fría y dramática invernada de cinco meses de duración.
   Aquí salieron a relucir abiertamente los resentimientos y agravios acumulados durante el viaje, Magallanes invitó a comer en su nao a capitanes y pilotos, pero sólo Mesquita aceptó la invitación. El clima de descontento y sedición aumentó de tal manera que, una noche, Juan de Cartagena y el capitán de la Concepción, Gaspar de Quesada, se dirigieron con treinta hombres a la San Antonio, prendieron a Mesquita y mataron al maestre Juan de Elorriaga.
   Adueñados de la San Antonio, la Concepción y la Victoria, los amotinados requirieron a Magallanes que se atuviera a las instrucciones reales y la contestación fue el apresamiento de los mensajeros y el envío de un batel con gente armada a la Victoria, donde sabía que tenía muchos partidarios, al mando de Gómez de Espinosa, quien dio muerte al capitán Luis de Mendoza y convenció a la vacilante tripulación para que volviera a la legalidad. Magallanes bloqueó la entrada a la bahía con los tres barcos leales, la San Antonio fue vencida cuando intentaba escapar y la Concepción se rindió. Los oficiales amotinados fueron apresados, Álvaro de Mesquita fue nombrado capitán de la San Antonio, Juan Serrano de la Santiago y Duarte Barbosa de la Victoria.
   Poco después, durante ese mismo invierno en San Julián, la Santiago naufragó cuando exploraba la costa hacia el sur y la tripulación tuvo que realizar una penosa marcha por tierra para regresar a San Julián.
   El capitán de la primera nao perdida, Juan Serrano, tomó el mando de la Concepción.
   El 24 de agosto, reanudaron la marcha las cuatro naves que quedaban, pero a los dos días tuvieron que refugiarse de los vientos junto a la desembocadura del río Santa Cruz, a poco más de 50º de latitud sur, donde permanecieron hasta el 18 de octubre, fecha de comienzo de la primavera en aquellas latitudes; el 21 de octubre avistaron y bautizaron el cabo de las Once Mil Vírgenes, a poco más de 52º de latitud sur. La San Antonio penetró por la embocadura unas cincuenta leguas y regresó con la noticia de que estaban en un estrecho que bautizaron con el nombre de Todos los Santos, festividad religiosa del día, y al que la historia le daría el nombre de Magallanes. Perdura el topónimo con que los expedicionarios denominaron al macizo que les quedaba por babor, Tierra de los Fuegos, o Tierra del Fuego, en alusión a las hogueras nocturnas que señalaban los campamentos de los indígenas.
   Durante la navegación por el estrecho, Magallanes ordenó a la San Antonio que explorase una de las posibles aperturas al mar. Durante la exploración el piloto Esteban Gómez hizo prisionero al capitán Mesquita y convenció a la tripulación para desertar y volver a España pasando por Guinea. El 27 de noviembre, los tres buques que quedaban llegaron al océano, en el que navegaron durante tres meses y veinte días sin provisiones frescas ni agua, lo que hizo que empezasen a padecer de escorbuto. Durante este tiempo no encontraron una sola tormenta, por lo que denominaron océano Pacífico al mar que Núñez de Balboa había bautizado como Mar del Sur. Inicialmente pusieron rumbos de componente norte a lo largo de la costa chilena, el 24 de enero, ya de 1521, avistaron una isla que bautizaron con el nombre de San Pablo, donde no encontraron lugar apropiado para desembarcar, por lo que continuaron navegando hasta el 4 de febrero, que descubrieron la que llamaron isla de los Tiburones, incluida con la anterior en la denominación de Infortunadas o Desventuradas, que bien pudieron ser las actuales Fakahina y Flint. No encontraron en estas islas los víveres que necesitaban y, una vez cortada la línea del ecuador, entre el 12 y 13 de febrero, navegaron hacia el noroeste hasta el día 28, que pusieron rumbo oeste, una vez en latitud 13º norte. El día 6 de marzo avistaron el actual archipiélago de las Marianas, que bautizaron islas de los Ladrones. Fondearon en la mayor de las islas, la de Guam. Allí fueron recibidos por los nativos, afables pero codiciosos, que asaltaron los tres buques y se llevaron todo lo que podía ser trasladado: las vajillas, cuerdas, cabillas y hasta las chalupas.
   Permanecieron allí solamente tres días para abastecerse y una semana después avistaron la isla de Siargao, al nordeste de Mindanao, en las actuales Filipinas, el 16 de marzo la de Dinagat, y posteriormente llegaron a Limasawa el 28 de marzo, festividad de Jueves Santo, donde el reyezuelo de la isla les acogió amistosamente y les proporcionó víveres. Allí, sobre un altar improvisado, se ofició la primera misa en tierra filipina.
   Una semana más tarde, ayudados por un piloto filipino, dejaron Limasawa y llegaron a la isla de Cebú, donde el rey Humabón les recibió con los brazos abiertos, y el domingo 14 de abril, después de una misa celebrada en la plaza del poblado, fue bautizado con el nombre del rey de España, Carlos.
   Magallanes le regaló a la Reina una imagen del Niño Jesús tallada en madera negra, que el arzobispo de Sevilla le había entregado antes de salir de España. Es curioso que más de cuarenta años después, el 16 de mayo de 1565, los soldados de Legazpi encontraran en la misma isla aquella imagen, a la que el pueblo filipino rinde aún hoy en día un culto entrañable en una capilla del convento cebuano de los padres agustinos.
   Con el fin de afianzar la soberanía española en toda la comarca pidió a los caciques vecinos que se sometiesen al dominio del rey de Cebú. Éstos enviaron regalos al monarca isleño como símbolo de su adhesión, excepto uno de ellos, Silapulapu, gobernador de Mactán, que no aceptó la invitación del capitán general, que reaccionó tratando de humillarle por la fuerza. Humabón y los oficiales españoles desaconsejaron un enfrentamiento abierto, pero Magallanes insistió en llevar a cabo una operación de castigo y tomó personalmente el mando de la acción. En la mañana del 27 de abril, con unos setenta hombres a bordo de dos bateles y escoltado por varias canoas cebuanas, se dirigió al poblado de Mactán, donde desembarcaron bajo una lluvia de flechas envenenadas y consiguieron prender fuego a las chozas del poblado.
    Magallanes recibió una pedrada en el rostro y fue herido en el brazo derecho. Durante la retirada, que llevaron a cabo con precipitación, recibió un machetazo en la pierna y luego fue rematado en el suelo.
   Las gestiones de los españoles para que les fuese entregado su cadáver y los de los que murieron con él fueron inútiles. Más tarde fue erigido un monumento/ memorial, que hoy en día se puede contemplar, en el lugar donde Magallanes fue asesinado por los nativos en la pequeña isla de Mactán.
   Nuevos problemas determinaron que Juan López de Carvalho tomase el mando de la expedición y de la Trinidad, Gonzalo Gómez de Espinosa fue designado capitán de la Victoria y Juan Sebastián Elcano el de la Concepción.
   Auxiliados por prácticos nativos llegaron a la pequeña isla de Panglao, donde Carvalho fue destituido, la Concepción fue incendiada debido al mal estado en que estaba y a la falta de tripulantes y Elcano tomó el mando de la Victoria.
   El 7 de noviembre de 1521 las dos naos llegaron a la isla Tidore, en las Molucas, alcanzándose así el objetivo marcado por Magallanes. Aquí cargaron especias y el 18 de diciembre iniciaron el viaje de regreso a España, pero la Trinidad hacía mucha agua y tuvieron que volver a Tidore, donde Elcano se comprometió ante Gómez de Espinosa a conducir la Victoria directamente a España por la ruta portuguesa, mientras que la Trinidad intentaría volver a América, una vez reparada. Fue entonces cuando surgió la idea de dar la vuelta al mundo, pues la expedición de Magallanes había salido con el fin de llegar a las Molucas por poniente y regresar por el mismo camino de ida.
   La Trinidad intentó sin éxito cruzar el Pacífico hasta Panamá y regresó a las Indias Orientales. La Victoria, en mejores condiciones para navegar, bajo el mando de Juan Sebastián Elcano, tomó la ruta occidental por el cabo de Buena Esperanza y el 8 de septiembre de 1522, llegaron a Sevilla los dieciocho exhaustos miembros de la tripulación que sobrevivieron al hambre, la sed, el escorbuto y a las hostilidades de los portugueses, que detuvieron a la mitad de los hombres de Elcano cuando hicieron escala en las islas de Cabo Verde.
   En el Panteón de Marinos Ilustres, en San Fernando (Cádiz), existe una lápida dedicada a la memoria de Magallanes por el entonces Colegio Naval Militar, que fue colocada al instalarse éste en el edificio contiguo en 1853 (Carlos Márquez Montero, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
   Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Magallanes, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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domingo, 29 de marzo de 2026

La Hermandad de la Estrella

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Hermandad de la Estrella, de Sevilla.  
     Hoy, 29 de marzo, es Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, cuando Nuestro Señor Jesucristo, como indica la profecía de Zacarías, entró en Jerusalén sentado sobre un pollino de borrica, y a su encuentro salió la multitud con ramos de olivos [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Hermandad de la Estrella, de Sevilla, que efectúa su estación de penitencia en la tarde del Domingo de Ramos.
     La Hermandad de la Estrella, tiene su sede canónica en la Capilla de María Santísima de la Estrella [nº 87 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 26 en el plano oficial de la Junta de Andalucía] que se encuentra en la calle San Jacinto, 41; al igual que su Casa de Hermandad, en el Barrio de Triana Casco Antiguo, del Distrito Triana.
     La Pontificia, Real, Ilustre y Fervorosa Hermandad Sacramental y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de las Penas, María Santísima de la Estrella, Triunfo del Santo Lignum Crucis, San Francisco de Paula y Santas Justa y Rufina; es ésta una corporación fundada en 1560, con residencia canónica en su Capilla de María Santísima de la Estrella, del sevillano barrio de Triana, siendo sus imágenes titulares Nuestro Padre Jesús de las Penas, obra de José de Arce en 1655; y María Santísima de la Estrella, talla anónima de la 2ª 1/2 del siglo XVII.
   El escudo de la Hermandad lo forma una estrella de seis puntas que representa la advocación de Nuestra Titular, la Santísima Virgen de la Estrella. En su interior dos escudos ovalados, trayendo el primero el jeroglífico del Triunfo de la Santa Cruz, compuesto por una cruz verde con corona de laurel, sobre la bola del mundo, enroscada por una serpiente y coronada por una calavera. De la bola parten dos palmas hacia los brazos de la cruz; el segundo, cuarteado en cruz, llevando en el primero y el cuarto las armas de Castilla y el segundo y tercero las armas de León, sobre el todo tres flores de lis, dentado en punta con las armas del Reino de Granada: Timbrando el primer escudo ovalado una corona de espina con los clavos de Cristo, y el segundo la corona Real de España. En el centro superior de los dos escudos el blasón de San Francisco de Paula, que es el Sol de la Caridad, con las siglas “CHARITAS”. En el centro inferior, el Relicario del Santo Lignum Crucis. El todo timbrado por la tiara pontificia sobre las llaves de San Pedro y orlado por dos palmas que representan el martirio de las Santas Justa y Rufina.
     Corría el año de 1560 cuando se funda en Triana, en una capilla del convento de la Victoria perteneciente a los Frailes Mínimos de San Francisco de Paula, una hermandad de luz bajo el patrocinio de Nuestra Señora de la Estrella.
     Las reglas de esta hermandad, formada por capitanes de barcos con la misión de fletar las mercaderías que en la ciudad de Sevilla entraban y salían por la mar para las Indias y Flandes, fueron protocolizadas en la escribanía de Gaspar de Toledo el primer día de septiembre de 1566 y aprobadas por Felipe II el día 24 de diciembre de ese mismo año. En 1570, la comunidad de frailes concedía a la hermandad un sitio junto a su iglesia para que se labrara una capilla, al igual que cedía en el interior del templo otra capilla con el objeto de que allí fueran colocadas las imágenes y poder celebrar sus fiestas y juntas.
     En el año de 1600, la hermandad de Nuestra Señora de la Estrella se une a la de San Francisco de Paula. En 1644, en el barrio de Triana, en la ermita de un antiguo hospital allí existente bajo la advocación de Nuestra Señora de la Candelaria, un hombre devoto, de nombre Diego Granado y Mosquera, fundó una hermandad titulada de las Penas de Cristo Nuestro Señor, Triunfo de la Cruz y Amparo de María Santísima. La hermandad labró capilla a sus propias expensas pero era ésta tan pequeña que en la Semana Santa debían de instalarse los pasos en la propia ermita pues en aquellos días no la ocupaban los hermanos de la Candelaria.
     A iniciativa del mencionado Diego Granado, la Hermandad de las Penas gestó la fusión con la de la Estrella. De este modo, los hermanos de las Penas, en cabildo general celebrado el 17 de junio de 1674, acordaron su unión con los de la Estrella, quienes tomaron también acuerdo de fusión en cabildo el día 21 de junio de ese mismo año. Así, el 15 de julio de 1674, las hermandades otorgaron conjuntamente escritura de fusión ante el escribano público Hernando Gómez de Frías, acordando también la redacción de nuevas reglas que se formarían con lo mejor de ambas. La hermandad resultante se titularía de «Nuestra Señora de la Estrella, Santo Cristo de las Penas, Triunfo del Santo Lignum Crucis y San Francisco de Paula».
     Al establecerse esta concordia, la cofradía de las Penas donó al convento de Frailes Mínimos la imagen de un crucificado con el tabernáculo que poseía, siendo colocada en la enfermería y luego en un altar del templo. La iglesia y el convento de la Victoria desaparecieron en un voraz incendio la noche del 22 de octubre de 1704, salvándose la capilla de la Hermandad, la cual sirvió a la comunidad hasta igual día y mes del año 1707 en que se concluyó la reedificación de aquella.
     Por otra parte, la ermita de la Candelaria, en razón de lo reducido del templo y de la ampliación exigida por la propia comunidad de dominicos, hubo de ser derruida, emprendiéndose con el tiempo la nueva fábrica de la suntuosa iglesia de la Candelaria y San Jacinto, cuya construcción fue muy afanosa, depositándose en ella el santísimo sacramento en 1774 y abriéndose al culto el día 29 de enero de 1775. La cofradía después de su fusión entre Estrella y Penas, hacía estación de penitencia a la real Parroquia de Señora Santa Ana con tres pasos.
     En el primero iba una cruz verde sobre un mundo y, enroscada en él, la serpiente con la manzana en la boca. Del clavo de los pies de la cruz salían dos palmas que terminaban en los brazos y en el centro de éstos, una corona de laurel. Al pie del madero había una María con una estrella y a un lado una calavera en significación de la muerte. En el segundo paso, el del Señor, se representaba el monte Calvario en el que el redentor, desnudo y sentado sobre una peña, espera la crucifixión en actitud de oración. La Santa Cruz iba en medio tendida mientras dos judíos preparaban lo necesario para dicho acto, mostrándose en el suelo la túnica y el vaso de mirra.
     En el tercer paso figuraba la virgen, ostentando en su mano la reliquia del Lignum Crucis que de antiguo poseía la hermandad. En los tiempos de apogeo se adornaba el paso con muy ricos objetos de plata. La imagen, una de las más hermosas de la ciudad atribuida a la gubia de Juan Martínez Montañés, tuvo tanta fama y celebridad que hubo empeño en poseerla, asegurándose como tradición que una noche trataron de robarla. Las fiestas principales de la hermandad eran: el día de la Santa Cruz, con misa cantada y sermón exponiéndose ese día el santísimo sacramento; en el mes de enero, se celebraba quinario a Nuestro Padre Jesús de las Penas, procurando que en los tres últimos se tuviera el jubileo de las 48 horas; el 2 de febrero, fiesta de la Purificación, tenía lugar función en honor de María Santísima de la Estrella, en conmemoración de la presentación de Jesús en el templo y se oficiaba con tercia, bendición de candelas, misa, sermón, manifiesto y procesión claustral.
     El 16 de julio, se cantaban vísperas solemnes ante el altar en que se veneran las santas mártires, Justa y Rufina, patronas de Sevilla y el día 17, de su festividad, misa cantada por la tarde comenzando la novena con sermón. Al domingo siguiente, se hacía función solemne con procesión en la que figuraba la imagen de Nuestro Padre San Francisco de Paula, titular de ambas hermandades unidas, y las santas, agregadas a la cofradía, que tenían su capilla y sala capitular en la Real Parroquia de Señora Santa Ana, iglesia donde también estaba la imagen de san Francisco de Paula en su retablo propio de la nave del evangelio.
     La falta de documentos de la hermandad de las Santas Justa y Rufina impide determinar su antigüedad, aunque es de presumir sea mucha respecto a la devoción que siempre ha conservado Sevilla a estas esclarecidas mártires, sus patronas, y principalmente por los alfareros, por quienes se supone fundada. Se encuentra memoria de su altar en la iglesia de Santa Ana desde el año de 1589 por unas mandas de misas en testamento.
     Se tiene constancia de que a principios del siglo XIX ya se encontraba integrado en la hermandad el gremio de alfareros, a pesar de la ley prohibitiva de todo carácter gremial en las hermandades a partir de 1783.
     La forzada ocupación de los conventos sevillanos en 1809 por las tropas francesas, allanando con pleno vandalismo también el convento de la Victoria con la expulsión de sus moradores, dio un golpe mortal a la cofradía que conoció la destrucción parcial y lenta del famoso monasterio y aún dentro de la iglesia, la ruina de su propia capilla de la que anteriormente se ha hecho mención. Por ello, la cofradía hubo de trasladar sus imágenes a otra capilla de la misma iglesia en lo poco que quedaba en pie.
     La reducción del convento y el periodo liberal hicieron que la hermandad llegara casi a la extinción hasta 1835, en que obligada por la exclaustración ordenada por la desamortización de Mendizábal, hubo de trasladarse al convento de San Jacinto, exclaustrado y abandonado por la Orden Dominica ese mismo año. Las imágenes fueron situadas en los altares del crucero.
     De todo este periodo sólo hay constancia de la solemne fiesta celebrada el 19 de julio de 1818 en honor de las santas Justa y Rufina en el templo de Santa Ana, en cuya tarde salieron procesionalmente, vestidas a la romana, en muy adornadas andas y acompañando a su divina majestad que iba en su custodia.
     Finalizada la guerra civil entre carlistas y cristinos, que había asolado España desde 1833, existen propósitos de reanudar las actividades de la hermandad propugnadas por los afanosos alfareros entre 1839 y 1840, pero un pleito sobre la pintura y dorado del paso neutralizó todos los esfuerzos. Otra nueva tentativa fue auspiciada en 1851 por el celoso exclaustrado capuchino padre Miguel Mijares, cura de la Real Parroquia de Santa Ana. Un domingo de septiembre de 1859 se iniciaron los cultos con función y solemne procesión con las patronas alfareras, e igualmente lucido quinario en honor del Santo Cristo de las Penas.
     Un nuevo vendaval devastador, a causa de la revolución de 1868, el destronamiento de Isabel II, el reinado de Amadeo I y la instauración de la I República, obligaron a otros veinte años de inactividad. Restaurado y reparado el templo de San Jacinto y abierto de nuevo al culto el 2 de junio de 1878, se logra resurgir la antigua devoción a nuestros titulares y así, el 28 de noviembre de 1880 se lleva a efecto una solemne función. La hermandad, que no contaba más que con las imágenes después de haber perdido todo su patrimonio, se dedicó a preparar todos los útiles efectivos procesionales. El Miércoles Santo de 1891, merced a la iniciativa de varios jóvenes bajo la dirección del virtuoso sacerdote y capellán de San Jacinto, Eusebio Ortega, realizó estación de penitencia, estrenando pasos, ropas e insignias bordadas en oro.
     Se procedió a la redacción de nuevas reglas, copiadas y reformadas de las de 1674, extraviadas en ocho de sus capítulos, cuyas constituciones fueron aprobadas el 21 de febrero de 1891 por el arzobispo de Sevilla, Benedicto Sanz y Forés, e inscritas en el registro de asociaciones del gobierno civil, en virtud del real decreto de 19 de septiembre de 1902, en 10 de junio de ese año, al folio 154 del libro 3º de dicho registro. Desde aquella época de 1891, la cofradía continuó realizando su estación de penitencia desde el convento de San Jacinto en la tarde del Domingo de Ramos, siendo la única que la efectuara en 1932, el Jueves Santo, sufriendo varios atentados en su recorrido.
     En 1960 conmemoró la hermandad el IV centenario de su fundación con solemnes cultos y procesión por el barrio de María Santísima de la Estrella bajo palio. El 17 de octubre de 1962 la hermandad adquirió el inmueble sito en San Jacinto 63, hoy 41, para labrar en su solar casa de hermandad, la cual fue bendecida el 22 de septiembre de 1963 por el cardenal Bueno Monreal, fecha en la que también se constituía oficialmente su bolsa de caridad. El 10 de octubre de 1966, el convento de San Jacinto es erigido en parroquia. La hermandad, por acuerdo de cabildo extraordinario en junio de 1966, solicitó constituirse en sacramental de la nueva parroquia, lo que se concedió por decreto del arzobispado de aquella fecha, organizando la procesión con su divina majestad para enfermos e impedidos de la feligresía durante varios años y cuidando el Monumento de los Oficios de Jueves y Viernes Santo.
     A solicitud de la hermandad, que acuerda en cabildo transformar en capilla su casa de hermandad, un decreto de 25 de junio de 1973, dado por el cardenal Bueno Monreal, autorizó la adaptación del inmueble en oratorio semipúblico y erigiéndolo en sede canónica de la Corporación. Bendecida la nueva capilla en Sábado de Pasión de 1976, ese Domingo de Ramos, 11 de abril, salió del Convento de San Jacinto para, tras realizar la estación de penitencia, entrar en su nueva sede.
     En junio de 1982, la hermandad adquiere unos de los inmuebles colindantes para ampliación de su sede e instalaciones. Entre junio de 1988 y la Cuaresma del año siguiente, la hermandad procedió a la reforma y ampliación tanto de la capilla como de su casa. Durante este tiempo las imágenes estuvieron ubicadas en la capilla sacramental de la parroquia de Santa Ana.
     Durante las labores de restauración a las que fue sometida la imagen de Nuestro Padre Jesús de las Penas en 1996, se encontró en su interior un documento que acreditaba la hechura de la imagen como obra de José de Arce. En el año 2005 se celebra por ende la singular efemérides del 350 aniversario de la venerada imagen de Nuestro Padre Jesús de las Penas. Fecha importante que se reseña con letras de oro en la historia de la hermandad fue la del 31 de octubre de 1999, en la que el arzobispo de Sevilla, Carlos Amigo Vallejo, coronó canónicamente a la imagen de María Santísima de la Estrella en solemne pontifical celebrado en la catedral de Sevilla (Web oficial del Consejo de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla).
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Más sobre las Hermandades y Cofradías de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

Página web oficial de la Hermandad de la Estrella: www.hermandad-estrella.org

La Hermandad de la Estrella, al detalle:
- Sede Canónica: Capilla de María Santísima de la Estrella
- Día de Salida Procesional: Domingo de Ramos
- Imágenes Titulares:  - Nuestro Padre Jesús de las Penas
                                    - María Santísima de la Estrella
                                    - Santo Lignum Crucis
                                    - San Francisco de Paula
                                    - Santas Justa y Rufina

lunes, 9 de marzo de 2026

El Azulejo conmemorativo a Francisco Reguera Aguilar, en la fachada del edificio de la calle Castilla, 21

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el azulejo conmemorativo a Francisco Reguera Aguilar, en la fachada del edificio de la calle Castilla, 21; de Sevilla.
     Hoy, 9 de marzo, es el aniversario del nacimiento (9 de marzo de 1948) de Paco Reguera, personaje a quien está dedicado la obra reseñada, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el azulejo conmemorativo a Francisco Reguera Aguilar, en la fachada del edificio de la calle Castilla, 21; de Sevilla.
     El edificio de la calle Castilla, 21; se encuentra en el Barrio de Triana Casco Antiguo, del Distrito Triana.  
     En su fachada, encontramos un azulejo conmemorativo muy interesante. Es un retablo realizado por Rocío Triana. Es una obra de 12 piezas (4 x 3), a los que le habríamos de añadir la cenefa exterior en añil. La pieza la centraliza el busto de 3/4 del personaje homenajeado, siendo la parte más destacable el propio texto en sí, ornamentado con una cenefa vegetal, muy sencilla, todo el conjunto realizado en blanco y añil. El texto es el siguiente:
"En este lugar, antiguo "Corral de las Angarillas",
nació el 9 de Marzo de 1948
el capataz de cofradías de Sevilla y Triana
FRANCISCO REGUERA
AGUILAR
Su gente, como reconocimiento a toda una vida dedicada al
oficio del martillo y la trabajadera.
Triana, 2017".
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lunes, 9 de febrero de 2026

El azulejo conmemorativo a Manuel García López "Maera", en la fachada del edificio de la calle Betis, 14

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el azulejo conmemorativo a Manuel García López "Maera", en la fachada del edificio de la calle Betis, 14; de Sevilla.
     Hoy, 9 de febrero, es el aniversario del nacimiento (9 de febrero de 1896) de "Maera", personaje a quien está dedicado la obra reseñada, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el azulejo conmemorativo a Manuel García López "Maera", en la fachada del edificio de la calle Betis, 14; de Sevilla.
     El edificio de la calle Betis, 14; se encuentra en el Barrio de Triana Casco Antiguo, del Distrito Triana.  
     En su fachada, encontramos un azulejo conmemorativo muy interesante. Es un retablo realizado en la fábrica "Cca. Sta. Ana - Triana", por el ceramista J. Vázquez. Es una obra de 20 piezas (4 x 5), con el busto de perfil del personaje homenajeado, siendo la parte más destacable el propio texto en sí, ornamentado con una cenefa vegetal, muy sencilla, y un sogueado realizado con material cerámico, todo el conjunto realizado en blanco y añil. El texto es el siguiente:
"EN 1896 NACIO,
MIRANDO A LA
MAESTRANZA, MANUEL
GARCÍA LÓPEZ,
"MAERA" UNA DE LAS
GRANDES FIGURAS DEL TOREO SEVILLANO.
MURIÓ POR ENFERMEDAD EN 1924 CUANDO
MAYOR ERA SU ÉXITO ARTÍSTICO. EN TRIANA
DEJÓ EL RECUERDO DE SU ALEGRÍA Y DE
SU GLORIA TAURINA."
Conozcamos mejor la Biografía de Gitanillo de Triana, a quien está dedicada el azulejo conmemorativo;
     Manuel García López, "Maera" (Sevilla, 9 de febrero de 1896 – 11 de diciembre de 1924). Torero.
     “¿Quién hubiera dicho que aquel banderillero —escribe Don Ventura— de elevada estatura, subalterno en la cuadrilla de Juan Belmonte, habría de remontarse como matador de toros a la primera fila? ¡Oh, poder del valor, del tesón y de la voluntad! Largo, desgarbado y con todas las desventajas que un pergeño físico puede ofrecer, sabía, no obstante, llegar a los públicos en seguida, y tanto se estrechaba con los toros, tal valentía puso en la ejecución de las suertes, que no sólo resultaban éstas emocionantes en alto grado, sino que incluso le prestaban a él una gallardía y una arrogancia tan varoniles que le permitían rendir a los escépticos”.
     Amigo y compañero de correrías de Juan Belmonte, aprendió el oficio en las capeas y en el toreo furtivo por la noche en las ganaderías de Tablada. Dice Cossío: “Se daba buena maña; así lo reconocían sus amigos y cuantos le veían torear y así lo comprendía él mismo. Pero no lograba salir en plazas de alguna importancia. Su obsesión era torear en la de Sevilla: inútil empeño”.
     En 1915 entró como banderillero en la cuadrilla de Juan Belmonte, convirtiéndose al poco tiempo en su subalterno de confianza. Añade Cossío: “Ha llegado a reunir todas las cualidades de un gran peón, eficaz, oportuno y valiente y de un gran banderillero. Clava en todos los terrenos, ejecuta con gran perfección”.
     En 1919 y 1920 actuó ya como novillero. El 14 de marzo de este último año se presentó en Madrid, en compañía de Bernardo Muñoz, Carnicerito, y Bernardo Casielles (este torero ingresó años después en una logia masónica). Tomó la alternativa el 28 (o el 21, según otros autores) de agosto en 1921 en El Puerto de Santa María. Rafael el Gallo le cedió el toro Barquillero, de Gallardo González, en presencia de nuevo de Carnicerito. Confirmó el doctorado en Madrid el 15 de mayo de 1922, de manos de Diego Mazquiarán, Fortuna, y con Chicuelo como testigo.
     El toro se llamó Verdugo y pertenecía al hierro de los Herederos de Esteban Hernández. En esa corrida resultó lesionado, lo mismo que en su siguiente actuación en esa misma plaza, el 5 de julio, en la corrida de la prensa. Toreó mucho ese año de 1922 y también el siguiente. En 1924 fue galardonado con la preciada Oreja de Oro, trofeo en disputa en la corrida de la prensa celebrada el 11 de julio.
     La última corrida de su vida la toreó en Melilla, en compañía del rejoneador Antonio Cañero y de Ignacio Sánchez Mejías, a beneficio de los legionarios del Tercio Extranjero, el 18 de noviembre de 1924. Cortó las dos orejas a sus dos toros. Maera, que tuvo fama de bohemio y juerguista, acudió a torear a Melilla ya enfermo. Explica Cossío: “Al terminar la corrida no pudo asistir al banquete con que las autoridades militares [el general Sanjurjo, entre otros] obsequiaron a los toreros. Tuvo que guardar cama y esperar en Melilla hasta que una ligera y aparente mejoría le permitió regresar a su casa de Sevilla”, en la que en diciembre falleció de tuberculosis.
     Y añade Cossío: “Maera fue un torero valiente, de los más valientes que hemos conocido; ésta fue su característica, el valor; un valor tranquilo, sereno, frío, sin teatralerías ni exteriorizaciones espectaculares; estaba en la plaza con la misma seguridad, con la misma tranquilidad que en el café o en su casa”.
     Sus cualidades de torero valiente, además de su rápida fama, pronta muerte y la fatalidad de su destino, impresionaron a Ernest Hemingway, que en Muerte en la tarde (1968) le retrató con los caracteres de un héroe romántico y trágico, que, conocedor de su final, no sólo no pone remedio, sino que le hace frente con despreocupación y hombría. Según el premio Nobel norteamericano, el toreo de Maera “siempre proporcionaba emoción y, poco a poco, a medida que fue perfeccionando su estilo, logró ser un artista. Sin embargo, durante el último año que toreó, se pudo apreciar que iba a morir. Padecía una tisis galopante y él mismo esperaba fallecer antes de que acabara la temporada.
     Pero, mientras tanto, estuvo muy ocupado. Sufrió dos cornadas de gravedad, pero no les prestó atención. Un domingo lo vi torear con una herida de doce pulgadas en la axila que había recibido el jueves anterior. Vi la herida, vi cómo se la vendaban antes y después de la corrida, sin que él le hiciera el menor caso. Dolía como sólo duele un desgarro hecho por un cuerno astillado pasados dos días, pero el dolor le traía sin cuidado. Actuaba como si no existiera. No mostraba miramientos con la herida ni evitaba levantar el brazo; se limitaba a ignorarla. Se hallaba mucho más allá del dolor. Nunca he visto a un hombre a quien el tiempo le resultara tan breve como él aquella temporada. [...] Era generoso, divertido, orgulloso, resentido, malhablador y un gran bebedor. No daba coba a los intelectuales ni sentía apego por el dinero. Le gustaba matar toros y vivía con gran pasión y deleite, aunque los últimos seis meses de su vida estuvo muy amargado. Sabía que padecía tuberculosis, pero no se cuidaba en absoluto; como no tenía miedo a la muerte, prefirió consumirse, pero no como una bravata, sino por elección” (José Luis Ramón Carrión, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el azulejo conmemorativo a Manuel García López "Maera", en la fachada del edificio de la calle Betis, 14; de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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jueves, 18 de diciembre de 2025

La Hermandad de la Esperanza de Triana

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Hermandad de la Esperanza de Triana, de Sevilla.  
     Hoy, 18 de diciembre, es la Memoria de la Expectación de la Virgen, llamada también Fiesta de la Esperanza, es una fiesta memorial nacida en España, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la Hermandad de la Esperanza de Triana, de Sevilla.
     La Hermandad de la Esperanza de Triana, tiene su sede canónica en la Capilla de los Marineros [nº 86 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 28 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], al igual que su Casa de Hermandad, ambas se encuentran en la calle Pureza, 53; en el Barrio de Triana Casco Antiguo, del Distrito de Triana.
       La Pontificia, Real e Ilustre Hermandad y Archicofradía de Nazarenos del Santísimo Sacramento, de la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María, Santísimo Cristo de las Tres Caídas, Nuestra Señora de la Esperanza y San Juan Evangelista; es ésta una corporación fundada en 1418, con sede canónica en la Capilla de Los Marineros y la Real parroquial de Señora Santa Ana, del sevillano barrio de Triana, siendo sus imágenes titulares el Santísimo Cristo de las Tres Caídas, obra atribuida a Marcos Cabrera en torno a 1607; Nuestra Señora de la Esperanza, obra anónima del siglo XVII, remodelada por Juan de Astorga y posteriormente por Antonio Castillo Lastrucci en 1929, la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María, obra de Miguel Franco en 1710; San Juan Evangelista, obra de Luis Álvarez Duarte en 1967; y la Sagrada Custodia, obra de Andrés y Antonio Osorio en 1726.
     El escudo de la Hermandad lo constituye un ancla con una corona real sobre ella y dos escudos ovalados a cada lado; en el de la derecha figura un Cáliz con la Sagrada Forma en la parte superior sobre fondo morado y en el de la izquierda la A y la M del Ave María entrelazadas sobre fondo celeste.
     En 1418 se funda una hermandad de luz con el título de la Esperanza, establecida en la Real Parroquia de Señora Santa Ana y relacionada con el gremio de los ceramistas, y que constituye no sólo la más antigua de Triana, sino una de las más antiguas de Sevilla. Así lo afirma Santiago Montoto en su obra «Cofradías Sevillanas». Más de un siglo después, en 1520, el presbítero Gonzalo de Herrera, instituyó una capellanía en dicho templo en el altar de la virgen. Esta hermandad, en 1542, se fusionó con otra corporación, llamada de San Juan Evangelista, del gremio de pescadores; dato proporcionado por Juan Carrero en sus Anales.
     En el testamento que otorgó en 1565 Juan Vidal, polvorista y vecino de Triana, se estipula como última voluntad la celebración por su alma de una misa de réquiem cantada y diez misas rezadas, acompañado en el entierro por la cofradía de Nuestra Señora de la Esperanza, que está establecida en el convento del Espíritu Santo, situado en la calle Betis. Esta manda testamentaria lleva implícita que la hermandad debía tener ya antigüedad, devoción y popularidad en el barrio.
     Por testimonios indirectos, podemos llegar a conocer con cierto grado de exactitud la fecha de fundación de la Hermandad de Nuestra Señora de la Esperanza. Así en 1598, Juan Bautista Mazón, prioste de la cofradía, declara en un interrogatorio ante el fiscal del arzobispado, que la corporación ya estaba fundada sesenta años atrás, sin descartar que existiera desde fechas aún más remotas. El motivo de esta declaración, fue por el pleito interpuesto por la Hermandad de la Vera Cruz de Sevilla por el privilegio de ser la más antigua de llevar insignias, hábito y cera verde, pleito que probablemente ganó la hermandad por que siguió usando la insignia verde.
     En 1579 tuvo lugar en Sevilla una solemne procesión con motivo del traslado del cuerpo incorrupto de San Fernando a la nueva capilla real. Conocemos con minuciosidad el cortejo de esta procesión, gracias al escrito de Francisco de Sigüenza, en él se nos dice que la de la Esperanza ocupa el puesto catorce en antigüedad, tras la de la Antigua y Dolores y seguida de La O, también de Triana, por lo que podemos afirmar que ya en estas fechas era la cofradía más antigua entre las del barrio.
     En 1588 tenemos noticias del poder que otorgan los cofrades a Agustín Bartola para tramitar en Roma nuevas gracias espirituales como ya lo habían realizado anteriormente en 1577. Este documento nos indica el interés por el enriquecimiento espiritual y un cierto nivel económico, pues tales bulas e indulgencias se abonaban.
     A principios del siglo XIX José Matute y Gaviria en su «Historia de Triana» nos cuenta que en 1595 se aprueban las reglas de una antigua cofradía de penitencia dedicada a Nuestra Señora de la Esperanza y san Juan Evangelista. Esta es la primera y más antigua noticia de la unión de ambas hermandades, siendo copiados estos datos en las investigaciones posteriores de Bermejo, Montoto, etc.
     La fundación de la Hermandad de la Exaltación a las Tres Caídas de Nuestro Señor Jesucristo tiene lugar el 4 de marzo de 1608 en el convento de Nuestra Señora de la Salud de las Monjas Mínimas de Triana, con la intención de realizar su estación de penitencia el Viernes Santo por la mañana. Allí formaba hermandad con la imagen que daba nombre al convento, la cual se quedaría abandonada en el convento una vez que el prior obliga a la fusión.  Hubo algunas vicisitudes y pleitos con algunas hermandades en los primeros momentos a causa del título y del color de las túnicas, quedando establecido como definitivo el de las Tres Caídas que dio Cristo Nuestro Señor y Nuestra Señora de los Dolores
     En 1616, esta Hermandad de las Tres Caídas que dio Cristo Nuestro Señor, se traslada al hospital del Espíritu Santo. Son obligados por el provisor Gonzalo del Campo a fusionarse con la Hermandad de la Esperanza, ocupando una pequeña capilla que era de la corporación de la Esperanza, viviendo durante el siglo XVII una de las etapas más prósperas dentro de su dilatada existencia. Desconocemos en qué lugar del convento estuvieron situadas las imágenes durante sesenta años, pero el crecimiento de hermanos y devotos propicia en 1676 la donación, por parte del prior del hospital, de una capilla más grande con sacristía y sepultura para sus hermanos. En contrapartida, la hermandad se obligaba a realizar honras fúnebres por los hermanos hospitalarios y asistir a ciertas festividades de la comunidad portando el estandarte y si en algún momento decidiesen trasladarse deberían abonar la cantidad de 400 ducados.
     En 1736 abandonó el hospital, trasladándose a la parroquia de Santa Ana, después de ganar varios pleitos a los hermanos hospitalarios que trataron de evitar que se llevasen los enseres y sagrados titulares de su capilla. En Santa Ana ocuparon la capilla del capitán Cristóbal de Montebernardo. El hecho del cambio vino procurado por el deseo de los hermanos de posibilitar un contacto más directo con los devotos y así mejorar su situación, muy precaria desde principios del XVIII por diversas calamidades que habían asolado la ciudad y que habían mermado el número de hermanos.
     Desde 1755, que abandonan la parroquia de Santa Ana a causa del terremoto de Lisboa, la hermandad trata por todos los medios de conseguir un templo propio que no se bendecirá hasta 1815. En las diferentes sedes en las que recibieron culto, las sagradas imágenes probablemente se situaran en altares provisionales, primero en el convento de los Remedios (1756-1776), más tarde en la capilla de la Encarnación, donde permanecen poco tiempo, volviendo en fecha indeterminada a su primitiva sede del Hospital del Espíritu Santo. Esta institución se extingue hacia 1800 pero la iglesia debió permanecer abierta por lo menos hasta 1815, año del traslado a su nueva capilla de la calle Larga.
     La primera estación de penitencia a la catedral de Sevilla, tendrá lugar en 1845, pasando con muchas dificultades el puente de barcas que estaba situado en el mismo lugar que hoy ocupa el de Isabel II. En los siguientes años en que realiza la procesión fluctuará el día de salida, procesionando el Jueves y Viernes Santo indistintamente.
     En septiembre de 1868 la capilla de los Marineros, fue incautada a la cofradía por la Junta Revolucionaria, pasando las sagradas imágenes en un primer momento al número 59 de la actual calle Pureza y más tarde, ante las infructuosas gestiones realizadas para que le fuera devuelta en 1871, a la iglesia del convento de San Jacinto, a fines de 1872 o comienzos de 1873. La iglesia llevaba cuarenta años cerrada, por lo que antes de encontrar un acomodo digno en el templo los titulares fueron depositados bien en la sacristía o bien en el coro alto. Con la apertura al culto de la iglesia en 1879, la hermandad ocupó la capilla de la cabecera de la nave de la epístola.
     En 1888 se comienza a reorganizar la hermandad por los pocos hermanos que quedaban, realizando de nuevo su salida en 1889. Este mismo año la hermandad sostuvo un pleito con la Hermandad del Cachorro por la apropiación de la dolorosa, ya que la Esperanza estuvo acompañando el Viernes Santo al Santísimo Cristo de la Expiración al menos desde 1879 a 1888, siendo devuelta en ese mismo año de 1889, lo que provocó que se reforzara la estima y valoración de la sagrada imagen dentro del seno de la corporación.
     El incendio que sufrió Nuestra Señora de la Esperanza en su altar el 2 de mayo de 1898 supuso una tragedia en la cofradía, pero a raíz de su restauración se refuerza aún más el cariño y la devoción popular que había conquistado desde su reincorporación a los desfiles penitenciales, provocando quizás que a raíz de este accidente la virgen pasase a ocupar un lugar de privilegio dentro del seno de la corporación. Hecho éste que, unido a la moda de los pasos de palio, que se estaba consolidando en este último cuarto del siglo XIX, gracias al auspicio de los duques de Montpensier y las invenciones de las hermanas Antúnez, Juan Manuel Rodríguez Ojeda y la música pre-regionalista producen una época de esplendor mariano.
     En el primer tercio del siglo XX, la corporación se va a asentar en lo devocional con la llegada de José Sebastián y Bandarán como director espiritual, que consolida el septenario y crea junto con la infanta Luisa de Orleans el besamanos en 1927. En lo procesional se hace célebre la visita a los presos de la cárcel del Pópulo, que inspira en 1925 la marcha “Soleá dame la mano”, y la vuelta triunfal al barrio en las mañanas del Viernes Santo, además de las salidas en procesión de gloria con motivo de la Velá de Santa Ana.
     En lo patrimonial, gracias al quehacer de dos hermanos mayores, Manuel Rodríguez Alonso y Tadeo Soler, industriales del mundo de la cerámica trianera que serán fundadores junto con Enrique Mensaque de la fábrica Mensaque-Rodríguez y Cía en 1905, conocida como Nuestra Señora de la Esperanza. Éstos van turnándose en el cargo desde 1908 hasta 1928, encontrando en la figura del ceramista José Recio del Rivero un diseñador en el que depositar su confianza para que definiera el estilo y una idiosincrasia propia para la hermandad. Una vez aceptado el encargo, decide inspirarse en los dibujos de la ornamentación cerámica trianera de los siglos XVI y XVII, que estaban recuperando los industriales trianeros de la mano del historiador José Gestoso y del propio José Recio del Rivero, como director artístico de José Mensaque y Vera, traspasando estos diseños al manto el palio y a las insignias del cortejo de la Esperanza. La inspiración en la cerámica y la forja será su novedosa e interesante aportación estética al diseño cofrade, piezas que se han convertido en un referente del estilo regionalista creado en la ciudad a principios del siglo veinte.
     El hecho de que la cerámica fuese una de las principales actividades gremiales del barrio en el pasado, sin olvidar que el gremio de los ceramistas parece que perteneció a la Hermandad de Luz de la Esperanza, convierten este estilo en toda una seña de identidad trianera. Fue en esta circunstancia la primera vez que se usaron los motivos cerámicos como fuente de inspiración absoluta en unos bordados, aportación ciertamente original de la corporación al mundo artístico cofrade. Un hecho no lo suficientemente valorado, ya que frente a las trazas barrocas de Juan Manuel o las orientales del taller de Olmo, Recio optó por las trazas renacentistas y manieristas, que junto con las anteriores serán los diseños más recurrentes para los futuros enseres de las cofradías sevillanas.
     El legado más importante de Recio fue articular un nuevo concepto de desfile procesional en la hermandad, dándole el sello de cofradía de barrio; viendo en la riqueza de los diseños renacentistas la estética más apropiada para que la fiesta fuera el mayor exponente del espíritu del pueblo: un espíritu popular y castizo que él quiso aportar a la cofradía de la Esperanza, que trataba de adaptarse a una Semana Santa que estaba pasando de ser un fenómeno de religiosidad popular a ser un espectáculo ciudadano.
     En 1929 una de las muestras en la iglesia del Salvador con motivo de la exposición mariana, es presidida por el palio de la Esperanza, acompañándola en el traslado un enorme gentío y en su presidencia la presencia de Luisa de Orleans, que a su vez era la camarera honoraria perpetua de la virgen, cargo que han seguido ocupando su hija, María de las Mercedes de Borbón, condesa de Barcelona y su nieta la infanta Elena de Borbón y Grecia.
     Estos actos nos demuestran que la hermandad estaba situándose entre las principales cofradías de la ciudad, por lo que el deseo de volver a tener un templo propio donde potenciar el culto y la devoción a sus titulares se consolida, consiguiendo en 1939 con la intervención de José Sebastián y Bandarán la compra de la antigua capilla de la calle Pureza. Aunque debieron pasar veinte años hasta poder restaurarla, regresando de nuevo a ella la mañana del Viernes Santo de 1962.
     Otros hitos que nos deja el siglo XX son la salida extraordinaria de 1950 en procesión gloriosa con motivo de la proclamación del dogma de la Asunción de María a los cielos en cuerpo y alma; consiguiendo la hermandad que se rotulara una calle en el barrio con el nombre de Asunción, procesión que volvió a repetirse con motivo del cincuentenario del dogma. Igualmente, el nombramiento de la Infantería de Marina como hermana mayor honoraria y que ésta la acompañe en su estación de penitencia desde entonces, haciéndose célebre el discurrir de los pasos por el puente de Triana al ser iluminados los titulares por las fragatas que hasta allí se desplazaban.
     Otro acontecimiento de esta etapa se produce a raíz del desbordamiento del arroyo Tamarguillo en la tarde del 25 de noviembre de 1961, que trajo como consecuencia la creación de la primera caravana solidaria que se recuerda en España, y que ideara el famoso periodista de Radio España, y hermano de la corporación: Bobby Deglané. Nada más conocerse la noticia, la junta de gobierno celebra un cabildo de oficiales, en el que deciden ofrecer el importe del exorno floral de los pasos para engrosar la suscripción nacional y al mismo tiempo nombrar mayordomo honorario perpetuo a Bobby Deglané, por su cristiana labor de caridad.
     Una vez conocida la decisión se lanzaba la noticia a través de las ondas: Nuestra Señora de la Esperanza no llevará flores en Semana Santa ya que su importe ha sido donado a la «Operación Clavel». Este hecho dio lugar a que una familia de floristas valencianos, apellidados Mouguet, recién instalados en Sevilla, se ofreciesen a regalar y colocar las flores del palio del año 1962, debiéndose a ellos la paradoja de cambiar el habitual clavel, por las flores exóticas. Es en este momento que por primera vez se incorporan centros de gran volumen en las esquinas. Este estilo, que fue adoptado por la mayor parte de los pasos palio de Sevilla hasta que decayó a finales de los ochenta, se ha mantenido como parte del sello propio y singularidad del paso de palio. El gobierno, en agradecimiento por este acto de solidaridad, entrego al periodista un clavel de plata, en alusión al nombre de la famosa caravana. Donado a la virgen, le fue impuesto en nombre de Bobby Deglané por el director espiritual, José Sebastián y Bandarán, el 21 de diciembre de 1961.
     En 1972 y ante el precario estado que presentaba la Hermandad del Santísimo Sacramento de Santa Ana, se decide la fusión con la misma, siendo aprobadas nuevas reglas en 1978 a causa de esta unión. Desde entonces la hermandad es la encargada de la organización de los cultos y la procesión del célebre Corpus Christi de Triana.
     El suceso más importante de la década de los 80 es la coronación canónica de la virgen en 1984, por bula pontificia del papa, hoy santo, Juan Pablo II. Con la celebración de un triduo extraordinario los días previos en la Real Parroquia de Señora Santa Ana y un solemne pontifical para la ceremonia de coronación en la santa iglesia catedral de Sevilla bajo la presidencia religiosa de José María Bueno Monreal, cardenal arzobispo emérito de Sevilla y de Carlos Amigo Vallejo, arzobispo titular por aquel entonces de Sevilla, se vio cumplido un anhelo de décadas. La triunfal vuelta a su barrio, el mismo 2 de junio, supuso que se acuñara y asentara el lema “Triana con su Esperanza”, con el que los comerciantes del barrio adornaron el puente de Triana, y que se ha convertido en significativo para todos los hermanos.
     Con motivo del XXV aniversario de la coronación, en el año 2009, se conmemoró con un solemne triduo y pontifical en la catedral y con una multitudinaria procesión extraordinaria de regreso que congregó a más de 100.000 fieles.
     En el siglo XXI la hermandad no ha hecho sino crecer, reafirmándose en su personalísima idiosincrasia, incorporando las hermanas nazarenas en el año 2003. En el año 2006 el Santísimo Cristo de las Tres Caídas presidió el viacrucis del Consejo General de Hermandades y Cofradías de Sevilla. En el 2008 se conmemoró el IV centenario de la Hermandad de las Tres Caídas, con una misa estacional a las puertas del convento de las Mínimas de Triana en la calle Pagés del Corro (madrinas de la coronación de la virgen). La creación de la escuela de teología Santísimo Cristo de las Tres Caídas y del centro de apoyo infantil Esperanza de Triana suponen hitos para la formación y la caridad, respectivamente, en las hermandades de Sevilla.
     La ampliación de la capilla de los Marineros, que tras años de obras, culminó con la bendición de Juan José Asenjo Pelegrina, arzobispo de Sevilla en 2010, triplica el espacio y añade nuevas dependencias administrativas y de ocio para los hermanos. Finalmente, la culminación de un magno altar para el Santísimo Cristo de las Tres Caídas, anhelo de muchas generaciones, con la culminación del camarín y la terminación del altorrelieve que representa a la Virgen de los Mareantes, en el 2015, viene a configurar una nueva visión de la capilla de los Marineros.
     El 1 de noviembre de 2018 la virgen fue en procesión a la catedral, para celebrar allí el VI centenario fundacional. El 3 de noviembre se celebró una homilía en el altar del jubileo, volviendo a su sede de la calle Pureza por la tarde-noche (Web oficial del Consejo de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Memoria de la Expectación de la Virgen, llamada también Fiesta de la Esperanza
   La representación de la Virgen en la espera del parto, denominada con el nombre de Nuestra Señora de la Expectación o de la Esperanza, no es del todo extraña al arte del siglo XIII, puesto que puede citarse un ejemplo en la catedral de León; pero se volvió frecuente a finales de la Edad Media. En efecto, en esta época la Iglesia instituyó la fiesta de la Expectación de la Virgen, fijada el 18 de diciembre, ocho días antes de Navidad.
   Una abadía belga tomó el nombre de Abadía de Buena Esperanza.
   Ese tema del embarazo parece haber sido particularmente popular en España y en Portugal donde las Vírgenes de este tipo llevan el nombre de Nuestra Señora de la O (Nossa senhora do O), sea a causa de la forma ovoidal de su vientre abombado, sea, de acuerdo con otra explicación tomada de la liturgia, porque en la semana precedente a la Natividad, las antífonas cantadas en los oficios comienzan por la letra O.
   Muchas de estas figuras no son, verosímilmente, más que elementos separados de grupos de la Visitación, donde la Virgen formaba pareja con su prima Isabel: en el vientre de las dos mujeres había una cavidad oval para alojar los embriones del Niño Jesús y de san Juanito (san Juan Bautista).
   Los pintores españoles representan a la Virgen en cinta con un sol sobre su vientre abombado.
   Las escuelas de pintura italiana y alemana también ofrecen algunos ejemplos (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).   
Conozcamos mejor la Festividad de la Expectación de la Virgen;
     Se estableció como fiesta principal de la Virgen de la liturgia hispánica, en conmemoración de la Encarnación del Verbo, en el X Concilio de Toledo, presidido por San Eugenio III Obispo de Toledo, celebrado el  656 durante el reinado de Recesvinto. Fue confirmada, así mismo, por su sucesor, San Ildefonso de Toledo, pues el anterior prelado murió al año siguiente de la promulgación, al que erróneamente se le atribuye el título que hoy tiene, pero al que pertenecen casi todos los textos eucológicos de la fiesta. Puesto que la observancia cuaresmal o la fiesta de Pascua imposibilitaban señalarla el veinticinco de marzo, nueve meses antes de Navidad, se decidió instaurarla en el contexto del Adviento, en la octava anterior a la celebración de nacimiento, fundamentándose en el ejemplo de Iglesias lejanas, quizás a la copta y a la etiópica. Fue la única fiesta mariana de la liturgia hispánica hasta que sobre el siglo IX se introdujo la de la Asunción. Recibe también el nombre popular de Fiesta de la O porque desde su víspera hasta el veintitrés se cantan solemnemente al Magníficat unas antífonas, que se hicieron muy populares, y que empiezan siempre por la exclamación latina O (español, Oh), para mostrar el perpetuo asombro del hombre por el nacimiento del Dios humanado. En la Iglesia de Inglaterra se adelantó ya en el medievo esta práctica al día dieciséis, señalando para el día veintitrés una octava antífona de tinte mariano: O Virgo virginum, que dice así: “Oh, Virgen de Vírgenes, ¿cómo ha de ser esto? / Ya que nunca antes hubo una como vos, ni la volverá a haber./ Hijas de Jerusalén, ¿por qué os maravilláis de mí? / Lo que vosotros admiráis es un misterio Divino”. Ésta pasó a utilizarse en la fiesta de la Expectación cuando se introdujo en el Rito Romano. Cuando se impuso en la Península Ibérica el Rito Romano a partir del siglo XI, se mantuvo como fiesta particular  hispana, con el título con que actualmente la conocemos, al tiempo que la festividad romana de la Anunciación del veinticinco de marzo pasó a ser introducida en el Missale Gothicum. En la reforma postridentina del Rito Romano esta fiesta fue aprobada por Gregorio XIII Buoncompagni en 1573 con la categoría de doble mayor en el Propio de Toledo. Las lecciones del breviario se tomaron del tratado De perpetua virginitate del citado San Ildefonso de Toledo. Esta Iglesia consiguió incluso el privilegio, aprobado el veintinueve de abril de 1634, de celebrarla incluso en concurrencia con el IV Domingo de Adviento. De aquí se extendió a casi todas las diócesis hispánicas.
   Del ámbito hispano pasó a otras Iglesias y congregaciones, a las que se les concedió: a Venecia y Tolouse en 1695, a los cistercienses en 1702, a Toscana en 1713, incluso a los Estados Pontificios en 1725 por Benedicto XIII Orsini (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
       Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Hermandad de la Esperanza de Triana, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre las Hermandades y Cofradías de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

Página web oficial de la Hermandad de la Esperanza de Triana: www.esperanzadetiriana.es

La Hermandad de la Esperanza de Triana, al detalle:
- Sede Canónica: Capilla de los Marineros
- Día de Salida Procesional: Madrugá Viernes Santo
- Imágenes Titulares:   - Santísimo Cristo de las Tres Caídas
                                     - Nuestra Señora de la Esperanza
                                     - Pura y Limpia Concepción de la Virgen María
                                     - San Juan Evangelista
                                     - Santísimo Sacramento