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domingo, 29 de marzo de 2026

La Hermandad de la Estrella

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Hermandad de la Estrella, de Sevilla.  
     Hoy, 29 de marzo, es Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, cuando Nuestro Señor Jesucristo, como indica la profecía de Zacarías, entró en Jerusalén sentado sobre un pollino de borrica, y a su encuentro salió la multitud con ramos de olivos [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Hermandad de la Estrella, de Sevilla, que efectúa su estación de penitencia en la tarde del Domingo de Ramos.
     La Hermandad de la Estrella, tiene su sede canónica en la Capilla de María Santísima de la Estrella [nº 87 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 26 en el plano oficial de la Junta de Andalucía] que se encuentra en la calle San Jacinto, 41; al igual que su Casa de Hermandad, en el Barrio de Triana Casco Antiguo, del Distrito Triana.
     La Pontificia, Real, Ilustre y Fervorosa Hermandad Sacramental y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de las Penas, María Santísima de la Estrella, Triunfo del Santo Lignum Crucis, San Francisco de Paula y Santas Justa y Rufina; es ésta una corporación fundada en 1560, con residencia canónica en su Capilla de María Santísima de la Estrella, del sevillano barrio de Triana, siendo sus imágenes titulares Nuestro Padre Jesús de las Penas, obra de José de Arce en 1655; y María Santísima de la Estrella, talla anónima de la 2ª 1/2 del siglo XVII.
   El escudo de la Hermandad lo forma una estrella de seis puntas que representa la advocación de Nuestra Titular, la Santísima Virgen de la Estrella. En su interior dos escudos ovalados, trayendo el primero el jeroglífico del Triunfo de la Santa Cruz, compuesto por una cruz verde con corona de laurel, sobre la bola del mundo, enroscada por una serpiente y coronada por una calavera. De la bola parten dos palmas hacia los brazos de la cruz; el segundo, cuarteado en cruz, llevando en el primero y el cuarto las armas de Castilla y el segundo y tercero las armas de León, sobre el todo tres flores de lis, dentado en punta con las armas del Reino de Granada: Timbrando el primer escudo ovalado una corona de espina con los clavos de Cristo, y el segundo la corona Real de España. En el centro superior de los dos escudos el blasón de San Francisco de Paula, que es el Sol de la Caridad, con las siglas “CHARITAS”. En el centro inferior, el Relicario del Santo Lignum Crucis. El todo timbrado por la tiara pontificia sobre las llaves de San Pedro y orlado por dos palmas que representan el martirio de las Santas Justa y Rufina.
     Corría el año de 1560 cuando se funda en Triana, en una capilla del convento de la Victoria perteneciente a los Frailes Mínimos de San Francisco de Paula, una hermandad de luz bajo el patrocinio de Nuestra Señora de la Estrella.
     Las reglas de esta hermandad, formada por capitanes de barcos con la misión de fletar las mercaderías que en la ciudad de Sevilla entraban y salían por la mar para las Indias y Flandes, fueron protocolizadas en la escribanía de Gaspar de Toledo el primer día de septiembre de 1566 y aprobadas por Felipe II el día 24 de diciembre de ese mismo año. En 1570, la comunidad de frailes concedía a la hermandad un sitio junto a su iglesia para que se labrara una capilla, al igual que cedía en el interior del templo otra capilla con el objeto de que allí fueran colocadas las imágenes y poder celebrar sus fiestas y juntas.
     En el año de 1600, la hermandad de Nuestra Señora de la Estrella se une a la de San Francisco de Paula. En 1644, en el barrio de Triana, en la ermita de un antiguo hospital allí existente bajo la advocación de Nuestra Señora de la Candelaria, un hombre devoto, de nombre Diego Granado y Mosquera, fundó una hermandad titulada de las Penas de Cristo Nuestro Señor, Triunfo de la Cruz y Amparo de María Santísima. La hermandad labró capilla a sus propias expensas pero era ésta tan pequeña que en la Semana Santa debían de instalarse los pasos en la propia ermita pues en aquellos días no la ocupaban los hermanos de la Candelaria.
     A iniciativa del mencionado Diego Granado, la Hermandad de las Penas gestó la fusión con la de la Estrella. De este modo, los hermanos de las Penas, en cabildo general celebrado el 17 de junio de 1674, acordaron su unión con los de la Estrella, quienes tomaron también acuerdo de fusión en cabildo el día 21 de junio de ese mismo año. Así, el 15 de julio de 1674, las hermandades otorgaron conjuntamente escritura de fusión ante el escribano público Hernando Gómez de Frías, acordando también la redacción de nuevas reglas que se formarían con lo mejor de ambas. La hermandad resultante se titularía de «Nuestra Señora de la Estrella, Santo Cristo de las Penas, Triunfo del Santo Lignum Crucis y San Francisco de Paula».
     Al establecerse esta concordia, la cofradía de las Penas donó al convento de Frailes Mínimos la imagen de un crucificado con el tabernáculo que poseía, siendo colocada en la enfermería y luego en un altar del templo. La iglesia y el convento de la Victoria desaparecieron en un voraz incendio la noche del 22 de octubre de 1704, salvándose la capilla de la Hermandad, la cual sirvió a la comunidad hasta igual día y mes del año 1707 en que se concluyó la reedificación de aquella.
     Por otra parte, la ermita de la Candelaria, en razón de lo reducido del templo y de la ampliación exigida por la propia comunidad de dominicos, hubo de ser derruida, emprendiéndose con el tiempo la nueva fábrica de la suntuosa iglesia de la Candelaria y San Jacinto, cuya construcción fue muy afanosa, depositándose en ella el santísimo sacramento en 1774 y abriéndose al culto el día 29 de enero de 1775. La cofradía después de su fusión entre Estrella y Penas, hacía estación de penitencia a la real Parroquia de Señora Santa Ana con tres pasos.
     En el primero iba una cruz verde sobre un mundo y, enroscada en él, la serpiente con la manzana en la boca. Del clavo de los pies de la cruz salían dos palmas que terminaban en los brazos y en el centro de éstos, una corona de laurel. Al pie del madero había una María con una estrella y a un lado una calavera en significación de la muerte. En el segundo paso, el del Señor, se representaba el monte Calvario en el que el redentor, desnudo y sentado sobre una peña, espera la crucifixión en actitud de oración. La Santa Cruz iba en medio tendida mientras dos judíos preparaban lo necesario para dicho acto, mostrándose en el suelo la túnica y el vaso de mirra.
     En el tercer paso figuraba la virgen, ostentando en su mano la reliquia del Lignum Crucis que de antiguo poseía la hermandad. En los tiempos de apogeo se adornaba el paso con muy ricos objetos de plata. La imagen, una de las más hermosas de la ciudad atribuida a la gubia de Juan Martínez Montañés, tuvo tanta fama y celebridad que hubo empeño en poseerla, asegurándose como tradición que una noche trataron de robarla. Las fiestas principales de la hermandad eran: el día de la Santa Cruz, con misa cantada y sermón exponiéndose ese día el santísimo sacramento; en el mes de enero, se celebraba quinario a Nuestro Padre Jesús de las Penas, procurando que en los tres últimos se tuviera el jubileo de las 48 horas; el 2 de febrero, fiesta de la Purificación, tenía lugar función en honor de María Santísima de la Estrella, en conmemoración de la presentación de Jesús en el templo y se oficiaba con tercia, bendición de candelas, misa, sermón, manifiesto y procesión claustral.
     El 16 de julio, se cantaban vísperas solemnes ante el altar en que se veneran las santas mártires, Justa y Rufina, patronas de Sevilla y el día 17, de su festividad, misa cantada por la tarde comenzando la novena con sermón. Al domingo siguiente, se hacía función solemne con procesión en la que figuraba la imagen de Nuestro Padre San Francisco de Paula, titular de ambas hermandades unidas, y las santas, agregadas a la cofradía, que tenían su capilla y sala capitular en la Real Parroquia de Señora Santa Ana, iglesia donde también estaba la imagen de san Francisco de Paula en su retablo propio de la nave del evangelio.
     La falta de documentos de la hermandad de las Santas Justa y Rufina impide determinar su antigüedad, aunque es de presumir sea mucha respecto a la devoción que siempre ha conservado Sevilla a estas esclarecidas mártires, sus patronas, y principalmente por los alfareros, por quienes se supone fundada. Se encuentra memoria de su altar en la iglesia de Santa Ana desde el año de 1589 por unas mandas de misas en testamento.
     Se tiene constancia de que a principios del siglo XIX ya se encontraba integrado en la hermandad el gremio de alfareros, a pesar de la ley prohibitiva de todo carácter gremial en las hermandades a partir de 1783.
     La forzada ocupación de los conventos sevillanos en 1809 por las tropas francesas, allanando con pleno vandalismo también el convento de la Victoria con la expulsión de sus moradores, dio un golpe mortal a la cofradía que conoció la destrucción parcial y lenta del famoso monasterio y aún dentro de la iglesia, la ruina de su propia capilla de la que anteriormente se ha hecho mención. Por ello, la cofradía hubo de trasladar sus imágenes a otra capilla de la misma iglesia en lo poco que quedaba en pie.
     La reducción del convento y el periodo liberal hicieron que la hermandad llegara casi a la extinción hasta 1835, en que obligada por la exclaustración ordenada por la desamortización de Mendizábal, hubo de trasladarse al convento de San Jacinto, exclaustrado y abandonado por la Orden Dominica ese mismo año. Las imágenes fueron situadas en los altares del crucero.
     De todo este periodo sólo hay constancia de la solemne fiesta celebrada el 19 de julio de 1818 en honor de las santas Justa y Rufina en el templo de Santa Ana, en cuya tarde salieron procesionalmente, vestidas a la romana, en muy adornadas andas y acompañando a su divina majestad que iba en su custodia.
     Finalizada la guerra civil entre carlistas y cristinos, que había asolado España desde 1833, existen propósitos de reanudar las actividades de la hermandad propugnadas por los afanosos alfareros entre 1839 y 1840, pero un pleito sobre la pintura y dorado del paso neutralizó todos los esfuerzos. Otra nueva tentativa fue auspiciada en 1851 por el celoso exclaustrado capuchino padre Miguel Mijares, cura de la Real Parroquia de Santa Ana. Un domingo de septiembre de 1859 se iniciaron los cultos con función y solemne procesión con las patronas alfareras, e igualmente lucido quinario en honor del Santo Cristo de las Penas.
     Un nuevo vendaval devastador, a causa de la revolución de 1868, el destronamiento de Isabel II, el reinado de Amadeo I y la instauración de la I República, obligaron a otros veinte años de inactividad. Restaurado y reparado el templo de San Jacinto y abierto de nuevo al culto el 2 de junio de 1878, se logra resurgir la antigua devoción a nuestros titulares y así, el 28 de noviembre de 1880 se lleva a efecto una solemne función. La hermandad, que no contaba más que con las imágenes después de haber perdido todo su patrimonio, se dedicó a preparar todos los útiles efectivos procesionales. El Miércoles Santo de 1891, merced a la iniciativa de varios jóvenes bajo la dirección del virtuoso sacerdote y capellán de San Jacinto, Eusebio Ortega, realizó estación de penitencia, estrenando pasos, ropas e insignias bordadas en oro.
     Se procedió a la redacción de nuevas reglas, copiadas y reformadas de las de 1674, extraviadas en ocho de sus capítulos, cuyas constituciones fueron aprobadas el 21 de febrero de 1891 por el arzobispo de Sevilla, Benedicto Sanz y Forés, e inscritas en el registro de asociaciones del gobierno civil, en virtud del real decreto de 19 de septiembre de 1902, en 10 de junio de ese año, al folio 154 del libro 3º de dicho registro. Desde aquella época de 1891, la cofradía continuó realizando su estación de penitencia desde el convento de San Jacinto en la tarde del Domingo de Ramos, siendo la única que la efectuara en 1932, el Jueves Santo, sufriendo varios atentados en su recorrido.
     En 1960 conmemoró la hermandad el IV centenario de su fundación con solemnes cultos y procesión por el barrio de María Santísima de la Estrella bajo palio. El 17 de octubre de 1962 la hermandad adquirió el inmueble sito en San Jacinto 63, hoy 41, para labrar en su solar casa de hermandad, la cual fue bendecida el 22 de septiembre de 1963 por el cardenal Bueno Monreal, fecha en la que también se constituía oficialmente su bolsa de caridad. El 10 de octubre de 1966, el convento de San Jacinto es erigido en parroquia. La hermandad, por acuerdo de cabildo extraordinario en junio de 1966, solicitó constituirse en sacramental de la nueva parroquia, lo que se concedió por decreto del arzobispado de aquella fecha, organizando la procesión con su divina majestad para enfermos e impedidos de la feligresía durante varios años y cuidando el Monumento de los Oficios de Jueves y Viernes Santo.
     A solicitud de la hermandad, que acuerda en cabildo transformar en capilla su casa de hermandad, un decreto de 25 de junio de 1973, dado por el cardenal Bueno Monreal, autorizó la adaptación del inmueble en oratorio semipúblico y erigiéndolo en sede canónica de la Corporación. Bendecida la nueva capilla en Sábado de Pasión de 1976, ese Domingo de Ramos, 11 de abril, salió del Convento de San Jacinto para, tras realizar la estación de penitencia, entrar en su nueva sede.
     En junio de 1982, la hermandad adquiere unos de los inmuebles colindantes para ampliación de su sede e instalaciones. Entre junio de 1988 y la Cuaresma del año siguiente, la hermandad procedió a la reforma y ampliación tanto de la capilla como de su casa. Durante este tiempo las imágenes estuvieron ubicadas en la capilla sacramental de la parroquia de Santa Ana.
     Durante las labores de restauración a las que fue sometida la imagen de Nuestro Padre Jesús de las Penas en 1996, se encontró en su interior un documento que acreditaba la hechura de la imagen como obra de José de Arce. En el año 2005 se celebra por ende la singular efemérides del 350 aniversario de la venerada imagen de Nuestro Padre Jesús de las Penas. Fecha importante que se reseña con letras de oro en la historia de la hermandad fue la del 31 de octubre de 1999, en la que el arzobispo de Sevilla, Carlos Amigo Vallejo, coronó canónicamente a la imagen de María Santísima de la Estrella en solemne pontifical celebrado en la catedral de Sevilla (Web oficial del Consejo de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla).
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Más sobre las Hermandades y Cofradías de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

Página web oficial de la Hermandad de la Estrella: www.hermandad-estrella.org

La Hermandad de la Estrella, al detalle:
- Sede Canónica: Capilla de María Santísima de la Estrella
- Día de Salida Procesional: Domingo de Ramos
- Imágenes Titulares:  - Nuestro Padre Jesús de las Penas
                                    - María Santísima de la Estrella
                                    - Santo Lignum Crucis
                                    - San Francisco de Paula
                                    - Santas Justa y Rufina

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