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domingo, 9 de noviembre de 2025

Los principales monumentos (Iglesia de la Inmaculada Concepción, Ruta de la Sierra Trapera, Plaza de la Constitución, y Castillo de Cinta, o de Aljózar) de la localidad de Valsequillo, en la provincia de Córdoba

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de la Inmaculada Concepción, Ruta de la Sierra Trapera, Plaza de la Constitución, y Castillo de Cinta, o de Aljózar) de la localidad de Valsequillo, en la provincia de Córdoba.
     Valsequillo, valle seco extiende al sol los dados blancos de su caserío reciente, acunado por ruedos cerealistas. Vigila los tejados la neobarroca torre parroquial, en cuya amplia balconada puede surgir en cualquier momento un almuecín llamando a la oración; tal es su aspecto de alminar.
     Villa situada al norte del Guadiato.
     Distancia a Córdoba: 106 Km.
     Altitud: 577 m.
     Extensión: 119,6 Km2
     Habitantes: 415.
     Gentilicio: Valsequillenses.
     Mancomunidad: Valle del Guadiato
     La actual población de Valsequillo surgió como aldea de Fuente Obejuna en la segunda mitad del siglo XVI, a partir de una venta ya existente en el XV. Su historia más reciente es paralela a la de las poblaciones vecinas de La Granjuela y Los Blázquez: en 1817 se independiza de Fuente Obejuna para constituir con otras villas el municipio de Cinco Aldeas, cuyo Ayuntamiento se establece en Valsequillo; poco después, en 1842, alcanza la independencia municipal.
     Vídeo promocional: https://youtu.be/_zJ4siMGj4o (Diputación Provincial de Córdoba).
     Fue originalmente una aldea de Fuente Ovejuna, surgida al final del siglo XV al amparo de una venta establecida en el camino hacia Guadalcázar. Consta ya en 1589 con parroquia propia. En 1817 se une con Los Blázquez, Los Prados, La Granjuela, y Esparragosa, constituyendo el municipio de las Cinco Aldeas, con ayuntamiento en Valsequillo. En 1842 logró la independencia municipal (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
      
Iglesia de la Inmaculada Concepción.-
    Destruida la primitiva parroquia de esta población en 1936, la actual iglesia corresponde a la serie de construcciones promovidas desde el Plan de Regiones Devastadas, levantándose en la década de 1950. Los arquitectos Daniel Sánchez Puch y Ángel Marchena dispusieron una planta de cruz latina con cabecera poligonal, presidida por la imagen de serie del Cristo de la Expiración. En el crucero se sitúa un retablo de inspiración neobarroca, en el que puede verse una Inmaculada devocional. El Nazareno, de serie, se adquirió en el comercio madrileño de La Fortuna (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     La Iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción, proyectada en los años cincuenta por los arquitectos Sánchez Puch y Marchena; con su interior de solemnidad neoclásica contrasta la bien compuesta portada neobarroca, junto a la que se alza la bella torre de rojo ladrillo coronada por el campanario octogonal.
     Su planta es de cruz latina, en la que destacan las columnas jónicas que se sitúan marcando los tramos. Sobre su tramo central se alza la cúpula (Diputación Provincial de Córdoba).

Ruta de la Sierra Trapera.-
      Se inicia esta ruta, de unos 5 kilómetros, en el mismo casco urbano de Valsequillo, concretamente en la plaza de la Democracia, para tomar una pista que sale del pueblo por su extremo noroeste y cruza el arroyo de la Fuente de la Plazuela por un puente de granito.
     Este carril se unirá más adelante a la colada de Monterrubio, que conduce hacia la casa de Aljozar, entre Sierra del Torozo y sierra de la Cinta. Al principio, hasta salir al campo abierto, pasamos por algunos cercados –típicos de los ruedos de los pueblos- de pastos, olivos y huertas, en los que destacan un par de pozos que aún conservan sus norias de cangilones. Tras atravesar la vía férrea abandonada de la línea Córdoba-Almorchón, dejamos la mencionada pista para tomar un desvío a la derecha, el camino del puerto de La Cinta, que como su propio nombre indica conduce a dicho collado de 652 metros de altitud, que sirve de separación de la Sierra Mesegara o de la Cinta y la Sierra Trapera.
     La monotonía de los extensos campos de cereales, con alguna encina dispersa, se ve rota por la presencia de algunos encharcamientos estacionales- entre los que destaca la laguna Ramos- que en los meses de invierno pueden acoger algunas aves acuáticas. Transcurridos un par de kilómetros llegamos a un cruce de caminos, en la vaguada del arroyo de la Ventilla.
     Tomamos el desvío de la derecha, hacia el este, siguiendo el curso del mencionado arroyo, bordeando por el sur la loma del Tejar. Este camino desemboca en otro perpendicular que desde el pueblo conduce a la Sierra Trapera. Lo tomamos hacia el norte, en dirección a la sierra. Cuando llevemos algo más de un kilómetro comprobaremos que cambia bruscamente de dirección para dirigirse de nuevo hacia el sur, al encuentro de la ermita de Ntra. Sra. de Fátima, enclavada en el paraje del Torruco. Antes de llegar a la mencionada ermita –con su típica espadaña y correspondiente nido de cigüeñas, donde el pueblo de Valsequillo celebra su romería el segundo domingo de mayo- cruzaremos el arroyo de la Ventilla, de nuevo la vía férrea Córdoba-Almorchón, la carretera A-3279, y pasaremos cerca de la venta del Contrabandista, cuya denominación debe estar relacionada con la vereda del camino de Almorchón o de Los Contrabandistas, que pasa cerca de dicho cortijo. Antiguamente esta vía pecuaria era utilizada por los ganados transhumantes para su embarque en la estación de Almorchó (Diputación Provincial de Córdoba).

Plaza de la Constitución.-

       La blanca arquitectura de Valsequillo conserva aún el sello de Regiones Devastadas, el organismo que reconstruyó el pueblo en la posguerra y que le confirió esa fisonomía que recuerda a los poblados de colonización.
     El espacio más vistoso es la plaza de la Constitución, a la que se asoman el bello Ayuntamiento de 1949 y la iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción, proyectada en los años cincuenta por los arquitectos Sánchez Puch y Marchena; con su interior de solemnidad neoclásica contrasta la bien compuesta portada neobarroca, junto a la que se alza la bella torre de rojo ladrillo coronada por el campanario octogonal (Diputación Provincial de Córdoba).

Castillo de Cinta, o de Aljózar.-
     El castillo de Aljózar se localiza en la Sierra de la Cinta, también llamada Sierra Mesegara o Sierra Trapera, dominando amplios valles en derredor, como el del arroyo de Tolote. Está a 8,5 kilómetros de Valsequillo en línea recta y a unos 9 por tierra.
     Se trata de los restos de una antigua fortificación de la que aún se aprecian lienzos de muro - a veces de más de 2 metros de altura - y dos habitaciones excavadas en la roca. En el lugar alternan cerámicas prehistóricas con vestigios de época islámica, sobre todo las características tejas andalusíes curvadas - o teja moruna - y cerámicas con vidrio de color verde, lo que podría indicar que estamos ante una fortificación de época tardía, aunque esto no es totalmente seguro.
     Como señala L. M. Ramírez de las Casas-Deza, Aljózar era una de las numerosas aldeas que antiguamente poseía Fuente Obejuna -de las que aún conserva algunas-, pero señala también que era una de "las que existieron últimamente y ya están destruidas", lo que también sucedía con Argalloncillo, el Rubio, Canalejas, San José, La Cumbre y Don Marcos. La desaparición de Aljózar como núcleo de población pudo tener lugar, pues, en algún momento de la Edad Moderna, después de 1569, ya que en esa fecha indica Casas-Deza que se creó la parroquia de Valsequillo y Aljózar era, junto a La Granjuela y La Nava, un anejo de dicha parroquia. Pero, como indica el propio escritor cordobés, en el siglo XIX tanto Aljózar como La Nava ya no existían. También añade que "en Aljózar hay una fuente mineral ferruginosa", probable elemento propiciador del asentamiento humano en el lugar. Por su parte, Madoz se refiere a Aljózar como una aldea antigua y ya despoblada de Fuente Obejuna, donde únicamente existía un caserío habitado por el guarda que custodiaba la dehesa del mismo nombre (p. 23). Asimismo, habla de "las sierras de Aljózar" como uno de los límites del término de Hinojosa del Duque (p. 178). También Iluminado Sanz recoge a "Aljoza" como un cortijo de Fuente Obejuna (p. 120, n. 122).
      Pero como indicó Ricardo Córdoba (VVAA, 1993, p. 1566), ya durante el período islámico se registra la existencia del llamado por las fuentes cristianas de los siglos XIV y XV "castillo de Aljózar", motivo por el que la Sierra del Torozo - la más importante de Valsequillo - fue conocida en la Baja Edad Media precisamente con el nombre de Sierra de Aljózar. 
     Este lugar estuvo poblado por fauna salvaje, como testimonia el Libro de la Montería de Alfonso XI (1311-1350), redactado a mediados del siglo XIV y que cita las sierras del Patudo (actual Patuda) y de Alioza (Aljózar, actual Torozo) como cazaderos de osos. Hoy el topónimo ha pervivido en el Arroyo de la Huerta de Aljózar.
     Durante la guerra civil española esta zona va a ser objeto de operaciones militares (Moreno Gómez, pp. 628 y ss., 658 y ss., 679), aunque es posible que no afectaran demasiado a la fortificación (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de la Inmaculada Concepción, Ruta de la Sierra Trapera, Plaza de la Constitución, y Castillo de Cinta, o de Aljózar) de la localidad de Valenzuela, en la provincia de Córdoba. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia cordobesa.

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jueves, 20 de abril de 2023

Los principales monumentos (Santuario de Nuestra Señora de la Cinta; Parque Moret; y Plaza de Toros de La Merced) de la localidad de Huelva (II), en la provincia de Huelva

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Santuario de Nuestra Señora de la Cinta; Parque Moret; y Plaza de Toros de La Merced) de la localidad de Huelva (II), en la provincia de Huelva.
Santuario de Nuestra Señora de la Cinta
     El santuario de Ntra. Sra. de la Cinta, Patrona de la ciudad, ubicado al final del Conquero, domina desde la cima de una suave colina las marismas del Odiel. Su antigua fábrica mudéjar, fechable hacia  1500, presenta en su interior cuatro pilares con semicolumnas adosadas y ángulos achaflanados sobre los que apean arcos apuntados y doblados. La capilla mayor de planta cuadrada, se cubre con bóveda barroca. Por el contrario, sus tres naves ostentan cubiertas de madera. La central tiene forma de artesa con tirantes y las laterales son de colgadizo. A los pies de cada una de ellas abre una puerta, quizás caso único en la arquitectura morisca sevillana, y sobre la central se dispone la tribuna del coro alto, con pinturas del siglo XVIII.
     Al comenzar el siglo XX, el 13 de octubre de 1901, se colocó la primera piedra del atrio que precede a la ermita, según consta en una lápida conmemorativa de la visita del cardenal arzobispo de Sevilla don Marcelo Spínola y Maestre. Dicha lápida se conserva en la arquería lateral izquierda. Los arcos de medio punto moldurados apean sobre pilares cuadrangulares con impostas. Quedan flanqueados por pilastras adosadas que soportan una sencilla cornisa. Sobre la clave de los arcos se exhiben las catorce estaciones del Vía Crucis, en placas de cerámica policromada, adquiridas en Alcora (Castellón). Todas las piezas están firmadas por las siglas J.C.
     En este claustro hay otras lápidas. La primera reseña la restauración del mismo en 1955. La segunda recuerda la década transcurrida desde la primera visita del primer obispo de Huelva al santuario en 1954. La tercera reproduce la Salve de la Virgen de la Cinta. La cuarta recoge el Magnificat. Debajo de ésta se sitúa la lauda sepulcral de los Garrocho, de la antigua iglesia de San Francisco, fechada en 1604. Un cuadro cerámico anota los cien días de indulgencia concedidos en 1963 por el obispo D. Pedro Cantero a los que visitaren este templo mariano. Una lápida de mármol recuerda la restauración de la ermita por Nicolás Gómez González y su hijo Francisco Gómez Rull en 1881 y la de 1889 por Francisco Jiménez Jiménez.
     De otros eventos cinteros se hace memoria en cuadros cerámicos: nombramiento de Alcalde­sa Perpetua de la ciudad, patronazgo sobre las Hermandades de la capital, dedicada al cronista de la Hermandad Diego Díaz Hierro, etc. Y la dedicatoria del atrio al tercer obispo de Huelva, D. Rafael González Moralejo. Hay también un relieve de la Santísima Trinidad, procedente de la plaza de la Concepción, obra de Susillo. Desde el atrio se accede a los jardines del santuario, dedicados al segundo obispo de Huelva, el Siervo de Dios D. José María García Lahiguera, donde se encuentra un pequeño monumento dedicado a la Virgen Chiquita, con una imagen en bronce de la misma, de Antonio León Ortega en 1977, en el lugar donde se escondió y salvó su imagen durante los sucesos de 1936. En estos jardines se pueden contemplar asimismo el ajimez mudéjar que estaba en la calle Puerto y el escudo heráldi­co de la familia Garrocho, procedente de su casa de la calle de la Fuente.
     En el interior, a los pies del santuario, a uno y otro lado de la puerta principal, campean los escudos heráldicos de Juan XXIII y Pablo VI. En el muro contiguo a la arquería divisoria de naves, en el lado del evangelio, en una cartela se hace constar que «Se realizaron las obras de este zócalo, vidrieras y capilla exposición en la primavera del año de mil novecientos sesenta y seis, siendo obispo de la diócesis el Exmo. y Rvdmo. Sr. Dr. D. José María García de Lahiguera y hermano mayor de la Hermandad  el Ilmo. Sr. Don Francisco Vázquez Carrasco».
     El zócalo, que recorre los muros de las naves laterales, es de cerámica bícroma, en blanco y azul, y recoge la leyenda del zapatero Juan Antonio y su mujer. Está enriquecido con los em­blemas heráldicos del Ayuntamiento, la Diputación Provincial, Hermandades y Cofradías de la ciudad, y el escudo episcopal del primer obispo de Huelva. Esta obra cerámica es el resultado de la colaboración de varios artistas. Así, el boceto es del onubense Francisco Muñoz Báez, los cartones realizados por Juan Antonio Rodríguez Her­nández y la ejecución de cerámica Montalván. Los ventanales de estas naves se clausuran con vidrieras polícromas, en las que se recoge la leyenda del moro.
     En el paramento de la nave del evangelio, en­tre los ventanales, cuelga un simpecado, expuesto en el interior de un marco dorado, bordado en sedas de colores, que reproduce a la Virgen con el Niño, entregando el rosario a Santo Domingo. Y una pintura al óleo de la Virgen de Guadalupe, del siglo XVIII. En la cabecera de esta nave está la denominada capilla exposición, donde se guarda el paso procesional de la Virgen Chiquita. Estas andas fueron labradas en plata por el orfebre sevillano Manuel Seco Velasco en 1940. El templete se inspira en el que cobija al Niño Jesús del Sagrario de la catedral hispalen­se. Sufrió importantes reformas en 1963, por Je­sús Domínguez Vázquez. Las caídas del paso son de terciopelo azul, bordadas en oro, realizadas por Rafael Infante entre 1995 y 1997. El Arcángel que porta la vara de Alcaldesa Perpetua es obra del orfebre Jesús Domínguez en 1963.

     La capilla mayor, cerrada por una verja de hierro forjado, con temas florales, eses contrapuestas y rematada por granadas emblemáticas, está presidida por un retablo de estípites atribuido a José Fernando de Medinilla hacia 1752. Se compone de mesa de altar, cuya frontalera está recubierta de azulejería, banco, un solo cuerpo de tres calles con estípites y un ático. El vano de la calle central deja ver la pintura mural de la Virgen de la Cinta, obra de la época de los Reyes Católicos. En las repisas laterales se exponen las esculturas de San Sebastián y San Roque. Y en el ático una copia de la Coronación de la Virgen de Velázquez, realizada por Pedro Gómez. Sobre el altar está el sagrario, labrado en plata, siguiendo el modelo del humilladero de la Cinta, por Fernando Marmolejo, tras la coronación  canóni­ca de la Virgen.
     Tras este retablo dieciochesco se oculta el primitivo retablo mural de estructura clásica, datable en el último cuarto del siglo XVI. En el centro, un arco de medio punto sobre pilastras enmarca a la patrona de Huelva, flanqueado por Santa Lucía y San Blas. Ambos santos se cobijan bajo una arquitectura adintelada por  cuyo friso corre una leyenda incompleta que reza así: «(mandó) azer esta obra Fernando Pinto. Acabó(se año de...)». Sobre la cabeza de cada personaje hay una grafía que da a conocer sus nombres.
     La bóveda del presbiterio, con decoración geométrica, presenta en el centro una cartela del siglo XVII, y las pinturas murales que conserva reproducen angelotes y temas florales. En los laterales se pueden ver dos espléndidos paños cerámicos polícromos, que narran el milagro del toro y la aparición de la Virgen de la Cinta al almirante Cristóbal Colón, que recuerda la visita del descubridor a este santuario en cumplimiento del llamado voto colombino. Estos cuadros cerámicos, con sus correspondientes leyendas, son obra del segoviano Daniel Zuloaga en 1920.
     En la capilla de la cabecera de la nave de la epístola se venera la imagen de la Virgen Chiquita, escultura procesional de la Patrona de Huelva, tallada en madera policromada de hacia 1760, obra del círculo de Hita del Castillo. Preside un retablito-vitrina de hacia 1780-1790. Una placa de bronce, con una cartela con las armas pontificias de Juan Pablo II, conmemora la Misa que este Papa celebró a los pies de esta venerada imagen el 14 de junio de 1993 en su visita a la capital onubense.
     En el muro de la nave aparece un cuadro cerámico, conmemo­rativo de la coro­nación canónica, efectuada, por mandato de bula pontificia de Juan Pablo II, por el legado papal de los Congresos XI Mariano y XVIII Mariológico Internacionales, cardenal Martínez Somalo y por el obispo Rafael González Moralejo el 26 de septiembre de 1992.
     Piezas importantes de orfebrería son las coronas ornamentadas con pedrería de la Virgen Chiquita y el Niño, la ráfaga y la media luna, así como la granada y la cinta realizadas en oro. Las coronas por Ripoll, en 1922, la ráfaga en 1977 y la media luna en 1979 por Fernando Marmolejo Camargo. Con motivo de la coronación canónica estas piezas fueron enriquecidas con diversas joyas, fruto de donaciones de la devoción popular. Es también destacable el pectoral de D. Pedro Cantero, primer obispo de Huelva, que se lo donó a la Virgen de la Cinta en 1976 (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     El Santuario se encuentra ubicado en la periferia del núcleo urbano de Huelva, en uno de los cabezos que conforman la ciudad denominado El Conquero.
     El inmueble ha sufrido en varias ocasiones modificaciones que han transformado su estructura interna. Se construye en el siglo XV en estilo mudéjar, recibiendo influencia del Monasterio de la Rábida.
     Su interior presenta planta rectangular de tres naves, la central más alta y ancha que las dos laterales, las cuales se encuentran separadas mediante pilares de sección cruciforme con semicolumnas adosadas en sus lados menores realizadas en ladrillo visto y sobre los que descansan arcos apuntados. Dichas naves terminan en ábsides de cabecera plana, el central cubierto con bóveda de cañón y los laterales con bóveda apuntada.
     La nave central del templo se cubre de artesonado con tirantes de construcción reciente, y las naves laterales mediante armadura a un agua. En los muros laterales que cierran la iglesia se abren vanos de forma apuntada los cuales se encuentran cubiertos con vidrieras.
     A través de la nave de la epístola se accede a la Sacristía y desde ésta a otras dependencias que están adosadas a la cabecera de la iglesia.
     El conjunto se encuentra exento, se accede al interior mediante una arquería de cinco vanos de medio punto separados por pilastras y cubiertos con verja de hierro. Dicha arquería se corresponde con uno de los lados del patio que da paso a la iglesia, el cual se encuentra porticado en tres de sus flancos portando en sus frentes arcos de medio punto. Sobre el pórtico de acceso al interior del templo se levanta una segunda planta la cual presenta al citado patio con vanos de medio punto.
     El paso al interior del templo se hace a través de tres vanos ubicados en la fachada de los pies que se corresponden con las tres naves de la iglesia. Las tres entradas presentan la misma estructura: arcos apuntados dovelados, con imposta marcada e inscritos en alfiz, construidos en ladrillo visto.
     El Santuario es la sede de la patrona y alcaldesa perpetua de Huelva, la Virgen de la Cinta. El tercer domingo de agosto tiene lugar la bajada de la Virgen desde este santuario hasta la Catedral de la Merced, donde además se inicia la novena en su honor.
     La tradición popular sitúa el origen del Santuario en la época visigoda y nos informa que más tarde fue destruido durante el asentamiento musulmán en la Península Ibérica, escondiéndose la imagen de la Cinta. Tras la reconquista cristiana se descubre la pintura de la Virgen de la Cinta construyéndose un santuario sobre una colina frente al río Odiel. La población de Huelva se volcó en la devoción a la nueva imagen, haciendo que ésta jugara un papel importante en la historia sociocultural de la ciudad. Como ejemplo ilustrativo, cabe referir el hecho de que cuando Cristóbal Colón regresaba del Nuevo Mundo fue sorprendido por una tormenta y los marineros de "La Niña" pidieron protección a la Virgen de la Cinta.
     En consecuencia al llegar a tierra, el propia Almirante fue, en acción de gracias a visitar el Santuario.
     Son multitud los hechos milagrosos que se atribuyen a la imagen, quedando como testigos la gran cantidad de exvotos que hay repartidos entre diversas casas populares. A este fervor popular se debe que el edificio se fuera modificando y ampliando con el gusto de las nuevas corrientes estéticas. Una de las obras de gran importancia que sufre el templo es la remodelación del siglo XVIII.
     En la Guerra Civil, el Santuario fue saqueado y destruido, perdiendo gran parte de sus obras de arte. Posteriormente, en los años 50 y 60 ha sido restaurado, aunque modificando en gran parte su estructura (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Parque Moret
     Se trata de una necrópolis protohistórica de Huelva integrada por los túmulos documentados en el Parque Moret, que se ha asociado tradicionalmente con la descubierta en el cabezo de la Esperanza, pero existen entre estos puntos una enorme distancia que cuestiona su consideración como un único conjunto, motivo por el cual se ha delimitado como unidad aparte. No obstante los túmulos documentados en el parque Moret, como los de La Joya, corresponden al tipo de necrópolis orientalizante característico de todo el ámbito mediterráneo.
     En este área se conservan dos estructuras completas y al menos existen indicios de otra tercera parcialmente destruida en el siglo XIX por la construcción de una era. A estas estructuras documentadas deben añadirse otros monumentos funerarios tumulares de los que existen indicios no corroborados aún (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Plaza de Toros de La Merced

     De 1902 es el núcleo original de la Plaza de Toros de la Merced, basado en la Plaza de Toros de Madrid, y posteriormente remodelado profundamente en 1984 (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     La afición de Huelva nace con la misma intensidad con la que se canta un fandango, se tripula un barco o se bebe un buen vino del Condado. Éste es el secreto de una de las mejores aficiones de Andalucía que no en vano muestra orgullosa una gran lista de nombre toreros y ganaderos que su tierra ha visto nacer. Huelva es la cuna de Los Litri, una de las más largas dinastías de toreros valientes y técnicos que ha dado el toreo. Miguel Báez Quintero, El Mequi, José Báez Quintero; Manuel Báez Gómez "El Litri", Miguel Báez Espuny "El Litri", Miguel Báez Espínola "El Litri"; pero muchos otros diestros completan el gran listado de toreros, banderilleros, picadores y novilleros de esta tierra como son los nombres de Los Pirfo (Gregario Leandro Gómez "Mellaito de Málaga"; Francisco Leandro Gómez, Pirfo I; Manuel Leandro Gómez, Pirfo II; José Leandro Muñoz, Pirfo III; Francisco Leandro Leyva, Pirfo IV); Los Chamaco (Antonio Barrero Morano "Chamaco", Sebastián Barrero Morano "Chamaco", Antonio Barrero Barrero "Chamaco"); Francisco Méndez Rodríguez, Curro Méndez; Florentino Luque Castilla, Emilio Muñoz Vázquez, Miguel Carrasca López, Juan Barranco Posada, Pablo Gómez Terrón, Santiago Ortiz Trixant, Jesús Vázquez Mendez, Diego Gómez León Laine, Emilio Silvera González y Francisco Barroso Martín, entre otros.
     La fiesta de los toros en la ciudad de Huelva y su provincia arranca también en su campo; concretamente en la cría del toro bravo en las grandes dehesas que cubren la región de Huelva. Muchas son las ganaderías que cubren esta zona occidental de Andalucía, como son las de Concha y Sierra, Hijos de Dña. Celestina Cuadri Vides, D. Tomas Prieto de la Cal, Toros de Gerardo Ortega, "Villamarta", Carmen Barrero Rodríguez, Guadiamar, La Dehesilla, Manuel Angel Millares, Torremilla, El Romeral, José Ramos Huelva, Ignacio Palacios, De Montelolivo, José Carranza, Hermanos Santa Cruz, Viuda de Diego Garrido, Hermanos Domínguez Camacho, Arucci, Manuel González Cabello, José González Cabello, Socorro Sánchez-Dalp, González Sánchez-Dalp, Albareal, Miguel Báez Espuny "Litri", Hermanos Rubio Martínez y José Luis Pereda, entre otras.
     La antigua Plaza de Huelva tenía el mismo emplazamiento que la actual, es decir, Avenida Cristóbal Colón. Constaba de dos pisos, con capacidad para seis mil espectadores. Media su redondel 45 metros y las dependencias eran suficientes para acoger espectáculos taurinos.
     Al fin del siglo, la aparición del matador de toros onubense Miguel Báez Quintero 'Litri' elevó sobremanera la afición a los toros y en febrero de 1902 se empieza la construcción del nuevo coso. Se inaugura un 5 de septiembre del mismo año, con una corrida de toros de la ganadería de Marqués de Saltillo, que estoquearon Litri y Machaquito. Su capacidad era aproximadamente la misma que la anterior. El tiempo hizo presa y llegó el momento en que sólo quedó en pie su estructura, permaneciendo durante largo espacio de tiempo en total abandono.
     Pero la Vega Larga de Merced seguía sintiendo nostalgia de ese sabor típicamente onubense de tantas tardes de glorias. Fue entonces cuando, conservando su primitiva estructura centenaria, se volvió a reconstruir de la mano del que hasta hace pocos años ha sido su empresario José Luis Pereda, propietario de la plaza, que hizo volver el esplendor de tantas tardes de toros a Huelva. Con fecha 29 de Julio de 1984 se procedió a la reinauguración de la plaza de La Merced, con el cartel formado por los espadas Miguel Báez Espuny 'Litri' - que reaparecía para esta ocasión-, Curro Romero y Pepe Luis Vázquez. Los toros lidiados estaban marcados con el hierro de Jandilla.
     La plaza de toros de La Merced ha sido testigo de una auténtica gloria en la Fiesta de los toros, y por la que han desfilado las figuras de todas las épocas. Formando parte de una vieja historia del sentir de un pueblo que ha dado a la Fiesta grandes figuras conocidas por todos los aficionados. Desde ese año 1984, la Vega Larga de Merced ha vuelto a vestirse de luz y color en las tardes de toros onubenses. Esta antigua nueva plaza de toros, en el pasar de los años, siempre ha tenido un espectador perenne, el 'Cabezo del Conquero', tan identificado en una ciudad abierta a todos sus visitantes, como ese mar que abrió al Mundo un nuevo Continente (Ayuntamiento de Huelva).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Santuario de Nuestra Señora de la Cinta; Parque Moret; y Plaza de Toros de La Merced) de la localidad de Huelva (II), en la provincia de Huelva. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia onubense.

Más sobre la provincia de Huelva, en ExplicArte Sevilla.

sábado, 19 de septiembre de 2020

La Capilla de la Virgen de la Cinta, en la Catedral de Santa María de la Sede


      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Capilla de la Virgen de la Cinta en la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.        
      Hoy, sábado 19 de septiembre, como todos los sábados, se celebra la Sabatina, oficio propio del sábado dedicado a la Santísima Virgen María, siendo una palabra que etimológicamente proviene del latín sabbàtum, es decir sábado
   Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Capilla de la Virgen de la Cinta en la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
    La Catedral de Santa María de la Sede  [nº 1 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 1 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de la Constitución, 13; con portadas secundarias a las calles Fray Ceferino González, plaza del Triunfo, plaza Virgen de los Reyes, y calle Alemanes (aunque la visita cultural se efectúa por la Puerta de San Cristóbal, o del Príncipe, en la calle Fray Ceferino González, s/n, siendo la salida por la Puerta del Perdón, en la calle Alemanes); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.  
   En la Catedral de Santa María de la Sede, podemos contemplar la Capilla de la Virgen de la Cinta [nº 023 en el plano oficial de la Catedral de Santa María de la Sede]; Esta advocación no ha cambiado desde que la dedicó Antón González Chaves en 1478 (Alfonso Jiménez Martín, Cartografía de la Montaña hueca; Notas sobre los planos históricos de la catedral de Sevilla. Sevilla, 1997).
   En el muro de los pies de la Catedral de Santa María de la Sede, podemos contemplar una capilla dedicada a venerar la imagen de la Virgen de la Cinta, muy pequeñita, dotada por el canónigo Antón González de Chaves, fallecido en 1.478 y cuya lápida encontramos al pie del retablo. 
   La Virgen de la Cinta se venera en un sencillo retablo del primer cuarto del siglo XVII, sito en el muro occidental o de los pies de la catedral.
   Pese a sus restauraciones, podemos darnos cuenta cabal de su composición artística y categoría iconográfica. 
   Se trata de una Virgen, que porta al Niño en el brazo izquierdo, quien levanta la vista del libro en que lee. La Señora, cubierta con toca blanca, muestra en su rostro la melancolía de la Pasión, y está vestida con un brial color jacinto, atado muy bajo los senos por una correa o cinta, origen de su advocación y cae con simétricos pliegues; el manto es celeste, sostenido por los brazos, mostrando el zig zag típico de las telas de otras imágenes análogas.
   La imagen es de barro cocido y policromado, y posee todos los caracteres de las obras de Mercadante de Bretaña, pudiendo fecharse hacia 1460-70 (José Hernández Díaz, Retablos y esculturas de la Catedral de Sevilla en La Catedral de Sevilla. Ediciones Guadalquivir, Sevilla, 1991).
Conozcamos mejor la historia de la Sabatina como culto mariano

   Semanalmente tenemos un culto sabatino mariano. Como dice el Directorio de Piedad Popular y Liturgia, en el nº 188: “Entre los días dedicados a la Virgen Santísima destaca el sábado, que tiene la categoría de memoria de santa María. Esta memoria se remonta a la época carolingia (siglo IX), pero no se conocen los motivos que llevaron a elegir el sábado como día de santa María. Posteriormente se dieron numerosas explicaciones que no acaban de satisfacer del todo a los estudiosos de la historia de la piedad”. En el ritmo semanal cristiano de la Iglesia primitiva, el domingo, día de la Resurrección del Señor, se constituye en su ápice como conmemoración del misterio pascual.  Pronto se añadió en el viernes el recuerdo de la muerte de Cristo en la cruz, que se consolida en día de ayuno junto al miércoles, día de la traición de Judas. Al sábado, al principio no se le quiso subrayar con ninguna práctica especial para alejarse del judaísmo, pero ya en el siglo III en las Iglesias de Alejandría y de Roma era un tercer día de ayuno en recuerdo del reposo de Cristo en el sepulcro, mientras que en Oriente cae en la órbita del domingo y se le considera media fiesta, así como se hace sufragio por los difuntos al hacerse memoria del descenso de Cristo al Limbo para librar las almas de los justos. En Occidente en la Alta Edad Media se empieza a dedicar el sábado a la Virgen. El benedictino anglosajón Alcuino de York (+804), consejero del Emperador Carlomagno y uno de los agentes principales de la reforma litúrgica carolingia, en el suplemento al sacramentario carolingio compiló siete misas votivas para los días de la semana sin conmemoración especial; el sábado, señaló la Santa María, que pasará también al Oficio. Al principio lo más significativo del Oficio mariano, desde Pascua a Adviento, era tres breves lecturas, como ocurría con la conmemoración de la Cruz el viernes, hasta que llegó a asumir la estructura del Oficio principal. Al principio, este Oficio podía sustituir al del día fuera de cuaresma y de fiestas, para luego en muchos casos pasar a ser añadido. En el X, en el monasterio suizo de Einsiedeln, encontramos ya un Oficio de Beata suplementario, con los textos eucológicos que Urbano II de Chantillon aprobó en el Concilio de Clermont (1095), para atraer sobre la I Cruzada la intercesión mariana.

   De éste surgió el llamado Oficio Parvo, autónomo y completo, devoción mariana que se extendió no sólo entre el clero sino también entre los fieles, que ya se rezaba en tiempos de Berengario de Verdún (+962), y que se muestra como práctica extendida en el siglo XI. San Pedro Damián (+1072) fue un gran divulgador de esta devoción sabatina, mientras que Bernoldo de Constanza (+ca. 1100), poco después, señalaba esta misa votiva de la Virgen extendida por casi todas partes, y ya desde el siglo XIII es práctica general en los sábados no impedidos. Comienza a partir de aquí una tradición devocional incontestada y continua de dedicación a la Virgen del sábado, día en que María vivió probada en el crisol de la soledad ante el sepulcro, traspasada por la espada del dolor, el misterio de la fe.
   El sábado se constituye en el día de la conmemoración de los dolores de la Madre como el viernes lo es del sacrificio de su Hijo. En la Iglesia Oriental es, sin embargo, el miércoles el día dedicado a la Virgen. San Pío V, en la reforma litúrgica postridentina avaló tanto el Oficio de Santa María en sábado, a combinar con el Oficio del día, como el Oficio Parvo, aunque los hizo potestativos. De aquí surgió el Común de Santa María, al que, para la eucaristía, ha venido a sumarse la Colección de misas de Santa María Virgen, publicada en 1989 bajo el pontificado de San Juan Pablo II Wojtyla (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
Conozcamos mejor la sobre el Significado y la Iconografía de la Virgen con el Niño;
   Tal como ocurre en el arte bizantino, que suministró a Occidente los prototipos, las representaciones de la Virgen con el Niño se reparten en dos series: las Vírgenes de Majestad y las Vírgenes de Ternura.
La Virgen de Majestad
   Este tema iconográfico, que desde el siglo IV aparecía en la escena de la Adoración de los Magos, se caracteriza por la actitud rigurosamente frontal de la Virgen sentada sobre un trono, con el Niño Jesús sobre las rodillas; y por su expresión grave, solemne, casi hierática.

   En el arte francés, los ejemplos más antiguos de Vírgenes de Majestad son las estatuas relicarios de Auvernia, que datan de los siglos X u XI. Antiguamente, en la catedral de Clermont había una Virgen de oro que se mencionaba con el nom­bre de Majesté de sainte Marie, acerca de la cual puede dar una idea la Majestad de sainte Foy, que se conserva en el tesoro de la abadía de Conques.
   Este tipo deriva de un icono bizantino que el obispo de Clermont hizo emplear como modelo para la ejecución, en 946, de esta Virgen de oro macizo destinada a guardar las reliquias en su interior.
   Las Vírgenes de Majestad esculpidas sobre los tímpanos de la portada Real de Chartres (hacia 1150), la portada Sainte Anne de Notre Dame de París (hacia 1170) y la nave norte de la catedral de Reims (hacia 1175) se parecen a aquellas estatuas relicarios de Auvernia, a causa de un origen común antes que por influencia directa. Casi todas están rematadas por un baldaquino que no es, como se ha creído, la imitación de un dosel procesional, sino el símbolo de la Jerusalén celeste en forma de iglesia de cúpula rodeada de torres.
   Siempre bajo las mismas influencias bizantinas, la Virgen de Majestad aparece más tarde con el nombre de Maestà, en la pintura italiana del Trecento, transportada sobre un trono por ángeles.
   Basta recordar la Madonna de Cimabue, la Maestà pintada por Duccio para el altar mayor de la catedral de Siena y el fresco de Simone Martini en el Palacio Comunal de Siena.
   En la escultura francesa del siglo XII, los pies desnudos del Niño Jesús a quien la Virgen lleva en brazos, están sostenidos por dos pequeños ángeles arrodillados. La estatua de madera llamada La Diège (Dei genitrix), en la iglesia de Jouy en Jozas, es un ejemplo de este tipo.
El trono de Salomón

   Una variante interesante de la Virgen de Majestad o Sedes Sapientiae, es la Virgen sentada sobre el trono con los leones de Salomón, rodeada de figuras alegóricas en forma de mujeres coronadas, que simbolizan sus virtudes en el momento de la Encarnación del Redentor.
   Son la Soledad (Solitudo), porque el ángel Gabriel encontró a la Virgen sola en el oratorio, la Modestia (Verecundia), porque se espantó al oír la salutación angélica, la Prudencia (Prudentia), porque se preguntó como se realizaría esa promesa, la Virginidad (Virginitas), porque respondió: No conocí hombre alguno (Virum non cognosco), la Humildad (Humilitas), porque agregó: Soy la sierva del Señor (Ecce ancilla Domini) y finalmente la Obediencia (Obedientia), porque dijo: Que se haga según tu palabra (Secundum verbum tuum).
   Pueden citarse algunos ejemplos de este tema en las miniaturas francesas del siglo XIII, que se encuentran en la Biblioteca Nacional de Francia. Pero sobre todo ha inspirado esculturas y pinturas monumentales en los países de lengua alemana.
La Virgen de Ternura
   A la Virgen de Majestad, que dominó el arte del siglo XII, sucedió un tipo de Virgen más humana que no se contenta más con servir de trono al Niño divino y presentarlo a la adoración de los fieles, sino que es una verdadera madre relacionada con su hijo por todas las fibras de su carne, como si -contrariamente a lo que postula la doctrina de la Iglesia- lo hubiese concebido en la voluptuosidad y parido con dolor.
   La expresión de ternura maternal comporta matices infinitamente más variados que la gravedad sacerdotal. Las actitudes son también más libres e imprevistas, naturalmente. Una Virgen de Majestad siempre está sentada en su trono; por el contrario, las Vírgenes de Ternura pueden estar indistintamente sentadas o de pie, acostadas o  de rodillas. Por ello, no puede estudiárselas en conjunto y necesariamente deben introducir en su clasificación numerosas subdivisiones.
   El tipo más común es la Virgen nodriza. Pero se la representa también sobre su lecho de parturienta o participando en los juegos del Niño.
El niño Jesús acariciando la barbilla de su madre
   Entre las innumerables representaciones de la Virgen madre, las más frecuentes no son aquellas donde amamanta al Niño sino esas otras donde, a veces sola, a veces con santa Ana y san José, tiene al Niño en brazos, lo acaricia tiernamente, juega con él. Esas maternidades sonrientes, flores exquisitas del arte cristiano, son ciertamente, junto a las Maternidades dolorosas llamadas Vírgenes de Piedad, las imágenes que más han contribuido a acercar a la Santísima Virgen al corazón de los fieles.
   A decir verdad, las Vírgenes pintadas o esculpidas de la Edad Media están menos sonrientes de lo que se cree: la expresión de María es generalmente grave e incluso preocupada, como si previera los dolores que le deparará el futuro, la espada que le atravesará el corazón. Sucede con frecuencia que ni siquiera mire al Niño que tiene en los brazos, y es raro que participe en sus juegos. Es el Niño quien aca­ricia el mentón y la mejilla de su madre, quien sonríe y le tiende los brazos, como si quisiera alegrarla, arrancarla de sus sombríos pensamientos.
   Los frutos, los pájaros que sirven de juguetes y sonajeros al Niño Jesús tenían, al menos en su origen, un significado simbólico que explica esta expresión de inquieta gravedad. El pájaro es el símbolo de l alma salvada; la manzana y el racimo de uvas, aluden al pecado de Adán redimido por la sangre del Redentor.
 A veces, el Niño está representado durante el sueño que la Virgen vela. Ella impone silencio a su compañero de juego, el pequeño san Juan Bautista, llevando un dedo a la boca.
   Ella le enseña a escribir, es la que se llama Virgen del tintero (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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