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martes, 9 de mayo de 2023

Un paseo por la calle Miguel Mañara

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Miguel Mañara, de Sevilla, dando un paseo por ella
   Hoy, 9 de mayo, es el aniversario del fallecimiento (9 de mayo de 1679) de Miguel Mañara, a quien está dedicada esta vía del callejero sevillano, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Miguel Mañara.   
   La calle Miguel Mañara es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo, y va de la confluencia de la plaza del Triunfo y calle Santo Tomás, a la avenida de la Constitución
     La calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Hasta 1845, en que se rotuló con la de­nominación actual, existieron dos calles distintas, la del Arquillo de la Plata y la del Arquillo de la Contratación. La primera es po­sible que tome su nombre de la Torre de la Plata, a la que estaba unida por un lienzo de muralla que seguía la línea de fachada de la calle Santander. Esta denominación ya apa­rece en el plano de Olavide (1771), pero es muy posible que se usara mucho antes. Tam­bién fue conocida anteriormente, al parecer, como Cruz de Bustos Tavera, por la allí erigida en memoria del caballero sevillano del s. XIII que, según la leyenda, murió en desafío con Sancho Ortiz, su futuro cuñado; esta leyenda fue recogida por Lope de Vega en su obra La Estrella de Sevilla. Otro nombre que se le dio fue el de Arquillo de los Ciervos. De estos dos últimos apelativos no hay pruebas fidedignas. El de la Contratación, también llamado de la Montería, al menos desde 1600, recibió estos nombres por ser acceso a la plaza donde tenía su sede la Casa de la Contratación, y a la vez estar colindante con el patio de la Montería de los Reales Al­cázares. En la fecha antes citada (1845) se unificaron ambas calles bajo el rótulo Mañara, en memoria del venerable Miguel de Mañara (1627-1679), caballero de la orden de Calatrava, fundador del Hospital de la Caridad, que según la tradición vivió en esta calle; recientemente se añadió al rótulo el nombre propio.
     Debió formarse en torno a la vía de ac­ ceso al Alcázar Viejo que comenzaba en el Arquillo de la Plata, y que fue configurándo­se por las casas que se fueron adosando al interior de la muralla que unía la actual puerta del León con la torre de Abdelazis. Rectilínea, aunque de trazado irregular, presenta a poco de comenzar un ángulo recto. El primer tramo, hasta la confluencia con la plaza de la Contratación, es relativamente amplio, estrechándose considerablemente a continuación para ir ensanchándose escalonadamente en su segundo tramo. Próxima a su terminación presentaba dos entrantes o pequeñas barreduelas, una de las cuales ha de­saparecido. Termina en un espacio estrecho y abovedado formado por la primitiva puerta con bóveda de crucería, un segundo tramo de bóveda de cañón y un tercero adintelado. 
     Presenta una cierta inclinación, que se acentúa al final, en dirección a la avenida de la Constitución. Las alineaciones proyectadas en el s. XIX y primeras décadas del presente le han afectado sólo parcialmente; así, sigue existiendo el estrechamiento en la confluencia con plaza de Contratación en dirección al Arquillo, aunque se ensanchó la acera de los impares sobre el solar de la actual Cámara de Comercio. También se actuó derribando la casa núm. 15 en 1862 a fin de ensanchar la entrada de esta vía; e igualmente con el retranqueo de las ventanas, haciendo desaparecer las populares rejas de poyos y guardapolvos, siguiendo las ordenanzas municipales decimonónicas. 
     Fue empedrada y embaldosadas sus aceras en 1854; este pavimento fue sustituido por otro de cemento a final del siglo, adoquinado poco después y readoquinado en  1941. Actualmente la calzada del tramo de plaza del Triunfo a plaza de la Contratación está adoquinada y sus aceras presentan losetas de cemento. El segundo tramo, de ésta a avenida de la Constitución, construido en 1980, está adoquinado y embaldosado en su primera parte y formando cuadros con adoqui­nes y cantos rodados en la segunda. El tramo abovedado del Arquillo está embaldosado en su totalidad, quedando más bajo que la acera de la avenida, que cierra la calle impidiendo el tráfico rodado. Se iluminó con gas hasta 1941, en que se instalaron lámparas de 100 bujías; actualmente se ilumina con farolas de tipo gas adosadas a la pared.
     El caserío ha sido renovado casi en su totalidad y alternan junto a edificios con gran personalidad, como la casa núm. 3, del s. XIX, con hermoso patio de columnas con arcos de medio punto del Patrimonio del Estado, la núm. 13, de tipo popular, del s. XVIII, con dos plantas y buhardilla, y la levantada por Aníbal González en 1925-26; otras de reciente fábrica que no desmerecen del entorno, como la núm. 1, construida por Rafael Manzano, perteneciente asimismo al Patrimonio del Estado. También contribuye a la configuración de su fisonomía el que varios edificios notables como el Museo de Arte Contemporáneo, la Cámara de Comercio y otros de la calle Santo Tomás ofrezcan sus fachadas traseras a esta calle. 
     El edificio que da más personalidad a esta vía es el Arquillo de la Plata, que ofrece, sin embargo, su peor vista, formada por unas viviendas adosadas a la primitiva puerta o postigo del Alcázar. El arquillo ofrecía en su parte exterior un arco de herradura grande, jalo­nado por dos torres y otro arco más pequeño y en él una Virgen del Rosario. Sobre el mis­mo hay viviendas con gracioso balcón en el centro del arco, y azoteas almenadas con mirador de sillón. Este monumento consiguió salvarse del afán destructivo que caracterizó al s. XIX, a pesar de los deseos de parte del vecindario y de la prensa que lo apoyaba, y que desencadenó durante los años cincuenta una fuerte campaña contra él. Un periódico decía en una crónica: "El tal arquillo es una cosa sin nombre y sin utilidad, que no puede ser recomendado como mo­numento tradicional ni aun como edificio; por el contrario es un estorbo que afea aquel sitio, intercepta la comunicación entre las calles de Mañara y la plazuela de Santo To­más, y es un receptáculo de inmundicias, y para final del cuento, el que lo pasa de día tiene que llevar un ojo en cada pie, pues no puede darse mayor pedregal, y el que lo pasa de noche va diciendo el acto de contricción por ser un sitio de arrebatacapas en todas las estaciones del año..." (El Porvenir, 13-IV-1854). A comienzos del s. XVIII tuvo en ella su sede la cárcel de la Casa de Contratación, probablemente en la fachada posterior del Museo de Arte Contemporáneo. Existió en las proximidades de la calle, en el s. XIX, el "cuartel de Partidas Sueltas" y la Cárcel Militar que ya citara Ford.
     Históricamente ambos tramos han servi­do de acceso a la Casa de Contratación, uno desde la plaza de Santo Tomás (hoy avenida de la Constitución) y otro desde la plaza del Triunfo. El primero, dada su estrechez, que se acentuaba en el Arquillo de la Plata, fue cerrado al tráfico rodado por un marmolillo a mediados del siglo pasado a petición de los vecinos, que se quejaban de los destrozos que causaban los vehículos en las paredes. Hoy persiste el marmolillo, aunque puede ser retirado ocasionalmente. Estas circunstancias consolidarían como secundario a este acceso, lo que justificaría la descripción que hiciera Álvarez-Benavides (1873) como "de poco tránsito y sitio de muchos recuerdos históricos". El tramo de la plaza del Triunfo a la de Contratación ha sido vía principal por ser paso de carruajes por San Gregorio hacia la Puerta de Jerez en el s. XIX, de acceso desde el casco antiguo a la Casa de Contratación entre los siglos XVI al XVIII. En 1888 se autorizó y posteriormente se instaló una línea de tranvías que enlazaba la Puerta de Jerez con la plaza de Contratación. En la actualidad canaliza un intenso tráfico proveniente de San Gregorio con di­rección al casco histórico y zona monumental, y permite aparcamientos en línea. Cum­ple asimismo funciones residenciales y de servicios que se concretan en la presencia de Radio Triana, una tienda de grabados antiguos, la oficina de una inmobiliaria y otra de recaudación de tributos que llena de gen­te las proximidades del arquillo en las fechas límites del pago de contribuciones, rom­piendo así la habitual quietud de esta parte de la calle en la que se concentran los servicios reseñados. Durante varios años tuvo aquí su sede la librería Antonio Machado [Salvador Rodríguez Becerra, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993]
Miguel de Mañara, 3
. Casa del siglo XIX, de tres plantas. La fachada consta de un cuerpo central avanzado, rematado por un frontón curvo partido. En el interior destaca el patio de columnas con arcos de medio punto.
Miguel de Mañara, 10 acc. Casa del siglo XVIII, de tipo popular, de dos plantas y rematada por una buhardilla.
Miguel de Mañara, 13 acc. Portada flanqueada por pilastras toscanas que sostienen un entablamento [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor a quien está dedicada esta vía del callejero sevillano, Miguel de Mañara;
     Miguel Mañara Vicentelo de Leca, Sevilla, 3 de marzo de 1627 – 9 de mayo de 1679. Caballero de la Orden de Calatrava y “gran limosnero de Sevilla”.
     A Miguel Mañara se le ha querido confundir a veces, fruto de la literatura romántica francesa del siglo XIX, con el mismo Juan Tenorio, que de gran pecador de disipada juventud, se convirtió en el gran arrepentido, de penitente y piadosa vejez. Nada hay en la juventud de Mañara, que tenga algo que ver cun esis “crímnes tan numeroso —que le atribuye E. Van Loo— como numerosos eran sus triunfos amatorios”; ni nada semejante a ese “llibertini cavallero” que presenta: el de “la espada continuamente ensangrenyada”. Contrario es el juicio que le merece a Marañón, maestro indiscutible en la materia: “Durante toda la época romántica hasta nuestros tiempos —escribe— se ha personificado el donjuanismo en un sevillano del más alto valor emocional, en Don Miguel de Mañara [...], que todavía goza de un alto prestigio de Don Juan. Es igualmente un error, y no sólo porque Mañara es muy posterior a Tirso de Molina y no pudo, por tanto, ser su modelo, sino porque Mañara fue, ante todo, un místico”.
     Nació en Sevilla de una familia rica, originaria de Córcega. Su padre, Tomás, había vuelto de sus viajes al Perú con fama de grosario o de opulento comerciante.
     Pasó los días de su juventud entre las naturales diversiones y el ambiente cristiano de su familia. A los veinticuatro años, el ya caballero de Calatrava quedó de único heredero de la gran fortuna de sus padres, en aquella Sevilla, “amparadora de pobres y refugio de desdichados”, que era considerada entonces como una de las ciudades más ricas de Europa. En 1648 casó con Jerónima Carrillo de Mendoza, de la alta nobleza sevillana. Ésta murió pronto y fue entonces cuando Mañara, quien, al decir de sus contemporáneos, vivía “cuerda y cristianamente”, dio un nuevo cambio de vida. El mismo Mañara confesó que “vivía muy gustoso y teníase por muy afortunado con la compañía de doña Jerónima, su mujer, de quien cada día iba haciendo mayor estimación, al paso que iba conociendo los quilates de su mucha virtud, fuera de las demás prendas que la hacían singularmente amable”.
     Cuando murió Jerónima, contaba con treinta y tres años de edad. En un golpe de gracia, aprendió entonces “a conocer con gran claridad la brevedad de la vida, la certidumbre de la muerte y la vanidad de las glorias del mundo”. Su sobrino, el marqués de Paradas, cuando corrió a su encuentro en la soledad de Montejaque (señorío de Jerónima), le halló “poseído de un sentimiento, aunque muy grande, muy prudente y católico, deseando sólo aprovecharse de golpe semejante y acabar de desatar las pigüelas de este mal mundo, que tanto impiden para volar al cieño”. Pasó, entonces, por un proceso de “conversión interior”; poco a poco se fue desprendiendo de sus inmensos bienes y pronto fue considerado como el gran limosnero de la ciudad. Entró en la cofradía de la Santa Caridad, que se dedicó a favorecer a pobres y necesitados, llegando a ser de por vida hermano mayor de la misma. En una de las actas del Cabildo se lee que “propuso el señor don Miguel Mañara que el principal instituto de la Santa Caridad de Nuestro Señor Jesucristo es cuidar de los pobres, y que los mendigos son los que tienen primer lugar como más desvalidos que andan a la inclemencia del tiempo de noche y de día, del que ha resultado morirse muchos aceleradamente.
     Y que le parecía acudir a estos daños, haciendo el cabildo que los dichos pobres mendigos se recojan de noche y se les dé para que no padezcan mayor daño. Y allí, con lo que pueda, la Hermandad los socorra para que puedan dormir y enjugarse si estuvieren mojados”.
     “Hospicio de pobres y peregrinos”, como llamaban a la Santa Caridad, hizo construir para ella una hermosa capilla, en la que dejaron obras maestras sus amigos Roldán, Valdés Leal y Murillo. Habiéndose desprendido de todos sus bienes, se quedó a vivir en una humilde celda de la Caridad, donde escribió su memorable Discurso de la verdad, y murió santamente el 9 de mayo de 1679. En el Libro nuevo de hermanos se anota lo siguiente: “Murió el día 9 de mayo de 1679 con grande opinión de santidad. Fue padre y restaurador de esta Hermandad. Está su venerable cuerpo debajo del presbiterio de esta santa iglesia de la Caridad, encima de la cual, en una losa, están recopiladas sus heroicas virtudes [...] No merecimos tanto bien. Viva eternamente en la feliz compañía de los Santos”. En los sevillanos quedó la memoria de Miguel Mañara como “limosnero de la ciudad, “varón justo”, “padre de los pobres y consuelo de los afligidos”.
     Se abrió su proceso de beatificación, que todavía sigue pendiente en Roma (Francisco Martín Hernández, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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La calle Miguel Mañara, al detalle:
El edificio de la calle Miguel Mañara, 1
El edificio de la calle Miguel Mañara, 3
El edificio de la calle Miguel Mañara, 10
El edificio de la calle Miguel Mañara, 13
El edificio para Diego González Parejo, de la calle Miguel Mañara, 4, de Aníbal González. 

viernes, 28 de enero de 2022

Un paseo por la calle Santo Tomás

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Santo Tomás, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 28 de enero, Memoria de Santo Tomás de Aquino, presbítero de la Orden de Predicadores y doctor de la Iglesia, que, dotado de gran inteligencia, con sus discursos y escritos comunicó a los demás una extraordinaria sabiduría. Llamado a participar en el II Concilio Ecuménico de Lyon por el papa beato Gregorio X, falleció durante el viaje en el monasterio de Fossanova, en la región italiana del Lacio, el día siete de marzo, fecha en la que, años después, se trasladaron sus restos a la ciudad de Toulouse, en Francia (1274)  [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la calle Santo Tomás, de Sevilla, dando un paseo por ella.      
     La calle Santo Tomás, en el Callejero Sevillano, es una vía que se encuentra en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo, y va de la plaza del Triunfo, a la avenida de la Constitución.
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. 
     En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
      La vía, en este caso una calle, está dedicada al desaparecido Colegio Mayor dominico de Santo Tomás, que se encontraba en esta misma calle;
   Debe su nombre al colegio mayor de los dominicos fundado en 1517 por el arzobispo fray Diego de Deza en la desaparecida plaza de Santo Tomás. Desde el s. XVI el espacio urbano comprendido entre Adolfo Rodríguez Jurado, actual Santo Tomas, y el tramo confluyente de la avenida de la Constitución era denominado plaza de Santo Tomás. La calle actual fue conocida durante el s. XVIII y probablemente antes como Graneros o Graneros del Cabildo, por encontrarse allí el edificio de la cilla, donde  se almacenaba el diezmo eclesiástico. Posteriormente formó parte de la plaza de la Lonja. 
     Desde mediados del pasado siglo y hasta el primer cuarto del presente estuvo rotula­da como del Triunfo (plano de Sartorius, 1848 y actas capitulares de 1868). Esta confusa y a veces simultanea rotulación fue puesta de manifiesto por Álvarez-Benavides, que en un informe de 1876 dice que los tres rótulos existentes, plaza del Triunfo, plaza de Santo Tomás y plaza de la Aduana, estaban equivocados. Según este autor, la calle comenzaba en "la esquina derecha entrando por la calle de Mañara, y termina en la esquina izquierda entrando también por la de Maese Rodrigo" (Sec. Administrativa, Nomenclátor 2, 1865-1877). El topónimo, por tanto, basculó entre las dos plazas que unía, la de Santo Tomas y la del Triunfo.
     La calle, de anchura superior a las de esta zona antes de los ensanches y alineaciones, se conforma por un lado por las casas adosadas a la muralla del Alcázar que desde la Puerta del León bajaba en línea recta hasta el arquillo de la Plata; por el otro, con el edificio de la Lonja (1598), actual Archivo de Indias, trazado paralelamente a la línea de fachada de la acera opuesta, y los jardines procedentes de la apertura de la avenida. El empedrado fue sustituido por adoquines en la primera década de este siglo y a su vez cubierto de asfalto en 1960, que también ha ocultado los raíles del tranvía, al tiempo que se retranqueaba el bordillo de la acera de los impares para situar aparcamientos en batería; en su acera de losas de cemento se abren alcorques donde están plantados naranjos. 
     La acera de la derecha está jalonada por columnas que sustentan las cadenas que actúan como separación entre el acerado de losas de Tarifa y las gradas de la Lonja, que denotan la inclinación de la calle en dirección a la avenida de la Constitución. Está iluminada por farolas fernandinas de dos brazos.
     La línea de fachada de los números impares presenta un retraimiento a partir del edificio del [antiguo] Museo de Arte Contemporáneo que pone al descubierto una torre cuadrada almenada, y en el extremo otra hexagonal conocida como de Abdelazís. Las viviendas presentan tres y cuatro plantas.
      Destaca el edificio de la antigua cilla del Cabildo, obra atribuida a Pedro Silva, iniciada en 1770, y que repite en su fachada el esquema de la antigua Lonja. En la portada luce un relieve de la Giralda y dos jarrones de azucenas a los lados, indicativo de la propiedad del cabildo eclesiástico. Este edificio se levantó sobre otro construido para granero por el obispo de Scala con motivo de la carestía de 1521. Posteriormente pasó a ser almacén de la Real Compañía Asturiana de Minas, y desde 1972 Museo de Arte Contemporáneo. Otro monumento histórico es la citada torre mudéjar de Abdelazís, donde según la le­yenda ondeó por primera vez el pendón de Fernando III tras la conquista de la ciudad. Otros edificios dignos de mención son la casa núm. 3 por sus azulejos en cornisa, alfiz y remate; la núm. 7, que incorpora un torreón cuadrado almenado, ya citado, y un mirador de sillón en la terraza; la medianera con la torre de Abdelazís, obra de Aníbal González de 1919; y la núm. 11, de cuatro plantas, con portada flanqueada por columnas toscanas. La acera de los pares esta ocupada por el Archivo de Indias, cuya fachada se abre a la avenida de la Constitución. El edifi­cio, de planta cuadrada, presenta dos pisos y un amplio patio central. En la fachada alternan las pilastras y los vanos, así como la piedra y el ladrillo. Está rematado por una balaustrada y cuatro pirámides en las esquinas.
     la calle forma parte de la zona monumental y sirve de salida para el tráfico rodado del casco histórico. Hasta la desaparición de los tranvías, era la salida de todas las líneas que penetraban hasta Correos y plaza de San Francisco. Como consecuencia de su situación se han generado varios establecimientos orientados al turismo (tienda de antigüedades, restaurante, agencia de viajes) y bancarios, éstos más próximos a la avenida de la Constitución; asimismo se ha instalado en ella el Instituto Francés. En el s. XIX fue testigo de varias recepciones y despedidas de tropas procedentes o con destino a Cuba y África; éstas, al no estar abierto el último tramo de la avenida de la Constitución, recorrían el siguiente itinerario en uno u otro sentido: estación de San Bernardo, San Fernando, Maese Rodrigo, plaza de Santo Tomás, Lonja, Gradas y Génova hasta el Ayuntamiento. Este mismo itinerario si­guieron los duques de Montpensier a su llegada a Sevilla en 1858, con término en la Catedral. En una casa colindante con el Museo de Arte Contemporáneo tuvo su residencia, a finales del siglo pasado y principios del presente, un matrimonio de "brujos". Los niños apedreaban frecuentemente esta vivienda y eran contestados por sus ocupan­tes; cuando intervenía la policía deteniendo a algunos, ésta era abucheada. De la muerte de la "bruja" se hizo eco la prensa sevillana (El Porvenir, 11-VI-1904) y Rafael Laffón en su Sevilla del buen recuerdo, refiriéndose a las casas cerradas y vacías dice: "Fue memorable para mi la llamada casa del brujo de la Catedral, paredaña a los un tiempo Graneros del Cabildo, en la calle Santo Tomás" [Salvador Rodríguez Becerra, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Santo Tomás, 5. ANTIGUA CILLA DEL CABILDO CATEDRAL
. Consta de dos plantas y en su fachada reproduce la disposición de la frontera del Archivo de Indias, con zócalos, pilastras y entablamentos de piedra sobre paramentos de ladrillo avitolado. El interior está dividido en dos naves por una arquería en las dos plantas. En la actualidad ha sido adaptada para Mu­seo de Arte Contemporáneo. 
Santo Tomás, 7. Casa de cuatro plantas, con portada flanqueada por columnas toscanas, sobre pedestales, con sus correspondientes entablamentos.
Santo Tomás, s/ n. Torre de la muralla del Alcázar, de construcción mudéjar. [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de Santo Tomás de Aquino, presbítero y doctor de la Iglesia, a quien está dedicada esta vía del callejero sevillano
HISTORIA Y LEYENDA
   Nacido cerca de Aquino, en Campania, en 1225, en principio fue oblato en el monasterio de Montecasino, pero continuó sus estudios en Nápoles, don­de en el año l243, contra la voluntad de su familia, ingresó en la orden de los dominicos.
   Discípulo de Alberto Magno en Colonia y en París, en 1252 profesó como teólogo en la Sorbona y tuvo una segunda residencia en París entre 1269 y 1272.
   Murió en 1274 a los cuarenta y ocho años de edad, en la abadía cisterciense de Fossanova, mientras se dirigía al concilio de Lyon.
   Su obra capital es la célebre Summa theologica que le valió el título de Doctor angelicus, Scholarum prínceps, Lumen Ecclesiae.
   Su biografía ha sido engalanada con numerosas leyendas que inspiraron a los artistas.
   Un ermitaño anunció a su madre que el hijo que iba a parir se convertiría en un gran santo.Con un tizón encendido expulsó a una mujer impúdica que había entrado en su habitación para seducirle. Dos ángeles le ciñeron un cinturón de castidad para protegerlo, de allí en adelante, contra las tentaciones de la carne. Deseaba arenques frescos como los que comiera en París. Un pescador de Terracina se los proporcionó, aunque esa especie ictícola fuese desconoci­da en aquellas latitudes. Un monje dominico de la ciudad de Brescia lo vio aparecer junto a san Agustín, con el pecho adornado con un gran carbúnculo (rubí) que ilumi­naba a la Iglesia.
CULTO
   Canonizado en 1323 por el papa francés de Aviñón Juan XXII, se convinio en motivo de orgullo de la orden de los dominicos, que lo celebraba como el quinto Doctor de la Iglesia latina.
   En 1369 su cuerpo fue trasladado a la iglesia de los dominicos de Toulousse, casa matriz de la orden. El monumento funeral que se le erigió poco después del traslado de sus reliquias, en 1629 fue reemplazado por un nuevo mausoleo. El papa Urbano V concedió su brazo derecho al convento de Saint Jacques de París, de allí la denominación jacobinos (Jacobins), que se aplicó a los dominicos.
   En 1567 el papa Pío V decretó que la Iglesia, a partir de entonces, profesaría a santo Tomás de Aquino el mismo culto que a los Padres de la Iglesia. Así se explica el cuadro de Zurbarán que se conserva en el Museo de Sevilla, donde se lo representa de pie entre los cuatro doctores de la Iglesia latina: san Ambrosio, san Agustín, san Gregorio Magno y san Jerónimo.
   Particularmente venerado en Nápoles, era el patrón no sólo de la orden de santo Domingo, sino de los teólogos en general, de las escuelas y de las universidades católicas. Los libreros y fabricantes de lápices (fabbricanti di ma­tite) también se ponían bajo su protección.
   En España, el convento de los dominicos de Ávila, que hicieron construir los Reyes Católicos y donde se erigió la tumba de don Juan, está puesto bajo su advocación.
   A causa de un episodio de su leyenda, se lo invocaba como protector de la castidad. A su cinturón, que se conserva en Vercelli, se le atribuía la facultad de apaciguar los ardores lascivos (omnem libidinis motum).
ICONOGRAFÍA
   Según los testimonios de sus contemporáneos y su retrato de Montecasino, era muy corpulento, y hasta obeso. 
   Pero los artistas lo adelgazaron para idealizarlo, tal como lo hicieran con el franciscano san Antonio de Padua. Se complacieron en representarlo entre Aristóteles y Platón, pisoteando al herético árabe Averroes. Sobre la túnica lleva el cinturón de castidad (cingulum castitatis) que le colocaran dos ángeles. Sus atributos usuales son la paloma del Espíritu Santo, que le habla al oído, un emblema que comparte con el papa san Gregorio Magno, una estrella o un pequeño sol que, aludiendo a la visión del monje de Brescia, brilla como un carbúnculo ya sobre su pecho, ya sobre su hombro derecho.
   Aunque es infrecuente, en algunas representaciones sostiene una maqueta de iglesia, que significa que se encuentra situado entre los grandes doctores de la Iglesia; un cáliz y un lirio.
   A veces, en alusión a su título de Doctor angelicus se lo ha representado con alas, o tal vez haya sido a causa de una confusión con el predicador domi­nico san Vicente Ferrer (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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La calle Santo Tomás, al detalle:
Edificio en calle Santo Tomás, 3
Edificio en calle Santo Tomás, 7
Edificio en calle Santo Tomás, 11
Torre de Abdelazís