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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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lunes, 22 de junio de 2026

Los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Anunciación, y Castillo de la Caba) de la localidad de Aldeire, en la provincia de Granada

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Granada, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Anunciación, y Castillo de la Caba) de la localidad de Aldeire, en la provincia de Granada.
     Aldeire se asienta en las laderas de Sierra Nevada, formando parte su término municipal del Parque Natural. Al contrario de muchos pueblos de esta comarca, la procedencia del topónimo Aldeire está bien clara: procede del término árabe al-Dar ("la casa") y puede aludir a algún monasterio mozárabe que aquí se preservara de la presión islámica al abrigo de Sierra Nevada. Es la población del Marquesado que más se adentra en la montaña. Su proximidad al Puerto de La Ragua fue sin duda decisiva para la construcción en sus inmediaciones de la fortaleza medieval conocida como Castillo de la Caba.
     Asentada en la pendiente de la loma de dicho castillo, la población de Aldeire preside, junto a su barriada de Triana, el pequeño y agradable valle formado por el río Benejar, en cuya ribera derecha y a poca distancia de la calle del Rastro se encuentran unos antiguos baños árabes.
     Se puede pasar un agradable día de campo visitando al área recreativa de La Rosandrá, a la que se accede a través de un tranquilo paseo junto al río. Es el lugar perfecto para practicar el senderismo o hacer rutas a caballo hasta el Cerro de San Juan y el Collado del Lobo, atravesando bosques de encinas, castaños y otros espectaculares rincones de Sierra Nevada.
     Región: Geoparque de Granada
     Código Postal: 18514
     Distancia desde Granada: 76 Km
     Gentilicio: Aldeireños
     Acceder a su website: www.aldeire.es (Diputación Provincial de Granada).
     Emplazada en un pequeño valle, sus orígenes se relacionan con los numerosos yacimientos mineros que desde época argárica se explotan en la zona. Se define como asentamiento estable en época medieval, probablemente a partir de un monasterio mozárabe. Será a lo largo del medievo cuando se consolide como núcleo, gracias a la llegada de contingentes de otros territorios ocupados por los castellanos, y llegue a ser uno de los puntos que controlaban el acceso a la vecina Alpujarra a través del Puerto de la Ragua, controlado por el Castillo de la Cava (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Aldeire esta situado en el pasillo transversal que une el Surco Intrabético con el litoral almeriense. Esta área se denomina Marquesado de Zenete y se sitúa al pie de la cara norte de Sierra Nevada. Por tanto, parte del territorio de este municipio se encuentra incluida dentro del Parque Natural de Sierra Nevada.
     El municipio de Aldeire pertenece a la Demarcación Paisajística de las Alpujarras y el Valle de Lecrín y a la Demarcación Paisajística de Hoyas de Guadix, Baza y Los Vélez (Guía Digital del Patrimonio Cultural).
Historia.-
     Numerosos vestigios confirman que esta zona ha estado poblada desde tiempos prehistóricos. Los yacimientos de cobre se encontraban casi a flor de tierra y esto hizo que la Cultura del Argar se asentara en estas tierras. Aunque son numerosas las referencias al pasado fenicio, romano y visigodo, el origen del actual Aldeire data del periodo árabe-andalusí.
     En 1489 se incorpora a la Corona de Castilla y en 1490 pasa a formar parte del Señorío del Gran Cardenal de España, formando el Marquesado del Zenete junto con siete pueblos más. Durante la sublevación morisca, de 1568 a 1571, este pueblo fue uno de los que más resistencia opuso a las tropas cristinas y, por consiguiente, fue uno de los más duramente reprimidos (Diputación Provincial de Granada).

Iglesia de Nuestra Señora de la Anunciación.-

     Realizada en ladrillo y diseñada en estilo mudéjar, se puede fechar entre los años 1540-1560. Tras el levantamiento morisco de 1568, en el que la iglesia fue destruida, se iniciaron las labo­res de reconstrucción, que se prolongarían hasta el siglo XVIII. Interiormente presenta planta de cruz latina, cubriendo la nave una armadura de limas dobles con seis tirantes pareados y apeinazados sobre canes de acanto y cuadrales a los pies, siendo la cabecera ochavada. El esquema original se alteró por sucesivas intervenciones hasta conformar una iglesia con el presbiterio cubierto con una cúpula del siglo XVIII, posiblemente diseñada por Gaspar Cayón, arquitec­to que trabaja en la catedral de Guadix.
     En el exterior cuenta dos portadas, una a los pies y otra en el lado de la Epístola, realizadas en ladrillo. Se abren con arcos de medio punto en­tre en pilastras y segundos cuerpos adintelados en los que se cobijan sendas hornacinas. A sus pies, una torre realizada en ladrillo con un pri­mer cuerpo cuadrado que soporta un segundo achaflanado, rematando el conjunto una cúpula (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     La configuración actual del templo del Aldeire es fruto de sucesivas reformas; la primera iglesia fue levantada a mediados del siglo XVI, mas tarde, fue quemada por los moriscos durante la rebelión de 1568. El edificio actual debió hacerse en el siglo XVII, o al menos gran parte de los muros según demuestran las dos portadas con motivos de apilastrados y pirámides de ladrillo. 
     Del siglo XVIII debe ser la cabecera con el presbiterio y sendas dependencias laterales; la cúpula de media naranja y el apilastrado clasicista de esta cabecera contrastan con el concepto mudéjar de la nave; en ese mismo siglo, o en el XIX, debió rehacerse la armadura principal, ya que en ella aparecen elementos y soluciones formales muy tardías. De la misma época debe ser el coro, y entonces se realizó el órgano en 1786. Los muros exteriores demuestran las superposiciones que se han ido produciendo a través del tiempo.
     En el interior posee una amplia nave cubierta por un artesanado ochavado en la cabecera y de limas moamares a los pies. Los tirantes son dobles y apeinazados y descansan sobre canes con hojas de acanto. El coro se soporta sobre un alfarje de grandes vigas sobre canes dobles. 
     Al exterior posee dos portadas, la portada lateral tiene arco de medio punto entre pilastras dobles. Sobre el entablamento aparece una hornacina central y remates de pares de pirámides. La portada de los pies sigue un esquema similar, con sencillas pilastras y doble ventana, con una corona en las albanegas. 
     La torre  se encuentra  justo detrás de la cabecera, en el eje de la iglesia. Es de finales del siglo XVIII como demuestra su cuerpo esbelto y el campanario, achaflanado, con pirámides y cupulita como remate.  A pesar de su relativa modernidad, el conjunto que forman la magnifica armadura, el amplio coro y la tribuna del órgano, son un buen ejemplo de la inercia manifestada en esta comarca por el arte mudéjar y la maestría alcanzada por los llamados carpinteros de lo blanco en las tierras de Guadix. En su moderno retablo del altar mayor se venera la Virgen del Rosario, patrona de Aldeire (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Construida en 1501 sobre el solar de la antigua mezquita musulmana, incorpora influencias renacentistas al estilo mudéjar. Consta de una nave central con artesonado, en la que destaca el coro y el órgano. En el exterior presenta una alta torre de cinco cuerpos, realizada en ladrillo y piedra y coronada por una elegante cúpula (Diputación Provincial de Granada).

Castillo de la Caba.-

     Se asienta en la cumbre de una colina que le da nombre, a una altitud de 400 m sobre la localidad de Aldeire, contando con una vista panorámica excelente. 
     Este castillo medieval se encuentra en estado ruinoso, conservándose únicamente algunos muros de piedra.
     Cuenta con varios pequeños aljibes actualmente casi cegados. Así, en la actualidad es posible encontrar dos aljibes cubiertos por bóvedas de cañón y varios paños de muralla en los que se aprecia el adosamiento de torres. En la zona norte hay un muro de mampostería al que se encuentran adosadas hasta diez torres, una de ellas semicircular. En la zona oeste se encuentran restos de un pequeño bastión y baluarte conectado con el recinto principal que serviría como puerta de acceso al recinto.
     Al-Dair era una alquería perteneciente a Sanad Wadi Ass, lo que posteriormente sería el Marquesado del Cenete.
     Esta fortaleza fue una de las entregadas por los benimerínes al emir nazarí Muhammad II ebn 1288. Asimismo, esta localidad es citada debido a unas escaramuzas llevadas a cabo por el Condestable en 1462. Tras la conquista castellana en 1490 pasa a manos del señorío del Cardenal de España y posteriormente a su hijo, el marqués de Cenete (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Situado sobre una plataforma rocosa que controla la subida hacia el puerto de La Ragua, es una importante obra de época califal, realizada probablemente en el siglo XI. Sin embargo, la cerámica encontrada en el recinto y sus inmediaciones es mayoritariamente nazarí, de los siglos XIII y XIV. Se conservan de su antiguo recinto varios paños de muralla con torres adosadas, una de ellas semicircular. Quedan restos de otra torre más pequeña que pudo ser la puerta de entrada a la fortaleza (Diputación Provincial de Granada).

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Más sobre la provincia de Granada, en ExplicArte Sevilla.

jueves, 11 de junio de 2026

Los principales monumentos (Iglesia de la Anunciación) de la localidad de Albuñán, en la provincia de Granada

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Granada, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de la Anunciación) de la localidad de Albuñán, en la provincia de Granada.
     Situado en el límite norte del Parque Natural de Sierra Nevada, Albuñán es un pueblo pequeño y acogedor rodeado de bellos parajes. El último domingo de mayo celebra la Fiesta de las Flores, en la que las mozas casaderas recogen flores y agasajan a la futura esposa, cantando y bailando en su honor. En junio se organiza la Muestra de Etnografía. En ella se recrea un mercado del primer tercio del siglo XX con labradores y ganaderos ataviados con ropa de la época y puestos con productos de la tierra y cantes y bailes con los fandangos propios de la zona.
     Región: Geoparque de Granada
     Código Postal: 18518
     Distancia desde Granada: 66 Km
     Gentilicio: Albuñaneros
     Acceder a su website: www.albunan.es (Diputación Provincial de Granada).
     Situada en el extremo más occidental del Marquesado, en origen fue una antigua alquería musulmana dedicada al cultivo de cereales, que contaba con un pequeño castillo del que no se tienen más que vestigios documentales. Pasó a depender del Obispado de Guadix, por lo que no entró a formar parte de las posesiones que los Reyes Católicos dieron al Cardenal Mendoza. Posteriormente perteneció al Marqués de Villena y luego a los Cuevas-Benavides. No será hasta su repoblación tras la revuelta de la Alpujarra, a finales del siglo XVI, cuando se desarrolle como núcleo urbano (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     El municipio de Albuñán se encuentra localizado en la altiplanicie de Guadix, en la falda Norte de Sierra Nevada, a una altitud media de 1.115 metros. Esta depresión elevada se encuentra colmatada por sedimentos postorogénicos (terciarios y cuaternarios) sobre los que se alternan los secanos cerealistas, con los regadíos y algunas áreas de pastizal y matorral, entre las que aún sobreviven retazos de antiguos bosques de encinas.
     El municipio de Albuñán pertenece a la Demarcación Paisajística de Hoyas de Guadix, Baza y Los Vélez (Guía Digital del Patrimonio Cultural).
Historia.-
     Según la grafía árabe con la que el nombre de Albuñán aparece registrado en el archivo municipal de Guadix, su topónimo (al-Bunyán) significa "el edificio", sin que se sepa realmente a cuál en concreto podría hacer referencia. Aunque no se ha podido averiguar el periodo exacto de su fundación, sí se sabe que este pueblo tiene origen medieval andalusí.
     Como otros muchos pueblos de Granada, Albuñán empezó a crecer como núcleo urbano tras la expulsión de los árabes en el siglo XVI; a partir de entonces colonos de diferentes partes de España ocuparon sus tierras. En su origen, Albuñán fue una antigua alquería árabe, en la que vivían familias que se dedicaban al cultivo de cereales. Según las crónicas del marqués de la Ensenada contaba con un pequeño castillo fortaleza del que hoy no se conservan restos. Tras la reconquista pasó a depender del Obispado de Guadix (Diputación Provincial de Granada).

Iglesia de la Anunciación.-
     Templo del siglo XVI con tres naves separadas mediante arcos de medio punto y coro a los pies. La central se cubre con armadura mudéjar con los tirantes y almizate apeinazados con lacerías. La capilla mayor, que se añadió en el siglo XVIII, está presidida por un magnífico retablo barroco. Dos sencillas entradas, una a los pies y la otra en el lado del Evangelio, permiten el acceso al interior por medio de arcos de medio punto enmar­cados por pilastras. Destaca también la torre, de ladrillo, en la que se abre un vano con pilastras apoyadas sobre cabezas humanas (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Construida en el siglo XVI, es una edificación de una sola nave de planta latina, cubierta con artesonado mudéjar de tirantes y decoración geométrica. A ambos lados y mediante arcos de medio punto, se abren dos capillas a la izquierda y una a la derecha. El crucero está cubierto con cúpula sin tambor, mientras que los brazos se resuelven con bóvedas de medio cañón. Destaca en su interior el púlpito del siglo XVII con tornavoz sobredorado y poligonal, dividido por molduras rectangulares. El retablo mayor, fechado en el año 1802, es igualmente interesante por sus tres pies y tres calles que se apoyan en pequeñas ménsulas (Diputación Provincial de Granada).

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Más sobre la provincia de Granada, en ExplicArte Sevilla.

sábado, 9 de mayo de 2026

Procesiones de hoy, sábado 9 de mayo

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de hoy, sábado 9 de mayo, en Sevilla.      
     Hoy, sábado 9 de mayo, continúa el ciclo de las Glorias de Sevilla, procesionando las hermandades siguientes: 

     Hdad. de La Anunciación - Juan XXIII: La Pontificia y Real Hermandad Sacramental de Nuestro Padre Jesús del Poder, Gloria de Nuestra Señora de la Anunciación, San Gabriel Arcángel y Santos Juan XXIII y Juan Pablo II; es ésta una corporación fundada en 1965, con sede canónica en la iglesia parroquial de la Anunciación de Nuestra Señora, siendo sus imágenes titulares Nuestra Señora de la Anunciación, obra anónima atribuible a Pedro Duque Cornejo hacia 1760; Nuestro Padre Jesús del Poder, obra de Manuel Hernández León en 1977; San Gabriel Arcángel, obra de Fernando Castejón López en 2003; San Juan XXIII; y San Juan Pablo II, obra de Fernando Castejón López en 2012.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de la Anunciación: www.hermandadanunciacion.es

     Hdad. de La Pastora de San Antonio: La Antigua, Fervorosa, Ilustre y Franciscana Hermandad del Redil Eucarístico de la Divina Pastora de las Almas; es ésta una corporación fundada en 1730, con sede canónica en la iglesia ex-conventual de San Antonio de Padua, siendo su imagen titular la Divina Pastora de las Almas obra de Benito Hita del Castillo en 1732.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de la Pastora de San Antonio: www.pastorasanantonio.es 

     Hdad. de la Virgen de Araceli: La Hermandad Filial de Sevilla de Nuestra Señora de Araceli, Patrona de Lucena y del campo andaluz; es ésta una corporación fundada en 1944, con sede canónica en la Iglesia parroquial de San Andrés, siendo su imagen titular Nuestra Señora de Araceli, obra de Antonio Castillo Lastrucci en 1944.
Enlace a la web oficial de la Hermandad Filial de la Virgen de Araceli, de Sevilla: www.araceli-sevilla.blogspot.com 

          Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de la tarde del sábado 9 de mayo, en Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

martes, 7 de abril de 2026

La lápida funeraria de Cecilia Böhl de Faber "Fernán Caballero", en el Panteón de Sevillanos Ilustres, de la Iglesia de la Anunciación

      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la lápida funeraria de Cecilia Böhl de Faber "Fernán Caballero", en el Panteón de Sevillanos Ilustres, de la Iglesia de la Anunciación, de Sevilla.   
     Hoy, 7 de abril, es el aniversario del fallecimiento (7 de abril de 1877) de Cecilia Böhl de Faber Ruiz de Larrea, personaje, cuyos restos reposan en el Panteón de Sevillanos Ilustres, por lo que hoy es el mejor día para ExplicArte la lápida funeraria de Cecilia Böhl de Faber "Fernán Caballero", en el Panteón de Sevillanos Ilustres, de la Iglesia de la Anunciación, de Sevilla.
     La Iglesia de la Anunciación [nº 25 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 48 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Laraña, 1; en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo.
     En el muro que se correspondería en la iglesia de la Anunciación con el del Evangelio, y a los pies del mismo, se encuentra la lápida de Cecilia Böhl de Faber Ruiz de Larrea "Fernán Caballero", junto al de Amador de los Ríos. Es la última de las personalidades incorporadas al Panteón, trasladados sus restos desde el cementerio sevillano de San Fernando en mayo de 1999.
     Es una lápida muy sencilla y austera de mármol blanco, sin más comentario, en la que aparece grabado el texto:

CECILIA BÖHL DE FABER
"FERNAN CABALLERO"
+7 DE ABRIL DE 1877

Conozcamos mejor la Biografía de Cecilia Böhl de Faber "Fernán Caballero", personaje que protagoniza la lápida funeraria:
     Cecilia Böhl de Faber Ruiz de Larrea "Fernán Caballero". (Morges, Suiza, 25 de diciembre de 1796 – Sevilla, 7 de abril de 1877). Escritora.
     Es la primogénita del matrimonio formado por Juan Nicolás Böhl de Faber y Francisca Ruiz de Larrea. El padre, nacido en Hamburgo en 1770 y residente en Cádiz desde 1785 (donde su familia había establecido una casa de comercio sólida y prestigiosa), alternará su trabajo de comerciante y cónsul de las ciudades de la Hansa en Cádiz (1804) con el estudio apasionado de la cultura española. De familia protestante y educado en un ambiente liberal, se convierte al catolicismo en 1813, influido por la lectura de los místicos hispanos. El conocimiento de las obras de Schelling y de A. W. von Schlegel le inclina hacia la estética e ideología del romanticismo alemán, que constituye, junto a su fe católica, la base de su pensamiento conservador desde el que interpreta el pasado y la realidad contemporánea de la cultura y de la política españolas. En su evolución intelectual se siente influido por su mujer, Francisca Ruiz de Larrea, nacida en Cádiz en 1775 (de padre español y madre irlandesa) y con la que contrae matrimonio el 1 de febrero de 1796. Ese mismo año viajan a Alemania para visitar a la familia de Juan Nicolás. En el trayecto pasan una temporada en la aldea suiza de Morges, donde el 25 de diciembre de 1796 nace su hija Cecilia. Ya en Hamburgo, conviven con la familia de Juan Nicolás hasta el otoño de 1797, en el que vuelven a Cádiz. La crisis económica provocada por la política imperialista de Napoleón afecta negativamente al comercio gaditano, lo que mueve a los Böhl a trasladarse en 1805 a Alemania con el ánimo de quedarse indefinidamente. Pero Francisca, que no logra adaptarse al clima y ambiente germánicos, decide volver a España con dos de sus hijas, mientras el marido permanece en Alemania con sus hijos Juan Jacobo y Cecilia. Ésta, cuya educación primaria se había encomendado en un principio a una institutriz belga, ingresa en 1807 en un pensionado francés de Hamburgo, donde se imparte una formación similar a la que se daba en el Centre Saint Cyr de París a las jóvenes de la aristocracia. Esto le facilita una esmerada educación y un perfecto dominio del francés, lo que explica que algunos de sus primeros relatos, como La Gaviota, los redactara inicialmente en dicho idioma.
     Francisca, establecida en Chiclana, escribe con frecuencia a Juan Nicolás, instándole a volver a España, retorno demorado por la invasión napoleónica hasta agosto de 1813. En 1814 regresa Fernando VII, cuya ideología absolutista comparten los Böhl, que aplauden las primeras medidas tomadas por el Rey, convencidos de que la mayoría del pueblo rechaza el sistema constitucional, según proclama Francisca en un panfleto titulado Fernando en Zaragoza, que escribe ese mismo año. Cabe subrayar, a propósito de dicho texto, que Francisca poseía unas dotes literarias nada desdeñables, como lo prueban sus diarios de viajes y su redacción de tipos y cuadros de costumbres. Este ambiente intelectual y literario de los padres favorece el temprano interés de Cecilia por la lectura y la escritura, la predilección por los temas costumbristas y, también, su inclinación posterior hacia la ideología conservadora.
     En 1815 Cecilia conoce a un joven capitán, Antonio Planells, que se encontraba en Cádiz en espera de ser destinado a Puerto Rico, con el que se casa el 20 de abril de 1816; a los tres días embarcan hacia dicho país. Pero, muy pronto, les sobreviene una desgracia: “A mi marido, hermoso joven de veinticinco años, esperaba un bello porvenir, pero a los pocos meses de casado murió de repente”. Cecilia, que sufre una gran conmoción (“estuve a la muerte”), es recogida por la mujer del capitán general, y permanece en su casa hasta que, recuperada, puede volver a España el 28 de junio de 1818. De la estancia en Puerto Rico hay una alusión a la belleza del paisaje, en su novela La Farisea: “Todas las gracias de la naturaleza se aglomeran en esta isla para hacer de ella un edén”.
     En el transcurso de 1820, Cecilia entabla relación con un aristócrata liberal, Francisco Ruiz del Arco, marqués de Arco Hermoso, con quien se casa el 22 de marzo de 1822. El matrimonio, que residirá habitualmente en su palacio de Sevilla, pasa temporadas en la finca La Palma, propiedad del marqués en el pueblo sevillano de Dos Hermanas, estancia que será de gran importancia para la futura actividad literaria de Cecilia. Ésta, siguiendo el ejemplo de su padre, comienza a recoger canciones, relatos populares, cuentos, refranes y breves textos orales de folclore andaluz que escucha de viva voz a los empleados de la finca, textos que transcribe y que trasladará más tarde a sus novelas y cuentos. Es ahora cuando esboza sus primeras creaciones literarias, entre las que figuran, según J. Herrero, “cientos de descripciones, bosquejos e incluso dos largas novelas” donde se transcriben “fragmentos de diálogos campesinos” de sus criados o de vecinos del pueblo, algunos de los cuales van a servir de modelo para ciertos personajes de sus relatos: Simón Verde, Gil, el Sochantre, la tía Juana, etc. Lo mismo ocurre con determinados asistentes a la tertulia que los Arco Hermoso mantienen en su palacio de Sevilla, donde acuden representantes de la alta sociedad y personalidades extranjeras como Washington Irving, W. Stirling y el barón Taylor, que será el modelo del “barón de Maudes” en la tertulia de la marquesa de Algar en La Gaviota.
     En cuanto a Washington Irving, había llegado a Cádiz en 1828 con el objetivo de conocer in situ las gentes, las costumbres y el folclore de España, motivo por el que entró en contacto con los Böhl y su hija Cecilia, que le ayudaron en su tarea. Irving recuerda en su Diario los encuentros mantenidos con la marquesa a partir del 24 de diciembre de 1828 y añade en una carta (6 de febrero de 1829) que la escritora redactó para él una serie de “anécdotas de la vida lugareña española”. De vuelta a Estados Unidos, en respuesta a una carta de Böhl (en la que éste le felicitaba por la publicación de Los cuentos de la Alhambra, 26 de febrero de 1833), Irving alude a un manuscrito que le había dejado Cecilia y que contenía “gran variedad de apuntes y observaciones muy interesantes y características esbozadas con mucha facilidad e ingenio”, manuscrito que dice guardar “cual tesoro” (26 de abril de 1833). En su respuesta, Böhl le comunica que Cecilia sigue ocupada en “trazar algunos bosquejos de la sociedad española y sus costumbres, y [...] pintar la alta sociedad de Sevilla”.
     En 1835 aparece en El Artista su primera publicación: se trata de un relato breve titulado “Una madre o el combate de Trafalgar”. Por esas fechas, el marqués de Arco Hermoso, que desde hacía tiempo sufría una tuberculosis pulmonar, afectado gravemente por una epidemia de cólera que asoló Sevilla en 1834, muere el 17 de mayo de 1835. En marzo de 1836, Cecilia viaja a Inglaterra; durante su estancia en Londres se encuentra con un joven aristócrata inglés, Federico Cuthbert, al que había conocido en El Puerto de Santa María, y con el que vive un amor intenso, que ella mantuvo en secreto, y del que se ha tenido noticia por unas cartas de la escritora publicadas en 1953 por S. Montoto. Su contenido pone en evidencia el trasfondo autobiográfico de una de sus más importantes novelas, Clemencia, en la que su protagonista, una joven viuda, se enamora intensamente del joven aristócrata sir George Percy, “cuyas distinguidas maneras, cuyo talento, ilustración, saber y gracia” seducen a la protagonista, que, sin embargo, termina apartándose de él al constatar con profunda decepción que el joven, “hastiado de todo” y “seco de corazón”, concibe esta relación como una simple aventura. Situación novelesca que concuerda con el tremendo desencanto de Cecilia ante la actitud análoga de Cuthbert, lo que mueve a la escritora a separarse “irrevocablemente” de él. Finalmente, en el relato de ficción, Clemencia encuentra un hombre sencillo y generoso con el que termina casándose. Desenlace similar al ocurrido en la historia real de Cecilia, que, desde España, comunica en su última carta a Cuthbert la noticia de su futuro matrimonio con un hombre “cuyo corazón puro y sublime como el cielo me amó como yo misma había amado”.
     El 17 de agosto de 1837 se celebra en la intimidad el casamiento con Antonio Arrom y Morales de Ayala, un jovencísimo abogado de Ronda, de veintitrés años (ella tiene cuarenta y uno), de salud enfermiza y escasa fortuna, dotado, a juicio de Cecilia, “de grandes facultades” y de notable sensibilidad artística y cultural, que se había enamorado apasionadamente de ella. Según su confesión, Cecilia se había resistido inútilmente a esta pretensión, pero, movida por un sentimiento de ternura y compasión hacia el joven, enfermo de tuberculosis, había aceptado por fin su propuesta. El insólito casamiento parece provocar comentarios malévolos y la incomprensión de los más, según palabras de Cecilia: “Me he sacrificado al ridículo y a las denigrantes críticas [...]. No hubo quien me comprendiera más que mi excelente y generosa familia”. Arrom, que para superar las dificultades económicas de la pareja, se ocupa en comisiones de venta de vinos con poco éxito, pretende, con el apoyo de su esposa, obtener un consulado, objetivo que no consigue hasta 1853. Mientras tanto, Cecilia se vuelca en la redacción y revisión de varios de sus más importantes textos literarios y realiza algunas gestiones para su publicación. Con este objetivo se dirige a un antiguo amigo de la familia, José Joaquín de Mora, director del periódico El Heraldo, en el que se publican, a partir de 1849 y en forma de folletín, cuatro de sus novelas: La Gaviota, La familia de Alvareda, Una en otra y Lágrimas. La primera, escrita originalmente en francés, fue traducida por Mora para la edición en folletín. Un dato interesante es la ocultación del nombre de Cecilia bajo el seudónimo de Fernán Caballero, ocultación que se debe, según la autora, a la defensa de la propia intimidad, la supuesta reticencia de los lectores ante la obra de una “literata” y el temor de ser tachada de extranjera por su apellido alemán, lo que podría provocar dudas sobre su capacidad para comprender y describir adecuadamente la vida popular española (carta a Juan Eugenio Hartzenbusch, 21 de julio de 1849).
     De las cuatro novelas mencionadas, la primera que redactó es La familia de Alvareda, basada en el relato de una historia real ocurrida en el pueblo de Dos Hermanas (el asesinato del joven campesino Ventura por parte de su amigo Perico, al descubrir “la infamia” de que su mujer Rita le ha sido infiel y constatar “toda la traición del amigo”) que la autora escuchó y transcribió en 1828, relato que reelaboró entre 1829 y 1833 con materiales e informaciones recogidas entre los campesinos de dicho pueblo. En el prólogo de la obra se percibe ya una concepción realista de la novela (narración de un “hecho real”, del que es “una relación exacta en lo principal”), un realismo costumbrista (“pintar las cosas del pueblo tales cuales son”, “sus ideas, sentimientos y costumbres”), en el que perviven, no obstante, elementos de filiación romántica (la presencia del bandido generoso, el robo sacrílego de una “lúgubre capilla”, el ajusticiamiento de Perico en el “estremecedor cadalso”, etc.). Por este carácter realista, de haberse publicado la novela al terminar su redacción, hubiera sido contemporánea de las primeras novelas de Balzac, con lo que Fernán se hubiera convertido en “una gran figura de la incipiente novela europea” (J. Fernández Montesinos).
     En cuanto a La Gaviota, se trata de una novela realista de costumbres (pinta “el estado actual” de la sociedad española, “la índole, aficiones y costumbres” de sus habitantes, “con exactitud y con verdadero espíritu de observación”), con la que Fernán trata de incorporar definitivamente el roman des moeurs a la manera de Balzac, al tiempo que elabora una novela regional que, en cierto sentido, es también novela de tesis, análoga a las primeras de Pereda. Como en éstas, se recrea el viejo tópico del menosprecio de corte y alabanza de aldea: en la primera parte se describe un cuadro idílico de la aldea de Villamar, adonde llega exhausto, huyendo de la guerra, el médico Stein, que es recogido por personas sencillas, piadosas y solidarias (la abuela María, fray Gabriel...), que habitan en un viejo convento, símbolo de un pasado edénico, no contaminado por las “luces” de la civilización; en la segunda parte se narran los avatares de la joven pareja de Stein y Marisalada (Gaviota), dotada de grandes cualidades para el canto y el baile, que ella ambiciona desarrollar con su traslado a Sevilla y a Madrid (la “corte” corruptora), lo que va a producir su degradación moral: una ciega pasión amorosa que la arrastra al adulterio y al fracaso personal y social.
     En 1849 publica también Elia, una mezcla de novela histórica y relato de costumbres, que por su temática (drama de las dos Españas: al final del relato mueren dos hermanos alistados en campos contrapuestos: Fernando —absolutista— en defensa de Fernando VII en 1822; Carlos —liberal, enamorado de Elia— luchando contra el ejército francés enviado por la Santa Alianza para acabar con el régimen constitucional en 1823) y por su género constituye un preanuncio de los Episodios nacionales de Galdós.
     La acogida favorable de la crítica a estas primeras novelas anima a Fernán a volcarse en la escritura, revisión y publicación de sus textos, de forma que entre 1849 y 1853 da a la prensa un conjunto de relatos que constituyen lo mejor de su producción narrativa. En 1854 su marido es nombrado cónsul de España en Australia con residencia en Sidney. Durante su ausencia, Cecilia cuenta con el apoyo de algunos amigos: Matilde de Pastrana (condesa de Monteagudo), Fernando de Gabriel (presidente de la Academia de Buenas Letras de Sevilla), Fermín de la Puente (corrector de sus obras), los duques de Montpensier y el secretario de éstos, Antoine de Latour, que contribuye a que la obra de Fernán sea conocida en Francia gracias a un artículo publicado en Le Correspondant de París (25 de agosto de 1857), al que seguirán los de Ch. de Mazade y A. Morel-Fatio, entre otros. En 1856 comienza la edición de sus Obras completas realizada por Mellado.
     La fama de esta amplia producción literaria llega hasta la Corte (ese año recibe una carta del rey Francisco de Asís elogiando los “cuadros fieles de nuestro carácter y de nuestras costumbres nacionales”, animados por “hermosos sentimientos religiosos y monárquicos”), sabedora de las dificultades económicas de la escritora, por lo que los Reyes le comunican que sentirán una “gran complacencia” si acepta residir en el alcázar de Sevilla en una zona reformada “según le acomode”. Cecilia acepta el ofrecimiento y en 1857 se traslada a la nueva residencia, donde continúa su labor literaria. Pero una nueva desgracia se abate sobre ella: su marido, que ha venido de Sidney a visitarla, de vuelta a Australia y cuando se dispone a embarcar en Londres recibe la noticia de que su socio se ha fugado dejándole en la ruina y con deudas. Desesperado, se quita la vida, después de escribir a su mujer la “última carta”, indicándole que con su decisión busca evitarle “nuevas pesadumbres” que habrían de amargarla el resto de su vida. Cecilia, desolada, pensó retirarse al convento de las Dueñas de Sevilla, pero las monjas y la familia le disuadieron del intento.
     Desde 1859 lleva una vida retirada, ocupándose en la lectura, la creación literaria y su abundante correspondencia epistolar, al tiempo que se siente arropada por un círculo reducido de familiares y amigos, con los que charla sobre sus temas preferidos: literatura, sociedad y política. En este último aspecto sigue con gran inquietud los acontecimientos del Sexenio Democrático, desde la caída de la Monarquía hasta su restauración, que ella festeja postrada ya en la cama por la enfermedad. El 7 de abril de 1877 muere esta insigne escritora tan admirada por el encanto de su figura física y moral (hermosa, elegante, delicada, solidaria y creyente sincera) y por su significado en la historia de las letras españolas: es obligado destacar su labor como coleccionista y estudiosa del folclore, su autoría de cuentos y relatos breves de gran calidad estética, la promoción de una incipiente literatura infantil y (no obstante ciertas limitaciones debidas a su posición conservadora: exceso de didactismo moral y religioso y evasión de la problemática social hacia el pintoresquismo) el haber sido la iniciadora de la novela moderna en España en la etapa de transición del romanticismo al realismo (Demetrio Estébanez Calderón, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la lápida funeraria de Cecilia Böhl de Faber "Fernán Caballero", en el Panteón de Sevillanos Ilustres, de la Iglesia de la Anunciación, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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miércoles, 11 de marzo de 2026

La lápida funeraria de Martín Villa, en el Panteón de Sevillanos Ilustres, de la Iglesia de la Anunciación

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la lápida funerario de Martín Villa, en el Panteón de Sevillanos Ilustres, de la Iglesia de la Anunciación, de Sevilla.   
     Hoy, 11 de marzo, es el aniversario del fallecimiento (11 de marzo de 1876) de Antonio Martín Villa, personaje, cuyos restos reposan en el Panteón de Sevillanos Ilustres, por lo que hoy es el mejor día para ExplicArte la lápida funeraria de Martín Villa, en el Panteón de Sevillanos Ilustres, de la Iglesia de la Anunciación, de Sevilla.
     La Iglesia de la Anunciación [nº 25 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 48 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Laraña, 1; en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo.
     En el muro que se correspondería en la iglesia de la Anunciación con el del Evangelio, y en su zona media, se encuentra la lápida funeraria de Antonio Martín Villa (1804-1876), en el mismo espacio que la lápida funeraria de Mateos Gago, y el monumento funerario de los Hermanos Bécquer.
     Antonio Martín Villa, fallecido en 1876, que fue rector de la Universidad de Sevilla, en la que introdujo importantes mejoras, y sumó a la jurisprudencia el interés por la arqueología, las ciencias naturales, la literatura y las Bellas Artes, siendo autor, entre otras obras, de una Reseña histórica de la Universidad de Sevilla y descripción de su iglesia.
     Es una lápida muy sencilla y austera de mármol blanco, con cuatro grandes clavos de bronce dorado en los ángulos, sin más comentario, en la que aparece grabado el texto:

ANTONIVS · MARTIN · VILLA
ALMONTANVS
HVIVS · VNIVERSITATIS · MODERATOR
FRVGIS · MODESTVS · COMIS
QVI · A · PRIMA · VSQVE · IVVENTA
SPRETIS · IVVENILIBVS · OTIIS
SCIENTIIS · SE · TOTVM · ADDIXIT
IVRISCONSVLTVS · SAPIENTISSIMVS
SCRIPTOR · EGREGIVS
LITTERARVM · CVLTOR · INSIGNIS
RERVM · NATVRALIVM · ET · BONARVM · ARTIVM
ERVDITIONE · PRAECLARVS
DECESSIT · IV · IDVS · MARTII · ANNO · MDCCCLXXVI
HEIC · R · PRIVILEGIO · TVMVLATVS
DISCIPVLI · EIVSQVE · NECESSARII
VIRO · SPECTATISSIMO
HOCCE · GRATI · ANIMI · MONVMENTVM
COLLATIS · VNDIQVE · SVMPTIBVS
MEMORES
MDCCCXCIII
P

     Cuya traducción sería la siguiente:
     "Antonio Martín Villa, Almonteño, moderador culto de esta Universidad, modesto quien desde su primer día hasta el último se dedicó por completo a las ciencias.
     Sapientísimo jurisconsulto, excelente escritor, culto de la literatura, culto de la naturaleza, de las buenas artes y eminente erudito.
     Murió el 4 de los idus de marzo de 1876. Se enterró con el privilegio de sus necesarios discípulos para un hombre muy respetado.
     Este es un monumento a un alma agradecida. 
     Los memoriales de 1893".
Conozcamos mejor la Biografía de Martín Villa, personaje que protagoniza la lápida funeraria reseñada; 
     Antonio Martín Villa (Almonte, 1804 - Sevilla, 11 de marzo de 1876) fue secretario general (1834-1852) y rector de la Universidad de Sevilla (1854-1868).
     Fue autor de una historia de dicha institución y alcanzó gran fama como escritor, literato y jurisconsulto, contándose entre sus amigos afamados poetas (Alberto Lista y Aragón), políticos (Juan Bravo Murillo) y la propia Casa Real Española por su amistad con la Reina Isabel II. Su modestia y humildad le llevó a rechazar altos cargos en la Administración y en la Santa Sede.
     Poco antes de morir, en 1872, alcanzó el Grado de Licenciado en Filosofía y Letras, con premio extraordinario.
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la lápida funeraria de Martín Villa, en el Panteón de Sevillanos Ilustres, de la Iglesia de la Anunciación, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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lunes, 23 de febrero de 2026

El monumento funerario a Luis José Sartorius y Tapia, en el Panteón de Sevillanos Ilustres, de la Iglesia de la Anunciación

      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el monumento funerario a Luis José Sartorius y Tapia, en el Panteón de Sevillanos Ilustres, de la Iglesia de la Anunciación, de Sevilla.   
     Hoy, 23 de febrero, es el aniversario del fallecimiento (23 de febrero de 1871) de Luis José Sartorius y Tapia, personaje, cuyos restos reposan en el Panteón de Sevillanos Ilustres, por lo que hoy es el mejor día para ExplicArte el monumento funerario a Luis José Sartorius y Tapia, en el Panteón de Sevillanos Ilustres, de la Iglesia de la Anunciación, de Sevilla.
     La Iglesia de la Anunciación [nº 25 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 48 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Laraña, 1; en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo.
     En el muro que se correspondería en la iglesia de la Anunciación con el del Evangelio, y a continuación del crucero del mismo, se encuentra el monumento funerario de Luís José Sartorius y Tapia, conde de San Luis y vizconde de Priego (1820-1871).
     De madre española, María Joaquina Tapia Sánchez, y padre alemán, Andrés Schneider Trier, joven militar, que emigró a Cádiz tras la derrota en Jena frente al ejército de Napoleón, y que, siguiendo la tradición habitual en Alemania, latinizó el apellido Schneider (Sastre) en Sartorius, nació Luis José Sartorius y Tapia en la isla de León, San Fernando, Cádiz, en 1815, y falleció en Sevilla en 1871.Curso estudios de Filosofía y Leyes en la Universidad de Sevilla, y fue a Madrid para terminar la carrera de abogado e iniciarse en la política. Juan Bravo Murillo lo introdujo en el periodismo, inclinándose un tiempo después Luis José Sartorius por la tendencia moderada. Con el apoyo de Narváez, de la regente María Cristina y del periódico El Heraldo, órgano portavoz del partido Moderado, experimentó Luis José Sartorius una meteórica y controvertida carrera política, que le llevó a ser ministro de Gobernación y Presidente del Consejo de Ministros durante el reinado de Isabel II. En 1853, disolvió las Cámaras y gobernó bajo decreto, lo que provocó la “Vicalvarada”, que dio paso al bienio progresista. Nombrado por la reina conde de San Luis y vizconde de Priego, ejerció también como embajador en Roma. De su labor gubernamental, destaca la reglamentación de la propiedad literaria y regulación de los derechos de autor, y la implantación del sello de correos en España. Tras su muerte, en 1871, fue enterrado en la iglesia de San Lorenzo, y trasladado posteriormente sus restos a la Anunciación.
     Es un monumento al modo de un sepulcro clásico rematado con una sencilla cruz, con una enorme lápida en la parte inferior, y en el que aparece grabado el texto:

R. I. P. A.
AQUI YACEN LOS RESTOS MORTALES DEL EXCMO. SR. D. LUIS JOSÉ SARTORIUS Y TAPIA,
CONDE DE S. LUIS, VIZCONDE DE PRIEGO,
CONDECORADO CON VARIAS GRANDES CRUCES ESPAÑOLAS Y EXTRANGERAS,
PRESIDENTE QUE FUÉ DEL CONSEJO DE MINISTROS, 
DEL CONGRESO DE LAS DIPUTADOS, Y EMBAJADOR EN ROMA.
ORADOR ELOCUENTÍSIMO Y ESTADISTA INSIGNE,
LAS LETRAS HALLARON, EN SU INFATIGABLE ANHELO POR LA VENTURA DE LA PATRIA,
UN PROTECTOR ESCLARECIDO, LA AMISTAD, Y EL MÉRITO UNA MANO GENEROSA,
EL TRONO UN CONSEJERO SABIO QUE NO ADUJO NUNCA NI LE ABANDONÓ EN LA DESGRACIA.
ARDIÓ EN CELO POR LA FE CATÓLICA Y MUY NOBLES ACCIONES ILUSTRARON SU VIDA;
NINGUNA MANCHA LA OSCURECIÓ:
NI ÁUN LA ENVIDIA, ENEMIGA DE SU ALTO ESPÍRITU, LOGRÓ MANCILLARLA,
SUS AMIGOS Y ADMIRADORES CUIDARON DE ERIGIRLE ESTE MONUMENTO PARA HONRAR SU MEMORIA;
Y LA UNIVERSIDAD LITERARIA, DE QUE FUÉ ALUMNO,
LE TRAJO A ESTE TEMPLO, DONDE REPOSAN LAS CENIZAS DE SUS MÁS PRECLAROS HIJOS.
¡ LA LUZ DEL CIELO RESPLANDEZCA ETERNAMENTE EN SU ALMA !
FALLECIÓ EL DÍA 23 DE FEBRERO DE 1871.

Conozcamos mejor la Biografía de Luis José Sartorius y Tapia, personaje que protagoniza el monumento funerario reseñado;
    Luis José Sartorius y Tapia, I Conde de San Luis, I vizconde de Priego. (Isla de León, San Fernando, Cádiz, 19 de marzo de 1815 – Sevilla, 23 de febrero de 1871). Abogado, periodista, político, presidente del Gobierno y ministro.
     Perteneció a una familia aristócrata, destacando su abuelo paterno, el general barón Rossenegg, quien estuvo al servicio del emperador de Austria. Su padre, Andrés Sartorius Trier, nació en Marburgo, ciudad del Hesse-Electoral (Alemania). También fue militar de carrera, alcanzando el grado de coronel a los diecinueve años. Hombre de gran cultura, que además de saber once idiomas, tenía amplios conocimientos de Literatura y había logrado reunir cincuenta y cinco mil volúmenes. Al entrar en guerra Francia y Alemania, a finales del siglo XVIII, buscó asilo en España, fijando en ella su residencia y contrayendo matrimonio con Joaquina de Tapia Sánchez de Oviedo, natural de Puerto Rico, perteneciente a la familia de los marqueses de Castellón. Participó en la Guerra de la Independencia, quedando sordo tras un accidente militar.
     Finalizada la Guerra, en la que no alcanzó grandes ascensos por ser extranjero, en el año 1819 fue nombrado agregado al Estado Mayor en Sevilla, ciudad en la que permaneció hasta su muerte en 1838.
     Del matrimonio formado por Andrés y Joaquina, nació en la Isla de León (hoy, San Fernando) Luis José Sartorius y Tapia. La primera educación la recibió de su padre. Después estudió con los jesuitas Gramática latina y Humanidades. Inició la carrera de Jurisprudencia en la Universidad de Sevilla. A los dieciocho años se inscribió en la Milicia Nacional, siendo durante los primeros años de su juventud rieguista.
     En 1836 se trasladó a Madrid para terminar su carrera de abogado, siendo protegido por Juan Bravo Murillo, quien tuvo un gran ascendiente sobre él y le introdujo en el mundo del periodismo, ofreciéndole colaborar en el periódico La Verdad en el que escribió artículos de costumbres y de crítica literaria. Ese verano, tras conocer los sucesos que condujeron a la sublevación de los sargentos de La Granja (12 de agosto de 1836), y dudoso hacia a qué partido seguir se inclinó por el moderado aconsejado por Bravo Murillo.
     Al incorporarse a La Verdad, Juan Donoso Cortés y Dionisio Alcalá Galiano, este periódico pasó a llamarse El Porvenir, en el que Sartorius siguió colaborando con artículos de costumbres y de crítica literaria.
     Al cerrarse el periódico fundó, con Fernández de la Vega, el Liceo Artístico y Literario de Madrid, sociedad de la que fue nombrado secretario general.
     En 1838 entró como redactor en el periódico El Correo Nacional, cuyo director era el periodista moderado Andrés Borrego —su segundo protector en Madrid—, escribiendo ya artículos políticos y destacándose por su pluma ágil e incisiva. En 1840 Andrés Borrego por motivos políticos, tuvo que abandonar España por lo que nombró a Sartorius director del periódico durante su ausencia. Ocupando este cargo se encontraba cuando tuvieron lugar los sucesos del 1 de septiembre de 1840 que condujeron finalmente a la renuncia de la Regente María Cristina de Borbón.
     Desde el periódico, Sartorius participó activamente en la grave polémica abierta con motivo del exilio de la Reina Gobernadora, entre El Correo Nacional, de ideas moderadas, y su oponente El Eco del Comercio, de ideas progresistas.
     En 1841, Andrés Borrego le hizo copropietario de El Correo Nacional, que Sartorius convirtió al año siguiente, en 1842, en un nuevo periódico: El Heraldo, del que fue director y propietario. Realmente este periódico había sido fundado por Donoso Cortés con el dinero del duque de Riansares (que entonces sólo era Fernando Muñoz, esposo clandestino de la Reina Gobernadora María Cristina), y en él también colaboraba Ríos Rosas; pero un mal entendimiento entre Donoso Cortés, Ríos Rosas y Sartorius, además de problemas económicos, fueron la causa de que este último se quedara con el periódico. Desde El Heraldo, Sartorius combatió con gran éxito a Espartero y a su Gobierno, colaborando activamente desde sus páginas a liquidar la Regencia del duque de la Victoria.
     Inteligente, osado, desenvuelto y dotado de una ambición desmedida, en cinco años, desde que salió en 1836 de su Sevilla natal, Sartorius se convirtió en un prestigioso periodista y un hombre muy influyente a todos los niveles. Por eso en 1843 decidió dedicarse activamente a la política, siendo elegido diputado. A partir de este momento la pluma ágil e incisiva, fue sustituida por la palabra fogosa y contundente en su escaño en el Congreso de los Diputados.
     En una función del Liceo —del que se había hecho socio a los pocos meses de su llegada a Madrid por consejo de Bravo Murillo—, le fue presentado a la reina madre María Cristina de Borbón, comenzando aquí su buena estrella, pues en ella encontró una valiosa protectora lo mismo que en el general Narváez, que fue quien le hizo ministro por primera vez en 1847, ocupando la cartera de Gobernación desde el 4 de octubre de ese año hasta el 19 de octubre de 1849, y volviendo a ocupar la misma cartera, también siendo presidente del Gobierno el general Narváez, desde el 20 de octubre de 1849 hasta el 10 de enero de 1851.
     Su gestión como ministro de la Gobernación —que se vio recompensada por la reina Isabel II, por Real Decreto de 6 de noviembre de 1848, con el título conjunto de conde de San Luis y vizconde de Priego—, fue muy activa: fundó la Escuela de Ingenieros de Montes, fomentó la conservación y aumento del Parque forestal español, organizó el Cuerpo de Policía, proyectó una Ley para los empleados del Ministerio de la Gobernación, de forma que los destinos se lograsen por méritos, evitando así los favoritismos, protegió la Enseñanza Primaria, emprendió el ensanche de la Puerta del Sol de Madrid, la venida de aguas a la capital y la construcción del Teatro Real.
     También reglamentó la propiedad literaria que protegía a los escritores convirtiéndose en un gran mecenas de artistas y literatos.
     Sin embargo, esta gestión positiva quedó totalmente oscurecida por su actuación en las elecciones de 1850 (31 de octubre), en las que favoreció abiertamente a Narváez y sus amigos los ministeriales, obteniendo éstos una mayoría tan abrumadora (Congreso de Familia) que fue la causa de que el Gobierno Narváez se viera violentamente atacado en el Congreso de los Diputados, viéndose obligado Sartorius a dimitir como ministro de la Gobernación.
     Tres años después, el 19 de septiembre de 1853, el conde de San Luis vio cumplido su sueño: agotadas las soluciones Narváez y Bravo Murillo, y tras los Gobiernos del general Roncali y del general Lersundi —dos gobiernos de transición—, fue nombrado por la reina Isabel II, presidente del Gobierno. Tenía treinta años.
     Escéptico ante las ideas, hombre práctico y sin escrúpulos, amante de la riqueza y de la ostentación, imprudente en el manejo de los fondos públicos y con una gran capacidad para cerrar los ojos ante negocios turbios, no dudó en beneficiar con cargos y ventajas a quien le podía proporcionar beneficios económicos o políticos. El caso más escandaloso fue el trazado del ferrocarril de Madrid a Irún, pues la Compañía de Ferrocarriles del Norte indemnizaba 40.000 duros por kilómetro que la vía férrea atravesaba, resultando de ello un trazado arbitrario que a todas luces favorecía los intereses de propietarios influyentes, incluida la Casa Real.
     Esta forma de comportarse fue la causa de que sus enemigos políticos achacasen a su familia un oscuro origen y le llamasen despectivamente a él y a sus seguidores los polacos y la legión polaca y a sus decisiones las polacadas.
     Precisamente este asunto de las concesiones ferroviarias fue el que precipitó su estrepitosa caída y con ella la del Partido moderado, pues fue éste el último Gobierno de este partido, antes de la Revolución de 1854. El Gobierno Sartorius había presentado un Proyecto de Ley confirmando todas las concesiones hechas sobre las nuevas líneas de ferrocarriles y lo había enviado al Congreso de los Diputados, dirigiendo al Senado una súplica para que se inhibiese de tratar este asunto, pendiente de votación en la Cámara Alta.
     El Senado se negó a ello y se produjo la votación (9 de diciembre de 1853), siendo derrotado el Gobierno (sesenta y cinco votos a favor frente a ciento cinco en contra). Al día siguiente de perder la votación, Sartorius disolvió las Cortes y lanzándose decididamente por el camino de la arbitrariedad dictatorial, procedió a desterrar a los generales que más se habían destacado: el marqués del Duero, Infante, José de la Concha, Armero y O’Donnell y a preparar el confinamiento de los generales Zabala, Chacón, Serrano, San Miguel y Manzano, además de destituir de sus puestos en el Tribunal de Guerra y Marina, al barón de Meer, Torre Trasierra, Arteaga y Palafox, Cabrera, Moreno, Van Halen y otros. Además comenzó a gobernar por decreto, labrándose de este modo su desprestigio político, el del Partido moderado y el de la propia Corona.
     Una coalición militar —movida por un deseo unánime de salvaguardar el liberalismo y combatir el absolutismo de los polacos y de quienes en Palacio les apoyaban: la Reina Madre, el Rey consorte y la propia Isabel II—, no escatimó medios ni energía para hacer caer el Gobierno del conde de San Luis. La prensa se unió al sentimiento de los militares publicando, el 29 de diciembre de 1853, un Manifiesto al que se adhirieron en el mes de enero de 1854 escritores y políticos tanto progresistas como moderados. El Gobierno del conde de San Luis reaccionó multando y suprimiendo la prensa, dejando nada más que el periódico oficial, la Gaceta y El Heraldo, su propio periódico. La impopularidad del conde de San Luis adquirió proporciones gigantescas.
     Se empezó a gestar un gran pronunciamiento militar, siendo el alma de éste el general O’Donnell, quien se había logrado ocultar en diversos escondrijos madrileños.
     Ese gran pronunciamiento militar desembocó en la Vicalvarada (30 de junio de 1854) que no sólo derribó el Gobierno del conde de San Luis, sino que puso punto final a la Década Moderada iniciada en 1843, y dio paso a la Revolución de 1854 (17, 18, 19 y 20 de julio) y al Bienio Progresista (1854-1856).
     Iniciada la Revolución, ante el violento cariz que tomaban los acontecimientos, el día 17 de julio de 1854, Luis Sartorius presentó su dimisión a la Reina que la aceptó inmediatamente y encargó de formar nuevo Gobierno al general Fernando Fernández de Córdoba, hasta ese momento director general de Infantería.
     Nada más conocerse la noticia de la dimisión de Sartorius, la reacción de la prensa y de la calle no se hizo esperar. Los madrileños festejaron la caída del conde de San Luis con un grave estallido de violencia popular materializada en el asalto de la casa de Sartorius.
     Cuadros, muebles y otros enseres fueron arrojados por los balcones y después quemados, siguiendo la misma suerte las casas de los ministros Calderón Collantes y Domenech, y las del general conde de Vistahermosa, el banquero Salamanca y el conde de Quinto, así como el Palacio de la Calle de las Rejas, domicilio habitual de la reina madre María Cristina de Borbón y de su familia, que se tuvieron que refugiar en el Palacio Real, mientras el conde de San Luis corrió a hacerlo en la Embajada de Francia.
     Al finalizar el Bienio Progresista en 1856, Sartorius fue nombrado embajador en Roma. A su regreso a España volvió a la política como diputado moderado, siendo presidente del Congreso de los Diputados durante las últimas Cortes de Isabel II. Murió en Sevilla, el 22 de febrero de 1871 y está enterrado en el Panteón de Sevillanos Ilustres.
     El conde de San Luis contrajo matrimonio en Madrid, el 25 de agosto de 1854, con María de los Remedios Chacón y Romero de Cisneros. Tuvieron siete hijos: Isabel, Laura, Leonor, M.ª Concepción, Luis, José y Fernando. Le sucedió en el título su primogénito varón Luis en 1872, y en 1888 su hijo Fernando, que se dedicó a la política como su padre. Militó en el partido conservador y fue embajador de España en Lisboa y posteriormente ocupó la cartera de Abastecimientos, en 1920, en el Gabinete Dato. Desde la legislatura de 1922 fue senador vitalicio hasta su fallecimiento en 1926 (Trinidad Ortuzar Castañer, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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jueves, 19 de febrero de 2026

El monumento funerario de Federico Sánchez Bedoya, y Regla Manjón y Mergelina, Condesa de Lebrija, en el Panteón de Sevillanos Ilustres, de la Iglesia de la Anunciación

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el monumento funerario de Federico Sánchez Bedoya, y Regla Manjón y Mergelina, Condesa de Lebrija, en el Panteón de Sevillanos Ilustres, de la Iglesia de la Anunciación, de Sevilla.   
     Hoy, 19 de febrero, es el aniversario del fallecimiento (19 de febrero de 1938) de Regla Manjón y Mergelina, Condesa de Lebrija, personaje, cuyos restos reposan junto a los de su esposo Federico Sánchez Bedoya, en el Panteón de Sevillanos Ilustres, por lo que hoy es el mejor día para ExplicArte el monumento funerario de Federico Sánchez Bedoya, y Regla Manjón y Mergelina, Condesa de Lebrija, en el Panteón de Sevillanos Ilustres, de la Iglesia de la Anunciación, de Sevilla.
     La Iglesia de la Anunciación [nº 25 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 48 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Laraña, 1; en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo.
     En el muro que se correspondería en la iglesia de la Anunciación con el de la Epístola, y a los pies del mismo, se encuentra el monumento funerario de Federico Sánchez Bedoya y su esposa la Condesa de Lebrija, flanqueado por las lápidas de Rodrigo Caro, y de Nicolás Mª Rivero.
     De grandes dimensiones y tosca obra es el monumento funerario de  Federico Sánchez Bedoya, militar y político conservador (1844-1898), y su esposa, Regla Manjón, condesa de Lebrija (1851-1938), interesada en el arte y en la arqueología, en cuya casa palacio de la calle Cuna reunió esculturas, ánforas, columnas y extraordinarios mosaicos romanos, surgidos en el transcurso de los trabajos de excavación en las ruinas de Itálica, además de una amplia biblioteca, una apreciable pinacoteca y valioso mobiliario. Es un monumento al modo de una portada clásica con frontón triangular, en cuya hornacina destaca como elemento decorativo el escudo familia, y en el que aparece grabado el texto:

AQVI·YACEN

LOS·EXCELENTISIMOS
SEÑORES·DON·FEDERI
CO·SANCHEZ·BEDOYA
20·DE·ENERO·DE·1844
19·DE·MAYO·DE·1898·Y
SV·MVJER·DOÑA·REGLA
MANJON·Y·MERGELINA
CONDESA·DE·LEBRIJA
26·DE·OCTVBRE·DE·1851
19·DE·FEBRERO·DE·1938

R.I.P.A.

Conozcamos mejor la Biografía de Federico Sánchez Bedoya, uno de los personajes que protagoniza el monumento funerario reseñado;
    Federico Sánchez Bedoya (n. Sevilla, 1844 - † 20 de mayo de 1898).
     Importante personaje de su tiempo, culto y de ideas conservadoras, fue seguidor del régimen monárquico ideado por Cánovas del Castillo. Fue diputado a Cortes por Sevilla, vicepresidente del Congreso, y más tarde gobernador civil de Madrid.
     Casado con Regla Manjón Mergelina, condesa de Lebrija, perteneció con el grado de capitán al Arma de Artillería. Dejó la carrera militar para dedicarse a la vida pública, a caballo entre Madrid y Sevilla.
     Desarrolló una importante actividad en la enseñanza primaria y universitaria, y un especial vínculo con la Universidad de Sevilla que culmina con la donación de una importante colección de libros.
     Fue condecorado con la Gran Cruz de Isabel la Católica.
     Sus restos mortales, juntos con los de su esposa Regla Manjón, se encuentran en el Panteón de Sevillanos Ilustres de Sevilla, bajo la cripta de la iglesia de la Anunciación.
     El ayuntamiento de Sevilla le dedicó una calle rotulada a su nombre en el centro de la ciudad.
Conozcamos mejor la Biografía de Regla Manjón y Mergelina, Condesa de Lebrija, uno de los personajes que protagoniza el monumento funerario reseñado;
     Regla Manjón Mergelina (n. Sanlúcar de Barrameda, 26 de octubre de 1851 - † Sevilla, 19 de febrero de 1938), noble, académica de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, nombrada Hija Adoptiva y Predilecta por el ayuntamiento de Sevilla.
     Regla Manjón nace en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), en el seno de una familia hacendada, hija de Pedro Manjón y Fernández de Valdespino, senador del Reino, diputado a Cortes por Cádiz, Alcalde de Sanlúcar y Caballero no profeso de la Orden de Calatrava.
     En 1895 contrae matrimonio en su localidad natal con Federico Sánchez Bedoya (1844-1898), hombre de fortuna, culto y conservador, y pasa a vivir a la ciudad de Sevilla.
     Fue una mujer culta, amante de los libros y especialmente interesada en la historia, como indican los testimonios biográficos que existen sobre ella y que coinciden en destacar su peculiar inclinación por el estudio y el arte, y que queda reflejada en sus bibliotecas, sus escritos y sus casas.
     Durante su matrimonio llevó una vida más atenta a la actividad pública de su marido, siendo a partir de su viudedad cuando, careciendo de hijos, se vuelca en su pasión por el coleccionismo. Así, en 1901 adquiere la casa-palacio de la calle Cuna que posteriormente ampliaría con propiedades adyacentes, comprando el primero de los mosaicos romanos procedentes de Itálica que pavimentan en la actualidad casi la totalidad de su planta baja. Hasta 1914 fue completando su casa, dejando siempre a disposición de los investigadores el estudio de las distintas piezas y colecciones adquiridas, generosidad que le valió a la Real Academia de las Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, en 1918, a nombrarla académica de número, siendo la primera y única mujer en muchos años en la institución.
     Con el tiempo fue convirtiendo esta casa en un museo y en un archivo. Su biblioteca, en parte donada a la Universidad de Sevilla, refleja su amor por los libros. Con frecuencia presidía, convocaba o asistía a actos benéficos y acudía a numerosas audiencias reales, participando en la vida social y cultural de la ciudad.
     En 1920 fue elegida académica de la Real Academia de las Bellas Artes de San Fernando de Madrid, y desde 1922 formó parte de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de la Provincia de Sevilla.
     Además de su actividad en la defensa y difusión del patrimonio artístico de Sevilla, emprendió una admirable labor caritativa, especialmente entre los años 1904 y 1937, a beneficio de los niños abandonados, obra que le fue reconocida en 1938 por la Diputación Provincial de Sevilla.
     A partir de 1916 fue también vicepresidenta de la Junta de la Lucha Antituberculosa, recibiendo en ese mismo año del ayuntamiento de Sevilla el nombramiento de Hija Adoptiva y Predilecta de la ciudad.
     Con motivo de la Guerra de África se ocupó en una intensa tarea para recaudar fondos y trabajando en favor de los hospitales militares en 1921, año en el que el rey Alfonso XIII le otorgó la Gran Cruz de la Beneficencia.
     Su memoria, junto a la de su marido, se recuerda en el Panteón de Sevillanos Ilustres, que se encuentra situado en la cripta de la iglesia de la Anunciación de Sevilla.
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