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lunes, 12 de abril de 2021

La pintura "Santa Teresa de Jesús (Juana) Fernández Solar", de Chema Rodríguez, en la Iglesia conventual del Santo Ángel

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Santa Teresa de Jesús (Juana) Fernández Solar", de Chema Rodríguez, en la Iglesia conventual del Santo Ángel, de Sevilla.      
     Hoy, 12 de abril, Festividad en la ciudad de Los Andes, en Chile, de Santa Teresa de Jesús (Juana) Fernández Solar, virgen, que, siendo novicia en la Orden de Carmelitas Descalzas, consagró, como ella misma decía, su vida a Dios por el mundo pecador, y a la edad de veinte años murió consumida por el tifus (1920) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
      Y que mejor día que hoy para explicarte la pintura "Santa Teresa de Jesús (Juana) Fernández Solar", de Chema Rodríguez, en la Iglesia conventual del Santo Ángel, de Sevilla.
      La Iglesia del Convento del Santo Ángel se encuentra en la calle Rioja, 19; en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo.
     En la iglesia conventual del Santo Ángel encontramos una monumental tabla de dos metros de alto y una de ancho pintada por Chema Rodríguez en 2011 para la nave central de este templo carmelitano, reflejando a la santa en una pincelada realista moderna, obteniendo la psicología de la santa, informándose para ello con un abundante trabajo fotográfico y documental.
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de Santa Teresa de Jesús (Juana) Fernández Solar, virgen;
   La joven que hoy es glorificada en la Iglesia con el título de Santa, es un profeta de Dios para los hombres y mujeres de nuestro tiempo. TERESA DE JESUS DE LOS ANDES, con el ejemplo de su vida, pone ante nuestros ojos el evangelio de Cristo, encarnado y llevado a la práctica hasta las últimas exigencias.
  Ella es para la humanidad una prueba indiscutible de que la llamada de Cristo a ser santos, es actual, posible y verdadera. Ella se levanta ante nuestros ojos para demostrar que la radicalidad del seguimiento de Cristo es lo único que vale la pena y lo único que hace feliz al hombre.
   Teresa de Los Andes, con el lenguaje de su intensa vida, nos confirma que Dios existe, que Dios es amor y alegría, que El es nuestra plenitud.
   Nació en Santiago de Chile el 13 de julio de 1900. En la pila bautismal fue llamada Juana Enriqueta Josefina de los Sagrados Corazones Fernández Solar. Familiarmente se la conocía, y todavía se la conoce hoy, con el nombre de Juanita.
   Su niñez se desarrolló normalmente en el seno familiar: sus padres, don Miguel Fernández y Lucía Solar; sus tres hermanos y dos hermanas; el abuelo materno, tíos, tías y primos.
   La familia gozaba de muy buena posición económica y conservaba fielmente la fe cristiana, viviéndola con sinceridad y constancia.
   Juana recibió su formación escolar en el colegio de las monjas francesas del Sagrado Corazón. Entre la vida estudiantil y la vida familiar se desarrolló su corta e intensa historia. A los catorce años de edad, inspirada por Dios, decidió consagrarse a El como religiosa, en concreto, como carmelita descalza.
   Su deseo se realizó el 7 de mayo de 1919, cuando ingresó en el pequeño monasterio del Espíritu Santo en el pueblo de Los Andes, a unos 90 kms. de Santiago.
   El 14 de octubre de ese mismo año vistió el hábito de carmelita, iniciando así su noviciado con el nombre de Teresa de Jesús. Sabía desde mucho antes que moriría joven. Más aún, el Señor se lo había revelado, pues ella misma lo comunicó a su confesor un mes antes de su partida.
   Asumió esa realidad con alegría, serenidad y confianza. Segura de que continuaría en la eternidad su misión de hacer conocer y amar a Dios.
   Después de muchas tribulaciones interiores e indecibles padecimientos físicos, causados por un violento ataque de tifus que acabó con su vida, pasó de este mundo al Padre al atardecer del 12 de abril de 1920. Había recibido con sumo fervor los santos sacramentos de la Iglesia y el 7 de abril había hecho la profesión religiosa en el artículo de la muerte. Aún le faltaban 3 meses para cumplir los 20 años de edad y 6 meses para acabar su noviciado canónico y poder emitir jurídicamente su profesión religiosa. Murió como novicia carmelita descalza.
   Esa es toda la trayectoria externa de esta joven santiaguina. Desconcierta, y crece en nosotros el gran interrogante: ¿y qué hizo? Para tal pregunta hay una respuesta igualmente desconcertante: Vivir, creer, amar.
   Cuando los discípulos preguntaron a Jesús qué debían hacer para vivir según Dios quiere, El respondió: "La obra de Dios es que creáis en quien El ha enviado" (Jn. 6, 28-29). Por lo tanto, para conocer el valor de la vida de Juanita, es necesario mirar hacia dentro, donde está el Reino de Dios.
   Ella despertó a la vida de la gracia siendo todavía muy niñita. Asegura que a los seis años atraída por Dios empezó a volcar su afectividad totalmente en El. "Cuando vino el terremoto de 1906, al poco tiempo fue cuando Jesús principió a tomar mi corazón para sí" (Diario, n. 3, p. 26). Juanita poseyó una enorme capacidad de amar y ser amada junto con una extraordinaria inteligencia. Dios le hizo experimentar su presencia, la cautivó con su conocimiento y la hizo suya a través de las exigencias de la cruz. Conociéndolo, lo amó; y amándolo se entregó a El con radicalidad.
   Desde niña comprendió que el amor se demuestra con obras más que con palabras, por eso lo tradujo en todos los actos de su vida, empezando por la raíz. Se miró con ojos sinceros y sabios y comprendió que para ser de Dios era necesario morir a sí misma y a todo lo que no fuera El.
   Su naturaleza era totalmente contraria a la exigencia evangélica: orgullosa, egoísta, terca, con todos los defectos que esto supone. Como nos sucede a todos. Pero lo que ella hizo, a diferencia nuestra, fue librar batalla encarnizada contra todo impulso que no naciera del amor.
   A los 10 años era una persona nueva. La motivación inmediata fue el Sacramento de la Eucaristía que iba a recibir. Comprendiendo que nada menos que Dios iba a morar dentro de ella, trabajó en adquirir todas las virtudes que la harían menos indigna de esta gracia, consiguiendo en poquísimo tiempo transformar su carácter por completo.
   En la celebración de este sacramento recibió de Dios gracias místicas de locuciones interiores que luego se mantuvieron a lo largo de su vida. La inclinación natural hacia Dios, desde ese día se transformó en amistad, en vida de oración.
   Cuatro años más tarde recibió interiormente la revelación que determinó la orientación de su vida: Jesucristo le dijo que la quería carmelita y que su meta debía ser la santidad.
   Con la abundante gracia de Dios y con la generosidad de joven enamorada se dio a la oración, a la adquisición de las virtudes y a la práctica de la vida según el evangelio, de tal modo que en cortos años llegó a un alto grado de unión con Dios.
   Cristo fue su ideal, su único ideal. Se enamoró de El, y fue consecuente hasta crucificarse en cada minuto por El. La invadió el amor esponsal y, por tanto, el deseo de unirse plenamente al que la había cautivado. Por eso a los 15 años hizo el voto de virginidad por 9 días, renovándolo después continuamente.
   La santidad de su vida resplandeció en los actos de cada día en los ambientes donde se desarrolló su vida: la familia, el colegio, las amigas, los inquilinos con quienes compartía sus vacaciones y a quienes, con celo apostólico, catequizó y ayudó.
   Siendo una joven igual a sus amigas, éstas la sabían distinta. La tomaron por modelo, apoyo y consejera. Juanita sufrió y gozó intensamente, en Dios, todas las penas y alegrías con que se encuentra el hombre.
   Jovial, alegre, simpática, atractiva, deportista, comunicativa. En los años de su adolescencia alcanzó el perfecto equilibrio síquico y espiritual, fruto de su ascesis y de su oración. La serenidad de su rostro era reflejo de Aquel que en ella vivía.
   Su vida monacal desde el 7 de mayo de 1919 hasta su muerte fue el último peldaño de su ascensión a la cumbre de la santidad. Sólo once meses fueron suficientes para consumar su vida totalmente cristificada.
   Muy pronto la comunidad descubrió en ella un paso de Dios por su historia. En el estilo de vida carmelitano-teresiano, la joven encontró plenamente el cauce para derramar más eficazmente el torrente de vida que ella quería dar a la Iglesia de Cristo. Era el estilo de vida que, a su modo, había vivido entre los suyos, y para el cual había nacido. La Orden de la Virgen María del Monte Carmelo colmó los deseos de Juanita al comprobar que la Madre de Dios, a quien amó desde niña, la había traído a formar parte de ella.
   Fue beatificada en Santiago de Chile por Su Santidad Juan Pablo II, el día 3 de abril de 1987. Sus restos son venerados en el Santuario de Auco-Rinconada de Los Andes por miles de peregrinos que buscan y encuentran en ella el consuelo, la luz y el camino recto hacia Dios.
   SANTA TERESA DE JESÚS DE LOS ANDES es la primera Santa chilena, la primera Santa carmelita descalza fuera de las fronteras de Europa y la cuarta Santa Teresa del Carmelo tras las Santas Teresas de Ávila, de Florencia y de Lisieux (www.vatican.va)
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sábado, 7 de marzo de 2020

La pintura "Santa Teresa Margarita Redi", de Chema Rodríguez, en la Iglesia conventual del Santo Ángel


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Santa Teresa Margarita Redi", de Chema Rodríguez, en la Iglesia conventual del Santo Ángel, de Sevilla.         
   Hoy, 7 de marzo, Festividad en Florencia, población de Toscana, en Italia, de Santa Teresa Margarita Redi, virgen, que, habiendo entrado en la Orden de las Carmelitas Descalzas, avanzó por el arduo camino de la perfección y murió siendo aún joven (1770) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte la pintura "Santa Teresa Margarita Redi, de Chema Rodríguez, en la Iglesia conventual del Santo Ángel, de Sevilla.
     La Iglesia del Convento del Santo Ángel se encuentra en la calle Rioja, 19; en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo.
   En la iglesia conventual del Santo Ángel encontramos una monumental tabla de dos metros de alto y una de ancho pintada por Chema Rodríguez en 2011 para la nave central de este templo carmelitano, reflejando a la santa en una pincelada realista moderna, obteniendo la psicología de la santa, informándose para ello con un abundante trabajo fotográfico y documental.
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miércoles, 11 de diciembre de 2019

La pintura "Santa María de las Maravillas Pidal y Chico de Guzmán", de Chema Rodríguez, en la Iglesia del Convento del Santo Ángel

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Santa María de las Maravillas Pidal y Chico de Guzmán", de Chema Rodríguez, en la Iglesia del Convento del Santo Ángel, de Sevilla.   
   Hoy, 11 de diciembre, Memoria, en el monasterio de La Aldehuela, en la región de Madrid, en España, de Santa María de las Maravillas Pidal y Chico de Guzmán, virgen de la Orden de los Carmelitas Descalzas, que fundó muchos monasterios en España y en la India, conjugando la vida contemplativa con una solícita caridad (1974) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
   Y que mejor día que hoy para explicarte la pintura "Santa María de las Maravillas Pidal y Chico de Guzmán", de Chema Rodríguez, en la Iglesia del Convento del Santo Ángel, de Sevilla.
   La Iglesia del Convento del Santo Ángel se encuentra en la calle Rioja, 19, en el Barrio de La Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo.
   En la iglesia conventual del Santo Ángel encontramos una monumental tabla de dos metros de alto y uno de ancho pintada por Chema Rodríguez en 2011 para la nave central de este templo carmelitano, reflejando a la santa en una pincelada realista moderna, obteniendo la psicología de la santa, informándose para ello con un abundante trabajo fotográfico y documental.
   Conozcamos mejor la Biografía de María de las Maravillas Pidal y Chico de Guzmán;
   Nace en Madrid el 4 de noviembre de 1891 en una familia profundamente católica, la de los Marqueses de Pidal. Después de una infancia y juventud propias de su estado social, lo abandonó todo para ingresar en el Carmelo del Escorial en el año 1919.
   En el año 1924, por inspiración divina, funda el Carmelo del Cerro de los Ángeles junto al monumento del Corazón de Jesús.
   En 1933 funda un Carmelo en Kottayam (India).
   De 1936 a 1939 arrecia la persecución contra la Iglesia española y las Carmelitas Descalzas del Cerro, emprenden una arriesgada peregrinación que culminará en el Desierto carmelitano de Batuecas (Salamanca) recuperando este monasterio para la Orden.
   En 1939, la M. Maravillas regresa al Cerro y emprende numerosas fundaciones con el espíritu de Santa Teresa de Jesús: En 1944 Mancera de Abajo, (Salamanca), en 1947 Duruelo, en 1950 Cabrera, (Salamanca), en 1954 Arenas de san Pedro, (Ávila), en 1956 San Calixto (Córdoba), en 1958 Aravaca, (Madrid), en 1961 La Aldehuela, (Madrid), donde vive hasta su muerte.
   Desde aquí, esta hija de Santa Teresa, audaz y actual, siempre atenta a las necesidades del prójimo, realiza su gran obra social; sirva de ejemplo la edificación de una iglesia, barriada y colegio para pobres.
   Posteriormente, realiza la Fundación de Montemar, (Málaga), en 1964. 
 Además, en 1964 el Arzobispado de Madrid-Alcalá le pide la restauración del Carmelo del Escorial donde vivió sus primeros años en la Orden y en 1966, a petición del Obispado de Ávila, salva de la extinción el monasterio de La Encarnación, donde santa Teresa de Jesús vivió 30 años.
   El 11 de diciembre de 1974 se durmió en el Señor en su convento de La Aldehuela, dejando tras de sí una ráfaga de luz y amor después de poner al servicio de Dios y  del Carmelo Descalzo todos sus dones y vocación, su vida entera. En la iglesia conventual su sepulcro recibe cada año miles de peregrinos.
   En 1974, el P. Finiano, General del Carmelo Descalzo, dirige al Papa Pablo VI una emotiva carta con un elocuente retrato de la Madre, pidiendo la pronta introducción de la causa. La Orden del Carmelo Descalzo la lleva adelante y la Madre Maravillas es beatificada en Roma en 1998 y canonizada en Madrid en 2003 por S.S. Juan Pablo II, quien dijo de ella que “… vivió animada por una fe heroica, plasmada en la respuesta a una vocación austera, poniendo a Dios como centro de su existencia. Realizó nuevas fundaciones de la Orden del Carmelo presididas por el espíritu característico de la Reforma Teresiana” (web oficial de la Orden de los Carmelitas Descalzos).
Conozcamos mejor la Biografía de Santa Maravillas de Jesús;
     María de las Maravillas Pidal y Chico de Guzmán, Santa Maravillas de Jesús. (Madrid, 4 de noviembre de 1891 – La Aldehuela (Madrid), 11 de diciembre de 1974). Carmelita descalza, fundadora de monasterios y santa.
     Nació en el centro de la ciudad de Madrid, siendo bautizada ocho días después de su nacimiento en la parroquia de San Sebastián, recibiendo el nombre de María de las Maravillas por devoción hacia la Virgen del mismo título venerada en Cehegín (Murcia), solar de la familia materna. Era la hija menor de los marqueses de Pidal, Luis Pidal y Mon, a la sazón embajador de España cerca de la Santa Sede, y Cristina Chico de Guzmán y Muñoz, que ya tenían otros dos hijos. En el seno de la familia recibió una esmerada educación, y pronto sintió deseos de hacerse religiosa, haciendo voto privado de virginidad, según confesión propia, cuando sólo contaba con cinco años de edad. En 1913, al morir su padre, Maravillas se quedó en casa al cuidado de su madre, y consiguió años después su permiso para ingresar en el Carmelo de El Escorial (Madrid), donde entró efectivamente el 12 de octubre de 1919, profesando dos años más tarde.
     Muy poco después, la madre Maravillas se planteó fundar un monasterio junto al monumento al Sagrado Corazón de Jesús, que en 1919 había inaugurado el rey Alfonso XIII en el Cerro de los Ángeles (Madrid). Sus superiores acogieron con agrado la idea y con el beneplácito del obispo de Madrid, Leopoldo Eijo y Garay, cuatro monjas de El Escorial, y entre ellas la madre Maravillas, salieron para Getafe (Madrid) el 19 de mayo de 1924, donde se instalaron en una casa particular a la espera de poder levantar el monasterio en el vecino Cerro. En esa casa emite su profesión solemne la madre Maravillas el día 30 de mayo y allí permanecieron hasta 1926; en junio de este año fue nombrada superiora de la nueva fundación, a cuyo edificio definitivo se trasladaron el día 31 de octubre. Las vocaciones no tardaron en afluir, de forma que en 1933 se pudo emprender la fundación de un Carmelo en Kottayam (India).
     El triunfo del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936 provocó un aumento de atentados contra la Iglesia y sus miembros que, en ocasiones, afectaron también a las monjas de clausura; el día 1 de mayo hubo un intento de asalto del Monasterio del Cerro, pero sin consecuencias. En cambio, tras la rebelión militar del mes de julio, las monjas fueron obligadas el día 22 a trasladarse a Getafe. Desde allí, la madre Maravillas y sus monjas pudieron ver la destrucción del monumento al Sagrado Corazón. La comunidad se trasladó a Madrid, donde pudo instalarse clandestinamente en un piso de la calle Claudio Coello.
     A pesar de varios registros y amenazas, las monjas pudieron permanecer unidas trece meses y juntas pasaron a Francia, llegando a Lourdes el día 16 de septiembre de 1937. Desde allí volvieron a España, a la zona controlada por los militares sublevados, instalándose en el antiguo Convento de las Batuecas (Salamanca), que la madre Maravillas había adquirido antes del comienzo de la Guerra Civil.
     En 1939, terminada la guerra, las monjas volvieron al Cerro, pero dejando un grupo en las Batuecas.
     En medio de una escasez extrema y privaciones de todo tipo, la madre Maravillas puso todo su empeño en la restauración del monasterio, que fue hallado totalmente destruido. Las vocaciones volvieron a ser numerosas y muy pronto se vio obligada a fundar nuevas casas: Mancera de Abajo (Salamanca) en 1944; Duruelo (Ávila) en 1947; Cabrera (Salamanca) en 1950; Arenas de San Pedro (Ávila) en 1954; San Calixto (Córdoba) en 1956; Aravaca (Madrid) en 1958; La Aldehuela (Madrid) en 1961; Torremolinos (Málaga) en 1964. Además reformó los carmelos de Cuenca (Ecuador) en 1954 y los de El Escorial y la Encarnación de Ávila en 1964 y 1966 respectivamente.
     Desde 1961 hasta su muerte, la madre Maravillas vivió en el Monasterio de La Aldehuela.
     En realidad, la madre Maravillas no se dedicó exclusivamente a la fundación de nuevos monasterios por la abundancia de vocaciones, sino también y sobre todo porque se tenía por reformadora de las carmelitas en el siglo xx, como lo fuera santa Teresa de Jesús en el siglo xvi, dentro de una fidelidad estricta a la letra de las constituciones y reglas primitivas. Además de los conventos por ella fundados, otros muchos se adhirieron a su estilo de vida carmelitano, de forma que en 1972 solicitó y obtuvo de la Santa Sede la aprobación de la “Asociación de Santa Teresa” que agrupaba a todos estos monasterios, aunque solo después de su muerte, en 1990, alcanzarían plena autonomía dentro de la Orden Carmelitana por voluntad del papa Juan Pablo II.
     Desde La Aldehuela la madre Maravillas procuró también su ayuda a la construcción de una barriada para gente necesitada en Perales del Río (Madrid), con iglesia y colegio, además de procurar becas a seminaristas pobres para que pudieran estudiar. Llevó a cabo también la creación de una fundación benéfica para auxilio de religiosas enfermas, para las que construyó y dotó una clínica. En Talavera de la Reina (Toledo) hizo construir un convento e iglesia para los Padres Carmelitas.
     Aunque ya en 1962 y 1972 la salud de la madre Maravillas había sufrido serios quebrantos, sin embargo alcanzó una avanzada edad, y murió en su Convento de La Aldehuela. Sus restos mortales fueron trasladados en 1981 al interior de la capilla del monasterio desde el cementerio conventual donde reposaban, en el mismo año en que se abrió el proceso diocesano de canonización. Éste se clausuró dos años después y el 10 de mayo de 1998 fue beatificada en Roma por Juan Pablo II, quien también procedió a su canonización en Madrid, el 4 de mayo de 2003 (Miguel C. Vivancos Gómez, OSB, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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viernes, 15 de noviembre de 2019

La pintura "San Rafael de San José (José) Kalinowski", de Chema Rodríguez, en la Iglesia conventual del Santo Ángel


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "San Rafael de San José (José) Kalinowski", de Chema Rodríguez, en la iglesia conventual del Santo Ángel de Sevilla.   
     Hoy, 15 de noviembre, Memoria en Wadowice, en Polonia, de San Rafael de San José (José) Kalinowski, presbítero, que durante la guerra, en la insurrección del pueblo contra el opresor, fue hecho prisionero por los enemigos y deportado a Siberia; después de sufrir muchas calamidades, por fin recuperada la libertad, ingresó en la Orden de Carmelitas Descalzos, que promovió notablemente (1907) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
      Y que mejor día que hoy para explicarte la pintura "San Rafael de San José (José) Kalinowski", de Chema Rodríguez, en la Iglesia conventual del Santo Ángel, de Sevilla.
     La Iglesia del Convento del Santo Ángel se encuentra en la calle Rioja, 19; en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo.
   En la iglesia conventual del Santo Ángel encontramos una monumental tabla de dos metros de alto y una de ancho pintada por Chema Rodríguez en 2011 para la nave central de este templo carmelitano, reflejando a la santa en una pincelada realista moderna, obteniendo la psicología de la santa, informándose para ello con un abundante trabajo fotográfico y documental.
    Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "San Rafael de San José (José) Kalinowski", de Chema Rodríguez, en la iglesia conventual del Santo Ángel de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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martes, 1 de octubre de 2019

La pintura "Santa Teresa del Niño Jesús", de Chema Rodríguez, en la Iglesia del Convento del Santo Ángel

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Santa Teresa del Niño Jesús", de Chema Rodríguez, en la Iglesia del Convento del Santo Ángel de Sevilla.     
   Hoy, 1 de octubre, Memoria de Santa Teresa del Niño Jesús, virgen y doctora de la Iglesia, que entró aún muy joven en el monasterio de las Carmelitas Descalzas de Lisieux, en Francia, y llegó a ser maestra de santidad en Cristo por su inocencia y simplicidad. Enseñó el camino de la perfección cristiana por medio de la infancia espiritual y demostró una mística solicitud en bien de las almas y del incremento de la Iglesia. Terminó su vida a los veinticinco años de edad, el día treinta de septiembre (1897) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para explicarte la pintura "Santa Teresa del Niño Jesús", de Chema Rodríguez, en la Iglesia conventual del Santo Ángel de Sevilla.
     La Iglesia del Convento del Santo Ángel se encuentra en la calle Rioja, 19; en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo.
      En la iglesia conventual del Santo Ángel encontramos una monumental tabla de dos metros de alto y una de ancho pintada por Chema Rodríguez en 2011 para la nave central de este templo carmelitano, reflejando a la santa en una pincelada realista moderna, obteniendo la psicología de la santa, informándose para ello con un abundante trabajo fotográfico y documental.
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de Santa Teresa del Niño Jesús, virgen y doctora de la Iglesia;
   Carmelita descalza, como Santa Teresa de Ávila, el nombre de Santa Teresa del Niño Jesús puede hacer que se la confunda con Santa Teresa de Jesús, por ello es preferible llamarla Santa Teresa de Lisieux.
   Nació en 1873 en Alençon, a los quince años ingresó en el convento carmelita de Lisieux, en Normandía, donde murió de tuberculosis a los veinticuatro años, en 1897, después de haber escrito su autobiografía, con el título Histoire d'une âme (Historia de un alma. La primera edición apareció en 1898 y había sido "retocada" con intenciones edificantes por la Madre Inés (Agnès) de Jesús. El convento carmelita de Lisieux decidió publicar en 1955 un facsímil del texto original de los cuaderns que caligrafiara la santa).
   Después de mi muerte, decía, "haré llover rosas", es decir, gracias del cielo. Beatificada en 1923 por el papa Pío XI, fue canonizada en 1925.
   En Lisieux se puso bajo su advocación una basílica monumental, y así, la localidad se convirtió en el sitio de peregrinación más popular de Francia, después de Lourdes.
   Es patrona de las carmelitas. Los misioneros la adoptaron como protectora, formando pareja con San Francisco Javier.
   En 1945 fue promovida, después de Juana de Arco, al rango de patrona de Francia.
ICONOGRAFÍA
   Está representada en hábito de carmelita, sostiene en los brazos un crucifijo y un manojo de rosas. Los pétalos de las rosas celestiales se desprenden y caen sobre la tierra en forma de lluvia (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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viernes, 9 de agosto de 2019

La pintura "Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith) Stein", de Chema Rodríguez, en la Iglesia conventual del Santo Ángel


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith) Stein", de Chema Rodríguez, en la Iglesia conventual del Santo Ángel de Sevilla.     
     Hoy, 9 de agosto, Fiesta de Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith) Stein, virgen de la Orden de Carmelitas Descalzas y mártir, la cual, nacida y educada en la religión judía, después de haber enseñado filosofía durante algunos años entre grandes dificultades, recibió por el bautismo la nueva vida en Cristo, prosiguiéndola bajo el velo de las vírgenes consagradas hasta que, en tiempo de un régimen hostil a la dignidad del hombre y de la fe, fue encarcelada lejos de su patria, y en el campo de exterminio de Auschwitz, cercano a Cracovia, en Polonia, murió en la cámara de gas (1942) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
      Y que mejor día que hoy para explicarte la pintura "Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith) Stein", de Chema Rodríguez, en la Iglesia conventual del Santo Ángel, de Sevilla.
     La Iglesia del Convento del Santo Ángel se encuentra en la calle Rioja, 19; en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo.
      En la iglesia conventual del Santo Ángel podemos contemplar en la nave central, sobre el pilar central del lado del Evangelio, una monumental tabla de dos metros de alto y una de ancho pintada por Chema Rodríguez en 2011 para la nave central de este templo carmelitano, reflejando a la santa en una pincelada realista moderna, obteniendo la psicología de la santa, informándose para ello con un abundante trabajo fotográfico y documental.
Conozcamos mejor la Biografía de Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith) Stein, virgen y mártir;
     "Nos inclinamos profundamente ante el testimonio de la vida y la muerte de Edith Stein, hija extraordinaria de Israel e hija al mismo tiempo del Carmelo, sor Teresa Benedicta de la Cruz; una personalidad que reúne en su rica vida una síntesis dramática de nuestro siglo. La síntesis de una historia llena de heridas profundas que siguen doliendo aún hoy...; síntesis al mismo tiempo de la verdad plena sobre el hombre, en un corazón que estuvo inquieto e insatisfecho hasta que encontró descanso en Dios". Estas palabras fueron pronunciadas por el Papa Juan Pablo II con ocasión de la beatificación de Edith Stein en Colonia, el 1 de mayo de 1987.
     ¿Quién fue esta mujer?
     Cuando Edith Stein, la última de once hermanos, nació en Breslau el 12 de octubre de 1891, la familia festejaba el Yom Kippur, la mayor fiesta hebrea, el día de la expiación. "Esto hizo, más que ninguna otra cosa, que su madre tuviera una especial predilección por la hija más pequeña". Precisamente esta fecha de su nacimiento fue para la carmelita casi un vaticinio.
     El padre, comerciante de maderas, murió cuando Edith no había cumplido aún dos años. La madre, una mujer muy religiosa, solícita y voluntariosa, una persona verdaderamente admirable, al quedarse sola, debió hacer frente tanto al cuidado de la familia como a la gestión de la gran hacienda familiar; pero no consiguió mantener en los hijos una fe viva. Edith perdió la fe en Dios. "Con plena conciencia y por libre elección dejé de rezar".
     Obtuvo brillantemente la reválida en 1911 y comenzó a estudiar germanística e historia en la Universidad de Breslau, más para tener una base de sustento en el futuro que por auténtica pasión. Su verdadero interés era la filosofía. Le interesaban también los problemas de la mujer. Entró a formar parte de la organización "Asociación Prusiana para el Derecho Femenino al Voto". Más tarde escribía: " como bachiller y joven estudiante, fui una feminista radical. Perdí después el interés por este asunto. Ahora voy en busca de soluciones puramente objetivas".
     En 1913, la estudiante Edith Stein se fue a Gottinga para asistir a las clases universitarias de Edmund Husserl, de quien llegó a ser discípula y asistente, consiguiendo con él el doctorado. Por aquellos tiempos, Edmund Husserl fascinaba al público con un nuevo concepto de verdad: el mundo percibido no solamente existía de forma kantiana, como percepción subjetiva. Sus discípulos entendían su filosofía como un viraje hacia lo concreto. "Retorno al objetivismo". Sin que él lo pretendiera, la fenomenología condujo a no pocos discípulos y discípulas suyos a la fe cristiana. En Gottinga Edith Stein se encontró también con el filósofo Max Scheler y este encuentro atrajo su atención sobre el catolicismo. Pero todo esto no la hizo olvidar el estudio con el que debía ganarse el pan en el futuro y, en 1915, superó con la máxima calificación el examen de Estado. No obstante, no comenzó el periodo de formación profesional.
     Al estallar la primera guerra mundial escribía: "ahora ya no tengo una vida propia". Siguió un curso de enfermería y prestó servicio en un hospital militar austríaco. Fueron tiempos difíciles para ella. Atendía a los ingresados en la sección de enfermos de tifus y prestaba servicio en el quirófano, viendo morir a hombres en la flor de su juventud. Al cerrar el hospital militar en 1916, siguió a Husserl a Friburgo en Brisgovia, donde obtuvo el doctorado "summa cum laude" con una tesis "Sobre el problema de la empatía ".
     Por aquel tiempo le ocurrió un hecho importante: observó cómo una aldeana entraba en la Catedral de Frankfurt con la cesta de la compra, quedándose un rato para rezar. "Esto fue para mí algo completamente nuevo. En las sinagogas y en las iglesias protestantes que he frecuentado los creyentes acuden a las funciones. Aquí, sin embargo, una persona entró en la iglesia desierta, come si fuera a conversar en la intimidad. No he podido olvidar lo ocurrido". En las últimas páginas de su tesis de doctorado escribió: "ha habido personas que, tras un cambio imprevisto de su personalidad, han creído encontrar la misericordia divina". ¿Cómo llegó a esta afirmación?
     Edith Stein tenía gran amistad con el asistente de Husserl en Gottinga, Adolf Reinach y su esposa. Adolf Reinach muere en Flandes en noviembre de 1917. Edith va a Gottinga. Los Reinach se habían convertido al Evangelio. Edith tenía cierta renuencia ante el encuentro con la joven viuda.
     Con gran sorpresa encontró una creyente. "Este ha sido mi primer encuentro con la cruz y con la fuerza divina que transmite a sus portadores... Fue el momento en que se desmoronó mi irreligiosidad y brilló Cristo". Más tarde escribirá: "lo que no estaba en mis planes estaba en los planes de Dios. Arraiga en mí la convicción profunda de que -visto desde el lado de Dios- no existe la casualidad; toda mi vida, hasta los más mínimos detalles, está ya trazada en los planes de la Providencia divina y, ante los ojos absolutamente clarividentes de Dios, presenta una coherencia perfectamente ensamblada".
     En otoño de 1918, Edith Stein dejó la actividad de asistente de Edmund Husserl porque deseaba trabajar independientemente. La primera vez que volvió a visitar a Husserl después de su conversión fue en 1930. Tuvo con él una discusión sobre la nueva fe de la que la hubiera gustado que participara también él. Tras ello escribió una frase sorprendente: "Después de cada encuentro que me hace sentir la imposibilidad de influenciar directamente, se agudiza en mí el impulso hacia mi propio holocausto".
     Edith Stein deseaba obtener la habilitación para la libre docencia, algo que, por aquel entonces, era inalcanzable para una mujer. A este respecto, Husserl se pronunciaba así en un informe: "Si la carrera universitaria se hiciera accesible a las mujeres, la podría recomendar encarecidamente más que a cualquier otra persona para el examen de habilitación". Más tarde, sin embargo, se le negaría la habilitación a causa de su origen judío.
     Edith Stein vuelve a Breslau. Escribe artículos en defensa de la psicología y de las humanidades. Pero lee también el Nuevo Testamento, Kierkegaard y el opúsculo de los Ejercicios espirituales de Ignacio de Loyola. Se da cuenta de que un escrito como éste no se le puede simplemente leer, sino que es necesario ponerlo en práctica.
     En el verano de 1921 fue durante unas semanas a Bergzabern (Palatinado), a la finca de la Señora Hedwig Conrad-Martius, una discípula de Husserl. Esta señora, junto con su esposo, se había convertido al Evangelio. Una tarde Edith encontró en la biblioteca la autobiografía de Teresa de Ávila. La leyó durante toda la noche. "Cuando cerré el libro, me dije: esta es la verdad".
     Considerando retrospectivamente su vida, escribía más tarde: "mi anhelo por la verdad era ya una oración".
     En enero de 1922 Edith Stein se bautizó. Era el día de la Circuncisión de Jesús, la acogida de Jesús en la estirpe de Abraham. Estaba erguida ante la fuente bautismal, vestida con el blanco manto nupcial de Hedwig Conrad-Martius, que hizo de madrina. "Había dejado de practicar mi religión hebrea y me sentía nuevamente hebrea solamente tras mi retorno a Dios". Ahora tendrá siempre conciencia, y no sólo intelectualmente, sino de manera tangible, de pertenecer a la estirpe de Cristo. En la fiesta de la Candelaria, una fiesta cuyo origen se remonta también al Antiguo Testamento, fue confirmada por el Obispo de Espira en su capilla privada.
     Después de su conversión, lo primero que hizo fue volver a Breslau. "Mamá, soy católica". Las dos lloraron. Hedwig Conrad-Martius escribió: "mira, dos israelitas y en ninguna de ellas hay engaño" (cf. Jn 1, 47).
     Inmediatamente después de su conversión, Edith Stein aspira a entrar en el Carmelo, pero sus consejeros espirituales, el Vicario general de Espira y el Padre Przywara, S.J., le impiden dar este paso. Acepta entonces un empleo de profesora de alemán e historia en el Instituto y seminario para maestros del Convento dominico de la Magdalena de Espira hasta Pascua de 1931. Por insistencia del Archiabad Raphael Walzer, del convento de Beuron, hace largos viajes para dar conferencias, sobre todo sobre temas femeninos. "Durante el período inmediatamente precedente y también bastante después de mi conversión... creía que llevar una vida religiosa significaba renunciar a todas las cosas terrenas y vivir solamente con el pensamiento puesto en Dios. Gradualmente, sin embargo, me he dado cuenta de que este mundo exige de nosotros otras muchas cosas..., creo, incluso, que cuanto más se siente uno atraído por Dios, más debe "salir de sí mismo", en el sentido de dirigirse al mundo para llevar allí una razón divina para vivir". Su programa de trabajo es enorme. Traduce las cartas y los diarios del período precatólico de Newmann y la obra Quaestiones disputatae de veritate de Tomás de Aquino, en una versión muy libre por amor al diálogo con la filosofia moderna. El Padre Erich Przywara, S.J., la incitó a escribir también obras filosóficas propias. Aprendió que es posible "practicar la ciencia al servicio de Dios... sólo por tal motivo he podido decidirme a comenzar una serie de obras científicas". Encuentra siempre las fuerzas necesarias para su vida y su trabajo en el convento benedictino de Beuron, al que va para pasar allí las fiestas más importantes del año eclesiástico.
     En 1931 termina su actividad en Espira. Intenta de nuevo obtener la habilitación para la libre docencia en Breslau y Friburgo. Todo en vano. Compone entonces una obra sobre los principales conceptos de Tomás de Aquino: "Potencia y acción". Más tarde hará de este ensayo una obra mayor, desarrollándola bajo el título de Endliches und ewiges Sein (Ser finito y Ser eterno) en el convento de las Carmelitas de Colonia. No fue posible imprimir esta obra durante su vida.
     En 1932 se le asigna una cátedra en una institución católica, el Instituto de Pedagogía científica de Münster, donde tiene la posibilidad de desarrollar su propia antropología. Aquí encuentra la manera de unir ciencia y fe, y de hacer comprensible esta cuestión a otros. Durante toda su vida sólo quiso ser "instrumento de Dios". "Quien viene a mí, deseo conducirlo a Él ".
     En 19331a noche se cierne sobre Alemania. "Había oído ya antes algo sobre las severas medidas contra los judíos. Pero ahora comencé de pronto a entender que Dios había puesto una vez más su pesada mano sobre su pueblo y que el destino de este pueblo era también el mío". El artículo de la ley de los nazis sobre la raza ariana hizo imposible que continuara su actividad docente. "Si aquí no puedo continuar, en Alemania ya no hay posibilidades para mí ". "Me había convertido en una extranjera en el mundo".
     El Archiabad Walzer, de Beuron, ya no le impidió entrar en un convento de Carmelitas. Durante el tiempo que estuvo en Espira había hecho ya el voto de pobreza, castidad y obediencia. En 1933 se presenta a la Madre Priora del Monasterio de Carmelitas de Colonia. "Solamente la pasión de Cristo nos puede ayudar, no la actividad humana. Mi deseo es participar en ella".
     Una vez más Edith fue a Breslau para despedirse de su madre y de la familia. El 12 de octubre fue el último día que pasó en su casa, el día de su cumpleaños y, a la vez, la fiesta hebrea de los tabernáculos. Edith acompaña a su madre a la sinagoga. Fue un día nada fácil para las dos mujeres. "¿Por qué la has conocido (la fe cristiana)? No quiero decir nada contra Él. Habrá sido un hombre bueno. Pero ¿por qué se ha hecho Dios? " . Su madre lloró. A la mañana siguiente Edith tomó el tren para Colonia. "No podía tener una alegría arrebatadora. Era demasiado tremendo lo que dejaba atrás. Pero yo estaba tranquilísima, en el puerto de la voluntad de Dios". Cada semana escribirá después una carta a su madre. No recibirá respuesta. Su hermana Rosa le mandará noticias de casa.
     El 14 de octubre Edith Stein entra en el monasterio de las Carmelitas de Colonia. En 1934, el 14 de abril, tuvo lugar la ceremonia de toma de hábito. El Archiabad de Beuron celebró la misa. Desde aquel momento Edith Stein llevará el nombre de Sor Teresa Benedicta de la Cruz.
     Escribe en 1938: "bajo la Cruz entendí el destino del pueblo de Dios que entonces (1933) comenzaba a anunciarse. Pensaba que entendiesen que se trataba de la Cruz de Cristo, que debían aceptarla en nombre de todos los demás. Es verdad que hoy entiendo mejor estas cosas, lo que significa ser esposa del Señor bajo el signo de la Cruz. Aunque ciertamente nunca será posible comprender todo esto, puesto que es un secreto". El 21 de abril de 1935 hizo los votos temporales. El 14 de septiembre de 1936, en el momento de renovar los votos, murió su madre en Breslau. "Hasta el último momento mi madre ha permanecido fiel a su religión. Pero, puesto que su fe y su firme confianza en su Dios... fue lo ultimo que permaneció vivo en su agonía, confío en que haya encontrado un juez muy clemente y que ahora sea mi más fiel abogada, para que también yo pueda llegar a la meta".
     En el recordatorio de su profesión perpetua, el 21 de abril de 1938, hizo imprimir las palabras de San Juan de la Cruz, al que dedicará su última obra: "que ya sólo en amar es mi ejercicio ".
La entrada de Edith Stein en el convento de las Carmelitas no fue una huida. "Quien entra en el Carmelo no se pierde para los suyos, sino que le tienen aún más cercano; y esto porque nuestra profesión es la de dar cuenta de todos a Dios ". Dio cuenta a Dios sobre todo de su pueblo.
     "Pienso continuamente en la reina Ester, que fue sacada de su pueblo para dar cuenta ante el rey. Yo soy una pequeña y débil Ester, pero el Rey que me ha elegido es infinitamente grande y misericordioso. Esto es un gran consuelo " (31.10.1938).
     El 9 de noviembre de 1938 se puso de manifiesto ante todo el mundo el odio que tenían los nazis a los judíos. Arden las sinagogas, se siembra el terror entre las gentes judías. La Madre Superiora de las Carmelitas de Colonia hace todo lo posible para llevar al extranjero a Sor Teresa Benedicta de la Cruz. La noche de fin de año de 1938 cruza la frontera de los Países Bajos y la llevan al monasterio de Carmelitas de Echt, en Holanda. Allí redacta su testamento el 9 de junio de 1939.
     "Ya desde ahora acepto con gozo, en completa sumisión y según su santísima voluntad, la muerte que Dios me haya destinado. Ruego al Señor que acepte mi vida y muerte... de manera que el Señor sea reconocido por los suyos y que su Reino venga con toda su magnificencia para la salvación de Alemania y la paz del mundo... ".
     Ya en el monasterio de Carmelitas de Colonia, a Edith Stein se le había dado permiso para dedicarse a las obras científicas. Allí había escrito, entre otras cosas, De la vida de una familia judía. "Deseo narrar simplemente lo que he experimentado al ser hebrea". Ante "la juventud que hoy es educada desde la más tierna edad en el odio a los judíos..., nosotros, que hemos sido educados en la comunidad hebrea, tenemos el deber de dar testimonio".
     En Echt, Edith Stein escribirá a toda prisa su ensayo sobre Juan de la Cruz, el místico doctor de la Iglesia, con ocasión del cuatrocientos aniversario de su nacimiento, 1542-1942. En 1941 escribía a una religiosa con quien tenía amistad: "una scientia crucis (la ciencia de la cruz) sólamente puede ser entendida si se lleva todo el peso de la cruz. De ello estaba convencida ya desde el primer instante y de todo corazón he pronunciado: Ave, Crux, Spes unica (te saludo, Cruz, única esperanza nuestra)". Su estudio sobre San Juan de la Cruz lleva como subtítulo: " La ciencia de la Cruz ".
     El 2 de agosto de 1942 llega la Gestapo. Edith Stein se encuentra en la capilla con las otras Hermanas. En cinco minutos debe presentarse, junto con su hermana Rosa, que se había bautizado en la Iglesia Católica y prestaba servicio en las Carmelitas de Echt. Las últimas palabras de Edith Stein que se oyen en Echt están dirigidas a Rosa: "Ven, vayamos, por nuestro pueblo".
     Junto con otros muchos otros judíos convertidos al cristianismo, las dos mujeres son llevadas al campo de concentración de Westerbork. Se trataba de una venganza contra el comunicado de protesta de los obispos católicos de los Países Bajos por los progromos y las deportaciones de los judíos. "Jamás había pensado que los seres humanos pudieran llegar a ser así, y tampoco podía pensar que mis hermanas y hermanos debieran sufrir así... cada hora rezo por ellos. ¿Oirá Dios mi oración? En todo caso, oye ciertamente sus lamentos". El Prof. Jan Nota, cercano a ella, escribirá más tarde: "para mí, ella es, en un mundo de negación de Dios, una testigo de la presencia de Dios".
     Al amanecer del 7 de agosto sale una expedición de 987 judíos hacia Auschwitz. El 9 de agosto Sor Teresa Benedicta de la Cruz, junto con su hermana Rosa y muchos otros de su pueblo, murió en las cámaras de gas de Auschwitz.
     Con su beatificación en Colonia el 1 de mayo de 1987, la Iglesia rindió honores, por decirlo con palabras del Sumo Pontífice Juan Pablo II, a "una hija de Israel, que durante la persecución de los nazis ha permanecido, como católica, unida con fe y amor al Señor Crucificado, Jesucristo, y, como judía, a su pueblo" (www.vatican.va)
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