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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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domingo, 28 de junio de 2026

La pintura "Carro del Agua", de Domingo Martínez, en la sala XI del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Carro del Agua", de Domingo Martínez, en la sala XI del Museo de Bellas Artes.      
     Hoy, 28 de junio, es el aniversario (28 de junio de 1747) de la exaltación al trono de Fernando VI y Bárbara de Braganza, como reyes de España, acontecimiento festejado en la celebración representada en la pintura reseñada, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la pintura "Carro del Agua", de Domingo Martínez, en la sala XI del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
   El Museo de Bellas Artes, antiguo Convento de la Merced Calzada [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
    En la sala XI del Museo de Bellas Artes podemos contemplar la pintura "Carro del Agua", de Domingo Martínez (1688-1749), siendo un óleo sobre lienzo en estilo barroco de la escuela sevillana, realizado hacia 1748-49, con unas medidas de 1,35 x 2,91 m., y procedente de la Real Fábrica de Tabacos, de Sevilla, mediante la donación del Estado, en 1896.
     Este tercer cuadro de la Máscara cuyo plan era de marítimas olas con pequeños escollos donde se sentaban las personas que iban en él. Estaba presidido por el elemento del Agua al que acompañaban: el dios Neptuno con su tridente, el anciano Betis, la ninfa Nereida y las Nayades. Cerca de la proa estaba la América, parte del mundo representada en este carro. Como fondo del cuadro vemos el Sagrario, la punta del Diamante y la Catedral.
     Abren el cortejo animales marinos como galápagos, gansos, dos hermosos delfines seguidos de dos nereidas y dos náyades, todos montados por personajes vestidos a la burlesca. Tras ellos aparecen el gremio: los pescadores, vendedores y fabricantes de redes, seguidos de monaguillos con aguamaniles y acetres asperjando agua. A estos seguía un acompañamiento de gala a caballo formado por ocho cuadrillas de cuatro soldados cada una vestidos en representación de las provincias de América, parte del mundo a las que iba dedicado este triunfo. Seguían representaciones de la Amistad, la Náutica, la Hidrografía...
     El carro triunfal iba tirado por seis mulas enjaezadas en tono azul, color que dominaba todas las superficies lisas del carro. Las ruedas iban decoradas con pinturas de temas marinos. En la parte delantera se colocaron dos delfines que simulaban tirar del mismo mientras que la parte trasera la ocupaba una sirena desnuda. En la zona principal figuraba un monte con una fuente de alabastro de la que manaba un continuo caño de agua. En la fachada del monte iba sentada una alegoría del Agua representada por una bella ninfa. Ponía fin a la comitiva, arrastrando cadenas y llorando, las figuras de la Mala Voluntad, el Vicio, la Avaricia...
     Como fondo arquitectónico del lienzo aparece una vista de la fachada posterior de la iglesia del Sagrario, las Gradas de la Catedral con muros del Patio de los Naranjos adornados con cuatro magníficos tapices y el lugar conocido como Punta de Diamante.
     Pertenece a una serie formada por ocho grandes lienzos de igual tamaño que representan los carros triunfales que desfilaron en Sevilla en la Máscara que los obreros de la Real Fábrica de Tabacos de esta ciudad celebraron con motivo de la exaltación al trono de los reyes Fernando VI y Bárbara de braganza, en 1747.
     Los cuadros se pueden fechar entre 1748 y 1749 aproximadamente y fueron pintados a la vez que el libro que sobre esta fiesta de la máscara escribió D. Ramón Cansino Casafonda en 1748, siendo costeados tanto los cuadros como sus marcos y el citado libro a expensas de D. José Antonio de Losada, director entonces de la Fábrica de Tabacos.
     La autoría de la serie no está documentada y tradicionalmente se venía atribuyendo a Juan de Espinal, hasta que Sánchez Pineda estableció la de Domingo Martínez actualmente aceptada (web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla).
     Fue este artista la personalidad dominante dentro del panorama de la pintura sevillana en la primera mitad del siglo XVIII, merced a su estilo amable y elegante de fondo y forma. Había nacido en Sevilla en 1688 y se formó con Juan Antonio Osorio y Lucas Valdés. De sus características personales sabemos que fue hombre de buen temperamento y de agudo talento, virtudes que le permitieron tener permanente trabajo y abundante clientela a lo largo de toda su vida, que fue tranquila y holgada.
     En la definición de su estilo pictórico se advierte primero una buena asimilación del espíritu artístico de Murillo y posteriormente una intuitiva adaptación a su estilo de la estética de la pintura francesa de su época, que pudo asimilar durante la estancia de la corte de Felipe V en Sevilla entre 1729 y 1733. En estos años trató a los pintores franceses que acompañaban al rey especialmente a Jean Ranc, con el que intimó notablemente hasta el punto que éste le propuso integrarse como pintor del Rey cuanto la corte retornó a Madrid. Martínez rehusó tal proposición, permaneciendo en Sevilla el resto de su vida, que se prolongó hasta 1749, año en el que falleció.
     Uno de los conjuntos decorativos más interesantes realizados en España en el siglo XVIII lo constituyen sin duda las ocho pinturas que representan los carros alegóricos que desfilaron por las calles de Sevilla en 1747 con motivo de la exaltación al trono de España de Fernando VI y Bárbara de Braganza. Estos carros y las numerosas comparsas que los acompañaban participaron en una mascarada que patrocinó la Real Fábrica de Tabacos sevillana. Su paso por las calles de la ciudad constituyó un desbordante éxito de público, por lo que para dejar testimonio de tan particular acontecimiento se decidió imprimir un libro donde todo el festejo se describió de forma pormenorizada y exacta y también se encargó la realización de un conjunto de seis pinturas que perpetuasen tan excepcional acontecimiento. 
     En efecto, en 1748 se publicó dicho libro, cuyo texto fue realizado por Ramón Casino Casafonda, quien alude sin mencionar a su autor a la ejecución de las pinturas que quedaron en propiedad de la Fábrica de Tabacos. La autoría de Domingo Martínez de estas pinturas es evidente, aunque hay que señalar que, dada la premura de tiempo con que se efectuó el encargo, debió de intervenir como ayudante de ellas Andrés Rubira, quien fue frecuente colaborador de Martínez.
     Los carros desfilaron siguiendo un orden muy preciso, figurando en primer lugar el denominado carro del pregón de la máscara, que iba acompañado de un séquito de funcionarios de la Real Fábrica de Tabacos, al frente de los cuales marchaba Don José Antonio de Losada, director de esta Institución. En segundo lugar figuraba el carro de la común alegría dedicado a Baco y Pan. Tercero era el carro del fuego, presidido por Vulcano y el cuarto el carro del aire, con Eolo a su frente. 
     En quinto lugar iba el carro del agua con Neptuno, seguido por el sexto carro dedicado a la tierra, presidido por la diosa Ceres. El séptimo lugar estaba ocupado por el carro homenaje de Apolo y las tres nobles artes a los nuevos monarcas, mientras que en último lugar se describía la entrega de los retratos de los nuevos monarcas al Ayuntamiento (Enrique Valdivieso González, Pintura, en Museo de Bellas Artes de Sevilla, Tomo II. Ed. Gever, Sevilla, 1991).
Conozcamos mejor la Biografía de Domingo Martínez, autor de la obra reseñada;
     Domingo Martínez, (Sevilla, 1688 – 1749). Pintor.
     Fue este artista la personalidad dominante dentro del ámbito de la pintura sevillana a lo largo de la primera mitad del siglo XVIII; fueron sus maestros Lucas Valdés y Juan Antonio Osorio. Las escasas noticias biográficas que de él se poseen lo presentan como hombre de buen temperamento, ingenioso y emprendedor al tiempo que culto y estudioso, poseedor de una amplia biblioteca. Tuvo numerosos discípulos, entre los que sobresalieron Juan de Espinal, Andrés de Rubira y Pedro Tortolero.
     La labor pictórica de Martínez le revela como uno de los mejores pintores hispanos en la época en que le correspondió vivir, circunstancia que le fue reconocida en su propia existencia. En efecto, en 1733 cuando la Corte de Felipe V e Isabel de Farnesio dio por concluida en Sevilla una estancia que se había iniciado en 1729, Martínez fue invitado a viajar a Madrid para trabajar allí como pintor real. Esta propuesta debió de estar motivada por la estrecha amistad que Martínez mantuvo en Sevilla con el pintor francés Jean Ranc, quien debió de realizarle la oferta de trabajar en Madrid. Sin embargo, el artista sevillano declinó esta proposición y optó por continuar su actividad artística en su ciudad natal.
   El estilo artístico de Domingo Martínez presenta características perfectamente definidas y en ellas se constata en primer lugar una base fundamental que se apoya en la pervivencia en él del influjo de Murillo, que es general en todos los pintores sevillanos activos en el primer cuarto del siglo XVIII. En segundo lugar, Martínez, a partir de 1729, fue receptivo a los efluvios estilísticos que emanan de la pintura francesa con la cual conectó durante los años en que la Corte residió en Sevilla; su amistad con Ranc, con quien convivió estrechamente durante cinco años, fue fundamental en este sentido. Finalmente, en la época postrera de su vida, a partir de 1745, Martínez asimiló en su arte referencias estilísticas procedentes del estilo Rococó, que en aquellos momentos comenzaba a difundirse por España.
     Como artista prolífico que fue, se advierte en la producción de Domingo Martínez una gran diferencia entre las pinturas realizadas por él personalmente y las que ejecutó contando con la colaboración de los discípulos y ayudantes que trabajaban en su obrador. 
   En las creaciones efectuadas mayoritariamente por él mismo se constata una gran facilidad compositiva, un dibujo fácil y virtuoso y un marcado dominio del color, estando todos estos factores puestos al servicio de un arte amable, vistoso y decorativo que plasma un gusto totalmente coincidente con el espíritu de su época. Dominó, además, el arte de la perspectiva, aspecto que le permitió dedicarse con éxito a la pintura mural, modalidad en la que realizó excelentes creaciones.
     La amplitud del repertorio de obras conocidas de Domingo Martínez evidencia que fue un artista prolífico, ampliamente solicitado por la clientela civil y eclesiástica sevillana y también demandado por foráneos que llevaron las obras adquiridas a lugares tan alejados de Sevilla como Madrid, Jaén, Burgos, Soria y Cuenca.
     Entre sus realizaciones artísticas más importantes destaca en primer lugar su participación en 1718, con Gregorio Espinal, en la decoración mural de la capilla sacramental de la iglesia de San Lorenzo de Sevilla, donde ejecutó obras de simbología eucarística que han llegado muy mal conservadas hasta hoy. Posteriormente, en 1724 llevó a cabo el amplio conjunto pictórico que decora el interior de la capilla del colegio de San Telmo de Sevilla, entidad dedicada a educar a niños que en el futuro serían marinos de la flota española. Allí pintó, por lo tanto, un repertorio de lienzos donde los niños son protagonistas, como La presentación del Niño en el templo, Cristo discutiendo con los doctores en el templo, Cristo bendiciendo a los niños y Cristo entrando en Jerusalén. 
   En 1727, Martínez aparece realizando la decoración al temple de la bóveda del presbiterio de la iglesia de la Merced de Sevilla, con personajes bíblicos y escenas alegóricas de la misión redentora de los mercedarios.
     También hacia 1727 decoró con dos grandes lienzos el presbiterio de la iglesia del convento de Santa Paula de Sevilla en los que se representa La partida de santa Paula a Oriente y La muerte de santa Paula y hacia 1733 ejecutó los treinta y dos pequeños lienzos que se integran en el retablo de la iglesia del Buen Suceso de Sevilla y también las pinturas que se encontraban en los altares laterales de la nave de la iglesia. De 1733 es también la hermosa Inmaculada que se conserva en la iglesia de San Lesmes de Burgos, y en torno a esta fecha realizaría también La Sagrada Familia con san Francisco y santo Domingo que fue adquirida por la reina Isabel de Farnesio, quien la donó después al convento de Santa Isabel de Madrid.
     En torno a 1735, al servicio del arzobispo de Sevilla, Luis de Salcedo y Azcona, ejecutó para la iglesia parroquial de Umbrete dos pinturas de excelente calidad y de gran formato en las que representó a Santa Bárbara y a San Juan Bautista. Al servicio también del mismo arzobispo, Martínez decoró también con lienzos de gran formato la capilla de la Virgen de la Antigua de la catedral de Sevilla, narrando los principales milagros que dicha Virgen había realizado durante la conquista de Sevilla por san Fernando. La vinculación de Martínez con el arzobispo Salcedo culminó con la realización por parte del artista del magnífico Retrato que representa a dicho prelado y que se conserva actualmente en el palacio arzobispal de Sevilla.
     Otras obras importantes de Martínez son La apoteosis de la Inmaculada, que se conserva en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, obra que puede fecharse en torno a 1735. De 1740 es la representación de La Virgen de los Reyes con san Hermenegildo y san Fernando, que se conserva en la capilla del Alcázar de Sevilla; en torno a esta misma fecha puede situarse El nacimiento del profeta Elías, que pertenece al Banco Bilbao Vizcaya Argentaria en Madrid. También obras importantes de esta época son la representación de San Ignacio en la cueva de Manresa, que pertenece al convento de Santa Isabel de Sevilla y La Coronación de la Virgen, que se conserva en la iglesia de la Hermandad de las Cigarreras de esta misma ciudad. Hacia 1675 finalizó en Sevilla el proceso decorativo llevado a cabo en los muros de la iglesia de San Luis de los Franceses, donde se representa una Apoteosis de la Orden jesuítica y de estos mismos años debe de ser la pintura de La Divina Pastora que se guarda en el convento de los capuchinos de Sevilla.
     Obras realizadas para Jaén hacia 1745, son La Transfixión de la Virgen, conservada en la catedral de dicha ciudad y El Niño Jesús pasionario que figura en la portezuela de un sagrario en la parroquia de San Mateo de Baños de la Encina.
     Importante es también el conjunto pictórico realizado por Martínez para decorar la iglesia del Antiguo Hospital de Mujeres de Cádiz, obra ejecutada hacia 1748 y que es, por lo tanto, una de las últimas realizaciones artísticas de este pintor.
     Fue también Martínez excelente intérprete de temas profanos, como reflejo de la existencia en Sevilla en el segundo tercio del siglo XVIII de un intenso ambiente cultural que proporciona a los artistas referencias literarias o mitológicas; así lo constata el precioso conjunto de cuatro pinturas que representan las estaciones del año y que se conservan en una colección particular de Vigo, o El Niño pastor flautista, que pertenece a una colección de Hamilton (Canadá). Sin embargo, la obra culminante de asunto profano de Martínez fue la realización de ocho pinturas en las que se representan otros tantos Carros alegóricos que la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla le encargó para que sirvieran de testimonio y recuerdo de las fiestas y desfiles celebradas en esta ciudad con motivo de la exaltación al trono de España de los reyes Fernando VI y Bárbara de Braganza. Constituyen estas pinturas una extraordinaria aportación para el conocimiento del ambiente urbano de la Sevilla de aquella época y también de la fisonomía de las distintas clases sociales que participaron o contemplaron los citados festejos (Enrique Valdivieso González, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Carro del Agua", de Domingo Martínez, en la sala XI del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Sala XI del Museo de Bellas Artes, en ExplicArte Sevilla.

viernes, 5 de junio de 2026

El Pabellón de Corea, de Hak-Sun Oh, para la Exposición Universal de 1992

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Pabellón de Corea, de Hak-Sun Oh, para la Exposición Universal de 1992, de Sevilla.
     Hoy, 5 de junio, es el aniversario del Día Nacional (5 de junio de 1992) de Corea en la Exposición Universal de 1992, de Sevilla, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el Pabellón de Corea, para la Exposición Universal de 1992, de Sevilla.
     El Pabellón de Corea, para la Exposición Universal de 1992 [nº 98 en el plano oficial de la Exposición Universal de 1992], se ubicaba en la Avenida 1 o del Agua, actual calle Tomás Alba Edison, entre los de Puerto Rico y Rank Xerox; en el Barrio de Triana Oeste, del Distrito Triana.        
     En Expo'92 de Sevilla, Corea expone ante el mundo lo más notable de sus tradiciones y sus 5.000 años de historia.
     El diseño exterior del Pabellón co­reano recreo el ambiente festivo de un Janchijip, simbolizando una casa de banquetes para la celebración de acontecimientos. Su diseño interior expresa con imágenes de manos -consideradas el origen de la creatividad- la unión de la tradición con la tecnología moderna, el pasado con el presente y Oriente con Occidente. Los descubrimientos científicos de la nación se pueden contemplar en las maquetas, fotografías y artefactos de un barco revestido de hierro, un pluviómetro y un reloj de sol, considerados los más antiguos del mundo.
     En el Pabellón se presenta además, en más de cien monitores de televisión, un moderno espectáculo de vídeo creado por Nam-June Paik, maestro del videoarte.
     El Pabellón cuenta con un audito­rio de doscientas butacas para la presentación de películas en pantallas múltiples y para la actuación de bailes tradicionales. Junto a la salida se ofrece a los visitantes información turística sobre la tierra de la tranquilidad matinal (Guía Oficial Expo '92. Sevilla, 1992).
      El Pabellón de Corea del Sur se concibió como un edificio de carácter efímero aunque, finalmente, consiguió salvarse de la piqueta. Se encuentra situado en la calle Tomas Alba Edison, antigua Avenida 1 o del Agua, entre los Pabellones de Puerto Rico y de Rank Xerox. 
     El edificio recrea un "Janchijip", una casa típica de Corea donde se celebran banquetes. Ha sufrido notables modificaciones en su primera planta, además del cambio de color de sus columnas exteriores del rojo original a un azul oscuro, así como la restauración de su carpa superior, pero el espacio exterior es prácticamente el original.
     Bajo el lema "Corea, compañero del Descubrimiento", los contenidos del pabellón se presentaron girando en torno a la relación entre Oriente y Occidente. Su fachada, decorada con adornos y elementos festivos típicos de la región, estaba presidida por la "Puerta de la Eterna Juventud", símbolo de la esperanza en la inmortalidad. A ella se unían elementos como el "Tambor del Dragón", tradicional aviso para comenzar la fiesta, el "Patio de Fiesta" y una pared con distintos diseños florales típicos.
     En el interior se desarrollaban cinco zonas expositivas en las que se exhibían los patrimonios más antiguos del país. Se podía visitar, entre otras cosas, una proyección en tres dimensiones que muestra el origen y creación del alfabeto coreano, la maqueta de una casa tradicional y los trabajos de vanguardia del artista coreano Nam Jum Paik, que se emitían en un gran video-wall. Junto a este último, se presentaba un ordenador denominado "diccionario-computador", donde le visitante podía traducir palabras del coreano al español e imprimirlas a modo de souvenir.
     En la siguiente sala, dedicada a la Exposición Internacional de Taejon '93 y bajo el lema "El desafío de una nueva vía al desarrollo", se mostraba el estado de las instalaciones mediante fotografías y vídeos, así como una maqueta a escala del plano general. La quinta sala, "Manos de coreanos", es una sala de representaciones con capacidad para 200 personas en las que se representaban las danzas folclóricas coreanas que se realizaban todos los días, siendo uno de los mayores atractivos del pabellón. Además, se proyectaba el documental "Las manos de Corea", donde se mostraba el espíritu hábil y creativo de este país. 
     Bajo el lema "Manos de reunión", la última sala mostraba toda la belleza turística de Corea, así como una tienda de souvenirs. Todo ello se complementaba con un restaurante donde se podía saborear la típica comida coreana.
     Tras la Muestra, y desde el comienzo de Cartuja 93, el pabellón fue sede de Tecnológica Componentes Avanzados S.A., una agencia dedicada al aprovisionamiento centralizado de componentes y una de las primeras empresas en ocupar el parque tecnológico. Actualmente el edificio está ocupado por Alter Technology, una firma sevillana dedicada al campo de la alta tecnología, principalmente en el campo de la aeronáutica espacial y los satélites artificiales (Blog Pasaporte Expo 92).
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viernes, 14 de noviembre de 2025

La legendaria y desaparecida Puerta del Parque, o de la Judería

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la legendaria y desaparecida Puerta del Parque, o de la Judería, de Sevilla.
      La legendaria Puerta del Parque, o de la Judería, debía encontrarse entre la Plaza de Refinadores y el Callejón del Agua; en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo, de Sevilla.
     La ciudad no se explica ni se entiende sin sus mitos. Aquí jamás estuvo clara la linde entre la historia y la leyenda, entre lo real y lo imaginado. La ciudad se asienta sobre verdades que posiblemente nunca lo fueron. Quizá Sevilla no exista, que solo haya sido un sueño que alguien tuvo alguna vez.
     Sobre una ominosa necrópolis hebrea creció la onírica fronda de los majestuosos ficus cuya sombra nemorosa, proyectada desde alturas imposibles, envuelve con el halo irreal de la leyenda los jar­dines que llevan el nombre del pintor Murillo. En Sevilla, lo real, aquello que de verdad existe, debe no parecerlo si quiere cobrar verdadero aprecio entre unas gentes que han aprendido a valorar más las obras de la imaginación que las del ingenio. Por eso el valor que da el sevillano a los Jardines de Murillo; porque resultan irreales, fruto de un espejismo, una creación de la mente, empeñada en construir una ilusión donde guarecerse, huyendo del rigor insobornable de la realidad. Se dice que por entre la húmeda penumbra que aquí perpetúan los árboles que conformaron este breve y bello universo aparte, acaso porque hundan sus raíces en los negros recuerdos que guarda la lóbrega e inaccesible memoria de la tierra que los alimenta, circulan presentimientos de sangre, fantasmagóricos ecos de un ayer terrible, gritos apagados de muertos que siguen sin des­cansar aunque sus asesinos lleven siglos ardiendo en el infierno. Una vez más, la verdad y la mentira, la historia y la leyenda, vuelven a cruzarse en la ciudad, confundiéndose y confundiendo a quien trata de descifrarlas. Porque este lugar, que tan inveterado se antoja, que tan eterno e indispensable parece, no es en verdad sino una invención reciente, una brillante ocurrencia que un periodista, José Laguillo, y un arquitecto, Juan Talavera, tuvieron hace apenas un siglo. La historia real y antigua yace en cambio oculta, fuertemente aferrada por las filamentosas raíces de los irreales ficus que llenan los jardines de una sombra legendaria, confinándola con sus ígneas garras de enormes tendones en el secreto al que la ciudad condena sus verdades más incómodas. Toneladas de arena se echaron una vez sobre aquella verdad para ahogarla. Y hasta es posible que se cegase la puerta que podría haber conducido hasta ella.
     Era inevitable, necesario, imprescindible, que la muralla  de Sevilla contase entre sus puertas con un mito. Una puerta de la que solo hablase la leyenda, ese rumor llegado desde no se sabe qué con­ fin del ayer. Una puerta de la que nadie supiera nada, aunque todos creyeran saber algo. Una puerta de la que se hubiera oído hablar, mas fuera imposible saber a ciencia cierta dónde estaba. El historiador Ortiz de Zúñiga elucubra respecto a su posible existencia y nos habla de una puerta que pudo haber sido la Puerta de la Judería. Cierto es que con tal denominación, desde luego justificada, fue también conocida la Puerta de la Carne, sin embargo, Ortiz de Zúñiga juega con la hipótesis de la posible existencia de otra puerta, la verdadera y primitiva Puerta de la Judería, que, según sus cábalas, habría estado en otro lugar, más cerca, según dice, del Alcázar; puerta que en algún momento y por quién sabe qué razones habría sido cerrada y, con el tiempo, olvidada. Imposible resulta no relacionar tal elucubración con los hechos ocurridos el 6 de junio de 1394 cuando, instigada por las prédicas antisemitas del arcediano de Écija, Fernando Martínez, la población cristiana de Sevilla invadió el barrio judío, masacrando a su población y poniendo fin a la pre­sencia hebrea en la ciudad. Las víctimas de aquella matanza fueron enterradas en fosas comunes abiertas extramuros, justo en el lugar donde andando el tiempo brotaría el onírico paisaje de los Jardines de Murillo. La elección del lugar no fue casual, pues en él empe­zaba la necrópolis de la aljamía de Sevilla, la cual se prolongaba hasta el barrio de San Bernardo, según han evidenciado investiga­ciones arqueológicas. De lo que sin embargo no ha aparecido indicio alguno es de la misteriosa puerta cuya existencia sugiere Ortiz de Zúñiga. Sí, en cambio, han existido, y todavía existen, puertas en el Alcázar que dieron acceso al exterior de la ciudad, por lo que tam­bién podrían ser consideradas como puertas de esta, de las que se sabe poco y nunca aparecen referidas en el inventario de las que tuvo la antigua muralla. Una de esas puertas es la llamada del Privilegio, abierta en el lienzo de la antigua muralla almohade que Vermondo Resta transformó en la que hoy en día conocemos como Galería de Grutescos. Una muralla que separaba los jardines del Alcázar de la llamada Huerta del Retiro, también de propiedad real, pero entonces fuera del recinto palaciego. Siguiendo con los juegos espe­culativos a los que nos invita Ortiz de Zúñiga, cabría preguntarse si esta Puerta del Privilegio, o quizá el pequeño Postigo de la Traición que se abre junto a ella, podrían identificarse con la también des­conocida Puerta del Parque de la que asimismo habla el analista cuando refiere la huida de don García de Porras, el hombre a quien enviara el rey Felipe IV para someter a los revoltosos de la calle Feria que en 1652 se levantaron para protestar por la carestía del pan al grito de «Viva el Rey y muera el mal gobierno". Como quiera que los sublevados llegaron a llevar las de ganar en los primeros momentos, el tal García de Porras se vio obligado a huir de la ciudad, saliendo de ella -precisa Ortiz de Zúñiga- "por la Puerta del Parque", precisamente. Por cierto que Ortiz de Zúñiga también cuenta que don García no paró de cabalgar hasta que llegó a Carmona. Luego volvería con aviesas intenciones, además de refuerzos, para sojuzgar a sangre y fuego a los hambrientos amotinados, aunque esa es ya otra historia. La historia de siempre, en realidad. Todo eso, sin embargo, sigue sin aclararnos la posible existencia de la misteriosa Puerta de la Judería, que, en base a las elucubraciones de Ortiz de Zúñiga, no debía de pertenecer al Alcázar, por lo que obviamente ni la del Privilegio ni la de la Traición ni tampoco la desconocida del Parque podrían serlo. Probemos, pues, a seguir especulando a ver hasta dónde llegamos.
     Entre la Puerta de la Carne y el recinto del Alcázar, se abren hoy en día tres accesos al interior de la ciudad: uno en la plaza de los Refinadores, otro en la de Santa Cruz y un tercero en la de Alfaro. ¿Podría corresponderse alguno de ellos con el de la ignota puerta ? En absoluto. La realidad histórica constatada es que hasta principios del siglo XX, dichas plazas fueron una suerte de callejones sin salida, recoletas barreduelas en culo de saco por las que no se iba a ninguna parte, pues entonces aún estaban en pie los restos de la muralla que tapaban las salidas que hoy tienen hacia los Jardines de Murillo. Sin duda debieron de tener su encanto, pues a todas estas plazuelas cerradas solo era posible acceder a través de estrechas callejas. Hubo, no obstante, quien pensó que la situación de las tres mejoraría si el lienzo de muralla que las aislaba de la mitad del mundo era eliminado. Ese hombre fue el periodista José Laguillo, quien a tal fin estuvo promoviendo desde El Liberal, diario del que era director, una campaña para que la Casa Real cediera a la ciudad parte de los terrenos de la Huerta del Retiro con el fin de convertirla en unos jardines públicos. Tanto insistió que finalmente se salió con la suya. En 1911, el rey Alfonso XII cedió a los sevillanos una considerable faja de la Huerta del Retiro, donde el municipio creó lo que al principio la gente llamó "el parque chico", adoptando años más tarde su nombre actual, Jardines de Murillo, también como consecuencia de una idea del citado Laguillo. Al menos eso se atribuye él mismo en sus memorias, particularmente jugosas cuando se ocupa de este capítulo. Jugosas y reveladoras, porque su bien intencionado empeño no lo tuvo en absoluto fácil para ser llevado a cabo. Lean, lean:
     "¿No parecerá hoy inverosímil que hasta algunos propietarios de la zona misma beneficiada, los más inmediatos perceptores del ventajoso cambio, opusieran resistencia al ensanche del Barrio de Santa Cruz, y declamaran a todos los vientos que el Callejón del Agua y la Plaza de Refinadores iban a perder su encanto?
     Pues cuando ya la cesión (de los jardines) estaba hecha y el espíritu de resistencia nada podía hacer contra lo consumado, los obstructores eternos se agarraron a la espinosa cuestión del exorno de los futuros jardines y si era mejor o peor un arco para la comunicación viaria con la Plaza de Santa Cruz. Para tratar de esto, reunióse una tarde el cenáculo de técnicos en un salón alto del Círculo de Labradores, asistiendo entre otros, que recuerde, el alcalde Halcón, los señores José Gestoso, Lupiañez, Gonzalo Bilbao, Carlos Cañal, Luis Moliní, Colombí, Amores, Ayala, Parladé, Borbolla, Tomás de Ibarra y algunos expertos en materia de arte y urbanística. Recuerdo todavía con amargura las más o menos veladas alusiones que se hicieron a la campaña del diario, llegando algunos de los presentes, en son de queja, hasta (a) reprocharme nuestra aviesa confabulación contra el tesoro artístico de Sevilla, que debía ser intangible. Y yo, que era inexperto en aquellos torneos oratorios y que repugnaba, por sistema, la discusión, defendí mal mi punto de vista, que no era otro que el de embellecer el lugar, que realzar las atracciones del Barrio, todo conforme con lo que se hizo después y pareció bien a todo el mundo. ¿Es posible que, aquella tarde, hombres como Gestoso rompieran lanzas por mantener la Plaza de Refinadores como se hallaba, arrumbadero de basuras y rincón escondido sin más que dos ruines boquetes de acceso? ¿Y es creíble, como no fuese por espíritu sistemático de oposición, que se desaprobara mi idea de convertir aquel sector en verjel (sic) como están los terrenos actuales de los Jardines de Murillo?".
     Lo cierto es que, a pesar de haber perdido, como reconoce, aquella justa dialéctica, José Laguillo logró finalmente que la ciudad llevara a cabo su propuesta. Cayó la muralla que cegaba las plazas de Alfaro y Refinadores y en la de Santa Cruz se creó la calle Nicolás Antonio sobre el terreno que a tal fin cedió el propietario de la finca del número 9, abriéndose de este modo las nuevas salidas que en lo sucesivo comunicarían estas tres plazas con la nueva zona verde que estrenaba la ciudad. Una reforma en la que tendría una intervención capital un buen amigo de Laguillo, el arquitecto Juan Talavera, quien precisamente habitaba entonces la casa que hoy ocupa el tablao Los Gallos. Talavera reformó la plaza de Santa Cruz, trasladando a ella la vieja cruz de la Cerrajería, también llamada de las Sierpes, pues durante siglos estuvo en la confluencia de las dos calles así llamadas. Hace apenas poco más de una centuria que se configuró este rincón de la Sevilla eterna, donde más de uno sería capaz de imaginar deambulando a sus milenarios mitos, desde Hércules a don Juan pasando por la Susona. Nadie, sin embargo, se acuerda aquí de José Laguillo.
     En cuanto a la misteriosa Puerta de la Judería sobre cuya existencia especulaba Ortiz de Zúñiga, parece evidente que nunca existió. Aunque buscándola, hemos acabado hallando una historia olvidada, de las muchas que Sevilla guarda en su amnésica memoria (Juan Miguel Vega, Veintitantas maneras de entrar en Sevilla. El Paseo. Sevilla, 2024). 
        Es una de las puertas más misteriosas de la muralla, tanto que ni siquiera está clara su existencia. A veces se confunde en las crónicas con la de la Carne y otras con un postigo del Alcázar que no siempre se abría. El cronista Ortiz de Zúñiga es quien plantea la hipótesis de su existencia. Se sabe que la actual plaza de Santa Cruz hubo una iglesia que fue demolida durante la invasión francesa. Esa iglesia antes fue sinagoga. Cerca de ella pasa la muralla y en ese lienzo se alza la Torre del Agua. ¿Pudo haber allí una puerta? Su ubicación, si es que existió, resulta difícil averiguar. En cualquier caso, esa puerta quedó cerrada para siempre y ¿olvidada? tras la masacre de los judíos de Sevilla instigada en 1394 por las prédicas antisemitas del arcediano de Écija Fernando Martínez (Exposición Puertas de Sevilla, ayer y hoy. Sevilla, 2014).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la legendaria y desaparecida Puerta del Parque, o de la Judería, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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viernes, 18 de julio de 2025

El desaparecido Pabellón de Australia, de Philip Page, David Rendón, Martínez Zúñiga y Donaire, para la Exposición Universal de 1992

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el desaparecido Pabellón de Australia, de Philip Page, David Rendón, Martínez Zúñiga y Donaire, para la Exposición Universal de 1992, de Sevilla.
     Hoy, 18 de julio, es el aniversario (18 de julio de 1992) del Día Nacional de Australia en la Expo' 92, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el desaparecido Pabellón de Australia, de Philip Page, David Rendón, Martínez Zúñiga y Donaire, para la Exposición Universal de 1992, de Sevilla.
     La Exposición Universal se ubicó en la llamada Isla de la Cartuja, que se encuentra en el Barrio de Triana Oeste, del Distrito de Triana.
   El desaparecido Pabellón de Australia [nº 87 en el plano oficial de la Exposición Universal de 1992], se encuentra en la calle Tomas Alba Edison, 6; denominada como Avenida 1 o del Agua durante la celebración de Expo'92 y el Camino de los Descubrimientos, junto al Pabellón de México.
     Australia es un país antiguo que poseía una rica herencia cultural mucho antes de la llegado de los primeros euro­peos, hace poco más de doscientos años. A través de sucesivas migraciones, Australia ha ido evolucionando hasta convertirse en una sociedad moderna, compleja y dinámica, con un estilo de vida propia y una economía desarrollada y diversificada.
     El Pabellón australiano en Expo '92 es un edificio de cinco pisos envuelto en una cortina de lona que se mueve con la brisa, evocando la línea costera de Australia y los barcos de los primeros visitantes europeos. El exterior está decorado con brillantes imágenes de colores que simbolizan la juventud, el vigor y la originalidad de esta nación.
     Una vez dentro del Pabellón, el visitante, en medio de un confortable ambiente refrigerado, descubre un vasto país cuyo tamaño es quince veces mayor que el de España, pero cuya población sólo cuenta con l7 millones de habitantes, menos de la mitad de la población española. Allí se presenta al pueblo australiano -gente creativa y hospitalaria, avanzada tecnológica y científicamente-, poseedor de un estilo de vida moldeado por su historia, su entorno y sus preocupaciones por el futuro.
     Y allí, también, se accede a los variopintos paisajes del entorno urbano y natural australiano: los arrecifes, las selvas tropicales, las espectaculares regiones costeras, las ciudades bulliciosas, el árido interior y la belleza primaveral del aislado noroeste.
     Entre las muestras que se exponen se encuentra un gigantesco acua­rio tropical, inspirado en la Gran Barrera de Arrecife de Australia, y el magnífico Huevo de la Biblioteca Argyle, una de las más grandes crea­ciones en oro hechas a mano en este siglo, que contiene unos veinte mil diamantes de color rosa. Estas piezas forman parte de una colección de muestras ilustrativas del carácter de las gentes, los productos y el estilo de vida australianos, y que se exponen en una serie de galerías dispuestas alrededor de un atrio central salpicado de cascadas refrescantes y donde exóticos pájaros y mariposas vuelan en un frondoso entorno de selva tropical.
     Finalmente, como culminación de la visita y gracias a una tecnología exclusiva, los visitantes realizan un viaje único por toda Australia, en el que se capta la grandiosidad, la belleza y la vastedad de Australia junto con la diversidad y simpatía de sus gentes.
     El Día Nacional de Australia en Expo '92 es el sábado 18 de Julio de 1992 (Guía oficial de la Expo '92).
   El Pabellón de Australia se encontraba en la Avenida 1 o del Agua, actual calle Tomas Alba Edison, junto a los pabellones asiáticos y frente al Pabellón de México. Actualmente, en su parcela se encuentra el edificio que ocupa el Centro Nacional de Aceleradores.
     Consistía en un edificio de cinco pisos y un patio central, cuya planta representaba el contorno de la isla australiana. En el exterior, una lona ondulada sustentada por estructuras de acero, dejaba pasar la luz hacia el patio interior, a la vez que estaba decorada con los colores del símbolo del pabellón.
     Los contenidos del pabellón fueron, en su mayoría, audiovisuales, llegando a ser el pabellón con mayor número de proyectores de diapositivas: un total de 156, de los que 67 eran en formato 70 mm. (El doble de rápido) que proyectaban hasta 3.000 diapositivas.
     La estrella del pabellón fue un cine con capacidad para 600-700 personas y una pantalla de proyección 360º, donde la plataforma en la que se encontraba el público era giratoria en el sentido contrario al de la proyección, consiguiendo un efecto de mayor velocidad y la sensación del movimiento de la pantalla en vez del de la sala. En pantalla se proyectaba la película "Experience Australia", donde se mostraban imágenes del país, las costumbres de los aborígenes, sus grandes llanuras y montañas nevadas, así como la fauna y flora autóctonas o los deportes típicos nacionales. En otras salas, como la del Oeste o la de Argyle, se mostraban imágenes de las zonas menos conocidas de Australia, así como de la mina de diamantes más grande del mundo, respectivamente.
     Entre sus contenidos, también se mostraba el Huevo de la Biblioteca de Argyle, una joya con 22.000 diamantes rosas y 15 kilos de oro, del que se explicaba su sistema de fabricación en un gran video-wall de 3x3 monitores.
     El pabellón australiano participó en el Programa Raíces, un proyecto para que varios pabellones expusieran al público distintas especies vegetales autóctonas. Así, en el interior del pabellón se recreó una selva tropical donde se instalaron especies autóctonas australianas como la Dicksonia antártica. Al finalizar la Exposición Universal, estos ejemplares, conocidos popularmente como "helechos tronco", fueron donados a la ciudad de Sevilla, que los instaló en el Parque María Luisa, incluyendo un sistema de riego exclusivo para él, así como una placa identificativa. Lamentablemente, tras fallar el sistema de riego y debido al clima sevillano, este ejemplar se perdió años después (Blog Pasaporte Expo 92).
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lunes, 7 de julio de 2025

El desaparecido Pabellón de Cabo Verde, en el Pabellón Plaza de África (actual sede de la Confederación de Empresarios de Andalucía, CEA), de Álvaro Navarro, y Miguel M. de Castilla, para la Exposición Universal de 1992

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el desaparecido Pabellón de Cabo Verde, en el Pabellón Plaza de África (actual sede de la Confederación de Empresarios de Andalucía, CEA), Álvaro Navarro, y Miguel M. de Castilla, para la Exposición Universal de 1992, de Sevilla.
      Hoy, 7 de julio, es el aniversario (7 de julio de 1992) del Día Nacional del Congo en la Expo '92, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el Pabellón del Congo, para la Exposición Universal de 1992, de Sevilla.
     La Exposición Universal se ubicó en la llamada Isla de la Cartuja, que se encuentra en el Barrio de Triana Oeste, del Distrito de Triana.
     El Pabellón Plaza de África [nº 91 en el plano oficial de la Exposición Universal de 1992], se encuentra en la manzana delimitada por las calles Euclides, Pitágoras, y Arquímedes, junto a lo que fue la Plaza del Agua y frente a la parcela que ocupaba la Plaza Sony (durante la Expo '92), al norte del recinto de la Cartuja; el Barrio de Triana Oeste, del Distrito Triana.
     Al igual que ocurriera con el Pabellón Plaza de América, este pabellón se concibió conjunto y de carácter permanente, estando integrado por 15 países del África subsahariana que no tenían los medios suficientes para ubicar un pabellón propio en la Expo '92: Angola, Cabo Verde, Santo Tomé y Príncipe, Guinea Bissau, Camerún, Congo, Costa de Marfil, Gabón, Guinea Ecuatorial, Kenia, Mozambique, Nigeria, Senegal y Zimbabwe.
     El edificio, de 14.925 metros cuadrados, estaba dividido en dos partes: el principal, donde se ubicaban los pabellones, por el que se accedía mediante una pasarela sobre un estanque que rodeaba el cuerpo geométrico de cristal que lo componía y otro donde se encontraba una sala de proyecciones y espectáculos y la zona administrativa y de gestión, de tal manera que de las 7 plantas del pabellón, sólo 3 estaban dedicadas a exposición.
     Es en esta zona donde se exhibe toda la diversidad del continente africano: Angola exhibía sus posibilidades económicas, el Congo, la historia de sus culturas, mientras que Cabo Verde, Sto. Tomé y Príncipe, y Guinea Bissau exponían la incorporación de la herencia como antiguas colonias portuguesas a lo autóctono. Mientras tanto, países como Kenia mostraban sus fuertes: el atletismo y la alfabetización.
     El Pabellón Plaza de África fue construido por la Confederación de Empresas de Andalucía (C.E.A.) para convertirse en sede de este organismo tras la finalización de la Exposición Universal, acogiendo actualmente la sede del Centro de Servicios Empresariales de Andalucía (C.S.E.A.), que presta servicios como el Gabinete de Asesoramiento del Medio Ambiente y el Servicio de Modernización Tecnológica.
     A día de hoy, es uno de los edificios que menos cambios ha sufrido e, interiormente, solo ha tenido las modificaciones necesarias para adaptar el pabellón a sus nuevos usos. Exteriormente, se realizó un aparcamiento para el edificio en la parcela que ocupaba la estación norte del monorraíl, frente a la fachada principal (Blog Pasaporte Expo 92).
     Situado en el Atlántico medio y a 500 km de la costa de Senegal, Ca­bo Verde es un archipiélago de diez islas y siete islotes, estando habitadas sólo nueve islas. Descubiertas por los portugueses en 1460, estas islas se transformaron rápidamente en un im­portante enclave comercial en las rutas de los navegantes europeos de la Era de los Descubrimientos. Colonia portuguesa hasta el 5 de julio de 1975, Cabo Verde ingresó en la Comunidad de Naciones, después de una lucha armada de liberación nacional que duró trece años.
     Hoy es un estado de derecho que proyecta su desarrollo sobre la base de una democracia pluripartidista. Cabo Verde, que el l3 de enero de 1991 votó el fin del sistema de partido único que imperó en el país durante los quince años de independencia, decidió modernizarse y participar en los futuros grandes desafíos que encara la humanidad (Guía oficial de la Expo '92).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el desaparecido Pabellón del Congo, en el Pabellón Plaza de África (actual sede de la Confederación de Empresarios de Andalucía, CEA), de Álvaro Navarro, y Miguel M. de Castilla, para la Exposición Universal de 1992, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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jueves, 12 de junio de 2025

El desaparecido Pabellón de Filipinas, de Francisco Mañosa, para la Exposición Universal de 1992

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el desaparecido Pabellón de Filipinas, de Francisco Mañosa, para la Exposición Universal de 1992, de Sevilla.
     Hoy, 12 de junio, es el aniversario del Día Nacional (12 de junio de 1992) de Filipinas en la Exposición Universal de 1992, de Sevilla, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el desaparecido Pabellón de Filipinas para la Exposición Universal de 1992, de Sevilla.
     El Pabellón de Filipinas, para la Exposición Universal de 1992 [nº 94 en el plano oficial de la Exposición Universal de 1992], se ubicaba en la Avenida Uno o del Agua, actual calle Tomas Alba Edison, junto a los de Tailandia, Singapur, Indonesia y Malasia; en el Barrio de Triana Oeste, del Distrito Triana.   
     Las Filipinas, un archipiélago de 7.107 islas, se extienden desde el sur de China hasta el extremo norte de Borneo. El Pabellón muestra las diversas influencias que han enriquecido nuestra herencia. Nuestro Pabellón guarda cierto parecido con una casa del siglo XIX, con su techo de bambú. Su torre cuenta con tres murales que permiten a los espectadores recorrer, en un viaje visual y lleno de color, nuestra historia.
     El mapa de Filipinas, que se encuentra en el vestíbulo, muestra las principales zonas de comercio y turismo. Este mapa y la sala audiovisual proporcionan una panorámica del país.
     En la zona del recinto dedicada a exposición se destacan las diversas influencias a las que ha estado sujeto el archipiélago, comenzando con una muestra de orfebrería del siglo X y paneles de tela musulmana tradicional y siguiendo con una muestra de cerámica y de bordados llegados a nuestro país a través del comercio con China.
     El descubrimiento español de las islas en 1521 y su legado católico aparecen en una muestra de fachadas de iglesias monumentales. Por fin, una vista de la Bahía de Manila. Luego la tienda Fiesta Filipina y el restaurante Manila (Guía Oficial Expo'92. Sevilla, 1992).
     El pabellón de Filipinas se encontraba situado en la Avenida Uno o del Agua, actual calle Tomas Alba Edison, junto a los pabellones de Tailandia, Singapur, Indonesia y Malasia, conformando una pequeña plaza con el resto de pabellones asiáticos.
     El edificio, donado al país asiático mediante una concesión del gobierno español y financiado por la organizadora de Expo'92, estaba inspirado en una casa solariega típica del país donde destacaba como elemento principal una gran torre compuesta por vidrieras coloreadas realizadas a base de conchas sustitutas del vidrio, material del que carecen en sus tierras.
     En casi 700 metros cuadrados de exposición, el país filipino mostraba al visitante su gastronomía, a través de su restaurante "Viva Manila"; sus productos típicos, en su boutique "Fiesta Filipina"; y su cultura e historia a través de audiovisuales, un punto de información y muestras de objetos milenarios procedentes del propio país.
     Concebido como un pabellón efímero, se procedió a su desmontaje y demolición tras la clausura de la Muestra, dejando libre su parcela en el primer mes de 1993 (Blog Pasaporte Expo 92).
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martes, 14 de enero de 2025

El edificio del callejón del Agua, 1

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el edificio del callejón del Agua, 1; de Sevilla.
     El callejón del Agua es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo, y va de la plaza de Alfaro, a la calle Vida
     En el jardín de esta casa existe una fuente de grutescos, con hornacina central y pinturas murales, del siglo XVI [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
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viernes, 25 de octubre de 2024

Los principales monumentos (Iglesia de San Miguel, Chorro y Lavadero, Fuente La Esfera, Museo del Agua, Torre Escalante, y Puerto Blanco) de la localidad de Istán, en la provincia de Málaga

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de San Miguel, Chorro y Lavadero, Fuente La Esfera, Museo del Agua, Torre Escalante, y Puerto Blanco) de la localidad de Istán, en la provincia de Málaga.
Datos geográficos
     Comarca de la Sierra de las Nieves
     Superficie: 99 km2
     Altitud: 303 m
     Latitud: 36º 35'  -  Longitud: -4º 57'
     Distancia a Málaga capital: 77'4 km
Datos demográficos
     Población: 1.621
     Gentilicio: Panochos
Ayuntamiento
     c/ Empedrada, 32, 29611
     952869603-753 - 952869665     www.istan.es
      Istán es un municipio de origen árabe situado en pleno Parque Natural Sierra de las Nieves y a tan sólo 15 km de las playas de Marbella. La belleza de la naturaleza que lo rodea, el paso del río Verde, sus fuentes y la magia de sus rincones hacen que Istán sea conocido popularmente como el "Manantial de la Costa del Sol". Además, la cercanía con Marbella te permitirá combinar el descanso con actividades de ocio nocturno o la práctica del golf. ¿A qué esperas para venir a descubrirlo?.
     En Istán no puedes perderte sus monumentos: 
     Para comenzar la visita por Istán, te recomendamos la Torre de Escalante, el edificio más antiguo del pueblo que encontrarás en la calle San Miguel. Fue construida durante la época nazarí y cuenta con la distinción de Bien de Interés Cultural. En origen, pudo ser una de las construcciones para la defensa de Marbella. La Torre conserva el patio de las caballerizas, su recinto en forma de bóveda y un arco de medio punto.
     Seguimos por la iglesia de San Miguel, construida en el siglo XVI y otro de los escenarios en los que se vivieron las disputas entre árabes y cristianos. Este templo fue incendiado por los moriscos en el año 1569 y reconstruida más adelante. Tiene una única nave con techos de madera y alberga imágenes de importante valor artístico. También dedicada a este santo es la ermita de San Miguel. A tres kilómetros del centro de Istán y alojada en una cueva, las vistas de la sierra, valle del río Verde y el mar al fondo son inigualables.
     El agua es parte fundamental del paisaje de Istán y el carácter de sus vecinos. En tu paso por el municipio podrás descubrir las acequias moriscas y beber de las fuentes de estilo popular. Una de esas fuentes es la Fuente y el Lavadero de El Chorro. Junto a sus caños de cristalina agua se encuentra también las pilas en las que las mujeres del pueblo acudían a lavar la ropa. Por último, te recomendamos visitar el Museo y Centro de Interpretación del Agua. En este espacio expositivo y de interpretación podrás conocer un poco más sobre la histórica relación de los recursos hídricos en la comarca de la Sierra de las Nieves (Diputación Provincial de Málaga).
      Situada entre las sierras Real y Blanca, a 24 km. de Marbella, esta pintoresca villa debe su existencia al agua, abundante, que además configuró los barrancos donde se asienta. Su fundación data de 1448 cuando los musulmanes defensores del castillo de Arboto, en la Serranía, a unos 4 km. hacia el norte, se asentaron en este lugar, participando activamente su población en las revueltas moriscas. Son sus calles empinadas y estrechas, de aspecto morisco, con numerosas fuentes y complejos sistemas de regadío en sus huertas y bancales; en la parte alta se encuentra una antigua torre nazarí, la llamada Torre de Escalante, que estaba adosada al Corral del Concejo. Su término forma parte del conjunto de la Sierra de las Nieves (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
 
Iglesia de San Miguel
     Su iglesia, bajo la advocación del patrón de Istán, debe la mayor parte de su fábrica a las ampliaciones y reformas realizadas en el siglo XVIII, y en 1960, sobre la primitiva iglesia de principios del siglo XVI. Consta de una  nave, con armadura de madera y tres camarines en el muro de la cabecera, que cuelgan al exterior sobre el nivel de la calle.
     La fachada sobresale por la espadaña y la portada, con acceso bajo arco de medio punto y frontón, resaltados en ladrillo (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     La iglesia, reconstruida en el primer tercio del siglo XVIII, tiene una sola nave rectangular con armadura sencilla de madera y una estancia cuadrada que se abre en el lado de la Epístola. El muro de la cabecera no es recto, manifestándose al exterior los antiguos camarines colgados sobre la calle.
     En su exterior debemos reseñar su portadita de ladrillo enfoscado -muy restaurada en época reciente-, que tiene acceso de medio punto jalonado por pilastras, entablamento y frontón partido para cobijar un claro coronado de frontón triangular. En la esquina de los pies, del lado del Evangelio, se dispone una interesante espadaña en ángulo con un claro para campanas a cada lado (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Construida en el siglo dieciséis por orden del arzobispo de Sevilla Diego de Deza, siendo restaurada a principios del siglo siguiente y ya mucho más recientemente en 1950.
     Consta de una sola nave rectangular con armadura de madera y una estancia cuadrada al fondo de la Epístola. La fachada principal se compone de un arco de medio punto entre pilastras, que sostiene un frontón triangular abierto para cobijar un templete.
     La espadaña consta de dos arcos de medio punto unidos en forma de ángulo y rematados por machones curvos para albergar las campanas (Diputación Provincial de Málaga).

El Chorro y Lavadero

     Se puede considerar como la imagen más emblemática del pueblo. Situada en la calle Chorro, zona pintoresca de fachadas blancas en cuya escalinata lucen las buganvillas y rosales, convirtiendo el rincón en un encantador espacio de obligada visita.
     La fuente de El Chorro consta de siete caños y se abastece de antiguas canalizaciones de origen árabe. El agua pasa desde la fuente hasta el lavadero (todavía de utilidad), adornado con arcos de ladrillo visto y azulejos (Diputación Provincial de Málaga).

Fuente La Esfera
     Inaugurada en octubre del año 2003. El encargado de su diseño fue el autor local Salvador Calvo Marín, afincado en Estados Unidos, y nombrado hijo predilecto de Istán.
     Recuerda la presencia constante del agua como elemento imprescindible del paisaje de Istán y de sus alrededores.
     Cinco elementos destacan en esta fuente: el agua (en Istán el agua ha tenido una relevancia histórica debido a la presencia de sus manantiales, acequias, etcétera), la esfera de mármol verde (símbolo de la totalidad), los metales oxidados (sugieren el paso del tiempo que no es otra cosa que la recuperación de la memoria), los muros blancos laterales (se identifican o se hermanan con el blanco tradicional de los pueblos mediterráneos) y la alberca o estanque principal (que evoca abrevaderos, acequias de regadío y sobre todo, nos recuerda su existencia vital en épocas estivales) (Diputación Provincial de Málaga).

Museo del Agua

     Este municipio se encuentra entre las localidades con mayor riqueza y experiencia en la cultura del agua de la Sierra de las Nieves, lo que le ha valido el nombre de “Manantial de la Costa del Sol”. La importancia que ha tenido este recurso se evidencia paseando por los numerosos manantiales existentes, por las acequias de origen morisco que discurren bañando huertas y bancales, así como por su trama urbana donde se encuentran un gran número de caños, fuentes y lavaderos.
     Debido a que todos estos recursos constituyen un gran atractivo para turistas y excursionistas que se acercan a la localidad, el Plan de Dinamización de Sierra de la Nieves, dirigido por el departamento de Turismo de la Diputación, invirtió 85.000 euros en la primera anualidad para adaptar, con fines museísticos, un inmueble de titularidad municipal que se ubicaba en la conocida como Casa de Doña Paquita.
     El diseño interior del Museo del Agua es vanguardista y con él se quiere mostrar a todos los visitantes el papel esencial que el agua juega en la vida. En la edificación destaca la construcción de un pequeño canal en el suelo, que desemboca en una piscina acristalada y, además, existe una sala audiovisual para proyecciones divulgativas e interpretativas sobre el agua. Junto a este museo se ha creado una Oficina de Información Turística que fue cofinanciada entre el Ayuntamiento y fondos del Plan de Empleo del Área de Recursos e Iniciativas Locales de la Diputación de Málaga (Diputación Provincial de Málaga).

Torre Escalante
     Esta torre de origen árabe, se sitúa en la parte más alta del pueblo, en la calle San Miguel. Construida en el siglo quince, formaba parte de la antigua fortaleza. Su construcción es de forma cúbica formada por hiladas de piedras, arcos y una bóveda. Está declarada como Bien de Interés Cultural. Actualmente está restaurada y rodeada por un coqueto jardín (Diputación Provincial de Málaga).

Puerto Blanco
     Se asienta sobre un saliente montañoso que asoma a una profunda garganta. Se trata de una edificación que formal y funcionalmente se divide en tres cuerpos independientes. El primer cuerpo, el principal, que está dedicado a vivienda y servicios de ésta, ocupa el nivel más alto, junto al vértice de la estribación, muy escarpado. En una cota inferior se disponen los dos elementos relacionados con la explotación del bosque de alcornoques. El primero es el cocedero de corcho o corchas y, en paralelo y muy cercano a éste, el almacén de corcho. Del conjunto sobresale en cuanto a volumen e importancia de fábrica el edificio dedicado a residencia. Se organiza en torno a un patio interior, con dos plantas de vivienda, y la cuadra en la planta baja. La gañanía es una pieza añadida al núcleo central en forma de L, que forma un patio abierto menor, y adopta al exterior un perfil curvo en la esquina. La fachada es homogénea, con vanos simétricos y enrejados. El cocedero de corchas se desarrolla en longitud y una única altura, con un espacio central recrecido donde se realizaba la cocción. Debajo de éste aparece el horno que se abre en el muro derecho. Grandes vanos de arcos rebajados organizan los muros perimetrales exteriores. Junto al cocedero, el almacén, que por su proximidad facilitaba el proceso de transformación de este producto.
     Toda la estructura es de muros de fábrica de ladrillo y viguería de madera en forjados y cubiertas inclinadas.
     El edificio, en la actualidad, se encuentra en estado de abandono, y sirve únicamente como zahúrda de explotaciones cercanas.
     Es extraño encontrar en la provincia de Málaga edificaciones asociadas a cultivos y explotaciones forestales o de montaña, que, por ejemplo, constituyen un importante apartado de la economía rural de algunas comarcas de las provincias de Cádiz o de Huelva. Para entender esta ausencia en una región tan montaraz existen razones de diversa índole. Tal vez una de las más importantes sea la explotación agrícola de la montaña malagueña, en terrenos que difícilmente se pueden definir como suelo agrario por sus pronunciados desniveles. Estos hechos se remontan al reino Nazarí, cuando se define la parcela predominante de la montaña malagueña, con cultivos arbustivos como la morera, la higuera y la vid, que sustituyeron a los bosques de encinas, alcornoques o pinsapos propios del bosque mediterráneo de estas latitudes. Sin embargo, en el extremo sur de la provincia, en concreto en los municipios de Istán, Estepona, Casares y Benahavís, aún abundan los bosques autóctonos, y en esta coyuntura geoeconómica e histórica debemos encuadrar el edificio conocido como Puerto Blanco (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

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