Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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domingo, 24 de enero de 2021

El Convento de la Visitación (Las Salesas)


      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Convento de la Visitación (Las Salesas), de Sevilla.     
      Hoy, 24 de enero, Memoria de San Francisco de Sales, obispo de Ginebra y doctor de la Iglesia. Verdadero pastor de almas, consiguió volver a la comunión católica a muchos hermanos que se habían separado, y con sus escritos enseñó a los cristianos la devoción y el amor a Dios. Fundó, junto con Santa Juana de Chantal, la Orden de la Visitación,  en Lyon entregó humildemente su alma a Dios el veintiocho de diciembre de 1622. Fue  sepultado en Annecy, en Francia, el día de hoy (1622) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
      Y que mejor día que hoy para ExplicArte el Convento de la Visitación (Las Salesas), (de la orden de la Visitación de Nuestra Señora, congregación fundada por San Francisco de Sales), de Sevilla.
     El Convento de la Visitación (Las Salesas), se encuentra en la plaza de las Mercedarias, 1; en el Barrio de San Bartolomé, del Distrito Casco Antiguo.
      La clausura más moderna de la ciudad se sitúa en la judería, entre el convento de mercedarias de San José y las franciscanas de Santa María de Jesús. Allí se ubica el convento de la Visitación de Nuestra Señora aunque aquí, igual que en Madrid, son conocidas sencillamente como las salesas Pertenece a la titulada Orden de la Visitación de Nuestra Señora (Ordo Visitationis Beatissimae Mariae Virginis), congregación fundada por San Francisco de Sales y Santa Juana Francisca Frémyot de Chantal. Sus reglas marcan una vida consagrada marcada por la pobreza y la humildad, siendo destacable la ausencia de grandes condiciones para admitir a las postulantes, por su edad. o por su viudedad. Cuando Francisco de Sales (1567-1622) fundó la orden era obispo de Ginebra entonces exiliado en Annecy, siendo acompañado por la baronesa Jeanne-Françoise Frémiot de Chantal (1572-1641). El 6 de junio de 1610, en la casa de la Galerie de Annecy, donde vivía Francisco de Sales, Juana de Chantal y Charlotte de Bréchard fundaron el Instituto de la Visitación de Santa María. En 1611, tras un año de noviciado, las primeras hermanas hicieron la profesión de manos de los fundadores. Las primeras constituciones son de 1613. Escritas por Francisco de Sales, en un principio no prescriben la clausura, pero recomiendan el "ejercicio del amor divino" mediante la visita a los pobres y los enfermos: de ahí vendrá el nombre de "visitandines" que recibirán las hermanas. Promueven especialmente la devoción por el Sagrado Corazón de Jesús, de quien Santa Margarita María Alacoque, monja salesa, recibió las revelaciones.

   El arzobispo de Lyon pidió a Francisco de Sales que se abriera un convento de salesas en la ciudad en 1615, las autoridades eclesiásticas impusieron modificaciones a las constituciones, que tomarían la forma definitiva hacia el 1616. Es el paso a la clausura según las reglas de San Agustín. La orden fue aprobada por la Santa Sede el 23 de abril de 1618, el 16 de octubre fue erigida como orden religiosa por Pablo V.
    Entre las personas que han destacado en la orden, además de los fundadores, cabe mencionar a Santa Margarita María Alacoque (1647-71), la venerable Juana Carlota de Brecharrd, primera compañera de la fundadora (1580-1637) y a la venerable María de Sales Chappuis (1793-1897), que fundó con el padre Luis Brissón los Oblatos de San Francisco de Sales.

   La orden se extendió rápidamente. A la muerte del fundador se habían fundado 11 monasterios; el año 1633 al cumplir 60 la fundadora eran ya 48; y a su muerte, 80, en Saboya y Francia, Suiza, Italia y Polonia. El primer monasterio que se fundó en España fue el de Madrid (Santa Bárbara), más conocido como convento de las Salesas Reales por el patrocinio de la reina Bárbara de Braganza como colegio y residencia de jóvenes de la nobleza, siendo enterrado en la iglesia el rey Fernando VI y la misma reina. El convento fue diseñado por el francés François Carlier aunque, debido a un viaje de éste a Parma, fue Francisco Moradillo quién lo llevó a cabo, modificando incluso el proyecto original al incluir dos torres-campanario. Las obras, comenzadas en 1750, apenas duraron 7 años, inaugurándose en 1758 con solemnes ceremonias. Será del desdoblamiento de esta comunidad en 1894 cuando surgirá el convento sevillano de la Visitación, en unas casas cedidas por el Conde de Montijo. El conjunto fue remodelado para el nuevo uso por el arquitecto sevillano Francisco Aurelio Álvarez Millán. En ese año, sor Juana de Sales, la superiora, encargó al arquitecto residente en Madrid José María Aguilar y Vela el proyecto que, finalmente, dirigiría Francisco Aurelio Álvarez Millán. Fue una actuación que siguió el eclecticismo histórico característico de finales del XIX, con elementos neogóticos y neorrománicos que recuerdan a edificios madrileños como la sede del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de la madrileña plaza de San Martín. El resultado final se puede poner en relación con otra intervención de Álvarez, la del cementerio de San Fernando, terminando la primera remodelación en 1899. Una vez realizadas las grandes líneas del conjunto, fue el arquitecto municipal sevillano Juan Talavera y Heredia el que, entre julio de 1917 y octubre de 1919, daría el aspecto final al convento, especialmente en lo referido a la ornamentación.

   La comunidad sufrió el incendio provocado de su sede en la noche del 18 de julio de 1936, al igual que otros edificios cercanos como el contiguo convento de las mercedarias. La iglesia perdió sus cubiertas y la comunidad sufrió la desaparición de numerosas obras de arte. Las monjas tuvieron que trasladarse al cercano monasterio de franciscanas de Santa María de Jesús, siendo el arquitecto Federico Jiménez el encargado de la restauración. El 29 de julio de 1936 un informe del arquitecto municipal dirigido al alcalde informa que el edificio "ha sido destruido casi en su totalidad". Al mes siguiente se procedió a tapar los huecos en sus muros para evitar posibles derrumbes y el acceso de personas ajenas a la comunidad. El arquitecto de Barcelona José María Ayxelá fue el encargado de redactar el proyecto de restauración en 1939, siendo dirigidos por Antonio Gómez Millán. Del edificio se habían perdido casi todas las cubiertas, quedando zonas ruinosas que debieron incluso ser demolidas. Respetando la idea original y aportando nuevas soluciones (como la entrada de luz natural a la mayoría de dependencias), Gómez Millán resumió la actuación con el "principio de ceñirse en todo lo posible a las características de construcción de la obra primitiva, modificada y mejorada en cuanto a techos y cubiertas en con el empleo de hierro en lugar de madera". Las obras se llevaron a cabo entre julio de 1940 y septiembre de 1941 con la colaboración del constructor José Padró. Todavía conocería el conjunto algunas reformas posteriores a cargo de Fernando Jiménez Ontiveros.

   El exterior de la iglesia presenta elementos estructurales de estilo románico con decoración bizantina realizada en ladrillo, siendo sus artífices José Gil, Antonio Gómez y Juan Talavera Heredia. Su interior presenta una nave única, según el modelo conventual sevillano, con coro bajo junto al presbiterio y coro alto en la zona de los pies. Curiosamente el coro bajo se sitúa sobre la zona destinada a cementerio, ubicada en un piso inferior. En el primer piso se sitúa una tribuna para que las monjas enfermas puedan seguir la liturgia de la iglesia. Cuatro son los tramos de la nave, separados por arcos fajones, teniendo la iglesia un pórtico de acceso que sirve de transición a la calle. Los cuatro tramos se cubren con bóveda de crucería de recuerdo medieval, con una nave muy luminosa gracias a los óculos laterales que dan al exterior. El mismo espíritu ecléctico se desarrolla en algunas ménsulas y capiteles, que siguen modelos tardogóticos de ornamentación vegetal. El patrimonio de la iglesia no muestra gran interés ya que son piezas posteriores al incendio de 1936. Preside el presbiterio un retablo neobarroco con la imagen del Sagrado Corazón de Jesús coronada en el ático por una pintura que representa la escena de la Visitación, copia moderna de un original barroco. Se estructuran sus cuerpos mediante columnas mixtilíneas neobarrocas, situándose sobre sencillas ménsulas en las calles laterales dos pequeñas imágenes de la Inmaculada y del Niño Jesús. Aunque la devoción al Sagrado Corazón de Jesús es medieval, y tiene punto de partida en los escritos de Santa Matilde de Hackeborn, Santa Gertrudis de Helfta y la beata Ángela de Foligno, la fuente más importante de su devoción es Santa Margarita María Alacoque de la Orden de la Visitación, que tuvo revelaciones en las que aparecía Cristo bajo esta advocación. El confesor de Santa Margarita María Alacoque, San Claudio de la Colombière, fue el principal propagador de la devoción
   El mismo espíritu neobarroco del retablo principal se esparce por los retablos laterales, incluso con tallas de serie, siendo el eclecticismo de la arquitectura, la luminosidad de la nave y el silencio y la paz de la comunidad lo más destacable del conjunto. Los retablos laterales se dedican a la imagen de San José con el Niño, la Inmaculada Concepción, Santa María de Alacoque y San Claudio de la Colombière.

   El convento se configura en torno a un espacioso claustro advocado del Sagrado Corazón, con vistosa columnas historicistas que sostienen arcos de medio punto. En torno al claustro se sitúa la sala capitular, que ocupa uno de sus frentes por completo, la ropería, el despacho de la abadesa o la salida a la huerta. En la planta alta se sitúan las celdas, algunas de ellas con visión a la calle, así como la enfermería. Existe otro patio titulado de la Virgen Niña en el que se sitúan el refectorio, las cocinas y otras dependencias. Toda la zona posterior del convento está ocupada por una amplia zona de jardines y huertas que son fronteros con el convento de franciscanas de Santa María de Jesús. La zona de jardines cuenta con una alberca y con amplia vegetación de árboles y de elementos de jardinería. El muro separa el edificio del contiguo de clarisas sigue el modelo de la fachada principal en lo que se refiere a la decoración por medio de sencillos apilastrados (Manuel Jesús Roldán, Conventos de Sevilla, Almuzara, 2011).
     Este monasterio, de construcción relativamente reciente, se funda en 1897 sobre unas casas del conde de Montijo. La dirección de las obra de acondicionamiento corre a cargo de Francisco Aurelio Gómez Millán. Las obras de reconstrucción y reforma, tras el incendio de 1936, corresponden a José M. Ayxelá Tarrals, finalizadas en 1939.
     El edificio se sitúa en una parcela que construye la esquina que forman la calle Vidrio con la plaza de las Mercedarias. Un amplio espacio abierto destinado a jardines y huertas se abre al fondo de la edificación con una ocupación en planta casi tan importante como la construida del monasterio.
     El edificio conventual, dado lo reciente de su construcción, cuenta con una traza de gran nitidez, organizándose en torno a un claustro principal -situado en el centro de la construcción- al que abren las principales dependencias del monasterio. A un lado y otro de este patio se abren dos más pequeños no porticados. La fachada principal, a la plaza de las Mercedarias, se construye en su totalidad con muros de carga de ladrillo visto y elementos de remate de piedra blanca en la mayoría de sus elementos ornamentales. El cuerpo central, a modo de torre, divide la fachada en dos cuerpos de distinta altura, rematados por una gran cornisa que recoge el alero de la cubierta de tejas resuelta a dos vertientes.
     En el cuerpo central se sitúa la portada principal de arco apuntado de piedra blanca y enmarcada con el mismo material. En el cuerpo superior se abre un ventanal partido, construido como el resto de los elementos ornamentales del convento con elementos historicistas neogóticos. El conjunto se remata con una pequeña espadaña del mismo material que el resto de la fachada. 
     La iglesia -pieza que ocupa la esquina- es de una sola nave de planta rectangular con capillas en sus muros laterales. Su fachada se distribuye en calles ciegas, separadas por pilastras -a modo de contrafuertes- y rematadas por grandes óculos enmarcados por ladrillos moldu­rados.
     En el templo trabajan junto a Gómez Millán los maestros José Gil y A. Gómez Cabrera, interviniendo posteriormente (1917-1919) en los trabajos de ornamentación el arquitecto Juan Talavera y  Heredia.
     El convento ocupa en planta baja, incluyendo patios y jardines, una superficie aproximada de 5.000 m2 (Guillermo Vázquez Consuegra, Cien edificios de Sevilla: susceptibles de reutilización para usos institucionales. Consejería de Obras Públicas y Transportes. Sevilla, 1988).
     El convento, fundado a finales del XIX procedente de las Salesas Reales de Madrid, se encuentra en el barrio de San Bartolomé, barrio céntrico, parte de la antigua judería, que sufrió un considerable abandono en su caserío hasta su reciente rehabilitación auspiciada por la implantación en diversas sedes de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, rehabilitando y ocupando con sus dependencias edificios de la importancia del Palacio de Altamira o la Casa Natal Miguel de Mañara.
     La iglesia, que consta de una sola nave con capillas labradas en las naves laterales, fue destruida en su interior durante la Guerra Civil de 1936-39, reconstruyéndose posteriormente pero sin recuperar el valor artístico precedente. Son las fachadas exteriores las que muestran mayor interés, iniciándose su decoración por José Gil y por Antonio Gómez Cabrera, terminándose muy posteriormente por Juan Talavera.
     Se trata de una fábrica de ladrillo visto que apuesta en su eclecticismo por un neo-románico con profusión de elementos ornamentales insertados en blanco en frontones, pretiles, apoyos de arcos, parteluces, portadas o remates de la espadaña. Mayor interés tiene el trabajo del ladrillo en los arcos, óculos y cornisas. Se trata en definitiva de un gran volumen de cuidada construcción que ayuda a la configuración urbana de su entorno.
     Es el monasterio sevillano de más reciente fundación y el único creado tras los procesos de exclaustración y reducción del siglo XIX. Su origen se produjo al desdoblarse el segundo establecimiento madrileño de las Salesas. Las monjas se instalaron en 1894, ocupando unas casas del conde de Montijo. Estaban situadas próximas al lugar donde siglos atrás se había fundado la primera parroquia de San Bartolomé, tras la conquista de la ciudad. Posteriormente, la parroquia fue trasladada muy cerca, a su actual emplazamiento tras la incautación de una de las sinagogas de la judería sevillana.
     Los cinco años siguientes a su fundación se emplearon en las reformas de las construcciones. La superiora encargó en 1894 al arquitecto José María Aguilar y Vela la redacción del proyecto de la edificaciones. La dirección de las obras corrió a cargo de Francisco Aurelio Álvarez Millán, arquitecto municipal de Sevilla.
     Estos trabajos se plasmaron principalmente en las fachadas a la plaza de las Mercedarias y la calle Vidrio, donde se construye la iglesia, configurando la esquina.
     En la ejecución de los elementos decorativos colaboraron los artífices José Gil y Antonio Gómez Cabrera, pero las labores de ornamentación se finalizan tras la reforma del arquitecto Juan Talavera y Heredia, entre 1917 y 1919.
     En Julio de 1936 el convento fue asaltado e incendiado. La reconstrucción se le encargó al arquitecto José María Ayxelá Tarrats, terminándose en 1939. Durante ese periodo las religiosas se alojaron en el contiguo convento de Santa María de Jesús (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Francisco de Sales, obispo y doctor de la Iglesia:
     Nació en 1567 en el castillo de Sales, cerca de Annecy. Entre 1580 y 1591 estudió en París y en Padua. Después de haber predicado en la región de Chablais, donde consiguió devolver a la fe católica a gran número de calvi­nistas, en 1602 fue nombrado obispo de Ginebra.
      En 1608 publicó su Introducción à la vie dévote, el libro edificante más popular del siglo XVII.
      En 1610 fundó en Annecy, con Juana Francisca de Chantal, la congregación de las hijas de la visitación, llamadas visitandinas, no en honor de la Visitación de la Virgen a su prima Santa Isabel, sino porque las hermanas se dedicaban a visitar enfermos. También se las llama salesianas en recuerdo de su fundador. Se consideraba que había pertenecido a la tercera orden de los míni­mos, por ello suele estar representado en las iglesias de dicha congregación en Italia y España.
   Murió en Lyon en 1622.
CULTO

   Beatificado en 1662, fue canonizado poco después, en 1665.
      Es patrón de Annecy, Chambéry, Ginebra, de las órdenes de las salesianas, de las salesianas de don Bosco y de la capilla de los penitentes negros de Villefranche de Rouergue. En nuestros días, fue adoptado como uno de los patrones de la prensa católica.
ICONOGRAFÍA
   Está representado calvo y barbudo, con sobrepelliz y sin mitra, aunque haya sido obispo.
      Su atributo es un corazón traspasado rodeado por una corona de espinas, y a veces un corazón inflamado que puede hacer que se lo confunda con San Agustín (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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Horario de apertura del Convento de la Visitación (Las Salesas):
                         De Lunes a Viernes: de 10:00 a 13:00

Horario de misas del Convento de la Visitación (Las Salesas):
                          Laborables: 08:00
                          Vísperas: 19:00
                          Domingos y Festivos: 08:00
   
Página web oficial del Convento de la Visitación (Las Salesas): No tiene.

El Convento de la Visitación (Las Salesas), al detalle:
Iglesia:

sábado, 2 de noviembre de 2019

El Cementerio "San Fernando"


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Cementerio "San Fernando", de Sevilla.    
   Hoy, 2 de noviembre, Conmemoración de todos los Fieles Difuntos. La Santa Madre Iglesia, después de su solicitud en celebrar con las debidas alabanzas la dicha de todos sus hijos bienaventurados en el cielo, se interesa ante el Señor en favor de las almas de cuantos nos precedieron con el signo de la fe y duermen en la esperanza de la resurrección, y por todos los difuntos desde el principio del mundo, cuya fe sólo Dios conoce, para que, purificados de toda mancha del pecado y asociados a los ciudadanos celestes, puedan gozar de la visión de la felicidad eterna [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
      Y que mejor día que hoy, para ExplicArte el Cementerio de San Fernando, de Sevilla.   
     El Cementerio "San Fernando", se encuentra en la avenida Doctor Fedriani, s/n; en el Barrio de La Bachillera, del Distrito Norte.
   Situado en el camino de Brenes, al noreste de la ciudad, lugar que hasta entonces había sido destinado a enterramientos provisionales en épocas de epidemias en la ciudad, y motivo por el cual la zona había quedado relacionada con el uso funerario, pareciendo lógico que dicho enclave fuera el destino para el Cementerio general. En 1849 las autoridades de Sevilla eligieron para dicho fin una de las huertas que lindaban con San Lázaro, llamada de “Lérida” o de “Leira”, cuyas características topográficas del terreno y su situación con respecto al Hospital de San Lázaro, favorecieran a la elección de dicho destino. Los trámites para llevar a cabo el proyecto de construcción de este necesitado servicio público, se acometieron con bastante celeridad y hacia 1850, tras haber superado todos los trámites, se comienzan las gestiones para la presentación de proyectos. En 1851, el arquitecto titular del Ayuntamiento, D. Balbino Marrón y Ranero, presenta el proyecto, aprobado por la Real Academia de Nobles Artes de San Fernando, para la edificación de la nueva necrópolis, de ambicioso y espléndido diseño, presentaba todas las novedades que hasta el momento se conocían en materia de Cementerios. El camposanto se extendía desde el antiguo “Camino de Cantillana” hasta el “Camino viejo de Córdoba”. Interiormente, el arquitecto plantea una planta trapezoidal con un ordenado trazado en damero, conformado por calles, senderos, plazas, rotondas y jardines, que se veía influenciado por otras necrópolis europeas como las francesas e inglesas. Este denominado “cementerio-jardín”, pese a la brillantez del proyecto tan solo se levantó en sus líneas maestras, presentando hoy el aspecto general planteado en el siglo XIX, levemente modificado por ampliaciones y reformas posteriores, pero omitiendo las grandiosas labores de jardinería, debido al avance de tumbas, mausoleos y capillas funerarias de diversa índole, y no levantándose ni la portada ni la espléndida capilla que proyectara Marrón.

   El Cementerio de San Fernando abrió sus puertas oficialmente el día 1 de enero de 1853, y como en todas las obras de esta envergadura los trabajos seguían adelante, y es que hasta finales del siglo XIX no nos encontraremos con un conjunto definido. Pero hemos de tener en cuenta que de estos primeros años de actividad del Cementerio ya se nos presentan algunos panteones que más tarde analizaremos.
   Destacaría en estos primeros años del Cementerio, la creación del “Cementerio de Disidentes de la religión Católica”, que habiéndose proyectado como una edificación separada, terminó por ocupar su espacio en el recinto, y es que aprovechando la irregularidad del terreno, sendos proyectos de D. Juan Talavera de la Vega en 1874 y D. Francisco Aurelio Álvarez Millán en 1876, se encargaron de segregar la cuartela de forma triangular que se extendía a la derecha de la fachada del Cementerio de San Fernando, y que sería el espacio destinado al mencionado “Cementerio Disidente”.
   Hacia 1909, el Ayuntamiento hispalense acometerá unas obras para el saneamiento del interior del recinto, presentándose varias propuestas para establecer desde la entrada una zona extensa de edificaciones que mejorara la estética y ordenación del interior. En 1916 se realizará el primer plano del Cementerio de San Fernando en el siglo XX, siendo el encargado de ello D. Antonio Arévalo. De estas mismas fechas es la primera propuesta de construcción de un horno crematorio, proposición planteada por uno de los concejales del Ayuntamiento, servicio el cual comenzó a prestarse a finales del siglo XX.
   En el año 1917 se aprueba un nuevo Reglamento que sustituyera al de 1852, donde se adecua el funcionamiento de la necrópolis en función de las necesidades del momento. Un año más tarde, en 1920, se produce una ampliación del cementerio mediante proyecto de D. Antonio Arévalo, ya que el proyecto de D. Balbino Marrón se vio superado dado el crecimiento de la ciudad y la población, que habiendo sido criticada por algunos, ganó adeptos con la proyección del sistema de enterramientos en nichos que había quedado en desuso en el siglo XIX. 

   En torno a los años treinta de la pasada centuria se iniciaron tareas de pavimentación, ajardinado y la mejora del paseo central y la rotonda del Cristo de las Mieles, bajo la dirección del arquitecto municipal D. Antonio Pérez Bergali.
   El Cementerio hispalense sufrió los avatares históricos del momento, adaptándose a las nuevas leyes establecidas por la República implantada en España entre 1931 y 1939, y el convulso momento de la Guerra Civil entre 1936 y 1939, fechas en la que debido a la presencia de las tropas marroquíes aliadas y los problemas que sus sepelios podían ocasionar, motivaron la construcción de un pequeño “Cementerio Musulmán” adosado a la tapia trasera del por entonces cementerio católico.
   El Cementerio de Sevilla, pese a lo difícil de la situación en el país, no sufrió graves alteraciones en cuestiones de institución, y las obras de infraestructuras iniciadas con anterioridad siguieron su curso, como también lo hizo el proyecto de ampliación que se va concretando en el interés municipal por los terrenos linderos con la parte posterior de la necrópolis, que se correspondían con una finca perteneciente a la empresa CAMPSA, y que años más tarde acabaría por integrarse y convertirse en la primera ampliación a gran escala, ya que posteriormente se llevaría a cabo otra ampliación en el siglo XXI en los terrenos linderos con el “Cementerio Disidente”.
   Con la restauración de la democracia se reunificaron los terrenos del Cementerio, volviendo a ser un conjunto en su totalidad.
   Solucionado el problema de espacio, la preocupación para las autoridades era la de urbanizar el recinto para lo cual se llevó a cabo la creación de zonas ajardinadas, una escrupulosa limpieza y la correcta demarcación de las calles, en la que se articula la avenida principal denominada Calle Fe, que mediante la Rotonda del Cristo de las Mieles se prolonga hasta la Calle Esperanza que alcanzará la Rotonda de la Caridad y que vertebrará el resto del callejero de la necrópolis.
   No obstante hemos de mencionar que el estado de conservación del mismo debe ser revisado, y aunque las obras de adecuación han comenzado y se están restaurando algunas zonas y monumentos, muchos otros panteones, generalmente de particulares, están necesitados de dichas labores conservativas.

   La portada principal, trazada por D. Manuel Galiano en 1866, ésta no llegó a realizarse, siendo la definitiva de los arquitectos D. Francisco Aurelio Álvarez Millán y D. José Sáez entre 1866 a 1888. Dicha portada presenta una interesante verja en hierro dulce o forjado, que es lo más destacable, siendo su arquitectura una sencilla puerta adintelada con sendos pilares cuadrangulares con pilastras adosadas, todo realizado en ladrillo visto, tan del gusto del momento. Destaca el remate decorativo del dintel realizado en forja, con motivos vegetales y roleos que se entrelazan, todo ello culminado con una fina cruz latina. Sobre los pilares unos escudos coronados en cuyo interior aparece el emblema de la ciudad de Sevilla NO&DO. En los accesos a cada estancia que vamos a pasar a analizar, aparecen como remates decorativos unas simbólicas ánforas veladas cuyo significado representa la finitud del cuerpo convertido en polvo y cenizas, y el lienzo o paño que la cubre simboliza el último testimonio que deja el alma al abandonar toda materialidad.
   Las oficinas fueron realizadas por el arquitecto D. Francisco Aurelio Álvarez Millán, en el último tercio del siglo XIX, sigue la misma estética de todo el conjunto arquitectónico, realizado en ladrillo visto de color rojizo, y enmarcado dentro de la tradición del regionalismo.
   El Crematorio es una edificación contemporánea, realizada para suplementar los servicios del cementerio, y que no presenta mayor interés artístico.
      La Capilla, fue realizada por el arquitecto D. Francisco Aurelio Álvarez Millán, en el último tercio del siglo XIX. Igual que el resto de la arquitectura está realizada en ladrillo visto, es un edificio independiente que se distribuye internamente en tres estancias, siendo la principal la destinada a la Capilla, que presenta una planta de salón con cubierta al exterior a dos aguas. Internamente muestra una única nave, que en los muros laterales presenta ventanas y óculos con vidrieras para la iluminación, cegando las ventanas centrales para realizar unas hornacinas que cobijarán a la izquierda la imagen de San Fernando y a la derecha a San Pedro. El Altar Mayor, presenta un sencillo retablo de un solo cuerpo, realizado en yesería, en cuya hornacina central se venera a la Virgen del Carmen, como protectora de las ánimas. A los pies de la capilla y situado sobre la puerta de acceso, nos encontramos con un interesante crucificado que podríamos datar en el medievo, y del que desconocemos el lugar de procedencia.
   Externamente destacaremos la presencia de un retablo cerámico dedicado a la imagen titular de la Hermandad de la Soledad de San Lorenzo, realizado por el artista ceramista D. Antonio Morilla Galea en 1976 y que se colocó en dicho emplazamiento como conmemoración de la visita realizada por dicha imagen al Cementerio, cuando se dirigía al barrio de San Jerónimo para las Misiones Generales del año 1965, y que durante dicho recorrido se tuvo a bien realizar una parada en la puerta de acceso de la necrópolis para dedicar una oración por los difuntos. En la actualidad los sevillanos tienen la tradición de depositar a los pies del mismo las coronas de flores de los entierros que cada día tienen lugar. Hemos de destacar que la Virgen de la Soledad acudiría una segunda vez al Cementerio de San Fernando en el año 2003 con motivo del 150 Aniversario de la construcción del mismo, y donde presidió la Misa de Difuntos celebrada a los pies del Cristo de las Mieles, dejando para el recuerdo una preciosa estampa.
   La Portería fue realizada por el arquitecto D. José Sáez, en el último tercio del siglo XIX, repite los mismos esquemas comentados anteriormente.
   La estancia de los Operarios, data del último tercio del siglo XIX, fue realizada por el arquitecto D. José Sáez, correspondiente a la arquitectura Industrial de la época.
   Los Depósitos y Cámaras fueron realizados por el arquitecto D. Manuel Villar Bailly a finales del siglo XIX. En su interior se encuentra un curioso retablo a modo de arcosolio realizado en cerámica trianera, cobijando en el vano central una vidriera con la imagen de la Virgen de la O, titular de la Cofradía del mismo nombre. Actualmente se corresponde con la Sala de Espera.
   La Sala de duelos fue realizada por el arquitecto D. Francisco Aurelio Álvarez Millán, en el último tercio del siglo XIX. Sigue la estética utilizada en todas las construcciones de los accesos del Cementerio, destacando externamente la colocación de un precioso reloj decimonónico, realizado en cerámica. Internamente presenta un espacio diáfano, realizado en el siglo XX, nada reseñable.
   Y, finalmente la Puerta de San Jerónimo, es la puerta de construcción contemporánea, que da acceso al Cementerio por la parte trasera en la Avenida de San Jerónimo, la cual le da el nombre a la puerta (Ayuntamiento de Sevilla).
     Esta situado en el camino de Brenes, al noreste de la ciudad, en la huerta de San Lázaro. Implantación de importantes dimensiones, solar y ordenación irregular debido a las diferentes actuaciones en el tiempo. Por tanto el cerramiento depende de la zona, la mayoría son tapias altas y enjabelgadas. Tras una verja inicial con dos cancelas se realiza el acceso por un espacio semicircular, formado por jardinería y edificios, cuyas fábricas, en ladrillo aplantillado con herrajes y ornato de fundición, son del mayor interés. En detalle, como en alguna otra ciudad andaluza, excede de los límites de esta fecha. La implantación inicial, los panteones municipales, los edificios de ingreso etc... necesitan mayor tratamiento. 
     Nos remitimos al trabajo que para la exposición "Los cementerios de la Sevilla del XIX" ha realizado el estudioso sevillano D. Francisco Javier Rodríguez Barberán en 1990. De él tomamos las siguientes notas: los panteones más notables son de José de la Caba; Manuel Galiano; Balbino Marrón (Fernández Peñas, Viuda de Olea, Dª Mariana Moreno, Matías Ramos, Concepción Lavilla); Joaquín Fernández Ayarragaray (Conde del Águila); Juan Talavera de la Vega (O'Neill Riquelme) y Manuel Martínez (Espartero). El proyecto inicial es de D. Balbino Marrón y Romero, arquitecto municipal. Lo aprueba la Real Academia de Nobles Artes de San Fernando de Madrid en 1851. Las ordenanzas y el comienzo de la construcción son de 1852. Se abrió el 1-1-1853. La fachada inicial que no se hizo, del también arquitecto municipal Manuel Galiano (1866). La actual es de Francisco Aurelio Álvarez Millán y José Sáez López, entre 1866 y 1888. El Cristo de las Mieles es de Antonio Susillo. El cementerio civil es de Álvarez Millán de 1876, sobre otro anterior de Talavera (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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El Cementerio San Fernando, al detalle:
Panteón de los Condes de Ybarra