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jueves, 27 de agosto de 2026

Un paseo por la calle Farnesio

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Farnesio, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 27 de agosto, es el aniversario del nacimiento (27 de agosto de 1545) de Alejandro Farnesio, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Farnesio, de Sevilla, dando un paseo por ella.
    La calle Farnesio es, en el Callejero Sevillano, es una vía que se encuentra en el Barrio de San Bartolomé, del Distrito Casco Antiguo; y va de la calle San José, a la calle Fabiola.
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. 
     En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     El plano de Olavide (1771) recoge la denominación de Señor San José, advocación bajo la que está la iglesia del desaparecido convento de los mercedarios frente a esta calle. En 1839 ya aparece rotulada como San Antonio por un nicho dedicado a este santo, aunque también era conocida como del Diablo. En 1868 se rotuló como Farnesio probablemente por el militar al servicio de España, Alejandro Farnesio (1545-1591). Estrecha y rectilínea, presenta un ligero ensanche a su mediación que ya recoge el plano de Olavide. En 1886 se aprobó un plan de alineación y en 1931 un proyecto de rectificación de líneas para su ensanche, aunque no parece que se llevara a efecto. Es peatonal y presenta pavimento de losetas de cemento de reciente construcción. Se ilumina con farolas de brazo tipo gas adosadas. La acera de los impares está delimitada por una tapia rematada con tejaroz en la que se abre el acceso a un amplio patio circundado por edificios de apartamentos construidos recientemente. La acera de los pares está formada por varias casas unifamiliares de dos plantas, de la segunda mitad del s. XIX y principios del XX. Cumple funciones residenciales y de alojamiento para viajeros con dos casas de huéspedes [Salvador Rodríguez Becerra, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Farnesio, 6. Casa de dos plantas y ático con vanos cuadrados separados por pilastras.
Farnesio, 8. Casa del siglo XVIII, que consta de dos plantas y un ático con vanos de medio punto separados por pilastras [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Biografía de Alejandro Farnesio, personaje a quien está dedicada esta vía;
     Alejandro Farnesio, III Duque de Parma y de Piacenza. (Roma, Italia, 27 de agosto de 1545 – Arrás, Francia, 2 de diciembre de 1592). Hombre de gobierno y militar al servicio de España.
     Era hijo de Octavio Farnese (castellanizado Farnesio), segundo duque de Parma y Piacenza, y de Margarita, hija natural de Carlos V. Octavio se alió con los franceses para recuperar Piacenza, de la que se habían apoderado las tropas de Carlos V, en septiembre de 1544, siendo primer duque el desgraciado Pedro Luis (padre de Octavio), que resultó asesinado, pero el Emperador quiso conservarla por su gran importancia estratégica. El 15 de septiembre de 1556, en Gante, se pactó un acuerdo entre el nuevo rey, Felipe II, y los Farnesio, por el que esta familia quedaría sólidamente unida a España. Felipe II restituyó a Octavio la villa y ducado de Piacenza, pero se reservó la ciudadela de esta última y reclamó a su joven hijo, Alejandro, para residir y ser educado en España, como una especie de rehén de la fidelidad de los Farnesio a la Corona española. Así, Alejandro Farnesio, a finales de 1556, abandonó Parma, acompañado por su madre, para continuar su formación en la Corte de su tío, entonces en los Países Bajos. En ella conoció y trató a los grandes consejeros del monarca español. Formó parte del cortejo, en el que también iba su madre, Margarita, que acompañó a Felipe II a Inglaterra, para convivir un corto tiempo con su esposa María Tudor, con la esperanza de conseguir un descendiente. En septiembre de 1559 regresó con Felipe II y su Corte a España.
     Alejandro recibió la esmerada educación reservada a la más alta nobleza, en la que no faltaban los estudios de Humanidades, y probablemente los de francés y alemán, dirigido por su preceptor, el humanista Francesco Luisini, en los que mostró su precocidad y viva inteligencia; pero gustaba más de la equitación, de la caza y de los deportes. Desde que le conoció, a los trece años, hizo una gran amistad con don Juan de Austria, hermanastro de Felipe II, y tío, por tanto, suyo, que era prácticamente de la misma edad, y esta amistad duraría hasta la muerte del príncipe español.
     No es extraño que congeniaran, porque ambos poseían un carácter abierto, generoso, si bien Farnesio era más ponderado y tenía mayor control de sí mismo.
     En Alcalá, en 1561, ambos pasaron un breve tiempo con el enfermizo infante don Carlos, cumpliendo un plan de comportamiento y estudio bajo la dirección de los respectivos mayordomos y del humanista Honorato de Juan, hasta que la desgraciada caída sufrida por el infante, en abril de 1562, que tanto afectó a su comportamiento, aconsejó separarlos, y don Juan y Farnesio volvieron a Madrid.
     En 1559 la madre de Farnesio, Margarita, fue nombrada gobernadora de los Países Bajos, cargo que aceptó por complacer a su hermano y con la esperanza de que accediera a restituir a su familia la ansiada ciudadela de Piacenza. Cuando se trató del matrimonio de Farnesio, sus padres deseaban una princesa italiana, para establecer mejores relaciones con algunos altos nobles italianos, concretamente con los duques de Mantua, pero Felipe II deseaba asegurar la adhesión del príncipe a los intereses españoles y sugirió su matrimonio con la infanta portuguesa María, nieta del rey don Manuel, casi siete años más joven que Farnesio. El enlace se verificó en Bruselas, en la capilla de palacio, el 8 de noviembre de 1565. El 16 de mayo del año siguiente, Farnesio fue autorizado a marchar a Parma, donde estaba su padre el duque Octavio, y con su esposa se instaló en el palacio episcopal.
     La princesa permaneció dedicada a ejercicios piadosos y a obras de beneficencia durante los once años que viviría aún. Tuvieron tres hijos: Ranuccio, que sucedió a su padre en el ducado de Parma y Piacenza; Odoardo, cardenal en 1591; y Margarita, que se casó con Vicenzio, duque de Mantua. Alejandro Farnesio no dejaba pasar ocasión de galantear a damas y practicar sus ejercicios preferidos: la esgrima, la equitación y la caza. Tenía verdadera pasión por los buenos caballos y perros de caza. Su madre, Margarita, al ser nombrado, en septiembre de 1567, el duque de Alba capitán general de los Países Bajos, solicitó su relevo, lo que Felipe II le autorizó, reuniéndose en Parma con su marido e hijo a finales de 1568.
     La vida más bien ociosa de Parma no acababa de complacer a Farnesio, que, conforme a su temperamento y ambiciones, soñaba con aventuras militares.
     La ocasión se presentó al constituirse, el 20 de mayo de 1571, la Santa Liga contra el Turco entre la Santa Sede, la República de Venecia y España, de la que don Juan de Austria, victorioso general en la guerra de insurrección de los moriscos granadinos, fue nombrado jefe supremo. Farnesio escribió a Felipe II para que le autorizara a alistarse a las órdenes de su tío, el amigo de su infancia, y obtuvo consentimiento. Se reunió, en Génova, el 27 de julio de 1571, con don Juan, que enseguida le admitió entre los miembros de su consejo de guerra y le entregó el mando de las tres galeras de la República de Génova que se unieron a la flota cristiana. Participó así en el gran triunfo de Lepanto, el 7 de octubre de 1571, jornada en la que demostró su temerario arrojo al abordar una galera turca y apoderarse de los dineros destinados a pagar a marineros y jenízaros, y al año siguiente en el fracasado asedio de Navarino, en el Peloponeso, mostró nuevamente su gran valor y sangre fría para retirarse a tiempo de una emboscada que habían tendido los turcos a las tropas cristianas que había desembarcado (4 de octubre de 1572). Al disolverse la Santa Liga y dirigirse don Juan a la conquista de algunas plazas del norte de África, Farnesio se volvió a Parma, y Felipe II, al perderse Túnez a poco de conquistada, llamó a don Juan a España.
     La preocupación del monarca español estaba centrada entonces en los Países Bajos, donde Luis de Requesens, que había sustituido a finales de 1573 al duque de Alba y ensayado una política más conciliatoria, falleció en marzo de 1576, dejando un vacío de poder y un ejército amotinado, que con el brutal saqueo de Amberes se había enajenado la voluntad de los naturales del país. En estas difíciles circunstancias, Felipe II designó gobernador a su hermanastro don Juan, que el 12 de febrero de 1577, después de muchas discusiones con los Estados Generales, accedió a firmar el llamado Edicto Perpetuo, entre cuyas cláusulas estaba la salida de las tropas españolas hacia Italia. Pero don Juan no podía permanecer inactivo y rompió el convenio, apoderándose el 25 de junio de 1577 de la ciudadela de Namur. Esta precipitada acción fue mal acogida en Madrid, donde se desconfiaba de los contactos privados que don Juan mantenía con los príncipes católicos de la familia francesa de los Guisa y con el Papa, tramando casarse con María Estuardo e instalarse en el trono de Inglaterra. Don Juan, consciente de las dificultades ante las que se hallaba empeñado, pidió a Madrid que se le autorizara a llamar a Farnesio, en quien confiaba plenamente. Éste estaba dispuesto a colaborar a las órdenes de su viejo amigo, y además se hallaba libre, pues su esposa, María de Portugal, acababa de fallecer el 8 de julio. Así, Farnesio, el 17 de diciembre, estaba en Luxemburgo, donde le esperaba don Juan, que le ofreció el cargo de jefe general de la caballería, lo que rehusó prudentemente, pues sabía que lo ambicionaba Octavio Gonzaga, con quien no quería indisponerse, conformándose con estar a la disposición del gobernador. Don Juan, dispuesto a la guerra, forzó a Felipe II a que ordenara el regreso de los tercios. Disponía así de dieciocho mil infantes y dos mil caballos, españoles, borgoñones, franceses y alemanes, con los cuales estaba decidido a ganar una batalla que le diera autoridad. Aprovechando que varios jefes valones se habían desplazado a Bruselas, para participar en la boda de uno de ellos, el ejército español se lanzó al ataque y obtuvo un triunfo resonante en Gembloux, cerca de Namur, el 31 de enero de 1578. La perspicacia y pericia de Farnesio tuvieron buena parte en esta importante victoria, pues supo aprovechar un momento de debilidad fortuita del enemigo que, sorprendido, optó por la retirada y apenas tuvo ocasión de combatir. El triunfo fue rotundo: la caballería pudo salvarse en su mayor parte, pero la infantería perdió casi todos sus efectivos, más de seis mil hombres de un total de siete mil. Era una buena ocasión para marchar sobre Bruselas, pero don Juan carecía de dinero, aunque se conquistaron varias ciudades del Brabante oriental y Farnesio rindió alguna plaza fuerte del Limburgo (15 de junio de 1578), y se dispuso a conquistar Maastricht.
     Don Juan, desilusionado por el fracaso de sus planes personales (el asesinato de su secretario, Juan Escobedo, en Madrid, los había desvanecido) y aquejado de fiebres tifoideas, se había retirado a Namur, donde expiró la noche del 1 de octubre a la edad de treinta y tres años.
     Antes de su fallecimiento había nombrado sucesor a su sobrino y colaborador Alejandro Farnesio, a quien Felipe II confirmó en el cargo. Tenía entonces treinta y cuatro años; era de talla media, más bien pequeña, cuerpo delgado, pero musculoso y pleno de fuerza, y en su rostro, de tinte bronceado, destacaban sus ojos negros. Resistente a la fatiga, podía pasar noches sin dormir, y, aun con fiebre, no se quedaba en el lecho.
     En su madurez, su arriesgado carácter, templado por la experiencia, había adquirido una gran prudencia. Este conjunto de excelentes dotes hacía de él un jefe ejemplar, querido por sus soldados, que le seguían sin vacilar, pues además les trataba con afabilidad, hasta el punto de que se asegura que conocía a muchos de ellos por sus nombres. Sabía ejercer su autoridad y mantener una perfecta disciplina, mostrándose implacable con los insubordinados. Por añadidura, vestía con magnificencia y gusto, aun en campaña, lo que causaba mayor impresión. Era generoso, aunque demasiado pródigo en las recompensas, rasgo del que se le acusó —no sin razón— al Monarca. Desde los treinta años padeció gota, que le atormentaba con frecuencia. No era locuaz, sino de palabras pensadas. Ante un asunto importante, reunía a su consejo, le escuchaba atentamente, y después tomaba la decisión que consideraba oportuna.
     A pesar de las cualidades señaladas, Felipe II, aconsejado por Granvela, quiso que su madre, Margarita de Parma, la antigua gobernadora, estuviera a su lado en el gobierno. La idea de Granvela y de Felipe II era que Margarita llevara los asuntos propiamente de gobierno y su hijo se consagrara al mando del ejército y a las campañas militares. A Margarita, vieja y enferma, no le apetecía dejar Parma y volver a un puesto que le suscitaba amargos recuerdos, pero obedeció y llegó a Namur en 1580. Tampoco agradó a Farnesio que le pusieran limitaciones en su cargo, aunque se tratara de su madre, por lo que durante el tiempo que ella residió en Flandes, las relaciones entre ambos, anteriormente tan estrechas y cordiales, llegaron a relajarse a veces y tuvieron algunos enfrentamientos.
     Margarita pidió en varias ocasiones su relevo, que no se le concedió hasta 1583, y regresó inmediatamente a Parma a reunirse con su esposo.
     Después de Gembloux, los españoles se habían apoderado del Limburgo y mantenían la provincia de Namur y el ducado de Luxemburgo. Pero quedaba aún mucho territorio por reconquistar. Farnesio efectuó una reforma del Ejército y del Consejo de Estado. En éste tenían lugar preeminente el conde Pedro Ernesto de Mansfelt, maestre de campo general, y Octavio Gonzaga, general de la caballería, que no se entendían bien, por lo que Farnesio hubo de limar sus frecuentes discordias, y otros señores valones, españoles (entre ellos el valeroso y veterano coronel Francisco Verdugo), alemanes y borgoñones. Pero sus hombres de confianza eran su secretario, el italiano Cosme Massi, y el presidente del Consejo, el valón Jean Richardot.
     Con la llegada de tropas de socorro disponía de unos veinticinco mil infantes y ocho mil caballos. También había recibido dinero suficiente para pagar buena parte de los atrasos a la caballería. El soberano le concedió facultades para negociar con los rebeldes sobre la base del acatamiento de la autoridad de la Corona y la profesión del catolicismo. Aunque los brillantes éxitos que obtendría en el futuro fueron debidos fundamentalmente a sus brillantes cualidades militares y personal habilidad negociadora, no debe olvidarse que también contribuyeron a ellos las diferencias entre sus enemigos y a que dispuso de mayores sumas de dinero que los gobernadores que le antecedieron. Fueron estos años ochenta una de las décadas del siglo XVI en que llegó la plata americana a España en mayor abundancia.
     La idea de Farnesio consistía en apoderarse de una plaza importante y emprender negociaciones con los señores valones para tenerlos asegurados. Esta posibilidad de recuperar la confianza de las provincias meridionales venía facilitada por la creciente tensión que existía entre ellas y las provincias del norte. Los intentos de Guillermo de Orange de frenar a los fanáticos calvinistas de algunas ciudades del sur, como Bruselas o Gante, buscando la unión de todo el país contra el soberano español, fracasaron, pues se impusieron en el gobierno una especie de comités de defensa elegidos por los gremios. Estos comités trataron de ofrecer la soberanía de los Estados de las provincias meridionales al duque de Alençon, hermano del rey de Francia, lo que repugnaba a los norteños por tratarse de un francés y católico; preferían a un alemán, a ser posible protestante. Los excesos de los calvinistas en algunas ciudades norteñas provocaron una reacción en las provincias valonas, que en enero de 1579 acordaron formar una Unión en Arrás, a la que correspondieron, más tarde, las del norte con la Unión de Utrecht.
     Esta ruptura, que prefiguraba la actual formación de Bélgica y Holanda, no significaba que las provincias valonas hubieran vuelto a la obediencia del soberano español. Para ellas, tan odioso era el extremismo de los calvinistas del norte como la intransigente dominación española. Farnesio, que se dio cuenta de ello, combinando la astucia diplomática con los éxitos militares, consiguió atraerlas. Por el tratado de Arrás de 17 de mayo de 1579, los representantes de las provincias de Artois, Hainault y Flandes valona aceptaban la soberanía española y se comprometían a mantener el catolicismo como religión única, a cambio del pago de sus tropas y de la partida de los tercios. Farnesio ratificó los privilegios de tales provincias y prometió retirar de cargos civiles y militares a los extranjeros.
     Para rematar este éxito buscó un importante triunfo militar, que obtuvo a finales de 1579 al conquistar la estratégica plaza de Maastricht. Pero necesitaba más tropas, y consiguió convencer a los miembros de la Unión de Arrás que aceptaran los tercios españoles con una serie de garantías. A fines de 1582, Farnesio tenía bajo su mando casi sesenta mil hombres, incluyendo cinco mil españoles y cuatro mil italianos.
     Con este gran ejército, aprovechando las disensiones de los enemigos, Farnesio redujo durante los años 1582 y 1583 ciudades tan importantes como Iprés, Brujas y Gante; en marzo de 1585, Bruselas, y el 17 de agosto la gran metrópoli comercial de Amberes.
     Fue éste un hecho memorable en el que Farnesio usó no sólo la estrategia militar, sino también exhibió medios técnicos avanzados. Primeramente, había limpiado de enemigos las dos orillas del Escalda; después construyó un sólido y amplio puente de barcazas sobre el río, de Calloo a Oordam, además de varios fortines de defensa, que estuvo terminado el 25 de febrero de 1585; con dicho puente trataba de evitar que la ciudad fuera socorrida por mar. Los sitiados y sus aliados del exterior ensayaron todos sus medios, incluidos brulotes, hasta que, convencidos de la incapacidad de levantar el bloqueo, el 17 de agosto los responsables del gobierno de Amberes se vieron obligados a capitular. Se cuenta que cuando llegó la grata noticia a España era de noche, pero Felipe II no pudo contener su alegría y se levantó inmediatamente de la cama para anunciar con gran excitación a su hija Isabel: “Amberes es nuestra”. Fueron estos años ochenta los de mayor éxito de Farnesio, reconocido en toda Europa como estratega excepcional. El monarca español le había concedido la máxima condecoración de los Habsburgo, el Toisón de Oro, y, además, la muerte de su padre, Octavio, el 18 de septiembre de aquel mismo año 1585, le convirtió en duque de Parma y Piacenza. Los Países Bajos meridionales —la actual Bélgica— eran nuevamente españoles. Sólo las cinco provincias de Holanda, Zelanda, Utrecht, Frisia y Groninga resistían, así como parte de Güeldres, pero los rebeldes se hallaban desunidos y desmoralizados.
     Isabel de Inglaterra, asustada por el avance español, tres días después de la caída de Amberes, firmó un tratado con los rebeldes (Nonsuch, 20 de agosto de 1585) por el que acordaba suministrarles ayuda militar bajo mando inglés. Pero el duque de Leicester no pudo impedir que Farnesio se apoderara de Sluys (La Esclusa), en las bocas del Escalda, en agosto de 1587.
     Su intención de continuar la reducción de las provincias norteñas fue contenida por la determinación de Felipe II de conquistar Inglaterra, que desde finales de verano de 1585 cavilaba y que se convirtió en decisión firme tras la ejecución de María Estuardo (8 de febrero de 1587). La empresa contra Inglaterra estaba por entonces preparada, al menos en sus grandes detalles. La estrategia a seguir había sido aceptada por el Rey después de interminables consultas, sobre todo con el experto almirante Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, y con el propio Farnesio, por cartas o por enviados expresos. La intervención de éste era decisiva, ya que su ejército, embarcado en gabarras a la llegada de la Armada a las costas de Flandes y escoltadas por ella, debía poner pie en la costa inglesa.
     Fue éste el punto más discutido, pues exigía un alto grado de coordinación, teniendo en cuenta, además, que los Países Bajos más meridionales carecían de puertos de calado suficiente para acoger los grandes buques de la Armada. Farnesio, aparte de que le disgustaba el proyecto, porque dilataba sus planes de reconquista de los Países Bajos, pensaba que la operación era excesivamente arriesgada y que muy probablemente terminaría en un fracaso. Entre otras cosas había que asegurar que los franceses, especialmente los hugonotes, no pusieran obstáculos al paso de la Armada. Para lograr inmovilizarlos, se contaba con el levantamiento de la Liga Católica en París, encauzada por el embajador español, Bernardino de Mendoza, en colaboración con el duque Enrique de Guisa, pero el pueblo parisino se precipitó y la insurrección se produjo en mayo de 1588, antes de que la Armada llegara al Canal de la Mancha. Además, el proyecto español era demasiado conocido, por lo que, cuando los galeones españoles estuvieron ante Calais, a comienzos de agosto, se hallaron enfrentados a una escuadra inglesa dotada de gran movilidad y cañones de largo alcance, mientras que en Flandes pequeños barcos holandeses sin quilla patrullaban con facilidad por los bajos fondos de la costa de Dunkerque y Nieuwport, donde esperaban evitar el embarque de las tropas de Farnesio. En estas condiciones resultaba imposible tanto que los galeones se acercaran a puerto como que las barcazas preparadas por Farnesio salieran sin protección para alcanzar a los buques de la Armada.
     De esta manera, la operación fundamental, la del encuentro entre aquélla y las barcazas de Farnesio, nunca llegó a realizarse. Además, los ingleses lanzaron barcos incendiados contra la Armada que rompieron su formación, en tanto que terribles temporales la forzaron a levar anclas y, duramente hostigada por el enemigo, a poner rumbo hacia el noroeste. Sin embargo, en Madrid siempre quedarían sospechas de que Farnesio no estaba preparado en el momento oportuno para acudir de alguna forma a unirse a la Armada.
     Orange fue asesinado en julio de 1584, por mandato español, decisión que por cierto no gustó a Farnesio por considerarla contraproducente, y los rebeldes de las Provincias Unidas del Norte nombraron al joven hijo del príncipe, Mauricio de Nassau, capitán general, ayudado por su primo Guillermo-Luis de Nassau, que se revelaron como excelentes estrategas.
     Pero los proyectos de Farnesio de avanzar en el norte fueron nuevamente interrumpidos al ser llamado por Felipe II para intervenir en Francia, donde asesinado, en agosto de 1589, el rey Enrique III, se planteaba el problema de la sucesión, ya que no dejaba hijos.
     Antes de morir había designado como sucesor a Enrique de Borbón, príncipe de Bearne y titulado rey de Navarra, cabeza de los hugonotes. Pero la mayor parte de los franceses se oponía a admitir a un rey hereje y excomulgado por la Santa Sede. El Borbón, que era un gran soldado, consiguió una importante victoria sobre el duque de Mayenne, jefe de la Liga Católica, y puso sitio a París, donde se concentraban unas doscientas mil personas, que resistieron heroicamente, gracias a su fe, estimulada por los predicadores, durante cuatro meses, comiendo hierbas y animales repugnantes. El embajador español, Bernardino de Mendoza, se mostró incansable, animándolos a esperar la pronta llegada de los socorros prometidos por el monarca español. Pero Farnesio, que sufría fuertes ataques del enemigo, no veía el momento de abandonar los Países Bajos, donde se perdería lo conseguido con tanto esfuerzo. Así se lo comunicó a Felipe II, quien le contestó que el problema de Francia era prioritario, conminándole a acudir lo antes posible a desbloquear París. Aunque Farnesio trató de asegurar algunas plazas, obligado por las apremiantes órdenes del Monarca, el 16 de agosto partió de Bruselas, cruzó la frontera, reuniéndose en Meaux con las tropas de la Liga, y con solamente algo más de quince mil hombres se dirigió hacia París. El Borbón, abandonando allí a parte de sus tropas, acudió a cortarle el paso. Pero Farnesio, que no quería arriesgar batalla, durante la noche, realizó una hábil maniobra y se apoderó el 7 de septiembre de Lagny, llegando a las orillas del Marne pocos días después, con lo que quedaban abiertos todos los accesos por tierra y agua a la capital. Como le había encargado el Monarca, trató con los jefes de la Liga de los proyectos para instalar en el trono a la infanta Isabel Clara Eugenia, y a comienzos de diciembre regresó a los Países Bajos, dejando una parte de sus soldados en Francia. El desbloqueo de París había sido un éxito, pero la rápida partida de Farnesio, sin esperar órdenes de su Soberano —lo que le disgustó seriamente— dejó la capital prácticamente en el mismo estado que antes, aunque ahora el Borbón, sabiéndose dueño de la situación y mirando al futuro, permitió la entrada o salida de personas y de mercancías mediante salvoconductos y pago de peajes.
     A su regreso, Farnesio halló los Países Bajos en peor estado del que había previsto. Se había perdido buena parte de territorio y el ejército, al que no se le había podido pagar sus soldadas, estaba amotinado. En julio de 1591 se encaminó a Nimega, sitiada por las tropas de Mauricio de Nassau. Pero Felipe II volvió a reclamarle, esta vez para socorrer la importante ciudad de Ruán, cercada por las tropas de Enrique de Borbón. Farnesio, habiendo advertido nuevamente a Madrid, sin éxito, el riesgo que corrían los Países Bajos en su ausencia, levantando el cerco de Nimega, volvió a entrar en Francia. Unidas sus tropas a las de Mayenne, continuó hacia la ciudad sitiada. Negoció nuevamente con los jefes de la Liga sobre los planes para alcanzar los objetivos previstos por Felipe II, pero prontamente advirtió que no estaban dispuestos a secundar los designios del monarca español, y no insistió.
     Sin embargo, siguió camino hacia Ruán. El de Borbón le esperaba en la ruta normal, pero Farnesio escogió otro camino, más áspero y difícil, y logró en abril de 1592 liberar aquella plaza. En el sitio de Caudebec, Farnesio fue alcanzado en un brazo por un tiro de arcabuz. A pesar de las molestias que le ocasionaba la herida, para completar el desbloqueo de Ruán, emprendió el asalto a Ivetot. Pero el Borbón, que había reconstruido su ejército, era superior en número y le tuvo entretenido durante quince días con constantes escaramuzas. Este retraso sería fatal, pues el estado de salud de Farnesio, que no había podido curarse de la herida del brazo, empeoró hasta el punto de que hubo de dirigir las operaciones desde el lecho de campaña con ayuda de su joven hijo Ranuccio. Demasiado débil, decidió retirarse a los Países Bajos, y dando nuevas pruebas de su gran pericia militar, casi sin poder sostenerse sobre su caballo, eludió al enemigo, y en julio de 1592 estaba en Flandes.
     Aconsejado por sus médicos, se dirigió a la famosa fuente termal de Spa a recuperarse. En cuanto creyó hallarse algo mejorado, se dispuso a volver a Francia para continuar la campaña. Pero Felipe II no pensaba ya en él, pues aparte de su precario estado de salud, le había exasperado repetidamente con su renuencia en acudir a Francia y haber consumido buena parte del dinero preparado para aquella campaña en la defensa de sus posiciones en Flandes. El pundonoroso Farnesio, sin embargo, al tener noticia de la próxima llegada de Pedro Enríquez de Azevedo, conde de Fuentes, lo que parecía indicar que venía a hacerse cargo del gobierno y ejército, considerándolo una insoportable humillación, realizó un supremo esfuerzo.
     El 11 de noviembre dejó Bruselas decidido a unirse al ejército que luchaba en Francia, pero al llegar a Arrás, sintió que las fuerzas le flaqueaban y decidió reponerse unos días en la abadía de Saint Waas. Pero la enfermedad —“hidropesía”, según las fuentes coetáneas— seguía su curso y se hallaba sumamente enflaquecido, aunque no dejó de despachar cartas y papeles en los días que hubo de pasar en la citada abadía.
     El 1 de diciembre se acostó a la hora acostumbrada, pero horas después sintió que llegaba su fin. Atendido por su médico y su confesor, falleció en la madrugada del 2 de diciembre de 1592. Tenía cuarenta y siete años. Su cuerpo fue llevado a Bruselas, donde se le tributaron solemnes exequias, y fue sepultado en el mausoleo de Parma (Valentín Vázquez de Prada, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Farnesio, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La calle Farnesio, en detalle:
Edificio calle Farnesio, 6.
Edificio calle Farnesio, 8.

lunes, 24 de agosto de 2026

La Capilla de San Bartolomé, en Umbrete (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Capilla de San Bartolomé, en Umbrete (Sevilla)
     Hoy, 24 de agosto, Fiesta de San Bartolomé, apóstol, a quien generalmente se identifica con Natanael. Nacido en Caná de Galilea, fue presentado por Felipe a Cristo Jesús en las cercanías del Jordán, donde el Señor le invitó a seguirle, agregándolo a los Doce. Después de la Ascención del Señor, es tradición que predicó el Evangelio en la India y que allí fue coronado con el martirio (s. I) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para Explicarte la Capilla de San Bartolomé, en Umbrete (Sevilla).
     La Capilla de San Bartolomé se encuentra en la calle Campelo, 3; en Umbrete (Sevilla).
     Se trata de un templo de planta rectangular con artesonado de madera y cubierto con un tejado a dos aguas. En su interior pueden encontrarse dos retablos, uno de los cuales está presidido por la imagen de la Candelera del siglo XVIII y otro por San Bartolomé (siglo XVIII). Entre los lienzos destacan una Piedad, del siglo XVII y San Cristóbal crucificado, del siglo XVIII.
     Es un edificio del siglo XVII, aunque fue reformado en el XVIII, de planta rectangular con artesonado de madera y cubierto a dos aguas.
     Siempre ha tenido el carácter de ermita, más que de capilla. La casa que está pegada a ella es la que en tiempos habitaba el ermitaño, que se encargaba del cuidado de la capilla durante todo el año. Durante varios siglos existió una hermandad de San Bartolomé, de la que se conserva algún libro en el archivo parroquial, y algunas piezas de plata.
     En su interior hay dos pequeños retablos. En el altar mayor hay un retablo de madera que en tiempos estuvo dorado y hoy pintado, fechable hacia el año 1760, y de estilo barroco tardío; está presidido por la imagen de vestir de la Virgen del Consuelo, patrona del pueblo, talla que data del siglo XVII aunque muy reformada, con corona y cetro de plata; tiene este retablo tres pequeñas tallas de San Francisco, San José, y San Antonio. En un lateral está otro retablo más pequeño de madera dorada del siglo XVIII, en cuya hornacina se encuentra la imagen de San Bartolomé, patrón del pueblo, con diadema de plata y los símbolos iconográficos del demonio y el cuchillo, obra anónima del siglo XVIII.
     El santo tiene un paso de madera dorada en forma de templete que data del siglo XIX y le fue regalado por Isidoro Cabrera. En la capilla hay varias pinturas: Crucifixión, San Cristóbal y la Piedad, todas anónimas y del siglo XVIII, así como un pequeño cuadrito que narra un milagro de San Bartolomé. En los retablos se puede encontrar, además, la imagen conocida como "La Candelera" (siglo XVIII).
     La imagen procesional de San Bartolomé que se venera en Umbrete constituye una imagen escultórica del Santo en que éste aparece ya como una figura glorificada y destinada al culto, aunque llevando los símbolos que lo identifican y recuerdan su vida terrenal. En lo que toca a composición, la bella imagen de Umbrete es una especie de traslado a la escultura del cuadro de El Greco: el Apóstol aparece con las tradicionales vestiduras blancas, aunque enriquecidas por la devoción barroca con numerosos adornos dorados, levanta en la mano derecha el cuchillo símbolo de su martirio y lleva cautivo, mediante una cadena cogida a su mano izquierda, un diablillo, que hace referencia a los extraordinarios efectos de su predicación en Armenia y a los numerosos exorcismos que realizó. Representa a un individuo de estatura corriente, cabellos ensortijados y negros, tez blanca, ojos grandes, nariz recta y bien proporcionada, junto con una espesa barba.
     Sobre el cuchillo, instrumento con el que fue desollado, ha existido una tradición muy antigua en Umbrete, consistente en llevar a casa de los enfermos uno de los cuchillos que posee nuestra escultura, con el fin de que influyera en su recuperación y así confiar en su verdadera protección frente a los falsos ídolos que en sus tiempos fueron adorados, así como para sacar del cuerpo del enfermo la enfermedad, metáfora del exorcismo (Turismo de la Provincia de Sevilla).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Bartolomé, apóstol; 
LEYENDA

   Los Evangelios sólo mencionan su nombre, que es un patronímico, Bar Tolmaï (hijo de Tomaï o de Tolomeo). Quizá sea Natanael a quien menciona San Juan (1:45), como uno de los doce apóstoles. No se lo mencionan en los Evangelios ni en los Hechos de los Apóstoles.
   Según la leyenda, después de la muerte de Cristo habría evangelizado Arabia, Mesopotamia y Armenia. Fue allí donde, según el martirologio romano, lo habrían desollado vivo (vivus decoriatus) por orden del rey Astiajer, furioso porque Bartolomé había convertido al cristianismo a gran número de sus vasallos.
   Esta versión resulta contradictoria con las tradiciones orientales que aseguran que habría sido crucificado, ahogado o decapitado.
   Pero como había muchos decapitados y crucificados entre los apóstoles, los hagiógrafos optaron por un martirio menos trivial y convirtieron a Bartolomé en un Marsias cristiano.
CULTO
Lugares de culto

   Sus reliquias fueron trasladadas desde Armenia a una de las islas Lipari en el siglo VI, más tarde, en 809, a Benevento y por último en 963, a Roma, a la isla Tiberina, donde el emperador de Alemania Otón III puso una iglesia bajo su advocación, que llamó San Bartolomeo all’Isola y que sustituyó la de San Adalberto.
   Se pretendía que su piel se conservaba en Pisa. Tenía otras iglesias italianas dedicadas, en Venecia, Foligno, Pistoia y Benevento. La catedral de Frankfurt del Meno que heredara en 1238 su bóveda craneana, se puso bajo su advocación. 
   El día de la celebración de su fiesta señalaba el comienzo de la feria de otoño. La cartuja de Colonia se jactaba de poseer una de sus reliquias, al igual que la abadía benedictina de Lüne, cerca de Lüneburgo.
   San Eduardo el Confesor, de Inglaterra, ofreció el brazo del santo a la catedral de Canterbury y la más bella iglesia románica de Londres se llama de St. Bartholomew the Great.
   Su culto está probado también en Francia. Hay una iglesia puesta bajo su advocación en París, en la isla de la Cité, y otra en Taverny. Bénévent l’Ababaye (Creuse), adoptó ese nombre porque en el siglo XI se llevó hasta allí, desde Benevento, una reliquia del santo desollado.
Patronazgos

   Su martirio le valió la clientela de todas las corporaciones que se ocupaban de la preparación de pieles y manufactura o empleo del cuero: carniceros, curtidores, zurradores, guanteros, encuadernadores. Tal es lo que revela la advocación de las iglesias italianas como San Bartolomeo dei vaccinari (de los zurradores), dei pizziagnoli (de los chacineros).
   Lo reivindicaban los sastres porque lleva su piel bajo el brazo, como un abrigo.
   También tenía prestigio de santo curador. Se lo invocaba contra los espasmos, convulsiones y enfermedades nerviosas en general.
ICONOGRAFÍA
   De ahí procede la riqueza de su iconografía que contrasta con lo poco que se sabe de su persona.
   Se lo representa tanto cubierto como despojado de su piel, como el sátiro Marsias, víctima de los celos de Apolo.
   Sus atributos, en el primer caso, son el cuchillo grande con el cual lo desollaron, en el segundo caso su propia piel suspendida del brazo. Esa piel de recambio recuerda la cabeza de recambio de San Dionisio y de los cefalofóros.
   Los primeros estudios de Desollado (Écorché, Scorticato, Muskelmann) que servían de modelos en las academias de dibujo, se consideraban representaciones de San Bartolomé.
   En la pintura española, tiene además un demonio encadenado (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Capilla de San Bartolomé, en Umbrete (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia.

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miércoles, 19 de agosto de 2026

La necrópolis judía, en la calle Cano y Cueto

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Necrópolis Judía, en la calle Canto y Cueto, de Sevilla.
     La Necrópolis Judía, se encuentra (en planta -1 del Parking Cano y Cueto) a la altura de la calle Cano y Cueto, 2; en el Barrio de San Bartolomé, del Distrito Casco Antiguo.
     En el extremo norte del Paseo Catalina de Ribera, en su confluencia con la calle Cano y Cueto de Sevilla, en un espacio de 2.600 m2, destinado por promoción pública a los  aparcamientos subterráneos hoy existentes, se llevó a cabo una intervención arqueológica de urgencia, cuya Fase I discurrió entre Mayo y Julio de 1996 y la Fase II en Marzo del año siguiente. 
     Entre los objetivos previstos se encontraba el analizar el tramo del sistema defensivo islámico que desde la Puerta de la Carne, se dirigía por este sector hacia el Alcázar; en efecto, se documentaron unos 33,00 m. lineales correspondientes a la barbacana de la muralla, a quien en el sondeo efectuado, se le constató su datación almohade y una altura conservada hasta la primera escarpa de 3,90 m.
     Por otra parte se trataba de documentar el cementerio de la Judería sevillana, que según todos los indicios se extendía por el sustrato del solar. No obstante, lo más interesante, no fue su detección, sino el grado de estratificación remanente, la cual nos posibilitó el analizar la evolución de las técnicas y formas funerarias a lo largo de cinco fases, así como recuperar casi dos centenares de individuos, los cuales permitirán en un futuro, gracias a la combinación del estudio arqueológico y antropológico, el poder analizar cuestiones vinculadas a factores sociales y genéticos, a lo largo de varios siglos.
     La intervención sin embargo nos deparó otra sorpresa, que fue la detección junto a la barbacana, de un reducido número de individuos que por sus singulares características deposicionales y antropológicas podemos relacionar con el fenómeno esclavista de la Sevilla moderna.
El cementerio hebreo.
     Al exterior de la Puerta de la Judería, también denominada de Minjoar y posteriormente hasta su demolición en 1868, Puerta de la Carne o del Muro de la Carne, se extendía el cementerio hebreo de Sevilla. De su existencia teníamos constatación arqueológica debido a hallazgos puntuales y a la intervención realizada en 1992 en el viejo Cuartel de Intendencia. 
     El inicio del cementerio debe coincidir con el establecimiento de la Aljama sevillana poco tiempo después de la conquista de la ciudad por Fernando III, tal vez hacia 1250. La existencia del fossar se prolongará -según la intervención que presentamos-, durante más de doscientos años, evolucionando a través de cuatro fases hasta su abandono tras la definitiva salida de los judíos de la ciudad en el verano de 1484, aunque constatamos como en momentos posteriores se documenta la inhumación de conversos siguiendo ritos judaizantes.
     El rito de enterramiento es siempre la inhumación en ataúd rectangular o ligeramente trapezoidal, que aparece siempre ya sea la tipología de la tumba en fosa o lucillo. El cadáver se coloca en posición decúbito supino, con los brazos extendidos a ambos lados del cuerpo, las palmas de las manos hacia abajo, con el cráneo (vertex) apuntando hacia el oeste-noroeste y la cara mirando al E., según la ley mosaica. Hay muy pocas variaciones respecto a esta norma (a veces las manos hacia arriba o a la cara mirando al sur).
     Del perímetro del cementerio solo hemos podido comprobar en esta intervención su límite W., el de la cerca islámica; al E. se estima en el arroyo Tagarete y al N. en el viejo camino que partía de la puerta de la Carne; quedando por definir sólo su límite S. Casi dos centenares de tumbas han sido excavadas en la intervención de Cano y Cueto, lo que junto a las ciento cuarenta y seis de 1992 supone un número más que suficiente para el estudio tipológico y antropológico de la necrópolis.
     La compleja estratificación del registro arqueológico y la alta densidad de tumbas, nos ha permitido constatar matizadas variaciones en los comportamientos funerarios hebreos a lo largo de una dilatada existencia que afectan no solo al tipo preferente de tumba según momentos, o a modificaciones en la técnica de los lucillos, sino a la concepción y organización de los cementerios; y lo que es más importante a apreciar y datar hechos demográficos de interés como los elevados índices de mortalidad infantil que se constatan en las últimas fases, o cuestiones de salud como la evolución de determinadas enfermedades congénitas -tubérculo de Carabelli-, o sociales -raquitismo-. 
     A continuación sintetizamos los datos esenciales de las cinco fases que hemos establecido desde el punto de vista tipológico y estratigráfico.
- Fase I. 
     Las tumbas de este momento, se asientan directamente sobre niveles de derrumbe o unidades estructurales correspondientes a la ocupación islámica previa. Estas se encontraban dispersas por todo el solar; lo que nos permite interpretar estos restos como pruebas de la existencia de un arrabal almohade.
     La estructura funeraria tipo es el denominado lucillo, dispuesto en orientación W-E; y normalmente agrupados en conjuntos de dos a cuatro tumbas unidas por un murete de cabecera: c. 231; no obstante hay algún caso individual: t. 783. 
     Técnicamente son estructuras muy cuidadas en su ejecución, con la sucesión de bóvedas, construidas con ladrillos completos colocados de canto, excepto en los pies, donde los ladrillos de la cubierta aparecen colocados en plano o sustituidos por sillarejos. Nunca disponen de lecho o suelo propios, ni se taponan o cierran los pies. En la cabecera una citara corrida sobre los arquillos, actúa de fachada del conjunto. En la tumba 806, un entrante marcado en este muro nos da lugar a pensar que este sería el lugar donde se dispondría la lápida sepulcral, elemento que en ningún caso se nos ha conservado. La cabecera suele aparecer con un taponamiento provisional de ladrillos y pequeñas piedras.
     Los conjuntos de esta fase, tienen la peculiaridad de llevar los muretes intermedios compartidos para las dos inhumaciones colaterales, lo que nos indica que estas agrupaciones -incluido el número de tumbas de las que constarían-, eran encargados ex profeso y realizados con antelación a las defunciones. Puede afirmarse además, que existió una ordenación espacial del cementerio, debido a la racionalidad de su trazado; puesto que los conjuntos, exentos, se alinean en calles con desarrollo N-S, dejando deambulatorios intermedios, de modo que era posible caminar entorno a ellas. No han subsistido restos de pavimentación asociados en la fase I. 
     La cronología de esta primera fase puede ser establecida mediante criterios históricos y estratigráficos, entre las últimas décadas del siglo XIII y los primeros años del XIV.
- Fase II. 
     La colmatación del espacio, hace que las tumbas comiencen a adquirir una cota más elevada, a veces superponiéndose parcialmente sobre las anteriores: t. 145 sobre t. 272; 509 sobre 545, etc.; es lo que denominamos fase II, entendida como un continuum de la anterior. La técnica constructiva es similar, aunque más compacta y sólida. Las tumbas pueden ser individuales, formar agrupaciones c.259-, o parejas -561-565 y 590-671-; construidas siempre de forma conjunta. En esta fase se detectan tramos de pavimentación de argamasa, que dejarían ver solo la parte superior de las cubiertas abovedadas, siendo el resto de la estructura funeraria soterrada.
     Esta fase debió ocupar todo el s. XIV, siendo amortizada a principios del XV como nos indica la unidad estratigráfica 188 que cubre casi totalmente estas estructuras.
- Fase III.  
     Prosiguen los conjuntos unificados por un murete de cabecera: c. 289, 1310, y proliferan las alineaciones simples: c. 166, 147, 255, 773, 1320, etc. No obstante se aprecian ahora cambios sustanciales en los procedimientos funerarios, que denotan un empobrecimiento técnico. 
     Los lucillos se construyen con ladrillos fragmentados, piedras calizas o guijarros y con llagas muy anchas, lo que les da un aspecto descuidado y de falta de consistencia. Las bóvedas, se solucionan casi siempre con una hilada de ladrillos planos, unidos por sus lados largos, que cierran el dorso de la estructura. A veces piedras grandes, trozos de azulejería -t. 94-, o fondos de tinajas -t. 702-, sirven para el mismo fin. 
     Un detalle relevante, es que los conjuntos funerarios no son construidos de una vez, sino que las tumbas son realizadas una a una, de forma que no hay muros laterales compartidos.
     Como detalles constructivos, se aprecian ahora restos de pavimentaciones asociadas a las tumbas; unas veces de argamasa enlucida en rojo a modo de dess y en otros de un compactado a base de gravilla y tierra alberiza. En unas pocas tumbas, el muro de cabecera - a excepción del taponamiento-, aparece encalado: tt. 74, 806.
     El panorama del cementerio es ahora abigarrado; en el sector más cercano a la cerca islámica, la alta densidad previa, hace que las tumbas de esta fase aparezcan más dispersas, alojándose en huecos o superpuestas directamente a las anteriores -a veces este deseo de proximidad a algún conjunto anterior, nos hace pensar en vinculaciones de tipo parental-. El sector sur -el excavado en 1997-, parece organizarse en esta fase; el modelo preferente es el de alineaciones paralelas, compuestas de hasta seis lucillos cada una; están tan próximas unas de otras que a veces los pies de un individuo se adentran en la tumba siguiente.
     La organización del cementerio ha variado; no se percibe ahora la previsión de antaño. Si bien hay unas pocas tumbas que se preparan con antelación -ya que se encuentran vacías-, la norma es que se vayan añadiendo tumbas a las alineaciones conforme va haciendo falta. No obstante el espacio parece estar distribuido con antelación, ya que en el caso de alineaciones de pocos individuos llama la atención la existencia de huecos libres en los extremos, hecho que contrasta con la alta densidad general. Esta argumentación estaría apoyada por la existencia de tumbas de infantiles o adultos jóvenes, a los que se les hace la tumba ex profeso, de dimensiones más pequeñas -tt. 1.351 y 1.374-.
     Esta fase parece ser posterior al pogrom de 1391 cuyas terribles consecuencias económicas y sociales podrían estar siendo reflejadas en los cambios técnicos y organizativos percibidos ante el hecho funerario. La cronología de esta fase se extiende desde principios del s. XV, hasta un momento indeterminado de la segunda mitad de la centuria.
- Fase IV.  
     Se produce ahora un fenómeno de origen natural que parece tras tocar no solo el panorama topográfico del cementerio, sino también las costumbres y pautas establecidas anteriormente. El hecho es que se anula visualmente el espacio funerario debido a una elevación de cotas; es decir una colmatación producida por la formación de la unidad deposicional 130.
     No obstante una nueva fase de inhumaciones se constata en todo el espacio excavado, aunque con un notable cambio: la desaparición de las estructuras tipo lucillo y la generalización de los enterramientos en fosas, previo amortajamiento del cadáver en ataúd. Las relaciones de diacronía son claras. En la mayoría de los casos, las inhumaciones en fosa se asientan sobre tumbas abovedadas totalmente cubiertas, con una colmatación que puede ir de 0,40 m. a tan solo un par de centímetros: fosa 103 sobre tumba 272; alineación 1.382 sobre conjunto 1.216; la fosa 1.112 orada las pavimentaciones de la fase II y III, mientras otras se acomodan a los huecos deja dos entre las bóvedas -fosas 610 y 621-. 
     Respecto de la ordenación general, se deduce aún un orden preestablecido, por lo que podemos seguir hablando de cementerio hebreo; es decir las fosas no se disponen de forma arbitraria, sino que como norma, forman alineaciones en donde se establecen agrupaciones de individuos por edades, siendo los de pocos meses, enterrados en alineaciones distintas a las de los adultos -con una sola excepción-.
     Este cambio evidente en el rito externo: la fosa; el predominio de inhumaciones infantiles (12) y el carácter sedimentológico de la u.d. 130, nos hace argumentar en relación a mortandades relacionadas con catástrofes naturales como las crecidas del río -proceso al que asociamos la formación de la u.d. 130-, cuyas aguas estancadas eran el cultivo idóneo para las infecciones y epidemias tan usuales y graves por estas fechas.
     Respecto de su datación, esta fase ocuparía los años finales del s. XV ya que aparece sellada en un amplio sector por un edificio cuadrangular de principios del XVI.
- Fase V.
     Tras la fase anterior se aprecian unas pocas estructuras cuadrangulares, de pequeñas dimensiones y función poco definida, que denotan un cambio de uso en el solar. Sobre ellas, una nueva colmatación de características similares a la u.d. 130, volverá a sellar el antiguo paisaje. 
     Sin embargo, en un momento posterior a todo ello, volvemos a tener estratificadas una serie de inhumaciones que mantienen las características del ritual hebreo -orientación W-E y extremidades superiores extendidas a ambos lados del cuerpo-; no obstante, se van a apreciar cambios sustanciales: en primer lugar la densidad decrece de forma drástica, ya que estamos hablando de tan solo unas pocas inhumaciones dispersas; y lo que es igualmente importante, la tipología funeraria es ahora arbitraria, con el uso indistinto de fosas simples o estructuras de cubierta plana y material de acarreo.
     Por su ubicación estratigráfica estamos en un momento subsiguiente a la fase IV y por tanto posterior a la expulsión de los judíos. Se sabe que a finales del s. XV la Inquisición había perseguido los enterramientos de judeoconversos por el rito hebreo en terrenos baldíos situados en el viejo camposanto judío. Las tumbas de esta fase son por tanto los primeros testimonios arqueológicos de dichas prácticas.
     Otros cementerios de conversos son mencionados en las fuentes, como el situado entre la ermita de San Bernardo y la Huerta del Rey, expropiado en 1482 por Orden Real por enterrar según ritos judaizantes y al parecer, donde en los últimos años del s. XV se fundó el Monasterio de Santo Domingo de Portacoeli. Un segundo lugar estaría ubicado cerca del Monasterio de San Agustín y por último el situado en las inmediaciones del Convento de la Trinidad.
- La minoría esclava. 
     En el extremo oeste del solar, en la franja de terreno inmediata al lienzo de antemuro islámico detectado en la intervención de Cano y Cueto -el que uniría la puerta de la Carne con el Alcázar sevillano, en un sector que nos llamaba la atención por la inexistencia de tumbas hebreas, se detectó un conjunto de individuos que por su ubicación topográfica, características deposicionales, diferencias de rito y la tipificación racial que ofrecían -con rasgos claramente negroides-, creemos poder relacionar con ejemplos de la población esclava de la Sevilla moderna.
     Si bien no se tenía constancia arqueológica de los aspectos funerarios de este grupo de población, ni siquiera si había normas establecidas al respecto, la presencia de esclavos negros en esta ciudad a partir de época bajomedieval es un hecho histórico conocido; y nuestra ciudad se convertirá junto con Lisboa y Génova, en uno de los principales mercados esclavistas de Europa. En Sevilla, el lugar destinado para este comercio eran las gradas de la Catedral, siendo alojados en las casas del entorno mientras se producía la venta. Si durante este tiempo se producían fallecimientos, eran enterrados en las propias casas de calle Bayona, Gradas, Plaza de San Francisco, etc., lo que provocó problemas de salubridad como consecuencia, el traslado de estos a barrios más periféricos como Triana, Cestería y Carretería.
     Hacia 1400 se funda un hospital y hermandad de negros en los alrededores de la Cruz del Campo bajo la advocación de Nuestra Señora de los Reyes (Magos); en 1550 se adquieren unos terrenos entre las puertas de Osario y Carmona, lugar donde se trasladará el hospital, que a partir de 1554 se denominará de Ntra. Sra. de los Ángeles, cuya capilla funcionará como parroquia hasta que a fines del s. XVI, se traslada el Santísimo a la iglesia de San Roque. En el cementerio de este último hospital y más tarde en el de San Roque, se autorizará el enterramiento de los hermanos de la cofradía. Estas instituciones vertebrarán el nuevo arrabal, donde hemos de mencionar también la Plaza de la Azuaica o de Santa María la Blanca, famoso lugar de reunión de esclavos y libertos.
     En la intervención de Cano y Cueto han sido detectados once individuos que podemos relacionar con este mundo y cuyas peculiaridades deposicionales, rituales y antropológicas pasamos a describir.
     El contexto edáfico en el que están inmersos se caracteriza por presentar unas arcillas muy finas, originadas mediante una lenta decantación y según análisis contrastado, de origen natural. En este medio, sumamente homogéneo, se encuentran las inhumaciones, sin diferenciación de interfacies correspondientes a fosas de enterramiento, ni de cualquiera otra alteración del registro que pudiera suponer una alteración postdeposicional. Además de ello, el alto grado de preservación de las conexiones anatómicas apuntan a un ambiente sedimentario muy pasivo, permeable, que produciría el sellado y fijación de las relaciones articulares.
     Este entorno, solo puede explicarse por la combinación de dos factores: el foso de la barbacana y los episodios aluvionales generados por las crecidas del Arroyo Tagarete. El primero, servía de desagüe al interior de la cerca, pues una aspillera detectada en el antemuro, continuaba hoy en día drenando agua hacia el foso. No obstante, en época moderna, las sucesivas riadas que se constatan en este sector, debieron no solo hacer impracticable esta área extramuros durante sucesivos periodos, sino arrastrar objetos y tierras que en un medio acuoso como el del foso, decantaría en un proceso más lento y homogéneo que en el resto de la llanura de influencia aluvial. Vertidos intencionados posteriores, terminarían de colmatar y cegar esta depresión.
     En este medio, se excavaron individuos estratificados -hasta un número de cuatro superposiciones-. Las posiciones anatómicas diversas detectadas, nos indican en primer lugar un grado diferente de desecación del sector; y en segundo lugar y como consecuencia de la anterior, un periodo de tiempo transcurrido desde la primera a la última inhumación.
     Así, en los individuos más profundos e iniciales, se encontraban morfologías bastante irregulares, con las partes más pesadas del cuerpo rehundidas respecto de las extremidades, en disposiciones arbitrarias. El lecho irregular sobre el que se detectan, y la ausencia de fosas de enterramiento, nos informan acerca de un medio permeable de carácter pantanoso. Es el caso del individuo 884.
     Los más superficiales sin embargo, algunos literalmente adosados a la estructura defensiva, se les aprecia una marcada horizontalidad del lecho sobre el que se depositan, debido a un terreno de carácter semipantanoso, pero más consolidado. Sería el caso de los individuos 53, 62, 501, etc.
     Una de las inhumaciones, la 697, volteada y boca abajo nos llevó a interpretar la ubicación del séquito fúnebre en el interior de la liza, depositándolos desde encima del antemuro.
     En tan solo dos casos -ambos muy alejados de la barbacana en comparación con los anteriores, concretamente a unos 9 metros-, se producen enterramientos en fosa simple, tan cerca el uno del otro, que el segundo seccionaba al precedente. Este cambio de actitud podría explicarse quizás por la total desecación del foso.
     Las disposiciones anatómicas detectadas, minimizan lo que habitualmente denominamos como aspectos del ritual, debido a la arbitrariedad en la colocación del difunto, con la cabeza orientada tanto al este como al oeste, las extremidades inferiores extendidas o flexionadas, las manos en ubicaciones diversas, etc.
     Podemos afirmar a modo de conclusión interpretativa, que se trata de inhumaciones individualizadas en el espacio y el tiempo, aunque en un medio común. Y a falta de otros rasgos de asociación, tienen como nexo la aleatoriedad en el ritual y la inexistencia de ataúd o mortaja. La carencia de connotaciones de tipo espiritual y simbólico, así como el sistema de enterramiento tan poco cuidado, nos informan acerca de la ínfima extracción social de estos individuos, cuya tipificación racial, y la media de edad detectada (entre 18 y 35 años), nos identifican estos casos con inhumaciones de esclavos negroides en el arco de edad más cotizada. Por el material arqueológico asociado, nos movemos en un espectro cronológico que abarcaría el siglo XVI e inicios del XVII (Ana Romo Salas, Enrique García Vargas, Juan Manuel Vargas Jiménez, y Juan Manuel Guijo Mauri. El Cementerio Hebreo de Sevilla y otros osarios. Excavación arqueológica en Cano y Cueto (Sevilla). 1997).
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Más sobre la calle Cano y Cueto, en ExplicArte Sevilla.

martes, 18 de agosto de 2026

Los principales monumentos (Iglesia de San Bartolomé, Palacio de Monroy, Ermita del Cristo de la Misericordia, Ermita del Rosario, Ermita de los Mártires, Ermita de San Antonio, Real Pósito, Cárcel Pública, Casa del Pueblo, y Ayuntamiento) de la localidad de Valverde de Leganés, en la provincia de Badajoz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de San Bartolomé, Palacio de Monroy, Ermita del Cristo de la Misericordia, Ermita del Rosario, Ermita de los Mártires, Ermita de San Antonio, Real Pósito, Cárcel Pública, Casa del Pueblo, y Ayuntamiento) de la localidad de Valverde de Leganés, en la provincia de Badajoz.
     Valverde de Leganés se localiza entre Olivenza y Almendral, cerca del pantano de Piedra Aguda, en el ámbito más cercano a la influencia de la frontera. El siglo pasado aún aparece nombrada como Valverde de Badajoz, jurisdicción a la que perteneció inicialmente desde su fundación en el siglo XIII. Más tarde pasó a integrarse en las casas de Leganés y Altamira, teniendo a su vez como anejos, hasta su desaparición en el XVII, a las aldeas de Valdesevilla y Los Arcos.
     Tipo de Entidad: Municipio
     Superficie Término: 73 Km2
     Altitud: 295 m.
     Distancia Capital: 25 Km.
     Partido Judicial: Olivenza
     Comarca: Llanos de Olivenza
     Gentilicio: Valverdeño
Ayuntamiento de Valverde de Leganés
     plaza Constitución, 2
     06130 Valverde de Leganés (Badajoz)
     Teléfono: 924496011 - 924496050
     Fax: 924496402
     Correo-e: ayuntamiento@valverdedeleganes.es - secretario@valverdedeleganes.es
     Web: www.valverdedeleganes.es
Historia.-
     Valverde de Leganés se localiza entre Olivenza y Almendral, cerca del pantano de Piedra Aguda, en el ámbito más cercano a la influencia de la frontera. El siglo pasado aún aparece nombrada como Valverde de Badajoz, jurisdicción a la que perteneció inicialmente desde su fundación en el siglo XIII. Más tarde pasó a integrarse en las casas de Leganés y Altamira, teniendo a su vez como anejos, hasta su desaparición en el XVII, a las aldeas de Valdesevilla y Los Arcos.
     En el lugar correspondiente a esta última -más próximo a Almendral- perdura el castillo señorial de este mismo nombre. En la dirección opuesta, aunque muy maltrechos, también se observan restos del de La Jineta.
     La proximidad a la frontera hizo de Valverde escenario de numerosas acciones de guerra relacionadas con los conflictos hispano-portugueses en todas las épocas. En sus inmediaciones tuvo lugar en 1385 la batalla que remató el descalabro sufrido poco antes por los castellanos en Aljubarrota. El 13 de Septiembre de 1643 la localidad fue arrasada por los portugueses durante la guerra de la separación. En 1704, iniciada la de Sucesión, sus moradores la abandonaron, temerosos de nuevos ataques lusitanos, que efectivamente se produjeron con terribles resultados, hasta el punto de que el enclave quedó destruido por completo y despoblado, hasta que en 1712 se inició su reconstrucción.
     Valverde fue escenario también de la reunión mantenida el 14 de Mayo de 1811 por los generales aliados con Beresford, para preparar la batalla librada dos días después contra los franceses en los campos de La Albuera, y en la que parte de las tropas tuvieron aquí sus campamentos de partida (Diputación Provincial de Badajoz).

Monumentos.-
     El aspecto actual de la población data de época moderna, como consecuencia de las múltiples reconstrucciones experimentadas, presentando, por tal causa, estructura de vocación regular, con calles amplias y rectas.
     Su hito más destacado es la iglesia parroquial de San Bartolomé, realización ciertamente singular que no deja de llamar la atención por sus particulares características. La obra se inició en 1569 bajo planteamientos colosales, no concluyéndose hasta 200 años después de manera mucho más modesta que la inicialmente concebida.
     Del proyecto originario se levantaron tan sólo los enormes muros perimetrales de una gran nave y su ábside semicircular, que quedaron inconclusos. Atravesada sobre esta estructura de manera muy extraña, es decir, girada 90 grados, con la cabecera sobre su costado del Evangelio y los pies en el opuesto, teniendo como largo el ancho de la anterior, se encajó una nueva iglesia de proporciones mucho más reducidas.
     A las afueras del pueblo en dirección a Olivenza, ocupando un hermoso paraje correspondiente a la finca La China, por cuyo apelativo resulta conocido más comúnmente, se encuentra el antiguo convento franciscano de Madre de Dios, fundado en 1540 y hoy en ruinas. El complejo se articulaba en torno a un recoleto claustro al que se anejan la capilla, de cabecera cuadrangular con bóveda estrellada y cúpula contigua rematada en cimborrio, y otras dependencias. Por sus características y perfecta integración con el medio paisajístico, el viejo monasterio constituye un centro de interés sobresaliente que junto con los de Rocamador de Almendral, Moncarche, Loriana, San Onofre de La Lapa, Santa Elena y otros muchos, siempre ocupando enclaves de insuperable encanto natural, testimonian la importancia de estas realizaciones en la región.
     En el interior de Valverde se conservan las ermitas del Rosario y San Antonio. La primera, de acusado sabor popular, presenta atractivo atrio porticado delantero y cabecera cupulada sobre trompas. La segunda, originaria del siglo XVII, ofrece fachada con arco de medio punto y potentes estribos laterales con pináculos y espadaña de atractiva silueta (Diputación Provincial de Badajoz).

Iglesia de San Bartolomé.-
     Se localiza en la Plaza de Luis Chamizo. Las primeras obras del edificio comienzan entre 1530-1535 cuando el Concejo de Valverde de Badajoz decide ampliar las dimensiones de su iglesia parroquial. La construcción queda paralizada durante casi 30 años a consecuencia de la construcción de la Catedral de Badajoz, ciudad de la quien dependía Valverde.  Transcurrido ese tiempo las obras se reanudan en 1575 tras la apelación del Concejo de Valverde de Badajoz al Consejo Real de Castilla quien reanuda la obra en colaboración con el Cabildo de la Catedral de Badajoz, quienes enviaron un grupo de arquitectos para que evaluaran lo iniciado 30 años antes y continuaran con el plan establecido. Sin embargo, la declaración de la bancarrota total del Reino a finales del siglo XVI y durante los primeros años del siglo XVII paralizó definitivamente su construcción. En una rápida lectura de los muros inacabados podemos observar una iglesia con planta de cruz latina, de estilo tardo-gótico con bóvedas de crucería. En 1766, aprovechando tales muros se decidió construir la iglesia actual. Para ello fue aprovechado el brazo derecho de la cruz latina de la primitiva iglesia, el cual fue transformado en cuerpo principal de la actual y al que se le adosó en el presbiterio una capilla lateral en cada lado. El presbiterio es un espacio absidiado con bóveda de crucería (Ayuntamiento de Valverde de Leganés).

Palacio de Monroy.-
     Se trata de uno de los edificios más antiguos de la localidad aunque hoy solo se conserven dos muros. No se conoce documentación que permita situar cronológicamente la fundación del edificio aunque, según la tradición popular, en obras recientes apareció una piedra labrada con la fecha 1301, sin embargo tal documento se encuentra desaparecido por lo que no puede tomarse como fecha fundacional. El edificio actual se encuentra muy remodelado y presenta un gran número de fases constructivas. Algunos historiadores han establecido sus orígenes en la fundación de la Villa, sin embargo no hay pruebas fehacientes. Desde un punto de vista arquitectónico sabemos que el edificio fue remodelado durante la segunda mitad del siglo XVI y que correspondería a un palacio de amplias proporciones que ocuparía gran parte de la manzana donde se encuentra. En el Siglo XVII, el Conde de Monterrey le dio utilidad como Casa-Palacio y Cuartel General de sus tropas en sus continuos enfrentamientos con Portugal. Posteriormente fue arruinado (Ayuntamiento de Valverde de Leganés).

Ermita del Cristo de la Misericordia.-
     Se encuentra próxima al Real Pósito y la Plaza de la Constitución. Su fábrica puede datarse en el siglo XVI y era capilla del desaparecido Hospital de Misericordia. La construcción es simple: una bóveda de cañón rematada con una cabecera cuadrangular. La fachada presenta un marco y cornisa en mármol de blanco de Estremoz. En el dintel se encuentra inscrito  “Ecce Oculi Domini Super timentes eum, et in eos qui sperant super misericordia eius” que puede traducirse como “He aquí, los ojos del Señor están sobre los que le temen y en los que esperan su misericordia”. La cita corresponde al versículo 18 del salmo 32 de la Biblia vulgata, el cual  alude a la Misericordia de Dios.  Sobre la cornisa fue clavada, recientemente y sin criterio histórico-arqueológico alguno, una losa que porta los atributos de San Pedro. Es probable que esta pieza procediera de la desaparecida Ermita de San Pedro o simplemente formaba parte de una dedicatoria sepulcral aparecida en la Ermita cuando fue renovado el pavimento (Ayuntamiento de Valverde de Leganés).

Ermita del Rosario.-
     Se encuentra situada a las afueras del pueblo en las salidas a Badajoz y La Albuera. La construcción presenta un cuerpo de doble tramo, cabecera con cúpulas sobre trompas, y atractivo atrio porticado delantero, con escalinata al frente. En la cabecera se halla una hornacina donde se venera la Virgen del Rosario, una talla de madera policromada del siglo XVII-XVIII. La Ermita fue sede canónica de la desaparecida Cofradía del Rosario, la cual contaba con un gran número de hermanos e ingresos. Entre los años 1918 y 1944 fue situado en anexo el cementerio Parroquial hasta que fue trasladado a su emplazamiento actual. Este antiguo espacio es ocupado actualmente por un parque presidido por una gran Cruz a modo de memoria de este desaparecido campo santo (Ayuntamiento de Valverde de Leganés).

Ermita de los Mártires.-
    Situada en la cima del cerro homónimo se encuentran los restos de esta construcción en estado de ruina desde la Desamortización de Mendizábal. Por la distribución de los muros, esta Ermita presentaría una bóveda de cañón y un pequeño ábside rematado seguramente por una cúpula semicircular. Los materiales utilizados para su construcción fueron pobres, lo que ha favorecido la rapidez de su deterioro. Posiblemente los muros se encontraban decorados a través de esgrafiados. Hasta mediados del siglo XX conservaba elementos de su fachada que fueron trasladados a la Ermita de San Antonio (Ayuntamiento de Valverde de Leganés).

Ermita de San Antonio.-
     Situada en la calla que lleva su nombre, la Ermita pudo ser levantada entre los siglos XVI y XVII aunque no se dispone hasta hoy de documentación relativa a su fundación. De construcción sólida, consta de una nave de dos tramos con bóveda de crucería y una cabecera con una bóveda de ladrillos con nervaduras. La fachada no es la original ya que procede de la desaparecida Ermita de los Mártires. Esta  presenta arco de medio punto con potentes estribos laterales en avance, rematados con pináculos y espadaña de atractiva silueta sobre la cornisa (Ayuntamiento de Valverde de Leganés).

Real Pósito.-
     Posiblemente construido en el siglo XVI, su fachada labrada en granito data del siglo XVIII por la inscripción que la remata: "ESTA OBRA MANDO HACER LOS SEÑORES PHELIPE ROD BALLESTERO EL CONCEJO DE ESTA CASA Y GONZALO FRS. BALDOVINO ALCALDES DELLA AÑO 1746". Se encuentra junto a la Plaza Principal y próximo a las Casas Consistoriales. Su estado de conservación es bueno. Jugó un papel decisivo en las Guerras con Portugal y durante toda la Edad Moderna prestado servicio de grano a los campesinos de la localidad. Durante el siglo XX ha sido utilizado como Escuelas Infantiles, Biblioteca Pública, Servicio de Correos y centro de Formación (Ayuntamiento de Valverde de Leganés).

Cárcel Pública.-
     En la parte baja del edificio del Pósito se construyó la Carcel Pública. Esta consiste en dos salas con bóveda baja de ladrillo. Estuvo activa durante el siglo XX y fue reutilizada como Escuelas Primarias (Ayuntamiento de Valverde de Leganés).

Casa del Pueblo.-
     Se encuentra en la plaza de Antonio Asensio y fue levantada a través de la fundación en 1902 de la Sociedad de Obreros La Redentora, en pleno auge del Movimiento Obrero Español a inicios del siglo XX. El edificio es un gran salón donde se reunían en asamblea los miembros de esta sociedad. En este mismo edificio fue convocado uno de los Congresos Obreros de Extremadura donde acudieron representantes de todas las asociaciones obreras de Extremadura (Ayuntamiento de Valverde de Leganés).

Ayuntamiento.-
     Casa señorial situada en la Plaza de la Constitución. Recientemente ampliado y rehabilitado cuenta con dos partes. La parte antigua se trata de un edificio de tres plantas con fachada simétrica y de corte clásico que sería remodelado por primera vez en 1868 como así muestra la inscripción del dintel en mármol de la puerta. En el Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura de 1791, el edificio es definido en estado de ruina por lo que es probable que así se mantuviera hasta bien entrado el siglo XIX. En la fachada se aprecia un gran escudo nobiliario, recientemente estudiado, atribuido al Rey Fernando VII.
     La parte nueva, recientemente construida tras la adquisición de la vivienda contigua, es más moderna y accesible, donde se ubican los despachos y demás estancias para la atención ciudadana (Ayuntamiento de Valverde de Leganés).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de San Bartolomé, Palacio de Monroy, Ermita del Cristo de la Misericordia, Ermita del Rosario, Ermita de los Mártires, Ermita de San Antonio, Real Pósito, Cárcel Pública, Casa del Pueblo, y Ayuntamiento) de la localidad de Valverde de Leganés, en la provincia de Badajoz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia pacense.

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