Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

   Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla :     La intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla" , presentado por Ch...

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domingo, 22 de marzo de 2026

Experiencia Explicarte Sevilla, con los Talleres "Conocer Sevilla, y Visitar Sevilla" de los Distritos Bellavista - La Palmera, Los Remedios, y Triana del Ayuntamiento de Sevilla

     Hoy, domingo 22 de marzo, finaliza la decimooctava semana de otra Experiencia con ExplicArte Sevilla de las visitas organizadas para los Talleres Socio-Culturales "Conocer Sevilla, y Visitar Sevilla", de los Distritos Bellavista - La Palmera, Los Remedios, y Triana, del Ayuntamiento de Sevilla, desarrollados de lunes a viernes por las mañanas y tardes, y que se iniciaron el pasado 28 de octubre de 2025, con la primera presentación de los mismos.
     Gracias a la empresa Educomex Multiservicios, S.L., y Ocioambiente, S.L., por contar con nosotros para mostrarles, mediante los Talleres Socio-Culturales del Ayuntamiento de Sevilla, parte de la ciudad hispalense, porque con ExplicArte Sevilla tenemos la posibilidad de organizarte la visita que tu quieras.
     Nos pusimos manos a la obra, y fuimos ofreciendo distintas rutas a lo largo y ancho de nuestra ciudad, desde el lunes 16 al viernes 20 de marzo.
 
     Los Talleres desarrollados fueron los siguientes:

- 15ª Sesión - Taller 20 "Conocer Sevilla - 6" del Distrito Bellavista - La Palmera (lunes 16, de 10 a 13 h.)
        - Costurero de la Reina
        - Ruta Pabellones de la Exposición Iberoamericana de 1929 I
                - Pabellón de Estados Unidos
                - Pabellón del Perú
                - Pabellón de Uruguay
                - Pabellón de Chile
                - Pabellón de Sevilla
                - Pabellón de Guatemala
                - Pabellón de Argentina
                - Pabellón de Colombia
                - Pabellón de Marruecos
                - Pabellón del Ministerio de Marina
                - Pabellón de Brasil
                - Pabellón de México
                                           
- 15ª Sesión - Taller 18 "Conocer Sevilla - 4" del Distrito Bellavista - La Palmera (lunes 16, de 17 a 20 h.)
        - Costurero de la Reina
        - Ruta Pabellones de la Exposición Iberoamericana de 1929 I
                - Pabellón de Estados Unidos
                - Pabellón del Perú
                - Pabellón de Uruguay
                - Pabellón de Chile
                - Pabellón de Sevilla
                - Pabellón de Guatemala
                - Pabellón de Argentina
                - Pabellón de Colombia
                - Pabellón de Marruecos
                - Pabellón del Ministerio de Marina
                - Pabellón de Brasil
                - Pabellón de México
                       
- 16ª Sesión - Taller 15 "Conocer Sevilla - 1" del Distrito Bellavista - La Palmera (martes 17, de 10 a 13 h.)
       - Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses

- 17ª Sesión - Taller 49 "Visitar Sevilla" del Distrito Los Remedios (martes 17, de 17 a 20 h.)
        - Ruta de la Judería I
                - Iglesia de Santa María la Blanca
                - Hotel Las Casas de la Judería
                - Iglesia de San Bartolomé
                - Palacio de Miguel de Mañara
                - Convento de las Mercedarias de San José
                - Convento de las Salesas
           
- 15ª Sesión - Taller 21 "Conocer Sevilla - 7" del Distrito Bellavista - La Palmera (miércoles 18, de 10 a 13 h.)
        - Hogar de la Virgen de los Reyes
               
- 14ª Sesión - Taller 32 "Conocer Sevilla" del Distrito Triana (miércoles 18, de 17 a 20 h.)
        - Conjunto Monumental San Luis de los Franceses
        
- 18ª Sesión - Taller 16 "Conocer Sevilla - 2" del Distrito Bellavista - La Palmera (jueves 19, de 10 a 13 h.)
        - Hogar de la Virgen de los Reyes
        - Parlamento de Andalucía (antiguo Hospital de las Cinco Llagas)         
                          
- 17ª Sesión - Taller 54 "Visitar Sevilla" del Distrito Los Remedios (jueves 19, de 17 a 20 h.)
       - Palacio de San Telmo
                       
- 17ª Sesión - Taller 17 "Conocer Sevilla - 3" del Distrito Bellavista - La Palmera (viernes 20, de 10 a 13 h.)
        - Antiquarium
        - Capilla de Montesión
        - Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús
                        
- 17ª Sesión - Taller 19 "Conocer Sevilla - 5" del Distrito Bellavista - La Palmera (viernes 20, de 17 a 20 h.)
        - Antiquarium
        - Panteón de los Sevillanos Ilustres
                 
     Gracias a las empresas Educomex Multiservicios, S.L., y Ocioambiente, S.L, por contar con nosotros, a los coordinadores de los talleres de los Distritos de Bellavista - La Palmera, Los Remedios, y Triana del Ayuntamiento de Sevilla, y como no podía ser de otra manera a todos y cada unos de los amigos que estoy conociendo gracias a estos talleres, de los que me estoy llevando una inmejorable impresión, puesto que está siendo una relación de amistad, más que de monitor-alumno, y de colaboración y aportación mutua, que sin duda está siendo enriquecedora para todas las partes, y que esperamos que sea duradera en el tiempo. 
     Deseando continuar con dichos talleres porque con ExplicArte Sevilla tenemos la posibilidad de organizarte la visita que tu quieras.
     Os dejo unas fotografías, aportadas por los usuarios, de toda la Experiencia ExplicArte Sevilla, y si quieres vivir una experiencia privada y personalizada a tu gusto, sólo tienes que contactar con ExplicArte Sevilla en Contacto, y a disfrutar del patrimonio e historia del lugar que elijas.
















Más Experiencias ExplicArte Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

domingo, 3 de agosto de 2025

Un paseo por la calle Palos de la Frontera

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Palos de la Frontera, de Sevilla, dando un paseo por ella.
    Hoy, 3 de agosto, es el aniversario (3 de agosto de 1492), de la partida de Colón del puerto de Palos de la Frontera, en el viaje del Descubrimiento del Nuevo Mundo, así que hoy es el mejor día para Explicarte la calle Palos de la Frontera, de Sevilla, dando un paseo por ella.
       La calle Palos de la Frontera es, en el Callejero de Sevilla, una vía que se encuentra en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo, y va de la avenida de Roma, a la glorieta de San Diego. 
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Aunque los planos históricos no dan nombre a este camino, es posible que se usara como término de referencia el convento de San Diego, establecido allí a finales del s. XVI. A comienzos del s. XX ya hay alusiones al arrecife del Foso por el que bordea el lado sur de la Fábrica de Tabacos. En 1928 se rotula como Palos de Moguer, por ser el nombre más usual al referirse en la época a Palos de la Frontera, villa desde donde partió Colón en 1492 y en clara relación con la Exposición Iberoamericana. En 1966 por iniciativa del ayuntamiento de esa localidad se rectificó, dándole su actual de­nominación.
     Desde la Edad Media existió un camino que, antes de la construcción de los jardines de la Eslava sobre los que se edificó el Hotel Alfonso XIII, en el último tercio del s. XIX, cruzaba diagonalmente desde la Puerta de Jerez a la esquina del foso junto a San Telmo. Con la construcción en 1592 del convento de San Diego, en 1682 de la Universidad de Mareantes (Palacio de San Telmo) y en 1728 de la Fábrica de Tabacos, queda conformado casi en su totalidad el camino o arrecife que tras salir alineado con la fachada principal de San Telmo, gira en ángulo recto antes de alcanzar este edificio y continuar paralelo junto al foso hasta alcanzar la fachada del convento.
     Es ancha y describe dos curvas muy pronunciadas. Las aceras son también amplias y están embaldosadas con losetas de cemento. El tramo de acera contigua al parque se ensancha, dando lugar a una amplia franja de albero sobre la que se sitúan dos hileras de castaños de Indias. La presencia de arboles a ambos lados del antiguo camino o arrecife será una constante a través de los siglos. Ya en 1614 los franciscanos de San Diego fueron autorizados a plantarlos en el camino que conducía desde el convento a la Puerta de Jerez. Confluyen Doña María de Padilla por la izquierda y La Rábida por la derecha. Es una vía muy singular, pues está delimitada por las verjas de los tres únicos edificios que la conforman: un tramo de los jardines de San Telmo, conocidos popularmente como la Madrina; parte del foso de la antigua Fábrica de Tabacos (hoy Universidad), y un lienzo de pared de los jardines del palacio de San Telmo. Este edificio ofrece en su fachada norte doce esculturas de sevillanos ilustres realizadas en 1895 por Antonio Susillo (v. Avenida de Roma). La Fá­brica de Tabacos, obra de Sebastián Van der Borcht, terminada en 1771, y el Hotel Alfonso XIII,  obra  del  arquitecto José Espiau (1928), ofrecen sus fachadas posteriores a esta calle junto con un tramo del foso que bordea a la Universidad y que fue el último en ser terminado. En los años sesenta se construyó un puente sobre el mismo que da acceso a la que fue Facultad de Ciencias, hoy de Filología. Frente a este edificio y rodeado de frondosa arboleda se encuentra un sencillo pabellón conocido corno de la Madrina, que fue colegio de niñas ciegas y posteriormente Hemeroteca Municipal, hasta el traslado a su actual sede en Almirante Apodaca.
     Hay referencias en 1726 de autorizaciones para depositar escombros en esta zona a los cargadores que salieran por la Puerta de Jerez y los postigos del Aceite y del Carbón y noticias de arreglos en el arrecife en el s. XIX. En 1830 fue pavimentada de piedra, adoquinada en 1904 y readoquinada en los años setenta. Es una de las pocas avenidas de la ciudad que no ha sido cubierta de asfalto. El alumbrado sobre farolas de báculo fue sustituido en 1975 por farolas fernandinas de fundición con tres brazos. Esta vía que originalmente no era sino el comienzo del camino a Jerez, adquirirá su carácter de vía urbana en función de la reforma del viario con motivo dela Exposición Iberoamericana de 1929. Con anterioridad, en el úl­timo tercio del s. XIX, fue terminal de una de las líneas de tranvías que partía de la calle Hernando Colón y atravesaba la Puerta de Jerez. Hasta 1946 formó parte de la cañada del Juncal que hasta esa fecha pasaba por San Fernando. Desde la década de los seten­ta soporta un intenso tráfico, proveniente del centro y oeste de la ciudad, en una sola dirección. La doble curva y el exceso de velocidad ha provocado en ocasiones la caída al foso de la Universidad de vehículos [Salvador Rodríguez Becerra, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Palos de la Frontera, s/n. HOTEL ALFONSO XIII
. Obra del arquitecto José Espiau Muñoz, dentro del llamado "estilo sevillano". Utiliza los materiales típicos de la región, como ladrillo en limpio, azulejos, zó­calos y otros elementos decorativos de azulejos y patio de columnas.
Palos de la Frontera, 2. PALACIO DE SAN TELMO. Fue construido para Colegio de Mareantes; en el siglo XIX lo adquirieron los Duques de Montpensier para su residencia y, finalmente, por donación de la infanta Luisa, destinado a Semi­nario.
     Su construcción se inicia a fines del siglo XVII y se continúa en el siguiente con algunas detenciones. Las obras de reforma y adaptación continuaron hasta este siglo. La fisonomía actual se la da en el siglo XVIII el arquitecto Leonardo de Figueroa. La fachada principal se inspira en la del Archivo de Indias, y destaca en ella la gran portada de tres cuerpos. La fachada norte se corona por una galería de estatuas de figuras de sevillanos, obra de Antonio Susillo.
Palos de la Frontera, s/n. FÁBRICA DE TABACOS. Se inicia su construcción en 1726 por el ingeniero militar Ignacio Salas, al que sucedió el coronel Diego Bordick, y encargándose del proyecto, en 1750, Sebastián van der Borch; terminó la obra, en 1766, Juan Vicente Catalán. Los cuatro remates de las esquinas fueron labrados por Cayetano Acosta, así como la portada principal. Esta consta de dos cuerpos con columnas corintias y está rematada por la Fama. El amplio vestíbulo, la hermosa escalera y los más bellos lucernarios de las azoteas son obras de Van der Borch, y el patio primero, así como la torre del reloj se deben a Lucas Cintora. En la actualidad este edificio está destinado a Universidad, para lo cual ha sufrido importantes transformaciones internas [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor el hecho histórico que se conmemora en el día de hoy: 
     El 23 de mayo de 1492 los vecinos de Palos de la Frontera escucharon en la iglesia de San José la orden de los reyes para que colaboraran, sin ambages, en la empresa colombina. Debían suministrar a sus expensas dos carabelas, que habían de servir o entregar a los reyes durante doce meses y, además, tenían que partir a las órdenes de Cristóbal Colón «...rumbo a ciertas regiones de la Mar Oceana». La orden dejó estupefactos a los «expertos marinos» habitantes de la villa marinera onubense, ya que se trataba de alcanzar Las Indias por Occidente, bajo el mando de un capitán prepotente, extraño y desconocido. 
     La cuestión se suavizó sobremanera cuando la principal familia marinera de la villa, la de los Pinzón, se sumó a la aventura con su jefe Martín Alonso Pinzón (tenía cerca de 50 años) a la cabeza, que también había concebido la idea de ir a Japón por Occidente; este hecho sería utilizado en 1515, por los testigos de los pleitos de los Colón con el Emperador Carlos V, para desmerecer a Cristóbal Colón enalteciendo a Martín Alonso Pinzón; Vicente Yáñez Pinzón, el hermano menor, también se enroló. En Moguer la familia de los Niños también aportó hombres (Juan, el cabeza de familia, con su carabela la Niña, y dos de sus hermanos) y los Quintero proporcionarían la Pinta. La nao Santa María fue alquilada a un patrón cántabro, de Santoña, Juan de la Cosa que también se embarcaría.
     La cadena de mando en las naves hispanas del momento era piramidal. El capitán o máximo responsable, el maestre que solía ser el propietario del barco, mandaba a los marineros y dirigía todas las operaciones, y el piloto que como segundo en el mando de la marinería se encargaba de trazar la carta de navegación y la marcha de la nave; bajo sus órdenes se encontraba el contramaestre que tenía el control directo de las tareas que motivaban el buen orden a bordo de los barcos. Fueron 87 los hombres enrolados, marinos avezados, ni aventureros ni proscritos. 
     Colón mandaba la Santa María con Juan de la Cosa como maestre y era, además, el capitán general de la flota. Martín Alonso Pinzón (1440-1493) mandaba La Pinta con su hermano Francisco Pinzón como maestre, y su hijo Vicente Yáñez Pinzón La Niña con Juan Niño como maestre. Todos los marineros eran españoles salvo tres genoveses y un portugués, la mayoría andaluces del ducado de Niebla, pero había varios del norte o cántabros como el mencionado Juan de la Cosa y el contramaestre vizcaíno Chachu. Sólo había cuatro fugitivos de la justicia alistados, uno condenado a muerte por homicidio en una riña y sus tres cómplices. Nadie fue obligado a embarcarse y se pagaron 600 maravedís a los marineros noveles, 1.000 a los veteranos, 1.500 a los contramaestres y 2.000 para los pilotos; podían incrementar su salario cambiando su «pacotilla» con los indígenas. Luis de Torres, hebreo converso era el intérprete; Diego de Harana, primo de la amante de Cristóbal Colón, era el alguacil de la flota con carácter policial. Además iban un escribano para levantar actas de las tierras descubiertas, tres médicos y dos funcionarios regios: un «veedor real», agente fiscal para controlar los gastos y reservar la parte de la Corona (antiguamente era un funcionario público encargado de la inspección y control de las actividades de los gremios y sus establecimientos; a partir de las Cortes de Toledo de 1480, los Reyes Católicos le atribuyeron una jurisdicción por la que debería rendir una visita anual de control de los oficiales regios) y un «repostero de estrados del rey» sin misión específica y embarcado motu proprio. No había soldados a bordo, ya que la misión era de exploración.
     La Niña y La Pinta tenían 20 metros de eslora, 6´5 de manga y 3 de calado con una capacidad de 60 toneladas; la Santa María (llamada «La Gallega» y dedicada a Santa María la Grande, que es la patrona de los pontevedreses; texto del padre Sarmiento del siglo XVIII) poseía unos 25 metros de eslora, 8 de manga, 4 de calado y 100 toneladas de capacidad. Eran naves de altas bordas y redondeadas, con un velamen complejo de tres mástiles, capaces para soportar tempestades en alta mar, pero que por su calado reducido les era posible acercarse mucho a la costa, aún en aguas poco profundas. Su coste era escaso, dos millones de maravedís y un cuarto de millón al mes para el pago de la tripulación. La leyenda de la reina Isabel I La Católica de León y de Castilla empeñando sus joyas no tiene ningún fundamento. 
     Colón aportó la octava parte prestada por el duque de Medinaceli y el resto fue aportado por Luis de Santangel con fondos de la Santa Hermandad, cofradía armada que se encargaba de mantener el orden público en los reinos de León y de Castilla. Se embarcaron víveres para un año y en diez semanas todo estuvo aparejado. Al amanecer del 3 de agosto de 1492 la flota se hizo a la mar. «Vuestras Altezas como católicos cristianos y príncipes amadores de la Santa Fe Cristiana y acrecentadores de ella y enemigos de la secta de Mahoma y de todas las idolatrías y herejías, pensaron en enviarme a mí, Cristóbal Colón a las dichas partidas de India para ver los dichos príncipes y los pueblos y las tierras y la disposición de ellas y de todo, y la manera que se pudiera tener para la conversión de ellos a nuestra fe.» (José María Manuel García-Osuna y Rodríguez, Anales críticos sobre Cristóbal Colón, el Gran Almirante de la Mar Océana).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Palos de la Frontera, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La calle Palos de la Frontera, al detalle:

domingo, 13 de julio de 2025

La pintura "San Enrique", de Antonio Cabral Bejarano, en la Capilla del Palacio de San Telmo

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "San Enrique", de Antonio Cabral Bejarano, en la Capilla del Palacio de San Telmo, de Sevilla.   
      Hoy, 13 de julio, San Enrique, emperador romano-germánico, que, según la tradición, de acuerdo con su esposa Cunegunda puso gran empeño en reformar la vida de la Iglesia y en propagar la fe en Cristo por toda Europa, donde, movido por un celo misionero, instituyó numerosas sedes episcopales y fundó monasterios. Murió en este día en Grona, cerca de Göttingen, en Franconia, actual Alemania (1024) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
      Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la pintura "San Enrique", de Antonio Cabral Bejarano, en la Capilla del Palacio de San Telmo, de Sevilla.
     El Palacio de San Telmo - Presidencia de la Junta de Andalucía [nº 60 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 42 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de Roma, 2; en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.
      En la Capilla del Palacio de San Telmo podemos contemplar este óleo sobre lienzo, con unas medidas de 1'44 x 0'85 m., realizado en 1850 por Antonio Cabral Bejarano en estilo romántico, para uno de los lados de las tribunas laterales. 
     San Enrique de Bamberg emperador de Alemania (siglo X) dedicó su vida y gran parte de sus bienes a la construcción de la catedral de Bamberg y Basilea. Su iconografía más habitual es representarlo barbudo y con las insignias imperiales corona, cetro y bola del mundo.  
     Desde el punto de vista morfológico Cabral Bejarano construye la obra con la figura de tres cuartos, de frente y sobre fondo neutro. 
     Hay que tener en cuenta la altura elevada y los detalles del fondo se perderían. Existe un doble tratamiento en la imagen. Para las zonas de la anatomía busca una mayor definición en la pincelada el resto de la composición lo resuelve más rápidamente con un trazo más abierto. Con la representación lo que busca es la dignidad real del personaje tamizado por ese espíritu noble de la compasión. La composición es similar a la pintura de San Carlos Borromeo en la cuál utiliza también una mesa para apoyarse.
     Lógicamente la temática del cuadro no da pie a grandes alardes técnicos o compositivos resulta encorsetada a patrones ya bien establecidos desde el barroco. Existe una cierta intencionalidad en dotar a cada uno de los personajes de la serie, de rasgos definitorios para dar una mayor credibilidad, siendo los santos los que quizás estén mejor logrados.
     Este lienzo forma parte de la colección de doce pinturas en forma de cuarto de círculo o escuadra que incorporaron los Duques de Montpensier, para ser colocados en los lunetos de la bóveda de la capilla del Palacio de San Telmo, tras la compra del mismo al Estado en 1849. Los Duques de Montpensier adquirieron el edificio de la antigua Universidad de Mareantes para establecer su residencia en Sevilla. Este encargo fue hecho al pintor Antonio Cabral Bejarano en mayo de 1850. El pintor fue el responsable de acometer todas las intervenciones en la capilla, respetando el legado existente.
     La elección de los temas representan a santos y santas vinculados a la devoción de los duques de Montpensier. Al desconocer la lista proporcionada por los Montpensier a Cabral Bejarano, ignoramos sin en ella existía anotaciones al margen que explicaran la causa de tal selección. Es conocida la religiosidad de los duques de Montpensier y en especial de la duquesa. A nivel general, se podría considerar que los santos y santas son reyes y reinas, obispos o papas. Reseñar que de la lista de santos casi la mitad corresponderán con los nombres que le pondrán los Duques de Montpensier a sus hijos.
     Esta pintura, como el resto, están concebidas de la misma forma no existiendo desigualdad técnica entre ellas. Su lectura en conjunto podría ser definida como una galería de retratos de "santos ilustres", al igual que existía otra de personajes ilustres en las dependencias del palacio. La capilla ya poseía su propio programa iconográfico, bien definido, por ello no había lugar ni espacio para desarrollar otros temas hagiográficos en la nave, aunque sí se colocaran en lo alto de la tribuna las dos escuadras grandes de la vida de San Antonio pero que no se ven a simple vista. Por ello la decisión del duque fue muy respetuosa con el entorno existente. 
     La serie esta concebida de forma austera pocos elementos, simplemente los atributos básicos de los santos, necesarios para que se reconozcan. Esta economía de medios puede resultar a veces monótona, pero proporciona gran unidad al conjunto. No hay nada anecdótico y los detalles se reducen sólo a alguna joya, o un textil más o menos elaborado, ésta no era la preocupación del artista que prefiere centrarse en el rostro y en captar de manera subjetiva la santidad del personaje. Sin embargo a veces se puede confundir el misticismo con la quietud (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía, de San Enrique;
     Nacido en 972, Enrique II fue emperador de Alemania entre 1002 y 1024. Casado con Cunegunda de Luxemburgo, en sus relaciones con ella observó una estricta continencia que habría sido meritoria si él no hubiese sido impotente. Él sospechó que ella cometía adulterio y Cunegunda debió justificarse mediante la ordalía del fuego, caminando descalza sobre rejas de arado calentadas al rojo. Después de ese juicio de Dios la Iglesia se creyó autorizada a incluir a la esposa de Enrique II entre las «vírgenes». Obtuvo un doble beneficio de su impotencia: la dignidad imperial, que sus electores le concedieron de muy buena gana puesto que era incapaz de fundar una dinastía, y la canonización.
     Al no tener niños a quienes proveer, los «virginei conjuges» dedicaron la mayor parte de sus bienes a la dotación de las catedrales de Bamberg y de Basilea.
     El pobre emperador padecía numerosas desgracias físicas.
     En Alemania se lo había motejado Heinrich der Lahme, der Hinkende, es decir, el Paralítico, el Cojo. Como además tenía cálculos renales, Enrique fue milagrosamente curado por San Benito, quien se le apareció durante la noche en el monasterio de Montecassino. Soñó que el santo le cortaba la vejiga y le extraía un cálculo que al día siguiente, al despertar, encontró en su mano. Cuando agonizaba, los demonios quisieron apoderarse de su alma pecadora incitándole a que acusara injustamente a su esposa; pero San Lorenzo, a quien veneraba muy especialmente, intercedió por él y lo salvó, poniendo en la balanza un cáliz de oro que el emperador le había ofrendado.
     Esta leyenda se copió de la atribuida al rey Dagoberto, forjada por los monjes de la abadía de Saint Denis. Los santos que vienen en auxilio para arrancar a los demonios el alma en peligro del rey Dagoberto, son San Dionisio, San Martín, y San Mauricio. El emperador alemán se contenta con San Benito para la salud del cuerpo y San Lorenzo para la salvación de su alma.
CULTO
     Canonizado en 1146 a causa de su castidad involuntaria, y sobre todo de sus generosas donaciones a la Iglesia, Enrique II se convirtió en el patrón de Bamberg y de Basilea, desde allí su culto se difundió en Alsacia: Thann, Colmar y Estrasburgo.
ICONOGRAFÍA 
     Está representado, igual que Carlomagno, ya imberbe ya barbudo, con las insignias imperiales: la corona, el cetro y el globo.
     Sus atributos personales son un tallo de lirio en alusión a su matrimonio casto o una pequeña maqueta de la catedral de Bamberg, que él fundara (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de Antonio Cabral Bejarano, autor de la obra reseñada;
   Antonio Cabral Bejarano (Sevilla, 31 de octubre de 1798 – 1861). Pintor y profesor.
   Se le considera uno de los creadores en Sevilla del género de la pintura costumbrista. Su formación inicial fue junto a su padre, el también pintor Joaquín Cabral Bejarano (de quien hereda el gusto por copiar a Murillo), y la asistencia a las clases de la Escuela de Bellas Artes de Sevilla, de la que fue profesor de perspectiva desde 1825. Durante el Trienio Liberal apoyó los actos públicos que defendían el sistema en Sevilla y fue autor del Retrato del general Riego que se paseó por la ciudad en 1821. Decoró también varias arquitecturas efímeras de celebración pública al aire libre. Miembro fundador del Liceo sevillano y colaborador en todas las exposiciones que convocaba, en donde presentó sobre todo escenas costumbristas, como las del año 1838: Un majo, Retrato de Govantes, Ruinas góticas, y el boceto de la Degollación de san Juan Bautista. En 1840 realizó el Retrato de Murillo, y Rinconete y Cortadillo (encargo del marqués de los Llanos). En la de 1841 también presentó Un majo y una maja, dos copias de Murillo representando a las Santas Justa y Rufina (en colaboración con Manuel Barrón) y una Escena de duendes.
   Impulsor y creador del Museo de Bellas Artes, fue su primer director y restaurador de pinturas, lo que le proporcionó un gran conocimiento de la pintura religiosa por su cercanía. Era ya un pintor reputado, cuando, a los treinta y siete años, solicitó a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid que le admitiera a realizar las pruebas oportunas para conseguir el título de académico de mérito por la pintura de historia. Lo obtuvo en 1836 tras pintar para la ocasión un cuadro que representa La degollación de San Juan Bautista, obra que estuvo presente en la exposición del año 1840.
   En 1837 pidió la intervención de la Academia madrileña ante sus pretensiones de ascenso en el escalafón de la de Sevilla. En 1850 fue nombrado académico de esta última, y llegó a ser su director.
   En su faceta como pintor de género religioso pintó para la iglesia del colegio dominico de Regina de Sevilla, y para el altar mayor de la iglesia del convento de la Trinidad tres lienzos representando La Santísima Trinidad, San Juan de Mata y San Pedro Valois; también pintó en 1850 para la capilla de San Telmo por encargo del duque de Montpensier. Como retratista hizo los de Francisco Herrera el Viejo (en la Academia de Bellas Artes de Sevilla), el del cardenal Francisco Javier Cienfuegos y Jovellanos, y el suyo propio (Museo del Romanticismo de Madrid). En 1843 retrata a María Cristina de Borbón y a Isabel II (en el Archivo de Indias de Sevilla); también pintó a Joaquín Pérez de Seoane, a Inés Rivero de la Herranz, y al párroco Matías de Espinosa, así como al Marqués de Arco Hermoso y su familia (1838). Es en el género costumbrista en el que alcanza mayor reconocimiento: El patio de Monipodio (Museo de Montevideo), y escenas con majos y majas. Obras suyas han figurado y figuran en bastantes colecciones particulares, y la Biblioteca Nacional de España conserva un dibujo del torero Francisco Montes Paquiro [Esperanza Navarrete Martínez, en Biografías de la Real Academia de la Historia].
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "San Enrique", de Antonio Cabral Bejarano, en la Capilla del Palacio de San Telmo, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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jueves, 28 de diciembre de 2023

La Casa Provincial de Expósitos, Casa Cuna (actual sede de la Fundación San Telmo), de Antonio Gómez Millán

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Casa Provincial de Expósitos, Casa Cuna (actual sede de la Fundación San Telmo), de Antonio Gómez Millán, de Sevilla.     
     Hoy, 28 de diciembre, Fiesta de los Santos Inocentes, mártires, niños que fueron ejecutados en Belén de Judea por el impío rey Herodes, para que pereciera con ellos el niño Jesús, a quien había adorado los Magos. Fueron honrados como mártires desde los primeros siglos de la Iglesia, primicia de todos los que habían de derramar su sangre por Dios y el Cordero [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte la Casa Provincial de Expósitos, Casa Cuna (actual sede de la Fundación San Telmo), de Antonio Gómez Millán, de Sevilla. 
     La Casa Provincial de Expósitos, Casa Cuna (actual sede de la Fundación San Telmo), se encuentra en la avenida de la Mujer Trabajadora, 2; en el Barrio de Los Arcos, del Distrito Norte.
       El proyecto de 1912 supone el estreno como arquitecto titular de la Diputación Provincial de Antonio Gómez Millán, en una parcela de la Huerta de San Jorge que había donado la condesa de Lebrija Dª Regla Manjón Mergelina, en la que el autor concibe un conjunto de 8 edificios reducido tras 1914 a los tres que se ejecutan y terminan en 1916.
       Consecuencia lógica de la aplicación de los estudios tipológicos a la funcionalidad de los edificios, la planta de la Casa Cuna se concibe primando criterios de orden y organización, apoyados en la simetría y el rigor, heredero todo el planteamiento de los esquemas funcionales de centros asistenciales y sanitarios que se fueron depurando durante el siglo XIX y que vino a aglutinar en la ciudad la larga serie de pequeñas dependencias, vinculadas a órdenes religiosas en las que, desde muy antiguo, se venía recogiendo y dando educación a niños expósitos.
       La ubicación buscada debía responder a un espacio de periferia de la ciudad, en la que fuese posible una amplia y acotada superficie. El edificio se ordena desde los accesos por la actual avenida de la Mujer Trabajadora en el que dos pequeños pabellones enmarcan el acercamiento al conjunto, con generosos espacios de apeadero ajardinado que centra la portada principal, historicista, de la Casa Cuna.
     Una serie de edificaciones complementarias se distribuyen por la parcela, acompañando sin competencia a la edificación principal y liberándola de usos que se desarrollan de forma independiente: capilla, aulas, oficinas utilizando los espacios ajardinados como vertebradores de las circulaciones entre los diferentes pabellones, valorándose en ellos especialmente el contacto con la notable vegetación.
     El edificio de Antonio Gómez Millán (1912-1916) ha sido recientemente reformado (1997) por Gonzalo Díaz Recaséns y Antonio Martín Molina, quienes adaptaron el edificio principal al programa de aulas requerido por el Instituto Internacional de la Fundación San Telmo. El actual PGOU le otorga un Grado de Protección C, estando incluido en su Catálogo Periférico CP.016 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
El arquitecto Antonio Gómez Millán (1883-1956).
     Nació en Sevilla, hijo del conocido arqui­tecto José Gómez Otero, fundador de una saga de artistas, entre los que cabe citar otros dos hermanos arquitectos, José, que le precedió, y Aurelio Gómez Millán. Otros descendientes de éstos han seguido la tradición familiar en arquitectura.
     Después de prepararse en la Universidad de Sevilla, ingresó en la Escuela de Arquitectura de Madrid (1902), en la que se tituló en 1907. Empezó a trabajar enseguida en Sevilla por el prestigio de su padre. Se incorporó como arquitecto a la Diputación Provincial de Sevilla en 1912, donde permaneció toda su vida profesional. Precisamente, en ese mismo año, proyectó para la Diputación una de sus mejores obras, el Hospicio de niños expósitos o Casa Cuna Provincial de Sevilla, que ahora comentamos, cuyas obras fundamentales se realizaron entre 1914 y 1916 (posteriormente, se hicieron reformas y ampliaciones). Tam­bién ejerció la profesión libre, en cuya acti­vidad destaca la restauración del Teatro ro­mano de Mérida y otras obras de conser­vación del patrimonio nacional, por lo que fue distinguido nombrándolo académico de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Femando de Madrid.
     Se incluye dentro del grupo de maestros del regionalismo sevillano, aunque muestra notables diferencias. En efecto, se inició como modernista para continuar, enseguida, como historicista con tradición clásica, sin dejar de practicar un cierto eclecticismo y, después, se introdujo en la vanguardia de un cierto estilo internacional.
     Rehusó, hasta cierto punto, el neomudéjar decorativista postulado por su cuñado Aníbal González y tampoco empleó el neoplateresco. Según Gómez Terreros, Antonio Gómez Millán prefiere la construcción bien hecha al estilo y huye de los primores decorativos procedentes de la Giralda o de las Casas Consistoriales de Sevilla. Esto no es completamente cierto pues, como veremos después, en alguno de sus proyectos para la Casa Cuna, introduce adornos de sebka y el escalonamiento de vanos, todo en ladrillo cerámico visto, propio de la tradición mudéjar.
     En opinión de Villar Movellán se preocupa en sus diseños por una mínima ornamentación, jugando con pequeñas masas volumétricas y huyendo de la monumentalidad en sus construcciones, excepto, quizás, la Casa Cuna que presenta cierta majestuosidad. Pero, a pesar de todo, sus resoluciones con ladrillo visto lo emparentan artísticamente con algunas obras de Aníbal González, al tiempo que se apoya en solu­ciones foráneas, a las que dota de un sello personal. A lo largo de toda su extensa obra se aprecia una producción desigual, a veces, con alejamientos evidentes del regionalismo. En resumen, Antonio Gómez Millán es un arquitecto relativamente historicista, "sin ex­cesivos matices regionalistas".
La Casa Provincial de Expósitos de Sevilla.
     Esta obra era un proyecto promovido por la Junta Protectora de Niños Expósitos, presidida por la condesa de Lebrija, con la co­laboración de otras damas ilustres de la sociedad sevillana (marquesa de Benamejí, Marquesa de Matallana, etc.).A este fin, la condesa cedió su finca "Huerta de San Jor­ge" a la Diputación (1913) para que en ella se construyese un nuevo hospicio, ya que el existente estaba totalmente desbordado y no reunía las condiciones adecuadas.
     Por entonces, ya estaban hechos y apro­bados unos planos por Antonio Gómez Millán, que recientemente había ingresado oficialmente como arquitecto en la Diputación provincial.
     La Huerta de San Jorge estaba situada a las afueras de Sevilla, en la zona norte de la ciudad, por la prolongación del camino de Miraflores.
     Para la elaboración de este proyecto, el arquitecto tuvo en cuenta la relevancia de la higiene, por lo cual el terreno era un lugar sano, espacioso, ventilado y bien ubicado. Asimismo, como iba a estar regentado por las Hermanas de la Caridad, encargadas de esta función desde 1838, de­bía contar con dependencias para la admi­nistración, aposentos para las monjas, capacidad para unos 200 expósitos, estancias diversas (lactancia, enfermería, juegos, ropería, etc.), casas para el médico y el ca­pellán, así como vaquería para asegurar la alimentación de nodrizas y lactantes. Por otra parte, los materiales tendrían que ser buenos y baratos, por lo cual se eligió el ladillo cerámico que, además, era muy conocido por la tradición de los buenos obre­ros sevillanos (baratos de adquisición y transporte). La piedra, fundamentalmente már­mol, se reservó para algunos detalles de la fachada (columnas, capiteles y suelos de la parte noble) y del interior (peldaños de las escaleras de acceso al piso superior).
     Conviene señalar que en esta obra el arquitecto muestra su predilección por el ladrillo visto y por la decoración sobria y clásica realizada con estos mismos elementos, sin apenas aditamentos ornamentales, excepto algunos detalles de azulejos combinados diestramente con la fábrica de ladrillo aparente. Realiza un dibujo cuidadoso con las líneas de la superficie y juega con la profundidad y distribución de los paramen­tos de ladrillo de la misma más que con los motivos añadidos de azulejos o mármol.
     También se debe mencionar que el propio autor en la memoria del proyecto reconoce ciertas influencias de la iglesia de San­ta Paula de Sevilla o del Monasterio de San Isidoro del Campo, especialmente notorias en la portada de la capilla, y del sobrio mudéjar aragonés.
     Como se puede apreciar en las ilustraciones que acompañamos, en el edificio se mezclan el Renacimiento (obsérvese la portada serliana y las galerías de vanos con arcos de medio punto), un austero mudéjar (discretos adornos obtenidos por la disposición de los ladrillos) y algunas deriva­ciones modernistas (los pináculos que co­ronan la fachada), todo ello conjugado con gran fluidez.
     El edificio principal es una de las construcciones más brillantes de su tiempo, muy volcada al exterior, en donde se disponen grandes y cuidados jardines, además de otras construcciones auxiliares estratégicamente dispuestas.
     La fachada tiene una gran monumentalidad, con evidentes rasgos renacentistas, como la serliana y los vanos ya comenta­dos, mudéjares (la decoración se consigue con el propio ladrillo) y eclécticos (vanos tripartitos) que, en conjunto, constituyen recursos historicistas. Esta fachada se corona con unos pináculos de carácter modernista ya comentados, compuestos por yuxtaposición de elementos geométricos que terminan en flameros cónicos.
     También son clasicistas las ventanas termales que se disponen en los frentes de las cuerpos laterales que dan a la fachada principal. Pero la construcción, a pesar de sus líneas sobrias y clásicas, tiene detalles constructivos de recuerdo mudéjar, que contribuyen a clasificar el edificio en la escuela regionalista sevillana. En efecto, además del primoroso trabajo en ladrillo cerámico, las dos torres de la capilla muestran una cierta influencia del mudéjar aragonés, unas ménsulas escalonadas recuerdan los royos de modillones de la Mezquita de Cór­doba, la acumulación de finas columnas para el soporte de la portada es un recurso nazarí, y la combinación de ladrillos con azulejos en bancos y enjutas de fachada y del arco de la capilla es también signo inequívoco de la escuela renacentista de Sevilla desarrollada en el primer tercio del siglo XX. 
     Tras la serliana, a través de un vestíbulo solado en mármol, donde constan unas placas conmemorativas de la fundación, se accede al interior. Hay una gran galería trans­versal, con suelo de mármol y zócalo de azulejo sevillano, a la que se abre la gran capilla en el centro y otras dependencias de la planta correspondiente.
     En todo el interior predomina la funcionalidad, con materiales elegidos con crite­rios de solidez y economía. Los muros de carga son de fábrica de ladrillo de distintos espesores según los esfuerzos que tienen que soportar, aparejados con morteros de cal y de cemento, mientras que los entra­mados de los pisos y cubiertas son de hie­rro con forjado de bovedillas. Estos entramados están ocultos en la planta alta me­diante cielos rasos, pero en la planta baja las bovedillas están enlucidas con mortero de cal. Todos los dormitorios estaban estucados con yeso. Los pavimentos eran de loseta hidráulica, excepto el vestíbulo y la galería principal, ya comentados, y la capilla y las dos escaleras laterales que eran de mármol. Los zócalos, en general, estaban chapados con piedra caliza.
     Conviene comentar que no se proyectó una escalera central de tipo imperial, como cabría esperar de la categoría del edificio, sino de dos laterales para lograr una mayor fun­cionalidad y acceso a los dos grandes cuerpos laterales del piso superior donde esta­ban dormitorios y otras dependencias.
     Pensando en una conservación barata y duradera para este edificio público de mu­cho tránsito y trabajo, se prescindió de la ornamentación, confiando toda la decoración a la propia disposición de los materiales. Así, el ladrillo visto en patios y otros sitios forma pilastras, arcos y molduras, aprovechando la destreza tradicional de los obre­ros artistas sevillanos.
     La salubridad, higiene, ventilación y luz estaban aseguradas en todas las habitaciones por la acertada disposición de los abun­dantes ventanales y la distribución de las galerías de servicio. No se consideró conveniente la calefacción por la posibilidad de cambios bruscos de temperatura entre habitaciones, galerías, escaleras y otros espacios. El servicio de agua potable se aseguró por una doble acometida a la red general y a un pozo propio en la zona ajardinada. Conviene recordar que, por entonces, la situación del servicio de agua a la dudad era precaria, confiado a una empresa extranjera que administraba los Caños de Carmona, mediante un largo acueducto, cuyos restos aun pueden apreciarse al principio de calle Oriente. Para las aguas residuales se dispu­so un pozo de depuración (fosa séptica).
     La distribución de las diversas dependencias se hizo de una forma funcional; es decir, las más cercanas a la puerta de entrada son las salas de uso frecuente por el público (iglesia, portería, sala de visitas, botiquín, etc.). En los grandes cuerpos laterales esta­ban las estancias de trabajo y alojamiento de expósitos, así como la residencia de las Hermanas de la Caridad, ropería, escuela, enfermería, cocina, comedores, etc.
     En la planta superior (planta principal), también dispuesta con gran funcionalidad, se organizan diversas estancias de día o de recreo, dormitorio de lactantes y nodrizas y otras salas o despachos para las hermanas o para la Junta Protectora de Expósitos.
Edificios posteriores y otras intervenciones
     Las más importantes son los pabellones de la entrada a ambos lados del recinto cerrado. En el proyecto original de 1912 ya constaban dos pabellones iguales situados si­métricamente a la entrada del complejo hospiciano. Estaban destinados a viviendas del médico y del capellán, y se concibieron como "chalets" independientes con una distribución sencilla, muy acertada. En un primer proyecto se propuso un tipo de edificio con torreón neomudéjar, en el que se podían reconocer adornos de sebka y vanos ciegos escalonados basados en los de la Giralda, pero se descartó por otro tipo. Los definitivos tienen una línea más clasicista, en vez de neomudéjar, a base de paramentos de ladrillo con diversa profundidad y arcos de medio punto parecidos a los del edificio principal. También se modificó su función, pues el de la izquierda, con una planta superior menor, se dedicó a portería con un tomo para la recepción anónima de los expósitos; en el de la derecha, además de la vivienda del médico, se organizó, al parecer, una enfermería.
     No consta la terminación de estos pabellones, pero debieron construirse casi al mismo tiempo del edificio principal, quizás entre 1916 y 1917.
Capilla
     Estaba prevista en los planos originales del edificio, pero se construyó entre 1921 y 1922. Hay que aclarar que el proyecto primitivo se reformó para ampliar el recinto en 4 m de longitud, de forma que resultó una verdadera iglesia para dar servicio, además, a los fieles de las cercanías. Tiene una puerta de ladrillo bicolor con trazas que recuerdan a la iglesia de Santa Paula. Estaba decorada con pinturas y posee un espectacular retablo barroco sin dorar, del siglo XVIII, que procede de un convento ruinoso de carmelitas de Carmona. El cuerpo de la iglesia se introduce entre los dos amplios patios de luces del edificio y, desde éstos, se observan las dos torres de inspi­ración mudéjar que la adornan, no visibles desde el exterior.
     Hay otros dos pabellones posteriores que no constan en el proyecto primitivo. El más antiguo es un edificio cuadrangular con zócalos y pequeñas zonas de ladrillo visto combinado con paramentos encalados. El otro, más amplio, es posterior a nuestra guerra civil, como se puede comprobar por la peor calidad de los materiales utilizados. Es un edificio funcional, no exento de cierta gracia, con arcadas y pérgola, compuesto por dos cuerpos paralelos, uno de ellos de dos pisos, probablemente utilizado en par­te para funciones administrativas.
     Como se comentará en un próximo artículo, destinado al complejo restaurado y dedicado a las nuevas funciones de San Telmo, el primero de estos pabellones alberga actualmente la cafetería y el comedor. El segundo pabellón es el que se adaptó en principio para las primeras actividades docentes del Instituto Internacional San Telmo (Carlos González Barberán, La antigua Casa Cuna de Expósitos, en Revista de la Agrupación de Miembros del Instituto San Telmo, junio 2006).
Conozcamos mejor la Leyenda, Historia, Culto e Iconografía de los Santos Inocentes, mártires;
La leyenda y su falta de historicidad
     Las pequeñas víctimas del cruel Herodes se evaluaban en el fabuloso número de ciento cuarenta y cuatro mil, como los mártires del Apocalipsis, que imploraban la venganza de Dios al pie de su altar.
     Según el relato de Mateo (2: 16 - 18), que completaron y ampliaron los Evangelios apócrifos, la Leyenda Dorada y el teatro religioso de los autos sacramentales, Herodes, furioso por el engaño de los Reyes Magos que advertidos por un ángel, en vez de ir a llevarle informes acerca de su visita a Belén regresaron por mar, ordenó la matanza de todos los niños de hasta dos años de edad (a binatu et infra) para tener la seguridad de que el futuro rey de los judíos no escapase con vida.
     Los hagiógrafos describen con complacencia esta carnicería. Evocan a la soldadesca arrancando a los pequeños de entre los brazos de sus madres y tronchándolos con las espadas o ensartándolos en la punta de sus lanzas. El número de víctimas de este infanticidio masivo se habría elevado a millares. El Menologio griego calcula su número en 144.000, cifra fabulosa que es la copia del número de los justos del Apocalipsis de san Juan.
     Sería superfluo cuestionar esas cifras agrandadas de buena gana por la credu­lidad popular. En un pueblo como Belén, que contaba sólo con algunos cientos de habitantes, los niños varones menores de dos años podían ser, cuando mucho, alrededor de veinte. Los cálculos más complacientes no superan un máximo de sesenta víctimas.
     Pero aún en un relato donde no se exageren las cifras ¿podría admitirse que ha ya una sola pizca de verdad histórica? Todo conduce a creer que no se trata de la exageración de un hecho real sino de una pura invención.
     La Presentación de Jesús en el templo había tenido lugar en Jerusalén. Cabe preguntarse por qué José, en vez de regresar a su casa en Nazaret, condujo a su familia al incómodo establo de Belén.
     Ya resulta sospechoso que el acontecimiento sólo se haya consignado en uno de los cuatro Evangelios canónicos: salvo el de Mateo, los otros tres lo ignoran completamente. Las dudas se agravan por el hecho de que los analistas romanos, y sobre todo el historiador judío Flavio Josefo, que relata la vida de Herodes hasta en sus menores detalles, no digan una palabra.
     Señalemos, además, que la Matanza de los Inocentes no es una leyenda aislada, específicamente judía: la historia del niño predestinado a quien el rey en el trono considera una amenaza para su reinado o su vida, y del cual se defiende de antemano haciendo asesinar a todos los niños de su edad, es un tema de la leyenda universal que se encuentra, con variantes, en las del dios hindú Krishna, Ciro, Rómulo y hasta Moisés, puesto que el Antiguo Testamento habla de la matanza de los niños de Israel ahogados en el Nilo por orden del faraón.
     Y por último -este argumento podría hacer innecesarios todos los demás- el evangelista admite el origen bíblico de su relato que no es más que una profecía realizada: «Entonces se cumplió la palabra del profeta Jeremías, que dice: Una voz se oye en Ramá, lamentación y gemido grande; es Raquel, que llora a sus hijos y rehúsa ser consolada,  porque  ya  no existen ».
     Así, la Matanza de los Inocentes sería, como la mayoría de los acontecimientos relatados en los Evangelios, la consumación de una profecía del Antiguo Testamento.
El culto de los Santos Inocentes
     Muy popular en la Edad Media, el culto de los santos Inocentes provocó en 1212 la asombrosa cruzada de los niños que acabó de manera miserable.
     La abadía de Saint Denis y la iglesia de los Inocentes en París, pretendían poseer, ambas, el cuerpo entero de uno de los pequeños mártires.
     La abadía benedictina de Brantôme (Dordogne), se jactaba de conservar las reliquias de san Sicario, uno de los Inocentes.
     En Saint Germain des Prés, una pierna relicario del siglo XIII contenía la tibia de uno de ellos. El Museo de Zurich recogió el pie relicario de otro, embutido en una pieza de orfebrería del siglo XV.
   La cartuja de Würzburgo, en Alemania, exponía el cuerpo de uno de los Inocentes. La Edad Media confundía en un solo culto a los santos Inocentes con los pequeños mártires cristianos que habrían sido víctimas de los asesinatos rituales de los judíos. Los niños encontrados (Findelkinder) y los niños de coro (Chorknaben), estaban puesto bajo su protección.
     Aunque la hecatombe de los Inocentes de Belén pertenece al dominio de la fábula, la piedad popular veneró a los muertos como a los primeros mártires cristianos: su bautismo de sangre se juzgó equivalente al bautismo por el agua.
     Su culto se desarrolló muy tempranamente, al principio en Palestina, en cuya basílica de Belén había una capilla dedicada a los Santos Inocentes.
     El día de su muerte, el 28 de diciembre, se consideraba día nefasto.
     Esta  devoción está probada en Francia por numerosos testimonios. Algunas de sus reliquias fueron llevadas desde Oriente por san Casiano, a la abadía de Saint Victor en Marsella, en el año 414. Dicha abadía cedió una  parte de las reliquias a otra gran abadía provenzal, la de Saint Maximin. En el siglo XII, la capilla capitular de Saint Caprais de Agen se puso bajo la advocación de los Santos Inocentes. El cementerio de los Inocentes de París, célebre por su Danza Macabra, tenía una iglesia aledaña a la cual el rey Luis XI ofreció «un Inocente entero en un gran relicario de cristal».
     Las representaciones de los Santos Inocentes en Italia se multiplicaron a partir del siglo XV a causa de la fundación de los orfelinatos que se pusieron bajo su patronazgo.
Iconografía
   Es infrecuente que estén representados con independencia de dicho tema. Tiene palmas como atributos.
     Los Inocentes, asimilados a los santos y a los mártires, está nimbados y tienen como atributo la palma del martirio. Están vestidos con una camiseta manchada de sangre o bien desnudos con un ceñidor de hojas.
     En los ciclos narrativos deben distinguirse seis episodios:
1. Herodes pregunta a los sacrificadores y a los escribas dónde nació Cristo.
2. Herodes ordenando la matanza de los inocentes. 
   Está sentado en un trono, como en la escena de la Visita de los Reyes Magos, un demonio le dicta malos consejos al oído.
3. La matanza de los inocentes.
   En las realizaciones más antiguas, los verdugos llevan a Herodes en brazos o al hombro a los niños que han quitado a sus madres.
   Después, la escena se volvió más dramática y brutal. Es una serie de furiosos duelos entre los brefoctones (matadores de niños pequeños) y las madres que defienden a sus hijos. Un soldado coge a un niño por el pie, lo deja colgando cabeza abajo y se dispone a cortarlo en dos con su espada, como en la simulación del Juicio de Salomón. Muchos de ellos son ensartados como lechones.
   En una segunda versión que parece de origen provenzal, los niños no reciben la muerte por espada sino que son aplastados contra el suelo, al pie del trono de Herodes.
   Las mujeres expresan su dolor mesándose la cabellera y desgarrándose las mejillas con las uñas. Una de ellas se afana en reunir los miembros dispersos de su hijo cortado en pedazos.
4. La huida a la montaña de Isabel y san Juanito
   Este episodio, incorporado a la Matanza de los Inocentes, se ha tomado de los Evangelios apócrifos, especialmente del Protoevangelio de Santiago y del Evangelio Armenio de la Infancia (cap. 14: 2).
   «Cuando Isabel supo que se buscaba a su hijo Juan, lo cogió y partió hacia la montaña y buscaba donde ocultarlo pero no encontraba escondrijo. Con un profundo suspiro dijo: -Montaña de Dios, recibe a una madre con su hijo. Y súbita­mente la montaña se abrió y los recibió.»
   La píxide bizantina de marfil procedente de la Bóveda Chilhac, cerca de Brioude (Louvre), ofrecería la más antigua representación conocida de este episodio que ha sido reeditado por los hagiógrafos en la leyenda de santa Bárbara. Se encuentran otros ejemplos en una miniatura del Homiliario de Gregorio Nacianceno (siglo IX, B.N., París), en los frescos de Capadocia (siglo XI), y en los mosaicos de Kahrié Djami, Constantinopla (siglo XIV).
   En el arte bizantino esta escena suele asociarse con la Matanza de los Inocentes.
5. La degollación de Zacarías
   Furioso porque san Juanito había escapado, Herodes hace degollar frente al altar a su padre, el sumo sacerdote Zacarías. Se encontró la sangre coagulada de éste, pero no su cuerpo que había desaparecido.
6. La muerte de Herodes
   Tantos crímenes merecían un castigo ejemplar. La justicia popular no trató a Herodes mejor que a Judas. La tradición lo hacía morir agusanado a causa de una enfermedad vermicular.
   Según Pedro Comestor, el cuerpo del tirano fue roído vivo por los gusanos que pululaban en sus testículos putrefactos: «Ipsa quoque verenda putrefacta scatebant vermiculis. Putredo testiculorum vermes generabat». Acaba  suicidándose con el cuchillo que usaba para pelar la fruta y los demonios se llevan su alma al infierno (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Casa Provincial de Expósitos, Casa Cuna (actual sede de la Fundación San Telmo), de Antonio Gómez Millán, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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