Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Cuesta del Rosario, de Sevilla, dando un paseo por ella.
Hoy, 7 de octubre, Memoria de la Santísima Virgen María del Rosario. En este día se pide la ayuda de la Santa Madre de Dios por medio del Rosario o corona mariana, meditando los misterios de Cristo bajo la guía de aquella que estuvo especialmente unida a la Encarnación, Pasión y Resurrección del Hijo de Dios [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
Y que mejor día que hoy, para Explicarte la calle Cuesta del Rosario, se Sevilla, dando un paseo por ella.
Hoy, 7 de octubre, Memoria de la Santísima Virgen María del Rosario. En este día se pide la ayuda de la Santa Madre de Dios por medio del Rosario o corona mariana, meditando los misterios de Cristo bajo la guía de aquella que estuvo especialmente unida a la Encarnación, Pasión y Resurrección del Hijo de Dios [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
Y que mejor día que hoy, para Explicarte la calle Cuesta del Rosario, se Sevilla, dando un paseo por ella.
La calle Cuesta del Rosario es, en el Callejero Sevillano, una calle que va de la confluencia de las calles Francos, Villegas y plaza de Jesús de la Pasión, a la confluencia de las calles Luchana, Augusto Plasencia, y Jesús de las Tres Caídas, en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo.
La calle, desde el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en la población histórica y en los sectores urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las edificaciones colindantes entre si. En cambio, en los sectores de periferia donde predomina la edificación abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
La calle, desde el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en la población histórica y en los sectores urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las edificaciones colindantes entre si. En cambio, en los sectores de periferia donde predomina la edificación abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
Esta calle se abrió sobre un conjunto de callejuelas conocidas por diversos nombres a través de los siglos. Desde mediados del s. XV se alude a la calleja que sale a la Costanilla, o la calleja de la Costanilla, que partía del comienzo de Francos y llegaba a la actual Pescadería. En un censo de tabernas de 1667 se habla de la salida de la Costanilla frente a Ntra. Sra. del Rosario, o antes de bajar a Ntra. Sra. del Rosario, aludiendo a un retablo de esta advocación. A comienzos del s. XVIII ya aparece bajo la forma Cuesta del Rosario, por lo empinado de las callejas, aunque en el Callejero... de Moreno Gálvez (1845) aún conserva un tramo el nombre de Costanilla. Sin embargo, el más próximo a Francos se denomina del Camello en un padrón de 1665, y mantendrá dicha denominación hasta 1845, en que se incorpora a Cuesta del Rosario su comienzo. mientras el resto lo conserva hasta 1868 (v. Galindo - Capataz Luis León Vázquez). Por aquí estaba la calle del Mesón de Castro, citada en un protocolo de 1488.
Otra parte es conocida también, por lo menos desde principios del s. XVIII, como plazuela y callejón de San Pedro, y a comienzos del XIX por Cruz de San Pedro, igualmente por un retablo. Un documento sobre limpieza pública, del 1785, se refiere a la plaza del Pescado o de San Pedro, que debe ser la desembocadura en Costanilla. El topónimo San Pedro se mantuvo hasta 1845, en que se incorporó a Cuesta del Rosario. Según el plano de Olav1de (1771), la parte inmediata a Costanilla se denomina Horno de los Bizcochos, ya que aquí había alguno en la trasera de los confiteros, pero es el único que lo indica, y, por otro lado, en estos momentos están vigentes los topónimos Cruz de San Pedro y Cuesta del Rosario. El último tramo, desde plaza de la Pescadería a San Isidoro, es citado en un documento de 1585 como calle de los Zapateros de viejo y nuevo; en un padrón de 1665 aparece como la calle que va de San Isidoro a Costanilla, sin nombre propio, aunque es posible que en este s. XVII sea conocida por Remendones y Remenderos, como lo será en el siguiente aludiendo a este tipo de zapateros, que vendría a coincidir con la función del topónimo de 1585. En 1755 se la encuentra con el nombre de Bodegones, por los allí existentes, que conservarán hasta que en 1868 se integre en Cuesta del Rosario. Pocos meses después de esta integración, el Ayuntamiento republicano decidió sustituir el nombre de Cuesta del Rosario por el de Porvenir, pero este cambio duró poco tiempo, o no llegó a hacerse efectivo.
El topónimo actual pone de relieve lo que singulariza a esta calle: el ser la que posee mayor pendiente en el callejero histórico. Formó parte de la Sevilla primitiva, como revelaron las excavaciones allí efectuadas (décadas de 1940-1950), que permitieron establecer, por primera vez, una cronología y secuencia histórica de la ciudad desde sus orígenes. En ellas aparecieron restos de termas y otras construcciones romanas. Es posible que en los primeros siglos andalusíes aquí se localizase la residencia del gobernador, inmediata a la mezquita (actual iglesia del Salvador). Pero en los siglos bajo medievales, el primer tramo, hasta la plaza de la Pescadería, ya era un conjunto de callejas muy empinadas, quebradas y con barreduelas, como aparece en el plano de Olavide (1771). Algunos de los quiebros, así como sus extremos por Francos y por plaza de la Pescadería, se ensanchaban, de ahí que se hable en ocasiones de plazas o de plazuelas. En algunos tramos y barreduelas se instalan postigos en el s. XVIII para evitar el acceso de extraños. En 1829 se vendió una barreduela de San Pedro a particulares. Dada su localización, en el pasado siglo se dejó sentir la necesidad de efectuar una apertura a través de ella. En 1840 se había derribado un arco en el que estaba precisamente el retablo del Rosario; a partir de 1857 se suceden propuestas y proyectos. Hacia 1868 ya se habían efectuado algunas intervenciones en este sentido, pues en el acta capitular que rotula la calleja de Galindo [actual barreduela Capataz Luis León Vázquez] se habla de la nueva calle resultante. Será a comienzos del presente siglo cuando cristalicen dichos proyectos en el firmado por Antonio Arévalo Martínez (1901), en el que la apertura se integra en uno que pretendía abrir una gran calle en dirección este-oeste, y que coincide con operaciones similares en la avenida de la Constitución y en la Campana. La mencionada apertura se lleva a cabo en las décadas de 1910 y 1920, que dio como resultado la calle actual. Su trazado es recto y bastante amplia para lo que son las del casco. Hacia la mitad se ensancha notablemente, respetando así una de las alineaciones primitivas al desembocar en Pescadería: incluso se adquirieron allí algunas casas, que, al ser derribadas, dieron origen a una especie de plaza, que se continúa en la anteriormente citada, formando un espacio unitario. Presenta una pendiente de subida hacia la mencionada Pescadería, para bajar ligeramente hacia San Isidoro. En ella arranca Galindo [actual barreduela Capataz Luis León Vázquez], por la derecha.
A comienzos del s. XVIII contaba con diversos tramos empedrados, y el acusado desnivel hizo necesario el recurso a escalones, que en 1876 se solicitaba que se hiciesen con adoquines. A partir de 1913 se aprueban diversas operaciones de adoquinado y acerado. En la actualidad los adoquines se encuentran bajo la capa asfáltica, y las aceras son de losetas, aunque en mal estado, por el aparcamiento y subida de coches. Para evitar esto se han colocado barandillas y horquillas en el lado de los pares, que es por donde se circula, ya que el de los impares está dedicado a aparcamiento. La iluminación su efectúa por medio de farolas de báculo. Las casas poseen entre cuatro y cinco plantas, construidas entre 1920 y 1980. Responden a diversos estilos, debidas, entre otros, a Aníbal González, José Espiau Muñoz y Vicente Traver, en las construidas en los momentos de su apertura y ensanche. Otras son representativas del tipo de construcción de la década de 1950. Los callejones del primer tramo estaban ocupados, en parte, por viviendas; entre ellas se citan dos corrales en 1734. González de León describe las de su tiempo (1839) como muy pobres y con accesos muy complejos. En la zona más alta eran traseras de las casas que daban a la actual Huelva [y Rafael González Serna], pertenecientes a confiteros, por las que entraban la leña, azúcar y otras mercancías; además, había a comienzos del s. XVIII algunos hornos de dichos confiteros y varios almacenes. Asimismo esta parte inmediata a la Costanilla era utilizada por los hortelanos que vendían en ella para instalar sus puestos. La parte final, como los nombres sucesivos que ha tenido revelan, acogió a zapateros, especialmente remendones, y posteriormente bodegones y tabernas; en 1667 había dos. En la actualidad es una calle eminentemente comercial y de oficinas en bajos y apartamentos. Todos los bajos están prácticamente ocupados con tiendas, entre las que predominan las de artículos de confección y tejidos. Allí se encuentran algunas dependencias de la Consejería de Cultura, el Colegio Oficial de Titulares Mercantiles y una peña guitarrista. En la parte ancha existe una antigua taberna, a la que al atardecer acude público joven. El tráfico es bastante intenso, al ser el único acceso a la zona de Plaza Nueva y avenida de la Constitución desde el este. Los citados retablos de Nuestra Señora del Rosario y de la Cruz de San Pedro estaban situados en alto y dispuestos en forma de capillas; existían en el s. XVII, y contaban con sendas hermandades que los cuidaban y daban culto. El último fue costeado por el gremio de pescaderos de la inmediata Costanilla; se trataba de una cruz y una Dolorosa en yeso, con pinturas de San Pedro y San Pablo. Había dos del Rosario, uno contaba con algunos ingresos, que le permitían mantener un farol encendido en la segunda mitad del s. XVIII. Ambos desaparecieron en 1840 [Antonio Collantes de Terán Sánchez, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Santísima Virgen María del Rosario;
La devoción de la Virgen del Rosario, esencialmente de los dominicos, está muy vinculada con el culto de la Virgen de Misericordia del cual, en ciertos aspectos, no es más que una prolongación.
El rosario (rosarium) etimológicamente designa una corona de rosas: es una variedad de sarta de cuentas, chapel o chapelet en francés arcaico, usual hasta el siglo XVI, con el mismo sentido. Las cuentas estaban representadas como rosas blancas y rojas que luego se reemplazaron por bolas de dos clases, las más grandes para los Pater que comienzan cada decena, y las más pequeñas para los Ave. El gran rosario se compone de ciento cincuenta Ave María que se llamaba Patenostre Damedie (en francés arcaico, Patenôtre es una corrupción de Patrenostre -Pater Noster-), al tiempo que el pequeño rosario, que es un tercio de grande, sólo tiene cincuenta.
En suma, es un instrumento para contar, un ábaco, como aquéllos que empleaban los comerciantes y que usan los musulmanes, aunque en este caso sirvan para contar plegarias y no dinero.
Los dominicos hacían remontar el origen de esta devoción al fundador de la orden, en consecuencia, al siglo XIII. Alrededor de 1210 la Virgen se habría aparecido a Santo Domingo y le habría entregado un rosario que éste llamó corona de rosas de Nuestra Señora, y fue gracias a ese talismán que habría triunfado contra la herejía albigense.
En realidad, como lo demostraron los bolandistas, el rosario no es una intervención de Santo Domingo sino de un santo bretón de su orden, personaje poco edificante, y hasta de una lujuria desvergonzada, que se llamaba Alain de la Roche (Alanus de Rupe) que vivió a finales del siglo XV. Hacia 1470 escribió una obra titulada De Utilitate Psalterii Mariae, que fue traducido a todas las lenguas.
En 1475, Sprenger, el prior de los dominicos de Colonia, especie de Torquemada alemán, autor del famoso Malleus Maleficarum (Martillo de las brujas), instituyó en esta ciudad la primera cofradía del Rosario, que fue aprobada por una bula pontificia. La Virgen del Rosario no apareció sobre ningún documento figurativo anterior al último cuarto del siglo XV (no obstante, en algunos pequeños bajorrelieves ingleses de alabastro, que normalmente datan del siglo XIV, se ve aparecer, junto al arcángel San Miguel que pesa las almas en la balanza, a la Virgen que intenta engañar, como Satán, pero en sentido opuesto, esforzándose en inclinar la balanza en favor de un alma en peligro, colocando un rosario sobre el extremo del astil). Se trata entonces de una devoción tardía, más o menos contemporánea del culto de la Virgen de los Siete Dolores o de las Siete Espadas, y muy posterior a las Vírgenes de la Piedad y de Misericordia.
Gracias a la propaganda de los dominicos que patrocinaron cofradías del Rosario en todas partes, esta nueva devoción se difundió con asombrosa rapidez. El papa le atribuyó en 1571 el mérito de la victoria de Lepanto sobre la flota turca.
Iconografía
Para representar a la Virgen del Rosario, los dominicos tomaron en principio el tipo de la Virgen de Misericordia. En un tríptico de la iglesia de San Andrés de Colonia, fechado en 1474, que es la primera representación conocida del tema, la Virgen sólo se distingue de la Schutzmantelmadonna porque su manto está estirado como una cortina por dos santos dominicos, Santo Domingo y San Pedro Mártir, y porque dos ángeles sostienen una triple corona de rosas sobre su cabeza.
Una segunda fórmula, que no tardó en sustituir a esta imitación, no fue mucho más original: esta vez los dominicos tomaron el modelo de la Virgen de los Siete Gozos o de los Siete Dolores, rodeada por una aureola de tondos. La Virgen del Rosario se inscribe en una sarta en forma de mandorla, compuesta por grandes rosas historiadas que se intercalan entre cada decena. La Salutación Angélica de Veit Stoss, suspendida de la cúpula de la iglesia de San Lorenzo de Nuremberg, es uno de los ejemplos más conocidos de este tipo: el grupo mariano se inscribe en un rosario de cincuenta pequeñas rosas separadas por tondos.
Por último, se vio aparecer un tercer tipo iconográfico que excluye definitivamente estas contaminaciones. La Virgen se representó sentada, con el Niño Jesús sobre las rodillas, y es ella o el Niño quienes presentan el rosario a Santo Domingo.
A la Virgen dominica del Rosario, los carmelitas opusieron la Virgen del Escapulario. Nuestra Señora del Carmelo se habría aparecido al general de la orden San Simón Stock, y le habría entregado un escapulario, prometiéndole que quienquiera lo llevase estaría al abrigo de las penas del Infierno e incluso de las del Purgatorio (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Esta fiesta, ligada al ejercicio piadoso del rezo del salterio mariano, tiene su origen en las Cofradías del Rosario, que florecieron en la segunda mitad del siglo XV, las cuales acostumbraban a solemnizar el primer domingo de octubre con la misa de la Virgen Salve radix sancta del Rito Dominicano. El diecisiete de marzo de 1572 inscribió San Pío V Ghislieri en el Martirologio Romano en el día siete de octubre el título de Santa María de la Victoria para conmemorar la victoria de Lepanto, que había acaecido el domingo siete de octubre del año anterior, 1571. Dos años más tarde, Gregorio XIII Boncompagni, por la Bula Monet Apostolus de uno de abril de 1573, permitió que se celebrase una fiesta en honor del Santísimo Rosario el primer domingo de octubre en las iglesias o capillas que venerasen tal advocación mariana en memoria de la intercesión mariana en la victoria naval.
Fue extendida a toda la Iglesia Latina el tres de octubre de 1716 por Clemente XI Albani tras la victoria sobre los turcos en Peterwardein. Benedicto XIII Orsini, dominico, le introdujo lecciones propias. León XIII Pecci, gran devoto y propagador del rosario le concedió Oficio propio en 1888. Fue fijada en la fecha actual el año 1913 en la reforma del calendario de San Pío X Sarto y en el 1969 figura como memoria obligatoria (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.
La calle Cuesta del Rosario, al detalle:
Azulejo conmemorativo a Miguel de Cervantes

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