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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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viernes, 2 de febrero de 2024

Los principales monumentos (Iglesia de Santa María de las Virtudes; Iglesia de San Francisco; Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias; Santuario de Nuestra Señora de las Montañas; Cortijo de la Chirigota; Cortijo Tierras Nuevas del Cuartel; Hacienda de la Granja; Hacienda del Rosalejo; Hacienda de los Huertos; Dolmen de Alberite; Fortaleza de Matrera; y Museo Histórico Municipal) de la localidad de Villamartín, en la provincia de Cádiz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa María de las Virtudes; Iglesia de San Francisco; Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias; Santuario de Nuestra Señora de las Montañas; Cortijo de la Chirigota; Cortijo Tierras Nuevas del Cuartel; Hacienda de la Granja; Hacienda del Rosalejo; Hacienda de los Huertos; Dolmen de Alberite; Fortaleza de Matrera; y Museo Histórico Municipal) de la localidad de Villamartín, en la provincia de Cádiz.
     El término de Villamartín, como el del resto de las poblaciones serranas, está salpicado de asentamientos antiguos. Por su dimensión es de destacar el conjunto megalítico de Alberite, que se compone de siete monumentos al menos, siendo destacable el gran dolmen de galería, con los ortostatos decorados con pinturas e incisiones. Varias aras funerarias testimonian la presencia romana y visigoda, en tanto que una fortaleza del siglo X en el sitio de Matrera rememora la ocupación de los musulmanes.
     El castillo con sus términos fue donado a la orden de Calatrava en 1256 y fue un importante enclave para el control territorial que ocasionó una repoblación casi inmediata. En 12584 Villamartín aparece mencionado como uno de los lugares cedidos a la ciudad de Sevilla junto con el castillo de Matrera que, desde 1342, formaba parte de su sistema defensivo, la Banda Morisca. Sin embargo, la dificultad de poblar el Campo de Matrera hizo que el concejo sevillano concertara con algunos particulares su establecimiento permanente. En 1503 la ciudad de Sevilla concede a Villamartín la Carta Puebla, inaugurando una época de litigios por la propiedad de la tierra que terminará con el fallo de la Real Chancillería de Granada, en 1558, favorable a Villamartín. La difícil repoblación del término tendrá un último episodio en la segunda mitad del sigo XVIII, coincidiendo con el proceso activado por Pablo de Olavide y que supuso el nacimiento de las poblaciones de Almajar y Prado del Rey en el término de Villamartín. De entonces data la casa palacio de los Topete, cuya blasonada portada es de líneas muy austeras y conserva en la escalera una imagen de la Virgen con el Niño, atribuible a Pedro Millán, escultor sevillano de mediados del siglo XV (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
     El término municipal está cuajado de asentamientos primitivos, pero la población actual se formó a partir del castillo de Matrera, no consiguiendo su Carta Puebla hasta 1503.
     Desde la plaza del Cabildo, donde se encuentra el Ayuntamiento, se ve la torre-fachada de la iglesia parroquial de Santa María de las Virtudes, compleja edificación en la que llegaron a intervenir artistas de tanto renombre como Martín de Gainza o Hernán Ruiz II. Tiene tres naves y crucero y en ella sobresale el espléndido retablo mayor, en madera sin policromar, obra del cordobés Dionisio de Ribas, siendo las imágenes de Pedro Roldán.
     La iglesia de San Francisco, construida a principios del siglo XVII, formó parte del antiguo convento de los franciscanos, del que apena queda el claustro. En el altar mayor se encuentra el Cristo de la Vera Cruz, un extraordinario Crucificado tallado en el siglo XVI y atribuido a Roque Balduque.
     La iglesia de Nuestra Señora de las Angustias perteneció al convento de franciscanas clarisas, hoy desaparecido. Tiene un buen retablo mayor de carácter barroco.
     Villamartín cuenta, además, con un conjunto de buenas casas palaciegas distribuidas por el casco urbano. Uno de los mejores ejemplos es la conocida como palacio de los Topete, en la calle Luis y Andrés Mozo, que perteneció a los Austria-Bohórquez (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Cádiz, Costa de la Luz. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2008).  
     Importante ciudad de carácter agrícola, con campos muy ricos gracias a la abundancia de sus aguas.
     Su fundación es moderna, del año 1503, y tiene su origen en el castillo de Matrera, entregado por Alfonso XI a la ciudad de Sevilla en 1342 para premiar su esfuerzo en la guerra contra los musulmanes. Desde la plaza del Cabildo, donde se encuentra el Ayuntamiento, se ve la esbelta torre de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de las Virtudes. Levantado en el siglo XVI, es éste un notable edificio de corte renacentista con gran presencia del barroco. Posee tres naves y crucero y en ella sobresale el precioso retablo mayor, obra del cordobés Dionisio de Ribas.
     La iglesia de San Francisco se construyó en 1828 bajo el patrocinio de Fernando VII. Es barroca y posee un buen retablo rococó con la imagen del titular. La iglesia de las Angustias fue en su día la del convento de las Franciscanas Clarisas, hoy desaparecido. Tiene un artístico retablo mayor y una imagen de la Virgen con Cristo yacente de mucha calidad, obra de Juan de Britto. En la calle Luis y Andrés Mozo se levanta el palacio de los Topete, interesante ejemplo de la arquitectura civil de carácter burgués de la zona (Rafael Arjona. Guía Total, Andalucía. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005). 

Iglesia de Santa María de las Virtudes
     Iglesia de planta basilical, de tres naves con crucero, sostenidas por pilares de sección cuadrangular, sobre los que cabalgan arcos apuntados. La bóveda que cubre la nave central es de cañón apuntado y las laterales de aristas. El transepto se eleva por encima del resto, estando abovedado con medio cañón y cúpula en el crucero. La desigual altura se aprecia al exterior, con una gran cabecera de sobresaliente volumetría y compleja composición, formada por el ábside ochavado, sostenido por contrafuertes, la sacristía alta o sala del secreto y la caja de la escalera. Tiene tres portadas, dos de ellas son de sencilla factura y están abiertas en los extremos de la nave del transepto. La principal corresponde a los pies del templo, bajo la torre fachada, está coronada por una imagen de la Virgen y flanqueada por las esculturas en terracota de San Pedro y San Pablo, modeladas en Sevilla por el maestro Gómez en 1565. La larga historia de este edificio puede dividirse en tres etapas. La construcción de una iglesia gótica-mudéjar sobre una base musulmana, época de la que datan los arcos formeros de la nave que cabalgan sobre pilares cruciformes y la bóveda de crucería de la capilla sacramental o del Dulce Nombre de Jesús, enterramiento de los Álvarez de Bohórquez desde 1525. En la reforma renacentista de la segunda mitad del siglo XVI se añadió el crucero y la capilla mayor, que se cubren con bóvedas de medio cañón, con decoración geométrica, y cúpula. Martín de Gainza aparece como responsable de esta fase constructiva, que sería rematada por la torre-fachada, realizada entre 1562 y 1565, bajo la dirección de Hernán Ruiz II. Suya es una pieza excepcional en el arte de la cantería y la montea, la escalera que comunica las sacristías alta y baja, asimismo obras suya, compuesta de peldaños monolíticos que no tienen apoyo central. La última etapa corresponde a las obras emprendidas tras el terremoto de Lisboa, dirigidas por Fernando Rosales ya en la segunda mitad del siglo XVIII, que se prolongaron hasta 1809, cambial el aspecto final de la decoración interior, construyéndose además el coro, el cuerpo superior de bóvedas de aristas de las naves laterales. A todo ello hay que añadir una intervención moderna que ha consistido en sustituir la vieja armadura mudéjar por una bóveda de cañón.
     Tan importante es la arquitectura de esta iglesia como el conjunto de los bienes muebles. El retablo mayor merece un lugar destacado en la historia del arte sevillano. Adaptado al ochavo de la cabecera, se estructura en banco, dos cuerpos y ático, con tres calles entre columnas salomónicas. Construido en 1678 por Francisco Dionisio de Ribas, con esculturas de Pedro Roldán, está sin policromar y entre 1754 y 1759 fue suplementado hasta sellar la separación del mueble y el muro, bajo la dirección del maestro Matías Navarro. En el sagrario del banco están representados los Evangelistas Juan y Mateo. En el primer cuerpo, San Pedro y San Pablo, con los santos Lucas, Marcos y Juan Bautista; en la hornacina central o manifestador, que es giratoria, por estar preparada para la exposición del Santísimo, una imagen de la Virgen de las Virtudes, obra del imaginero sevillano Juan de Astorga. En el siguiente cuerpo comparten espacio los relieves de los Padres de la Iglesia, San Ambrosio, San Agustín, San Gregorio Magno y San Jerónimo; San Joaquín, Santa Ana y finalmente la Coronación de la Virgen.
     En el testero de la nave de la izquierda hay un retablo de estípites, de mediados del siglo XVIII, construido por Matías Navarro, presidido por un Crucificado que se conoce como de "de Ruy Díaz", en consideración al supuesto autor. En realidad más parece una imagen de principios del siglo XIX cercana a la producción de Juan de Astorga. A los lados se sitúan San Juan y la Virgen, tallados en la época del altar en madera de su color. Entre los lienzos del muro contiguo destaca un busto de Santo Tomas pintado en la primera mitad del siglo XVIII. A continuación se ubica la capilla sacramental, con decoración neogótica y cubierta por una bóveda de terceletes, que se cierra con una interesante reja renacentista de dos cuerpos y remate. El retablo es moderno y está presidido por la imagen titular de una cofradía, un Nazareno de vestir, que pertenece a Francisco de Ocampo y sus discípulos (1623-1645). En los laterales dos cuadros que representan la Adoración de los Pastores y los Desposorios, realizados a fines del siglo XVII al igual que las dos lámparas que cuelgan de las jambas. El púlpito es una valiosa obra de la cerrajería barroca, realizada en 1760 por Juan Mensías, y cubierta por un tornavoz de Juan Alonso de Burgos fechado en 1759. También la crujía de hierro es del mismo maestro herrero sevillano.
     El altar de María Auxiliadora, con Domingo Sabio y San Juan Bosco, en retablo neobarroco, está vinculado a los Salesianos. Es moderno y sin interés. Junto a la puerta lateral del templo hay dos cuadros barrocos; uno representa a la Virgen del Rosario, fechada en 1638, y otro es la Oración en el Huerto, técnicamente deficiente y bastante deteriorado. A continuación se sitúa el altar de las Ánimas, con el tema principal pintado en el siglo XIX, y los lados dos esculturas modernas de la Milagrosa y San Sebastián.
     El último tramo de la nave presenta una elaborada composición simbólica en un retablo neoclásico; en el nivel inferior se sitúa una Virgen muerta en su urna, delicada escultura de fines del siglo XVIII que aparece vestida, con corona de plata  los pies calzados. Sobre ella se ha colocado una pintura del siglo XIX representando su Asunción a los cielos. En el testero de los pies se encuentra un altar de fábrica, moderno, que alberga actualmente la talla de San José con el Niño, magnífico conjunto realizado por Francisco de Ocampo en 1622.
     Sobre la puerta de los pies hay un lienzo de escuela mexicana de la Virgen de Guadalupe, pintado en el siglo XVIII. En el trascoro cuelga la interesante talla del Crucificado de las Aguas, del sigo XVII, de pequeño tamaño y articulado. El coro fue obra del ensamblador José Pecio, que lo realizó en 1767 junto con la reja, que era de madera y fue sustituida en 1804 por otra de hierro, como recuerda una inscripción situada al pie de la misma. Ocupa el lugar de otro contratado por Miguel Cano en 1618, de acuerdo a las trazas del maestro mayor Diego López Bueno. Posee una rica decoración rococó y aun conserva algunas de las misericordias de los estalos. En el facistol, de época se exponen cuatro libros corales fechados en 1626. En el escalón de acceso al recinto se encuentra una sepultura, de 1570, perteneciente a Pedro García Toledano, su esposa Catalina Díaz y herederos.
     La capilla bautismal, primera de la nave de la derecha, es amplia y guarda un lienzo del Bautismo de Cristo pintado en el siglo XVII por un desconocido Juan de Vargas. También las esculturas de una Sagrada Familia recompuesta, formada por la pareja dieciochesca de San José con el Niño y una Inmaculada con el escapulario carmelita, de la primera mitad del siglo XVII. Ya fuera de la capilla y sobre el muro de la nave de la derecha, un retablo compuesto con restos de otros está presidido por una talla de Cristo resucitado, atribuido a Jerónimo Hernández, con dos cuadros pequeños en el banco, que representan a Santiago y a un santo franciscano de desconocida procedencia.
     El retablo siguiente fue realizado a mediados del siglo XVIII, ha perdido el banco y en la hornacina principal se aloja una pequeña Virgen del Carmen, de candelero. En el ático un lienzo de Santa Catalina del siglo XVII y a los lados dos cuadros de San Luis Gonzaga y de Santa Teresa. Sigue un retablo neogótico de escaso interés, dedicado al Sagrado Corazón.
     El altar de Santa Ana se estructura en banco, cuerpo y ático, con una arquitectura que se impone sobre cualquier otra consideración de índole decorativa. Es de Pablo Legot, lo mismo que los dos lienzos situados en los intradoses del nicho central, con imágenes de San Lorenzo y San Pablo. De las esculturas que ocupan la hornacina, al menos Santa Ana parece de la época. El San José del ático es más moderno, relacionado quizás con la fecha que figura en el basamento de la pilastra derecha: 1858. Inmediato en el muro de la nave se sitúa el lienzo de San José con el Niño, pintado por un maestro de la escuela murillesca a fines del siglo XVII.
     Más antiguo es el cuadro que representa a San Joaquín con Santa Ana y la Virgen, pero destaca de manera muy especial el gran lienzo que representa el Martirio de San Sebastián, de mediados del siglo XVII. Por último, el retablo que remata la nave fue realizado por Matías Navarro, como el que se ubica en el testero de la izquierda; su iconografía guarda relación con la hermandad de sacerdotes de la que eran titulares las imágenes y está presidido por la escultura de la Virgen del Rosario, atribuida a Jerónimo Hernández, flanqueada por las esculturas de San Juan Nepomuceno y San Pedro. 
     En la sacristía hay que mencionar el cancel que la separa de la iglesia y presenta vistosa peinacería, así como la gran cajonera realizada en la segunda mitad dl siglo XVII, decorada con columnillas salomónicas.
     La parroquia posee una rica colección de plata, en la que sobresalen las crismeras de nudo en forma de templete y baso lobulada, documentadas como obra de Francisco de Alfaro (h. 1588); dos coronas de plata y una aureola de principios del siglo XVII, marcada por el sevillano Melchor de Silva (MS). La custodia de pie, de plata sobredorada y decoración de esmaltes, con nudo arquitectónico, pertenece al platero Martín Alonso del Castillo (1637) y posee la inscripción: "Este sol mando hacer el licenciado Pedro Lavajos siendo mayordomo de la Cofradía del Santísimo Sacramento. Acabose el año 1673". El cáliz de esmaltes, con nudo de jarrón, se ha atribuido al maestro Alonso y el de los querubines, más moderno, se vincula con Juan Laureano de Pina. La mitad inferior de la cruz de altar se asocia con la producción de Hernando de Ballesteros "El Mozo". Llamativo es el trono de la Virgen de las Montañas, de fuste helicoidal, que también se relaciona con el artífice Cristóbal Pérez, que trabajaba en la iglesia en 1622. Del siglo XVIII abundan también las obras sevillanas, como la cruz de manga sin gallones, de Manuel de Hoces; el acetre y los ciriales, de Antonio Salinas; y los blandones de Nicolás de Cárdenas. Los estilos rococó y neoclásico están representados por otro extenso conjunto de piezas sevillanas y cordobesas, siendo de destacar el cáliz de plata sobredorada que podría ser de Vicente Gargallo, la custodia de sol de José Guzmán o las vinajeras de Mateo Martínez Moreno (1789).
     Los tejidos que conserva la parroquia son igualmente de primera calidad y, entre ellos, destaca el terno realizado hacia 1700 y compuesto por casulla, capa pluvial y dos dalmáticas de terciopelo rojo bordado en oro y seda de colores. Asimismo, el terno de San Pedro procedente de la antigua hermandad de sacerdotes, y una rica colección de palias (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Iglesia comenzada a construir en el siglo XVI. Portada con templete greco-romano, una hornacina en medio con una inscripción en su interior. Retablo del Siglo XVII. La actual edificación es el resultado de diversas reconstrucciones. La obra primitiva era del siglo XVI y se trataba de un edificio gótico mudéjar de tres naves separadas por arcos apuntados sobre pilares, esta zona se conserva actualmente en lo correspondiente al cuerpo de la nave, si bien las actuales cubiertas encamonadas de aristas responden a una reforma neoclásica de fines del siglo XVIII. El crucero y capilla mayor responden a una reforma renacentista de la segunda mitad del siglo XVI, los brazos se corren por bóvedas de medio cañón y la capilla mayor por bóveda abocinada, la cúpula es semiesférica sobro pechinas.
     En el primer tramo de la nave derecha se abre la capilla con cubierta de crucería perteneciente a la fábrica primitiva.
     Al exterior destaca la Torre- Fachada, que en la zona baja alberga la portada. Esta se compone de dos cuerpos sustentados por columnas jónicas do fuste estriado que albergan hornacinas rematándose el segundo por frontón curvo. 
     Esta pieza fue diseñada a mediados del siglo XVI por Hernán Ruiz II. Los cuerpos de campana son de planta cuadrada con vanos de medio punto y rematados por chapitel piramidal recubierto de cerámica. Esta última no corresponde a la reforma de fines del siglo XVIII (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Iglesia de San Francisco
     Los franciscanos observantes llegaron a la localidad de Villamartín a fines del siglo XVI, adquiriendo la ermita de la Vera Cruz y unas casas anejas sobre las que levantaron su iglesia primero y las dependencias conventuales en 1630. Todavía conserva parte de las viejas estructuras, como la portería, abovedada de aristas, el claustro y la iglesia. Ésta es de una sola nave, cubierta con bóveda de cañón con lunetos y cúpula la capilla mayor, con el coro a los pies, una fachada decorada por un azulejo dieciochesco, rematada en espadaña y una portada de sencillez decorativa. El altar neoclásico de la capilla mayor, que fue donado por Fernando VII, está presidido por la excepcional talla del Crucificado del siglo XVI, que se ha vinculado con Roque Balduque. A los lados se sitúan las esculturas del Arcángel San Rafael, moderna, y de San Juan de Dios realizada en el siglo XVIII. Dentro de la misma capilla un lienzo decimonónico reproduce la imagen de Santa Rita. El púlpito se abre inmediato al pilar toral en el propio muro de la izquierda, según el tipo conventual. A su lado se halla el retablo de San Antonio, de estípites y con un cuerpo de tres calles, donde la escultura titular fue tallada en 1644 por el sevillano Martín Moreno. A su lado, en una hornacina abierta en el muro, una talla de Jesús de la Humildad y Paciencia, obra del siglo XVII con una importante reforma decimonónica.
     En el muro de enfrente se ubica el cuadro de las Ánimas, con Santo Domingo y San Francisco como intercesores, en su retablo neoclásico. A los pies una urna con un Cristo yacente. En el siguiente altar se encuentra la Virgen de la Soledad en su retablo de estípites de la primera mitad del siglo XVIII. Santo Tomás se encuentra en la capilla inmediata al presbiterio, cuya bóveda está pintada con rocallas y contiene un retablo rococó, con columnas de orden compuesto, de fines del sigo XVIII.
     A este patrimonio hay que añadir un cáliz de plata en su color, sin decoración y astil con nudo troncocónico, de principios del siglo XVIII (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     La Iglesia de San Francisco se encuentra en la calle del mismo nombre y forma parte de lo que fue convento.
     De su interior destaca el retablo de estilo neoclásico donado por el Rey Fernando VII que está situado en el altar mayor y que fue colocado en 1828.
     El Cristo de la Veracruz situado en este altar es una magnífica talla del siglo XVI y era el titular de la primitiva ermita. Se atribuye al escultor y retablista flamenco Roque Balduque.
     Destacan un retablo Rococó con la imagen de Santo Tomás, una imagen de Nuestra Señora La Soledad, del siglo XVII y una magnífica imagen de Humildad y Paciencia de Jesús. También son dignas de mención una talla de San Antonio con el niño, realizada en cedro por Martín Moreno en 1644 para la Cofradía de San Antonio y las imágenes de San Juan de Dios y San Rafael que se encuentran en el Altar Mayor.
     En esta iglesia se leyó y juró la Constitución el día 6 de septiembre de 1812, poco después de la retirada de las guarniciones francesas de la localidad. Ese día se celebró una misa solemne y se cantó en señal de gracias al Señor un Solemne Tedeum, como aparece en Actas Capitulares (Ayuntamiento de Villamartín).

Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias
     Fue la capilla del convento de las concepcionistas franciscanas, construida a comienzos del siglo XVII. Es de una sola nave y cabecera plana, con una sencilla portada y posee en un lateral la espadaña. La sobriedad exterior se corresponde con un interior de similar acabado en el que contrasta el retablo mayor barroco. La imagen titular, con Cristo muerto en el regazo de la Virgen, es del autor contemporáneo Juan Bernabé Britto. Además, guarda la capilla las imágenes del Nazareno y la Virgen, que proceden de la capilla de la Virgen de los Reyes (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     El templo de Las Angustias se encuentra en la Plaza del Ayuntamiento. Comenzó a construirse a comienzos del siglo XVII. Tiene una sola nave y cabecera plana. Su portada es simple, con un arco rebajado entre sencillas pilastras que sostienen un entablamento. La espadaña lateral es el único elemento que rompe la uniformidad de su composición, con dos cuerpos con vanos de medio punto entre pilastras y frontón triangular de remate. En su interior, también sobrio, destaca su magnífico retablo mayor, de trazado barroco.
     En su origen la capilla formó parte del convento de Franciscanas Menores Observantes de la Concepción. En la misma se encuentran una imagen de la Virgen de Los Reyes y otra de Jesús Cautivo.
Preside el Altar Mayor una imagen de la Virgen de Las Angustias con Jesús yacente en su regazo que fue realizada hacia 1951 por Juan Bernabé de Britto (Ayuntamiento de Villamartín).

Santuario de Nuestra Señora de las Montañas
     La ermita de la Virgen de las Montañas se encontraba construida en 1563 para alojar la imagen, aparecida entre la maleza, a principios del mismo siglo. Las reformas posteriores han modificado el aspecto primitivo de la fábrica. La iglesia es de planta de salón, con una sola nave, cubierta por bóveda de cañón con lunetos y arcos fajones y cúpula sobre la capilla mayor. La cornisa que recorre todo el recinto está decorada con guirnaldas, por lo que podría considerarse una reforma que dotó al recinto de la imagen que hoy conocemos entre los últimos años del XVIII y primeros del XIX. En el testero se encuentra la Virgen de las Montañas en su tabernáculo de plata. A los pies un retablo de cerámica trianera reciente, con las imágenes monocromas de San Antonio y la Virgen con el Niño, según el modelo de Murillo. En la sala de las velas hay otro retablo cerámico centrado por la Virgen de las Montañas, realizado en Villamartín por Antonio Linares, en conmemoración del Año Santo Mariano (1989) (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     El Santuario de La Virgen de las Montañas está situado a unos 8 kilómetros de la localidad. Es centro de peregrinación mariano de toda la comarca, celebrándose la Romería cada año el día 8 de septiembre.
     La Antigua Ermita está consagrada a la Virgen de las Montañas y a San Ginés, patrón de los viticultores. Precisamente, el origen de esta ermita era el prestar atención espiritual a los viticultores de la zona de Pajarete.
     A poca distancia está situada la Fortaleza de Matrera.
     Real el Ilustre Hermandad de Nuestra Señora de las Montañas Coronada
     Santuario de Pajarete
     Apartado de correos 120 11650 Villamartín
     Correo electrónico:  santuariopajarete@gmail.com
     Horario de visitas al Santuario Verano: Mañanas de 09.00 h. a 14.00 h. Resto del año: Mañanas de 10.00 h. a 14.00 h. y tardes de 16.00 h. a 18.00 h.
     A partir del mes de octubre la celebración de la Misa en el santuario tiene lugar todos los domingos a las 12.30 h. (Ayuntamiento de Villamartín).

Cortijo de la Chirigota
     Villamartín posee una notable serie de cortijos y haciendas, con edificios de envergadura e interés artístico. En el cortijo de la Chirigota el granero se refuerza en las esquinas con cilindros, que recuerda el modelo de la campiña sevillana (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
       Caserío de considerable envergadura asociado a una finca de 500 ha. de sembradura de secano. Dispone de varias edificaciones situadas en lo alto de dos lomas que caen hacia el sur. El núcleo principal del cortijo es de estructura cerrada con un patio central rectangular en torno al cual se organizan las dependencias "vivienda, graneros, cuadras, palomar", utilizándose únicamente la primera mientras el resto se halla sin uso. Destaca sobre todo la voluminosa pieza del granero, de dos alturas, planta rectangular, muros de gran espesor, huecos abocinados con arco rebajado de regular distribución, esquinas redondeadas y cubierta a cuatro aguas. La viguería de la planta inferior apoya en un cargadero central de fundición sostenido por columnas también de hierro, mientras la planta superior, subdividida en trojes mediante muretes de poca altura, se cubre con armadura de madera en artesa con tirantes. 
     A unos doscientos metros del cortijo se encuentra la estancia, un gran establo de disposición longitudinal con contrafuertes cilíndricos en las esquinas. Ha de reseñarse el empedrado que sirve de pavimento al patio y que rodea así mismo las zonas edificadas.
      Según la información directa aportada, debió construirse en el tránsito del siglo XIX al XX. Ausente del mapa del Catastro de 1898, la Chirigota es consignada ya por el Nomenclátor de 1900 como "cortijada con tres edificios", y bajo la acepción "cortijo" en la cartografía militar de 1917 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Cortijo Tierras Nuevas del Cuartel
     El monumental tinado del cortijo Tierras Nuevas del Cuartel es de tres naves separadas por pilares sobre los que cabalgan arcos de medio punto (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Caserío de estructura cuadrangular con patio, dividido en la actualidad en dos mitades de sendos propietarios. El sector de fachada consta de dos crujías resueltas mediante bóvedas de arista en planta baja, al igual que tantas edificaciones agrícolas tradicionales "cerealistas sobre todo" del campo gaditano. Las cubiertas son a dos aguas.
     Destaca la estancia o tinahón de los bueyes de labor, una dilatada pieza de 30 m. de longitud y 6 de anchura dividida interiormente en tres naves "la central más estrecha a modo de andén o pasillo para el "pensaor"" mediante arquerías de medio punto sobre pilares cuadrados "entre los que se disponen los pesebres, circulares y rectangulares" unidas por arcos transversales apuntados donde descansa el caballete de la cubierta. La techumbre se resuelve con armadura de parhilera que prolonga los faldones de teja de la cubierta hasta los muros perimetrales de poca altura con numerosos ventanucos cuadrados para la aireación del establo.
     El nombre del cortijo hace referencia al paraje donde se ubica, conocido en su conjunto por Tierras Nuevas, área de remoto poblamiento donde se han encontrado restos ibero-romanos, ligado a la fortaleza de Matrera y otros asentamientos próximos, que posiblemente fuese colonizada hacia el siglo XVIII, completándose su denominación con la posible alusión a la existencia de un cuartel de guardias para vigilancia de la zona, próxima a las dehesas de Prado del Rey, célebres en los siglos XVIII y XIX por los continuos asaltos y la presencia de bandoleros. Este cortijo se contabilizaba en el "caserío con diez edificios" que recoge el Nomenclátor de 1900 para el sector de Tierras Nuevas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Hacienda de la Granja
     La hacienda de la Granja surge de una granja que perteneció a los jerónimos de Bornos. El edificio principal fue reconstruido en torno a 1940 por Juan Talavera y Heredia (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     La edificación que hoy se contempla responde a la completa reconstrucción de un antiguo caserío del siglo XIX y representa de manera ejemplar el "estilo andaluz", o "andalucista", que desarrollaron el arquitecto autor de la obra y otros colegas coetáneos entre la década de 1920 y la postguerra, inspirándose en las construcciones rusticas tradicionales de la Baja Andalucía.
     La hacienda, asociada a una finca de 140 ha. de sembradura de secano, pastos y monte bajo, está caracterizada por la presencia dominante del señorío, que aporta al conjunto un aspecto de villa residencial.
     La construcción se trata de un bloque de dos alturas con un pequeño patio interior doméstico, con pautas de la arquitectura campesina, con paramentos en blanco combinado con recursos estilísticos propios del lenguaje neobarroco.
     Un espectacular jardín, que ha de contarse entre los más destacados de la arquitectura rural andaluza, rodea la edificación de la hacienda, a base de terrazas escalonadas, detalles ornamentales en cerámica, un estanque con fuente, flores, árboles de gran porte, con un carácter que lo vincula a la reactivación de la tradición del jardín arábigo-andaluz emprendida en la primera mitad del siglo XX.
     En origen se trataba de una hacienda de olivar, viñas y tierras calmas. Tras su reforma, en el edificio predomina el carácter de villa residencial (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Hacienda del Rosalejo
     Se trata, sin duda, de una de las piezas de mayor envergadura y más elaboradas de la arquitectura rural de las comarcas septentrionales de la provincia, a pesar de las numerosas y profundas transformaciones de que ha sido objeto a lo largo del tiempo. Representa ejemplarmente la idea clásica de la hacienda andaluza, con dependencias productivas en origen para múltiples aprovechamientos "viña, olivar, ganadería,"" y un sector residencial de gran empaque y representatividad que domina el conjunto revestido de recursos estilísticos propios de la arquitectura culta.
     La edificación se organiza sobre una planta rectangular alrededor de un patio cuadrado enmarcado por construcciones de dos y tres crujías, de una y dos alturas bajo cubiertas de teja árabe. La fachada principal original presenta una monumental composición de orden urbano y porte palatino: la entrada en el centro con portada de piedra a base de pilastras, arco adintelado con escudo de armas en la clave y gran cornisa de rico molduraje sobre la que se sitúa un balcón con pilastras y entablamento. A los lados se disponen series de cuatro huecos a eje en cada planta, ventanas salientes con tejadillo, reja y poyete en la inferior y balcones con recercado de molduras mixtilíneas en la superior, huecos que resultan ser fingidos en una de las alas con la intención de equilibrar la composición del conjunto. La fachada se realza con una escalinata de piedra enfilada hacia la portada que desciende a las terrazas de un jardín delantero. El cuerpo de fachada, cuya construcción de doble crujía ocupa sólo dos tercios de su longitud, acoge el señorío, con amplios salones y escalera en un lateral. El zaguán, bajo bóveda de arista, comunica a través de un arco trilobulado con uno de los elementos más llamativos de la edificación, una galería también bajo bóveda de arista y zócalo de azulejos que se abre al patio mediante tres arcos trilobulados mixtilíneos de acentuado movimiento, el central más ancho y rebajado, apeado en columnas pareadas de mármol, solución que se relaciona con obras domésticas del barroco tardío de Andalucía occidental. El patio, carente de sentido utilitario, está ajardinado, con dos estanques rectangulares y andén central.
     Las construcciones de tres crujías en fondo de los laterales del patio alojaron antaño diversas dependencias productivas, habiéndose remodelado casi en su totalidad para cometidos residenciales y de servicio. Uno de los costados, con acceso propio de arco elíptico en piedra, se articula en tres naves separadas por arquerías. En su extremo trasero destaca una antigua torre de contrapeso con cubierta de teja a tres aguas rematada por pináculos bulbosos con cruces de forja. Aún se observa la capilla bajo el contrapeso, con arco de descarga de ladrillo, propia de una viga para prensa de aceite o de lagar. En la esquina opuesta de la trasera se eleva otra torre gemela, mera réplica de intención compositiva sin aplicación funcional. Entre ambas discurre otra pieza de uso residencial, en la que se localizaban con anterioridad el trujal, gañanía y otras dependencias.
     El costado restante, asimismo muy reformado y compartimentado, se divide en tres naves de altura descendente hacia el patio, con una esbelta arquería de arcos apuntados sobre pilares con arcos de medio punto superpuestos para aligerar el muro donde descansa la cumbrera y otra arquería de medio punto sobre pilares. La mayor parte de este espacio está ocupado por las cuadras, con departamentos para pienso y guadarnés. Bajo este lateral, salvando la diferencia de cota, se dispone un cuerpo de bodega de gran interés, con tres naves de bóvedas de arista sobre gruesos pilares circulares de piedra, con arcos formeros y perpiaños perfilados. Aunque sólo alberga un reducido número de botas, presenta las trazas de una bodega de crianza, con suelo terrizo. A su lado se ha levantado en época reciente una nave industrial para el procesado y envasado de vinos. 
     El Rosalejo ocupa una escogida posición en el Campo de Matrera, donde se localiza el pago de Pajarete, antaño uno de los más renombrados de la provincia por la calidad de su viñedo, acompañado de olivares.
     Presumiblemente, los antecedentes del Rosalejo se remonten a un caserío con lagar, molino de aceite y otras dependencias reconstruido y ampliado con posterioridad hasta adquirir las formas y proporciones que hoy lo caracterizan. Con todo, no son muy prolijas y sistemáticas las noticias sobre la edificación. En el mapa que acompaña a las respuestas del Interrogatorio de Tomás López, iniciado en 1776, se dibuja el pago del Pajarete con cuatro caseríos, uno de los cuales puede situarse en el emplazamiento actual del Rosalejo y quizás corresponderse con él al representarse uno con dilatada fachada, abundantes huecos y una torre que se distingue de los otros tres, de trazado mucho más sencillo. 
     Una primera mención específica del Rosalejo, recogida por A. Hernández Parrales, data del 19 de agosto de 1794, al aparecer en un informe del Cabildo de Sevilla referente a la vecina ermita de Nuestra Señora las Montañas, indicándose que "las nuevas poblaciones inmediatas a aquel pago tienen Misa los días festivos en las haciendas del Rosalejo y de la Granja, poco distantes de la hermita", lo cual hace suponer la existencia por entonces una capilla en su caserío. En 1807, el francés barón de Bourgoing recoge en su relación de viajes en España una alusión "citada por J. y J. de las Cuevas" a las bodegas del Pajarete propiedad del marqués de las Amarillas, en las que se atisba una posible identificación entre éstas y el Rosalejo: "Famosas por su vino, están a cuatro leguas de Ronda, y pertenecen a M. Girón, uno de los principales habitantes de Ronda, oficial distinguido, conocido en la última guerra bajo el nombre de marqués de las Amarillas". Años después, Frasquita Larrea, que relata su viaje de Bornos a Ubrique en 1824, glosa la calidad del vino del Pajarete, "afamado por toda la Europa" y escribe que "cada una de esta viñas tiene su casa y entre ellas sobresalen las ruinas de la del Rosalejo, hermosa posesión que labró, embelleció y habitó la Marquesa de las Amarillas, y fue quemada en la guerra de la independencia por haberse guarnecido en ella una partida de guerrilla española que se dejó abrasar antes de rendirse".
     El Rosalejo aparece, así, relacionado desde al menos el siglo XVIII con una de las más influyentes familias de la nobleza de Ronda, de apellidos Ahumada y Girón, marqueses de las Amarillas y desde 1835 duques de Ahumada, cuyos titulares ejercieron altos cargos del ejército y la administración: Agustín Ahumada Villalón (1760), marqués de las Amarillas, fue virrey de Nueva España, Pedro Agustín Girón (1842), I duque de Ahumada, ministro de la Guerra y miembro del Consejo de Regencia, y Francisco Javier Girón (1870), II duque, senador, ministro de la Guerra y fundador de la Guardia Civil en 1844. Es probable que la monumental obra se erigiese a fines del siglo XVIII "a tenor de la cita de F. Larrea y del barroquismo tardío del edificio", reconstruyéndose quizás en época de los primeros duques, propietarios de grandes posesiones rústicas en el área de la provincia de Cádiz cercana a la serranía de Ronda "como el cortijo de la Ahumada". El blasón que ostenta la portada del Rosalejo, timbrado por corona que parece ducal, representa en sus cuarteles las heráldicas de los apellidos Ahumada "cinco estrellas y cruz de Calatrava en el primero y tercero" y Girón "mediante cinco jirones en el cuarto", mostrando en el segundo una torre con remate (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Hacienda de los Huertos
      El edificio que hoy se contempla, muestra de primer orden de los caseríos de olivar de la provincia gaditana por la calidad de su trazado, es resultado de la reconstrucción efectuada en 1910 a partir de un molino aceitero preexistente, probablemente una construcción más modesta y de menor envergadura, a tenor de los indicios de un molino con prensa de viga que cabe detectar enmascarados en el conjunto de la obra. La edificación, que ha sido estudiada por G. Florido en el apartado que dedica a las casas de olivar de la depresión del Guadalquivir, define un plano cuadrado con torreones en tres de sus ángulos y construcciones de dos plantas, en su mayor parte, cerrando el vacío de un patio. Ante el área de acceso empedrada se dispone la fachada, regida por la simétrica composición de cuerpos y vanos. En las esquinas destacan sendas torres con huecos superpuestos a eje "el superior un óculo circular sólo señalado mediante el recercado" y cubiertas de pabellón de teja árabe con pináculos en los vértices. Entre las torres se desarrolla el cuerpo frontal con el acceso de arco rebajado en el centro bajo un balcón y ventanales con reja en voladizo a los lados. Un zaguán con arcos de medio punto que perforan los muros maestros conduce al patio. 
     En este primer cuerpo se encuentran, en planta baja, la vivienda de caseros, cocina y guadarnés, a un lado, y al otro, almacenes y la escalera de subida a la planta principal, que aloja graneros y el señorío, con solería hidráulica y decoración de pinturas murales de aire modernista en los techos, prolongándose sobre el lateral adyacente a lo largo de diversas salas y una galería acristalada sobre el patio. Bajo este último lateral se halla la bodega de aceite con tinajas empotradas en el suelo y la nave de prensa "con una galería porticada junto al patio para los trojes" terminada en una torre, cuya base de gruesos muros parece identificarse con la capilla del contrapeso de una antigua prensa de viga. En posición perpendicular respecto a esta nave, ya en el costado trasero del patio, está el trujal, el espacio con el empiedro, sobre el que se sitúa la gañanía, en la planta superior, y, a continuación, las cuadras de mulos, de una sola altura, divididas por una esbelta arquería atirantada de medio punto sobre pilares con hileras de pesebres rectangulares. El flanco restante del patio acoge la cuadra de caballos de monta, la antigua cochera de carruajes, almacenes y talleres. Una zona ajardinada con arbolado se extiende junto a la cara exterior de este lado. Las cubiertas de teja árabe con las cumbreras y aristas encaladas y la pintura de zócalos y embocaduras en almagra y albero sobre los paramentos blanqueados aportan un vivo juego cromático al conjunto.
     Toma el nombre de un pago de olivar que se extiende junto al arroyo Serrecín al pie de la sierra de Santa Lucía, al este del término de Villamartín, área donde tradicionalmente se localizaban molinos aceiteros y donde a partir del último tercio del siglo XIX se levantaron y renovaron molinos y haciendas con almazaras industriales, al mejorarse y expandirse el cultivo a costa, por ejemplo, de las tierras de monte y dehesa del Grullo y Cuatro Mojones. P. Madoz aporta ya noticias tocantes a los Huertos hacia 1846 al describir el camino de Puerto Serrano a Villamartín: "se continua por un encadenado de monte bajo, cuya estensión es de 1/2 [legua], por el olivar de los Huertos de 1/4 [de legua, unos 1,4 km.] de travesía, donde hay un molino de aceite enmedio"". Más tarde, el mapa del Catastro de 1898 representa la edificación de "Los Huertos, molino aceitero", reiterada en la cartografía militar de 1917 como "Molino de los Huertos", apareciendo por último en la edición de 1975 bajo el título de "Hacienda de los Huertos" (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Dolmen de Alberite
     Alberite I, es un dolmen del tipo galería de 23 metros de longitud y planta trapezoidal con una anchura variable entre los dos metros de la entrada y cuatro en la cabecera. Algunos de los ortostatos están decorados con pinturas esquemáticas en ocre y grabados. Toda la estructura estaría cubierta con un túmulo del que se conserva un anillo de piedras de 50 metros de diámetro que lo delimitaba. Este anillo exterior estaba construido con un murete de piedras de pequeño tamaño reforzado con otra serie de tirantes concéntricos en el interior del túmulo, cuya finalidad era contener los empujes del túmulo y mantenerlo agrupado, evitando los efectos de la erosión.
     Antes de acceder al interior de la cámara se atraviesa un atrio de 10 metros de extensión cuyo inicio se encuentra marcado por dos monolitos que conformarían una entrada monumental. En este atrio se localizaron cuatro estelas decoradas con motivos antropomorfos, una de ellas con nariz y ojos grabados, lo cual parece estar en relación con un espacio ritualizado en el que posiblemente se produjeran ceremonias en honor de los ancestros. El acceso se produce desde el este.
     Las piedras utilizadas son de caliza y arenisca procedentes de la zona del río Alberite y cerros próximos. El interior del dolmen estaba recubierto de una capa de color rojo, incluso el suelo estaba recubierto de una gruesa capa de ocre. En todos los ortostatos hay símbolos, la mayoría pintados, otros grabados, concentrándose especialmente en lugares destacados, como el inicio y el final de la cámara. La temática responde a una iconografía preconcebida. En esta construcción se ha podido comprobar que la decoración de los ortostatos se realizó antes de su colocación defnitiva, ya que muchos se encuentran decorados en las caras no visibles. Los temas representados son muy variados: motivos geométricos, zigzag, hachas, cuchillos, soles, serpientes y antropomorfos.
     La mayor parte de los grabados se encuentran en la pared derecha, curiosamente juntos por pares y relacionados por temática. Una vez superado el primer tramo de corredor el espacio se ensancha formando una cámara, pero justo al inicio de ese ensanche aparecen unas piedras en vertical que interrumpen el sentido longitudinal y que conforman una antecámara junto a la pared sur. Esta antecámara tiene una fuerte carga ideológica, apoyada por la presencia de un ídolo betilo y zonas de fuego, quizás para iluminación o ritual: las jambas o estelas que la definen, labradas en forma rectangular, muestran figuras antropomorfas acompañadas de armas y serpientes, como si se tratase de representaciones de una divinidad protectora, guardiana de la cámara funeraria.
     Al fondo de la cámara se define otro espacio reservado al colocarse delante otras dos jambas que interrumpían su visión desde la entrada. En este lugar se localizaron los enterramientos de un hombre y una mujer de edad adulta. Sus huesos estaban cubiertos de ocre y algunos presentaban huellas de descarnado intencionado. El ajuar funerario lo componían 1600 cuentas de collar de variscita, hueso y concha, una paleta caliza para ocre, cuatro machacadores en caliza para ocre, una azuela y una gubia pulimentadas, cuatro láminas de sílex y un gran prisma de cuarzo de 20 centímetros de longitud (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Fortaleza de Matrera
     El Castillo de Matrera está situado en la Sierra de Pajarete, a 523 metros sobre el nivel del mar, en el camino de Villamartín a Prado del Rey. Se encuentra en una pequeña explanada en la cumbre de un altozano. Es de origen andalusí y fue mandado construir por Omar Ben Hafsun, a finales del siglo IX para defender la ciudad de Iptuci, en la frontera de la Cora de Ronda. El recinto está dividido en dos zonas diferenciadas, la Torre principal o del Homenaje, defendida por un recinto amurallado y el Patio de Armas también rodeado de murallas y con dos puertas la Puerta de los Carros y la Puerta del Sol. El Albácar o Patio de Armas es de grandes dimensiones y de planta elíptica. El recinto amurallado superaba los 500 metros y constaba de numerosas torres, ya desaparecidas.
     El castillo estaba formado por un gran recinto amurallado de más de 500 metros de perímetro, que rodeaba el patio de armas, al que se accede desde la Puerta del Sol al este y la Puerta de los Carros al oeste, ambas flanqueadas por torres. 
     A lo largo del lienzo de muralla se sitúan varias de éstas, destacando la torre principal en el norte. Esta era de planta rectangular, de 15 x 10 metros, conservando tres saeteras. 
     Contaba con un proyecto de consolidación, pero en el año 2013 quedó afectada por un colapso del muro norte y dos bóvedas como consecuencia de las intensas lluvias. Recientemente se ha llevado a cabo en el mismo una polémica intervención.
     El castillo es de propiedad particular, aun cuando se ha constatado el aterrizaje y despegue periódico de helicópteros de gran tamaño pertenecientes al ejército.
     En 2013 se derrumbó gran parte de la torre debido a las escasas labores de reparación de los problemas estructurales detectado décadas atrás. La posterior obra de preservación en 2016 ha resultado ser muy polémica, recibiendo tanto críticas como el premio en la categoría de "Preservación" de los premios neoyorquinos A+Architizer.
     Aunque el Monte Pajarete ha constituido un lugar de asentamiento humano desde la Antigüedad, la fortaleza medieval fue construido en el siglo IX por Omar ibn Hafsun para defender a Iptuci, la ciudad más avanzada de la Cora de Ronda.
     En el siglo XIII fue conquistado por San Fernando, quien lo reconstruyó. Sin embargo a principios del siglo XIV volvió a manos nazaríes, siendo tomado definitivamente por Alfonso XI en 1341. Al estar situado en plena Frontera o Banda morisca fue asediado por los musulmanes granadinos en 1408 y en 1445 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Museo Histórico Municipal
     El Centro cultural de Villamartín constituye, sin lugar a dudas, una de las muestras más destacadas de la arquitectura brutalista en la provincia de Cádiz. El edificio se sitúa en el parque municipal, en un emplazamiento caracterizado por una acusada diferencia de cota entre la calle Extramuros, más alta, y el paseo de la Feria. El edificio resolvía originariamente la diferencia de nivel para el tránsito peatonal, ofreciendo además un mirador público en cubierta hacia el paisaje, si bien la erección reciente de un vallado ha hecho que esta función se pierda.
     La presencia del edificio en el pueblo viene marcada por la cuestión topográfica mencionada, ya que si bien se muestra con cierta modestia hacia la calle Extramuros, el hecho de mantener la cota superior como coronación hacia el paseo hace que aparezca con una rotundidad notoria con sus cinco plantas de altura.
     Esta rotundidad se confirma con el empleo de materiales que seguían las corrientes arquitectónicas más en boga en el momento de la construcción del edificio. La piedra aparece en mampuesto, conformando los muros con los que el edificio se posa en el paseo inferior, así como en los muros que se elevan en dirección perpendicular a la longitudinal del parque. Carpinterías de acero y vidrio cierran los huecos que en ellos se abren. El hormigón visto se emplea en los elementos salientes; en el gran volumen proyectado hacia el paseo de la planta cuarta, en los antepechos de los balcones de las plantas tercera y segunda, y en las marquesinas que marcan diferentes puntos de acceso al edificio, mostrando la textura rugosa del encofrado entablillado (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa María de las Virtudes; Iglesia de San Francisco; Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias; Santuario de Nuestra Señora de las Montañas; Cortijo de la Chirigota; Cortijo Tierras Nuevas del Cuartel; Hacienda de la Granja; Hacienda del Rosalejo; Hacienda de los Huertos; Dolmen de Alberite; Fortaleza de Matrera; y Museo Histórico Municipal) de la localidad de Villamartín, en la provincia de Cádiz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia gaditana.

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martes, 16 de enero de 2024

El Cuartel de la Pirotecnia (actual sede de las Facultades de Derecho, y de Ciencias del Trabajo, de la Universidad de Sevilla)

       Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Cuartel de la Pirotecnia (actual sede de las Facultades de Derecho, y de Ciencias del Trabajo, de la Universidad de Sevilla), de Sevilla.   
     El Cuartel de la Pirotecnia (actual sede de las Facultades de Derecho, y de Ciencias del Trabajo, de la Universidad de Sevilla), se encuentra en la calle Enramadilla, 18-20; en el Barrio Giralda Sur, del Distrito Sur.
     Se trata de un conjunto de edificaciones de distinto interés arquitectónico, que se inicia en 1847 con la construcción de varios talleres. Sin embargo, su fundación se remonta a veinte años antes como Escuela Central de Artificieros, estableciéndose en la zona de la Enramadilla, frente al barrio de San Bernardo.
     Las primeras construcciones, de 1847 a 1849, se realizan bajo la dirección del arquitecto Manuel Portillo Navarrete, y constituyen el edificio principal, otros siete edificios de menor entidad que se llamaron "barracas" y el polvorín hexagonal, junto a otras construcciones de menor interés. Frente a la fachada principal del edificio central, hasta la verja que cercaba las instalaciones, se extendía un gran jardín que incluía el edificio del laboratorio construido en 1827. Toda esta área ajardinada quedó posteriormente segregada de la pirotecnia con el trazado de la avenida de Ramón y Cajal (hoy ocupada por la Facultad de Empresariales y la Maestranza).
     En 1859 se suceden las primeras ampliaciones, efectuándose la primera sobre unos terrenos de la vereda de la dehesa del Juncal. que constituyeron una segunda zona, con el nombre de "Las Carolinas". En 1916 finaliza la construcción del nuevo edificio del laboratorio, de dos plantas -semisótano y planta principal-, coronado por una cúpula en su cuerpo central. Interesante edificación de referencias modernistas y otras influencias historicistas de inspiración barroca.
     Durante los primeros años de la posguerra se realiza la construcción de nuevos talleres en los terrenos adquiridos años antes a la llamada Huerta de Bilbao. (En la adquisición de los terrenos se incluía la casa del pintor Gonzalo Bilbao, que en la actualidad sigue figurando dentro del enclave del establecimiento militar.) En 1940 se efectúa el trazado de nuevas calles y se procede a la instalación de la infraestructura de agua y alcantarillado y pavimentación de adoquines en las calzadas. Se construyen igualmente otros talleres como serían los de núcleos de plomo, el de forja y temple y otros, que se levantarían en la zona de Las Carolinas.
     Por otra parte, al mismo tiempo se producirán reformas en los edificios existentes, destacando la construcción del vestíbulo y la gran escalera en el edificio principal, obra de Juan Talavera y Heredia. En los primeros años de la década de los cuarenta se construye un importante taller, con una superficie de 2.800 m2. denominado "del paraguas" por carecer de columnas intermedias -para cuya construcción se utiliza como modelo uno de los talleres de la Hispano Aviación, resuelto de la misma forma-, y el cuerpo de guardia, interesante edificio racionalista.
     El conjunto de construcciones que componen las antiguas instalaciones de la Pirotecnia Militar se asientan sobre una parcela catastral de una superficie aproximada a los 72.000 m2 (Guillermo Vázquez Consuegra, Cien edificios de Sevilla: susceptibles de reutilización para usos institucionales. Consejería de Obras Públicas y Transportes. Sevilla, 1988).
     El conjunto de construcciones de la Pirotecnia Militar se sitúa en el área de extensión Este de la ciudad de Sevilla, en el barrio de San Bernardo, junto al apeadero de la estación de ferrocarril y en una parcela de unos 72.000 metros cuadrados.
     En la actualidad, de este conjunto industrial se conservan tres piezas: el edificio del laboratorio, construido en 1916 y de influencias modernistas e historicistas; la nave industrial de trabajos, de planta rectangular y grandes dimensiones; y el cuerpo de guardia, conocido popularmente como la torre del reloj, destinado al control visual del entorno y control físico del espacio más inmediato.
     Adosado a un extremo de la nave, el edificio del reloj es uno de los ejemplos más singulares de la arquitectura racionalista de la ciudad de Sevilla. Realizado en hormigón armado, su basamento se forma por el quiebro del muro de cierre exterior del conjunto fabril, conformando la planta de nivel inferior y dando unidad al binomio torre-nave. De composición sobria y constituido por dos cuerpos diferenciados, inferior y superior, la nave incide en las líneas y disposición horizontales de los elementos. En la torre cabe distinguir tres niveles, el basamento, un cuerpo central recorrido a todo lo largo por una hendidura vertical, y un último cuerpo de remate de planta octogonal donde se coloca el reloj. El resultado de esta yuxtaposición es un sencillo juego de volúmenes en el que la horizontalidad de la nave contrasta con el volumen vertical de la torre.
     Las edificaciones comienzan en el año 1847 con el arquitecto Manuel Portillo Navarrete, aunque ya veinte años antes se fundaba la Escuela Central de Artificieros en la zona de la Enramadilla. Las ampliaciones y reformas se suceden en el tiempo con muy distinto interés arquitectónico, destacándose el nuevo laboratorio en 1916 de influencias modernistas e historicistas, la reforma al edificio principal realizada por Juan Talavera y Heredia en 1940 o la nave "del paraguas" que utiliza como modelo la del mismo nombre de la Hispano Aviación. Por esa época se construye el interesante cuerpo de guardia situado a la entrada del recinto, más conocido como Torre del Reloj.
     En 1961 fue entregada a la Empresa Nacional Santa Bárbara de Industrias Militares, empresa que en 1967 presenta expediente de crisis entregando los locales vacíos en 1974 al Parque y Maestranza de Artillería. Actualmente es sede de la Facultad de Ciencias del Trabajo, y de Derecho de la Universidad de Sevilla (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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viernes, 12 de enero de 2024

El Cuartel de la Gavidia (actual sede de la Consejería de Justicia)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Cuartel de la Gavidia (actual sede de la Consejería de Justicia), de Lorenzo Ortiz e Iribas, y José Espiau, de Sevilla.
      El Cuartel de la Gavidia (actual sede de la Consejería de Justicia), se encuentra en la plaza de la Gavidia, 10; en el Barrio de la Encarnación-Regina, del Distrito Casco Antiguo.
     El edificio ocupaba hasta hace unos años una mayor extensión que la que hoy presenta, cubriendo toda la fachada a la plaza de la Gavi­dia. La demolición de sus zonas laterales (a las calles Padre Tarín y Las Cortes) permitió construir nuevos edificios de viviendas que han encajonado el cuartel, restando buena parte del interés primitivo.
     Antecede a la fachada un pequeño jardín acotado por una verja de fundición, que se hace más amplio en su extremo derecho. Una pequeña pérgola cubierta de chapa metálica con­duce al zaguán, que dará paso al patio principal. Este de dimensiones casi cuadradas, presenta arquerías en sus cuatro frentes, de arcos de medio punto sobre columnas de mármol en ambas plantas. La escalera, de una gran belleza, al igual que el patio, se sitúa en su lado izquierdo, desarrollada en tres tramos sobre arquerías de las mismas características formales que las del patio.
     La fachada, construida posteriormente, posee una clara composición neoclásica (al igual que la mayoría de los cuarteles sevillanos: El Carmen, La Maestranza, etc.), que se ordena simétricamente respecto del eje central, dividiéndose en calles (con dos módulos de distinta anchura) por pilastras que se acusarán sobre el pretil de obra de la azotea. Balcones con ante­pechos de balaustres metálicos, rematados por frontones rectos, ocuparán los módulos más capaces.
     El edificio ocupa en planta baja, incluyendo el jardín delantero, una superficie aproximada de 1.400 m2, estimándose una superficie total construida de 1.600 m2 (Guillermo Vázquez Consuegra, Cien edificios de Sevilla: susceptibles de reutilización para usos institucionales. Consejería de Obras Públicas y Transportes. Sevilla, 1988).
     Se encuentra situado en una de las plazas más céntricas e importantes de la ciudad, lindera con la desaparecida parroquia de San Miguel, donde se asentó la Compañía de Jesús para crear su Hospicio de Indias en 1603, una de las seis casas que tenía la orden en Sevilla, dedicándose a las labores de hospital de Misioneros y predicadores de la orden que procedían de Indias. 
     Tras la expulsión de los jesuitas en 1767 por orden de Carlos III, el edificio fue utilizado como Colegio, Seminario de niños Toribios, y por el Ramo de Guerra como Cuartel de Artillería desde 1800 a 1823, y sobre el solar como Cuartel de Infantería de la Gavidia y Cuartel de Artillería de San Hermenegildo o del Duque desde 1823 hasta 1950.
     Es una antigua casa solariega con dos entradas una desde la calle Jesús del Gran Poder, antigua calle de Las Palmas, y otra con acceso desde la Plaza de la Gavidia, ambas unidas formando un único conjunto edilicio.
     La fachada de la calle Jesús del Gran Poder cuenta con de tres plantas. La planta baja se articula en torno a un vano arquitrabado enmarcado con resalte con orejetas al centro de la cual se dispone el escudo de los marqueses de Montefuerte. Sobre la portada se dispone un arquitrabe con cornisa y canes que crean el espacio para el balcón principal con antepecho de forja. Éste cuenta con un vano rectangular con las jambas con moldurones y orejetas flanqueado por pilastras sobre las que descansa un entablamento del que parte el tercer cuerpo mirador. Su frente presenta dos vanos de medio punto sobre columnas, flanqueado por pilastras y rematado por un tejado a cuatro aguas.
     Desde su acceso por la Plaza de la Gavidia, el edificio ocupaba hasta hace unos años toda la fachada de la Plaza de la Gavidia englobando desde las calles Padre Tarín a la calle de Las Cortes.
     Es una antigua casa solariega que tiene su entrada principal por la Plaza de la Gavidia. Cuenta con una fachada neoclásica de dos plantas y ático, de líneas sobrias y elegantes con un detalle característico de cinco balcones rematados por frontones triangulares, con artísticos antepechos abalaustrados de forja. Los vanos son arquitrabados flanqueados por almohadillados y rematados por frontón triangular. Los paramentos se encuentran enfoscados en almagra y los elementos decorativos en amarillo albero.
     En su interior presenta un patio típico sevillano, de proporciones casi cuadradas, con arquerías en sus cuatro frentes con arcos de medio punto sobre esbeltas columnas de mármol blanco y capiteles de castañuelas. En su lado izquierdo se sitúa la amplia escalera con balaustrada, desarrollada en tres tramos sobre arquerías iguales a las del patio.
     La fachada se encuentra precedida por un pequeño jardín acotado con verja de fundición, que se hace más amplio en su extremo derecho, se extiende frente a la fachada del edificio, una pequeña pérgola cubierta de chapa metálica conduce al zaguán.
     La construcción de este edificio es anterior a 1814, habiendo pertenecido al Patronato de la Beneficencia Municipal de Sevilla. Desde mediados del siglo XIX hasta finales de los años treinta del pasado siglo XX, fue la sede de la Capitanía General de la Segunda Región Militar.
     Fue el Teniente General don Tomás del Anido, Capitán general de Andalucía en 1844, quien decide el traslado al número 2 de la calle Las Palmas, actual Jesús del Gran Poder. Este edificio, de procedencia particular, fue adquirido por el Ramo de Guerra por compra directa a censo reservativo con escritura otorgada el 18 de marzo de 1872. Transcurridos ocho años fue aprobada una permuta de terrenos entre el Ayuntamiento de Sevilla y el Ramo de Guerra, cediendo el segundo una parte del solar de la calle de las Cortes, compensando el Ayuntamiento con otra por la Plaza de la Gavidia, que es la que posee el jardín. Por estas fechas se debió de abrir la puerta principal a la Gavidia, dejándose la de la calle Jesús del Gran Poder como entrada a su residencia.
     Posteriormente entre los años 1884 y 1885, el entonces Jefe del Distrito, General, don Camilo García Polavieja, ordenó se llevaran a cabo importantes obras de restauración que modificaron por completo la fachada que da a la Gavidia, dando por ella la definitiva entrada principal al edificio.
     En 1914 el edificio sufrió un incendio, siendo necesario reparar el portal de salida a la calle Jesús del Gran Poder.
     Las zonas laterales del edificio fueron demolidas para construir viviendas a finales del siglo XX, restando buena parte del interés primitivo.
     Actualmente ha sido restaurado por la Junta de Andalucía y se encuentra ubicada en el edificio la Consejería de Gobernación y Justicia (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Gavidia, plaza de la, 10. Edificio del siglo XIX, de tres plan­ tas, con fachada avitolada y los bal­cones de la segunda con frontones sobre columnas en ambas plantas, en triangulares. El patio posee galerías; en uno de sus frentes se encuentra la caja de escalera, que consta de tres tramos, con zócalo de azulejos y yeserías [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].

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jueves, 14 de diciembre de 2023

Los principales monumentos (Real Instituto y Observatorio de la Armada; Iglesia de San Francisco; Capitanía General; Panteón de los Marinos Ilustres; Museo Naval; Cuartel de Batallones; y Arsenal de la Carraca) de la localidad de San Fernando (III), en la provincia de Cádiz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Real Instituto y Observatorio de la Armada; Iglesia de San Francisco; Capitanía General; Panteón de los Marinos Ilustres; Museo Naval; Cuartel de Batallones; y Arsenal de la Carraca) de la localidad de San Fernando (III), en la provincia de Cádiz.



Real Instituto y Observatorio de la Armada
     El Real Observatorio de Marina, al otro lado de San Fernando, es otro ejemplo de arquitectu­ra militar neoclásica que surge en sustitución del anterior Observatorio, enclavado en la ciudad de Cádiz. Aun cuando surgen dos proyectos del XVIII, los de Tofiño y Ureña, elegido el de este último, su diseño se ve con el tiempo alterado y adaptado a las nuevas necesidades ya desde el mismo siglo XIX. La fachada principal mantiene empero las trazas de Ureña en sus líneas esenciales, que recuerdan el palladianismo propio de las edificaciones militares inglesas de la época. Una semicúpula giratoria, para la observación celestial, surge de la cúpula sobre tambor que remata el edificio. El Observatorio, por lo demás, alberga una interesante colección de instrumentos astronómicos así como una biblioteca de gran valor con ediciones únicas así como cuatro incunables. Su erección estuvo a punto de llevarse por delante la Torre Alta, atalaya de señales o vigía, próxima  al tipo de torres vigía  usuales durante el siglo XVI, que conectaba visualmente con la de Tavira en Cádiz, alegando una molesta proximidad al Observatorio (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Este centro científico y técnico presenta un conjunto de singularidades que lo convierten en un punto de referencia, a nivel nacional e internacional, en casi todos los campos en los que opera. Siempre ha estado unido a la Enseñanza Superior desde su fundación como “Academia de Guardias Marinas” hasta la actualidad como “Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Físico-Matemáticas”. La Institución, fundada en 1753 por Jorge Juan, ha sido pionera en España en la totalidad, prácticamente, de sus principales tareas, generando un banco de datos a lo largo de sus más de 260 años de vigencia que conforma un patrimonio fundamental.
     Su biblioteca, gracias a la conjunción de enseñanza, práctica e investigación, ha ido creciendo en importancia, colaborando en ello el esfuerzo de Jorge Juan y de Tofiño, por aumentar y consolidad sus fondos. Así, los cuatro incunables que alberga la biblioteca son de gran valor por su antigüedad y por los peculiares contados que aportan en materia astronómica (Ayuntamiento de San Fernando).

Iglesia de San Francisco
     Conocida también por la castrense, pues surge en el siglo XVIII con el fin de prestar servicio religioso a la Armada, se construye en terrenos que pertenecieron al antiguo hospicio de los franciscanos para responder a la necesidad que tenían de contar con una parroquia propia. La estructura es muy sencilla, pasando casi inadvertido su frente, con un portaje marcado por dos pilastras lisas, al igual que el friso y el frontón curvo que lo cierra, a su vez bajo una sencilla espadaña.
     Traspasada la entrada, aparece una planta de tres naves poco profunda, casi cuadrada, con cru­cero central que cierra una cúpula sobre pechinas. Son dignos de mención una imagen pequeña de Santa Bárbara convenientemente adaptada a la iconografía de la Inmaculada, así como otra traída desde La Habana en 1899, el Cristo de la Expiración, del final del XVIII, o el crucificado del altar mayor. No obstante, la pintura es su mejor tesoro. Cuenta con un apostolado de diez óvalos, pues faltan dos de los apóstoles, Santiago el Mayor y, asimilado a ellos, San Pablo. Fue hecho por el pintor sevillano Francisco de la Vega Muñoz hacia 1860 y cuelga en los muros latera­les bajo el coro. Se atribuye al taller madrileño de Carreño de Miranda, a fines del siglo XVII, una Porciúncula, también en el altar mayor, frente a una Santa Cena. Lo más destacado del con­junto es, sin duda, el conjunto de tres grandes lienzos ejecutados por Mariano Salvador Maella entre 1791 y 1794, pintor de cámara de Carlos III y académico, neoclásico atemperado por la fuerza de la tradición barroca final, para la iglesia de la Purísima Concepción, hoy Panteón de Marinos Ilustres, en la nueva población militar de San Carlos en desarrollo.
     Los temas en cuestión son una hermosa y colorista Inmaculada Concepción y dos temas narra­tivos, con una composición movida provista de naturalismo contenido. Uno representa la entrada de San Fernando en Sevilla con la recepción de las llaves de manos del rey almohade bajo una alegoría de la Religión,  entre ángeles  portando un libro en rompimiento de gloria. Obedece el tema o a la renovación de un culto, más constante en Sevilla que en otras zonas, a San Fernando, promovida por los Borbones, o al patronazgo del Cuerpo de Ingenieros Militares por parte del santo rey guerrero. El otro se dedica al socorro de San Carlos Borromeo a los apestados de Mi­lán en 1576, tema que obedece a la devoción por parte del rey, al carácter eucarístico del tema al que también era proclive el devoto monarca.
     Los esquemas en la disposición de las figuras, proyectando una suave perspectiva en diagonal, y el tratamiento lumínico, suelto y colorista de los rompimientos de la zona superior, son idénticos. La Inmaculada, por su parte, plantea un es­ quema sabiamente centralizado pues evita cualquier atisbo de frontalidad y estatismo mediante los gestos y actitudes aplicados en todos y cada uno de los personajes del cuadro. Un movimien­to circular en torno a la Virgen, se equilibra mediante una composición en pirámide teniendo al Padre en el vértice superior y a San Miguel y al grupo de ángeles portando los atributos marianos en los laterales. Los cuadros se colocaron en su actual emplazamiento en 1858, tras largos años de restauración del pintor sevillano Antonio Cabral Bejarano que se hizo necesaria por la tar­danza en hallar un emplazamiento definitivo (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     La edificación religiosa que conocemos hoy fue construida a finales del s. XVIII por la Marina ante la necesidad de tener parroquia propia, reformándose en 1929 y 1966.En este templo encontramos la colección victoriana más interesante de la ciudad: tres grandes lienzos realizados por Mariano Salvador Maella, pintor de cámara de S.M. Carlos III y director de las Bellas Artes de San Fernando, al que le fueron encargadas por el Marqués de Ureña (Ayuntamiento de San Fernando).

Capitanía General
     La Capitanía Ge­neral, hoy Comandancia General del Estrecho, data de la segunda mitad del siglo XVIII, siendo su aspecto actual el resultado de sustanciales alteraciones efectuadas en 1917 y, posteriormente, en torno a 1950 en un estilo ecléctico bastante común a otros edificios de la Marina de igual época como, en Cádiz, la antigua Comandancia y el Instituto Hidrográfico (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Las dos primeras entidades de marina que se trasladaron a la Isla de León fueron la Academia de Guardias Marinas y la Comandancia General del Departamento. Esta última quedó instalada en el número 185 de la calle Real, ocupada por una magnífica vivienda burguesa de influjo barroco, donde residió hasta 1769.Así pues la ubicación actual de este edificio data de la segunda mitad del siglo XVIII aunque su fisonomía actual es el resultado de diversas reformas. Entre ellas destaca la efectuada en 1917 por Vicente Sánchez de Cerquero, ingeniero de fragata, en la que prácticamente fue reedificado. Luego fue ampliado con terrenos anexos, experimentado nuevas reformas y adquiriendo la fachada su aspecto actual (Ayuntamiento de San Fernando).

Panteón de los Marinos Ilustres
     El Panteón de Marinos Ilustres, que, como quedó dicho, nació como una parroquia de uso castrense bajo la advocación de la Inmaculada, comienza su construcción en 1786, dentro del programa constructivo de San Carlos, primero bajo la dirección del ingeniero Vicente Imperial Digueri y, a los tres años, con el Marqués de Ureña. En 1805 se paraliza la obra por falta de medios económicos y, ya en 1850, se retoma la obra como capilla del Colegio Naval contiguo y Panteón de Marinos Ilustres al mismo tiempo. Sólo a mediados del siglo XX quedará totalmente cubierto. El templo es una cruz latina en planta inscrito dentro de un rectángulo, precedido de un vestíbulo elíptico, dibujando tres naves separadas por pilares, con cúpula sobre pechinas y rematada por linterna sobre el crucero. El Altar mayor aparece sobreelevado y, tras él, hay una estancia con estanque circular en el centro que, a modo de espejo, refleja las pinturas murales de la bóveda superior. La portada, pétrea, monumental, aunque neoclásica por idea y fecha de construcción, recuerda un clasicismo barroco en el juego de resaltes de la fachada y los dos pares de semicolumnas de orden colosal que sostienen el entablamento con frontón ge­nerando una verticalidad desproporcionada pero efectista a la misma vez. Las fachadas laterales y la posterior, en su sencillez, se adaptan más a la severidad neoclásica. En su interior se albergan en mausoleos del siglo XIX los restos de los marinos, siendo los más llamativos los debidos al escultor Gabriel Borrás, uno de los cuales es el erigido a los soldados y clases de la Marina (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Magnífico monumento neoclásico de piedra ostionera que, ideado en un principio como Iglesia Parroquial de la Nueva Población de San Carlos, se inició en 1786 pero no se acabó hasta 1854 por los importantes sucesos históricos acaecidos. En su interior todos los marinos ilustres tienen su sitio, e incluso aquellos que quedaron en el anonimato tienen dedicada una lápida simbólica. Así pues, pueden destacarse entre los mausoleos más significativos los dedicados a Cecilio Pujazón y a José Lazaga y Ruiz, obra del escultor M. García González; el conjunto arquitectónico para la tumba de Francio Armero y Fernández de Peñaranda, realizado por Antonio Ruiz de Salas; el mausoleo de Víctor Concas y el erigido en honor a las clases de marinería y tropa. En este emplazamiento se escribió, por lo tanto, la historia de la Armada y, por extensión, la de España e Iberoamérica desde el s. XVIII hasta nuestros días (Ayuntamiento de San Fernando).

Museo Naval
     Se trata de una exhibición organizada en dos plantas. La primera, cronológica, cuenta la historia del Departamento Marítimo de Cádiz desde sus orígenes hasta nuestros días y el traslado a la villa de la Real Isla de León –hoy, San Fernando– en 1768. También, la importante labor de construcción naval para conformar una Armada acorde a su tiempo y que fue impulsada por el Marqués de la Ensenada y Antonio Valdés, entre otros. El siglo XIX está representado a través de una serie de batallas navales enmarcadas en el contexto del periodo napoleónico, cuyo máximo exponente fue el Sitio de Cádiz durante la Guerra de la Independencia española. Culmina esta primera muestra con ejemplos de la evolución y desarrollo tecnológico de la Armada en el siglo XX.
     El segundo discurso expositivo sigue un esquema monográfico en función de todos aquellos objetos históricos que muestran la cotidianidad del trabajo y de la vida en la Armada. En la colección encontramos piezas de modelismo naval sobre la evolución de la navegación; uniformes y banderas más representativas de la Armada y objetos relacionados con formación de los marinos a través de la Academia de Guardiamarinas y el buque escuela Juan Sebastián de Elcano. Algunas salas monográficas son las dedicadas a la Infantería de Marina, la Artillería Naval o la Sanidad Naval.
     La exposición concluye con un recorrido por los acontecimientos de la Historia de España relacionados con la Marina desde la Bahía de Cádiz. La Carrera a las Indias, la flota de galeras de Lepanto y las grandes expediciones científicas del siglo XVIII son algunos de los temas que se abordan (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Ubicado en el edificio histórico de la antigua Capitanía General de Marina en San Fernando, tiene como objetivo difundir la historia de la presencia de la Armada Española en la ciudad. El hilo conductor que desarrolla la temática expositiva se ha configurado en distintas áreas temáticas, desde el contexto histórico de la Armada en la Bahía de Cádiz hasta su evolución hasta nuestros días, participación en distintas batallas navales a nivel nacional y ultramar, instrumentos científicos y su evolución hasta nuestros, formación de marinos españoles sin olvidar importantes personales ilustres (Ayuntamiento de San Fernando).
 
Cuartel de Batallones (Sala histórica del T.E.A.R.)
     El Cuartel de Batallones, en uso hasta hace poco por el Tercio de Infantes de Marina, siempre en correspondencia con el uso para el que fue construido. Diseñado entre 1770 y 1775 por Vicente Ignacio Imperial Digueri, prácticamente quedaba terminado en 1798. Guardaba simetría con el desaparecido Hospital de San Carlos, en pie hasta aproximadamente 1975, con el cual conformaba una plaza. El exterior articula una sobria fachada, simétrica sobre una arcada que precede al acceso principal, mediante una sucesión rítmica de vanos y algunos antepechos con balaustres en los escasos balcones existentes, lo que, pese a la altura del edificio, le confiere una marcada horizontalidad. Su planta, un rectángulo, respondía a las exigencias militares de funcionalidad, amplitud y economía.
     Una primera zona, a modo de vestíbulo y área de oficinas y residencia, daba paso a través de un extenso pasillo, en eje con la puerta, al patio de armas, lugar para los soldados, concebido como un cuadrado ochavado con galerías en sus frentes. La Escuela de Suboficiales se levanta a un lado del Panteón de Marinos Ilustres, guardando simetría con otro igual hasta su desaparición en torno a 1975, formando un frente que miraba a La Carraca con una ordenación decididamente neoclásica. Ha tenido distintos usos, incluido el de sede de la Capitanía General y el de Escue­la Naval para oficiales hasta 1943. El diseño se debe al Marqués de Ureña, director de las obras de la Población desde 1789. Tiene una planta rectangular organizada por cinco patios de los que el central es de planta circular y cerrado por montera acristalada. En torno a éste una amplia escalera en elipse o caracol asciende a la planta noble. Los otros patios distribuyen el resto de dependencias. La fachada principal presenta una hermosa arcada de siete vanos de medio punto tras el que se accede al edificio. Una secuencia clásica de vanos rematados por frontones triangulares y curvos, con balconada central, la alineación de pilastras almohadilladas y la cornisa volada con el frontón central y su tímpano, con una representación alegórica sobre la milicia, recuerda un cierto neopalladianismo, también presente en la más uniforme fachada posterior a la plaza de San Carlos (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     La Sala Histórica Quartel de Batallones resume la historia de este acuartelamiento y de las unidades de la Infantería de Marina que en él se han alojado desde su construcción; uniformes, armas y material característico de la Infantería de Marina nos acompañan en un paseo por la historia de este Cuerpo. La Sala consta de tres espacios diferenciados: el Salón Historia del acuartelamiento, el Salón Principal y la Biblioteca (Ayuntamiento de San Fernando).

Arsenal de la Carraca
       Mención aparte merece el establecimiento naval de la Carraca, isleta pantanosa de fácil defensa y forma rectangular, rodeada de caños que la hacían prácticamente inexpugnable. El nombre alude a la propia isla que surge a raíz de los de­pósitos de fango que fueron acumulándose sobre los restos de dicho tipo de embarcación. Su uso naval arranca del siglo XVII pero será el ministro Patiño y el rey Felipe V quien inicie las construcciones estables. El ingeniero José Barnola, activo en Sevilla y Cádiz, supervisará las obras durante la primera mitad del XVIII, interviniendo más tarde y alternativamente Jorge Juan, en el intento de diseñar un dique en seco, intento luego logrado por Sánchez Bort y Tomás Muñoz en 1788. Respetando una ordenación urbanística, como en San Carlos, fueron surgiendo diversas instalaciones necesarias e infraestructuras para su normal desarrollo al mismo tiempo.
     La portada principal frente al caño, la diseña José Barnola en un clasicismo todavía barroco, especialmente en su ático, orlado por frontón abierto donde se inscribe el escudo coronado, entre tenantes, y los leones rampantes flanqueando la cartela inscrita. Es de 1733, anterior a la, también suya, de la Puerta de Tierra de Cá­diz. El Penal de las Cuatro Torres, un cuadrado con torres angulares y patio central con función de presidio, es de 1765, con proyecto de Juan Cevada. La portada del Almacén General es de 1792, la Puerta de Tierra, ejemplo muy neoclá­sico y reciamente militar, parecido a obras de Sa­batini, situada en un principio junto al caño y, luego, por razones de espacio, trasladada al emplazamiento actual, es de 1796 mientras que la iglesia de Nuestra Señora del Rosario se levanta entre 1779 y 1795. Es muy severa, tanto en su portada, de un solo cuerpo, cubierto por único frontón triangular sólo alterado por las inserciones de dos torres campanarios en sus vértices, como en su interior, de una nave con planta de cajón, más recia y palladiana pero parecida a la citada, como propia de un neoclásico popular, de la Divina Pastora. En la iglesia llama la atención, entre otras piezas de platería menores, un frontal de plata barroco, con decoración de rocallas y cartelas con escudos de la Corona, de finales del siglo XVIII, durante el reinado de Carlos III, tal cual se observa en una de sus inscripciones (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     La existencia del Real Carenero supuso un antecedente fundamental a la hora de concebir la edificación de este enclave industrial del s. XVIII. De este modo, las funciones de reparación que ejercía aquel recinto, fueron trasladadas y ampliadas con la creación del nuevo Arsenal de La Carraca. Los planos iniciales del recinto datan de 1720, siendo su distribución muy orgánica y funcional. Años después se construyó la portada principal del muelle, los diques de carenar en seco, el Cuartel de Batallones, el Penal de las Cuatro Torres… hasta que ya a finales del s. XVIII se culminaron las demás construcciones, es decir, la Portada del Almacén General, la Nueva Iglesia y la Puerta de Tierra, todas ellas dentro de la más pura línea neoclásica (Ayuntamiento de San Fernando).
     
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Real Instituto y Observatorio de la Armada; Iglesia de San Francisco; Capitanía General; Panteón de los Marinos Ilustres; Museo Naval; Cuartel de Batallones; y Arsenal de la Carraca) de la localidad de San Fernando (III), en la provincia de Cádiz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia gaditana.

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