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martes, 30 de junio de 2026

Las Murallas del Alcázar

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las Murallas del Alcázar, de Sevilla.
      Sevilla llegó a tener, al menos, hasta cinco grandes espacios amurallados o cercados intramuros, originados por diversas circunstancias: el control de las minorías judía y mudéjar, la vigilancia de la Mancebía, la jurisdicción exenta de San Juan de Acre y la protección del entramado urbano de los Reales Alcázares, sin lugar a dudas, el conjunto amurallado intramuros más imponente y complejo de todos.
     En efecto, las murallas del Alcázar en la plaza del Triunfo destacan por su porte y su potencia constructiva, del mismo modo que no deja de sorprendernos la aparición de restos de puertas, torres y murallas intramuros asociadas a la protección del amplio conjunto palaciego, las cuales llegaron a conformar un entramado fortificado que separaba la ciudad propiamente dicha, la madina, de la ciudad áulica formada por los diferentes recintos del alcázar islámico. Sin embargo, la formación de este imponente conjunto no se produjo en un único momento histórico, sino que fue desarrollándose a lo largo de varias etapas, desde finales del siglo XI hasta el primer tercio del siglo XIII, permaneciendo muchas de sus huellas en la toponimia y el paisaje urbano actual. Hoy en día, conocemos bastante bien el desarrollo del proceso constructivo del conjunto gracias, entre otros, a los exhaustivos trabajos de investigación arqueológica patrocinados por el Patronato del Real Alcázar y dirigidos por el profesor Miguel Ángel Tabales, que le han permitido esbozar la hipótesis de un conjunto fortificado distribuido en once recintos separados entre sí por tramos de muralla interior.
     El primer recinto correspondería al llamado «palacio fundacional» o primer alcázar del conjunto, recientemente excavado bajo las casas 7 y 8 del Patio de Banderas, trabajos que han permitido documentar fehacientemente la erección de dicho alcázar en la segunda mitad del siglo XI, por lo que estaríamos ante el Dar al-Imara (el palacio del gobernador mencionado en las fuentes) levantado por la taifa sevillana Abbadí. Esta dinastía, dentro de su programa polí­tico de prestigio y rivalidad frente a otras taifas, ordenó levantar una alcazaba en el ángulo meridional de la ciudad, protegida por un potente recinto amurallado cuadrangular, el denominado recinto I, cuyos muros contemplamos en la calle Joaquín Romero Murube y en el tramo emergente desde la plaza del Triunfo hasta la puerta del León. El análisis de este amurallamiento ha permitido conocer su construcción con materiales de acarreo procedentes de la antigua muralla romana, que debería encontrarse entonces en el área cercana.
     En un momento posterior, en el siglo XII, se sustituyó el acceso original, probablemente una puerta de la ampliada muralla urbana oriental, por otro más complejo en recodo cuyos restos se advierten en la calle Joaquín Romero Murube y que obligaría a modificar el trazado del muro oriental que hoy contemplamos en la plaza de la Alianza. En este siglo, se desarrollaron los grandes cambios que produjeron una impresionante ampliación del recinto palaciego para alojar al califa almohade y a su corte, así como a los destacamentos militares que sostenían el nuevo dominio de los norteafricanos.
     En primer lugar, se amplió el recinto I en dirección al sur, lo que provocó la demolición del muro meridional anterior y la erección de uno nuevo que enlazaba con la a su vez ampliada muralla urbana en la llamada «torre del Agua», donde se abrió el postigo del Alcázar. Dentro del nuevo recinto II se construyeron los palacios que hoy conoce­mos como del Yeso y del patio del Crucero, al tiempo que se edifica­ron nuevas áreas palaciegas hacia el oeste en el recinto III, entre las que se encuentran los restos excavados en el patio de la antigua Casa de Contratación. Esta formidable ampliación vino acompañada por la incorporación de la llamada Mary al-Fidda o pradera de la Plata al sur (recintos IV y V), donde se ubicaron las huertas que abastecían a los palacios y que exigió la construcción de nuevos lienzos de muralla frente al Tagarete, convertido en auténtico foso defensivo de los alcázares. Un primer sector de esta muralla se advierte hoy, muy enmas­carado, en la galería de los Grutescos dentro de los jardines del Alcázar, y el resto fue muy modificado en el siglo XVIII con motivo de la construcción de la fábrica de tabacos.
     Por occidente, el amplio conjunto quedaba protegido por las murallas y torres que vemos hoy en la calle Santo Tomás, donde destaca la hexagonal torre de Abdelaziz, cercana al arquillo de la Plata el cual era el acceso principal que comunicaba el puerto fluvial con los alcázares, aunque en el siglo XIX se cegaría la comunicación de la actual calle Miguel de Mañara con el apeadero del patio del León. De este mismo conjunto fortificado, formaba parte el lienzo de muralla cuyos restos advertimos en la acera de los pares de la calle San Gregorio, en el espacio donde se ubicaba un arquillo que en el siglo XVI comunicaba el área de la Casa de Contratación con el corral de Jerez, ubicación de la última judería hispalense en 1483 y posterior sede del Colegio-Universidad de Santa María de Jesús.
     Por último, la protección del flanco suroccidental de los alcázares se completó con la construcción de la alcazaba exterior, o de Abu Hafs según las fuentes islámicas, el recinto XI adosado a la muralla urbana, cuyo acceso se realizaría por la Bab al-Kuhl de las citadas fuentes, que algunos investigadores han identificado al rehabilitar el edificio de la fachada principal de la Casa de la Moneda y la antigua casa del Tesorero, donde también se ha localizado la llamada «torre del Bronce» por algunos medios de comunicación. Esta nueva alcazaba encerraría un espacio no construido o albacara, donde un siglo más tarde el rey Alfonso X ordenaría ubicar la cárcel de Caballeros. Sin embargo, estudios recientes plantean que este recinto se levantó en 1184 para ubicar en él las atarazanas almohades o bien el embarcadero califal, cuyos únicos restos visibles serían el arco, actualmente cegado, en la muralla suroccidental junto a la torre de la Plata y el doble almenado del paseo de ronda. Precisamente, para reforzar la defensa de este espacio vital para la ciudad, en 1221 se construyó la torre del Oro y la muralla coracha que la conectaba con la muralla urbana.
     Hacia el norte, el crecimiento de la ciudad palatina bajo el poder almohade generó nuevos recintos murados que encerraron la nueva mezquita aljama y sus construcciones anexas, separando por completo la ciudad, la madina, de todo el complejo palaciego.
     La comunicación entre el alcázar y la mezquita se realizaba a través de una muralla, de la que pudo formar parte una magnífica torre encalada rematada con una decoración de arquillos ciegos que podemos ver desde el callejón de santa Marta, ya que se encuentra en el interior del actual monasterio de la Encarnación. Dicha muralla arrancaba de la puerta de acceso en la actual calle Romero Murube y conectaba con el alminar de la mezquita, encerrando un espacio (recintos VIII y IX) donde se ubicó la mida'a, la letrina pública para las necesarias abluciones de los ritos musulmanes. Esta muralla entestaba en el lado este de la Giralda y ahí se abría un portillo a la ciudad que da origen al topónimo de puerta de Palos, sirviendo más tarde este lienzo de muralla para comunicar el palacio arzobispal con la catedral hasta la demolición del pasadizo tras los daños sufridos con el terremoto de Lisboa en 1755. Con este planteamiento murario, el alminar añadía diversas funciones a la religiosa habitual, ya que se presentaba no solo como un bastión formidable frente a la madina (de ahí la presencia de las saeteras), sino como una gigantesca atalaya de control y vigilancia del río y de la propia ciudad, amén de la fuerte carga simbólica de la propia torre. Por otro lado, otra muralla partía desde el sector de Santa Marta (mezquita de los Ossos, hospitales de Santa Marta y del Rey) y con­tinuaba tras el muro de quibla de la mezquita aljama para alojar el llamado sabat, el pasaje cubierto que permitía al califa acce­der directa y discretamente a la maqsura sin pisar la calle. Esta muralla interior continuaba hacia el oeste, encerrando la explanada de Ibn Jaldun entre la mezquita y el alcázar (recintos VI y VII) a la vez que conectaba con la muralla urbana a la altura del postigo del Aceite, abriéndose una puerta, el portillo de San Miguel o del Almirantazgo, en el muro entre la mezquita y la llamada alcazaba de San Miguel. Hoy podemos recrear la imagen de esta puerta interior en el siglo XVIII a través de la serie de pinturas de Domingo Martínez realizadas con motivo de la coronación de Fernando VI, ya que posteriormente esta puerta y gran parte de las murallas de las alcazabas fueron demolidas, en un proceso de racionalización y ensanche de espacios interiores de la ciudad.
     Finalmente, la citada alcazaba de San Miguel estaba separada de la madina por una última línea de murallas (recinto X) que partía desde el lado occidental del patio de abluciones de la mezquita, el sahn, hacia la cerca urbana y de la que hoy podemos contemplar un amplio lienzo en la moderna plaza del Cabildo y restos de una torre en el aparcamiento del edificio del Servicio Andaluz de Salud.
     Todo un complejo sistema de fortificaciones interiores que aseguraban la protección de la dinastía almohade, de origen norteafricano, frente a la población sevillana, a la vez que con su alejamiento y aislamiento contribuía a establecer una imagen sacralizada del poder. Con posterioridad, los nuevos señores cris­tianos, mantendrán el carácter oficial de este área de la ciudad, autorizando la instalación de determinados establecimientos públicos y eclesiásticos que vendrán a caracterizar el conjunto del ángulo suroccidental de la ciudad en los siglos modernos, como fueron las Atarazanas, las Herrerías Reales, la Aduana, el almacén del Azogue, la Casa de la Moneda y de la Contratación, la Lonja o los colegios de San Miguel, Santa María de Jesús y de Santo Tomás (Esteban Moreno Hernández. En torno a las murallas de Sevilla. Guía por las puertas y límites de un casco antiguo. El Paseo editorial. Sevilla, 2023).
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