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domingo, 16 de agosto de 2026

La Feria de San Roque, en El Coronil (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Feria de San Roque, en El Coronil (Sevilla).  
     Hoy, 16 de agosto, en Lombardía, en Italia, Memoria de San Roque, que, nacido en Montpellier, en la región francesa del Languedoc, adquirió fama de santidad con su piadosa peregrinación por toda Italia curando a los afectados por la peste (c. 1379) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y qué mejor día que hoy para ExplicArte Feria de San Roque, en El Coronil (Sevilla)
    La feria en sí se extiende desde el miércoles hasta el domingo de la semana del 16 de agosto, día de la onomástica del patrón San Roque, aunque diversas actividades son desarrolladas semanas anteriores.
     Existen pocas noticias escritas sobre la devoción a San Roque en El Coronil, aunque se tiene constancia de que es patrón desde el siglo XVII. Su imagen y la de San Sebastián se encuentran en el altar mayor de la iglesia parroquial, a ambos lados de la de la titular, la Virgen de la Consolación; anteriormente se hallaba en una capilla propia, situada en las inmediaciones del llamado, por esa misma razón, "Callejón del Santo". Ambos santos gozaron de gran devoción entre los coronileños debido a las numerosas epidemias que durante el siglo XVII asolaban a poblaciones cercanas como Morón o Utrera, ante las que los vecinos ofrecían rogativas y, al parecer, con buen resultado, puesto que ninguna de ellas llegó a azotar duramente a El Coronil. No obstante, también debieron influir las estrictas medidas tomadas por el Concejo de la villa, el cual hizo tapiar las calles que daban al campo y mantener un estricto control de la entrada y salida de personas y mercancías. 
     Sea como fuere, se dice que en 1601 llegó a la comarca una terrible epidemia de peste, pero tras la salida de San Roque en procesión de rogativa la enfermedad cesó en el pueblo. Así que en 1649 los dos santos fueron declarados patrones de la localidad, aunque realmente se trató de una decisión municipal que no contaba con la confirmación eclesiástica, ya que la iglesia optaba por la figura de San José. Tras muchas trabas, unos y otros llegaron por fin a un acuerdo declarando patrón a San Roque. 
     Según algunos textos, se hacían ya por aquellos entonces unos panecitos llamados "de San Roque" a base de huevo, azúcar, harina, clavo y canela y a los que se les ponía un sello con la imagen del Santo patrón, los cuales se hicieron famosos por su capacidad curativa, siendo consumidos no sólo por los coronileños sino también por los vecinos de alrededor, asegurando que cuando los comían sanaban de las enfermedades.
     Dos semanas antes del comienzo de la feria dan comienzo una serie de actividades enmarcadas en el "Pórtico Preferia" que incluyen competiciones deportivas, campeonatos de chapas, carreras de cintas, carreras de galgos, carrera popular, campeonato de pesca, exhibición de aeromodelismo, etc. Prácticamente se dan cita todas las actividades que estén en relación con los gustos e intereses de los diferentes colectivos y asociaciones existentes en la localidad, las cuales son llevadas a cabo en distintas localizaciones, extendiéndose incluso al vecino pantano de Bornos.
     Una de esas actividades que goza de gran afición entre los coronileños, y que es extensible a toda la comarca, son las carreras de galgos; en 2010 participan veintidós animales, llegados desde distintos pueblos de los alrededores como Los Molares o Utrera, e incluso de la vecina comarca de la campiña jerezana.
     Aproximadamente una semana antes del inicio oficial de las fiestas, varias mujeres del pueblo se encargan de preparar la iglesia. La imagen del patrón, que permanece durante todo el año a la izquierda del retablo del altar mayor, puesto que en el centro del mismo se encuentra la titular de la parroquia, la Virgen de la Consolación, se baja y se coloca a la izquierda del altar. Por su parte, la Virgen de los Remedios, que dispone de una capilla en un lateral del templo, si sitúa en el centro del mismo bajo la imagen de la titular, ataviada con su saya y su manto de fiesta. 
     El comienzo oficial de la feria tiene lugar el miércoles con la cena homenaje a la tercera edad ofrecida en la caseta municipal y la posterior prueba del alumbrado a las doce de la noche.
     A partir del jueves la feria se ambienta desde la mañana con encuentros de bicis antiguas, de motos clásicas, espectáculos de magia, etc. Cada mediodía hay comida popular en la caseta municipal con degustación de platos como potaje, paella o papas con chocos, costumbre que han adoptado también otras casetas como la del Centro obrero. 
     Por las tardes tienen lugar distintas actividades, la mayoría de ellas relacionadas con el mundo del toro (corridas, novilladas, el Chino torero, suelta de becerras por las calles y becerrada,.), pues la afición de El Coronil a las fiestas de toros está muy arraigada y este tipo de actividades son muy esperadas por los vecinos de todas las edades. Según nos cuentan los vecinos, ya desde los comienzos de la feria patronal, cuando ésta se realizaba en la Plaza Vieja, se montaba en ella una improvisada plaza de toros con remolques y camiones, alrededor de la cual se reunía todo el pueblo. 
     Durante las noches el ambiente se centra en la caseta municipal. El jueves por la noche tiene lugar la coronación de la reina y las damas de las fiestas, momento muy esperado por todos. Las candidatas salen desde el Ayuntamiento para dirigirse hasta el recinto ferial, donde les esperan vecinos y familiares para verlas llegar. Otro acto que congrega a la práctica totalidad de los vecinos es el homenaje a los mayores que tiene lugar en la noche del viernes, durante el cual se hace un breve recorrido por la vida de algunos de los vecinos de mayor edad del pueblo, haciendo del momento una ceremonia muy emotiva; recientemente se ha añadido también el homenaje a los jóvenes que han conseguido un mejor expediente académico. Las noches se prolongan hasta casi el amanecer en las diferentes casetas del recinto.
     El recinto ferial alberga doce casetas, bastante amplias, distribuidas a lo largo de dos calles que se cruzan. En el mismo se sitúan, camuflados entre los farolillos de colores, unos aspersores de agua que hacen bajar varios grados la temperatura del recinto y que, dadas las fechas, cumplen una importante función; este método es utilizado también en otras ferias de verano de la provincia.
     En la mañana del día 15, día de la Virgen de Agosto que en el caso de El Coronil es la Virgen de los Remedios, las campanas de la iglesia avisan a todos los vecinos del comienzo de la misa. Lo mismo ocurre a la mañana siguiente, la del día 16, festividad del Santo patrón, San Roque. Ambas imágenes se encuentran durante los días en los que se desarrolla la feria presidiendo el altar mayor de la iglesia parroquial, engalanadas con flores. Tanto a una como a otra eucaristía acuden no demasiados vecinos, la mayoría de los cuales son mujeres.
     Al amanecer del último día de feria las calles del pueblo se han cerrado con vallas, pues alrededor de las ocho da comienzo la suelta de vaquillas que recorren las calles del pueblo desde la parte alta del mismo hasta el lugar en el que se ha instalado la plaza de toros portátil, dando lugar a la tradicional becerrada. Tanto en la suelta de vaquillas como en la posterior becerrada el público asistente es, por lo general, joven.
     Se desconoce cuándo se comienzan a procesionar al patrón y a la Virgen de los Remedios juntos, pero sí que hasta la década de los años setenta del siglo XX se estuvo sacando a los dos el mismo día, según rescatamos de la memoria de los mayores, en el 16 de agosto, festividad de San Roque. En esos años la reina y las damas de las fiestas ocupaban un lugar destacado en la procesión del patrón, y también sabemos que hasta los años sesenta, aproximadamente, se estuvieron elaborando y consumiendo en la localidad los famosos "panecitos de San Roque", una especie de tortitas con el sello del santo.
     Podemos suponer que fue la cercanía de los días de celebración del patrón y de la Virgen de los Remedios, festejada como Virgen de Agosto, lo que llevó a la realización de la procesión de las dos imágenes conjuntas. La Virgen tiene su propia ermita, situada frente a la iglesia parroquial, junto a la casa del párroco, en avanzado riesgo de conservación, motivo por el cual a mediados de los años noventa se sacaron de la misma todos los objetos de valor y se llevaron a la iglesia parroquial, ubicando la imagen de la Virgen en un lugar privilegiado dentro del templo que cuenta así con su propia capilla situada en el lateral izquierdo del mismo.
     Además, hasta los años ochenta o noventa del siglo XX se estuvieron celebrando en el mes de julio las fiestas en honor a Santiago apóstol y a Santa Ana, también conocidas como la Feria de Julio, que fueron en su origen una celebración agrícola y para las que se instalaban casetas en el mismo lugar de la feria de agosto. Sin embargo, y a diferencia de esta última, la de julio nunca contó con la procesión de las mencionadas imágenes, de hecho nunca ha existido una imagen de Santiago, pero, dado el enorme gasto que esto suponía para las arcas municipales, se llevó a cabo un referéndum en el pueblo y se decidió celebrar sólo una de las dos, manteniéndose la del patrón y desapareciendo la otra. 
     La ubicación de la feria también ha pasado por distintas localizaciones dentro del pueblo. La primera de todas ellas fue la Plaza Vieja, la del Ayuntamiento, que era donde se montaba la improvisada plaza de toros, mientras que los puestos ambulantes y atracciones se situaban en la Calle Real. Luego pasó a realizarse en la junto a los jardines del cuartel y, cuando se construyó el nuevo recinto ferial a finales de los años ochenta, se trasladó al mismo, favoreciendo la ampliación de la feria y albergando a un considerable número de casetas. Durante los años sesenta, cuando la feria tenía lugar en la Plaza Nueva, las atracciones de feria y los diferentes puestos ambulantes se ubicaban a lo largo de la Avenida Andalucía y uno de los alicientes para los muchachos y muchachas de la localidad era recorrerla de una punta a otra en grupos. A modo de conmemoración de los distintos espacios que ha ocupado la feria dentro de la localidad, en 2010, el consistorio ha querido dotar de nombre a las diferentes calles en las que se distribuye el recinto ferial, dándole a cada una de ellas la denominación de un antiguo emplazamiento ferial.
     Dado que fue suprimida una de las ferias locales en favor de la otra, los días de celebración de la misma fueron aumentando paulatinamente hasta llegar a que en la actualidad éstos se extiendan desde el miércoles hasta el domingo y las actividades de "prefería" comiencen casi dos semanas antes.
     Las actividades pre-feria son organizadas por el consistorio, conjuntamente con cada una de las asociaciones y colectivos que intervienen en las mismas. En cambio, el resto de actividades organizadas para la feria propiamente dicha es tarea exclusiva del Ayuntamiento.
     La financiación corre por cuenta de las arcas municipales, excepto en aquellas actividades realizadas con ánimo de lucro, como por ejemplo las carreras de galgos, en las que los gastos de organización recaen sobre el colectivo promotor.
     El ritual dispone de diferentes espacios festivos. Por un lado, las numerosas actividades pre-feria se ubican cada una en un lugar diferente, normalmente la sede de la peña o asociación que convoca la actividad; por otro lado se encuentra la plaza de toros portátil, que se instala para acoger todos los espectáculos taurinos a lo largo de la semana de feria; además está la iglesia parroquial, que constituye el espacio en que se desarrollan los actos litúrgicos y alberga las imágenes patronales; y, por último, el recinto ferial que es donde tiene lugar la feria propiamente dicha (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Roque; 
     Santo antipestoso del siglo XIV cuyas biografías, francesas o italianas, de carácter legendario, se remontan a finales del siglo XV. Puede decirse que "era más conocido por la devoción popular que por la historia de su vida". Algunos historiadores han llegado a sostener que su existencia era tan mítica como la de san Fuerte de Burdeos.
LEYENDA
   Nació en Montpellier hacia 1350 y habría venido al mundo con una pequeña cruz roja sobre el pecho. Quedó huérfano a muy temprana edad. Cuando murieron sus padres repartió la fortuna familiar entre los pobres y los hospitales, vistió hábito de peregrino y en 1367 se dirigió a Roma donde estu­vo tres años, hasta 1371.
   Al llegar a Acquapendente, en los Apeninos, encontró la ciudad devastada por la peste: asistió y animó a los enfermos a quienes curó haciendo la señal de la cruz sobre ellos.
   Al regresar de su peregrinación, en Plasencia sintió los primeros síntomas de la enfermedad. Una noche un ángel le advirtió que le había llegado la hora de sufrir. Aunque se sintió atravesado por el dolor, en vez de quejarse, dio gracias a Dios y se retiró en un bosque impenetrable para morir en soledad y no contagiar a nadie.
   Dios le envió un ángel consolador y curador para que lo asistiese en su soledad, el cual aplicó un bálsamo sobre su herida, y también hizo brotar  una fuente para que Roque pudiera aplacar su sed febril. Además, lo aprovisionó de alimentos: cada día, el perro de un señor de la región le llevaba un pan robado de la mesa de su amo. El perro proveedor tiene en esta leyenda la misma función que el cuervo que alimentó al profeta Elías y a san Pablo ermitaño.
   Restablecido, partió hacia Montpellier donde nadie pudo reconocerle, ni siquiera su tío. Fue denunciado como espía y lo encarcelaron. Un día, su carcelero lo encontró muerto, irradiando una luz sobrenatural.
   En verdad habría muerto en Lombardía (Angeria), hacia 1379.
   Esta leyenda parece copiada en parte de la de san Alejo, quien regresó de los Santos Lugares para morir en Roma como mendigo anónimo, bajo la escalera de la casa paterna.
CULTO
   El culto de «monseñor san Roque, verdadero preservador de pestilencia", se desarrolló tarde, incluso en Montpellier, cuya universidad en 1410 todavía se encomendaba a san Sebastián para hacer que cesara una epidemia de peste. Evidentemente, fue la competencia de un santo universal como, San Sebastián, invocado desde mucho tiempo antes contra las flechas de la  peste, quien postergó el progreso de la devoción a san Roque, aunque éste haya tenido sobre aquélla ventaja de haber curado apestados y de haber contraído él mismo esa terrible enfermedad.
   Hay dos hechos que explican la difusión del culto de san Roque en el siglo XV: la decisión del concilio de Ferrara, que amenazado por una epidemia de peste habría prescrito plegarias públicas para pedir la intercesión del  santo de Montpellier, y el traslado de una parte de sus reliquias a Venecia, en 1485.
   A partir de entonces, las cofradías de san Roque se multiplicaron en Francia, y también en Italia, donde llevan el título de Confraternita o Scuola di San Rocco. El teatro de los autos sacramentales también contribuyó a la popularidad de san Roque. En 1493 se puso en escena un Mystere de Monseigneur saint Roche (Misterio de monseñor san Roque). Una cofradía de san Roque tiene una capilla en la iglesia de los carmelitas de París.
   Este culto popular precedió a su canonización oficial. Fue recién en el siglo XV cuando el papa Gregorio XIII inscribió su nombre en el Martirologio, en el XVII cuando fue canonizado por el papa Urbano VIII.
Lugares de Culto
   En el sur de Francia se dedicaron numerosas capillas al "gentilhombre de Montpellier", al «glorioso san Roque», sobre todo en ocasión de las epidemias de peste de 1630 y de 1720. En París, Luis XIV colocó en 1653 la primera piedra de la iglesia de la calle Saint Honoré, destinada a reemplazar una capilla que se había vuelto demasiado pequeña. En Pontcarré en Brie, los peregrinos pasaban bajo el relicario de san Roque para preservarse del cólera.
   En Italia, Venecia adoptó a san Roque, cuyas reliquias se había procurado en 1485 porque estaba particularmente expuesta a la peste a causa de sus relaciones comerciales con Oriente, cuna de las epidemias. Se glorificaba al santo por haber salvado de la terrible enfemedad, mediante la señal de la cruz, a numerosas ciudades de Italia (multas Italiae urbes a morbo epidemiae signo crucis liberavit).
   El culto de san Roque está probado no sólo en Venecia sino en Portugal (Lisboa), en Alemania (Bingen), donde se realiza una peregrinación en su memoria a Rochusberg, y en Bélgica (Amberes y Huy). No obstante, la extensión del culto de san Roque permaneció limitada a Europa occidental, el Oriente cristiano nunca lo ha reconocido.
Patronazgos
   Algunas corporaciones lo habían adoptado como patrón: los marineros del Loira, los canteros y los empedradores, porque empleaban en su trabajo trozos de roca (roche).
   También se lo consideraba protector de los animales. El 16 de agosto, día de su fiesta, el sacerdote bendecía hierbas: jaramago (fr.: roquette), menta y poleo, que los campesinos mezclaban con el pienso del ganado para preservarlo de las enfermedades contagiosas.
   El culto de san Roque, vinculado con las epidemias de peste, no ha tenido una duración muy larga. Cuando la plaga se volvió más infrecuente y menos mortífera, la devoción al santo declinó. «Passato el pericolo, gabbato il Santo» Tanto más por cuanto san Roque no fue el último de los santos «antipestorosos», tuvo un temible competidor en san Carlos Borromeo, quien diera pruebas de una heroica devoción durante la Peste de Milán: la gloria del arzobispo de Milán, exaltado por el papado y la orden jesuita, eclipsó a la del humilde peregrino de Montpellier.
   San Roque conoció una provisional reanimación de su popularidad en el siglo XIX, con las epidemias de cólera de 1835 y 1854. Es la ley hagiográfica de la transferencia de especialidad lo que explica este fenómeno.
   El culto popular del santo amenazaba extenderse junto con la peste y el cólera, enfermedades de las que era el «preservador». Si sobrevivió en el campo fue porque pasó, por deslizamiento, desde las personas a los animales, a quienes protege contra las epizootias, y a la vid, que inmuniza contra la filoxera.
   Un indicio impresionante de esta decadencia, es que el nombre de pila Roch, que posiblemente haya sido en su origen un apellido: Roq, muy difundido en Montpellier, cayó completamente en desuso, a nadie volvió a ocurrírsele bautizar Roch a su hijo.
ICONOGRAFÍA
   San Roque es uno de los santos más fácilmente reconocibles de la iconografía cristiana. Su atuendo de peregrino, llamado sarrocchino, con sus accesorios tradicionales: bordón, cantimplora y zurrón, podrían hacer que se lo confunda con el apóstol Santiago o san Sebaldo, pero es el único peregrino que muestra en el muslo un bubón pestilente, que a veces venda un ángel, y además es alimentado por un perro que le lleva un pan en las fauces. El bubón, el ángel y el perro nutricio, tales son los atributos distintivos del santo patrón de Montpellier y de Venecia.
   A veces, aunque es infrecuente, lleva en la mano unas tarreñas o tablillas de leproso, atributo que comparte con el pobre Lázaro.
   En las imágenes más antiguas, san Roque está simplemente representado con el atavío tradicional de los peregrinos, el sombrero de ala ancha sobre el cual está aplicada la insignia de las llaves cruzadas que identifica al «romero» en camino hacia la Ciudad Eterna, mientras que la Santa Faz y las conchas recuerdan a otras dos peregrinaciones, a Jerusalén y a Santiago de Compostela. Además, lleva el bordón, la cantimplora y el zurrón.
   Con la mano descubre una úlcera (Pestbeule) que sus biógrafos sitúan en la ingle (peste inguinale), pero que por decencia los artistas trasladan más abajo, al centro del muslo.
   El ángel enfermero y el gozque aprovisionador se sumaron a su iconografía a partir del siglo XVI.
   El ángel que Dios habría enviado a san Roque en el bosque de Plasencia, para curarlo y confortarlo, aparece por primera vez hacia 1550, en un grabado que adorna la portada de su biografía.
   El santo se arrodilla para aplicar sobre la herida del apestado un bálsamo destinado a cicatrizarla mediante un pincel, o bien  la desinfecta con el líquido contenido en un pequeño frasco. A veces, oprime el bubón con los dedos para extraer el pus.
   El perro de san Roque, tan popular como el cerdo de san Antonio, llamado gozque, aunque la palabra no tenga parentesco etimológico alguno con el nombre del santo, sólo se convierte en compañero inseparable de éste en la ima­ginería y las banderas de peregrinación del siglo XVI. A causa de una contaminación con la iconografía del pobre Lázaro, patrón de los «leprosos», a veces el perro lame la úlcera del leproso; pero en la mayoría de los casos, está acuclillado junto a él, y en sus colmillos sostiene el pan cotidiano roba­do a su amo. Así se diferencia del perro de santo Domingo (Domini canis) que tiene manchas blancas y negras, y que en las fauces lleva una antorcha encendida. En una xilografía alemana del siglo XV se yergue en dos patas. Con frecuencia, San Roque ha sido representado aisladamente, pero en los exvotos y retablos, al igual que en la imaginería popular, suele aparecer asociado con sus colegas «antipestosos» san Antonio, san Adrián, y sobre todo San Sebastián (tríptico de Jean Bellegambe en la catedral de Arras; estatua en la iglesia de Saint Riquier (Somme); boceles de la portada de Caudebec; tríptico de Cario Crivelli en la iglesia de San Giacomo dell' Orto, Venecia; postigo de grisalla  del tríptico del Tránsito de la Virgen, de Joos van Cleve, Pinacoteca Munich; políptico de los antonitas de Issenheim, Museo de Colmar).
   La mayoría de las pinturas que lo representan son cuadros votivos dedicados, que se encuentran en las capillas corporativas u hospitales (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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