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martes, 12 de mayo de 2026

Un paseo por la calle Santo Domingo de la Calzada

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Santo Domingo de la Calzada, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 12 de mayo, en la región de Castilla, en España, en la localidad posteriormente designada con su nombre, Santo Domingo de la Calzada, presbítero, que construyó puentes y caminos para uso de los peregrinos jacobeos y, movido por su inmensa piedad, edificó también un hospital de peregrinos, provisto de salas destinadas a socorrerlos (1060/1109)  [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y qué mejor día que hoy para ExplicArte la calle Santo Domingo de la Calzada, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     La calle Santo Domingo de la Calzada es, en el Callejero Sevillano, es una vía que se encuentra en los Barrios Huerta del Pilar, y La Buhaira, del Distrito Nervión; y va de la calle Luis Montoto, a la avenida Eduardo Dato.
     La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
      Al menos desde 1910 (plano de Poley y Poley) es conocido como callejón de Santo Domingo un camino rural que conducía al convento de Santo Domingo de Portacoeli, fundado en 1457 por fray Rodrigo de Valen­cia en terrenos de la Huerta del Rey. En 1943 se acordó rotularlo oficialmente con idéntica denominación y en 1970 se le añadió "de la Calzada", según se dice en el expediente municipal, para que no se perdiera la denominación del barrio, si bien el barrio de la Calzada propiamente dicho (v. Campo de los Mártires) no se extiende hasta este punto de la ciudad. Los primeros planos históricos en los que figura este sector (1870), aún sin urbanizar, recogen la existencia de un camino rural, cuyo trazado coincide prácticamente con la actual calle, entre las huertas del Cardenal y de las Tenerías por el otro; dicho camino terminaba a las puertas del convento de Santo Domingo, que allí se conservó hasta comienzos de los años se­senta. A partir de la década de 1920 no se procede a la construcción de una serie de manzanas de viviendas en la antigua Huerta del Pilar, que impulsará la urbanización definitiva de esta calle. De trazado rectilíneo, es la vía que posee la mayor amplitud y longitud del conjunto de calles trazadas sobre la Huerta del Pilar. Confluyen, por los pares, Pirineos y Juan de Zoyas; y por los impares Luis Belmonte, Martínez de Medina y Fray Pedro de Zúñiga. Actualmente posee calzada de asfalto, en mal estado de conserva­ción, y sus aceras son de cemento o permanecen terrizas en algunos tramos. Cuenta con farolas de báculo de pie en el lado im­par.
     De la edificación originaria sólo se con­servan dos construcciones, a mitad de la calle, una frontera de la otra: la antigua carpintería de M. Casana, edificio hoy reutilizado como restaurante, y una casa de pisos de cuatro plantas (1939), promovida por la Obra Asistencial Familiar y construida por los arquitectos A. Balbontín y J. M. Benjumea. El resto de la edificación ha sido sustituido, en la última década, por bloques de pisos entre cuatro y doce plantas. En la acera de los pares, en la confluencia con Eduardo Dato, se encuentra un lateral del Hotel Portacoeli y, tras la confluencia de Pirineos, dos cancelas dan acceso al Parque de Santo Domingo (v. Pirineos). En la acera de los impares se conservan algunos solares, se desarrolla la fachada trasera del Hotel Los Lebreros con muro de mampostería y seto
verde, y se encuentra una fachada lateral del colegio El Buen Pastor, con entrada por Martínez de Medina. La proximidad de los hoteles citados y su ubicación en la activa zona comercial y de negocios de Luis de Morales explica la presencia en esta calle de restaurantes, otros locales de ocio y comercios de distinto signo en las plantas bajas de las nuevas construcciones. También se sitúa aquí la sede de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de Santo Domingo de la Calzada, presbítero, a quien está dedicada esta vía del callejero sevillano
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     Ermitaño español motejado de la Calzada porque construyó un camino empedrado para facilitar a los peregrinos el acceso a Santiago de Compostela. Murió en 1109.
     A él se atribuyen los milagros del joven peregrino falsamente acusado y sostenido en el patíbulo, y el de los pollos resucitados, con el cual se honró al apóstol Santiago, para hacer verdad el adagio que asegura que sólo se presta a los ricos.
     Es patrón de los ingenieros de caminos y puentes de España.
     En las banderas de peregrinación se lo representa llevando un gallo y una gallina en brazos, animales que se sacrifican cada año el día de su fiesta. 
     Un puente a sus pies recuerda su actividad de constructor voluntario de puentes y caminos (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de Santo Domingo de la Calzada, personaje a quien está dedicada esta vía;
     Santo Domingo de la Calzada. (Viloria de Rioja, Burgos, c. 1019 – Santo Domingo de la Calzada, La Rioja, 12 de mayo de 1109). Ermitaño, colonizador, patrono de todos los Cuerpos de Obras Públicas de España.
     Era hijo de Jimeno García y de Orodulce, hacendados solariegos de la tierra, según documento de donación al monasterio de Valvanera en 1088, de indudable origen familiar. Otra donación de bienes personales de Orodulce, hecha al monasterio de San Millán de la Cogolla en el año 1087, confirma igualmente su origen y su identidad. Tanto los padres como su hijo Domingo se sienten vinculados y agradecidos a ambos monasterios riojanos de la Orden de San Benito. Más concretamente, Domingo García confiesa en el citado documento de 1088 que el santo abad Íñigo de Valvanera fue su “maestro y señor”, lo que parece indicar que siempre conservó, sin duda desde joven, una especial vinculación a dicho monasterio. Algo semejante podría decirse del monasterio vecino de San Millán de la Cogolla. Biógrafos posteriores destacan desde antiguo que Domingo fue postulante en uno y otro monasterio, pero que la divina providencia lo guiaba por otro camino.
     En 1040 alcanzaba la Península como legado de Benedicto IX un varón venerable, Gregorio, obispo de Ostia. El joven Domingo, abandonadas sus anteriores pretensiones de ser monje benedictino y tras su experiencia de anacoreta con un maestro por los montes del pico de San Lorenzo, se va a unir a la misión de Gregorio y le acompañará durante cuatro años como ayudante y discípulo de correrías apostólicas por la tierra. Al fallecer en Logroño su maestro san Gregorio en mayo de 1044, Domingo se asienta en un bosque de la vega del río Oja, por entonces zona semidesierta. Allí, a los veintitantos años de edad, comienza a centrar su definitiva y verdadera vocación. Es aquí donde empieza a compaginar su fe, su entrega a Dios y a sus semejantes con los problemas reales que le rodean y que le configuran como hombre de su tiempo. Sería deseable poseer documentación precisa de este momento tan importante de su vida, documentación que llegará después, tras la obra del santo.
     Hombre de su tiempo, el siglo XI sirve de fijación definitiva del Camino de Santiago, que concentra multitud de peregrinos de toda Europa y del mundo. Se necesitan campeones que comprendan y lleven adelante tan inmensa labor a todos los niveles profesionales de la técnica y de la asistencia humanitarias, tanto espiritual como material. Santo Domingo es uno de los principales protagonistas de esta hora.
     Historia y tradición caminan acordes, al señalar a Domingo como el constructor de la ruta jacobea entre Nájera y Redecilla del Camino, colaborando en la ingente tarea emprendida por los reyes Sancho Ramírez, en Aragón y Navarra, y Alfonso VI, en Castilla y León. A la iniciativa de Domingo se debieron el acondicionamiento del Camino en este importante tramo, así como la construcción de un puente de veinticuatro arcos sobre el río Oja, mejoras ambas de tal relieve que la ruta jacobea se trasladó definitivamente hacia el sur, camino de Burgos, capital recién fundada, a través del paso natural de los Montes de Oca.
     Domingo es el fundador, igualmente, de una modélica hospedería de peregrinos en el lugar de su retiro y centro de operaciones, el antiguo bosque del río Oja. Aquí atendía personal y desinteresadamente a los huéspedes que llegaban, según la consigna evangélica y benedictina, que tantas veces oyó sin duda de joven en los monasterios vecinos de Valvanera y San Millán: “Hospes, Christus”.
     En torno a esta hospedería comenzó a construir una iglesia, que más adelante será catedral. Éste es el origen del burgo o nueva ciudad que recibe hasta hoy su nombre. No es extraño que en 1076 el rey Alfonso VI, tan empeñado en los temas de Europa y del Camino jacobeo, visitara en persona a Domingo de la Calzada, animándole a proseguir la obra iniciada. Es ahora cuando se ve apoyado con la primera aportación de tierras y la primera ayuda oficial y moral. Es el momento en que nace o se consolida una floración espléndida de ciudades que participa del resurgimiento urbano y económico de Europa y del norte de España, en torno al Camino. Baste citar Jaca, Estella, Logroño, Nájera, el propio Santo Domingo de la Calzada, Burgos, Carrión de los Condes, Sahagún y, por supuesto, Santiago de Compostela. El Santo de la Calzada fue un hombre moderno, un hombre de su tiempo.
     Domingo es, en realidad, colonizador, repoblador y organizador de toda una amplia comarca que va desde el río Najerilla y el río Oja hasta el río Tirón, de La Rioja a tierras de Burgos. Al vitalizarla con la fijación del Camino, llamado aquí mejor Calzada, por lo bien hecha, originó riqueza, afincó comerciantes, labriegos, artesanos, dio nacimiento a una comunidad nueva. En el centro de esta interesante comarca surgió, por obra de Domingo, la ciudad que justamente lleva su nombre y que ha mantenido su hegemonía durante ya un milenio. Pocos se imaginan a Domingo de la Calzada comprando tierras, recibiendo donaciones, efectuando cambios y permutas para configurar lo que habría de ser el patrimonio de su fundación, que estaba pensada para trascender los tiempos y durar por generaciones y siglos. Domingo es, sin lugar a dudas, un hombre trascendente, que vive los problemas de su tiempo, y trata de darles una solución cristiana. El ermitaño —dice Justo de Urbel— era enfermero, médico, cocinero, albañil y arquitecto. Buenas condiciones para ser fundador de una ciudad y colonizador de una región.
     Es muy singular el caso de un hombre que, con su ejemplar y santa entrega, consigue en torno a sí lo que en aquella época colonizadora necesitaba toda una organización real o todo un monasterio con sus nutridas comunidades de monjes, de servidores y de colonos. Domingo no fue tampoco un eremita solitario; supo rodearse de colaboradores y de ayudantes, que aparecen continuamente en la amplia documentación que se posee. Y supo formar discípulos que continuaran su obra. Destaca entre ellos otro colonizador nato, el burgalés san Juan de Ortega, cuya vida es paralela a la de su santo maestro Domingo.
     Dios le concedió a Domingo comenzar a ver en vida resultados y frutos de su actividad. En el año 1106, tres antes de su muerte, el obispo Pedro I de Calahorra, a petición del propio Domingo, consagró la iglesia del nuevo burgo o ciudad, levantada por él. Asistió a la ceremonia el mismo rey en persona, Alfonso VI, que había donado años antes el fundo y los terrenos para dicha iglesia. El obispo confirmó, en el día de la consagración, una cofradía de aquel lugar, dando en concepto de limosna los frutos de la villa de Pino de Yuso. El templo y la cofradía comenzaban con fuerza su trayectoria histórica.
     Domingo de la Calzada murió en la ciudad por él fundada, a los noventa años de edad. Pocas semanas después fallecía su amigo y gran valedor Alfonso VI, rey de Castilla y de León. Domingo fue sepultado, según sus deseos, en el propio Camino jacobeo, a la vera de la iglesia por él edificada. Posteriormente dicha iglesia se ensanchó en uno de los laterales para dar cobijo dentro de sus muros al sepulcro del fundador, donde se encuentra en la actualidad, bajo una artística cripta pública y abierta, visitable por los peregrinos y fieles en general. En la tapa del sepulcro de piedra se puede admirar la estatua yacente del santo, de dos metros, uno de los pocos y mejores ejemplos del románico yacente español, finales del siglo XII, con ángeles o discípulos postrados, señal de culto y veneración.
     A los tres años de su fallecimiento, 1112, se encuentra documentada la denominación del nuevo burgo o ciudad con el nombre del fundador: Santo Domingo de la Calzada. Comienza su glorificación. En 1152, la mencionada iglesia edificada por el propio santo, consagrada a san Salvador y a santa María, fue elevada a categoría de colegiata, siendo obispo Rodrigo de Cascante. Finalmente, el papa Gregorio IX, mediante bula pontificia firmada en San Juan de Letrán el 14 de abril de 1232, eleva a rango de catedral la iglesia colegiata de Santo Domingo de la Calzada y autoriza al obispo Juan Pérez a residir en ella. Desde entonces, la catedral calceatense será sede compartida, y sus obispos se llamarán para siempre, hasta hoy, de Calahorra y La Calzada.
     El mejor legado que pudo dejar el santo colonizador Domingo de la Calzada no fue otro que un hospital para peregrinos, una hermandad que los atendiera, una calzada con su puente sobre el río Oja y una iglesia con unos clérigos emprendedores. Sumadas orgánicamente estas realidades, se fraguó el burgo abadengo calceatense, que no llevará otro nombre que el de su fundador. El crecimiento demográfico y el urbano se desarrollaron rápidamente a lo largo del tiempo. En la Hermandad del Santo se inscribían no sólo los vecinos locales, sino también los labriegos de pueblos de la comarca, como Morales, Manzanares, Villalobar, Leiva, Alesanco, Castañares, Hervías.
     Algunos cofrades se ofrecían de por vida a servir a los peregrinos y a los pobres. Toda una colmena de aliento y de vida. Se puede asegurar que el impulso fundacional del santo se prolonga en el tiempo y llega hasta hoy mismo de múltiples maneras. Habrá pocos casos más claros de identidad y de persistencia histórica como el de santo Domingo de la Calzada y los vecinos de la ciudad por él fundada y que lleva su nombre.
     Los biógrafos del santo cuentan multitud de milagros obrados por su intercesión. Es clásica la obra de Joseph González de Tejada, editada en Madrid en 1702, titulada y conocida por Abraham de la Rioja, donde se recogen hasta ochenta milagros. Especialmente famoso es el milagro del gallo y la gallina: en el siglo XIV peregrinaba a Compostela, acompañado de sus padres, Hugonell, joven de dieciocho años, procedente de Colonia. Por celos de una muchacha del mesón, fue acusado injustamente de robo y ahorcado por la justicia de la ciudad. Sus padres oyeron la voz del hijo, diciéndoles que estaba vivo, liberado por intercesión de santo Domingo. Corrieron los padres a comunicárselo al corregidor, el cual respondió que estaba tan vivo como el gallo y la gallina que, asados, se disponía a trinchar en su mesa. En ese momento el gallo y la gallina saltaron del plato ante el asombro del incrédulo corregidor. Desde entonces se repiten los famosos versos: “Santo Domingo de la Calzada / que cantó la gallina después de asada”. Como recuerdo, en un lucillo, o pequeño corralizo en el muro de la catedral, se conservan vivos un gallo y una gallina, cuyo canto esperan con ilusión todos los peregrinos. Frente a la hornacina o gallinero actual, que se construyó hacia 1445, y debajo de la ventana, se conserva un trozo de madera de la horca del peregrino. En el archivo capitular se guarda un documento del 6 de octubre de 1350 que habla ya de la catedral de la Calzada donde hay “un gallo y una gallina” (“gallum et gallinam ibidem existentes”). En dicho documento, que forma un cuaderno de doce folios en vitela, varios arzobispos y obispos de la cristiandad conceden indulgencias a quienes se encomienden devotamente a santo Domingo de la Calzada y giren en torno a su sepulcro recitando el padrenuestro y avemaría, ceremonia que se sigue practicando por numerosos fieles.
     El humanista siciliano Lucio Marineo Sículo (1460- 1533) habla en su obra De rebus Hispaniae mirabilibus del gallo y la gallina blancos que vio en la catedral de Santo Domingo de la Calzada, y cuenta que innumerables peregrinos de Europa y del mundo les cortan las plumas para adornarse con ellas, y que nunca se agotan. Dice que él mismo es testigo directo, porque lo vio, lo hizo y lleva una pluma consigo (“Hoc ego testor, propterea quod vidi et intefui, plumamque mecum fero”) (Felipe Abad León, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Santo Domingo de la Calzada, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La calle Santo Domingo de la Calzada, al detalle:
antigua Carpintería de Manuel Casana.

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