Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el desaparecido Convento de Nuestra Señora de Gracia, vulgo de los Descalzos, de los Trinitarios, de Sevilla.
Hoy, 8 de mayo, es la Festividad de Bienaventurada Virgen María Madre y Mediadora de todas las Gracias, así que hoy es el mejor día, para ExplicArte el desaparecido Convento de Nuestra Señora de Gracia, vulgo de los Descalzos, de los Trinitarios, de Sevilla.
El desaparecido Convento de Nuestra Señora de Gracia, vulgo de los Descalzos, de los Trinitarios, se encontraba en la Plaza del Cristo de Burgos, 20 (aunque lo delimitaba las actuales calles Dormitorio, Alhóndiga, y Descalzos); en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo.
La Orden trinitaria fue aprobada en Roma el 7 de diciembre de 1198 por bula de Inocencio III, no conociéndose con exactitud las circunstancias que determinaron al joven profesor de la Universidad de París, Juan de Mata (Foucon, Provenza, 1160 - Roma 1213) a crear un instituto religioso cuya misión principal era el rescate de cautivos cristianos. Uno de los graves problemas de la Edad Media cristiana era la amenaza del cautiverio, ya en el norte de Europa con la piratería normanda ya en el Mediterráneo con los otomanos y argelinos, fenómeno que ha pesado definitivamente en la mentalidad del hombre medieval, cuyos vestigios se pueden rastrear en la espiritualidad, la hagiografía, la liturgia y la política de la época. Juan de Mata, sensible a este problema, maduró durante tres años (1194-1197) en su retiro de Cerfroid, las bases de una nueva Orden dedicada a esta humanitaria misión, ayudado por otros eremitas, especialmente Félix de Valois (Amiens 1127 - Cerfroid 1212), quien se considera cofundador. A fines de 1197 la Regla hubo de estar redactada en sus puntos más esenciales. La comunidad sería preferentemente pequeña, no debía sobrepasar los siete miembros, aunque en la posterior reforma efectuada por Honorio III el número pasó a ser indefinido. Quedaron explicitados los votos de obediencia, pobreza y castidad, y el hábito compuesto de túnica blanca de lana con capa negra y una cruz de tramos iguales en el pecho; todas las iglesias de la Orden debían estar dedicadas a la Santísima Trinidad y ser sencillas. Al frente de la institución estaba el Ministro General, cargo vitalicio elegido en capítulo general que venía a celebrarse cada año durante la octava de Pentecostés. Una tercera parte de los ingresos de cada convento se destinaba al rescate de esclavos cristianos, obra humanitaria que gozará de las simpatías de papas y reyes quienes se convierten en los primeros y más interesados protectores de los trinitarios que alcanzan un rápido desarrollo con numerosas fundaciones en Francia, Inglaterra, Polonia, Rusia, Portugal y, naturalmente, España en donde a fines del siglo XVI tenían seis provincias con ciento treinta conventos. Al frente de cada provincia estaba el Ministro Provincial, cargo al principio vitalicio y que posteriormente pasó a ser trienal; los ministros provinciales estaban a disposición del papa, que podía destinarlos allí donde fueran necesarios.
Hoy, 8 de mayo, es la Festividad de Bienaventurada Virgen María Madre y Mediadora de todas las Gracias, así que hoy es el mejor día, para ExplicArte el desaparecido Convento de Nuestra Señora de Gracia, vulgo de los Descalzos, de los Trinitarios, de Sevilla.
El desaparecido Convento de Nuestra Señora de Gracia, vulgo de los Descalzos, de los Trinitarios, se encontraba en la Plaza del Cristo de Burgos, 20 (aunque lo delimitaba las actuales calles Dormitorio, Alhóndiga, y Descalzos); en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo.
La Orden trinitaria fue aprobada en Roma el 7 de diciembre de 1198 por bula de Inocencio III, no conociéndose con exactitud las circunstancias que determinaron al joven profesor de la Universidad de París, Juan de Mata (Foucon, Provenza, 1160 - Roma 1213) a crear un instituto religioso cuya misión principal era el rescate de cautivos cristianos. Uno de los graves problemas de la Edad Media cristiana era la amenaza del cautiverio, ya en el norte de Europa con la piratería normanda ya en el Mediterráneo con los otomanos y argelinos, fenómeno que ha pesado definitivamente en la mentalidad del hombre medieval, cuyos vestigios se pueden rastrear en la espiritualidad, la hagiografía, la liturgia y la política de la época. Juan de Mata, sensible a este problema, maduró durante tres años (1194-1197) en su retiro de Cerfroid, las bases de una nueva Orden dedicada a esta humanitaria misión, ayudado por otros eremitas, especialmente Félix de Valois (Amiens 1127 - Cerfroid 1212), quien se considera cofundador. A fines de 1197 la Regla hubo de estar redactada en sus puntos más esenciales. La comunidad sería preferentemente pequeña, no debía sobrepasar los siete miembros, aunque en la posterior reforma efectuada por Honorio III el número pasó a ser indefinido. Quedaron explicitados los votos de obediencia, pobreza y castidad, y el hábito compuesto de túnica blanca de lana con capa negra y una cruz de tramos iguales en el pecho; todas las iglesias de la Orden debían estar dedicadas a la Santísima Trinidad y ser sencillas. Al frente de la institución estaba el Ministro General, cargo vitalicio elegido en capítulo general que venía a celebrarse cada año durante la octava de Pentecostés. Una tercera parte de los ingresos de cada convento se destinaba al rescate de esclavos cristianos, obra humanitaria que gozará de las simpatías de papas y reyes quienes se convierten en los primeros y más interesados protectores de los trinitarios que alcanzan un rápido desarrollo con numerosas fundaciones en Francia, Inglaterra, Polonia, Rusia, Portugal y, naturalmente, España en donde a fines del siglo XVI tenían seis provincias con ciento treinta conventos. Al frente de cada provincia estaba el Ministro Provincial, cargo al principio vitalicio y que posteriormente pasó a ser trienal; los ministros provinciales estaban a disposición del papa, que podía destinarlos allí donde fueran necesarios.
En España los trinitarios resultaron muy populares a la vez que esenciales, tanto por su dedicación a la redención ante la permanente hostilidad entre cristianos y musulmanes, como por su labor hospitalaria que desarrollaron de forma paralela para atender tanto a los cristianos liberados como para todo tipo de enfermos que lo necesitase, destacando los hospitales de Santiago de Compostela, Lérida, Toledo, Segovia o Burgos. Para estos fines la Orden contaba con una serie de privilegios reales sancionados a lo largo del tiempo, así constatamos el otorgado por carta plomada de Enrique II de 26 de febrero de 1370 por el que los demandadores trinitarios podían circular libremente por sus reinos para conseguir limosnas con las que realizar sus obras de misericordia. Entre los cautivos españoles rescatados por los trinitarios se encuentra Miguel de Cervantes Saavedra, liberado en Argel en 1580 por fray Juan Gil por 500 ducados de oro.
Los trinitarios al igual que otras órdenes religiosas se desgajaron en dos ramas, los calzados herederos de la antigua observancia, y los descalzos quienes, impulsados por la reforma tridentina, consiguieron establecer en cada provincia un convento para aquellos que deseaban retornar al ideal primitivo de austeridad y pobreza. A comienzos del siglo XVII, en 1605, se eligió al superior provincial de la provincia reformada y en 1699 el papa Paulo V les concedió vicario general propio y los asimiló a las órdenes mendicantes, con la introducción del cuarto voto de no ambicionar dignidades o prelaturas. En 1636, en plena expansión, Urbano III les concedió poder elegir un ministro general independiente de los calzados.
En el siglo XVIII los movimientos revolucionarios europeos suponen la disolución de los trinitarios prácticamente en casi todos los países. En España no será hasta el siglo XIX y tras los distintos procesos desamortizadores, cuando sean exclaustrados el año 1835. Hacia 1870 -en España en 1879- la Orden se restauró, expandiéndose por Europa, América y Asia, dedicándose, suprimida ya la esclavitud, a labores de beneficencia, educación y misional.
CONVENTO DE NUESTRA SEÑORA DE GRACIA, VULGO DE LOS DESCALZOS
La Orden trinitaria en el deseo de volver a una estricta observancia de su regla en lo que a su sentido de pobreza, austeridad y penitencia se refiere, emprende el camino de la reforma, con unos primeros intentos en Francia en 1578. Es 1594 cuando se autoriza el establecimiento en cada provincia trinitaria de un convento para aquéllos que quisieran retornar al ideal originario. En 1605 se elegía al superior de la provincia reformada de España, Juan Bautista de la Concepción (1561-1613), el gran promotor de la reforma en nuestro país a la vez que escritor ascético-místico, beatificado por Pío VII en 1819 y canonizado por Pablo VI en 1975. Finalmente, en 1609 la rama Descalza se agrega a los mendicantes y Urbano III les otorga autonomía, pues en 1636 pudieron elegir ministro general independiente de los calzados.
Precisamente a instancias de Juan Bautista de la Concepción en el año 1607, los Trinitarios Descalzos llegan a Sevilla para fundar convento, no sin serias dificultades ante la negativa de las parroquias y cabildo eclesiástico, por la abundancia en la ciudad de institutos religiosos. El primer asentamiento va a ser extramuros, a la salida de la puerta de Carmona, entre el convento de San Benito y la Cruz del Campo, en el barrio de la Calzada, siendo su primer ministro el padre fray Gabriel de la Asunción, "donde estubo poco mas de un año, y de este sittio se mudo un poco más arriba hacia la Cruz del Campo porque el sitio y casa era muy estrecho y no se podía disponer de vivienda decente ni ttener forma de convento, estte segundo sittio que era una casa principal con su guerta jardín y agua de pie se ttomo en arrendamiento de Diego Núñez Perez suia era la propiedad en precio de doscientos ducados de rentta cada año, en estte sittio estubo el convento poco más de dos años". Por falta de pago fueron echados por el referido Diego Núñez, previa demanda judicial. A instancias del licenciado Gamboa, médico del convento, son ayudados por la rica dama doña María de Solís y Miranda, esposa del general y caballero de la Orden de Santiago Pedro Méndez Márquez, quien se convierte en la patrona y fundadora del nuevo convento. Dona a los trinitarios unas casas de su propiedad entre la collación de San Pedro y San Ildefonso, en la plazuela llamada del Mesón del Rey, zona también conocida como "la Vinatería", en alusión a las bodegas y comercio de vinos de las inmediaciones. Doña María les otorga además treinta mil ducados para cubrir sus primeras necesidades, efectuándose el traslado a primeros de diciembre de 1610, a lo que pusieron trabas el cabildo eclesiástico y el arzobispo D. Pedro de Castro por no haber solicitado los religiosos las pertinentes licencias. Durante más de un año se les prohibió predicar y confesar, y se dispuso se consumiese el Santísimo. Tras un largo pleito el papa Paulo V falló a favor de la comunidad aunque el arzobispo se empeñaba en que la fundación se realizara fuera de la ciudad. La intervención de personas influyentes como el duque de Lerma y el cabildo de la ciudad dirimió el asunto y finalmente pudieron permanecer en su nuevo emplazamiento.
El convento y la iglesia, ambos de pequeñas dimensiones, abarcaban una manzana cuyo perímetro iba por la calle Alhóndiga y plaza de San Leandro, calle de los Descalzos (también llamada de "las campanas de los trinitarios" y de la "sopa", en alusión a la clásica sopa boba que repartían los frailes a los necesitados), plaza del Mesón del Rey que en seguida empezó a conocerse como plazuela de los Descalzos, y calle Dormitorio hasta enlazar con Alhóndiga. La iglesia abría su portada principal a la plaza de los Descalzos aunque el primer intento fue abrir por la plaza de San Leandro, desestimándose este lugar ante la petición del gremio de vinateros quienes consideraban que les perjudicaría en su comercio el establecer en esta zona el ingreso a un recinto sagrado. La portada lateral del templo y la puerta del convento daban a la calle Descalzos, situándose la clausura a la espalda de la iglesia y al costado derecho de ésta, por compra de la fundadora Dª María de Solís de un mesón llamado de las Calabazas para labrar el claustro principal.
Pese a la pobreza de la comunidad, con el paso de los años el modesto convento, que según el censo de 1755 contaba con sesenta religiosos, fue configurando su fisonomía arquitectónica y completando sus enseres litúrgicos y artísticos gracias a las dotaciones y limosnas de piadosos benefactores. Patrimonio mueble e inmueble hoy prácticamente perdido.
Sabemos que durante la ocupación francesa se destruyó el retablo mayor y los de las capillas laterales y se produjo la requisa de las valiosas pinturas que decoraban el claustro principal. La vuelta de los frailes al convento llevaría aparejado el intentar reparar los destrozos producidos, en la medida que sus medios económicos lo permitían. Consta que se realizó un nuevo retablo mayor así como colaterales. En estos años, en concreto en 1821, se produjo un importante acontecimiento que llenaría de júbilo a los descalzos: la beatificación por Pío VII del fundador de la rama descalza fray Juan Bautista de la Concepción, promotor de la fundación del convento sevillano. Con tal motivo se celebraron solemnes misas y procesiones.
Con la aplicación de las medidas desamortizadoras del ministro Mendizábal en 1835-36 los frailes fueron exclaustrados definitivamente y el convento fue destinado durante algún tiempo a cuartel de la Compañía de Migueletes. Posteriormente fue vendido, destinándolo su propietario parte a fábrica de tejidos y parte a casa de vecindad. La iglesia permaneció algunos años más abierta al culto, hasta que el 20 de octubre de 1868 el ayuntamiento revolucionario accedió a la petición del Club Popular "Café de Emperadores", para que cediese el templo como su sede. Hay que señalar que en 1840 se llevó a cabo una importante reordenación urbanística que afectó al sector situado frente a la iglesia, realizada por el arquitecto de la ciudad Balbino Marrón, consistente en la creación de una amplia plaza que integró dos espacios preexistentes, la placita de los Descalzos y el solar de la antigua fábrica de tabacos, en ruinas desde hacía años, y algunas calles adyacentes del barrio del Adarvejo o de la Morería.
Ya en el siglo XX el ex-convento fue objeto de múltiples usos: taller de carruajes, almacén de droguería; en 1979 padeció un incendio que afectó a las yeserías, vigas, crujía de la iglesia así como los escalones de madera y vigas de hierro de la torre. Los usos y accidentes fueron alterando la primitiva traza del recinto, hasta que en los años 80 y 90 se procede a la construcción de edificaciones en las que quedan embutidas lo que subsistía del templo y la torre. Actualmente se conservan dos tramos de la iglesia con su portada lateral y la torre, propiedad de la Hermandad de la Cristo de Burgos. Estas permanencias están incluidas dentro del conjunto histórico de Sevilla declarado por Decreto de fecha 27 de agosto de 1964 (BOE 12/IX/1964).
La iglesia. Su advocación era de Nuestra Señora de Gracia, y por antiguas y escuetas descripciones sabemos que era de pequeñas proporciones, nave única con tres capillas laterales a cada lado, crucero, cubierta con bóveda fingida de yeso en su interior y en el exterior de madera y tejas. A los pies se disponía el coro alto sobre "competente bóveda", y el acceso principal daba a la plazuela de los Descalzos. Tuvo dos portadas laterales, la que se abría en el muro del evangelio y salía al claustro principal, y la del lado de la epístola, que aún se conserva aunque en muy mal estado, que da a la calle Descalzos o de las Campanas.
El 22 de abril de 1625 Juan de Segarra contrató la construcción del templo, actuando como fiador el carpintero Juan Bautista de Medina. En el documento aparecen detallados aspectos relacionados con las técnicas constructivas empleadas, uso de materiales, salarios, etc. Puso tanto empeño en este trabajo Segarra que abandonó la ejecución de la iglesia que por las mismas fechas realizaba para los trinitarios calzados, que dejó en manos de Juan de Oviedo. Su actuación directa en los Descalzos queda de manifiesto en su solicitud al Cabildo el 29 de julio de 1635, como mérito para su nombramiento de maestro mayor de la ciudad. Sin embargo, se desconoce el autor de las trazas del edificio; se han propuesto a Diego López Bueno o Miguel de Zumárraga, ambos en plena actividad en Sevilla en estos años, por ser maestros mayores de fábrica del Arzobispado y de la Catedral, respectivamente. Nos inclinamos a pensar que bien pudo ser Zumárraga, artista por otra parte, muy vinculado a los trinitarios ya que trazó la iglesia de las Santas Justa y Rufina, de la rama calzada.
En 1627 por escritura firmada el 2 de agosto entre el padre ministro fray Francisco Asunción y Francisco Escalante, maestro albañil, se va a concertar la realización de las bóvedas de medio punto con lunetas, la media naranja sobre pechinas del crucero con su correspondiente cornisa, y la bóveda de arco rebajado del coro, "adornada con hojas y filetes" a la que posteriormente se le añadiría una decoración de yeserías consistente en paneles recortados en "ces", inspiradas en el folio LXXIV del Libro de Arquitectura de Sebastián Serlio, quizás diseñadas por el propio Juan de Segarra o por los hermanos Borja. En el documento firmado por Escalante se detallan los materiales y técnicas a utilizar y las labores realizadas. Labró cuatro bóvedas para entierros, una en la cabecera de la capilla mayor "de todo su largo y ancho" -quizás perteneciente a la benefactora del convento Dª María de Solís- otras dos en los laterales "de diez pies de ancho por veinte de largo", que contenía los cuerpos de los mártires trinitarios Calixto y Narciso; y otra bóveda para enterramiento en el brazo del crucero del lado de la epístola, "capilla que dicen de doña Manuela". Asimismo, asentó puertas y ventanas, realizó todos los altares, incluido el de la capilla mayor "tengan todos quatro tercias de alto" y recubiertos de azulejos, que también cubrían las paredes de la iglesia, con paños de "a media bara de alto incluido en ella una guarnicion por la parte de abaxo y un alizar pintado encima conforme a las labores de la guarnicion de abaxo los alizares de la parte alta an de bolar de el vibo de la pared después del blanqueo una pulgada". El templo tenía tribunas en uno de sus lados, de techo de bovedillas, encargándose para el otro lateral que "se fingieran con quadros semejantes a los que llebaren las bentanas". La iglesia también se enlució y blanqueó con esmero, se soló la capilla mayor y coro con ladrillo de junto, y el cuerpo del templo de ladrillo sin cortar, "repartiéndose en el las sepulturas que cupieren". En el exterior el maestro revocó y blanqueó la fachada y la ventana que daba luz al coro así como las que daban a la calle; hubo de hacer dos buhardillas que faltaban al tejado de la iglesia y tejar lo que faltaba. Finalmente, realizó el campanario "en la parte señalada el qual a de ser de arcos en la forma que esta trazado en la iglesia dexandolo con suficiente estribo y labrado de dos haces de suerte que las pilastras cornijas y demas ornamentos que se hallaren por la una tengan tambien por la otra dexandolo muy vistoso y adornado". Los trabajos debían de estar terminados en el plazo de seis meses a partir de la fecha de la firma de la escritura.
Hoy permanecen dos tramos de la iglesia, desnudos de cerámica y yeserías, la torre campanario y la puerta lateral inserta en el muro de la epístola, -en origen en el último tramo de la iglesia al igual que su correspondiente del lado del evangelio que salía al claustro principal- muro que corre paralelo a la calle Descalzos. La portada, hoy cegada, consiste en un vano adintelado enmarcado por unas sencillas pilastras y rematado por un frontón curvo con una clave trapezoidal de gran tamaño en el centro, a modo de gran pinjante.
La torre campanario ha pervivido hasta nuestros días, pese al incendio y abandono que ha padecido, y hoy emerge a duras penas entre el caserío que la envuelve, oculta y "protege", ya que ha quedado embutida en modernas construcciones, en las que se dibujan en su fachada huecos rectangulares sobre las ventanas circulares de la torre, en un deseo, quizás, de no ocultar del todo el monumento. Se asienta sobre el muro de la epístola de la iglesia hacia la calle Descalzos, calle también denominada anteriormente de las Campanas. La torre se configura como una estilizada caña de planta cuadrada toda de ladrillo en la que, sobre un pedestal con decoración cerámica azul, se asienta el campanario de un vano de medio punto en cada uno de los lados, con rosca e imposta, flanqueado por pares de pilastras toscanas perfiladas con molduras en resalte; las enjutas, entablamentos y pilastras van decorados con paneles cerámicos de color azul, siendo circulares los que se insertan en la parte central de las pilastras. Tras la cornisa, un frontón triangular saliente con el tímpano adornado con cerámica azul, remata este primer cuerpo. El segundo cuerpo es un amplio pedestal que continúa el apilastrado, rodeado de varios jarrones cerámicos que lo envuelven. Hemos de señalar que estos jarrones han venido a sustituir otras piezas cerámicas desaparecidas que reproducían las figuras del ajedrez y que dieron lugar a la leyenda fraguada en el siglo XIX, según la cual un fraile perteneciente a la comunidad y de origen oriental fue quien las diseñó y colocó en el campanario trinitario. El tercer cuerpo adquiere forma piramidal de perfil curvado y finas láminas de cerámica azul, con dados en las esquinas. Un remate bulboso con ribetes cerámicos y una veleta completan el conjunto de peculiar perfil y atractiva ornamentación. Finalmente hemos de referir que según asiento del Libro de Bautismos de 1768, hoy en el archivo parroquial de la iglesia de San Ildefonso de Sevilla, en ese año consta que fue construida la torre del convento de los Descalzos, por lo que de ser cierta esta referencia, las obras se dilataron mucho en el tiempo.
El convento. Del recinto conventual nada ha permanecido. Su perímetro se aprecia en el plano de Sevilla de 1771, y en su solar se han acomodado nuevas construcciones que respetan en gran medida la manzana que ocupara el convento. Este se levantaba a espaldas de la iglesia y en su lado derecho. En el último tramo de la nave del templo, en el lado del evangelio, se abría la puerta que salía al claustro principal, de arcos cerrados con tabiques, según la descripción de González de León del año 1844, aunque quizás en su origen fueran arquerías abiertas que salían al claro del patio, más usual en la configuración de estos espacios. Tenía una segunda planta en donde se distribuían las estancias necesarias para desenvolverse la comunidad: dormitorios, biblioteca, refectorio, etc.
De los primitivos retablos y esculturas de los Descalzos apenas alguna pieza ha sido localizada, debiendo perderse durante la ocupación francesa; posteriormente a ella se realizaron otros de estilo neoclásico. La primera referencia documental sobre obras retablísticas es de 28 de enero de 1613, cuando el arquitecto y ensamblador Francisco de Mora concertaba con el padre Pedro de la Virgen, la realización de un sagrario de madera "de dos baras de largo y una bara de ancho el qual a de tener las labores y obra conforme a una traça que queda en poder del padre sacristán la qual tengo de hacer dentro de tres meses que corren y se quentan desde primero del mes de febrero próximo venidero". Obra que hubo de ser la primera que presidió el presbiterio de la iglesia antes de que se realizara el retablo mayor.
El 12 de febrero de 1689 Bernardo Simón de Pineda se comprometía documentalmente con el padre fray Antonio de los Ángeles y la comunidad trinitaria, a realizar el retablo mayor, de madera de borne y cedro, y las columnas, esculturas y adornos de cedro, actuando corno fiadores el escultor Pedro Roldán y el dorador José López Chico. El precio de la obra ascendía a 4.000 ducados de vellón, a realizar en tres pagos a medida que los cuerpos del retablo se fueran terminando y asentando. No se detallan en el contrato las características estructurales ni decorativas que nos permita conocer su fisonomía. Destruido durante la ocupación francesa, sabemos que el 5 de noviembre de 1814 los descalzos compraban por 2.100 reales de vellón, el retablo de la parroquia de Pilas (Sevilla). Este retablo fue realizado por Francisco de Acosta "el Mozo" para dicha parroquia entre 1798-1799; es de corte neoclásico, de tres calles y ático con un relieve de la Trinidad, y santos trinitarios en las hornacinas. Tras el cierre de la iglesia conventual en 1868, según decreto de 22 de febrero de 1870 de la Secretaría de Cámara del Arzobispado de Sevilla, fue cedido a la parroquia de Nuestra Señora de Gracia, del pueblo sevillano de Camas, donde se conserva.
El 23 de junio del año 1626 los Descalzos compraron a las monjas del convento de San Leandro un retablo cuya ejecución habían contratado con Juan Martínez Montañés por 2.800 reales, de los cuales 1.000 se saldaban con la celebración de quinientas misas por parte de los padres, en sufragio de la comunidad de San Leandro, y los restantes 1.800 serían pagados por el jurado Diego de Soto de la Torre, procurador del convento trinitario. Por otro lado, Montañés se comprometía a hacer el retablo contratado, entregarlo a fines del mes de octubre de ese año o antes si estuviera terminado, y a cobrar los 1.800 reales de Diego de Soto en dos plazos, el primer pago a primeros de octubre y el segundo a fines de diciembre. Según se desprende del documento, se trataba de un retablo dedicado a San Juan Evangelista, que incluía la imagen de Nuestra Señora de la Concepción, guarnición, adorno de ensamblaje, talla y dorado, quedando excluidos de la venta a los trinitarios la imagen de San Juan y el sagrario. De este retablo no hay otra referencia, dándose hoy por perdido.
Señala González de León sobre los retablos colaterales de los brazos del crucero, que el del lado del evangelio "es moderno pero de buena forma, y en él está una imagen de San José, esposo de Nuestra Señora, del tamaño natural, que lo trajeron de Nápoles", obras que hemos de dar por perdidas. En el correspondiente de la epístola indica otro igual con una "una antigua y devota imagen de Jesús rescatado". En 1870 el retablo pasó a la parroquia de Nuestra Señora de la Oliva, de la villa de Salteras y la imagen a la iglesia de San Ildefonso de Sevilla, donde permanece. El Cautivo, como popularmente se conoce, está colocado en un retablo decimonónico de la nave de la izquierda. Es una talla completa, aunque hoy se haya vestida con túnica larga, y su fecha de ejecución se puede fijar en el primer tercio del siglo XVIII. Hay que señalar, que la iconografía de Jesús cautivo está muy ligada a la Orden Trinitaria ya que algunas crónicas antiguas se hacen eco de cómo los frailes trinitarios rescataron en Berbería una imagen de Jesús, no sin dificultades. La escultura trasladada a Madrid, se puso bajo el patrocinio de los Duques de Medinaceli. Desde entonces fue costumbre disponer en los conventos trinitarios una imagen con el modelo iconográfico de Jesús cautivo, al que a veces se le denomina de Medinaceli, advocación que recibe el de Sevilla; quizás gozó del patronazgo de los duques de Medinaceli de nuestra ciudad que tan cercano tenían su palacio del convento trinitario.
Por contrato firmado el 10 de abril de 1631, sabemos que el escultor Francisco de Ocampo realizó el grupo de Santa Ana con la Virgen niña de la mano, en madera de cedro, por el precio de 800 reales, y que se daría acabada en blanco el 20 de junio de ese año. El autor debía seguir el modelo que él mismo había ejecutado para el convento de San Alberto de Sevilla. La imagen no ha sido identificada.
En la iglesia radicó la Hermandad de San Atanasio Obispo. El 25 de febrero de 1630 el escultor Manuel de Morales se compromete con el mayordomo Bartolomé García y los cofrades y oficiales de la citada Hermandad a realizar una imagen del santo titular "con su mitra y demas ynsinias de madera de zedro de cinco quartas de mas de la peana que ansi mismo e de hazer de zedro y borne". Su coste ascendió a 850 reales, a terminar en el plazo de cuatro meses. El mismo día el mayordomo de la Hermandad firmaba contrato con el pintor Juan de Uceda para dorar, estofar y encarnar la imagen, "poniendo en letras de oro el nombre del santo"; se comprometía a finalizar estas labores en tres meses desde que se la entregase el referido Morales, siendo su costo de 650 reales20. Se desconoce el paradero de la escultura.
El borrador de un contrato fechado en 1709 nos informa de la factura de un retablo para el altar de Nuestra Señora del Patrocinio, siendo los firmantes el ensamblador Pedro Ximenes Rosa, quien dio las trazas del retablo e imágenes, y Don Diego Félix de Contreras, promotor de la obra, cuyo costo ascendía a 3.300 reales de vellón, comprometiéndose Ximenes finalizarlo en el plazo de un año. Retablo e imágenes hemos de darlos por perdidos.
PINTURAS
Del patrimonio pictórico del templo solo conocemos la existencia de Nuestra Señora con ángeles en el coro "que tiene mérito", de la que no hay más noticia.
El claustro principal estuvo decorado con una serie de ocho pinturas dedicada a narrar la Vida de la Virgen, algunas de ellas localizadas. Se atribuyen a Esteban Márquez por su semejanza estilística con obras firmadas del pintor, un seguidor de Murillo a quien los franceses adjudicaron esta serie, lo que determinó su rápida salida del convento y su venta en la galería Christie de Londres el 16 de junio de 1810. Los ejemplares conocidos presentan una gran calidad técnica, con buena composición de las escenas, en las que los personajes se distribuyen y engarzan armoniosamente, rematándose con amplios rompimientos de gloria poblados de numerosos ángeles niños. El formato es vertical, de 244 x 155 cms. aproximadamente y terminados en la parte superior en arco de medio punto. Los temas representados son:
- Nacimiento de la Virgen: (México. Colección Francisco Camps Rivera). En la subasta de Christie de 1810 fue vendido por 24 libras. En 1937 en la misma galería lo compra lord Brocket. En 1971 se localiza en la colección mexicana. Presenta en un primer plano a una joven que acompañada de un grupo de personas y varios ángeles, muestra a la Virgen. Al fondo entre cortinas Santa Ana acompañada por otro ángel, se incorporada en el lecho, y en la parte superior querubines entre nubes contemplan la escena portando una filacteria.
- Desposorios de la Virgen: (Raleigh, Carolina del Norte (EE.UU.). Museo de Arte). Vendido en Christie en 1810 por 577,10 libras, en 1937 de nuevo sale a subasta en Londres y es comprado en 50,12 libras por Lord Brocket. La escena se organiza entorno a las figuras de la Virgen y San José en el centro, acompañados por grupos de personajes masculinos a cada lado, incluidos tres niños en la parte derecha que le sostienen el manto. En la zona alta se dispone un amplio rompimiento de gloria con la Paloma del Espíritu Santo y un nutrido grupo de angelotes que tocan instrumentos musicales y esparcen flores. Constituye una hermosa obra, de la que el Conde del Águila en sus cartas a Ponz, comenta que la cara de la Virgen es el retrato de la hija del pintor.
- Anunciación: En paradero desconocido; fue vendida en 1810 por 399 libras, siendo su comprador Sir W. Curtís. El 10 de mayo de 1861 sale de nuevo a subasta en Christie; la última noticia es la de su venta el 5 de junio de 1886 por Thomas Kibble en Christie, retirada en 157,10 libras. Su descripción nos la transmite Angulo: "La Virgen en carmín y azul con las manos unidas sobre el pecho y el ángel arrodillándose y señalando una gloria de ángeles en la parte superior; la paloma del Espíritu Santo en el centro".
- Descendimiento de la cruz: (Londres, colección Vaz Díaz). Vendido en 1810 por 115,10 libras; en 1956-57 sale de nuevo a subasta en Christie, comprada en 63 libras por V.D. (Vaz Díaz). Atribuido por Ponz a El Mulato, representa el pasaje mariano de la Quinta Angustia, siguiendo el hilo narrativo del ciclo dedicado a la Virgen. Hoy en paradero desconocido, Angulo describe así esta obra: "La Virgen tiene el cuerpo de Cristo. Dos ángeles niños, uno de los cuales, que le ha quitado la corona de espinas de su cabeza, señala su cuerpo".
- Muerte de la Virgen: En paradero desconocido desde 1936, año en que es saqueada la casa de Adolfo Marx, su propietario. En la venta de 1810 la compra Lee en 892,10 libras, con las medidas 244 x 153,5 cms, siendo nuevamente subastado en 1916 como obra de Murillo. En 1930 está en Barcelona en la colección de Adolfo Marx. Pese a la mala reproducción que conocemos de esta obra que no permite apreciar todos sus detalles, presenta una alta calidad con claros ecos murillescos. De composición equilibrada, con la figura sentada de la Virgen fuertemente iluminada, en torno a la cual se disponen los Apóstoles con actitudes reverentes y rostros expresivos. En la zona superior la habitual gloria de ángeles.
- Asunción de la Virgen: Sin noticias desde su venta en Christie el 16 de junio de 1810. Angulo proporciona la siguiente descripción: "La Trinidad tiene la corona sobre la cabeza de la Virgen arrodillada; debajo ángeles en la nubes". Ceán Bermúdez al citar las pinturas del claustro de los Descalzos dice textualmente: "los ocho (cuadros) que están en los ángulos del claustro de los Trinitarios descalzos, con el que representa la ascensión del Señor, que tiene cabeza de apóstoles de mucho mérito y desembarazo". Ceán hubo de confundir la Ascensión con la Asunción de la Virgen, confusión que nos resulta muy extraña si además añadimos que indica cabeza de apóstoles en vez de ángeles. Cabe la posibilidad que la ascensión del Señor sea obra independiente del ciclo de la Virgen, y de la que no volvemos a tener referencia.
- La Virgen con San Juan de Mata y San Félix de Valois: (Wellwyn, Brocket Hall, Hert fordshire. Lord Brocket). En la venta de 1810 está titulado erróneamente como "Triunfo de la Religión Mercedaria", y fue retirado en 840 libras. En la venta se precisa que el Niño ofrece escapularios a un fraile arrodillado y a un personaje real con hábito de la Orden y con una corona y un cetro a los pies, elementos que no apreciamos en la foto manejada. Angulo considera que la denominada por Ponz Virgen y los redentores es ésta, que con otro título aparece en la subasta de Christie de 1810 y que actualmente se conserva en Hertfordshire, comprada en Londres en la subasta de Christie de 16 de abril de 1937, por 33,12 libras por Leggat para L.B. (Lord Brocket). La pintura presenta un amplio rompimiento de gloria con un nutrido grupo de ángeles niños que revolotean, ofreciendo uno de ellos el escapulario de la Orden; asimismo en la zona más alta en el centro el Padre Eterno. La Virgen con el Niño, también ofreciendo un escapulario, centra la composición, y a ambos lados en la línea de tierra y arrodillados los santos fundadores trinitarios san Juan de Mata y san Félix de Valois, en devota actitud.
- La Virgen en el convento de Ciervoles: Igualmente salió a subasta en la venta de 1810 con el número ocho de la serie, por la que se pagó 73,10 libras, y desde entonces no volvemos a tener noticia de ella. Angulo nos proporciona la siguiente descripción: "La Virgen asiste a maitines en presencia de San Félix de Valois y de numerosos religiosos. Coro de ángeles".
Finalmente indicaremos que según señala Ceán Bermúdez hubo unas pinturas en "el claustro exterior al fresco, y la escalera principal" de mano de Lucas Valdés, de las que no poseemos ninguna otra referencia.
Un decreto del Arzobispado de Sevilla de 22 de febrero de 1870 da razón de algunos enseres litúrgicos que se perdieron o pasaron a iglesias de la diócesis: el altar del Cristo de la Redención a la parroquia de Nuestra Señora de la Oliva de Salteras, un cancel a la iglesia de El Arahal, el facistol a la parroquia del Salvador de Sevilla, las pilas de agua bendita a la parroquia de Santa María de la Nieves de La Rinconada, y otros objetos de culto entregados al párroco de la iglesia de San Isidro de Cartaya. De las piezas perdidas se indica "un viril con perlas finas un copón, ambas alhajas de plata cincelada sobredorada" y dos misales de concha, nácar, ébano y marfil, sobre los que la Academia de Bellas Artes dictaminó la necesidad de su conservación.
La comunidad poseyó también un órgano, igualmente perdido, que estuvo situado en el muro de la epístola de la iglesia, sobre una tribuna (Matilde Fernández Rojas. Patrimonio artístico de los conventos masculinos desamortizados en Sevilla durante el siglo XIX: Trinitarios, Franciscanos, Mercedarios, Jerónimos, Cartujos, Mínimos, Obregones, Menores y Filipenses. Diputación Provincial de Sevilla. Sevilla, 2009).
Conozcamos mejor la Historia de la Solemnidad de la Virgen de Gracia;
La mediación universal de la Santísima Virgen María es una doctrina deducida de la enseñanza tradicional de la Iglesia, a partir de la solicitud maternal de María por todo el género humano en la misión redentora de su Hijo, que forma un todo con ella, y se extiende a todas las gracias que nos ha adquirido Cristo. Aunque es una verdad no definida, viene siendo aceptada por el pueblo cristiano desde tiempo inmemorial: ya a San Germán de Constantinopla, en el siglo VII, se le llama el Doctor de la Mediación de María.
Son múltiples las advocaciones marianas que reflejan la mediación de María: Amparo, Auxiliadora, Consolación, Gracias, Merced, Milagro, Misericordia, Patrocinio, Providencia, Refugio, Remedio, Socorro... En la Edad Media, el franciscano San Bernardino de Siena, insigne predicador, contribuyó ostensiblemente a extender la doctrina de la distribución de María de todas las gracias. En el mismo sentido, toda la himnología medieval occidental canta el papel de María como abogada y mediadora. Así mismo la proclamamos intercesora en la segunda parte del avemaría, de composición eclesiástica, oración base, por otra parte, del Ángelus y del Rosario. En la Península Ibérica, el título de mediadora e intercesora se patentiza ya en su liturgia hispánica autóctona. A comienzos de la Edad Moderna, influyó mucho la predicación del agustino Santo Tomás de Villanueva, Arzobispo de Valencia, que entreteje su reflexión teológica en torno a imágenes y tipos bíblicos, recogiendo la herencia de la piedad medieval. Incluso el Rey Felipe IV, a propuesta de la Real Junta de la Inmaculada, movida por el jesuita P. Nieremberg, estableció, como comentamos en otro apartado, la Fiesta del Patrocinio de la Santísima Virgen para España y sus dominios por carta del veinte y ocho de septiembre de 1655, confirmada por el Papa Alejandro VII Chigi por el Breve Praeclara charissimi del veinte y ocho de julio del año siguiente, para un domingo de noviembre. Un decreto real en 1664 la fijó el segundo. Se extendió por otros lugares en el siglo XVIII. En la segunda mitad del XIX el Cardenal Mercier (+1926), Arzobispo de Malinas, Bélgica, promovió en la Iglesia un movimiento mariano mediacionista. En 1913 elevó a San Pío S Sarto una petición para que declarara dogma de fe la Mediación Universal de María en la dispensación de todas las gracias, firmada el episcopado belga, clero, fieles, universidades católicas, órdenes religiosas…
Ya en este siglo, el Papa Benedicto XV Della Chiesa, llama a la Virgen Omnipotencia suplicante, y afirma que la ha tomado por Patrona desde el comienzo de su pontificado. Este mismo pontífice, el veinte y uno de enero de 1918, a petición del Cardenal Mercier, concedió a toda la nación belga Oficio y Misa de Santa María Virgen Mediadora de Todas las Gracias, que es por tanto una fiesta que hace referencia a una verdad teológica y que la Sede Apostólica ha ido concediendo a muchas diócesis e Institutos Religiosos que lo han solicitado, habiéndose hecho casi memoria general. El propio Cardenal Mercier escribió para ello a todos los obispos católicos. Se celebraba el treinta y uno de mayo hasta 1954, en que pasó a la Octava de la Inmaculada. En el Vaticano II se califica expresamente a María Mediadora.
El Concilio Vaticano II ha escrito sobre esta condición de mediadora de la Santísima Virgen: “María, asunta a los cielos, no ha dejado su misión salvadora, sino que con su múltiple intercesión continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna. Con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y se hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada. Por este motivo, la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora. Lo cual, sin embargo, ha de entenderse de tal manera que no reste ni añada nada a la dignidad y eficacia de Cristo, único Mediador” (LG 62). Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres. Pero Él, no por necesidad sino por benevolencia, ha querido asociarse otros mediadores. Entre ellos, María.
La mediación de María fluye de un doble hecho: primero, su maternidad espiritual. Ésta exige no sólo la transmisión de la vida sobrenatural, sino también su conservación. Y segundo: su corredención maternal, que requiere la aplicación de la redención a cada uno de los redimidos. En 1971 la Sagrada Congregación para el Culto Divino aprobó la Misa de la B.V.M. Madre de la Gracia y Mediadora, conjuntando el papel maternal de María con su mediación, cuyos textos eucológicos se encuentran en el Misal de la Virgen con el número 30. La titulada La Virgen María en Caná, la número 9, última del Tiempo de Navidad, nos transmite la continuación de la labor mediadora de la Madre de Jesús en favor de la Iglesia en el cielo, donde reina Asunta y Gloriosa, que inició en las bodas de Caná, y de Su misión ejemplarizante y salvadora de conducir a Cristo en comunión con los fieles. Aunque no está en el calendario universal, se celebra en múltiples diócesis, así en las de Cuenca, Pamplona y Tudela como memoria libre, y congregaciones religiosas, entre las que contamos a los Monfortianos y Reparadores, como memoria obligatoria, y Servitas, como memoria libre. En la Diócesis de Sevilla se celebra en esta jornada por aprobación de la Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino de cinco de agosto de 1980 (Prot. n. CD 1320/80), a petición del 30 de mayo de dicho año del Cardenal Arzobispo José María Bueno Monreal con el grado de memoria obligatoria.
La advocación de Nuestra Señora de Gracia evoca el saludo del Arcángel Gabriel a María: "Dios te salve María, llena eres de gracia". Para los cristianos esta advocación no hace más que resaltar la cooperación excelente de María en el plan salvífico de Dios, para el que estaba predestinada. Esta advocación de Gracia, junto a la de Consolación y Correa, la del Buen Consejo y la del Socorro, centran la devoción mariana particular de la orden agustina, y aun podemos decir que es la más antigua de todas. Desde tiempo inmemorial el culto a la Virgen de Gracia floreció en los ámbitos agustinianos, pero desconocemos dónde y cómo surgió. El porqué de la elección de tal título y del culto particular que se empezó a tributar a la Virgen con él, las circunstancias históricas que lo envolvieron en los comienzos de la Orden y su origen espacio-temporal, se desconocen totalmente. Lo cierto es que, aunque con lentitud, pero progresivamente, la advocación fue cobrando resonancia en las devociones comunitarias y litúrgicas agustinas.
Había sido norma generalizada que las órdenes religiosas aprovecharan devociones antiguas ya establecidas en el corazón de los cristianos y las acomodaran a su peculiar manera de pensar y carisma. No olvidemos que San Agustín, el padre espiritual de la orden, es llamado el Doctor de la Gracia. Como él pone de manifiesto, en nuestro camino de salvación es necesario el auxilio de la Gracia, que recibimos en el bautismo. María venerada como Madre de la Gracia o de la Divina Gracia presenta la oportunidad de incardinar la mariología en la cristología. Probablemente sea ésta la explicación más verosímil de lo que aconteció respecto a la arraigada devoción agustiniana por Nuestra Señora de Gracia.
Entre los agustinos la devoción a este prestigioso título se desarrolló encontrando adecuadas expresiones en algunas antífonas, plegarias e himnos recomendados u ordenados por las constituciones de la Orden y sus capítulos generales, como las antífonas Benedicta tu, llamada también Vigiliae B. M. V., porque se recitaba o cantaba por la tarde, el Ave Regina coelorum, Mater regis angelorum, que se canta en la primera mitad del día, normalmente después de mediodía, o el himno Maria Mater Gratiae, al término de las procesiones. Ya en el Capítulo General de Orvieto de 1284 se recomienda el rezo o canto diario de la citada antífona Benedicta tu en honor de la Virgen de Gracia. En el Capítulo General de 1327 fue decretado el rezo diario del versículo Maria Mater Gratiae después del himno Memento salutis auctor, lo que se recordó en 1385 y 1388. Otra noticia históricamente documentada del culto de la Orden a esta advocación es del año 1401 y se refiere a una cofradía homónima organizada en los conventos de San Agustín en Valencia (España) y Nuestra Señora de Gracia en Lisboa (Portugal).
Aunque ya venía de antiguo la recitación del himno Ave Regina caelorum, Mater Regis angelorum también en honor de la Virgen de Gracia, se prescribió este uso en las Constituciones de 1551 tras la misa solemne, lo que el Capítulo General acordó que nunca debía ser suprimido en las iglesias de la Orden, y lo que se recordó en disposiciones posteriores. A partir del siglo XVI la devoción estaba consolidada en toda la Orden; se empezaron incluso a edificar conventos con este título, sobre todo en Italia e Hispanoamérica, y también se difundió la leyenda de que la Virgen de Gracia habría impedido que el Papa quitara a la Orden el hábito blanco que se vestía entonces en su honor. A partir del siglo XVII la advocación es considerada ya como propia de la Orden, aunque quedó en parte oscurecida por la de Consolación y Correa y la del Buen Consejo.
Si bien el culto general, como vemos, es antiguo, la liturgia específica no fue concedida hasta 1807. En esta fecha, el Papa Pío VII Chiaramonti, a instancias del Padre José Bartolomé Menocchio (+1823), sacristán pontificio y confesor del papa, y del Vicario General, concedió a la Orden de San Agustín facultad para incluir en su liturgia la festividad en honor de la Virgen Nuestra Señora de Gracia, con Misa y Oficio propios, a celebrar el uno de junio.
A partir de una reforma del calendario propio en 1965 se empezó a celebrar el veinticinco de marzo, en clara alusión a la escena de la anunciación del ángel a María, pero con ello se oscureció una significativa tradición agustiniana. A partir de la inclusión con el número 30 en el Misal de la Bienaventurada Virgen María de 1987 de la misa Madre de Gracia, Mediadora de Gracia, en el calendario de la Orden del 2002 se rescató esta memoria y se le señaló el ocho de mayo (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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