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sábado, 9 de mayo de 2026

Un paseo por la calle Gloria

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Gloria, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 9 de mayo, es el aniversario del fallecimiento (9 de mayo de 1679) de Miguel de Mañara, por lo que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Gloria, de Sevilla, dando un paseo por ella, puesto que está dedicada a un hecho relacionado con Miguel de Mañara.
    La calle Gloria es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo; y va de la plaza de los Venerables, a la plaza de Doña Elvira.
     La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos.
     En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Desde fines del s. XIV forma parte de una zona conocida como Barrio Nuevo, al integrarse esta parte de la Judería a la ciu­dad, una vez desaparecida aquélla, tras la persecución de que fueron objeto los judíos (1391). El plano de Olavide (1771) la rotula como Venerables por extensión de la citada plaza y poco después comienza a ser conocida como Gloria. Santiago Montoto tam­bién le da los nombres de Ataúd, Muerte y Caballos que corresponden a otras colindantes. La denominación Gloria es arbitraria y probablemente surge por oposición a Muer­te y Ataúd, en relación con la leyenda de la conversión del caballero sevillano Miguel de Mañara. Según ésta, Miguel de Mañara vio pasar delante de él su propio entierro por esta calle, e impresionado por el hecho se decidió a cambiar de vida y entregarse al servicio de los necesitados ingresando en la Hermandad de la Santa Caridad.
     Estrecha y corta, como casi todas las del barrio de Santa Cruz, presenta un estrecha­miento a la vez que hace un quiebro en la confluencia con la plaza de Doña Elvira. Su morfología, así como su parcelario, no parecen haber cambiado desde el s. XVIII a pesar de los proyectos de alineación. Confluye hacia la mitad por los impares Pimienta. A fines del s. XIX fue encementada y posteriormente adoquinada; en la actualidad está pavimentada con losas de Tarifa y cantos rodados formando damero. En 1941 fue dotada de alumbrado eléctrico que hoy luce sobre farolas adosadas tipo gas. 
     El escaso caserío tiene dos y tres plantas con balcones y rejas en fachadas encaladas. La núm. 1 es del s. XVIII. Está cerrada al tráfico y durante mu­cho tiempo sólo entraban coches de caballo. Cumple funciones de tránsito, especial­mente para turistas, por ser una de las que unen el centro del barrio de Santa Cruz con la zona monumental a través de la plaza de Doña Elvira. En ella se sitúan tres tiendas de cerámica y souvenirs. En la casa núm. 3 vivió y murió el poeta Alejandro Collantes de Terán (1901-1933), suceso recordado en una placa cerámica. En 1894 se descubrieron unas galerías subterráneas que se bifurcaban en tres direcciones: Alcázar, Huerta del Retiro y plaza de Doña Elvira [Salvador Rodríguez Becerra, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Gloria, 1. Casa del siglo XVIII, de tres plantas. La inferior transformada por la instalación de un local comercial [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Biografía de Miguel de Mañara, personaje que inspira el nombre de la vía reseñada;
     Miguel Mañara Vicentelo de Leca. (Sevilla, 3 de marzo de 1627 – 9 de mayo de 1679). Caballero de la Orden de Calatrava y “gran limosnero de Sevilla”.
     A Miguel Mañara se le ha querido confundir a veces, fruto de la literatura romántica francesa del siglo XIX, con el mismo Juan Tenorio, que de gran pecador de disipada juventud, se convirtió en el gran arrepentido, de penitente y piadosa vejez. Nada hay en la juventud de Mañara, que tenga algo que ver cun esis “crímnes tan numeroso —que le atribuye E. Van Loo— como numerosos eran sus triunfos amatorios”; ni nada semejante a ese “llibertini cavallero” que presenta: el de “la espada continuamente ensangrenyada”. Contrario es el juicio que le merece a Marañón, maestro indiscutible en la materia: “Durante toda la época romántica hasta nuestros tiempos —escribe— se ha personificado el donjuanismo en un sevillano del más alto valor emocional, en Don Miguel de Mañara [...], que todavía goza de un alto prestigio de Don Juan. Es igualmente un error, y no sólo porque Mañara es muy posterior a Tirso de Molina y no pudo, por tanto, ser su modelo, sino porque Mañara fue, ante todo, un místico”.
     Nació en Sevilla de una familia rica, originaria de Córcega. Su padre, Tomás, había vuelto de sus viajes al Perú con fama de grosario o de opulento comerciante.
     Pasó los días de su juventud entre las naturales diversiones y el ambiente cristiano de su familia. A los veinticuatro años, el ya caballero de Calatrava quedó de único heredero de la gran fortuna de sus padres, en aquella Sevilla, “amparadora de pobres y refugio de desdichados”, que era considerada entonces como una de las ciudades más ricas de Europa. En 1648 casó con Jerónima Carrillo de Mendoza, de la alta nobleza sevillana. Ésta murió pronto y fue entonces cuando Mañara, quien, al decir de sus contemporáneos, vivía “cuerda y cristianamente”, dio un nuevo cambio de vida. El mismo Mañara confesó que “vivía muy gustoso y teníase por muy afortunado con la compañía de doña Jerónima, su mujer, de quien cada día iba haciendo mayor estimación, al paso que iba conociendo los quilates de su mucha virtud, fuera de las demás prendas que la hacían singularmente amable”.
     Cuando murió Jerónima, contaba con treinta y tres años de edad. En un golpe de gracia, aprendió entonces “a conocer con gran claridad la brevedad de la vida, la certidumbre de la muerte y la vanidad de las glorias del mundo”. Su sobrino, el marqués de Paradas, cuando corrió a su encuentro en la soledad de Montejaque (señorío de Jerónima), le halló “poseído de un sentimiento, aunque muy grande, muy prudente y católico, deseando sólo aprovecharse de golpe semejante y acabar de desatar las pigüelas de este mal mundo, que tanto impiden para volar al cieño”. Pasó, entonces, por un proceso de “conversión interior”; poco a poco se fue desprendiendo de sus inmensos bienes y pronto fue considerado como el gran limosnero de la ciudad. Entró en la cofradía de la Santa Caridad, que se dedicó a favorecer a pobres y necesitados, llegando a ser de por vida hermano mayor de la misma. En una de las actas del Cabildo se lee que “propuso el señor don Miguel Mañara que el principal instituto de la Santa Caridad de Nuestro Señor Jesucristo es cuidar de los pobres, y que los mendigos son los que tienen primer lugar como más desvalidos que andan a la inclemencia del tiempo de noche y de día, del que ha resultado morirse muchos aceleradamente.
     Y que le parecía acudir a estos daños, haciendo el cabildo que los dichos pobres mendigos se recojan de noche y se les dé para que no padezcan mayor daño. Y allí, con lo que pueda, la Hermandad los socorra para que puedan dormir y enjugarse si estuvieren mojados”.
     “Hospicio de pobres y peregrinos”, como llamaban a la Santa Caridad, hizo construir para ella una hermosa capilla, en la que dejaron obras maestras sus amigos Roldán, Valdés Leal y Murillo. Habiéndose desprendido de todos sus bienes, se quedó a vivir en una humilde celda de la Caridad, donde escribió su memorable Discurso de la verdad, y murió santamente el 9 de mayo de 1679. En el Libro nuevo de hermanos se anota lo siguiente: “Murió el día 9 de mayo de 1679 con grande opinión de santidad. Fue padre y restaurador de esta Hermandad. Está su venerable cuerpo debajo del presbiterio de esta santa iglesia de la Caridad, encima de la cual, en una losa, están recopiladas sus heroicas virtudes [...] No merecimos tanto bien. Viva eternamente en la feliz compañía de los Santos”. En los sevillanos quedó la memoria de Miguel Mañara como “limosnero de la ciudad, “varón justo”, “padre de los pobres y consuelo de los afligidos”.
     Se abrió su proceso de beatificación, que todavía sigue pendiente en Roma (Francisco Martín Hernández, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Gloria, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La calle Gloria, en detalle:
Azulejo plano turístico de Sevilla
Azulejo conmemorativo a Alejandro Collantes de Terán
Azulejo conmemorativo a Teresa Nadal Vigil

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