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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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miércoles, 21 de enero de 2026

Los principales monumentos (Dolmen, Castillo, Iglesia del Castillo, Ermita de los Remedios, Ermita de San Antonio, Ermita de los Santos mártires Aquila y Priscila, Ermita desaparecida de los mártires San Fabián y San Sebastián, y Casa Palacio del Intendente) de la localidad de Magacela, en la provincia de Badajoz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Dolmen, Castillo, Iglesia del Castillo, Ermita de los Remedios, Ermita de San Antonio, Ermita de los Santos mártires Aquila y Priscila, Ermita desaparecida de los mártires San Fabián y San Sebastián, y Casa Palacio del Intendente) de la localidad de Magacela, en la provincia de Badajoz.
     Se sitúa en el sector villanovense de la Serena, sobre la ladera de una escabrosa sierra cuarcítica que surge aislada entre las penillanuras, configurando de tal modo un asentamiento atípico en relación con el modelo característico del partido judicial.
     Sus excepcionales condiciones estratégicas hicieron de este enclave desde los tiempos más remotos punto muy favorable para el establecimiento de núcleos defensivos.
     Tipo de Entidad: Municipio
     Superficie Término: 75,8 Km2
     Altitud: 485 m.
     Distancia Capital: 125 Km.
     Partido Judicial: Villanueva de la Serena
     Comarca: La Serena
     Gentilicio: Magaceleño
Ayuntamiento de Magacela
     Avenida de la Constitución, 2
     06468 Magacela (Badajoz)
     Teléfono: 924853011
     Fax: 924853101
     Web: www.magacela.es
Historia.-
    Se sitúa en el sector villanovense de la Serena, sobre la ladera de una escabrosa sierra cuarcítica que surge aislada entre las penillanuras, configurando de tal modo un asentamiento atípico en relación con el modelo característico del Partido Judicial.
     Sus excepcionales condiciones estratégicas hicieron de este enclave desde los tiempos más remotos punto muy favorable para el establecimiento de núcleos defensivos. Así, a partir de una primera fortificación de origen celta, en esta cima se han erigido fortalezas romanas, árabes y cristianas.
     Respecto el topónimo, su origen trata de conectarse con el apelativo romano de Magna Cella (gran despensa) supuestamente aplicado al lugar por la riqueza cerealística de los territorios que domina. Con la misma circunstancia se relaciona también el nombre árabe de Unm Gazala (Casa Madre). Mejor documentada resulta la identificación con la colonia romana de Contosolia. Interpretaciones legendarias más pintorescas pretenden hacerlo derivar de la anécdota de la "amarga cena" del penúltimo Maestre de Alcántara, Alonso de Monroy, tras la cual su sobrino y alcaide del castillo lo encarceló y dio muerte.
     Debido a su excepcional ubicación la importancia histórica de la población resulta muy destacada. Así, tras ser ocupada a los árabes en el siglo XIII, Fernando III la entregó a la Orden de Alcántara a cambio de Trujillo. La institución estableció aquí su Casa Prioral, constituyéndose de tal modo en cabeza de toda la Serena. A finales del XV el Priorato se trasladó a Villanueva, iniciándose con ello la decadencia de Magacela (Diputación Provincial de Badajoz).
Monumentos.-
     El elemento más significado del lugar es el Foto: Vídeo formidable castillo que lo domina y a cuyo abrigo surgió la población. Se trata de una fortificación con triple recinto de piedra y hormigón en cuyos cimientos se aprecian los similares ciclópeos de la primitiva obra romana. Una poderosa torre del Homenaje, aljibes y otros restos, atestiguan la importancia de la obra. En ella se conservan también los restos de la antigua iglesia de Santa Ana, parroquia primitiva de Magacela, la cual se mantuvo en culto hasta que resultó incendiada en 1937, y del viejo cementerio.
     La población permaneció en el interior de la fortaleza hasta el siglo XIV, en que el caserío comenzó a descender por la ladera. Dada la escabrosidad del terreno, la disposición de las edificaciones sobre la fuerte pendiente constituye un prodigio de habilidad y pragmatismo. En la zona más alta las calles son tortuosas y con acusada cuesta, formando quiebros y desniveles donde abundan los rincones de gran pintoresquismo.
     Las calzadas dispuestas por delante de las viviendas, las portadas góticas y demás componentes, originan un panorama urbanístico de insuperable plasticismo. En ese ámbito se sitúan la Ermita de San Antonio, primitiva parroquia extramuros, el Hospital de Caridad, la cárcel vieja y la casa del Intendente de la Orden de Alcántara. En la parte baja se levantó hace unas décadas una nueva iglesia parroquial de estilo indefinible, con una torre cilíndrica fabricada con adoquines de granito, cuya artificial arquitectura resulta extraña al medio.
     Al pie de la población, ya en el llano, se sitúa la Ermita de los Remedios, iglesia del antiguo convento prioral alcantarino, erigido a finales del siglo XV por el Prior Cristóbal Bravo de Laguna, cuyo monumento funerario acoge. No lejos se conserva un magnífico dolmen.
     Aunque ha habido algunas modificaciones en el aspecto urbanístico, lo que aún se conserva del casco histórico hace de Magacela un conjunto inigualable cuya visita permite gozar de su configuración y rincones, y de las irrepetibles panorámicas que se dominan desde su atalaya. En 1993 la localidad fue declarada como Conjunto de Interés Histórico Artístico por la Junta de Extremadura (Diputación Provincial de Badajoz).

Dolmen.-

     El monumento megalítico de Magacela lo encontramos al nordeste del promontorio en el que se levantó la población, en la zona conocida como “Los Tejares”. No es complicado su acceso, ya que está situado a pocos metros del inicio del camino que nos lleva al santuario de Nuestra Señora de Los Remedios, patrona de la villa.
     A comienzos del siglo XX ya se tiene constancia de este sepulcro como parte del patrimonio prehistórico extremeño, inventariado en el Catálogo Monumental de la Provincia de Badajoz como “Dolmen de la cerca de Marzo”, con el número 523. En la memoria, señala el profesor Mélida que tal vez existió otro similar en el término de la localidad, citando como el médico de Magacela, en 1908, conocía otro monumento semejante en el cerro de Porras, pero que nunca lo llegó a encontrar.
     El monumento megalítico de Magacela se adscribe a la tipología de dólmenes de corredor o galería, que se caracterizan por estar formados en planta por una cámara y un pasillo adintelado de acceso a ésta. El término “megalítico” alude al enorme tamaño de las piedras que conforman estas primitivas estructuras arquitectónicas del neolítico y calcolítico peninsular. El único elemento que nos ha llegado del sepulcro es la cámara circular. Todo el pasillo o corredor ha desaparecido, si bien Mélida pudo fotografiarlo a principios de la centuria pasada. Las piedras u ortostatos de éste se dispersaron por el entorno. Algunos de estos monolitos los hemos encontrado en las cercanías, siendo parte de puentes o badenes de arroyos, y otros elementos arquitectónicos.
     Otro de los elementos ya desaparecidos es el túmulo de tierra, cubierta o bóveda que cerraba la cámara. El espacio circular que nos ha llegado es la celda mortuoria, si bien en otros dólmenes como éste se han encontrado enterramientos inclusive en el corredor, seguramente por saturación del espacio. También se construyeron cistas anejas a las cámaras principales de los dólmenes cuando las inhumaciones rebasaban el espacio.
     La cámara funeraria del de Magacela se compone de doce ortostatos de granito, estando, como hemos mencionado, o bien cerrada con una gran losa monolítica, varias placas y/o una falsa cúpula. Entre todos destacan por su altura los dos monolitos que indican la puerta de entrada, así como dos bloques recortados verticalmente en los márgenes y unidos entre sí formando una especie de ventana (ortostatos nº 3 y 4). Otro casi ha desaparecido, del que solo queda la base fracturada a no ser que fuese umbral de acceso a otra cámara o cista (ortostato nº 5).
     Se suele denominar a esta tipología de dolmen como "Tholos" con corredor, cuando la cámara sepulcral circular se resuelve mediante la construcción de una falsa bóveda por aproximación de hileras, si bien el término estrictamente alude a la forma en círculo, independientemente del acabado o cierre de la cámara, sea con una solución arquitectónica u otra (losa, losas y/o falsa cúpula). Para soportar el peso de la masa tumular, pudo tener un elemento central para sustentar el cierre, si bien no se conservan indicios.
     El túmulo es evidente que existió cubriendo todo el conjunto, la inclinación hacia dentro de las piedras o paredes de la cámara es testigo de las toneladas de tierra y piedras que soportó. Una más que posible alineación de anillos de piedra impediría su erosión, conformando una barrera arquitectónica antideslizamiento de toda la masa tumular.
     La altura media del conjunto de monolitos de la cámara es de 1,75 metros, mientras que la de los bloques de la entrada donde arrancaría el pasillo hacia el Este supera los 2 metros. La cámara funeraria tiene 5,10 metros de diámetro en el eje Este-Oeste, y unos 30 cms. menos en el eje Norte-Sur.
     Todos los ortostatos presentan un anverso (parte que mira al interior de la cámara) mucho más trabajado, liso y uniforme, siendo el reverso más tosco. El sepulcro mediría en su totalidad unos 14 metros de longitud (5 metros de diámetro de la cámara y 9 metros más del corredor), siendo los bloques del pasillo o corredor los más bajos.
     Un aspecto a destacar de esta construcción es la decoración que presentan los cinco ortostatos que se han marcado en la planta. Los motivos representados se han tratado en las ilustraciones que acompañan este texto. Los grabados de figuras antropomorfas (forma humana) o ramiforme (forma de rama, tronco con ramificaciones), zoomorfas (de animal), soliformes (forma de sol), serpentiforme (ondulación) y cazoletas (oquedades) son de difícil interpretación, como ocurre a la hora de dar un significado a las representaciones de la pintura rupestre esquemática. En ellas se ve la plasmación en la piedra de una realidad coligada a connotaciones culturales, religiosas y rituales enmarcadas en una realidad y espacio temporal determinado. La cotidianidad y paralelismo al conjunto de representaciones en monumentos similares y abrigos con pinturas, pese a su distancia geográfica, es otro paralelismo que presentan con el resto de representaciones rupestres.
     El dolmen se supone expoliado, no habiéndose encontrado restos arqueológicos en su interior por no conocerse excavación documentada, si bien se ha detectado alguna pieza en su entorno del periodo calcolítico clasificado como elemento funerario votivo.
     A falta de ajuar y restos encontrados in-situ para su estudio, por las similitudes con otros sepulcros megalíticos, tanto arquitectónicamente hablando como por su decoración, hay que datarlo dentro del periodo Neolítico Medio al Final y Calcolítico. El dolmen de Granja de Toriñuelo (Jerez de los Caballeros) o el de Azután (Toledo), que es sin duda su más semejante, dan testimonio de ello. Las representaciones esquemáticas, sobre todo la del ramiforme ocupando una ubicación semejante a la del de este último, y el sol como el de Toriñuelo -también lo encontramos en un abrigo de la sierra de Magacela- nos hablan de ideologías semejantes a pesar de ser comunidades ligeramente distanciadas espacialmente, aunque en continuo contacto cultural. Todo ello pone de manifiesto culturas en contacto intelectual e ideológico del IV - III milenio a. C., no descartando un uso continuo y posterior del conjunto, llegándose a utilizar como zona de enterramientos hasta el segundo milenio antes de nuestra era (Ayuntamiento de Magacela).

Castillo-Fortaleza.-
     Enclavada en la cima del cerro en que se asienta el pueblo, son diversas las circunstancias históricas y sociales en las que se han desarrollado las fases constructivas y de ampliación de la fortaleza.
     Desde los orígenes de la obra militar ciclópea, algunos autores defienden la hipótesis de que las tropas de Viriato se hicieron fuertes en Magacela, dominando desde sus muros todo posible movimiento y aproximación de las tropas romanas hasta que en el siglo II a. C tomaron la plaza y el dominio del vasto territorio que desde allí se controla. Pero nada de esto está corroborado científicamente, y sí que las estructuras defensivas sondeadas responden a un oppidum republicano, similar a los de Nertobriga y Seria, de la Beturia Céltica, y Mirobriga, Lacimurga y Hornachuelos, de la Túrdula. No se han hallado niveles prerromanos definitorios, y sí de una evidencia fundacional de mediados del siglo II a. C. manifestados por importaciones campanienses, mostrando más afinidades crono-estratigráficas con Hornachuelos, en Ribera del Fresno, tal vez la Fornacis citada por Ptolomeo. Podemos afirmar pues, que la fundación militar de Magacela es plenamente romano-republicana, en su fase tardía.
     En la etapa de ocupación musulmana, que gracias a las referencias literarias de Bakrí y Yaqut en los siglos XI y XIII respectivamente, sabemos de la ya existencia del castillo beréber de “Umm Gazala”, los árabes arman la fortaleza y defienden cada metro de su territorio, levantando una plaza inexpugnable al enemigo.
     Será en tiempos de ocupación almohade cuando la plaza adquiera cierta relevancia, construyéndose en esta época la mayoría de los elementos defensivos que nos han llegado del castillo.
     Con la reconquista cristiana, y tras la toma de la plaza definitiva en 1234, la raza guerrera y el clima físico-bélico se va disipando poco a poco, pues una etapa de cierta estabilidad bélica y un cambio de mentalidad de los nuevos ocupantes de la fortaleza, contribuyen a ello. Con los nuevos moradores, continúa el carácter militar en sus obras, aunque poco a poco, los elementos residenciales se van abriendo paso en detrimento de lo fuerte, factor que se ve acentuado sobre todo en época moderna. No obstante, nunca dejaron de otorgar elementos defensivos a la fortaleza en vista de posibles conflictos bélicos venideros.
     Es importante señalar que tras la reconquista, ya ocupada la fortaleza por los cristianos, siguió viviendo un gran número de musulmanes junto a éstos, por lo que, como veremos, la mano de alarifes de origen musulmán queda patente en determinadas zonas del castillo.
     La edificación se adapta totalmente a las condiciones topográficas del terreno y domina a la población desde lo más alto del cerro. Su fábrica, compuesta por ladrillo y mampostería en su mayor parte deja al granito algo de protagonismo en parte de sus muros como ángulos y basamentos de torres, en los que parece que las piezas han sido reutilizadas de otras construcciones anteriores.
     El perímetro fortificado del castillo abarca la máxima superficie que permite el desnivel de la alargada cresta rocosa en que se asienta. De este modo, ocupando una extensión de más de 250 metros por 65 metros de anchura en algunas partes, los muros se levantan a desigual altura, acondicionados por la irregularidad de las cotas orográficas que marca el terreno.
     Consta esta fortaleza de tres cuerpos o recintos; el llamado primer recinto, en la parte más oriental, en sus orígenes tuvo que albergar un importante número de población; el segundo, inmediato al primero y más a poniente, es de dimensiones mucho más reducidas que éste; por último, en la parte más occidental, se encuentra el cuerpo principal del castillo, que fue centro administrativo y funcional de la fortaleza.
     La puerta de entrada a la fortaleza se encuentra en la parte media de una torre cuadrada, se llega a ésta mediante una calzada en rampa que provoca un gran desnivel y hace perder a la torre mucha de la altura levantada. La torre debió de ser construida en los años finales del siglo XII. Es conocida esta puerta en la población con el nombre de “Puerta de San Pedro” o "Torre de las Campanas" por haber albergado la imagen del Santo en una hornacina que aún se conserva. En su terraza, de pavimento de ladrillo y accesible desde las escaleras que arrancan del anden, se conservan aún tres merlones con sus saeteras que más tarde se habilitaron para poner las campanas de llamada al culto del templo parroquial que alberga la fortaleza, de ahí su segunda denominación.
     Poco más adelante, una coracha corre ladera abajo del cerro desplazándose unos 35 metros. De ésta no queda prácticamente nada más que el arranque de los cimientos que aún afloran en el suelo. En el lienzo de la fortaleza contiguo a esta coracha, se puede ver la tipología ciclópea de la fábrica tardo-republicana romana en su parte inferior, así como los diferentes estratos sobrepuestos formando aparejos de distinta cronología y artífices.
     Ya en muros del segundo recinto, nos encontramos con una torre maciza de tapial y argamasa, forrada con mampostería que el tiempo ha hecho que se pierda casi en su totalidad. Es esta torre otra huella defensiva almohade y a su lado se encontraba la segunda puerta de la fortaleza, formada con arco de piedra labrada, hoy un gran vano circular: «... y a la parte de tramontana esta una portada de una arco de piedra labrada con una calçada que ssale al campo y no tiene puertas la dicha portada ...».
     Unos metros distante, destaca el tercer cuerpo o cuerpo principal de la fortaleza, cuyo elemento más destacado es la torre poligonal o del Homenaje.
     El lienzo meridional no presenta tanta complejidad. Mélida ve la inutilidad de hacer torres defensivas, ya que el terreno, mucho más inclinado que la zona septentrional, se encarga de cumplir su función defensiva. Actualmente, este muro ha desaparecido prácticamente, pero tenemos referencias documentales que pueden ayudar a reconstruirlo en parte.
     El lienzo de muralla de levante se construyó mediante enormes bloques de cuarcita siguiendo la tipología ciclópea romana republicana del sigo II a. C. El enorme tamaño de los bloques de piedra hace pensar que se arrancaron de los canchales más altos de la arista de la sierra, y se desplazaron, siempre en línea descendente, hacía su ubicación actual.
     En cuanto al interior de los distintos recintos de la fortaleza, cabe señalar como elementos relevantes los siguientes:
     El primer cuerpo del castillo conserva en su interior dos aljibes, la antigua iglesia Parroquial ubicada en lo más elevado del terreno, un cementerio situado en lo que abarcaría el antiguo patio de armas, además de todo el conjunto de espacios abovedados hundidos que forman un montón de ruinas de difícil interpretación. Uno de los dos aljibes se encuentra inmediato a la entrada en recodo, quedando ligeramente a nuestra izquierda, a pocos metros de haber efectuado el ingreso en el interior del castillo. De éste, sólo se conserva el vaso, muy profundo y excavado en la roca; encontrándose la bóveda a nivel del suelo y apreciándose el arranque de medio cañón y las placas de cuarcita que la formaban dispuestas perpendicularmente a su centro. El otro aljibe está ubicado entre el muro septentrional de la fortaleza y el del cementerio de este primer recinto. Por lo que se puede apreciar, la construcción era de mampostería con bóveda ligeramente apuntada.
     Al segundo recinto de la fortaleza, de unos 50 metros de longitud, accedemos desde el interior del primer cuerpo tras pasar el hueco en el que antes había una portada y dejando atrás dos cubos semicilíndricos defensivos que estaban unidos por un muro como documenta Alonso de Villarroel en el siglo XVII.
     En este segundo cuerpo se conservan dos aljibes, uno excavado en la roca y el otro data como construcción cristiana de mampostería con bóveda de cañón de ladrillo algo apuntada.
     En la parte occidental del conjunto defensivo, alejado, y siguiendo la tipología musulmana de situar distantes los palacios administradores y dependencias del Alcaide moro, se encuentra el denominado cuerpo principal que debió ser el alcázar de la fortaleza durante el dominio musulmán, centro primario, administrativo y económico, motor de todas las actividades de la comunidad. Este elemento constará de una mayor complejidad artística y urbanística que el resto de las partes ya estudiadas. Su situación viene a confirmar unas pautas estratégicas, ya que para acceder a él hay que salvar otros dos recintos defensivos más vulnerables.
     Actualmente se encuentra en ruinas, pero gracias a las trazas que Diego Martín hizo con motivo de unas obras en 1615, lo podemos reconstruir en parte. Estas fueron sacadas a la luz por el profesor Navareño del Archivo Histórico Nacional y muestran las dependencias a comienzos del siglo XVII. Las excavaciones de los últimos años en esta parte, han sacado a la luz todo lo que recoge el campanariense Diego Martín en 1615 con motivo de las obras de reparación y que pasamos a detallar.
     Al lado de la torre del Homenaje, adosadas al muro de levante, se encontraban dos dependencias seguidas: una era el pajar o gallinero mencionado, y la otra, más al sur, tahona para el pan. Contiguos al muro meridional se sucedían: un recinto utilizado como panera, caballerizas con piso arriba y una dependencia con horno. A poniente encontrábamos una sala con chimenea de campana en un extremo y una alacena en el otro.
     Las dependencias de los flancos septentrional, meridional y de poniente, rodeaban a un patio o plaza central que al parecer estaba algo elevado.
     Es curioso indicar como en el solar de la tahona, donde Diego Martín dibuja en sus trazas una columna central para la subjección de la techumbre, ha resultado que esta era un menhir prehistórico reutilizado como soporte. Presentaba este elemento cazoletas grabadas por toda su superficie.
     La Torre del Homenaje, datada a finales del siglo XII, tiene ocho caras y planta irregular, presentando en la parte media inferior una más por haberse achaflanado una de las que miran al norte. Así, se ha creado otro vértice en la parte inferior que se ha solucionado mediante una pequeña bóveda de ladrillo en saledizo. Es esta torre de mampostería con ladrillos en los ángulos, actualmente maciza, rellena de barro y argamasa y fue construida en fechas similares a las antes comentadas de entrada en recodo y tapial.
     La tipología de esta torre es similar a las denominadas “Torre Redonda” y “mocha” de Cáceres o a la de “Espantaperros” de Badajoz, todas de tapial y del mismo periodo almohade que esta de Magacela.
     En la Edad Moderna encontramos documentadas varias intervenciones en el castillo estudiadas por el profesor don Antonio Navareño Mateos y recogidas también por Alonso Gutiérrez Ayuso en su Tesis de Licenciatura ya publicada.
     Entre 1522 y 1534 se gasta con motivo de unas obras la cantidad de 83.514 maravedís. De estas obras se desconoce el lugar exacto donde fue realizada, siendo importante el señalarla pues denota en fechas tempranas la necesidad de acometer posibles reparaciones o ampliaciones.
     A  finales de este siglo XVI también se efectúan intervenciones. En 1583 el Alcaide don Juan Alonso de Castilla solicita obras de reparación en la fortaleza. La respuesta de la Real Provisión de Felipe II, fechada en Madrid 18 de enero de 1584, pide al Gobernador del Partido de la Serena que acompañado con los maestros adecuados, se desplace al castillo para tasar las intervenciones necesarias en lo fuerte y en los encasamientos.
     Este Gobernador, Duarte de Acuña, llama a tasar y redactar las condiciones de las obras a Juan Mateos, Alonso Esteban y Pedro Sánchez, todos de Villanueva de la Serena y maestros de albañilería y cantería.
     A primeros de 1587 debió rematarse la obra estando a cargo el cantero Juan de Orellana, quien, en una carta registrada en Madrid el 13 de febrero de ese mismo año, declara que se había rematado el conjunto de la obra en un total de 300.000 maravedís para lo fuerte y unos 50.000 para los encasamientos, solicitando además la primera paga.
     Ya en el siglo XVII, Gaspar López, Maestro Mayor de la Orden, en un informe fechado el 20 de diciembre de 1609 en La Coronada, informa del estado de deterioro de la fortaleza y del coste de las reparaciones. Se encargarán de informar de los desperfectos dos vecinos de Campanario, Diego Martín “El Viejo” y Diego Martín “El Mozo” -padre e hijo-, maestros de cantería y nombrados para el trabajo el día 5 de agosto del mismo año.
     Antes de ser Alcaide don Juan de Ynestrosa, se había invertido la cantidad de 126.399 maravedís en distintas obras de encasamiento con motivo de inauguración de cargo.
     El castillo era centro neurálgico de la administración y sede del poder desde su construcción. En 1504 y perteneciendo a la Mesa Maestral, se abastecía y recibía la cantidad de 86.667 maravedís para necesidades. Bien avanzado el siglo XVI, se hace mención de un importante arsenal en la fortaleza, coso rara en las demás plazas de la Orden, que, en el «caso de aparecer armamento se declara como viejo, anticuado y escaso». Con motivo de la toma del cargo de Alcaide por Juan de Ynestrosa, se hace una relación del armamento existente desde que fue mandatario de la Alcaidía Juan de Castilla, en 1584, y de las piezas que fueron recibiendo sus sucesores como Cosme de Meneses.
     El armamento de defensa de la población magacelense es abundante a pesar de que parte de éste y de otro material fuera entregado a algunos Alcaides en los años finales del siglo XVI. En el primer cuarto del siglo XVIII aun se está haciendo recuento del mismo.
     A finales del siglo XVIII, la Alcaidía del ya arruinado castillo se adjudica al juzgado de iglesias de la Orden. En esta fecha es el Prior D. Manuel Feliciano de Silva y Pantoja la cabeza del Priorato de Magacela, aunque dirigido desde Villanueva de La Serena (Ayuntamiento de Magacela).

Iglesia del Castillo.-
     Por la ubicación de este templo, que se encuentra en el lado más meridional y elevado del primer recinto del castillo, hace pensar que fue levantado en el solar la antigua Mezquita musulmana, necesaria en una plaza almohade de tal importancia y con el supuesto elevado número de población que albergaba su recinto.
     No estaría de más destacar que las últimas investigaciones sobre este templo, según varios parámetros analizados tras las obras de reconstrucción, limpieza, y excavación del cementerio medieval que lo rodeaba en su parte meridional, apuntan con seguridad a que el templo conseva paramentos de la mezquita musulmana, reformada y ampliada posteriormente tras la reconquista. Así lo afirma Gutiérrez Ayuso tras analizar la caja de muros primitiva y la misma cimentación del templo en varias partes desescombradas, así como su técnica constructiva y materiales.
     Bajo la advocación de Nuestra Señora, posteriormente de Santa Ana, Frey Ruy Vázquez, que fue maestre desde 1316 a 1318 y de su sucesor al maestrazgo, Suero Pérez Maldonado, había recibido de por vida la Encomienda de Magacela, fundó la parroquia y reorganizó la vida religiosa en la villa construyendo este templo. Ya figura en 1298 como comendador de Magacela, volviéndosele a dar la plaza tras destituirle del cargo de maestre «porque había sido muchos años Comendador de Magacela, y se hallaba alli bien». Debió morir en 1335, que es cuando figura por última vez con el título, sucediéndolo Alvar Pérez.
     De la fundación, al menos como institución eclesiástica, se tiene constancia desde el año 1237, tal y como figura en un documento de esa fecha; cuando el Papa Gregorio IX ordena a dos abades y al arcediano de Olmedo, de la Diócesis de Ávila, convocar al arzobispo de Toledo y al Maestre de Alcántara para que resuelvan entre ambas partes un conflicto acaecido entre ellos sobre diezmos, derechos episcopales, procuraciones y otros asuntos referentes a esta iglesia: «Venerabilis frater noster Toletanus archiepiscopus nobis conquerendo mostravit quod magister Alcantere, ordinis Calatravensis, Cauriensis diocesis, super ecclesiis de Magazella, procurationibus ratione visitationis sibi debitis et aliis iuribus episcopalibus, decimis et rebus aliis inviciantur eisdem...».
     El monumento es de planta única rectangular con tres cajas de muros adosadas formando capillas, dos de éstas al muro de la Epístola y otro cubo a los pies que son claro testimonio de añadidos a lo largo del tiempo debidos a causas diversas. El edificio casi en su totalidad se construyó con mampostería y ladrillo, relegando la piedra de granito labrada a contrafuertes exteriores, el arco toral y los nervios de la bóveda del altar mayor.
     La cubierta era de madera, hoy repuesta de nuevo, señalándose en el segundo cuarto del siglo XVIII que había sido sustituida por una nueva, y de la que en 1950 se informa que se había desplomado parte de ella; sobre ésta, arcos diafragma sustentaban el tejado a dos vertientes que aún se puede apreciar en fotografías de esa última fecha referida.
     La cabecera, cubierta con bóveda de ladrillo y nervadura de crucería, pone de manifiesto una más que significativa modificación de la fábrica original, una ampliación del templo llevada a cabo entre 1563 y 1584 como ya informa Alonso Gutiérrez. "La solicitud de obras llega al Consejo de Órdenes, y tras las pertinentes diligencias, fue aprobado en 8 de octubre de 1562 que, de las rentas de yervas del partido de La Serena, se entregaran 600 ducados (225.000 maravedís) al prior de Magacela para «acreçentar y ensanchar la yglesia de la villa de Magazela», término que tuvo efecto con la recepción del dinero en 30 de abril de 1563". El encargado de la obra es Duarte Muñoz, que en la última semana de agosto de 1567 asienta la obra y se concluyen los trabajos en teoría. Pero la construcción de la capilla mayor debió quedarse en la caja de muros, pues nada se menciona de la cubierta y abovedamiento. En este estado permaneció el edificio una década, coincidiendo con los peores años económicos de la Monarquía. En 1578 se ordena que se ha de «...continuar y acabar la dicha obra y cubrir la dicha capilla conforme a la dicha tassacion que della esta fecha...». La visita de Rodríguez de Ledesma a la iglesia se produjo hacia 1584, y la continuación de la obra se remata después de ésta, tal vez tarde por haberse demorado el pago de los 853 ducados y medio del coste de la intervención. En 1585, fecha en la que ya se solicita el retablo para el altar mayor, está terminada la obra. El retablo fue finalmente realizado por Juan Sánchez Contreras, vecino de Mérida, en el año 1592 tras habérsele adjudicado el proyecto por un total de 330 ducados según consta en el libramiento de Felipe II fechado en San Lorenzo el Real el 25 de marzo de 1589.
     Coronando el retablo, insertados en la pared había dos escudos de granito. El más vistoso y central representa las armas de Felipe II antes de la anexión con Portugal, anterior a 1581. El otro es del Prior de Magacela Frey don Francisco Rol de Acosta, del que aparece documentación al frente del Priorato desde 1552 hasta 1584. Naranjo Alonso señala que fue éste «el Prior que tuvo Magacela en la fecha de su paso por este territorio del Rey don Felipe II para la guerra de Anexión del trono de Portugal».
     El arco toral inmediato al altar es, como ya hemos señalado, a diferencia de los demás de «ladrillo y cal», de cantería de granito, y sabemos que estaba decorado con cinco cruces. La bóveda del altar persiste gracias a la solidez de los aparejos graníticos que componen los nervios que descansan sobre robustas ménsulas en cada esquina y que a su vez distribuyen el peso a unos sólidos contrafuertes exteriores.
     En el lado de la Epístola de este altar mayor se encuentra la sacristía del templo, siendo a su vez uno de los tres cubos adosados ya mencionados. Es de bóveda de aristas, solada de baldosas, con hornacinas en los muros laterales y una ventana al mediodía. En este mismo lado de la Epístola, en el tramo de nave inmediato al arco toral, hay otra capilla cubierta con bóveda de dos tramos, una de cañón separada de otra de aristas por un arco fajón. En el segundo cuarto del siglo XVIII recibía el nombre de “Capilla del Santísimo Cristo de Afligidos” por contener la talla de un Cristo crucificado. Al fondo de ésta se conserva el poyo de piedra a modo de Altar y que debió ser soporte de la imagen o retablo. En los muros laterales aún se pueden apreciar entre las numerosas capas de cal los restos de pintura que la decoraban. Además, sabemos que dicha capilla fue construida con la limosna de los vecinos de la villa, citándose como nueva en 1742.
     El último de los cuerpos añadidos a la planta del templo está situado a los pies de éste, y justo debajo de la desaparecida tribuna. Se trata de una capilla con bóveda de medio cañón y solado de baldosas destinada a cumplir la función de baptisterio.
     La tribuna, de madera de pino, se sustentaba mediante una columna «de piedra de canteria» y se subía a ella por una escalera de piedra.
     Las puertas de entrada, abiertas en ambos muros del Evangelio y de la Epístola, son dos interesantes portadas mudéjares de ladrillo, según Pilar Mogollón, construidas en el siglo XV, pero la lectura estratigráfica mural de la nave principal indica que son contemporáneas a la "obra antigua" y primitiva de la iglesia. Éstas estaban coronadas por esculturas de leones, dos en la del muro del Evangelio y una en la de la Epístola. En la portada del muro septentrional o del Evangelio aún se ven los huecos que dejaron al extraerse. La puerta meridional todavía conserva el único león que corona el estribo semicilíndrico de ladrillo del lado izquierdo de la portada.
     La portada norte está compuesta por un arco de medio punto sobre el que corre en su parte superior una banda de ladrillos en esquinilla. Inmediatamente encima de ésta, se desarrollan una serie de canes escalonados sobre los que va una moldura estrecha en saledizo. Dos pequeños estribos, a modo de pilastras, la limitan lateralmente.
     La segunda puerta, que se abre en el  muro de la Epístola, es muy similar. Está formada por un arco de medio punto que apoya sobre pilastras rematadas en impostas. En su parte superior corre horizontalmente una franja decorativa de ladrillos en dientes de sierra. Está limitada en su lado derecho por el muro de la capilla inmediata que sobresale en su exterior y en el lado izquierdo por un pequeño estribo semicilíndrico coronado por la figura de león realizada en granito.  
     La descripción del templo en 1742 nos pone de manifiesto, que al ser pequeño el edificio, había algunas dependencias anejas a la iglesia para suplir problemas de espacio. Sabemos que la ornamentación del templo se componía notable decoración esgrafiada del siglo XVIII a base de volutas y motivos vegetales neoclásicos. Las rejas de sus vanos, con remate forjado en alcachofas, eran características y muy representativas de la rejería del siglo XVII. De las tres que se documentaban en 1950, se conservaban todas hasta hace poco, ya que hace algunos años alguien arrancó la de la ventana de la sacristía.
     Esteban R. Amaya, Jiménez Navarro y Fernández Oxea explican las fases constructivas del templo de la manera que sigue, confirmada tras las últimas intervenciones en el templo. Según éstos, en un principio se siguen utilizando las cajas de muros de la antigua mezquita habilitadas al culto cristiano hasta que a comienzos del siglo XVI los caballeros de la Orden de Alcántara acometieron su ampliación, «respetando la disposición anterior y recubriendo con obra moderna la primitiva estructura, utilizando ... mano de obra mudéjar».
     Hasta hace poco, y gracias a unas obras de reconstrucción, la iglesia se encontraba en un estado de ruina lamentable; situación que se venía agravando desde de hace unos cincuenta años, cuando ya se denunciaba su mal estado a pesar de que estaba prácticamente completa.
     De los dos retablos Mayores que constan documentalmente, el primero que presidió el Altar Mayor, según hemos podido saber gracias a la descripción del visitador don Diego de Sandoval y Pacheco y analizada por Gutiérrez Ayuso, era de tres cuerpos e igual número de calles. Conocemos más detalles gracias las trazas del retablo renacentista sacadas a la luz por el mismo Gutiérrez Ayuso y Martín Nieto en un estudio, sabiendo el coste total de la obra, proceso de ejecución y autoría. Se talló según modelo presentado por el maestro pintor residente en Campanario Juan Bautista, discípulo desconocido de Luis de Morales y el campanariense Alonso de Valdivia, ensamblador, en 1588. El retablo fue finalmente realizado por Juan Sánchez Contreras, pintor y escultor vecino de Mérida, en el año 1592. Se le adjudica el proyecto tras pujar con los dos artistas que presentan las trazas y ganarles como mejor postor por un total de 330 ducados (123.750 maravedís) según consta en el libramiento de Felipe II fechado en San Lorenzo el Real el 25 de marzo de 1589. Todo esto pese a que el Prior de Magacela, Frey Don Juan de Grijota, quería a Juan Bautista como pintor por no fiarse de las cualidades artísticas de Sánchez Contreras: «...dixo que por quanto el dicho Juan Sanchez de Contreras no hes conoçido en este partido, que en quanto a la madera e talla se le admite la postura, y en cuanto a la pintura no, por no ser conoçido en su arte, porque a personas ay que se les a de dar dinero porque pinten y a ottros porque no pinten, porque estan muchos retablos en este partido perdidos por darse a personas que no tienen la sufiçiençia en su arte que conviene, y hesto rrespondió y que Juan Bautista que tiene la dicha hobra, hiço los rretablos del convento de Alcantara y ottros muchos para el Obispo de Coria, y en aquel Obispado, e todos con mucha satisfaçion y an pasado por de mano de Morales con pintarlos el dicho Juan Bautista, aviendolos pintado y debuxado el dicho Juan Bautista, y porque su Magestad dé los quattroçientos ducados para haçer el dicho retablo, pintura y talla, conviene a su rreal serviçio que se dé a personas que sean buenos ofiçiales, e que no pidan cada dia rreparos para el dicho rretablo y lo firmó ... ». (A. Gutiérrez Ayuso y D. Á. Martín Nieto: La iglesia del castillo de Magacela. Un proyecto de retablo de Juan Bautista, discípulo desconocido de Luis de Morales. Badajoz, 2004).
     Avanzando en el tiempo, el nuevo retablo que se describe en 1742 se aparta estilísticamente del anterior, al que sustituyó con toda seguridad sin haber habido otra obra intermedia como apunta A. Gutiérrez.
     Entre los objetos litúrgicos y ornamentos de la Parroquia, en los años 30 del siglo XVII se documentan numerosas piezas que se relacionan en la obra antes citada, así como un detallado proceso de necesidades ornamentales y obras de acondicionamiento y ampliación del templo.
     Mención especial merece la pila bautismal, que se conserva en el baptisterio de la nueva parroquial de Santa Ana, obra labrada de finales del XV según este autor citado (Ayuntamiento de Magacela).

Ermita de Los Remedios.-

     En los terrenos más llanos cerca de las nombradas huertas, el Prior don Cristóbal Bravo de Laguna rehabilitó este templo en los primeros años del siglo XVI.
     Fue iglesia del viejo convento prioral de la Orden de Alcántara, ya completamente desaparecido, y contiguo también se encontraba el antiguo palacio prioral. Está constatado que la ermita fue por el Prior «...reedificada y aderezada, como si hubiera estado a punto de arruinarse, ...».
     Con el fin de que no le faltara el culto y reparaciones, en 1527 doña Leonor de Torres, vecina de Sevilla y persona de gran poder económico, faculta en su testamento a Cristóbal Bravo de Laguna para que instituya dos Capellanías «bajo el patronato del Prior que es o fuese de Magacela, con ciertas cargas de misas y oficios en la ermita de Nuestra Señora de los Remedios de Magacela, ...».
     Es un edificio construido en su mayor parte de mampostería y hormigón con contrafuertes de ladrillo en la nave y de cantería en la cabecera. El templo destaca por su belleza arquitectónica, con atrio delantero que se compone de un arco central ojival flanqueado por otros dos carpaneles, balaustrada y rematado en altura con pequeña espadaña. Éste, sabemos que en origen estaba cubierto por «quartones de pino ... y encima vano y teja ... enladrillado y la parte de la puerta esta un poyo de ladrillo y cal».
     En origen, la cubierta de la nave, montada sobre dos arcos de ladrillo, era de vigas de madera de pino y encina, barro y teja encima. En la actualidad, toda ella está muy remozada y el enlucido y enjalbegado tanto interno como externo, no nos permite apreciar detalles constructivos; si bien podemos decir que la antigua cubierta de madera fue sustituida por bóvedas de arista en cada uno de sus tramos.
     De la primitiva obra, por lo que podemos apreciar, lo menos modificado es la cabecera, de mampostería, cubierta con bóveda de crucería y de mayor altura que la nave rectangular de la ermita. Su aspecto exterior, enfoscado con mortero, sin encalar y con sillares simulados mediante esgrafiados, es atractivo gracias a unos interesantes arbotantes de sillería en cada esquina que fueron construidos «porque hizieron sentirse e se abrieron las paredes della y fue necesario hazerselos dichos tanto para sustentar la dicha capilla ...».
     Sobre uno de estos arbotantes había construida una torrecilla en la que se puso una campana para llamar a misa, siendo entonces dos las que había en la ermita en el siglo XVII.
     En el interior, a la derecha de la entrada, se dice en 1634 que estaba la pila de agua bendita que aún se conserva embutida en el primer estribo del muro de la Epístola. Es ésta de mármol, labrada a forma de una venera con cuatro cabezas de leones.
     En el muro del Evangelio y también inmediato al arco toral, había otro altar y un retablo de ocho tablas de madera de pino con San Benito y San Bernardo pintados, así como sus candeleros de azófar y frontal. En este muro también había una pequeña puerta de ladrillo con las hojas de madera de pino, cerrojo, cerradura y llave; de ésta, aunque tapiada, se puede observar parte de su arco de medio punto desde el exterior, pues se conserva en medio de los contrafuertes del segundo tramo de la nave de la ermita.
     Investigaciones recientes, como la Tesis de Licenciatura desarrollada en el Departamento de Historia del Arte de La Universidad de Extremadura por Alonso Gutiérrez Ayuso, ha desvelado cómo era el retablo renacentista de la ermita, así como la nómina de ornamentos para la liturgia que ésta poseía.
     En 1669 el Prior Frey Luis Velázquez y Zúñiga realiza el trono para el sagrario, aparecido tras la rehabilitación del actual retablo. Se encuentra en perfecto estado, conservando la viva policromía que lo decoraba. Sobre el poyo de piedra, en el frontal superior, una cartela ovalada de fondo blanco con marco dorado rematado en los extremos con dos flores de lis en la parte superior y otras tantas en la inferior, se encuentra flanqueada a ambos lados por un par de escudos de color verde. Todos estos elementos en relieve se enmarcan en tres rectángulos, de fondo terroso en los laterales y verde en el central. La inscripción está grabada y pintada de dorado en los escudos y de color negro en la cartela.
     Bajo un arco construido para este fin, se encuentra el sepulcro de Prior Frey Cristóbal Bravo de Laguna. Su estatua yacente, algo tosca en ejecución, y ropas sacerdotales, fue esculpida en mármol sobre un sarcófago con letras capitales romanas grabadas dentro de un marco y antes situado en medio del templo. Este es el epígrafe funerario que podemos leer: 
A QI^IAZE^ELMVI^R^D^SEÑOR^DON^FREI^
XTOVAL^bRAVOPRIOR^QVEFVE^DEMAGA
ZELA^CANONIGO^ENLA^SANCTAIGLESIA^DE
SEVILLA^ELQVALEDIFICOESTESANTOTEMPLO F
ALLESIOENSIVILLA^A^Z 8DE MARCO ANO DE
1 ·5·2 8·XTOVA LbRAVODELAGVNASPRIOR
     A la izquierda de este sepulcro, por una puerta accedemos a unas dependencias con bóvedas de arista que hacen la función de sacristía. Exteriormente se muestra como un cuerpo adosado a la fábrica original con dos vanos a modo de aspilleras para iluminarse. Además de la información sobre el promotor de la obra que nos ofrece el escudo del frontón, dos bloques con inscripciones alusivas en las dos pilastras laterales se encargan de aclararnos que fue su constructor el Prior don Nicolás Barrantes Arias en los años 20 del siglo XVII.
POR MDD LS. FREY
DNICOLAS BARNTS
ARYAS P R Y OR
DE M AGAZELA
SE HYÇO ESTA
OBRA Y PORTADA
AONRADENVESTRA
S · AÑO D 1620
     Han sido numerosas las obras de acondicionamiento e intervenciones realizadas en el edificio, todas ellas desveladas por A. Gutiérrez Ayuso gracias a la documentación depositada en el Archivo Histórico Nacional de Madrid (Ayuntamiento de Magacela).

Ermita de San Antonio.-
     Se edificó esta pequeña ermita en el interior del pueblo sin grandes conocimientos arquitectónicos y con el claro objetivo funcional de cumplir una necesidad que se hacía cada vez más aguda: la de facilitar el acceso a los fieles a un templo de culto, pues la situación de la parroquial impedía a gran parte de los vecinos, sobre todos a los de mayor edad, la asistencia a las ceremonias litúrgicas. Esta ermita va a ser el enlace que encadene la construcción de la que es ahora la actual parroquial.
     Por su tamaño, ésta sólo cumplía la función de templo para un número muy reducido de fieles, por lo que la parroquial sigue ejerciendo una vez construida, será en el seiglo XIX cuando se habilite como parroquial aún ejerciendo el templo principal. Cuando la parroquial se arruina, esta pequeña ermita asume durante algún tiempo la totalidad de su trabajo hasta la construcción de la Nueva Parroquial de Santa Ana, que tomó el nombre del antiguo templo principal.
     A juzgar por las características de su arquitectura y situación dentro del tejido urbano, datábamos la obra en los años finales del siglo XV o en la primera mitad del siglo XVI. Siempre pensamos en una posterior remodelación puntual o añadido concreto, bien a finales del siglo XVII o principios del XVIII. Hipótesis que sustentábamos por la espadaña que no concordaba en estilo de las portadas de casas vecinas, y por tanto con el crecimiento lógico de la localidad. La datación resultaba complicada hasta que encontramos hace unos años un documento con la petición de Don Francisco Benito Calderón, presbítero de la villa y del Prior de Magacela, en noviembre de 1757, la necesidad de la construcción en la villa de una ermita para que pudiesen asistir a los divinos oficios las "personas achacosas" y, de este modo, ampliar los espacios de culto. El 22 de diciembre de ese año se otorga la licencia para su construcción: «... para que pueda fundar y fabricar la Hermita que solicita en la dicha Villla para el fin que expresa con tal que sea en los terminos que se propone y refiere en el Ynforme de dicho Prior...».
     El tejado a dos aguas, su espadaña -quizás algo más tardía- con cuatro pináculos y coronada por un frontón y una cruz, así como su reducida capacidad, resumen a grandes rasgos las características más significativas de este templo. La nave que configura casi la totalidad del edificio es de bóveda de medio cañón alargada sin arcos fajones que dividan espacios internos. A la altura del altar, un tragaluz rectangular se encarga de iluminar levemente la ermita; y a la misma altura, en el muro de la Epístola, por una puerta adintelada entramos en la sacristía del templo, de bóveda de aristas y un balcón al norte. El edificio se encuentra todo encalado tanto internamente como en su exterior (Ayuntamiento de Magacela).

Ermita de Los Santos Mártires San Aquila y Santa Priscila
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     El origen de la advocación de los Santos Aquila y Priscila como patronos de esta ermita está impregnado de leyenda y fantasía. Gracias a las referencias de Vicente Barrantes Moreno tenemos constancia de ello, pues su trabajo de recopilación bibliográfica recoge algunas citas del libro del que fue Prior de Magacela D. Diego Becerra de Valcárcel y en el que defendía que el matrimonio de Santos fue martirizado en esta villa.
     El Prior de Magacela a pesar de no haber conseguido su objetivo, aclamó en 1684 a estos mártires como patronos menores del Priorato en detrimento del patrono mayor San Benito. El culto a estos Mártires de origen romano en Magacela, es sin duda un caso singular como especifica Gutiérrez Ayuso, pues no es nada frecuente en la Península Ibérica.
     Se encuentran los restos de esta ermita a la derecha de la carretera dirección a la estación de ferrocarril, frente a la citada “Laguna de Los Santitos”. Sólo se conserva la caja de muros perimetrales de mampostería y la puerta adintelada con bloque de granito y jambas de este mismo material. Las esquinas de la construcción también están rematadas con sillares graníticos para dar consistencia al templo. Es de reducido tamaño, formando sus muros un cuadrado de algo más de seis metros de lado.
     El abandono y ruina de este edificio según Alonso Gutiérrez debió producirse a principios de siglo, llegando hoy en día al lamentable estado de conservación en que se encuentra (Ayuntamiento de Magacela).

Desaparecida Ermita de los Mártires San Fabián y San Sebastián.-
     Escasas son las fuentes documentales que hablan de este desaparecido templo, habiendo indagado en ellas Alonso Gutiérrez con motivo de su Tesis de Licenciatura. Hoy en día sólo nos queda el topónimo de la zona donde se encontraba la ermita.
     En el informe de la Real Provisión de Felipe II del año 1569 sacado a la luz por este investigador, se la sitúa en «...el arroio Jalero a la punta de la sierra como dos tiros de ballesta desta villa». Además, se indica que no estaba acabada de construir pues era pobre y contaba con escasos recursos para ser rematada: «...en la dicha ermita de los martiles esta empezada a hazer una capilla y no esta acabada por ser pobre la dicha ermita».
     Se decía en ella una misa el día de los mártires y hasta la fecha de 1569 no tenía cofradía.
     En la Memoria de Licenciatura antes referida se describe el edificio. Se indica que se encontraba a medio cuarto de legua de la villa, siendo su fábrica de mampostería con seis estribos de cantería labrada, el techo de madera y sus medidas eran de 12 varas de largo por 8 de ancho. El único Altar, que no levantaba más de cinco cuartas de altura y cuya longitud se establece en «dos Varas, y tercia de largo», soportaba las imágenes de San Fabián y San Sebastián.
     Resulta difícil precisar cuando desaparece el culto a los Mártires San Fabián y San Sebastián en Magacela, aunque podemos se deduce que fue entre los años centrales del siglo XVIII, pues la última referencia documental que se recoge en el trabajo antes referido es 1742 y ya en 1791 no se cita el templo (Ayuntamiento de Magacela).

Casa Palacio del Intendente.-
     La mal llamada pero conocida como "Casa del Intendente de la Orden de Alcántara", es una construcción del siglo XVI o principios del XVII situada en la parte baja de la que antes era la Calle Real, actual calle Hernán Cortés. Decimos "mal llamada" porque "El Intendente" como figura en si dentro del organigrama de la Orden de Alcántara es inexistente. Tal vez, suponemos, esta vivienda señorial fue usada por el alcaide de la fortaleza cuando los "encasamientos" quedaron inhabitables bien transcurrido el siglo XVII.
     Adosado en su parte izquierda a otra casa señorial de enormes dimensiones y de innegable interés, el edificio, que figura con el número 8, presenta un aceptable estado de conservación debido a que ha permanecido cerrado aún encontrándose desde hace tiempo deshabitado. Su fábrica es de mampostería y ladrillo, presenta una planta irregular y es una obra de un solo piso con doblado. No hace mucho ha sido reparada la techumbre.
     La fachada se presenta como un gran muro enjalbegado con dos vanos abiertos a uno y otro lado de la puerta principal, que a su vez se encuentra situada a la izquierda. Portada y vanos están enmarcados en granito mediante una estructura adintelada. Las ventanas, situadas asimétricamente respecto a la portada, se encuentran abiertas a desigual altura del nivel del suelo. Sobre todos ellos, en la parte superior de la fachada, tres pequeñas ventanas también adinteladas y de distinto tamaño, se encargan de iluminar levemente el doblado.
     La ventana del extremo derecho de la fachada, que aún conserva su reja, posee un poyo y guardapolvo asentado directamente sobre la roca. La de la parte izquierda, mucho más pequeña, se abre casi a la altura del poyo que se encuentra a este lado de la puerta; además, parece ser que hubo otro vano abierto entre ésta y el extremo de la fachada, pues como se puede adivinar, se aprecian indicios de que fue tapiado.
     La estructura interna destaca por la disposición de los habitáculos, desde un recibidor de acceso, se pasa a otras dependencias comunicadas entre sí a la izquierda, siendo necesario pasar por cada una de ellas para llegar a la última. A la derecha de este vestíbulo, al fondo, se encuentra una dependencia con chimenea, tal vez la cocina. 
     En su interior se conservan elementos decorativos en el zócalo de varias dependencias, esgrafiados de motivos geométricos y florales datados a finales del siglo XVI y principios del XVII. En la parte trasera del edificio se encuentran las cuadras destinadas al ganado y aparejos agrícolas, accesibles también por una puerta del servicio exterior en la parte más a la izquierda de la fachada. Destacan elementos como la chimenea de la cocina y varios pilones y abrevaderos de antigua e interesante factura (Ayuntamiento de Magacela).

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