Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Ortiz de Zúñiga, de Sevilla, dando un paseo por ella.
Hoy, 22 de enero, es el aniversario del nacimiento (10 de mayo de 1633) de Diego Ortiz de Zúñiga, historiador a quien está dedicada esta calle, de ahí que hoy sea el mejor día para ExplicArte la calle Ortiz de Zúñiga, de Sevilla, dando un paseo por ella.
La calle Ortiz de Zúñiga es, en el Callejero Sevillano, una calle que se encuentra en el Barrio de la Alfalfa, en el Distrito Casco Antiguo; y va de la confluencia de las calles Santillana y Cedaceros, a la plaza Cristo de Burgos.
La calle, desde el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en la población histórica y en los sectores urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las edificaciones colindantes entre si. En cambio, en los sectores de periferia donde predomina la edificación abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
De Santillana a la plaza del Buen Suceso era conocida a principios del s. XVI (1515-1517) como calle del Hospital del Yeso, por uno que allí había, y a finales de la misma centuria (1594) como calle de los Molinos del Yeso; sin embargo, en el s. XVII figura sin nominar, como la calle que va al Peladero (Pérez Galdós) o al Buen Suceso. A partir de 1713 se la nombra ya calle del Buen Suceso, por su proximidad a la iglesia y convento de igual advocación. Desde la plaza del Buen Suceso a la del Cristo de Burgos es rotulada, desde la fecha de su apertura (1854-55), con la denominación que hoy conserva, en memoria de Diego Ortiz de Zúñiga (1633-1680), veinticuatro y autor de Anales eclesiásticos y seculares de la Muy Noble y Muy Leal ciudad de Sevilla, metrópoli de la Andaluzía. En 1866 desparece el topónimo Buen Suceso, al extenderse Ortiz de Zúñiga hasta Santillana, pero simplificándose en Zúñiga; al año siguiente vuelve a recuperarse el apellido completo, sin que haya experimentado más alteraciones hasta la fecha. Según Santiago Montoto (1940), se llamó también Ejecutor Vega y Pico.
Es una calle de trazado irregular, acentuado por el distinto origen de sus tramos. Hasta mediados del s. XIX la calle terminaba a la altura de la plaza del Buen Suceso y la actual Morería; este tramo presenta un trazado rectilíneo en la acera de los pares, resultado de un proyecto de alineación de 1876; en cambio la de los impares conserva el trazado irregular y curvilíneo que ya se advierte en el plano de Olavide (1771). A raíz del derribo del cuartel de San Pedro y formación de la plaza del Cristo de Burgos (v.), se procedió a la reordenación urbanística de la zona, que entre otras actuaciones supuso la apertura del segundo tramo de Ortiz de Zúñiga entre 1854 y 1855; de ahí que éste sea completamente rectilíneo y más ancho, e incluso estaba previsto que tuviera una anchura de ocho varas, que finalmente se quedaron en seis. En 1897 se terminó de adoquinar y dos años más tarde se acordaba sustituir este sistema de pavimentación por otro de cemento; fue de nuevo adoquinado en 1913, sistema que conserva en la actualidad. En 1913 se construyeron aceras de asfalto y las que hoy posee, en desigual estado de conservación, son de losetas de cemento, en algunas partes reducidas al bordillo, al estrecharse la calle. La iluminación eléctrica fue introducida en la temprana fecha de 1913 y hoy se apoya sobre farolas con brazos de fundición adosados a las fachadas.
En la edificación predominan las casas de tres plantas, bien de escalera, de la segunda mitad de la pasada centuria, siendo las del segundo tramo coetáneas a la fecha de apertura de la calle, bien bloques de viviendas de las últimas décadas, que en algún caso alcanzan las cuatro plantas; esquina a Morería hay una casa unifamiliar de dos plantas, en cuya fachada hay un azulejo de la Virgen con el Niño. Las edificaciones más antiguas son las casas núm. 11 y 13, con un solo hueco en fachada y parcelas de reducidas dimensiones, la de mayor interés arquitectónico es la casa esquina a Pérez Galdós, obra modernista de José Espiau y Muñoz (1911-13). Ha sido calle de mucho tránsito, especialmente a partir de la apertura del segundo tramo, al poner en comunicación la plaza del Cristo de Burgos con la de la Alfalfa, razón por la que Álvarez-Benavides (1873) la considera vía de primer orden. Hoy posee una función eminentemente residencial; algunos de sus bajos se encuentran ocupados por comercios y negocios, destacando los que se sitúan en las esquinas con las otras calles; en el núm. 6 se encuentra una imprenta. Con todo, cuenta con varios locales comerciales cerrados, que dan idea de que se trata de una zona comercial en decadencia. Asimismo, goza de cierto ambiente nocturno de gente joven [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la Biografía de Diego Ortiz de Zúñiga, a quien está dedicada esta vía;
Diego Ortiz de Zúñiga. Sevilla (22 de enero de 1633 – 1680). Historiador, coleccionista y tracista.
Hijo del caballero de la Orden de Calatrava y veinticuatro de Sevilla Juan Ortiz de Zúñiga y de Leonor Luisa del Alcázar, este polifacético personaje alcanzó una notable importancia en la Sevilla del XVII. Con tan sólo siete años, sus padres solicitaron su ingreso en la Orden de Santiago y, después de verificadas las pruebas necesarias, se celebró la ceremonia en Sevilla en 1640. Su juventud transcurrió junto a sus padres, admirando la ya importante colección de pinturas y la interesante biblioteca conservada en el domicilio familiar, que heredó tras la muerte de su progenitor.
En su formación y su interés por la historia, fue pieza clave su tío José Maldonado y Saavedra, erudito, estudioso e investigador de antigüedades. Al cumplir los veinte años, a Diego Ortiz de Zúñiga se le concedió una plaza de veinticuatro en el Cabildo hispalense, por Cédula Real fechada en Madrid el 8 de septiembre de 1653, recogiéndose en los cabildos celebrados el 8 y 12 de agosto para tal efecto que en él “concurrían las cualidades necesarias para ser regidor de esta ciudad, por ser caballero hijodalgo, notorio de sangre y caballero de la orden de Santiago, hábil y suficiente para usar el dicho oficio”. En esos años de juventud, debió de escribir su novela aún inédita La Aurora, conservada en la Biblioteca Colombina de Sevilla, en la que cuenta los amores de Aurora y Alejandro, utilizando verso y prosa, lo pastoril y lo heroico.
En 1657, contrajo matrimonio con Ana María Antonia Caballero de Cabrera, hija de Diego Caballero de Cabrera y María Jerónima Caballero de Illescas. Fruto del matrimonio fueron cuatro hijos: Juan, Leonor, María Jerónima y Ana Josefa. En su casa solían celebrarse tertulias a las que asistían hombres versados en letras y artistas de reconocido prestigio en la época. En ella tenía una biblioteca que contenía mil ciento treinta y nueve libros de muy distinta materia y entre los que se encontraban Los Diez Libros de Architectura, de Leon Baptista Alberti (edición de 1582), un ejemplar de Pietro Cataneo Senese, I quatro primi libri de Architettura (Venecia, 1554) y otro de Sebastián Serlio en la edición de Villalpando (Toledo, 1563), amén de numerosas obras de literatura tanto en español como en latín y griego. Pero además de bibliófilo, Ortiz de Zúñiga era un importante coleccionista de pintura. Logró poseer ciento tres óleos de muy diversas épocas y temáticas, entre los que destacaban una Virgen del Rosario, un Niño Jesús dormido y su propio retrato, de Bartolomé Esteban Murillo, un Nacimiento de Jesús de Alonso Cano, una Virgen con el niño en brazos de Carreño y un Calvario de Juan del Castillo.
Entre 1662 y 1663, realizó una serie de dibujos arquitectónicos y ornamentales que estilísticamente abarcan del manierismo al barroco. Buena parte de ellos aparecen firmados como “D.Z.”, y muestran a Ortiz de Zúñiga como un hombre culto, versado en el latín y el griego, conocedor de la literatura artística al uso en la época y fecundo proyectista, no en vano, todos los dibujos los realizó en dos años. De su análisis también se desprende que conocía la producción de artífices como Juan de Oviedo y de la Bandera o Alonso Cano, y los modelos italianos de Jacopo Barozzi Vignola o Sebastián Serlio. En algunos dibujos, se adelanta a su tiempo, con portadas y fachadas que posteriormente serían utilizadas en distintos edificios de la ciudad, como la iglesia del Salvador o el Palacio de San Telmo.
Amigo de Miguel de Mañara, el 11 de julio de 1665, solicitó su ingreso en la Hermandad de la Caridad, confirmándose el día 17 de septiembre tras el informe emitido por tres hermanos. En ese mismo año, a petición del Ayuntamiento hispalense, presentó un proyecto para la construcción del túmulo para las honras fúnebres del rey Felipe IV. Frente a los dos realizados por el entonces arquitecto municipal Pedro Sánchez Falconete, fue elegido el de Ortiz de Zúñiga por la novedad de su planta. En 1666, asistió a la almoneda de bienes del escultor de origen flamenco José de Arce, figurando junto a artistas tan notables como Juan de Valdés Leal o Bernardo Simón de Pineda.
En 1670, publicó su Discurso genealógico de los Ortizes de Sevilla, obra en la que traza el árbol genealógico de su familia. Por esas mismas fechas escribió Posteridad ilustre y generosamente dilatada de Juan de Céspedes, y se planteó el Teatro genealógico de la Nobleza de Sevilla, idea que nunca llegó a fructificar.
Tras la muerte de su suegro, en 1676, solicitó a la Hermandad de la Caridad licencia para desplazarse a la villa de Madrid con el fin de resolver distintas cuestiones relacionadas con la herencia. Concedido el permiso, viajó junto a su hijo Juan permaneciendo en la corte durante un año. Su estancia le permitió ultimar la publicación de sus famosos Anales, impresos en Madrid en 1677. De ellos, el estudioso y erudito Gaspar Ibáñez de Segovia Peralta y Cárdenas, marqués de Agrópoli, contemporáneo de Zúñiga señaló que “el estilo es ceñido y conciso, explicativo, claro, como propio de quien no historia sino anales, levantándose cuando pide mayor coturno la descripción de tantas fábricas suntuosas que la ilustran”.
El 13 de febrero de 1680, sintiéndose gravemente enfermo, redactó su testamento en el que pedía ser enterrado con el hábito de Santiago en la parroquia de San Martín, a los pies del altar de la Virgen de la Esperanza, imagen de la que era muy devoto, del mismo modo que había sido sepultado un año antes su amigo Miguel de Mañara (Juan Antonio Arenillas, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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La calle Ortiz de Zúñiga, al detalle:
Edificio de Ortiz de Zúñiga, 2.

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