Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el desaparecido Convento - Colegio de San Basilio el Magno, de Sevilla.
Hoy, 2 de enero, Memoria de San Basilio Magno y San Gregorio Nazianceno, obispos y doctores de la Iglesia. Basilio, obispo de Cesarea de Capadocia, actual Turquía, apodado "Magno" por su doctrina y sabiduría, enseñó a los monjes la meditación de la Escritura, el trabajo en la obediencia y la caridad fraterna, ordenando su vida según las reglas que él mismo redactó. Con sus egregios escritos educó a los fieles y brilló por su trabajo pastoral en favor de los pobres y de los enfermos. Falleció el día uno de enero del año 379. Gregorio, amigo suyo, fue obispo de Sancina, en Constantinopla, y finalmente de Nacianzo. Defendió con vehemencia la divinidad del Berbo, y mereció por ello ser llamado "Teólogo". La Iglesia se alegra de celebrar conjuntamente la memoria de tan grandes doctores [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
Y que mejor día que hoy para ExplicArte el desaparecido Convento - Colegio de San Basilio El Magno, de Sevilla.
El desaparecido Convento - Colegio de San Basilio el Magno se encontraba en la manzana formada por las actuales calles Relator, Parras, Señor de la Sentencia, y Torres, teniendo la fachada principal a la altura del número 45-47-49 de la calle Relator; en el Barrio de San Gil, del Distrito Casco Antiguo.
La Orden monástica fundada por San Basilio en el siglo IV con sede inicial en el monasterio de Annesis (año 358), se extendió rápidamente por todo el Oriente cristiano: Imperio Bizantino, Rusia, Grecia, Polonia y Lituania. Este monacato será introducido en occidente por Justiniano en el siglo VI tras la conquista de Italia, recibiendo un gran impulso incluso del propio San Benito quien recomendaba a sus monjes la lectura de las normas basilianas que hacían hincapié en la oración, la mortificación en soledad, la pobreza, el trabajo y la obediencia para alcanzar la santificación. Es a fines del siglo XVI cuando se introducen los basilios en España pero no como una Orden importada sino como una manifestación autóctona vinculada con la eremítica peninsular, surgida en tres enclaves sin conocimiento unos de otros: fundación del padre Mateo de la Fuente con el eremitorio Yermo del Tardón (Córdoba), el enclave jienense de las Celdas de Nuestra Señora de Oviedo, debido al padre Bernardo de la Cruz, y el constituido por Francisco Aguilar de Loaisa, quien tras recibir el hábito basiliano en Italia fundó en Valladolid el monasterio de San Cosme y San Damián. La unificación fue lenta y problemática; en 1577 por bula del papa Gregorio XIII se unían los monasterios andaluces en una única congregación con el padre Bernardo de la Cruz a la cabeza; en 1595 Valladolid se unió a los monasterios andaluces constituyéndose así la Congregación de Basilios Españoles, con la división en seguida en tres provincias: la de Castilla, Andalucía y la del Tardón (éste se separaría pronto y llevaría una trayectoria independiente). Los basilios alcanzaron una expansión considerable en siglo y medio, de tal manera que en 1667 ya se habían fundado todos los monasterios que la Orden llegó a tener en España, entre los que se encontraba el Colegio de San Basilio de Sevilla.
Fue el piadoso y acaudalado griego Nicolao Triarchi y Franco, residente en Sevilla en la parroquia de San Martín, natural de la isla de Cyterea según el manuscrito conservado en el Archivo Municipal de Sevilla o de Chipre -sujeta a la señoría de Venecia- según Ortiz de Zúñiga a quien siguen otros cronistas, quien devoto del gran patriarca también griego San Basilio, deseaba fundar en la ciudad un monasterio de esta Orden, recién introducida en España, lo que comunicó a fray Bernardo de la Cruz. Para llevar a cabo dicha fundación cedía unas casas en la parroquia de Omnium Sanctorum y una dotación de rentas para edificar y mantener el monasterio, a cambio de quedar como patrono y fundador y ser enterrado en la capilla mayor en donde se colocarían los escudos de sus armas. Fray Bernardo vino junto con cuatro monjes: fray Basilio de los Santos, fray Juan de la Puente, fray Melchor de los Reyes y fray Pablo de Santa María, verificándose la adjudicación por escritura fechada el 9 de enero de 1593 ante el escribano público Diego Rodríguez. Así quedó instituido el convento que recibió el nombre de San Basilio el Magno, con el grado de Colegio.
Nicolao Triarchi, más conocido y citado en la documentación como Nicolás Griego, dejó por su heredera universal a la Casa Hospital de la Misericordia de Sevilla, según testamento de 20 de abril de 1594, de la que era hermano; en la cláusula quedaba dispuesto que en calidad de patrono perpetuo de San Basilio, se labrase "la Yglesia del Colegio, Retablo y Sepulcro y otras dotaciones de renta al dicho Colegio", como así se llevó a efecto, manteniéndose los basilios en esta fundación hasta la exclaustración de 1835.
La comunidad hubo de vivir austeramente, siendo el Colegio modesto en lo que a dimensiones y patrimonio se refiere según se desprende de los datos manejados. Dedicados al estudio y la oración, la implicación de los basilios en los acontecimientos de la ciudad a juzgar por las escasas reseñas, se refieren a actos de carácter piadoso y espiritual en momentos de penuria o calamidades padecidas en Sevilla, que no fueron pocas, durante los casi dos siglos y medio que permanecieron en ella. Constan las misas solemnes celebradas por el abad en 1784 para celebrar la paz con Inglaterra y el nacimiento de los hijos de los reyes, para lo cual la comunidad repartió abundantes limosnas de pan y carne entre los pobres del gremio de los tejedores sederos, muy maltrecho a causa de la guerra; o las rogativas y procesiones del año 1800 por las riadas y epidemias, con la salida la tarde del 12 de septiembre de la iglesia de San Basilio de la Hermandad del Señor de la Humildad y Paciencia allí radicada, junto con los monjes.
Residieron en efecto, en San Basilio una serie de hermandades, de las que podemos concretar algunas referencias. Así en 1590 un grupo de devotos consiguió la autorización eclesiástica correspondiente para constituirse en hermandad con la advocación de Nuestra Señora de la Esperanza en el Colegio del San Basilio. La fecha no concuerda con la de fundación del convento en 1593, por lo que quizás la traslación de la hermanad a los basilios fuera en años inmediatamente posteriores, ya que cuando las reglas fueron aprobadas el 23 de noviembre de 1595 fueron presentadas a fray Bernardo de la Cruz por entonces primer abad y fundador del Colegio. En 1624 la corporación se constituyó en Cofradía saliendo por primera vez el viernes santo, 5 de abril de ese año, en procesión a la Catedral. Posteriormente la Hermandad añadió una nueva advocación: "el de la Sentencia y Muerte que dieron a Cristo Nuestro Redentor", según los nuevos capítulos de su Regla aprobados el 16 de enero de 1654, en donde además consta que ya la Hermandad celebraba sus cultos en la parroquia de San Gil, por lo que hubo de marcharse de San Basilio en fechas inmediatamente anteriores, desconociéndose el lugar de la iglesia donde estuvo ubicada.
Otra cofradía residió en la iglesia de San Basilio, aunque no fuera fundada aquí. Se trata de la Sagrada Lanzada de Nuestro Señor Jesucristo y María Santísima del Buen Fin, corporación fundada en fecha incierta en la iglesia parroquial de San Nicolás en donde existía desde 1612. Se ignora el año de su traslado a San Basilio, si bien en 1670 los hermanos cofrades Alonso Manzano, Agustín Francisco Hidalgo, D. Jerónimo Núñez Marín, Francisco de la Chica, José Lapa, Doroteo de Vea, Diego de Arena, D. Laureano Antonio de Magallanes, Antonio García de Miranda, Juan de Oviedo, Rafael Francisco, Juan Díaz, Francisco Rebellón Sarmiento, Sebastián Adame, Cristóbal de la Cruz y Esteban Martín, compraron a sus expensas a la comunidad de los basilios "la capilla en que antes estuvo el Señor de la Humildad, con su enterramiento, en cierta cantidad, y bajo determinadas condiciones, para colocar en ella las Sagradas Imágenes, según resulta de escritura otorgada en 3 de julio del referido año, ante D. Pedro de las Ribas, escribano público de esta ciudad... a lo que concurrieron los dichos cofrades; siendo Abad el P. Maestro D. Martín de Torrubia". Otra referencia documental fechada el día 5 de febrero de 1703 sabemos que el maestro escultor Pedro Sánchez concierta con la Hermandad la realización de unas andas "urna" para el paso de Cristo, por el precio de 5.000 reales de vellón, pieza que no se conserva. A fines del siglo XVIII la Hermandad decayó en sus cultos destruyéndose los pasos por la ruina del almacén propio donde se guardaban, en la calle Linos. Con la epidemia que padeció la ciudad en 1800 la corporación quedó casi extinguida no siendo restablecida hasta 1808, pero la invasión francesa acabó con ella y sus enseres, salvo las imágenes que algo maltratadas fueron salvadas por varios feligreses. Será en 1814 cuando la hallemos de nuevo en la iglesia de San Basilio, desde el 13 de junio, saliendo en procesión el viernes santo del año siguiente. En 1818 y por desconocidas desavenencias con la comunidad, la Hermandad se traslada al convento de San Francisco de Paula, no volviendo más a San Basilio.
Igualmente constaba desde al menos 1621 en la iglesia del convento la Cofradía de la Sagrada Cena, cuya fundación tuvo lugar en la parroquia de Omnium Sanctorum a mediados del siglo XVI. En el año de 1612 la Hermandad de la Lanzada compró la capilla "que antes estuvo el Señor de la Humildad", por lo que la existencia en ella se puede retrotraer a los primeros años del siglo XVII. Por otro lado, existía en el templo basilio una cofradía fundada al parecer en el Hospital de San Lázaro, extramuros de la ciudad, en el año 1613, con el título de Santo Cristo Humillado y Nuestra Señora del Subterráneo, que debido a la lejanía decidió trasladarse a San Basilio, ignorándose el año, aunque debido al auge e incremento de sus devotos adquirió en 1621 sitio a los pies de la nave del evangelio en donde labró su capilla, sacristía y cuarto anejo. En este mismo año de 1621 se produjo la unión de la dos Hermandades, la de la Sagrada Cena y la del Santo Cristo de la Humildad y Paciencia y Nuestra Señora del Subterráneo, haciendo estación de penitencia sus tres pasos el Jueves Santo. Durante la ocupación francesa la Hermandad se trasladó a la parroquia de San Gil, volviendo a San Basilio tras la marcha de las tropas del Colegio y la restitución de la comunidad, en donde permaneció hasta el mes de octubre de 1845 que ante la amenaza de ruina de la iglesia se trasladó a la iglesia de Belén. Reparado el templo de San Basilio, volvió en 1849. En la Revolución de 1868 la Hermandad sería desposeída definitivamente de su capilla y hasta del almacén de la calle llamada Honda, hoy Relator, en donde guardaba sus enseres, tomándose la triste decisión de deshacer los pasos y llevarlos a la hoguera. Las imágenes titulares fueron trasladadas a la iglesia parroquial de San Vicente de donde pasaría en 1880 a la de Omnium Sanctorum, y en el siglo XX a la iglesia del ex convento de los Terceros, en donde actualmente reside.
La existencia del Colegio de San Basilio el Magno va a padecer, al igual que el resto de los conventos y monasterios sevillanos, los decisivos acontecimientos del siglo XIX. Hay que indicar que la precaria situación económica que, en general, padecía la Orden en España desde el último tercio del siglo XVIII, supuso la puesta en marcha de un proyecto reformista auspiciado por la monarquía, que conllevó el cierre de los conventos más pobres, reubicándose los monjes en los que quedaron abiertos: cinco en Castilla y siete en Andalucía. Por el Catastro del marqués de la Ensenada (1750-1752) conocemos que el número de religiosos en el colegio sevillano por esas fechas era de cuarenta y cuatro. Con la ocupación napoleónica y en cumplimiento del Decreto de José I de 18 de agosto de 1809 por el quedaban suprimidas todas las órdenes regulares, monacales, mendicantes y clericales, los monjes se vieron obligados a abandonar el Colegio, quedando convertido en cuartel en 1810 por los franceses.
Restituidos a su convento tras la marcha de los franceses, los basilios repararon los destrozos en la medida que sus escasos medios económicos se lo permitían abriéndose el templo de nuevo al culto. Pero este estado de cosas duró poco, ya que los decretos de supresión de órdenes religiosas y desamortización de sus bienes entre los años 1835 y 36 pusieron fin a la historia de los basilios en Sevilla y en España.
El recinto conventual fue abandonado hasta la década de los años 60 del siglo XIX en que fue parcelado y reutilizado como casa de vecindad y con instalaciones fabriles: primero una fábrica de harinas propiedad de la familia Ayala, posteriormente fábrica de maderas, de la que queda su portada de ladrillos y paño de azulejos; hoy la parcela la ocupa un edificio de viviendas de nueva planta. La iglesia, aunque muy expoliada, quedó a cargo de la Hermandad de la Cena, en donde se había fundado y tenía capilla propia desde 1621. Consta que el año 1841 la iglesia amenazaba ruina por lo que la Hermandad se traslado temporalmente iglesia del convento de Belén mientras se realizaban las reparaciones necesarios que duraron hasta 1849. En 1868 fueron desposeídos de ella a causa del movimiento revolucionario, que supuso para la ciudad el derribo de algunas parroquias y el cierre de numerosas iglesias conventuales, a las que se les dio un uso de carácter civil o fueron vendidas y finalmente demolidas. La de San Basilio fue adquirida en 1871 por la Iglesia Española Reformada Episcopal que aún hoy perdura en el mismo lugar pero en un edificio de reciente construcción.
ARQUITECTURA
El plano de Sevilla levantado por orden del asistente Pablo de Olvide en 1771 nos permite reconstruir de forma aproximada el perímetro del monasterio del que nada ha permanecido. La fachada principal abría a la calle que tomó su nombre, San Basilio y que hoy se rotula Relator; doblando hacia la izquierda continuaba por la calle Parras y por la derecha con la llamada Escuderos, actualmente Señor de la Sentencia, y parte de Torres. En la parte trasera se disponía una pequeña huerta que ya lindaba con otro inmueble.
En el número 1.061 del Boletín Oficial de Propiedades de 22 de septiembre de 1869, aparece una escueta indicación de lo que quedaba del Colegio después de haber sufrido la desamortización de 1836 y 1868, deslindándolo para su posterior subasta, consta que su superficie era de 662,84 metros cuadrados, distribuidos en iglesia, capillas, sacristía, pasillos y corrales.
Los pocos datos que sobre la arquitectura del Colegio se poseen los suministra González de León, quien describe escuetamente la iglesia, que sitúa al sur del recinto. Era de planta de cajón de tres naves separadas por arcos sobre columnas pareadas de mármol, que según el cronista "están pintadas al óleo imitando jaspes, y los capiteles dorados"; pensamos que ése no se sería su aspecto original sino que, siguiendo los gustos decimonónicos, fueron coloreadas a principios del XIX. Sobre las naves laterales corrían tribunas que abrían a la principal por medio de balcones, tribunas que a su vez comunicaban con el coro alto que hubo de estar situado a los pies de la iglesia. La cubierta era de madera y tejas en el exterior y en el interior de bóveda fingida. "La nave principal empieza en la capilla mayor que la forma un arco, y las laterales en otras dos capillas, con arcos duplicados a la capilla mayor y a la nave". La capilla mayor albergó el sepulcro del patrono del Colegio Nicolás Griego, como se constata en el documento notarial de fecha 27 de mayo de 1634, que expresa el último pago efectuado por este trabajo a su autor, el maestro marmolero Gaspar Luis: "... he recibido de don Francisco de Ocaña tesorero de la Casa de la Misericordia de Sevilla dos mil rreales de rresto y a cumplimiento de los cuatrocientos ducados en que yo me concerté que me diesen por el sepulcro de mármol que me encargue de hacer de la figura de Nicolao Griego con la urna y leones... y la obra acabé y asenté en el lugar del colegio de san Basilio magno en toda perfección". En el Museo Arqueológico de Sevilla se halla en depósito, por ser su propietario el Ayuntamiento, la losa funeraria y el cuerpo tallado en ella de Nicolás Griego. Tras la revolución de 1868 la sepultura pudo haber sido trasladada a la parroquia de Omniun Sanctorum de donde pasaría con posterioridad al Museo. Es obra de notable calidad, en la que el personaje está tumbado y viste como un rico mercader a la moda de la época. Con severo rostro y ceño fruncido, bigote y barba crecida y partida en la barbilla, presenta gran naturalismo igualmente de manifiesto en el tratamiento del cabello y las piernas.
Sobre el convento indica González de León que se entraba a él por un zaguán (la entrada estaba en la calle San Basilio, actual Relator) al que seguía un "patiecito y por un callejón tomando una vuelta que sale al patio principal claustrado pero pequeño, con columnas y arcos. También tiene otro patio aún más pequeño, y refectorio, cocinas, etc. todo reducido. Lo alto es algo más extenso, con regulares dormitorios y habitaciones".
RETABLOS Y ESCULTURA
Dentro del apartado de retablos y esculturas, podemos aportar varias referencias documentales sobre el retablo mayor, que fue desmantelado de sus pinturas durante la invasión francesa, y desmembrada su estructura arquitectónica posteriormente. Nicolás Griego, fundador y patrono del Colegio había dejado dispuesto en su testamento que se otorgase por parte del Hospital de la Misericordia, su heredero universal, mil ducados para realizar el retablo mayor, sus esculturas y pinturas. Según consta en el documento notarial fechado el 16 de julio de 1635, el maestro arquitecto y ensamblador Fernando de los Ríos se compromete a "hacer la obra de talla, ensamblaje y arquitectura del retablo para el altar y capilla mayor de la yglesia", siendo abad del Colegio fray Jerónimo Dávila Aguirre. El citado documento no dice quién trazó la obra aunque sí recoge las distintas pujas por parte de los diferentes artistas que participaron en ella, resultando finalmente adjudicado por baja a Fernando de los Ríos, quien se comprometía a realizar los trabajos por 700 ducados en el plazo de ocho meses. El diseño debió de responder a las características de un retablo de sencillas líneas geométricas del que podemos hacernos idea por el documento anterior y el fechada el 3 de noviembre de 1638 en el que se concertaba con el pintor Francisco de Herrera "el Viejo" la ejecución del ciclo pictórico que se disponía en él. En efecto, el retablo se asentaba sobre un banco con compartimentos para seis pinturas tres a cada lado del sagrario que se insertaba en el centro, sagrario cuyas labores de policromía fueron realizadas por Gaspar de Ribas en 1640, según documento notarial de fecha 8 de marzo de ese año, en donde el artista se comprometía ante los religiosos del colegio y su abad fray Juan Remón a acabarlo en dos meses y por el precio de 130 ducados. El dispositivo arquitectónico se articulaba en tres calles separadas mediante columnas, con una enorme caja central en el primer cuerpo para el albergar el gran cuadro de altar que representaba la apoteosis y glorificación del patriarca San Basilio plasmada en el lienzo de Francisco Herrera "el Viejo" La visión de San Basilio, enmarcado por un sencillo marco o molduraje. En los intercolumnios de las calles laterales se disponían cuatro pinturas a cada lado. El segundo cuerpo seguiría el mismo esquema ya que el cuerpo central, configurado a modo de gran ático albergaba nuevamente otro lienzo de Herrera que representaba a San Basilio escribiendo la Regla de la Orden, situando en cada una de las calles laterales una representación de santos basilios. El retablo se completaba, según se desprende de los documentos manejados y en lo que a su estructura arquitectónica se refiere, con dos elementos de carácter decorativo y conmemorativo como son los escudos de Nicolás Griego patrono del Colegio y promotor del retablo: "... he de hacer dos escudos de talla de madera de borne o cedro donde se an de poner las armas de nicolao griego en las quales a de aver unos óvalos donde se pinten las dichas armas que tengan dos varas de alto y bara y media de ancho". El retablo se concertó el 16 de julio de 1635, estando prevista su terminación en ocho meses, esto es hacia marzo de 1636. Sin embargo, sabemos por carta fechada el 22 de agosto de 1636 en la que ensamblador Fernando de los Ríos solicita dinero a cuenta de la tercera y última parte del total del costo de la obra, "... que no esta acabado de todo punto el dicho retablo". Será el 29 de noviembre de 1637 cuando se firme el finiquito y quede finalizado el retablo en lo que a su arquitectura y escultura se refiere.
Entendemos que el retablo mayor de la iglesia de San Basilio hubo de formalizarse, en lo que a su tipología se refiere, con un esquema de líneas geométricas sencillas, heredero del modelo denominado purista, desarrollado desde el último tercio del siglo XVI en Sevilla; estructura por otra parte, muy querida por la escuela pictórica del XVII, en donde los pintores (Zurbarán, Alonso Cano, Murillo, Valdés Leal) podían insertar grandes lienzos y cuadros de altar, como el magnífico ciclo realizado en San Basilio por Francisco de Herrera "el Viejo" entre 1638 y 1639.
Según Tassara, tras la revolución del año 1868 "el esqueleto" del retablo fue llevado a la parroquia de Nuestra Señora de la Oliva del pueblo sevillano de Salteras. El que actualmente preside esta iglesia es de cinco calles y no se corresponde con las características de estilo que hubo de tener el de San Basilio, por lo que hemos de darlo definitivamente por perdido.
Finalmente hemos de indicar algunas esculturas citadas en la bibliografía manejada, la mayoría de las cuales no se conservan. González de León en 1844 dice que prácticamente en esa fecha la iglesia no tenía altar mayor, sólo "...un mal tabernáculo arrimado a la pared", lo que indica que una vez arrancadas las pinturas, el retablo presentaría muy mal estado, debió ser quitado y en su lugar se colocó el referido tabernáculo. Asimismo señala la existencia en la capilla lateral del lado del evangelio de una imagen de San Basilio "de mediano mérito". Hay que señalar que tras la revolución de 1868 algunos enseres que quedaban en la iglesia fueron incautados por el Ayuntamiento que posteriormente los entregó al presbítero don Francisco Florens, delegado del gobernador eclesiástico del Arzobispado, distribuyéndose dichos enseres por parroquias de la ciudad y la provincia. Así consta un San Basilio de tamaño natural tallado aunque revestido de ropa, quizás el que vio González de León, que se concedió a la parroquia de San Gil de Sevilla, a donde fue también una Santa Macrina, que estuvo situada en testero colateral de la nave de la epístola, cuya ejecución fue fechada hacia 1600, y que se perdió en el incendio de la parroquia del año 1936.
Siguiendo con la "Relación de los objetos procedentes de la iglesia de San Basilio" que nos proporciona Tassara en su obra, también poseyó la iglesia una Virgen de tamaño natural, con saya de seda y manto de raso blanco, un santo obispo "como de una vara de alto", un santo benedictino de talla y de tamaño natural, "en mal estado, sin ropaje ni manos". Un retablo jaspeado y dorado con una frontalera (= frontal de altar) también dorada, que se concedió el 27 de octubre de 1870 a la parroquia de El Salvador de Castilblanco de los Arroyos. Y otro frontal de altar que perteneció a la Hermandad de Nuestra Señora de la Esperanza que durante años utilizó la iglesia episcopal establecida en San Basilio desde 1871, y que pasó a la parroquia de San Marcos en donde ardería en el incendio padecido por esta iglesia en 1936. Un Crucificado, perteneciente igualmente a la Hermandad de Jesús de la Sentencia y María Santísima de la Esperanza, que como señalamos fue fundada en San Basilio en 1590, está documentado en 1630 en una escritura de embargo de fecha 26 de febrero de dicho año, en la que consta que el maestro pintor de imaginería Pedro Nieto "... hiço una hechura de un Cristo Crucificado para la cofradía de nuestra señora de la esperança sita en la yglesia de san basilio desta ciudad e del precio de la hechura del dicho Xto. la cofradía le esta debiendo cuatrocientos rreales por los quales la a executado". En 1654 ya consta la Hermandad en San Gil, permaneciendo el Crucificado en esta parroquia en una capilla de la nave de la epístola hasta 1936 en que se perdió en el incendio que padeció San Gil ese año.
Con respecto a la otra Hermandad que durante más de dos siglos y medio residió en la iglesia de San Basilio, la de la Sagrada Cena, Cristo de la Humildad y Paciencia y Nuestra Señora del Subterráneo, hemos de destacar de su patrimonio escultórico el Cristo de la Humildad y Paciencia, que se conserva y procesiona actualmente; es una talla realizada en pasta de madera policromada de un metro de altura. Obra anónima cuya fecha de ejecución se sitúa hacia 1600, presenta el tema iconográfico de origen nórdico de Cristo Varón de Dolores, de amplia difusión en el sur de Europa a partir del siglo XV y de gran aceptación popular. Jesús aparece meditativo y humilde sentado en una peña con la cabeza reclinada sobre una mano, esperando el momento de su crucifixión. Se observa un tratamiento naturalista tendente al realismo como se manifiesta en las heridas de la espalda. Fue restaurado en 1900 por Andrés Cañada. Por otro lado, consta documentalmente el contrato de fecha 17 de mayo de 1688 en el que la Hermandad concertó con el escultor Sebastián Rodríguez la realización de "...un passo que se compone de una urna con su monte donde a de ir colocado el Santísimo Christo. Seis tarjar con dos niños en cada una de escultura y quatro anjeles uno en cada esquina vestidos y una figura de dos varas...todo lo qual a de ser de pino de flandes y lo e de imitar según el modelo que tiene en su poder el mayordomo de la dicha cofradía y darlo fecho y acavado... el primer Domingo de Quaresma del año mill y seiscientos ochenta y nueve". No se conservan ni las andas ni las figuras y tarjas que la adornaba, pues las que actualmente posee la Hermandad son de época reciente.
El paso de misterio de la Sagrada Cena conmemora la institución de la Eucaristía, según recomendaciones del Concilio de Trento, y aunque su ejecución es reciente su iconografía sigue los modelos tradicionales del siglo XVI. Hay que indicar que actualmente la Hermandad conserva un antiguo Cristo, obra del imaginero ecléctico de la segunda mitad del siglo XIX Manuel Gutiérrez Cano (padre) cuya autoría y fecha de ejecución -1860- queda de manifiesto en la inscripción del cuello de la imagen, escultor que también hubo de realizar el apostolado. El Cristo es un busto de 0,42 metros de alto realizado en madera policromada; hay que señalar que la Hermandad hubo de poseer otro anterior a éste decimonónico, ya que consta la salida procesional de este misterio desde siglos atrás. En cuanto a la Virgen titular, Nuestra Señora del Subterráneo está atribuida a Juan de Astorga, y su fecha de ejecución se sitúa entre 1812-1815; sustituiría a otra más primitiva que no se ha conservado.
PINTURAS
Del patrimonio pictórico del Colegio sólo es conocido el que se refiere a las pinturas que se situaban en el retablo mayor dedicadas a exaltar la figura del Santo Patriarca de la Iglesia de Oriente San Basilio el Magno (329-379), acompañado de sus familiares todos ellos santos, y que conformaron uno de los conjuntos más significativos de la producción de su autor, Francisco de Herrera "el Viejo" (1590-1654?). En efecto, el 3 de noviembre de 1638 Herrera firma la carta de obligación para realizar una serie de lienzos, con el abad y monjes basilios y el hospital de la Misericordia de Sevilla, institución que corría con los gastos por ser heredera universal del fundador del Colegio Nicolás Griego, quien había dejado dispuesto en su testamento la realización del retablo tanto en su labores de talla, ensamblaje y arquitectura como en lo relativo a su decoración pictórica. Por el contrato podemos conocer el número de pinturas, veinte, los temas y, de forma parcial, su distribución en el retablo, retablo que como ya señalamos en el epígrafe anterior fue expoliado por las tropas napoleónicas, pasando las pinturas al Alcázar de Sevilla, donde constan en su inventario de 1810. Finalizada la Guerra de la Independencia los lienzos fueron devueltos a su lugar originario a excepción de uno de ellos, el San Basilio dictando su regla, que sustraído por el Mariscal Soult, fue llevado a Francia, en donde se conserva (Museo del Louvre). Finalmente, con la desamortización y la exclaustración de los monjes y el cierre del Colegio, ingresaron en el año 1840 en el Museo de Bellas Artes de Sevilla un total de nueve pinturas.
En el banco del retablo se situaban seis lienzos correspondientes a los padres y abuelos maternos y paternos de San Basilio, como quedaba estipulado en el contrato de ejecución, obras que se dan por perdidas y que han ser las que en 1810 estaban inventariadas en el Alcázar de Sevilla como "copias de varios autores": "seis quadros de 1 ? vs. de altos y ? de ancho cada uno, Santos y Santas de la Religión de Sn. Basilio", medidas, por otro lado, idóneas al lugar en el que iban situadas (1,67 x 0,627 m. aprox.). Entendemos que en el centro del banco irían los retratos correspondientes a los padres de San Basilio, considerados santos por la iglesia oriental y llamados San Basilio "el Antiguo", quien padeció persecución religiosa por parte del emperador Maximiano, siendo desterrado junto con su esposa Santa Emelia y su diez hijos a los desiertos del Ponto; Santa Emelia, mujer de fuerte convicción cristiana que tras quedar viuda se retiró junto con una de sus hijas -Santa Macrina la Menor- a un monasterio, y quien hubo de influir poderosamente en su hijo educándole en los fundamentos de la fe. A los lados de estos seguirían los abuelos maternos y paternos de los que sólo se conoce el nombre de la abuela materna, Santa Macrina "la Mayor", quien vivió en Neocesarea del Ponto y fue considerada por el santoral oriental como una piadosa mujer que enseñó la doctrina cristiana a su nieto San Basilio.
En el centro del primer cuerpo del retablo se situaba el lienzo principal: La Visión de San Basilio (5,40 x 2,83 m.), tema impuesto por la comunidad basilia según queda recogido en el contrato firmado por Herrera, "... el santo de cuerpo entero hincado de rodillas haziendo oración a Cristo nuestro señor que allí se a de pintar en lo alto con un trono de gloria y los doce apóstoles". En efecto, San Basilio aparece arrodillado en el ángulo inferior derecho, delante de una mesa de altar con un cáliz y un candelabro, en posición de tres cuartos de espaldas al espectador. Le acompañan tres bellos ángeles mancebos con atributos alusivos a sus hechos religiosos que quedaron recogidos y acrecentados por Santiago de la Vorágine en su libro La Leyenda Dorada. El ángel de la derecha sostiene un báculo rematado en una rica espiral en forma de sigma; constituye uno de sus atributos personales más característicos por su doble condición de fundador del monacato cristiano oriental y de arzobispo -fue nombrado en el año 370 arzobispo de su ciudad natal Cesarea, antigua ciudad de Capadocia-. En el ángulo inferior izquierdo se sitúan dos ángeles más, uno sentado porta un libro alusivo a los escritos y a la propia Regla basiliana redactada por el Santo, y el otro en pie muestra en una bandeja tres panes símbolos eucarísticos y también de la fecundidad y permanencia de la doctrina de San Basilio. Este se halla representado como un hombre maduro, con abundante barba blanca y vestido de pontifical, que con gesto extasiado dirige su mirada hacia la zona superior en la que en un espectacular rompimiento de gloria aparece Cristo resucitado con una cruz en la mano izquierda y la derecha sobre la herida de su costado. Está acompañado por una nutrida corte de querubines y rodeado de los doce Apóstoles más San Pablo, claramente reconocible por llevar su atributo más característico, la espada, estando situado en la zona central de la composición junto con San Juan, San Pedro y San Mateo. Hay que señalar, que en los repertorios hagiográficos del Santo Doctor de la Iglesia de Oriente no aparece este tema iconográfico, que se explica, como ya señalara Martínez Ripoll, por el deseo de la Orden de llenar la biografía del Patriarca de la nueva sensibilidad imperante, producida a partir del Concilio de Trento, que consideraba el éxtasis y las visiones místicas como el mayor signo de santidad.
Esta apoteósica glorificación de San Basilio, es una de las pinturas más sobresalientes y de mayor envergadura de las ejecutadas por Herrera "el Viejo", quien siguiendo los esquemas manieristas de subdivisión de la tela en dos registros, uno terrenal y otro más amplio celestial -más de dos tercios de lienzo-, esquema por otra parte constante en la escuela pictórica sevillana, consigue una composición de gran unidad y monumentalidad, ya de clara raigambre protobarroca. El ritmo compositivo en vertical envuelve ambos espacios, en donde el diálogo místico se establece a través de la intensa mirada del Santo a Cristo con una línea en diagonal intangible. Dinamizan el conjunto las expresiones y actitudes de los numerosos personajes que pueblan el cuadro, cuya factura amplia y suelta, y el colorido de tonos dorados que impregna toda la pintura la hacen ser una de las piezas fundamentales en la trayectoria artística de Francisco de Herrera. Hay que señalar, que de esta pintura existió un boceto coloreado hoy perdido, que como ensayo previo elaboró Herrera para su Visión de San Basilio. El dibujo formó parte de la colección sevillana del conde del Águila quien cuando escribía a D. Antonio Ponz las cartas que informaban de las piezas artísticas más valiosas existentes en Sevilla, esgrimía que este dibujo resultaba definitivo para adscribir las pinturas de San Basilio a Francisco de Herrera el Viejo, ya que Ponz mantenía que dichas pinturas fueron realizadas por Luis Fernández.
Para la calle central del segundo cuerpo del retablo Herrera se comprometía a realizar "otro lienzo de la historia que se me señalare", que se concretó en otro magnífico cuadro con el tema de San Basilio dictando su Regla, el segundo en importancia del conjunto. En 1810, como ya quedó comentado, fue incautado por los franceses y llevado al Alcázar de Sevilla en donde fue inventariado con el número 84 como perteneciente a Francisco de Herrera el Viejo, con el título de "S. Basilio y los doctores de la Iglesia... de 2 ? (varas) de alto y 2 de ancho" (2,09 x 1,67 m. aproximadamente). Posteriormente fue sustraído por el mariscal Soult pasando a su colección particular y siendo finalmente vendido en París por sus herederos en el año 1852, y comprado por el gobierno francés por 12.000 francos para formar parte de la galería de pintura española del Museo de El Louvre. En el centro de la composición se sitúa San Basilio, personificado como un venerable anciano de abundante y larga barba blanca, con mitra por su condición de arzobispo, y hábito negro de la Orden con la característica cruz griega patada (de brazos iguales que se ensanchan en los extremos), adornando su amplia capa. Sobre su cabeza y dentro de una aureola de nubes con querubines, se sitúa la paloma del Espíritu Santo, inspiradora de sus escritos sagrados y cómo no, de su valiosa Regla, guía espiritual y reglamento para la vida de los basilios y en el general para todo el monacato oriental. A su alrededor se distribuye un nutrido grupo de personajes, todos ellos con libro y pluma en la mano, denominador común de su actividad como redactores de Reglas o estatutos para sus respectivas fundaciones religiosas, e identificables por sus atributos personales y los hábitos que visten correspondientes a la Orden que pertenecen: San Agustín y San Benito a su derecha e izquierda respectivamente, detrás y de izquierda a derecha San Francisco de Asís, San Bernardo de Claraval, Santo Domingo de Guzmán y San Bertoldo; en el ángulo inferior izquierdo San Pedro Nolasco y en el correspondiente a la derecha San Juan de Mata. Los rostros que figuran a los lados de éstos han sido identificados como San Antonio Abad y San Pacomio. La representación parece querer expresar que San Basilio a su vez inspira a los santos que le acompañan y que se disponen a escribir. La actitud atenta y concentrada de todos ellos así parece confirmarlo. Francisco de Herrera se vio obligado a configurar a los protagonistas de esta pintura con una mayor corpulencia, por su ubicación en el último cuerpo del retablo, sobre el grandísimo lienzo principal que representaba la Visión de San Basilio, por lo que hubo de estar a gran altura respecto del espectador. Sin embargo, su contemplación cercana denota las excelentes dotes de Herrera para captar las dignas fisonomías de sus semblantes y en general de sus apariencias y ademanes, plasmados con su característica pincelada amplia, llena de rico cromatismo.
En los intercolumnios del retablo y según se manifestaba en el contrato de ejecución, se realizarían una serie de diez pinturas que plasmaban a "...los hermanos barones y hembras del dho. Santo y la muger de San Gregario Nizeno los seis dellos de medio cuerpo y los correspondientes de más de medios cuerpos". De esta tanda de diez retratos ocho se conservan en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, dándose por perdidas las dos pinturas que faltan. Se han efectuado reconstrucciones ideales de su distribución en el retablo para el que fueron pintadas, situando a Santa Dorotea y San Demetrio en la parte más baja de los intercolumnios del primer cuerpo. Hay que recordar que en el centro del primer cuerpo del retablo se ubicaba el sagrario, cuyo dorado fue contratado por Gaspar de Ribas, como ya estudiamos en el epígrafe anterior. Según Tassara y González, a los lados de este tabernáculo se situaban los lienzos que representaban a San Gregorio Niseno y San Pedro Sebaste, hermanos de San Basilio, y que las reconstrucciones propuestas los emplazan en el segundo cuerpo del retablo al lado del San Basilio dictando la Regla de su Orden; no descartamos la posibilidad indicada por Tassara, ya que el hecho de ser hermanos les confiere una mayor relevancia a la hora de colocarlos en un lugar más destacado y visible del retablo como es en el primer cuerpo y al lado del sagrario, y los mártires Santa Dorotea y San Demetrio, que no constan en el santoral como hermanos del Santo Patriarca, podrían situarse en la parte alta. Sea como fuere, San Demetrio y Santa Dorotea tienen unas mismas medidas (119 x 75 cm.), y el encuadre compositivo y la plasmación de sus tipos físicos resultan complementarios, por lo que hubieron de hacer pareja en el mismo nivel del retablo. Santa Dorotea fue una doncella martirizada bajo el dominio del emperador Diocleciano a fines del siglo III; natural de Cesarea de Capadocia, la misma ciudad en la que en el año 329 naciera San Basilio, en ninguno de los repertorios hagiográficos se indica que fuera hermana de éste y tampoco las fechas vitales de ambos hacen compatible dicho parentesco. Entendemos que el rótulo que situado al pie del lienzo "S. DOROTEA Hª. DE S. WSILIº", puede ser una errónea adscripción iconográfica o que su consideración de hermana haya que entenderla como "hermana espiritual" en la fe cristiana. El lienzo de San Demetrio lleva igualmente escrito el nombre "Sn. DEMETRIO Hº DE N. P. Sn. BASILIO". Hay que indicar que con este nombre la Iglesia posee varios santos, siendo difícil la adscripción a uno de ellos, de los que no consta ninguno como hermano del Santo Patriarca. En mosaicos y frescos bizantinos se le representa en su calidad de patrón de Salónica, como el santo guerrero cristiano que padeció martirio en época del emperador Maximiano, iconografía que no coincide con la representación que de él realizó Herrera para el retablo del Colegio. Ambos retratos -Santa Dorotea y San Demetrio- carecen de atributos que los identifiquen y los rótulos que les acompañan son añadidos posteriores a su ejecución, por lo no es posible establecer con certeza de qué santos se trata.
Con la incautación por los franceses en 1810 de todas las pinturas que componían el retablo mayor y su traslado al Alcázar, se ha considerado que la Santa Dorotea y el San Demetrio son las inventariadas con el número 181 como originales de Francisco de Herrera el Viejo aunque con los títulos de Santa Eusebia y San Nicandro: "Dos quadros de 1 ? de alto y ? de ancho, S.ta Eusebia y San Nicandro", santos benedictinos del los siglos VIII y IX respectivamente y cuya inclusión en el programa pictórico del retablo no parece tener mucho sentido; puede que sea una rotulación errónea o que se trate de obras distintas al San Demetrio y Santa Dorotea, es decir, otros retratos realizados por Herrera, quizás los dos que faltan de la serie y que hoy están en paradero desconocido.
Sí constan en los repertorios hagiográficos como hermanos de San Basilio San Pedro Sebaste (+ hacia 391) y San Gregorio Niseno o de Nisa (+ hacia 395), cuyos nombres aparecen claramente consignados al pie de sus respectivas efigies, y que igualmente pasaron por los salones del Alcázar en los años de la ocupación francesa. Ambos lienzos poseen las mismas medidas (157 x 81,7 cm) y terminan en su parte superior en medio punto. Asimismo, presentan la misma concepción compositiva de carácter monumental: figuras de tres cuartos, vestidos de obispos con las características cruces patadas de su Orden ribeteando la capa, con mitra y báculo ricamente rematado en una espiral en forma de sigma floreada, atributos correspondientes a sus cargos de obispos, San Pedro de la ciudad de Sebaste (Armenia), y San Gregorio de la ciudad de Nisa, pequeña ciudad entre Cesarea y Ancina. San Pedro Sebaste presenta barba oscura y rostro joven, por ser el hermano menor de San Basilio, leyendo en un gran libro. San Gregorio, padre de la Iglesia de oriente y considerado uno de sus pilares más firmes con sus escritos (su gran obra es Contra Eunomiu) y su lucha contra la herejía arriana, fue representado por Herrera como un anciano de barba blanca y, con el libro cerrado en su mano izquierda, mirando directamente al espectador.
Otro obispo basilio se conserva en el Museo de Bellas Artes en cuyo Inventario lleva el número 509 y que por no poseer rótulo que lo identifique, aparece registrado sin ningún nombre. Martínez Ripoll lo denomina, aunque dudosamente, como San Teodosio el Cenobiarca. Puede tratarse de San Gregorio Nazianceno, identificación que queda reforzada si tenemos en cuenta la reseña que hace Tassara al tratar de los cuadros que procedentes de San Basilio pasaron al Museo, citando con el número de inventario 287 a "San Gregorio Nazianzeno, fiel discípulo y compañero de San Basilio", coincidiendo en sus medidas (125 x 70,5 cm). En efecto, San Gregorio de Nacianzo o Nacianceno es considerado por la Iglesia griega junto con San Gregorio Niseno y San Basilio, uno de los tres ilustres capadocianos, de los que fue contemporáneo (fallecido hacia 389-390). Nacido en el 330 en Arianzo, cerca de Nacianzo (ciudad al sur oeste de Capadocia, en Asia Menor), fue consagrado obispo de esta ciudad en el año 372 por el propio San Basilio, con quien sostuvo un estrecho trato espiritual y de amistad. Reconocido como teólogo con un marcado influjo en la iglesia oriental del siglo IV, en el lienzo aparece representado como un anciano de abundante barba blanca, vestido con el hábito negro de la Orden basilia con la característica cenefa de cruces patadas; con mitra y báculo rematado en bella espiral floreada, y con libro en la mano izquierda. Este lienzo, junto con los tres que reseñamos a continuación, se ha querido identificar con los depositados en el Alcázar de Sevilla en 1810 con el número 113 como originales de Herrera: "quatro quadros de 2/3 de alto, y ? de ancho ovalos, cabezas de Santos y Santas". Ni las medidas ni el formato se corresponden con la serie de San Basilio conservada en el Museo por lo que consideramos no se tratan de las mismas pinturas.
La santa identificada como Santa Gertrudis (125 x 75 cm) está vestida con hábito negro y lleva báculo de abadesa; sostiene un libro abierto y una palma. Su rostro juvenil mira al espectador con agradable expresión. Como tal santa, Gertrudis no posee vinculación con San Basilio ni su Orden, ya que fue monja benedictina alemana del siglo XIV; esta pintura debe de personificar a algún familiar femenino del Santo cuya iconografía y nombre desconocemos hasta el momento. El San Naucracio (125 x 75 cm), con quien según las reconstrucciones propuestas formaría pareja al mismo nivel en los intercolumnios del retablo, presenta igualmente un semblante amable y juvenil, con amplia tonsura, habito negro, palma y libro abierto en su mano izquierda. Existe en el santoral con este nombre un San Naucracio o también Naucrato, monje de Constantinopla que sufrió persecución por defender el culto a las imágenes y que murió en el 848, y del que no hallamos en los repertorios hagiográficos vinculación con la Orden basilia.
Finalmente, la identificada como Santa Macrina "la Menor" (90 x 71 cm), aunque de menor tamaño por haber sido recortada casi 30 cm, formó igualmente parte del retablo. Con este nombre sí figura una hermana de San Basilio, en cuya biografía consta que fue desposada muy joven sin saberlo y que al poco tiempo de quedar viuda se consagró a la vida religiosa; ayudó a su madre, Santa Macrina "la Mayor" a criar a sus nueve hermanos, ingresando ambas posteriormente en el monasterio de Ibora, del cual llegó a ser superiora. Su hermano San Gregorio Niseno escribió su vida haciendo grandes elogios de ella. La pintura es, dentro de la serie de retratos del retablo, una de las más logradas de Herrera quien representa a la Santa en actitud concentrada y meditativa, mirando fijamente la calavera que sostiene entre sus manos.
Dos pinturas más hubieron de formar parte del retablo mayor de la iglesia del Colegio de San Basilio el Magno, según se concertaba en el contrato. El Espíritu Santo en la "tarjeta questa en la moldura del primer quadro grande", es decir, sobre el lienzo que representaba la Visión de San Basilio; "y en la tarjeta ultima que haze rremate dios padre", obras que hemos de dar por perdidas.
En el Museo de Bellas Artes de Sevilla, se conserva un lienzo anónimo con el título de San Basilio Magno y San Mercurio (200 x 150 cm. y número de inventario 300), que ingresó el 1 de enero de 1897 en concepto de desamortización pero de procedencia desconocida. Dada su rareza iconográfica y teniendo en cuenta que la Orden basilia sólo tenía esta casa en el Reino de Sevilla, es lógico concluir que esta pintura debió pertenecer al Colegio sevillano. Bien pudiera ser el que adornaba el retablo lateral del lado del evangelio de la iglesia y citada por González de León, quien lo califica como "de mediano mérito". En la escena San Basilio, representado como es habitual como un venerable anciano con abundante barba blanca, está de pie ante un altar con un gran libro abierto entre sus manos y una pluma, en actitud de escribir por inspiración que parece emanar de la imagen situada en el retablo y a la que él mira atentamente. Va vestido ricamente de pontifical y está acompañado de otra figura situada detrás, identificable por el letrero situado sobre su cabeza que dice "S. Mercuri", es decir San Mercurio. De rostro joven y mirando al espectador, su vestimenta corresponde a la de un guerrero con arnés pavonado y una lanza apoyada en el brazo derecho, iconografía acorde con las características de uno de los varios santos registrados con el mismo nombre en el martirologio romano, según el cual consta un Mercurio soldado, mártir y santo de la iglesia griega, martirizado por orden del emperador Juliano el Apóstata (361-363) en Cesarea de Capadocia, ciudad de la que fue Arzobispo San Basilio. Ignoramos la relación que pudo existir entre ambos santos que pudiese aclarar esta representación iconográfica, no recogida en los repertorios hagiográficos consultados. Es una pintura que de antiguo fue atribuida de manera infundada a Valdés Leal, atribución totalmente descartada por la historiografía actual que la considera como obra anónima, perteneciente a la escuela sevillana del siglo XVII.
En la escalera principal del Colegio existieron varias pinturas, (tres según Ceán Bermúdez y González de León, y dos según Arana de Varflora) realizadas por Juan Luis Zambrano, pintor cordobés que vivió los diez últimos años de su vida en Sevilla en donde murió en 1639. Ponz las adjudica a Luis Fernández pero Ceán, corrigiéndolo, señala en los datos biográficos de Zambrano que era "pintor cordobés, como él mismo asegura con su firma en uno de los quadros que están en la escalera principal del monasterio de San Basilio de Sevilla". Asimismo, al indicar las obras ejecutadas por Zambrano en Sevilla cita "tres quadros grandes y excelentes en la escalera principal, relativos a la vida del santo fundador con mucha composición de figuras del tamaño del natural, pero muy maltratadas". Estas pinturas representaban historias de la vida de San Basilio en relación con su activa lucha contra la herejía, que según queda recogido en su biografía supuso el enfrentamiento con los emperadores de la época Juliano el Apóstata (361-363) y Valente (364-?); estos pasajes serían los que quedarían recogidos en los lienzos de la escalera principal, actualmente en paradero desconocido o quizás perdidos definitivamente (Matilde Fernández Rojas. Patrimonio artístico de los conventos masculinos desamortizados en Sevilla durante el siglo XIX: Benedictinos, Dominicos, Agustinos, Carmelitas y Basilios. Diputación Provincial de Sevilla. Sevilla, 2008).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Basilio Magno, obispo y doctor de la Iglesia;
HISTORIA Y LEYENDA
Uno de los cuatro Padres de la iglesia griega. Nació en Cesarea de Capadocia, Asia Menor, en 328, se convirtió en obispo de su ciudad natal en 370, y murió en 379.
Pertenecía a una familia de santos: su abuela, padre y madre, sus dos hermanos, san Gregorio de Nissa y san Pedro de Sebaste y su hermana santa Macrina, fueron todos canonizados por la Iglesia griega.
Luchó con valor contra la herejía de Arrio, se enfrentó al emperador Valente que profesaba el arrianismo, e hizo devolver a los ortodoxos una iglesia cedida a los arrianos.
Pero su popularidad se debe sobre todo a que fue el legislador del monaquismo oriental.
Él redactó la regla de los monjes basilios, única orden monástica que existe en la Iglesia griega. La orden de san Basilio se enriqueció con leyendas recogidas por Santiago de Vorágine en la Leyenda Dorada. Habría recibido la visita de Efrén que vio una lengua de fuego en su boca. Cuando el emperador Valente quiso firmar una orden de destierro contra él, la pluma se le quebró tres veces en los dedos.
ICONOGRAFÍA
En el arte bizantino san Basilio aparece representado con frecuencia junto a los otros doctores de la Iglesia griega: san Gregorio Nacianceno y san Juan Crisóstomo. Pero nunca fue popular en Occidente, donde las escasas representaciones que existen de él se explican por la influencia del arte bizantino o de los monjes basilios.
Tiene como atributo el palio, una cruz de tres travesaños, una paloma posada en su cabeza u hombro, símbolo del Espíritu Santo. Este último emblema también pertenece a uno de los doctores de la Iglesia latina, san Gregorio Magno.
La escena donde enfrenta al emperador Valente en la iglesia de Cesarea, forma pareja con la de san Ambrosio prohibiendo la entrada en la iglesia de Milán al emperador Teodosio (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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