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viernes, 6 de septiembre de 2024

El Espacio I Vuelta al Mundo y la Nao Victoria 500, en el paseo Alcalde Marqués del Contadero

     Por amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Espacio I Vuelta al Mundo y la Nao Victoria 500, en el paseo Alcalde Marqués del Contadero, de Sevilla
     Hoy, 6 de septiembre, es el aniversario de la llegada a Sanlúcar de Barrameda (6 de septiembre de 1522), de la nao Victoria, al mando de Elcano, tras efectuarse la primera circunvalación a la Tierra, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el Espacio I Vuelta al Mundo y la Nao Victoria 500, en el paseo Alcalde Marqués del Contadero, de Sevilla.
      El Espacio I Vuelta al Mundo y la Nao Victoria 500 se encuentra entre los llamados Muelle de la Sal y Muelle de la Aduana, del paseo Alcalde Marqués del Contadero, s/n; en el Barrio del Arenal, del Distrito Casco Antiguo.
     En el espacio “La Primera Vuelta al Mundo”, situado en el paseo Alcalde Marqués de Contadero, los visitantes descubren las claves de la Primera Vuelta al Mundo, narrada a través de su barco protagonista: la Nao Victoria.
     La propia nao nos guía a través los preparativos de la expedición, la inmensidad de la travesía que realizó, los sucesos que vivieron, los peligros que enfrentaron, la dureza de la vida a bordo, y las importantes consecuencias de la mayor aventura marítima de la historia.
     Una experiencia para los sentidos a través de las sensaciones y vivencias de los propios barcos y los marinos protagonistas de esta hazaña, para acercarnos a conocer su auténtica dimensión y el alcance de sus logros. Barcos y su marinos que convirtieron los océanos infranqueables, en puentes y caminos entre continentes, culturas y civilizaciones, a lo largo de la asombrosa travesía contada de voz de la nao Victoria.
     Ven a conocer la historia de la expedición que cambió la navegación para siempre.
     Exposición permanente sobre la Primera Vuelta al Mundo narrada en primera persona por su protagonista, la nao Victoria. A través de audiovisuales, escenografías y facsímiles el visitante descubre los orígenes y protagonistas de la ‘Armada del Maluco’, los principales acontecimientos de este histórico viaje y su repercusión en la historia.
     UNA EXPERIENCIA PARA LOS SENTIDOS…
     …a través de las sensaciones y vivencias de los propios barcos y los marinos protagonistas de esta hazaña, para acercarnos a conocer su auténtica dimensión y el alcance de sus logros. Barcos y sus marinos que convirtieron los océanos infranqueables, en puentes y caminos entre continentes, culturas y civilizaciones, a lo largo de la asombrosa travesía protagonizada por la nao Victoria, y dividida en siete espacios:
    1. SUEÑO. Antecedentes
    2. PARTIDA. Los preparativos
    3. EXPLORACIÓN. El viaje
    4. DESTINOS. Las Molucas
    5. REGRESO. La vuelta
    6. TRANSFORMACIÓN. Repercusión
    7. CORAZÓN. Los navegantes, la vida a bordo
    8. BIBLIOTECA. Fondo Ignacio Fernández Vial
     Junto al Espacio Exploraterra se encuentra atracada la Nao Victoria 500, réplica del barco protagonista de la Primera Vuelta al Mundo. El visitante puede subir a bordo de esta histórica nave y descubrir recorriendo sus cubiertas, la que un día fue el navío más avanzado de su tiempo y es, hoy, un gran símbolo de la innovación y los grandes viajes de exploración.
     Las formas y detalles de la Nao Victoria 500 responden a un exhaustivo estudio histórico, a través de fuentes documentales de la expedición, crónicas, tratados de construcción naval, iconografía de la época, etc.
     La Nao Victoria 500 fue construida en los varaderos de Punta Umbría (Huelva), donde La Fundación Nao Victoria levantó anteriormente el Galeón Andalucía y una réplica de la Nao Santa María. La obra comenzó en febrero del 2019 y su botadura fue justo un año después, tras la cual, fue remolcada hasta Sevilla para atracarla frente al Paseo Marqués de Contadero, a escasos metros del Espacio Exploraterra y de la Torre del Oro.
     Su construcción fue fruto de doce meses de intenso trabajo donde participaron todos los oficios relacionados con la construcción naval: carpinteros de ribera, calafates, rederos, veleros, artesanos, ingenieros, historiadores, etc.
     La Nao Victoria 500 tiene una eslora de 26 metros, una manga de 6,6 metros, un calado de 3 metros y 3 palos (además del bauprés), que enarbolan 6 velas con una superficie de 290 m².
     Los visitantes podrán conocer todos sus detalles y cómo vivieron en esta nave los tripulantes de la mayor hazaña marítima de todos los tiempos (www.espacioexploraterra.org)
Conozcamos mejor la Biografía de Magallanes, artífice principal de la primera circunnavegación a la Tierra;
     Fernando de Magallanes (Sabrosa, Tras-os-Montes -Portugal-, c. 1480 – Isla de Mactán -Islas Filipinas-, 27 de abril de 1521); navegante y descubridor portugués al servicio de la Corona de España, caballero comendador de la Orden de Santiago.
   Nació en el norte de Portugal en el seno de una familia noble, los Magalhais, que en 1095 se establecieron en Portugal procedentes de Borgoña. El lugar y la fecha de su nacimiento no se conocen con exactitud, aunque la mayoría de las fuentes se inclinan por Sabrosa (cercana a Vila Real) como el lugar en el que vio la luz por primera vez, otras fijan su nacimiento en Oporto, Lisboa o Ponte da Barca (distrito de Viana do Castelo). En cuanto a la fecha se puede afirmar que fue en torno a 1480.
   Era el menor de los tres hijos de Ruy de Magallanes, hijo de Pedro Alonso de Magallanes, y de Alda de Mesquita, hija de Martín Gonzálvez Pimenta y de Inés de Mesquita. Sus hermanos se llamaban Isabel y Diego.
   De niño ingresó como paje de Leonor de Lancaster, esposa de Juan II, rey de Portugal desde 1481. En la Corte recibió lecciones de equitación, música, danza y adquirió conocimientos científicos que incluían clases de Ciencias Náuticas, Cartografía y Astronomía, impartidas por competentes maestros nacionales y extranjeros, también recibió una férrea formación religiosa que marcó en buena forma la conducta de su vida.
   Los años de su infancia fueron testigos de grandes descubrimientos geográficos llevados a cabo por españoles y portugueses con el doble propósito de extender la fe católica y averiguar la verdadera situación de las islas de las especias que, como la pimienta, clavo, nuez moscada, jengibre o canela, aparte de ser estimulantes del apetito, eran inmejorables conservantes, al tiempo que disfrazaban con su sabor la podredumbre de las viandas. En 1487, Bartolomé Díaz descubrió el cabo de las Tormentas, hoy cabo de Buena Esperanza; en 1492, Cristóbal Colón descubrió el Nuevo Mundo; Vasco de Gama dobló el cabo de Buena Esperanza en noviembre de 1497 y llegó a Mozambique; en 1500, Álvarez Cabral llegó, llevado por los vientos, a la Tierra de Santa Cruz, actual Brasil, cuya parte norte había sido descubierta unos meses antes por Vicente Yáñez Pinzón y Diego de Lepe. El mismo año de 1500 Juan de la Cosa dio a conocer la carta náutica de su nombre. 
  En el Portugal medieval que conocieron y en el que vivieron los antepasados de Fernando de Magallanes la náutica, los nuevos descubrimientos y el comercio eran los temas obligados en las conversaciones cotidianas que desde niño estuvo habituado a escuchar y que, sin duda, forjaron su espíritu aventurero y le llevaron a realizar la gesta que hizo que su nombre figure en los anales de la historia.
   De la Corte de Leonor de Lancaster pasó al servicio del rey Manuel I. Embarcó en la flota que, al mando de Francisco de Almeida, partió de Lisboa el 25 de marzo de 1505 camino de la India, de la que Almeida fue nombrado virrey.
   Esta fuerza naval tomó sucesivamente Quiloa, actual Kilwa Kisiwani (Tanzania) y Mombasa (Kenia), para concluir viaje en Cananore (costa de Malabar) el 21 de octubre. Aquí, el 16 de marzo de 1506, tuvo lugar un gran combate naval en el que los lusitanos al mando de Lorenzo de Almeida, hijo mayor del virrey, destruyeron la flota del Zamorín de Calicut (India), que había pretendido sorprenderle.
   En noviembre del mismo año partió Magallanes de Cochin (India), a las órdenes de Nuño Vaz Pereira, para sofocar unas agitaciones en Tanzania, desde donde viajó a Mozambique. 
  En marzo de 1509, enrolado en la armada de Diego López de Sequeira, partió hacia Malaca, con escalas en Madagascar, Ceilán, actual Sri Lanka, y Sumatra. El 11 de septiembre, fondeados en Malaca, fueron atacadas las naves por los indígenas, mientras los mandos de la escuadra se encontraban en tierra parlamentando con el rey, perecieron sesenta portugueses en un encarnizado combate y varios tripulantes de la nave de Sequeira quedaron prisioneros en tierra; Magallanes salvó de una muerte segura al capitán Francisco Serrano, lo que volvió a hacer unas semanas más tarde, cuando la nave de Serrano fue atacada por un junco armado. De estos hechos surgió una gran amistad entre estos dos hombres. Este primer reconocimiento de Malaca resultó, por tanto, un verdadero desastre, que fue en gran parte compensado por las valiosas informaciones náuticas conseguidas y las noticias auténticas de las islas de las Molucas, a donde llegó Francisco Serrano.
   En octubre de 1510 Magallanes se encontraba nuevamente en Cochin y pasó al servicio del nuevo virrey Alfonso de Albuquerque, con quien participó a fines de noviembre en la conquista de Goa la Vieja, capital de la entonces India portuguesa. Acompañado de Serrano, se unió otra vez a las tropas de Alburquerque para llevar a cabo la conquista de Malaca en agosto de 1511. De regreso a la metrópoli fue admitido al servicio de la Corte como mozo fidalgo y luego como fidalgo escudeiro.
   En agosto de 1512, enrolado en la gran armada de Jaime de Braganza, salió de Lisboa hacia la costa atlántica africana de Berbería, con la misión de someter a Muley Zeyam, jefe del entonces estado tributario de Azamor, que intentaba eliminar el poderío portugués en la zona; aquí fue herido en combate con una lanza que le dejaría cojo para siempre. 
   Como consecuencia de su ejemplar comportamiento en la última expedición, su jefe, Juan de Meneses, le nombró cuadrillero mayor, título honorífico que sólo había sido otorgado a dos soldados en el ejército portugués. El nuevo cargo le hacía responsable de la seguridad de los prisioneros de guerra y encargado de la custodia del botín capturado a los moros que ascendía a doscientas mil cabezas de ganado lanar y cerca de tres mil entre caballos y camellos.
   En mayo de 1514 murió su gran valedor en las tierras marroquíes, Juan de Meneses, y los enemigos de Magallanes, envidiosos por su cargo de responsabilidad, iniciaron una campaña de desprestigio contra él, acusándolo de malversación de fondos, de abuso de su cargo y de entendimiento con el enemigo. El nuevo jefe, Pedro de Sousa, que no sentía gran simpatía por él, lo destituyó y ordenó que se le abriese un proceso y que fuese juzgado por un consejo de guerra.
   Magallanes, convencido de su recto proceder, no le dio importancia al tema y regresó a Portugal sin haber nombrado una defensa legal para rebatir las causas que se le imputaban.
   Nuevamente en Lisboa, el rey, Manuel I el Afortunado, le ordenó trasladarse a Marruecos para ser juzgado de las faltas que se le acusaba. Salió absuelto del juicio y volvió a Lisboa, donde en audiencia con el Rey, tras enumerar sus méritos, desde su servicio como paje de la Reina madre hasta su herida en la plaza de Azamor, solicitó la gracia llamada de “moradía en la casa real”, que suponía el ascenso de rango en la vida social, y autorización para servir a la Corona en una de las carabelas que partiesen hacia las Molucas o viajar en una nave particular a las islas de las Especias, lo que le fue denegado. Magallanes pensó que se le hacía una gran injusticia y decidió salir de su patria.
     Recibió noticias de Francisco Serrano, en las que le comunicaba que las islas de las Especias, las Molucas, estaban muy lejos de la costa de Malaca y que sospechaba que, a tenor del Tratado de Tordesillas, de 7 de junio de 1494, que modificaba la bula (Inter Caetara II) del papa Alejandro VI, estableciendo una línea de demarcación a 370 leguas a occidente de las islas de Cabo Verde, a poniente de la cual podrían explorar los españoles y a oriente los portugueses, las Molucas estaban dentro de la demarcación reconocida a España. 
   Por aquel entonces, concretamente el 25 de septiembre de 1513, Vasco Núñez de Balboa había descubierto desde el istmo panameño el que llamó “mar del sur”, actual océano Pacífico, confirmando las conjeturas de cartógrafos y navegantes sobre la existencia de un océano entre las islas Indias colombinas y el continente asiático. Quedaba por descubrir un paso interoceánico que uniese el Atlántico y el Pacífico y, como consecuencia de las exploraciones por la zona realizadas hasta la fecha por Alonso de Ojeda, Vicente Yáñez Pinzón, Diego de Lepe, Díaz de Solís, Álvarez de Pineda y el propio Núñez de Balboa, parecía manifiesto que el supuesto estrecho no estaba en las zonas conocidas del Nuevo Mundo, pero nada se oponía a su existencia en regiones más australes o más boreales.
   De hecho, en algunas representaciones cartográficas de la época, como el mapa de Martín Waldseemüller (1507), el del polaco Stobnicza (1512) o el globo terráqueo de Johann Schöner (1515), en las que, quizás por similitud con el continente africano o con la península indostánica, se afinaba el aún desconocido sur del Nuevo Mundo y podía atisbarse un paso marítimo. La existencia de este paso permitiría a España llegar a las Molucas sin vulnerar ningún tratado.
   El trato de Magallanes con navegantes y cosmógrafos, su correspondencia con Serrano y su resentimiento con el rey portugués, le llevaron a buscar el apoyo de España para tratar de hallar el sospechado paso. Para ello renunció públicamente a la ciudadanía portuguesa y, dispuesto a buscar la ruta que permitiría llegar a las Molucas por poniente, se trasladó a Sevilla, eje de todos los negocios relativos a la expansión ultramarina, allí se unió a otros personajes como el cosmógrafo Faleiro, el también portugués Diego de Barbosa, empleado de las Reales Atarazanas, y el factor de la Casa de Contratación de Sevilla, Juan de Aranda, por cuya mediación pudo conocer a altos personajes a quienes expuso sus proyectos y consiguió una audiencia real en Valladolid.
   En la Corte de Lisboa se conocieron estas gestiones, con el consiguiente temor de que los castellanos pudiesen perturbar el monopolio portugués sobre las especias, hasta el extremo de que llegaron a pensar en entorpecer de algún modo la empresa e incluso en eliminar a su promotor, razón por la que el obispo de Burgos, Juan Rodríguez de Fonseca, vicepresidente del Consejo de Indias, puso una escolta a Magallanes.
   En Sevilla, Magallanes contrajo matrimonio con Beatriz Barbosa, hija del influyente Diego Barbosa, con la que tuvo un hijo.
   En España habían ocurrido hechos importantes, había muerto el rey Fernando el Católico y estuvo como regente el cardenal Cisneros hasta la llegada de Carlos I, que a finales de 1517 desembarcaba en las costas cantábricas acompañado de un gran séquito de cortesanos flamencos, que, aunque mal recibidos por el pueblo español, rápidamente se hicieron los dueños de la política hispánica.
   Carlos I se informó a fondo del proyecto de Magallanes y le dio su aprobación. En el documento de capitulación firmado en Valladolid el 22 de marzo de 1518, quedó bien claro que, por un período de diez años, Magallanes y Faleiro se reservaban los derechos a los viajes posteriores que se realizasen, no concediendo la Corona permiso a nadie que no fuese a ellos, siempre y cuando la búsqueda del paso se intentase por la ruta que ellos señalaban en la costa de América. Quedaba también muy claro que tenían que respetar la demarcación de Portugal. Dada la importancia del viaje, se les concedía la vigésima parte de los beneficios obtenidos, el título de adelantado y gobernador de las islas y tierras que se descubriesen a favor de Magallanes, sus hijos y herederos, y la quinta parte de los beneficios obtenidos con las especias que trajesen al regreso. 
   A comienzos de septiembre de 1518, comenzados los preparativos para emprender el viaje, el Rey le concedió a Magallanes el título de caballero comendador de la Orden de Santiago y también en esos días nació su primer hijo, al que bautizó con el nombre de Rodrigo, nombre muy español a la vez que portugués, ya que éste era el nombre del padre de Magallanes.
   Para el viaje se hizo un gasto de 8.000.000 de maravedís y se prepararon cinco naves: la Trinidad, de 110 toneladas; la San Antonio, de 120 toneladas; la Concepción, de 90 toneladas; la Victoria, de 85 toneladas; y la Santiago, de 75. Las tripulaciones estaban integradas por unos doscientos cuarenta hombres, entre ellos, el burgalés Gonzalo Gómez de Espinosa, alguacil mayor y luego capitán general de la flota; el portugués Estevao Gomes o Esteban Gómez, piloto de la Trinidad, que desertaría con la San Antonio; el genovés Juan Bautista de Punzorol, maestre de la Trinidad; el portugués Duarte Barbosa, que llegó a mandar la expedición; el piloto francés Francisco Albo, autor del más valioso documento náutico del viaje; el jerezano Ginés de Mafra, conocedor del arte de navegar y transcriptor de una versión de la campaña; el ligur León Poncaldo de Manfrino, piloto y autor de una historia de la derrota e islas halladas; el lusitano Alvaro de Mesquita, primo de Magallanes, que actuaría como capitán de la San Antonio; Juan de Cartagena, primer capitán de la última nave citada y veedor general de la Armada; el sevillano Andrés de San Martín, cosmógrafo inquieto y piloto inicial de la misma San Antonio; el guetarense Juan Sebastián Elcano, contratado como maestre de la Concepción y capitán después de la Victoria; Gaspar de Quesada, capitán de la Concepción; el portugués Joao Carvalho, piloto de la misma nao y más tarde capitán general de la flota; el onubense Martín de Ayamonte, grumete de la Victoria; cuya declaración ante los portugueses es fuente directa para el estudio del viaje; Juan Serrano, capitán de la Santiago y piloto mayor de la flota, y Antonio Pigafetta, caballero de Rodas, nacido en Vicenza, que actuó como cronista y relator de los hechos, sin cuyo relato no se habría tenido conocimiento de tantos datos interesantes y valiosos como ha proporcionado su obra.
   El 10 de agosto de 1519 las cinco naos iniciaron su viaje hasta fondear en Sanlúcar de Barrameda, desde donde se hicieron a la mar el 20 de septiembre. Entre el 27 de septiembre y el 2 de octubre hicieron provisiones y completaron las dotaciones hasta doscientos sesenta y cinco hombres en Tenerife, luego se acercaron a la costa africana de Sierra Leona para buscar los vientos del sudeste que les llevarían al cabo brasileño de Santo Agostinho y, desde allí, hasta la bahía carioca de Santa Lucía, hoy Guanabara. Hacia el 27 del mismo mes, siempre navegando hacia el sur, reconocieron el cabo Santa María, descubierto por Díaz Solís cinco años antes, y el 10 de enero llegaron a la desembocadura del río de la Plata, que estuvieron explorando hasta el 7 de febrero.
   Durante la travesía desde Canarias hasta las costas sudamericanas surgieron tensiones y rivalidades; nada más zarpar, Magallanes ordenó a sus capitanes que, durante la noche, siguiesen el resplandor del farol que iba en la nao capitana, para que no perdiesen el rumbo. Ordenó también que, al atardecer, las cuatro naves saludasen a la capitana con un disparo de artillería. Juan de Cartagena, capitán de la San Antonio, no lo hizo, y el capitán general le ordenó que se aproximase con su barco, le preguntó por qué no saludaba como se había ordenado y éste contestó que era persona conjunta y tenía el mismo rango. Más tarde, Juan de Cartagena fue relevado en el mando, sustituyéndole Álvaro de Mesquita, como consecuencia de un nuevo enfrentamiento ocasionado por los cambios de rumbo que había ordenado el capitán general sin solicitar el parecer de sus oficiales.
   El 24 de febrero llegaron a una gran bahía, que bautizaron con el nombre de San Matías, en la que no encontraron el paso que buscaban. El 2 de marzo penetraron en una nueva bahía, que bautizaron como bahía de los Trabajos, actualmente conocida como Puerto Deseado, y el 31 del mismo mes llegaron al puerto que denominaron San Julián donde pasaron una fría y dramática invernada de cinco meses de duración.
   Aquí salieron a relucir abiertamente los resentimientos y agravios acumulados durante el viaje, Magallanes invitó a comer en su nao a capitanes y pilotos, pero sólo Mesquita aceptó la invitación. El clima de descontento y sedición aumentó de tal manera que, una noche, Juan de Cartagena y el capitán de la Concepción, Gaspar de Quesada, se dirigieron con treinta hombres a la San Antonio, prendieron a Mesquita y mataron al maestre Juan de Elorriaga.
   Adueñados de la San Antonio, la Concepción y la Victoria, los amotinados requirieron a Magallanes que se atuviera a las instrucciones reales y la contestación fue el apresamiento de los mensajeros y el envío de un batel con gente armada a la Victoria, donde sabía que tenía muchos partidarios, al mando de Gómez de Espinosa, quien dio muerte al capitán Luis de Mendoza y convenció a la vacilante tripulación para que volviera a la legalidad. Magallanes bloqueó la entrada a la bahía con los tres barcos leales, la San Antonio fue vencida cuando intentaba escapar y la Concepción se rindió. Los oficiales amotinados fueron apresados, Álvaro de Mesquita fue nombrado capitán de la San Antonio, Juan Serrano de la Santiago y Duarte Barbosa de la Victoria.
   Poco después, durante ese mismo invierno en San Julián, la Santiago naufragó cuando exploraba la costa hacia el sur y la tripulación tuvo que realizar una penosa marcha por tierra para regresar a San Julián.
   El capitán de la primera nao perdida, Juan Serrano, tomó el mando de la Concepción.
   El 24 de agosto, reanudaron la marcha las cuatro naves que quedaban, pero a los dos días tuvieron que refugiarse de los vientos junto a la desembocadura del río Santa Cruz, a poco más de 50º de latitud sur, donde permanecieron hasta el 18 de octubre, fecha de comienzo de la primavera en aquellas latitudes; el 21 de octubre avistaron y bautizaron el cabo de las Once Mil Vírgenes, a poco más de 52º de latitud sur. La San Antonio penetró por la embocadura unas cincuenta leguas y regresó con la noticia de que estaban en un estrecho que bautizaron con el nombre de Todos los Santos, festividad religiosa del día, y al que la historia le daría el nombre de Magallanes. Perdura el topónimo con que los expedicionarios denominaron al macizo que les quedaba por babor, Tierra de los Fuegos, o Tierra del Fuego, en alusión a las hogueras nocturnas que señalaban los campamentos de los indígenas.
   Durante la navegación por el estrecho, Magallanes ordenó a la San Antonio que explorase una de las posibles aperturas al mar. Durante la exploración el piloto Esteban Gómez hizo prisionero al capitán Mesquita y convenció a la tripulación para desertar y volver a España pasando por Guinea. El 27 de noviembre, los tres buques que quedaban llegaron al océano, en el que navegaron durante tres meses y veinte días sin provisiones frescas ni agua, lo que hizo que empezasen a padecer de escorbuto. Durante este tiempo no encontraron una sola tormenta, por lo que denominaron océano Pacífico al mar que Núñez de Balboa había bautizado como Mar del Sur. Inicialmente pusieron rumbos de componente norte a lo largo de la costa chilena, el 24 de enero, ya de 1521, avistaron una isla que bautizaron con el nombre de San Pablo, donde no encontraron lugar apropiado para desembarcar, por lo que continuaron navegando hasta el 4 de febrero, que descubrieron la que llamaron isla de los Tiburones, incluida con la anterior en la denominación de Infortunadas o Desventuradas, que bien pudieron ser las actuales Fakahina y Flint. No encontraron en estas islas los víveres que necesitaban y, una vez cortada la línea del ecuador, entre el 12 y 13 de febrero, navegaron hacia el noroeste hasta el día 28, que pusieron rumbo oeste, una vez en latitud 13º norte. El día 6 de marzo avistaron el actual archipiélago de las Marianas, que bautizaron islas de los Ladrones. Fondearon en la mayor de las islas, la de Guam. Allí fueron recibidos por los nativos, afables pero codiciosos, que asaltaron los tres buques y se llevaron todo lo que podía ser trasladado: las vajillas, cuerdas, cabillas y hasta las chalupas.
   Permanecieron allí solamente tres días para abastecerse y una semana después avistaron la isla de Siargao, al nordeste de Mindanao, en las actuales Filipinas, el 16 de marzo la de Dinagat, y posteriormente llegaron a Limasawa el 28 de marzo, festividad de Jueves Santo, donde el reyezuelo de la isla les acogió amistosamente y les proporcionó víveres. Allí, sobre un altar improvisado, se ofició la primera misa en tierra filipina.
   Una semana más tarde, ayudados por un piloto filipino, dejaron Limasawa y llegaron a la isla de Cebú, donde el rey Humabón les recibió con los brazos abiertos, y el domingo 14 de abril, después de una misa celebrada en la plaza del poblado, fue bautizado con el nombre del rey de España, Carlos.
   Magallanes le regaló a la Reina una imagen del Niño Jesús tallada en madera negra, que el arzobispo de Sevilla le había entregado antes de salir de España. Es curioso que más de cuarenta años después, el 16 de mayo de 1565, los soldados de Legazpi encontraran en la misma isla aquella imagen, a la que el pueblo filipino rinde aún hoy en día un culto entrañable en una capilla del convento cebuano de los padres agustinos.
   Con el fin de afianzar la soberanía española en toda la comarca pidió a los caciques vecinos que se sometiesen al dominio del rey de Cebú. Éstos enviaron regalos al monarca isleño como símbolo de su adhesión, excepto uno de ellos, Silapulapu, gobernador de Mactán, que no aceptó la invitación del capitán general, que reaccionó tratando de humillarle por la fuerza. Humabón y los oficiales españoles desaconsejaron un enfrentamiento abierto, pero Magallanes insistió en llevar a cabo una operación de castigo y tomó personalmente el mando de la acción. En la mañana del 27 de abril, con unos setenta hombres a bordo de dos bateles y escoltado por varias canoas cebuanas, se dirigió al poblado de Mactán, donde desembarcaron bajo una lluvia de flechas envenenadas y consiguieron prender fuego a las chozas del poblado.
    Magallanes recibió una pedrada en el rostro y fue herido en el brazo derecho. Durante la retirada, que llevaron a cabo con precipitación, recibió un machetazo en la pierna y luego fue rematado en el suelo.
   Las gestiones de los españoles para que les fuese entregado su cadáver y los de los que murieron con él fueron inútiles. Más tarde fue erigido un monumento/ memorial, que hoy en día se puede contemplar, en el lugar donde Magallanes fue asesinado por los nativos en la pequeña isla de Mactán.
   Nuevos problemas determinaron que Juan López de Carvalho tomase el mando de la expedición y de la Trinidad, Gonzalo Gómez de Espinosa fue designado capitán de la Victoria y Juan Sebastián Elcano el de la Concepción.
   Auxiliados por prácticos nativos llegaron a la pequeña isla de Panglao, donde Carvalho fue destituido, la Concepción fue incendiada debido al mal estado en que estaba y a la falta de tripulantes y Elcano tomó el mando de la Victoria.
   El 7 de noviembre de 1521 las dos naos llegaron a la isla Tidore, en las Molucas, alcanzándose así el objetivo marcado por Magallanes. Aquí cargaron especias y el 18 de diciembre iniciaron el viaje de regreso a España, pero la Trinidad hacía mucha agua y tuvieron que volver a Tidore, donde Elcano se comprometió ante Gómez de Espinosa a conducir la Victoria directamente a España por la ruta portuguesa, mientras que la Trinidad intentaría volver a América, una vez reparada. Fue entonces cuando surgió la idea de dar la vuelta al mundo, pues la expedición de Magallanes había salido con el fin de llegar a las Molucas por poniente y regresar por el mismo camino de ida.
   La Trinidad intentó sin éxito cruzar el Pacífico hasta Panamá y regresó a las Indias Orientales. La Victoria, en mejores condiciones para navegar, bajo el mando de Juan Sebastián Elcano, tomó la ruta occidental por el cabo de Buena Esperanza y el 8 de septiembre de 1522, llegaron a Sevilla los dieciocho exhaustos miembros de la tripulación que sobrevivieron al hambre, la sed, el escorbuto y a las hostilidades de los portugueses, que detuvieron a la mitad de los hombres de Elcano cuando hicieron escala en las islas de Cabo Verde.
   En el Panteón de Marinos Ilustres, en San Fernando (Cádiz), existe una lápida dedicada a la memoria de Magallanes por el entonces Colegio Naval Militar, que fue colocada al instalarse éste en el edificio contiguo en 1853 (Carlos Márquez Montero, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Espacio I Vuelta al Mundo y la Nao Victoria 500, en el paseo Alcalde Marqués del Contadero, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el paseo Alcalde Marqués del Contadero, en ExplicArte Sevilla.

Más sobre la Ruta Magallanes y la I Vuelta al Mundo 1519-1522, en Explicarte Sevilla.

lunes, 1 de abril de 2024

El Monumento a la Tolerancia, de Eduardo Chillida, en el paseo Alcalde Marqués del Contadero

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Monumento a la Tolerancia, de Eduardo Chillida, en el paseo Alcalde Marqués del Contadero, de Sevilla.
     Hoy, 1 de abril, es el aniversario de la inauguración (1 de abril de 1992) del Monumento a la Tolerancia, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el Monumento a la Tolerancia, de Eduardo Chillida, en el paseo Alcalde Marqués del Contadero, de Sevilla.
     El monumento a la Tolerancia se encuentra en el llamado Muelle de la Sal, del paseo Alcalde Marqués del Contadero, s/n; en el Barrio del Arenal, del Distrito Casco Antiguo.
     El Muelle de la Sal ocupaba una pequeña extensión entre el Puente de barcas y la Torre del Oro. Llamado así por la descarga de esta apreciada sustancia, es el lugar que el Ayuntamiento de Sevilla escoge para ubicar el monumento -del escultor y pintor vasco Eduardo Chillida- dedicado a a "Tolerancia", financiado en parte por la Asociación hebrea de Sefarad.
     Situado a ras de suelo, su silueta delimita una serie de espacios concatenados, resueltos por medio de paramentos curvos de piedra, con salientes y voladizos que de manera simbólica quieren significar el abrazo entre las culturas, y una llamada de atención al pacifismo.
     Visto desde arriba, el monumento a la Tolerancia permite perfectamente distinguir su movida, estructurada y geométrica planta, que es por otra parte transitable exterior e interiormente. Situado en un lugar donde le atraviesa la luz, ésta recrea las sombras que la propia escultura transmite. Sombra y luz, que son otros elementos a tener en cuenta, así como su emplazamiento donde goza de una excelente panorámica (Teresa Laffita, Sevilla turística y cultural, Fuentes y monumentos públicos. ABC de Sevilla, 1998).
     Según indica Mercedes Espiau "se presenta como el único monumento público sevillano concebido en términos de abstracción pura". 
     Además dice que el "diseño plantea un juego de llenos y vacíos donde coexisten grandes masas abiertas al espacio, desarrollando formas semicirculares que tanto desafían la gravidez de su peso como se quiebran bruscamente para apoyarse en el suelo. Y todo ello configurando una pieza única, cuyas formas se prolongan unas en otras siguiendo un ritmo propio de crecimiento continuado, en el que el vacío es concebido como un agente activo con la misma dimensión expresiva que el elemento tectónico".
     Teresa Laffita dice de él: "Situado a ras de suelo, su silueta delimita una serie de espacios concatenados, resueltos por medio de paramentos curvos de piedra, con salientes y voladizos que de manera simbólica quieren significar el abrazo entre las culturas, y una llamada de atención al pacifismo. Visto desde arriba, el monumento a la Tolerancia permite perfectamente distinguir su movida, estructurada y geométrica planta, que es por otra parte transitable exterior e interiormente. Situado en un lugar donde le atraviesa la luz, esta recrea las sombras que la propia escultura transmite. Sombra y luz, que son otros elementos a tener en cuenta, así como su emplazamiento donde goza de una excelente panorámica". 
     La importancia del artista que concibió la obra y su concepción con motivo de la Exposición Universal, le ha conferido su importancia histórica.
     Tanto artística como estéticamente, este monumento posee unos valores que podríamos considerar ya como universales (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     En dos placas que se encuentran a ambos lados del monumento, podemos leer los siguientes textos:

"DETENEOS, HOMBRES Y MUJERES QUE
PASAIS. DETENEOS Y ESCUCHAD.

ESCUCHAD LA VOZ DE SEVILLA, VOZ
HERIDA Y MELODIOSA, LA DE SU
MEMORIA, QUE ES TAMBIEN LA VUESTRA,
ES JUDIA Y CRISTIANA, MUSULMANA Y
LAICA, JOVEN Y ANTIGUA. LA
HUMANIDAD ENTERA EN SUS
SOBRESALTOS DE LUZ Y SOMBRAS, SE
RECOGE EN ESA VOZ PARA EXTRAER DEL
PASADO FUNDAMENTOS DE ESPERANZA.

AQUI COMO EN OTROS SITIOS, SE AMABA
Y SE ODIABA POR RAZONES OSCURAS Y
SIN RAZON ALGUNA; SE HACIAN
ROGATIVAS POR EL SOL Y POR LA
LLUVIA; SE INTERPRETABA LA VIDA
DANDO MUERTE, SE CREIA SER FUERTE
POR PERSEGUIR A LOS DEBILES, SE
AFIRMABA EL HONOR DE DIOS, PERO
TAMBIEN LA DESHONRA DE LOS HOMBRES.

AQUI COMO EN OTROS SITIOS, LA
TOLERANCIA SE IMPONE, Y LO SABEIS
BIEN VOSOTROS, HOMBRES Y MUJERES
QUE ESCUCHAIS ESTA VOZ DE SEVILLA.
SABEIS BIEN QUE, CARA AL DESTINO
QUE OS ES COMUN, NADA OS SEPARA.
PUESTO QUE DIOS ES DIOS, TODOS SOIS
SUS HIJOS. A SUS OJOS, TODOS LOS
SERES VALEN LO MISMO. LA VERDAD QUE
INVOCAN NO ES VALIDA SI A TODOS NO
LOS CONVIERTE EN SOBERANOS.

CIERTAMENTE TODA LA VIDA TERMINA EN
LA NOCHE, PERO ILUMINARLA ES
VUESTRA MISION.

POR LA TOLERANCIA.

ELIE WIESEL.
SEVILLA, ABRIL, MCMXCII." 


     "ESTE MONUMENTO A "LA TOLERANCIA",
OBRA DEL ESCULTOR EDUARDO
CHILLIDA, SE ERIGIO A INICIATIVA
DEL AYUNTAMIENTO DE LA CIUDAD,
CON LA COLABORACION DE LA
CONSEJERIA DE OBRAS PUBLICAS Y
TRANSPORTES DE LA JUNTA DE
ANDALUCIA Y EL PATROCINIO DE LA
FUNDACION "AMIGOS DE SEFARAD" QUE
LO OFRECE A LA CIUDAD DE SEVILLA
EN HOMENAJE A LA MEMORIA DE SUS
ANTEPASADOS Y AL MENSAJE
UNIVERSAL DE TOLERANCIA Y
CONCORDIA QUE ELLOS NOS BRINDARON.

SEVILLA MUELLE DE LA SAL
1 DE ABRIL DE MCMXCII".

Conozcamos mejor la Biografía de Eduardo Chillida, autor de la obra reseñada;
     Eduardo Chillida Juantegui, (San Sebastián, Guipúzcoa, 10 de enero de 1924 – 19 de agosto de 2002). Escultor.
     Es el escultor español de la segunda mitad del siglo XX que alcanzó mayor proyección internacional.
     Nació y residió durante su infancia y gran parte de su juventud en la ciudad de San Sebastián. Su atracción por el dibujo le impulsó a iniciar en 1943 la carrera de Arquitectura en Madrid, que abandonó cuatro años más tarde para asistir a clases de Dibujo en el Círculo de Bellas Artes. En 1948 viajó a París, se alojó en el Colegio Español de la Ciudad Universitaria, en el que coincidió y trabó amistad con Pablo Palazuelo y Eusebio Sempere, e inició su actividad escultórica con el barro y el yeso como materiales. En París participó en acontecimientos expositivos de importancia, como el Salón de Mayo (1949 y 1950) y la IV Exposition Les Mains Eblouies de la galería Maeght, que unos años más tarde se hizo cargo de su producción artística. En 1951 estableció su residencia y su taller en Hernani (Guipúzcoa); allí comenzó a trabajar el hierro como material escultórico y definió los presupuestos conceptuales y estilísticos de su producción artística posterior. De aquel momento datan las puertas de la basílica de Aránzazu y las iniciales series de hierro que dio a conocer en sus primeras exposiciones individuales de Madrid y París.
     En 1959 trasladó su domicilio a San Sebastián, ciudad en la que residió hasta su muerte. En ese mismo año inició su experiencia plástica con la madera, que dio origen a cuatro grandes esculturas de la serie Abesti Gogora (canto rudo) que realizó entre esa fecha y 1965. La realización de un viaje a Grecia en 1963 generó en el artista un interés por la luz, que dos años más tarde se plasmó en la serie escultórica Elogio de la luz. Su experiencia plástica se fue enriqueciendo al abordar sucesivamente el trabajo del hormigón (1972) y del barro, materia que comenzó a utilizar en 1977 en los talleres de cerámica de la Fundación Maeght.
     Paralelamente, Chillida desarrolló una importante actividad en los campos del dibujo y del grabado, que se dio a conocer en muestras de carácter monográfico, en certámenes internacionales que reconocieron su aportación gráfica con importantes premios, y en ilustraciones de obras filosóficas y literarias, como las litografías realizadas en 1968 para el libro Meditation in Kastilien, de Max Hölzer, los litocollages para Die Kust und der Raum, de Martin Heidegger (1969) o las ilustraciones para La escritura o la vida, de Jorge Semprún (1997).
     En 2000, dos años antes de su fallecimiento y afectado ya por una grave enfermedad, Chillida asistió a la inauguración del Chillida Leku, museo que acoge en Hernani, en el entorno natural de un viejo caserío del siglo XVI, una muestra de su trayectoria artística y sus últimas piezas de acero, granito y hormigón de carácter monumental. La muerte del artista tuvo lugar en 2002, sin que hubiera conseguido ejecutar su proyecto escultórico más polémico y ambicioso: la creación de un inmenso cubo vacío en el seno de la montaña de Tindaya, en Fuerteventura, que fue rechazado con dureza por las asociaciones culturales y ecologistas del Archipiélago.
     Las primeras creaciones realizadas por Chillida entre 1948 y 1950 son de carácter figurativo y, como los ídolos cicládicos y las estatuas arcaicas griegas que conoció en el Museo del Louvre, se caracterizan por la compacidad, la frontalidad y la fragmentación. Representativas de aquella primera fase son las esculturas Forma (1948), Maternidad (1948) y Concreción (1950). Con Ilarik (1951), que realiza en el taller de Hernani, se produce un cambio de orientación en los planteamientos artísticos de Chillida. Abandona la figuración y con el aprendizaje extraído de la tradición artesanal de los herreros, fuertemente arraigada en su entorno, define un nuevo y personal lenguaje escultórico que le convierte en artista universal. Su investigación plástica se centra desde entonces en la exploración de la materia, a través de la que intenta desvelar los enigmas de la existencia y del funcionamiento de la naturaleza, aspectos en los que se le ve influido por la poesía alemana del romanticismo. Las primeras esculturas de los años cincuenta son de hierro, materia que se convierte en aliada imprescindible del artista a lo largo de toda su trayectoria plástica. En ellas pone de relieve las leyes internas que rigen esa materia, su resistencia, densidad, elasticidad y texturas, aplicando las técnicas tradicionales de la fragua.
     En las series instrumentales de 1951-1956 (Consejo al espacio, Música de las esferas, Del horizonte, Elogio del aire, Música callada) evoca a través de la forma, de la materia y de la técnica los aperos agrícolas, y, en las series gestuales realizadas entre 1955-1966 (Hierros del temblor, Rumor de límites, Yunque de sueños, Modulación del espacio) configura unos volúmenes más complejos, impulsivos y sígnicos, que ocupan el espacio, establecen un diálogo con él y lo convierten en un lugar artístico cargado de referencias culturales.
     En las series de acero de carácter arquitectónico (Estelas, Alrededor del vacío, Elogio a la arquitectura), que inicia en 1964, recurre a técnicas industriales que le permiten conseguir volúmenes de grandes proporciones.
     La escala monumental había sido abordada anteriormente con la madera (Abesti Gogora), materia que por su menor peso facilitaba el aumento de tamaño y por su contextura blanda y escasa ductilidad abría una nueva experiencia en su indagación plástica, evocadora como las primeras obras de hierro de la impronta marcada en el artista por su entorno cultural más próximo, tanto en el aspecto técnico como en las referencias formales. Posteriormente, a partir de Lugar de encuentros III (1972), es el hormigón el soporte de sus creaciones monumentales, que culminan en 1990 con la colocación del Elogio del Horizonte en el cerro de Santa Catalina, en Gijón. Con el hormigón, a través de contundentes volúmenes abiertos, envolventes y receptivos, define mejor que con cualquier otra materia el concepto de recinto, de lugar creado para el hombre, de espacio abierto al encuentro, pensado para ser ocupado antes que para ser contemplado. Así pues, el proceso de creación y el resultado plástico dependen en la obra de Chillida de la elección y el enfrentamiento respetuoso a la materia.
     Con el hierro planteó una indagación espacial a partir de la continuidad formal; con la madera investigó sobre la rotundidad volumétrica y la noción de límite, investigación que profundiza con el hormigón para definir espacios concebidos como lugares de encuentro.
     Las investigaciones lumínicas emprendidas con el alabastro (Elogio de la luz, Elogio de la arquitectura, Modulación heterodoxa, etc.), la exploración de la ductilidad y ligereza del barro como materia primera y elemental (Lurra) y la experimentación con el papel como soporte de sus dibujos y grabados, pero también como materia liviana dotada de sus propias cualidades morfo-espaciales (Gravitaciones), resumen lo más significativo de la aportación realizada por Chillida al arte del siglo XX en sus más de cincuenta años de actividad creativa.
     Esa aportación tuvo un temprano y rápido reconocimiento internacional, en especial desde que, en 1954, Chillida obtuvo el Diploma de Honor de la X Trienal de Milán. En ese mismo año celebró en la galería Clan de Madrid su primera exposición individual, seguida dos años más tarde de la que mostró sus primeras piezas de hierro forjado en la galería Maeght de París, que Gastón Bachelard denominó Le cosmos du fer. Tras participar en la muestra Sculptures and Drawings from Seven Sculptors (1958) del Salomon R. Guggenheim Museum de Nueva York, consolidó su proyección mundial al conseguir el Primer Gran Premio Internacional de Escultura en la XXIX Bienal de Venecia. Le siguieron en 1959 varias muestras internacionales en Estados Unidos y Canadá y la exposición de tres esculturas en la II Dokumenta de Kassel. Enumerar la actividad expositiva de Chillida desbordaría la extensión de esta breve reseña biográfica, ya que su obra escultórica y gráfica ha recorrido las principales galerías, museos y centros de arte del mundo. Destacan las muestras personales celebradas a lo largo de toda su trayectoria en la galería Maeght de París y en el Kunsthalle de Basilea, donde en 1962 expuso junto a Rothko, a las que siguieron las de la Tate Gallery de Londres (1964), Wilhelm-Lehmbruck Museum de Duisbourg (1966) y Museum of Fine Arts de Houston (1966), en el que tuvo lugar su primera exposición antológica en Estados Unidos, que recorrió varios museos americanos en 1967. Tras una muestra en el Konstsalongen Samlaren de Estocolmo, en 1968, expuso en la sala Em Erker de Saint Gallen, donde conoció al filósofo Martin Heidegger y preparó las muestras de obra gráfica que se celebraron al año siguiente en el Kunstmuseum de Basilea (1969), Kunsthaus de Zúrich (1969) y Stedelikj Museum de Ámsterdam (1969). Otras exposiciones importantes de su trayectoria tuvieron lugar en la Hastings Gallery-Spanish Institute de Nueva York (1974), Carnegie Institute de Pittsburg (1979), Guggenheim Museum de Nueva York (1980), Palacio de Cristal del Retiro de Madrid (1980), Kestner Gesellschaft de Hanover (1981), Fundación Miró de Barcelona (1986), Kunstmuseum de Bonn (1989), Bienal de Venecia (1990), Matin-Gropius-Bau de Berlín (1991), Palacio de Miramar de San Sebastián (1992), Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid (1998) y Museo Guggenheim de Bilbao (1999).
     Representada en los principales museos del mundo, su obra ocupa también destacados espacios urbanos.
     Desde el Monumento a Fleming (1955), que realizó para el jardín de Ategorrieta en San Sebastián, y que actualmente se encuentra en el Paseo de la Concha de esa ciudad, Chillida creó numerosas esculturas públicas, de las que destacan El Peine del Viento IV (1969), ubicado en París ante la fachada del edificio de la UNESCO; Peines del viento (1972-1977), que se abre al mar al pie del monte Igueldo en San Sebastián; Lugar de Encuentros III (1972), colgada en 1978 del puente del Paseo de la Castellana, en Madrid, y el Monumento a los Fueros de Vitoria (1980), ejecutado en colaboración con el arquitecto Peña Ganchegui.
     Junto a ellas, La casa de Goethe de Frankfurt (1986), Gure Aitaren Etxea de Gernika (1988) y Elogio del Horizonte de Gijón (1990) son algunas muestras relevantes de las piezas creadas para espacios abiertos.
     Eduardo Chillida, que también tuvo una experiencia docente como visiting professor en el Carpenter Center de la Universidad de Harvard (1971), obtuvo la práctica totalidad de los premios de arte existentes en su época. Además de los ya señalados de la Trienal de Milán y la Bienal de Venecia, consiguió, entre otros, los premios Kandinsky (París, 1960), Providence Arts Club (Rode Island, 1962), Carnegie (Pittsburg, 1964), Wilhelm-Lehmbruck (Duisburg, 1966), Art Institute (Providence, 1966), Grosser Kunstpreis des Landes (Nordrhein-Westfalen, 1966), Wellington de escultura (Madrid, 1970), Rembrandt (Basilea, 1975), Tenth Internacional Bienal Exhibition of Prints (Tokio, 1976), Andrew W. Melon (Pittsburg, 1978), Europa de Bellas Artes (Estrasburgo, 1983), Pendo Verlag (Zúrich, 1983), Prix National des Beaux-Arts pour la Sculpture (París, 1984), Wolf Foundation Prize (Israel, 1985), Príncipe de Asturias de las Artes (Oviedo, 1987), Lorenzo el Magnífico (Florencia, 1987), Praemium Imperiale de la Japan Art Association (1991), Jack Goldhill Price for Sculpture (Londres, 1996) (María Soledad Álvarez Martínez, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Monumento a la Tolerancia, de Eduardo Chillida, en el paseo Alcalde Marqués del Contadero, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el paseo Alcalde Marqués del Contadero, en ExplicArte Sevilla.

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sábado, 3 de febrero de 2024

Un paseo por el paseo Alcalde Marqués del Contadero

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el paseo Alcalde Marqués del Contadero, de Sevilla, dando un paseo por él
     Hoy, 3 de febrero, es el aniversario del inicio del mandato (3 de febrero de 1952) como alcalde de Sevilla, de Dº Jerónimo Domínguez y Pérez de Vargas, Marqués del Contadero, a quien se le dedica esta vía, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el paseo Alcalde Marqués del Contadero, de Sevilla, dando un paseo por él.
   El paseo Alcalde Marqués del Contadero es, en el Callejero de Sevilla, una vía que se encuentra en los Barrios de Santa Cruz, del Arenal, y del Museo, del Distrito Casco Antiguo, y va del Puente de San Telmo, al Puente de Isabel II, o de Triana
   El Paseo es un espacio público con predominio de la linealidad que invita a la confusión, al menos actualmente, cuando muchos de ellos han perdido la funcionalidad que les dio nombre. El origen de esta denominación genérica se encuentra en su función como espacio de relación y esparcimiento. Tal sería el caso que nos ocupa.
   En 1977 se le rotula con dicho nombre, en recuerdo de Jerónimo Domínguez Pérez de Vargas, alcalde desde 1952 a 1958, durante cuyo mandato se llevaron a cabo importantes realizaciones en la ciudad. Este espacio, inaugurado como paseo en 1980, formó parte del Arenal, lugar de atraque de los barcos que llegaban a la ciudad. Su papel se acrecentó a partir de la construcción del puente de barcas en 1174, ya que impedía a los navíos subir más, como en principio así parece que ocurría; además, la ubicación del centro económico y administrativo en el actual sector de la Catedral hacía de este tramo del río el mas próximo a dicho centro. A pesar de la importancia del tráfico fluvial, parece que durante mucho tiempo careció de instalaciones portuarias propiamente dichas. Desde el s. XV se alude a puertos y muelles. La cita más antigua de la construcción de uno de estos se sitúa a principios de siglo, en relación con el comienzo de las obras de la Catedral, que obligó a disponer uno para descargar la piedra destinada a aquélla. En 1420 hay una referencia al puerto de las Muelas, ubicado en las proximidades del puente y no en el sector de los Remedios, como se venia afirmando: "... al puerto que llaman de las Muelas, que es cerca de la dicha puente" (Sec. 15ª, 1420, núm. 6); en el s. XVI es frecuente la expresión "río de las Muelas" en la documentación, el término estaría en relación con las piedras para moler en él existentes. En 1445 se cita otro muelle cerca de la Torre del Oro, que debía ser el de la Catedral; por estos mismos anos se alude a un puerto para la descarga de pescado. En 1487 al Postigo del Carbón se le identifica como el postigo que está frontero al muelle. En 1475 los Reyes Católicos autorizan al almirante la construcción de uno donde se realicen todas las operaciones de carga y descarga, aunque es posible que no llegara a realizarse. En los siglos posteriores se alude a tres muelles en este sector: el del Barranco, junto al puente, cuyo topónimo ha llegado a la actualidad al otro lado del mismo; el del Arenal y el de la Aduana. A pesar de todas estas referencias y del incremento experimentado por el movimiento portuario en los siglos XVI y XVII, las múltiples imágenes del Arenal que han llegado hasta nosotros no permiten identificar dichas instalaciones portuarias, salvo la existencia de una grúa o "ingenio" junto a la Torre del Oro. Habría que esperar a la segunda mitad del s. XIX, para que se lleve a cabo una política de construcciones de muelles y de ordenación del espacio, vinculándose dichas operaciones con las realizadas para incrementar la navegabilidad del río y cierta reactivación económica de la ciudad. En los años de 1830, uno existente junto a la citada Torre era considerado suficiente, pero en 1858 ya era valorado como estrecho y poco capaz, por lo que en la década de 1860 se realiza un gran esfuerzo. La parte próxima al puente de Triana se denomina, en 1868, muelle de la Armada, y en fechas recientes de la Sal, por descargarse este producto en dicho sector. Aquí se levanta hoy el monumento a la Tolerancia, obra de Chillida.
     A lo largo del s. XX la actividad portuaria de dicha zona ha ido decayendo, a medida que el puerto se desplazaba aguas abajo. La transformación del puente de San Telmo de levadizo a fijo, a comienzos de la década de 1960, confirmó dicha evolución y desapareció la función que dio su impronta a este espacio de la ciudad. En los años sesenta se decide reordenar estos muelles. transformándolos en lugar de esparcimiento y paseo, con lo que el rio atraía hacia si, una vez más, la actividad que durante siglos había ocupado el paseo de Cristóbal Colón, ahora río de automóviles. Se diseña así un espacio a tres niveles, a partir del mencionado paseo hasta el muelle construido en el s. XIX, y se mantienen los accesos en rampa en sus extremos. Se introducen diversos materiales y se crean unas galerías que desde su construcción han albergado las instalaciones de la Feria Iberoamericana de Muestras. Como tal paseo, se ha dotado de una pérgola de fundición en el nivel superior, así como de una serie de bancos de fábrica y de fundición; se ha respetado el pavimento de grandes adoquines en el nivel correspondiente al antiguo muelle, y se han plantado varios tipos de árboles, entre otros acacias, álamos blancos, palmeras y ficus. Este cambio de funciones de los antiguos muelles ha permitido revitalizar algunos quioscos de bebidas de la zona, y enlaza con unos pequeños jardines, próxi­mos al puente de Triana. De su antigua fun­ción portuaria queda, como una reliquia, el atraque de los barcos que hacen el recorrido turístico-recreativo por la dársena y hasta Sanlúcar de Barrameda.
     Por lo que se refiere a la parte situada al otro lado del puente de Triana, subsistió como una zona marginal, en parte separada del entorno por el ferrocarril del puerto. Durante el pasado siglo se vio afectada por las instalaciones fabriles levantadas en sus inmediaciones. Cuando se llevó a cabo el cerramiento de Chapina, se le dio acceso por él y se formó un pequeño parque, poco utilizado, salvo por marginados. Coincidiendo con las reformas efectuadas en el otro lado, se mejoró este espacio, que se fue integrando más al desaparecer el citado ferrocarril Se levanta el monumento a fray Bartolomé de las Casas, obra de Emilio García Ortiz, y últimamente, junto a las casas que delimitan estos jardines, se ha construido una Calzada para el tráfico de vehículos, mientras se llevan a cabo las reformas del viario en Arjona e inmediaciones [Antonio Collantes de Terán Sánchez, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993]
Conozcamos mejor la Biografía del Marqués del Contadero, a quien se dedica la vía reseñada;
   Jerónimo Domínguez y Pérez de Vargas (18 de junio de 1897 - septiembre de 1966), marqués del Contadero, fue un empresario agrícola, ganadero, político y aristócrata español que desempeñó diferentes cargos públicos durante su vida.
     Fue alcalde de Sevilla en el periodo comprendido entre el 3 de febrero de 1952 y el 21 de marzo de 1959. Tras tomar posesión de su cargo, fue recibido en el Palacio del Pardo por Francisco Franco al cual explicó los graves problemas que aquejaban a la ciudad, entre ellos la escasez de viviendas, falta de escuelas, deficiencia en el abastecimiento de agua, riesgo de inundaciones por las crecidas del Guadalquivir y deficiente servicio de transporte, entre otros, recibiendo vagas promesas sobre la solución a dichos problemas. Un año después, Franco visitó Sevilla en el periodo comprendido entre el 14 y el 29 de abril, celebrando un Consejo de Ministros en los Reales Alcázares y aprobando diferentes proyectos, incluyendo un canal navegable entre Sevilla y Sanlúcar de Barrameda que se llamaría canal Sevilla-Bonanza. Sin embargo ninguna de estas promesas se materializaron, además el Ministerio de Obras Públicas prohibió el tránsito por el Puente de Isabel II a camiones autobuses y tranvías, debido a su mal estado de conservación, por lo que Jerónimo Domínguez y Pérez de Vargas presentó la dimisión el 24 de octubre de 1958, si bien esta no fue aceptada hasta el 21 de marzo de 1959. 
     También fue presidente de los dos clubes de fútbol profesional de la ciudad de Sevilla. Fue presidente del Betis durante los años 20, aun siendo un sevillista acérrimo, pero accedió a presidir el club para salvarlo de la quiebra económica. Años más tarde, también presidió al Sevilla Fútbol Club, y durante su mandato el club ganó su primera y única Liga hasta el momento. 
   Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el paseo Alcalde Marqués del Contadero, de Sevilla, dando un paseo por él. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

El paseo Alcalde Marqués del Contadero, al detalle:
Puente de San Telmo
Monumento a Fray Bartolomé de las Casas