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viernes, 14 de agosto de 2026

La Cisterna Romana, bajo la plaza de la Pescadería

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Cisterna Romana, bajo la plaza de la Pescadería, de Sevilla.   
    La Cisterna Romana, bajo la plaza de la Pescadería, se encuentran en la dicha plaza de la Pescadería, s/n; en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo.
     En el conjunto de las grandes ciudades hispanas, Híspalis continúa ostentando el dudoso mérito de ser uno de los núcleos urbanos menos documentados por la labor arqueológica. De este modo, a pesar del importante desarrollo que la arqueología urbana ha vivido en la ciudad de Sevilla durante las últimas décadas  y  el  constante  aumento  en  el  número  de  intervenciones,  el  registro estratigráfico  de  contextos  romanos  sigue  siendo  en  la  actualidad  particularmente escaso. La potente estratificación generada por periodos de intensa actividad constructiva durante la Edad Media y Moderna así como la acción aluvial del río Guadalquivir son las principales causas por las que el registro arqueológico, supeditado generalmente a los proyectos de edificación, difícilmente logra alcanzar estos contextos en contadas ocasiones.
     Aunque  lentamente,  este  panorama  parece  estar  cambiando  gracias  a  la documentación de nuevos contextos correspondientes a la época romana en el  curso  de  sucesivas  intervenciones  desarrolladas  en  los  últimos  años.  Sin embargo,  la  importancia  de  estos  hallazgos  se  encuentra  mermada  por  una serie de problemas comunes a la práctica de la arqueología urbana. En la mayor parte  de  los  casos,  estos  contextos  han  sido  localizados  en  sondeos  estratigráficos de escasa superficie, por lo que su registro no pasa de ser puntual e imposibilita  un  conocimiento  significativo  de las estructuras localizadas. Por otra parte, los contextos romanos documentados en la ciudad de Sevilla corresponden mayoritariamente a ámbitos domésticos y funerarios. En este sentido, el  conocimiento de las infraestructuras y edificios públicos de Híspalis sigue siendo, a día de hoy, prácticamente nulo.
     La mencionada escasez de datos materiales ha protagonizado el debate historiográfico sobre el urbanismo hispalense. Desde los primeros estudios realizados durante los siglos XVI y XVII, los sucesivos esfuerzos por bosquejar un esquema básico de la estructura urbana de Híspalis han debido enfrentarse a este vacío fundamentalmente mediante el uso de las fuentes literarias y epigráficas, y proponiendo hipótesis que en la mayoría de las ocasiones no pueden ser refrendadas por elementos concretos.
     El descubrimiento de la cisterna romana que se publica en el presente artículo viene a aportar un nuevo argumento que permita desechar, ratificar o establecer hipótesis sobre el urbanismo hispalense. En este sentido, es necesario incidir en el hecho que, dadas la naturaleza y funcionalidad de la estructura, este edificio es en sí mismo un articulador del espacio público y no puede ser explicado sino dentro de una organización compleja en la que los diferentes hitos que constituyen el entramado urbano interactúan entre sí para configurar el paisaje de la ciudad romana. Así pues, la presentación de este descubrimiento constituye únicamente el primer paso para la generación de ulteriores estudios y debates que permitan enriquecer el conocimiento sobre Híspalis.
INTERVENCIÓN ARQUEOLÓGICA
     La actividad arqueológica que ha documentado la presencia de una cisterna romana en la Plaza de la Pescadería se desarrolló en el marco del proyecto de restitución de pavimentos en vía pública denominado Piel Sensible, Casco Antiguo, promovido por la Gerencia Municipal de Urbanismo del Ayuntamiento de Sevilla. Los trabajos proyectados comprendían un control de los movimientos de tierra necesarios para la renovación de pavimentos e infraestructuras correspondientes, así como la realización de sondeos estratigráficos cuyo único objeto era documentar la secuencia histórica en un sector de vital importancia para el conocimiento de la evolución urbana de la ciudad de Sevilla, aprovechando la ocasión de la retirada de los pavimentos por parte de la obra civil.
     En el sondeo previsto en la citada plaza, a la cota absoluta 12,20 fue localizado el primer tramo de muro del edificio. Las características de la fábrica y sus considerables dimensiones indicaban que el sondeo se encontraba situado en el interior de una estructura arquitectónica de cierta entidad, por lo que se procedió a la excavación de los estratos que la colmataban hasta la localización de su pavimento, situado a la cota absoluta 8,9. La presencia de un cordón hidráulico en la base del muro ratificó la identificación de esta estructura como una cisterna romana.
     La importancia del hallazgo motivó la continuación de las labores arqueológicas con el fin de delimitar el perímetro de la estructura, permitiendo de tal modo valorar la posibilidad de su excavación íntegra. Pudo observarse que la mayor parte los elementos verticales del edificio se encontraban inmediatamente situados bajo el asiento de preparación del pavimento de la actual plaza, lo que hacía suponer un estado de conservación excepcional de los restos arquitectónicos subyacentes. Ante estas circunstancias se planteó la posibilidad de excavar en extensión parte de una de las naves del edificio, en concreto la localizada durante la realización del sondeo estratigráfico inicial. Esta excavación permitió, por una parte, documentar algunos de los elementos de la estructura que no habían sido registrados con la realización de los sondeos, como el muro exterior N y dos puertas de comunicación internas, y por otro lado la puesta en valor de los restos mediante la modificación del proyecto de obra civil que ha incluido el cerramiento del área excavada y la creación de un acceso para posibilitar futuras visitas.
     La excavación en extensión de la nave oriental de la cisterna se ha desarrollado en un área de 227  m2, que corresponde aproximadamente a la mitad de su superficie total, encontrándose la mitad sur  bajo la calzada de Cuesta del Rosario y la línea de edificios adyacentes. Esta restitución hipotética está basada en la identificación del vano de comunicación situado al S del área excavada como parte de uno de los ejes del edificio, considerando un trazado simétrico de la planta del mismo. De este modo, la dimensión total de la cisterna sería de 45 metros de largo y 20,7 metros de ancho, midiendo cada una de las naves 41 metros de longitud y 5 metros de anchura.
     Por otra parte, dado el conjunto de circunstancias favorables se decidió efectuar una limpieza arqueológica en extensión en toda la zona baja de la plaza, con el objeto de contextualizar el hallazgo en la trama urbana contemporánea y valorar los restos existentes de cara a la posibilidad de continuar en futuras intervenciones la documentación de un área arqueológica tan significativa.
EL CASTELLUM AQUAE
     El edificio que publicamos como castellum aquae presenta planta rectangular y está organizado en tres naves longitudinales comunicadas entre sí mediante vanos rematados en arcos de medio punto ligeramente rebajado. Está construido en opus testaceum, utilizándose en las caras de los muros fábricas de ladrillo dispuestos en hiladas alternándose su colocación a soga y tizón, mientras que el interior se encuentra relleno de mortero de cal reforzado con diferentes materiales de acarreo. Hiladas de ladrillo dispuestas a modo de verdugadas aumentan la resistencia de los muros a las tensiones generadas por el empuje de las bóvedas y el propio terreno. El revestimiento interno de los muros presenta una doble capa de mortero de cal hidráulica. A esta función se debe igualmente el uso de cordones de refuerzo en el encuentro entre los planos formados por las paredes y el pavimento, siendo significativamente de mayor tamaño los horizontales que los verticales. El pavimento está compuesto por una potente base de opus signinum realizado en mortero de cal, fragmentos cerámicos y materiales de acarreo dispuestos en tongadas  y compactados.
     En la cara exterior del muro de cierre occidental del edificio pudo ser documentado el arranque en alzado de un muro de sillares apoyado sobre la fábrica de ladrillo, saqueado en casi toda su longitud documentada. La función de este muro de sillares hubo de ser la de ocultar al exterior el alzado visible de la estructura y otorgar un carácter monumental a la misma.
     No se han conservado restos de las cubiertas de las naves, aunque con gran probabilidad pudieron haber sido bóvedas de medio cañón. Al no quedar siquiera resto alguno del arranque de éstas, no es posible determinar con seguridad la altura total de las naves. Desafortunadamente, en el transcurso de la intervención arqueológica tampoco han podido ser documentados la mayor parte de los elementos funcionales de la cisterna. De esta forma, desconocemos cual es la ubicación de la entrada o salida de agua, ni cual era el acceso a la cisterna desde el exterior para llevar a cabo las necesarias tareas de limpieza y mantenimiento.
     El paralelo más cercano para esta estructura es el castellum aquae de Itálica, con el que comparte numerosas similitudes aunque también significativas diferencias. El ejemplar italicense presenta el mismo tipo de planta rectangular con tres naves intercomunicadas entre sí por vanos rematados en medio punto. Sin embargo la utilización de contrafuertes internos en los muros exteriores así como las menores dimensiones del edificio, que en Itálica son de 31 metros de longitud y 17 metros de anchura, diferencian ambas edificaciones. Del mismo modo, el castellum italicense presenta dos vanos de comunicación en cada uno de los muros internos, mientras que el ejemplar hispalense debe tener al menos tres aunque de menor tamaño. A pesar de estas diferencias, la similitud en la técnica constructiva y la datación de ambos edificios en el siglo II d.C. no parece en absoluto casual y debe responder a algún empeño de tipo programático cuya identificación deberá ser resuelta con el avance de la investigación ante la aparición de nueva información.
     Como propuesta inicial y a la espera de nuevas intervenciones en la cisterna puede plantearse teóricamente una disposición de los elementos funcionales similar a la del castellum aquae de Itálica. De este modo, la entrada del suministro hídrico se llevaría a cabo desde el extremo N de la nave central, encontrándose en el extremo opuesto el acceso a la cisterna desde el exterior mediante una escalera, mientras que en la nave occidental se situarían la salida para el abastecimiento y el rebosadero. A este respecto, la ligera inclinación que presenta el pavimento de la nave oriental en dirección SN puede ratificar la ubicación de la entrada de agua en el extremo norte, ya que de este modo se produciría la decantación del agua almacenada antes de su distribución. En todo caso, estas hipótesis deberán ratificarse con la aparición de nuevos datos arqueológicos.
     Un interesante elemento ha sido descubierto durante las labores de restauración llevadas a cabo en las últimas semanas en el interior de la nave excavada. Tras la limpieza de la cara del muro exterior E ha aparecido, situado a 1,80 metros de altura desde el pavimento, una línea pintada en minio de un centímetro de grosor que transcurre a lo largo de toda la pared. La funcionalidad de esta marca se encuentra sin duda relacionada con el control de gasto de agua, indicando quizás el comienzo de una reserva necesaria para el abastecimiento de las necesidades básicas de la población. Inmediatamente por encima y debajo de esta línea pueden apreciarse numerosas marcas dejadas por los niveles fluctuantes del agua almacenada, lo que permite pensar que el suministro se mantenía de forma bastante continuada a pesar de las carencias hídricas de los ciclos estivales.
SECUENCIA HISTÓRICA
Periodo prerromano
     Uno de los aspectos más destacados por los diferentes autores que han estudiado el urbanismo hispalense ha sido el papel fundamental de la paleotopografía en la configuración de la ciudad. Por ello, y con el objeto de contextualizar el hallazgo en su marco geofísico, se llevaron a cabo sondeos geotécnicos que han permitido localizar el borde de la terraza fluvial entre dos puntos situados respectivamente en la zona alta y baja de la actual plaza.
     En relación a la fase prerromana, el único punto donde han sido localizados estratos relacionados con este periodo ha sido el sondeo en el que se documentó la zanja de cimentación del muro W de la cisterna. La escasa superficie de dicho sondeo no permite esbozar un paisaje previo a la romanización aunque si permite establecer un nuevo punto de referencia acotado para los mismos en torno a la cota absoluta 9,6. En este sentido, este nuevo punto pone en correspondencia las estratigrafías documentadas por Collantes en la excavación de la esquina de Cuesta del Rosario y calle Galindo y por Campos en la calle San Isidoro.
Periodo romano
     En el mismo sondeo al que se ha hecho mención en relación con los niveles prerromanos se localizó un pequeño monumento funerario de planta cruciforme y perfil escalonado. Se encuentra realizado en pequeños bloques de piedra y sillarejo, conservando parcialmente un revestimiento de mortero de cal. Su estado de conservación no es muy bueno, ya que perdió parte de su base durante la excavación de la zanja de cimentación de la cisterna. Su base se encontraba cubierta por un estrato de tierra limpia de matriz arcillosa y cenizas. El intenso color rojizo que presentaba el estrato está motivado indudablemente por la acción  del  fuego,  lo  que  pudiera  ser interpretado por la presencia cercana de  un ustrinum. Esta hipótesis está refrendada por el registro material del estrato, compuesto por un conjunto de ungüentarios fusiformes, fragmentos de cerámica campaniense y algunos restos óseos quemados.
     Todos estos elementos permiten identificar la presencia en el sector de un contexto funerario en uso al menos hasta la época tardorrepublicana. Al  no disponer de elementos concretos para emitir una valoración, no es posible determinar en que tipo de área funeraria se incluía el contexto documentado, aunque es posible plantear a modo de hipótesis, considerando la topografía del terreno, una necrópolis en torno a un acceso a la ciudad que descendiese hacia la ribera del río, tal y como es común en el mundo funerario romano. Este hecho es sin duda uno de los aspectos más relevantes de la intervención ya que establece un punto de referencia en la delimitación de la ciudad republicana y su recinto amurallado. 
     A partir de época julio-claudia el área documentada por la limpieza arqueológica sufrió un paulatino proceso de urbanización. Los contextos asociados a la posible necrópolis van a ser amortizados por una operación de aterrazamiento y preparación del terreno en el cual van a sucederse en primer lugar la implantación de puntuales actividades artesanales o de tipo industrial y posteriormente la construcción de estructuras de tipo residencial y público. Las primeras ocupan la zona central N del área de limpieza y pueden relacionarse una serie de canalizaciones rápidamente amortizadas entre sí que vierten en dirección NS. De las segundas únicamente se conserva la cimentación de una línea de fachada que discurre paralela al muro occidental de la cisterna, al haber sido derribadas para la construcción de la estructura hidráulica.
     Por su entidad, pudieran ser identificadas como parte de una estructura de carácter público dos cimentaciones realizadas en grandes sillares de piedra que ocupan el extremo occidental de la actual plaza. Estas configuran el ángulo NE de un edificio de identificación dudosa, dado el estado de conservación que presentan, en el que han podido documentarse dos fases constructivas diferentes. 
     La primera fase puede datarse genéricamente en el siglo I d.C. y a ella pertenece el muro E al que se asocia una preparación de pavimento y un gran pozo de agua. Este pozo está realizado en ladrillo aunque conserva en su perfil superior una hilada de bloque de piedra de los que arrancan cuatro nervios. Este elemento pudiera ser interpretado como parte de un cubrimiento abovedado de características indeterminadas. En el siglo II d.C. el edificio se amplía hacia el N con un nuevo muro de cierre y una nueva preparación para pavimento. Es significativo el hecho de que precisamente en este momento, que coincide con la construcción de la cisterna, se amortiza definitivamente el pozo de agua.
     La cercana presencia de unas posibles termas identificadas por Francisco Collantes en su mencionada excavación de Cuesta del Rosario pudiera encontrarse en relación directa con la edificación que ocupaba la zona baja de la actual plaza, aunque no existen argumentos de peso que permitan afirmar este hecho de un modo específico. En el caso de ser cierta una correspondencia entre ambas estructuras el pozo pudiera haber servido para abastecer el complejo tal y como se documenta en otros casos como el de la termas públicas de Ampurias.
     En la primera mitad del siglo II d.C. el sector ocupado por la actual plaza va a sufrir una completa transformación con la construcción de la gran cisterna de agua. Al encontrarse el edificio en la mayor parte de su alzado por debajo de las cotas de uso de época romana contemporánea, es necesario considerar la ingente tarea que hubo de suponer el movimiento de tierra necesario para vaciar el espacio ocupado por la estructura. Del mismo modo, para llevar a cabo la edificación fue necesario derribar las estructuras precedentes, cuyos restos es posible pensar que fueran reutilizados en la propia construcción de la cisterna así como en el relleno de la zanja de cimentación. Las estructuras situadas en zona comprendida entre la cisterna y el edificio que ocupa el extremo occidental de la plaza van a ser amortizadas por un hipotético pavimento del cual no se conservan restos pero que hubo de estar asociado al muro de sillares del muro occidental de la cisterna y que puede situarse en torno a la cota absoluta 13 metros, tal y como puede constatarse por la presencia del arranque del alzado. Relacionado a este pavimento únicamente se conserva una cloaca que discurre en dirección NS y amortiza todas las canalizaciones precedentes a las que se ha hecho mención anteriormente.
     No existen pruebas materiales que permitan asegurar la relación entre la cisterna de la Plaza de Pescadería y un hipotético acueducto fosilizado en el trazado de los conocidos como Caños de Carmona. Sin embargo, las coincidencias que muestran una teórica continuidad lineal de dicho trazado y la ubicación de la cisterna permiten plantear esta hipótesis, al menos hasta el momento en el que puedan obtenerse nuevos datos que la ratifiquen. Mayores dudas, si cabe, se plantean en relación a la distribución del agua almacenada en la cisterna. Las dimensiones de la misma hacen pensar en un significativo volumen de agua que permitiría cubrir tanto el aprovisionamiento doméstico como las necesidades de estructuras termales y otros edificios de carácter representativo. El principal problema se presenta a la hora de establecer que zonas de la ciudad habría de abastecer este depósito.
     Es poco probable que la cisterna romana de la Plaza de la Pescadería abasteciese al núcleo original de Híspalis, ya que este se encuentra situado a una cota superior y sería necesario un sistema de elevación de agua para permitir un correcto suministro. Así, teniendo en cuenta la referencia de 9 metros de cota absoluta que presenta el pavimento localizado del edificio, es más factible que éste abasteciese a los sectores urbanos situados bajo esta cota. En este sentido, la ampliación urbana que vivió Híspalis, precisamente por debajo de estas cotas, desde época flavia pudiera ser una de las razones que llevasen a promover la construcción de un nuevo acueducto. 
     En último lugar es necesario plantear la existencia de un castellum divisorium que permitiera repartir el caudal de agua entre diferentes redes de abastecimiento. Por motivos topográficos parece mucho más factible su ubicación en un punto alejado de la actual plaza en el sector bajo de la ciudad. De este modo se permitiría salvar el importante desnivel existente sin necesidad de multiplicar una red de abastecimiento subterránea situada muy por debajo de las cotas de pavimento, lo cual resultaría problemático ante la eventualidad de necesarias labores de control y mantenimiento. Que dicha estructura se situase en el entorno de la actual Plaza del Salvador o por el contrario se encontrase localizada más al norte es una cuestión irresoluble por el momento dados los datos de los que se disponen. 
Periodo tardoantiguo
     La presencia de varios grafittis realizados con carbón en la zona baja de la pared W de la nave excavada, así como de un muro que cerraba el extremo N de la misma, permiten pensar que en un momento previo a la destrucción de las bóvedas y posterior a la interrupción del suministro de agua se produjese un proceso de ocupación secundaria del edificio. Desafortunadamente, no existen elementos de juicio que permitan datar la interrupción del suministro de agua, que probablemente pudiera deberse tanto a una destrucción intencionada como accidental de parte del acueducto.
     Los primeros estratos de colmatación de la nave oriental de la cisterna pueden ser datados entre el final del siglo V y comienzos del VI d.C. En el sector sur de la nave oriental este proceso va a ser muy intenso desde fecha temprana y se encuentra directamente relacionada con el derrumbe de las bóvedas y fases sucesivas de saqueo de los materiales de construcción resultantes, quedando completamente colmatada ya en época tardoantigua. Esta rápida colmatación es la causa del apreciable buzamiento de los estratos posteriores hacia el norte de la nave. 
     Al contrario, en el extremo norte de la nave se documenta una reocupación del espacio mediante la construcción de un muro transversal realizado en una variante tardía del opus listatum. La funcionalidad de este espacio no ha podido ser determinada. A este respecto, la construcción de un pozo de agua en época moderna que cortó el extremo oriental del muro ha impedido documentar la existencia o no de un acceso a la habitación resultante de la construcción tardoantigua desde el interior de la nave. Únicamente la presencia de un mechinal en el ángulo nordoriental de la nave pudiera ser identificada como parte de esta reutilización, quizás relacionada a la probable existencia de un acceso perdido tal como una escala de madera.
     Estos fenómenos de saqueo y reocupación dan paso en el momento final de la época tardoantigua a un periodo de relativa inactividad antecedida por la deposición de amplios estratos de cenizas resultantes probablemente de episodios de incendio o la acción de hogares, hipótesis esta menos factible debido a la ausencia de paquetes significativos de restos orgánicos y huesos. Durante este momento de inactividad se forma un estrato de carácter sedimentario de matriz arenosa con restos de limos vegetales que pudiese ser identificado con una inundación temporal de la estructura.
Periodo medieval
     En el área de excavación en extensión, la actividad estratigráfica documentada durante el periodo medieval se concentra fundamentalmente en el sector norte de la nave oriental, donde la estructura se mantuvo visible hasta el siglo XI. Los procesos documentados durante el periodo están relacionados con el saqueo de materiales constructivos tanto del muro de reocupación tardoantiguo como de la propia cisterna. Este va a ir alternándose con la progresiva colmatación de los restos visibles de la nave, documentándose los últimos episodios de recuperación de materiales constructivos durante el periodo almohade, ya en forma de zanjas de saqueo. En este sector no se han documentado estructuras relacionadas a los estratos de época medieval islámica o cristiana.
     Un único elemento que puede asociarse a la existencia de estructuras de tipo residencial durante el periodo islámico en toda el área en la que se han desarrollado los trabajos arqueológicos. Se trata de un pozo de agua situado en la zona W de la plaza, donde se llevó a cabo la limpieza arqueológica. Este hecho únicamente puede explicarse con la eliminación posterior de los estratos correspondientes, de modo que la cota de uso de la zona haya sufrido un descenso desde el periodo medieval hasta nuestros días. 
Periodo moderno y contemporáneo 
     Las diferentes intervenciones en el pavimento de la actual plaza de Pescadería, incluyendo quizás la importante obra de alineación de los edificios de la Cuesta del Rosario a comienzos del siglo XX, han podido ser la causa de la desaparición de los estratos y estructuras asociadas de época medieval, moderna y contemporánea, a excepción de algunas cimentaciones y pozos, tanto ciegos como para el aprovisionamiento de agua.
     La principal duda suscitada para este periodo es el hecho de que, si bien el plano de Olavide presenta una plaza de fisonomía muy similar a la actual Plaza de la Pescadería, los restos de pozos y cimentaciones hacen plantear un urbanismo significativamente diverso. Para el caso de los pozos de agua situados en el centro y extremo norte de la nave excavada pudiera plantearse tanto la posibilidad de que fuesen parte de una estructura anterior al siglo XVIII como que se encontraran situados en un entorno de carácter público. Sin embargo, una cimentación asociada a un fondo de pileta y a tres pozos ciegos, situados en el extremo sur de la excavación en extensión, arroja un registro cerámico indudablemente posterior a la fecha de elaboración del plano de Olavide, por lo que no cabe descartar que la alineación que presenta en este documento la zona alta de la Cuesta del Rosario fuera alterada posteriormente por la construcción de una edificación, no recuperándose hasta el momento de la citada operación urbanística llevada a cabo a comienzos del siglo XX.
     Por otro lado, es necesario indicar la coincidencia que presenta el trazado de dos de las líneas de fachada del inmueble situado en la esquina de la calle Huelva con la Plaza de la Pescadería con el muro exterior norte y el  muro interior occidental de la cisterna. Este hecho no parece fruto de la casualidad y puede ser interpretado como la fosilización en el trazado urbano de los restos arquitectónicos romanos con motivo de su reutilización como cimentación, lo que implicaría un conocimiento de los mismos de los que no ha quedado constancia documental.
     Finalmente, a lo largo del siglo XX numerosas actuaciones para la construcción de infraestructuras han ido afectando a los restos de la cisterna romana, cuyos muros han sido repetidamente cortados por las zanjas realizadas para la colocación de tuberías de agua, cables eléctricos y cables telefónicos. Precisamente la más reciente afección de los restos arqueológicos ha sido la más destructiva con los mismos. Esta ha sido causada por la construcción de un registro subterráneo y diversos prismas para cableado de Telefónica, que han destruido parte de los muros romanos, especialmente el muro exterior occidental, sobre el que se ha colocado el citado registro.
CONCLUSIONES
     Tres son las conclusiones más destacables ofrecidas por el registro arqueológico documentado en la actuación arqueológica en la Plaza de la Pescadería.
     En primer lugar, el hallazgo de un monumento funerario de época tardo-republicana en el sector bajo de la plaza permite disponer de un punto límite para una hipótesis de delimitación de la ciudad republicana.
     En segundo lugar la construcción de un edificio de tal entidad como el depósito localizado en un área previamente urbanizada y en un sector tan cercano al núcleo originario de la ciudad no puede ser comprendida sino dentro de un gran proyecto de monumentalización de la ciudad. O bien, descartando el posible interés de construir o remodelar áreas de carácter público y representativo, la construcción de infraestructuras de tal magnitud pudiera implicar un proceso de expansión y crecimiento de la ciudad que las requiriese.
     Finalmente, resulta especialmente significativo el tardío abandono de la estructura, que puede ser datado en torno al siglo V d.C.. Este hecho permite pensar que las estructuras ciudadanas de Híspalis se encontraban activas hasta el momento de la toma del control territorial a manos visigodas (Miguel Ángel García García, Aqua Hispalensis. Primer avance sobre la excavación de la Cisterna Romana de la plaza de la Pescadería (Sevilla). Rómula 6. 2007). 
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Más sobre la plaza de la Pescadería, en ExplicArte Sevilla.

lunes, 3 de agosto de 2026

Un paseo por la calle Huelva

    Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Huelva, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 3 de agosto, es el aniversario (3 de agosto de 1492), de la partida de Colón del puerto de Palos de la Frontera, en el viaje del Descubrimiento del Nuevo Mundo, siendo este hecho histórico el más importante de la provincia de Huelva, así que hoy es el mejor día para Explicarte la calle Huelva, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     La calle Huelva es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo; y va de la confluencia de la plaza de Jesús de la Pasión, a la confluencia de la plaza de la Pescadería, con la calle Ángel María Camacho.
     La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Está formada por dos tramos, separados por la confluencia Ángel María Camacho y plaza de la Pescadería, que han tenido topónimos diversos. En un padrón de 1486 y en otros documentos, de los últimos años del s. XV aparece una calle llamada de la Pescadería o Pescadería Vieja, que parece corresponder al primer tramo. En 1497 ya se encuentra el topónimo Vidrieros, que también se cita en un padrón de 1520, mientras que en un documento de 1506, aparece como Vidrio, que correspondería a la que los callejeros del pasado siglo denominan Horno de Vidrio. Hay que matizar que dichos topónimos aluden al proceso del vidriado de la cerámica y no a la fabricación de vidrio. También es posible que se llamase en la primera mitad del s. XVI Esportillas, quizás porque allí se instalasen este tipo porteadores, pero a partir de 1559 se denomina de los Confiteros o Confitería, que conservó hasta 1917. Una calleja que comunica con Herbolarios seguramente es la que en la primera mitad del s. XV se identifica como Adexixa. Por lo que se refiere al segundo tramo, es la actual calle Rafael González Serna. En 1868, este topónimo desaparece y Confiterías se prolonga hasta la Alfalfa, quedando la calle ya unificada como hoy. En 1917 se la rotula Huelva, en señal de amistad con esta capital.
     Posee un trazado algo irregular, ligeramente curvo y estrecho, con pendiente hacia Jesús de la Pasión. En el lado de los impares existe la calleja citada. A comienzos del s. XVI se enladrilló y a fines del mismo se encontraba empedrada, durante toda la primera mitad del siguiente hay reiteradas demandas y acuerdos sobre este aspecto  A mediados del s. XIX estaba embaldosadas, aunque en muy mal estado, hasta el punto que los vecinos se comprometen, en 1855, a adquirir losas de Canarias para mejorar la calle. Cuatro años más tarde hay el primer acuerdo sobre adoquinado, que se instala por esos años, y en las primeras décadas del actual se efectúan reparaciones. A estas fechas deben corresponder los adoquines, dadas su dimensiones y la falta total de nivelación del pavimento, que han existido hasta la reciente reforma. Carece de aceras, salvo en unos pequeños trozos muy estrechos, y conserva guardaejes. La calleja posee unos enormes adoquines rojizos, que deben ser del primitivo adoquinado. Por el subsuelo corría la conducción de agua que abastecía las fuentes y casas particulares en un amplio sector de la ciudad. Por el contrario, las residuales lo hacían a cielo abierto, por lo menos hasta el siglo pasado. En el último cuarto de dicha centuria contaba con tres farolas de gas. Hoy se ilumina por medio de farolas sobre brazos de fundición adosados a las fachadas El caserío lo integran edificios de tres a cinco plantas que salvo algún caso excepcional, como el de la esquina a Pescadería, del s. XVIII, se levantan entre finales del pasado siglo y la última década; en algunos casos, su estado es de abandono. En la esquina con Jesús de la Pasión existió hasta el primer tercio del XIX un retablo de la Virgen del Pilar.
     Por sus nombres primitivos se pueden deducir las actividades predominantes. Aquí estaría uno de los dos únicos hornos de vidriado existentes en la ciudad, en tiempos de Peraza. En la otra parte, se encuentran diversos tipos de comercio. En 1559 hay varios fruteros, y por esos años comienzan a abundar los confiteros, pues toma dicho nombre y ésta será su característica hasta el s. XIX. Junto a los citados, también se encuentran especieros en el XVII, y semilleros en el XVIII. En esta centuria y en la siguiente el espacio público era ocupado por vendedores y regatones de hortalizas, frutas, sardinas, recova o ropas. En el primer tercio del XIX, se ha diversificado la actividad, queda algún confitero o semillero, y junto a ellos, almacenes de quincalla y cerería. En la década de 1860 se editaba allí el periódico El Demócrata. En la actualidad, hay algunos talleres, pequeñas tiendas y destaca, dadas las características de la calle, una relativamente importante variedad de bares. Un rasgo fundamental durante siglos fue el constituir un eje de tráfico, ya que debido al tipo de viario de toda la zona, era el único punto por el que podían circular vehículos en dirección este-oeste. Por la misma razón también se encontraba en el recorrido de procesiones de distinto tipo; e una de las que en 1625 se manda limpiar con ocasión de la Semana Santa, dando a entender que por ella pasaban varias cofradías. En el s. XVIII, los vecinos solicitaron la instalación de pilares para evitar el tráfico, lo que en algún momento se consiguió temporalmente. Parece que esta función la mantuvo hasta la apertura de la Cuesta del Rosario. Hoy apenas hay circulación por ella, se utiliza para salida o entrada a la plaza de Jesús de la Pasión [Antonio Collantes de Terán Sánchez, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor el hecho histórico más importante de la provincia de Huelva, provincia que da nombre a la vía reseñada:
 
     El 23 de mayo de 1492 los vecinos de Palos de la Frontera escucharon en la iglesia de San José la orden de los reyes para que colaboraran, sin ambages, en la empresa colombina. Debían suministrar a sus expensas dos carabelas, que habían de servir o entregar a los reyes durante doce meses y, además, tenían que partir a las órdenes de Cristóbal Colón «...rumbo a ciertas regiones de la Mar Oceana». La orden dejó estupefactos a los «expertos marinos» habitantes de la villa marinera onubense, ya que se trataba de alcanzar Las Indias por Occidente, bajo el mando de un capitán prepotente, extraño y desconocido. 
     La cuestión se suavizó sobremanera cuando la principal familia marinera de la villa, la de los Pinzón, se sumó a la aventura con su jefe Martín Alonso Pinzón (tenía cerca de 50 años) a la cabeza, que también había concebido la idea de ir a Japón por Occidente; este hecho sería utilizado en 1515, por los testigos de los pleitos de los Colón con el Emperador Carlos V, para desmerecer a Cristóbal Colón enalteciendo a Martín Alonso Pinzón; Vicente Yáñez Pinzón, el hermano menor, también se enroló. En Moguer la familia de los Niños también aportó hombres (Juan, el cabeza de familia, con su carabela la Niña, y dos de sus hermanos) y los Quintero proporcionarían la Pinta. La nao Santa María fue alquilada a un patrón cántabro, de Santoña, Juan de la Cosa que también se embarcaría.
     La cadena de mando en las naves hispanas del momento era piramidal. El capitán o máximo responsable, el maestre que solía ser el propietario del barco, mandaba a los marineros y dirigía todas las operaciones, y el piloto que como segundo en el mando de la marinería se encargaba de trazar la carta de navegación y la marcha de la nave; bajo sus órdenes se encontraba el contramaestre que tenía el control directo de las tareas que motivaban el buen orden a bordo de los barcos. Fueron 87 los hombres enrolados, marinos avezados, ni aventureros ni proscritos. 
     Colón mandaba la Santa María con Juan de la Cosa como maestre y era, además, el capitán general de la flota. Martín Alonso Pinzón (1440-1493) mandaba La Pinta con su hermano Francisco Pinzón como maestre, y su hijo Vicente Yáñez Pinzón La Niña con Juan Niño como maestre. Todos los marineros eran españoles salvo tres genoveses y un portugués, la mayoría andaluces del ducado de Niebla, pero había varios del norte o cántabros como el mencionado Juan de la Cosa y el contramaestre vizcaíno Chachu. Sólo había cuatro fugitivos de la justicia alistados, uno condenado a muerte por homicidio en una riña y sus tres cómplices. Nadie fue obligado a embarcarse y se pagaron 600 maravedís a los marineros noveles, 1.000 a los veteranos, 1.500 a los contramaestres y 2.000 para los pilotos; podían incrementar su salario cambiando su «pacotilla» con los indígenas. Luis de Torres, hebreo converso era el intérprete; Diego de Harana, primo de la amante de Cristóbal Colón, era el alguacil de la flota con carácter policial. Además iban un escribano para levantar actas de las tierras descubiertas, tres médicos y dos funcionarios regios: un «veedor real», agente fiscal para controlar los gastos y reservar la parte de la Corona (antiguamente era un funcionario público encargado de la inspección y control de las actividades de los gremios y sus establecimientos; a partir de las Cortes de Toledo de 1480, los Reyes Católicos le atribuyeron una jurisdicción por la que debería rendir una visita anual de control de los oficiales regios) y un «repostero de estrados del rey» sin misión específica y embarcado motu proprio. No había soldados a bordo, ya que la misión era de exploración.
     La Niña y La Pinta tenían 20 metros de eslora, 6´5 de manga y 3 de calado con una capacidad de 60 toneladas; la Santa María (llamada «La Gallega» y dedicada a Santa María la Grande, que es la patrona de los pontevedreses; texto del padre Sarmiento del siglo XVIII) poseía unos 25 metros de eslora, 8 de manga, 4 de calado y 100 toneladas de capacidad. Eran naves de altas bordas y redondeadas, con un velamen complejo de tres mástiles, capaces para soportar tempestades en alta mar, pero que por su calado reducido les era posible acercarse mucho a la costa, aún en aguas poco profundas. Su coste era escaso, dos millones de maravedís y un cuarto de millón al mes para el pago de la tripulación. La leyenda de la reina Isabel I La Católica de León y de Castilla empeñando sus joyas no tiene ningún fundamento. 
     Colón aportó la octava parte prestada por el duque de Medinaceli y el resto fue aportado por Luis de Santangel con fondos de la Santa Hermandad, cofradía armada que se encargaba de mantener el orden público en los reinos de León y de Castilla. Se embarcaron víveres para un año y en diez semanas todo estuvo aparejado. Al amanecer del 3 de agosto de 1492 la flota se hizo a la mar. «Vuestras Altezas como católicos cristianos y príncipes amadores de la Santa Fe Cristiana y acrecentadores de ella y enemigos de la secta de Mahoma y de todas las idolatrías y herejías, pensaron en enviarme a mí, Cristóbal Colón a las dichas partidas de India para ver los dichos príncipes y los pueblos y las tierras y la disposición de ellas y de todo, y la manera que se pudiera tener para la conversión de ellos a nuestra fe.» (José María Manuel García-Osuna y Rodríguez, Anales críticos sobre Cristóbal Colón, el Gran Almirante de la Mar Océana).
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martes, 2 de mayo de 2023

Un paseo por la calle Dos de Mayo

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Dos de Mayo, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 2 de mayo, es el aniversario del inicio de la Guerra de la Independencia (2 de mayo de 1808), así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Dos de Mayo, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      La calle Dos de Mayo es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio del Arenal, del Distrito Casco Antiguo, y va de la calle Arfe, al paseo de Cristóbal Colón.
     La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Un documento de 1419 se refiere al sector de la Carretería inmediato a las Atarazanas como calle Derecha. En padrones del s. XV, se encuentran citas como Marco de las Atarazanas y "fuera del Marco de las Atarazanas hasta la Torre del Aceite"; y en otro de 1665 se alude a una "Acera frente a la Cruz" en esta zona. Es posible que en algún momento se le llame también Pescadería, por instalarse éstas en las antiguas Atarazanas a fines del s. XV. A comienzos del s. XIX se relaciona con este lugar el topónimo Lonja del Río, citado en 1823; para, posteriormente, aparecer como Acera de la Maestranza, co­mo se le conoce en algunos callejeros. En 1859 se le cambia par el actual, en memoria de la que se considera fecha del inicio de la guerra de la Independencia contra las tropas napoleónicas.
     Se forma en la periferia del barrio de la Carretería que mira hacia la Resolana (calle Temprado), sobre el camino que salía del Postigo del Aceite hacia el río. La acera de los pares, se formaría hacia los siglos XV-XVI, cuando se consolida el citado barrio; mientras que en la de los impares el único edificio que existió durante siglos fue la fachada lateral de las Atarazanas, hasta que en el XVIII se levanta la Capilla del Rosario y en la segunda mitad del XIX la Maestranza de Artillería amplía sus instalaciones, construyendo un edificio hasta el actual paseo de Cristóbal Colón, del que hoy no queda más que el muro de fachada, ya que aquí se alza el Teatro de la Maestranza. 
     Es una calle relativamente ancha, en la que desembocan por la derecha las de San Diego, Don Pelayo, Pavía, Rodo y Velarde; y por la izquierda la de Temprado. Desde siempre ha sido lugar de tránsito, al confluir en una de las puertas de la ciudad y comunicar ésta con el río; puerta que, por ubicarse en ella el mercado de redistribución del aceite del Aljarafe, poseía una gran importancia desde los siglos medievales (calle Almirantazgo). A pesar de que en las centurias posteriores, desde fines del s. XVII, la función portuaria se fue debilitando, en el s. XVIII se construyen almacenes en su primer tramo, y en la segunda mitad del s. XIX vecinos y comerciantes de ella solicitan la construcción de una rampa frontera a la calle para tener acceso directo al muelle.
     La mayor parte de los edificios antiguos se encuentran en el primer tramo, hasta la confluencia de Temprado y Pavía: la ya cita­da fachada lateral de las Atarazanas, construidas en el s. XIII, en la que se instalan las pescaderías en el s. XV, y posteriormente se destina a Maestranza de Artillería, función que hoy conserva [actualmente en obras para la realización un espacio museístico]. En el de los pares, la primera manzana está formada por una serie de casas-almacenes construidas en el s. XVIII, en una de las cuales se encuentra el escudo del marqués de Torrenueva; más adelante, existen otras de viviendas, probablemente de la misma centuria. El resto de la acera está formado por casas levantadas en el siglo pasado y en éste -el solar sobre el que se construye la última manzana se subasta en 1905-, en cuyos bajos proliferan bares y algún pequeño comercio y talleres. Al comienzo de esta acera está una de las fachadas del antiguo Mercado del Postigo, hoy Lonja de Artesanía. Finalmente, en la acera de los impares hay que citar la Capilla del Rosario, cuya fachada primitiva miraba a las Atarazanas, iglesia de pequeñas dimensiones, probablemente del s. XVIII [Antonio Collantes de Terán Sánchez, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Dos de Mayo, 2 al 6. Conjunto de casas construidas en el siglo XVIII por el marqués de Torrenueva, cuyo escudo se encuentra so­bre una de las puertas. Constan de dos plantas y entresuelo, la inferior, que estaba destinada a almacenes, dividida en naves por arquería. Los balcones de la planta alta están sostenidos por tornapuntas de hierro.
Dos de Mayo, 8-10. Casa con características semejantes a las anteriores, pero rematada en ático.
Dos de Mayo, 12. Casa del siglo XVIII, de dos plantas y ático, éste con arquerías separadas por pilastras. En la crujía de fachada posee dos vanos por planta. En el zaguán conserva una interesante cancela.
Dos de Mayo, 14. Casa gemela de la anterior, por lo que se refiere a la organización de la fachada, y también con una cancela de interés [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Historia del 2 de mayo, efemérides que da nombre a la vía
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     Pocas insurrecciones populares han inspirado tanto a un pueblo como lo hizo Madrid con el resto de España para hacer frente a la ocupación francesa aquel 2 de mayo.
     No es ningún secreto la maniobra que usó Napoleón para ocupar el territorio español con todas las de la ley. Quizás lo que no queda tan claro es el nombre de ese engaño. El Tratado de Fontainebleau fue el regalo envenenado de Napoleón al rey de España.
     En este tratado, que se firmó el 27 de octubre de 1807, se pactó una invasión de Portugal en una coalición franco-española. Eso suponía el libre acceso a más de setenta mil soldados franceses al territorio español. La invasión fue un éxito, para finales de noviembre de 1807, las tropas francesas ya estaban entrando en Lisboa y los reyes portugueses exiliados en Brasil.
     Ante la nefasta gestión de Manuel Godoy, primer ministro de Carlos IV, y las sucesivas derrotas militares en la guerra anglo-española de 1796-1802, se generó mucho malestar. Este descontento llegó a todas las capas de la sociedad: las más bajas, por la profunda crisis económica provocada por la interrupción del comercio con América y la delicada situación de la hacienda. Y la nobleza, que se intrigaban junto al ambicioso príncipe Fernando y los agentes de Napoleón contra el rey y su primer ministro. Otro motivo de gran malestar fue la problemática presencia de las tropas napoleónicas que cada vez más actuaban como fuerzas de ocupación y no de paso.
     Godoy, asustado por las intenciones ocultas de los franceses, en marzo de 1808 trasladó a los monarcas fuera de Madrid, a Aranjuez, para poder evacuarlos hacia las Américas en caso de golpe de estado, tal y como habían hecho los reyes portugueses. El rumor de que los reyes abandonarían el territorio corrió como la pólvora. Los líderes de los fernandinos animaron a los civiles a que se aglomerasen en torno al Palacio Real de Aranjuez y empezaran a sitiarlo.
     El objetivo de esa rebelión era la abdicación de Carlos IV y la destitución de Godoy. Finalmente  el príncipe Fernando, que era el instigador, logró su objetivo y el día 19 de marzo de 1808 es coronado Rey. Era la primera vez en la España moderna que un rey era depuesto por un alzamiento popular.
     El mariscal Murat aspirando a conseguir el trono de España tuvo que conformarse con el de Nápoles ya que Napoleón reservó ese honor para su familia. 
      Murat fue uno de los más célebres mariscales de Napoleón y estuvo al frente de la ocupación  peninsular y de la posterior represión. Aprovechando el caos en Aranjuez, entró en Madrid el 23 de marzo con sus tropas e informó a Napoleón del cambio de corona antes incluso de que Fernando llegase a la capital.
     Conociendo las intenciones de Napoleón de destronar al joven rey, Murat se encargó de influir en la nobleza para crear el descontento entre la familia real acerca de la ilegitimidad por la abdicación forzosa. El Mariscal, como autoridad máxima de Francia en la Península, no lo reconocía como rey. Sabía que Fernando necesitaba el reconocimiento internacional, al menos el de Francia.
     Aprovechando esa ventaja y con la promesa de que Napoleón se reuniría con él en Madrid, lo fueron alejando de la capital. Primero hasta Burgos, luego Vitoria y finalmente, Bayona (Francia). El rey llegó a la ciudad fronteriza el 20 de abril con la promesa de que el emperador reconocería su legitimidad.
     Murat era una persona con una gran ambición. De origen humilde, gracias a la Revolución Francesa y a su talento para la guerra, ascendió al rango de mariscal en el 1804 con 47 años de edad. Pero Murat no se conformó con un rango militar y se emparentó con el emperador Napoleón casándose con su hermana Carolina Bonaparte cuando ésta tenía 18 años. La aspiración de Murat era llegar a ser rey de España. Lideró la discreta ocupación y posterior represión del 2 de mayo en Madrid.
      Murat era un buen represor, pero no un buen gobernante por lo que Napoleón prefirió poner a su hermano José, más ilustrado, moderado y diplomático que Murat, quien tuvo que conformarse con el reino de Nápoles, un territorio en plena decadencia para la política internacional.
     Con Fernando fuera de Madrid, el 16 de abril Murat dijo a la junta de gobierno provisional que Napoleón solo reconocería a Carlos IV como rey legítimo. El mariscal también exigió a la Junta que debían excarcelar a Godoy para llevárselo a Bayona. De esta manera intentaría convencer e influir a los antiguos monarcas para favorecer la legitimidad de Fernando.
     Con esta estrategia el día 22 de abril los reyes destronados partían del Escorial dirección Bayona donde llegarían el día 30 de abril con la seguridad que les sería devuelta su corona. El siguiente paso era trasladar el resto de la familia real a Francia para convencerles del traspaso de su legítima corona a sus manos. Cosa que logró sin mayores dificultades.
     Murat creía que la población de Madrid era tan impresionable como la mayoría de sus dirigentes y políticos, por lo que hacía alarde de fuerza paseando y desplegando sus tropas por la ciudad. Las cuales eran recibidas con hostilidad por parte de la población.
     El rumor de que los hijos de Carlos IV iban a ser sacados de Madrid hacia Bayona se extendió rápidamente. Rumor que efectivamente era cierto. A primera hora de la mañana, una muchedumbre de gente se aglomeró frente al Palacio Real. Su objetivo era impedir que los soldados franceses pudiesen acceder a Francisco de Paula, el hijo menor de Carlos IV.
     La tensión aumentó hasta que el hijo de Carlos IV salió al balcón para ver el gentío. Entonces, un grupo de ciudadanos atacó a unos soldados franceses creyendo que se dirigían a sacar al infante del palacio por la fuerza. Los franceses usaron artillería para dispersar a la multitud. Eso desencadenó episodios de violencia por toda la Villa. Todo el resentimiento acumulado por la ocupación y los abusos estalló.
     En España, las armas estaban prohibidas desde 1761 bajo el mandato del Rey Carlos III. Eran muy pocos los ciudadanos que disponían de ellas en sus casas. Si las querían, debían asaltar alguna caserna o robarlas de soldados muertos. Recurrieron a lo que tenían en casa, navajas, cuchillos, palos, macetas, etc. A pesar de que Murat ya había desplegado a sus treinta mil hombres por la ciudad, la revuelta duró todo el día. Las tropas napoleónicas no tuvieron escrúpulos o miramientos a la hora de reprimir a la población, se enfrentaron a hombres, mujeres y niños. Los soldados franceses muertos se cuentan por la centena, mientras que los ciudadanos madrileños cerca del medio millar. Existe un debate historiográfico acerca de el número de bajas.
     Después de aplacar a las masas, Murat decidió un castigo ejemplar para que el episodio no se repitiese. Ordenó fusilar a todo aquel participante del episodio y a toda persona arrestada durante el conflicto. La brutalidad de ese castigo, junto a la revuelta del 2 de mayo de Madrid, fueron el punto de inicio de la Guerra de Independencia, que se propagó hasta el último rincón de la Península. Los eventos se precipitaron a tal velocidad que para septiembre de ese mismo año ya se había constituido la Junta Suprema Central en Aranjuez. El conflicto se alargaría hasta el año 1814.
     Esa represión quedó reflejada para la posteridad en la célebre obra de Francisco de Goya que representa los fusilamientos del 3 de Mayo. Cabe destacar que en todo momento muchas de las autoridades tanto militares como administrativas españolas se alinearon con el ocupante francés, seguramente por miedo o por extorsión. 
   Los monumentos y honores al celebre día riegan las calles y plazas de la ciudad. También es el día oficial de la actual Comunidad de Madrid, en la que se realizan actos institucionales en honor a los caídos. Pero no solo en Madrid, en multitud de ciudades de todo el Estado se encuentran hoy en día calles, estaciones, plazas, etc. que recuerdan a las personas de esa jornada y lo que supuso para el futuro del país. Gracias a ese acto, se activó la cadena de eventos que trajeron la posterior redacción de la primera constitución española en 1812 (El Reto Histórico).
        El 2 de mayo de 1808, las tropas francesas deciden sacar a la Familia Real de Madrid, mientras les observa una multitud que protesta ante las puertas de palacio. La muchedumbre es disuelta por un batallón de granaderos, y la noticia origina una violenta reacción del pueblo de Madrid contra los franceses.
     Al día siguiente, 3 de mayo, el comandante del ejército francés y gobernador de Madrid, Joaquín Murat, toma medidas para restablecer el orden, castigando de manera sangrienta el levantamiento popular. En Moncloa son fusilados todos aquellos que han sido apresados con las armas en la mano. Ese mismo 3 de mayo, Andrés Torrejón, alcalde de Móstoles, declara la guerra a los franceses.
     Después de los sucesos acaecidos el día 2 y a lo largo de todo el mes de mayo, se producen levantamientos provinciales que culminan en la formación de varias juntas. También se suceden en muchas ciudades movimientos populares que no cuajan en la formación de una de ellas.
     Mientras tanto, el 6 de mayo, las denominadas abdicaciones de Bayona se suceden ante la presencia de Napoleón Bonaparte. La corona, símbolo de la legitimidad de la monarquía, pasa de las manos de Fernando a las de su padre, Carlos IV, y de las de este a Napoleón, quien a su vez elegirá a su hermano José (Real Academia de la Historia).
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La calle Dos de Mayo, al detalle:
Retablo cerámico Virgen de la Piedad, del Baratillo
Azulejo conmemorativo de Juan Carlos Montes Ruíz
Edificio calle Dos de Mayo, 2 al 6
Edificio calle Dos de Mayo, 8-10
Edificio calle Dos de Mayo, 12
Edificio calle Dos de Mayo, 14
Retablo cerámico Virgen de Guadalupe

domingo, 3 de julio de 2022

El Arquillo de la Pescadería, en Aznalcázar (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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     El Arquillo de la Pescadería se encuentra en la calle Arquillo, s/n; en Aznalcázar (Sevilla).
     Se constata el origen islámico, y más concretamente almohade, de la llamada Puerta del Arquillo. Esta estructura estaría relacionada militarmente con el resto de la cerca islámica, así como con la cercana mota del Alcázar.
     Se trataba de una puerta de ingreso al interior del recinto amurallado del tipo Torre-Puerta de eje acodado con doble quiebro primero a la izquierda y luego a la derecha. 
     El acceso a su interior se produciría desde el llamado Tránsito 1, de fachada perpendicular al lienzo de muralla, obligando a cualquiera que pretendiera su ingreso a mostrar su lado derecho desprotegido. Como vemos en la ilustración, para poder ingresar al interior de esta fortaleza debía salvarse esta primera puerta que se encontraba defendida por tres de sus cuatro flancos posibles. Tras torcer en ángulo recto hacia la derecha y pasar a través del Tránsito 2 se accedía al interior de la medina. Una peculiaridad es su ubicación inmediata frente a un quiebro en ángulo recto de la cerca proporcionando a su acceso un mayor resguardo. 
   El aspecto exterior actual, así como el sistema de puerta de entrada directa se debe a la gran reforma que supuso la construcción del Pósito municipal en planta alta posiblemente hacia el s. XVIII. La última gran actuación sobre el inmueble se realiza a fines del s. XIX o a principios del s. XX con la construcción de los edificios anexos y el traslado del puesto de Guardia Civil (Ayuntamiento de Aznalcázar).
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lunes, 30 de diciembre de 2019

El antiguo Mercado de la Pescadería del Barranco - Lonja del Baranco


      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el antiguo Mercado de la Pescadería del Barranco - actual Lonja del Barranco, de Sevilla.   
   El antiguo Mercado de la Pescadería del Barranco - Lonja del Barranco [nº 13 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla], se encuentra en la calle Arjona, 28; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
    Este edificio fue concebido para sede de la Lonja de Pescado de Sevilla, siendo conocido popularmente como el Mercado o las Naves del Barranco.
      En 1861 el Ayuntamiento de Sevilla decide construir un lugar moderno para la recepción y venta de pescado,  pero no fue hasta  1876 cuando se encarga el proyecto a los talleres metalúrgicos sevillanos Portilla, White y Cía encargados de fundir el hierro para su construcción. El proyecto que se terminó definitivamente en 1883 bajo la dirección del arquitecto municipal José Sáenz López. Con este complejo se cumplía con la petición de los pescadores de Ayamonte, representado por el gremio de los Mareantes, al Ayuntamiento de Sevilla formulada en 1854 a fin de acondicionar un espacio para la venta y contratación de pescado. Desde entonces, hasta 1970, fue utilizado como lonja y mercado mayorista de pescado.

      Se restauró y adaptó a Sala Municipal de Exposiciones mediante un proyecto realizado en 1989-1991 a cargo de José Luis Daroca.
      El 25 de noviembre de 2014 se inaugura en su interior un novedoso mercado gourmet bajo la denominación de "Lonja del Barranco", cuya intención es la de ser un referente gastronómico para propios y extraños en la capital hispalense.
      Este mercado gourmet cuenta con un total de veinte puestos gastronómicos seleccionados de entre más de 150 propuestas a los que se quiere unir carros de degustación a modo de puestos móviles con decoraciones especiales que ofrezcan de modo rotatorio otros productos gastronómicos, mas una terraza abierta a orillas del Guadalquivir. En su interior además, se programa la realización de distintas actividades culturales tales como conferencias, eventos, presentaciones y exposiciones.
      El edificio de la Lonja del Barranco constituye uno de los escasos ejemplos de la arquitectura de hierro de Sevilla, un estilo que empezó a mediados del siglo XIX y que se basa fundamentalmente en una la fusión del hierro y el cristal. 
     Se trata de un edificio de base rectangular, que tiene una superficie diáfana de unos 700 metros cuadrados. Una moderna lonja con un innegable protagonismo del hierro y vidrio, que forma un conjunto de cuatro naves cubiertas con bóveda de cañón a base de placas de hierro galvanizado y dotadas de grandes cristaleras. Todo ello soportado por estructura y columnas de fundición con un pórtico que rodea la parte delantera y trasera del edificio y con un interior diáfano.
      Se compone de cuatro naves de 21 m. de largo por 9 m. de ancho cada una con una extensión total de 378 m2. Los soportes son columnas de hierro calado de 4,5 m. de altura, sirviendo de soportes y de bajantes de aguas. Va montado sobre basamento de medio metro de altura, con su correspondiente escalinata a cuatro lados (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía). 
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Página web oficial del antiguo Mercado de la Pescadería del Barranco - Lonja del Barranco: www.mercadolonjabarranco.com