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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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miércoles, 5 de agosto de 2026

La Colegiata de Santa María de las Nieves, en Olivares (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Iglesia de Santa María la Blanca, en Olivares (Sevilla)
     Hoy, 5 de agosto, Dedicación de la basílica de Santa María, en Roma, construida en el monte Esquilino y ofrecida por el papa Sixto III al pueblo de Dios como recuerdo del Concilio de Éfeso, en el que la Virgen María fue proclamada Madre de Dios (c. 434) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para Explicarte la Colegiata de Santa María de las Nieves, en Olivares (Sevilla).
     La Colegiata de Santa María de las Nieves, se encuentra en la plaza de España, s/n; en Olivares (Sevilla).
     Es una construcción compleja, ya que las obras de reforma fueron constantes desde su fundación hasta mediados del siglo XVIII. Presenta planta de cruz latina inscrita en un rectángulo, con tres naves separadas por columnas pareadas y varias capillas laterales. Las cubiertas son bóvedas de cañón con lunetos en la nave central y en el ábside, rebaja­das en las naves laterales y semiesférica en el crucero. Las columnas soportan arcos de medio punto, inter­calándose entre ellas y los arcos un trozo de entablamento. La decoración consiste en yeserías que datan de la época de la primera construcción. Hay varias capillas abiertas al cuerpo de la iglesia y tribunas sobre el presbiterio destinadas a los duques. Al exterior presenta tres portadas, todas adinteladas y muy sobrias, y una torre en los pies, con dos cuerpos recorridos por pilastras y un remate prismático con adorno de azulejos, pudiendo leerse en ella la siguiente inscripción: «Acabóse 1689». Sobre la edifica­ción del templo hay diferentes noticias. La construcción inicial data de la primera mitad del siglo XVII, haciendo la valoración de la obra Vermondo Resta, maestro mayor de los Reales Alcá­zares de Sevilla. En 1637 se hace la capilla mayor, en 1666 se traen las columnas de mármol del convento de carmelitas de Los Remedios de Sevilla, siendo maestro de obra Sebastián de Ruesta, tres años después. En 1680 se termina la obra, añadiéndose la capilla del Sagrario catorce años más tarde, y en 1706 se hace el trascoro, obra del arquitecto José de Escobar. Siete años después se tira la cúpula del crucero para hacer otra más esbelta, donde trabajan como vidrieros José del Pino y Francisco Ruiz de la Plaza, colo­cándose en ella las esculturas de los arcángeles y los escudos ducales, que hizo un escultor llama­do el Romano y que doró Ignacio de la Vega.
     La riqueza interior del templo es considerable, pudiendo conceptuarse como uno de los conjuntos más ricos de la provincia de Sevilla. El retablo mayor es obra de fines del siglo XVII, ya que en 1690 estaba terminado. En la obra intervinieron los ensambladores y arquitectos de retablos José Guisado, José Escobar y Matías de Brunenque, siendo dorado en 1700 por Miguel Parrilla con sus hijos Pedro y Manuel. Consta de tres calles, banco, un cuerpo y un remate, con dos hornacinas centrales y columnas salomónicas en la separación de las calles. Lo preside la Virgen de las Nieves, imagen barroca sedente. La escultura se debe a María Roldán, hija mayor de Pedro Roldán, casada con uno de los autores del retablo, Matías de Brunenque, que terminó la talla en 1697. La Virgen lleva una magnífica corona de plata realizada por Ignacio de Córdoba, platero sevillano, examinado de maes­tro en 1712, hecho por el que la corona ha de ser algunos años posterior a la imagen. En el retablo se hallan también las esculturas de San Nicolás de Bari, Santo Domingo, San Pedro y Santiago, todas contemporáneas del mismo, excepto una pequeña Inmaculada que se halla en la hornacina superior que pertenece a la segunda mitad del siglo XVIII. Hay también en el presbiterio pinturas murales y dos bancos de madera tallada con los escudos de los duques que corresponden a la misma época.
     En la nave izquierda, pero abierta al presbiterio, se halla la Capilla de las Reliquias, llamada así por la colección de relicarios de madera dorada que regalaron los condes de Olivares a fines del siglo XVI. Es difícil encontrar una colección tan com­pleta como ésta, pues contiene ochenta relicarios de distintos modelos, presentando la arqueta principal la fecha de 1590. De 1633 es la reja que cierra la capilla, debida al rejero Luis Noguera. En la misma nave se encuentra un retablo realizado por Manuel García de Santiago en 1750, que contiene a la primitiva patrona del pueblo o, al menos, la imagen más antigua de la colegiata. Se trata de la Virgen del Álamo, pequeña figura sentada que tiene una fruta en la mano derecha, mientras que con la izquierda sostiene al Niño sobre su rodilla. Probablemente es una imagen del siglo XIV, que ha sido bastante restaurada, pues la policromía del vestido y el tronco de álamo sobre el que se asienta, parecen datar de mediados del siglo XVI. Consta documentalmen­te que a fines del siglo XIX se le redondeó la cara y se le pusieron ojos nuevos. En el mismo retablo hay esculturas de Santa Bárbara, San José con el Niño y Santa Rosa, obras contemporáneas del mismo, es decir, de mediados del XVIII. En su parte inferior descansa un hermoso busto del Ecce Homo atribuido a la Roldana. En el mismo testero se halla una capillita con el retablo de la Virgen del Carmen, con hornacina, columnas helicoidales y decoración de rocalla, fechable hacia 1775. La imagen titular lleva ráfaga, escapularios y corona de plata.
     En la misma nave y a continuación se halla otra pequeña capilla, con el enterramiento de Bernardo Poblaciones Dávalos, que data de 1817. Contiene la capilla pinturas murales con escenas de la Vida de la Virgen y sus prefiguraciones en el Antiguo Testamento, encuadradas en fingidas arquitecturas. El retablo de fines del siglo XVIII enmarca un lienzo de la Adoración de los Pastores. La capilla contigua tiene igualmente un retablo rococó, con una Inmaculada de candelero y un buen relieve del Ecce Homo, ambos contemporáneos del retablo. El zócalo de la capilla es de azulejos modernistas. En otra de las capillas de la misma nave aparece un gran lienzo de San Cristóbal con marco barroco, de fines del siglo XVII. Las paredes van pintadas con arquitecturas, pabellones y ángeles, de época aproximada a la del retablo. En la capilla situada a los pies de la nave se encuentra una escultura de San Ambrosio realizada por Ruiz Gijón en 1703.
     En la capilla de la cabecera de la nave derecha hay un retablo de comienzos del siglo XVIII que contiene un lienzo del Crucificado. En la misma nave se halla un retablo de tres calles con hornacina central entre estípites, que realizó en 1755 Manuel García de Santiago. Está dedicado a la Virgen del Rosario. En las calles laterales se contemplan las tallas de San Juan Evangelista y Santiago, ambos de la época del retablo. Varios retablos de estilo rococó hay en esta nave, dedicados a San Antonio y a la Divina Pastora, esta última atribuida a Bernardo Gijón.
     La Capilla Sacramental fue terminada en 1694 y está presidida por un retablo contratado con Manuel García de Santiago en 1753, que se articula por estípites. Entre sus esculturas destacan las de San José y el Niño, de gran calidad y elegancia, atribuidas a Roldán. El grupo de Santa Ana y la Virgen es obra de Francisco Antonio Gijón. Las paredes de la capilla soportan lienzos de grandes dimensiones, que han sido objeto de diferentes atribuciones y cuyos temas son los Desposorios de la Virgen, la Adoración de los Magos y el Tránsito de San José. Estuvieron atribuidos a Roelas durante algún tiempo, pero en la actualidad se consideran obras del taller de Zurbarán, de hacia 1640. En la misma capilla se halla un lienzo representando a San Blas bendiciendo a dos donantes, que representan a María, la hija del Conde-Duque, y a Inés, su mujer, obra de mediados del siglo XVII, probablemente de talleres madrileños. El marco es de la época.
     La última capilla de la nave es de la Virgen de los Dolores en su Soledad, imagen de candelero que se halla colocada en un retablo del segundo cuarto del siglo XVIII. Tanto las paredes como la cúpula se hallan decoradas con pinturas murales. Al fondo de la nave central se halla el coro, hecho de nogal y con doble sillería, con decoración de tipo geométrico, de la primera mitad del siglo XVII. Fue realizado por Bernardo de Cabrera, artista galaico que lo ejecutó en Santiago de Compostela, viniendo a Sevilla a montarlo en 1638, probablemente a instancias de Francisco de la Calle, que provenía de Santiago, y ocupó la silla abacial entre 1633 y 1650. Sobre la silla del abad se destaca un relieve del Nacimiento hecho por el artista sevillano Gaspar Ginés, de inspiración montañesina. La reja que cierra el coro es de hierro forjado y cons­tituye uno de los mejores ejemplares del estilo barroco de la primera mitad del siglo XVIII. Sobre el coro se halla un órgano del siglo XIX.
     El trascoro se hizo en 1706 y se debe al arquitecto y retablista sevillano José de Escobar. En la parte que linda con la espalda del coro y entre las dos entradas de él hay un templete semipoligonal, con decoración vegetal barroca y dos edículos laterales con columnas salomónicas. En el centro se halla una pintura de la Inmaculada con incrustaciones de plata y marco tallado de la época del templete, es decir de comienzos del siglo XVIII, aunque el lienzo de la Virgen, también llamada de las Carboneras, es del siglo anterior. En el trascoro hay otros retablos de interés; el más antiguo es el dedicado a San Benito, de un solo cuerpo, columnas helicoidales y un remate en el que se ve la Virgen de las Nieves con el Niño. El retablo y la escultura son obra de la primera mitad del siglo XVII y procede de la desaparecida iglesia de Heliche. Otro retablo situado en el trascoro es el que preside la escultura de San Sebastián, obra del siglo XVIII muy recompuesta. Dentro del trascoro, pero en el lado izquierdo, hay dos capillas con sus correspondientes retablos. La más cercana a los pies va decorada con pinturas murales que representan temas de rocalla, siendo de la misma época y estilo el retablo. Se halla éste formado por dos cuerpos y un remate, conteniendo una escultura del Niño Jesús, de la segunda mitad del siglo XVIII, y una pintura de la Virgen, del tipo de las de Guadalupe. La otra capilla fue fundada en 1712 pero su retablo se fecha en 1763. La figura principal es el Nazareno, del siglo XX, que pro­bablemente sustituirá al que tuvo la hermandad originalmente.
     Hay varios cuadros de buena calidad reparti­dos por la iglesia, como una Anunciación de la segunda mitad del siglo XVII, que recuerda a Cornelio Schut, y el Milagro de la Virgen de las Nieves, con la procesión al Esquilino, de principios del mismo siglo. En el despacho del párro­co hay dos lienzos de cabezas cortadas de escuela sevillana y dos cuadros de arcángeles, del siglo XVIII. En el mismo lugar se exhibe un magnífi­co Crucificado de marfil del siglo XVII, obra hispanofilipina.
     En la sacristía se contienen importantes obras, tanto de esculturas como de pintura y orfebre­ría. En la pared principal se halla una cajonería de madera tallada, de la primera mitad del siglo XVIII, sobre la que se levanta un retablo de la misma época que procede de la desaparecida iglesia de Heliche. Este se compone de dos relieves que representan a San Juan y a la Virgen y una escultura del Crucificado. Hay también en el recinto una pila de mármol hecha en 1801. En cuanto a la pintura destacan las imágenes del Ecce Homo, la Dolorosa y la Inmaculada, todos del siglo XVIII. En las cajonerías se guardan las ropas de culto, muy ricas y abundantes, pues se cuentan hasta seis capas pluviales y varias casullas y dalmáticas del siglo XVIII, en raso y tercio­ pelo bordados. De terciopelo bordado y de la misma época es también un simpecado con pintura central de la Virgen entregando el rosario a Santo Domingo y algo posterior es el de la Divina Pastora. 
   En los armarios de la sacristía se hallan expues­tas las piezas de orfebrería, que son abundantísi­mas, pues pasan del centenar, y de una excelente calidad. Las obras más antiguas datan de la época en que se fundó la colegiata, es decir, de la pri­mera mitad del siglo XVII, pero hay también mul­titud de piezas de los siglos XVIII y algunas del XIX. La pieza de mayor tamaño es la custodia procesional, de más de dos metros de altura, com­puesta por tres cuerpos de base rectangular, realizada a mediados del siglo XX, pero siguiendo el modelo tradicional del Renacimiento. No obstante, en su construcción se aprovecharon piezas antiguas como vinajeras neoclásicas y una magnífica escultura de la Virgen de fines del siglo XVII con punzón de la ciudad de Sevilla. De grandes dimensiones es el altar que se utiliza en las principales festividades, compuesto por frontal, baldaquino, banco con sagrario, peanas para la custodia, corona, sol y remate. Es obra de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, que combina los paneles forrados de terciopelo con la plata labrada. Lleva los punzones de la ciudad de Sevilla, el contraste García y el autor Manuel Palomino. Obra también de importancia es el sagrario de plata que se halla en la Capilla Sacramental, de planta cuadrangular y modelo neoclásico, con algunos restos de rocalla, que puede situarse a fines del siglo XVIII o a comienzos del XIX. Lleva los punzones de la ciudad de Sevilla, del contraste Cárdenas y del autor Quesada, así como el nombre del donante, Juan Gordillo.
     Entre las piezas de menor tamaño merecen destacarse la colección de cruces, tanto procesionales como de altar. De la época de la fundación de la Colegiata hay una cruz de altar con relicarios en sus brazos y con una peana en forma de monte. El relicario central contiene una moneda bizantina de oro, del emperador Tiberio II, que reinó entre 698 y 705. De la misma época data otra cruz-relicario, así como una más, procesional, con decoración de rectángulos en los brazos y hermoso nudo cilíndrico, con relieves de obispos. Hay también una cruz procesional barroca, con decoración de flores carnosas, y dos cruces de altar de estilo rococó, así como dos ostensorios manieristas, uno de ellos fechado en 1646, numerosos cálices, algunos con el punzón de Salamanca y del platero Cardeñosa, fechados en 1759. Existen bandejas de mediados del siglo XVIII, con decoración barroca y asomos de estilo rococó, punzonadas en Sevilla; cuatro ciriales, dos de ellos manieristas con hermosas sirenas repujadas, y los otros dos de estilo rococó, del platero sevillano Garay. Hay también candeleros, vinajeras, navetas, copones y dos atriles barrocos, ampliamente decorados y fechados en 1752. No puede finalizarse la reseña de los objetos de plata sin men­cionar el cofre de carey con cantoneras y remates de plata, de estilo barroco, que se usaba como arca del Monumento del Jueves Santo (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
      La Iglesia parroquial de Nuestra Señora de las Nieves, antigua Colegiata, se encuentra situada en el centro del pueblo de Olivares, formando conjunto monumental con el frontero palacio de los condes, templo que se comenzó a construir a mediados del siglo XVI a instancias del primer conde, Pedro de Guzmán, y con el edificio que albergaba el antiguo alfolí o pósito, contiguo a la iglesia.
     Exteriormente la fábrica presenta un aspecto bastante sobrio, fruto de la complejidad a que estuvo sometida su construcción, que abordó los siglos XVI y XVII. Es un edificio con tendencia a la horizontalidad, destacando en la superposición de volúmenes la torre y la cubrición de la cúpula del crucero a cuatro aguas con grandes contrafuertes angulares, así como la nave central a dos aguas.
     Es una construcción compleja, ya que las obras de reforma fueron constantes desde su fundación hasta mediados del siglo XVIII. Presenta planta de cruz latina inscrita en un rectángulo con capillas abiertas a las naves laterales. El cuerpo de la iglesia se presenta dividido en tres naves, separadas por  arcos de medio punto que apoyan en columnas pareadas, intercalándose entre ellas y los arcos un trozo de entablamento. Las cubiertas son bóvedas de cañón con lunetos en la nave central y en el ábside, rebajadas en las naves laterales y semiesférica en el crucero. La decoración consiste en yeserías que se encuentran datadas en las fechas de la primera construcción. El templo cuenta con varias capillas abiertas al cuerpo de la iglesia y dos tribunas sobre el presbiterio destinadas a la asistencia a los oficios para los duques.
     El conjunto se encuentra rematado por un antepecho corrido y macizo en el que destacan balaustres en relieve.
     La capilla sacramental se encuentra sitiada a los pies de la nave de la Epístola, finalizándose su construcción en 1694. 
     Consta de una nave dividida en tres tramos cubierta con bóveda de cañón con lunetos, presidida por un retablo dedicado a San José, donde se encuentra el sagrario.
     Situada a los pies de la iglesia, en el trascoro, y cerrada por reja de hierro a media altura, se sitúa la capilla de la Virgen de la Soledad. Es de planta cuadrangular y se cubre por cúpula sobre pechinas con linterna. Ésta se encuentra elevada por grandes arcadas, una de las cuales comunica con la capilla bautismal, de reducidas dimensiones. El interior de la cúpula se presenta dividido en ocho gajos separados por pilastras en los que se sitúan esculturas de ocho arcángeles.
     La sacristía constituye un espacio rectangular adosado a la cabecera de la iglesia en su extremo meridional, espacio que presenta en el centro una columna de mármol colocada en 1703. Este espacio se comunica con la sala capitular, lugar en el que cada sábado se reunía el Cabildo de la Colegiata.
     Al exterior presenta tres portadas, todas adinteladas y muy sobrias, y una torre de planta cuadrada en los pies de la nave del Evangelio, con dos cuerpos recorridos por pilastras y un remate prismático con adorno de azulejos, pudiéndose leerse en el segundo cuerpo la inscripción "Acabóse 1689" y en el tercero "1769", modelo más acorde con los gustos castellanos que con los andaluces que estaban en boga a finales del siglo XVII. 
     La torre campanario cuenta con tres cuerpos realizados en ladrillo. El primero de ellos denominado caña o fuste, se encuentra semiembutido en la construcción de la nave del Evangelio, las capillas laterales y el enmascaramiento que recorre el conjunto en el frente de la plaza mayor, decorado por pilastrones, con remate de antepecho y decoración de perinolas de cerámica. Destaca la esfera del reloj, tras el cual emerge la caña coronada un entablamento del que arranca el segundo cuerpo. Éste presenta, a modo de arco cuadrifonte, un vano de medio punto en cada uno de sus frentes. Sobre éste un nuevo entablamento de gran sobriedad sirve de apoyo al tercer cuerpo más reducido que el inferior. Este cuerpo repite el mismo esquema compositivo del anterior, un vano de medio punto en cada uno de sus frentes con la particularidad de que cada uno de ellos se encuentra flanqueado por pilastras toscanas cuyo tercio inferior se curva hacia el exterior haciendo las veces de contrafuerte de este cuerpo. Se remata por un entablamento que se remata por un cupulín con cruz y veleta de forja, flanqueado en sus ángulos por pequeños pilares coronados por perinolas de azulejos. 
     El conjunto, realizado en ladrillo se encuentra enfoscado en tono crema, destacando la decoración de azulejos cerámicos en blanco y azul en el remate del conjunto. 
     En este templo parroquial, con motivo de San Blas el 3 de febrero, tiene lugar la popular bendición de panes y roscas.  
     A finales del siglo XVI sólo existía en la villa de Olivares, que se había convertido en la cabeza del estado fundado por Pedro de Guzmán, una ermita o pequeña iglesia dedicada a la Virgen del Álamo, hasta entonces patrona de la localidad. 
     Aunque la capilla con la advocación de Santa María de las Nieves fue fundada en 1590 por el segundo conde, Enrique de Guzmán, con licencia del papa Gregorio XIII, la construcción material del nuevo edificio no se inició hasta principios del siglo XVII.
     El artífice de que este templo se convirtiese en colegiata fue el tercer Conde Duque de Olivares, Gaspar de Guzmán y Pimentel, valido del rey Felipe IV.
     El complejo proceso constructivo de la Colegiata dio como resultado un templo de tres naves con capillas laterales. Tras la valoración inicial de Vermondo Resta, Maestro mayor de los Reales Alcázares de Sevilla, comenzó su construcción en 1666 bajo la dirección de Sebastián de Ruesta, a quien se debe la planta que le encargó el conde Luis de Haro. En 1637 se inició la construcción de la capilla mayor, en 1666 se trasladaron las columnas de mármol blanco del convento carmelita de los Remedios de Sevilla, siendo concluida por el maestro Sebastián de la Ruesta, tres años después.  La capilla es bastante amplia y se halla flanqueada por la capilla de las reliquias, a la que se abre a través de un arco, y por otra igual que comunica con la sacristía, mientras que colaterales a la mayor se encuentran las capillas de la Virgen de Álamo y la del Rosario.
     A los pies de la nave centran se encuentra situado el coro, flanqueado en el lado del Evangelio por la torre y en el lado de la Epístola por la capilla sacramental, realizada en 1694. A finales del siglo XVII se construyó en su lado meridional la sacristía y la sala capitular. Por su parte la capilla de la Soledad fue levantada en 1712.
     El trascoro fue trazado en 1706 por José de Escobar, maestro mayor del Alcázar de Sevilla, concluyéndose la bóveda del crucero en 1713, en la que trabajaron como vidrieros José del Pino y Francisco Ruiz de la Plaza, colocándose en ella las esculturas de los arcángeles y los escudos ducales, que hizo un escultor llamado "el Romano" y que doró Ignacio de la Vega (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Fundada como capilla y panteón familiar por sus padres, los II condes de Olivares, alcanza gracias a un privilegio papal gestionado por el propio Gaspar el rango de colegiata, que la dotaba de total autonomía frente al arzobispado de Sevilla.
     Es uno de los principales ejemplos de la arquitectura del siglo XVII en la provincia y alberga en su interior un excepcional patrimonio de los principales artistas del momento. Pedro Roldán, María y Luisa Roldán, Francisco Antonio Gijón, Juan de Roelas o Zurbarán son algunos de los nombres propios vinculados a este excepcional Bien de Interés Cultural.
     La colegiata es también sede de la Hermandad de la Soledad y panteón de los condes de Olivares. La capilla de las reliquias es uno de los ejemplos más curiosos del espíritu religioso del momento. Santa María de las Nieves es el segundo templo de España en cantidad y calidad de las mismas.
     El edificio es de cruz latina inscrita en un rectángulo. Su exterior consta de tres portadas dinteladas y una torre con dos cuerpos. Dispone de tres naves cubiertas por bóvedas de medio cañón, decoradas con yeserías y columnas procedentes del convento de las carmelitas de Los Remedios de Sevilla.
     Su interior cuenta con varios retablos de distintos estilos y numerosas obras de arte de orfebrería. El retablo mayor alberga una imagen barroca de la Virgen de las Nieves, de María Roldán, así como esculturas de San Nicolás de Bari, Santo Domingo, San Pedro y Santiago (todas del XVII) y una pequeña Inmaculada (siglo XVIII).
     Las capillas recogen obras de Roelas y Zurbarán, entre otros. En la capilla del sagrario hay esculturas atribuidas a Roldán. Al fondo de la nave principal está el coro con doble sillería adornado por motivos geométricos del siglo XVII (Turismo de la Provincia de Sevilla).
Conozcamos mejor la Solemnidad de Santa María de las Nieves, o la Blanca
    Fiesta conocida popularmente por Santa María de las Nieves o la Blanca por la leyenda de la fundación de la basílica de Santa María la Mayor de Roma: el patricio romano Juan tuvo una visión de la Virgen en el 358 que le ordenaba edificar una iglesia en un solar que encontraría cubierto de nieve, lo que comunicó al Papa Liberio, que trazó el plano del nuevo templo en la cumbre del Esquilino, nevada prodigiosamente, por lo que se la conoce como Basílica Liberiana.  Se la encuentra ya registrada en el calendario jeronimiano, pero por ser una celebración local romana, no aparece en los sacramentarios. Hasta el siglo XIV fue una fiesta exclusiva de la basílica, en que se extendió a todas las iglesias de Roma y a otras diócesis. Fue extendida definitivamente a la Iglesia Latina en 1570 por San Pío V Ghislieri, que determinó incluso sepultarse allí, y Clemente VIII Aldobrandini (+1605) la elevó a doble mayor. En el calendario de 1969 fue incluida memoria libre. Aparte de la historicidad de la leyenda, el conmemorar la dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor de Roma nos invita a reflexionar que María es imagen y tipo de la Iglesia, su origen como la primera creyente del nuevo orden salvífico y su representación en el Calvario y ante el sepulcro, así como la esperanza escatológica eclesial de la futura glorificación consumada en su Asunción. El templo material de María, que alberga a Jesús Eucaristía es signo del cristiano, templo vivo del Espíritu Santo (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
Conozcamos mejor la sobre el Significado y la Iconografía de la Virgen con el Niño;
   Tal como ocurre en el arte bizantino, que suministró a Occidente los prototipos, las representaciones de la Virgen con el Niño se reparten en dos series: las Vírgenes de Majestad y las Vírgenes de Ternura.
La Virgen de Majestad
   Este tema iconográfico, que desde el siglo IV aparecía en la escena de la Adoración de los Magos, se caracteriza por la actitud rigurosamente frontal de la Virgen sentada sobre un trono, con el Niño Jesús sobre las rodillas; y por su expresión grave, solemne, casi hierática.
   En el arte francés, los ejemplos más antiguos de Vírgenes de Majestad son las estatuas relicarios de Auvernia, que datan de los siglos X u XI. Antiguamente, en la catedral de Clermont había una Virgen de oro que se mencionaba con el nom­bre de Majesté de sainte Marie, acerca de la cual puede dar una idea la Majestad de sainte Foy, que se conserva en el tesoro de la abadía de Conques.
   Este tipo deriva de un icono bizantino que el obispo de Clermont hizo emplear como modelo para la ejecución, en 946, de esta Virgen de oro macizo destinada a guardar las reliquias en su interior.
   Las Vírgenes de Majestad esculpidas sobre los tímpanos de la portada Real de Chartres (hacia 1150), la portada Sainte Anne de Notre Dame de París (hacia 1170) y la nave norte de la catedral de Reims (hacia 1175) se parecen a aquellas estatuas relicarios de Auvernia, a causa de un origen común antes que por influencia directa. Casi todas están rematadas por un baldaquino que no es, como se ha creído, la imitación de un dosel procesional, sino el símbolo de la Jerusalén celeste en forma de iglesia de cúpula rodeada de torres.
   Siempre bajo las mismas influencias bizantinas, la Virgen de Majestad aparece más tarde con el nombre de Maestà, en la pintura italiana del Trecento, transportada sobre un trono por ángeles.
   Basta recordar la Madonna de Cimabue, la Maestà pintada por Duccio para el altar mayor de la catedral de Siena y el fresco de Simone Martini en el Palacio Comunal de Siena.
   En la escultura francesa del siglo XII, los pies desnudos del Niño Jesús a quien la Virgen lleva en brazos, están sostenidos por dos pequeños ángeles arrodillados. La estatua de madera llamada La Diège (Dei genitrix), en la iglesia de Jouy en Jozas, es un ejemplo de este tipo.
El trono de Salomón
   Una variante interesante de la Virgen de Majestad o Sedes Sapientiae, es la Virgen sentada sobre el trono con los leones de Salomón, rodeada de figuras alegóricas en forma de mujeres coronadas, que simbolizan sus virtudes en el momento de la Encarnación del Redentor.
   Son la Soledad (Solitudo), porque el ángel Gabriel encontró a la Virgen sola en el oratorio, la Modestia (Verecundia), porque se espantó al oír la salutación angélica, la Prudencia (Prudentia), porque se preguntó como se realizaría esa promesa, la Virginidad (Virginitas), porque respondió: No conocí hombre alguno (Virum non cognosco), la Humildad (Humilitas), porque agregó: Soy la sierva del Señor (Ecce ancilla Domini) y finalmente la Obediencia (Obedientia), porque dijo: Que se haga según tu palabra (Secundum verbum tuum).
   Pueden citarse algunos ejemplos de este tema en las miniaturas francesas del siglo XIII, que se encuentran en la Biblioteca Nacional de Francia. Pero sobre todo ha inspirado esculturas y pinturas monumentales en los países de lengua alemana.
La Virgen de Ternura
   A la Virgen de Majestad, que dominó el arte del siglo XII, sucedió un tipo de Virgen más humana que no se contenta más con servir de trono al Niño divino y presentarlo a la adoración de los fieles, sino que es una verdadera madre relacionada con su hijo por todas las fibras de su carne, como si -contrariamente a lo que postula la doctrina de la Iglesia- lo hubiese concebido en la voluptuosidad y parido con dolor.
   La expresión de ternura maternal comporta matices infinitamente más variados que la gravedad sacerdotal. Las actitudes son también más libres e imprevistas, naturalmente. Una Virgen de Majestad siempre está sentada en su trono; por el contrario, las Vírgenes de Ternura pueden estar indistintamente sentadas o de pie, acostadas o  de rodillas. Por ello, no puede estudiárselas en conjunto y necesariamente deben introducir en su clasificación numerosas subdivisiones.
   El tipo más común es la Virgen nodriza. Pero se la representa también sobre su lecho de parturienta o participando en los juegos del Niño.
El niño Jesús acariciando la barbilla de su madre
   Entre las innumerables representaciones de la Virgen madre, las más frecuentes no son aquellas donde amamanta al Niño sino esas otras donde, a veces sola, a veces con santa Ana y san José, tiene al Niño en brazos, lo acaricia tiernamente, juega con él. Esas maternidades sonrientes, flores exquisitas del arte cristiano, son ciertamente, junto a las Maternidades dolorosas llamadas Vírgenes de Piedad, las imágenes que más han contribuido a acercar a la Santísima Virgen al corazón de los fieles.
   A decir verdad, las Vírgenes pintadas o esculpidas de la Edad Media están menos sonrientes de lo que se cree: la expresión de María es generalmente grave e incluso preocupada, como si previera los dolores que le deparará el futuro, la espada que le atravesará el corazón. Sucede con frecuencia que ni siquiera mire al Niño que tiene en los brazos, y es raro que participe en sus juegos. Es el Niño quien aca­ricia el mentón y la mejilla de su madre, quien sonríe y le tiende los brazos, como si quisiera alegrarla, arrancarla de sus sombríos pensamientos.
   Los frutos, los pájaros que sirven de juguetes y sonajeros al Niño Jesús tenían, al menos en su origen, un significado simbólico que explica esta expresión de inquieta gravedad. El pájaro es el símbolo del alma salvada; la manzana y el racimo de uvas, aluden al pecado de Adán redimido por la sangre del Redentor.
   A veces, el Niño está representado durante el sueño que la Virgen vela. Ella impone silencio a su compañero de juego, el pequeño san Juan Bautista, llevando un dedo a la boca.
   Ella le enseña a escribir, es la que se llama Virgen del tintero (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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Más sobre la localidad de Olivares (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.

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