Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el desaparecido Convento de Nuestra Señora del Pópulo (primera advocación de Santa Mónica), de los Agustinos Descalzos, de Sevilla.
Hoy, 5 de agosto, Dedicación de la basílica de Santa María, en Roma, construida en el monte Esquilino y ofrecida por el papa Sixto III al pueblo de Dios como recuerdo del Concilio de Éfeso, en el que la Virgen María fue proclamada Madre de Dios (c. 434) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II]
Y que mejor día que hoy para ExplicArte el desaparecido Convento de Nuestra Señora del Pópulo (primera advocación de Santa Mónica), de los Agustinos Descalzos, de Sevilla.
El desaparecido Convento de Nuestra Señora del Pópulo (primera advocación de Santa Mónica), de los Agustinos Descalzos, se encontraba en la manzana formada por las calles paseo de Cristóbal Colón, Reyes Católicos, Pastor y Landero, y Adriano; en el Barrio del Arenal, del Distrito Casco Antiguo.
Los historiadores de la Orden hacen remontar sus orígenes al periodo de los ermitaños del norte de África que, aglutinados en torno a la figura de Agustín de Hipona, forman una pequeña comunidad, en una continuidad sin interrupción difícil de demostrar con la Orden constituida en 1256. Aurelio Agustino (354-430) nació en Tagaste, actual Túnez, hijo de un pagano, Patricio, y una cristiana, Mónica, quien ejerció sobre él una poderosa influencia. Entregado a los estudios clásicos, se adhirió a la secta de los maniqueos, tuvo una juventud licenciosa y se dedicó a la enseñanza de retórica en Cartago, Roma y Milán, donde su vida espiritual evoluciona por las plegarias de su madre y las instrucciones del arzobispo San Ambrosio, cuyo ejemplo y palabras le llevan a su conversión al cristianismo, bautizándolo el 25 de abril del 387. Deseoso de difundir la filosofía cristiana regresa a su tierra, vende sus bienes entregando el producto a los pobres y se establece en Hipona donde es ordenado sacerdote el 391 por el obispo Valerio, a quien sucederá en la cátedra episcopal en el año 395. En su abundante producción literaria expuso sus ideas filosóficas, teológicas, su antropología y su teoría del conocimiento, en una constante búsqueda de Dios a través del mundo y en un esfuerzo por incorporar el pensamiento platónico a la tradición filosófica cristiana; sus obras han ejercido una gran influencia en la escolástica, y se granjeó el título de primer legislador y patriarca del monacato latino siendo considerado uno de los cuatro grandes doctores de la Iglesia. La comunidad creada por San Agustín tras su conversión al cristianismo tuvo un fecundo desarrollo, propagándose por el norte del África romana rápidamente, de tal manera que a la muerte del Santo, en el 430, existían alrededor de cincuenta monasterios, incluidos los de mujeres. La invasión de los vándalos en el siglo V y de los árabes en el VII supuso una fuerte persecución de estas comunidades, pasando muchos de sus miembros al sur de Italia, Francia y España, a donde exportaron la tradición monástica agustiniana. Sin embargo, la legislación carolingia, que impuso con carácter exclusivo la profesión de la regla benedictina en todo el imperio, significó un freno a la propagación del ideario agustino. Habrá que esperar al renacimiento de la vida monástica de los siglos X y XI para asistir al resurgimiento de la Regla de San Agustín en los numerosos eremitorios que se originaron. En 1244 el papa Inocencio IV, en un deseo de unificar a todos los ermitaños, promovió la fusión de los abundantes cenobios de dentro y fuera de Italia, en los que se incluían los de inspiración agustina, dando lugar a la llamada Gran Unión que fue confirmada el 9 de abril 1256 por el papa Alejandro IV. Se constituyó una gran familia religiosa que recibió el nombre de Orden de los Frailes Ermitaños de San Agustín, en el convento romano de Santa María del Pópulo, con un superior general al frente y una subdivisión en doce provincias, siete para Italia y las cinco restantes para Francia, Alemania, Inglaterra, Hungría y España. A fines del siglo XIII ya existían diecisiete y en 1329 el número de provincias ascendía a veinticuatro. Asimismo, la Orden adopta los ideales y organización de los mendicantes, conciliando el apostolado activo con la vida contemplativa monacal, siendo considerada la tercera de las órdenes mendicantes tras franciscanos y dominicos. Hay que señalar que San Agustín nunca escribió una regla monástica, son sus libros, sermones y sobre todo sus cartas en donde hablaba de la vida religiosa y el modo de practicarla, los que inspirarán un conjunto de normas y una forma de vida que serán adoptadas por numerosos institutos religiosos antiguos y modernos como guía a seguir. Las familias religiosas tituladas como Orden de San Agustín abarcarán diversos institutos de religiosos y de monjas. Entre los masculinos se hallaban los Ermitaños de San Agustín, instituidos canónicamente en 1256, que tras la reforma de 1505 son denominados Observantes; y los Ermitaños Recoletos de San Agustín, llamados Recoletos o Descalzos, surgidos en algunos conventos que desaprobaban la actividad intelectual, el estudio y la docencia universitaria, y deseaban entregarse más a la oración, a la contemplación, a la vida retirada y recoleta como medio de santificación; la nueva rama agustina fue a probada en el Capítulo General de Toledo el 3 de diciembre de 1588.
En España se constata la presencia de eremitorios en época visigoda, en zonas de Valencia y Mérida, cuya proliferación quedó frenada con la llegada de los musulmanes a la península. Los avances de las tropas cristianas de Fernando III, Jaime I y Alfonso X, liberarán nuevos territorios en cuyas principales ciudades fundan los agustinos sus casas; en 1278 había nueve conventos y en 1300 dieciséis en España y Portugal. Con la Gran Unión de 1256 la Península se transforma en la Provincia Hispaniae, la que a su vez, más tarde por Capítulo reunido en Dueñas en 1527 se divide en cuatro: Lusitana, Catalano-aragonesa, Castilla, que llegaba hasta el río Tajo, y Andalucía o Bética, al sur de esta línea fluvial. Por otro lado, gracias al permiso otorgado por el papa Adriano VI a las órdenes mendicantes por el que podían pasar a las Indias para su evangelización, los agustinos llegaron a tierras americanas en 1533, en donde crearon la provincia de Nueva España, consiguiendo fundar la Universidad de México; un hito importante en su creciente expansión será la presencia de la Orden en Filipinas, a donde llegaron sus religiosos acompañando al conquistador Legazpi, fundando misiones y el colegio mayor de Iloco.
Al igual que el resto de Europa, los conventos agustinos de España padecieron a mediados del siglo XV la relajación y deterioro de la observancia de la regla, conocida como claustra. Para atajar el mal surgió un movimiento de reforma a favor de la restauración de la disciplina monástica primitiva, siendo fray Juan de Alarcón quien desde el convento de Villanubla (Valladolid) emprenda el camino del reformismo, que será aprobado en 1438; las casas que se acogían a la reforma pasaron a denominarse Congregaciones de la Observancia, que a fines del XV eran un buen número de conventos. En este sentido, los Reyes Católicos obtienen del papado la aprobación para incorporar obligatoriamente todos los conventos agustinos a la observancia, lo que se verá cumplido en 1504, en el capítulo interprovincial celebrado en Toledo. Por otro lado, en el último tercio del siglo XVI algunos conventos promovieron la vuelta al rigor primitivo de la Orden, desaprobando la actividad intelectual, el cultivo de los estudios y la docencia universitaria que tan intensa y efectivamente realizaban los agustinos. Este nuevo movimiento, más interesado por la vida contemplativa y la oración, dio lugar al nacimiento de la rama descalza agustina o de los Ermitaños Recoletos cuya aprobación se produjo en el capítulo provincial de Toledo del 3 de diciembre de 1588, abriéndose el primer convento en Talavera de la Reina al año siguiente, siendo elaboradas sus Constituciones por fray Luis de León. En 1605 el papa Clemente VIII autoriza la creación de la provincia de Recoletos, cuyo rápido crecimiento propició su elevación a Congregación en 1621, por bula de Gregorio XIV, celebrando en ese mismo año su primer Capítulo General en el que fue nombrado vicario general fray Jerónimo de la Resurrección y autorizándose la división en cuatro provincias: San Agustín de Castilla, Pilar de Aragón, Santo Tomás de Villanueva de Andalucía y Nicolás de Tolentino de Filipinas. En suma, la expansión y consolidación de la Orden en sus diferentes ramas fue constante y se mantuvo durante los siglos XVII y XVIII; una Orden que se caracterizó por la gran importancia que dio al estudio y la cultura, preocupada por la buena formación de sus religiosos bien cualificados para el apostolado y la enseñanza en sus más altos niveles, (en las universidades), con figuras tan destacadas y conocidas como fray Luis de León. La estima por el conocimiento y la cultura forjó la formación de centros docentes, los llamados Estudios Generales, adscritos a universidades, y valiosas bibliotecas conventuales que contribuyeron al progreso del saber, ganando por ello la Orden la reputación de docta. Sin embargo, este estado de cosas se vino abajo con los acontecimientos políticos-legislativos del XIX que culminaron en la desamortización de 1835, fecha en la que se contabilizaban en la península doscientos cinco conventos, de los que sólo quedó abierto el Colegio-Seminario de Valladolid, que por su carácter misionero quedó excluido de la desamortización por la influencia y prestigio que su trabajo misional en el extranjero daba al país.
CONVENTO DE NUESTRA SEÑORA DEL PÓPULO (PRIMERA ADVOCACIÓN DE SANTA MÓNICA), DE LOS AGUSTINOS DESCALZOS
Hoy, 5 de agosto, Dedicación de la basílica de Santa María, en Roma, construida en el monte Esquilino y ofrecida por el papa Sixto III al pueblo de Dios como recuerdo del Concilio de Éfeso, en el que la Virgen María fue proclamada Madre de Dios (c. 434) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II]
Y que mejor día que hoy para ExplicArte el desaparecido Convento de Nuestra Señora del Pópulo (primera advocación de Santa Mónica), de los Agustinos Descalzos, de Sevilla.
El desaparecido Convento de Nuestra Señora del Pópulo (primera advocación de Santa Mónica), de los Agustinos Descalzos, se encontraba en la manzana formada por las calles paseo de Cristóbal Colón, Reyes Católicos, Pastor y Landero, y Adriano; en el Barrio del Arenal, del Distrito Casco Antiguo.
Los historiadores de la Orden hacen remontar sus orígenes al periodo de los ermitaños del norte de África que, aglutinados en torno a la figura de Agustín de Hipona, forman una pequeña comunidad, en una continuidad sin interrupción difícil de demostrar con la Orden constituida en 1256. Aurelio Agustino (354-430) nació en Tagaste, actual Túnez, hijo de un pagano, Patricio, y una cristiana, Mónica, quien ejerció sobre él una poderosa influencia. Entregado a los estudios clásicos, se adhirió a la secta de los maniqueos, tuvo una juventud licenciosa y se dedicó a la enseñanza de retórica en Cartago, Roma y Milán, donde su vida espiritual evoluciona por las plegarias de su madre y las instrucciones del arzobispo San Ambrosio, cuyo ejemplo y palabras le llevan a su conversión al cristianismo, bautizándolo el 25 de abril del 387. Deseoso de difundir la filosofía cristiana regresa a su tierra, vende sus bienes entregando el producto a los pobres y se establece en Hipona donde es ordenado sacerdote el 391 por el obispo Valerio, a quien sucederá en la cátedra episcopal en el año 395. En su abundante producción literaria expuso sus ideas filosóficas, teológicas, su antropología y su teoría del conocimiento, en una constante búsqueda de Dios a través del mundo y en un esfuerzo por incorporar el pensamiento platónico a la tradición filosófica cristiana; sus obras han ejercido una gran influencia en la escolástica, y se granjeó el título de primer legislador y patriarca del monacato latino siendo considerado uno de los cuatro grandes doctores de la Iglesia. La comunidad creada por San Agustín tras su conversión al cristianismo tuvo un fecundo desarrollo, propagándose por el norte del África romana rápidamente, de tal manera que a la muerte del Santo, en el 430, existían alrededor de cincuenta monasterios, incluidos los de mujeres. La invasión de los vándalos en el siglo V y de los árabes en el VII supuso una fuerte persecución de estas comunidades, pasando muchos de sus miembros al sur de Italia, Francia y España, a donde exportaron la tradición monástica agustiniana. Sin embargo, la legislación carolingia, que impuso con carácter exclusivo la profesión de la regla benedictina en todo el imperio, significó un freno a la propagación del ideario agustino. Habrá que esperar al renacimiento de la vida monástica de los siglos X y XI para asistir al resurgimiento de la Regla de San Agustín en los numerosos eremitorios que se originaron. En 1244 el papa Inocencio IV, en un deseo de unificar a todos los ermitaños, promovió la fusión de los abundantes cenobios de dentro y fuera de Italia, en los que se incluían los de inspiración agustina, dando lugar a la llamada Gran Unión que fue confirmada el 9 de abril 1256 por el papa Alejandro IV. Se constituyó una gran familia religiosa que recibió el nombre de Orden de los Frailes Ermitaños de San Agustín, en el convento romano de Santa María del Pópulo, con un superior general al frente y una subdivisión en doce provincias, siete para Italia y las cinco restantes para Francia, Alemania, Inglaterra, Hungría y España. A fines del siglo XIII ya existían diecisiete y en 1329 el número de provincias ascendía a veinticuatro. Asimismo, la Orden adopta los ideales y organización de los mendicantes, conciliando el apostolado activo con la vida contemplativa monacal, siendo considerada la tercera de las órdenes mendicantes tras franciscanos y dominicos. Hay que señalar que San Agustín nunca escribió una regla monástica, son sus libros, sermones y sobre todo sus cartas en donde hablaba de la vida religiosa y el modo de practicarla, los que inspirarán un conjunto de normas y una forma de vida que serán adoptadas por numerosos institutos religiosos antiguos y modernos como guía a seguir. Las familias religiosas tituladas como Orden de San Agustín abarcarán diversos institutos de religiosos y de monjas. Entre los masculinos se hallaban los Ermitaños de San Agustín, instituidos canónicamente en 1256, que tras la reforma de 1505 son denominados Observantes; y los Ermitaños Recoletos de San Agustín, llamados Recoletos o Descalzos, surgidos en algunos conventos que desaprobaban la actividad intelectual, el estudio y la docencia universitaria, y deseaban entregarse más a la oración, a la contemplación, a la vida retirada y recoleta como medio de santificación; la nueva rama agustina fue a probada en el Capítulo General de Toledo el 3 de diciembre de 1588.
En España se constata la presencia de eremitorios en época visigoda, en zonas de Valencia y Mérida, cuya proliferación quedó frenada con la llegada de los musulmanes a la península. Los avances de las tropas cristianas de Fernando III, Jaime I y Alfonso X, liberarán nuevos territorios en cuyas principales ciudades fundan los agustinos sus casas; en 1278 había nueve conventos y en 1300 dieciséis en España y Portugal. Con la Gran Unión de 1256 la Península se transforma en la Provincia Hispaniae, la que a su vez, más tarde por Capítulo reunido en Dueñas en 1527 se divide en cuatro: Lusitana, Catalano-aragonesa, Castilla, que llegaba hasta el río Tajo, y Andalucía o Bética, al sur de esta línea fluvial. Por otro lado, gracias al permiso otorgado por el papa Adriano VI a las órdenes mendicantes por el que podían pasar a las Indias para su evangelización, los agustinos llegaron a tierras americanas en 1533, en donde crearon la provincia de Nueva España, consiguiendo fundar la Universidad de México; un hito importante en su creciente expansión será la presencia de la Orden en Filipinas, a donde llegaron sus religiosos acompañando al conquistador Legazpi, fundando misiones y el colegio mayor de Iloco.
Al igual que el resto de Europa, los conventos agustinos de España padecieron a mediados del siglo XV la relajación y deterioro de la observancia de la regla, conocida como claustra. Para atajar el mal surgió un movimiento de reforma a favor de la restauración de la disciplina monástica primitiva, siendo fray Juan de Alarcón quien desde el convento de Villanubla (Valladolid) emprenda el camino del reformismo, que será aprobado en 1438; las casas que se acogían a la reforma pasaron a denominarse Congregaciones de la Observancia, que a fines del XV eran un buen número de conventos. En este sentido, los Reyes Católicos obtienen del papado la aprobación para incorporar obligatoriamente todos los conventos agustinos a la observancia, lo que se verá cumplido en 1504, en el capítulo interprovincial celebrado en Toledo. Por otro lado, en el último tercio del siglo XVI algunos conventos promovieron la vuelta al rigor primitivo de la Orden, desaprobando la actividad intelectual, el cultivo de los estudios y la docencia universitaria que tan intensa y efectivamente realizaban los agustinos. Este nuevo movimiento, más interesado por la vida contemplativa y la oración, dio lugar al nacimiento de la rama descalza agustina o de los Ermitaños Recoletos cuya aprobación se produjo en el capítulo provincial de Toledo del 3 de diciembre de 1588, abriéndose el primer convento en Talavera de la Reina al año siguiente, siendo elaboradas sus Constituciones por fray Luis de León. En 1605 el papa Clemente VIII autoriza la creación de la provincia de Recoletos, cuyo rápido crecimiento propició su elevación a Congregación en 1621, por bula de Gregorio XIV, celebrando en ese mismo año su primer Capítulo General en el que fue nombrado vicario general fray Jerónimo de la Resurrección y autorizándose la división en cuatro provincias: San Agustín de Castilla, Pilar de Aragón, Santo Tomás de Villanueva de Andalucía y Nicolás de Tolentino de Filipinas. En suma, la expansión y consolidación de la Orden en sus diferentes ramas fue constante y se mantuvo durante los siglos XVII y XVIII; una Orden que se caracterizó por la gran importancia que dio al estudio y la cultura, preocupada por la buena formación de sus religiosos bien cualificados para el apostolado y la enseñanza en sus más altos niveles, (en las universidades), con figuras tan destacadas y conocidas como fray Luis de León. La estima por el conocimiento y la cultura forjó la formación de centros docentes, los llamados Estudios Generales, adscritos a universidades, y valiosas bibliotecas conventuales que contribuyeron al progreso del saber, ganando por ello la Orden la reputación de docta. Sin embargo, este estado de cosas se vino abajo con los acontecimientos políticos-legislativos del XIX que culminaron en la desamortización de 1835, fecha en la que se contabilizaban en la península doscientos cinco conventos, de los que sólo quedó abierto el Colegio-Seminario de Valladolid, que por su carácter misionero quedó excluido de la desamortización por la influencia y prestigio que su trabajo misional en el extranjero daba al país.
CONVENTO DE NUESTRA SEÑORA DEL PÓPULO (PRIMERA ADVOCACIÓN DE SANTA MÓNICA), DE LOS AGUSTINOS DESCALZOS
En el último tercio del siglo XVI se produjo en el algunos conventos de la Orden un movimiento de vuelta al rigor primitivo disciplinar monástico, en un deseo de suplir la actividad intelectual y el cultivo del estudio y la docencia, que tan intensa y efectivamente realizaban los agustinos, por una vida religiosa más recogida centrada en la contemplación y la oración como medios más eficaces para la santificación. Esta nueva corriente dio lugar al nacimiento de la rama descalza agustina también denominada de ermitaños recoletos, cuya aprobación se produjo en Capítulo Provincial celebrado en Toledo el 3 de diciembre de 1688, quedando bajo la supervisión del General de la Orden. En 1605 se les autoriza crear la Provincia de Recoletos, cuyo rápido crecimiento determinó su elevación a Congregación por bula de Gregorio XV expedida en 1621, año en el que celebró su primer Capítulo General siendo nombrado vicario general fray Jerónimo de la Resurrección, y autorizándose la división en cuatro provincias: San Agustín, de Castilla, Pilar de Aragón, Santo Tomás de Villanueva, de Andalucía y Nicolás de Tolentino, de Filipinas.
Según el manuscrito de fray Antonio del Rosario, fechado el 17 de noviembre de 1675 sobre la fundación del Convento del Pópulo, el mismo año 1621 fray Jerónimo de la Resurrección comisiona a fray Cristóbal de Porras y dos religiosos más para fundar casa de la descalcez en Sevilla, propuesta que fue favorablemente acogida por el entonces arzobispo don Luis Fernández de Córdoba. Sin embargo, no es hasta 1625 cuando los agustinos consiguen fundarla, merced a la generosa donación otorgada el 10 de septiembre de ese año de una pequeña casa por parte del devoto ciudadano Pedro Antón de la Cerda, quedando el convento bajo la advocación de Santa Mónica, madre de San Agustín. El 8 de diciembre se puso el Santísimo Sacramento en una sala habilitada corno iglesia y fue nombrado primer prior fray Pedro de la Asunción. Siguiendo la crónica de fray Antonio del Rosario, quien fue también prior del monasterio, la casa estaba situada frente a lo que después sería el convento definitivo, en el Arenal, siendo, pues, ésta la primera y provisional morada de los agustinos descalzos en Sevilla, en donde permanecerán trece años; provisional porque los religiosos tenían autorización del arzobispo para levantar su convento en el Arenal, lugar extramuros de la ciudad, entre las puertas de este nombre y la de Triana, cercano a la ribera izquierda del río y en el sitio que llamaban "de las eneas" por la gran cantidad que allí crecía. No es hasta 1637 cuando el Cabildo de la ciudad, siendo su asistente el conde de Puebla, deslinde la parcela correspondiente, para cuyo cometido comparecieron "su señoría personalmente con los 21 que fueran señalados y alarifes de dicha ciudad, mostró su señoría su cariño y devoto afecto en la medición de dicho sitio mostrándose poco escaso y muy liberal en la Donación de dicha Ciudad". Se procedió a cercar la amplia parcela y en tanto se levantaba la fábrica del monasterio, se labraron dos salas una mirando hacia el Arenal y otra hacía el río; en ésta se instaló el 1 de enero de 1638 el Santísimo traído desde la iglesia provisional de la primera casa, acomodándose los agustinos en su ya definitivo emplazamiento, "empezándose las obras de la Iglesia principal que ha de ser permanente... hasta el año 1666" en que, concluida, fue inaugurada el sábado 1 de mayo, con fiestas religiosas que duraron cuatro días en los que hubo misas y sermones, asistiendo el tercer día el Cabildo de la ciudad, rematándose el último día con solemne procesión en la que el Marqués de Villamanrique portó las insignias del convento.
El cambio de título del convento de Santa Mónica estuvo motivado por el acontecimiento que tuvo lugar en 1626 durante la riada que desde el día 25 de febrero asoló la ciudad. En el portal de la casa, sita en la calle Harinas, del matrimonio formado por Antonio Pérez, natural de Barcelona, y la sevillana Ana de Villafañe, había una pintura de la Virgen con el Niño con la advocación de Nuestra Señora del Pópulo. El río salido de madre entró por la puerta del Arenal anegando la casa, llegando las aguas al mencionado cuadro "tocando los pies del Niño, y el ímpetu del aire desprendió el santo cuadro que estaba colgado de un clavo grande y la lámpara que estaba ardiendo delante de su Md. la arrancó el aire", permaneciendo milagrosamente durante tres días flotando sobre las aguas y con la lámpara encendida; este prodigio determinó al devoto matrimonio, que para darle un mejor acomodo donde fuera venerada por todos, entregar la imagen a los agustinos, cuya recién fundada casa fue elegida al azar de entre otros conventos, quedando seguidamente el convento bajo el patronazgo y protección de la Virgen siendo titulado desde entonces como de Nuestra Señora del Pópulo.
El convento del Pópulo se establece por tanto en el conocido Arenal de Sevilla, extramuros de la ciudad, lugar semi despoblado y vinculado al cercano comercio del río, en donde concurrían "gentes de mal vivir" que propiciaban no pocas pendencias; desertores de cárceles y galeras que se amparaban en los cercanos cañaverales del río o se introducían en la ciudad furtivamente a través de un agujero practicado en la muralla en el paredaño barrio de la Mancebía en donde cometían todo tipo de atropellos, como era denunciado en la documentación de la época y recogido en la literatura picaresca. Hemos de señalar que tanto el cabildo eclesiástico como el civil debieron de ver con buenos ojos la elección de este problemático sitio para la nueva fundación, en el que la presencia de los religiosos supondría un "saneamiento" en el orden espiritual y urbanístico de la zona. Los agustinos asumirían el auxilio religioso de las gentes del lugar y por otro lado, su presencia propiciaría un cambio funcional más digno. Qué duda cabe de que el sitio resultaba además de peligroso insalubre por la presencia del inmediato muladar que llegaba a formar un cerro, como se puede apreciar en los grabados de la época, llamado Baratillo o Malbaratillo como lo cita Cervantes, y ser un terreno deprimido en el que quedaban estancadas las aguas, siendo además fácilmente inundable por las habituales y catastróficas crecidas del cercano Guadalquivir, como la que aconteció a fines de diciembre de 1783 en que el río se salió de sus márgenes, rompió el puente de barcas cortándose la comunicación con el arrabal de Triana, entrando las aguas en las casas de la zona, por lo que los vecinos tuvieron que salir al igual que los religiosos del Pópulo, quienes con mucha dificultad retiraron el Santísimo de la iglesia y se refugiaron donde pudieron. O la que se produjo en 1796, los días 26, 27 y 28 de diciembre en que de nuevo se constata una gran riada que superó el malecón que se había construido desde el puente de barcas hasta la Torre del Oro para paliar estos siniestros. Se inundó toda la alamedilla frontera al convento y los atribulados moradores del barrio acudieron a implorar a la Virgen del Pópulo su intercesión para que cesasen las calamidades.
Con ocasión de la gran epidemia de 1649 que produjo una gran mortandad en la ciudad, se abrió un cementerio cercano a las tapias del convento que subsistió hasta comienzos del siglo XVIII, tiempo en que también consta en las inmediaciones el perneo o mercado de cerdos. A partir de 1728 comenzó el desmonte del Baratillo, se instaló un juego de pelota en 1745 y se levanto la primera plaza de toros, de madera, transformaciones que irán cambiando la fisonomía del lugar en el que ya destacaba a través de las tapias la fábrica del monasterio, especialmente la fachada de la iglesia revestida de vistosos paneles cerámicos, como se aprecia en el grabado que recoge la entrada de Felipe V en Sevilla realizado por Pedro Tortolero en 1738, que nos permite vislumbrar buena parte de él. En este sentido hay que señalar que el convento se va a convertir en testigo de las entradas de monarcas y otras personalidades que accedían a la ciudad a través de la inmediata puerta de Triana, pasando el cortejo por delante del convento, que se engalanaba para la ocasión, como la acaecida el 8 de octubre de 1823, en la que llegó a Sevilla procedente de Cádiz Fernando VII, por lo que el Pópulo para agasajar a la familia real que pasaría por delante del convento cubrió su fachada "con bastidores de perspectivas, vasos de colores, piras y fogatas".
Con la llegada de los franceses en 1810 los agustinos fueron exclaustrados y su convento destinado a cuartel de la milicia nacional de artillería. La iglesia, a petición de los vecinos, fue abierta al culto en 1811. Los religiosos volvieron al Pópulo en 1815 y permanecieron en él hasta la Desamortización de 1835. En el ya ex-convento se instaló la cárcel nacional en sustitución del viejo y maltrecho edificio situado en la calle Sierpes, quedando inaugurada el 3 de junio de 1837 y siendo considerada en su época una de las mejores de España por sus buenas condiciones higiénicas, sus espaciosas galerías y la dotación de buenos servicios. La cárcel será popularmente conocida como del Pópulo y para adaptar el edificio a su nuevo uso se realizaron numerosas obras, llevadas a cabo por la municipalidad, que desfiguraron el convento: se derribó la torre, la iglesia se despojó de sus altares, imágenes y demás enseres litúrgicos, que fueron repartidos por las parroquias de la ciudad que los pidieron; así en 1844 el párroco de San Miguel solicitó las losas de Génova de las iglesias del Pópulo y de San Isidoro del Campo que se guardaban en almacenes, con el fin de pavimentar su templo y sacristía. Finalmente, la iglesia agustina fue derribada en 1843, conservándose solamente su fachada recubierta de ricos paneles cerámicos, según acuerdo de la Junta de Cárceles, "en razón de su mérito, aunque desdijeran algún tanto del uso al que se consagraba el reparado local... tomando el tipo de la cárcel de Tiburn en Londres". El cadalso donde realizar las ejecuciones capitales se enclavó en una azotea labrada al efecto en el muro zaguero del inmueble, "librando a los reos de ese doloroso tránsito de la cárcel al patíbulo por entre la curiosa multitud, y evitando con esto escenas repugnantes y propicias a muchos desordenes".
En la década de 1940 la cárcel quedó obsoleta trasladándose a otra zona de la ciudad, y el edificio fue derribado. Sobre su solar se levantó en 1947 el Mercado de Entradores, una gran estructura arquitectónica debida a Juan de Talavera y Heredia en la que se yuxtaponen varias plantas de viviendas; entre 1974-1977 será transformado y adaptado para mercado de abastos, el del "El Arenal", combinado su uso residencial en los pisos superiores y oficinas municipales en los bajos.
ARQUITECTURA
Como ya hemos señalado, el convento de Nuestra Señora del Pópulo se emplazaba extramuros de la ciudad, en el llamado Arenal, espacio abierto en la margen izquierda del Guadalquivir, entre las puertas de este nombre y la de Triana. Para su construcción el cabildo de la ciudad otorgó a los agustinos descalzos una amplia parcela cuyo deslinde tuvo lugar a fines de 1637. El sitio era llamado "de las eneas" por la abundancia de esta planta en la zona, lo que sin duda determinó la formación del barrio de la Cestería, nacido sobre el muro exterior de la muralla, y en donde los artesanos trabajaban este material. El monasterio era un edificio exento, cercado por una tapia, según se observa en los grabados de la época. Nada ha permanecido de él, sólo las escuetas referencias de González de León y una somera planta levantada tras la Desamortización nos permiten conocer algo de su configuración. La iglesia "bien labrada y de mucha capacidad" era de tres naves separadas por arcos con decoración de molduras sobre pilares. Poseía un "bien formado crucero" con cúpula en el centro, y la techumbre era de bovedillas y encima maderas y tejas al exterior. A la capilla mayor se accedía por cuatro gradas de mármol rojo, existiendo a los dos lados sendas capillas, sirviendo la del lado del evangelio de comulgatorio, que se cerraba con una gran reja. No sabemos si poseía coro a los pies aunque sí consta que tuvo un buen órgano. A los pies de la nave del evangelio se hallaba la denominada capilla del Santo Sepulcro de Nuestro Señor Jesucristo, de pequeñas dimensiones, "en la que apenas cabían tres personas", que se cerraba con una reja con puertas, "de dos varas de alto", y a la que se accedía por tres arcos muy bajos y estrechos sobre robustos pilares con columnas resaltadas, y cubierta de bóveda ovalada muy plana con claraboya. El espacio estaba recubierto con mármoles rojos y tenía un pequeño altar con un sudario en el que se veía a Cristo difunto. Esta capilla pertenecía a la Hermandad del Santo Sudario y Sepulcro de Nuestro Señor Jesucristo, cuyo hermano mayor, Jorge Jaens junto con Cristóbal de Aspitia, alcalde antiguo, Diego del Castillo Vanderbort y Bernardo Carvajal, hermanos de la dicha Hermandad, conciertan el 28 de marzo de 1713 con el maestro sacador de piedra de cantería Francisco Martín y con Leandro de Rivas, la entrega de un total de treinta dos piedras, once negras y veintiuna coloradas, "para la fábrica del sepulcro que tiene acordado hacer de nuevo de piedra de jaspe". En el contrato se detallan las medidas que han de tener los sillares, que debían ser entregados en el mes de mayo de ese año, cuyo precio ascendió a "ciento ocho pesos escudos de a diez reales de plata cada uno". Sobre la iglesia dice Arana de Varflora que tras la inundación del año 1784, fue "hermoseada", sin especificar en qué consistió. La sacristía era de planta rectangular y se situaba en el lado de la epístola, a la altura del altar mayor con el que se comunicaba, perteneciendo a uno de los lados del patio principal que se situaba en este costado de la iglesia. El templo poseyó a los pies del lado de la epístola una torre con espadaña de dos cuerpos, como se aprecia en el grabado de Pedro Tortolero, que fue derribada enseguida tras la Desamortización.
Sí permaneció hasta la década de los años cuarenta del siglo XX en que fue demolida, la gran fachada de la iglesia, de dos cuerpos de altura, que se articulaba mediante columnas de orden gigante que separaban sus cinco calles, en las que se disponían ventanas en las dos más extremas y paneles cerámicos polícromos en el resto. Afortunadamente los paños de azulejos se conservan en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, en donde están colocados separadamente. Forman un total de ocho excelentes cuadros de autor anónimo, cuya fecha de ejecución, teniendo en cuenta que la iglesia se inauguró el 6 de mayo de 1666, hay que situar en torno a esa fecha. Presentan una gran calidad técnica y artística con clara influencia de la escuela pictórica sevillana, lo que hace pensar que el autor de su diseño pudo ser un pintor más que un maestro de azulejería. Su distribución en el frontis de la iglesia, a modo de gran fachada-retablo, constituyó un complemento iconográfico de gran riqueza visual y devocional, distribución que podemos recomponer con la ayuda del grabado de 1738. Sobre el vano central de medio punto de acceso a la iglesia se situaba el panel cuadrado de Nuestra Señora del Pópulo, representada de medio cuerpo con el Niño en brazos, ambos con coronas. Encima se hallaba el magnífico panel que representaba a San Agustín arrodillado, con el hábito agustino y capa pluvial, mientras que dos ángeles niños le sostienen el báculo y la mitra alusivos a su condición de obispo; en el rompimiento de gloria superior se sitúan Cristo, la paloma del Espíritu Santo y la Virgen sentados sobre tronos de nubes con cabezas de querubines. En las calles laterales de la fachada se distribuyen figuras de santos y religiosos agustinos como delatan sus vestimentas; en el cuerpo inferior a la izquierda un papa y a la derecha un obispo, en paneles rectangulares terminados en semicírculos. En el segundo cuerpo a la izquierda Santa Clara de Montefalco y Santa Mónica en el derecho. Y finalmente en la parte superior San Nicolás de Tolentino y San Juan de Sahagún.
Según González de León al convento se entraba por una puerta lateral a la izquierda de la iglesia, lo que no concuerda con la visión que nos ofrece el grabado de Tortolero ni la planta del XIX, ya que las dependencias conventuales se distribuyen hacia la derecha. Una vez traspasada la portería, se encontraba el patio principal, que quedaba paredaño con el muro de la epístola de la iglesia; era "de tamaño mediano" de dos pisos de altura y de arcos sobre columnas de mármol en ambos. La planta baja era de galerías abiertas, en donde se disponían "la oficinas necesarias, no muy amplias y algo tristes y oscuras". En el piso superior tenía balcones y era más "extenso, cómodo y muy alegre por as buenas vistas al arrabal y al río". El monasterio hubo de poseer otros patios más pequeños y las piezas de servicio habituales como cocina, corral, huerta, etc. Hay que señalar que en agosto de 1691 el arquitecto municipal Acisclo Burgueño acompañado de Juan Pérez de Saavedra visitaron el Pópulo a fin de dictaminar sobre la solicitud que los religiosos habían hecho al cabildo de la ciudad para labrar una enfermería en la trasera del convento, próxima al Baratillo, de treinta varas de largo, lo que significaba que una de las zanjas de desagüe de las calles Galeras, Menores y Vírgenes quedase dentro del monasterio. Para compensar la donación los agustinos se comprometían a hacer y mantener un husillo de buena albañilería y a mantenerlo en buen estado.
Igualmente son muy escasas las referencias a los retablos y esculturas del convento. Por el testamento del maestro de escultura Andrés Cansino, otorgado el 25 de octubre de 1670, sabemos que éste había hecho "diferentes piesas de escultura" para el retablo mayor que estaba realizando Bernardo Simón de Pineda, que no se ha conservado y del que se desconocen sus características estructurales e iconográficas, salvo que estaba presidido por la imagen pintada de Nuestra Señora del Pópulo. González de León señala que a la parroquia de San Juan de la Palma de Sevilla se trajeron dos retablos con sus santos, que no han podido ser identificados, pereciendo quizás en los saqueos de la iglesia en el año 1936.
Por otra referencia documental sabemos de la existencia en la iglesia del Pópulo de una capilla dedicada a Santa Rita. El 31 de marzo de 1694 el Maestro escultor José de Escobar y el dorador Antonio Gallardo conciertan con el mercader de libros Juan Salvador Pérez la ejecución de un retablo para dicha capilla, "la segunda capilla en la hazera de mano derecha entrando por la puerta de mano derecha". El diseño fue realizado por Escobar aunque nada se especifica en el contrato salvo que ha de ser de madera de pino de Flandes y los adornos en cedro y que en el último cuerpo haría un San Juan Bautista de medio relieve. El costo del trabajo ascendía a 2.600 reales de vellón y debía estar terminado en seis meses. Es la primera obra documentada de José de Escobar, que pasó a la iglesia conventual de San Pablo, actual parroquia de la Magdalena.
El 26 de noviembre de 1598 el pintor de imaginería Diego García de Santana y el escultor Matías de la Cruz declaraban tener acabado un Cristo de pasta, del natural, puesto en la cruz con sus potencias y corona de espinas, cuya hechura había sido concertada por veinte ducados por el jubetero Diego García para una cofradía que radicaba en el convento de Nuestra Señora del Pópulo, que antiguamente residió en la parroquia de San Esteban. Ambos artistas reciben el encargo de realizar otra imagen igual para un cliente que se la llevará a las Indias; y como no les daba tiempo a hacerla solicitan permiso a la hermandad para entregar la que ya tienen terminada, obligándose a entregarles la suya para la primera semana de cuaresma del año siguiente, es decir en 1599. Ni de la innominada hermandad ni de la existencia de este Cristo tenemos más noticia.
En el convento del Pópulo radicó la cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Salud y María Santísima de las Angustias, fundada en 1753 en el convento trianero del Espíritu Santo por Sebastián Miguel Varas y otros castellanos nuevos. El 4 de abril de 1835 se trasladan a la parroquia de San Esteban, y después de pasar por San Nicolás y San Román reside actualmente en el antiguo templo del convento del Valle. Durante su estancia en la parroquia de San Román perdió en los saqueos de 1936 sus primitivas imágenes de las que no se conocen sus autores.
El 7 de marzo de 1892 el arzobispo de Sevilla don Benito Sanz y Forés cedía a la Hermandad de las Cigarreras de Sevilla un Cristo atado a la columna que procedente del convento del Pópulo se conservaba entonces en la parroquia de la Magdalena. Se trata de una magnífica talla de madera policromada de 1,53 m. de alto, atribuida al círculo de Pedro Roldán y fechada en el último tercio del siglo XVII. Atado a una columna de fuste bajo y con el cuerpo inclinado hacia delante, pleno de naturalismo expresivo. Actualmente la imagen se halla en la parroquia de Hinojos (Huelva) a donde pasó en 1915 al ser sustituida por otra talla de Joaquín Bilbao.
PINTURAS
El patrimonio pictórico del convento del Pópulo hubo de ser escaso; sólo Ceán Bermúdez anota la existencia de obras de Esteban Márquez en la escalera y coro de los agustinos recoletos, sin determinar su número ni los asuntos representados, de las cuales sólo se han localizado hasta la fecha dos, que erróneamente se ha hecho proceder del claustro principal del convento de San Agustín. Se trata del San Agustín y el misterio de la Santísima Trinidad y San Agustín entre Cristo y la Virgen, del Museo de Bellas Artes de Sevilla, que aunque sin firmar ambas reflejan de forma clara el estilo de Márquez, obras, por otro lado, importantes dentro de su producción, cuyo estilo se mueve fielmente dentro de la órbita de Murillo aunque posee características propias que se definen en especial en la expresividad de sus personajes. La primera composición presenta al Santo de pie, vestido con el hábito agustino y con un libro en la mano izquierda; está acompañado por un niño con una concha y respaldado por un fondo marino. En un rompimiento de gloria del ángulo superior izquierdo se halla la Santísima Trinidad. En el segundo lienzo San Agustín se halla de rodillas en el centro de la composición, revestido de obispo, cuyo báculo y tiara aparecen en el suelo, y mirando hacia el rompimiento de gloria de la zona superior en donde se disponen la Virgen y Jesucristo rodeados de una aureola de vaporosas nubes y de angelitos. También puede provenir del convento del Pópulo La Consagración de San Agustín que se conserva en la Casa de Ejercicios Espirituales de San Juan de Aznalfarache (Sevilla), depositada por el Museo, y que constaba en el Inventario de las pinturas depositadas en el Alcázar de Sevilla con el número 388 atribuida a este pintor. Es obra de grandes dimensiones, de formato horizontal, muy adecuada para ser colocada en un gran testero como el de un coro o una escalera, y en ella se distribuyen alrededor de cincuenta personajes, agrupados equilibradamente en dos grupos en varios planos de profundidad en torno a la figura del Santo en momento de su consagración episcopal, composición que deriva de la estampa de Schelte A. Bolwerst incluida en una obra sobre la vida de San Agustín editada en París en 1642, aunque hábilmente recreada por Márquez.
En el Museo de Odessa se halla una pintura adjudicada a Murillo, que representa a la Virgen con el Niño y San Agustín, atribución que ha sido descartada a favor de Esteban Márquez, y que por su iconografía se ha sugerido su procedencia del convento de San Agustín de Sevilla. Nos inclinamos a pensar que pudo ser una de las que este pintor realizó para el convento del Pópulo.
En el Museo de Huelva y como depósito del de Bellas Artes de Sevilla, se hallan un total de seis lienzos que representan a pequeño tamaño y de cuerpo entero a San Jerónimo, San Gregorio, San Agustín, San Bruno, San Ambrosio y Santo Tomás de Aquino, atribuidos al pintor sevillano Andrés Pérez, atribución no compartida por Valdivieso, y que se hacen proceder del convento del Pópulo.
Se desconoce la suerte que tuvo la pintura que representaba a la Virgen del Pópulo que presidía el retablo mayor de la iglesia del convento, cuya iconografía sólo nos es conocida por el panel de azulejos de la fachada del templo conservado actualmente el museo, como va hemos referido, y que la representa de medio busto y con el Niño en brazos. En ninguna de las fuentes manejadas se especifica su autor ni ningún dato otro dato que ayude a su identificación. En el ángulo sur del patio principal cita González de León en un retablo una pintura de "Nuestra Señora", que no ha sido identificada.
Cinco lienzos que se conservan en el Ayuntamiento de Sevilla se hacen proceder del convento del Pópulo. Se trata, en primer lugar, de una bella y juvenil Inmaculada Concepción adjudicada a Francisco de Zurbarán, que en actitud recogida con las manos unidas al pecho y con la mirada elevada, se dispone ingrávida en el centro de una vaporosa aureola de nubes poblada con cabezas de querubines. Los cuatro lienzos restantes son los bustos que poseen unas mismas dimensiones y que representan a San Atanasio, San Jerónimo, San Agustín y San Gregorio. Son obras anónimas de la segunda mitad del XVII, de modesta factura, cuyo formato original era oval como se advierte claramente en los suplementos añadidos (Matilde Fernández Rojas. Patrimonio artístico de los conventos masculinos desamortizados en Sevilla durante el siglo XIX: Benedictinos, Dominicos, Agustinos, Carmelitas y Basilios. Diputación Provincial de Sevilla. Sevilla, 2008).
Conozcamos mejor la Solemnidad de Santa María de las Nieves o la Blanca;
Fiesta conocida popularmente por Santa María de las Nieves o la Blanca por la leyenda de la fundación de la basílica de Santa María la Mayor de Roma: el patricio romano Juan tuvo una visión de la Virgen en el 358 que le ordenaba edificar una iglesia en un solar que encontraría cubierto de nieve, lo que comunicó al Papa Liberio, que trazó el plano del nuevo templo en la cumbre del Esquilino, nevada prodigiosamente, por lo que se la conoce como Basílica Liberiana. Se la encuentra ya registrada en el calendario jeronimiano, pero por ser una celebración local romana, no aparece en los sacramentarios. Hasta el siglo XIV fue una fiesta exclusiva de la basílica, en que se extendió a todas las iglesias de Roma y a otras diócesis. Fue extendida definitivamente a la Iglesia Latina en 1570 por San Pío V Ghislieri, que determinó incluso sepultarse allí, y Clemente VIII Aldobrandini (+1605) la elevó a doble mayor. En el calendario de 1969 fue incluida memoria libre. Aparte de la historicidad de la leyenda, el conmemorar la dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor de Roma nos invita a reflexionar que María es imagen y tipo de la Iglesia, su origen como la primera creyente del nuevo orden salvífico y su representación en el Calvario y ante el sepulcro, así como la esperanza escatológica eclesial de la futura glorificación consumada en su Asunción. El templo material de María, que alberga a Jesús Eucaristía es signo del cristiano, templo vivo del Espíritu Santo (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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