Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el desaparecido Convento de Nuestra Señora de la Paz (Agustinas), de Sevilla.
Hoy, 24 de enero es la festividad de Nuestra Señora de la Paz, así que hoy es el mejor día, para ExplicArte el desaparecido Convento de Nuestra Señora de la Paz (Agustinas), de Sevilla.
Y que mejor día que hoy para Explicarte el desaparecido Convento de Nuestra Señora de la Paz, de las Agustinas.
El desaparecido Convento de Nuestra Señora de la Paz, se encuentra en la calle Bustos Tavera, 15; en el Barrio de la Encarnación-Regina, del Distrito Casco Antiguo.
Hoy, 24 de enero es la festividad de Nuestra Señora de la Paz, así que hoy es el mejor día, para ExplicArte el desaparecido Convento de Nuestra Señora de la Paz (Agustinas), de Sevilla.
Y que mejor día que hoy para Explicarte el desaparecido Convento de Nuestra Señora de la Paz, de las Agustinas.
El desaparecido Convento de Nuestra Señora de la Paz, se encuentra en la calle Bustos Tavera, 15; en el Barrio de la Encarnación-Regina, del Distrito Casco Antiguo.
Afirma el P. Llordén al hablar de este convento, que es, sin lugar a duda, uno de los menos estudiados por historiadores y cronistas. Unido esto a la pérdida de su archivo, poco es lo que sabemos de él, pese a sus doscientos sesenta y seis años de existencia.
Situado en la calle Bustos Tavera, llamada antiguamente de los Melgarejos por tener esta familia su casa en la calle, llegaba hasta la de S. Felipe Neri, bordeando la de la Inquisición Vieja. Estas dos últimas calles son hoy Dña. María Coronel.
Data su fundación del año 1571, cuando para este fin el sacerdote D. Andrés Segura, racionero de la Santa Iglesia Catedral compra varias casas, unas con entrada por la calle Bustos Tavera y otras por Dña. María Coronel, obteniendo la licencia de fundación del cardenal D. Gaspar de Zúñiga y Avellaneda, quien participó en el concilio de Trento.
A los pies de la iglesia y delante de lo que fue el coro bajo -que ya no existe, aunque sí la reja del alto-, se conservan dos lápidas de miembros de la familia del fundador. Bajo la primera está enterrado Diego de Segura, "patrón perpetuo de este monasterio y hermano del racionero Andrés de Segura de buena memoria fundador dél. Falleció el 6 de mayo de 1582". La segunda lápida "es de los ilustres señores Antón de Segura y Dña. Isabel de León su muger y sucesores, el qual fue patrón de esta casa"... Murió el 9 de julio de 1580.
No concuerda totalmente el dato encontrado por el P. Llordén en el archivo municipal, de ser las fundadoras dos religiosas procedentes del también desaparecido convento cisterciense de las Dueñas, con la alusión que se hace en el libro de fundación de este último convento a la fundación del de la Paz. Se dice allí que Dña. Isabel de Mercado, su fundadora y sus compañeras, llevaron como primera abadesa a "Dña. María Sotomaior, monja nuestra, que buelta a esta casa donde después fue prelada, la llevó Nuestro Señor de edad de ciento dos años a dalla el premio de su exemplar y larga vida. Fue estimada por la muger más entendida de su tiempo". Para el P. Llordén serían Dña. Isabel de Mercado y Dña. María de Sotomayor monjas procedentes de las Dueñas. De serlo también Dña. Isabel, constaría sin duda en el libro de fundación de aquel convento.
González de León sólo nombra a Dña. María de Sotomayor, como primera abadesa, quien, ya hemos visto, vuelve a las Dueñas, después, lógicamente, de consolidar la andadura en Sta. María de la Paz.
Conocemos la existencia de una capellanía, fundada el año 1613 por Dña. Luisa Fernández de Colmenero, viuda del veinticuatro de Sevilla D. Hernán Ramírez de Cartagena, quien compra un altar y su bóveda para enterramiento.
Se conserva, delante del retablo situado frente a la puerta de la iglesia que cierra el brazo de la cruz que forma su planta y en el lado de la epístola, una lápida con los nombres del veinticuatro D. Hernán Ramírez de Cartagena, su mujer y "subcesores" con la fecha: 1613. Es la única bóveda que hoy día se conserva, las demás se han ido rellenando con el paso del tiempo.
También, y en el mismo brazo de la cruz, junto al altar de S. José, está la lápida que recuerda ser propiedad de "D. Manuel Rodríguez Díaz y Andrada y su mujer Dña. Leonor de Costa y Andrada, hijos y sucesores".
D. Manuel Rodríguez había fundado por testamento otorgado el 30 de noviembre de 1640 un patronato. Fue padre de Dña. María y Dña. Felipa Andrada, monjas profesas en este convento, a quienes deja 600 ducados de renta con la condición de que al fallecer funden cuatro capellanías perpetuas de 362 misas por su alma, la de su mujer e hijas, debiendo trasladar a Dña. Leonor -su mujer- y un hijo, Francisco, enterrados entonces en el convento de S. Agustín, a esta bóveda. También deja 1.000 ducados a cuatro sobrinas: Dña. Magdalena, Luisa, María y Felipa de la Vega y Andrada, monjas también de la Paz, para que al fallecimiento de ellas, se funde otra capellanía más en su altar de S. José.
No hay ya más noticias hasta el siglo XIX, y éstas a través de otros conventos. En 1815 quisieron reunir a las monjas del de la Encarnación, cuyo primitivo convento había sido derribado durante la invasión francesa en Sevilla y ocupaban el de los Terceros, suprimidos entonces como todos los frailes, pero que vuelven a recuperar sus propiedades por voluntad de Femado VII. La abadesa de la Encarnación, Sor Mª Josefa Rodríguez de León, hace entonces una "Exposición" al Nuncio para evitar la unión de ambas comunidades y alega que la Paz está la mayor parte en ruina, habiéndose desplomado en diciembre último su dormitorio. Pocos años más tarde, "el 7 de mayo de 1817 huvo una orrorosa tormenta en esta ciudad y cayó un rayo en las monjas de Sta. María de la Paz que les destrozó el campanario y partió la cruz". Ignoramos si se repararon todos estos desperfectos antes de la extinción, que fue el 11 de mayo de 1837. Caprichos de la vida, las reúnen con el convento cuya comunidad quisieron traer aquí: el convento de la Encarnación, situado ya en la plaza de Virgen de los Reyes.
El convento se convierte enseguida en casa de vecinos, quedando la iglesia abierta al culto hasta 1868 en que cierra por orden gubernamental.
La iglesia debió dejarse hasta esta fecha completa. Lo deducimos del siguiente dato: el 2 de enero de 1869 la abadesa del convento de la Encarnación reclama y consigue "un S. Agustín y una Virgen del Rosario" que "eran" del convento de la Paz.
Ignoramos si la iglesia se volvió -o no- a utilizar hasta 1936. En este momento se sabe que estaba cerrada y allí concede el Arzobispado refugiarse a la Hermandad de la Sagrada Mortaja, propietaria de una capilla en la parroquia de Sta. Marina, incendiada en esta fecha. La autorización para su traslado es de 10 de noviembre de 1936. También se refugia aquí entonces la Hermandad de la Divina Pastora, procedente también del templo parroquial de Sta. Marina. Por fin, el 14 de diciembre de 1967, el cardenal Bueno Monreal firma con la Hermandad de la Sagrada Mortaja, única que ocupa ya el templo, la permuta de esta iglesia por su antigua capilla de Sta. Marina, si bien alguno de sus retablos los recoge previamente el párroco de S. Román, para su iglesia. Gracias a esta Hermandad, la iglesia y su compás se conservan en perfectas condiciones, para satisfacción de todos los amantes del arte y tradiciones sevillanas.
La iglesia.
Original entre todas las de los conventos femeninos sevillanos de clausura, por su planta de cruz perfecta (solamente hay otra: la de las Capuchinas), se conserva en uso y buen estado gracias, repetimos, a la cofradía que la ocupa. Sólo ha perdido los coros. Del alto se conserva la reja, pero el bajo se tapió para aprovecharlo también como vivienda y así lo vio el P. Llordén cuando escribe sobre el tema.
En cuanto a sus retablos, cuyos autores se desconocen, parece evidente que el mayor se hizo para el lugar que ocupa. No lo describe González de León. Sólo dice de él ser, como "todos los altares que hay en ella, muy modernos, arregladitos al gusto del fin del siglo anterior". Actualmente, el camarín, ocupado antes por la titular del convento, Ntra. Sra. de la Paz, lo está hoy por el grupo escultórico titular de la cofradía propietaria del templo, y Ntra. Sra. de la Paz ocupa el lugar situado encima del camarín, también en la calle central. Es una imagen de vestir, quizás anterior al retablo. Sólo conocemos del retablo al autor del camarín: Pedro de Soto, quien otorga carta de pago a las monjas de la Paz el 12 de octubre de 1703.
Pese a que Sancho Corbacho, en una nota, dice no existir en la iglesia el único retablo cuyo contrato se conoce: encargado por Dña. Luisa Fernández Colmenero, viuda del veinticuatro de Sevilla D. Hernán Ramírez de Cartagena a Diego López Bueno en 1602, Palomero Páramo lo identifica con el que actualmente sirve de Sagrario a la Hermandad de la Sagrada Mortaja, aunque ha perdido su primitivo programa iconográfico.
También y gracias al actual archivero de la parroquia de S. Román, sobrino del párroco que los recogió, ya fallecido, hemos podido identificar los dos retablos (de los cuatro que se le concedieron) que el párroco de S. Román pudo recoger de esta iglesia (pues la Hermandad de la Sagrada Mortaja se opuso al traslado de más). Se trata de dos pequeños retablos iguales, colocados hoy uno frente a otro en las dos naves laterales de esta parroquia, dedicados actualmente a S. José y S. Antonio. Son fechables en el primer tercio del siglo XVII. Se conservan los primitivos titulares de ambos retablos: un relieve de la Stma. Trinidad, colocado ahora sobre la puerta de la sacristía, y un S. Juan Bautista, que preside el despacho del párroco.
Asimismo, un crucificado, situado a los pies de la iglesia, procede de la cocina de la casa de vecinos en que se convirtió el convento. Naturalmente, está ennegrecido por los humos.
El convento.
"Era como son todos regularmente, tenía sus patios claustrados, dormitorios, enfermería, etc., pero estaba muy ruinoso y era pequeño". No nos aclara más el P. Llordén, quien lo recorre en 1944 cuando escribe su trabajo, pues dice haber sufrido el edificio "tan notables variaciones por las reformas introducidas" que es imposible reconocerlo salvo por las paredes maestras y gruesos muros exteriores. Desconocemos pues si su entrada -puerta reglar y locutorios- estaban situados en el compás, donde hoy existen varias pequeñas casas, pero totalmente rehechas, aunque conservando el recinto un aire conventual. El resto del antiguo edificio, ya ha caído bajo la piqueta hace algunos años [Mª Luisa Fraga Iribarne, Conventos Femeninos Desaparecidos, Sevilla - Siglo XIX. Sevilla, 1993].
Ya entre los Padres Griegos, San Epifanio exclama a María: “por Ti ha sido entregada al mundo la paz celeste”, y San Efrén la llama Paz del Mundo. En nuestra patria, en 1632, Pedro Manrique, Arzobispo de Toledo, había instituido la Fiesta de Nuestra Señora de la Paz, a la que se une la memoria de la descensión de Nuestra Señora para imponer la casulla a San Ildefonso, en honor de una imagen que había sido entronizada en una iglesia restituida al culto cristiano con la Reconquista en el 1085, lugar donde se había celebrado el IX Concilio de Toledo y que se había consagrado el primer año del reinado de Recaredo con el nombre de Sancta Maria in Cathedra. El siete de septiembre de 1658 el Papa Alejandro VII Chigi, a ruegos de Luis XIV de Francia, había así mismo concedido a su reino la Fiesta de la Virgen Reina de la Paz. Pero quien dio un impulso decidido a esta advocación fue el Papa Benedicto XV Della Chiesa con ocasión de la I Guerra Mundial: en 1915, en la felicitación de Navidad a los Cardenales conmina a orar a María, Reina de la Paz, por el cese de las hostilidades, y él mismo, el uno de mayo de 1917, añadió a las Letanías Lauretanas el título que las cierra, Reina de la Paz. Su memoria litúrgica se celebra el veinte y cuatro de enero en algunos sitios, y en otros el cuarto domingo de octubre. A este título se dedica el formulario número cuarenta y cinco para el Tiempo Ordinario del Misal de la Virgen. En palabras del Misal de la Virgen, “a causa de esa íntima y estrecha unión con Su Hijo, ‘Príncipe de la Paz’ (Is.IX,6), la Santísima Virgen ha sido venerada cada día más como Reina de la Paz: en algunos calendarios de Iglesias particulares y de Institutos Religiosos se halla la memoria de la Santísima Virgen Reina de la Paz”.
En sus textos, tomados a excepción del prefacio del Propio de las Diócesis de Savona y Noli, “se conmemora la cooperación de la Virgen en la reconciliación o paz” entre Dios y los hombres realizada por Cristo: en el misterio de la Encarnación [...], el el misterio de la Pasión [...], en el misterio de Pentecostés [...]. Al celebrar la memoria de la Virgen María, Reina de la Paz, la asamblea de fieles pide a Dios que, por su intercesión, conceda a la Iglesia y a la familia humana: el Espíritu de caridad [...], los dones de la unidad y de la paz [...], la tranquilidad en nuestro tiempo (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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