martes, 24 de septiembre de 2019

El Museo de Bellas Artes (Antiguo Convento de la Merced Calzada)

   Déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Museo de Bellas Artes - (Antiguo Convento de la Merced Calzada), de Sevilla. 
Portada del Museo de Bellas Artes.
Miguel de Quintana, 1729.
   Cada 24 de septiembre se celebra a la Virgen de la Merced que significa “misericordia”, advocación que se remonta al siglo XIII cuando la Virgen se le aparece a San Pedro Nolasco y lo anima a seguir liberando a los cristianos esclavos. Ante este deseo, se funda la orden de los Mercedarios el 10 de agosto de 1218 en Barcelona, España, y San Pedro Nolasco fue nombrado por el Papa Gregorio IX como Superior General. Más adelante, en el año 1696, el Papa Inocencio XII fijó el 24 de septiembre como la Fiesta de la Virgen de la Merced en toda la Iglesia.
   La Virgen de la Merced o Nuestra Señora de las Mercedes es una advocación, que deriva del latín merces, que significa: dádiva, gracia, por lo que puede entenderse como Nuestra Señora de la Misericordia. San Pedro Nolasco, un joven mercader de telas de Barcelona, empezó a actuar en la compra y rescate de cautivos, vendiendo cuanto tenía en 1203. Se dice que el uno de agosto de 1218, fiesta de San Pietro ad Vincula, tuvo una visita de la Santísima Virgen, dándose a conocer como La Merced, que lo exhortaba a fundar una Orden religiosa con ese fin principal de redimir a cristianos cautivos de los musulmanes y piratas sarracenos. San Pedro Nolasco consumó la creación de la Orden de la Merced en la Catedral de Barcelona con el apoyo del rey Jaime I el Conquistador y el asesoramiento del dominico canonista San Raimundo de Peñafort, el diez de agosto de ese mismo año 1218: recibieron la institución canónica del obispo de Barcelona y la investidura militar del rey Jaime I el Conquistador. El Papa Gregorio IX de Segni, quien aprobó la orden el diecisiete de enero de 1235, con la Regla de San Agustín. En 1245, muere el fundador.  Se tienen testimonios de esta advocación mariana en medallas desde mediados del siglo XIII. En las primeras Constituciones de la Orden, de 1272, redactadas en Capítulo General, la Orden recibe ya el título de Orden de la Virgen de la Merced de la Redención de los cristianos cautivos de Santa Eulalia de Barcelona. La devoción a la Virgen de la Merced se difundió a partir de la fundación de la Orden como un reguero de pólvora por Cataluña y por toda España, incluida Cerdeña, por Francia y por Italia, con la labor de redención de estos religiosos y sus cofrades.  Con la evangelización de América, en la que la Orden de la Merced participó desde sus mismos inicios, la devoción se extendió y arraigó profundamente en todo el territorio americano. La fiesta dedicada a su patrona fue instituida a instancias de los mercedarios como acción de gracias por la fundación de la Orden. La primera concesión a los mercedarios de un Oficio para esta fiesta se hizo el cuatro de abril de 1615.  Inocencio XI Odescalchi la extendió a la Iglesia española en 1680 e Inocencio XII Pignatelli a toda la Iglesia Latina el doce de febrero de 1696. Reducida en 1960 a simple conmemoración en la reforma del Beato Juan XXIII, fue suprimida del calendario universal e incluso nacional de España en el del uso ordinario de 1969 (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
Planta del Museo de Bellas Artes, en
un plano de la ciudad de Sevilla.
   Y que mejor día que hoy para ExplicArte el Museo de Bellas Artes, de Sevilla instalado en el antiguo Convento de la Merced Calzada.
   El Museo de Bellas Artes de Sevilla, constituido a raiz de la Desamortización de 1835, ocupa desde 1839 el antiguo convento de la Merced Calzada. aunque parcialmente transformado, la configuración actual del edificio responde en líneas generales a la renovación del convento medieval que el arquitecto Juan de Oviedo y de la Bandera emprendió a partir de 1602. El edificio se ordena en torno a tres grandes patios con la iglesia situada en uno de los extremos del convento. El claustro grande consta de dos cuerpos. El inferior lo forman arcos de medio punto que apean sobre columnas pareadas de mármol y el superior, reformado por Leonardo de Figueroa, lo configuran balcones enmarcados por pilastras jónicas. El claustro pequeño, o de los bojs, diseñado por Juan de Oviedo, conserva su estructura original. En el primer cuerpo figuran arcos peraltados que apean sobre columnas de mármol blanco de orden toscano y en el segundo aparecen ventanas que alternan con paramentos lisos. El tercer patio, por el que en la actualidad se ingresa al Museo, es más pequeño y de planta irregular, articulándose en dos cuerpos. Los tres patios se comunican a través de una gran escalera situada en el centro trazada por Juan de Oviedo, que se cubre por medio de una bóveda semiesférica sobre trompas, y se decora con yeserías doradas y policromadas en forma de tarjas, gallones, hornacinas y angelotes, que fueron contratadas con el maestro escultor Alonso Álvarez en 1624.
Vestíbulo del Museo de Bellas Artes.
   La iglesia la trazó asimismo Juan de Oviedo, y se levantó entre 1603 y 1612. Presenta planta de cruz latina, cubriéndose el cuerpo de la nave y los brazos del crucero con bóvedas de medio cañón con arcos fajones y lunetos, y el crucero, con una bóveda semiesférica sobre pechinas. Las pinturas murales que la adornan son posteriores, habiéndolas ejecutado Domingo Martínez en 1727. La portada de la iglesia se encuentra en el muro izquierdo de la nave. Atribuida a José Álvarez, es obra del último tercio del siglo XVIII.
   El ingreso al Museo se hace a través de la primitiva portada del convento, que situada con anterioridad a su conversión en Museo en el otro extremo del edificio, es obra de Miguel de Quintana, y está datada en 1729. Consta de dos cuerpos, el primero formado por un arco de medio punto flanqueado por columnas pareadas de orden compuesto que descansan sobre altos pedestales y el segundo constituido por una gran hornacina, encuadrada por columnas salomónicas, en la que figuran las esculturas de la Virgen de la Merced, San Pedro Nolasco y Jaime I. Remata la hornacina un frontón curvo y roto en cuyo centro se sitúa el escudo de la Orden de la Merced. 
Patio del Aljibe. Museo de Bellas Artes.
   En el zaguán y en los claustros del que fue convento mercedario se encuentran numerosos paneles de azulejos sevillanos de los siglos XVI, XVII y XVIII que proceden en su mayoría de edificios religiosos sevillanos desaparecidos. Gran parte de los frisos de azulejos que adornan el vestíbulo y el patio de entrada proceden del desaparecido convento de San Pablo, fechándose algunos en 1576. En el frente del patio de ingreso se conservan cinco pequeños paneles que representan a Dios Padre y a los Evangelistas que son obra del taller de Francisco Niculoso Pisano. Sobre ellos se halla un gran panel firmado y fechado en 1577 por Cristóbal de Augusta, que representa a la Virgen y el Niño con religiosos y religiosas dominicos.
Escalera Monumental, Juan de Oviedo.
Museo de Bellas Artes.
   El Museo comienza en un pequeño Vestíbulo en el que se exhiben obras pertenecientes a la época medieval. Son dos pinturas de la Virgen con el Niño acompañado de ángeles músicos, y la Ascención del Señor, que pertenecen respectivamente al Maestro de Almonacid y a Bernardo Martorell. También figuran en este recinto una escultura de la Virgen con el Niño, del siglo XV, y otra de un Cristo crucificado del XIV.
   Sala I. Se muestran aquí obras del siglo XV destacando entre ellas un grupo de esculturas pertenecientes a Pedro Millán que representan a Cristo atado a la columna, a Cristo Varón de los Dolores y el Llanto por Cristo muerto. Otra escultura expuesta es la Virgen con el Niño perteneciente a Mercadante de Bretaña. Importante es el conjunto de ocho tablas pictóricas con representaciones de santos que corresponden a un anónimo seguidor de Juan Sánchez de Castro. De gran interés es el Retablo de la Pasión de Cristo y la representación del Sueño de Jacob. Al maestro de Coteta se le atribuye un tríptico con el Ecce Homo y a Bartolomé Bermejo un San Juan Bautista. Finalmente, la representación de San Miguel Arcángel se ha puesto en relación con el estilo del pintor Juan Hispalense.
  Sala II. Esta sala es el antiguo refectorio del Convento de la Merced y en ella se expone un amplio conjunto de obras, todas ellas del siglo XVI. A la escuela flamenca corresponden algunas obras importantes como el gran tríptico de Frans Franken I con la Crucifixión en el centro y el Camino del Calvario y el Descendimiento en los laterales. También de escuela flamenca es el retablo del Juicio Final pintado por Martín de Vos, en cuyos laterales figuran San Francisco y San Agustín, del mismo artista. Importante es también la Asunción de la Virgen, obra de Pieter Aertsen, lo mismo que el Santo Entierro realizado por Vicente Sellaert. Al maestro del Papagayo corresponde una bella Sagrada Familia y al maestro de las Medias Figuras, una Virgen con el Niño.
Patio de los Bojs.
Museo de Bellas Artes.
   Un amplio grupo de pinturas pertenecientes a maestros menores flamencos completa el repertorio de obras de esta escuela. Son el Bautismo de Cristo de Pieter Portbous, La Virgen con el Niño de Guillaume Benson, El Calvario de Pieter Coecke y La Asunción, La Visitación y La Virgen con el Niño de Marcello Cofferman. Copia de buena calidad de Gerard David es La Virgen de la Sopa. Obra interesante de escuela alemana es El Calvario que pertenece al pintor Lucas Cranach.
   Varias pinturas de escuela sevillana figuran en esta sala como una Virgen de la Antigua de autor anónimo, una Anunciación de Alejo Fernández, un Santo Entierro de Cristóbal de Morales y La Presentación de Luis de Vargas. Al portugués sevillanizado Vasco Pereira corresponden dos pinturas que representan a Santa Ana, la Virgen y a San Juan Bautista.
   Importante por su gran calidad es el retrato de Jorge Manuel que es obra de Domenikos Theotocopuli, El Greco. Igualmente destacan por su importancia en esta sala dos esculturas de Pietro Torrigiano: La Virgen con el Niño y San Jerónimo.
   Sala III. Se dedica esta sala a la escultura y pintura sevillana de finales del siglo XVI y principios del XVII. La obra escultórica más amplia es el conjunto de relieves que aparecen en el retablo de la Redención, realizado en 1562. A Andrés de Ocampo le corresponden los relieves del Retablo de las Dueñas de hacia 1585 y a Miguel de Adán los del Retablo de San Juan Bautista.
Cúpula sobre el crucero de la antigua iglesia.
Museo de Bellas Artes.
   Importante es el conjunto de pinturas que pertenecen a Francisco Pacheco como la pareja de retratos de una dama y un caballero, Los Desposorios de Santa Catalina y la gran tabla del Calvario, donde la Virgen y San Juan flanquean un crucifijo de talla. Las pequeñas pinturas que enmarcan este retablo, son también de Pacheco, al igual que los lienzos de Santo Domingo y San Francisco. A Alonso Cano pertenece el magnífico San Francisco de Borja, realizado en 1624, y a Velázquez el interesante Retrato de don Cristóbal Suárez de Rivera, pintado en 1620. Flanqueando un relieve de San Juan Evangelista, obra de Martínez Montañés, se encuentran dos pinturas de San Cristóbal y San Agustín obras de Francisco Varela.
   En el tránsito hacia la Sala IV se encuentran pinturas de San Juan niño servido por los ángeles, obra de Juan del Castillo y Las Ánimas del Purgatorio de Alonso Cano.
   Sala IV. Destaca en esta sala una interesante colección de cuatro esculturas del Niño Jesús del siglo XVII, entre las cuales sobresale una de ellas atribuida a Pedro de Mena. A Gaspar Núñez Delgado corresponde otra escultura de la Cabeza de San Juan Bautista, obra realizada en 1591.
Claustro grande del Museo de Bellas Artes.
   Las pinturas de esta sala pertenecen, en parte, a las que antiguamente decoraron el claustro de este edificio cuando era Convento de la Merced. Datadas las más antiguas en 1600, La aparición de la Virgen a San Ramón Nonato y San Pedro Nolasco embarcando para redimir cautivos son obras de Francisco Pacheco, mientras que la que representa a San Pedro Nolasco despidiéndose de Jaime I El Conquistador es obra de Alonso Vázquez, a quien corresponde también la gran Sagrada Cena que figura en la cabecera de esta sala.
   En el tránsito que conduce al claustro, se expone una escultura de la Asunción que pertenece a Juan de Oviedo el Mozo. Ya en el claustro, puede admirarse un relieve de Antonio Susillo relativo a La presentación de Colón ante los Reyes Católicos.
   Sala V. La antigua iglesia del Convento de la Merced constituye el espléndido marco de esta sala en la que se expone una amplia colección de pintura sevillana del siglo XVII. A los pies de la misma se encuentra una reconstrucción del monumental retablo de la iglesia del antiguo convento de Montesión, cuyas pinturas realizó Juan del Castillo. Sigue un grupo de obras de Juan de Roelas compuesto por Santa Ana enseñando a leer a la Virgen, El martirio de San Andrés y La venida del Espíritu Santo. Especial interés posee la Apoteosis de Santo Tomás de Aquino, obra máxima de Zurbarán, realizada en 1631.
Vista general de la sala I.
Museo de Bellas Artes.
   En el espacio izquierdo del crucero figuran pinturas de Murillo como La estigmatización de San Francisco, San Antonio con el Niño, La Anunciación, San Félix de Cantalicio con el Niño y la Dolorosa.
   En el frente de la iglesia se reproduce el Retablo de los Capuchinos, pintado por Murillo, con representaciones de San Antonio, San Félix Cantalicio, San José con el Niño, San Juan Bautista, Las santas Justa y Rufina, San Buenaventura con San Leandro y La Piedad. Preside todo el conjunto la gran Inmaculada que procede del Convento de San Francisco, también de Murillo.
   En el lateral derecho del crucero continúa la exposición de obras de Murillo, figurando allí la llamada Inmaculada del Coro, San Francisco abrazado a Cristo crucificado, Santo Tomás de Villanueva dando limosna, La adoración de los pastores, La Virgen de la servilleta y San Jerónimo.
Vista general de la sala II.
Museo de Bellas Artes.
   Otro conjunto de pinturas sevillanas del siglo XVII se encuentra dispuesto en el muro derecho de la iglesia, donde están situadas La apoteosis de San Hermenegildo de Francisco Herrera El Viejo y La Sagrada Familia de Juan de Uceda, autor también, en colaboración con Alonso Vázquez, de El tránsito de San Hermenegildo. En el centro de la iglesia se encuentra una magnífica escultura de San Ramón Nonato realizada por Juan de Mesa.
   Sala VI. Con esta sala comienza el recorrido de la parte alta del Museo, a la que se accede a través de la magnífica y solemne escalera conventual. Aprovecha esta sala la segunda planta del claustro principal y en ella se disponen pinturas pertenecientes a la escuela sevillana del siglo XVII y otras pinturas foráneas de notorio interés. Comienza el recorrido con dos obras de Matías de Arteaga que representan Las bodas de Caná y La Circunsición, seguidas por un Santo Tomás de Aquino que pertenece a Francisco Herrera el Joven. A Francisco Antolínez  corresponde la representación de Jacob con los rebaños de Labán y a Juan Simón Gutiérrez, sendas pinturas de San Joaquín y Santa Ana.
Vista general de la sala III.
Museo de Bellas Artes.
   La serie de santas es un conjunto de calidad dispar que pertenece a un pintor anónimo seguidor de Zurbarán. Pero al propio Zurbarán pertenece una Virgen del Rosario, una escena de Jesús entre los doctores y un Cristo crucificado. El Retrato de Fray Domingo de Bruselas es obra de Cornelio Schut, lo mismo que una Inmaculada, mientras que un Apostolado es obra que se atribuye a Miguel Polanco. Dos curiosos trampantojos con representación de la Virgen con el Niño y San Nicolás de Bari pertenecen a Juan José Carpio.
   Fuera de la escuela sevillana hay que mencionar un Santiago apóstol y una Santa Teresa, adscritas a Ribera. Al pintor madrileño Francisco Gutiérrez pertenecen una Caída de Troya y José en Heliópolis. Las cuatro pinturas de Las estaciones del año son bodegones del también madrileño Francisco Barrera. A la misma escuela pertenece José Antolínez, autor de una magnífica representación de Santa María Magdalena.
Sala VII. Una selección de obras pertenecientes a Murillo y a los pintores que siguieron su estilo se encuentran en esta sala. De Murillo son San Agustín y la Trinidad, San Agustín con la Virgen y el Niño y Santo Tomás de Villanueva ante el crucifijo. De Francisco Meneses Osorio es la Aparición de la Virgen a San Pedro Nolasco y San Cirilo en el Concilio de Éfeso. A Pedro Núñez de Villavicencio corresponde la escena de El aguador niño, y a Sebastián Gómez una Inmaculada. La gran representación de La muerte de Santo Domingo es obra de Juan Simón Gutiérrez.
Vista general de la sala ÍV.
Museo de Bellas Artes.
   Sala VIII. Está dedicada esta sala por completo a la obra de Juan Valdés Leal y en ella figuran obras importantes dentro de su producción. Destacan aquí las dos pinturas que pertenecieron al Convento de San Agustín de esta ciudad y que presiden las paredes frontales de la sala: La Asunción de la Virgen y la Inmaculada. De la sacristía del Convento de San Jerónimo proceden las escenas de la vida de dicho santo que representan El bautismo, Las tentaciones y La flagelación de San Jerónimo. A la misma corresponden también seis retratos de jerónimos ilustres. Importantes son igualmente las pinturas de Valdés Leal qeue narran la vida de San Ignacio de Loyola y que proceden de la antigua Casa Profesa de los jesuitas de Sevilla. Otras obras de este artista en esta sala son Los desposorios de Santa Catalina, El ángel entregando la ampolla de agua a San Francisco y La Virgen con las Marías y San Juan camino del Calvario.
Vista parcial de la sala V.
Museo de Bellas Artes
   Sala IX. Un interesante conjunto de pintura barroca europea del siglo XVII se alberga en esta sala, donde figuran principalmente obras de escuela italiana y flamenca. Entre las italianas ha de señalarse la representación de Jonás predicando en Nínive, obra de Andrea Vaccaro, La degollación del Bautista de Caracciolo, La aparición de Cristo resucitado en el Cenáculo de Matia Preti, un Florero de Margarita Caffi y un Bodegón de Giambattista Ruoppolo.
   A la escuela flamenca pertenece La adoración de los pastores, obra de Peter van Lint; La adoración de los reyes y el Retrato de una dama, obras de Cornelis de Vos; Jardín de una villa, de Jean Wildens; y Una batalla de Sebastian Vrank. A la escuela de Jean Brueghel de Velours pertenecen un Paisaje con animales y un Paraiso terrenal, mientras que a un pintor menor de la escuela holandesa, Jean Joseph Horemmans el Viejo, corresponde una escena de interior.
  Sala X. Se dedica esta sala a recoger pinturas de Zurbarán junto con dos conjuntos de esculturas procedentes de la Cartuja de las Cuevas: el primero formado por La templanza y La justicia, obras de Juan de Solís que flanquean una Virgen de las Cuevas de Juan de Mesa; el segundo compuesto por alegorías de La fortaleza y La prudencia, también de Juan de Solís, situadas a los lados de un San Juan Bautista perteneciente a Juan de Mesa.
Vista general de parte de la sala X.
Museo de Bellas Artes.
   De gran interés son las pinturas de San Luis Beltrán y el Beato Enrique Susón, obras de Zurbarán entre las que figura una escultura de Santo Domingo realizada por Juan Martínez Montañés; estas tres obras proceden de la desaparecida iglesia del Convento dominico de Portacoeli. Las tres representaciones pictóricas de Padres de la Iglesia, San Ambrosio, San Gregorio y San Jerónimo, las pintó Zurbarán para la sacristía del Convento de San Pablo de Sevilla; mientras que el gran Cristo crucificado procede de la iglesia de los Capuchinos. Muy importante es el conjunto de tres pinturas realizadas por este artista hacia 1655 para la sacristía del monasterio de la Cartuja de las Cuevas, donde se encontraban dispuestas de la misma manera que aquí se exponen: La Virgen de los Cartujos, en el frente, San Hugo en el refectorio y La visita de San Bruno al Papa Urbano III, en los laterales.
La otra zona de la sala X.
Museo de Bellas Artes.
   Sala XI. Ocupa esta sala la parte alta del patio principal del Museo y en ella se expone fundamentalmente un conjunto de pinturas sevillanas del siglo XVIII. El recorrido comienza con dos obras de Clemente de Torres que representan a San Dionisio Aeropagita y a San Nicolás de Bari, seguidas de dos episodios de la Vida de San Francisco de Paula realizados por Lucas Valdés. Muy importante es la serie de ocho cuadros pintados por Domingo Martínez por encargo de la Real Fábrica de Tabacos para conmemorar la llegada al trono de España del rey don Fernando VI, que representan los carros que desfilaron por Sevilla en 1747. Al propio Domingo Martínez corresponden una Virgen con el Niño y una Apoteosis de la Inmaculada, mientras que a Juan de Espinal pertenecen dos episodios de la Vida de San Jerónimo y un San Miguel Arcángel. De Pedro de Acosta son dos bodegones realizados a la manera de trampantojo.
   Del siglo XIX es un magnífico Retrato del canónigo Duaso, realizado por Goya; mientras que los Retratos de Alfonso XIII, uno de ellos con su madre la reina María Cristina, son de Gonzalo Bilbao y Fernando Tirado, respectivamente.
   Sala XII. Se albergan aquí pinturas correspondientes al realismo e historicismo dentro del siglo XIX sevillano y también de otros pintores españoles de esta época. Obras como La samaritana de Francisco Narbona, un fraile con la cabeza de don Álvaro de Luna de Eduardo Cano y un Paisaje de Alcalá de José Laffita dan idea de los distintos estilos pictóricos de la segunda mitad de esta centuria en Sevilla. Siguen La portada del convento de Santa Paula, obra de Rosendo Fernández y una Emboscada mora de Francisco Tirado, como ejemplos de la pintura de realismo urbano y orientalista respectivamente.
Vista general de la sala XII.
Museo de Bellas Artes.
   Dos vistas de Venecia pertenecen a Rafel Senet y cuatro escenas costumbristas corresponden al popular José García Ramos. Un Autorretrato de José Jiménez Aranda, otro retrato de su hija Irene y otro más que efigia a doña Casilda López de Haro, de Ricardo López Cabrera, dan idea de la retratística sevillana de este momento. De José Arpa son unas Chumberas y una vista del Gran Cañón del Colorado, buenas muestras del paisaje a fines del siglo XIX. Obras de Andrés Parladé son el Retrato de una mujer con un perro blanco y de Nicolás Alpériz es su popular Cuento de brujas. A Gonzalo Bilbao pertenece un grupo de siete pinturas, entre las cuales destaca su gran cuadro de Las cigarreras, obra culminante de su producción. También es importante el grupo de seis pinturas de José Villegas compuesto, fundamentalmente, por magníficos retratos.
   Fuera de la escuela sevillana están representados en esta sala José Moreno Carbonero con el Encuentro de Sancho Panza con el Rucio y Raimundo de Madrazo con el retrato de don José Domingo Irureta Goyena.
Vista general de la sala XIII.
Museo de Bellas Artes.
   Sala XIII. El interesante proceso evolutivo del romanticismo sevillano se encuentra representado en esta sala en la que figuran cuatro retratos de Antonio María Esquivel, dos de ellos infantiles, de gran calidad. Pieza fundamental de esta época es el Retrato de Gustavo Adolfo Bécquer realizado por su hermano Valeriano, a quien corresponde también el Interior de una casa en Aragón. Siguen otros retratos realizados por José Gutiérrez de la Vega y por José María Romero junto con dos escenas costumbristas que pertenecen a Manuel Cabral Bejarano; a Joaquín Domínguez Bécquer  corresponde un Retrato de don Manuel Moreno López. Esn esta sala se abre un pequeño compartimento donde se expone un grupo de seis paisajes románticos realizados por Manuel Barrón entre los que destaca su célebre Cueva del gato.
   Sala XIV. Finaliza el recorrido del Museo en esta sala, en la que figura un amplio muestrario de pinturas sevillanas de la primera mitad del siglo XX, en el que se incluyen también obras de artistas españoles de esta misma época. Entre los sevillanos se encuentra representado Juan Miguel Sánchez con el Retrato de su esposa, Alfonso Grosso con su célebre Monaguillo, Diego López con Unas sevillanas en el patio, Manuel González Santos con La santera y Santiago Martínez con un Paisaje de Ávila. De José Rico Cejudo son Las floristas en el parque de María Luisa, mientras que a Miguel Ángel del Pino corresponde el Retratro de Javier de Winthuysen. La principal obra de Gustavo Bacarisas, Sevilla en Fiestas, preside esta sala, y cierra la nómina de pintores de esta ciudad. 
Vista general de la sala XIV.
Museo de Bellas Artes.
   Artistas españoles del siglo XX representados en esta sala son Guillermo Gómez Gil a quien corresponde una Marina. Francisco Soria Aedo autor de Una joven con mantilla y Unos toreros, mientras que a José María Rodríguez Acosta pertenece un Interior con gitanos del Sacromonte. Un pintor importante como el vasco Ignacio Zuloaga está representado aquí con un Retrato de la señora Malinowska y otro del Pintor Uranga. También el extremeño Eugenio Hermoso tiene en esta sala una obra relevante como es La campesina Ana María, al igual que Eduardo Martínez Vázquez tiene su Paisaje de las huertas de Segovia. A Martínez Díaz pertenece una Escena de familia y a Antonio ruiz Echague un Interior holandés; finalmente, Mariano Benlliure lo es de un Patio árabe [Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia I. Diputación de Sevilla y Fundación José Manuel Lara, 2004].
   Si quieres, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Museo de Bellas Artes - (Antiguo Convento de la Merced Calzada), de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Horario de apertura del Museo de Bellas Artes:
     Lunes cerrado   
     De Martes a sábado de 09:00 a 20:00
     Domingos y festivos de 09:00 a 15:00
     Cerrado: 1 y 6 de enero, 1 de mayo y 24, 25 y 31 de diciembre

Enlace a la web oficial del Museo de Bellas Artes 

El Museo de Bellas Artes en detalle:
     Sala I
          Virgen con el Niño, de Francisco Niculoso Pisano
          Cristo Varón de Dolores, de Pedro Millán
          El Retablo de la Pasión, anónimo del círculo de Juan Sánchez de Castro
     
     Sala II
          Tríptico del Calvario, de Frans Francken I
          Retrato de su hijo Jorge Manuel, de El Greco
          La Piedad, o Llanto sobre Cristo muerto, del Maestro de las medias figuras
   
     Sala III
          Santo Tomás de Aquino y Santa Catalina de Siena, de Pedro Villegas Marmolejo
          Santa Catalina de Siena y Santa Lucía, de Francisco Varela
          San Pedro Nolasco redimiendo cautivos, de Alonso Vázquez
          Santo Domingo de Guzmán, de Francisco Pacheco
     
     Sala IV
          Cabeza de apóstol, de Diego Velázquez
     
     Sala V
          La Visión de San Basilio, de Francisco Herrera el Viejo
          San Félix Cantalicio con la Virgen y el Niño, de Bartolomé Esteban Murillo
          Santo Tomás de Villanueva dando limosna, de Bartolomé Esteban Murillo
     
     Sala VI
          El incendio de Troya, de Francisco Gutiérrez
          José recibido en Heliópolis, de Francisco Gutiérrez
          Primavera, de Francisco Barrera
          Jesús entre los doctores, de Francisco de Zurbarán
          Santa Matilde, del taller de Zurbarán 
          Santa Engracia, del taller de Zurbarán
          Santa Marina, del taller de Zurbarán
          Santiago el Menor, de Francisco Polanco
          Bodegón, Naturaleza muerta, de Pedro de Camprobín
          El vendedor de bebidas, de Pedro Núñez de Villavicencio
               
     Sala VII
     
     Sala VIII
          La Virgen con San Juan Juan y las Marías, camino del Calvario, de Juan de Valdés Leal
     
     Sala IX
          Bodegón con uvas y manzanas, de Giambattista Ruoppolo
          Vista de Sevilla, atribuida a Louis de Caullery
          Salero de Neptuno, anónimo
          El paraíso terrenal, de Jan Brueghel
          Paisaje con animales, de Jan Brueghel
          Vanitas, de Cornelis Norbertus Gysbrechts
     
     Sala X
          Santo Domingo de Guzmán penitente, de Juan Martínez Montañés 
          Visita de San Bruno a Urbano II, de Francisco de Zurbarán
     
     Sala XI
          Abrahám y Melquisedec, rey de Jerusalém, de Andrés Pérez
          Trampantojo, de Diego Bejarano
          Trampantojo, de Pedro de Acosta
     
     Sala XII
          Vista de Sevilla, de Manuel García Rodríguez
           Las Cigarreras, de Gonzalo Bilbao

     Sala XIII
          La Pescadora, de Rafael Senet
     
     Sala XIV

     Almacén
          San Bernardino de Siena, atribuido a Luis Tristán

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