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martes, 6 de diciembre de 2022

La pintura "Guirnalda con San Nicolás de Bari", de Juan José del Carpio, en la sala XI del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Guirnalda con San Nicolás de Bari", de Juan José del Carpio, en la sala XI del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.  
     Hoy, 6 de diciembre, conmemoración de San Nicolás, obispo de Mira, en Licia, actual Turquía, famoso por su santidad y por su intercesión ante el trono de la divina gracia (s. IV) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la pintura "Guirnalda con San Nicolás de Bari", de Juan José del Carpio, en la sala XI del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
     El Museo de Bellas Artes (antiguo Convento de la Merced Calzada) [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
     En la sala XI del Museo de Bellas Artes podemos contemplar la pintura "Guirnalda con San Nicolás de Bari", de Juan José del Carpio (h. 1654 - 1713), siendo un óleo sobre lienzo, en estilo barroco de la escuela sevillana, realizada h. 1680-90, con unas medidas de 0'97 x 0'81 mts., y y de procedencia desconocida, tras la Desamortización, en 1840.
   Trampantojo con fondo de madera con guirnalda de flores, rosas, lirios, jazmines, hortensias y claveles, que crean una orla en la que se enmarca un lienzo de San Nicolás de Bari. Los ramos de flores que reposan sobre el marco son más ligeros y se dejan caer sobre éste, lo que crea, junto a los lazos que cuelgan de las anillas clavadas en la pared, un efecto más acentuado de volumen, el que se ve intensificado por el sombreado y las opacidades del color.
   Forma pareja con la Guirnalda con lienzo de la Virgen con el Niño. Considerados como anónimos hasta su última restauración en 1992, en la que se descubrió la firma de Juan José del Carpio.
     Según Fernando Quiles esta obra no se puede encuadrar exclusivamente en el género de la guirnalda, pues está realizado con la técnica del trampantojos (web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla).   
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Nicolás de Bari, obispo;
LEYENDA
   San Nicolás, quien fuera en la Edad Media y aún sigue siendo en la actualidad uno de los santos más populares, tiene el privilegio de pertenecer a la Iglesia griega y al mismo tiempo a la latina. Nació en Asia Menor y su culto se trasplantó al sur de Italia, junto con sus reliquias. Reivindicado por Patras, Mira y Bari, el culto de san Nicolás no padeció el cisma y ha seguido sirviendo como vínculo entre las dos mitades de la cristiandad. En tal sentido, puede decirse que es el más universal de los santos.
   Pero a pesar de su popularidad es uno de los menos históricos. Habría nacido hacia 270, en Patras de Licia, localidad que la Leyenda Dorada confunde con Patras de Grecia. Habría sido obispo de Mira, en Asia Menor, encarcelado y liberado por el advenimiento del emperador Constantino. Se contaba que había combatido la herejía arriana en el concilio de Nicea; llevado por su celo habría llegado a propinar a Arrio un puñetazo en el rostro. Habría muerto en 342.
   En realidad la historia fue ahogada muy pronto por la leyenda que se apoderó de él para convertirlo en una mezcla de Neptuno y Papá Noel.
   Su precocidad fue asombrosa: el mismo día de su nacimiento se mantuvo de pie, solo, en la cuba que llenaran con agua tibia para darle el primer baño.
   Su santidad se habría manifestado desde la cuna: los viernes, días de ayuno, se abstenía de mamar del pecho de su nodriza. Ese milagro del lactante (Das Saüglingswunder) es un tópico hagiográfico que reaparece en la Vita de san Roque. En estilo de hagiógrafo ello significa que a partir de su infancia se entregó a la práctica del ayuno semanal.
   Los dos episodios más conocidos  de su leyenda  son su ejemplo de caridad, al dotar a tres jóvenes casaderas muy pobres a quienes la miseria empujaba al vicio y el milagro de los tres monaguillos resucitados.
   La leyenda de las Tres doncellas dotadas por san Nicolás (Praxis de tribus filiabus) es tan conocida como la Caridad de san Martín compartiendo su manto con un mendigo. Un noble reducido a la indigencia no tenía otra salida que prostituir a sus tres hijas. San Nicolás las salvó de la deshonra y del oprobio (dedecus et opprobrium), arrojando durante la noche y sin que nadie lo advirtiese, tres bolsas llenas de oro a través de la ventana de su casa, recursos que permitieron casarlas honorablemente.
   La fábula de los Tres niños resucitados es más compleja, porque se trata de la deformación de la historia de los tres oficiales (Praxis de stratelatis) falsamente acusados e injustamente condenados a muerte, a quienes san Nicolás habría arrancado del tajo del verdugo apareciéndose en sueños al emperador Constantino.
   ¿Cómo fueron metamorfoseados en tres escolares (tres clerici) los tres oficiales, o, para emplear la expresión griega los tres stratélates muertos por un carnicero a quien habían pedido hospitalidad, y que fueron «cortados en pequeños trozos y puestos en el saladero como puercos», y luego restaurados por el bueno de san Nicolás?
   Esta leyenda, que nació en Francia (Lorena o Normandía) en el siglo XII, se explica por la falsa interpretación de una imagen. En el arte de la Edad Media, los cautivos siempre están representados en una torre cortada por el centro. Los tres oficiales en prisión cuyas cabezas emergían de una torrecilla se tomaron por tres niños hundidos en una cuba que la imaginación popular convirtió en saladero.
   Se advertirá la frecuencia de la sagrada cifra tres en la leyenda de san Nicolás: ese ritmo ternario condujo a suponer que todos esos milagros no eran más que variantes de un solo hecho interpretado de diversa manera.
   Los demás milagros de san Nicolás están, casi todos ellos, relacionados con el mar. Los marineros griegos sorprendidos por la tempestad invocaban al obispo de Mira como en el pasado habrían suplicado a Poseidón, con la esperanza de que éste les socorriese, calmara el mar agitado y les ayudara a maniobrar y conducir la nave al abra de salvación.
CULTO
   La prodigiosa expansión del culto de san Nicolás sorprende tanto más por cuanto éste no padeció martirio, y porque no era, a diferencia de casi todos los santos populares de Oriente,  ni militar como san Jorge o san Demetrio, ni un curador como los hermanos gemelos Cosme y Damián.
   No obstante, este santo local de una pequeña ciudad de Anatolia se convirtió en uno de los grandes taumaturgos de la Iglesia griega, y más tarde, en uno de los principales patrones de Grecia y de Rusia. El traslado de sus reliquias a Bari, en 1087 lo convirtió, por añadidura, en uno de los grandes santos de la Iglesia romana.
   Como el apóstol Santiago de Compostela, se benefició con los movimientos de peregrinos y cruzados. Los peregrinos y los caballeros que iban a embarcar en Brindisi hacia la Tierra Santa nunca dejaban de rezar ante las reliquias de san Nicolás de Bari, que destilaban una mirra perfumada que sus devotos recogían preciosamente en ampollas de plomo: es lo que se llama­ba el maná de san Nicolás. La peregrinación a Bari era tanto más frecuentada por cuanto se combinaba con la de san Miguel del monte Gargano, si­tuado a escasa distancia, sobre la costa de Apulia.
   Desde Bari y desde el vecino puerto de Trani, sobre la costa del Adriático, el culto del santo enjambró, en principio, en Normandía, a causa de la conquista de Italia meridional por los normandos, y luego en Lorena, en Saint Nicolas de Port, cerca de Nancy.
   En 1093, un caballero lorenés, Alberto de Varangeville, al pasar por la ciudad de Bari de vuelta de la cruzada, llevó a su país un fragmento de uno de los dedos de san Nicolás, que depositó en una capilla consagrada a la Virgen (Notre Dame) en el pueblo portuario. A finales del siglo XV, en el emplazamiento de dicha capilla se construyó una magnífica basílica de estilo gótico flamígero, que se puso bajo la advocación de Saint Nicolas de Port. 
 La popularidad de esa peregrinación determinó la elección de san Nicolás como patrón de Lorena. Antes de que dicha provincia se uniera a Francia, las iglesias de los loreneses en el extranjero estaban consagradas a san Nicolás. En Roma, al tiempo que los franceses del reino se reunían en San Luis de los Franceses, los procedentes de Lorena lo hacían en San Nicolás de los Loreneses (Saint Nicolas des Lorrains).
   Ya se ha observado que el nombre de pila Nicolás  y sus derivados (en francés): Colas, Colin, Colinot, Collinet, Collignon, también se han difundido en el este de Francia tanto como el nombre «Martín» (fr.: Martin) en las provincias del oeste: es un indicio muy característico de la popularidad de san Nicolás. 
 Pero su culto no se limitó a Lorena. No hay provincia de Francia donde no se encuentren algunas iglesias puestas bajo la advocación de san Nicolás. París poseía dos: Saint Nicolas des Champs y Saint Nicolas du Chardonnet (campo de cardos), al pie de la montaña de Sainte Genevieve. En la catedral de Ruán existe una capilla de Saint Nicolas o de los Mariniers. Y en el Poitou, una de las más bellas iglesias románicas de la región es la de Saint Nicolas de Civray.
   Señalemos, por último, que la primera vida de un santo que se dramatizara en la literatura francesa, es el Jeu de saint Nicolas, (Retablo de san Nicolás), de Jehan Bodel d'Arras.
   En Alemania, la princesa bizantina Teofano, esposa del emperador Otón II, favoreció el culto de san Nicolás.
   El genio de las minas de cobre había sido bautizado Níquel, variante de Nicolás. De ahí el nombre dado a tal metal por el físico químico sueco Kronsted, quien lo aisló en 1751.
   Inglaterra, país de marinos, le profesó un culto que se expresa por la advocación de alrededor de trescientas setenta y seis iglesias.
Patronazgos
   Otra prueba no menos impresionante de la excepcional popularidad de san Nicolás es la multitud de sus patronazgos.
   Es el patrón de los escolares, de los niños de coro (Chorknaben), porque hizo salir vivos del saladero a los tres sacristanes convertidos en picadillo por el ogro carnicero:
   Prie pour nous, saint Nicholas,
   Qui les trois clercs ressuscitas .
   (Ruega  por nosotros,  san Nicolás,  / Quien a tres clérigos resucitó.)
   Lo invocaban las jóvenes casaderas (heiratslustige Madchen), en conmemoración de las bolsas que ofreciera con discreción a tres doncellas quienes, a falta de dote, no encontraban esposos. «San Nicolás, como dice la canción, casa a las mozas con los mozos.»
   Patrón de filies, saint Nicolas,
   Mariez-nous , ne tardez pas!
   (Patrón de las muchachas, san Nicolás /  ¡Cásanos sin demora!)
   Por los regalos que hizo a las tres doncellas, se convirtió en el distribuidor de los regalos de Navidad; y en lugar de arrojarlos por la ventana, los deja caer en los zapatos por la chimenea. Pero si obsequia a los niños buenos, aquellos que no lo son reciben varas, de manera que en la imaginación de los niños se presenta como un Papá Noel y un Papá Azotador. Es posible que la cuba donde se habían puesto en salazón los tres niños, haya sido tomada por un cuévano que servía al santo para transportar los juguetes de Navidad a los niños buenos y transportar al Infierno a los malos.
   Como se ve, esta leyenda infantil de san Nicolás Papá Noel (Babbo Natale), deriva del relato de las tres doncellas dotadas y de los tres niños resucitados. Además, en el Oriente mediterráneo también es el santo tutelar de los marinos, de todos quienes «van por agua y temen el naufragio », porque tiene el poder de calmar las tormentas. Su popularidad se extendía hasta el océano Atlántico, como bastan para probarlo el nombre de tour Saint Nicolas que se dio a una de las dos torres que gobiernan la entrada al puerto de La Rochelle, la iglesia de Saint Nicolas de Nantes, e incluso hasta el mar Báltico, como lo demuestra el gran número de iglesias dedicadas a san Nicolás en las ciudades  marítimas del norte de Alemania.
   Era el patrón de los carpinteros navales, de los pilotos, de los marineros de agua dulce, de los almadieros de Morvan y de los barqueros del Yonne o del Cure. Los niños, las jóvenes casaderas, los marinos y marineros ya le procuraban una clientela numerosa; pero eso no era todo. Una docena de corporaciones se ponían bajo su protección: abogados, procuradores y letrados de palacio, los prestamistas prendarios; los toneleros, comerciantes de vino, arqueadores y descargadores de vino; los comerciantes de granos y descargadores de trigo; los carniceros; los perfumeros, los boticarios y los especieros. 
 La mayoría de estos patronazgos se explican por circunstancias de su leyenda o juegos de palabra.    Los prestamistas prendarios le reconocían haber castigado a los morosos de mala fe. Los descargadores de trigo recordaban que había completado milagrosamente la carga de grano de un navío cuyo capitán había tomado una parte para alimentar hambrientos. Los toneleros aludían al saladero con forma de tonel de donde sacara a los tres escolares.
   En cuanto a los perfumeros, sus homenajes se dirigían al santo mirobleto, cuyo cuerpo en la cripta de Bari destilaba un maná aromático. El origen de esta devoción es un juego de palabras sobre san Nicolás, obispo de Mira. Los aceites odoríferos y terapéuticos que salían de su sarcófago le valieron la clientela de los boticarios.
   Además, se creía a san Nicolás protector de los tesoros confiados a su guarda contra los ladrones. Es el tema del Jeu de saint Nicolas (Retablo de san Nicolás)  de Jehan Bodel d 'Arras.
   Por último, la leyenda de los tres oficiales injustamente encarcelados le había valido el reconocimiento de los presos y de las víctimas de errores judiciales.
ICONOGRAFÍA
Tipo, vestido y atributos
   En el arte bizantino, san Nicolás está representado con una ancha frente y barba blanca, y vestido como un obispo griego, es decir, con felonion y omoforión blancos, y siempre con la cabeza descubierta. En la mano izquierda lleva el libro de los Evangelios o la cruz de doble travesaño, mientras que con la diestra hace un gesto de bendición. No tiene atributos  individuales. En el arte de Occidente está transformado en un obispo latino, es decir, tocado con mitra y apoyado en un báculo.
   Como Papá Noel, aparece ya como obispo, ya arropado en una larga túnica blanca  con  capucho.
   Fue a partir del siglo XIV cuando se le concedieron atributos individuales nacidos de la leyenda  o del culto.
   Sus atributos habituales son una pirámide de tres bolsas de oro que mantiene en equilibrio sobre el libro de los Evangelios y tres niños emergiendo del saladero, alusiones a las dos escenas más populares de su leyenda: la dote de las tres doncellas y la resurrección  de los tres escolares.
   Debe señalarse que las tres bolsas de lingotes de oro (three golden halls, die Goldklumpen), con frecuencia se convierten en tres manzanas a causa de los regalos de Navidad que deja a los niños en sus zapatos. Por otra parte, sucede que los tres escolares surjan no de un recipiente único, sino de tres saladeros  individuales con forma de toneles.
   En su calidad de patrón de los marineros, san Nicolás tiene como tercer atributo un ancla que puede hacer que se lo confunda con el papa san Clemente, si no llevase mitra en lugar de la tiara.
   En la imaginería popular de Épinal, su atributo más frecuente es el grupo de los tres niños desnudos en el saladero (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de Juan José del Carpio, autor de la obra reseñada;
   Juan José del Carpio (Antequera - Málaga, c. 1654 – Sevilla, 1713), pintor.
   Los datos sobre su vida son muy escasos, aunque se sabe que se encontraba trabajando en Sevilla en torno a 1671. Se trata de una fecha importante para la ciu­dad y su actividad artística, ya que se canonizó a san Fernando, lo cual conllevó importantes celebraciones y que las autoridades civiles y eclesiásticas desearan me­jorar la instalación de los restos del Rey santo en la ca­pilla real. En la catedral de Sevilla se conserva la colec­ción de diseños, entre los que se pretendía elegir la urna que se debía labrar en plata para guardar la reliquia. El único dibujo firmado lo realizó precisamente Carpio y presenta un desplegable que permite bajar el papel de la tapa del sepulcro para ver en el interior el cuerpo de san Fernando. Aunque no fue el modelo finalmente seleccionado, muestra a un artista capaz de responder al compromiso con corrección y creatividad.
   En los años siguientes realizó obras de formato tan diverso, que resulta complicado definir su estilo. El conjunto más completo está formado por una serie de seis pinturas conservadas en la iglesia de San Alberto Magno de Sevilla: narra la vida de la Virgen y de san Felipe Neri y una de ellas, La presentación del Niño en el templo, está firmada por el artista en 1676. Es­tas pinturas se caracterizan por los grandiosos y pormenorizados escenarios arquitectónicos en los que se desarrollan las escenas, cuyos protagonistas son pe­queñas figuras que pueblan estas imaginarias urbes.
   Es evidente su inspiración en estampas, probable­mente en aquellas que inventarió entre sus bienes, obtenidas al cambiarlas por una docena de peque­ños lienzos. El inventario, realizado en 1701 tras la muerte de su esposa, pone en evidencia un nivel de vida muy modesto y un taller en plena actividad en el que había media docena de lienzos imprimados y otra veintena bosquejados. Asimismo, también indica su necesidad de realizar obras menores que le permitie­sen vivir, como los “diecisiete bastidores de biombi­llos de estrado con sus lienzos empezados a pintar”.
   La realización de este tipo de obras explica que en 1693 acometiera labores de encarnado, estofado y pintura en distintas imágenes escultóricas de la Her­mandad del Santo Entierro de Sevilla. En 1696 tam­bién intervino en la decoración del túmulo de la ca­tedral con motivo de las honras fúnebres de la reina Mariana de Austria.
   Aunque no están fechados, en el Museo de Bellas Artes de Sevilla se conservan dos interesantes tram­pantojos en los que destaca la calidad notable de los elementos vegetales. Ambos están firmados con el apellido Carpio; se trata de Guirnalda de flores en torno a un cuadro de San Nicolás de Bari y Guirnalda de flores en torno a un cuadro de la Virgen con el Niño, en concreto, una copia del original de Murillo conservado en el Dulwich College de Londres (Ana Aranda Bernal, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Guirnalda con San Nicolás de Bari", de Juan José del Carpio, en la sala XI del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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