domingo, 1 de septiembre de 2019

La iglesia de San Gil Abad

   Déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Iglesia de San Gil Abad, de Sevilla. 
Torre y ábside de la igl. de San Gil
   Hoy, 1 de septiembre, en la región de Nîmes, en la Galia Narbonense, actual Francia, es la Festividad de San Egidio o Gil, cuyo nombre adopta la población que después se formó en la región de la Camarga, y donde se dice que el santo había erigido un monasterio y completado el curso de su vida mortal (s. VI/VII) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
LEYENDA
   Ermitaño y abad benedictino del siglo VII cuya leyenda, al igual que la de Hipólito, se explica por un juego de palabras con su nombre Aegidius, derivado de la palabra griega aïx, que significa "cabra", animal que vuelve a encontrarse en égide (piel de cabra). San Egidio o Gil estaba predestinado por su nombre a convertirse en el santo de la cierva.
   De nacionalidad griega (Natione Grecus), nacido en Atenas, emigró a Arlés, Provenza, en el valle del Ródano, a donde lo atrajo la fama de San Cesario, después de una peregrinación a Roma. Más tarde se retiró en un bosque próximo a Nîmes, donde se alimentaba con la leche de una cierva domesticada. Durante el transcurso de una cacería, el rey visigodo Wamba persiguió a la cierva cuya flecha alcanzó al ermitaño junto a quien el animal había buscado refugio. Contrito por haber herido involuntariamente al santo, el rey hizo construir para él un monasterio benedictino cerca de la desembocadura del Ródano, que llegó a ser famoso bajo la advocación de Saint Gilles. Además del episodio de la cierva herida, el arte retuvo otras dos escenas de su leyenda. Un monje había puesto en duda la virginidad de María, San Gil escribió sobre la arena tres preguntas: si María había permanecido virgen antes, durante y después de la concepción. A manera de respuesta a cada una de ellas, de la arena reseca brotó súbitamente un lirio.
   La historia de la Misa de San Gil es más popular todavía. Carlos Martel lo llamó para pedirle su intercesión a causa de un pecado que no se atrevía a confesar. Al día siguiente, mientras San Gil celebraba misa en presencia del rey, un ángel depositó un pergamino (scedula) sobre el altar, donde estaba escrito el pecado inconfesable y prometida la absolución, con la condición de que el pecador se arrepintiese. Según otra versión, el ángel le habría mostrado la cédula que revelaba la falta secreta a San Gil, quien vio los caracteres borrarse a medida que pronunciaba sus oraciones.
   Carlos Martel, a pesar del evidente anacronismo, puesto que San Egidio o Gil murió en 725, suele ser reemplazado por el emperador Carlomagno, quien habría tenido relaciones incestuosas con su hermana Aude (o Gisela).
   Según la vida rimada del santo que escribió Guillaume de Berneville en el siglo XII, el milagro se habría producido en Orleans, en la iglesia de Sainte Croix, que en el siglo  XVI aún poseía "la cédula del emperador Carlomagno". Hacia el final de su vida, el santo fue a Roma en peregrinación. El papa le donó para su abadía dos puertas de madera de ciprés esculpidas con las imágenes de los Santos Pedro y Pablo. San Gil las hizo arrojar al Tíber encomendándolas a Dios, y las puertas encallaron en la costa del Languedoc, cerca del monasterio de Saint Gilles. Este milagro sin duda se explica por los servicios de navegación que funcionaban regularmente entre los puertos de Ostia y Arles, y que los hagiógrafos recordaban.
CULTO
   La prodigiosa popular de San Gil en la Edad Media se debió en principio a la leyenda que lo presentaba como el único santo que eximía de la confesión. Quienes invocaban a San Gil para la remisión de un pecado se aseguraban la absolución de Dios, con la condición de no reincidir.
   La segunda razón fue el auge de la peregrinación a la abadía de Saint Gilles, situada entre Arles y Nîmes, por donde pasaba el camino hacia Santiago de Compostela, que en el siglo XII, antes de la construcción del puerto de Aigues Mortes, era el principal centro de embarque hacia Tierra Santa. Iban allí para venerar el magnífico relicario de oro descrito en la Guía del peregrino a Santiago de Compostela.
Planta de la Igl. de San Gil abad, en
un plano de la ciudad de Sevilla.
   Proveza se llamaba provincia Sancti Aegidii.
   En Francia su culto no quedó limitado al Mediodía de Provenza y el Languedoc, como lo prueban la iglesia de Saint Gilles, en París, la capilla de Saint Gilles de Montoire, en Vendômois, Saint Gilles sur Vie en Vendée y la iglesia de Saint Gilles de Abbeville. Era el patrón de la ciudad de Valencieenes, y en Caen había una iglesia de Saint Gilles que servía como parroquial de la abadía de la Sainte Trinité, y que fue víctima de los bombardeos de 1944. En Tournai, que en el siglo XV formaba parte del reino de Francia, los regidores impusieron como penitencia al pintor Robert Campin, convicto de falso testimonio, una peregrinación a Saint Gilles.
   En Italia San Gil tenía bajo su advocación iglesias en Florencia y en Pisa.
   En España, Burgos y Zaragoza dedicaron iglesias a San Gil abad.
   En Inglaterra y Escocia, su popularidad está probada por la advocación de numerosas iglesias, la más conocida de las cuales es la catedral de Edimburgo. Londres también dedicó a San Gil una de sus iglesias.
   Aunque no haya padecido martirio, Alemania lo incluyó en la cohorte de los Catorce Intercesores y le dedicó iglesias en Brunswick, Lübeck, Osnabrück y Nuremberg.
   En Austria se convirtió en patrón de la catedral de Graz. En Estiria y Carintia numerosos pueblos llevan el nombre St. Aegyd, S. Aegidi, S. Gilgen y S. Ilgen. Su culto se difundió hasta en los países escandinavos, donde en el siglo XII se le dedicó un altar en la cripta de la catedral de Lund; y en Polonia, donde una iglesia de Cracovia está puesta bajo su advocación.
   Su fiesta coincidía con la de San Lupo de Sens. De ahí la doble dedicatoria de una iglesia parisina y de la iglesia de las afueras de Thiais en los arrabales de Saint Leu (Lupo) - Saint Gilles.
   Sus patronazgos son múltiples. Abogado de los pecadores a causa de su intercesión por Carlos Martel, además era el patrón de los arqueros, de los enfermos y lisiados, porque había sido herido con una flecha (a causa de ese patronazgo de los lisiados, en Londres se puso bajo su advocación una iglesia próxima a Cripple Gate -Puerta de los Enfermos-, que era el equivalente ade la Corte de los Milagros de París), y de las madres nodrizas (Patron der stillenden Mütter), porque había pedido a Dios que le conservara la cierva que le servía de nodriza.
   Se lo invocaba contra el miedo, a causa de la protección que acordara a una cierva en peligro, espantada por la jauría de un cazador. Refugio de las bestias atemorizadas, también daba seguridad a las almas temerosas. Las madres de familia lo invocaban contra los miedos nocturnos y las pesadillas de sus hijos.
   En Turena se lo creía capaz de curar el cáncer, y en Normandía la epilepsia, que allí se llamaba mal de San Gil.
ICONOGRAFÍA
   Vestido con túnica blanca de benedictino, se apoya sobre el báculo abacial. Los pintores italianos a veces le conceden como atributo un lirio que debe interpretarse como armas parlantes, puesto que su nombre en italiano, Gilio, se pronunciaba como giglio, que significa "lirio".
   Protegiendo a una cierva acorralada, su brazo es atravesado por una flecha destinada al animal. La leyenda de la cierva debe ser tardía puesto que no aparece en las representaciones más antiguas del santo.
   La escena de Carlos Martel recibiendo la absolución sin confesión previa fue censurada por el concilio de Trento, por contraria a la doctrina de la Iglesia que exige la sacramentalis absolutio (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la iglesia de San Gil abad, de Sevilla.   
   Cuenta la leyenda que en tiempos de Pedro I el sacerdote de la vieja parroquia se negó a dar sepultura a un fallecido pobre. Una injusticia que el rey Justiciero vengó a su modo: le ordenó excavar una tumba a la puerta de la iglesia. El enterrado sería el propio sacerdote. Pocos feligreses parecen recordar que pisan sobre el injusto clérigo que fue enterrado vivo. Quizás sean pocos también los que conocen una iglesia ensombrecida por la contigua basílica de la Macarena. Un templo probablemente fundado en la segunda mitad del siglo XIII, transformado en el XIV y nuevamente intervenido en el XVIII. Su dedicación al santo griego del siglo VII que falleció en Francia en olor de santidad parece provenir del recuerdo del obispo don Remondo, que fue bautizado en la iglesia segoviana de la misma advocación. Situado junto a la antigua calle Real, en el eje norte de entrada a la ciudad según el antiguo cardo romano, fue incendiada el 18 de julio de 1936, perdiéndose un notable patrimonio como la antigua imagen de la Virgen del Carmen, el grupo de Santa Ana y la Virgen del siglo XVIII, la talla de Santa Macrina o el crucificado que perteneció a la hermandad de la Macarena.
Portada lateral.
Iglesia de San Gil
   Del exterior del templo destacan las portadas laterales, del siglo XIV. La que da acceso habitual a la iglesia, junto a la torre, presenta un gran arco ojival bajo tejaroz de piedra. Junto al ábside se sitúa un azulejo de la Virgen del Carmen, obra de Facundo Peláez que recuerda a la devoción carmelita que se concretó en una hermandad con sede en la parroquia, una tipología de azulejo que mantiene una devoción que estuvo antaño muy extendida por los muros de la ciudad. La torre se ha solido identificar como alminar de la primitiva mezquita anterior, una atribución que no comparten algunos estudios sobre el mudéjar. Debió ser notablemente transformada y restaurada en el siglo XVIII, lo que eliminó su aspecto islámico. Su primer cuerpo mantiene la inspiración mudéjar, que se completa con la apertura de óculos. Los arcos de medio punto dan carácter cristiano medieval al cuerpo superior, formando el cuerpo de campanas. Un chapitel hexagonal de azulejería corona la parte superior. La portada de los pies es de ladrillo y arquitrabada. Muy sencilla, bajo su dintel conserva una serie de ladrillos que imitan canecillos. Un azulejo recuerda la estancia de la hermandad de la Macarena en el templo más de 300 años, desde su venida  de la iglesia de San Basilio (donde se fundó) hasta su traslado a la basílica propia que se construyó tras la Guerra Civil de 1936. De gran interés son los contrafuertes exteriores del ábside que dan a la calle San Luis, de época de Pedro I, con pilastras coronadas con capiteles góticos de característica decoración vegetal. 
Interior de la iglesia de San Gil.
   El interior del templo presenta tres naves y presbiterio marcado al exterior, siendo muy probable que en su origen fuera una sola nave que fue ampliada en un momento posterior. Pilares cuadrados compartimentan una estancia típica del mudéjar sevillano, con artesonado rehecho tras el incendio de 1936 en forma de artesa en la nave central y con un solo paño de colgadizo en las naves laterales. El zócalo de azulejería trianera es obra también moderna. En el arte sevillano medieval destacan, sin duda, las piezas de azulejos geométricos que decoran el presbiterio, un alicatado mudéjar comparable a los del Alcázar o a los escasos restos de la iglesia de Santa Marina que sobrevivió al incendio de 1936. El centro del presbiterio está presidido por un moderno templete con cuatro columnas estriadas inspiradas en el protobarroco, estando presidido por la imagen de San Gil, obra de Antonio Castillo Lastrucci. Aparece con hábito benedictino y protegiendo a la cierva acorralada que buscó refugio en el retiro del santo de origen griego. Diferentes pinturas del siglo XVIII, cercanas al estilo de Domingo Martínez, decoran las paredes del presbiterio.
La Capilla Sacramental,
antigua cap. de la Hdad. de la
Macarena. Igl. de San Gil
   En los muros de la nave del Evangelio (izquierdo) tras una sencilla ménsula con imagen moderna del Sagrado Corazón aparece la antigua capilla de la Macarena, ahora Sacramental, cerrada por reja del siglo XVIII. Aloja talla de la Inmaculada realizada por Antonio Castillo Lastrucci, decorando sus muros dos lienzos de San Francisco y de la Divina Pastora (advocación cuya hermandad procesionó por primera vez desde esta iglesia a comienzos del siglo XVIII). El retablo se completa en el ático por una discreta copia de La Última Cena que Alonso Vázquez pintó para la Cartuja. La hermandad sacramental, de las pocas "puras" de la ciudad (no fusionadas con hermandad penitencial) remonta su existencia al menos hasta 1584, manteniendo el culto sacramental y la característica procesión de enfermos e impedidos. En el incendio de 1936 se salvaron las imágenes del Cristo de la Sentencia y la Virgen de la Esperanza, al ser retiradas de su culto en esta capilla, guardándose en un cajón de madera que sigue conservando la hermandad. Sigue el pasillo que une la parroquia con la Basílica de la Macarena y que permite el acceso al camarín de la Virgen. Junto a una moderna imagen de San Antonio se abre capilla con imagen moderna de la Milagrosa. Sobre el cancel se sitúa uno de los lienzos de la serie que hizo Juan del Espinal en el siglo XVIII para el monasterio de los jerónimos, representando el tema del Asalto al Monasterio de Belén. De escaso mérito es un crucificado situado a los pies de la nave.
Capilla de la Hdad. del Carmen.
Iglesia de San Gil.
    Pasando al muro derecho nos encontramos la capilla de la hermandad de la Virgen del Rocío del barrio de la Macarena, que tiene su casa hermandad en la cercana calle Parras. Alberga el excelente simpecado bordado de la titular. Del siglo XVIII es un Niño Jesús vestido de pastorcito flanqueado por dos ángeles lampadarios. Le sigue la capilla de Ánimas, recuerdo de la antigua devoción que tuvo hermandad propia, con lienzo moderno de ánimas en el centro. De la misma serie comentada cuelgan dos lienzos de Juan del Espinal, la muerte del santo y la escena de la discusión con los doctores. La última capilla de este muro está hoy dedicada a la Virgen del Carmen, estando cerrada por una reja de 1623 que pudo ser salvada del incendio. Es capilla de planta cuadrada, con ciertos recuerdos de las capillas qubba musulmanas que tanta influencia tuvieron en la arquitectura mudéjar sevillana. Conserva un excelente zócalo de azulejería, que suele relacionarse con piezas del Alcázar del siglo XIV. En un retablo recompuesto con estípites barrocos del siglo XVIII se sitúa la imagen de la Virgen del Carmen, obra de José Ordóñez donada por don Gabriel de Espinal, tras la pérdida de la primitiva imagen en el incendio de 1936. Porta al Niño Jesús que talló Francisco Buiza en 1966, quién también retocó a la titular en 1975. Son de interés los lienzos que representan a San Felipe Neri y la escena de la Adoración de los pastores, del siglo XVIII. La hermandad de Nuestra Señora del Carmen se fundó en el año 1905 en la parroquia de San Gil, aunque ya hay testimonios de su existencia en 1880. Tiene el título de Real por haber pertenecido a su nómina de hermanos la Reina Amalia de Portugal y la Infanta María Luisa (Manuel Jesús Roldán,  Iglesias de Sevilla. Almuzara, 2010).
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