Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla de la visita que hice junto a mis amigos Antonio, Fernando, Casi, Paco, Auxi, Mati, Pifa, Antonio, Manoli, y Elvi, a las ciudades de Priego de Córdoba y Lucena (Córdoba), en el fin de semana del 16 al 18 de enero, porque con ExplicArte Sevilla tenemos la posibilidad de organizarte la visita que tu quieras.
El sábado 17 realizamos una visita muy completa por Priego de Córdoba.
El sábado 17 realizamos una visita muy completa por Priego de Córdoba.
Esta industriosa y, a un tiempo, aristocrática ciudad, faro del barroco cordobés y andaluz, se sitúa en la comarca de la Subbética, en un llanazo ligera mente elevado entre las Sierras Horconera -que tiene en la Tiñosa el pico más alto de la provincia, con sus 1570 metros-, la de Albayate, la de los Judíos y la de Alcaide. Dista de la capital 103 km, tanto por la carretera de Granada, a través de Baena, como por la de Málaga, a través de Cabra. En su término municipal, amplio y poblado por numerosas aldeas, tienen su asiento 23.151 habitantes, de los cuales 17.286 viven en la ciudad, cabeza de partido judicial.
Historia
El término de Priego ha estado poblado de modo ininterrumpido desde la época Musteriense o lo que es igual desde el Paleolítico Medio. Sin embargo, tanto las crónicas de los viajeros musulmanes como las estatuillas votivas encontradas en la carrera de las Monjas, señalan que la ciudad no cobró verdadera entidad hasta la dominación romana.
Durante el periodo musulmán, Priego perteneció primero a la Cora de Granada. Más tarde, tras participar en la rebelión de ben Hafsún contra el emirato de Córdoba, el califa Abderramán III la convirtió en capital de una nueva cora.
En 1226, tras su conquista por Femando III, se convirtió en ciudad de frontera, pasando, en 1245, a la jurisdicción de la Orden de Calatrava. En 1327 volvió a poder de los árabes, produciéndose su conquista definitiva en el reinado de Alfonso XI. En 1370 pasó a depender del señor de Aguilar, Gonzalo Fernández de Córdoba. En tiempos de los Reyes Católicos, Priego alcanzó la categoría de marquesado, recibiendo el título Pedro Fernández de Córdoba, señor de Aguilar.
En el siglo XVI la ciudad contaba con 7.700 habitantes, entre ellos un buen número de moriscos. De este tiempo data su industria textil y su conversión en un pequeño emporio económico, emporio que sufriría un duro golpe cuando en 1610 los moriscos fueron expulsados de España.
No obstante, Priego supo recuperarse y es, precisamente, en el siglo XVII cuando se inicia la gran eclosión del barroco que la ha hecho famosa más allá de las fronteras provinciales.
El siglo XIX verá crecer las industrias sericícola y textil en medio de los conflictos y las confrontaciones propios de la época. Así, fue ocupada por los franceses, más tarde se adhirió a la Constitución de 1812, participó en el pronunciamiento del general Riego, sufrió la ocupación de los Carlistas Cabrera y Gómez, conoció la creación del Círculo Cató1ico de Obreros y de la Federación Cordobesa Obrera, llegó a contar con 254 mendigos y 2.137 jornaleros del campo y, por fin, en 1881 recibió el título de ciudad.
El siglo XX vio la ascensión a la jefatura del Estado de Niceto Alcalá-Zamora Torres, uno de sus vecinos, durante la II República.
Gastronomía
La cocina autóctona de Priego se nutre fundamentalmente de los productos hortícolas de sus alrededores, de los derivados de la matanza y del pescado; es una cocina cristiana, pero también, sobre todo en la repostería, de claras reminiscencias islámicas; una cocina, por otra parte, ligada todavía a muchas de la festividades que tienen lugar en la ciudad.
De sus fogones salen nada menos que cinco tipos de berza: de acelgas, de col, de cardillos, de cardos y de judías verdes o habicholillas, como se llaman aquí.
Famoso es su relleno de carnaval, un embutido hecho con el cuajo del cerdo a base de pollo, ternera, jamón, tocino y huevos. Guisos característicos son el bacalao encebollado, que aún se come en muchas casas el Viernes Santo; las albóndigas de Semana Santa, hechas con boquerones, y el gazpachuelo de pescado.
En repostería sobresale el arrezoli, un licor fabricado con café, aguardiente, hierbas aromáticas y manzanas; el turrolate y los hornazos, que aquí toman la forma de una gallina empollando su huevo.
Artesanía
La forja del hierro y la talla de la madera son dos viejos oficios que se siguen practicando en Priego de forma artesanal. Las rejas artísticas que se ven con profusión en las ventanas y balcones de la ciudad han salido de talleres como los Fernández Pareja, Rodríguez Mérida o los hermanos Conejo, en los que todavía se usa la fragua y el yunque.
La madera cuenta con tallistas importantes, como Antonio Bonilla o José Hinojosa.
Fiestas y tradiciones
El carnaval tiene gran presencia en la calle y en la cocina. La Semana Santa, declarada de Interés Turístico, reúne grandes atractivos.
El Miércoles Santo se celebra la ceremonia del Prendimiento en la plaza de la Constitución, ante el Ayuntamiento.
El Viernes Santo, los costaleros pugnan por apoderarse de las andas de Jesús Nazareno en la puerta de San Francisco y, a continuación, lo suben a la ermita del Calvario, en la cumbre del pueblo, al ritmo frenético de los tambores y de las trompetas. Una vez allí, el Nazareno bendice a la multitud congregada a sus pies.
Las Cruces de Mayo son igualmente de Interés Turístico.
El día del Corpus la villa entera se engalana para la procesión.
El tercer domingo de junio tiene lugar la Romería de la Virgen de la Cabeza, en la Sierra de los Judíos.
Finalmente, entre el 1 y el 5 de septiembre se celebra la Feria Real.
Vida urbana
Priego es una ciudad contenidamente bulliciosa, en la que la presencia de un turismo deseoso de experiencias culturales es cada vez mayor.
Sus habitantes son abiertos y hospitalarios, orgullosos de su ciudad y de sus tradiciones y con un marcado sentido religioso, sobre todo, en los mayores. El trabajo en el campo y en la industria textil centra sus actividades, condicionadas por una red de comunicaciones no todo lo armónica que se deseara. Cuenta con un comercio activo y con buenos restaurantes y alojamientos.
Sus inquietudes culturales se centran principalmente en la pintura y la música, celebrándose un importante Festival de piano, así como diversos cursos de pintura, principalmente paisajística, durante el verano.
VISITA
La plaza de la Constitución, centro teórico de la ciudad, es un buen lugar desde el que iniciar la visita. A un paso de aquí, a la derecha, mirando desde la portada del Ayuntamiento, en la carrera de las Monjas se localizan tres importantes museos, los tres en el mismo edificio, el Histórico, el del Paisaje Español Contemporáneo y, sobre todo el de Lozano Sidro (1872-1935), pintor prieguense que alcanzó alta fama con sus coloridos lienzos de tipo costumbrista.
Prácticamente enfrente de los museos se encuentra la iglesia de las Mercedes*, Monumento Nacional, antiguo templo muy reformado en 1780 por Francisco Javier Pedrajas, que presenta la peculiaridad de ser en su interior una soberbia muestra del más puro rococó, mientras la portada, obra del italiano Nicolás Duroni, lo es del neoclasicismo. La iglesia es pequeñita, de una sola nave, sobre cuyo pequeño crucero se alza una luminosa cúpula gallonada sobre pechinas, con un ángel dorado en cada una de ellas. La rocalla, las cornisas mixtilíneas, la vegetación que corre por doquier, la ondulada tribuna, junto con la impoluta blancura del conjunto hacen de este templo una auténtica joya de las muchas que Priego conserva.
Junto a la plaza de la Constitución se encuentra la de Andalucía. De aquí parte la calle Río, artería principal, con un buen número de las hermosas casas de finales del XIX y principios del XX que aparecen diseminadas por toda la ciudad. En el número 33 se encuentra la casa natal de Niceto Alcalá Zamora, hoy convertida en museo visitable y en Oficina de Turismo.
Antes, en el arranque de la calle, acera derecha, se alza la ermita de Nuestra Señora de las Angustias, toda ella rococó también, tanto en la portada como en el interior, aunque en dorado, porque así lo ejecutó Juan de Dios Santaella en 1783.
La calle Río acaba en uno de los lugares más renombrados de Priego: las fuentes del Rey y de la Salud. Es este un espacio de una singularidad deliciosa. La fuente de la Salud, manierista, declarada Monumento Nacional y construida por Francisco del Castillo en el siglo XVI, se adosa al muro que salva el desnivel de la calle, con su paramento almohadillado, con la imagen de la Virgen de la Salud y con sus límpidas aguas. Anexa a ella, en el centro de una gran plaza sombreada de plátanos, se encuentra la Fuente del Rey, grandiosa obra renacentista y barroca, hecha ya en el siglo XVI y concluida en el XIX, con sus 139 caños y la figura del dios Neptuno en el centro, con sus aguas transparentes y su banco corrido alrededor.
Desde la plaza de Andalucía, bajando por Mesones y Obispo Caballero, se alcanza, en su compás, la iglesia de San Francisco, que perteneció al antiguo convento del mismo nombre, fundado en 1510. Tiene una sola nave, profusamente decorada con elementos barrocos. Destaca ampliamente la capilla de Jesús Nazareno, hexagonal y con cúpula gallonada, uno de los ejemplos más notables del barroco cordobés.
Prácticamente al lado de este templo está la ermita de la Virgen de la Aurora, en la carrera de Álvarez, levantada en el siglo XV, pero incorporada al barroco a mediados del siglo XVIII bajo la dirección de Juan de Dios Santaella. Desde la marmórea portada, con la hornacina de la Virgen y la florida espadaña, hasta el interior; todo el edificio es un magnífico juego de volúmenes en el que la decoración constituye su especial atractivo.
Muy cerca de esta ermita aparece el paseo de Colombia, ajardinado y florido, con el balcón de la Puerta del Sol elevado sobre un espléndido paisaje de huertas y de colinas. De aquí parte el adarve. Siguiéndolo, se entra en el bellísimo barrio de la Villa*, espacio urbano de estrechas callejuelas inmaculadas, repletas de flores, con sus casas de patios encendidos y todo el color de los núcleos medievales, declarado Conjunto Histórico Artístico.
Desde aquí se localiza fácilmente El Llano, donde se levanta, en primer lugar la iglesia de la Asunción*, notable edificación de la que, al exterior, sobresale la torre, cuadrada y maciza, que más semeja construcción militar que religiosa. En esta iglesia de tres elevadas naves, la mejor de Priego, conviven los estilos gótico-mudéjar; plateresco y barroco formando un conjunto de volúmenes poderosos, de tejados y cúpulas muy evocadores. Su capilla del Sagrario*, obra de finales del siglo XVIII ejecutada por Francisco Javier Pedrajas, es un espacio cumbre dentro no sólo de la arquitectura andaluza, sino también española. Tiene planta octogonal, ambulatorio y tribunas y su decoración barroca resulta portentosa.
Junto a esta iglesia se alza el castillo. Es de origen romano, aunque fue completamente reconstruido por los árabes en el siglo IX. Dela mole que forma el conjunto destaca la conocida torre Gorda, llamada así por los prieguenses debido a su especial robustez.
La iglesia de San Pedro está un poco más abajo, en la plaza de su nombre. Perteneció al convento de los franciscanos descalzos y tiene planta de cruz latina, crucero y, sobre él, bóveda de media naranja.
A un lado tiene este templo las antiguas Carnicerías Reales, edificio del siglo XVI, que luce una bella portada manierista, almohadillada, con sus pilastras y su frontón mixtilíneo, ayer plaza de pescado y hoy activo centro cultural.
Al otro lado, la iglesia de San Juan de Dios, erigida a finales del siglo XVII e, igualmente, pasada al barroco en el XVIII, se encumbra en lo alto de la Cava, volviendo su fachada a la plaza de la Constitución.
ALREDEDORES
Priego tiene en su término un considerable número de aldeas, muchas de ellas situadas en parajes retirados, como las Angosturas o Las Lagunillas. Las más renombradas son las dos Zagrillas, Alta y Baja, apenas a siete kilómetros al sur.
El domingo 18 de vuelta para casa, hicimos una pequeña incursión en Lucena.
La antigua Perla de Sefarad, ciudad industriosa y monumental, capital indudable de la campiña cordobesa, se alza mansamente en el valle del río Nice o Lucena, rodeada de lomas de olivar y a los pies del monte Aras, en el que se ubica el santuario de Nuestra Señora de Araceli. Lucena se encuentra a 72 km de la capital.
Historia
Hallazgos arqueológicos localizados, entre otros lugares, en la Sierra de Aras, prueban el poblamiento humano del territorio desde el Musteriense, hace unos 80.000 años. No obstante, de la actual Lucena no se tienen noticias fidedignas hasta la época árabe, periodo en que fue conocida como al-Yussana o Eliossana y, a decir de las crónicas, era ya una ciudad judía.
Entre los siglos IX y XII Lucena gozó de un gran esplendor. Su yeshiva o Academia de Estudios Talmúdicos fue la más importante de España, en ella se reunían estudiosos del Talmud, poetas, médicos e intelectuales que hacían notar su influencia en todo el mundo conocido, especialmente en el oriental. Mercaderes judíos de Lucena comerciaban regularmente con las ciudades españolas, tanto cristianas como islámicas, y con todo el Oriente Medio, de maneral especial con Egipto.
Grandes figuras judías nacieron en Lucena, entre ellas Ishaq ibn Mar Saul, cultivador de la poesía litúrgica; Ibn Llana, médico y poeta; Isaac ibn Chiquitilla, filólogo, Joseph ibn Migash ha-Leví, poeta; o Ishaq ibn Gayyat, poeta, talmudista y gran maestro sefardí. Otros vivieron en ella a partir de la caída del califato de Córdoba, entre ellos los célebres poetas Ibn Gavirol y Jehuda Leví. Todo aquel esplendor desapareció con la llegada de los almohades y su conocida intolerancia. La obligatoriedad de islamizarse empujó a los judíos lucentinos a una nueva diáspora por las cortes españolas y los países de África y el Oriente Próximo, circunstancia que fue cantada de modo excepcional por el extraordinario poeta granadino Abraham ibn Ezra, que había conocido las excelencias de la ciudad.
Lucena fue conquistada por Fernando III en 1240, entregándosela un año después el cabildo catedralicio de Córdoba. La ciudad se convirtió entonces en territorio fronterizo.
En 1371, Enrique II se la entregó a Juan Martínez de Argote, a cuya muerte la heredó su hija María de Argote, a través de la cual, mediante su matrimonio con Martín Fernández de Córdoba, los derechos señoriales pasaron a esta última familia cordobesa. En 1483, Diego III Fernández de Córdoba derrotó y llevó preso a Lucena a Boabdil el Chico, último rey de Granada, quien permaneció cautivo en su castillo durante algunos meses. A partir del siglo XVI, tras la conquista de Granada y en paz el territorio, Lucena conoce una extraordinaria expansión basada en la agricultura y también en una incipiente industria. Este dinamismo, no hizo más que acrecentarse a lo largo del tiempo y así, en el siglo XIX, a pesar de las vicisitudes de la Guerra de la Independencia, de la Revolución de 1868, de la Primera República y de los contratiempos que estos hechos traían consigo. Lucena se había convertido en un centro económico agrícola e industrial, con una fuerte producción de cereales y de aceites, fábricas de muebles, de alfarería, de loza vidriada y de bronce, situación que se mantiene presente en la actualidad, si a todos estos productos se añaden los vinos y el turismo y se tiene en cuenta que la fabricación de muebles ocupa ahora el primer lugar entre sus actividades económicas.
Gastronomía
El aceite, el vino -algunas marcas de alta fama- y, en general los productos del campo y de las huertas próximas constituyen las bases de la cocina lucentina. Entre sus recetas, que han ido pasando de generación en generación, sobresale por su peculiaridad la roña de habicholones, que se elabora con las habichuelas sobrantes de un potaje, machacadas y regadas con aceite, vinagre y sal. Otros platos muy populares son la ensalada de coliflor, el potaje de castañas, las albóndigas de espinacas, los tomates rellenos de arroz o las alcachofas rellenas.
En Lucena, por otra parte, se domina como en pocas lugares de la provincia el arte de esparragar las verduras. En cuanto a los postres, además de hojaldres, alegrías y molletes, en Lucena existe una larga tradición turronera que firmas como la de Primitivo Picó y otras han convertido en industria de fama supranacional.
Artesanía
¿Quién no ha oído hablar de los famosos velones de Lucena? Autores diversos los citan con frecuencias en sus obras. Pertenecen a una artesanía del bronce que a día de hoy no sólo no ha dejado de practicarse, sino a la que se le han añadido lámparas, morillos para chimeneas, palmatorias, braseros, etc. Lo mismo que sigue practicándose aquella alfarería vidriada de utensilios de uso común tan característica e, igualmente, tan conocida.
La industria del mueble reúne un importante número de artesanos de la madera. Y son todavía significativos en número los que trabajan el mármol, la piedra, la escayola y la piel.
Fiestas y tradiciones
La Semana Santa* reúne peculiaridades que la distinguen profundamente de las del resto de la provincia. La principal de estas peculiaridades es el conocido fenómeno de la santería, concepto bajo el que se agrupan una cuadrilla de santeros -22 ó 36, dependiendo de la entidad del paso a procesionar-, comandados por el manigero, que es, al mismo tiempo, jefe del grupo y guía de la procesión, y la forma de mecer los pasos en los desfiles -cada uno con su movimiento particular-. La santería encierra todo un cúmulo de ritos que van desde la elección de los santeros por el manigero -elegido a su vez por la cofradía-, a las comidas de hermandad, las saetas que se dirigen los unos a los otros, etc.
En torno al primer domingo de mayo tienen lugar las Fiestas Aracelitanas, en honor de la Virgen de Araceli, patrona de la la ciudad y del campo andaluz. El santuario de Aras, donde permanece la Virgen durante todo el año, se encuentra en el monte del mismo nombre, a uno seis kilómetros al sur del pueblo. La Virgen es bajada al templo de San Mateo el penúltimo domingo de abril. El sábado anterior al primer domingo de mayo hay una abundantísima ofrenda de flores. El domingo es la procesión por las calles del pueblo y el primer domingo de junio, la Virgen regresa a su santuario.
Todo el mes de mayo constituye un periodo festivo en la ciudad, con numerosos actos y celebraciones, tanto de carácter religioso como culturales y lúdicos, siendo uno de los más interesantes la Semana Santa Infantil, en la que participan más de 1.500 niños, que sacan a la calle los mismos pasos, aunque en miniatura, que, poco antes, han sacado los mayores.
Del 8 al 10 de septiembre tiene lugar la conocida como Feria del Valle.
Vida urbana
Lucena es una ciudad activa, comercial y profundamente religiosa, circunstancias que, al menos aquí, no encierran contradicción alguna. La santería, el amor a la Virgen de Araceli, la afición al cante flamenco, uno de cuyos fandangos lleva el nombre de la ciudad, porque en ella tiene su origen, y el gusto por una copa de buen vino llenan buena parte de la existencia cotidiana del lucentino.
Pero lo primero es el trabajo. En este sentido, cabe mencionar que a Lucena entran a trabajar todos los días más de 3.000 trabajadores procedentes de los pueblos circundantes. En las afueras se suceden los polígonos con todo tipo de industrias, principalmente del mueble, en tanto el comercio se concentra de modo especial en el centro, por la plaza Nueva y sus alrededores.
Tiene Lucena muy buenos servicios, estupendos hoteles y restaurantes, parques y lugares de ocio para los jóvenes y los menos jóvenes. La terminación de la autovía Córdoba-Antequera, que la ha acercado tanto a Córdoba como a Málaga, ha servido, sin duda, para potenciar aún más sus cualidades.
VISITA
El paseo de Rojas, un añoso parque bien conservado que se encuentra en la que fue travesía de la N 331, Córdoba-Málaga, hoy avenida del Parque, es, por su proximidad a la carretera, un buen sitio para iniciar la visita a la ciudad. Desde aquí, la calle de San Pedro, lleva hacia el centro. Es calle ancha, con buenas casas, algunas solariegas, como la que hoy ocupa el Palacio de Justicia, antiguo domicilio de los Mora Saavedra, condes de Santa Ana.
Hacia el final de esta calle, en una plaza ajardinada con el busto en bronce de Luis Barahona de Soto (1548-1591), gran poeta lucentino alabado, entre otros, por Cervantes, aparece la gozosa estampa del templo de San Martín, perteneciente al convento de Agustinas Recoletas, con su gran fachada en hastial y la mole de la cúpula, cuya cubierta octogonal de teja sobresale ampliamente sobre el caserío de los alrededores. La construcción del edificio se inició en 1669 y es barroco en su totalidad. Al exterior, además de la cúpula, sobresalen las dos potentes portadas, obra del lucentino Hurtado Izquierdo. En el interior, es de destacar la planta elíptica, uno de los escasos ejemplos de esta solución arquitectónica que existe en Andalucía.
Pasada la iglesia, por Juan Valera, se llega a la plaza del Coso, ajardinada y luminosa. A ella da, en un sugerente contraste que pone de relieve la voluntad lucentina de conciliar el pasado con el presente, la notable fachada principal de la Telefónica y el costado del castillo del Moral, en el que estuvo preso Boabdil. Hoy, convenientemente restaurado, es sede de la Oficina de Turismo y de un más que interesante Museo Arqueológico y Etnológico.
Prácticamente al lado de la del Coso, está la plaza Nueva, centro geográfico, administrativo, comercial y vital de la población. Aquí se encuentra el Ayuntamiento, en un edificio moderno escasamente afortunado. Y aquí se encuentra también la joya más preciosa con que Lucena cuenta: la iglesia de San Mateo*, no en vano denominada Catedral de la Campiña. Su construcción se inició en 1498 por Hernán Ruiz I, en el solar de lo que había sido primero sinagoga y luego mezquita. Es mitad gótica, mitad renacentista. Y en ella destaca la crucería de la cabecera y, sobre todo, el retablo del altar mayor*, uno de los más valiosos del renacimiento andaluz. Se compone de una serie de tallas en relieve y bulto redondo que cuentan la vida de Cristo desde la Anunciación a la Resurrección, todas ellas enmarcadas en un conjunto arquitectónico sumamente fiel a los cánones establecidos por Palladio. En el siglo XVIII, se construyó en la nave de la Epístola la singular capilla del Sagrario*, ejemplo de un barroco exuberante que sólo encuentra parangón en la sacristía de la cartuja de Granada.
Detrás de esta plaza, a través de la escalinata de la de San Miguel, se llega a las plazas Alta y Baja, rincón de mucho sabor, donde de nuevo asoma el castillo y en el que se encuentra el mercado. Bajando por Ballesteros y Álamos, se alcanza, en la calle de su nombre, la iglesia de Santiago*, declarada Monumento Nacional. La fundó en 1503 Santiago Garci Méndez de Sotomayor, tío del primer Marqués de Comares. Tiene tres naves góticas de remembranzas mudéjares, separadas por arcos en ojiva sobre pilares poligonales y cubierta de madera. La portada de los pies pertenece al gótico humanista. En la torre resulta llamativa la espadaña en ángulo, ya neoclásica con pervivencias barrocas. En el barrio de Santiago se situaban las antiguas alfarerías, algunas de las cuales pueden verse todavía en funcionamiento bajando por la calle Álamos. Entre las imágenes que guarda la iglesia es altamente reseñable el Cristo atado a la columna*, obra del sevillano Pedro Roldán.
Esta misma calle Álamos sube hasta la plaza de la Barrera, irregular, escalonada y también ajardinada, con una fuente -el decir popular afirma que romana- a cuyos pies -cuenta también el decir popular- platicaban San Juan de Ávila y San Juan de Dios cuando se encontraban en Lucena. Es posible que así fuera, porque aquí mismo se encuentra la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, que perteneció al antiguo convento de Carmelitas Descalzos. Es templo barroco construido en 1630. Tiene planta de cruz latina, con capillas laterales. En el retablo mayor sobresale una colección de lienzos atribuidos a Sebastián Martínez Domedel.
Algo más abajo de esta plaza se localiza la de la Calzada, en la que se levanta la iglesia de San Juan Bautista, perteneciente al hospital de San Juan de Dios. En la iglesia destaca la magnífica portada barroca en mármol de distintos colores, con su planta mixtilínea, sus columnas dóricas, el juego de cornisas y el remate a manera de templete adosado al muro. En el interior es interesante, junto a la sencillez de su traza, la cúpula del crucero y el retablo del altar mayor, suntuosa pieza de la retablística lucentina. Bajando por Molino y siguiendo por Agua, tras cruzar San Pedro, aparece, en primer lugar, el antiguo convento de Nuestra Señora de la Victoria, hoy convertido en hotel, y a su lado la iglesia de San Francisco de Paula, conocida como parroquia de Santo Domingo. Formó parte de un convento de Mínimos y fue edificada entre 1730 y 1745. Tiene planta de cruz latina con capillas laterales y es de destacar el sobresaliente retablo barroco junto a las yeserías que decoran la cúpula del crucero, ambas obras de Francisco José Guerrero. Sólo un poco más abajo, entre las calles San Francisco y Contador, se sitúa el convento Madre de Dios con su iglesia del mismo nombre. En el convento, de la Orden franciscana, es resaltable el claustro, ajardinado, con su fuente barroca y la doble arquería de medio punto. La iglesia tiene portada manierista y, en su interior, presenta planta de cruz latina con cúpula semiesférica en el crucero y capillas laterales. Es muy hermoso el retablo mayor, obra del granadino José Matías Sánchez, y entre sus imágenes la de San Pedro de Alcántara, salida más que probablemente de las gubias de Pedro de Mena.
Mientras se camina por sus calles, formadas, casi a partes iguales, por círculos concéntricos que se van ampliando desde la plaza Nueva y por radios que, desde ésta, se alejan hacia las afueras, se descubren en Lucena numerosos palacios y casas solariegas de pomposas fachadas, muchas de ellas adornadas con sus correspondientes escudos nobiliarios. Así, en la calle Quintana, la casa solariega de los Polo de Lara, de la segunda mitad del siglo XVIII; en Ancha, la de los Ortiz-Repiso; en Cabriñana, la de los Valdecañas, de la primera mitad del XVIII; en Santa Marta Baja, la de los Guzmán y Cárdenas y la de los Valenzuela Curado. Casi no existe una calle en el casco histórico que no cuente al menos con una de estas casonas de notable arquitectura andaluza y señorial.
ALREDEDORES
A sólo seis kilómetros de Lucena, en la cumbre del monte Aras, se encuentra el santuario de Nuestra Señora de Araceli. Desde la cumbre se divisa un panorama que alcanza, además de la campiña, por el norte, la serranía Subbética, hasta Sierra Nevada, por el sur. La existencia del santuario se remonta a 1562, fecha en que don Luis Fernández de Córdoba, segundo Marqués de Comares trajo de Roma la imagen de la Virgen. La ermita actual, sucesora de la que se construyó de forma inmediata, es de 1603. Tiene tres naves separadas por arcos formeros de medio punto sobre columnas de mármol y, en el crucero, cúpula de media naranja sobre pechinas. Todo el templo se encuentra muy decorado de yeserías barrocas, cuya ejecución se debe al antequerano Antonio de Ribera. En el altar mayor se abre el fastuoso camarín de la Virgen, imagen coronada que porta en el brazo izquierdo al Niño, igualmente coronado, y en la mano derecha, muy enjoyada, un cetro de oro. El camarín tiene cúpula, está revestido de yeserías y en sus muros aparecen ángeles pintados por el granadino Tomás Ferrer.
A unos quince kilómetros al suroeste, se sitúa la pedanía de Jauja, cuna del famoso bandolero José María el Tempranillo, un encantador lugar, rodeado de huertas y con el embalse de Malpasillo en sus cercanías, sitio en el que anidan gran cantidad de especies salvajes y de manera sobresaliente el calamón, cuya población es una de las más importantes de la provincia. En Jauja se ha inaugurado recientemente un museo dedicado a José María el Tempranillo y en ella se vienen celebrando desde hace varios años, en el mes de octubre, unas importantes jornadas dedicadas al bandolerismo durante las que tienen el lugar, al mismo tiempo, visitas a los lugares más significativos de la Ruta del Tempranillo, exposiciones y conciertos.
Os dejamos una serie de fotografías de dicha experiencia, y si quieres vivir una experiencia privada y personalizada a tu gusto, sólo tienes que contactar con ExplicArte Sevilla en Contacto, y a disfrutar del patrimonio e historia del lugar que elijas.
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