Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el bordado de mantones, en Carrión de los Céspedes, Pilas, y Villamanrique de la Condesa (Sevilla).
Los diversos autores que han estudiado el tema coinciden en señalar que el origen de los mantones remite a China y, en menor medida, a Filipinas, de donde se importaban a través del puerto de Manila. Originalmente la decoración era totalmente asiática, con predominio de elementos florales, aves y escenas cortesanas, y carecían de flecos, acabando pues en un corte recto. Los flecos se incorporaron posteriormente en España, si bien se mantuvieron y adaptaron muchos de los elementos decorativos, que han pervivido hasta nuestros días.
Los diversos autores que han estudiado el tema coinciden en señalar que el origen de los mantones remite a China y, en menor medida, a Filipinas, de donde se importaban a través del puerto de Manila. Originalmente la decoración era totalmente asiática, con predominio de elementos florales, aves y escenas cortesanas, y carecían de flecos, acabando pues en un corte recto. Los flecos se incorporaron posteriormente en España, si bien se mantuvieron y adaptaron muchos de los elementos decorativos, que han pervivido hasta nuestros días.
La industria nacional del mantón comenzó a desarrollarse en el siglo XVII, si bien tendía a la imitación de los diseños asiáticos, y no alcanzó sus máximas cotas hasta el siglo XIX, cuando el mantón empezó a desarrollar decoraciones autóctonas y fue adoptado, en sus diversas variantes, por grandes capas de la sociedad como prenda de lujo. Durante este siglo terminó de constituirse un sistema de producción que, con algunas variaciones, se mantiene aún hoy en día (bordado a mano en una serie de poblaciones, como Carrión, Villamanrique y Pilas, y enrejado en Cantillana). La industria comenzó a decaer en los años 30 del siglo XX, con la imposición de nuevas modas, y sufrió sus mayores crisis entre los años 60 y principios de los 90 del siglo XX, sin embargo ha vuelto a recuperarse recientemente como un complemento de moda, principalmente asociado a los ámbitos flamencos.
El proceso de producción de un mantón comprende dos grandes fases, la primera, correspondiente al corte, diseño y bordado de los motivos decorativos, y la segunda, a la adición de los flecos y el "enrejado" (nombre que recibe la trama de flecos decorativa del mantón). Ambas fases se encuentran diferenciadas y claramente separadas, no solamente por tipos de artesanas, sino también geográficamente, ya que los mantones se bordan en Villamanrique de la Condesa, Carrión de los Céspedes, Pilas y Villanueva del Río y Minas, entre otras poblaciones, y los flecos se colocan exclusivamente en Cantillana.
Tradicionalmente la fabricación y venta de los mantones estaba controlada por una serie de grandes firmas, las cuales surtían a las diferentes artesanas de materias primas y recogían el producto en las diferentes fases del proceso para trasladarlo a otro taller para que allí continuase su trabajo, o bien organizaban sus propios talleres de bordados, donde controlaban directamente la producción. Actualmente el mercado se haya controlado por firmas herederas de aquellas originales y otras nuevas que mantienen sistemas de trabajo similares, si bien las artesanas tienen cierta autonomía y fabrican también por su cuenta al poder adquirir libremente materias primas.
En Carrión de los Céspedes existieron hasta mediados de los años 80 del siglo XX, varios talleres a cargo de las grandes firmas. En esto talleres las mujeres de mayor experiencia, conocidas como "maestras", diseñaban y enseñaban las técnicas de bordado a las aprendices; con el tiempo las más cualificadas acababan alcanzando el rango de maestra. De forma paralela a los talleres de bordado, muchas de las bordadoras trabajaban en sus casas para conseguir ingresos extra. A principios de los años 80, y de forma más notoria en los años siguientes, el sector entró en crisis al enfrentarse a la competencia de los mantones bordados a máquina y un notable descenso de las ventas. Debido a esto los talleres cerraron, quedando exclusivamente las bordadoras domésticas. En la actualidad el sector se ha liberalizado mucho, ya que muchas bordadoras controlan todo el proceso de bordado y venta, trabajando de forma conjunta con flecadoras de Cantillana.
El mantón posee un gran significado simbólico, pues se asocia con las ocasiones festivas. Es habitual ver a mujeres que lo visten en las fiestas más destacadas de sus poblaciones, por ejemplo en ferias, romerías, Cruces de Mayo, etc. En Carrión esta prenda se luce especialmente en las fiestas de las dos hermandades rivales, el Rosario y Consolación.
Montaje
El bastidor se monta inicialmente con una separación entre barras de no más de 60 centímetros, centrando la tela en él. La seda no se ata directamente al bastidor, sino que se cose a una tela blanca de
algodón basto, la cual se tensa en el bastidor gracias a unas cuerdas.
Cuando la bordadora termine su trabajo en una sección determinada, desenrollará el bastidor, unos 30 centímetros por cada lado, y así sucesivamente hasta completar el mantón.
Selección
Se elige un diseño de los ya existentes o se desarrolla uno nuevo.
Normalmente suele constar de motivos florales, avecillas y, en caso más contados, paisajes. Al mismo tiempo se decide el color de la tela y de los motivos que la decorarán, así como las dimensiones totales.
Diseño
La bordadora pasa el diseño a papel vegetal siguiendo una escala 1:1.
Para aligerar el trabajo suele dibujarse solamente un cuarto del diseño total, repitiéndolo en toda la tela, ya que los diseños suelen ser especulares a cuatro. Un diseño asimétrico supondría un incremento de los costes de producción, lo cual repercutiría en el precio final, por lo que pocos compradores optan por uno así.
Acabado
Una vez se ha terminado el bordado, se procede a desmontar el bastidor. Dado que durante todo el proceso la tela ha estado tensada puede darse el caso de que se cedido por algún lado, razón por la que es necesario cortar los bordes pero dejando un espacio (cenefa) de al menos diez centímetro hasta el borde final; esto se hace así a fin obtener un paño regular. Según se le vaya a añadir flecado o no la bordadora puede doblar y coser el borde, protegiéndolo así del desgaste y dejándolo listo para la siguiente fase.
Para el bordado, la artesana enhebra el hilo de seda en una aguja y sitúa la mano derecha sobre la tela, mientras que la izquierda está debajo, a continuación va pasando la aguja de un lado a otro siguiendo el diseño. Éste indica además en que puntos la bordadora ha de cambiar el color del hilo para crear un determinado efecto.
Algunas de las técnicas empleadas son: Sombreado, Arenilla, Pisado, Pana, Cruceta, Pespunteado y "Pintar bordando".
Calcado
Según sea la tela, de color claro o de color oscuro, la artesana utilizará un lápiz de carboncillo negro o blanco, a fin de que el diseño resalte sobre la tela. Para ello dispone el papel vegetal centrado sobre el bastidor y va calcando delicadamente los dibujos, a continuación retira el papel y repasa el diseño con los lápices para marcarlo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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