Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Gamazo, de Sevilla, dando un paseo por ella.
Hoy, 28 de mayo, es el aniversario del nacimiento (28 de mayo de 1840) de Germán Gamazo Calvo, político liberal a quien está dedicada esta calle, de ahí que hoy sea el mejor día para ExplicArte la calle Gamazo, de Sevilla, dando un paseo por ella.
La calle Gamazo es, en el Callejero Sevillano, una calle que se encuentra en el Barrio del Arenal, en el Distrito Casco Antiguo; y va de la confluencia de las calles Joaquín Guichot, Zaragoza, y Jimios, a la calle Castelar.
La calle, desde el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en la población histórica y en los sectores urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las edificaciones colindantes entre si. En cambio, en los sectores de periferia donde predomina la edificación abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
El actual espacio de la calle recibió en el pasado diferentes nombres: el primer tramo (entre Zaragoza y Padre Marchena) se conocía, al menos desde comienzos del s. XVIII, como Arquillo de Atocha y Atocha, indistintamente, por el arco allí existente, con un retablo dedicado a la Virgen de ese nombre y construido a comienzos del siglo; el segundo tramo (entre Padre Marchena y Castelar) fue llamado desde su apertura en el s. XVIII con el nombre de Compás de la Laguna, por hallarse en una de las entradas de la Calle del mismo nombre (v. Castelar). En realidad ese topónimo, juntamente con el de Compás de la Mancebía, designaba desde época medieval a toda una zona urbana lindante con la muralla y caracterizada por su marginalidad social (prostitutas, tahúres, ladrones...). De ella formaba parte también la actual plaza de Molviedro (v.), que era el acceso norte al barrio. En 1869 el nombre de Atocha se hizo extensivo a toda la calle, para desaparecer en 1875 sustituido de nuevo por Compás de la Laguna, esta vez aplicado a todo el espacio actual. En 1910 se rotuló Gamazo, en homenaje al jurista y político liberal German Gamazo y Calvo (1828-1901). En 1935 se acuerda ampliar el rótulo a Germán Gamazo, lo que fue revocado en 1949, en que volvió al actual. Al parecer, la calle fue conocida en el pasado con otros nombres no suficientemente documentados, tales como plaza de las Mancebías, por ser una zona de prostitución, Sitio de la Botas, cuyo origen se ignora, y plazuela de los Leones o Leoncillos, en la parte contigua a la actual Joaquín Guichot.
La configuración actual de Gamazo, como la de toda la zona de la Laguna y la Mancebía, es el resultado de la importante remodelación urbanística llevada a cabo a mediados del s. XVIII por el asistente marqués de Monterreal y el arquitecto Prudencio de Molviedro, tras la demolición de buena parte del caserío. La calle discurre formando una S no muy pronunciada; es más ancha en su tramo inicial, y algo más estrecha en su parte central. Desembocan en ella, por la derecha, Padre Marchena y por la izquierda Mariano de Cavia. Hasta mediados del s. XIX era más estrecha y sinuosa de lo que es hoy. A la altura aproximada de Mariano de Cavia debía estar el arquillo de Atocha, "bajo y robusto", al decir de González de León, y que probablemente servía de entrada a las antiguas boticas o casas de prostitución de la Mancebía. Fue derribado en 1839, fecha en la que todavía existía en una de las casas un nicho con una cruz, posteriormente desaparecido. A mediados del s. XIX se llevan a cabo los derribos y rectificaciones de líneas que ensanchan sobre todo el tramo inicial de la calle, en el cruce con Jimios y Zaragoza. Empedrada en 1828 y adoquinada en 1881, actualmente posee pavimento asfáltico con aceras de losetas. En 1921 se sustituyó el viejo alumbrado de gas por el eléctrico. Hoy se ilumina con farolas sobre brazos de fundición adosados a las fachadas.
Gamazo es una de las calles del centro histórico sevillano que mejor conserva su caserío tradicional, integrado en su mayor parte por viviendas de la primera mitad del s. XX, de dos y tres plantas, algunas con hermosos cierros a la calle, cancela y patio. Destaca la núm. 24, del s. XVIII y fachada con pilastras toscanas, y la núm 30, esquina a Castelar, obra regionalista, de estilo neobarroco, del arquitecto Juan José López Sáez (1930-34), hoy sede de un organismo del Ministerio de Agricultura. La función de este espacio es conjuntamente residencial y comercial. En el primer tramo abundan los bares, restaurantes y pequeños negocios de comestibles. Ello le da cierto movimiento. En la parte final, más tranquila, hay varios establecimientos hoteleros ubicados en casas tradicionales, que muestran la peculiar estampa de los viejos hoteles sevillanos (patio, cancela, plantas, muebles...). La relativa modernidad de la calle no ha propiciado mucha información sobre usos y funciones de la misma desde el s. XVIII en adelante. Sin embargo, las noticias anteriores a esa fecha son abundantes y sabrosas, aunque haya que aplicarlas a toda la zona de la Mancebía y no específicamente a Gamazo. Desde la época medieval fue este lugar, próximo al puerto, punto de reunión de delincuentes, marginados y prostitutas, y constituía una especie de ghueto constantemente vigilado y controlado por la autoridad, que ya en el s. XV había ordenado colocar puertas de entrada para que quedase convenientemente aislado del resto de la ciudad.
En un arancel del almojarifazgo de 1361 se dice que "manda nuestro señor el rey e tiene por bien que ninguna muger casas nin taverrnero ni mesonero ni otra persona ninguna de cualquier estado o condición que sean que no sean osados de morar en la Mançebía entre las mugeres mundarias nin les vendan pan ni vino ni otras viandas algunas; ni les alquilen ropa para dormir ni para vestir... ni las acojan en sus casas de noche ni de día...". Fueron muchos los escritores que se hicieron eco de la actividad picaresca y hampona de esta zona del Compás de la Mancebía en la época áurea, cuando Sevilla vivía su más alto desarrollo comercial y económico. Así Cervantes, que la recoge en varios textos (El rufián dichoso, Viaje al Parnaso, Rinconete y Cortadillo), cita en el Quijote el barrio del Compás como uno de los grandes enclaves de la picaresca española: "Y que él (el ventero) ansimesmo, en los años de su mocedad, se había dado a aquel honrroso ejercicio, andando por diversas partes del mundo, buscando ,aventuras, sin que hubiese dejado los Percheles de Málaga, Islas de Riarán, Compás de Sevilla, Azoguejo de Segovia, la Olivera de Valencia, Rondilla de Granada, Playas de Sanlúcar, Potro de Córdoba y las Ventillas de Toledo y otras diversas partes, donde había ejercitado la ligereza de sus pies, sutileza de sus manos, haciendo muchos tuertos, recuestando muchas viudas, deshaciendo algunas doncellas y engañando a algunos pupilos, y, finalmente, dándose a conocer por cuantas audiencias y tribunales hay en casi toda España". Tras la reforma del s. XVIII, la fisonomía de la zona cambió radicalmente y también sus habitantes y funciones, convirtiéndose en un lugar más saneado, libre de la insalubridad de lagunas y husillos (v. Castelar). La prostitución se trasladó a otros puntos de la ciudad [Rogelio Reyes Cano, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Gamazo, 24. Casa del siglo XVIII, de tres plantas, cuya fachada está enmarcada por pilastras toscanas. La portada va resaltada sobre medias pilastras, también toscanas [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Biografía de Germán Gamazo Calvo, a quien está dedicada esta vía;
Germán Gamazo Calvo. (Boecillo, Valladolid, 28 de mayo de 1840 – Madrid, 22 de noviembre de 1901). Político liberal.
Nació en una familia acomodada, pues, si bien su padre había ocupado la plaza de maestro en el propio Boecillo, tras su vinculación matrimonial con la familia Calvo, perteneciente a la elite local, se convirtió sucesivamente en secretario del Ayuntamiento y en alcalde de aquella localidad, para, finalmente, ejercer como notario público en la capital de la provincia.
Asimismo, aprovechó la desamortización de Mendizábal para adquirir tierras y locales en la zona, que le permitieron ingresar en el negocio del vino, así como regentar posadas, tiendas y mesones; por último, acabó participando en la construcción ferroviaria al invertir en la línea Alar del Rey-Santander.
Reunió de esta forma un patrimonio que permitió el acceso de su hijo Germán a la educación requerida para descollar en la vida pública.
Éste, tras recibir las primeras letras en su pueblo natal, estudió bachillerato en régimen interno en el seminario conciliar de la capital vallisoletana y, con posterioridad, cursó derecho civil y canónico en la Universidad, licenciándose en 1861. A partir de ahí siguió la trayectoria habitual en los políticos del último tercio del siglo XIX. Como abogado, vino a Madrid, condición imprescindible a la hora de emprender una carrera política, dado el carácter centralista del Estado de la época. Se doctoró por la Universidad Central de Madrid en 1865 con la máxima calificación, y trabajó de pasante en varios bufetes, en especial en el de Manuel Silvela, hombre bien relacionado que llegaría a desempeñar el cargo de ministro de Estado en 1869. Desde 1867 abrió su propio despacho, que se convertiría en uno de los más prestigiosos durante la Restauración, como demuestra el hecho de que llegaran a publicarse varios de los casos en que se vio envuelto, que atendiese a personalidades de la elite madrileña o que llegasen a trabajar en él como pasantes políticos de la talla de Maura o Sánchez Guerra.
Paralelamente, Gamazo participó del clima de agitación previo al Sexenio, especialmente al vincularse a la Academia Matritense de Jurisprudencia y Legislación, que acabaría siendo clausurada en 1867 por su oposición al régimen isabelino, y a cuya Junta de gobierno pertenecía Gamazo desde tres años antes.
Tras la Revolución de 1868, la relación con Manuel Silvela le hizo adscribirse a los unionistas —el grupo situado más la derecha de la coalición revolucionaria—, obteniendo el acta de diputado por Peñafiel en 1871. Pronto se aproximó a Alonso Martínez y con él ingresó en el Partido Constitucional, formado por la alianza de la Unión Liberal y del ala derecha del progresismo, aunque después de la proclamación de la República se alejó del régimen septembrino.
Aceptó inmediatamente la Restauración borbónica de 1875 formando parte de las filas de los centralistas, el grupo creado por Alonso Martínez con el objeto de ocupar un espacio intermedio entre los conservadores y los constitucionales. Participó como diputado en la comisión encargada de redactar la Constitución de 1876 y adquirió protagonismo en los debates parlamentarios de los años siguientes, en los que llevó el peso de la oposición a la política de Cánovas del Castillo junto con Alonso Martínez y el marqués de la Vega de Armijo. Finalmente, en 1880 ingresó en el Partido Fusionista, dirigido por Sagasta, resultado de la unión de centralistas y constitucionales.
En esa etapa, Gamazo había consolidado su posición política como el típico cacique de la Restauración.
Su profesión de abogado le permitió multiplicar las buenas relaciones, al tiempo que su presencia en el Parlamento y, luego, en la Administración le pusieron en disposición de conceder favores, bien personales, bien colectivos, de los que la construcción del hospital provincial y de la facultad de Medicina de Valladolid serían buenos ejemplos.
Ese patronazgo favoreció su control sobre las sucesivas formaciones políticas de signo liberal en la provincia (Partido Fusionista y Partido Liberal), así como su hegemonía sobre la política vallisoletana. De hecho, Gamazo fue elegido diputado de forma ininterrumpida por el distrito de Medina del Campo a lo largo de su vida parlamentaria, elección que simultaneó en dos ocasiones con un escaño de la capital provincial.
Además, otros distritos de la zona recayeron con frecuencia en personajes relacionados familiarmente con él, pues la actividad política de Gamazo mostró una fuerte impronta familiar. Ya sus dos matrimonios, en 1872 con Irene de la Mora, muerta tempranamente, y en 1880 con Regina Abarca, facilitaron su carrera, puesto que ambas habían nacido en familias con gran peso social y político en la provincia; asimismo, el matrimonio de su hermana con Antonio Maura le vinculó al político mallorquín. De esta forma, se ha calculado que la familia Gamazo obtuvo veintitrés actas en el Congreso de los Diputados durante la Restauración, pudiéndose destacar las de su ahijado Paulino de la Mora, su sobrino Germán Valentín, su hijo Juan, su hermano Trifino y su sobrino Germán de la Cuesta.
Amplió las propiedades rústicas heredadas con fincas en Valladolid, sobre todo en Medina del Campo, Ávila y Santander; también adquirió solares urbanos, por ejemplo en el que construyó su residencia en Madrid, en la calle Génova, por el que fue acusado de corrupción por haber sido obtenido fraudulentamente, gracias al desempeño de su cargo como ministro de Ultramar. Completó su patrimonio con algunos negocios industriales y con labores de prestamista, especializándose en las cédulas hipotecarias. Logró, en suma, una posición económica saneada que le permitió costear una actividad pública, caracterizada en la época por lo oneroso: a los frecuentes desplazamientos y concesiones de favores, se sumaba la necesidad de disponer de prensa adicta que difundiese las posiciones de forma favorable. En este sentido, diarios, como El Eco de Castilla, La Opinión o El Español, fueron creados o subvencionados por Gamazo.
De enero a octubre de 1883 ocupó el cargo de ministro de Fomento en el gabinete fusionista de Sagasta, mostrando desde el primer momento uno de sus rasgos más típicos como político: su escasa atención a la disciplina de partido. Así, lo demostró su proyecto de ley para eliminar el recargo de un 10 por ciento sobre los billetes de ferrocarril, que perjudicaba a los viajeros y a la actividad productiva, pero beneficiaba a las compañías y, por tanto, a numerosos políticos —muchos de sus propias filas— que poseían acciones y se sentaban en los consejos de administración.
Al comenzar la regencia de María Cristina, Gamazo era uno de los prohombres del Partido Liberal, constituido por la unión de los fusionistas y de los sectores demócratas alineados anteriormente en la Izquierda Dinástica. Ocupó sucesivamente las carteras de Ultramar (de noviembre de 1885 a octubre de 1886) y Fomento, de forma interina, en el primer gobierno formado a la muerte de Alfonso XII. Su pasado centralista le situó en el ala derecha del partido, opuesta a las reformas políticas impulsadas por su sector democrático con la pretensión de liberalizar el régimen político. En su lugar, Gamazo preconizó reformas económicas que deben entenderse en el contexto de la crisis agrícola que afectó a la agricultura europea como resultado de la competencia de los productos de los países nuevos.
Desde la segunda mitad de la década de los ochenta Gamazo elaboró un discurso con un cierto contenido populista, que criticaba el caciquismo, aunque él lo fuera, y propugnaba la defensa de los intereses económicos.
Surgió así el gamacismo, que fue capaz de aglutinar a una red de diputados de diversas provincias castellanas, en particular Valladolid, Zamora, Palencia y Ávila, y a políticos de diferentes filiaciones que abarcaban desde carlistas hasta republicanos.
Ya en junio de 1886, Gamazo provocó una crisis en el gabinete de Sagasta al oponerse y forzar la salida del ministro de Hacienda, Camacho, que había presentado un decreto sobre dehesas boyales que, al agilizar la desamortización de terrenos municipales, era enormemente lesivo para los ayuntamientos. Sin embargo, fue al producirse los primeros efectos de la citada crisis económica cuando su programa se perfiló más. Éste giró en torno a dos soluciones: la reducción de los impuestos pagados por el campo a través de la Contribución Territorial y el aumento de los aranceles, a cuyo efecto impulsó en 1887 la creación de la proteccionista Liga Agraria. Estas propuestas abrieron un conflicto con el sector librecambista del partido, liderado por Segismundo Moret, que presentaba como alternativa a los impuestos aduaneros la mejora de los transportes, el abaratamiento del crédito y el fomento del cooperativismo.
Por debajo de las divergencias acerca de la política económica, se dirimió en esos años un enfrentamiento político, pues tanto Moret como Gamazo aspiraban a suceder a Sagasta en la jefatura del partido; e incluso existían roces personales, ya que Moret se había visto perjudicado por la rebaja de los billetes de ferrocarril acometida por Gamazo en 1883.
La hegemonía librecambista en el Gobierno acentuó su disidencia. Aunque a finales de 1888 rechazó la oferta de Silvela —a su vez disidente del Partido Conservador— de constituir una agrupación intermedia entre las formaciones de Cánovas del Castillo y de Sagasta, en mayo de 1889 participó en el llamado “cristineo”. Se denominó así a una sesión parlamentaria en la cual los diputados fieles a Gamazo y a otros disidentes liberales como Cassola, Martínez Campos, López Domínguez y Cristino Martos (a quien se debe el nombre de la crisis), sumaron sus votos a la oposición conservadora en una votación presupuestaria, a fin de mostrar la debilidad del gabinete liberal.
La acentuación de la crisis económica a comienzos de la década de los noventa y el avance en el resto de Europa de las ideas proteccionistas reforzaron la posición de Gamazo dentro de las filas liberales. En esas fechas el embajador inglés Wolf le consideraba el candidato con más opciones a la hora de liderar el partido en un futuro próximo, por reunir unas dotes oratorias superadas sólo por Canovas y Castelar, poseer una buena formación intelectual, gozar de una considerable popularidad, contar con fuertes conexiones con el mundo financiero, y con el respaldo de su cuñado Maura, uno de los políticos más hábiles del momento, y del periódico El Imparcial, uno de los de mayor tirada. A ello se sumó su política favorable a las economías presupuestarias, que coincidió parcialmente con la propuesta de un “presupuesto de paz” formulada por el republicano Castelar. Ésta, que sostenía la necesidad de reducir los gastos militares en beneficio de los gastos de tipo reproductivo, había sido adoptada por Sagasta como programa de su formación.
De esta manera, al producirse en 1892 el regreso de los liberales al poder, Gamazo fue nombrado ministro de Hacienda. Su política persiguió la nivelación presupuestaria mediante la reducción de gastos, sobre todo militares, y el aumento de ingresos a través de la reforma del concierto con Navarra y el establecimiento de nuevos impuestos sobre el vino y las transmisiones patrimoniales. Sin embargo, la oposición general al incremento de la presión fiscal y el malestar provocado entre sus propios compañeros de gabinete por los recortes presupuestarios que afectaban a sus departamentos le impidieron ejecutar sus proyectos y precipitaron su renuncia en marzo de 1894.
Mantuvo su enemistad con Moret, cuya salida del gabinete forzó al favorecer la derrota en el Senado del tratado comercial con Alemania, auspiciado por su rival. Al producirse el asesinato de Cánovas en 1897 y regresar los liberales al poder, Sagasta pensó en él para la cartera de Ultramar, con el objetivo de que se impulsasen reformas capaces de poner fin a la rebelión cubana. Sin embargo, Gamazo rechazó el ofrecimiento, basándose en la desconfianza que le producía el líder liberal que, en su opinión, había torpedeado las reformas impulsadas en 1893 en la isla antillana por su cuñado Maura. Por otra parte, en todo momento proclamó que su plan reformista, que se circunscribía a los aspectos administrativos, debía postergarse hasta el completo aplastamiento de la rebelión; esta posición hizo que el cargo recayera finalmente en Moret, quien propugnaba una reforma política (concesión de autonomía), como medio de apaciguar a los rebeldes y a Estados Unidos.
Una vez consumada la derrota en la guerra con este país, regresó al gabinete liberal, encargándose de la cartera de Fomento. Sin embargo, tuvo que dimitir poco después, salpicado por el escándalo Ribot. Este personaje, gamacista y cuñado de Maura, era gobernador civil de Cádiz cuando fue acusado de enriquecerse con el juego —prohibido por la ley— y con la explotación de los servicios de higiene de la capital gaditana.
Gamazo acusó a Sagasta y a Moret de haber conspirado en contra suya y rompió con el partido, siendo acompañado por ochenta y ocho diputados liberales.
A partir de ese momento, preparó su entrada en el Partido Conservador, paso truncado por su repentina muerte en 1901. Sus seguidores se incorporarían al conservadurismo poco después de esa fecha, de la mano de Maura; no obstante, algunos retornarían al redil liberal años más tarde siguiendo a Santiago Alba.
Germán Gamazo fue considerado en su tiempo un eminente civilista. En sustitución de Manuel Silvela, alcanzó la presidencia de la Academia de Jurisprudencia y Legislación en 1885 y desempeñó el cargo de decano del Colegio de Abogados en 1892 (Carlos Ferrera Cuesta, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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La calle Gamazo, al detalle:
Edificio Gamazo, 24.
Edificio Gamazo, 30.

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