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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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martes, 2 de mayo de 2023

Los principales monumentos (Calle Nueva; Plaza del Cabildo; Castillo Ducal; Ayuntamiento; y Basílica Menor de Santa María de la Asunción) de la localidad de Arcos de la Frontera (III), en la provincia de Cádiz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Calle Nueva; Plaza del Cabildo; Castillo Ducal; Ayuntamiento; y Basílica Menor de Santa María de la Asunción) de la localidad de Arcos de la Frontera (III), en la provincia de Cádiz.

Calle Nueva
     Fue el antiguo foso del Castillo hasta que en 1755, el terremoto de Lisboa derribó la muralla norte, lo que dio origen a la formación de esta calle. El arco de entrada de esta calle se levantó en 1684. De hondo sabor poético: en ella nació el reconocido grupo poético “Alcaraván” en 1949 (Ayuntamiento de Arcos de la Frontera).

Plaza del Cabildo
     El espacio más emblemático de la población es la plaza del Cabildo, primera intervención urbanística de envergadura de época cristiana que configuró en la zona más alta de la ciudad, junto a la iglesia mayor y el castillo, un gran espacio urbano a modo de plaza mayor, destinado a mercado y celebración de numerosos actos públicos, adonde ya se había pensado trasladar el ayuntamiento. Para su construcción fue necesario realizar importantes desmontes y las obras comen­zaron en 1608, prolongándose hasta mediados del siglo XVII. En el frente que se abre a la peña se colocó un arco en 1727 y para los laterales se dispuso la construcción de edificios con arcadas y balconajes. Durante la invasión napoleónica sufrió importantes daños pero la transformación más radical tuvo lugar a mediados del siglo XX, cuando se levantó en uno de los laterales el parador de turismo y se ampliaron las dependencias del ayuntamiento (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     El ejército francés, antes de macharse en 1812, desmanteló la plaza casi por completo, desapareciendo edificios como la Casa Palacio de los Gamaza (que ocupaba el lugar donde hoy en día se asienta el Parador), la Casa de los Escribanos, así como la estructura porticada. En 1838 se ordena la estructuración de una nueva plaza concluyendo las obras en 1847.
     Una buena parte de la Historia de Arcos transcurrió en torno a esta Plaza donde se adiestraron soldados y jinetes, jugaron los nobles, se lidiaron toros, se celebraron autos sacramentales, se establecieron mercados mañaneros, veladas de la patrona, etc. A partir de 1608, se inicia en ella la vida civil y alrededor de ella se van construyendo casas. En esta plaza se encuentra la Basílica Menor de Santa María, el Ayuntamiento y el Parador de Turismo (Ayuntamiento de Arcos de a Frontera).

Castillo Ducal
     El castillo, situado en la zona más elevada de la población al borde de la escarpada peña, es pieza de gran importancia en la trama urbana de Arcos. En 1430 se encontraba en estado ruinoso, por lo que cabe suponer que sufriría una importante reconstrucción. El terremoto de 1755 causó graves daños y obligó a cegar el foso y durante la invasión napoleónica también sufrió algunas mermas. La fortaleza tenía planta rectangular con torres en los ángulos, de las que sólo se conservan dos de las mayores y otras dos menores en el frente de la peña. La puerta de acceso es un sencillo arco apuntado enmarcado por moldura tardogótica sobre el cual se sitúan los escudos de los Ponce de León. Entre las torres del frente de la peña, se abren dos galerías de arcos rebajados, enmarcados por alfiz y sustentados por columnas de mármol blanco, que pueden responder a una reforma del siglo XVI. El interior se organiza en torno al patio de armas, cuyo subsuelo está ocupado por un gran aljibe sustentado por bóvedas nervadas (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     El Castillo, antiguo Alcázar andalusí, está hoy completamente transformado, ubicándose dentro del casco urbano de la ciudad de Arcos de la Frontera.
     Tiene planta cuadrangular, está compuesto de cuatro torres almenadas en sus esquinas. Pese a que fue alcázar militar en época andalusí, el actual castillo responde a las reformas efectuadas en los siglos XIV y XV. Según documentos consultados, de la fortaleza primigenia se conserva un gran arco de herradura en la vieja entrada del poniente y un lienzo en el suroeste.
     La Torre del Secreto, el adarve de levante, las Torres de Flanqueo del sur, el gran aljibe del Patio de Armas y los Merlones de Cobertura Piramidal datan de los siglos XIV y XV.
     Tiene su acceso, actualmente, por debajo del arco donde estuviera el oratorio del Ayuntamiento. En la portada, coronándola, el escudo de los Duques de Arcos. Es propiedad particular (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Tiene planta cuadrangular, está compuesto de cuatro torres almenadas en sus esquinas. Fue alcázar militar en el periodo musulmán, sin embargo, el actual castillo responde a las reformas efectuadas en los S. XIV y XV.
     Según documentos consultados, conserva del primitivo alcázar un gran arco de herradura en la vieja entrada del Poniente y un lienzo en el Suroeste.
     La Torre del Secreto, el Adarve de Levante, las Torres de Flanqueo del sur, el gran Aljibe del Patio de Armas y los Merlones de Cobertura Piramidal datan de los siglos XIV y XV.
     Tiene su acceso actualmente por debajo del arco donde estuviera el oratorio del Ayuntamiento. En la portada, coronándola, el escudo de los Duques de Arcos.
     Es propiedad particular.
     HORARIO DE VISITAS: 4 días al año.
     Información: Delegación de Turismo: Tlf: 956 70 22 64 / turismo@arcosdelafrontera.es (Ayuntamiento de Arcos de la Frontera).

Ayuntamiento
     Originalmente el Cabildo municipal de Arcos se situaba en la calle Arenillas, pero en 1634 fue trasladado a la plaza Nueva, recién urbanizada y situada junto a la iglesia mayor y el castillo, ocupando un solar cedido por los duques, ocupado anteriormente por la cilla. Todo el edificio responde a la estética de mediados del siglo XVII y en el interior destaca la sala capitular, cuya armadura de madera, de tradición mudéjar fue destruida por un incendio a finales del siglo XX, siendo la actual una reproducción.
     Al exterior presenta portada de cantería con dos cuerpos, coronándose el segundo por un frontón curvo sobre el que va la imagen de san Miguel. Conserva el ayuntamiento algunas piezas de arte mueble, entre ellas un retrato de Carlos IV cercano al estilo de Francisco de Goya y las mazas de plata, realizadas en el año 1679 por Juan de Cuenca (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Se organiza mediante piezas rectangulares, dispuestas en ángulo recto. El acceso se realiza mediante una portada compuesta de dos cuerpos, el primero con vano rectangular enmarcado por molduras manieristas y el segundo rodea el vano por roleos rematándose por frontón curvo sobre el que va la imagen de San Rafael. a ambos lados hay sendos escudos con inscripciones.
     El acceso a las salas de la planta alta se realiza por escalera de doble tiro, que desembarca en una pieza rectangular cubierta por artesonado de tipo mudéjar. A continuación se sitúa el Salón de Plenos, también de planta rectangular con cubierta del mismo tipo y abundante decoración neomudéjar a base de yeserías, pintura y carpintería. Todo este conjunto ha desparecido por completo, al igual que el artesonado, en un reciente incendio.
     Adosada a este Salón está la antigua capilla, de planta cuadrada con cubierta semiesférica sobre pechinas.
     Todo el conjunto fue realizado en la primera mitad del siglo XVII, con formas manieristas y artesonado de tradición mudéjar.
     La decoración neomudéjar del salón de Plenos pertenecía a los últimos años del siglo XIX (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Se efectuó su traslado al lugar que hoy ocupa en 1634 (anteriormente estuvo ubicado en la Calle Arenillas).
   La noble portada de piedra se corona con el Arcángel San Miguel, patrono de Arcos, labrado en piedra, data del S. XVII. En el interior merece destacarse el artesonado mudéjar del salón de sesiones, un cuadro de Carlos IV atribuido a la escuela de Goya y los cuadros de Prieto, dos grandes retratos de tamaño natural, uno de Espartero y otro del arcense Moreno del Villar, capitán General. Por último, un cuadro histórico donado al Ayuntamiento por el pintor Joaquín Caballero en 1866 que representa el acto de condecorar caballeros de la Banda a tres hijos de la ciudad por Alfonso XI después de la Batalla del Salado.
     HORARIO DE VISITAS: Libre, sólo fachada (Ayuntamiento de Arcos de la Frontera).

Basílica Menor de Santa María de la Asunción
     La parroquia de Santa María, primer templo de la localidad, es un destacado conjunto mo­numental centrado fundamentalmente en el siglo XVI, pero con importantes aportaciones de otras épocas. La dependencia del arzobispado de Sevilla hizo que en su construcción y dotación de bienes muebles interviniesen destacados maestros activos en aquella ciudad, por lo que este templo es fiel reflejo del esplendor de la escuela sevillana desde la baja Edad media hasta finales de la Moderna, si bien guarda también importantes aportaciones de otros focos cercanos o foráneos. Es muy posible que su emplazamiento fuese ocupado por la mezquita musulmana, aunque la presencia de algunas piezas romanas y visigodas empotradas en los muros del templo actual permite suponer la existencia de algún edificio más antiguo en este solar. Durante la segunda mitad del siglo XIV o principios del XV se levantaría una fábrica mudéjar siguiendo el modelo habitual en Sevilla, es decir, tres naves separadas por arcos sobre pilares y cabecera abovedada a la que posteriormente se irían añadiendo capillas y otras dependencias. De esta estructura aún se conserva parte del muro de cierre de la cabecera tras el retablo mayor, estructurada por medio de columnillas de capiteles con representaciones zoomorfas impostas con puntas de diamante, entre los que van paneles con pinturas al fresco y algunas yeserías con paños de sebka con atauriques rematados por un friso de arcos conopiales. A inicios del siglo XX se trasladó a la nave del evangelio el fresco mejor conservado, que representa la Coronación de la Virgen, si bien aún quedan in situ otros que representan escenas de interpretación incierta. A esta primitiva fábrica perteneció también la capilla de san Antonio, obra mudéjar de la segunda mitad del siglo XV.
     Un fragmento de lápida situado a los pies del templo actual nos indica que sus obras dieron comienzo en 1509 y si bien se ignora aún quien fue el responsable de las trazas primitivas, éstas se pueden relacionar con Alonso Rodríguez, maestro mayor del arzobispado de Sevilla hasta 1513. Al parecer la reconstrucción dio comienzo por la zona de los pies, avanzando hasta la cabecera y sacristía, que se corresponde ya con la última fase. Más tarde intervendrían otros maestros diocesanos, como Diego de Riaño, que trabajó en la fábrica entre 1528 y 1534. Le sucedió Martín de Gaínza que pudo culminar la obra del templo hacia 1553, fecha que aparece en la bóveda del presbiterio. Con este autor se relaciona también el diseño de la sacristía. Asimismo será Gaínza el responsable de la introducción de las formas renacentistas, que pueden observarse tanto en la mencionada sacristía como en la capilla mayor. Desde 1562 estuvo a cargo de las obras Hernán Ruiz II. Durante el siglo XVII el templo sufrió algunos problemas estructurales que obligaron a reforzar exteriormente la nave del evangelio; Lorenzo Fernández de Iglesias diseñó en 1699 un sistema de contrafuertes situados al otro lado del callejón de las monjas de los que surgen arbotantes hasta el templo. Diego Moreno Meléndez fue el encargado de llevar a cabo esta obra, que ha pasado a conformar uno de los espacios urbanos más característicos de la ciudad.
     El terremoto de 1755 causó importantes daños en la iglesia, y derribó gran parte de la primitiva torre, situada en la cabecera. Tras una serie de proyectos y tentativas, se optó por levantar el nuevo campanario sobre la portada lateral abierta en el lado de la epístola y el responsable de diseño fue Vicente Catalán Bengoechea, quien concibió una torre inspirada en la Giralda sevillana, que finalmente se construyó solamente hasta el primer cuerpo de campanas, renunciándose a los superiores por temor a nuevos temblores. En efecto, en 1773 la ciudad sufrió un nuevo terremoto que obligó a reforzar el exterior de la nave de la epístola, obra que llevó a cabo Antonio de Figueroa en 1780 y que ha configurado el aspecto definitivo de este sector. Desde el siglo XVIII el conjunto de esta fachada centrada por el alto campanario de Bengoechea y abierta a la plaza de España, inmediata al imponente desnivel de la peña sobre la que se asienta Arcos, se ha convertido en un hito urbano fundamental, cuyo perfil es sin lugar a dudas el más característico referente visual de la localidad.
     El templo presenta planta de salón con tres naves de la misma altura, según el modelo de las hallenkirchen que se extiende en el último gótico hispánico y que dota al interior de un as­pecto diáfano y monumental. A este resultado contribuyen esbeltos pilares de sección circular en los que apoyan delgadísimas columnillas de las que parten arcos ligeramente apun­tados y bóvedas estrelladas de nervios combados que di­bujan complejas tracerías. Las correspondientes a las naves laterales apoyan sobre los muros en ménsulas voladas con abundante decoración gótica y renacentista. También en estos tra­mos los nervios se prolongan en la zona central hasta apoyar en nuevas ménsulas, sirviendo de este modo como enmarque a los vanos, que se rematan en medio punto apoyado sobre columnillas y contienen decoración de cardinas en el intradós. El presbiterio es profundo y consta de un tramo cuadrado cubierto por nervaduras góticas y cabe­cera ochavada que se apoya sobre los restos mudéjares y se remata en un gran arco abocinado y decorado con casetones. Los vanos que se abren a este espacio presentan decoración escultórica y arquitectónica de tipo plateresco.
     En el testero de los pies se abre la portada principal, destacada obra del último gótico, cuya compleja arquitectura ocupa todo el imafronte. Esta enmarcada por dos gruesos pilares cilíndricos a los que se adosan tres órdenes de baquetones de sección cir­cular rematados por pináculos. La portada está conformada por un gran arco abocinado de me­dio punto peraltado y presenta vano rec­tangular flanqueado por baquetones entre los que va una fina decoración de cardinas y se abren hornacinas cubiertas por doseletes. En el tímpano hay una triple hornacina de iguales características y a los lados del gablete que lo remata van parejas de leones rampantes que sustentan tarjas con emblemas marianos. Un segundo cuerpo presenta un doble vano rematado en arco carpa­nel y con pequeñas bóvedas de crucería interior que alberga sendos óculos, todo ellos decorado con abundante cardina.
     La portada lateral, diseñada por Bengoechea, se apoya en el alto fuste de la torre y consta de dos cuerpos apilastrados de orden toscano. El primero alberga el vano de entrada, rematado en medio punto, y el segundo un balcón a cuyos lados van las imágenes de san Pedro y san Pablo y sobre cuyo frontón partido va una compleja moldura rematada por la Virgen de la Asunción, flanqueada por dos jarras de azucenas. El reloj, situado a continuación, también se enmarca por una movida moldura mixtilínea. La cornisa que delimita el primer cuerpo de la torre va salpicada de pinjantes. El segundo cuerpo evoca el de campanas de la Giralda y consta de un triple vano rematado en medio punto en cada frente entre los que van elegantes pilastras jónicas. En diversos elementos de la torre se incluyen elementos cerámicos en tono azul y paneles cerámicos que conforman tondos con bustos de santos. El ábside es poligonal y conserva importantes restos de la faja de arquillos polilobulados ciegos que remataban la obra mudéjar, sobre la cual se observa el recrecido renacentista, rematado en cornisa. Adosado al lado del evangelio se con­serva el cuerpo de la antigua torre, fábrica renacentista que fue derribada parcialmente por el terremoto de 1755. Su fábrica debe corresponderse con los trabajos realizados en la segunda mitad del siglo XVI y presenta tres cuerpos separados por cornisas a los que se abren vanos de sencillas formas manieristas que en la actualidad están cegados.
     La fachada del callejón de las Monjas presenta casi a la altura de los pies un vano ciego tardogótico contemporáneo de la construcción del templo, cuya zona inferior quedó inconclusa. Es de forma cuadrangular, enmarcado por un baquetón ancho con decoración de cardinas y en la zona central presenta una delicada arquería sobre la que se desarrolla un complejo entrelazado de tracerías en el que predominan las líneas sinuosas.
     El retablo mayor es pieza de capital importancia, pues su dilatada y compleja construcción conforma un extraordinario testimonio de la es­cultura manierista sevillana. Las trazas fueron encomendadas en 1585 a Pedro Díaz de Palacios, corriendo la ejecución a cargo de Jerónimo Hernández y Juan Bautista Vázquez «El Mozo», que se hicieron cargo al cincuenta por ciento de la obra. La intervención de estos artistas fue breve, pues pronto falleció Hernández y Vázquez se trasladó a Granada; más tarde intervendrán Diego López Bueno, Andrés de Ocampo, Gaspar del Águila, Diego de Velasco, Blas Hernández y Miguel Adán, si bien la mayor parte fue ejecuta­da por Andrés de Ocampo, que trabajó en esta empresa desde 1594 hasta 1608, año en el que se daban por concluidas las labores de talla. Antón Rodríguez se hizo cargo de las labores de dorado y estofado, si bien más tarde se sucedieron diversos autores, entre ellos Vasco Pereira, Juan de Salcedo y Antón Pérez, que remata la obra, totalmente concluida en 1620. En 1663 Gabriel de Mena realizó el zócalo de piedra rosada de Antequera y renovó las gradas del presbiterio, todo ello según las trazas del maestro sevillano Juan González. Aunque se considera que desde dicha fecha el retablo se ha conservado intacto hasta nuestros días, parece evidente que en 1799 se procedió a renovar completamente el trono del sagrario-manifestador, cuyas formas acade­micistas nada tienen que ver con el resto de la estructura, aunque armonizan a la perfección con ellas por su concepción clasicista. En dicho año se documenta la puerta de plata, realizada por el orfebre Vicente Gargallo, en la que se representa la Última Cena.
     Lo complicado del proceso de ejecución ha lle­vado a diversas conjeturas sobre la autoría de las diversas representaciones escultóricas, pues el resultado final es muy armónico y todas las manos se ajustaron al espíritu general. En cualquier caso es evidente que Juan Bautista Vázquez «El Mozo» intervino en parte del banco y el relieve de la Anunciación puede estar relacionado en  todo o en parte con Jerónimo Hernández. A Miguel Adán corresponde la Visitación y con su estilo se relacionan también los dos relieves de Jesús entre los doctores y la Epifanía, si bien no consta documentalmente su intervención en estas dos últimas realizaciones. Sin lugar a dudas será Andrés de Ocampo quien protagonice el conjunto y la impronta de su espíritu manierista, empa­pado en ocasiones de formas miguelangelescas, domina todo el conjunto, como se evidencia sobre todo en los ángeles del ático.
     La estructura arquitectónica utiliza la tradicional retícula para desarrollar una composición muy dinámica en la que se establece un acusado juego de luces y sombras al combinar formas delicadas con otras de gran contundencia. La planta sigue el ochavo de la capilla mayor, descansando el conjunto sobre un zócalo de jaspe rosado decorado con tarjas que sirve de base al zócalo. Se compone de tres grandes calles, divididas en tres cuerpos, entre las que corren cuatro entrecalles columnadas con sucesión de órdenes jónico y corintio, rematando el conjunto un potente ático sustentado por ménsulas y coronado por complejo frontón doble, curvo y partido en el interior y triangular en el exterior. La calle central presenta paños superpuestos y rematados por frontones en los dos primeros cuerpos, ocupando el primero el trono, estructura academicista de dos cuerpos sustentados por columnillas corintias pareadas y rematado el segundo por frontón curvo. En las calles laterales los paños se rematan en medio punto y van coronados por frontones triangulares, mientras que las entrecalles están ocupadas por hornacinas sobre las que van paños rectangulares.
    El programa iconográfico se dedica enteramente a exaltar la figura de María y su papel en la historia evangélica. En el banco y entrecalles se alternan los relieves que representan a los profetas y padres de la Iglesia con un apostolado en el que los cuatro evangelistas, que ocupan el primer cuerpo, tienen un tratamiento diferenciado al aparecer sedentes, mientras que el resto aparece erguido. Los relieves que ocupan los dos cuerpos superiores de la calle central desarrollan la escena de la Asunción, titular del templo, que se dispone en dos registros, según un esquema muy frecuente en la retablística seiscentista es­pañola en el que el registro inferior recoge a los apóstoles en torno al sepulcro y en la superior la Virgen asciende triunfante y coronada. En las calles laterales el lado del evangelio contiene los relieves de la Anunciación, adoración de los Pastores y Circuncisión, mientras que en el de la epístola aparecen la Visitación, Jesús entre los doctores y la Epifanía. Centra el ático un gran tondo con el busto del Padre Eterno y a sus lados cuatro virtudes sustentan dos tarjas en las que aparecen pintadas una Inmaculada y un emblema concepcionista. Diversos ángeles niños de formato rematan el ático.
     En la actual mesa de altar, situada ante las gradas del presbiterio, se ha colocado un lienzo que representa a Cristo yacente, obra de mediados del siglo XVII que se atribuye a Juan Loaysa. Los púlpitos son de hierro forjado, el del lado de la epístola data de 1608 y lo realizó en Cádiz Cristóbal de Morón, mientras que el del evangelio es posterior y sigue el mismo modelo. Entre las pinturas que cuelgan de los muros del presbiterio cabe destacar una Inmaculada realizada por Francisco Rizzi hacia 1680, de dinámica composición barroca, mientras que los lienzos de san Pedro y san Pablo presentan marcos dorados realizados en 1753, fecha en la que se realiza también la galería que sustentaba las colgaduras de brocado. La lámpara de plata que cuelga ante el retablo fue realizada en 1787 por el platero sevi­llano Vicente Gargallo Alexandre.
     Frente al presbiterio se sitúa el coro. En principio la iglesia contó con una sillería realizada a partir de 1571 por Juan de Figueroa, Juan de Oviedo y Miguel Adán, pero las obras realizadas en 1718 obligaron a efectuar importantes reformas y años más tarde se renovó todo el conjunto. En 1728, Diego Antonio Díaz diseñó un nuevo trascoro por mandato del arzobispo Salcedo y la sillería se encargó en 1734 al ensamblador jerezano Agustín de Medina y Flores, interviniendo a partir de 1744 el escultor Diego Roldán. Los dos órdenes de sitiales, realizados en caoba y ébano, presentan decoración geométrica con algunos detalles de hojarasca, todo ello en abierto contraste con la riqueza decorativa de los respaldos, en los que se emplearon también las maderas de naranjo y granadillo. Los paneles, de abigarrada y menuda talla encuadrada por molduras geométricas, están flanqueados por columnillas salomónicas y coronados por altos penachos de talla, que se hacen más complejos sobre las cuatro puertas de acceso. En el sitial principal hay una hornacina con la imagen  policromada de la Asunción, mientras que sobre las puertas si­tuadas a sus lados van los bustos de san Pedro y san Pablo, esculturas realizadas por Diego Roldán. El facistol es obra de los mismos autores, si bien parece que el pedestal debió renovarse a finales del mismo siglo XVIII. Sobre los laterales corren tribunas cuyas yeserías se deben también a Medina y Flores, autor al que pertenecen los yesos de la cara interior del penacho que remata el trascoro. La reja de cierre y las espadañas son obras realizadas en Sevilla por Juan de Varales en 1743. Completa la zona interior del coro el órgano, cuya gran caja rococó de madera oscura fue ejecutada en 1789, rematando su estructura airosos ángeles músicos. La maquinaria se debe a Francisco Rodríguez y está fechada en 1792.
     En la zona exterior destaca la composición ar­quitectónica dispuesta por Diego Antonio Díaz para el trascoro, sobre cuya cornisa situó un alto penacho flanqueado de aletones, centrado por un gran óculo y rematado por la imagen del arcángel san Miguel. A los lados van otros dos remates más pequeños sobre los que se sitúan las imágenes de san Leandro y san Isidoro.
     La talla, que ejecutó el maestro cantero Juan de Arteaga, es muy menuda y abigarrada, a base de roleos entre los que enlazan elementos vegetales y festones. En el muro de cierre se dispone un retablo central y a los lados sendas portadas sus­tentadas por pilastras toscanas y coronadas por frontones curvos rotos, realizadas en jaspe negro y rojizo con dinámica decoración geométrica. El retablo responde a la estética de Medina y Flores y está concebido como un marco abocinado, flanqueado por estípites, para el lienzo de la Inmaculada que realizó en 1730 Felipe Muñoz.
     Los muros de la cabecera de las naves laterales están ocupados por dos retablos gemelos. El que corresponde al lado de la epístola fue concertado en 1728 con Agustín de Medina y Flores por Miguel Núñez de Prado y su esposa.
     El dedicado a san José puede fecharse poco después y consta que en 1743 fue dorado por los jerezanos Francisco y José Morales. Presentan planta mixtilínea que se hace cóncava en la zona central y convexa en los arranques laterales. Parejas de estípites flanquean el único cuerpo, soporte que se repite en el ancho ático que los corona. En el lado de la epístola ocupa la hornacina principal una talla de santa Teresa, que des­de 1714 es patrona del clero parroquial, obra de origen italiano donada al templo dicho año por el duque de Arcos. En el ático hay una imagen de santa Catalina, anterior titular de la capilla, que puede relacionarse con la producción de Diego Roldán, autor a quien deben corresponder también las tallas de san José y san Andrés situadas en el retablo del lado del evangelio.
     El primer tramo de la nave del evangelio alberga desde 1951 un panel pictórico procedente de la antigua cabecera del templo mudéjar, que representa la Coronación de la Virgen, importante obra al temple que puede fecharse en las primeras décadas del siglo XV. Enmarcada por columnillas sobre las que va un apostolado al que albergan doseletes, la composición presenta notables influjos de las creaciones sienesas del «treccento», y está centrada por un trono en el que Cristo corona a la Virgen mientras que un coro de ángeles y diversos santos asisten a la escena en abigarrada composición que ocupa por completo el resto del panel.
     En el tramo frontero a la puerta lateral se levanta un escenográfico retablo rococó, policromado a imitación de la porcelana en tonos blan­cos y azulados, que realizo hacia 1770 Andrés Benítez. Está destinado a guardar un conjunto de reliquias, entre la cuales sobresale el cuerpo incorrupto de san Félix, que había traído de Roma Clemente Antonio de Baena. Se compone de un gran cuerpo a modo arco para albergar la urna flanqueado por columnas corintias sobre las que realiza un espectacular quiebro ondulado la cornisa que sirve de base a dos grandes ángeles mancebos que despliegan sus alas de forma grandilocuente.
     En el ático la cornisa presenta una expansión hacia el exterior, y está centrado por un relieve que representa la imposición de la casulla a san Ildefonso. Remata todo el conjunto una gran corona dorada que sustentan dos ángeles niños. Contemporáneo de este retablo es la pequeña vitrina rococó de madera dorada y policromada en blanco situada a continuación, obra que realizó el mismo autor para albergar un simpecado con bordados y pintura del mismo estilo.
     El mural de san Cristóbal que se sitúa inmediato a los pies del templo es obra realizada en el siglo XVI, si bien ha sufrido importantes reformas posteriores que han alterado en buena medida su aspecto original.
     En el testero de los pies del templo correspondiente al lado del evangelio se sitúa el retablo de Ánimas, que inicialmente fue levantado en 1550 por deseo del patrono de esta capilla, Hernando de San Pedro. En la segunda mitad del siglo Andrés Benítez renovó el retablo con la actual estructura de corte academicista, realizada en madera policromada a imitación del mármol, aunque con abundante decoración rococó.
     Consta de un cuerpo flanqueado por colum­nas corintias y ático rematado por frontón curvo. Las imágenes que ocupan la hornacina representan las lágrimas de san Pedro ante Cristo atado a la columna a quienes acompaña san Jerónimo penitente.
     Proceden del primitivo retablo y se relacionan con el quehacer de Roque Balduque, mientras que el relieve con las ánimas del banco y el escudo que ocupa el ático corresponden a la inter­vención de Andrés Benítez.
     En el lado de la epístola se sitúa la capilla de la Virgen de Belén, fundada en 1559 por Luis Andino Gamaza y desde 1731 es la capilla bautismal del templo. Al exterior presenta portada con arco de medio punto con rosca acasetonada, flanqueado por pilastras dóricas que sustentan un entablamento en cuyas metopas van piezas semicirculares de cerámica negra vidriada, que se repiten en las enjutas. Cierra el espacio una reja de abundante decoración barroca realizada en 1739 por Francisco Rivero. El interior es de planta rectangular con dos arcos casetonados en los lados menores y un pequeña cúpula sobre pechinas en el centro que presenta el mismo tipo de decoración.
     Está presidida por un retablo de madera dorada que fue concertado en 1600 por Andrés de Ocampo, realizando la policromía Bernabé Velázquez de Espinosa. Consta de un cuerpo sustentado por columnas compuestas y ático. El cuerpo está ocupado por una tabla que representa a la Virgen de Belén, delicada obra con­temporánea del retablo que se vincula a la producción de Alonso Vázquez. El relieve del Padre Eterno situado en el ático es obra de Andrés de Ocampo. También se conservan en esta capilla una imagen policromada de la Virgen con el Niño, fechable a mediados del siglo XVI, muy cercana al estilo de Roque Balduque y un lienzo del bautismo de Cristo firmado por Juan Simón Gutiérrez en 1687. La pila bautismal, de mármol blanco, es de forma sencilla y puede fecharse a finales del siglo XVII.
     La capilla del Rosario ocupa el solar de una anterior levantada en 1408 por el señor de Arcos Rui López Dávalos y que estaba dedicada a los mártires de Ávila. En 1551 fue reconstruida totalmente por su patrono, el regidor Gonzalo Gil de Armario Quintanilla, que la dedica a la Virgen del Rosario, encargando su talla y el retablo a Cristóbal de Voisín. Hasta 1731 fue capilla bautismal y en 1764 se realizaron grandes obras de reforma para que albergase el cuerpo de san Félix; fue entonces cuando se encargó al tallista Andrés Benítez la realización del actual retablo.
     La capilla, de formas tardogóticas, destaca por su gran porte y presenta un arco carpanel de acceso, sustentado por columnillas y baquetones, sobre el que se sitúan tres escudos, mientras que la bóveda es de compleja disposición estrellada. El retablo es de madera dorada y presenta planta cóncava con un cuerpo articulado, en tres calles, por medio de columnas corintias, y ático, todo ello poblado de una abigarrada decoración a base de rocallas. Está presidido por la Virgen de Rosario, talla que realizó Cristóbal de Voisín en 1551, si bien posteriormente fue reformada para poder ser vestida. Bajo ella, en el lugar que inicialmente se dispuso para la urna con el cuerpo de san Félix, se sitúa una vitrina con un Niño Jesús dieciochesco, procedente del colegio de los je­suitas. A los lados van las tallas de san Joaquín y santa Ana y en el ático san Miguel flanqueado por santo Tomás de Aquino y san Juan Nepomuceno. En los muros laterales se conservan pinturas al fresco contemporáneas del retablo con arquitecturas fingidas derivadas de modelos de Andrea Pozzo.
     La capilla siguiente, sagrario de la parroquia, está dedicada a la Virgen de las Nieves. Se construyó en 1512 a iniciativa del vicario Gamaza y sus obras se concluyeron en 1553, si bien durante el siglo XVII sufrió algunas intervenciones parciales. Consta de dos tramos paralelos a la nave de la epístola, que se cubren por bóvedas de nervaduras con terceletes. Está presidida por un retablo concertado con Matías José Navarro 1741 y dorado de Francisco Morales. Originalmente albergó una pintura de la Virgen de la Antigua que fue destruida en 1881 y desde entonces está presidido por la imagen de la Virgen de las Nieves, patrona de la ciudad. Presenta este retablo planta ochavada con un cuerpo sustentado por estípites y ático en for­ma de cascarón. La imagen de la Virgen de las Nieves es una talla de candelero del siglo XVI. A sus lados dos relieves que representan la Imposi­ción de la Casulla a san Ildefonso y a san Fernan­do, son contemporáneos del retablo.
     A continuación de la puerta lateral se encuentra la capilla del Cristo del Perdón, cuya fábrica tardogótica, cubierta por bóveda de nervadura, se fecha en el primer tercio de siglo XVI. Desde mediados del siglo XVII fue sede de una hermandad de venerables sacerdotes y está pre­sidida por un retablo de madera dorada y policromada, que realizó en el año 1712 Juan Francisco de Morales.
     Consta de un cuerpo sustentado por columnas salomónicas y ático. Centra la composición una hornacina cruciforme que alberga al Cristo del Perdón y a sus lados van las tallas de candelero de la Virgen de la Piedad y san Juan evangelista, siendo las dos primeras tallas del autor Juan Francisco Morales.
     La capilla de san Antonio fue levantada en 1478 y su estructura tiene forma de qubba con cubierta octogonal sustentada por trompas, si bien todo ello está alterado por reformas poste­riores. Está presidida por un interesante retablo rococó que realizó Andrés Benítez en la segunda mitad del siglo XVIII, con un cuerpo sustentado por estípites y original ático ovalado. La imagen del titular es del siglo XVIII y en el ático hay una talla de san Luis Gonzaga de escuela genovesa procedente del colegio de los jesuitas. El tramo siguiente está ocupado por la sacristía, cuya fábrica se suele fechar a medados del siglo XVI, y su diseño se ha relacionado con el estilo de Mar­tín de Gaínza, aunque parece cercana al quehacer de Hernán Ruiz II. La primera noticia sobre su construcción data del año 1572 y las obras se prolongaron durante  muchos años, ya  que no se concluyen hasta 1640, si bien parece que se siguieron con fidelidad los planos originales. El acceso desde el presbiterio está cerrado por puertas de madera tallada en el año 1678 por Martín García de Toledo, pero la portada principal se sitúa en la capilla de san Antonio y enmar­ca su vano rectangular con pilastras compuestas. Las hojas son de madera tallada con diversos relieves y se fechan a mediados del siglo XVII. La sacristía es de fábrica de piedra y presenta planta cuadrada, cuyos muros se rematan por un elegante friso dórico.
     Se cubre por bóveda vaída decorada con círculos concéntricos que alojan a su vez diversos tondos con bustos de santos, mientras que en las pechinas van tarjas con los evangelistas flanqueados por ángeles niños.
     Las cajoneras son obra de Pedro de Toledo realizadas en torno al año 1640 y sobre ellas se sitúa un crucifijo de marfil dieciochesco que procede del extinguido colegio de los jesuitas y en una hornacina abierta a uno de los muros, mediante arco carpanel casetonado y abocinado, se sitúa un lienzo de la Virgen de Belén muy cercano al estilo de Alonso Cano, cuyo marco de madera oscura fue tallado en el primer tercio del siglo XVIII. Tanto el aguamanil como la mesa, realizados en mármoles de colores, son obra de Francisco de la Riva y se fechan en el año 1700. En una con puertas y decoración interior de ye­serías realizada hacia 1740, se sitúa la custodia procesional de asiento, que fue concertada en 1645 con el platero sevillano Andrés Carrillo y fue estrenada cuatro años más tarde. En 1760 se llevaron a cabo importantes reformas por el orfebre José Alexandre Ezquerra, quien la sobrealzó sobre una nueva peana.
     La estructura turriforme presenta un marca­do aspecto clasicista con dos cuerpos sustentados por columnas pareadas dispuestas en sentido radial, jónicas las del primero y compuestas las del segundo. Entre ellas se abren arcos de medio punto en el cuerpo inferior, mientras que sobre las del segundo cuerpo se dispone una estructura adintelada rematada por frontones rotos en cada frente.
     Sobre los basamentos del cuerpo inferior se distribuye un apostolado y el segundo cuerpo está ocupado por una alegoría de la Iglesia rodeada por cuatro profetas, rematando el conjunto una cúpula peraltada y gallonada sobre la que campea una representación de san Miguel. Las decoraciones rocalla de la inferior responden a la intervención de Alexandre. El tesoro de la parroquia de santa María es muy rico, pues po­see un inestimable conjunto de piezas de artes suntuarias, centradas fundamentalmente en los siglos de la Edad Moderna. Entre las numerosas piezas de orfebrería que componen la colección cabe mencionar algunas obras de tradición gó­tica fechadas en el siglo XVI, como un copón y la cruz parroquial, donde aparecen algunos elementos renacentistas.
     Otras obras pertenecen a los siglos XVII y XVIII, cálices, copones, sacras, portapaces, candelerías, bandejas, relicarios etc.
     De las realizadas en el XVIII destacan especialmente el rico viril rococó de oro que se coloca en la custodia del Corpus, realizado en 1768 por José Alexandre Esquerra gracias al genero­so donativo de María Leonor Fernández de Valdespino y la arqueta del Jueves Santo, realizada en plata, que regaló la marquesa de Torre Soto. También es rococó un cáliz de oro realizado en 1787 por Vicente Gargallo Alexandre. Una copa de cristal de roca tallada con relieves procede de la casa ducal de Arcos y parece obra de talleres alemanes del siglo XVI. Gran importancia reviste por su aparatosidad el altar portátil que se utilizaba para los cultos eucarísticos, obra barroca realizada en plata, e igualmente son destacables las piezas de orfebrería y bordados pertenecientes a las vírgenes del Rosario y las Nieves. Im­portante es también la colección de bordados en la que se cuenta con una excepcional manga de imaginería tardogótica que se fecha en el primer tercio del siglo XVI, donde se mezclan los motivos arquitectónicos bordados en oro con escenas realizadas en sedas de colores que representan la Encarnación, la Natividad y la Epifanía. Varios son los ternos bordados, uno de ellos es una excepcional obra bordada en oro y sedas a inicios del siglo XVII y otros del siglo XVIII presentan diferentes motivos también en hilos de oro, plata y sedas de colores. No menos importante es la rica colección de tejidos, sobresaliendo especialmente los dieciochescos.
     También son destacables los libros de coro con miniaturas de diferentes épocas, entre las cuales se cuenta una debida al iluminador mexicano Luis Lagarto, firmada en 1600, que representa los Desposorios místicos de santa Catalina y se conserva aislada con marco rococó (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     La Iglesia de Santa María de la Asunción de Arcos de la Frontera tiene planta de salón con tres naves y cabecera ochavada. Las naves se separan por medio de pilares circulares baquetonados que sustentan complejas bóvedas de crucería estrelladas. La capilla mayor se cubre por bóveda abocinada con decoración de casetones. Todo el interior responde al estilo gótico tardío, si bien la bóveda de la capilla mayor es renacentista. Todo ello construido a mediados del siglo XVI. Al exterior la portada principal es del mismo momento, e igualmente perteneciente a la estética tardo gótica. El vano rectangular se enmarca por arquivoltas que conforman un arco de medio punto peraltado, que alberga hornacinas en el tímpano y laterales. El resto del hastial va profusamente decorado con elementos del mismo estilo.
     En un lateral se sitúa la torre, de planta cuadrada con cuerpo de campanas articulado mediante pilastras jónicas que enmarcan vanos de medio punto. La portada presenta dos cuerpos, ambos centrados por vanos rematados en medio punto, flanqueados por pilastras toscanas. El segundo se remata por frontón triangular roto en cuyo centro se sitúa una tarja coronada por la imagen de la Inmaculada. Todo este conjunto fue realizado a mediados del siglo XVIII siguiendo el estilo barroco de la Escuela Sevillana.
     Diego de Riaño fue nombrado desde 1532 también Maestro Mayor de las iglesias de Arcos. Se sabe que trabaja en la iglesia de Santa María, siguiendo las obras comenzadas hacia 1520 por Alonso Rodríguez y Juan Gil de Hontañón, maestros mayores sucesivos de la catedral hispalense, de cuyo arzobispado dependía Arcos.
     Le sucede en las obras Martín de Gainza, a quien, en estilo ya renacentista se le atribuye la resolución y rica decoración de las bóvedas del presbiterio, la Capilla Mayor y la Sacristía, esta última de planta centrada y bóveda rebajada, cuyo esquema deriva de la de la Catedral de Sevilla, que el maestro concluyó a la muerte de Riaño.
     También interviene en la construcción de este templo Hernán Ruiz II El Mozo, máximo exponente de la arquitectura renacentista y manierista en Andalucía y también Maestro Mayor de la catedral sevillana, cuya presencia está documentada en Arcos desde el año 1559 y siguientes para vigilar y reconocer las obras, quedándose a vivir en esta ciudad, donde se cree que murió.
     En el año 1699 el arquitecto jerezano Diego Moreno Meléndez dirige la construcción de los arbotantes que cruzan de parte a parte el Callejón de las Monjas, y que sostienen desde entonces los muros de la iglesia por este lado, inclinadas por el peso de las bóvedas.
     En el siglo XVIII se proyecta la robusta y enorme torre, obra del arquitecto Vicente Catalán Bengoechea. Es una torre inacabada, que preveía sobre el actual un segundo cuerpo de campanas, más otro de planta octogonal para el reloj, y otro más similar como remate final. En ella se conjugan elementos renacentistas con otros barrocos, especialmente los balconcillos redondeados bajo las campanas, estatuas, y menudos adornos de piedra alternados con semiesferas cerámicas vidriadas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
       Es la parroquia Mayor, más Antigua, Insigne y Principal de Arcos, títulos concedidos por el Sacro Tribunal de la rota romana en 1764. Declarada Monumento Nacional en 1931 y Basílica Menor en 1993.
     El templo, aislado de toda construcción, se asienta sobre los restos de una mezquita árabe y ha estado en construcción durante seis siglos lo que ha significado la mezcla de estilos arquitectónicos y  la participación de diferentes profesionales como Diego de Riaño, Juan Gil de Hontañón, Alonso Rodríguez y Martín de Gaínza. Debe su aspecto principal a las obras acometidas entre los siglos XV y XVI.
     La fachada principal es muestra de la conjunción del gótico final y el incipiente plateresco. En el lateral derecho (Plaza del Cabildo) se puede contemplar la torre-fachada inconclusa, diseñada por V. Bengoechea a raíz del terremoto de 1755. La Torre es de planta cuadrada y presenta tres cuerpos, portada, balcón y campanario. En el segundo cuerpo, las imágenes de San Pedro, San Pablo y la Virgen Inmaculada.
     Se trata de una iglesia de planta de salón del gótico final, con tres naves de igual altura y monumental cabecera ochavada. Las naves quedan separadas por medio de pilares circulares compuesto de finos baquetones agrupados en haz, sustentando complejas bóvedas de crucería estrellada.
     Aunque todo en su interior es digno de admirar, cabe destacar el Retablo Mayor que supone una auténtica joya renacentista, la pintura mural gótica, la momia incorrupta de San Félix, la capilla de la Nieves que alberga la imagen de la Patrona de Arcos, el exuberante órgano y el coro, considerado como uno de los mejores de Andalucía.
     HORARIO DE VISITAS:
            De martes a sábados: 11.30 a 13.30 h /16.30 a 18.30 h
            Domingos sólo Basílica: 9.30 a 14.00 h / 16.30 a 18.30 h
            Excepto horario de misa domingo: 11.00 h y 12.30 h (No visita cultural)
            La Torre se visita cada ½ hora en grupos de 6 pax
            Precio: 4 € pax (Iglesia + Torre) (Ayuntamiento de Arcos de la Frontera).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Calle Nueva; Plaza del Cabildo; Castillo Ducal; Ayuntamiento; y Basílica Menor de Santa María de la Asunción) de la localidad de Arcos de la Frontera (III), en la provincia de Cádiz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia gaditana.

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Un paseo por la calle Dos de Mayo

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Dos de Mayo, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 2 de mayo, es el aniversario del inicio de la Guerra de la Independencia (2 de mayo de 1808), así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Dos de Mayo, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      La calle Dos de Mayo es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio del Arenal, del Distrito Casco Antiguo, y va de la calle Arfe, al paseo de Cristóbal Colón.
     La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Un documento de 1419 se refiere al sector de la Carretería inmediato a las Atarazanas como calle Derecha. En padrones del s. XV, se encuentran citas como Marco de las Atarazanas y "fuera del Marco de las Atarazanas hasta la Torre del Aceite"; y en otro de 1665 se alude a una "Acera frente a la Cruz" en esta zona. Es posible que en algún momento se le llame también Pescadería, por instalarse éstas en las antiguas Atarazanas a fines del s. XV. A comienzos del s. XIX se relaciona con este lugar el topónimo Lonja del Río, citado en 1823; para, posteriormente, aparecer como Acera de la Maestranza, co­mo se le conoce en algunos callejeros. En 1859 se le cambia par el actual, en memoria de la que se considera fecha del inicio de la guerra de la Independencia contra las tropas napoleónicas.
     Se forma en la periferia del barrio de la Carretería que mira hacia la Resolana (calle Temprado), sobre el camino que salía del Postigo del Aceite hacia el río. La acera de los pares, se formaría hacia los siglos XV-XVI, cuando se consolida el citado barrio; mientras que en la de los impares el único edificio que existió durante siglos fue la fachada lateral de las Atarazanas, hasta que en el XVIII se levanta la Capilla del Rosario y en la segunda mitad del XIX la Maestranza de Artillería amplía sus instalaciones, construyendo un edificio hasta el actual paseo de Cristóbal Colón, del que hoy no queda más que el muro de fachada, ya que aquí se alza el Teatro de la Maestranza. 
     Es una calle relativamente ancha, en la que desembocan por la derecha las de San Diego, Don Pelayo, Pavía, Rodo y Velarde; y por la izquierda la de Temprado. Desde siempre ha sido lugar de tránsito, al confluir en una de las puertas de la ciudad y comunicar ésta con el río; puerta que, por ubicarse en ella el mercado de redistribución del aceite del Aljarafe, poseía una gran importancia desde los siglos medievales (calle Almirantazgo). A pesar de que en las centurias posteriores, desde fines del s. XVII, la función portuaria se fue debilitando, en el s. XVIII se construyen almacenes en su primer tramo, y en la segunda mitad del s. XIX vecinos y comerciantes de ella solicitan la construcción de una rampa frontera a la calle para tener acceso directo al muelle.
     La mayor parte de los edificios antiguos se encuentran en el primer tramo, hasta la confluencia de Temprado y Pavía: la ya cita­da fachada lateral de las Atarazanas, construidas en el s. XIII, en la que se instalan las pescaderías en el s. XV, y posteriormente se destina a Maestranza de Artillería, función que hoy conserva [actualmente en obras para la realización un espacio museístico]. En el de los pares, la primera manzana está formada por una serie de casas-almacenes construidas en el s. XVIII, en una de las cuales se encuentra el escudo del marqués de Torrenueva; más adelante, existen otras de viviendas, probablemente de la misma centuria. El resto de la acera está formado por casas levantadas en el siglo pasado y en éste -el solar sobre el que se construye la última manzana se subasta en 1905-, en cuyos bajos proliferan bares y algún pequeño comercio y talleres. Al comienzo de esta acera está una de las fachadas del antiguo Mercado del Postigo, hoy Lonja de Artesanía. Finalmente, en la acera de los impares hay que citar la Capilla del Rosario, cuya fachada primitiva miraba a las Atarazanas, iglesia de pequeñas dimensiones, probablemente del s. XVIII [Antonio Collantes de Terán Sánchez, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Dos de Mayo, 2 al 6. Conjunto de casas construidas en el siglo XVIII por el marqués de Torrenueva, cuyo escudo se encuentra so­bre una de las puertas. Constan de dos plantas y entresuelo, la inferior, que estaba destinada a almacenes, dividida en naves por arquería. Los balcones de la planta alta están sostenidos por tornapuntas de hierro.
Dos de Mayo, 8-10. Casa con características semejantes a las anteriores, pero rematada en ático.
Dos de Mayo, 12. Casa del siglo XVIII, de dos plantas y ático, éste con arquerías separadas por pilastras. En la crujía de fachada posee dos vanos por planta. En el zaguán conserva una interesante cancela.
Dos de Mayo, 14. Casa gemela de la anterior, por lo que se refiere a la organización de la fachada, y también con una cancela de interés [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Historia del 2 de mayo, efemérides que da nombre a la vía
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     Pocas insurrecciones populares han inspirado tanto a un pueblo como lo hizo Madrid con el resto de España para hacer frente a la ocupación francesa aquel 2 de mayo.
     No es ningún secreto la maniobra que usó Napoleón para ocupar el territorio español con todas las de la ley. Quizás lo que no queda tan claro es el nombre de ese engaño. El Tratado de Fontainebleau fue el regalo envenenado de Napoleón al rey de España.
     En este tratado, que se firmó el 27 de octubre de 1807, se pactó una invasión de Portugal en una coalición franco-española. Eso suponía el libre acceso a más de setenta mil soldados franceses al territorio español. La invasión fue un éxito, para finales de noviembre de 1807, las tropas francesas ya estaban entrando en Lisboa y los reyes portugueses exiliados en Brasil.
     Ante la nefasta gestión de Manuel Godoy, primer ministro de Carlos IV, y las sucesivas derrotas militares en la guerra anglo-española de 1796-1802, se generó mucho malestar. Este descontento llegó a todas las capas de la sociedad: las más bajas, por la profunda crisis económica provocada por la interrupción del comercio con América y la delicada situación de la hacienda. Y la nobleza, que se intrigaban junto al ambicioso príncipe Fernando y los agentes de Napoleón contra el rey y su primer ministro. Otro motivo de gran malestar fue la problemática presencia de las tropas napoleónicas que cada vez más actuaban como fuerzas de ocupación y no de paso.
     Godoy, asustado por las intenciones ocultas de los franceses, en marzo de 1808 trasladó a los monarcas fuera de Madrid, a Aranjuez, para poder evacuarlos hacia las Américas en caso de golpe de estado, tal y como habían hecho los reyes portugueses. El rumor de que los reyes abandonarían el territorio corrió como la pólvora. Los líderes de los fernandinos animaron a los civiles a que se aglomerasen en torno al Palacio Real de Aranjuez y empezaran a sitiarlo.
     El objetivo de esa rebelión era la abdicación de Carlos IV y la destitución de Godoy. Finalmente  el príncipe Fernando, que era el instigador, logró su objetivo y el día 19 de marzo de 1808 es coronado Rey. Era la primera vez en la España moderna que un rey era depuesto por un alzamiento popular.
     El mariscal Murat aspirando a conseguir el trono de España tuvo que conformarse con el de Nápoles ya que Napoleón reservó ese honor para su familia. 
      Murat fue uno de los más célebres mariscales de Napoleón y estuvo al frente de la ocupación  peninsular y de la posterior represión. Aprovechando el caos en Aranjuez, entró en Madrid el 23 de marzo con sus tropas e informó a Napoleón del cambio de corona antes incluso de que Fernando llegase a la capital.
     Conociendo las intenciones de Napoleón de destronar al joven rey, Murat se encargó de influir en la nobleza para crear el descontento entre la familia real acerca de la ilegitimidad por la abdicación forzosa. El Mariscal, como autoridad máxima de Francia en la Península, no lo reconocía como rey. Sabía que Fernando necesitaba el reconocimiento internacional, al menos el de Francia.
     Aprovechando esa ventaja y con la promesa de que Napoleón se reuniría con él en Madrid, lo fueron alejando de la capital. Primero hasta Burgos, luego Vitoria y finalmente, Bayona (Francia). El rey llegó a la ciudad fronteriza el 20 de abril con la promesa de que el emperador reconocería su legitimidad.
     Murat era una persona con una gran ambición. De origen humilde, gracias a la Revolución Francesa y a su talento para la guerra, ascendió al rango de mariscal en el 1804 con 47 años de edad. Pero Murat no se conformó con un rango militar y se emparentó con el emperador Napoleón casándose con su hermana Carolina Bonaparte cuando ésta tenía 18 años. La aspiración de Murat era llegar a ser rey de España. Lideró la discreta ocupación y posterior represión del 2 de mayo en Madrid.
      Murat era un buen represor, pero no un buen gobernante por lo que Napoleón prefirió poner a su hermano José, más ilustrado, moderado y diplomático que Murat, quien tuvo que conformarse con el reino de Nápoles, un territorio en plena decadencia para la política internacional.
     Con Fernando fuera de Madrid, el 16 de abril Murat dijo a la junta de gobierno provisional que Napoleón solo reconocería a Carlos IV como rey legítimo. El mariscal también exigió a la Junta que debían excarcelar a Godoy para llevárselo a Bayona. De esta manera intentaría convencer e influir a los antiguos monarcas para favorecer la legitimidad de Fernando.
     Con esta estrategia el día 22 de abril los reyes destronados partían del Escorial dirección Bayona donde llegarían el día 30 de abril con la seguridad que les sería devuelta su corona. El siguiente paso era trasladar el resto de la familia real a Francia para convencerles del traspaso de su legítima corona a sus manos. Cosa que logró sin mayores dificultades.
     Murat creía que la población de Madrid era tan impresionable como la mayoría de sus dirigentes y políticos, por lo que hacía alarde de fuerza paseando y desplegando sus tropas por la ciudad. Las cuales eran recibidas con hostilidad por parte de la población.
     El rumor de que los hijos de Carlos IV iban a ser sacados de Madrid hacia Bayona se extendió rápidamente. Rumor que efectivamente era cierto. A primera hora de la mañana, una muchedumbre de gente se aglomeró frente al Palacio Real. Su objetivo era impedir que los soldados franceses pudiesen acceder a Francisco de Paula, el hijo menor de Carlos IV.
     La tensión aumentó hasta que el hijo de Carlos IV salió al balcón para ver el gentío. Entonces, un grupo de ciudadanos atacó a unos soldados franceses creyendo que se dirigían a sacar al infante del palacio por la fuerza. Los franceses usaron artillería para dispersar a la multitud. Eso desencadenó episodios de violencia por toda la Villa. Todo el resentimiento acumulado por la ocupación y los abusos estalló.
     En España, las armas estaban prohibidas desde 1761 bajo el mandato del Rey Carlos III. Eran muy pocos los ciudadanos que disponían de ellas en sus casas. Si las querían, debían asaltar alguna caserna o robarlas de soldados muertos. Recurrieron a lo que tenían en casa, navajas, cuchillos, palos, macetas, etc. A pesar de que Murat ya había desplegado a sus treinta mil hombres por la ciudad, la revuelta duró todo el día. Las tropas napoleónicas no tuvieron escrúpulos o miramientos a la hora de reprimir a la población, se enfrentaron a hombres, mujeres y niños. Los soldados franceses muertos se cuentan por la centena, mientras que los ciudadanos madrileños cerca del medio millar. Existe un debate historiográfico acerca de el número de bajas.
     Después de aplacar a las masas, Murat decidió un castigo ejemplar para que el episodio no se repitiese. Ordenó fusilar a todo aquel participante del episodio y a toda persona arrestada durante el conflicto. La brutalidad de ese castigo, junto a la revuelta del 2 de mayo de Madrid, fueron el punto de inicio de la Guerra de Independencia, que se propagó hasta el último rincón de la Península. Los eventos se precipitaron a tal velocidad que para septiembre de ese mismo año ya se había constituido la Junta Suprema Central en Aranjuez. El conflicto se alargaría hasta el año 1814.
     Esa represión quedó reflejada para la posteridad en la célebre obra de Francisco de Goya que representa los fusilamientos del 3 de Mayo. Cabe destacar que en todo momento muchas de las autoridades tanto militares como administrativas españolas se alinearon con el ocupante francés, seguramente por miedo o por extorsión. 
   Los monumentos y honores al celebre día riegan las calles y plazas de la ciudad. También es el día oficial de la actual Comunidad de Madrid, en la que se realizan actos institucionales en honor a los caídos. Pero no solo en Madrid, en multitud de ciudades de todo el Estado se encuentran hoy en día calles, estaciones, plazas, etc. que recuerdan a las personas de esa jornada y lo que supuso para el futuro del país. Gracias a ese acto, se activó la cadena de eventos que trajeron la posterior redacción de la primera constitución española en 1812 (El Reto Histórico).
        El 2 de mayo de 1808, las tropas francesas deciden sacar a la Familia Real de Madrid, mientras les observa una multitud que protesta ante las puertas de palacio. La muchedumbre es disuelta por un batallón de granaderos, y la noticia origina una violenta reacción del pueblo de Madrid contra los franceses.
     Al día siguiente, 3 de mayo, el comandante del ejército francés y gobernador de Madrid, Joaquín Murat, toma medidas para restablecer el orden, castigando de manera sangrienta el levantamiento popular. En Moncloa son fusilados todos aquellos que han sido apresados con las armas en la mano. Ese mismo 3 de mayo, Andrés Torrejón, alcalde de Móstoles, declara la guerra a los franceses.
     Después de los sucesos acaecidos el día 2 y a lo largo de todo el mes de mayo, se producen levantamientos provinciales que culminan en la formación de varias juntas. También se suceden en muchas ciudades movimientos populares que no cuajan en la formación de una de ellas.
     Mientras tanto, el 6 de mayo, las denominadas abdicaciones de Bayona se suceden ante la presencia de Napoleón Bonaparte. La corona, símbolo de la legitimidad de la monarquía, pasa de las manos de Fernando a las de su padre, Carlos IV, y de las de este a Napoleón, quien a su vez elegirá a su hermano José (Real Academia de la Historia).
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La calle Dos de Mayo, al detalle:
Retablo cerámico Virgen de la Piedad, del Baratillo
Azulejo conmemorativo de Juan Carlos Montes Ruíz
Edificio calle Dos de Mayo, 2 al 6
Edificio calle Dos de Mayo, 8-10
Edificio calle Dos de Mayo, 12
Edificio calle Dos de Mayo, 14
Retablo cerámico Virgen de Guadalupe

lunes, 1 de mayo de 2023

La Ermita de San José Obrero, en Aguadulce (Sevilla)

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Ermita de San José Obrero, en Aguadulce (Sevilla).
     Hoy, 1 de mayo, Festividad de San José Obrero, el carpintero de Nazaret, que con su laboriosidad proveyó la subsistencia de María y de Jesús e inició al Hijo de Dios en los trabajos de los hombres. Por esta razón, en el día de hoy, en que se celebra la fiesta del trabajo en muchas partes del mundo, todos los obreros cristianos honran a san José como modelo y patrono suyo  [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Ermita de San José Obrero, en Aguadulce (Sevilla)
   La ermita de San José Obrero de Aguadulce fue inaugurada en 2005, situada en Corito, donde todos los años por romería (1 de mayo) llevan hasta la ermita a San José todos sus fieles, regresando al pueblo al caer la tarde.
     Los vecinos de Aguadulce dan la bienvenida al mes de mayo con alegría, cante y devoción. El día de San José Obrero se celebra en esta localidad con su tradicional romería. Una fiesta entrañable y de gran reconocimiento social en la que participa todo el pueblo.
     El puente de primero de mayo ha favorecido también la asistencia al evento de comarcanos y visitantes. La romería comienza a las ocho y media de la mañana con el Desayuno Romero. La celebración de la misa en honor a San José Obrero, a las puertas de la iglesia parroquial. Hay concurso de carrozas. Sobre las diez se inicia la marcha hacia el recinto romero de Corito, ubicado a las afueras de Aguadulce, dirección hacia El Rubio.
     Durante el camino se efectúan dos paradas, en las que los miembros de la cofradía concepcionista y obrera, son los encargados de atender a los romeros con el suministro de bebidas. Finalmente el estandarte llega al santo lugar a la una de la tarde y es recibido por numerosos devotos, de los cuales algunos ya se encuentra en el recinto disfrutando de la romería. Una vez en la ermita, el párroco invita a los fieles a rezar el Ángelus (Turismo de la Provincia de Sevilla).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto, Patronazgo e Iconografía de San José;
LEYENDA
   José, esposo de la Virgen y padre nutricio de Jesús, apenas es mencionado en los Evangelios canónicos; y el de san Marcos ni siquiera lo nombra.
   Los Evangelios Apócrifos, especialmente el Protoevangelio de Santiago y la Historia de José el carpintero, escritos coptos del siglo IV, se dedicaron a colmar esta laguna con detalles pintorescos copiados en su mayoría del Antiguo Testamento.
    Relatan que José, descendiente de la estirpe de David, a pesar de sus orígenes reales, ejercía el humilde oficio de carpintero (faber lignarius), que fabricaba yugos, arados y hasta ratoneras. Según otra tradición, menos difundida, que se explica por el significado habitual de la palabra faber (obrero,artesano), habría sido herrero.
    Este pretendido descendiente «proletarizado» de los reyes de Israel habría tenido más de ochenta años cuando se casó con  la Virgen que tenía catorce. El milagro del florecimiento de la vara gracias al cual se impuso a los otros pretendientes más jóvenes, es una copia evidente del relato de la designación de Aarón como sumo sacerdote, que está en el Pentateuco (Números,17).
   Del mismo libro (Números,6:11-29) los Evangelios Apócrifos copiaron la historia de María bebiendo el agua probática en el templo, Juicio de Dios infligido a José y a la Virgen, después del descubrimiento de su embarazo.
   Las revelaciones de las místicas María de Ágreda y Catalina Emmerich, lo asimilan a su homónimo, José de Egipto. Igual que éste, habría sido perseguido por sus hermanos. Demás está decir que estas novelas piadosas sólo tienen un objetivo edificante.
   Los teólogos de la Edad Media han discutido interminablemente acerca de la naturaleza del matrimonio de José: ¿Ha sido el marido, o sólo el protector de la Virgen?¿El vínculo que les unía debe calificarse de copula carnalis o de maritatis societas?¿Puede llamarse esposos a quienes viven juntos sin te­ner relaciones carnales?
   Los doctores de la Iglesia opinan con la afirmativa. Explican que ese matrimonio casto (virginale conjugium) era indispensable para que la Virgen no fuera acusada de haberse dejado seducir, lo cual la habría expuesto a ser lapidada, y sobre todo para dar el pego al demonio, siempre al acecho, y ocultarle el misterio de la Encarnación (Huic Maria desponsatur ne Diabolo prodatur ratio mysterii).
   La virginidad de María no basta a los teólogos de la Edad Media: además, pretenden establecer, por añadidura, la virginidad de José antes y después de su boda. La tradición le atribuía numerosos hijos de su primera mujer, pero a santo Tomás de Aquino le repugna admitirlo. Según éste, debe creerse que así como la madre de Jesús permaneció virgen, lo mismo ocurrió con José. «Credimus quod, sicut Mater Jesu fuit virgo, sic Joseph.» Un hagió­grafo contemporáneo lo califica de padre virgen de Jesús.
   José acompaña al Niño Jesús a Egipto y lo trae de nuevo a Nazaret tras la muerte de Herodes. Después de lo cual desaparece de la escena. Ignoramos la fecha de su muerte, aunque la leyenda lo haya convertido en un pa­triarca centenario, se supone que murió antes de la Pasión de Jesús, puesto que no aparece en las Bodas de Caná, adonde sin duda habría sido invitado en compañía de la Virgen. En cualquier caso, está ausente en la Crucifixión y reemplazado en el Descendimiento de la Cruz y en el Enterramiento,  por otro José, José de Arimatea. .
   Casi no se puede dudar -escribió san Francisco de Sales-que el gran san José falleció antes de la muerte del Salvador quien, de no ser por ello,no hubiese encomendado su madre a san Juan.
CULTO
   No existen reliquias personales de san José, de lo cual se creyó poder concluir, al igual que en el caso de la Virgen, que su cuerpo había sido elevado al Cielo.
   La colegiata de Saint Laurent de Joinville, en Champaña, se jactaba de poseer el verdadero cinturón de san José, que habría sido confeccionado por la  Santísima Virgen y llevado a la cruzada de 1254 por el Señor de Joinville. Nada más singular que la curva o representación gráfica del culto de José, quien después de haber sido escarnecido durante la Edad Media como un personaje menor, e incluso cómico, a partir del siglo XVII se convirtió en uno de los santos más venerados de la Iglesia católica, asociado con la Virgen y con Jesús en una nueva Trinidad que se llama la Trinidad jesuítica (Jesús, María y José) y promovido en 1870 a la jerarquía de patrón de la Iglesia universal. En los anales de la devoción existen pocos ejemplos de un ascenso se­mejante y de un retorno tan completo.
El escarnio de José
   Puede decirse que en la Edad Media san José también ha sido sistemáticamente rebajado al tiempo que se exaltaba a la Virgen. En verdad, se trataba de probar la divinidad de Cristo, nacido de una Virgen y del Espíritu Santo, y de no permitir que se creyera que José pudiera ser su verdadero padre. De ahí la tendencia auspiciada por la Iglesia de reducirlo a la condi­ción de un mero figurante.
   Los autos sacramentales del teatro de los Misterios le asignaban un papel ridículo de anciano pasmado, tenía el empleo del «bufón» de los dramas shakespearianos. En el momento del parto, la Virgen lo envía a buscar una linterna; como si se hubiera resfriado en la gruta, José estornuda y apaga la luz. María le pide que caliente la sopa, pero él vuelca el caldero con torpeza. Como no tenían pañales para arropar al recién nacido, él ofrece unos viejos cal­zones agujereados.
   Su torpeza sólo se iguala con su avaricia de roñoso. Se apresura a meter en el cofre las ofrendas de los Reyes Magos, y cuando se trata de pagar un óbolo para la Presentación de Jesús en el templo, mete la mano en la bolsa re­funfuñando.
   Durante la Huida a Egipto, su comportamiento es aún más indigno. Un ángel le anuncia los malos designios de Herodes y le ordena evacuar hacia Egipto a la Virgen con el Niño. Ejecuta la orden de muy mala gana, des­pués de haber empeñado el velo de la Virgen y su propio turbante para conseguir dinero que le permita comprar vino (o cerveza, según un auto de fe alemán).
   Se queja porque debe cargar el equipaje en solitario, y recomienda a la Virgen María que llene bien su cantimplora, puesto que es viejo y necesita reconfortarse con tragos frecuentes. E incluso invita a la Virgen a beber un trago con él, y ésta le reprocha que haya vaciado la botella que debiera durar al menos tres días más.
   Los versos del poeta Eustache Deschamps muestran hasta qué punto «el bueno de José» era poco respetado a finales de la Edad Media:
   En Égypte s'en est alié,
Tout lassé,et troussé
D'une cotte et d'un baril.
Viel, usé
C'est Joseph le rassoté.
   (A Egipto se fue / Cansado y provisto / De un sayal y un barril. / Viejo, gastado / Está José, el tonto.)
   Auténtica «cabeza de turco», es el blanco de los versificadores del teatro de los Misterios, que lo acribillan con burlas irreverentes, al igual que a otro personaje de los Evangelios, Nicodemo, el «descendedor» de Cristo, cuyo nom­bre abreviado dio el sustantivo nigaud (bobo).
   Aún en la época del concilio de Trento, el teólogo Molano confirma que a José se le endilgó reputación de tonto que apenas podía contar hasta cinco (Qui vix quinque numerare possit).
   En el siglo XVIII, Gentileschi lo muestra durmiendo a pierna suelta, parece oírsele roncar mientras la Virgen amamanta al Niño.
La Glorificación de José
   ¿Cómo semejante personaje de comedia pudo convertirse en uno de los santos favoritos de la devoción popular? El mérito corresponde a las campañas de sus defensores franceses, el más ardiente de los cuales fue el canciller de la universidad de París, Jean Gerson; a las órdenes especialmente dedicadas a la Virgen (carmelitas, servitas) ya los predicadores  populares. Los Martirologios lo llaman gemma mundi, nutritor Domini. El anillo de boda de ónice que habría dado a la Virgen, era venerado en Perusa, en la Capilla del Anillo (Cappella dell' Anello). Su bastón se conservaba en la iglesia de los camaldulenses de Florencia. A principios del siglo XV, el teólogo Juan Gerson compuso en su honor un poema latino de tres mil versos titulado Josephina: en él se solicita al concilio de Constanza la institución de la fiesta de los Desposorios de san José. En el año 1489, Tritemio (Trithemius) compuso un tratado que se titula De Laudibus S. Josephi. Por último, el papa franciscano Sixto IV (1471-1484) introdujo la fiesta de san José en la liturgia de la iglesia romana.
   En el siglo XVI, el dominico Isolano redactó en Pavía, en 1522, un Sumario de los dones de san José, a quien atribuye los siete dones del Espíritu Santo. Fue él quien popularizó el relato apócrifo de la Muerte de José.
   La corporación de los carpinteros de obra y carpinteros, edificó en 1958 la primera iglesia romana que se puso bajo la advocación de san José: San Giuseppe dei Falegnami. En Bolonia se le había dedicado otra, más antigua.
   Su creciente popularidad después del concilio de Trento, sobre todo se debe a santa Teresa, reformadora de la orden carmelita, a los fundadores de la orden jesuítica y de la orden salesiana: san Ignacio de Loyola y san Francisco de Sales.
   Santa Teresa adoptó como patrón al glorioso san José a quien llamaba «El padre de su alma», le atribuía su curación y le dedicó su primer convento de Ávila. La iglesia de los carmelitas de París también fue puesta bajo la ad­vocación de Saint Joseph.
   Los jesuitas le concedieron un sitio en su Trinidad: J. M. J.(Jesús, María, José), popularizada por esta oración:
   O veneranda Trinitas 
   Jesus, Joseph et Maria.
   En el siglo XVII, Francisco de Sales, quien consideraba a José como el mayor de todos los santos, lo convirtió en patrón de las religiosas salesianas (de la orden de la Visitación). Las ursulinas siguieron el ejemplo de las salesianas y de las carmelitas.
   La nueva devoción a san José es una copia de la que se profesaba a la Virgen. Los Siete Dolores y los Siete Gozos de san José están simbolizados por un cordón de siete nudos que los devotos llevaban bajo la ropa.
Patronazgos
   Las únicas corporaciones que lo reivindican son las de los trabajadores de la madera: carpinteros de obra y carpinteros, a las cuales se asocia la de los zapa­dores, porque  colocaban el maderamen de los puentes. En nuestra época se lo convirtió en el patrón de los obreros en general.
   Como en Belén no encontró alojamiento para la Virgen y él, se convirtió además en el patrón de los mal alojados o sin casa, clientela singularmente im­portante en nuestros días de crisis de la vivienda.
   Su fama de virgen le valió el ser invocado por los laicos, y sobre todo por los religiosos, para conservar su castidad. Se recurría a él para reprimir los impulsos de la carne (carnis motus refrenare) o para enfriar los ardores lle­vando el cordón de san José (pro castitate servanda) sobre la piel.
   O sancte Joseph, propera.
   Aestum carnis refrigera.
   Los himnos compuestos en su honor lo glorifican por haber sido: senex expers libidinis, sponsus pudicissimus, e incluso hasta «eunuchus puerperae».
   San Bernardo lo comparaba con su homónimo José de Egipto, tanto por su castidad como por la frecuencia con que Dios lo advertía en sueños.
   Al mismo tiempo, se convirtió en el patrón de la buena muerte. En efecto, se contaba  que Jesús lo había asistido durante su agonía y le había enviado a los arcángeles Miguel y Gabriel para recoger su alma acechada por el demonio. De ahí deriva el hecho de que su intercesión sea invocada por los morbundos, con preferencia a la de los ángeles que tienen la misma función en el Ars bene moriendi.
   El nombre de pila José era practicamente desconocido en la Edad Media. Fue a partir del siglo XVII que se dio a los grandes señores, e incluso a los reyes de Portugal o a los emperadores de la dinastía de los Habsburgo.
   En 1621, el papa Gregorio XV decidió que la Iglesia entera celebrara la fiesta de san José el 19 de marzo.
   En el siglo XIX se consagró oficialmente  su triunfo. En 1847, Pío IX instituyó el culto del Patronazgo de san José. En 1870 el papa elevó el rito de su fiesta (19 de marzo) y lo proclamó patrón de la Iglesia universal. El mes de marzo se convirtió en el mes de san José, para formar pareja con el mes de María.
   El culto del santo se difundió tanto que la Santa Sede se vio obligada a cal­mar el fervor de los devotos. La Congregación de los Ritos condenó el culto al corazón de San José copiado del profesado al Sagrado Corazón de Jesús, en 1873; al igual que la plegaria Ave José, que es un calco del Ave María. 
   A pesar de dichas advertencias y  frenos, la devoción a san José adquirió en Canadá un auge prodigioso. Ya en 1624 los primeros habitantes de Quebec lo habían elegido como patrón. En 1904, F. André construyó cerca de Montreal un modesto oratorio de madera que en 1941 se convirtió en una majestuosa basílica de piedra blanca cuya cúpula rivaliza en amplitud con la de San Pedro de Roma. Es el mayor santuario del mundo dedicado a san José. Montreal se convirtió en un centro de Joselogía.
ICONOGRAFÍA
   La iconografía de san José es paralela a la evolución de su culto; es tardía, y alcanzó su apogeo con posterioridad al concilio de Trento.
   Comporta dos tipos muy diferentes. En el arte de la Edad Media, el esposo virginal de la Virgen (virgineus sponsus Virginis) está representado casi siempre con los rasgos de un anciano de cabeza calva y barba blanca. A partir del siglo XVI, los artistas lo rejuvenecieron y le confirieron el aspecto de un hombre de cuarenta años, con todo el vigor de esa edad. Los teólogos habían tomado la delantera, desde  principios del siglo XV, en el concilio  de Constanza, el canciller de la universidad de París, Juan Gerson, sostenía que san José no tenía ni cincuenta años cuando se casó con la Virgen María.
   Además, mientras el arte medieval casi nunca lo representa aisladamente, sin duda por temor de justificar mediante imágenes la herejía de la concepción natural de Cristo, después de la Contrarreforma se lo honró representándolo por sí mismo, ya como carpintero de obra, ya como padre nutricio de Jesús.
   l. En el primer caso, tiene como atributos los utensilios de su oficio: un hacha, una sierra, una garlopa o una escuadra.
   2. En el segundo caso, se lo reconoce por su vara florecida, que alude a su victoria sobre los otros pretendientes de la Virgen, transformada en tallo de lirio, símbolo de su matrimonio virginal. Tiene un cirio o una linterna durante la noche de la Natividad. Lleva al Niño Jesús en los brazos o le conduce de la mano como el arcángel Rafael acompañando al joven Tobías. Excepcionalmente, está caracterizado como Judío por el cuchillo de circuncisión y el sombrero puntiagudo de la judería.
   A veces forma pareja con su homónimo, José de Arimatea. Los dos José del Nuevo Testamento forman de esa manera una pareja hagiográfica análoga a la de los dos santos Juanes.
   Gracias a la propaganda de su defensora, santa Teresa, se hizo singularmente popular en el arte español. Es, junto a la Virgen de la Inmaculada Concepción, el tema preferido de Murillo (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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El banco de la provincia de Murcia, en la Plaza de España

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el banco de la provincia de Murcia, en la Plaza de España, de Sevilla.
   Hoy, 1 de mayo es el aniversario (1 de mayo de 1243), de la entrada del infante Don Alfonso en Murcia, de forma pacífica, portando la imagen de la Virgen de la Arrixaca, así que hoy sea el mejor día para Explicarte el banco de la provincia de Murcia en la Plaza de España, de Sevilla.
     La Plaza de España [nº 62 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; nº 31 en el plano oficial de la Junta de Andalucía; nº 1 en el plano oficial del Parque de María Luisa; y nº 11 al 21 en el plano oficial de la Exposición Iberoamericana de 1929], se encuentra en el Parque de María Luisa [nº 64 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla];  en el Barrio de El Prado-Parque de María Luisa, del Distrito Sur.
     La plaza de España consta de cuatro tramos de catorce arcos cada uno, en cuya parte inferior se sitúan bancos de cerámica dedicados a cada provincia española. Flanquean el conjunto dos torres, denominadas Norte y Sur, intercalándose tres pabellones intermedios, que corresponden a la Puerta de Aragón, la Puerta de Castilla y la Puerta de Navarra. El central o Puerta de Castilla es de mayor envergadura y alberga la Capitanía General Militar.
      La estructura de cada banco provincial consiste en un panel frontal representando un acontecimiento histórico representativo de la provincia en cuestión, incluyendo por lo general escenas con los monumentos más representativos de la ciudad o provincia. Flanquean el conjunto anaqueles de cerámica vidriada, destinados originalmente a contener publicaciones y folletos de la provincia en cuestión. Rematando el banco aparece un medallón cerámico en relieve con su escudo. En el suelo se reproduce en azulejos el plano de la provincia y sus localidades más destacadas. Entre los arcos figuran los bustos en relieve de los personajes más importantes de la historia de España. La ejecución de la mayoría de los mismos corrió a cargo del escultor ceramista Pedro Navia Campos.
      La Exposición Iberoamericana tuvo sus motivaciones políticas y propagandísticas, y éstas influyeron en algunos detalles. Respecto a las escenas históricas representadas en los bancos de las provincias, algunos de ellos fueron retirados precipitadamente en los meses previos a su inauguración por sus incorrecciones históricas o su inconveniencia política, ya que se consideró que no sintonizaban con la idea de unidad y paz que pretendía proyectar el recinto monumental.
      En el banco de la provincia de Murcia, situado entre los de las provincias de Málaga y Pamplona (Navarra), y entre la puerta de Castilla (Capitanía General) y la puerta de Navarra de la Plaza de España, la escena histórica representada en su panel central es una copia de la Cantiga de D. Alfonso X el Sabio a la antigua Patrona de Murcia Ntra. Sra. de la Arrixaca. A izquierda y derecha del panel central, se representan las partituras de la Cantiga 169, dedicada a la Virgen de la Arrixaca, que canta y glorifica los milagros de la patrona del antiguo reino de Murcia. 
     La Imagen fue portada por los conquistadores, que a las órdenes del entonces infante Don Alfonso, que entraron en Murcia el primero de mayo de 1243, siendo realizado en la fábrica Vda. e Hijos de Ramos Rejano. Pintó Manuel Baena. Restaurado in situ por la Escuela Taller de la Plaza de España, en la última fase de los trabajos finalizada en 2010, y en los extremos unos anaqueles, también cerámicos, donde se colocaron originalmente folletos de cada localidad. Los originales fueron modelados en la fábrica de Pedro Navia. En la zona inferior encontramos otro panel cerámico con el mapa de la provincia y tres bancos en forma de "U" decorados con dibujos geométricos basados en las formas góticas por cenefas con los nombres de las siguientes poblaciones: Alhama, Bullas, Caravaca, Cartagena, Cieza, Lorca, Mula, Totana, y Yecla. Sobre el balcón, encontramos una balaustrada centrada por el escudo, en forma de tondo, de la provincia, decorado con una especie de corona de laurel. En el arco que está sobre él, aparecen en sus enjutas los relieves con los bustos de Francisco de Quevedo y Villegas (1580–1645), polígrafo y literato, y Pedro Calderón de la Barca y Henao, (1600–1681), dramaturgo, poeta, director de escena, soldado y sacerdote, como personajes relevantes de nuestra historia (www.retabloceramico.org).
     Conozcamos mejor el hecho histórico que aparece en el panel principal del banco de la provincia de Murcia: La Entrada pacífica del Infante Don Alfonso en la ciudad de Murcia el 1 de mayo de 1243, portando la imagen de la Virgen de la Arrixaca
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     La victoria cristiana en la batalla de las Navas de Tolosa (1212) provocó la caída del poder almohade, la fragmentación de Al-Ándalus en los terceros reinos de Taifas y la consolidación de la frontera del Guadiana con el Islam. Las Coronas de Castilla y León y Aragón protagonizaron el gran avance de la Reconquista en la Península Ibérica durante el siglo XIII.
     La reunificación de los reinos de Castilla y León (1230) con Fernando III 'El Santo' supuso un impulso para la Reconquista. El rey Fernando III trasladó la frontera hasta el Guadalquivir mediante la ocupación de Córdoba (1236), Jaén (1246) y Sevilla (1248). El sultán de Arjona, Muhammad Ibn Nasr, lideró la resistencia musulmana contra Castilla en Al-Ándalus. Ibn Nasr 'El Rojo' o Alhamar fundó el reino de Granada en 1238 e instauró la dinastía nazarí en el trono de la Alhambra. El reino de Granada comprendía los territorios de Almería, Granada y Málaga.
     En la Corona de Aragón, Jaime I lideró la expansión de la Reconquista en el Levante. Los mercaderes catalanes impulsaron la Reconquista de las islas Baleares, debido a los ataques de la piratería musulmana contra el comercio a través del Mediterráneo. Los nobles catalanes reconquistaron las Islas entre 1229 y 1235 con la toma de Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera. Por su parte, los nobles aragoneses llevaron a cabo la Reconquista del reino de Valencia: Morella, Peñíscola, Castellón (1234), Valencia (1238) y Alzira.
     El reino de Murcia era un territorio anhelado por las Coronas de Castilla y Aragón. El Tratado de Cazorla (1179) delimitaba las áreas de expansión de la Reconquista e incluía al reino de Murcia como territorio reservado para Castilla. El reino de Murcia vivió una etapa de esplendor en el reinado de Ibn Hud (1228-37) durante las terceras Taifas. Ibn Hud lideró el levantamiento contra los almohades y consiguió la hegemonía en Al-Ándalus con la conquista de Almería, Granada, Málaga y Córdoba.
     El avance de la Reconquista y el acoso de los reinos islámicos vecinos propiciaron el declive del reino murciano. El Rey musulmán de Valencia aprovechó la debilidad de la taifa de Murcia para la anexión de Caravaca en 1232. El jefe del ejército islámico pidió al sacerdote Ginés Pérez Chirinos una demostración de una misa cristiana. El cura caravaqueño buscó sin éxito un crucifijo para oficiar la liturgia y, en ese momento, una pareja de ángeles dejó una cruz milagrosa en el altar. El milagro de la Vera Cruz provocó la conversión de los musulmanes al cristianismo.
     Tras la muerte de Ibn Hud, sus descendientes optaron por la capitulación con Castilla ante el acoso militar del reino musulmán de Granada. El Pacto de Alcaraz (1243) suponía para los musulmanes la entrega del reino de Murcia a la Corona de Castilla, "con la ciudad de Murcia e todos sus castillos, que son desde Alicante fasta Lorca e fasta Chinchilla", y el pago de impuestos a cambio de la conservación de autonomía en el poder político, de los cargos públicos, de los bienes y propiedades, de la religión islámica y de sus costumbres y tradiciones.
     Las tropas del infante don Alfonso reconquistaron el reino de Murcia con la única resistencia de las ciudades de Cartagena, Lorca y Mula. La Reconquista castellana de Murcia supuso el final de la dominación islámica tras cinco siglos, la restauración de la diócesis de Cartagena, el establecimiento de la Virgen de la Arrixaca como patrona del reino de Murcia y la construcción de la Catedral de Santa María en la ciudad costera. La culminación de la Reconquista en los reinos de Murcia y Valencia planteó el problema de la delimitación de la frontera entre Castilla y Aragón en el Levante. El Tratado de Almizra (1244), firmado entre el infante don Alfonso y Jaime I 'el Conquistador', fijaba la frontera en una línea comprendida por las poblaciones de Biar, Sax, Villena y Villajoyosa. Alfonso X estaba casado con Violante de Aragón, hija de Jaime I 'El Conquistador'. Al final de su reinado, Alfonso X concedió al reino de Murcia cinco coronas para su escudo y la ofrenda de su corazón en muestra de su profundo agradecimiento por la fidelidad y la lealtad demostrada por sus súbditos murcianos (Antonio Gómez-Guillamón Buendía, en Región de Murcia).
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