Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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jueves, 8 de julio de 2021

Un paseo por la calle Acebuchal

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Acebuchal, de Sevilla, dando un paseo por ella.
   La calle Acebuchal es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio del Parque Alcosa-Jardines del Edén, del Distrito Este, y va de la calle Chaparro, a la avenida Turia.
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
   La vía, en este caso una calle, está dedicada al Acebuchal, campo de Acebuches.
   Rotulada con el nombre del campo de acebuches, para una de las calles del Parque Alcosa. Es una vía peatonal, pavimentada con losetas, y arbolada mediante naranjos y algunas acacias. En su tramo más cercano a la avenida Turia posee un parque infantil. Los edificios, sólo en su acera derecha, son de bloques de cinco alturas, con los bajos ocupados por locales comerciales. 
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Acebuchal, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

miércoles, 7 de julio de 2021

La localidad de Castilleja del Campo, en la provincia de Sevilla

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la localidad de Castilleja del Campo, en la provincia de Sevilla.
Datos del Municipio
     Situación: Situada en el Aljarafe sevillano, justo en el límite de la provincia de Sevilla con Huelva.
     Coordenadas GPS: x = -6.334366874 - y = 37.3859566
     Extensión: 16 km2
     Distancia a Sevilla: 33
     Altitud: 121 m
    Entorno: El término se encuadra en la unidad fisiográfica del Aljarafe, tomando contacto con la Campiña del Campo de Tejada, unidad a la que pertenece la mitad Norte del término.
Datos del Ayuntamiento
     Dirección: Antonio Machado, 1, CP. 41810
     Teléfono: 954 75 55 31
     Fax: 954 75 56 23
Información turística
     Durante la visita es importante detenerse en Iglesia de San Miguel Arcángel, la Cruz del Plato y la Hacienda del Marquesado de Castilleja, además del museo de Aperos de Labranza.
     Durante los meses de octubre y noviembre se celebra el Otoño Cultural. En él se engloban la 'Semana de la Música', 'Semana del Niño/a' y la ya consolidada 'Muestra de Teatro Aficionado'.
     Como nota curiosa: en sus inmediaciones se puede observar una de las grandes figuras del típico toro de Osborne, declarado Patrimonio Histórico Cultural.
     No te puedes perder...   un paseo por sus tranquilas calles (Diputación Provincial de Sevilla).
   Localidad enclavada entre cerros, en cuyo término se han localizado numerosos yacimientos romanos. Muy próximos al núcleo urbano han aparecido tumbas, mosaicos decorados con temas geométricos y abundantes muestras de «terra sigillata» pertenecientes a las épocas de los emperadores Claudio y Adriano (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
Castilleja del Campo, pintoresco rincón del Aljarafe
   Castilleja del Campo dista unos 36 km de Sevilla capital. Está situada en la comarca del Aljarafe, al oeste del río Guadiamar. Se encuentra justo en el límite de la provincia sevillana con la de Huelva.
   El término se encuadra en la unidad fisiográfica del Aljarafe, tomando contacto con la campiña del Campo de Tejada, unidad a la que pertenece la mitad norte del término.
   Castilleja del Campo, pertenece a la Comarca del Aljarafe, con una extensión de 16'30 km², a una altitud de 119 m. sobre el nivel del mar, y con 625 habitantes.
   Al oeste del Guadiamar, la pequeña Castilleja del Campo atrae por sus paisajes, la hospitalidad de su gente y el encantador casco histórico de casas blancas andaluzas. Este pequeño rincón es el municipio con menos habitantes del Aljarafe y mantiene una esencia tradicional.
   La villa es de origen romano según muestran los numerosos hallazgos cerámicos y las tumbas encontradas en el lugar, así como tégulas, ladrillos y restos de construcciones y pavimentos. Se han encontrado mosaicos con temas geométricos policromados, pequeñas esculturas de bronce y abundantes muestras de terra sigilata.
   En la época árabe hubo varias alquerías y fue un punto de defensa frente a las incursiones cristianas y el reyezuelo de Huelva. En el siglo XIII perteneció a la comarca histórica del Campo de Tejada. Entonces alcanzó una gran importancia y le disputó la primacía de la comarca a Sanlúcar la Mayor, hoy 21 veces más poblada que Castilleja.
   Cualquier momento del año es perfecto para visitar este rincón del Aljarafe, pero en los meses de octubre y noviembre se puede disfrutar de su Otoño Cultural. Un ciclo de eventos en el que cada semana la música y el teatro son los protagonistas.
   Castilleja del Campo es también una localidad de tradición repostera. La calidad de sus dulces tiene fama en la comarca. Son muy especiales los roscos de petaca. Otro producto típico es el queso, elaborado de manera artesanal por una empresa local desde hace más de cuarenta años. Lo mejor de su cocina son los potajes, la caldereta de cordero y el tostón con sardinas.
   Visita Carrión y descubre lo que ofrece este pintoresco rincón del Aljarafe.
   Si vas en coche, la ruta más rápida es la de la autovía A-49. Luego toma la salida 23 e incorpórate a la A-8064 hasta que llegues a tu destino.
   No cuenta con estación de tren, pero puedes coger el autobús en la estación de Plaza de Armas. Es la línea M-165.
   Castilleja del Campo es ideal para pasear por sus calles y plazas. También puedes llevar tu bicicleta y descubrir su entorno natural.
   Entra en la iglesia de San Miguel Arcángel y contempla la Virgen de los Dolores del escultor Antonio Castillo Lastrucci. Dicen que el artista se enamoró de una joven del pueblo y plasmó su rostro en esa imagen.
   Aprende cómo se trabajaba antiguamente en el campo visitando el Museo de aperos de Labranza.
   Si te gusta la música y el teatro, ven en octubre y noviembre a disfrutar del Otoño Cultural.
   Descubre la Hacienda del Marquesado de Castilleja y entérate de las leyendas que cuentan sobre este lugar.
   Degusta el dulce tradicional de esta localidad, el rosco de petaca. Tiene fama en toda la comarca del Aljarafe.
   Vive las fiestas patronales en la primera semana de agosto. Duran una semana, en la que el pueblo se adorna con flores de papel, se lanza el tradicional toro de fuego y se celebra la romería.
   Para comenzar tu visita, dirígete a la calle Miguel Hernández en la que se ubica la iglesia de San Miguel Arcángel. Este templo de origen barroco fue reconstruido tras el terremoto de Lisboa. Lo preside el patrón del pueblo, San Miguel Arcángel, y en una de sus capillas verás a la patrona, la Virgen del Buen Suceso. Entre sus obras destacan también el Crucificado de pasta de junto, en el Sagrario, y la Virgen de los Dolores de Antonio Castillo Lastrucci. Dice la leyenda popular que este escultor se inspiró en una joven del pueblo para hacer esta imagen, porque se había enamorado de ella.
   La siguiente parada es en el Museo de aperos de Labranza. Está situado a pocos metros de la iglesia, en la calle Constitución. Aquí verás las herramientas utilizadas antiguamente en el trabajo agrícola. Después recorre las hermosas calles de la localidad, en las que te encontrarás con el monumento de la Cruz del Plato. Es un símbolo para sus vecinos, pues durante años sirvió para festejar las Cruces de Mayo, una tradición perdida actualmente.
   Para terminar, visita la Hacienda del Marquesado de Castilleja, un edifico señorial del siglo XIX que aún conserva en buen estado la fachada y el patio interior. En este lugar aprenderás mucho sobre la historia de esta localidad (Turismo de la Provincia de Sevilla).
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La localidad de Castilleja del Campo, al detalle:
- La Cruz del Plato
- Iglesia parroquial de San Miguel Arcángel

La pintura "Beato Benedicto XI, papa", de Vicente Alanís, en la nave central de la Iglesia de San Jacinto

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Beato Benedicto XI, papa", de Vicente Alanís, en la nave central de la Iglesia de San Jacinto, de Sevilla.   
      Hoy, 7 de julio, en Perugia, en la región de Umbría, en la Italia actual, Tránsito del papa Beato Benedicto XI, de la Orden de Predicadores, que, benigno y bondadoso, conciliador y amante de la paz, promovió durante su breve pontificado la concordia en la Iglesia, la renovación de la disciplina y el enaltecimiento de la devoción religiosa (1304) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
   Y que mejor día que hoy para ExplicArte la pintura "Beato Benedicto XI, papa", de Vicente Alanís, en la nave central de la Iglesia de San Jacinto, de Sevilla.
   La Iglesia de San Jacinto [nº 89 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 27 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Pagés del Corro, 88; en el Barrio de Triana Este, del Distrito Triana.
   En la Iglesia parroquial de San Jacinto, podemos contemplar de entre las pinturas que decoran sus muros el óleo sobre lienzo dedicado al papa Beato Benedicto XI, obra de Vicente Alanís en el último cuarto del siglo XVIII.
   Estos tienen algunas diferencias con las pinturas al temple de las pechinas. Las figuras de mayor tamaño, con el fondo de las respectivas historias de los santos, ofrecen una cierta sofisticación, muy diferente del carácter amable y de mayor abigarramiento que ofrecían las pinturas de Alanís en San Nicolás y en la capilla sacramental de Santa Catalina, realizadas una quincena de años atrás. Parece que sustituye los detalles menores y las anécdotas por rasgos más definitorios que puedan servir más directamente al potencial devocional de las pinturas. Si no fuera por los abombamientos y el lamentable estado de conservación en que se encuentran, podrían considerarse algunos de los mejores ejemplos de la producción de este artista y un buen síntoma de paulatino cambio de estilo en su pintura, desde la versión rococó de las de los años sesenta a estas más sosegadas del incipiente academicismo.
   Este dominico tuvo una carrera meteórica: después de ingresar a los catorce años en la orden, el feliz desenlace de una complicada misión en Flandes le valió el aprecio del papa Bonifacio VIII, que lo nombró cardenal en 1298. Poco después, y tras su obispado en Ostia, se convirtió en papa por un periodo de ocho meses. La tradición habla de envenenamiento a la hora de su muerte y el sumo pontífice Benedicto XIV le añadió el título de mártir al de beato que se le había concedido en 1736. La leyenda que muestra esta pintura es la referida a la visita que le hizo su madre, pobre y desvalida, a quien se le vistió ricamente para la audiencia con su hijo, hecho por el que al papa le fue imposible reconocerla. Para ayudar a la comprensión del cuadro, Vicente Alanís le añade a San Benito XI una inscripción que dice No conosco, mientras mira con actitud hostil a la mujer que aparece arrodillada a sus pies, a lo que responde un cardenal que permanece detrás de ella: Madre de Vuestra Beatitud. Alanís vuelve a demostrar aquí que es amante de la representación de los detalles. Por una parte los corporales: los ricos ropajes que cubren el cuerpo ajado y frágil de la madre –con la inclusión de un rico collar de perlas en varias vueltas sobre su cuello–, la expresión de los rostros del papa y de su progenitora –que exageran las emociones de su semblante hasta las arrugas–, los escorzos del ángel que sobrevuela con la tiara y la cruz pontifical en las manos y los implorantes de los mendigos que se encuentran a los pies del papa. Por otra, los que posibilitan la creación del ámbito espacial: el ajedrezado del suelo y la arquitectura clásica con columnas que se alza detrás de los personajes. Por último está el detalle de tipo simbólico que suele dar entidad religiosa a las representaciones de Alanís: la inclusión de la Virgen en una iconografía no muy usual, acompañada por la Paloma del Espíritu Santo y portante de una vara de mando en cuyo extremo puede advertirse el triángulo con el ojo de Dios inscrito en su interior. Interesante pintura, pero quizá poco prodigada a causa de la altura a la que se encuentra en el crucero del templo y de lo concreto de la iconografía del santo representado (Álvaro Cabezas García, Las pinturas de Vicente Alanís en la iglesia conventual de San Jacinto de Sevilla, 2010).
Conozcamos mejor la Biografía de Vicente Alanís, autor de la obra reseñada;
   Vicente de Alanís (Sevilla, c. 1730 – c. 1806). Pintor.
   Nació en Sevilla hacia 1730. Epígono de la escuela barroca sevillana, manifiesta una producción de irregular calidad y afectada por la cambiante realidad artística, que evoluciona entre un rococó que no encuentra un cauce de expresión adecuado y un clasicismo que no llega, en definitiva, sufre las consecuencias de la transitoriedad de esta etapa histórica. Evoca en su pintura las formas popularizadas por Domingo Martínez en el segundo tercio del siglo, que a su vez deriva del murillismo. Por último, en lo profesional refleja el debate que se plantea en la sociedad sevillana en el declinar del mundo gremial y la emergencia del espíritu académico. No se ha identificado a su maestro, que podría ser Pedro Tortolero, con quien colaboró en varios de sus conjuntos murales, siendo el continuador de la obra iniciada por él en la sacramental de Santa Catalina. También auxilió a Juan de Espinal en el gran mural del Palacio Arzobispal de Sevilla, en 1781. Por su estilo maduro se advierte la influencia de la pintura francesa, que afectó a los principales artistas sevillanos durante el Lustro Real (entre 1729 y 1733). Algo ampuloso de formas y afectado de expresiones, con amplios paisajes que compone con forzadas perspectivas, en las que se aprecia la influencia de Martínez y quizás Espinal. Forma y color vienen a mostrar su identificación con el arte rococó, que se resiste a abandonar, aun cuando trabajó por la renovación de la escuela en el camino academicista. 
    Aun cuando su primer contacto con la pintura se produce en el seno de un taller tradicional, quizás el de Domingo Martínez, acabaría evolucionando al contacto con el medio académico. Se matriculó en 1770 en la Escuela de Tres Nobles Artes, donde llegó a ser diputado en 1787. Testimonio de esta etapa es el cuadro que pintó para presentar a la institución en 1778, que representa a Hernán Cortés destruyendo sus naves.
   En la corriente rococó se insertan sus primeras pinturas, las que decoran la iglesia de San Nicolás de Bari, datadas entre 1760 y 1762 por Ceán Bermúdez.
   Conjuga en este ámbito, como será tradicional en los conjuntos decorativos de la época, lienzos con murales.
    Manifiesta en esta obra su afición por las construcciones arquitectónicas en perspectiva, que articulan espacios complejos organizados en varios planos, y la representación de numerosas figuras, en elaboradas composiciones y por lo general muy detallistas y minuciosas. En torno a 1767 continúa en parecidas condiciones con el revestimiento pictórico de la capilla sacramental de Santa Catalina, siendo de destacar el medio punto de la Apoteosis de la Inmaculada.
   En 1778 toma parte en un concurso promovido por la Escuela sevillana, debiendo describir el siguiente hecho histórico: “Hernán Cortés con sus principales caudillos en la marina de Vera Cruz, viendo ejecutar la orden de echar a pique las naos que habían conducido al ejército a la conquista del reino de Méjico”.
   Idea que materializó, como era habitual en su pintura, con sumo detalle, en un lienzo que conserva el Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla.
   También intervino en las pinturas que decoraban el arco levantado en 1796 para celebrar la entrada triunfal de Carlos IV en Sevilla.
   Completan el catálogo de la obra segura de Alanís dos obras que evocan el arte de Murillo, al tiempo que evidencian la rebaja cualitativa, una versión del Nacimiento de la Virgen y otra del Regreso del hijo pródigo, ambas propiedad del Museo de Bellas Artes, aunque depositadas en otras instituciones. Menos seguras son otras atribuciones, como las relativas a las pinturas que decoran la cúpula y la nave de la iglesia de San Jacinto (hacia 1774), los murales de la capilla del Dulce Nombre, o las que desaparecieron con la iglesia de San Felipe Neri y que, al decir de González de León, decoraban la cúpula, con una representación apoteósica del santo titular (hacia 1788) (Fernando Quiles García, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Beato Benedicto XI, papa", de Vicente Alanís, en la nave central de la Iglesia de San Jacinto, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Iglesia de San Jacinto, en ExplicArte Sevilla.

martes, 6 de julio de 2021

La localidad de Castilleja de la Cuesta, en la provincia de Sevilla

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la localidad de Castilleja de la Cuesta, en la provincia de Sevilla.
Datos del Municipio
     Situación: Situada en un lugar privilegiado, al final de la llamada 'Cuesta del Caracol', abriendo paso hacia la hermosa zona del Aljarafe. En el margen derecho del río Guadalquivir y al oeste de Sevilla capital.
     Coordenadas GPS: x = -6.052082776 - y = 37.38718098
     Extensión: 2 km2
     Distancia a Sevilla: 6,5
     Altitud: 96 m
   Entorno: Al extremo oriental de la comarca del Aljarafe, asomado sobre la vega del Guadalquivir.
Datos del Ayuntamiento
     Dirección: Convento, 8, CP. 41950
     Teléfono: 954 16 45 44
     Fax: 954 16 16 09
Oficinas de Turismo
     Oficina de Turismo Comarcal del Aljarafe: de lunes a viernes de 8.00 a 14.00h. y de 17.00 a 20.00h.
     Dirección: C/Enmedio, s/n Complej. Casa de la Cultura, CP. 41950
     Teléfono: 954 16 48 16
Información turística
     Es tradicionalmente famosa la elaboración de las tortas, así como la importancia histórica de la fabricación de alfombras del taller 'Baldomero Negrón', que aún permanece abierto en nuestros días. En ellos se elaboraron algunas piezas para El Palacio Real de Madrid y la Granja de Segovia, y se vistieron las dependencias del Hotel Alfonso XIII de Sevilla.
     Merece la pena detenerse en la Parroquia de Ntra. Sra. de la Concepción y la Iglesia de Santiago el Mayor (S. XIV), Casa de Salinas y las haciendas San Ignacio y Santa Bárbara.
     Hay que resaltar el que puede ser el edificio religioso más antiguo de Castilleja, la Ermita de Nuestra Señora de Guía.
     No te puedes perder...   sus tortas de aceite (Diputación Provincial de Sevilla).
   La población se desarrolla a ambos márgenes de la antigua carretera que enlazaba Sevilla con Huelva, si bien el núcleo primitivo se localizaba en el lado derecho de la mencionada vía. Dentro del recinto urbano existen dos iglesias parroquiales, alguna casa señorial y varias haciendas, y en las inmediacio­nes del pueblo una ermita, que es la edificación más antigua de la localidad (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
Castilleja de la Cuesta, una puerta al Aljarafe
   Castilleja de la Cuesta dista 6 km de Sevilla capital. Se ubica en el lado oeste del Guadalquivir, dentro de la comarca del Aljarafe. El pueblo se instaló al final de la llamada Cuesta del Caracol y es uno de los considerados como la Puerta del Aljarafe. Este municipio lo componen el núcleo tradicional de la población, con el centro comercial Ikea-Aire Sur, junto a la antigua carretera de Huelva, y el barrio de Nueva Sevilla, al otro lado de la autovía de Huelva.
   Castilleja de la Cuesta, pertenece a la Comarca del Aljarafe, con una extensión de 2'20 km², a una altitud de 96 m. sobre el nivel del mar, y con 17.350 habitantes.
   La villa está enclavada en lo que fue territorio de Tartessos, a poca distancia el tesoro del Carambolo.
   Algunos historiadores relacionan el origen de esta localidad con la ciudad tartessia de Ucia. La colonización romana de estas tierras se concreta en el campamento fortificado de Castra, nombre que los visigodos conservan y que los árabes convierten en la alquería de Castalla Tala-sana.
   Es conquistada por Fernando III el Santo en 1248, manteniendo su carácter agrícola. En la segunda mitad del siglo XIII este territorio es donado a la Orden Militar de Santiago, que se encarga de repoblarlo. Tras la guerra fraticida entre Pedro I el Cruel y Enrique de Trastámara, el último, proclamado nuevo monarca castellano, entrega las tierras a su aliado Guzmán familia a la que permanece Castilleja hasta el siglo XIX.
   Ya en el siglo XX, la elaboración de caldos y productos conserveros se verían sustituidos por la elaboración de las tortas que tanto prestigio dieron y siguen dando a la villa de Castilleja de la Cuesta.
   La repostería, con las tradicionales tortas de aceite, y la industria de alfombras, con el señero taller Baldomero Negrón, dan fama a Castilleja de la Cuesta, elegida por el conquistador de México, el gran Hernán Cortés, para pasar sus últimos años de vida.
   Cortés dejó como legado algunos enseres y el palacio donde residió, hoy convertido en el colegio de Las Irlandesas. El corazón del pueblo esconde rincones inolvidables, edificios renacentistas y emblemáticas haciendas. Los restos de un castillo medieval se encuentran en la céntrica Plaza de Santiago, donde se origina la historia de Castilleja de la Cuesta.
   Esta localidad ha crecido en la última década a un ritmo vertiginoso por su cercanía con Sevilla convirtiéndose en ciudad dormitorio por las buenas comunicaciones y servicios que ofrece.
   Castilleja da la oportunidad de saborear las tortas de aceite que le dan tanta fama mientras se disfruta de la belleza de sus calles. De sus platos típicos, el menudo con garbanzos es la estrella del lugar y la caldereta la preparan de una forma exquisita.
   Descubre y saborea el pueblo aljarafeño en el que residió Hernán Cortés. Saborea su repostería y aprovecha para conocer su taller de alfombras, del que han salido piezas hoy expuestas en el Palacio Real de Madrid y la Granja de Segovia.
   Para acceder a Castilleja de la Cuesta por carretera tienes acceso directo desde la Autovía A-49 (Sevilla-Huelva). 
    La única forma de llegar a Castilleja de la Cuesta desde Sevilla, si no vienes en coche, es en autobús, desde la estación de Plaza de Armas. Desde esta salen continuamente autobuses dirección al Aljarafe con parada en Castilleja de la Cuesta.
   Si decides viajar en tren, tienes que bajarte en la estación de Santa Justa de la capital y a la salida ir a la parada de autobuses de línea. Allí, coge el número 21, que te llevará hasta la estación de Plaza de Armas.
   Pasea, descubre y disfruta de esta bella localidad del Aljarafe. Además cuenta con diferentes paradas de autobuses metropolitanos que te permiten viajar a otras localidades cercanas y así completar tu visita turística. También dispones de servicio de taxi.
   En mayo se viste de colorido con el tradicional paso de carretas y peregrinos que van a la Romería del Rocío. La Hermandad de Triana lleva más de cien años transitando las calles de Castilleja de la Cuesta.
   Apúntate a una visita por el obrador Upita de los Reyes para probar la famosa torta de aceite.
   Si te gusta la artesanía, en Alfombras Baldomero verás el trabajo manual de esta tradición. Una fábrica abierta desde 1925.
   Descubre sus encantos paseando por las calles: los restos del castillo árabe, las antiguas haciendas, la Casa Salinas y el Museo de Hernán Cortés.
   En Navidad son famosas las Jornaditas en la iglesia de Santiago, en las que cada día se representan con imágenes el camino de María y José hacia Belén, culminando con el nacimiento de Jesús.
   Escucha los cánticos de pastores del Coro de Campanilleros de la Soledad en alguna de las fiestas religiosas del pueblo. Se fundó en 1755 y es muy querido por sus vecinos.
   Vive en Semana Santa un Domingo de Resurrección diferente, celebrando la tradicional Vuelta. En ella, la Hermandad de la Plaza de Santiago porta su Simpecado en carreta, mientras que la Hermandad de la calle Real lo hace a caballo.
   La Plaza de Santiago es el punto de partida para tu ruta por Castilleja de la Cuesta. En ella verás algunos restos de lo que fue el castillo árabe, además de la iglesia de Santiago, el patrón de la villa. Desde allí, la calle Convento te dirige al ayuntamiento y a la antigua Casa Cuartel. Esta última albergó el conocido convento de los Franciscanos, de ahí el nombre de la calle.
   Continúa tu paseo hasta la plaza de Encarnación Cansino para encontrarte con una de las haciendas características de este pueblo, la Hacienda Santa Bárbara. En ella se producía aceite. Ahora alberga dependencias municipales y se puede visitar. Al igual que la Hacienda Sagrada Familia, actual Casa de la Cultura, ubicada en la calle Enmedio. Ambas demuestran la riqueza histórica de Castilleja de la Cuesta.
   La calle Real es la más popular para los castillejanos. Aquí se encuentran dos monumentos muy importantes. Primero la iglesia de la Concepción, anteriormente una mezquita; y después la Casa Museo de Hernán Cortés, conquistador de México. El extremeño residió en Castilleja de la Cuesta hasta el final de sus días. Para visitar este palacete debes pedir permiso a las monjas irlandesas que regentan el sitio, convertido en un colegio.
   Descansa de este interesante recorrido histórico en alguna cafetería, mientras disfrutas de la rica torta de aceite de Castilleja (Turismo de la Provincia de Sevilla).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la localidad de Castilleja de la Cuesta, en la provincia de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia sevillana.

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La localidad de Castilleja de la Cuesta, al detalle:
Doña Elvira
Fábrica de Tortas Inés Rosales
Edificio plaza de Santiago, 11
Valdovina

La Sala de las Bóvedas, en el Palacio Gótico, del Real Alcázar

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Sala de las Bóvedas, en el Palacio Gótico, del Real Alcázar, de Sevilla.
     El Real Alcázar [nº 2 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 2 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la plaza del Triunfo, 5 (la salida se efectúa por la plaza Patio de Banderas, 10); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.
     En el Real Alcázar, en el Palacio Gótico, se encuentra la Sala de las Bóvedas [nº 33 en el plano oficial del Real Alcázar]
    Lo que hoy conocemos como Salones de Carlos V, corresponde al emplazamiento del Palacio Gótico, reconstruido en tiempos de Don Alfonso X el Sabio a mediados del siglo XIII y por tanto más antiguo que el Palacio Mudéjar. Se componía por cuatro salas, dos paralelas al patio y a los actuales jardines y otras perpendiculares, ubicadas en los extremos de las anteriores, siendo una de éstas la actual capilla. Se cubrían con bóvedas de nervaduras apeadas en pilares y exteriormente con un aterrazado que constituía la Plaza de Armas. Por el exterior presenta recios contrafuertes tratados como torres almenadas y los cuatro ángulos los ocupan cuatro torres mayores que en su interior ocultan escaleras de caracol que justifican el nombre de "Cuarto del Caracol " que recibió en la Edad Media.
   Durante el siglo XVI se llamaron Salas de la Bóvedas o de las Fiestas porque en ellas posiblemente se celebraron los banquetes con ocasión de las bodas imperiales. En este perío­do sufren una intensa remodelación que dulcifica su austeridad medieval, revistiéndola de elementos que proclaman la modernidad renacentista de estas intervenciones. Así sus muros se forran de altos zócalos de bellísimos azulejos ejecutados por Cristóbal de Augusta entre 1577 y 1583, donde se rinde un homenaje al Emperador y a la Emperatriz, se sustituyen pilares por ménsulas manieristas trazadas por Asensio de Maeda (1577-1578), se pintan las bóvedas de sus dos salas centrales y se realizan bellas rejas para sus ventanas, que ahora se ensanchan para dar mayor luminosidad.
   En el siglo XVIII después del terremoto 1755, el Palacio se resintió grandemente, de manera que se reconstruyó de nueva planta su primera sala que era conocida corno "Sala Grande" y que es la que da al Patio.
   En los últimos años se ha restaurado intensamente, realizándose nuevamente las yeserías de sus bóvedas, enmarques de puertas, solerías y zócalos de mármol. En esta pieza es donde pueden admirarse los bellísimos y monumentales tapices de la Conquista de Túnez por Carlos V, pintados por Juan de Vermayen y tejidos por Guillermo Pannemaker (1535-1554) (Ana Marín Fidalgo, El Alcázar de Sevilla. Ed. Guadalquivir, 1992). 
   Este recinto, que también suele conocerse como Salones de Carlos V, corresponde al edificio levantado por Alfonso X en la segunda mitad del siglo XIII y en el que se efectuaron diversas modificaciones en los siglos XVI y XVIII. Originalmente estaba constituido por cuatro salones, dos paralelos en sentido transversal, desiguales en anchura y precedidos de un pórtico, y otros tantos de menores proporciones y dispuestos longitudinalmente a los extremos de aquéllos. Todos se cubrían con bóvedas nervadas, apoyadas en pilares adosados, que se eliminaron a fines del siglo XVI para que sus muros recibieran la nueva ornamentación de azulejos. De estas salas, las centrales y mayores debieron tener uso civil, mientras que la colateral derecha se destinó a capilla, tal vez la que el monarca dedicó en 1271 a San Clemente. Las fachadas de este palacio eran enormemente sobrias, recuerdo de obras civiles y religiosas musulmanas, presentando contrafuertes almenados y torres angulares recorridas por escaleras de caracol, que dieron el nombre, "Cuarto del Caracol", al palacio. Algunos investigadores han visto en su organización ciertas relaciones con edificios góticos franceses. Entre sus muros surgiría una de las obras cumbres de aquel círculo erudito que fue la corte de Alfonso X, Las Cantigas. Profusamente ilustrada para su mejor comprensión, en ellas trabajaron diferentes miniaturistas, ocupándose unos en la factura de orlas y arquitectura, mientras otros se concentraban en las figuras animadas. Esta división del trabajo explica la gran producción de códices ricamente ilustrados salidos del scriptorium real establecido en el palacio sevillano. Entre ellos cabe citar la Crónica Real y el Libro de/ Ajedrez, Dados y Tablas.
   Durante el reinado de Felipe II, el Palacio Gótico fue profundamente remodelado. Además de resanar su cubiertas aterrazadas se eliminaron los pilares que apeaban sus bóvedas, se le dio una mayor comunicación con los jardines abiertos tras él y se revistieron sus muros por altos zócalos de azulejos. Fue Asensio de Maeda, arquitecto de la catedral sevillana, quien diseñó las ménsulas que servirían para soportar las nervaduras de las bóvedas y Cristóbal de Augusta, el ceramista autor de los espléndidos paneles de azulejería. 
   La sala paralela, que durante el siglo XVI se llamó de las Bóvedas o de las Fiestas y que fue escenario de los festejos por el matrimonio de Carlos V e Isabel de Portugal, aún conserva sus bóvedas nervadas originales, pero no los soportes, pues se transformaron en ménsulas en 1577, al incorporarse los zócalos de azulejos de superficie plana. Autor de este extraordinario conjunto de cerámica vidriada polícroma fue Cristóbal de Augusta, quien contrató su realización dos años antes de la fecha citada. 
   Los zócalos están organizados a modo de tapices, presentando un friso inferior, un tablero central enmarcado por pilastras y dos frisos superiores. Unos encintados monocromos, además de verduguillos, refuerzan la compartimentación. La cenefa más baja, con animales enfrentados, se repite en todo el salón. Igual sucede con el primero de los frisos superiores que ofrece mascarones, serpientes, aves y figuras infantiles con un jarrón. El que remata el conjunto ofrece escudos con las armas de los reinos hispanos y las columnas de Hércules con la leyenda "Plus Ultra", que sostienen las virtudes de la fortaleza, justicia, templanza y prudencia, alusivas a las que practicó Carlos V. Los paneles centrales son variados y van desde los compuestos por motivos exclusivamente vegetales a los que ofrecen temas animalísticos, representaciones de la fuente de la vida y cueros recortados con bustos de Carlos V e Isabel de Portugal. Muy atractivas resultan las figuras de Hermes que sirven de separación a los tableros centrales, algunos identificados como Proteo, Mitra, Pensamiento e Imaginación, en donde aparece la firma AVGVSTA, correspondiente al ceramista, y la fechas 1577 y 1578. Dichas figuras de Hermes pertenecen al repertorio del manierismo. Los azulejos ofrecen fondo amarillo en contraste con los distintos tonos de azul empleados para dibujar y modelar los motivos, para los que también se han utilizado el verde, el blanco y el ocre (Juan Carlos Hernández Núñez, Alfredo J. Morales. El Real Alcázar de Sevilla. Scala Publishers. Londres, 1999).
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lunes, 5 de julio de 2021

La antigua Casa Consistorial / Torre del Reloj, en Almadén de la Plata (Sevilla)

   Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la antigua Casa Consistorial / Torre del Reloj, en Almadén de la Plata (Sevilla).
   Hoy, 5 de julio, es el aniversario de la Ley de 5 de julio de 1856, en la que se establecía la elección de los alcaldes a través de los mismos habitantes del pueblo, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la antigua Casa Consistorial / Torre del Reloj, en Almadén de la Plata (Sevilla).
   En el Paseo del Reloj sobresale la Antigua Casa Consistorial. Un edificio con planta de nave única que originariamente, en el S. XV, se levantó para ser un hospital, conocido con el nombre de “Hospital de los Ángeles”, y que pasó a convertirse en Ermita en el S. XVII. 
   En 1905 se le añade la torre de estilo neo-mudéjar con un total de 27 metros de altura, coronada por un reloj de gran precisión en dos de sus lados y una campana, de ahí su nombre Torre del Reloj, símbolo singular de Almadén de la Plata. Actualmente alberga dependencias municipales, entre las que se encuentra el Salón de Plenos y sede de Asuntos Sociales.
   El edificio ha sido declarado Bien de Interés Cultural por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía el 26 de noviembre de 2007 (Ayuntamiento de Almadén de la Plata).
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Un paseo por la plaza Nueva

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la plaza Nueva, de Sevilla, dando un paseo por ella.
   Hoy, 5 de julio, es el aniversario de la Ley de 5 de julio de 1856, en la que se establecía la elección de los alcaldes a través de los mismos habitantes del pueblo, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la Plaza Nueva, de Sevilla, puesto que en ella se ubica el Ayuntamiento de la capital andaluza.
   La plaza Nueva es, en el Callejero Sevillano, una plaza que se encuentra en los Barrios de la Alfalfa, y del Arenal, del Distrito Casco Antiguoentre las calles Granada, Tetuán, Jaén, Méndez Núñez, Bilbao, Madrid, Badajoz, Barcelona, y Joaquín Guichot, 
   La plaza responde a un tipo de espacio urbano más abierto, menos lineal, excepción hecha de jardines y parques. La tipología de las plazas, sólo las del casco histórico, es mucho más rica que la de los espacios lineales; baste indicar que su morfología se encuentra fuertemente condicionada, bien por su génesis, bien por su funcionalidad, cuando no por ambas simultáneamente. Con todo, hay elocuentes ejemplos que ponen de manifiesto que, a veces, la consideración de calle o plaza no es sino un convencionalismo, o una intuición popular, relacionada con las funciones de centralidad y relación que ese espacio posee para el vecindario, que dignifica así una calle elevándola a la categoría de la plaza, siendo considerada genéricamente el ensanche del viario, y está dedicada a lo reciente de su construcción, en el momento en el que se rotuló, de ahí el calificativo de Nueva.
   Lo que en un principio fue un calificativo que aludía a su reciente formación, se transformaría en el nombre propio y oficial de esta plaza, pues, aunque ha tenido diversas denominaciones, ha acabado por consolidarse y oficializarse la expresión popular. En 1857 se la rotula Infanta Isabel, por la primogénita de los duques de Montpensier; en 1868, con el triunfo de la revolución, se le bautiza Libertad; en 1873, se le da el de República y, transitoriamente, el de Repú­blica Federal, al advenimiento de ésta; en 1875 se le cambia por el de San Fernando, y en 1931 recibió el de plaza Nueva; no obstante, se siguió usando aquél en las décadas posteriores.
   Se abre sobre el solar del convento de San Francisco, fundado en el s. XIII, y uno de los más importantes de la ciudad por sus dimensiones, obras de arte y vínculos con instituciones y estamentos. En 1810 sufrió un incendio del que no se recuperó. Por esos años ya se proyecta la apertura de una plaza, pero no se hará efectiva. En la década de 1840 la iniciativa privada retoma la idea con una intención especulativa; sin embargo, la demora en la tramitación le lleva a renunciar, y a comienzos de la década de 1850 la asume el municipio, siguiendo los planos de Ángel de Ayala, modificados posteriormente por Balbino Marrón. La estructura básica con que fue concebida la conserva: un rectángulo en dirección este-oeste, con un espacio central como paseo, bordeado por calzadas para la circulación de vehí­culos, con sus correspondientes aceras. Ha perdido, sin embargo, la uniformidad de las fachadas, que fue otra de sus características iniciales.
   El espacio central fue concebido como salón, y ya en los primeros años se plantaron naranjos y palmeras, y se le dotó de tres hileras de bancos de mármol con respaldos de hierro en todo el contorno, y en el centro un quiosco para la música. El crecimiento del tráfico rodado llevó, ya en el presente siglo, a su remodelación. En 1920 se reduce el espacio central, para dar mayor anchura a la calzada perimetral, y se suprime la hilera exterior de bancos. En 1924 se instalan artísticas farolas de hierro, y en la década de 1930 se produce otra remodelación: un nuevo estrechamiento del espacio central, que ahora se rodea de parterres y se cierra con una balaustrada de mármol, la cual desaparecerá años más tarde. Se pavimenta de losas de mármol y recuadros de chino lavado, con diversos motivos figurativos. En las últimas décadas se han reducido las aceras que bordean el espacio central a fin de disponer andenes para autobuses. Las obras de apertura de una boca de metro en los últimos años de la década de 1970, han hecho que la mitad del mismo haya sido desmontado y rodeado de una tapia ya levantada con ocasión de estas obras, apareció en el subsuelo un lecho arenoso y los restos de un barco de época medieval,  confirmando la existencia de un antiguo brazo del Guadalquivir en esta zona.
   La calzada perimetral o arrecife, inicialmente empedrada, fue adoquinada en la década de 1880; dicho sistema experimentó reformas en distintas ocasiones, siendo sustituidas las grandes piezas originarias por otras más pequeñas; en 1961 se pavimentó con la capa asfáltica actual. Las aceras pri­mitivas eran de baldosas, que fueron sustituidas por una capa de cemento en la primera década del presente siglo, y posteriormente por las actuales losetas; están dotadas de alcorques con naranjos. Pronto se instaló la luz de gas; en distintas fechas se adquirieron farolas artísticas para colocarlas ante el Ayuntamiento y para completar el mobilia­rio del "salón"; allí se efectúan, en fechas señaladas, las primeras iluminaciones eléc­tricas en la década de los 60, pero el alum­brado público con electricidad no llegaría hasta el cambio de siglo. En la década de 1960 se instaló el nuevo sistema fluorescente con farolas de báculo, que fue sustituido en la siguiente por las actuales fernandinas.
   Poco después de su formación existió una propuesta para levantar en su centro un monumento a Murillo; más tarde se propuso otro en honor de Isabel II, coincidiendo con la inauguración oficial de la plaza (1862), pero la reina desistió para que se erigiese en honor de San Fernando, patrón de la ciudad. La idea fue aceptada, en 1877 se colocó la primera piedra, pero el monumento no se realizó hasta 1924, según proyecto de Juan Talavera; Joaquín Bilbao es el autor de la figura ecuestre, y las esculturas del pedestal son de Sánchez Cid, Pérez Comendador, López Rodríguez, y Lafita Díaz
   En la segunda mitad del pasado siglo se completó la dotación de la plaza con urina­rios y quioscos destinados a diversos usos. Mientras aquéllos desaparecieron con el tiempo, éstos han persistido, aunque evolucionando formalmente. Hoy existen dos de la empresa de transportes urbanos, otro tantos de periódicos, uno de flores y otro de chucherías, más varias cabinas telefónicas. Completan este equipamiento las marquesinas de las paradas de autobuses.
   Una de las características iniciales de la plaza fue un caserío uniforme con edificios de tres plantas, fachadas de piedra y remata­dos por azoteas, que no siempre contó con el beneplácito general, levantándose voces denunciando su monotonía y poca calidad artística. Dicha uniformidad se conservó hasta 1917, en que se plantea la ruptura de la misma. No obstante, en la década de los 60 aún se conservaba la mayor parte de la edificación primitiva, que hoy casi ha desaparecido. Sólo se conserva la fachada de las casas entre la calle Barcelona y la Telefónica, que también fueron las últimas en levantarse. La uniformidad primitiva ha sido sustituida por la diversidad de estilos y alturas, que llegan a las siete plantas, aunque predominan las de cinco. Destacan el edificio regionalista neobarroco de Telefónica, de Juan Talavera (1925); el también regionalista, esquina a Badajoz, de Vicente Traver (1917), y la fachada neoclásica del Ayuntamiento, diseñada por Balbino Marrón (1858). Inmediata al edificio de Telefónica se encuentra la pequeña capilla barroca, de una nave, de San Onofre, único resto del antiguo convento franciscano, que quedó integrada en el caserío, sin ningún signo externo de su función. 
    Desde sus orígenes, la nueva plaza aparece como una "plaza mayor", sobre todo por el valor de centralidad que pronto ad­quiere, especialmente en sus funciones de sociabilidad. Síntoma de esta realidad es el intento de sustituir a la plaza de San Francisco en la "carrera oficial" de las cofradías, que se hizo en 1874, pero que no prosperó. En ella tienen lugar numerosos actos patrióticos o políticos: proclamaciones de cam­bios de régimen, celebración de las fiestas regias, con exposición del retrato del monarca. Esta ceremonia anual fue descrita por Hans Christian Andersen, en los siguientes términos: "...el balcón del Ayuntamiento fue colgado con coloristas reposteros galonados de oro, encima del mismo se dispuso un retrato de la reina con un marco dorado. Dos soldados -gente real que vive- rindieron honores, bajo órdenes de permanecer firmes, inmóviles como soldados de madera, durante más de una hora... El sol daba directamente sobre el rostro de los dos hombres desdichados, quienes no se atrevieron a mo­ver un músculo ni apenas pestañear. Esta era una ceremonia tradicional y en lo que a este tipo de cosas concierne España está aún viviendo en el pasado". (A visit to Spain, 1862).
   También los acontecimientos políticos repercutieron en ella; quizás el más importante, el que fuese escenario de uno de los escasos enfrentamientos armados que tuvieron lugar el 18 de julio de 1936, incluso con emplazamiento de piezas artilleras. Pero sobre todo, concentraciones patrióticas y militares, en especial con ocasión de cambios de régimen, o como las celebradas durante la guerra civil de 1936 a 1939. En fin, punto de confluencia de manifestaciones reivindicativas o de solidaridad, etc.; entre las más recientes y multitudinarias, la que el 4 de diciembre de 1978 reclamó un referéndum sobre el nivel de autonomía de Andalucía. Pero, sobre todo, fue un centro de reunión y paseo de la sociedad sevillana. La plaza Nueva suplantará a los otros que existían hasta ese momento, en especial al del Duque. Desde los primeros momentos se instalaron sillas, que se alquilaban a los que iban a ella a descansar y pasar el rato; ya en l 855, El Porvenir alude a la concentración de personas en las noches veraniegas que acuden al paseo, amenizado por bandas de música; y la Guía de Sevilla, de 1866, señala que la clase más elegante asiste en esas noches al paseo, en el que actúan bandas de la guarnición. La temporada veraniega se abría el día del Corpus. A partir de dicha fecha, los días de fiesta y otros acudían dichas bandas, más tarde la de la "sopa", llamada así por estar integrada por niños del Hospicio, la municipal, y otras orquestas, para amenizar el citado paseo. Al mismo tiempo, a todo lo largo de la segunda mitad de la centuria decimonónica proliferan las más diversas actuaciones de saltimbanquis, funambulistas, circos, ejercicios gimnásticos y otras diversiones, y cuando el cine haga su aparición, también tendrán lugar pases al aire libre. 
   Todo ello contribuía a la existencia de quioscos de bebidas y aguaduchos, al pulular de aguadores, heladeros y de vendedores de otros comestibles; "por una perra gorda los puestos de agua ofrecían horchatas de almendras, refrescos de corteza de sidra y de zarzaparrilla y agua con panales de todos los colores; y el carrillo de las gaseosas brindaba frescas y estomacales naranjadas y de limón por una perrilla y hasta por una diminuta moneda de dos céntimos se podían gustar los barquillos de canela, los almen­drados y corrucos, los cangrejos y camarones y pepitas tostadas de calabazas" (A. Palacios Miniño, Estampas de mi tierra. Sevilla y provincia en sus manos). Aunque acudían de todas las clases sociales, no se mezclaban. Como señala Muñoz San Román, las familias acomodadas se concentraban en el lado norte, y en el opuesto las demás; aquéllas "formando corros, juntándose según su mayor amistad y conocimiento. Y eran de ver las niñas puestas de sombrerillos con adornos de uvas y flores; las señoras dándoles que las dan a los pericones y los muchachos con sus sombreros de paja y sus chalecos blancos de piqué y solapas cruzadas, discurriendo, éstos últimos, por la vera del mejor sector y entablando batallas con los ojos hasta llegar al asalto de los corazones. Porque muchachos y muchachas tomaban el fresco a distancia segura, como correspondía al más extremado deco­ro." ("El veraneo en la plaza Nueva", ABC, 7-VIII-1942). En ambos lados se formaban estos corros o "peñas" de contertulios. El cuadro se completaba con los niños jugando entre dichos corros, con las consiguientes molestias, que denuncia la prensa. Juan Sierra recuerda la plaza de su infancia: "Nuestros juegos en aquella hora tan honda del verano, cuando se encendían los prime­ros faroles, y los cascos de los caballos de los landós eran como teclas de oro en la perla calurosa del anochecer" (Sevilla en su cielo).
   La animación se incrementaba en diversos momentos, coincidiendo con fiestas, como la del Corpus, solemnizada con iluminación especial y con fuegos de artificio; en otros casos, con motivo de la proclamación de la República o la de la Monarquía, u otros acontecimientos. El Ayuntamiento promovió una velada en la festividad de San Fernando en 1878, que no volvió a celebrarse. El Carnaval será la fiesta popular más ligada a la plaza, como refleja la prensa de estas décadas. El Ayuntamiento la engalana­ba para los tres días del Carnaval y el Domingo de Piñata; en ella se concentraban las máscaras y las sociedades que desfilaban en las cabalgatas o en el entierro de la sardina. Además, tenían lugar conciertos y otras diversiones. Así se mantuvo hasta 1891, en que, con motivo de la decadencia de la fiesta, el Ayuntamiento dejó de exornarla, según la Guía de Gómez Zarzuela. La animación y esa función de paseo debió ir perdiéndose con el cambio de siglo, pues en un escrito dirigido al Ayuntamiento por varios sevillanos (1914), se la describe como lugar triste y abandonado. Muñoz San Román hacía la misma apreciación en 1942, atribuyéndolo a la proliferación de la práctica del veraneo y a la costumbre de pasear en coche por la Palmera. Sin embargo, José Andrés Vázquez ofrece una imagen distinta para la siguiente década, aunque ya ha he­cho su aparición uno de los peligros que amenazan a dicha función: "Ahora no faltan ruidos, no. El centro de la plaza -el salón propiamente dicho- es acogedor y apacible; pero los arrecifes circundantes mantienen una circulación intensa que, en realidad, debiera ser menos ruidosa y menos maloliente a gasolina y grasa quemadas. Un sofocante estacionamiento -líbrenos Dios de emplear la palabrota de 'aparcamiento', pues nos lo impide nuestra buena crianza- achica el espacio y hasta lo inficciona. Así y todo, con la seguridad de que no hay peligro algu­no, la ilustre plaza acoge tertulias de hombres mayores; de señoras de toda edad que, al terminar sus cotidianos quehaceres, salen a respirar cerca de casa; niñeras al cuidado de la grey infantil, mientras los soldados francos de servicio las galantean como es de su tradicional incumbencia; niños que allí hacen sus deberes escolares o juntan sellos o estampitas; y niñas que abrieron escuela de baile 'por sevillanas' o se reunieron en rueda para cantar, como flores animadas que hubiesen salido de los arriates". ("Horas en la plaza Nueva", ABC, VIII-1954). En estos tiempos es más frecuentado por jubilados, aparte de que la reducción del espacio por las obras del metro ha restado capacidad y estética a la misma, y la intensificación del tráfico ha restado tranquilidad. También se han celebrado diversas ferias del libro, y mercados de temas navideños, y en las últimas décadas se viene instalando un "nacimiento"; a ella, en fin, han acudido los sevillanos a festejar el cambio de año.
   Toda esta actividad y el papel desempeñado por la plaza, contribuyó a la aparición en su entorno de fondas y hoteles. Algunos serán de los más importantes de la ciudad, a los que acudía la élite de los visitantes, como los príncipes de Gales y Rotschild, en el caso del Cuatro Naciones (1876), la Fonda de Londres, en la que se aloja H. Ch. Andersen, o el Inglaterra. A mediados de la presente centuria había cuatro, entre ellos el Cecil-Oriente y el Inglaterra, que ha cumplido los cien años y es el único superviviente. También se instalaron círculos, como el Casino Liberal (1897), el Sevillano (1899), el Círculo de Recreo (1862) y el Nuevo Círculo (1865). Un importante punto de reunión du­rante décadas fue el Café la Perla, en la es­quina con Tetuán.
   En la actualidad, las funciones que pre­ dominan siguen estando relacionadas con el sector servicios, pero con un importante cambio cualitativo: casi absoluto dominio de las oficinas públicas (Consejería de Gobernación, Telefónica, Ayuntamiento) y privadas, algún banco, y sólo en el frente norte existen comercios, en su mayoría de lujo. 
   Se ha consolidado como parada terminal de numerosas líneas de autobuses, que ocupan casi todo el perímetro de la plaza, a lo que hay que añadir una parada de taxis. Por otro lado, el ser lugar de paso hacia el norte por el centro de la ciudad, y la existencia en ella y en su entorno de numerosos edificios públicos, contribuye a que se encuentre con frecuencia colapsada de tráfico. De todas formas este movimiento de personas y vehí­culos, en el que el Ayuntamiento tiene una especial importancia, por el volumen de personas que a él acuden, decrece considerablemente por la tarde, al estar cerradas las oficinas, al tiempo que su fachada se convierte, como hace décadas, en punto de cita de la juventud, para iniciar el paseo a la caída de la tarde. Son numerosos los autores que citan esta plaza en sus escritos, entre otros M. Chaves Rey, M. Chaves Nogales, J. Sierra; o sitúan aquí escenas de sus obras, como Pérez Lugin, Blasco lbáñez, A. Palacios Valdés, A. Grosso, A. Burgos. También ha sido objeto de ensayos o artículos (S. Montoto, J. A. Vázquez, M. Sánchez del Arco) [Antonio Collantes de Terán Sánchez, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993]. 
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La plaza Nueva, al detalle:
Edificio de Telefónica, de Juan de Talavera y Heredia
Casa Longoria, de Vicente Traver
Monumento a San Fernando