jueves, 25 de julio de 2019

La Iglesia de Santiago

   Déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Iglesia de Santiago de Sevilla.   
La Igl. de Santiago.
    Hoy, 25 de julio, Solemnidad del apóstol Santiago, hijo del Zebedeo y hermano de San Juan Evangelista, que con Pedro y Juan fue testigo de la transfiguración y de la agonía del Señor. Decapitado poco antes de la fiesta de Pascua por Herodes Agripa, fue el primero de los apóstoles que recibió la corona del martirio (s. I) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
HISTORIA Y LEYENDA
   Hijo del pescador galileo Zebedeo, era el hermano primogénito de san Juan Evangelista y no de Santiago el Menor, a quien se suele tomar por su hermano pequeño. Junto con Juan fue llamado por Cristo para convertirse, jun­to a Pedro y Andrés, en uno de los apóstoles. El epíteto el Mayor significa que fue uno de los primeros llamados. Junto a san Pedro y san Juan asistió a la Transfiguración, o Agonía de Cristo en el Monte de los Olivos. No se sabe nada de su actividad apostólica después de la Ascensión. Se suponía que había predicado la fe en Siria y en Judea, y que cuando regresó a Jerusalén, en el año 44, habría sido decapitado por orden de Herodes Agripa. De esa manera, uno de los primeros apóstoles convocados por Jesús habría sido el primer llamado por Dios.
   El principal milagro que se le atribuía era la conversión del mago Hermógenes, evidentemente copiado de la historia de Simón el Mago, derrotado por el apóstol Pedro.
   Hermógenes envió a su discípulo Fileto para que empleara sus sortilegios contra Santiago. Pero éste, al ver que Santiago curaba a los enfermos e incluso resucitaba a los muertos, se convirtió, y de vuelta junto a Hermógenes, intentó convertir a éste. El mago, enfurecido, lo dejó paralítico, y Fileto pudo recuperar el uso de sus miembros gracias al apóstol, quien le prestó su manto milagroso.
   Entonces Hermógenes pidió a los demonios que le entregaran a Santiago y a su neófito encadenados. Pero Santiago ordenó a su vez a los demonios que hicieran a su enemigo el daño que éste quisiera infligirles. Los a gentes de Satanás, subyugados por una fuerza superior, encadenaron a Hermógenes y lo entregaron atado de pies y manos.
   Entonces el mago reconoció su error, y prosternándose a los pies del apóstol Santiago, quien le hizo desatar, solicitó el bautismo y arrojó los libros de magia al mar.
   De acuerdo con la tradición española, que contradice a la leyenda palestina, el apóstol Santiago habría viajado a España para predicar el Evangelio, desembarcó en Cartagena, y luego, en Zaragoza, se le habría aparecido la Virgen en lo alto de una columna de jaspe (Virgen del Pilar), rodeada por un coro de ángeles. Tal sería el origen de la célebre basílica de peregrinación de Nuestra Señora del Pilar, en Zaragoza. En Lérida debió detenerse durante la noche a causa de una espina en el pie. Habría conseguido quitarse dicha espina gracias a los ángeles descendidos del cielo. Más tarde, el cuerpo del apóstol, después de su martirio, habría navegado hasta Galicia en una barca conducida por un ángel.
   Esta leyenda tardía se explica por el ardiente deseo que animó a todos los países de la cristiandad de vincular la fundación de sus iglesias locales con uno de los discípulos de Cristo. Roma vindicaba a san Pedro, Grecia y Rusia a su hermano san Andrés. La España cristiana quiso atribuirse al apóstol Santiago, orgullosa de asegurarse de esa manera el patronazgo de un discípulo directo de Cristo, mientras que Francia debía contentarse con san Dionisio, confundido con san Dionisio Areopagita, e Inglaterra con san Jorge.
   En realidad, el apóstol Santiago nunca estuvo en España y sus reliquias jamás fueron trasladadas a Galicia. Esta leyenda nació de la cruzada contra los moros (Reconquista) y de la peregrinación a Santiago de Compostela.
   Dicha peregrinación, organizada por los monjes de Cluny para socorrer a los cristianos de España en su cruzada contra los moros, se remonta al siglo X. Por tanto, fue en esa época cuando se forjó la leyenda española del apóstol Santiago. Se pretendió antidatarla. Un documento apócrifo, presentado como un texto del siglo VII, afirma que el apóstol Santiago había llegado a España para evangelizarla. Hacia 830 circuló un rumor acerca del descubrimiento de la tumba del apóstol en Galicia, y para exaltar el valor de los cruzados, se contó que en 834, en la batalla de Clavijo, el apóstol Santiago montado en un caballo blanco, había derrotado a los infieles blandiendo su estandarte. Por último, en 860, el Martirologio de Adón certificó que la tumba del santo, que acogió sus huesos enviados desde Jerusalén, se en­cuentra en Galicia.
   Gracias a las investigaciones fundamentales realizadas por Monseñor Duchesne y a excavaciones arqueológicas  recientes (1955), que permitieron a René Louis precisar las indicaciones suministradas por los textos his­tóricos o legendarios, en la actualidad estamos en condiciones de seguir casi paso a paso la génesis de un culto tardío y forjado íntegramente entre los siglos IX y XI.
   Es necesario distinguir entre dos leyendas, que aparecieron sucesivamente: la del apostolado de Santiago en España y la de su Sepultura en Galicia. En vano se buscaría un texto que mencionara el apostolado de Santiago en la penínsulai bérica con anterioridad al siglo VII. Los poetas latinos Prudencio y Fortunato, Isidoro de Sevilla y san Martín de Braga (Galicia), no lo mencionan. La leyenda tiene su fuente fuera de España, en el Breviarum Apostolorum. En España apareció a finales del siglo VIII, en el Comentario del Apocalipsis, del Beato de Liébana.
   En cuanto a la leyenda de la sepultura de Santiago en Galicia, la primera mención apareció en 806, en el Martirologio de Florus de Lyon. La iglesia de peregrinación construida bajo los pretendidos huesos del Apóstol ya existía en 874, puesto que ese año el rey Alfonso III de León,y su esposa Jimena ofrendaron una magnífica cruz de oro. A partir de ese momento los pere­grinos afluyeron hacia la  tumba del apóstol, convertido en el patrón de la España cristiana en guerra contra los moros.
   Textos apócrifos y tradiciones orales al margen de toda prueba contribuyeron, como es natural, a enriquecer y embellecer la leyenda forjada por los clérigos. Era necesario explicar la traslación de las reliquias del apóstol desde Palestina hasta Galicia, y su invención en un sarcófago de mármol (arca marmorica) descubierto en medio de un antiguo cementerio romano. Fue del nombre de dicho cementerio, Compostum ubi ossa componuntur que en el siglo XI se creó el nombre Compostela, que la etimología popular, a base de juegos de palabras, convirtió en Campus stellae (Campo de la Estrella).
   Algunas de estas leyendas de peregrinación o de cruzada deben recordarse aquí, porque han inspirado gran número de obras de arte.
   La primera es la traslación del cuerpo del apóstol desde Joppe (Jafa, Palestina) hasta Santiago de Compostela, en Galicia.
   Conducido por un ángel, el cuerpo santo, transportado sobre un navío, o bien en un sarcófago de mármol flotante, cruzó las Columnas de Hércules o Estrecho de Gibraltar, y recaló en las costas gallegas. La reina Lupa (o Luparia) ordenó uncir al sarcófago toros salvajes, para que se rompiese contra las ro­cas, pero los toros, al punto domesticados con una señal de la cruz, se volvieron mansos como corderos, y arrastraron las reliquias hasta el patio del palacio de la reina, quien se convirtió y transformó su castillo en monaste­rio: ese edificio sería la cuna de la célebre peregrinación de Santiago de Compostela.
   Santiago era el patrón de los peregrinos y de los caballeros: se necesitaban le­yendas especiales para uso de una y otra categoría de devotos.
   Los peregrinos no se cansaban de oír el Milagro de la horca o del Ahorcado desahorcado. A decir verdad, dicho milagro, como el del mago Hermógenes, es un plagio. Pertenece a la leyenda de otro santo Domingo, Domingo de la Calzada, quien había merecido el reconocimiento de los peregrinos com­postelanos porque mejoró el «Camino de Santiago».
   Dos esposos devotos se dirigían en peregrinación a Santiago de Compostela desde Toulouse. Una tarde se alojaron en una posada donde la hija del posadero se enamoró del jovencito. Rechazada por este nuevo José, la mujer, para vengarse, discurrió introducir secretamente en el zurrón de peregrino del joven desdeñoso una copa de plata, para luego acusarle de robo. El juez, convocado de inmediato, comprobó el flagrante delito y condenó a la hor­ca al presunto ladrón.
   Sus padres, consternados, siguieron la ruta hasta Santiago de Compostela, y en su aflicción, rogaron con ardor al apóstol Santiago que demostrase la inocencia de su hijo. En el camino de regreso, cuando pasaron por el sitio donde el joven fuera ahorcado, lo encontraron colgado, pero milagrosamente vivo: él les contó que lo habían sostenido la Santísima Virgen y el apóstol Santiago, quienes le salvaron la vida.
   Los padres fueron a buscar al juez, a quien encontraron sentado a la mesa, cortando un gallo y una gallina asados. Le dijeron que el hijo de ambos, suspendido en la horca desde hacía varias semanas, aún estaba vivo. El juez se negó a creer y respondió con una burla: «Vuestro hijo está tan vivo como el gallo y la gallina que están sobre la mesa». Las aves aludidas echaron a cantar al punto.
   Estupefacto, el juez aceptó entonces seguir a los padres del salvado hasta el cadalso. Luego liberó al inocente, e hizo colgar en su lugar al posadero y a su hija. El gallo y la gallina resucitados se enjaularon y condujeron a la igle­sia donde se los cuidó con mimo hasta que murieron de viejos.
    Al mismo tiempo que la leyenda de la peregrinación se difundió la de la cruzada, que popularizó la orden de Los Caballeros de Santiago. En vísperas de una batalla contra los musulmanes que se libró en Clavijo, en 930, el rey Ramiro I de Asturias, como lo hiciera antes el emperador Constantino, vio aparecer en sueños al santo patrón de España, quien montado en un caballo blanco derrotó a los moros y los puso en fuga. Asistido por el santo Matamoros, Ramiro consiguió la victoria. Fue a partir de entonces que ¡Santiago! se convirtió en el grito de guerra de los ejércitos españoles.
CULTO
   Así, aunque no contase con prueba histórica alguna, Santiago el Mayor se convirtió en el santo nacional de España (lux et decus Hispaniae), y enseguida pasó a la categoría de los santos universales que en la Edad Media ve­neraba toda la cristiandad. En España se le dedicaron centenares de iglesias de las cuales, sólo en la diócesis de Compostela hay cincuenta y cinco.
   Su popularidad se funda en la peregrinación a Santiago de Compostela, que seguía en dignidad a la de Jerusalén y a la de Roma, y que rivalizaba con éxito con San Martín de Tours y con San Nicolás de Bari, y atraía multitu­des comparables a las de Lourdes en la actualidad.
   Todos los caminos conducían a Santiago. Como los Reyes Magos, a quienes guiara la estrella, los peregrinos sólo debían seguir la dirección de la Vía Láctea que señalaba la ruta de Compostela (Campus Stellae: el Campo de la Estrella). La geografía hagiográfica y monumental se abocó a precisar los itinerarios y las principales etapas de los peregrinos. Los franceses pasaban por Tours, Limoges, Conques, Blaye, o salían de Notre Dame du Puy para reunirse en el puerto de Roncesvalles. Los alemanes se daban cita en la abadía de Einsiedeln, en Suiza, y seguían la ruta por Ginebra, Lyon y Saint Gilles. Ya pacíficas, ya guerreras, estas cruzadas internacionales  tuvieron enorme influencia en la literatura de la Edad Media.
   En cada etapa los viajeros encontraron centros de hospedaje ya cogida: capillas, posadas y hospitales organizados por las cofradías de peregrinos de Santiago que pululaban en todos los países de Europa.
   Como la peregrinación a Galicia había sido lanzada por la orden borgoñona de Clun y cuyos abades llevaban en el blasón una concha de Santiago, y como los peregrinos procedentes del norte debían atravesar Francia por fuerza, no debe sorprender que Francia haya sido, después de España, el país donde el culto de Santiago adquirió la mayor extensión.
   En la catedral de Arras se veneraba la cabeza de Santiago (saint Jacques), que Carlos el Calvo habría traído desde Santiago de Compostela y donado a la abadía de Saint Vaast. En la catedral de Amiens existía un altar del mentón de Santiago, llamado así a causa de la reliquia del apóstol que se exponía en dicha basílica.
Planta de la Iglesia de Santiago (en rojo) en un plano de la
ciudad de Sevilla.
   París tenía al menos tres iglesias puestas bajo la advocación de Saint Jacques, patrón de los peregrinos (Apostolus Peregrinus): Saint Jacques l'Hopital, Saint Jacques la Boucherie (la Carnicería) de la cual sólo subsiste una torre, y Saint Jacques du Haut Pas, situada en la ribera izquierda del Sena, sobre el camino que a través de Orleans y Cléry, conducía a Galicia.
   Las iglesias dedicadas a Santiago abundan en todas las provincias francesas, se las encuentra en Dieppe, Lisieux, Compiegne, Saint Jacques des Guérets, cerca de Vendome, y Chatellerault, en Poitou. No obstante, no se puso bajo su advocación ninguna catedral. En la iglesia de Saint Pantaléon de Troyes se le dedicó una magnífica capilla.
   Los Países Bajos compartieron esta devoción. Basta recordar a la iglesia de Santiago, en Lieja, que pretendía poseer un brazo del apóstol, enviado a Bruselas desde Santiago de Compostela, y la iglesia de St. Jacques de Coudenberg, en la cima de la Montaña de la Corte, sobre la Plaza Real, al igual que las iglesias flamencas de Amberes, Brujas, Gante, Lovaina e Ypres. En Holanda, Santiago era el patrón de La Haya.
   Inglaterra se había asegurado la posesión de una mano del apóstol y el palacio real de Saint James, en Londres, fue edificado sobre el antiguo emplazamiento de un hospital dedicado a Santiago. A causa de la concha, que es su atributo, se esperaba su fiesta para comer las primeras ostras.
   Alemania pretendía poseer la otra mano de Santiago, una donación del emperador Enrique IV a la ciudad de Bremen, cuyos magistrados formularon la promesa de enviar un peregrino a Santiago de Compostela cada año, y hacerse cargo de los gastos. La devoción germánica al apóstol Santiago también está probada por la fundación de la basílica de Santiago de los Escoceses en Ratisbona y de la Jakobkirche de Rothenburgobder Tauber, en Franconia. También en los países de Europa meridional abundan las pruebas de la devoción a Santiago. En Portugal, San Thiago era el patrón de Coimbra. En Italia, las ciudades de Pesaro y Pistoia se encomendaban a San Giacomo que tenía iglesias puestas bajo esa advocación, generalmente acompañadas por un hospital, en Roma (San Giacomo del Colosseo, detrás del Coliseo, y San Giacomo degli Spagnuoli, sobre la plaza Navone), Bolonia, Venecia y Nápoles. El duque Juan Galeazo Visconti, en 1362 fundó en Milán el hospicio de San Giacomo de'Pellegrini, para recibir a los peregrinos que se dirigían a Santiago de Compostela o que regresaban de allí.
   Desde España, la devoción a Santiago pasó, como es natural, a las colonias de las Antillas y de América del Sur, como lo prueban los nombres de Santiago de Cuba y Santiago de Chile.
   Es patrón de los peregrinos y de los caballeros, que en la Edad Media constituían dos categorías extremadamente numerosas de fieles ambulantes y militantes. Santiago también era el santo a quien invocaban los agoni­zantes.
   Además, lo vindicaban como protector las corporaciones de farmacéuticos y droguistas y los sombrereros, a causa de su sombrero de peregrino, de ala ancha.
   Los enfermos lo invocaban para la curación del reumatismo y los fruticultores le agradecían la abundancia de las manzanas, cuyas primicias madura­ban para la fiesta de Santiago.
   El culto de Santiago alcanzó su apogeo en los siglos XIV y XV, para disminuir rápidamente a medida que decaía la popularidad de la peregrinación a Santiago de Compostela y el espíritu caballeresco de la cruzada, que eran sus mejores bases.
ICONOGRAFÍA
   Deben diferenciarse tres tipos iconográficos muy diferentes: el apóstol, el pe­regrino y el caballero.
A) El Apóstol (Apostolus)
   En los monumentos más antiguos Santiago está representado como apóstol. Cubierto con una toga y descalzo, lleva un rollo (volumen) del Nuevo Testamento.
   A veces se presenta entre dos troncos de árboles podados (Toulouse, Santiago de Compostela) o dos palmeras (Horas del Mariscal de Boucicaut).
   Sus atributos son la cruz primacial de doble travesaño, porque según la leyenda habría sido el primer arzobispo de España, y la espada con la cual fuera decapitado.
B) El Peregrino (Peregrinus)
   A causa de la influencia de la peregrinación a Santiago de Compostela, a partir del siglo XIII casi siempre Santiago fue representado con ropas de peregrino. En este caso está calzado, en vez de ir descalzo, como los apóstoles. Está tocado con un sombrero de ala ancha guarnecido de conchas, apoyado en un bordón, con el habitual equipaje de los peregrinos, con lo justo para comer y beber: el zurrón y la cantimplora.
   Se lo representa, ya de pie, ya sentado.
   Este tipo fue popularizado por las insignias de peregrinación de azabache (azabache compostelano) que los peregrinos traían desde Santiago de Compostela. Por un curioso fenómeno de contaminación iconográfica con los tipos de la Virgen de la Misericordia y de santa Úrsula, Santiago ha sido representado abrigando a los peregrinos bajo su manto protector.
C) Santiago Matamoros
   Un tercer tipo, más tardío, difundido por la cruzada de la Reconquista y la orden de Santiago, es el tipo ecuestre. Santiago está representado cargando en el aire sobre un caballo blanco, y derrotando a los moros en la batalla de Clavijo. En esta tercera encarnación aparece como «Matamoros».
   En España se ha producido una confusión entre Santiago Matamoros ecuestre y las imágenes del emperador Constantino triunfando sobre los paganos, tan frecuentes en las fachadas de las iglesias del Poitou y de Saintonges (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
   Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la iglesia de Santiago, de Sevilla.  
   Fuera de las rutas más turísticas, pero en un monumental entorno de palacios, conventos y corrales de vecinos rehabilitados, se sitúa la iglesia de Santiago, templo hoy regentado por la hermandad de la Redención, conocida popularmente como el Beso de Judas. Es una edificación medieval de estilo mudéjar, aunque ha sufrido numerosas reformas que han ocultado los restos de su época más antigua de las que aún quedan vestigios en la sacristía, antesacristía y capillas laterales. Dedicada al apóstol que, según la leyenda, evangelizó el país, su construcción original se remonta a los años centrales del XIV, siendo profundamente remodelada en el siglo XVII. En 1789 se llevaron a cabo nuevas reformas en la iglesia que ocultaron aún más los primitivos restos, correspondiendo a esta etapa el aspecto exterior de un edificio de muros blancos y sencilla espadaña de dos cuerpos decorados con jarrones cerámicos y coronada por una cruz de forja. El acceso al interior se realiza a través de una sencilla puerta que da a la plaza, en sus muros se sitúan sendos retablos cerámicos con los titulares de la hermandad de la Redención y un interesante retablo de las Ánimas Benditas del Purgatorio, del siglo XVIII, que recuerda una de las grandes devociones populares de la ciudad. En la fachada que da a la calle Santiago un moderno retablo cerámico representa la aparición de la Virgen del Pilar al apóstol titular del templo.
Fachada principal de la Igl. de Santiago.
   El interior, algo irregular por los añadidos y reformas, presenta un templo formado por tres naves, presbiterio y coro a los pies. La nave central se sostiene por columnas toscanas que sustentan arcos de medio punto que separan la nave central de las laterales. Hay además capillas añadidas de planta cuadrada, tanto en el muro de la izquierda como en la cabecera del muro de la Epístola (derecha). La nave central se cubre con un artesonado de madera con tirantes, decorado con lacería y atauriques, siendo el cubrimiento de las naves laterales de colgadizo, de una sola agua hacia el exterior. La armadura de lacería que cubre la capilla mayor debe corresponder a la reforma que se realizó a comienzos del siglo XVII, época en la que el Tratado de carpintería de lo blanco de Diego López de Arenas revitalizó el empleo de las antiguas formas de cubrimiento mudéjares. Los muros del presbiterio se encuentran decorados con pinturas murales, que representan escenas de la vida del apóstol Santiago y otros elementos decorativos como ángeles y guirnaldas, estando atribuidas al pintor Pedro Guillén (1770).
Interior de la Igl. de Santiago.
   La fachada del lado de la epístola presenta portada adintelada, estando enmarcada con pilastras que sustentan un entablamento de corte clásico decorado con metopas. Se encuentra flanqueada por retablos cerámicos de los titulares de la hermandad del Rocío. Sobre la fachada se sitúa una espadaña con tres vanos inferiores y uno superior, decorado con elementos cerámicos y cruz de forja con jarrones a los lados. En la fachada que da a la calle Santiago se encuentra el retablo cerámico que representa la Aparición del la Virgen del Pilar a Santiago.
   El retablo mayor tiene en la actualidad una configuración diferente a sus trazas originales, ya que está presidido por la imagen titular de la hermandad de la Redención. Fue en su origen una estructura realizada en el taller del escultor Andrés de Ocampo, que siguió las trazas diseñadas por el arquitecto italiano Vermondo Resta (1599), un artista nacido en Milán que participó en numerosas obras y reformas de la Sevilla de comienzos del siglo XVII. La policromía corrió a cargo de Diego de Campos. Se compone el retablo de un banco, con un gran cuerpo central escoltado por columnas pareadas y un ático. Originalmente se situaba en el espacio central el gran lienzo de Mateo Pérez de Alesio que representa a Santiago en la batalla de Clavijo, espectacular composición que hoy está relegada a un testero del muro derecho. Se conservan en el banco los relieves de San Francisco de Asís y del visigodo San Hermenegildo, así como las esculturas de los apóstoles Santiago y San Felipe. Las imágenes de Nuestro Padre Jesús de la Redención y de María Santísima del Rocío son obras de Antonio Castillo Lastrucci, aunque la Dolorosa fue remodelada posteriormente por Francisco Buiza. También son obras de Castillo Lastrucci las imágenes del grupo escultórico que acompañan  el paso de misterio en la salida procesional del Lunes Santo: Judas Iscariote, San Pedro, Santiago, San Juan, San Andrés y Santo Tomás. La hermandad de la Redención fue fundada en la iglesia de Santa María la Blanca en 1957 y tuvo originalmente la intención de realizar su estación de penitencia en la madrugada del Viernes Santo.
Armadura de la Cap. Mayor de la Igl. de Santiago.
   De gran interés, a los pies de la nave izquierda, es la capilla que patrocinó el capitán García Barrionuevo, de planta cuadrada y accesible por un cancel realizado por Hernando de Pineda Hurtado (1605). Su interior lo preside el retablo de la Inmaculada, diseñado también por Vermondo Resta y realizado por López Bueno (1602). Este escultor fue el autor de la Inmaculada central, de concepción tardomanierista y de las tallas laterales de San Sebastián asaeteado por flechas y de San Roque acompañado por su perro. El resto del retablo presenta importantes pinturas sobre tabla de Francisco Pacheco: en el banco los patronos de la capilla y en los cuerpos superiores Santa Ana con la Virgen y el Niño Jesús en el centro; San José y San Juan Bautista en las calles laterales, y la escena de la Anunciación en el ático. Ya en el muro de la nave aparece el retablo dedicado a San José, barroco, estructurado mediante estípites, por lo que puede fecharse a mediados del siglo XVIII. 
Armadura de la nave central de la Igl. de Santiago.
   En la cabecera del muro de la derecha, abierta a la nave por reja del siglo XVII coronado por yeserías barrocas, se sitúa la Capilla Sacramental, sede de la hermandad sacramental ya existente en el siglo XVI. Está presidida por un retablo tardobarroco de estípites y baldaquino en forma de dosel, contratado en 1771 por el prolífico entallador Manuel García de Santiago. Lo preside una imagen anterior, la Virgen de Gracia y Esperanza, talla muy reformada cuyo original realizó el escultor Roque Balduque a mediados del siglo XVI. En su concepción original respondía al modelo habitual que el escultor flamenco difundió por Sevilla y su provincia, por lo que debió ser una talla completa que luego se remodeló para ser vestida. Su advocación de la Esperanza nos remite a la advocación de la O, iconografía de la Virgen que recuerda su estado de buena esperanza y el rezo de las oes que anticipaba el Nacimiento de Jesús. Situado en la capilla sacramental, es obra de Manuel García de Santiago (1771). Los muros de la capilla se decoran con pinturas de santos y alegorías eucarísticas como la Parábola de las bodas reales o la Parábola de la gran cena, situándose la representación de Dios Padre en la zona superior, una ornamentación realizada por Pedro Guillén (1770). Precisamente, este pintor fue hermano de la sacramental de la parroquia desde 1750.
Coro de la Igl. de Santiago.
   La actual sacristía corresponde a la antigua capilla de don Pedro de Bertendona, conservando el retablo de San Pedro en la cátedra, realizado por Diego López Bueno (1604) y presidido por un lienzo de Juan de Uceda.
   La iglesia conserva la conocida como capa pluvial de Carlos V, excelente pieza en brocado de plata y seda amarilla bordada en sedas de colores con representaciones de santos, ángeles y la Virgen con el Niño. Es una pieza de origen alemán fechada en 1508. Completa su patrimonio la sillería de coro del siglo XVII que se sitúa a los pies de la nave central de la iglesia (Manuel Jesús Roldán, Iglesias de Sevilla. Almuzara, 2010).
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