sábado, 20 de julio de 2019

La pintura de San Elías Tesbita profeta, en el retablo de San Juan Bautista de la Iglesia del Convento de San Clemente

   Déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura de San Elías Tesbita profeta, en el retablo de San Juan Bautista de la Iglesia del Convento de San Clemente de Sevilla.       
Retablo de San Juan Bautista.
Gaspar Núñez Delgado, Francisco
de Ocampo y Francisco Pacheco, 1605-13.
Igl. del Cvto. de San Clemente.
   Hoy, 20 de julio, Conmemoración de San Elías Tesbita, profeta del Señor en tiempo de Ajab y Ococías, reyes de Israel, que defendió los derechos del único Dios ante el pueblo infiel a su Señor, con tal valor que prefiguró no sólo a Juan Bautista, sino al mismo Cristo. No dejó oráculos escritos, pero se le ha recordado siempre fielmente, sobre todo en el monte Carmelo (s. IV) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
   Aunque no haya dejado ningún escrito, el profeta Elías, cuya historia se cuenta en los dos últimos Libros de los Reyes (recordamos que las Biblias protestantes denominan Libros de Samuel a los dos primeros Libros de los Reyes, de manera que los Reyes III y IV están numerados I y II), es, después de Moisés, la mayor figura del Antiguo Testamento.
   Su nombre predestinado significa Mi Dios (El) es Yavé. Es una consigna y un programa. Monoteísta convencido y apasionado, de hecho consagró su vida a luchar duramente por Yavé, contra Baal.
LA HISTORIA
   Oriundo de Tisbé, en Galaad, llegó a Israel en el siglo VIII, en el reinado de Acab, que se había casado con la sidonia Jezábel.
   Su leyenda se divide en cuatro ciclos:
   1. Predice a Acab, infiel a Yavé, un largo período de sequía, sin rocío ni lluvia.
   Después de haber sido alimentado en el desierto por cuervos, por orden del Señor se dirigió a Sarefta, ciudad fenicia cercana a Sidón, donde recibió la hospitalidad de una pobre viuda a la que recompensó resucitando a su único hijo, el futuro profeta Jonás.
   Para conducir al rey Acab hacia el Dios verdadero, desafió a los sacerdotes de Baal. En el monte Carmelo se levantaron dos altares, uno para Yavé y el otro para Baal. El Dios que respondiera al sacrificio ofrecido por sus adoradores, sería el verdadero Dios. Triunfó el Dios de Elías haciendo caer fuego del cielo sobre su holocausto. Los ochocientos cincuenta falsos profetas fueron aniquilados.
   Sólo entonces se aplacó la cólera de Yavé. Después de tres años de sequía, hizo caer una abundante lluvia que puso fin a la hambruna.
   2. Perseguido por el odio de la reina Jezábel, Elías huyó al desierto donde esta vez fue alimentado por un ángel. Llegó al Monte Horeb donde, igual que Moisés, vio aparecer al Señor que le ordenó elegir a Eliseo como sucesos. Le colocó el manto sobre los hombros en señal de adopción.
   3. Reapareció frente a Acab para reprocharle la muerte de Nabot cuya viña codiciaba el monarca, y anunciarle el castigo que padecería, al igual que Jezábel. Predijo la muerte del rey Ococías.
   4. Finalmente, Dios lo llamó a su lado elevándolo en el cielo en un carro de fuego.
   Los evangelistas han empleado numerosos milagros de Elías que atribuyeron a Jesús: multiplicación de los alimentos de la viuda de Sarefta, desesperación a la sombra del enebro que anuncia la Agonía de Cristo en el monte de los Olivos, Ascención.
CULTO DE ELÍAS
   Entre los judíos se considera que el profeta Elías preside la circunsición. El día de esta ceremonia se lleva desde la sinagoga a la casa de los padres un sillón llamado Kisé Eliaho (silla de Elías). Ese asiento vació se asemeja al de la Etimasia preparado para el Cristo Juez. El derecho de sentarse en él para sostener al recién nacido se vende en subasta.
   Por un privilegio infrecuente, San Elías, como se lo ha llamado tempranamente, ha sido adoptado por las iglesias griega y romana al mismo tiempo.
   En Grecia, San Elías, cuyo nombre está asociado por etimología popular con el de su homónimo Helios, el dios del Sol, como San Miguel, es el patrón de los sitios altos. Las capillas puestas bajo su advocación generalmente coronan las cumbres.
   Su culto se implantó también en Bizancio, donde numerosos monasterios le estaban consagrados. El emperador Basilio I, que le atribuía el mérito de sus victorias, sentía una singular devoción por él. En la Nueva Iglesia (Nea) que fundara dicho monarca, la pieza principal del tesoro era el presunto  manto del profeta Elías.
Planta del Cvto. de San Clemente, en
un plano de la ciudad de Sevilla.
   Desde Bizancio, ese culto se difundió entre los eslavos de influencia bizantina, sobre todo en Rusia. Allí, por un proceso de sustitución frecuente en la historia de las conversiones de pueblos paganos al cristianismo, San Elías reemplazó al dios del trueno Perún: "Aquél que toca el tambor en los cielos." Los eslavos meridionales lo llaman Gromovnik, Gremiachtchi Prorok: el Tonante. Los mujiks creían que el trueno era el ruido producido por el carro de Elías al rodar. De él, por lo tanto, dependían la sequía y la lluvia. En la Edad Media, Novgorod tenía dos iglesias dedicadas a él, una de ellas al Elías húmedo, la otra al Elías seco: se iba en procesión a una u otra de acuerdo con las necesidades de los agricultores. En Ieroslav, a orillas del Volga, una muy bella iglesia pintada del siglo XVII está dedicada al profeta Elías (Tserkov Ilii Proroka).
   Los rumanos ortodoxos también siguieron el ejemplo de los bizantinos. El príncipe de Moldavia Esteban el Grande fundó en 1487 un monasterio en honor de San Elías.
   En Occidente, que le dedicó una iglesia en Capua, el culto de Elías ha encontrado su apoyo más sólido en la orden de los carmelitas, quienes se vindican bajo su patronazgo y lo consideran el fundador de la orden por el hecho de que el profeta habitó en una gruta del monte Carmelo. El místico Juan de S. Sansón calificó de "auténticos hijos de San Elías" a los carmelitas, en 1659. Dicha orden también se llama Ordo Elianus, y sus miembros pretendían que Elías debía ser representado obligatoriamente con el hábito de ésta, es decir, con manto blanco (En memoria del manto de Elías, que había sido chamuscado en ciertas partes por el fuego durante el ascenso en el carro en llamas. Originalmente, el manto blanco de los Carmelitas, estaba estriado por franjas de color broncíneo - pallium barratum-), e intentaron un proceso contra los basilios de Sicilia en el Tribunal de Roma, porque éstos habían tenido la audacia de hacerlo pintar en su iglesia con manto rojo.
ICONOGRAFÍA
   Ese doble culto explica la riqueza de la iconografía de Elías, tanto en el Oriente bizantino y eslavo como en Occidente.
   Pero también es necesario tener en cuenta los paralelismos prefigurativos establecidos entre el profeta Elías por una parte y San Juan Bautista y Jesús por la otra.
   Elías es el precursor del precursor de Cristo.
   San Juan Bautista es llamado con frecuencia segundo Elías (Elías redivivus). Su tipo iconográfico es el mismo: ambos son ascetas del desierto demacrados por el ayuno, vestidos con una túnica de piel (Speculum Carmelitanum: Quos Elias et Joannes eudem habitum portaverunt). Esta asimilación está basada en las profecías escatológicas de Malaquías, que anunció que el Mesías sería precedido por el profeta Elías que descendería del cielo para preparar los caminos (4:5).
   Al mismo tiempo, Elías es la prefiguración de Cristo. Su desesperación en el desierto, donde se llama a la muerte (I, Reyes: 19) y donde es reconfortado por un ángel, tiene semejanza con la Agonía de Jesús en el monte de los Olivos. Al resucitar al hijo de la viuda de Sarefta, anuncia la resurrección de Lázaro. Su ascensión en un carro de fuego es la imagen de la Ascensión de Cristo; su sacrificio sobre el Carmelo, donde el fuego del cielo desciende sobre su holocausto, prefigura el Descenso del Espíritu Santo en la Pentecostés.
   Esas escenas prefigurativas nunca faltan en los grandes ciclos narrativos que los carmelitas han multiplicado en las iglesias de su orden (dichas escenas también figuran en las Biblias de los Pobres, lo cual permite suponer que esta obra popular había sido inspirada por la orden del Carmelo). Los más completos son los de la iglesia de San Mártin de los Montes, en Roma, obra del francés Gaspard Dughet, cuñado de Poussin; la cúpula de la capilla de los Carmelitas Descalzos de Paris (Instituto católico); las pinturas de Despax en la capilla de los Carmelitas de Toulouse, y las de Valdés Leal en la iglesia del Carmen de Córdoba.
   Con frecuencia a Elías se lo representa con Eliseo, a los pies de la mujer del Apocalipsis, vestida de sol, símbolo de la Virgen Inmaculada, patrona de la orden del Carmelo.
   Elías es calvo y barbudo como su discípulo Eliseo. Está vestido, ya con un sayo de piel de cabra, ya con un hábito carmelita.
   Sus atributos habituales son el cuervo que lo alimenta en el desierto, una espada flamígera, alusión a la llama del cielo que desciende a su invocación sobre el monte Carmelo, la rueda del carro de fuego de su ascensión y una laya que alude a un pasaje de I Cor., 3:6 Elias plantavit, Eliseus rigavit (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
 Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la pintura de San Elías Tesbita profeta, en el retablo de San Juan Bautista de la Iglesia del Convento de San Clemente, de Sevilla.
   Es una pintura al óleo sobre tabla en la que el profeta Elías aparece centrando la composición sobre un fondo natural, donde se dibuja un suelo terroso donde se vislumbran algunos matorrales y árboles, además de un cielo nublado y tempestuoso. El santo aparece ataviado con el hábito carmelitano, ya que es el mítico fundador de esta orden. Así, con una túnica marrón con su escapulario de este mismo color, y un manto blanco con gorro, aparece con una filacteria que toma con su mano izquierda, donde aparece una frase alusiva a sus profecías, y una espada ardiente en la otra, uno de sus atributos más representativos. Su rostro es el de un anciano, con largas barbas canosas y con mirada piadosa que dirige hacia las alturas.
San Elías Tesbita, profeta.
Francisco Pacheco, 1613.
Retablo de San Juan Bautista.
Igl. del Cvto. de San Clemente.
   El retablo de San Juan Bautista, en el que se encuentra la pintura del profeta San Elías Tesbita fue concertado por Gaspar Núñez Delgado en 1605, por encargo de doña Bernarda de Sandi y Carvajal y su hermana doña Petronila, monjas de este monasterio. Tras la muerte del escultor, la obra quedó inconclusa, siendo finalmente encargada su terminación a Francisco de Ocampo en 1610, momento en el que también se encomendó su policromía y pintura a Francisco Pacheco. El retablo fue concluido en 1613, tal y como reza la inscripción que aparece en una de sus pinturas (Guía digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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